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23 diciembre 2025

CLEMENTE ÁRVAREZ, en "El País", julio-2025
La muerte sin llamas de los árboles: investigadores advierten de la degradación de los bosques por el clima

Aunque se presta más atención a los incendios, en zonas como Cataluña la sequía ha impactado desde 2012 en tantas hectáreas como las que han ardido en 40 años.

Árboles muertos por la sequía en las montañas de Prades en Tarragona (Cataluña), en una imagen cedida por CREAF

En un árbol, el primer síntoma de que algo va mal por la sequía o las altas temperaturas es el cambio de color, ocurre porque cierra sus estomas (los poros de las hojas) para evitar perder agua y esto reduce la fotosíntesis. Luego llega la pérdida de hojas, la defoliación, y si se agrava la situación, puede producirse la muerte. Este es un fenómeno difícil de medir en las masas forestales del país, pues algunas veces, con la llegada de las lluvias los ejemplares se recuperan, y otras quedan moribundos, sentenciados, pero tardan años en sucumbir. Aun así, los episodios recientes de muerte masiva de ejemplares en Cataluña, Comunidad Valenciana o Murcia han mostrado la magnitud de un proceso que se espera vaya amplificándose con la crisis climática y que tiene importantes implicaciones tanto para el paisaje como, en los casos más extremos, para el futuro de los bosques y los numerosos servicios ambientales que proporcionan (en forma de biodiversidad, madera, alimentos, absorción de CO₂, regulación de cursos del agua, protección del suelo...).

Josep Maria Espelta, científico del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), asegura que en cerca de una década, de 2012 a 2023, la sequía en Cataluña afectó de forma significativa a un 10% de su superficie forestal, uno de cada diez árboles. Esto no incluye solo árboles muertos, por la complejidad para confirmar su fin, sino también ejemplares con afecciones de decoloración o defoliación que se cree están relacionadas con el clima extremo. Según recalca, esto supone unas 120.000 hectáreas, una cifra similar a la superficie quemada en 40 años en esta comunidad.

     “Hoy en día somos muy conscientes del problema de los incendios, pero no lo tenemos tan integrado con la sequía”, incide el biólogo. “Obviamente, la perturbación no es de la misma magnitud, pues el fuego suele destruir toda la cubierta vegetal, pero la afección por las sequías es muy preocupante, no estábamos acostumbrados a ver masas tan grandes de árboles muertos o moribundos”.

Existen diferentes iniciativas que monitorean la situación de las masas forestales del país. Las más amplias son las redes de seguimiento que lleva el Ministerio para la Transición Ecológica, dentro del programa ICP-Forest, un proyecto europeo puesto en marcha en 1985 como consecuencia de la gran alarma provocada en aquellos años por el deterioro de los bosques del norte del continente a causa de la lluvia ácida (problema en este caso originado por la contaminación atmosférica). El informe de 2024 de la denominada red de nivel I, señala que la mayoría de las especies arbóreas presentan defoliaciones medias “ligeras”, pero considera notable el número de variedades con una pérdida de hojas superior al 25% en su copa (en comparación con un ejemplar con un follaje ideal), entre ellas, las especies de carácter más mediterráneo como el alcornoque, la encina, el quejigo, el acebuche, el pino carrasco y la sabina albar. Este trabajo concluye también que la principal causa de este decaimiento es la sequía, seguido de los insectos. Y, a partir de estos mismos registros de la red de nivel I, el último dossier del ICP-Forest muestra unos gráficos de evolución desde 1990 que, en el caso de España, reflejan un cada vez mayor deterioro de los bosques por este proceso de defoliación.

El seguimiento de las redes del ICP-Forest destaca por su amplitud en el territorio y continuidad en el tiempo, pero acerca solo una parte de la realidad, pues no monitorea el conjunto de los bosques sino una selección. En concreto, en España, 620 parcelas repartidas por todo el territorio que comprenden unos 14.880 árboles, una cantidad pequeña en comparación con los 7.000 millones de ejemplares estimados para todo el país hace unos años. Sobre todo, para rastrear los muertos.

Los incendios forestales tienen una alta repercusión social, el decaimiento de los bosques no tiene el mismo impacto, es mucho más silencioso, pero está ahí, es algo que está debilitando los bosques y que puede provocar cambios en el paisaje, como la transición de especies, por ejemplo”, comenta Mireia Banqué, también investigadora del CREAF y coordinadora de Deboscat, una red de seguimiento de los bosques en Cataluña. Aunque todavía no han hecho públicos sus datos de 2024, esta ambientóloga incide en la mejoría del estado de las masas forestales en esta comunidad desde las lluvias otoñales del año pasado. Muchos ejemplares de especies de frondosas o planifolias (con hojas planas, como las encinas) que parecían moribundos, y que habían teñido de marrón laderas enteras, han vuelto a brotar. Sin embargo, no ha ocurrido lo mismo con las coníferas (con hojas en forma de aguja, como los pinos). “Cuando las coníferas sufren este proceso de decoloración y defoliación, no pueden sacar nuevos brotes. Si un pino tiene la copa marrón, está sentenciado”, detalla.

Acaben muriendo o no los árboles que han perdido su color verde, para Banqué lo significativo es el decaimiento general. A una escala más pequeña, la red Deboscat sí monitorea todos los bosques de Cataluña. No obstante, con apenas 13 años de existencia, no cubre un periodo de tiempo suficientemente grande para detectar tendencias. Aun así, la investigadora tiene claro que algo está cambiando. “Sin tener datos empíricos, la gente que vive en el territorio sí percibe que los pinos tienen copas menos frondosas”, destaca. “Si te fijas un poco o si vives cerca del entorno más rural, es fácil darse cuenta que hay muchos más árboles muertos que hace 10 años”.

