"Quién hubiera dicho que estos poemas de otros iban a ser míos, después de todo hay hombres que no fui y sin embargo quise ser, si no por una vida al menos por un rato..." Mario Benedetti.
A los amantes de los árboles,... localización, poesía, cuentos/leyendas, etc.
GUILLERMO CARVAJAL, en "La Brújula Verde" Los científicos han resuelto el misterio de dónde se originaron los baobabs y cómo se dispersaron por el mundo
El baobab (Adansonia) es un género de árboles con ocho especies
existentes y una larga historia de admiración humana. A pesar de la
admiración que despiertan, su origen es igualmente misterioso.
Los análisis genómicos y ecológicos realizados recientemente por un
equipo mundial de investigación dirigido por el Centro de Investigación
Conjunta Sino-África, CAS (albergado por el Jardín Botánico de Wuhan de
la Academia China de Ciencias), sugieren que Madagascar es el origen de
donde proceden todas las especies de baobabs. Con un conocimiento más profundo de la genética de los baobabs, los
investigadores esperan descubrir algunas pistas sobre lo que se puede
hacer para ayudar a la conservación de estos árboles fenomenales en
entornos que cambian rápidamente.
Madagascar es conocido por su flora y fauna intrigantes y únicas,
entre ellas el maravilloso árbol baobab. Sus fascinantes características
le han valido los sobrenombres de “madre del bosque” y “árbol de la
vida”. Sin embargo, a pesar de la importancia cultural de los baobabs y
de su influencia, no se sabe mucho sobre su historia evolutiva.
Utilizando datos genómicos de alta calidad de las ocho especies de
baobab existentes, se ha descubierto y propuesto la historia evolutiva
del linaje del baobab. Los datos apuntan a un origen del baobab en
Madagascar, con una posterior dispersión a África y Australia; factores
más específicos como el clima, los animales polinizadores y, en
particular, los cambios locales del nivel del mar, han parecido amoldar
cada especie a su entorno.
Resumen
de la historia evolutiva prevista de los baobabs según la hipótesis del
origen malgache, mostrando las probables rutas migratorias de A.
digitata y A. gregorii. Se muestra la ubicación de un antiguo y
controvertido puente terrestre 49,50 entre África y Madagascar (recuadro
punteado) junto con los acontecimientos evolutivos clave. Crédito: Jun-Nan Wan et al. / Nature
Según los datos genómicos relativos al linaje del baobab, la
hipótesis más probable compatible con el intercambio de genes a través
de las especies de baobab es que todos los baobabs se originaron en
Madagascar. De las ocho especies, el área de distribución de seis de
esos baobabs se limita a Madagascar.
Lo que vemos hoy en los baobabs de Madagascar se vio muy influido
tanto por la competencia interespecífica como por la historia geológica
de la isla, especialmente por los cambios en el nivel local del mar, afirmó el Dr. WAN Junnan, primer autor e investigador del WBG.
Una comprensión sólida de cómo el nivel del mar, y por tanto el
cambio climático y la consiguiente pérdida de hábitat, afectan al baobab
malgache puede dar una idea de cómo les iría a otras especies de
baobabs cuando se enfrenten a problemas similares. Según el nivel medio
global del mar (NMM) en los últimos 10 millones de años, los
investigadores extrapolaron que los baobabs tenían más probabilidades de
dispersarse y expandirse cuando el nivel del mar era más bajo. Si esta
tendencia se mantiene, el aumento del nivel del mar debido al cambio
climático podría dificultar la expansión de la población de baobabs, y
ya podría haber tenido un impacto.
La menor posibilidad de expansión, unida a los nichos ecológicos
específicos que ocupan los baobabs, es una receta para una población
amenazada. Si a esto añadimos la pérdida de hábitat de los propios
árboles y de sus polinizadores, como los murciélagos frugívoros y los
halcones, la conservación de los baobabs se convierte en un problema
acuciante. Los investigadores han propuesto que la Lista Roja de Especies
Amenazadas de la UICN reconsidere la clasificación de algunas especies
de baobabs. Esta re-clasificación de en peligro a en peligro crítico
exige que se conozca la causa del declive y que la disminución de la
población sea de al menos el 90%, como es el caso de algunas especies de
baobabs. Los trabajos sobre los datos genéticos y la historia de las especies
de baobab se realizan para preservar su presencia en los paisajes
siempre cambiantes del mundo. Para avanzar hacia su conservación y
llamar más la atención sobre sus características distintivas, los
investigadores de este estudio pretenden hacer más muestreos de baobabs
para esclarecer la historia evolutiva del baobab malgache. Además del
trabajo que se está realizando para aclarar los misterios que rodean al
baobab malgache, deberían seguir otros avances en el conocimiento de la
diversidad de la flora que se encuentra en Madagascar.
GUILLERMO CARVAJAL Investigadores descubren cómo los robles engañan a sus depredadores retrasando su ciclo en primavera
Un bosque de antiguos robles en la Baja Franconia, Baviera, Alemania. Crédito: Drow69 / Wikimedia Commons
Un estudio internacional publicado en Nature Ecology &
Evolution, demuestra que los robles afectados por orugas del año
anterior modifican su calendario de floración para evitar a sus
depredadores.
El análisis, realizado mediante satélites radar Sentinel-1 sobre 2.400 kilómetros cuadrados de bosque en Baja Franconia (Alemania), revela que esta estrategia pasajera y reversible es más eficaz que la producción de taninos amargos. La primavera en los ecosistemas forestales sigue un guion milenario: los insectos, especialmente las orugas de diversas especies de lepidópteros, eclosionan sincronizados con la aparición de las primeras hojas de los árboles, que en sus estados juveniles son tiernas y ricas en nutrientes. Este fenómeno asegura a los fitófagos una fuente inmediata de alimento y permite que las colonias inicien su desarrollo sin carencias iniciales. Sin embargo, un equipo internacional de investigadores acaba de documentar una respuesta adaptativa en los robles que altera por completo esta ventana ecológica: si un árbol sufre un ataque intenso de orugas durante un año, retrasa su brotación unos tres días en la primavera siguiente. Esta demora fenológica, que podría parecer irrelevante a simple vista, tiene consecuencias devastadoras para los insectos defoliadores. Cuando las orugas emergen de sus puestas, confiando en encontrar las yemas ya abiertas, se topan literalmente con un plato vacío: las hojas permanecen aún plegadas y firmes dentro de los botones florales, inaccesibles para la alimentación inicial.
