Mostrando entradas con la etiqueta 078 Árboles de Murcia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 078 Árboles de Murcia. Mostrar todas las entradas

11 abril 2025

Una palmera monumental de La Palma, Murcia

LA PALMERA DE LOS 13 BRAZOS DE LA PALMA, MURCIA, (zona de Cartagena)

Foto: José A. López Escribano, 15 de agosto de 2007

Según relata José A. López Escribano en su blog esta palmera datilera -Phoenix dactylifera- es espectacular con sus trece brazos que nacen de su tronco a 3 m de altura. Y continúa: "Como es lógico me impresionó (...) Hasta que Mercedes Aranzueque, de la Asociación UNESCO La Cultura del Oasis, a quien le sorprende que esta palmera no sea muy conocida, me transmitió su entusiasmo en estas grandes hierbas arborescentes, de silueta omnipresente en los vergeles del mundo, y en concreto en este magnífico ejemplar. Porque no sólo es una palmera única, sino que sería equiparable a la famosa Palmera Imperial del Huerto del Cura, símbolo e hito turístico del palmeral de Elche, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000".
     Y prosigue: Me contó Rafael Ortega -trovero palmesano-, que tenía una bodega donde ahora está la Ferretería Escribano, que la palmera la plantó Antonio González Martínez, «el jardinero», en los años 50 o 60, por petición expresa del alcalde pedáneo de aquella época, Antonio Bolea Barrancos. Que durante una tempestad cayó una chispa o un rayo sobre la palmera y la copa principal quedó destruida, tanto que parecía que se iba a secar, hasta que al tiempo le salieron los 13 brazos [parece que simultáneamente] que tiene y conserva hoy día. (...) Además, me contó Isabel Pérez Baños, la mujer del ferretero Escribano y que actualmente se ocupa de la ferretería, que fue su marido quien hizo el primer soporte que sujetaba los brazos de la palmera, el que puede verse en la imagen y al que le veo como único inconveniente que descansa sobre el tronco, pero que desde luego la mostraba en todo su esplendor mucho mejor que el actual.

Foto de captura de Google Maps, 2024

     Posteriormente a la visita de López Escribano a la palmera, la plaza fue remodelada y se sustituyó la estructura que sostenía los brazos de la palmera por uno nuevo. Y yo opino que si vas a cambiar algo que sea para mejorar lo que ya existe. En este caso vosotros podéis opinar también ya que os muestro la foto de López Escribano con la estructura antigua y la que se puede contemplar ahora. La especie de recipiente o copa no deja ver el arranque de los brazos.
     Del por qué algunas palmera se ramifican y otras no, tenéis un artículo en este blog que dice:  

     "Por regla general, si dicha yema apical se daña, la palma muere al no poder seguir emitiendo las hojas que son las encargadas de realizar la fotosíntesis, el intercambio gaseoso, etc.
     No obstante lo antedicho, se presentan casos donde, ante el daño de la yema apical, la palma reacciona, en un desesperado intento de sobrevivir, activando otra célula que procura reemplazar a la dañada para que la palma continúe viviendo.
     En determinados casos de accidentes apicales, se activa una nueva yema de crecimiento, aún cuando la dañada siga viva. En este caso nos encontramos con una palma con dos puntos de crecimiento desde donde se desarrollarán dos coronas de hojas completas que florecerán y fructificaran a su debido tiempo."

     Una de las causas que se apuntan es lo que le sucedió a la Palmera de la que hablamos, la caída de un chispa o un rayo que destruyó su estípite. Se dejó tal cual y con el tiempo comenzaron a crecer esos magníficos 13 brazos.

Información:
http://www.lopezespinosa.com/joseantonio/blog/palmera-de-13-brazos-de-la-palma-cartagena/
http://palmasenresistencia.blogspot.com/2008/10/palmeras-ramificadas.html

Noviembre 2024
Fotos del autor del blog Venerables Árboles

 

 -----

31 octubre 2023

Se cumplen cien años de la muerte de Ricardo Codorníu y Stárico (y 2ª parte)

ELISA RECHE / ERENA CALVO "elDiario.es"
Reforestaciones pioneras y parques urbanos: Ricardo Codorníu se adelantó un siglo a la lucha contra el cambio climático

Restauración de bosques de ribera en las ramblas mineras que desembocan en el Mar Menor

(...) Las masas forestales van a menguar en la Región, habrá problemas de plagas y eso impactará tanto en los ríos como en los habitantes, explica Eduardo Lafuente, jefe del Servicio de Estudios Medioambientales de la Comisaría de Aguas de la Confederación Hidrográfica del Segura (CHS), quien encuentra “una analogía” en la filosofía del trabajo de Codorníu con las actuaciones de restauración de bosques de ribera en las cuencas superiores de las ramblas mineras para impedir la llegada de metales pesados al mar Menor llevadas a cabo por el Ministerio para la Transición Ecológica a través de la Oficina Técnica del Mar Menor.
     “Ahí sí que se va a reforestar en grandes cantidades en sitios muy duros para trabajar, como lo fue Sierra Espuña. Encima contando con las técnicas y la maquinaria que tenían entonces. Técnicamente fue un logro: tanto en la capacidad de movilización de trabajadores, como en el hecho de tratarse de tan buenos técnicos”, señala Lafuente, quien conoció las grandes reforestaciones en Sierra Espuña y Guardamar del 'apóstol del árbol' durante sus estudios de Ingeniería Forestal en 4º de carrera a finales de los noventa.
     La inventiva solución que encontró Codorníu para plantar las zonas más inaccesibles de Sierra Espuña, por ejemplo, fue disparar las semillas con disparos de escopetas, como se hace actualmente con los drones.
     “Lo que más me sorprende de Codorníu es que fuera capaz de conseguir tanto dinero para acometer una reforestación de ese calibre”, reflexiona el especialista medioambiental. “En la Región de Murcia ahora hay muy poca reforestación, unas 50 hectáreas al año, y es llamativo porque el cambio climático aquí va a afectar mucho”, añade Lafuente.

