domingo, 30 de mayo de 2021

Auténtica arquitectura vegetal modelada por el hombre

FIGUERA "NA BLANCA D'EN MESTRE - Formentera
Fotos e información de Marià Castelló
, en 'Quaderns' N.252 Article

Datos: Especie: Ficus carica       Perímetro: 2 m       Edad de 100/130 años      Proyección de la copa: 350      Altura: 130 cm hasta la orquilla       Altura total: 3m      Diámetro de la copa: 25m       Perxades: 3 completas y 2 medias (foto1)      Puntales(estalons): +/-143       Protección: desde el 1993 (Catálogo de Árboles Singulares de Balears)    

foto 1, esquema de perxadas

El apuntalar los árboles es la forma de cuidar los árboles, generalmente viejos, que siempre me ha gustado por el respeto del ser humano para con los árboles. Pero en Formentera y mas concretamente en el Pla d'en Mestre, es ancestral el apuntalar las higueras para su cultivo -en otras zonas también se trabaja así con algunos frutales-.
     La morfología del Pla d'en Mestre, una ligera vaguada que recibe las aguas de escorrentía de la zona, favorece este cultivo. Sin embargo los vientos del norte, para los que no hay protección, y la poca flexibilidad de la madera de la higuera hacen necesario el que se apuntalen las ramas, singular modo de cultivo.

     Los payeses persiguen el reducir al mínimo la superficie de exposición al viento de la copa, evitan la inclinación y torsión del tronco y de la copa y no dejan que las ramas entren en contacto con el terreno. El crecimiento natural de la higuera sería un tronco inclinado a favor del viento y unas ramas en cascada que se apoyarían en el suelo para ir enraizando con cada acodo.
     El payés ha sabido adaptarse a las circunstancias elevando la copa de las higueras y manteniendo las ramas elevadas mediante puntales (estalons) que soportan unas jácenas* superiores (perxes) -hechas con madera de sabina, pino o hierro- y que se disponen concéntricamente alrededor del tronco, dando lugar a una buena sombra para el ganado, dificultando que éstos se coman los frutos y facilitando su recolección. Una circunferencia o arco de circunferencia de perxes, estalons y peus de poll constituye una perxada.

     La recolección se hace a mano o con la nyacadora (o llacadora), que según recoge la
nyacadora
Enciclopèdia d’Eivissa i Formentera: Eina feta de canya que s’empra per collir les figues més altes de sa figuera
-herramienta hecha con caña que se utiliza para coger los higos más altos de la higuera-.
     Esta higuera,
en el 2006, fue objeto de estudio por parte de Víctor Rahola, Stefano Cortellaro i Marià Castelló, que publicaron un artículo en Quaderns d'arquitectura i urbanisme del Col·legi d'Arquitectes de Catalunya sobre su estructura y el proceso de construcción. Sus fotos son magníficas, aunque después el mundo ha seguido girando y la higuera ha sufrido algunos contratiempos.
     En el 2018 la Cooperativa del Camp de Formentera en colaboración con la Conselleria de Medi Ambient, Agricultura i Pesca llevaron a cabo un saneamiento de estas dos famosas higueras apuntaladas. Se eliminó el 40 % de ramaje de la copa debido al mal estado, afectado por el ataque de escarabajos, termitas, barrenadores de madera, mordidas de ratas, hongos, etc. Además se revisó y restauró el sistema de apuntalamiento (horcones, pies de cabria y pértigas), distribuyendo las ramas más homogéneamente en el exterior del árbol. 

*Jácenas: Son vigas que se caracterizan por servir de soporte a una estructura formada por otras vigas de menor tamaño.

Xolbi (José Chulvi), en 2011, le dedicó este poema desde su blog:

Alosa 8


Pel camí vell de la Mola
camines, voles, reptes
fins a arribar a Na Blanca d'en Mestre.
Majestuosa i gegantina. Envoltada
amb un mantell de vellut verd
regna, aèria, sobre el camp.
Allí en les hores tèrboles de calitja
reposes acaronada entre les mans infinites
d'aquesta figuera.
 

