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4/16/2024

Reconocimiento de JOSÉ TITO ROJO por
Fran Piñeiro, en ABC

El paisajista y teórico recibirá en mayo el galardón, que destaca trayectorias clave en el sector, en su tercera edición.

Andalucía cuenta con una sobresaliente riqueza en el mundo del paisajismo. No sólo por albergar jardines que hunden sus raíces más allá de la memoria, sino también por ser cuna de algunos de los principales teóricos y expertos en la materia. Por ello, cada año la Asociación Multisectorial de la Jardinería Andaluza entrega el Premio Ibn Luyun a la trayectoria de profesionales de la gestión verde. En su III edición, el reconocimiento ha ido a parar al granadino José Tito Rojo, conservador del Jardín Botánico de la UGR hasta su jubilación y miembro de diversos comités científicos versados en la materia.

¿A ‘qué sabe’ este galardón, que recibirá en mayo en el Palacio de Viana?

Me hace muy feliz, sobre todo por quienes lo ha decidido. Lo que agobia un poco es que se premie la trayectoria, porque yo todavía tengo mucho por hacer -bromea-. Creo que la elección se ha basado en la pasión que siento por los jardines y por lo mucho que me he dedicado a ellos -más allá de cualquier cargo se considera jardinero-.

Ha estudiado especialmente el paisajismo en la época de Al-Ándalus y los orígenes del jardín moderno. ¿Cuáles han sido sus últimas aportaciones?

Descubrir es fácil, porque hay mucho por hacer. Somos muy pocos, y estamos muy lejos del nivel de interés y de estudiosos que hay en países cercanos como Portugal, Italia, Francia, Inglaterra… En España tenemos maestros en la materia, eso es verdad, y también que en los últimos 20 años se ha incorporado mucha gente desde disciplinas diferentes como la arquitectura, la agronomía, los estudios literarios. Se han acercado al jardín y han descubierto muchas cosas. Pero la realidad es que queda muchísimo por investigar porque carecemos de una masa crítica importante.

¿Lo valora la sociedad de a pie?

Va todo unido. Es cierto que con la emergencia climática muchas personas se han interesado por ‘lo verde’ y lo ven más necesario. A mí, que he trabajado tanto a nivel teórico como práctico, creando jardines y restaurando otros históricos, me reconforta ver cómo la gente empieza a entender que el jardín no es un adorno, sino algo fundamental para vivir bien.

¿Cree que en las actuales reurbanizaciones prima lo verde?

Cuando yo empecé a estudiar los jardines, lo que se hacía en las ciudades era monstruoso. Se incorporaban prácticas muy poco recomendables de poda, de mantenimiento, de selección de especies… Luego vivimos la moda de la ‘plaza dura’. Pero creo que estamos en el punto de inflexión. Veo por ejemplo como los Ayuntamientos de Granada (pero también de Francia o Italia), se dan cuenta de la necesidad de incorporar el verde. Porque además la gente lo pide. Y eso es clave, porque lo que no se pide, el político no lo hace. El nivel de la gente responsable de los jardines también ha mejorado muchísimo. En su formación, en su conocimiento y en su sensibilidad. Y lo digo con conocimiento de causa, pues tengo muy buenas relaciones con los jardineros de la Alhambra, del Ayuntamiento granadino, con jardineros de particulares… y el compromiso con su trabajo no tiene color.

¿Apostar por los jardines podría revertir la tendencia hacia un clima andaluz cada vez más seco y cálido?

Sí, pero sólo a nivel de micropaisaje. Es decir, en el ámbito más cercano de la gente, en hacer más amable y tolerable la vida en las ciudades. El problema climático no lo solucionan los jardines, seamos modestos, sino las políticas, y sobre todo las grandes políticas de Territorio.

Sufrimos un largo período de sequía con restricciones aparejadas o potenciales. ¿Cómo se pueden potenciar los jardines cuando el agua escasea?

Con buenas prácticas. El jardín necesita agua, pero no nos engañemos, no es el problema. La causa está más en la gestión del suelo y en la sensibilización de la opinión pública. Además, cada vez se opta más por jardines que necesitan menos apoyo hídrico.

De todas formas los veranos siempre han sido ‘complicados’ aquí en el Sur.