El efecto de la herbivoría foliar de los insectos sobre la brotación de los árboles y la herbivoría foliar posterior. Crédito: S. Mallick et al. 2026
El equipo de investigación, liderado por el Dr. Soumen Mallick, investigador postdoctoral en el Centro de Biociencias de la Universidad de Würzburg y primer autor del trabajo, cuantificó el efecto de esta estrategia. La demora de tres días basta para reducir masivamente la tasa de supervivencia de las orugas, y el daño por herbivoría en el roble disminuye en un 55%, una cifra que los autores califican de impresionante. El trabajo publica sus conclusiones en la revista Nature Ecology & Evolution y supone un cambio de paradigma en la comprensión del inicio de la primavera en los bosques templados. Hasta ahora, los modelos ecológicos asumían que el despertar de los árboles tras el invierno dependía casi exclusivamente de factores abióticos, principalmente la temperatura ambiente y el fotoperiodo. Los robles, sin embargo, demuestran con esta respuesta que son capaces de integrar información biológica, específicamente el nivel de infestación sufrido en el ciclo anterior, y modular su fenología en consecuencia. Esta estrategia de retraso es para el roble más efectiva que una defensa química, como la producción de taninos amargos en las hojas, explica el Dr. Mallick, ya que sintetizar estos compuestos requiere un gasto energético considerable para el árbol, mientras que la modificación temporal del ritmo de brotación tiene un coste metabólico inferior. Para llegar a estas conclusiones, los investigadores abandonaron los métodos tradicionales de observación terrestre, que exigían el seguimiento manual y paciente de árboles individuales. En su lugar, recurrieron a la teledetección de alta precisión mediante la constelación de satélites Sentinel-1, operada por la Agencia Espacial Europea.
El plato todavía está vacío: una oruga está esperando el brote. Crédito: Sven Finnberg
La ventaja técnica de estos satélites radica en que emplean radar de apertura sintética, lo que les permite obtener datos fiables del estado de las copas de los árboles incluso bajo densas capas de nubes, algo esencial en el clima centroeuropeo. El área de estudio abarcó 2.400 kilómetros cuadrados de la región de Baja Franconia, en el norte de Baviera, y el período analizado comprendió cinco años consecutivos, de 2017 a 2021. Los investigadores procesaron un total de 137.500 observaciones individuales extraídas de las imágenes satelitales. La resolución espacial de los datos fue de 10 por 10 metros por píxel, una escala que corresponde aproximadamente al tamaño de la copa de un roble adulto. De esta forma, el equipo pudo monitorizar de manera independiente la respuesta de 27.500 píxeles distribuidos en 60 zonas boscosas diferentes. El año 2019 resultó especialmente revelador para el estudio, dado que en esa anualidad se produjo en la región un brote masivo del denominado gusano esponjoso (Lymantria dispar), una especie de oruga conocida por su capacidad para defoliar extensiones enteras de robledales. Los sensores radar captaron con precisión qué árboles fueron completamente deshojados y cómo respondieron esos mismos individuos al año siguiente, detalla el profesor Jörg Müller, director de la cátedra de Biología de la Conservación y Ecología Forestal de la Universidad de Würzburg, quien actuó como co-supervisor del estudio. La investigación proporciona así una explicación convincente a un fenómeno que los ecólogos y gestores forestales llevaban años observando sin poder justificar: por qué algunos bosques, en determinadas primaveras, no se vuelven verdes con la rapidez que predicen las temperaturas. Hasta ahora, los modelos computacionales que simulan el estado de la vegetación solían adolecer de imprecisiones porque incorporaban únicamente factores inertes, como las series térmicas, omitiendo las interacciones biológicas dinámicas entre plantas y fitófagos. Esta omisión ha llevado a predicciones erróneas sobre la productividad primaria y la salud del arbolado. Los robles, en definitiva, se encuentran inmersos en un tira y afloja evolutivo de consecuencias cada vez más complejas bajo el escenario del cambio climático. Por un lado, el aumento de las temperaturas invernales y primaverales ejerce una presión selectiva para que los árboles adelanten su brotación, aprovechando una estación de crecimiento más larga.
https://www.youtube.com/watch?v=c9UprJXSVSg&t=3s
Por otro lado, la presión ejercida por los insectos defoliadores, cuyas poblaciones también se ven alteradas por el clima, fuerza a los robles a retrasar la apertura de las yemas para desincronizarse de sus depredadores. La ventaja crucial de la táctica de demora temporal es su carácter transitorio y reversible: como el árbol solo retrasa la brotación si ha sufrido un ataque real en el año precedente, los insectos no pueden desarrollar una adaptación genética permanente a esta defensa. No existe, por tanto, una carrera armamentística evolutiva estable, sino una respuesta plástica que se activa y desactiva según las condiciones. Este juego dinámico es un ejemplo de la alta resiliencia y capacidad de adaptación del bosque en un mundo cambiante, añade el profesor Andreas Prinzing, de la Universidad de Rennes (Francia), también co-supervisor del estudio. El equipo tiene previsto realizar experimentos futuros para desentrañar con mayor precisión los mecanismos moleculares y hormonales que permiten al roble recordar, a lo largo de todo un invierno, la intensidad del ataque de orugas sufrido meses atrás. De momento, la evidencia satelital publicada en Nature Ecology & Evolution demuestra que las encinas centenarias de los bosques franconios no son meros termómetros biológicos, sino estrategistas activos capaces de leer el historial de su propio follaje y decidir, cada primavera, cuándo es seguro desplegar las nuevas hojas.
Dendrocronología: Es la ciencia que estudia los anillos de crecimiento de los árboles para datar
eventos pasados y analizar variaciones climáticas o ambientales con
precisión anual. El nombre proviene del griego δένδρον, dendron, árbol, χρόνος, crónos, tiempo, y λόγος, logos, estudio)
Teofrasto (322 a. C.), en su libro De historia plantarum(Historia de las plantas),
fue el primero que conocemos en mencionar la existencia de los anillos de árboles y
el hecho de que se formen anualmente. Tuvieron que pasar muchos siglos para que la idea de Teofrasto tomase cuerpo de ciencia porque esta relación no fue aceptada por los botánicos hasta principios del siglo XIX.
En el siglo XV Leonardo Da Vinci anota en sus observaciones la relación entre los anillos y la edad del árbol, así como la relación del grosor de los anillos con la orientación y la climatología:
"La
parte de las plantas que mira al sur revela mayor vigor y juventud que
la que mira al norte. Los círculos que dejan las ramas de los árboles
talados nos muestran el número de sus años, y sabemos cuáles fueron más
húmedos y cuáles más secos en función de su mayor o menor grosor.
Revelan también hacia dónde estaban encarados, y como son más gruesos
por el lado norte que por el lado sur, el centro del árbol está también
más cerca de la corteza que mira al sur que de la que mira al norte."
Que los anillos de crecimiento a menudo sean más anchos en la cara norte parece deberse a que ese lado mantiene mejor la
humedad.La médula o centro del árbol queda desplazada, situándose más cerca de la corteza del lado sur que de la del lado norte.