De la flexibilidad de estas maderas, higuera o cerezo, decía mi padre que para cuando te avisaban ya estabas en el suelo.

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jueves, 27 de mayo de 2021


PETER WOHLLEBEN
Entrevista de Inma Sanchís en "La Vanguardia"

Nací en 1964. Vivo en el bosque de Hümmel , Alemania. Casado, tengo dos hijos. Dirijo una iniciativa para recuperar los bosques primigenios, necesarios para nuestra supervivencia. Considerar que la quema de madera sea algo ecológico es erróneo. Desearía tener creencias espirituales, sería todo más fácil.

El latido del bosque

Pasó más de veinte años trabajando como guarda forestal, gestionando madera. La observación y la curiosidad le llevaron a querer saber más de lo que ocurría en el bosque y lo hizo a fondo. Convertido ya en un gran experto, su libro "La vida secreta de los árboles" fue un superventas y llevado al cine en el 2020. Ahora edita "El vínculo secreto entre el hombre y la naturaleza", en el que cuenta los últimos y sorprendentes descubrimientos científicos sobre el comportamiento de los bosques y sobre lo que nos une a ellos. “Cada vez descubrimos más que aún somos parte de la naturaleza, ese sistema maravilloso, y que funcionamos siguiendo las mismas reglas que las demás especies. Cuando esta idea se imponga lograremos proteger la naturaleza”.

Usted empezó administrando árboles como madera.

Sí, aún hoy en día cuando estudias para ser guarda forestal te enseñan a administrar madera. Yo he tenido que hacer un proceso para entender la grandeza de los árboles.

¿Qué pasó?

El desencadenante fue un tronco viejo talado que continuaba dando hojas. Me di cuenta de que el resto de árboles del entorno le ayudaban a mantenerse vivo, lo alimentaban, había colaboración entre ellos, y esto me fascinó.

¿Y empezó a investigar?

Sí, colaboro con la universidad, lucho por crear una carrera para poder estudiar el mantenimiento del ecosistema de los bosques, y he creado una academia del bosque.

Hábleme de la vida de los árboles.

Sabemos que en las puntas de las raíces hay una especie de cerebro. Los árboles madre reconocen mediante estas terminaciones a sus propios hijos y les suministran nutrientes. En las raíces se toman decisiones.

¿Qué otras decisiones?

Si tienen por ejemplo que rebajar el consumo de agua y cerrar los poros de las hojas. Las raíces tienen impulsos eléctricos –tal y como ocurre en nuestro cerebro– para comunicarse sobre la presencia de insectos nocivos. Pero por el momento solo podemos detectar comunicación de estrés y no de bienestar.

Tal vez hablen de sus cosas.

La comunicación de estrés se puede también oler. Ese olor típico que percibimos en los pinos cuando vamos al bosque en verano es una comunicación de estrés por la sequía.

¿Los árboles se organizan en familias, en tribus...?

Los árboles frutales son individualistas, pero se ha confirmado que los árboles de los bosques de Europa son familiares y pueden llegar a crear amistades con otros tipos de árboles, lo sabemos por cómo se juntan sus raíces.

¿El mundo vegetal tiene consciencia?

Sí, existe una conciencia porque perciben el dolor. Las plantas tienen la capacidad de suprimir el dolor emanando una sustancias, tal como lo hace el humano.

¿Cómo es la consciencia de los árboles?

Los árboles se abren camino con la punta de las raíces. El árbol siente, saborea, prueba y decide dónde y cómo seguir.

¿Qué entendemos por conciencia?

No existe una definición consensuada, pero sí se puede decir que es saber quién eres y dónde estás. Lo saben los mamíferos, animales como las abejas y también el mundo vegetal. Los árboles memorizan, aprenden y transmiten su aprendizaje.