Se puede decir que vivimos en un particular ‘cambio climático’ desde hace 5000 años, porque en el Mediterráneo no llueve en verano. Eso es terrible para las plantas porque es la época en la que más crecen y más agua precisan. Pero también tenemos una tradición de gestión del agua que debemos poner en valor, porque no sólo se trata de incorporar nuevas medidas sino también de recuperar antiguos aciertos.

Usted integra un comité científico en Icomos (Unesco). ¿Hay que mirarnos en Europa respecto al paisajismo?

Evidentemente hay que aprender de donde se hacen mejor las cosas, y hay experiencias en Europa que son fabulosas. Por ejemplo en Berlín, con un sistema de parques donde se dejan esas plantas que llegan sin que tú las pongas, a las que hemos denominado ‘malas hierbas’ o ‘invasoras’ y hemos quitado por sistema. Allí se han dado cuenta de que la solución pasa por aprovechar todo lo que llega, y tienen casos fertilísimos. En París también, con los jardines libres y en movimiento, que tienen detrás a paisajistas de primera línea aportando teoría y práctica.

La Alhambra ha vuelto a ser el monumento más visitado de Andalucía. ¿Influye en el reclamo sus jardines?

Sin duda. No se puede entender sin ellos. En Andalucía (Sevilla, Córdoba, Granada…) tenemos algunos de los jardines con más historia del mundo. El del Patio de los Naranjos de la Mezquita es el más antiguo que conocemos sin que haya desaparecido nunca. Ni en Inglaterra ni en Japón existe algo igual. Pasa lo mismo con el del Patio de la Acequia del Generalife, que es el más antiguo de tipo ornamental. Por eso hay que ponerlo en valor, estar a la altura de esa increíble herencia que tenemos.

Sin embargo no parece que se promocionen así de cara al visitante, como sí ocurre con los siglos que tiene una catedral o las raíces de una escultura.

Venimos de una cultura en la que el jardín siempre se ha considerado como un adorno de la arquitectura, no como un valor en sí mismo. Hay que conseguir que el visitante sea consciente de que está ante algo absolutamente extraordinario.

Publicado en: Noticias
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11/23/2023

Patric Barkham, artículo en OurDailyRead oct2022

GUY SHRUBSOLE
El hombre que defiende los bosques de Gran Bretaña


Hay un bosque escondido cerca de la casa de Guy Shrubsole que brilla con una luminosidad verde durante todo el año. Sus árboles son robles familiares, pero los vendavales del Atlántico y los suelos de las tierras altas los han vuelto atrofiados y extraños. En sus extremidades retorcidas se aferran líquenes, musgos, hepáticas y helechos: cientos de especies multicolores que se asemejan a los arrecifes de coral, con nombres fascinantes que van desde tiras de salchichas hasta bigotes de bruja. 

El descubrimiento de Shrubsole de un fragmento superviviente de selva británica cerca de su nuevo hogar en Devon lo inspiró para escribir un libro, The Lost Rainforests of Britain. "Hay algo muy atractivo en este ecosistema extraño, retorcido, goteante y cubierto de musgo", dice. “El hecho de que suene exótico pero se desarrolle específicamente en el clima británico es realmente mágico. Quería volver a encantar a más personas con la magia de la selva lluviosa que nos queda en este país”. 

Además de fomentar el redescubrimiento popular de esta selva lluviosa templada, biodiversa y poco común en el mundo, Shrubsole, un activista ambiental cada vez más influyente, está pidiendo una estrategia nacional sobre selvas con el objetivo de duplicar el 1% de la superficie terrestre donde perviven los fragmentos de bosque en el oeste de Gran Bretaña. 

Cuando Shrubsole creó un blog en el que pedía a la gente que le ayudara a registrar fragmentos de selva que se le habían pasado por alto (a menudo sólo existían como “bosques de sombra” sin árboles, según la frase del ecologista Ian Rotherham), quedó sorprendido por la respuesta. Una historia de The Guardian sobre su fascinación por la selva recibió más de 200.000 visitas y aún más información del público, y así nació su libro.

La respuesta positiva “tiene que ver en parte con el despertar del interés de la gente por la naturaleza que hemos visto en los últimos años, desde caminatas cerradas hasta botánicos rebeldes que escriben con tiza los nombres científicos de las malas hierbas en las aceras”, dice Shrubsole, “pero también habla a ese ambientalismo profundamente arraigado que existe en Gran Bretaña: una sensación de que hemos perdido algo de nuestra tierra verde y agradable. Acecha en nuestra imaginación: la idea de que un gran bosque se extendió por Gran Bretaña. Podemos debatir cuán extenso era, si eran pastos o un bosque lluvioso de dosel cerrado, pero no hay duda de que teníamos muchos más árboles de los que tenemos ahora”. 

