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1/04/2021

Jardines silvestres en las ciudades


CHRIS BAINES por Mª JOSÉ ESTESO POVES
Chris Baines
Entrevista al naturalista y escritor, precursor de los jardines silvestres en las ciudades.

     (...) Baines mantiene que la solución pasa por los árboles. Por ello, explica que las ciudades españolas necesitan plantar centenares de árboles para mitigar el cambio climático, porque "las hojas de los árboles son 'nuestros aires acondicionados' y filtran la contaminación". Las hojas de los árboles son un filtro natural de la contaminación en las ciudades      Afirma que, si conseguimos más arbolado y más parques interconectados, "estos pueden ayudar a ralentizar los efectos del calor extremo e incluso las inundaciones que se van a producir debido a las lluvias torrenciales características del cambio climático" (...)
    
Ciudades más amables 
     Frente a esto, es necesario que los ayuntamientos creen grandes "anillos verdes, espacios abiertos y tranquilos para poder respirar". Asegura que existen estudios científicos sobre cómo las personas mejoran si están en un entorno natural. "Está comprobado que si una persona con estrés se puede tumbar, caminar o sentarse en un jardín tranquilo, en sólo cuatro minutos, mejora y se relaja. Los espacios verdes son beneficiosos para la salud".
     Mientras aquí hablamos de despoblación y recuperación de los pueblos, en Reino Unido el discurso se centra en las ciudades. Es obvio, admite Baines: "El 90% de la población en mi país [más de 65 millones de personas] vive en grandes aglomeraciones, y en los últimos años estas se han vuelto espacios hostiles. Por eso es necesario hacerlas más amables".
     Baines fue cofundador del colectivo de defensores de la vida natural urbana Urban Wildlife Group, ha participado en un gran número de asociaciones en defensa de la jardinería silvestre, la gestión del agua y la conservación de la naturaleza. Además ha escrito varios libros, algunos de ellos para niños.
     Jardines silvestres explica con naturalidad qué es y cómo se diseña un jardín silvestre, privado o público: "No es una reserva de la naturaleza. Está concebido como un espacio agradable, con muchas flores silvestres para atraer a los insectos y aves, un pequeño lago con anfibios, una protección natural alrededor y claros para que entre el sol". Y aclara que "por supuesto no se emplea ni química ni pesticidas". Pero también es un lugar donde relajarse: "Un jardín tiene que tener bancos, sillas y una mesa ...".
     Su libro Wildlife Gardening (Vida Silvestre, 1985) es un clásico en el que da consejos prácticos para elegir las plantas que van a atraer a aves e insectos a través de la jardinería. En Reino Unido se usa también el glifosato en los jardines públicos, como en el Estado español. Es "un problema universal," asiente.
     La alternativa en las ciudades, si no hay mucho espacio, es hacer jardines urbanos en las fachadas, "como, por ejemplo, hacen los pub de Londres, donde existe una especie de corredores de madera en las fachadas con plantas colgantes y flores, a donde llegan abejas y pájaros", relata el ambientalista. Y así transformar la ciudad, como "en Nueva York, donde están triunfando los jardines y huertos en las azoteas de los edificios", cita Baines. También sostiene que es "una buena iniciativa la renaturalización de los ríos de las ciudades", tal y como se ha hecho con el Manzanares, en Madrid.
     A la pregunta de cuáles de sus luchas como activista le han marcado más, responde sin vacilar: "La de convencer a políticos e ingenieros para que no corten los árboles de las aceras". Relata que, al enterrar los cables de la luz en las ciudades inglesas, se talan todos los árboles, pero no es imposible hacerlo de otra manera. "Las raíces crecen de forma horizontal y es cuestión de convencer a los ingenieros de que se cave más abajo y se respeten los árboles". Y sentencia: "La mayor amenaza para los árboles no son los ingenieros, sino las políticas de los ayuntamientos para prevenir riesgos para la ciudadanía".

Central Park,  NYC
Talas de árboles y podas
     Pero nuestros árboles tienen más amenazas: "Se podan cada vez más para hacerlos más seguros y eso es malo; al final el árbol se pierde porque todo el beneficio está en la copa, las hojas nos ayudan contra la subida de las temperaturas por el cambio climático".
     Otra tendencia ha sido la corta de árboles en las carreteras. Asegura que en su ciudad, Sheffield, en South Yorkshire, sur de Inglaterra (534.500 habitantes), se ha conseguido un acuerdo con el Ayuntamiento contra la tala de árboles en las carreteras. Hasta ahora se habían cortado hasta un 25% de los situados en las vías de acceso a la ciudad "porque dicen que son un riesgo para los coches y que esa es la única manera de evitar los accidentes". Esta medida ha provocado una gran oposición por parte de la ciudadanía. "Muchas mujeres se han encadenado a los de las carreteras y han conseguido parar las talas".
     Baines explica que su trabajo ahora es el de 'mediador' entre ayuntamientos, empresarios y ecologistas. "Son necesarias las luchas de los ecologistas para contrarrestar las ideas moderadas de los políticos y conseguir acuerdos. Los ecologistas son más pragmáticos y pueden demostrar que conservar los árboles tiene beneficios", concluye.
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10/08/2020

Almeces en la ciudad

JOSÉ MARÍA RIBA
¿Qué les está pasando a los almeces de las ciudades?           (Artículos del autor)

Introducción

     El almez mediterráneo, Celtis australis, es una especie muy utilizada en jardinería, como árbol ornamental de alineación (en viario y generalmente en alcorque) o en parques y jardines. En los últimos años, muchas ciudades están apostando para rebajar el porcentaje muy elevado que había llegado a tener el plátano de sombra (Platanus x acerifolia, un híbrido de jardinería surgido en el siglo XVII) dentro del arbolado municipal, en favor de otras especies, donde destaca de manera muy importante el almez. Así, por ejemplo, el patrimonio arbóreo municipal de Barcelona en el 2017 era de unos 240.000 árboles, donde el 9% correspondían al plátano de sombra y el 6% al almez; en el 2011 y para los árboles de alineación, estas proporciones eran del 30% en el caso del plátano y del 12% en el almez; o más escandalosas fueron las cifras en el 1992, cuando el plátano había llegado al 53%. 
     La substitución del plátano de sombra por otras especies (con el almez, ciprés de Lambert, troana, sófora y tipuana, entre la más utilizadas) se hace atendiendo a razones diversas, destacando: a) aumentar la diversidad de especies arbóreas, b) buscar árboles con menos fenómenos de alergias o molestias, c) menos delicados, menos sensibles (o más tolerantes, según se mire) a plagas, enfermedades y/o fisiopatías, d) que tengan menos requisitos de poda, e) que sean de dimensiones más pequeñas, entre otras.
El género Celtis cuenta con unas 70 especies de árboles de hoja caduca, de regiones templadas a nivel mundial, tanto del hemisferio Norte, como del Sur. La especie ornamental más utilizada en el litoral mediterráneo corresponde a Celtis australis, pero también se utilizan C.occidentalis (almez norteamericano) y C.sinensis (almez chino).
      C.australis es originario del sur de Europa, oeste de Asia y norte de África; crece habitualmente entre los 50 y los 1.300 m de altitud, y prefiere exposiciones soleadas en bosques caducifolios mixtos termófilos (templados), bien adaptado a suelos pobres, secos y pedregosos que carecen de humus; no forma nunca bosques, apareciendo aislado en barrancos, laderas y terrenos alejados de riberas; en condiciones óptimas, puede superar los 600 años de edad.
      Además de los factores indicados anteriormente, en las últimas décadas se ha favorecido la plantación del almez como árbol municipal y de alineación, por el hecho de ser tolerante a la contaminación urbana, por presentar muy pocas plagas/enfermedades agresivas y por ser bastante tolerante a la sequía.
Los daños más frecuentes, aunque de poca importancia y agresividad, que presentan los almeces se encuentran asociados generalmente a ataques de insectos minadores (Agromyza, Caloptilia, Phyllonorycter), ácaros eriófidos (Aceria, Reckella), pulgones (Aphididae), cochinillas (Diaspididae) y de hongos foliares (Erysiphe, Taphrina).
      Pero esta situación de “normalidad” parece estar cambiando. En Europa, los primeros casos de “decaimiento anormal” aparecieron en la década de los 70s; es a partir de la década de los 90s cuando estos daños se hacen más evidentes y frecuentes, hasta llegar a la situación preocupante de los últimos años (2016-2019). Cada vez es más fácil encontrar ejemplares de almeces ornamentales que muestran un decaimiento anormal y muy generalizado en la copa, con síntomas y daños más evidentes en años de sequía e inviernos fríos. Una de las causas a las que se atribuyen estos daños parece ser la presencia, cada vez más diagnosticada por los laboratorios, de fitoplasmas (pertenecientes a los grupos “Apple Proliferation”, “Aster Yellow” y “Elm Yellows”).