Paloma Ruiz es profesora del departamento de Ciencias de la Vida en la Universidad de Alcalá y una de las coordinadoras de la Red Española de Seguimiento del Decaimiento Forestal. Esta iniciativa, creada hace solo un año, a través de la Asociación Española de Ecología Terrestre, no toma mediciones sino que busca poner en común el trabajo de los especialistas que trabajan en este campo. Esta ambientóloga incide también en la dificultad para evaluar la degradación de los bosques y relacionarlo con factores climáticos como la sequía o las altas temperaturas. Sin embargo, ella misma ha publicado junto a otros investigadores distintos trabajos que apuntan en este sentido. A partir del Inventario Forestal Nacional, que da una detallada radiografía de los bosques cada 10 años, han mostrado cómo están cambiando los patrones de mortalidad y daños en las florestas mediterráneas y cómo en esto está resultando determinante la cada vez mayor intensidad de las sequías. En un último trabajo publicado de forma reciente también ponen de manifiesto una marcada disminución de la productividad forestal debido al cambio climático y cómo los eventos extremos climáticos inciden de forma diferente entre regiones, afectando a múltiples funciones ecosistémicas. “Es muy importante que haya redes de investigación en aquellos sitios en los que se están produciendo eventos de decaimiento, en los que un alto porcentaje de árboles muere o decae, para entender qué está pasando”, subraya Ruiz.

Si bien la muerte de una porción de los árboles forma parte del proceso de reajuste natural de los bosques al calentamiento del planeta, para el biólogo Josep Maria Espelta “lo ideal sería poder acompañar a las masas forestales en esta adaptación, para que sea lo menos traumática posible tanto para el monte como para nosotros”. Una forma de hacerlo es aumentando la gestión forestal en algunas zonas, para disminuir la densidad de árboles (reduciendo la competencia entre ellos) y dotar a los bosques de una mejor estructura. No obstante, para este investigador, esto no basta y resulta también necesario sustituir árboles: “En la península Ibérica tenemos muchas especies que se encuentran en el límite sudoccidental de su área de distribución, como el haya, el pino albar, el pino silvestre, el abeto. Con el cambio climático, hay muchas poblaciones de árboles que probablemente ya están fuera de lo que serían sus condiciones climáticas adecuadas”.

Lo hemos leído aquí 

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11 diciembre 2025

ECOECOBLOG MPC (nov.2020)
Shinrin yoku, la práctica japonesa de darse un baño en el bosque

El shinrin-yoku (baño de bosque en japonés) es una práctica que consiste en pasear por el bosque de una forma meditativa y pausada. El concepto está inspirado en el sintoísmo y en el budismo, que veneran los espíritus de la naturaleza y por lo tanto consideran los bosques como el reino de lo divino. En los tiempos que corren, parece que esa necesidad de conectar con la naturaleza se agudiza.

     El shinrin-yoku, además, desde la década de los 80 forma parte de un programa de salud nacional que consiste en conectar con la naturaleza. Se calcula que al menos dos millones y medio de japoneses participan cada año este programa, en el que los guías o terapeutas forestales. A través de estos guías quien participa aprende a dedicar tiempo a experimentar sensaciones, a respirar profundamente, a percibir aromas, a sentir el contacto del aire, a descubrir texturas…
     El lugar donde más estudios se han realizado para analizar los beneficios de esta práctica en la salud es Japón (Yoshifumi Miyazaki es uno de los investigadores más conocidos). Pero no el único. La Universidad de Michigan ha hecho varios descubrimientos, como la Universidad de Stanford o la de Bristol. Tal y como ya comentábamos en nuestro post “Dese un baño en el bosque”, la bibliografía que existe a nivel internacional es amplia y entre las conclusiones que se extrae de ella destaca que:

  • Frente a paseos que podemos dar en la ciudad, esta clase de paseos forestales permiten que los niveles de la hormona del estrés cortisol bajen en un 12,4%.
  • La presión arterial también puede llegar a bajar un 1,4%.
  • En algunos de los estudios realizados (Salud y Estudios de Campo de Chiba University), la incidencia de infartos se redujo en un 5,8%.
  • El contacto con la naturaleza aumenta la actividad en áreas del cerebro vinculadas con la empatía y las emociones.
  • Los baños forestales aumentan el nivel de las llamadas células NK, sigla de natural killers o asesinas naturales, un tipo de glóbulo blanco que permite combatir enfermedades.
  • Estas caminatas pueden tener un efecto reparador en nuestra habilidad para concentrarnos y recordar cosas.
  • Se reduce la ansiedad y la depresión.
     Pero ¿cómo es esto posible? Según estudios científicos los responsables de gran parte de estos beneficios son los aceites naturales llamados fitoncidas; unos aceites que los árboles utilizan para combatir los hongos, bacterias e insectos. La concentración de esta sustancia aumenta en el aire a medida que suben las temperaturas, y desprende unos compuestos orgánicos aromáticos y volátiles, conocidos como terpenos que el ser humano percibe por el olfato.
     Aunque la mejor forma de experimentar lo descrito es acudir a un espacio forestal natural, no hay que olvidar que el contacto con la naturaleza, y los beneficios que de ello se desprende, también puede darse desde el propio centro urbano.
      Por ejemplo, un estudio del investigador Roger Ulrich concluyó que las vistas a un espacio natural desde una ventana pueden ayudar al paciente a recuperarse más rápidamente.
      Dar paseos cortos por el parque durante la hora de comer puede ayudarnos a desconectar del estrés laboral, mientras nos invita a disfrutar de un momento sin prisa. Visitar un jardín botánico con todos los sentidos abiertos puede ser también una buena opción para sentir el pulso de la naturaleza. Por último, participar en un huerto urbano nos permitirá interactuar con una tierra y con unas plantas que tienen mucho que enseñarnos.
     Y dentro del hogar no hay duda que cuidar plantas o incluso crear un jardín vertical pueden contribuir a que alcancemos ese bienestar que buscamos.