¿Por qué ayuda una especie de árbol a otro de otra especie?

Es como un sistema social, los árboles saben que solo en comunidad pueden lograr su supervivencia. En las últimas décadas siempre se ha hablado de una lucha entre las plantas, pero los biólogos han visto que no es una lucha sino una cooperación. La naturaleza es cooperativa.

¿Existe comunicación entre el mundo vegetal y el animal?

Existe entre los árboles y los insectos, de hecho hay unas avispas que ponen sus larvas en las hojas de los árboles y si hay una amenaza para ellas los árboles se lo comunican.

¿Cuál es el vínculo entre los humanos y la naturaleza?

Los árboles tienen una clara influencia en nosotros. Para mí lo más fascinante ha sido ver que hay una bajada de la presión arterial cuando estamos en el bosque.

Entiendo.

Otro estudio confirmado es que un paciente hospitalizado solo con el hecho de tener un contacto visual con un árbol necesita menos analgésicos. Hay una relación emocional entre el hombre y los árboles y esto me hace creer que hay esperanza, que intentaremos luchar por su conservación.

Pero ellos no nos necesitan.

Los árboles existen desde hace 300 millones de años y nosotros solo hace 30 millones, así que seguramente no están interesados en nosotros.

La ciencia está estudiando si los árboles tienen algo similar a un corazón.

Intuimos que hay un ritmo cardiaco. El agua se bombea del suelo hasta las copas de los árboles y se ha visto con mediciones láser que los árboles se contraen y dejan caer sus ramas y vuelven a levantarlas cada tres o cuatro horas.

Hablemos de inteligencia.

El ser más tonto es un organismo unicelular, como una especie de hongos que sabemos que tienen una conciencia espacial. También se ha podido demostrar que hasta las moscas de la fruta tienen la capacidad de soñar y que las plantas tienen una cierta capacidad de ayudarse entre ellas, de cuidar a las demás.

¿A dónde quiere llegar?

La concepción de que nosotros somos seres superiores es más bien cultural e ideológica y no tanto una consideración biológica o científica.

¿Qué quiere transmitirnos?

Pasee por el bosque, eso nos hace conectar con él y crear consciencia. Y reducir el consumo de carne sería una gran ayuda para la creación de bosques. En EE.UU. y en Europa, el 80% de las tierras se utilizan para la cría de ganado.
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lunes, 24 de mayo de 2021

Los pájaros en auxilio de los árboles

SINC
Los árboles envían señales de auxilio


Una investigación de la Estación Experimental de Zonas Áridas ha demostrado por primera vez que un ave, el carbonero común (Parus major), huele cuándo un árbol está infestado por orugas. Investigadores de la Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA-CSIC) y del Centro de Ecología Terrestre (NIOO) de los Paises Bajos han descubierto que las aves que se alimentan de insectos -en la imagen un carbonero (Parus major)- se sienten atraídas por los árboles infectados por orugas de mariposa (lepidópteras). Estos pájaros son capaces de identificar qué plantas están infectadas por insectos debido a unas señales olfativas que les lanzan.
 