“¿Qué pasa? Me dicen que quieren cortar el ficus”
Ricardo Codorníu, plaza de Santo Domingo de Murcia

     Hasta los últimos momentos de su vida, ya encamado, seguía preguntando por árboles, como el ficus que hizo plantar en la plaza de Santo Domingo de Murcia, emblema de la ciudad. “¿Qué pasa aquí? Me dicen que quieren cortar el ficus”, escribía en sus últimas cartas frenéticas preguntando al Ayuntamiento murciano.
     “Se dice que nadie es profeta en su tierra: tuvieron que hacerle un homenaje en Madrid en 1926 los ingenieros de Montes con una estatua que se colocó en el Retiro para que en ese mismo momento en Murcia se formara una comisión encargada de levantar un monumento a Codorníu a través de una suscripción popular”, cuenta Fernández. José Planes hizo el busto, acompañado por la figura de una niña con un ramo de flores abrazada a un tronco que hace de cuerpo. Más tarde también se levantaría otra escultura en su honor en Sierra Espuña.
     Codorníu había nacido en Cartagena y quería que le enterraran allí, de modo que recibió un permiso de las autoridades para que su cuerpo lo trasladaran en tren a la ciudad portuaria después de su muerte. Pero en Murcia, el día del entierro, se le hace una despedida tanto religiosa como civil: ingenieros de montes llevan el féretro a hombros hasta la estación de tren de El Carmen con el estandarte franciscano. “Y la memoria de Codorníu permanece”, apunta el comisario de la exposición.
En el Parque del Retiro, Madrid
     “Mi bisabuelo creó un pulmón para la Región y trabajó en otros parajes naturales, pero su legado más importante fue su legado humanista sobre la vida y el trabajo, se impuso como norma el respeto humano y siempre pensar en los demás”, recuerda su bisnieto José Luis Cáceres Hernández-Ros, hijo de su nieta María Teresa y presidente de la Asociación Carolina Codorníu, creada en 1993 por su tíos para mantener vivos la obra y el pensamiento de su antepasado. “Damos un premio anual a colegios de la Región para despertar la conciencia ecológica de los niños y el respeto al medio ambiente y actualmente trabajamos en un proyecto de bosques para la salud junto a la Asociación de Pediatras del Sureste”.
     De su bisabuelo, destaca que fue un “adelantado y un visionario, con la misión de dejar un mundo mejor”. José Luis Cáceres Hernández-Ros cuenta que “siempre trató de enseñar a sus paisanos con sus escritos, cuentos con moraleja o paseos didácticos por el Parque Ruiz Hidalgo que estaba en el barrio del Infante con especies arbóreas del mundo entero”. Ese afán le llevó a poner “siempre” al final de sus libros que autorizaba a cualquier persona o institución a usar el contenido de sus libros “en beneficio de la humanidad”.
     Muy familiar, “mi madre María Teresa recuerda los paseos con ella y el resto de nietos por el Paseo del Malecón, en Murcia, cuando aprovechaba para contarles anécdotas y enseñanzas”. Una de esas tardes, relata, “le explicaba a su nieto Juan de la Cierva Codorníu cómo volaban los aviones y le hizo fijarse en cómo caían las semillas de un árbol, y fue una inspiración para la invención después del autogiro”.
Inauguración del monumento a Ricardo Codorníu en Sierra Espuña | Archivo General de la Región de Murcia
“Quiero ser un árbol, un pino vulgar, quiero estar plantado en Sierra Espuña, mirando a la Cartagena que me vio nacer y a la Murcia que me vio crecer”, escribió a las puertas de su
 muerte.
     El Gobierno regional, a través de la Fundación Séneca, acaba de reeditar su libro 'Doce árboles', cuya primera edición fue en 1914 y es una recopilación de doce historias sobre árboles que Codorníu dedicó a sus nietos, según la personalidad de cada uno.

Centro de Visitantes de Sierra Espuña

     Ricardo Codorníu le da nombre al Centro de Visitantes de Sierra Espuña, que recibe una media de 16.000 visitantes al año, cuenta Cristina López, su coordinadora. “Codorníu es la figura central en la que se basa nuestro trabajo; tenemos una sala de interpretación y otra de proyecciones, y parte de las grabaciones abordan las características del Parque y sus valores naturales y culturales, que parten del legado de Codorníu, sin el que no tendríamos toda esta riqueza”.
     Cristina destaca todo lo referente a las infraestructuras, “porque teníamos los pozos de nieve que datan de la Edad Media pero en la época de Codorníu se construyeron senderos históricos y las casas forestales o los viveros; hay uno, el Vivero Huerta Espuña que todavía sigue funcionando con algunas especies de encinas, fresnos, mirtos o arces”.
     En el centro “acogemos visitas de colegios, programas de empleo y otros grupos de martes a viernes, con actividades programadas y también tenemos otras abiertas a todos los públicos los fines de semana”.
-----
Los doce cuentos de Codorníu los puedes encontrar en este blog en "301 Cuentos de Europa"

27 octubre 2023

Cien años de la muerte de Ricardo Codoníu y Stárico (1ª parte)

ELISA RECHE / ERENA CALVO, "elDiario.es", oct.23
Reforestaciones pioneras y parques urbanos: Ricardo Codorníu se adelantó un siglo a la lucha contra el cambio climático

El 'apóstol del árbol', tal y como era conocido el ingeniero forestal Ricardo Codorníu, murió hace 100 años
. Fue responsable de la primera gran reforestación de España en Sierra Espuña, mientras que su apuesta por las soluciones basadas en la naturaleza y la divulgación ambiental le hacen plenamente actual.