La selva lluviosa “perdida” es una idea romántica, pero la selva tropical templada del Atlántico de Gran Bretaña es un hábitat formal y científicamente reconocido, y globalmente más escaso que la selva lluviosa. Según los ecologistas, la “selva lluviosa” es tierra que recibe más de 1.400 mm de lluvia cada año, repartidas tanto durante el verano como durante el invierno. La selva lluviosa templada es fresca pero no fría, con temperaturas en julio que promedian 16 ° C o menos. "Es realmente la definición de unas vacaciones de verano británicas", dice irónicamente Shrubsole. 

No fue hasta 2016 que un ecologista, el Dr. Chris Ellis, calculó que el 20% de Gran Bretaña se encontraba dentro de la zona de selva lluviosa templada, que poseía “condiciones bioclimáticas” ideales. Y, sin embargo, como ha calculado Shrubsole, nuestra selva nativa ha sido destruida y borrada de la memoria: hoy solo quedan 18.870 hectáreas (46.629 acres) en Inglaterra.

De la fragmentaria selva lluviosa de Gran Bretaña, sorprendentemente Shrubsole revela que sólo el 27% está designado como sitio especial de interés científico, lo que significa que la gran mayoría está desprotegida. Incluso los sitios protegidos están dañados: según Natural England, Johnny Wood, que Shrubsole visitó en el Distrito de los Lagos, se encuentra en condiciones “desfavorables, en deterioro” debido a “evidencias generalizadas de pastoreo de ciervos y la continua invasión de ovejas” que impiden la regeneración del bosque. 

El libro de Shrubsole podría ser un lamento, pero en cambio está impregnado de la positividad incontenible y el entusiasmo alegre de un activista nato. Shrubsole ha sido ambientalista desde la infancia y recuerda que su madre organizó una fiesta para “salvar las selvas tropicales” en su jardín trasero en 1990, cuando él tenía cinco años, para recaudar fondos para la campaña de Amigos de la Tierra en la Amazonia. 

De adulto, trabajó como activista para Amigos de la Tierra y Rewilding Britain, pero fue cuando se mudó a Gales para trabajar para una pequeña organización benéfica, el Centro de Investigación de Interés Público, con sede en Machynlleth, que descubrió las selvas tropicales perdidas. En Machynlleth se hizo amigo de George Monbiot, que entonces vivía en la ciudad y escribía Feral en ese momento. Llegando a darme cuenta de que treele

"Guantes" en Bodmin, Cornwall. Foto: Guy Shrubsole
En Machynlleth se hizo amigo de George Monbiot, que entonces vivía en la ciudad y escribía Feral en ese momento. Darme cuenta de que las colinas galesas sin árboles estaban “destrozadas por las ovejas” “sin duda arruinó algunos buenos paseos para nosotros”, dice Shrubsole. Fue Monbiot quien introdujo por primera vez a Shrubsole la asombrosa idea de que Gran Bretaña alguna vez tuvo selva tropical, pero la había destruido y luego olvidado.

El libro de Shrubsole puede ser un nuevo encantamiento, pero como activista tiene objetivos claros: quiere que el gobierno británico elabore una estrategia para la selva tropical. En lugar de limitarse a proteger los fragmentos finales, busca la restauración y cree que un objetivo realista es duplicar el 1% de la superficie terrestre en el plazo de una generación. Esto podría lograrse, según ha demostrado su mapeo, simplemente permitiendo que los fragmentos que quedan se regeneren naturalmente en sus márgenes.  
 
Extraordinariamente, la selva tropical británica no fue mencionada en el parlamento hasta 2021, cuando –a instancias de Shrubsole– su parlamentario conservador local planteó una pregunta sobre su preservación en la Cámara de los Comunes.  
 
"Hasta ahora ha habido algunas palabras cálidas de los ministros, pero últimamente se ha vuelto mucho más difícil", dice. “Si volvemos a un gobierno un poco más sensato, realmente se necesita una estrategia para la selva tropical, que ayudaría con los esfuerzos de restauración de la selva tropical en todas partes. No se trata sólo de proteger estos sitios, sino de decir que estamos haciendo nuestra parte en la misión global de restaurar las selvas tropicales”. 
 