Daños que se observan
      En los almeces más afectados, destacan los daños que se hacen muy evidentes en la copa, especialmente en la más apical; generalmente son ramas aisladas, mientras que el resto de la copa, así como las ramas inferiores, muestran un aspecto completamente normal. En las zonas de copa afectadas, y a golpe de vista, se puede apreciar una densidad foliar más pobre del normal, e incluso procesos de seca de brotes y de ramillos; ya en más detalle, y en el ramaje afectado, es fácil observar hojas más pequeñas de lo normal (microfilias), con deformaciones foliares (de todo el limbo, en lugar de tener la hoja típica de planifolio) y/o con un patrón de coloraciones verde-amarillo alternado, con mosaicos amarillos muy definidos, o con un amarilleo difuso (clorosis); pueden darse fenómenos de esterilidad de flores y una menor fructificación; en algunas ocasiones, pueden observarse también brotes y ramillos con entrenudos más cortos (enanismos).
      Estos daños se observan tanto en árboles jóvenes (plantados hace 10-15 años), como en árboles maduros-viejos (con más de 100-150 años), tanto en zonas urbanas (arbolado viario o en parques), como en zonas rurales (en jardines). Este debilitamiento y decaimiento generales son daños progresivos, pero muy lentos en el tiempo; con los años (y para los ejemplares en seguimiento), estos daños pueden evolucionar y agravarse durante 20-30 años, hasta la muerte del ramaje principal o de la copa; finalmente, podría conllevar la muerte del árbol. Destacan los daños observados en Mallorca (Palma [I.Gascón comunicación personal], Calvià), Barcelona (Badalona, Barcelona, Manresa, Prat del Llobregat, Rajadell, Sabadell, Sant Cugat, Vallirana), Girona (Mont-ras, Viladesens), Tarragona (Reus).

¿Qué son los fitoplasmas?
      Los fitoplasmas (a diferencia de los eucariotas, que forman los 4 Reinos [animales, plantas, hongos y protistas]) son organismos procariotas sin pared celular, polimorfos (pero “no espiral”), “gram positivo” y con un tamaño medio de 200-800 nm, muy relacionados con las bacterias, dentro de la Clase de los Mollicutes; descubiertos por primera vez en 1967. Provocan enfermedades en cientos de especies vegetales de regiones tropicales y templadas, actuando como parásitos obligados del hábitat intracelular de las plantas huésped, localizándose en el tejido del floema (principalmente en las células cribosas que conducen la sabia). En las plantas leñosas de hoja caduca, la distribución espacial de los fitoplasmas no es regular y parece estar influenciada por factores externos.
      Los fitoplasmas necesitan de organismos vectores para la transmisión de la enfermedad, generalmente durante la fase de alimentación de insectos del tipo picador-chupador, del grupo de los Hemiptera-Homoptera. (...)
      Hay muy poca información y estudios sobre estos daños por fitoplasmas y observados en el almez, pero las analíticas de laboratorio realizadas sobre muestras de plantas afectadas (en España, Francia e Italia) han dado positivo a estos fitoplasmas.

Medidas correctoras y actuaciones de control
      En agricultura, el control de los fitoplasmas se basa en la prevención, destacando: a) usar material vegetal sano, b) plantar especies/variedades resistentes a estos fitoplasmas, c) evitar plantar en áreas donde existe el fitoplasma y sus vectores potenciales y d) controlar las poblaciones de insectos vectores (mediante aplicaciones periódicas con insecticidas). En los últimos años han aparecido nuevas alternativas, como son e) aplicaciones de antibióticos (oxitetraciclina) mediante la técnica de la inyección a tronco por endoterapia, f) utilizar híbridos de variedades resistentes o bien clonar material vegetal sano (modificado, obtenido por técnicas in-vitro) y g) utilizar ejemplares obtenidos de plantas madre infectadas con cepas hipo-virulentas de estos mismos fitoplasmas.
      Pero estas actuaciones indicadas anteriormente no tienen aplicación posible en el arbolado ornamental y mucho menos con el almez. Hay muy poca información sobre esta enfermedad de los almeces (cómo se introduce, desarrolla y evoluciona) y tampoco se conocen a los insectos vectores. También es sabido que las podas sanitarias (con la eliminación del ramaje afectado) no son la solución: se reduce o elimina el daño visible en la copa, pero no se elimina el fitoplasma, ya que éste se mueve por el interior del sistema vascular de la planta y puede encontrarse en reservorios radiculares y en el tronco, por lo que al formarse los nuevos brotes, se moverán nuevamente los fitoplasmas.
      Pero debido a que el progreso de los daños asociados a estos fitoplasmas en el almez tiene un ritmo muy lento (superior a 20 años), ciertas actuaciones dirigidas a la reducción de situaciones de estrés pueden favorecer al árbol. Destacan por ejemplo: a) riegos puntuales y de soporte en períodos de estrés hídrico, b) aplicaciones con abonos del tipo radicular/foliar específicos, c) mejoras en la calidad del suelo.

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9/29/2020

Los "urbanos" y las podas

MANUEL SOUSA
La poda de árboles urbanos

Uno de los grandes acertijos de Portugal es por qué se podan los árboles en el espacio urbano.
      Ya Francisco Caldera Cabral y Gonzalo Ribeiro Tellez en su libro "el árbol", editado en la década de 60 del siglo pasado, escribía que "todos los años al final del invierno salen al campo, de las más diversas procedencias, brigadas de hombres armados de sierras y tijeras de podar, de las calles de las ciudades y pueblos y últimamente hasta las carreteras nacionales."
     También escribía que "se tiene la impresión de que no podar los árboles es señal de negligencia y pereza. Hace mucho tiempo que las protestas contra estas prácticas aparecen aisladas en los periódicos ".
     Más adelante en su libro sigue refiriéndome a esta temática de las podas, señalando que "la poda, suprimiendo ramos o lástima y por lo tanto las reservas contenidas en ellos es siempre una operación depauperante de la planta a diferencia de lo que piensa la mayoría de las personas por ver más vigor en el follaje del árbol cortado."
     Si la poda hace daño a los árboles, ¿por qué se poda?
     Si la poda acorta significativamente la vida de los árboles, ¿por qué se poda?
     Si reducir el volumen aéreo del árbol disminuye los servicios de ecosistema, ¿por qué se poda?
     Si la poda descaracteriza los árboles, ¿por qué se poda?
     Si la poda tiene grandes costes para los municipios, ¿por qué se derrocha el dinero público con prácticas nefastas para el medio ambiente y el paisaje urbano?
     Si la poda reduce la sombra y el efecto invernadero de los coches, ¿por qué se poda?
     No puedo responder a estas preguntas que no sea la ignorancia de quien es responsable de las políticas públicas de los entes locales.