Ricardo Codorníu, el llamado 'apóstol del árbol', vestido de uniforme profesional en el homenaje con la medalla del Mérito Agrícola en 1914 | Revista Ibérica, colección particular
(Cartagena, 1846-Murcia, 1923)

“Lo que nos enseña Ricardo Codorníu es cómo intervenir en la naturaleza para conservar y recuperar el paisaje y el árbol, con todo lo que este trae. Las palabras más tensas que hemos podido leer de él son las acusaciones contra quienes cortan árboles”, explica Pedro Jesús Fernández, comisario de la muestra 'El hombre que soñó el futuro' sobre el llamado 'apóstol del árbol' en el Museo de la Ciencia y el Agua de Murcia, una de las pocas conmemoraciones realizadas en la Región a raíz del centenario de la muerte el pasado 26 de septiembre del ingeniero forestal cartagenero, pionero en la reforestación a gran escala en España y un adelantado en la lucha contra el cambio climático.
     Codorníu y Stárico, imbuido de la filosofía regeneracionista del siglo XIX “muy por la labor de avanzar y progresar en el conjunto de la sociedad”, se dio cuenta, entre otros aspectos, de la importancia de cuidar el suelo fértil, uno de los recursos no renovables más escasos en el mundo desarrollado.
     Tanto sus ideas como sus acciones siguen siendo de actualidad ante los problemas a los que se enfrenta Europa y, especialmente la propia Región de Murcia: la desertificación, la lucha por la conservación del suelo, los montes y el suelo forestal, los límites del paisaje marítimo, las inundaciones, la gestión hidrográfica y los parques urbanos. “Su obra en Sierra Espuña va mucho más allá de plantar pinos”, advierte el comisario de la exposición del Ayuntamiento de Murcia.
     Codorníu nace en una familia de Cartagena de orígenes italianos y catalanes que se había enriquecido con el comercio y con la desamortización. Estudia Ingeniería de Montes en Madrid y empieza a trabajar como ingeniero de montes, pero fue ascendiendo hasta obtener cargos en la Inspección Nacional, el Jardín Botánico de Madrid, la Escuela de Montes y el Ministerio de Fomento.
     Con la riada de Santa Teresa en Murcia en 1879 en la que murieron más de mil personas, el llamado 'apóstol del árbol' se da cuenta de que con los bosques deforestados se va perdiendo el suelo y queda la piedra viva. El control hidráulico permite la conservación del suelo, se van acumulando los sedimentos y entonces la tierra no se va arrastrando. A través de sus contactos y de una enorme insistencia emprende la reforestación de Sierra Espuña, hoy un parque regional ubicado a unos 40 km de Murcia.
Vista del Morrón de Espuña y del Barranco de En medio | Archivo General de la Región de Murcia
“Codorníu fue un hombre polifacético, y muy adelantado a su tiempo”, coincide el profesor de Ecología de la Universidad de Murcia (UMU), José Francisco Calvo. En aquella época, finales del siglo XIX, los montes de Sierra Espuña estaban totalmente esquilmados por el consumo de madera de los habitantes de la zona -que se acentuaría con el más industrial de las navieras que hacen barcos para el Ejército-, y el pastoreo, entre otros factores. “Aquella deforestación estaba en el origen de las enormes riadas que se estaban produciendo, y Codorníu lo supo ver”, explica. “Estamos en un momento de efervescencia internacional de corrientes que apostaban por la protección de los espacios naturales y sus especies o de la promoción de los parques”. El cartagenero se subió a esa ola.
     Sierra Espuña se presentó como “una oportunidad” -relata José Francisco Calvo- para llevar a cabo un “gran experimento” de reforestación. Y la obra que acometió fue “pionera” porque previamente “hizo un estudio pormenorizado que le llevó cerca de dos años, de todas las características del entorno para repoblar cada especie en el lugar indicado; en este sentido, fue un ejemplo modélico y con un valor ecológico muy importante”.
     En palabras del profesor de Ecología de la UMU, “este modo de operar fue un avance en la época, era la primera vez que se seguían unos criterios tan rigurosos en una obra de tanta extensión”, 17.804 hectáreas y con su punto más alto en el Morrón de Espuña (1.583 metros de altitud). El Parque de Sierra Espuña es el principal referente geográfico y se sitúa en el centro del territorio que engloba los municipios de Aledo, Alhama de Murcia, Librilla, Pliego, Totana y Mula.
     La repoblación se hizo con pino carrasco principalmente, además de pino rodeno a partir de los 700 metros de altitud, o pino laricio, además de otras especies como álamos, cipreses, madroños, chopos en las inmediaciones de las ramblas, y plantas arbustivas como zarzaparrillas, rosales o madreselvas. 
Ricardo Codorníu inspeccionando el paisaje repoblado con pino carrasco en el paraje de La Tenganera, Sierra Espuña | Archivo General de la Región de Murcia
     “Fue una obra enorme, y para acometerla contó con un equipo de ingenieros que se encargaron de las infraestructuras: los diques y puentes para contener el agua, la red de caminos o las casas forestales”, continúa José Francisco Calvo, quien añade que con el paso de los años “se ha podido comprobar el éxito de aquella repoblación; no solo en el campo de los árboles, porque Codorníu se dio cuenta de que tenía que reproducir todo el sotobosque, y crear los espacios adecuados para la pervivencia de las especies animales”. Su visión, y ahí radica también parte de su innovación, fue “multidisciplinar” en un momento en el que todavía no se hablaba del concepto de biodiversidad. “Pero el cartagenero sí que lo hizo así, de una manera integral y con una interpretación ecológica de la naturaleza, porque si vas a Sierra Espuña ahora parece que sea totalmente natural y no una reforestación”.
     También Codorníu se enfrentó a bulos y tuvo que ir desmintiendo pueblo por pueblo de la zona para explicarles que aquella obra se hacía en pro del conjunto de ciudadanos, explica el comisario de la exposición en la capital murciana.
     Otra de las grandes intervenciones del 'Viejo Forestal' fue la repoblación de las dunas de Guardamar. Las dunas se estaban comiendo el pueblo y promovió una obra de de ingeniería con tablestacas de madera que iban haciendo de bloque, permitían afianzar las dunas y plantar luego árboles que ya no se podía llevar el viento.
     El ingeniero forestal también reclamó el derecho al árbol en la ciudad al plantear el Parque Ruíz Hidalgo en la capital murciana que existió entre 1908 y 1955. Se creó en el lado norte del río Segura y fue lo que hoy se llamaría un parque inundable con una zona de uso social, pero también de arbolado. En ese momento se superaron los estándares de porcentaje de zona verde en zona urbana, “cosa que no hemos vuelto a recuperar”, explica el comisario de la exposición. El parque también era un arboreto, donde se iba probando cómo se adaptaban nuevas especies al clima mediterráneo.
     El 'apóstol del árbol' fundó diversas publicaciones ambientales, promocionó una escuela gratuita para niños sin recursos y montó la primera caja rural Murcia para luchar contra la usura a los huertanos y quienes cultivaban el campo. Era profundamente religioso, terciario franciscano, que “son los franciscanos seglares”, explica Fernández.
      Antitaurino, antibelicista y promotor en España del Esperanto, “su figura no habría desentonado para nada en la actualidad”. Otra de sus facetas más relevantes fue la de divulgador, “en una época en la que era revolucionario porque no había tantos medios, pero él puso muchísimo empeño en dar a conocer sus investigaciones”. También impulsó la Fiesta del Árbol, como actualmente se hace en los colegios, apunta el comisario de la exposición Pedro Jesús Fernández. “Se congregaba a la familia y a los niños y se hacían plantaciones comunitarias para extender ese amor que tenía por el árbol”.
Grupo de niños plantando pinos durante la celebración de la Fiesta del Árbol en Guardamar del Segura | Archivo General de la Región de Murcia
     A Jorge Sánchez, técnico de la Asociación de Naturalistas del Sureste (ANSE), lo que más le impresiona de la figura del 'Viejo Forestal', como también era conocido Codorníu, es “su visión holística”. El 'apóstol del árbol' contaba con conocimientos de flora muy elevados para la época, así como de diversidad faunística, mientras que también conocía los temas relacionados con suelo y el clima. Eso, sumado a su perfil humanístico nos llevan a la figura de “un sabio del siglo XIX”.
     El ingeniero forestal “planteó la renaturalización de ciudad y la necesidad de establecer arbolado en los núcleos urbanos y fue un pionero de la educación ambiental. Codorníu ya hablaba hace más de 100 años de las cosas que hoy en día consideramos modernas”, explica el biólogo. “Creo que su visión tan adelantada también viene de que él era un personaje muy internacional. Fue un un promotor del esperanto y eso le tuvo que dar una una visión global; veía una necesidad de confluir entre distintas culturas”, considera Sánchez.
     Codorníu formaba parte de la Academia de Ciencias de Barcelona y una rama de su familia eran comerciantes de Génova que, ya desde la Edad Media, tenían mucho contacto con Murcia.
     Otro de los aspectos más llamativos de Codorníu para el biólogo de ANSE fue la introducción de la Sabina Mora en Sierra Espuña. “Esa planta solo tiene una población en la sierra de Cartagena, pero lo curioso es que cuando él la introdujo en Sierra Espuña no se conocían esas poblaciones. Es decir, las trajo por paralelismo con el norte de África, advirtiendo que el sur de Europa se iba a parecer cada vez más a esta zona”.
     Sánchez cree que el espíritu de Codorníu se refleja hoy en el manejo de agricultura en aquellas zonas en las que se están ejecutando plantaciones con setos. “Él hubiera puesto sobre la mesa la utilización de vegetación natural como herramienta para frenar la erosión y la escorrentía de los terrenos de cultivo”, apunta. (...)