A medida que aumenta la conciencia pública sobre la magia de estos fragmentos restantes, que se pueden instalar en Instagram, una amenaza es el aumento del número de visitantes que dañan especies vegetales raras y preciosas. Como reconoce Shrubsole en su libro, su bosque tropical local, Wistman's Wood, está bajo la presión de los visitantes, con problemas que incluyen basura y personas que "tallan" marcas en sus rocas cubiertas de musgo.
Selva tropical en Borrowdale en Lake District. Fotografía: Peter Swan

 
“Definitivamente quiero transmitir la extrema importancia de tener mucho cuidado y tratar estos lugares con el máximo respeto. Pero también tenemos que volver a conectarnos con la naturaleza”, afirma Shrubsole. “Rara vez encuentro basura en Wistman's Wood. Podría ser que los guardias estuvieran haciendo su trabajo o podría ser simplemente que la gente es bastante buena y la mayoría no deja basura ni talla espirales tontas en el musgo de las rocas.
 
“No es una estrategia de restauración viable aislarlos a todos y esperar que nadie los visite nunca. La solución para que los sitios de honeypots se vean abrumados es, en última instancia, crear más de estos increíbles hábitats”. 
 
Esto da paso al otro papel de Shrubsole como cofundador de la campaña Right to Roam con el artista y escritor Nick Hayes. Este año han organizado más de media docena de eventos de intrusión ilegal en su intento de ampliar la Ley de Campo y Derechos de Paso que permite deambular en sólo el 8% de la campiña inglesa y el 3% de sus ríos.  
 
Caroline Lucas está presentando un proyecto de ley privado sobre este tema y Shrubsole espera persuadir a todos los partidos políticos para que se comprometan con él en sus manifiestos. ¿Un futuro gobierno laborista ampliaría el acceso al campo? “Soy cautelosamente optimista en cuanto a que el Partido Laborista considera el acceso a la naturaleza como parte de su legado y su futuro. Los laboristas introdujeron la Ley de Parques Nacionales y el derecho original a deambular en 2000. Varios altos funcionarios laboristas ahora ven eso como una tarea pendiente. Me encantaría que el Partido Laborista dijera mucho más sobre la crisis natural y encontrara su voz al respecto nuevamente porque claramente lo necesita”. 
 
Shrubsole llegó a la campaña Right to Roam a través de su libro anterior, Who Owns England?, una disección de las desigualdades en la propiedad de la tierra. “Cuando estaba escribiendo ¿Quién es el dueño de Inglaterra? Constantemente me sentía enojado, pero con este libro espero que la gente sienta una sensación de entusiasmo y optimismo contagiosos”, dice. “Realmente siento que una parte de mí ha cobrado vida nuevamente al explorar estos lugares. Son simplemente increíbles y nuestro camino hacia cierto grado de redención también”.
 
Lo hemos leído aquí
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11/12/2023

En "El País", por Miguel Ángel Medina

PACO CALVO, entrevista y libro
“Las raíces de las plantas hacen cosas flipantes”

En 1862, Charles Darwin quedó fascinado por la forma en que trepaban las plantas de pepino, sus movimientos y hábitos. “Darwin vio patrones de conducta en las plantas que todavía no vemos con el time-lapse”, señala fascinado Paco Calvo (Barcelona, 52 años), catedrático de Filosofía de la Ciencia, que dirige el Laboratorio de Inteligencia Mínima (Mint Lab). Ahora publica Planta sapiens (Seix Barral), un ensayo que indaga sobre la inteligencia de las plantas y el modo en que se comunican, evalúan riesgos y deciden.

Pregunta. ¿De qué forma son inteligentes las plantas?

Respuesta. Lo son a su forma. Tienen sus problemas y aportan sus soluciones. Si tengo raíces, no me pidas que salga por patas ante un depredador. Pero podemos encontrar una llave maestra: para mí es distinguir entre una conducta meramente adaptativa y el repertorio conductual ante adversidades concretas, que debe ser flexible y anticipatorio.

P. ¿Son pasivas?

R. No son lentas ni rápidas, crecen a la velocidad óptima. Son cualquier cosa menos pasivas, se sacan las castañas del fuego.

