Mostrando entradas con la etiqueta Ceibas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ceibas. Mostrar todas las entradas

4/11/2022

RENÉ VILLANUEVA MALDONADO (México)
La Arquitectura de la Ceiba pentandra

Así se presenta René:

Soy René Villanueva, Arborista de profesión y naturalista de vocación. Mi pasión por la naturaleza comenzó desde edad temprana, apenas al año de edad, cuando por accidente descubrí que bajo las piedras había muchos animales invertebrados. Eso cambiaría mi vida y hasta hoy en día sigo siendo un buscador de especies bajo piedras, pero también ahora soy un conservacionista que lucha contra la devastación del mundo natural, particularmente en el territorio que me vio nacer: México.
      He trabajado desde joven haciendo estudios florísticos, luchando contra el tráfico de especies, en empresas de arboricultura, he escrito libros, artículos, dado cursos en numerosas universidades e instituciones científicas, etc. También soy miembro activo del Consejo directivo de la Asociación Mexicana de Arboricultura y laboro como asesor técnico en Indomable por naturaleza; un programa de Discovery Chanel.
----- 

10/11/2014

DANITH URANGO TUIRAN (Colombia, 1951)
Bonga*

Gorda vegetal,
sinuanía redonda,
círculo gigante
donde cabe el lenguaje del Sinú.
Ábrete para meterme,
en tu mundo cerrado
labraré un verso fantástico.

Préstame tu anchura
préstame tu longevidad
para ser antiguo contigo,
saber la profundidad de la tierra,
el tiempo de la tierra,
y cuando el Sinú empezó su carrera hacia el mar.

Me iré por caminos
a escribir en cada bonga
la canción montuna,
la décima, el canto de vaquería,
el grito del monte,
la epopeya de los árboles,
la tragedia de las hojas,
la épica de las raíces.

Entrégame tu cuerpo
bonga de todos los caminos,
para tatuar los versos
sin erir tu carne,
para grabar
sin afectar tu corazón
poemas que den sentido
a la vida de los caminantes,
a la vida de los que cargan el hacha
para que no se ensañen,
de los que cargan la motosierra
para que no sean violentos.

Soplad sobre los frutos abiertos,
soplad oh viento,
llevad la semilla "más allá del río
después de los árboles"
los que aún no nos miran
conocerán la inmensidad de la sinuanía.

*Bonga = Ceiba petandra

-----

9/29/2014

LUIS EDUARDO CARO MONTEJO (Colombia, 1955)
Grande ceiba

En la plazuela solitaria,
están las viejas casas coloniales
fantasmales espacios sostenidas en alegres paredes de antaño,
paredes carcomidas por el tiempo,
y habitadas por el polvo del olvido,
manto de recuerdos fenecidos,
y sostenidos en el hilo de tiempos perdidos,
y en el centro de la plazuela
la gran ceiba.

Hermosa Ceiba,
Bailarina estática, vestida de túnica verde tal la diosas griegas,
testigo silencioso por trescientos años mirando con los ojos de las hojas,
el desarraigo de las gentes y el pronto olvido de otra aldea de mi tierra natal.

-----

4/19/2014

EPIFANIO MEJÍA (Colombia, 1838-1913)
La ceiba de Junín

Cerca de un puente y a orillas
de cristalina quebrada
abriendo al viento los brazos
su airosa copa levanta.

La luna que en “Pandeazúcar”
asoma redonda y clara,
llena su verde ramaje
de resplandores de plata.

Los vientos de linda noche
sollozan entre sus ramas
como los niños mimados
que entran gimiendo a sus casas.

Suelta la noche en sus hojas
su llanto de gotas blancas…
Que la noche también llora
en este valle de lágrimas.

¡Oh Ceiba! -yo sé la historia
de tu existencia temprana;
yo vi cuando te trajeron
de los playones del Cauca;
te conocí cuando niña,
creciendo a orillas del agua.

No es esta la misma noche
que daba sombra a tu infancia;
ni estos los vientos alegres
de tus alegres montañas;
ni aquella luna que alumbra
es ¡ay! tu luna caucana.

Tal vez tú, como el proscrito
que gime en tierras extrañas,
recuerdas las dulces brisas
de tus colinas lejanas;
por eso a veces sin jugo
se van dorando tus ramas
y amarillas van cayendo
tus hojas sobre la playa…

Así de los tristes ojos
del proscrito se derraman
gotas de llanto que caen
en clima extraño regadas.

Bien haces en despojarte
de tus adornadas y galas,
si como el pobre proscrito
te acuerdas ¡ay! de la Patria.

Pero no, Ceiba: prosigue
tu copa abriendo galana
y desplegando en el aire
tus banderas de esmeralda.

Es cierto que te arrancaron
de las riberas del Cauca;
pero del Cauca que riega
las antioqueñas sabanas;

es cierto que allá dejaste
cielo, vegas, aves, auras;
pero aquí todo lo tienes…
A Medellín ¿qué le falta?