Lo hemos leído aquí
-----

15 marzo 2017

Javier Guardiola Bernal
PACO NADAL, en el "Blog de Viajes"
El gran (y efímero) espectáculo de la floración en Cieza

Antonio J. Piñera Marín

     Cieza es un municipio de la Región deMurcia que vive de la agricultura. Y muy en especial de un producto estrella: el melocotón. Son tantos y de tantas variedades los melocotoneros plantados que cuando llega la floración, los campos que rodean Cieza se convierten en un espectáculo cromático que atrae cada año a miles de visitantes.
     Durante dos meses, febrero y marzo, la floración de Cieza se convierte en lagran explosión de color del sureste español. Hay algunos bancales de cerezos y otros de albaricoqueros, pero la especie predominante es el melocotón, la verdadera riqueza del municipio. Los colores rosáceos de sus flores despliegan alfombras gigantescas en torno al cauce del río Segura hasta componer las irreales estampas que podéis ver en las fotos que acompañan este post, una selección de las presentadas al concurso de fotografía que cada año se convoca en torno a la floración.
     La Oficina de Turismo de Cieza organiza todos los fines de semana de esos dos meses rutas guiadas para ver los huertos en flor, rutas temáticas en torno a la fotografía y al senderismo, además de rutas con sabor, que acaban en un almuerzo campero en un huerto rodeado de esos percheros de flores rosas. Para los que quieran ir por libre hay un folleto con planos de rutas para hacer en coche o a pie.
      Se programan también actuaciones musicales (este año intervinoMiguel Poveda), mercadillos artesanales, descensos en balsa por el río Segura y visitas a cuevas con arte rupestre del municipio o al despoblado islámico de Medina Siyasa.
Salvador García Juliá
En fin, que Cieza es una fiesta durante estos dos meses que dura la floración. Y merece la pena visitarla. No tiene nada que envidiar a otras floraciones famosas, con la ventaja de que en Murcia raro es el día que no hace buen tiempo.
     Yo estuve este domingo y aunque la temporada está acabando, aún quedan huertos en flor como para disfrutar de una jornada memorable coneste arte efímero que solo la naturaleza es capaz decrear. Y terminar luego probando el arroz con conejo y caracoles que hacen en alguna de lasventas que se asoman a la ribera del río Segura.
      Tenéis toda la información de rutas guiadas y por libre, dónde dormir y comer, actividades así como datos de cómo se encuentrala floración en estaweb de Murcia Turística. También en la de la propia Cieza Turística.