P. ¿Pueden aprender?

R. Es una hipótesis empírica, como decir que una abeja o un pulpo aprenden. Hay que testarlo, como hacemos en el Mint Lab. El error sería descartar la posibilidad de que existiese el aprendizaje vegetal por el hecho de que carezcan de neuronas. ¿Pueden aprender las plantas? Obviamente. ¿Hay evidencia de que exista determinada forma de aprendizaje? No, estamos trabajando en ello.

P. ¿Se comunican?

R. Sí, de muchas maneras: por vía aérea, a través de compuestos volátiles orgánicos, algo que usan para comunicarse bien con otras partes de la misma planta o bien con plantas distantes. Son sensibles a gran cantidad de parámetros bióticos y abióticos: monitorizan información del exterior y del interior, y tienen percepción de su propio cuerpo, dónde están con respecto a quién.

P. En el libro usted anestesia a una mimosa. Entonces, ¿tienen conciencia?

R. Esto es muy polémico. La conciencia no se puede observar, sino inferir. Uno de los indicadores que usan los científicos es el rol de la anestesia. ¿Qué es salir de la anestesia? Volver a tener vida interna. La anestesia altera las propiedades de la membrana de las células vegetales, que es lo mismo que pasa con las neuronas. Si el mecanismo es el mismo, ¿por qué no llegamos a la misma conclusión?

P. ¿Qué es lo más sorprendente que ha visto hacer a una planta?

R. Sufrimos ceguera con las plantas: la mitad está en el subsuelo, y en las raíces pasan cosas asombrosas, hacen cosas flipantes. Se pueden comunicar situaciones de estrés futuro: si tienes varias plantas con raíces en dos tiestos distintos, y cuyas raíces se comunican, y a la primera maceta la sometemos a un estrés químico o hídrico, y a las dos siguientes las tenemos en buenas condiciones, la primera les comunica el estrés a las demás y las plantas empiezan a parar máquinas y a reducir metabolismo.

P. ¿Cómo reaccionan los vegetales ante sus depredadores?

R. Uno de los ejemplos más fascinantes es el de las tomateras que convierten en caníbales a las orugas que las atacan: segregan unas sustancias que hacen que la oruga la encuentre poco apetitosa y acabe comiéndose a la oruga que tiene al lado.

P. ¿Las plantas escuchan?

R. Hay buenos indicios de que sí, hay mucho trabajo en fitoacústica, acústica vegetal, y es fascinante, pero muy reciente. La planta es sensible a ondas que impactan sobre su superficie corporal, es una información que procesa.

P. ¿Duermen?

R. Las leguminosas pliegan las hojas de noche y por la mañana las despliegan. Si tú no puedes dormir, compras melatonina; las plantas biosintetizan su propia melatonina y el pico de concentración coincide con esa hora del plegamiento foliar para ‘irse a la cama’, igual que en animales. La molécula es la misma.

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10/31/2023

Se cumplen cien años de la muerte de Ricardo Codorníu y Stárico (y 2ª parte)

ELISA RECHE / ERENA CALVO "elDiario.es"
Reforestaciones pioneras y parques urbanos: Ricardo Codorníu se adelantó un siglo a la lucha contra el cambio climático

Restauración de bosques de ribera en las ramblas mineras que desembocan en el Mar Menor

(...) Las masas forestales van a menguar en la Región, habrá problemas de plagas y eso impactará tanto en los ríos como en los habitantes, explica Eduardo Lafuente, jefe del Servicio de Estudios Medioambientales de la Comisaría de Aguas de la Confederación Hidrográfica del Segura (CHS), quien encuentra “una analogía” en la filosofía del trabajo de Codorníu con las actuaciones de restauración de bosques de ribera en las cuencas superiores de las ramblas mineras para impedir la llegada de metales pesados al mar Menor llevadas a cabo por el Ministerio para la Transición Ecológica a través de la Oficina Técnica del Mar Menor.
     “Ahí sí que se va a reforestar en grandes cantidades en sitios muy duros para trabajar, como lo fue Sierra Espuña. Encima contando con las técnicas y la maquinaria que tenían entonces. Técnicamente fue un logro: tanto en la capacidad de movilización de trabajadores, como en el hecho de tratarse de tan buenos técnicos”, señala Lafuente, quien conoció las grandes reforestaciones en Sierra Espuña y Guardamar del 'apóstol del árbol' durante sus estudios de Ingeniería Forestal en 4º de carrera a finales de los noventa.
     La inventiva solución que encontró Codorníu para plantar las zonas más inaccesibles de Sierra Espuña, por ejemplo, fue disparar las semillas con disparos de escopetas, como se hace actualmente con los drones.
     “Lo que más me sorprende de Codorníu es que fuera capaz de conseguir tanto dinero para acometer una reforestación de ese calibre”, reflexiona el especialista medioambiental. “En la Región de Murcia ahora hay muy poca reforestación, unas 50 hectáreas al año, y es llamativo porque el cambio climático aquí va a afectar mucho”, añade Lafuente.