Aquí hay céfiros que arrullan,
aquí hay turpiales que cantan,
cielo azul, y vegas verdes
entapizadas de grama;
y aquella tierra y la tierra
en que hoy airosa levantas,
es toda tierra de Antioquia
y Antioquia toda es tu Patria.

Por eso, Ceiba, prosigue
tu copa abriendo galana
y desplegando en el aire
tus banderas de esmeralda.

Por la venas de tu tronco
discurra constante savia
que brote en rubios renuevos
al desvestirse tus ramas.

A todo el que pase andando
sobre la arena tostada,
tu manto de estrellas verdes
le dé abrigo y sombra grata.

La aurora a ti sus sonrisas,
el sol sus rubias miradas
y el arrebol de la tarde
su lampo de oro y de grana.

Pero, Ceiba… ¡no te engrías!
que el Tiempo que te levanta,
de verte tan orgullosa
se puede cansar mañana.

Y ¡ay! de tu tronco redondo,
y ¡ay! de tu copa elevada
si el Tiempo llega a enojarse
y de elevarte se cansa.

Se irán secando tus hojas
y cayendo desgajadas
como en el pecho del hombre
las últimas esperanza.

Como doblega la muerte
los brazos de enferma anciana,
así la mano del Tiempo
irá encorvando tus ramas.

A tierra vendrá tu tronco
falto de apoyo y de savia,
como el exánime cuerpo
que cae al faltarle el alma.

Entonces los raudos vientos
que de “Santa Helena” bajan
barrerán el leve polvo
de tu existencia acabada.

Tu ataúd -será el vacío-.
La luz, -tu blanca mortaja-.
Y el campo de tu sepulcro
las antioqueñas montañas.


 -----

11/05/2012

LA FLOR DEL CEIBO 
Cuento de Argentina

     Cuenta la leyenda que en las riberas del Paraná, vivía una indiecita fea, de rasgos toscos, llamada Anahí. Era fea, pero en las largas tardes deleitaba a toda la gente de su tribu guaraní con sus canciones inspiradas en sus dioses y el amor a la tierra de la que eran dueños... Pero llegaron los invasores, esos atrevidos y aguerridos seres de piel blanca, que arrasaron las tribus y les arrebataron las tierras, los ídolos, y su libertad.
     Anahí fue llevada cautiva junto con otros indígenas. Pasó muchos días llorando y muchas noches en vigilia, hasta que un día en que el sueño venció a su centinela, la indiecita logró escapar. Pero al hacerlo, el centinela despertó, y ella, para lograr su objetivo, hundió un puñal en el pecho de su guardián, y huyó rápidamente a la selva.
     El grito del moribundo carcelero, despertó a los otros invasores, que salieron en una persecución que se convirtió en cacería de la pobre Anahí, quien al rato, fue alcanzada por los conquistadores. Éstos, en venganza por la muerte del guardián, le impusieron como castigo la muerte en la hoguera.
     La ataron a un poste e iniciaron el fuego. El fuego parecía no querer alargar sus llamas hacia la  indígena, que sin murmurar palabra, sufría en silencio, con su cabeza inclinada hacia un costado. Cuando el fuego comenzó a subir, Anahí se fue convirtiendo en árbol, identificándose con el poste en un asombroso milagro.
     Al siguiente amanecer, los soldados se encontraron ante el espectáculo de una hermosa ceiba de verdes hojas relucientes, y flores rojas aterciopeladas, que se mostraba en todo su esplendor, como el símbolo de valentía y fortaleza ante el sufrimiento.

---Fin---

1/23/2011

GABRIELA MISTRAL (Chile, 1889-1957)
Ronda de la ceiba ecuatoriana

A la maestra Emma Ortiz

En el mundo está la luz
 y en la luz está la ceiba,
y en la ceiba está la verde
llamarada de la América!

¡Ea, ceiba, ea, ea!

Árbol-ceiba no ha nacido
y la damos por eterna,
indios quitos no la plantan
y los ríos no la riegan.

Tuerce y tuerce contra el cielo
viente cobras verdaderas,
y al pasar por ella el viento
canta toda como Débora.

¡Ea, ceiba, ea, ea!

No la alcanzan los ganados
ni le llega la saeta.
Miedo de ella tiene el hacha
y las llamas no la queman.

En sus gajos, de repente,
se arrebata y se ensangrienta
y después su santa leche
cae en cuajos y guedejas.

¡Ea, ceiba, ea, ea!

A su sombra de giganta
bailan todas las doncellas,
y sus madres que están muertas
bajan a bailar con ellas.

¡Ea, ceiba, ea, ea!

Damos una y otra mano
a las vivas y a las muertas
y giramos y giramos
las mujeres y las ceibas...

¡En el mundo está la luz,
y en la luz está la ceiba,
y en la ceiba está la luz
llamarada de la Tierra!

-----