Antonio Jesús Piñera Marín
Juan Fernández Saorín
María Ortiz Salmerón
Antonio Jesús Piñera Marín
Salvador García Juliá
Paco Marín
Paco Marín
Antonio Jesús Piñera Marín
Información
-----

11 diciembre 2012

RICARDO CODORNÍU Y STÁRICO (1846-1923) El Apóstol del Árbol
Epílogo de sus doce cuentos
¿QUIÉN HIZO EL MONTE?

El ingeniero dice: Yo hice el proyecto de repoblación, y mandé sembrar.
      Dice el contribuyente: Yo di recursos para los trabajos: por tanto, yo hice el monte.
      Dice el jornalero: Yo abrí los hoyos y esparcí la simiente. A mi se debe que exista repoblado.
      Dice el suelo: Yo di espacio para que germinase la semilla y arraigaran las plantas.
      Dice el aire: Yo acaricio las hojas de los árboles y les ofrezco el carbono que necesitan para que  que puedan formar materia orgánica y el oxígeno para que respiren. Por mí existe el monte.
      Dice el sol; Soy el padre de la vida, pues doy a los árboles la energía necesaria para nutrirse y crecer. Sin mí nacerían pálidos y a poco morirían. Yo hice el monte.
      Dijo la nube: Yo traigo agua del Océano para que los árboles produzcan la savia, que luego transformarán en su propia substancia. Si no lloran cuando tardo en llegar, es porque entonces carecen de líquido con que formar las lágrimas. Donde hay vegetación a mí se debe. 
      El que dio inteligencia al ingeniero, recursos al contribuyente, fuerza al sembrador, hizo producir semillas, creó la tierra que sustenta la planta, el aire que respira, el sol que le da verdura y el agua que la fertiliza, calla, y sigue gobernando el mundo.
¡Humillemos la cabeza!
---Fin---

22 agosto 2012

RICARDO CODORNIU Y STÁRICO (Cartagena, 1846-1923)
El último árbol

A María  Teresa H-R. y  C

Lugar sagrado es un bosque
¡infeliz quien no lo aprecia!
Maldita de Dios la mano
que lo tala o que lo incendia
(Ricardo Sánchez Madrigal)

      El gigante de la selva había nacido en una época de prosperidad para la familia. Cayó un piñón en suelo enriquecido por el mantillo que formó la hojarasca desprendida en los últimos años, halló humedad suficiente cuando las primeras brisas del otoño refrescaron la tierra, y brotó lanzando al aire algunas hojas. Luego, contando ya con ellas para preparar los alimentos, empezó a trabajar con fe, profundizando cuanto pudo la raíz central, sin cuidarse de crecer hasta contar con sólida base, y tomando posesión  del suelo que le había de sustentar y mantener, con tan sabía precaución, que cuando las raíces adquirían alguna fuerza las contraía, para quedar bien sujeto, sujetando a la vez la tierra de la empinada ladera a la roca subyacente.
      Vinieron las suaves temperaturas primaverales, que avivando la actividad de la planta le hicieron producir nuevas hojas, y aunque llegó el verano con sus ardores, como los grandes árboles próximos la resguardaban de los ardientes rayos del sol, conservaba una atmósfera húmeda que convenía a su vida.
      Por ello también eran abundantes los rocíos y las lluvias que empapaban la hojarasca, y se filtraban lentamente en la tierra, dando agua cristalina a los arroyuelos y enriqueciendo los manantiales.
      Como crecía ansioso por hallar la luz, sintió placeres inefables cuando, alzando su delgado tronco limpio de ramaje, joven aún y como en recompensa de su noble aspiración de elevarse al cielo, pudo contemplar sin obstáculo el verde manto que cubría la ladera, y a la vez admirar lo numerosa que era su familia.
     Pero sin duda su mayor encanto era albergar entre sus ramas los pintados pajarillos, que  en ellas colgaban los nidos de sus amores y le recreaban con trinos, ¡y qué espléndidamente pagaban su alojamiento los cantores, librándole de los insectos que aspiraban a vivir a costa del árbol!
     Mas ¡hay! la dicha no es eterna en el mundo. Años tras años pasaron, y empozó a ver que en la base do la montana se aclaraban los árboles. Al principio, gracias a la sombra proyectada, conservaban los pastos su verdura durante el verano; mas a medida que los troncos de pino, bajaban, los claros iban ascendiendo y se convertían en calveros y luego hasta se agostaban los pastos. Por fin, disminuyeron los manantiales, las lluvias ahondaron el lecho de los barrancos y asurcaron las laderas: el aire en verano se hacía abrasador y aunque el pino cerraba sus boquitas de los numerosos estomas de sus hojas, para disminuir la evaporación, apenas podía defenderse de los ardores estivales.
      Además, pasaban las nubes sobre la montana. y en vez de resolverse como antes, en benéfica lluvia, por encontrar la húmeda atmósfera del bosque, hallaban ahora reflejados los rayos del sol ardiente y en el sequísimo aire se disolvían, o bien el exceso de calor originaba tempestades, con los torrenciales aguaceros.
      Viendo el pobre árbol tan mermada su familia, esparcía prodigiosamente sus piñones, aspirando a reproducirse, pero en vano, que el suelo privado de la hojarasca absorbía, al enfriarse por la noche, y esparcía, al calentarse a los rayos del sol, grandes cantidades de aire, que le robaban la humedad, endureciéndolo y dejándolo como calcinado. Si  algún pinito nacía, a pesar de todo, una cabra de satánicos cuernos le hacía objeto de sus mordeduras y lo abrasaba con el fuego de su cáustica baba.
      Los pájaros también huyeron y como consecuencia, se llenó el árbol de bolsas en que habitaban millares de orugas, que le devoraban las hojas apenas nacidas, quitándole los medios de respirar y aún de vivir.
      Por fin se vio sólo en la ladera; para amargar su doloroso aislamiento, un leñador le hizo objeto de bárbaras mutilaciones, y por las anchas heridas penetró el agua, produciendo las caries. Así fue manchando su antes limpio tronco, y dio gracias al cielo cuando, apiadado de sus infortunios, en una tormenta, recibió un rayo, que dio honrosa muerte al gigante de la selva.
      La cabra quedó reina y señora del espantoso erial, del cadáver de la montaña, asesinada por la impiedad, la ignorancia y la codicia del hombre, y hoy muestra al desnudo su esqueleto de rocas.