Lo hemos leído aquí 

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08 diciembre 2025

De la quina al gin-tonic

El MUNDO DE LA QUININA

Segundo escudo del Perú de 1825

Primer escudo peruano de 1821

Cinchona officinalis


La primera versión del escudo nacional del Perú fue diseñada por el general José de San Martín y aprobada mediante decreto en Pisco el 21 de octubre de 1821. Vemos lo importante que fue el mundo de la quina cuando el 25 de febrero de 1825, Simón Bolívar y el Congreso Constituyente promulgaron una ley que definía nuevos símbolos patrios, estableciéndose un nuevo escudo nacional, similar al que se emplea actualmente, donde figura el árbol patrio de la quina (el mundo vegetal), junto a una vicuña (el mundo animal) y una cornucopia que derrama oro (el mundo mineral). 
     La corteza de quina, también llamada corteza jesuita o corteza peruana, es el nombre histórico del remedio específico para evitar todas las formas de la malaria. Se dio este nombre porque se obtuvo de la corteza de varias especies del género Cinchona, de la familia Rubiaceae, originaria de las regiones orientales de los Andes del Perú, descritas e introducidas por primera vez por sacerdotes Jesuitas haciendo trabajo misional en Perú. Otros términos que refieren a la preparación y su fuente son, "árbol Jesuita", "polvo Jesuita" y "Pulvis Patrum". Es patrimonio natural y símbolo patrio del Perú.
     Los incas conocían las propiedades medicinales de las plantas que crecían en los Andes y en la selva amazónica, entre ellas el árbol que producía la amarga corteza que utilizaban como antipirético (reduce la fiebre), analgésico (alivia el dolor), lupus (enfermedad autoinmunitaria), y para tratar trastornos como calambres musculares y artritis reumatoide. La palabra quechua kina significa corteza, pero esta corteza se conocía asimismo con el nombre de kina-kina, "corteza de cortezas", dando así origen al nombre quinina. Cuando los europeos portaron la malaria a América, los pobladores se dieron cuenta de que una de sus medicinas tradicionales, la quina o corteza del quino, ofrecía alivio a los síntomas de esta enfermedad, de ahí que la quinina se utilizara como antipalúdico, para tratar la malaria. Algunos consideran a la corteza de cheta como nombre originario de la quina, “la más importante planta medicinal de ultramar”.
     El nombre chinchona, así como el nombre científico del género Cinchona, procede de la condesa de Chinchón (esposa de un virrey en Perú, Luis Fernández de Cabrera), quien en 1632 se recuperó de una malaria gracias a esta corteza, lo cual, según la tradición, daría a conocer la quinina en Europa. Debemos apuntar que en España se erradicó la malaria tan solo en el año 1964.
     La forma de la quinina más eficaz en el tratamiento de la malaria fue encontrada por Charles Marie de La Condamine en 1737. La quinina se aisló y fue nombrada en 1820 por los investigadores franceses Pierre Joseph Pelletier y Joseph Bienaimé Caventou.
     Antes de 1820, la corteza se secaba primero, se molía en un polvo fino y después se mezclaba en un líquido (comúnmente vino) que era entonces bebido.
     Alrededor de 1870, la empresa de Jacob Schweppe lanzó la primera tónica comercial, agua carbonatada con quinina, consolidando la bebida. En la India colonial británica los soldados mezclaban ginebra, un alcohol relativamente barato, con agua tónica que contenía quinina para hacer el medicamento más apetecible. La adición de limón o lima por sus propiedades antiescorbúticas, añadió un toque cítrico que perdura hasta hoy. La comercialización de agua tónica por parte de empresas como Schweppes, consolidaron la bebida como el popular cóctel que conocemos.
     La tónica, aparte de aportar energía por su contenido en quinina, tiene ciertas propiedades: induce la secreción refleja de las glándulas salivares y gástricas, a la que sigue una vascularización de la mucosa gástrica y cierto grado de actividad de la pared muscular del estómago; de esta forma se refuerza el apetito y la digestión resulta más "rápida y completa", confiriendo a la tónica sus propiedades digestivas.
     El gin tonic se popularizó en la élite británica y se extendió por todo el mundo. Con el tiempo, la cantidad de quinina en la tónica disminuyó, transformando el gin tonic, de una medicina, a un cóctel popular, disfrutado por su sabor refrescante.
     El quino siguió siendo la única fuente útil de quinina hasta la segunda guerra mundial cuando se intensificaron los esfuerzos para lograr su síntesis. Los químicos americanos R.B. Woodward y W.E. Doergin lograron sintetizarla en 1944. Desde entonces, se han conseguido otras síntesis totales más eficaces, pero ninguna de ellas puede competir a nivel económico con las técnicas de aislamiento y purificación del alcaloide a partir de fuentes naturales, lo que ha llevado a la planta a estar en peligro de extinción. Hoy en día, la Cinchona officinalis está amenazada no sólo por la sobreexplotación histórica sino también por los métodos de extracción de corteza que a menudo matan a los árboles.