Stefano Mancuso nos dice que la llamada "exentricidad" del tronco fue atribuida a las
observaciones que hizo Malpighi (1628-1694), más de ciento cincuenta años más tarde de que Leonardo Da Vinci lo hubiera precisado, (medulla non exacte centrum occupat, sed ut plunmum [...] proximior est
cortici, versus meridiem, minuitur adaucta sensim) .
En 1737, los investigadores franceses Henri-Louis Duhamel du Monceau y
Georges-Louis Leclerc de Buffon examinaron el efecto de las condiciones
de crecimiento en la forma de los anillos, utilizando un invierno severo
como punto de referencia.
La dendrocronología, como ciencia, fue desarrollada y consolidada a inicios del siglo XX por el astrónomo estadounidense Andrew
Ellicott Douglass (1867-1962), quien creó el Laboratorio de Investigación de los Anillos
de los Árboles en la Universidad de Arizona, desarrolló las técnicas de
fechados dendrocronológicos y estableció sus principios.
Especies de árboles más aptas para el estudio dendrocronológico:
Existe un número limitado de especies arbóreas más indicadas para el estudio de la dendrocronología. La especie europea que más destaca para el estudio de la dendrocronología, especialmente en contextos arqueológicos, históricos y para la construcción de cronologías largas, es el roble (Quercus spp.), principalmente el roble albar (Quercus petraea) y el roble pedunculado (Quercus robur). En Norteamérica —afirma Stahle— la especie más destacada sería el abeto de Douglas (Pseudotsuga menziesii), especialmente el que crece en zonas áridas del interior del continente. Entre sus favoritas también se encuentran el pino ponderosa (Pinus ponderosa), el ciprés calvo (Taxodium distichum) del sur en Estados Unidos y el ciprés calvo de Montezuma (Taxodium mucronatum) en México. La especie sudamericana que más destaca para el estudio de la dendrocronología es el Alerce o Lahuán (Fitzroya cupressoides). En Asia las especies que destacan en dendrocronología son el enebro de Qilian (Juniperus przewalskii) y la teca (Tectona grandis) para estudios climáticos a largo plazo y tropicales, respectivamente. En África para precisión climática en zonas de altitud se estudia el Juniperus procera y para las sabanas el Pterocarpus angolensis.
Disciplinas derivadas de la dendrocronología:
La dendrocronología resulta compuesta por numerosas sub-disciplinas, según la información que se quiere obtener de las series dendrocronológicas: Dendroarqueología, Dendroecología, Dendrohidrología, Dendrogeomorfología, Dendroclimatología y Dendropirocronología.
Como bien dijera Darwin... "en ciencia, el mérito corresponde a quien convence al mundo, no al primero que tuvo la idea", así los méritos se encuentran mal repartidos.
RICHARD FEYMAN y ROGER PENROSE ¿De dónde vienen los árboles?
Desde dos vías diferentes, al conocer mi afición por los árboles, me han enviado casi el mismo contenido. En el primer momento lo visioné y no le concedí importancia porque me parecía obvio el contenido, casi simple. Al recibir el segundo envío empecé a cuestionarme si lo que yo percibía como simple a ojos de los demás no lo era tanto. Así que he decidido ponerlo en el blog porque no todo el conocimiento es tan simple para todos.
Yo que soy lego en el conocimiento de todo o casi todo... quiero recordar el pasaje de la serie Cosmos de Carl Sagan, que nos decía que nuestra materia, la que constituye nuestro cuerpo, está compuesta de polvo de estrellas.
Buscando en la red la complementariedad del conocimiento se ve que están hechas con IA y la idea parece que es de R. Feyman. Desconozco la verosimilitud de estas exposiciones pues dicen prácticamente los mismo lo que nos dice que no pueden ser de dos autores diferentes. He encontrado tres fuentes, las dos similares que pongo a continuación y una tercera más filosófica.
He creído conveniente poner la transcripción por si a alguien le sirve
Transcripción:
Yo me hice esta pregunta una tarde mirando un árbol enorme en el jardín de un amigo en Pasadena, un árbol viejo, grueso, imponente, y de repente me pregunté algo que parece ridículo de tan simple. ¿De dónde vino todo eso?. No me refiero al nombre, no me refiero a crece de una semilla en la tierra, eso lo sé, todo el mundo lo sabe. Me refiero a algo más específico, más honesto. Si ese árbol pesa 2 toneladas, ¿dónde estaban esas 2 toneladas antes de que existiera el árbol? El suelo donde creció sigue ahí, no desapareció. Entonces, ¿de dónde salió toda esa masa? Esa es exactamente el tipo de pregunta que no puedo dejar pasar. Una vez que me la hago, tengo que encontrar la respuesta. Y lo que descubrí me cambió la manera de ver cada árbol que he visto desde entonces. Lo primero que hago cuando tengo una pregunta así es buscar quién ya intentó responderla antes que yo. Y encontré a Van Helmond, un científico del siglo XVII que me cae muy bien porque hizo lo correcto. En lugar de suponer... midió, eso es lo fundamental. No asumas, mide. Van Helmont tomó tierra seca, la pesó con cuidado, 90 kg exactos. Plantó un sauce pequeño de 2 kg en esa tierra. Durante 5 años lo regó sólo con agua de lluvia, nada más, sin cambiar la tierra, sin añadir nada. Cinco años después desenterró el árbol y lo pesó: casi 77 kg. Había ganado más de 74 kg. Luego pesó la tierra 90 kg, prácticamente igual. Había perdido apenas 57 g. Yo leo ese resultado y me emociono porque eso es un misterio hermoso. El árbol ganó 74 kg. La tierra no los perdió. Eso no puede ser coincidencia. Eso es una pista. Van Helmont pensó que era el agua. Se equivocó en la conclusión, pero hizo algo valioso. Eliminó la tierra como respuesta principal. En ciencia, saber qué no es la respuesta también es un avance. Yo también consideré el suelo y el agua. Es lo primero que cualquiera pensaría y está bien pensar así siempre que luego hagas los números. El suelo da minerales reales, nitrógeno, fósforo, potasio. Sin ellos la planta se enferma. Eso es verdad. Pero cuando sumas toda la masa de minerales que un árbol absorbe durante su vida, obtienes una fracción mínima de su peso total. Los minerales son necesarios, pero no explican la masa. Y el agua igual. Un árbol mueve cantidades enormes de agua desde las raíces hasta las hojas, mpresionante. Pero la mayor parte de ese agua se evapora por las hojas, no se queda como masa sólida. Yo lo puse así de simple en mi cabeza. Si el árbol estuviera hecho de agua, se evaporaría bajo el sol. Pero la madera es dura, densa, sólida. Algo