«Lugar sagrado es un bosque
¡Ay de quien no lo venera!
¡Bendita de Dios la mano
que las montañas repuebla!

---Fin---

04 mayo 2012


DON RICARDO CODORNIU Y STÁRICO  (Cartagena 1846-1923)  
"El Apóstol del Árbol"
 El árbol de la fiesta

A María del Dulce Nombre H-R y C.
      El día era hermoso. Terminada la misa acudió el pueblo a la  escuela, donde se celebraba una exposición de arbolitos y plantas de adorno, que habían sido cultivados por los niños y se otorgaron premios a los más bellos.
       Luego se reunieron en la plaza, empezando la procesión cívica precedida por los   alumnos, ataviados con los trajecitos de gala, y llevando cada uno de los niños el árbol que debía plantar, y las niñas regaderas adornadas con cintas y flores. Seguían las personas más importantes de la población y cerraba la marcha el ayuntamiento en pleno, precedido del pendón municipal.
       Al partirse entono el himno y la bandera, siguieron los cantos escolares de los  niños y al llegar al lugar de la plantación, que estaba adornado con banderitas, guirnaldas y escudos, se lanzaron multitud de cohetes, entre los atronadores vivas de la multitud que allí esperaba. Cantose el himno al árbol, el párroco bendijo los que se habían de plantar, dedicó una sentida plática a los niños rogándoles al terminar que, cuando muriera, pusieran árboles sobre su tumba, a fin de que se alimentasen de su polvo, como recuerdo del gran cariño que les profesó en vida.
       Luego comenzó la plantación, dirigida por el sobreguarda de montes, mientras los maestros explicaban a los niños la razón de lo que efectuaban.
       El alcalde plantó el primer árbol, dedicándolo á la memoria de un bienhechor del pueblo, recientemente fallecido. Llenas de agua las regaderas, que las niñas llevaban, cada una vertió el precioso líquido sobre uno de los arbolitos, y así tuvo padrino y madrina que le protegiesen.
       Nuevos vivas, un discurso del alcalde, reparto de meriendas,.., y los muchachos a soñar con que la fiesta se repetiría al año siguiente.
       No se pusieron a los árboles tablitas, con los nombres de los padrinos, ¿Para qué? Bien sabía cada niño qué árbol era el suyo, y allí después regándolos, enterrando a su alrededor un puñado de ceniza, quitándoles la oruga que roía una hoja y la ramita chupona, apenas se permitía iniciar el primer brote; y cuando no, los contemplaban embelesados como si sus miradas los hicieran creer.
       Siempre que les era posible veíse  Juan y  Pedro en el camino del sitio de la plantación, para hacer una visita a sus árboles, y a Fuensanta y a Martina con sus cantaritos de agua, para regar los que aquellos habían plantado.
       Pasaron años y las visitas no cesaban, creyendo advertir ir algunos maliciosos que, al principio, Juan miraba a Fuensanta tanto como al árbol y después más, mucho más.
       Llagó la quinta; Juan y Pedro fueron llamados al servicio de las armas, y Juan y Fuensanta se despidieron al pie de su árbol. Pedro se despidió sido del suyo, pues Martina andaba algo distraída y ya rara vez lo visitaba. Marcharon a Madrid los dos amigos y poco después a Melilla, donde la Madre Patria les enviaba a pelear.  Allí, al hablar los dos de su pueblo, de su familia y aún de sus árboles, algunas lágrimas asomaban a sus párpados, con intención de regar sus rostros, atezados por el sol africano; pero las contenían juzgándolas debilidad impropia de soldados. En tanto los árboles no estaban desatendidos, pues Fuensanta visitaba el suyo con harta frecuencia, y más de una vez se halló con la madre de Pedro, que acudía a contemplar el que su hijo había plantado.
      Pasó tiempo, Juan volvió al pueblo, ostentando en su pecho la medalla de África y una cruz del mérito militar. Pedro no volvió, porque había dado toda su sangre por la Patria.
      Una tarde Juan y Fuensanta se hallaban al pie de un árbol, formando risueños proyectos para el porvenir, mas de pronto se anublaron sus ojos, porque vieron a la madre de Pedro que estaba regando con sus lágrimas el árbol plantado por su hijo; del tronco pendía una corona de laurel con negro crespón, que el alcalde había colocado allí solemnemente. El árbol se había convertido en un monumento dedicado al obscuro héroe.
---Fin---

14 noviembre 2011

RICARDO CODORNÍU Y STÁRICO (Cartagena, 1846-1923)
"el apóstol del árbol"
El árbol escarnecido