Información:
https://es.wikipedia.org/wiki/Escudo_del_Per%C3%BA
https://es.wikipedia.org/wiki/Corteza_de_quina
https://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_la_malaria
https://es.wikipedia.org/wiki/T%C3%B3nica_(bebida)
https://es.wikipedia.org/wiki/Quinina#:~:text=La%20quinina%20o%20chinchona%2C%20C,por%20esta%20sustancia%20produce%20cinconismo.&text=(25%20%E2%84%83%20y%201%20atm,la%20adulteraci%C3%B3n%20de%20la%20hero%C3%ADna.

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18 octubre 2025

¡Cuidado al plantarlo! es un árbol de vivero

PINOS Y REVIRAMIENTOS: El peligro oculto


 
En los años 70-80 se plantaron muchos pinos, en su mayor parte piñoneros, en muchas ciudades y pueblos de nuestra geografía. La mayoría procedían de viveros en los que se cultivaba en bolsa de plástico. Este tipo de contenedor, sin costillas, ni ángulos, genera un sistema radicular deformado por el crecimiento circular de las raíces que se mantiene a lo largo de los años (Referencias: Domínguez Lerena, S. 2016. Deformaciones producidas por el cultivo en envase de plantas de Pinus halepensis y Pinus pinea después de cinco años en campo. Revista FORESTA Nº65) 

 Pino criado en bolsa de plástico durante el periodo de vivero.

     En algunos casos, años después, estas deformaciones pueden llegar a producir la falta de anclaje adecuado a la planta y generar puntos de rotura en el propio cepellón, produciendo la caída súbita de grandes pinos, generalmente aislados y con una gran copa.
     El problema es que este importante defecto no da síntomas claros en el exterior y para poder detectarlo es preciso utilizar técnicas de análisis del sistema radicular concretas y costosas.
     Para poder llevar a cabo el análisis de raíces se lleva a cabo un estudio visual, con desenterramiento de parte de la zona del cuello de la raíz bien manualmente, bien mediante sistema de aire comprimido (Air-Spade), también se puede estudiar el desarrollo del sistema radicular superficial mediante un tomógrafo sónico añadiendo una lanza para la medición de raíces. 

Pino con reviramiento del sistema radicular que permanece años después. Foto: M. Serrada

     Es muy importante, tanto el estudio de vientos dominantes y la frecuencia histórica de los mismos, como los vientos y su incidencia a nivel local, teniendo en cuenta la altura de los edificios o zonas de protección en cada uno de los puntos críticos del árbol. Así mismo, hay que considerar si el árbol se encuentra aislado o agrupados en bosquete y se protegen unos a otros formando todas sus copas una estructura conjunta frente al viento. Si el árbol se encuentra protegido frente al viento, el efecto vela desaparece y la probabilidad de caída es mínima. 

Gráfico 1. Ejemplo de tabla con rachas máximas diarias y velocidad media del viento en los últimos 11 años de la zona de estudio.

Gráfico2. Ejemplo de rosa de los vientos de la zona de estudio

Representación de vientos dominantes en la zona objeto de estudio. En rojo la ubicación del árbol; en naranja vientos dominantes con protección poco efectiva.

     Los gráficos sacados del sensor de raíces pueden corroborar algunos datos recogidos con el examen visual o desenterramiento de raíces, como las señales débiles que se muestran en cada una de las raíces testadas, con escasas conexiones con los demás sensores, o bien las zonas con peor estado de la madera (color rojo) de las raíces de las zonas en donde se han detectado grietas.

Ejemplo de observación visual de grietas alrededor de la base del árbol.

Gráfico 3.- Posición de los puntos en donde se ha tomado muestras con el sensor de raíces superficiales y estado y localización de raíces.

     En el caso de que se detecten raíces reviradas alrededor del tronco del árbol, bien mediante excavación manual, bien mediante aire a presión se puede valorar el corte de aquellas que rodeen al tronco más allá de los 180º ya que estás son las que pueden considerarse más peligrosas para la estabilidad presente o futura del árbol.

Exploración del sistema radicular con aire a presión

     Nuestra experiencia nos obliga a recomendar la evaluación de los pinos que se tienen en parques, jardines, colegios y zonas de paso, sobre todo en aquellas que exista afluencia de personas o elementos valiosos que se desea preservar para evitar males mayores a futuro.

Raíz revirada en la base del tronco que ha ocasionado una deformación del tronco en el cuello de la raíz del árbol.

Caída de pino en jardín por rotura de raíz principal a causa de deformaciones producidas en el cultivo de vivero.

Lo hemos leído aquí

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09 agosto 2025

Dr. PATRICK FONTI, Universidad de Amberes | Noticias WSL, Enero-2025
Las raíces siguen creciendo en invierno y es sorprendente 

Cuando bajan las temperaturas, los troncos y las raíces de los árboles dejan de crecer. Eso es lo que pensábamos, pero una investigación realizada por científicos de la Universidad de Amberes, con la participación del Instituto Federal de Investigación Forestal, de la Nieve y del Paisaje WSL, muestra que en los bosques subterráneos hay actividad invernal. 