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7/23/2020

Arborización de la ciudad

GRACIELA AROSEMENA DÍAZ
En The Nature of Cities

Graciela es investigadora y profesora de espacios urbanos en la Universidad de Panamá y autora de "Agricultura urbana: Espacios de Cultivo para una ciudad sostenible"

La arborización en la infraestructura verde urbana

     El impacto que están generando los problemas ambientales, locales y globales, sobre los entornos urbanos no tienen precedentes en la historia urbana. Es fundamental un nuevo planteamiento del sistema de espacios libres y verdes urbano. Es por ello que la ecología, biología y la climatología, son disciplinas que han adquirido una mayor relevencia en el paisajismo, en la planificación y diseño de espacios abiertos.
     Las funciones del verde actual están definidas principalmente por las necesidades que fueron concebidas  en el movimiento higienista vinculado a la ciudad industrial del siglo XIX. La contaminación ambiental fue el impulsor de los espacios abiertos públicos en aquel momento, y paralelamente, fue reconocida la necesidad de socialización y recreación. El espacio verde actual es heredero de la ciudad industrial, y aunque la necesidad de aire limpio e interacción social continúan vigentes, los retos ambientales -a los que se enfrentan las ciudades en el siglo XXI-, implican reformular el concepto de espacio verde. El verde urbano en la actualidad requiere ser entendido como una infraestructura ecológica, que actúa como elemento vertebrador de las funciones ecológicas necesarias en la ciudad. Es fundamental en la reproducción de muchos procesos naturales en la ciudad: constituyendo corredores de conexión con los hàbitats naturales del entorno, incrementando el grado de diversidad biológica y la capacidad auto generativa del ecosistema mismo, así como un importante papel en la prevención del efecto “isla de calor”, la resiliencia de las ciudades al cambio climático, entre otros.
     La funcionalidad del verde, en términos de infraestructura urbana, se refiere a la posibilidad de asumir el sistema verde urbano como instrumento para atenuar y orientar el desarrollo urbanístico de la ciudad, imprimiendo a este una connotación de elevada calidad ambiental, en la cual la infraestructura verde conforma la estructura.
     La realidad es que la aproximación sistémica del territorio se debe traducir en una aproximación sistémica de la ciudad, que forma parte del territorio, de tal forma que la ciudad debe ser reconectada a la matriz biofísica territorial. Por eso los espacios verdes, desempeñan un papel capital: responder a los problemas ecológicos y ambientales.
Otra de las concepciones ideales de los espacios verdes actuales es que se pretende que constituyan un sistema, esto es, que se conciban como un todo comunicado y continuo, donde el conjunto de las distintas piezas tenga más valor que la simple suma.
     La continuidad del sistema verde se opone a la cración de guetos. La ciudad debe incorporar las áreas verdes como parte de su propio tejido, y no como un bien que hay que buscar lejos de él. Cuando se configura en el tejido urbano en forma de red compleja y se relaciona al sistema de los espacios abiertos periurbanos, representa una solución eficaz para el mejoramiento del ecosistema urbano.
     En este sentido, la red verde urbana asume las connotaciones de una verdadera y propia infraestructura que, a la par de las otras, asume funciones estructurales de la organización de la ciudad.
     Así, los nuevos sistemas verdes se construyen desde la idea de recuperar las conectividades ecológicas perdidas, pero también sobre la base de cada uno de los nuevos espacios que se pueden establecer. Concepto que va de la mano de la visión integral del paisaje, ya sea natural o antropizado. Esta visión integral permite una mejor protección del paisaje a través de la introducción de corredores que vinculen el espacio urbano con el rural y forestal. Esta iniciativa se hace evidente en la planificación de ciudades como Ámsterdam, Múnich y Berlín.

Ecología urbana e infraestructura verde
     La ecología urbana plantea una forma distinta de comprender la ciudad, como un ecosistema. No es nada nueva la idea de analizar la ciudad como un sistema vivo, se tiene noción de este concepto desde Patrick Geddes, considerado el padre de la ecología urbana, en 1904 con su “City developments”. Pero no fue hasta el año 1973 cuando fue reconocida seriamente la importancia del análisis del ecosistema urbano en el programa Man and Biosphere de la UNESCO.
     Para comprender mejor el concepto, se hace referencia primeramente al ecosistema natural, el cual no es más que un conjunto de elementos bióticos y abióticos que interrelacionan entre sí, produciéndose entre ellos flujos de materia y energía. Los elementos bióticos (los seres vivos), necesitan degradar energía y materiales para mantenerse vivos, pero en los ecosistemas naturales son únicamente las plantas quienes tienen la posibilidad de regenerar esta energía, a través de la fotosíntesis.
     A continuación, se resumen brevemente cuáles son las características de la ciudad que se desprenden de la ecología urbana:
     Las ciudades no producen ninguno de los recursos que consumen y necesitan explotar otros ecosistemas para poder funcionar. Es por ello que, desde el punto de vista de la productividad ecológica, el ecosistema urbano es considerado un sistema heterótrofo (Naredo, 1997; Rueda, 1995), – que se alimenta de otros -, al depender de otros ecosistemas naturales y agrícolas que muchas veces se encuentran a grandes distancias de la ciudad.

  • En la ciudad, la mayor parte del flujo de los recursos que importa para funcionar – materia, energía e información -, se realiza en sentido horizontal (a través de sistemas de transportes como el ferrocarril, autovías, redes de energía), a diferencia de los ecosistemas naturales que lo hacen, en la mayoría de los casos, de forma vertical. En otras palabras, el metabolismo de las ciudades es lineal (Rueda, 1999). Dependiente de combustible fósil y emisor de gases efecto invernadero
  • Los recursos (materia, agua y energía) una vez consumidos y metabolizados en la ciudad, son devueltos al sistema ecológico en forma de contaminación sólida (residuos), líquida (aguas residuales), y gaseosa (contaminación atmosférica).
  • En las zonas urbanas las condiciones “naturales” de un territorio son transformadas, desde el suelo y el subsuelo, alterando la permeabilidad hídrica, la reducción de la capa vegetal, el clima etc. Dando lugar a procesos naturales alterados, que por tanto ya no lo serán más, pasando a ser procesos ecológicos propios del sistema urbano.
     La alteración provocada por las ciudades sobre los ecosistemas naturales se pueden palpar a través modificaciones micro climáticas y de los desequilibrios en los ciclos naturales, principalmente del dióxido de carbono (CO2 ), del nitrógeno (N),  monóxido de carbono (CO), dióxido de azufre (SO2), ozono (O3), el ciclo natural del agua.  Estas alteraciones ocasionadas por la ciudad son recogidas por los siguientes ámbitos de acción ambiental:

     Atmósfera. La afectación atmosférica se caracteriza principalmente por el aumento de la contaminación ambiental, polución, especialmente aumento de las emisiones de CO2 y CO, vinculados al consumo de combustibles fósiles. Esto está estrechamente relacionado con el modelo de ciudad dependiente de redes de transportes para obtener los recursos que necesita y para funcionar internamente. Paralelamente, el dióxido de nitrógeno (NO2), producido por la combustión en vehículos motorizados y plantas eléctricas, al reaccionar con compuestos orgánicos volátiles, como gases hidrocarburos, en presencia de abundante luz solar, genera ozono troposférico (O3), es por esto que habrá mayores concentraciones de ozono cuando la radiación solar es más intensa, en el caso de Panamá, esto ocurriría principalmente durante la estación seca. Cabe señalar que el ozono provoca problemas para la salud desde irritaciones en los ojos, fosas nasales, hasta bronquios e infecciones pulmonares.

     Ciclo hídrico. Las ciudades inciden sobre el ciclo del agua a través de la extracción de agua en espacios naturales, y la contaminación de las aguas, provocando alteración de acuíferos naturales, y generando en el medio urbanizado inundaciones, debido la falta de cobertura vegetal en la ciudad, aumentando escorrentías superficiales.