A. Joaquín H-R y C.

Mucho tiempo había pasado desde que la tierra fue una nebulosa separada del sol, y también desde que la luna, imitando tal tendencia al aislamiento, había huido de nuestro planeta y éste se balanceaba en el espacio redondeándose, aunque presentando ciertos graciosos achatamientos hacia los polos e irregularidades en su superficie, que le quitan monotonía.
Cuando el calor comenzaba a ser soportable para la materia organizada, germinó en cierto valle andaluz, entre otras, una hierbecilla que solo servía para comida de los ganados, aunque aspiraba a ser más útil el favorito de Júpiter, al hombre.
      Perdonad que haya olvidado decir, a su debido tiempo, que entonces este caballero era el padre de los dioses y de las hierbas, en aquella dichosa época pensaban mejor que la mayoría de los hombres en este siglo XX de la nueva era, y no solo pensaban sino que hablaban también. Por cierto que hay quien asegura que hablaban Esperanto. Júpiter, por ser relativamente joven, aún no se había vuelto sordo. Reconoced que esta explicación no huelga.
      El caso es que la hierbecilla dijo al dios de la electricidad:
      -¡Papito! Cuando llegue el invierno, sus hielos desgarrarán mis celdillas y fibras, me mustiaré, y acabará por secarse todo mi cuerpo, quedando hecha una lástima. Ciertamente ya habré esparcido semillas, que germinarán la próxima primavera, mas antes de cubrir la tierra con su verdor, habrán de fabricar raíces, que son productos que no pueden utilizar ni los hombres ni los animales. Si tú quisieras volver leñoso mi sistema radical, yo produciría mas hojas y flores y frutos.
      Júpiter, siempre amable, menos cuando tenía algún disgusto con su cara mitad y le daba por aterrorizar el mundo con truenos y relámpagos, consintió, y la hierba fue provista de una raíz leñosa, dejando de ser planta anual y pasó a figurar entre las vivaces.
      Sin embargo, reflexionando la plantita tanto como un filósofo alemán, e insistiendo mas que un mendigo pedigüeño, suplicó que las celdillas y fibras de su tallito se endureciesen por la adición en otoño de lignina o vasculosa, sustancia que, aun cuando de ambos modos es denominada por los botánicos, todavía no resulta bien conocida, porque los hombres de ciencia saben mejor los nombres de las cosas que lo que son en realidad. De tal suerte, cada año quedaba modificada, por decirlo así, la última capa de materia leñosa producida, que recubría las anteriores y se aumentaba la altura y el grueso del tronco, resultando, por cierto, una madera de las más fuertes y duras.
      El árbol, dominado por su afán de perfeccionarse, de nuevo pidió al dios que diese a sus hojas la consistencia del cuero, para que con mayor lentitud evaporasen el agua de la savia, y de esta suerte ser productiva aún durante los años de sequía, y hasta le rogó también que agrandase y dulcificase sus semillas, transformándolas en bellotas. Entonces el hombre le llamó encina.
Mas ésto no fue suficiente para calmar sus laudables aspiraciones. Aunque sabía vivir en los países mas secos, dar grata sombra y refrescar el aire, fijando con su poderoso sistema radical la tierra de las laderas a la roca subyacente, y por mas que producía durísima madera, excelente carbón y sabroso fruto, no le bastaba, aspirando siempre a ser más útil al hombre. Pero ¿cómo?.
      El amor es ingenioso, y halló lo que buscaba diciendo: “Si logro hacer más gruesa mi corteza, podría defender al hombre del calor y del frío, de la humedad y de la sequía, sirviendo también para conservar largo tiempo el precioso fruto de la vid y para tapar las botellas en que guarda el vino, que le alegra y le transporta al país de los sueños.
Entonces se transformó en alcornoque, a quien deben su prosperidad extensas regiones y su bienestar muchos hombres, que de tiempo en tiempo le desnudan, arrancándole su gruesa corteza, y causándole terribles heridas.
      Y el hombre muestra su gratitud al árbol llamando a todo el que nada bueno hace y para nada sirve ¡ALCORNOQUE!

---Fin---

06 junio 2011

RICARDO CODORNÍU Y STÁRICO (Cartagena, 1846-1923)
"el apóstol del árbol"
El árbol martirizado
A Juan H-R. y C

      La ignorancia y la rutina hacen que los hombres cometan inverosímiles atentados contra los árboles. En verdad, para que fructifiquen con abundancia, se hace preciso que sus ramas sean directamente iluminadas por el sol, y con tal objeto son podados los frutales, aunque conviene advertir que si esa operación, para tal fin es ventajosa, merma al árbol belleza y salud, y de ello debe prescindirse generalmente en los destinados a adornar jardines y parques, a dar sombra en las calles y a producir maderas en el monte.
       No es esto proscribir las verdaderas limpias, que suprimen las ramillas ni aún el cortar ramas gruesas, cuando fuere preciso como operación quirúrgica para curar el árbol, sin prescindir en este caso de alisar y alquitranar los cortes y siguiendo los demás procedimientos encaminados a que en las heridas no se desarrollen los gérmenes de la descomposición.
       Cierta noche de verano fui a un jardín de estilo francés, que estaba iluminado por la pálida luna, para disfrutar la frescura del aire, hallando compensación a las molestias del día. Me senté en un banco de piedra, y mi espíritu volaba por los espacios etéreos, cuando empecé a oír murmullos incomprensibles, que no pude atribuir a la brisa, ya que no se movía ni una hoja y después percibí.... ¡ideas! sí, verdaderas ideas; sin palabras, expresadas claramente en el idioma usado, sin duda, por los seres incorpóreos, idioma completamente internacional, pero sólo inteligible cuando el corazón rebosa de amor.... lengua algo parecida a la de los ojos de los amantes.
       Los murmullos, las doloridas quejas, provenían de aquellos árboles. Lamentaban que, habiéndolos dotado la naturaleza de majestuosas dimensiones y de formas artísticas en alto grado, el mal gusto, la estupidez humana hubiera convertido el jardín en un laboratorio de vivisecciones, capricho sin duda sólo propio de una estratega neurasténica.
       No era permitido a los pobres olmos que se elevaran mas de tres metros del suelo; al hermoso laurel, símbolo de la victoria, se le daba la apariencia de un estaca hincada en tierra y terminada por una esfera de follaje, bien recortadita, pues parecía pecado mortal que una hoja sobresaliera un centímetro. Así, dándoles rigidez geométrica, desaparecía la armoniosa irregularidad de las copas. Con los cipreses habían formado pilastras, columnas y arcadas; pero los que ponían más lastimosamente el grito en el cielo eran los tejos; esos árboles que parecen simbolizar la eternidad, pues viven hoy ejemplares que conocieron el principio de la era cristiana, cuyo tronco es recto, su cima cónica y en el follaje sombrío se destacan frutos rojos como el granate, siendo la madera excelente para dar forma a las creaciones de los escultores.
        Para satisfacer caprichos propios de esos degenerados, que gozan de ver destruidas las obras de inmortales genios, los pobres tejos habían sido transformados por la tijera del jardinero en antiartísticos pedestales y sobre ellos se alzaban grotescas figuras del mismo follaje, representando pajarracos y cuadrúpedos, cuyas especies no hubiera sabido determinar el mismo doctor Brehm.
        Me pareció que el gusto de contemplar tales extravagancias pedía compararse al que sintieran los potentados de la Edad Media cuando se complacían en ir acompañados de enanos, bufones y hombres deformados, que a seres nobles sólo pueden inspirar lástima y compasión, y también recordé aquellos semisalvajes, que hacen objeto de sus burlas  al tonto o la jorobado del pueblo.
        Ley de talión, ¿por qué acudes a mi memoria?
---Fin---