El mundo subterráneo de los árboles permanece en gran medida inexplorado, ya que es invisible y de difícil acceso sin dañar el árbol. Sin embargo, las raíces son esenciales para la nutrición, la absorción de agua, el anclaje del árbol y el almacenamiento de compuestos de reserva. Las raíces suelen ser tan extensas como las ramas y las hojas. Las de diámetro superior a dos milímetros están fabricados de madera, viven mucho tiempo y almacenan hasta un tercio de la biomasa del árbol. A pesar de su importancia, la comprensión del crecimiento de estas raíces leñosas ha sido limitada y se ha basado en gran medida en suposiciones... hasta ahora.
     La literatura generalmente supone que el crecimiento de las raíces leñosas de árboles de hoja caduca en climas templados sigue el mismo ciclo estacional que el del tronco. Es ampliamente aceptado que ambos se detienen en el otoño debido al clima frío, para reanudarse en la primavera. Sin embargo, esta hipótesis aún no ha sido probada rigurosamente. Un nuevo estudio, realizado por científicos de la Universidad de Amberes con socios europeos, cuestiona esta hipótesis ampliamente aceptada. Muestra que las raíces leñosas continúan creciendo durante los meses más fríos, incluso cuando los troncos dejan de desarrollarse.
     Lorène Marchand (Universidad de Amberes), autora principal del artículo publicado en Nature Ecology and Evolution, dice: "Probamos esta idea porque todos los modelos forestales se basan en esta suposición, que puede ser una fuente de incertidumbre y errores. Nos centramos en las principales especies de árboles que se encuentran en los bosques templados de Europa occidental".

Experimento con árboles forestales y árboles jóvenes en macetas.
     Durante dos años, los científicos tomaron micronúcleos de raíces y troncos cada semana, de agosto a marzo, de hayas y abedules adultos en los bosques alrededor de Brasschaat, en el norte de Bélgica. También llevaron a cabo un experimento con hayas, abedules, robles y álamos jóvenes de aproximadamente un metro de altura, cultivados en macetas en Brasschaat, cerca de Barcelona (España) y cerca de Oslo (Noruega), para evaluar si los resultados eran consistentes entre el centro y la periferia de la zona templada europea. En total se estudiaron 330 árboles y se tomaron más de 1.000 muestras de raíces.

Una sección de raíz observada al microscopio (izquierda), una sección de raíz extraída del bosque (centro) y un hayedo estudiado en Bélgica (derecha). B Vista esquemática del crecimiento de la madera en las raíces y el tronco de hayas en septiembre, noviembre y marzo; los colores amarillo y naranja indican células en crecimiento; Adaptado del artículo (Marchand et al. 2025)

     Lorène Marchand: "Lo que encontramos es sorprendente. Mientras que la madera del tronco deja de crecer en otoño a medida que caen las hojas, la madera de la raíz continúa creciendo lentamente durante todo el invierno e incluso hasta la primavera, cuando aparecen nuevas hojas. Este crecimiento de las raíces en invierno contradice la sabiduría convencional de que el crecimiento de las raíces corresponde al crecimiento del tronco. En realidad, el crecimiento de las raíces continúa incluso cuando las temperaturas del suelo están cercanas al punto de congelación, como se observa en Noruega. El patrón de crecimiento de las raíces no depende de la ubicación, siendo nuestras observaciones similares en árboles jóvenes muestreados en España, Bélgica y Noruega, a pesar de variar ampliamente. Nuestros resultados sugieren que, en ausencia de heladas en el suelo, el crecimiento de raíces leñosas en otoño e invierno es una característica común de los árboles de zonas templadas en Europa occidental. 

Implicaciones para los modelos forestales
     Este descubrimiento reconfigura nuestra comprensión del crecimiento de los árboles y su gestión de las reservas de carbono. Demuestra que los tejidos leñosos crecen continuamente, incluso en climas templados, y destaca el papel activo de los bosques en invierno, especialmente bajo tierra. Matteo Campioli, coautor principal, afirma: "Nuestros resultados ofrecen implicaciones importantes para los modelos forestales, que se basaban en suposiciones obsoletas sobre el crecimiento de las raíces, lo que podría conducir a errores en las predicciones del almacenamiento de carbono forestal y la dinámica de crecimiento". 

Información:
Marchand, L.J., Gričar, J., Zuccarini, P. et al. No winter halt in below-ground wood growth of four angiosperm deciduous tree species. Nat Ecol Evol (2025). doi.org/10.1038/s41559-024-02602-6
https://www.wsl.ch/fr/news/les-racines-continuent-de-pousser-en-hiver-et-cest-surprenant/

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26 mayo 2025

MARÍA ANDRADE, LIFE Wood for Future, Abril 2025
Las choperas depuran las aguas contaminadas por fertilizantes agrícolas en la Vega-Granada
La investigación del IFAPA prueba la capacidad de este cultivo de aprovechar los nitratos en su crecimiento y evitar que contaminen las aguas subterráneas.
Wood for Future, estudio hecho en la finca del IFAPA

Una investigación realizada en el marco del proyecto europeo LIFE Wood for Future/Madera para el Futuro, liderado por la Universidad de Granada (UGR), ha puesto de manifiesto la capacidad de las choperas de depurar las aguas con nitratos procedentes de fertilizantes agrícolas y evitar que esas sustancias se filtren a las aguas subterráneas.
     El estudio llevado a cabo por el Instituto de Investigación y Formación Agraria y Pesquera (IFAPA) de la Junta de Andalucía demuestra que este cultivo tradicional de la Vega de Granada aprovecha esos nutrientes en su crecimiento e impide que contaminen el acuífero de Granada, la masa de agua subterránea más importante de la provincia, que abarca 39 municipios, incluida la capital, y sobrepasa ampliamente los límites máximos de concentración de nitratos legalmente establecidos, de 37,5 mg/l en aguas subterráneas.
     En el ensayo realizado en la finca del IFAPA en el Camino de Purchil entre los años 2020 y 2022 se recogieron muestras de suelo a diferentes profundidades en tres ensayos de choperas con diferentes regímenes de riego entre abril y septiembre: sin limitaciones hídricas (riego por inundación cada dos semanas); con limitaciones hídricas moderadas (cada tres semanas); y con limitaciones hídricas severas (cada cuatro semanas), así como en zonas colindantes.