     Ámbito energético. El alto consumo de energía en la ciudad contribuye al agotamiento de energías no renovables, que a su vez aumenta emisiones de gases efecto invernadero, contribuyendo al cambio climático.
     Paralelamente el fenómeno (efecto de ‘isla de calor’), generado por modelos urbanos de la alta densidad de construcciones y materiales acumuladores de calor (hormigón, asfalto, etc.), eleva la temperatura urbana. Por último, la combustión energética además libera otras sustancias que contribuyen a la contaminación atmosférica deteriorando la calidad del aire.

     Biodiversidad.  El espacio urbanizado, usualmente ha conllevado la pérdida de una cobertura de suelo natural, en no pocos casos ello se traduce en pérdida de hábitat de fauna y flora. Además, las ciudades representan una interrupción de las conexiones ecológicas del territorio, dificultando en ambos casos la conservación de la biodiversidad.
     Las ciudades forman sistemas complejos en las cuales se producen numerosas relaciones e intercambios de materia y energía, pero a su vez son las principales explotadoras de los ecosistemas naturales y sus conexiones se extienden sobre todo el planeta, siendo responsables del crecimiento entrópico global.
     De tal forma que las ciudades se han convertido en parásitos del entorno, consumiendo recursos y a su vez contaminando los sistemas ecológicos que a su vez deterioran la habitabilidad de la propia ciudad. En este escenario, es evidente la necesidad de cambios estructurales de los espacios urbanos, en diversos ámbitos. Uno de ellos es la reconversión de la vegetación urbana de forma tal que responda, no a todos, pero a varios de los problemas ambientales urbanos y los retos futuros.

El papel de la arborización en la construcción de la infraestructura verde urbana
     ¿Cómo la vegetación y los espacios verdes pueden responder a los problemas ecológicos y ambientales de la ciudad, y dar soluciones para conseguir un planeamiento urbano ambientalmente equilibrado?.  Los nuevos planteamientos de la naturaleza en la ciudad ya no se limitan a un espacio agradable y con vegetación ornamental, ahora son prioritarios objetivos que van desde
la habitabilidad de los espacios libres para la población, la importancia de la continuidad espacial dentro de la ciudad, hábitat para la biodiversidad y el cambio climático.

Ciclo del agua
     El ciclo del agua al entrar en el sistema urbano sufre una serie de alteraciones que se traducen en impactos ambientales y en riesgos hidrológicos, que pueden ser prevenidos o mitigados con diversas estrategias de arborización. Por un lado, el consumo urbano desmedido de agua impide la protección a largo término de los recursos hídricos y, por otro lado, el régimen de precipitación pluvial se está modificando a causa del cambio climático. Los eventos extremos se van alternando, sequías y lluvias torrenciales de alta intensidad se espera que sean más frecuentes, toda vez que continúa aumentando la temperatura global. Como resultado, el riesgo de sequías y de inundaciones se incrementa.
     Esto se traduce en la promoción del consumo sostenible de agua, lo que en términos de la infraestructura verde implica el uso de vegetación adaptada al clima, de tal forma que durante la estación seca no sea requerido el riego. Paralelamente el agua lluvia en un ambiente impermeable como el urbano, entra en conflicto con la red hídrica que naturalmente atraviesa las zonas urbanas, lo que en su conjunto representa un riesgo de inundación. Por lo que una política urbana de infraestructura verde debe estar encaminada a la recuperación de las riberas de los ríos urbanos, principalmente con la siembra de vegetación arbórea de ribera, y además el aumento de la superficie vegetada dentro del tejido urbano. La creación de bosques urbanos es fundamental para controlar la erosión y proteger la red hídrica de las ciudades.
     Cada año, las inundaciones causan daños considerables en las zonas urbanas.
     La infraestructura verde puede contribuir a gestionar el agua lluvia, absorbiendo agua en un mayor porcentaje de superficie vegetada, a través de sistemas inundación temporal controlada y diseñada de plazas (United States Environmental Protection Agency, 2016), o sistemas de bio retención de agua lluvia, convirtiéndose estos en un equipamiento fundamental en el diseño de plazas, parques urbanos y periurbanos, e incluso en cordones verdes de las vías públicas. Paralelamente, la arborización además de contribuir a absorber el agua lluvia, controla la escorrentía en el origen, reduciendo erosión y contaminación en los cursos de agua (Vargas, McPherson, J, Simpson, Peper, Gardner, & Xiao, 2008).
La conservación de bosques de galería y el mantenimiento de márgenes de los ríos libres de edificación, son estrategias fundamentales en la constitución de una infraestructura verde que prevenga inundaciones. Foto: Graciela Arosemena. Antiguo Fuerte Clayton, Ex-Zona del Canal (Panamá).
Implicaciones en la mejora de la calidad del aire
     Los árboles de la ciudad pueden reducir algunos contaminantes del aire. La contaminación se reduce directamente cuando las partículas de polvo y humo quedan atrapadas en la vegetación. Además, las plantas absorben gases tóxicos, especialmente aquellos originados por la combustión de vehículos motorizados.
     Paralelamente, las altas temperaturas aceleran la formación de contaminación, como es el caso del ozono (O3) troposférico. En ese sentido el efecto moderador de la vegetación, especialmente de la arborización puede reducir las temperaturas y a su vez reducir la formación de contaminantes. Recientemente, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), reconoció que la arborización es una medida para reducir el O3.
     El dióxido de carbono es otro de los compuestos contaminantes del aire que contribuye al cambio climático. La arborización urbana puede reducir los niveles de CO2 mediante la captación del gas a través de sus hojas con la fotosíntesis, y el secuestro de CO2 en tronco, ramas y raíces mientras está creciendo; y además la regulación del microclima urbano reduce las temperaturas extremas y se reduce el consumo energético asociado a los aires acondicionados. (Sorensen, Barzetti, Keipi, & Williams, 1998).
      Los árboles extraen contaminantes de dos formas principalmente:

  • Incorporan gases y contaminantes a través de las estomas de sus hojas. Los gases ingresan al interior de las hojas, donde hay mucha agua. Muchos gases se disuelven y cambian de estado.
  • Capturan partículas en la superficie de las hojas
  • Lo ideal es que el árbol tenga muchas hojas y sea de gran tamaño.
  • Absorben gases contaminantes (por ejemplo, NO2, SO2), interceptan PM10 (polvo, ceniza, polvo y humo).
      En un estudio sobre bosques urbanos en Honolulu (Hawaii), encontró que 43,817 árboles en la ciudad remueven cerca de 9 toneladas de contaminantes atmosféricos, un servicio ambiental estimado en $47, 365.00 dólares (Vargas, McPherson, Peper, & Et. al., 2007).
     De forma tal que, en el momento de escoger las especies de árboles para ser ubicados en los espacios abiertos urbanos, deben considerarse las características morfológicas que sean más idóneas para las funciones de absorción de gases contaminantes, o para la prevención de formación de ozono. Los aspectos ornamentales quedan así en un segundo plano.
El arbolado viario es fundamental para mantener sombreado el paso de los automóviles y evitar que, por la acción de la radiación solar, los contaminantes como NO, y los hidrocarburos no metálicos, provenientes de fuentes móviles (automóviles), se transformen en ozono. Foto: Graciela Arosemena
Regulación del clima y resiliencia al cambio climático
     Uno de los principales aspectos que deben afrontar las sociedades urbanas en el siglo XXI es cómo frenar sus emisiones de gases invernadero y adaptarse a los efectos ya presentes del cambio climático. En Panamá por ejemplo, uno de los efectos asociados al cambio climático es el incremento de la temperatura absoluta, la cual podría aumentar entre un 1º y 3 ºC, durante los meses en los cuales hay mayores temperaturas: abril y mayo (CATHALAC, 2008). Y los eventos de temperaturas máximas absolutas superiores a 38ºC serían rebasados hacia el año 2020 (CATHALAC, 2008).
     En ciudades de climas calurosos, los episodios extremos de temperatura que se prevén son de mayor gravedad debido a las condiciones adversas de base, asociadas al efecto de ‘isla de calor urbana’ (ONU-HABITAT, 2011). Un problema generado por la alta densidad de construcciones y materiales acumuladores de calor (hormigón, asfalto, etc.), por la concentración de actividades antrópicas generadoras de calor (tráfico, climatización, etc.). De hecho, según los mapas de vulnerabilidad al cambio climático de las distintas unidades ecológicas de Panamá, en lo referente a la temperatura, el Área Metropolitana Pacífica (Panamá), tiene una vulnerabilidad media alta a cambios en el incremento de la temperatura (Tremblay & Ross, 2007).
     Teniendo en cuenta que el aumento de temperatura de 1ºC supone un incremento de consumo energético en la climatización de entre 3 y 4%, y puede llegar hasta un 10%, el consumo energético podría aumentar hasta un 30% con un incremento de temperatura de 3ºC.
     Para atenuar los efectos de la isla de calor y reducir los altos consumos energéticos es esencial la planificación del arbolado como climatizador natural del microclima urbano.
     Las variables ambientales fundamentales para el confort térmico humano incluyen radiación solar, temperatura en las superficies urbanas, temperatura del aire, humedad y velocidad del viento. Se ha demostrado en diversas investigaciones que la arborización urbana puede mejorar estas variables ambientales a través de la prevención de la radiación solar y la reducción del calentamiento de las superficies de las edificaciones, que se suman el efecto reducción de la temperatura del aire a través de la evapotranspiración. (Akbari & et al., 1992) (Simpson & McPherson, 1996); (Georgi & Zafiriadis, 2006). En resumidas cuentas, el arbolado urbano interviene en la modificación del clima en zonas cálidas, principalmente en los siguientes tres efectos (Akbari H. , 2002):
Sombreado: Las copas de los árboles interceptan la radiación solar evitando el calentamiento de las edificaciones, asfalto y pavimentos.
Evapotranspiración: La transpiración de las hojas, requiere energía calorífica capturada del ambiente, produciéndose un descenso de la temperatura en su entorno.

Las copas de los árboles generan una pantalla protectora contra la radiación solar, minimizando el efecto isla de calor en las ciudades. Foto: Graciela Arosemena.
      La capacidad del arbolado para la modificación del clima urbano, sobre todo para la reducción de las altas temperaturas, depende fundamentalmente del grado de cobertura arbórea, es decir el porcentaje de superficie urbana situada bajo la proyección de la copa de los árboles, así como de la tipología y la densidad de las copas.
     Sobre el efecto refrescante de la vegetación en ambientes urbanos, se ha reportado que mediciones hechas en distintas ciudades del Norte, tal como el estudio realizado en el parque zoológico de Berlín (Hoerbert, 1982). En este estudio  las diferencias de temperatura fueron de 5-7°C y la humedad relativa variaba un 10%[1] y reporta variaciones de entre 3 y 8 ºC para distintas composiciones y especies de árboles, las mediciones se hicieron también en distintas épocas el año.
     Mediciones sobre el efecto de las sombras se han realizado en estudios en donde se valoraban diseño, tipologías de edificio, paisaje y climas, encontraron que el ahorro energético estaría alrededor del 25% al 80%[2]. Los mayores ahorros fueron asociados con la densidad y extensión de las sombras, siendo la radiación solar la mayor fuente de ganancias de calor (Simpson & McPherson, 1996).

Conservación de la biodiversidad y patrimonio natural
     Desde una óptica ambiental, los espacios abiertos urbanos, además de ejercer funciones de control climático, o de filtro para la contaminación atmosférica, entre otros, debe garantizar la conservación de la diversidad biológica, y una permeabilidad que permita las conexiones ecológicas, mantenido valores ambientales y paisajísticos.
     Las ciudades pueden jugar un papel primordial en la conservación de la biodiversidad a través de estrategias que incluyen la introducción de ecosistemas y hábitats en el tejido urbano, o la preservación de los preexistentes, además la creación de espacios verdes urbanos continuos que garantice la conectividad biológica y controlen la fragmentación territorial (Generalitat de Catalunya, 2002). Un objetivo fundamental de ello es establecer como elemento vertebrador del territorio una red continua de espacios naturales, que atraviese la ciudad y conecte los espacios naturales periurbanos con los espacios naturales urbanos.
     Es evidente la necesidad de aumentar la natura en la ciudad y fortalecer las conexiones entre la ciudad y su entorno, y una de las piezas claves para conseguirlo son las estrategias de arborización urbana, orientadas a proporcionar efectivamente hábitat a especies de aves, mamíferos principalmente. Los árboles proveen hábitat, refugio y alimento para la fauna local. Para garantizar una arborización que restaure la biodiversidad ecológica en las ciudades, debe escogerse especies vegetales nativas, las cuales son a las que la fauna está acostumbrada. De hecho, el uso de especies exóticas es una de las causas directas de amenaza de la biodiversidad y la conservación de ecosistemas, junto con la destrucción de hábitat.
     Por el contrario, las especies nativas de árboles en ambientes urbanos proveen alimento a fauna, que sería reducida o ausente en el caso de árboles exóticos. Además, árboles nativos incrementan la riqueza y diversidad de fauna, con lo cual una estrategia importante de arborización urbana es el reconocimiento cuáles especies nativas de árboles son hábitat de determinada fauna, con tal de establecer un hábitat biodiverso en el entorno urbano.
Parque Natural Metropolitano, en medio de la ciudad de Panamá. Bosque húmedo a seco tropical reserva de biodiversidad que brinda servicios ambientales tales como actuar de esponja de agua lluvia y sumidero de gases contaminantes. Por todas estas funciones, debe ser considerado un equipamiento de la infraestructura verde de la ciudad. Foto: Graciela Arosemena.
Un nuevo modelo de espacios abiertos urbanos
     El impacto que están generando los problemas ambientales, locales y globales, sobre los entornos urbanos no tienen precedentes en la historia urbana, lo cual amerita no solamente repensar la forma de planificar y construir ciudades, sino además, es fundamental un nuevo planteamiento del sistema de espacios libres y verdes urbano. Es por ello que la ecología, biología y la climatología, son disciplinas que han adquirido una mayor relevencia en el paisajismo, en la planificación y diseño de espacios abiertos, para la configuración de verdaderos equipamientos urbanos.
     Ninguna ciudad puede afrontar los retos ambientales del siglo XXI, sin considerar la construcción de una infraestructura verde ecológica.

Trabajos citados
 Akbari, & et al. (1992). Cooling our communities: A Guidebook to tree planting and light colored surfacing. . U.S.A EPA, Ofice of Policy Anallysis, Climate Change Division, Washington, D.C.
CATHALAC. (2008). Potential Impacts of Climate Change and Biodiversity in Central America, Mexico and Dominican Republic.
Georgi, N., & Zafiriadis, K. (2006). The Impact of trees on microclimate in urban areas. Urban Ecosyst .
Hoerbert, M. (1982). A climatic and air hygienic aspects in planning of iner-city open spaces: Berliner Grosser Tiergartes. Energy and Buildings , 5 (1).
Naredo, J. (1997). Sobre el origen, eluso y el contenido del término sostenible. Cuadernos de Guincho .
ONU-HABITAT. (2011). Informe mundial sobre asentamientos humanos. Las ciudades y el cambio climático: Orientación para polítcas. Londres: Earthscan.
Rueda, S (1995)  Ecologia Urbana: Barcelona i la seva Regió Metropolitana com a referents. Ed. Beta Editoria
Simpson, J., & McPherson, E. (1996). Potential of tree shade for reducing residential energy use in California. Journal of Arboriculture (22).
Sorensen, M., Barzetti, V., Keipi, K., & Williams, J. (1998). Manejo de las áreas verdes urbanas. Documento de buenas prácticas. Banco Interamericano de Desarrollo. División de Medio Ambiente del Departamento de Desarrollo Sostenible., Washington, D.C.
Tremblay, L., & Ross, E. (2007). A Preliminary Assessment of Ecosystem Vulnerability to Climate Change in Panama.McGill University and Smithsonian Tropical Research Institute, Panama.
United States Environmental Protection Agency. (2016). Green Infrastructure and Climate Change. Collaborating to Improve Community Resiliency.
Vargas, K., McPherson, G., Simpson, J., Peper, P., Gardner, S., & Et al. (2008). Tropical Community Tree Guide. Benefits, Costs, and Strategic Planting. United States Department of Agriculture. Forest Service. Pacific Southwest Research Station.
Notas
[1]  Mascaró, L. R. AMBIÊNCIA URBANA = URBAN ENVIROMENT. Sagra-D. C. Luzzatto, Porto Alegre, 1996.
[2]Meier, A.K. STRATEGIC LANDSCAPING AND ARI-CONDITIONING SAVINGS: A LITERATURE REVIEW. Energy and Buildings. 1990. 