24 abril 2011

RICARDO CODORNÍU Y STÁRICO (Cartagena, 1846-1923)
"el apóstol del árbol"
El árbol de rivera
A Rafael H-R. y C.

         En el parque de Murcia, cerca del Segura, se ve un grupo de cipreses, que alzan sus aguzadas copas, y junto a la misma orilla del agua un bello sauce, de los llamados poéticamente ya llorones, ya desmayos, porque sólo a que lloran o a que desfallecieron puede atribuir el pueblo la dejadez de sus ramas.
        Cierta tarde de primavera de 1914, cuando la tierra llevaba cinco años enteros privada de abundantes lluvias, dijo el río al árbol...
        -¿A qué viene esa exclamación de extrañeza, amigo lector? ¿Supones que no soy verídico, porque trato de referir lo que el Segura dijo? ¿Olvidaste que el más famoso lírico español, el reverendo Fray Luis de León aseguró, en maravillosas estrofas, que el río Tajo sacó fuera el pecho, y dirigió un intencionado discurso al último rey godo?
         El Segura, menos poeta y orador que el Tajo; pero sin duda mas preguntón, dijo al árbol:
         -Te compadezco, caro vecino, porque siempre estás triste, y hasta lamento en extremo que tú y los de tu misma especie, que os miráis en mi linfa, no halléis alivio al dolor que os embarga, derramando algunas lágrimas, porque con ello, al mismo tiempo, algo acrecería mi escasísimo caudal. Ya veis a qué lamentable extremo me hallo reducido: al de pedir que, siquiera como limosna, me den una gotita de agua, porque la prolongada sequía de los últimos años me ha empobrecido, me ha arruinado. Por eso el otro día, olvidando mi gloriosa historia, un paseante se atrevió a llamarme riachuelo y aunque tal insulto despertó mi cólera y ansiaba el dulce placer de la venganza, ya que no me caracteriza la humildad, nada pude hacer. Añoré aquellos felices tiempos en que mi lecho era mucho más profundo, cuando el hombre aún no había venido a transformar la tierra y numerosos cocodrilos se bañaban en mi corriente, porque cualquiera de ellos bastara para imponer silencio perpetuo al calumniador.
          ¡Si a lo menos hubiese sido suficientemente fuerte para inundar la huerta de Murcia, como hice mas de una vez en tiempos no lejanos! Mas ahora me muero de sed y ni aún hallé suficientes gotas para salpicar la cara del muy desvergonzado! Dejando esto aparte, ya que no tiene remedio, cuéntame querido sauce tus pesares, como yo te he referido los míos.
         -Así se escribe la historia, dijo éste. ¡Suponen que las aguas ríen y los sauces lloran! Porque los sauces no somos tan charlatanes como las corrientes de agua, a pesar de nuestro claro y alegre follaje se nos compara a los cipreses, a esos estúpidos árboles, que aspirando a huir de la tierra, porque no les agrada lo que en ella ocurre, sólo logran ser destinados a entristecer los cementerios. Los árboles de mi especie somos por el contrario verdaderos filósofos de esa prudente filosofía que hace mas grata la vida y a nosotros mas aptos para cumplir nuestros deberes. Gracias a ella aprendimos a transformar lo malo en bueno y lo ingrato a lo menos tolerable. Se dice, con razón, que el mundo anda transtornado ... mas esto sólo sucede desde que el hombre tomó posesión de la tierra, porque antes todo estaba admirablemente dispuesto. Viendo el mal y aspirando a cumplir nuestro deber, nos dijimos los de mi especie: ya que no podemos cambiar la marcha de la tierra y sin embargo debemos vivir en ella para purificar el aire y embellecer el paisaje, busquemos la orilla del agua e inclinando nuestras ramas, miremos el mundo en su líquido espejo. Así le vemos debidamente arreglado: contemplamos lo rápidamente que se hunde el vicio y cómo la virtud se eleva hacia nosotros; y cuando la brisa produce un pequeño oleaje, los contornos ganan en belleza lo que pierden en precisión; todo se hace mas poético, y el sol al ser reflejado por el líquido elemento, en vez de cegarnos se nos muestra transformado en brillantes. Lloren los cipreses de columnas, eleven sus agujas sin mirar a la tierra; nosotros preferimos contemplar el cielo en lo profundo de las aguas.
---Fin---