más está construyendo esa estructura. El suelo no es suficiente, agua no es suficiente. Hay que buscar en otro lugar. Aquí es donde yo me puse a pensar en serio, porque la química te da la pista definitiva. El agua es H2O, hidrógeno y oxígeno. El hidrógeno es el elemento más ligero del universo. No construyes estructuras densas con hidrógeno. No es el material de la solidez. Entonces me pregunté, ¿de qué está hecha realmente la madera? Si la analizas, si la descompones en sus elementos, encuentras que aproximadamente el 50% de su peso seco es carbono, carbono puro. El carbono es completamente diferente al hidrógeno. El diamante es carbono, el grafito también. Es el elemento sobre el que está construida toda la vida orgánica. Es denso, es pesado, es estructuralmente extraordinario. Y yo me hice la pregunta obvia, ¿de dónde saca el árbol todo ese carbono? No del suelo, eso ya lo había descartado, no del agua que prácticamente no tiene carbono. Entonces empecé a eliminar opciones. Tierra, no, agua, no. ¿Qué queda? Cuando llegué a esta respuesta me detuve un momento, porque es de sas respuestas que parecen imposibles hasta que las entiendes y luego parecen inevitables. La masa del árbol viene del aire, del dióxido de carbono, del CO2 que yo exhalo ahora mismo, del CO2 que está flotando invisible a tu alrededor en este momento en una concentración de apenas el 0.04% de la atmósfera. Ese gas invisible, sin color, sin olor, ese gas que parece no ser nada, es literalmente el material del que están hechos los árboles. Yo encuentro eso absolutamente fascinante. Las hojas tienen poros microscópicos llamados estomas. Por esos poros entra continuamente CO2 del aire. Dentro el árbol hace algo que me parece casi increíble. Rompe la molécula, separa el carbono del oxígeno, el oxígeno lo suelta de vuelta al aire y el carbono lo retiene. Ese carbono que estaba flotando en la atmósfera se convierte en la madera del árbol. Yo lo pienso así. El árbol agarra algo invisible y lo convierte en algo que puedes golpear con un hacha. Convierte gas en madera sólida, convierte aire en materia. El proceso se llama fotosíntesis. Y yo lo considero uno de los procesos más elegantes de la naturaleza y uso la palabra elegante como la usan los físicos. Simple en principio, devastadoramente poderoso en consecuencias. Las hojas son verdes por la clorofila. Yo siempre me maravillé de eso. La clorofila absorbe fotones de luz solar y captura su energía. Es como una batería que se carga con luz. Esa energía impulsa reacciones dentro de los cloroplastos, estructuras pequeñas dentro de las células de la hoja. Ahí el árbol combina el CO2 del aire con el agua de las raíces y usando la energía solar produce glucosa, un azúcar. Energía química almacenada en forma molecular. La ecuación me gusta porque es limpia...
6CO2 + 6H2O+ luz solar → C6H12O6 + 6O2
Producen una molécula de glucosa y seis moléculas de oxígeno. El oxígeno sale al aire. Ese es el oxígeno que yo respiro, que tú respiras. El árbol nos lo regala como subproducto de construir su propio cuerpo. La glucosa luego se convierte en celulosa y lignina. La celulosa son cadenas largas de glucosa unidas. La lignina es más rígida y compleja. Juntas forman la madera y ambas están hechas del carbono que llegó como las invisible desde el aire. Cada anillo de crecimiento que ves cuando cortas un tronco es una temporada de captura de carbono atmosférico. Año tras año, molécula a molécula, el árbol fue construyendo su cuerpo con aire. Ahora viene la parte que yo encuentro más perturbadora en el mejor sentido posible. Nosotros también estamos hechos de carbono. Mis músculos, mis huesos, mi cerebro, el ADN en cada célula de mi cuerpo, todo construido sobre carbono. Y ese carbono tuvo que venir de algún lugar. Yo lo obtuve comiendo, como plantas o animales que comieron plantas. En algún punto de la cadena siempre hay una planta que capturó carbono del aire. Ese carbono viajó por la cadena alimenticia y llegó a ser parte de mí. El carbono en mis músculos ahora mismo estuvo en la atmósfera en algún momento. Antes formó parte de otra planta, de otro animal, quizás de una persona que vivió hace siglos. Yo y el árbol compartimos el mismo origen fundamental. Ambos somos carbono atmosférico reorganizado. La diferencia es que el árbol lo captura directamente del aire y yo lo hago a través de la comida, pero el punto de partida es el mismo. Eso me hace pensar en algo que me resulta profundo. No somos observadores separados del mundo natural. Somos parte del mismo ciclo. Somos el universo mirándose a sí mismo, hecho del mismo material que los árboles, las plantas, los océanos. Y el ciclo del carbono es real, no una metáfora. Un bosque antiguo tiene almacenadas en su madera cantidades enormes de carbono que capturó del aire durante siglos. Cuando ese bosque se destruye y la madera se quema, ese carbono regresa a la tmósfera de golpe. Es química directa, es causa y efecto real. Yo siempre digo que entender la ciencia no hace el mundo menos bello, lo hace más bello. Ver un bosque sabiendo lo que realmente es: un almacén gigante de carbono atmosférico solidificado durante generaciones, eso es más impresionante que cualquier explicación mágica. Entonces regreso a ese árbol en el jardín de Pasadena. Ahora yo sé lo que estoy mirando. Sé que ese tronco enorme, esas ramas, esa corteza gruesa están hechos de gas invisible que flotó en la atmósfera, entró por los poros microscópicos en las hojas, fue descompuesto por la energía del sol y quedó atrapado como carbono sólido, anillo por anillo, durante décadas. Ese árbol es aire solidificado literalmente. Y yo encuentro eso extraordinario, no porque sea complicado, sino porque es simple y real, y está frente a ti todo el tiempo. Y la mayoría de la gente pasa la vida entera sin verlo. Eso es lo que me enseñó la física ¿no? A memorizar fórmulas, a hacer las preguntas correctas y no conformarme con respuestas vagas. La próxima vez que veas un árbol, espero que veas lo que realmente es. No solo un árbol, un proceso, una máquina de capturar aire y convertirlo en materia. Décadas de trabajo invisible, molécula a molécula, construyendo algo que puedes tocar con las manos. Eso es lo que es un árbol. Y hay mas preguntas como esta esperando que alguien se las haga sobre todo lo que ves, todo lo que tocas, todo lo que das por sentado. Nunca paro de preguntarme y espero que tú tampoco.