     “Ante el ataque de las orugas, las plantas desarrollan una respuesta de defensa que incluye la liberación de compuestos volátiles que las aves depredadoras usan para encontrar a sus presas”, declara a SINC Luisa Amo de Paz, autora principal del estudio e investigadora de la EEZA-CSIC. "Este fenómeno se había estudiado en artrópodos depredadores, pero apenas en aves insectívoras, a pesar de que son uno de los depredadores más importantes de insectos”, continúa.
     Para conocer este mecanismo, los científicos hicieron diversos experimentos con carboneros comunes, Parus major. Dejaron elegir a las aves entre un árbol infectado por orugas lepidópteras y otro no infectado. Asimismo, en los experimentos quitaron cualquier resto químico de las orugas para poder concluir que las aves están atraídas por las señales químicas que emite el árbol, y no por ninguna señal que dejen los gusanos.
     “Nuestros resultados mostraron que los carboneros comunes son capaces de discriminar entre árboles infectados por orugas y árboles no infectados, ya que observamos que las aves visitaron por primera vez el árbol infectado y además realizaron un mayor número de visitas al árbol que tenía orugas que al árbol no infectado”, apunta la investigadora.
     Las aves se sintieron atraídas por los árboles infectados incluso cuando, justo antes del experimento, les retiramos las orugas y las hojas dañadas por ellas, lo que demuestra que las aves reciben una señal del árbol infectado para reconocerlo. Los árboles infectados y no infectados difirieron tanto en la emisión de compuestos volátiles, como en la coloración de las hojas. Tanto la vista como el olfato podrían estar implicados en la discriminación de las aves.
     “Sin embargo, realizamos un segundo experimento para conocer qué tipo de señal usaban las aves. En este experimento ofrecimos a los carboneros ambas señales aisladas y observamos que la atracción por los árboles infectados se mantuvo cuando las aves pudieron únicamente oler los árboles, pero no cuando solo podían verlos”, señala Amo de Paz. Este hecho implica que las aves pueden oler qué árbol está infectado gracias a las diferencias en los compuestos químicos emitidos por las plantas.
     Según la investigadora, esto supone un beneficio para la planta, ya que las aves insectívoras son grandes depredadores y les ayuda a librarse de los insectos. Desde el punto de vista del ave, usar las señales químicas de las plantas infectadas también es beneficioso, ya que le proporcionan información acerca de la presencia de su alimento. Esto es especialmente determinante en periodos de cría donde las aves no solo deben encontrar comida para ellas, sino también para sus polluelos.
     “Esta evidencia de la habilidad de las aves insectívoras para utilizar las señales químicas de las plantas es muy importante, teniendo en cuenta que las tasas de depredación de estos animales son mucho más altas que las de artrópodos depredadores. Además, pone de manifiesto la necesidad de considerar a las aves insectívoras en el control biológico de plagas”, concluye Amo de Paz.

Referencia bibliográfica: Luisa Amo, Jeroen J. Jansen, Nicole M. van Dam, MarcelDicke y Marcel E. Visser. “Birds exploit herbivore-induced plant volatiles to locate herbivorous prey” Ecology Letters, (2013) doi: 10.1111/ele.12177.
Fuente: SINC

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jueves, 20 de mayo de 2021

Albarracín, Teruel - Gamellones, la memoria del bosque

EUGENIO MONESMA (Huesca, 1952)
Gamellones

Gracias a la voluntad de Moisés Heras y de algunos vecinos de Guadalaviar, en el año 2001 conseguimos documentar la fabricación de gamellones con troncos de pino vaciados. Gracias a esta iniciativa, el gamellón siguió activo en los montes de Albarracín, reteniendo agua de los manantiales para aliviar la sed de las personas y del ganado. Más documentales completos sobre oficios perdidos en Youtube: Eugenio Monesma y en www.documentalesetnograficos.es

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domingo, 16 de mayo de 2021

El acebuche de la Hoya del Camello

JUAN GUZMÁN OJEDA, Ing. Técn. Forestal
El acebuche de la Hoya del Camello, un gigante escondido