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6/10/2020

La s'Olivera de Cort

LA S'OLIVERA DE CORT, Palma de Mallorca

A la s’Olivera’ de Cort se le calculan entre 500 y 600 años, tiene una altura de 6 metros y destaca la forma de su tronco de 7 metros de perímetro.
Jaime Batle junto a su emblemático árbol
     El día 3 de mayo de 1989 se plantó la conocida olivera en la Plaça de Cort, frente al consistorio palmesano. Esta centenaria olivera, catalogada y protegida, no deja indiferente a quienes pasan por el lugar, convirtiéndose en un fetiche para turistas y residentes.

     Este singular árbol creció en la finca de Pedruixella Petit (Pollença), propiedad del empresario Jaime Batle Manresa, hotelero y expropietario de autocares Batle. El expropietario cuenta que su idea era trasladar el árbol a uno de sus hoteles en Alcúdia, el Río Mar, pero no se realizó. Un jardinero que conocía, junto al jefe de obras del Ajuntamento, fueron a verle con el fin de comprarle la olivera para ponerlo en la plaza, frente al Ajuntament de Palma. Fue entonces cuando decidió donar la olivera a la ciudad.
     Agradecidos por aquel gesto, le dijeron que le harían un reconocimiento poniendo una placa con su nombre. Pero pasaron los diversos alcaldes...  Ramón Aguiló Munar, Joan Fageda Aubert, Catalina Cirer Adrover, Aina Calvo Sastre, Mateo Isern,... y 40 años... "No te preocupes, yo te pondré la placa" fueron las palabras de diversos alcaldes a Jaime Batle. A mi me "hacen gracia" las expresiones
Acto de agradecimiento, 25 de Febr. de 2019
de algunos políticos que parecen apropiarse de los hechos que la ciudad agradece, encarga, paga e instala.
     Por fin con Antoni Noguera se hizo realidad la ilusión de Batle de tener la placa de agradecimiento. Ésta se instaló el día 25 de febreo de 2019 con la asistencia de Susanna Moll, regidora de Educación de Educación y Deportes, de Antonia Martín, la regidora de Sanidad y Consumo, junto al ex-regidor de Infraestructuras, Carlos Aguilar.


Trasplante de la olivera, 1989
Invasión de inconscientes
     Estos comportamientos incívicos, la compactación del suelo y la abrasión del calzado sobre la corteza del árbol, llevaron al consitorio a instalar una valla que especificase la prohibición de subirse a la olivera. 

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4/13/2020

Carreteras, enemigas del árbol

RUBÉN NARANJO RGUEZ.
Arbolado y carreteras
     Con cierta frecuencia, aparecen noticias que hacen referencia a los atentados en contra del arbolado que crece en los márgenes de las carreteras canarias, perpetrados por los que teóricamente deben cuidar de su mantenimiento. Unos árboles que dan vida al negro asfalto y que caen víctimas de la despiadada actuación de las cuadrillas de Obras Públicas, en una acción de continuado arrasamiento de un valioso patrimonio natural, y para lo que se esgrimen las más peregrinas justificaciones. Este arbolado, fruto de la paciente plantación durante décadas, ha llegado hasta nuestros días sufriendo también una serie de vicisitudes, si bien, de no corregirse los comportamientos que se vienen observando, se diría que asistimos, poco a poco, a su definitiva aniquilación.

Una mirada al pasado
     La demanda de plantaciones a lo largo de las carreteras isleñas, así como la denuncia de los atentados que sufre el arbolado que crece en sus orillas, será motivo de permanente reclamación a lo largo de las primeras décadas del siglo XX. y dará lugar a la adopción de algunas medidas legales. La situación que se padecía a comienzos del pasado siglo se resume de alguna forma en los considerandos de la Real Orden del Ministerio de la Gobernación de fecha 27 de noviembre de 1902, dictada al efecto. En los mismos se señala que, según los datos estadísticos que obran en poder de la Administración, comparativos entre el año 1899 y el uno de enero de 1902, ha disminuido en muchas provincias el arbolado de las carreteras, no sólo por causas “naturales o irremediables, sino también gran parte y con frecuencia por destrozos causados a mano airada”. Situación que daña los intereses públicos, a la vez que priva a las carreteras de un elemento tan beneficioso “"para las mismas y para el caminante”. Al respecto, escaso efecto parecen tener las medidas coercitivas y sancionadoras, como se encarga de recoger el señalado preámbulo, pues los autores de tales acciones “acechan la ocasión de burlar la vigilancia de los empleados de Obras Públicas y la acción de la Guardia Civil”.

     En cuanto al fomento del arbolado en las vías interurbanas, será un tema de habitual referencia en las páginas de la prensa, y en concreto por lo que respecta a Gran Canaria se señala que “una de las necesidades que más se deja sentir entre nosotros es la falta de árboles en las orillas de las carreteras, especialmente en las entradas de las poblaciones”. Para dar salida a esta situación, se reclamaba la acción de plantar árboles en las carreteras insulares, de tal manera que “las salidas de las poblaciones se embellezcan, que al atravesar las vías de comunicación haya algo que recree la vista del viajero, algo que le haga pensar en las islas en otro tiempo Afortunadas”. Se buscaba con ello añadir un interés más al visitante, que de alguna forma complementara el resto de atractivos naturales de que disponen las islas: “De este modo fomentaremos el turismo; pues no vienen, no, los habitantes de los países civilizados a recrearse con festejos, de que ya están hastiados; vienen sí a disfrutar de un clima templado, a recorrer carreteras pobladas de árboles, bien cuidadas, a contemplar los alrededores de las poblaciones y a descansar del tedio y hastío que les producen los refinamientos de la civilización”. Se solicita así la intervención de Fomento y Turismo, al considerarse que una acción de este tipo “atraerá muchos viajeros a nuestro suelo”. De hecho esta sociedad se pronunciará al respecto, demandando de la Jefatura de Obras Públicas la debida atención al arbolado de las carreteras de la isla.
      Sin embargo, la denuncia no dejará de ser constante, pues en 1917 se llega a afirmar que, en el caso de Gran Canaria, las carreteras que “aún están plantadas de árboles a pesar de la bárbara cruzada destructora que venimos sufriendo”, son las que se hicieron hace cuarenta años, habiendo desaparecido incluso el vivero que Obras Públicas tenía dedicado a tal fin. En otras ocasiones, será el ingeniero de Obras Públicas el que tenga que denunciar ante el juzgado la devastación realizada sobre el arbolado, como sucedería en el verano de 1919 con los eucaliptos de la carretera de Teror. Pero lo cierto es que las denuncias resultan tan inútiles como reiteradas, pues la labor devastadora sigue adelante, ofreciéndose múltiples ejemplos: “El hermoso paseo de árboles de la carretera del Norte, entre Gáldar y Guía que formaban con sus ramas una espléndida bóveda, ha desaparecido. Han desaparecido igualmente los gigantescos eucaliptos de la entrada de Arucas y ha sido destruido el largo paseo de pinos en la costa de San Andrés... ¿Qué se ha hecho para evitar estos hechos salvajes? ¿Se han castigado? ¿Se han tomado siquiera medidas para remediar el daño procediéndose a replantar los árboles perdidos?