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Jean Baptista van Helmont (Bruselas, 1580-1644)
Agarré una maceta, puse en su interior 200 libras (90 kg) de tierra que había secado en un horno, la empapé en agua y planté en ella un vástago de sauce que pesaba 5 libras (2,28 kg) Pero la maceta únicamente fue regada con agua de lluvia o (cuando fue necesario) con agua destilada; y era grande (en tamaño) y estaba hundido en la tierra; y para evitar que el polvo del aire de su alrededor se mezclara con la tierra, el borde de la maceta se resguardó, cubriéndose con una lámina de hierro recubierta de estaño y horadada por muchos agujeros. No calculé el peso de las hojas que cayeron en los cuatro otoños. Por último, sequé de nuevo la tierra de la maceta y se encontraron las mismas 200 libras (90 kg) menos unas 2 onzas (56 gramos); por lo tanto, 187 libras (85 kg) de madera, corteza y raíz habían crecido solo del agua.
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29 marzo 2026
ANTONIO CERRILLO, en La Vanguardia
España, última clasificada en el ranking mundial de conexión con la naturaleza
España es el país que tiene menor conexión con la Naturaleza de todo el planeta, según el primer estudio mundial sobre cómo los ciudadanos se relacionan con el mundo natural. España ocupa el último lugar en este ranking en un listado de 61 países realizado con 57.000 participantes. Este informe, aparecido en la revista Ambio, analiza cómo los factores sociales, económicos, geográficos y culturales que influyen en las actitudes hacia la naturaleza. Nepal es el país con mayor conexión con la Naturaleza, seguido de Irán, Sudáfrica, Bangladesh y Nigeria, según el estudio publicado en la revista Ambio. Croacia y Bulgaria son los únicos países europeos entre los diez primeros, seguidos de Francia en el puesto 19. Por debajo de Gran Bretaña se encuentran Holanda, Canadá, Alemania, Israel, Japón y España, que es el país con menor conexión con la Naturaleza de todos los encuestados. La conexión con la Naturaleza es un concepto psicológico que mide la cercanía de la relación de un individuo con otras especies. Diversos estudios han demostrado que las personas con mayor conexión con la Naturaleza disfrutan de un mayor bienestar y son más propensas a actuar de forma respetuosa con el medio ambiente. La escasa conexión con la Naturaleza se ha identificado, en sentido contrario, como una de las tres principales causas subyacentes de la pérdida de biodiversidad, junto con la desigualdad y la priorización de los beneficios materiales individuales. El grado de conexión con la Naturaleza se considera cada vez más como un factor que está en la raíz de las crisis ambientales y a la vez es “una poderosa estrategia para el cambio transformador”, dice este informe. Sin embargo, se sabe poco sobre cómo varía entre países y los factores que influyen en la relación entre el ser humano y la Naturaleza a nivel social. Utilizando un amplio conjunto de datos exactamente 56.968 de 61 países, este estudio exploró cómo se relacionan los indicadores objetivos (contexto socioecológico) y subjetivos (valores sociopolíticos) con la conexión con la Naturaleza. Mediante análisis se observó que varios indicadores (urbanización y entorno empresarial) y subjetivos (valores científicos y religiosos) estaban significativamente asociados a la conexión con la Naturaleza. El estudio utilizó el conjunto de datos recopilados mediante una investigación colectiva con la participación de 253 científicos de 65 países (fueron descartados luego 4), entre noviembre de 2020 y febrero de 2022. La edad de los participantes osciló entre los 18 y los 99 años.
El alto nivel de espiritualidad Investigadores de Gran Bretaña y Austria, liderados por Miles Richardson, profesor de la Universidad de Derby, descubrieron que el indicador más fuerte de una relación estrecha con la Naturaleza era un alto nivel de espiritualidad en la sociedad. Las sociedades más religiosas y las culturas donde se priorizaba la fe sobre la ciencia mostraron altos niveles de conexión con la naturaleza. En contraste, el estudio también halló que la facilidad para hacer negocios —el Banco Mundial que evalúa el entorno favorable a los negocios de un país— se correlacionaba con una menor conexión con la naturaleza.
Factores concretos que influyen Entre los factores más concretos que el estudio vinculó con la falta de conexión con la naturaleza se incluyen los niveles de urbanización, el ingreso promedio y el uso de internet. También se ha evaluado el nivel de afiliación a las organizaciones ambientales del mundo, aunque este indicador no necesariamente comporta una correlación directa con un impacto favorable a la naturaleza. “La conexión con la naturaleza no se limita a lo que hacemos, sino que abarca cómo sentimos, pensamos y valoramos nuestro lugar en el mundo natural”, afirmó Richardson.
Regidos por la racionalidad, la economía... Los expertos destacan que la sociedad es cada vez más racional, regida por criterios económicos y los avances científicos. Esto, sin duda, ha traído consigo beneficios pero ha comportado también algunos desequilibrios. El gran reto es cómo reintegramos el pensamiento natural en nuestro mundo tan tecnológico. “Obviamente, es muy difícil cambiar las culturas, pero se trata de integrar el valor de la naturaleza en la vida cotidiana, de hacerla parte esencial de nuestro bienestar, para que llegue a ser respetada y casi sagrada”, explica Richardson en declaraciones a The Guardian.
Propuestas para superar este déficit: aquí van algunas Según Richardson, algunas maneras de fomentar la conexión con la naturaleza podrían incluir un mejor uso de los entornos naturales en los tratamientos de salud mental y pública, el desarrollo de derechos de la naturaleza en la legislación; y la incorporación de la naturaleza en las decisiones de las juntas directivas y la implicación del mundo empresarial en las regulaciones y la protección de la biodiversidad. La tensión entre las empresas y la protección del medio ambiente es una constante, y todavía la defensa de la naturaleza se ve en ciertos sectores como un valor supeditada a la economía. “Hay otras maneras de replantearse cómo hacemos negocios: incorporando la naturaleza en la toma de decisiones, estando en los consejos de administración y fomentando la biodiversidad. Esto puede empezar a transformar el sistema, de modo que la naturaleza no se considere simplemente un recurso, sino un actor clave”, dice Richardson.
Sociedades urbanizadas Una recomendación habitual es la propuesta de integrar la naturaleza en las zonas urbanas para revitalizar la conexión con ella en las sociedades más urbanizadas “No se trata solo de crear un parque. Porque ¿cómo se crea un espacio sagrado de naturaleza urbana? Es fácil construir un parque, pero se necesita algo más profundo.” La correlación entre la conexión con la naturaleza y la “espiritualidad” en los países se descubrió mediante mediciones de la importancia de la religión, las creencias en un dios y la fe en diferentes países, registradas por la Encuesta Mundial de Valores.
MARÍA ÁNGELES MORENO, en "Heraldo de Aragón", enero26 El muérdago en los bosques de Teruel se ha duplicado en dos décadas y empieza a matar árboles.