Los factores que establecen el grado de abundancia de una especie concreta dentro de cada isla o sector geográfico son múltiples, van desde el azar por el hábito alimenticio de las aves, hasta la predilección humana por determinadas especies. Pero, sin duda, el factor que más influye en la presencia de uno u otro árbol es la relación entre los caracteres fisiológicos que definen su capacidad colonizadora y la pendiente o grado de inclinación del terreno.
     De esta forma, en islas como La Palma, la isla de la “verticalidad” como la definiera Leoncio Oramas, el pino canario (Pinus canariensis) resulta una especie muy frecuente, “resbalando” prácticamente hasta el nivel del mar. Por su parte, las largas pendientes aplaceradas de las medianías bajas de Gran Canaria ofrecen un amplio espacio potencial para el bosque termófilo, participando esencialmente árboles como el acebuche (Olea cerasiformis) y la palmera canaria (Phoenix canariensis).
     La estrella invitada de nuestro artículo de hoy es uno de tantos olivos salvajes que todavía salpican el noreste grancanario. Pero no es cualquier acebuche, no; es quizás el pie de mayores dimensiones de toda nuestra geografía. Es el “Pilancones de los Acebuches” como lo expresara Antonio Cardona.

Fotograma de "Fenix Gran Canaria"
Coordenadas de localización

      El “Acebuche de la Hoya del Camello” se localiza en San Lorenzo, Las Palmas, (28 º 4´26´´ N 15º 28´35´´ W) muy cerca del cauce del barranco del Pintor. Pese a su tamaño, la construcción de un muro de piedra, aledaño a su base, y la exuberancia e inaccesibilidad que le proporcionan el cañaveral hacen que este espécimen, que se encuentra apenas a tres minutos de la civilización, pase prácticamente inadvertido.
El ejemplar del que aquí nos ocupamos presenta una altura aproximada de 15 metros y un solo tronco principal, con un perímetro de casi cuatro metros. Sus ramas bajas se curvan hasta tocar el suelo, con diámetros equivalentes a los acebuches que estamos más acostumbrados a ver. Su corteza es sorprendente, se muestra muy abierta y resquebrajada, con un inusual color anaranjado, simulando que fuera a reventar para dejar ver su preciosa madera. De hecho junto a su pie pueden encontrarse trozos de corteza desprendidas en su metamorfosis de gigante vegetal. Su ancha copa engulle gran parte de una palmera canaria que vino a nacer demasiado cerca. Dado que el acebuche es una especie de crecimiento lento y gran longevidad, su edad debiera estar próxima a los 400-500 años.

El párroco no sabe nada
     
Una vez situado junto al mismo, obligados a voltear la vista hacia sus frondes, nos asalta la pregunta de si, de algún modo, este hito está ligado a la cultura e historia popular del que fuera el ilustre municipio de San Lorenzo. Tratando de contrastarlo acudimos a don Elías, el párroco local a la vez que gran historiador, pero no descubrimos nada: no existen referencias, nunca fue un lindero ni tampoco punto de reunión o similar. En palabras de don Elías: “…tú sabes que antes la gente no le hacía caso a estas cosas…”. Entonces es cuando, por contra, nuestra sorpresa se acrecienta, el gigante, protegido por las cañas, ha permanecido oculto hasta épocas recientes toda vez que no ha sido valorado ni venerado como merece.
     La posición estratégica de este individuo junto al cauce de un barranco que antaño, cuando las fincas cercanas se regaban a manta, hacía las veces de aliviadero, así como la sombra del muro cercano sin duda han beneficiado su crecimiento. No obstante, yo creo que debieron ser su tamaño, unido a la falta de herramienta adecuada, los motivos principales que disuadieran al agricultor-leñador de la época para no convertirlo en víctima de la tala.

Buenas vibraciones
     
Según cuentan los sabios de la tierra, una de las cualidades más apreciadas de la madera de acebuche es su buena vibración y cierta flexibilidad, virtud por la que se empleaba para aperos y cabos de herramienta. Para riqueza de nuestro patrimonio forestal resulta de agradecer que este ejemplar no acabara siendo un arado, por ejemplo para camellos, como indica el topónimo local donde se encuentra. Esta circunstancia nos concede una excelente invitación para poder buscar “buenas vibraciones” junto a la madre naturaleza, ya sea al deleite de la salvaje sombra o, por qué no, abrazando tan simpar joya vegetal.