      “Los análisis revelaron que la cantidad de nitratos presentes en el suelo es mucho mayor en las parcelas sin cultivo y sin riego, y cómo su presencia disminuye en las parcelas con plantaciones de chopo, especialmente aquellas con riegos más frecuentes, ya que para que las plantas puedan absorberlos, los nitratos deben estar disueltos en agua”, explica la técnico especialista del IFAPA María Ángeles Ripoll. Así, la presencia de nitratos es mayor en las capas más profundas y aumenta notoriamente cuando la plantación se expone a limitaciones hídricas severas en todas las profundidades.
     Además, en las zonas colindantes a cada uno de las choperas a las que no llega el agua de los riegos la concentración de nitratos aumenta considerablemente respecto a las zonas a las que sí llega el agua pero no hay chopos, “donde al no haber vegetación los nitratos son lixiviados hacía horizontes más profundos, pudiendo alcanzar el nivel freático y contaminar las aguas subterráneas”.

     Esta investigación confirma estudios anteriores que demostraban que las choperas filtran las aguas residuales urbanas empleadas para su riego, ha recordado el coordinador del proyecto LIFE Wood for Future, Antolino Gallego. “El resultado de esta investigación, acompañado por el uso de las aguas regeneradas impulsado por la Junta de Andalucía, juega muy a favor de la sostenibilidad del sector del chopo, la salud pública y la biodiversidad de nuestras riberas de ríos y arroyos, pues garantiza la recarga de los acuíferos y manantiales con aguas limpias”, ha subrayado el catedrático de la Universidad de Granada. “Falta también que la Junta entienda este gran servicio que ofrecen gratis las choperas a todos los ciudadanos y se lo compense a los agricultores con la inclusión de este cultivo en los esquemas de ayudas agrarias”, ha concluido Gallego.

Otros beneficios del chopo

     Debido a su rápido crecimiento -pueden alcanzar unos 20 metros de altura en diez años-, el chopo tiene una gran capacidad de secuestrar CO2 de la atmósfera, hasta 20 toneladas al año, es decir, 30 veces más que los cultivos herbáceos por los que ha sido sustituido en la Vega de Granada. Además, las choperas tienen un papel protector frente a los gases y partículas contaminantes, procedentes fundamentalmente del tráfico rodado y las calderas de calefacción, y son capaces de amortiguar los efectos negativos de las intrusiones de polvo sahariano. También actúan como vaporizadores naturales, ya que aumentan la humedad del aire y disminuyen la temperatura entre 3 y 6 grados en verano. Por último, estos cultivos contribuyen a evitar la erosión del suelo y atraen una gran biodiversidad.

     LIFE Wood for Future/Madera para el Futuro, que ha obtenido financiación del Programa LIFE de la Unión Europea [LIFE 20 CCA/ES/001656] para el medio ambiente y la acción por el clima, está integrado por la Universidad de Granada, la Diputación Provincial, la Confederación de Organizaciones de Selvicultores de España, la Universidad de Santiago de Compostela y la spin-off 3edata.
     El proyecto, además de fomentar la recuperación de las alamedas de Granada con la constitución de la agrupación Marjal, que reúne a un centenar de productores, impulsa la creación de una industria maderera transformadora y la investigación de nuevos materiales para la construcción sostenible industrializada a través de la spin-off IberoLam Timber&Technology

Fotos: LIFE Wood for Future
https://www.elindependientedegranada.es/tags/economia/life-wood-for-future
https://www.elindependientedegranada.es/economia/estudio-demuestra-que-choperas-depuran-aguas-contaminadas-fertilizantes-agricolas-vega
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29 abril 2025

¿Un árbol inmune a los rayos?

Estudios de Ecosistemas, marzo 2025
New Phytologist, Science y Live Science
Los rayos no afectan a todos los árboles por igual
Un árbol de Dipteryx oleifera, justo tras recibir un rayo en 2019 (izq.) y dos años después (der.). Sobrevivió con daños mínimos y se liberó de lianas parásitas y vecinos que competían con él. Imagen: Evan Gora/Cary Institute of Ecosystem Studies
Cuando contemplamos los rayos, compartimos una percepción universal: esas descargas de millones de voltios que descienden desde el cielo representan el poder indomable y la furia de la naturaleza. Y no solo constituyen una amenaza para los humanos; en los bosques, los rayos actúan como agentes de destrucción, fulminando árboles centenarios y alterando el delicado equilibrio de los ecosistemas.
      Sin embargo, en un sorprendente giro evolutivo, una singular especie arbórea de los trópicos ha logrado desafiar esta concepción, no solo sobreviviendo a estos impactos eléctricos, sino aparentemente beneficiándose de ellos.