La DGA pone en marcha tareas silvícolas e investiga posibles usos de la planta para atajar la plaga en la provincia de Teruel
El Pino de los Sasos, en Alcorisa, murió a finales de 2023 tras dos veranos extremos y su alta colonización por muérdago, Fernendo Zorrilla
El muérdago se ha convertido en la gran amenaza para la conservación de los bosques de la provincia de Teruel, por encima, incluso, de la oruga de la procesionaria. Los efectos de esta planta parásita en los pinos en los que se asienta están siendo letales en el contexto de cambio climático que se registra en la actualidad, con sequías pertinaces y olas de calor que estresan y debilitan al árbol, haciéndolo más vulnerable a enfermedades y ataques de insectos. Es una de las principales conclusiones del estudio desarrollado durante cinco años por la sección de coordinación de Red Natura y Adaptación al Cambio Climático del Gob. de Aragón en Teruel. Otro de los corolarios del trabajo es la necesidad de hallar fórmulas para atajar la plaga e investigar sobre posibles usos del muérdago que ayuden a frenar su imparable expansión. El estudio alerta de que en dos décadas se ha mas que duplicado la extensión de masa forestal infectada de muérdago al pasar de 30.400 en 2002, a 72.500 en 2022. El trabajo de campo se ha realizado en las 500.000 ha. de monte públicos que gestiona la DGA pero se sospecha que similar evolución habrán sufrido el resto de los bosques en manos de particulares. Hace 20 años eran 77 los parajes afectados, hoy son 156. Cuando en 2001 el Laboratorio de Sanidad Forestal de Mora de Rubielos puso las bases de este estudio al calcular por primera vez la superficie forestal colonizada por el muérdago, las comarcas más afectadas eran Bajo Aragón, Matarraña, Albarracín, Andorra-Sierra de Arcos, Bajo Martín y Gúdar-Jabajambre. Y en menor medida Maestrazgo y Jiloca. Estaban libres de la plaga la Comunidad de Teruel y la Comarca de las Cuencas Mineras. Pero estos dos territorios ya se han incorporado a la lista de zonas perjudicadas, en particular la Cuencas Mineras con 500 Ha dañadas.
De corteza muy fina
El pino carrasco, el pino silvestre y el pinus nigra son tres de los preferidos por el muérdago para hacer al poder extraer con facilidad de su fina corteza el agua y los nutrientes del árbol y todas estas especies son muy abundantes en la provincia de Teruel, así lo explica el jefe de coordinación de Red Natura y Adaptación al Cambio Climático del Servicio Provincial del Medio Ambiente en Teruel, Felipe Rosado, quien destaca que la mayor afección se da el los bosques naturales y no en los repoblados por el hombre. La plaga, advierte, avanza hacia el interior de la provincia tras haber estado contenida históricamente, en la fachada mediterránea del territorio y puede causar mucha mortalidad. De hecho en los últimos tres años ya han comenzado a morir árboles el mas conocido el pino de los Sasos de Alcorisa, el de mayores dimensiones del Bajo Aragón y considerado un ejemplar singular. Ante esta situación el Gobierno de Aragón ha puesto en marcha tareas silvícolas que consisten en podar las ramas colonizadas por muérdago estas labores se llevan a cabo en 140 Ha situadas entre Muñecas, Cortes de Aragón, Josa, Alcaine y Oliete, donde el nivel de infectación es aún incipiente. Otra de las medidas es anillar el tronco del árbol colonizado con un corte de sierra que provocará su muerte en pie. De esta manera el bosque no pierde densidad y las aves que transportan de un lado a otro las semillas del muérdago pegada en su pico o alas, especialmente los zorzales o tordellas, tienen mas complicado posarse en un árbol dominante. Además, a esta planta parásita, no le gusta la sombra.
Proyectos a nivel europeo
Para evaluar la efectividad de los tratamientos silvícolas en Teruel, la DGA, ha participado en dos proyectos: uno desarrollado a través del Centro de Investigación Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA) y el otro junto algunas universidades europeas. Rosado explica que el aumento de la masa forestal, junto con el abandono de actividades agrícolas y ganaderas tradicionales, es lo que ha disparado el crecimiento del muérdago, antaño alimento de los rebaños de ovejas. Ahora solo unos pocos industriales de Valencia y Catalunya acuden a los montes de Teruel, con sus preceptivos permisos, para coger ramas de esta planta como motivo navideño. La solución es difícil, asegura Rosado. No se ha encontrado un tratamiento químico adecuado para controlar el muérdago que, por otro lado, contribuye el mantenimiento de la biodiversidad al proporcionar alimento a aves en época invernal. Desde el CITA se intenta valorizar para la producción de bioplásticos, pero aún no hay resultados. También está en fase de ensayo la idea de una empresa de la localidad turolense de Agua Viva para usarlo, junto a otros residuos agrícolas, como cama para caballos; por ello se está a la espera de descubrir un uso que permita limpiar y sanear los bosques de esta planta parásita.
RUBÉN OLIVARES (CSIC), en Huelva Información nov-25 El ciervo es el mayor depredador y dispersor de uno de los arbustos más abundantes en Doñana Un estudio de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) revela que el ciervo actúa como principal consumidor y a la vez dispersor de semillas del jaguarzo, uno de los arbustos más comunes del Parque Nacional
Ciervos en el Parque Nacional de Doñana.
Un estudio liderado por la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) ha revelado que el ciervo rojo actúa simultáneamente como el principal depredador y dispersor de semillas a larga distancia del juagarzo*, uno de los arbustos más abundantes en el Parque Nacional de Doñana. La investigación, publicada en Plant Biology y en la que ha participado además la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, precisa que la dispersión de semillas mediante la ingesta por animales (endozoocoria) constituye una relación mutualista donde ambas partes se benefician: la planta gana movilidad y puede mejorar su germinación, mientras que el animal obtiene nutrientes y agua. Las investigaciones sobre los sistemas de endozoocoria, informó la EBD-CSIC en una nota, se han centrado mayoritariamente en plantas de frutos carnosos, aunque es frecuente que especies de peces, aves, roedores y ungulados ingieran frutos secos, como sucede con el jaguarzo, un arbusto de la familia de las cistáceas que carece aparentemente de un mecanismo de dispersión a larga distancia. "El ciervo es una de las especies de ungulados más abundantes del Parque de Doñana, por lo que su interacción con el jaguarzo podría ser la responsable de la colonización por parte de este último de nuevos ambientes", explica Rocío Fernández-Fuerte, investigadora predoctoral de la EBD-CSIC y primera autora del estudio.
Jaguarzal o monte blanco de Doñana.