      El ambiente de sensibilización existente determina que las agresiones que sufre el arbolado constituyan, al menos, motivo de queja periodística. A través de la prensa encuentran cauce las denuncias ante algunas talas realizadas por particulares, mientras que en otras ocasiones, como ocurre en Gran Canaria, se destacará la labor emprendida por la Junta Administrativa de Obras Públicas, haciéndose un llamamiento para que “en todas las carreteras de la isla, Sur, Centro y Norte, y otras auxiliares como la del Puerto a Tamaraceite, debía de destinarse cuadrillas de obreros a preparar los hoyos y a hacer los plantíos de arbustos que, al correr del tiempo, se convertirán en árboles frondosos si quieren cuidarse”. Pero además, en la idea de crear ese ambiente favorable para el visitante, se animaba a los dueños de las fincas que lindaban con las calzadas para que llevaran a cabo “el plantío de geranios trepadores, o cualquiera otra planta parecida en muros, vallas o cercas de fincas y casas que limitan con carreteras”, lo cual “daría un buen aspecto a éstas y produciría en el viajero una agradable impresión".

       Incluso desde aquellas islas más desfavorecidas en razón de sus condiciones ambientales para su desarrollo y conservación, como es el caso de Lanzarote, se demandará de la Jefatura de Obras Públicas la plantación de árboles en sus carreteras.

Una realidad común en todo el archipiélago


      Pero la queja o las demandas no son exclusivas de una isla en particular. En todas partes parece existir, de un lado, una sentida necesidad de atender a esta cuestión, convirtiéndola en “necesidad”, mientras que a su vez se censura la actitud que se sigue manteniendo hacia los árboles. Así se comentaba, al referir la oportunidad de llevar a cabo una plantación en la carretera de Santa Cruz a La Laguna, "que “cuanto se haga por despertar el amor al arbolado de las carreteras será poco, pues en general se odia al árbol y no poca parte de este odio se debe a la mala elección que en otra época hubo, de haberse plantado clases y variedades con las que se atendía, más al rápido crecimiento que a otras propiedades dignas de tener en cuenta". 


      Con todo, el aire del eterno “Pleito” asomará en las páginas de la prensa, al compararse las labores de repoblación efectuadas por la administración de Obras Públicas en las carreteras tinerfeñas, donde se señalaban amplias plantaciones a lo largo del invierno de 1920 y 1921, en tanto que “en Gran Canaria ni se planta un árbol en las carreteras nuevas, ni se repara ni impide la destrucción de los árboles en las que de antiguo fueron arboladas". Porque, en definitiva, se planteaba que precisamente la falta de arbolado de las carreteras era una de las manifestaciones más evidentes “de la incuria existente en este país”, una muestra evidente del “abandono, por ser lo que en nuestros viajes hacia los distintos lugares de la isla, vemos nosotros, lo mismo que los extranjeros que a nuestra isla llegan [...]". De tal forma que la reclamación de una mayor atención hacia el arbolado en las vías isleñas será una demanda constante, atendiendo tanto a cuestiones estéticas como de seguridad.
       Lo cierto es que desde el cabildo tinerfeño se adoptaron medidas conducentes a favorecer el arbolado, tanto por los particulares como por el personal responsable de su vigilancia y cuidado en los montes, así como en las carreteras de la isla. De esta forma, en el concurso abierto entre el otoño de 1921 y la primavera de 1922, se establecieron dos premios de 300 y 150 pesetas “para adjudicarlos al personal subalterno, de Obras públicas, encargado de la plantación y cuidado del arbolado de carretera, que sean acreedores a dicha recompensa”, además de otros dos premios, con las mismas cantidades, “con destino a peones camineros que demuestren mayor celo y actividad en la conservación del trozo de carretera que tengan a su cargo”.

 
      También se da cuenta del éxito de algunas plantaciones realizadas, como ocurre con los árboles que jalonan la carretera de Santa Cruz a La Laguna, que “en verano dan sombra que procura fresco e impide una desecación demasiado profunda, que aminore la desagregación del firme de la carretera”, destacándose las variadas ventajas, de diverso signo, que supone este tipo de actuaciones.

Una muestra elocuente del radical cambio sufrido en la carretera de entrada a La Orotava

     Sin duda La Orotava resulta en este sentido ejemplar, como se encarga de destacar la prensa al dar cuenta de las diferentes actuaciones realizadas en cuanto a plantaciones en torno a las carreteras del valle. Francisco Dorta, en la instancia que dirige al ayuntamiento de esta villa, señala cómo, en el mes de marzo de 1923, “teniendo en consideración la conveniencia de que nuestras carreteras ofrezcan al turista amenidad y belleza –sobre todo la de Orotava-Vilaflor– y por mi amor al arbolado, obtuve del entonces alcalde de este Municipio, don Agustín Hernández, se me encomendase la plantación de árboles en este término municipal, a fin de emplear la cantidad de quinientas pesetas, que se hallaban consignadas en el presupuesto para tal fin [...]”. Los primeros árboles, castañeros y eucaliptos, se plantaron en las carreteras de La Orotava-Vilaflor y Pinito-Realejos, continuándose las plantaciones en los siguientes años e invirtiéndose en ello la cantidad consignada en los presupuestos municipales. Las especies serán, además de las citadas, almendreros, cerezos, cedros, acacias, plátanos, etc., que lograron cambiar el aspecto de las señaladas carreteras. Sólo en algún tramo sería la Jefatura de Obras Públicas la encargada de llevar adelante los trabajos, si bien los árboles fueron en su mayor parte cedidos por particulares. Se llegó a contar incluso con un vivero forestal, a propuesta de Dorta, a fin de atender la progresiva demanda de árboles para cubrir todo el trayecto de la señalada vía hasta Vilaflor, aunque luego será el propio Antonio Lugo el que asuma por su cuenta el mantenimiento de ese vivero, dedicando a ello un espacio en su finca de ‘Blas Luis’.
      Además, se señala la plantación, en el año 1928, de unos 2.000 pinos y cipreses en la vía que une La

Orotava con Vilaflor, destacándose la labor del guardamontes Zacarías Zamora. A estos árboles cabe sumar los plantados por el ayuntamiento, un total de 400, a lo largo de varios kilómetros de la señalada carretera, en este caso castañeros, cerezos, eucaliptos, pinos y moreras, procedentes tanto del vivero municipal como de donaciones particulares. Mientras, la infatigable labor de Antonio Lugo Massieu permitió que otros 300 árboles pudieran crecer en los márgenes de la carretera de Aguamansa a Montaña Bermeja, donando además, para fines similares, unos 2.000 ejemplares entre cipreses, eucaliptos, almendreros, castañeros, cirueleros, moreras y barbusanos de su propio vivero. Ejemplar fue la labor de Lugo y Massieu, costeando además la plantación de otros varios centenares de castañeros que se sumaban a los ya existentes a lo largo de la carretera a Aguamansa. Como puede verse, la iniciativa privada, facilitando ejemplares para las plantaciones, contribuirá de forma significativa al arbolado de las vías tinerfeñas. Pero además, esta dispersión en cuanto al origen de los árboles determina que sea amplio también el listado de especies, incluyendo tanto árboles forestales como frutales, con claro predominio de las especies foráneas. Esta labor tendría continuidad en años sucesivos, pues el golpe de Estado de 1936 y la Guerra Civil no impedirán que sigan apareciendo noticias en las que se destacan importantes plantaciones en las vías del valle.