El Choibá: el árbol resistente a los rayos

     El protagonista de este fenómeno es el Choibá (Dipteryx oleifera), también conocido como almendro o haba tonka. Este majestuoso árbol de las selvas panameñas que también prospera en el bosque húmedo tropical desde Nicaragua hasta el norte de Colombia por debajo de los 1000 m de altitud, parece haber desarrollado, a través de la evolución, mecanismos para que los rayos no le perjudiquen.
     Lo más asombroso es que este imponente coloso, que puede alcanzar los 40 metros de altura, no solo resiste los impactos eléctricos con mínimos daños en su estructura, sino que ha convertido esta amenaza en una estrategia ecológica, ya que la energía de los rayos elimina a sus competidores y a organismos parásitos que amenazarían su supervivencia, como las lianas.
También conocido como eboe, choibá, haba tonka... , es originario de Honduras, Nicaragua,
 Costa Rica, Panamá, Colombia y Ecuador.  Evan Gora/Cary Institute of Ecosystem Studies

Investigación y descubrimiento

     "Ver que hay árboles que han sido alcanzados por un rayo y están bien fue alucinante", explica Evan Gora, ecólogo forestal del Instituto Cary de Estudios de Ecosistemas y autor principal del estudio publicado en la revista New Phytologist.
     Lo que comenzó como una observación casual hace una década, según explican los investigadores, se ha convertido en un descubrimiento revolucionario sobre la adaptación de las especies.
     Los investigadores estudiaron 93 árboles alcanzados por rayos en el Monumento Natural de Barro Colorado, en Panamá, utilizando un sofisticado sistema de detección. Los resultados fueron contundentes: mientras que el 64 % de los árboles de otras especies murieron en los dos años posteriores al impacto, los nueve ejemplares de Dipteryx oleifera monitoreados sobrevivieron con daños mínimos.
     Pero la verdadera sorpresa fue descubrir cómo estos árboles transforman el peligro en beneficio. Cada vez que un Choibá es alcanzado por un rayo, éste elimina en promedio 9,2 árboles competidores cercanos y reduce en un 78 % las lianas o enredaderas parásitas que infestan su copa. Esta "limpieza eléctrica" les proporciona más acceso a la luz y los nutrientes.
     La ventaja es tan significativa que, según los cálculos de los científicos, ser alcanzado por un rayo multiplica por 14 la capacidad de estos árboles para producir descendencia. De hecho, el equipo descubrió que los árboles que viven cerca de un Choibá tienen un 48 % más de probabilidades de morir que otros árboles del bosque, presumiblemente debido a los rayos.

Adaptación y supervivencia: la estrategia del pararrayos natural

     Lo más fascinante es que estos árboles parecen estar especialmente adaptados para atraer los rayos. Su altura superior (unos cuatro metros más altos que sus vecinos) y sus copas inusualmente anchas los hacen hasta un 68 % más propensos a ser alcanzados por rayos que otros árboles similares. Considerando que pueden vivir durante siglos o incluso más de mil años, y que son alcanzados en promedio cada 56 años, un solo árbol puede beneficiarse de múltiples impactos durante su vida.

¿Cómo logran estos árboles sobrevivir a semejantes descargas eléctricas? 

     Gora especula que la clave podría estar en su estructura física. Según reportó Live Science, estudios previos sugieren que el árbol tiene una alta conductividad interna, lo que permite que la corriente del rayo fluya sin acumular calor perjudicial, como un cable bien aislado. Parte de esta escasa resistencia eléctrica también podría deberse a la humedad de su madera.
     Este hallazgo pone de relieve el papel poco apreciado que tienen los rayos en la dinámica de los bosques tropicales. A medida que el cambio climático altere los patrones de tormentas, la influencia de estos fenómenos podría crecer, favoreciendo a especies como Dipteryx oleifera. Para los científicos, entender la interacción entre rayos y árboles no solo ayuda a descifrar la estructura y diversidad de las selvas, sino que también orienta estrategias de conservación y reforestación, pues especies "pararrayos" como el almendro tienen un impacto notable en la composición y el equilibrio de estos ecosistemas.
     El equipo de investigación ahora planea expandir su estudio a otros bosques de África y el sudeste asiático para determinar si existen más especies con esta sorprendente adaptación.
     De momento, lo que está claro es que este estudio puede transformar nuestra comprensión del rayo, pasando de verlo como una simple fuerza destructiva a reconocerlo como un factor ecológico que ha moldeado la evolución de al menos una especie arbórea durante miles de años.
     Como señaló a Science Tommaso Jucker, ecólogo forestal de la Universidad de Bristol que no participó en la investigación, este es "un trabajo realmente creativo que cambia nuestra perspectiva sobre los rayos como agentes perturbadores".

Editado por Felipe Espinosa Wang con información del Instituto Cary de Estudios de Ecosistemas, New Phytologist, Science y Live Science.
  
El técnico César Gutiérrez escala una torre de detección de rayos en una selva tropical de Panamá. 
Tras localizar el impacto, el equipo lo monitorea con drones y trabajo de campo.  
 Evan Gora/Cary Institute of Ecosystem Studies


Información:
https://www.dw.com/es/cient%C3%ADficos-descubren-%C3%A1rbol-paname%C3%B1o-que-electrocuta-a-sus-vecinos-para-sobrevivir/a-72187580
https://www.msn.com/es-es/noticias/tecnologia/cient%C3%ADficos-descubren-%C3%A1rbol-paname%C3%B1o-que-electrocuta-a-sus-vecinos-para-sobrevivir/ar-AA1CC9eK
https://www.dw.com/es/cient%C3%ADficos-descubren-%C3%A1rbol-paname%C3%B1o-que-electrocuta-a-sus-vecinos-para-sobrevivir/a-72187580
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08 octubre 2024

Los árboles muertos, nueva vida...