Para evaluar la relación planta-ungulado se instalaron nueve cámaras de fototrampeo en cada una de las parcelas de estudio las cuales permanecieron activas durante 10 días, se recolectaron y analizaron heces de ciervo, y se realizaron experimentos de germinación con las semillas recuperadas. Las fotografías revelaron que el ciervo rojo es el principal consumidor de jaguarzo, el cual constituye el 85,7 % de visitas a la planta; por otra parte, el análisis de las muestras fecales reveló un bajo porcentaje de ocurrencia de semillas (4,5%). En cuanto a los experimentos de germinación, la tasa fue significativamente inferior en las semillas recuperadas de las heces del ciervo (17%) en comparación con las semillas control, obtenidas directamente de la planta (40%). Los resultados demuestran que el ciervo rojo desempeña un rol paralelo de depredador y dispersor a larga distancia del juagarzo. Por un lado, el elevado consumo de frutos y semillas inmaduras y su posterior tránsito por el tracto digestivo provocan su destrucción, lo que reduce la dispersión y compromete el éxito reproductivo de la planta. Por otro lado, y a pesar de que la cantidad de semillas encontradas en las heces que logran germinar es baja, este proceso subraya un importante rol mutualista del ciervo como dispersor a larga distancia mediante endozoocoria. Al extrapolar este efecto a toda la población de ambas especies en Doñana, señala el estudio, esta dispersión contribuye significativamente a la colonización y a la conectividad genética entre las poblaciones de juagarzo a lo largo del Parque Nacional. "Conocer cómo es la interacción entre dos de las especies más abundantes de Doñana, y cómo puede variar dependiendo de distintos factores ecológicos puede ser determinante a la hora de establecer un gradiente mutualismo-antagonismo en las interacciones planta-animal que fluctúan en el ecosistema", subraya Fernández-Fuerte.
* Arbusto de un metro de altura, hojas de color verde pálido y flores amarillas de entre 4 y 6 centímetros
Cordyceps militaris, un hongo aliado natural del pino contra la procesionaria
En una entrada sobre la procesionaria (Thaumetopoea pityocampa) ya dijimos que hablaríamos mas en profundidad sobre uno de los agentes que se alimenta de la procesionaria. Ante una plaga de procesionaria que amenaza con defoliar un bosque este hongo y otros aliados tratan de equilibrar la balanza. La procesionaria del pino se alimenta vorazmente de los brotes tiernos
de los pinos, comprometiendo su salud y crecimiento. Frente a esta
amenaza, el Cordyceps militaris es un aliado ecológico para el control
de esta plaga, reduciendo su impacto. Esto demuestra el equilibrio que guarda el bosque, las dos especies han convivido durante milenios.
El Cordyceps militaris, pertenece al grupo de los ascomicetos(1) es un pequeño hongo que cuando emerge, carpóforos de 3 ó 4 cm, tiene un color rojo/anaranjadoque
no se alimenta de restos orgánicos del bosque. Es un hongo entomopatógeno, es
decir, un hongo que parasita insectos. Y es aquí donde se alía con el pinar. Todo comienza con una espora de los millones que los carpóforos liberan al viento.
Este relato es una transcripción del vídeo de AMINA (Academia Micológica de Navarra) sobre el Cordyceps militaris
Vamos a relatar el ciclo desde el momento en que una espora cae sobre el exoesqueleto(2) de una oruga de procesionaria. La espora, inmediatamente, detecta que las condiciones son idóneas, es "su huésped". Entonces libera un tubo germinativo por el que secreta un coctel de encimas -quitinasas y proteolasas-, encimas que disuelven proteínas, penetrando la coraza de la oruga para acceder al interior. Cuando está en el interior no libera hifas en la hemolinfa(3), sino células como si fueran levaduras, las blastosporas, indetectables por el sistema defensivo de la oruga. De esta forma se extiende en el interior de la oruga, que para cuando lo detecta ya está sentenciada. Estas células comienzan a digerir las reservas de glucógeno, de lípidos,... manteniendo viva a la oruga. La oruga languidece mientras el hongo digiere los músculos, el tejido nervioso, etc. Entonces es cuando esas blastosporas se convierten en hifas, el micelio del hongo. La oruga muere y de su cuerpo emergen los carpóforos del Cordyceps militaris, que liberarán nuevas esporas.
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(1)Los
ascomicetos (Ascomycota) y los basidiomicetos (Basidiomycota) son dos grandes filos de hongos, diferenciados principalmente por la estructura que produce sus esporas sexuales: los ascomicetos las generan internamente en un saco llamadoasca, mientras que los basidiomicetos las producen externamente sobre un palo o clava llamada basidio.
Los ascomicetos incluyen levaduras y trufas (con cuerpos fructíferos
como copas o discos), y los basidiomicetos son las setas más conocidas
(con formas de sombrilla, coral o incluso subterráneas)
(2) Un exoesqueleto es una estructura externa que rodea y da soporte al cuerpo,
presente en la naturaleza en artrópodos (insectos, crustáceos), o como
un armazón robótico usado por humanos para aumentar fuerza, resistencia o
para rehabilitación, ayudando en tareas físicas pesadas o permitiendo
la movilidad a personas con discapacidad.
(3) La
hemolinfa es el líquido circulatorio
de invertebrados como artrópodos (insectos, arácnidos) y la mayoría de
moluscos, análogo a la sangre en vertebrados, que transporta nutrientes,
hormonas y células inmunitarias, aunque no siempre oxígeno.
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23 diciembre 2025
CLEMENTE ÁRVAREZ, en "El País", julio-2025 La muerte sin llamas de los árboles: investigadores advierten de la degradación de los bosques por el clima
Aunque
se presta más atención a los incendios, en zonas como Cataluña la
sequía ha impactado desde 2012 en tantas hectáreas como las que han
ardido en 40 años.
Árboles muertos por la sequía en las montañas de Prades en Tarragona (Cataluña), en una imagen cedida por CREAF
En un árbol, el primer síntoma de que algo va mal por la sequía
o las altas temperaturas es el cambio de color, ocurre porque cierra
sus estomas (los poros de las hojas) para evitar perder agua y esto
reduce la fotosíntesis. Luego llega la pérdida de hojas, la defoliación,
y si se agrava la situación, puede producirse la muerte. Este es un
fenómeno difícil de medir en las masas forestales del país, pues algunas
veces, con la llegada de las lluvias los ejemplares se recuperan, y
otras quedan moribundos, sentenciados, pero tardan años en sucumbir. Aun
así, los episodios recientes de muerte masiva de ejemplares en Cataluña, Comunidad Valenciana o Murcia han mostrado la magnitud de un proceso que se espera vaya amplificándose con la crisis climática
y que tiene importantes implicaciones tanto para el paisaje como, en
los casos más extremos, para el futuro de los bosques y los numerosos
servicios ambientales que proporcionan (en forma de biodiversidad,
madera, alimentos, absorción de CO₂, regulación de cursos del agua,
protección del suelo...).