La prensa se ocupa de la cuestión


     Los periódicos seguían sirviendo en la década de los treinta para insistir en la necesidad del arbolado de las carreteras insulares, como se hacía eco La prensa de la situación de los eucaliptos de algunas carreteras tinerfeñas, para los que se había planteado una poda a fin de evitar posibles peligros a los viandantes, además de como forma de corregir los inconvenientes que suponían para los terrenos limítrofes. Sin embargo, no todos coincidían en la conveniencia de estas podas, teniendo en cuenta anteriores experiencias sufridas en referencia a las talas llevadas a cabo en la carretera del Centro de Gran Canaria, expresando el temor de que de seguir adelante con esta tarea “en toda esa vía donde existen hermosos ejemplares de árboles, esa carretera perderá buena parte de su belleza”. Pero estas acciones de particulares constituían agresiones habituales, como es el caso de la denuncia formulada por el derribo de “árboles magníficos” en las proximidades de Santa Brígida, precisamente junto a la carretera “más frecuentada por el turismo, la ruta obligada de las cumbres hacia donde van cuantos turistas llegan [...]". 

     En otras ocasiones, la labor llevada a cabo por la Administración, en este caso por la Junta Administrativa de Obras Públicas en la carretera del sur de Tenerife, tenía que resistir el asalto de los ganados de cabras que circulaban por la zona, y lo que era aún peor, de los propios vecinos del lugar.
      Es de destacar, además, que algunas tareas desarrolladas por la Junta Administrativa de Carreteras, en cuanto al tratamiento realizado a los árboles que crecían junto a las vías insulares, hecho que por otra parte no es, ni mucho menos, exclusivo de las islas, iba en realidad en detrimento de los mismos. Así, recogiendo una información aparecida en un periódico de la ciudad grancanaria de Guía, La voz del Norte, relativa a la poda de los árboles de la carretera que une la capital con Agaete, se afirmaba que: "“Si sólo fuera una poda practicada científicamente, merecería alabanzas, porque la tal poda daría lozanía y vigor a los árboles. Pero me parece que lo que se llama poda es, lisa y llanamente, la destrucción sistemática del árbol. Tal es al menos lo que se ve hacer con los árboles en nuestras carreteras”.
     Al respecto, resulta ilustrativa la información que hace referencia al arbolado de las carreteras en la

provincia de Las Palmas, a mediados de los años 30 del pasado siglo, donde ya se da cuenta de la sustitución de los eucaliptos de las carreteras isleñas, partiendo de la norma de que "“el árbol debe servir de adorno y no de estorbo”". Ello lleva a situarlos lo más alejados posible de la vía, pero sobre todo a sustituir "“todo eucalipto caduco que caiga por cinco, por lo menos, de otra especie no dañina; y cuando no hay otro remedio sino tirarlo"”. Aunque se era consciente de que dicha labor debería llevarse a cabo con prudencia, pues se corría el riesgo de hacer desaparecer el arbolado de las carreteras isleñas: “Esto que se inicia de una manera tímida, no puede hacerse con más valentía por el grandísimo número de eucaliptus que además de estorbar, están caducos, puntisecos, aunque con apariencia de robustez, y cuyo corte dejaría peladas las carreteras”. En este sentido, también se animará a la creación de viveros en las medianías insulares, que permitieran la obtención de especies como el castañero, que vendrían a sustituir ventajosamente al eucalipto, de tal forma que así “se podrían embellecer nuestras carreteras y matar su actual monotonía en ese aspecto que pudiéramos llamar decorativo”

      Con el advenimiento de la República, se abrían nuevas perspectivas en todos los campos. No obstante, los medios seguirán expresando su queja, pues se estima que, en el caso de las carreteras tinerfeñas, “siguen necesitando el arbolado y apenas se pasa de la discusión a la acción”. En este sentido, se critica la elección de especies como el eucalipto, dada su gran demanda de agua, planteándose el empleo de árboles como el pino canario, además de alternar especies de rápido crecimiento con otras de largo, de tal forma que se garantice cubrir de vegetación los márgenes de las carreteras, convertidas así en vías “"sombreadas que corresponden a un país de sol y vegetación como el nuestro”. Este descontento se seguirá manifestando en forma de artículos de opinión y editoriales, pues en suma se criticaba “el lamentable abandono del arbolado de las carreteras de la Isla", en este caso en referencia a Tenerife pero que puede ser extensivo a las del resto del archipiélago. Situación, por otra parte, que no era ajena a la que se padecía en otras partes del país, y que llevaría a la Dirección General de Montes a desarrollar un proyecto de repoblación “de carácter artístico, para embellecimiento de las carreteras españolas, mediante la plantación de árboles [...]”. En este sentido, se destacará que en la toma de conciencia de esa necesidad representó un destacado papel la prensa: "“La medida ha sido adoptada, según parece, respondiendo a las excitaciones de la prensa, que no ha cesado de clamar constantemente por la necesidad de cuidar y hermosear el arbolado de las carreteras, factor indispensable para el embellecimiento del país”.

A modo de epílogo


     Cuando en el año 1918 Francisco González Díaz escribió su libro Teror, dedicó un capítulo a la carretera, aún en obras, entre dicha villa y la ciudad de Arucas, señalando que “será acaso la más hermosa de la isla”. Destacaba el escritor no sólo el que se pudieran unir ambas localidades del norte grancanario, sino el hecho de que los viajeros disfrutarían de unos bellos panoramas a lo largo del recorrido. Hoy, desde esta vía, como desde tantas otras de las medianías grancanarias, así como de las restantes islas del archipiélago, es posible contemplar cómo la urbanización imparable trepa hacia el interior insular, colmatándolo todo de cemento y asfalto. Y eso si es que las construcciones que se acercan al borde mismo de la carretera nos permiten ver algo más que casas y más casas. Incluso los árboles, eucaliptos, cipreses, aligustres, plátanos..., que sobreviven en sus orillas, van cayendo víctimas de los caprichos de Obras Públicas, del ayuntamiento de turno o de cualquier promotor inmobiliario.
      Se elimina así, la inmensa mayoría de las veces, y con las más peregrinas justificaciones, un patrimonio natural insustituible, pues casi siempre se trata de árboles con varias decenas de años, perfectamente sanos, que alegran el cada vez más desangelado paisaje canario, además de dar sombra a los caminantes. Pues no se olvide que a falta de otros espacios, las carreteras constituyen el único “paseo” con que cuentan muchos pueblos y localidades del interior de las islas, convertidos poco a poco en zonas residenciales, y donde sobre todo personas mayores tienen que acudir para hacer un poco de ejercicio, ante la carencia total de zonas libres adecuadas y suficientes.
      No existe justificación posible para seguir soportando la saña arboricida que padecemos en las carreteras canarias, perpetrada con la impunidad con la que se suele investir la “clase” política y muchos “técnicos”. En pocos minutos, las sierras mecánicas talan un patrimonio irrecuperable, que en casos como la carretera que desde La Orotava conduce a Las Cañadas, fue obra de la paciente labor, entre otras, de una persona como Francisco Dorta y Jacinto del Castillo, del que la prensa informaba en el año 1926 que había organizado una educativa jornada de plantación a lo largo de dicha vía, con los niños de las escuelas públicas. Precisamente la referencia informativa indicaba que esta cívica acción se había llevado a cabo “sin ceremonia ninguna, sin ruido, silenciosamente [...]”.
      Hoy, cada vez más lejos del trabajo silencioso en pro del bien público, algunos confunden el ruido de las sierras talando árboles, de los coches más o menos “tuneados” que se apresuran a llegar al próximo atasco, o de los fajos de billetes de sus abultados patrimonios privados, con algo que llaman “progreso”.

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