LEAH WORTHINGTON, en National Geographic (mayo 2024)
Árboles muertos

Fotografía de Cody Cobb
No los tales: dejar que los árboles muertos se pudran puede ayudar a crear nueva vida. Desde microbios hasta bichos de cuatro patas, los árboles muertos desempeñan un papel esencial en el ecosistema de un bosque. Los expertos dicen que es raro que sea necesaria la eliminación.  
     A primera vista, un árbol muerto puede parecer poco más que un tronco estéril y desmoronado. Pero mira más de cerca. Debajo de la corteza astillada, la madera rebosa vida. Desde escarabajos excavadores hasta hongos que pudren la madera y murciélagos que se posan, se ha asentado toda una comunidad de bichos, cuya supervivencia a menudo depende de la desaparición del árbol. Los árboles muertos se están convirtiendo en un punto central de la gestión forestal. Las últimas décadas han aportado una mayor comprensión de la función vital que cumplen los árboles muertos para sustentar la biodiversidad y la regeneración de los bosques y, con ello, un creciente movimiento para preservarlos. 
      “Déjenlos ahí”, dice David Lindenmayer, ecólogo forestal y profesor de ecología y biología de la conservación en la Universidad Nacional de Australia. "Los grandes árboles muertos desempeñan un papel muy, muy importante a la hora de almacenar carbono, proporcionar hábitat y reciclar nutrientes".
Pájaro carpintero
     A pesar de sus numerosos beneficios, los árboles muertos pueden suponer un riesgo para la seguridad en algunas circunstancias. Los expertos explican su función ecológica y cómo tomar la decisión de permitir que se descompongan de forma natural.
     
La otra vida de un árbol muerto  
     La muerte de un árbol no es el final. En cambio, comienza una rápida transformación que trae nueva vitalidad a las ramas sin vida. Tras su muerte, las tuberías herméticamente selladas del árbol, utilizadas anteriormente para canalizar nutrientes y agua, se vuelven vacías y permeables, según Matteo Garbelotto, profesor de patología forestal en la Universidad de California, Berkeley. Estos esqueletos ahuecados, todavía en pie, también se conocen como troncos o árboles silvestres. Debido a su verticalidad, los troncos pueden albergar una gran diversidad de especies que varía de arriba a abajo. 
Un hongo, iluminado por luz ultravioleta, crece del tronco de un pino muerto en la cordillera Cascade de Washington.
     Los árboles caídos, a menudo llamados troncos, también son hábitats valiosos, aunque para un grupo diferente de especies de menor escala, dice Garbelotto. Ambos son como imanes para todo tipo de vida, empezando por los hongos.
     "Los basidiomicetos que pudren la madera son inusuales porque pueden descomponer un compuesto importante de la madera llamado lignina", dice Gregory Gilbert, profesor de estudios ambientales en la Universidad de California, Santa Cruz. "Una vez que se descompone, la celulosa, más fácil de comer, queda disponible para otros hongos, insectos y bacterias".
     Los hongos hacen gran parte del trabajo duro de acelerar el proceso de descomposición, suavizando el tronco duro hasta convertirlo en algo poroso y penetrable. Esto permite que una gran cantidad de colonizadores busquen refugio y sustento seguros: los escarabajos excavan para poner huevos, los anfibios y roedores anidan bajo la corteza desprendida y las aves insectívoras construyen nidos dentro del propio tronco. El conjunto de vida silvestre cambia a lo largo de la descomposición del árbol, y cada nueva especie contribuye y se beneficia de su desmoronamiento. Los troncos generalmente aumentan las oportunidades para los insectos, anfibios y reptiles y son "complementarios" de los troncos, dice Gilbert. Mientras que algunos organismos como los escarabajos de la corteza y los pájaros carpinteros prefieren fuertemente la madera muerta o podrida para anidar, otros, incluidos los hongos que pudren la madera, solo pueden sobrevivir en la madera muerta.
     En Estados Unidos, más de 1200 especies de vida silvestre dependen de árboles muertos o moribundos para refugiarse y alimentarse. La supervivencia de estos llamados “organismos saproxílicos”, que viven en la madera en descomposición, se ve amenazada por la tala excesiva de troncos y troncos, dice Lindenmayer. "En el hemisferio norte, en lugares como Suecia, Noruega, Finlandia... hay un gran número de especies incluidas en la Lista Roja que están asociadas con la madera muerta", añade. Los escarabajos violetas y el musgo nudoso, por ejemplo, están considerados en peligro de extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
     Y no son sólo los animales los que dependen de los árboles en descomposición. Proporcionan protección natural y sustento para que las plántulas jóvenes broten de forma segura, según Lindenmayer. A medida que los árboles se descomponen, las reservas de carbono y nitrógeno se reabsorben lentamente en el suelo, un paso crítico en el reciclaje de nutrientes, tanto para los árboles jóvenes como para el ecosistema en general. Desde una perspectiva climática, dejar que los árboles se pudran es fundamental, afirma Lindenmayer. Los árboles grandes, en particular, actúan como importantes sumideros de carbono y permitirles que se descompongan de forma natural prolonga el proceso de secuestro de carbono, reduciendo la cantidad de dióxido de carbono (y, por tanto, de calor) en la atmósfera. ¿Qué hacer con los árboles muertos? Siempre que es posible, los expertos forestales prefieren dejar intactos los árboles muertos. “En las zonas boscosas, normalmente recomendaríamos dejar así los árboles en pie”, dice Kevin Rohling, especialista en gestión forestal y ecología de la Universidad de Illinois.
 
Lo hemos leído aquí
https://www.nationalgeographic.es/medio-ambiente/2024/06/arboles-podridos-muertos-incendios-forestales-excelente-fuente-nueva-vida
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