Josep Maria Espelta, científico del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF),
asegura que en cerca de una década, de 2012 a 2023, la sequía en
Cataluña afectó de forma significativa a un 10% de su superficie
forestal, uno de cada diez árboles. Esto no incluye solo árboles
muertos, por la complejidad para confirmar su fin, sino también
ejemplares con afecciones de decoloración o defoliación que se cree
están relacionadas con el clima extremo. Según recalca, esto supone unas
120.000 hectáreas, una cifra similar a la superficie quemada en 40 años
en esta comunidad.
“Hoy en día somos muy conscientes del
problema de los incendios, pero no lo tenemos tan integrado con la
sequía”, incide el biólogo. “Obviamente, la perturbación no es de la
misma magnitud, pues el fuego suele destruir toda la cubierta vegetal,
pero la afección por las sequías es muy preocupante, no estábamos
acostumbrados a ver masas tan grandes de árboles muertos o moribundos”.
Existen
diferentes iniciativas que monitorean la situación de las masas
forestales del país. Las más amplias son las redes de seguimiento que
lleva el Ministerio para la Transición Ecológica, dentro del programa ICP-Forest,
un proyecto europeo puesto en marcha en 1985 como consecuencia de la
gran alarma provocada en aquellos años por el deterioro de los bosques
del norte del continente a causa de la lluvia ácida (problema en este
caso originado por la contaminación atmosférica). El informe de 2024
de la denominada red de nivel I, señala que la mayoría de las especies
arbóreas presentan defoliaciones medias “ligeras”, pero considera
notable el número de variedades con una pérdida de hojas superior al 25%
en su copa (en comparación con un ejemplar con un follaje ideal), entre
ellas, las especies de carácter más mediterráneo como el alcornoque, la
encina, el quejigo, el acebuche, el pino carrasco y la sabina albar.
Este trabajo concluye también que la principal causa de este decaimiento
es la sequía, seguido de los insectos. Y, a partir de estos mismos
registros de la red de nivel I, el último dossier del ICP-Forest
muestra unos gráficos de evolución desde 1990 que, en el caso de
España, reflejan un cada vez mayor deterioro de los bosques por este
proceso de defoliación.
El
seguimiento de las redes del ICP-Forest destaca por su amplitud en el
territorio y continuidad en el tiempo, pero acerca solo una parte de la
realidad, pues no monitorea el conjunto de los bosques sino una
selección. En concreto, en España, 620 parcelas repartidas por todo el
territorio que comprenden unos 14.880 árboles, una cantidad pequeña en
comparación con los 7.000 millones de ejemplares estimados para todo el país hace unos años. Sobre todo, para rastrear los muertos.
“Los
incendios forestales tienen una alta repercusión social, el decaimiento
de los bosques no tiene el mismo impacto, es mucho más silencioso, pero
está ahí, es algo que está debilitando los bosques y que puede provocar
cambios en el paisaje, como la transición de especies, por ejemplo”,
comenta Mireia Banqué, también investigadora del CREAF y coordinadora de
Deboscat,
una red de seguimiento de los bosques en Cataluña. Aunque todavía no
han hecho públicos sus datos de 2024, esta ambientóloga incide en la
mejoría del estado de las masas forestales en esta comunidad desde las
lluvias otoñales del año pasado. Muchos ejemplares de especies de
frondosas o planifolias (con hojas planas, como las encinas) que
parecían moribundos, y que habían teñido de marrón laderas enteras, han
vuelto a brotar. Sin embargo, no ha ocurrido lo mismo con las coníferas
(con hojas en forma de aguja, como los pinos). “Cuando las coníferas
sufren este proceso de decoloración y defoliación, no pueden sacar
nuevos brotes. Si un pino tiene la copa marrón, está sentenciado”,
detalla.
Acaben muriendo o no los árboles que han perdido
su color verde, para Banqué lo significativo es el decaimiento general.
A una escala más pequeña, la red Deboscat sí monitorea todos los
bosques de Cataluña. No obstante, con apenas 13 años de existencia, no
cubre un periodo de tiempo suficientemente grande para detectar
tendencias. Aun así, la investigadora tiene claro que algo está
cambiando. “Sin tener datos empíricos, la gente que vive en el
territorio sí percibe que los pinos tienen copas menos frondosas”,
destaca. “Si te fijas un poco o si vives cerca del entorno más rural, es
fácil darse cuenta que hay muchos más árboles muertos que hace 10
años”.
Paloma Ruiz es profesora del departamento de Ciencias de la Vida en la Universidad de Alcalá y una de las coordinadoras de la Red Española de Seguimiento del Decaimiento Forestal.
Esta iniciativa, creada hace solo un año, a través de la Asociación
Española de Ecología Terrestre, no toma mediciones sino que busca poner
en común el trabajo de los especialistas que trabajan en este campo.
Esta ambientóloga incide también en la dificultad para evaluar la
degradación de los bosques y relacionarlo con factores climáticos como
la sequía o las altas temperaturas. Sin embargo, ella misma ha publicado
junto a otros investigadores distintos trabajos que apuntan en este
sentido. A partir del Inventario Forestal Nacional, que da una detallada
radiografía de los bosques cada 10 años, han mostrado cómo están
cambiando los patrones de mortalidad y daños en las florestas mediterráneas y cómo en esto está resultando determinante la cada vez mayor intensidad de las sequías. En un último trabajo publicado de forma reciente
también ponen de manifiesto una marcada disminución de la productividad
forestal debido al cambio climático y cómo los eventos extremos
climáticos inciden de forma diferente entre regiones, afectando a
múltiples funciones ecosistémicas. “Es muy importante que haya redes de
investigación en aquellos sitios en los que se están produciendo eventos
de decaimiento, en los que un alto porcentaje de árboles muere o decae,
para entender qué está pasando”, subraya Ruiz.
Si bien
la muerte de una porción de los árboles forma parte del proceso de
reajuste natural de los bosques al calentamiento del planeta, para el
biólogo Josep Maria Espelta “lo ideal sería poder acompañar a las masas
forestales en esta adaptación, para que sea lo menos traumática posible
tanto para el monte como para nosotros”. Una forma de hacerlo es
aumentando la gestión forestal en algunas zonas, para disminuir la
densidad de árboles (reduciendo la competencia entre ellos) y dotar a
los bosques de una mejor estructura. No obstante, para este
investigador, esto no basta y resulta también necesario sustituir
árboles: “En la península Ibérica tenemos muchas especies que se
encuentran en el límite sudoccidental de su área de distribución, como
el haya, el pino albar, el pino silvestre, el abeto. Con el cambio
climático, hay muchas poblaciones de árboles que probablemente ya están
fuera de lo que serían sus condiciones climáticas adecuadas”.