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miércoles, 12 de mayo de 2021

En Keroku-en, Kanazawa, Japón

 NEAGARI NO MATSU

Dicen los expertos que Kenroku-en* de Kanazawa es el jardín más bello de Japón. Aquí se practica un estilo de bosay muy laborioso y lento, el neagari, en el que las raíces se trabajan y con tiempo se van descubriendo hasta dejar una porción expuestas al aire. La observación del natural nos demuestra que es un efecto que algunos agentes metereológicos lo generan en ciertas circunstancias. Así pues el neagari es una técnica que provoca ese descubrir (¿se puede decir descabalgar?) la raíz.
     En Kenroku-en hay un neagari inmenso - Neagari no Matsu (traducido: pino de raíces elevadas)-, un Pinus thumbergii o pino negro japonés. Es un pino más que centenario, original de Karasaki, región de Om, llevado al jardín por el Daimyo Maeda Nariyas. Neagari no Matsu fue plantado en un montículo, en medio de Kenroku-en y al lado del gran lago. Tiene una posición privilegiada. Cuando creció y estuvo bien arraigado comenzó el proceso de descabalgar poco a poco sus raíces,  un proceso que llegó a eliminar, según la técnica neagari, el sustrato, dejando un buen volumen de raíces al descubierto. Una raíz al descubierto adquiere la cobertura de la corteza. En cada fase se retiraba la cubierta de musgo, se vaciaba un determinado volumen de sustrato y se volvía a cubrir con el musgo, llegando a quitar hasta los dos metros de sustrato.
     Ahora es el emblema del más renombrado jardín japonés, pero hoy necesita de ayudas para sostener sus grandes cimales. El primer día de cada noviembre un ejército de laboriosos jardineros instalan los yukitsuri, las pértigas de las que salen las cuerdas que sostendrán las ramas para que, llegada la nieve, no se quiebren... el invierno está cerca.

* Kenrokuen significa en japonés «el jardín de los seis aspectos combinados». El nombre viene de un libro de jardinería escrito por Li Gefei, un famoso poeta chino. Combina los seis atributos de un jardín paisajístico perfecto: amplitud que combina y contrasta con la reclusión, artificio que contrasta con la antigüedad y arroyos de agua abundantes que contrastan con las vistas panorámicas.

Fotos de la red

Árbol nº 145

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domingo, 9 de mayo de 2021

JOSÉ MANUEL CABALLERO BONAL (Jerez, 1926-2021)
Convivir con árboles


Quien convive con árboles dispone
de poderes, pacta con semidioses
invencibles,
                  nadie
podrá usurparle nunca esa heredad.

Leves y bonancibles,
abandonan los días sus guaridas
y llegan al jardín enaltecidos.
La voz de la enramada reproduce
la voz de las raíces
                              y una mano suave
desaloja la vida de asperezas.

Fin y principio,
                       nadie
podrá impedir que esta alianza
perpetúe sus sellos, determine
el veredicto de una convivencia
que engrandece a la larga el rango de los árboles.

Bajo las frondas indulgentes
se dignifica el flujo vegetal de la vida.

                                  
(“Manual de infractores”. Edit. Seix Barral)

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martes, 4 de mayo de 2021

Nicaragua y el árbol

JOSÉ CORONEL URTECHO (Nicaragua, 1906-1994) 
Un desmedrado roble sin verdor...

Un desmedrado roble sin verdor
que seco ayer a todos parecía,
hijo del páramo y de la sequía,
próxima víctima del leñador,

Que era como una niña sin amor
que en su esterilidad se consumía,
con la lluvia de anoche ¡oh, qué alegría!
ha amanecido esta mañana en flor.

Yo me he quedado un poco sorprendido
al contemplar en el roble florido
tanta ternura de la primavera,

Que roba en los jardines de la aurora,
esas flores de nácar con que enflora
los brazos muertos del que nada espera.

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