“¿Qué pasa? Me dicen que quieren cortar el ficus”
Ricardo Codorníu, plaza de Santo Domingo de Murcia

     Hasta los últimos momentos de su vida, ya encamado, seguía preguntando por árboles, como el ficus que hizo plantar en la plaza de Santo Domingo de Murcia, emblema de la ciudad. “¿Qué pasa aquí? Me dicen que quieren cortar el ficus”, escribía en sus últimas cartas frenéticas preguntando al Ayuntamiento murciano.
     “Se dice que nadie es profeta en su tierra: tuvieron que hacerle un homenaje en Madrid en 1926 los ingenieros de Montes con una estatua que se colocó en el Retiro para que en ese mismo momento en Murcia se formara una comisión encargada de levantar un monumento a Codorníu a través de una suscripción popular”, cuenta Fernández. José Planes hizo el busto, acompañado por la figura de una niña con un ramo de flores abrazada a un tronco que hace de cuerpo. Más tarde también se levantaría otra escultura en su honor en Sierra Espuña.
     Codorníu había nacido en Cartagena y quería que le enterraran allí, de modo que recibió un permiso de las autoridades para que su cuerpo lo trasladaran en tren a la ciudad portuaria después de su muerte. Pero en Murcia, el día del entierro, se le hace una despedida tanto religiosa como civil: ingenieros de montes llevan el féretro a hombros hasta la estación de tren de El Carmen con el estandarte franciscano. “Y la memoria de Codorníu permanece”, apunta el comisario de la exposición.
En el Parque del Retiro, Madrid
     “Mi bisabuelo creó un pulmón para la Región y trabajó en otros parajes naturales, pero su legado más importante fue su legado humanista sobre la vida y el trabajo, se impuso como norma el respeto humano y siempre pensar en los demás”, recuerda su bisnieto José Luis Cáceres Hernández-Ros, hijo de su nieta María Teresa y presidente de la Asociación Carolina Codorníu, creada en 1993 por su tíos para mantener vivos la obra y el pensamiento de su antepasado. “Damos un premio anual a colegios de la Región para despertar la conciencia ecológica de los niños y el respeto al medio ambiente y actualmente trabajamos en un proyecto de bosques para la salud junto a la Asociación de Pediatras del Sureste”.
     De su bisabuelo, destaca que fue un “adelantado y un visionario, con la misión de dejar un mundo mejor”. José Luis Cáceres Hernández-Ros cuenta que “siempre trató de enseñar a sus paisanos con sus escritos, cuentos con moraleja o paseos didácticos por el Parque Ruiz Hidalgo que estaba en el barrio del Infante con especies arbóreas del mundo entero”. Ese afán le llevó a poner “siempre” al final de sus libros que autorizaba a cualquier persona o institución a usar el contenido de sus libros “en beneficio de la humanidad”.
     Muy familiar, “mi madre María Teresa recuerda los paseos con ella y el resto de nietos por el Paseo del Malecón, en Murcia, cuando aprovechaba para contarles anécdotas y enseñanzas”. Una de esas tardes, relata, “le explicaba a su nieto Juan de la Cierva Codorníu cómo volaban los aviones y le hizo fijarse en cómo caían las semillas de un árbol, y fue una inspiración para la invención después del autogiro”.
Inauguración del monumento a Ricardo Codorníu en Sierra Espuña | Archivo General de la Región de Murcia
“Quiero ser un árbol, un pino vulgar, quiero estar plantado en Sierra Espuña, mirando a la Cartagena que me vio nacer y a la Murcia que me vio crecer”, escribió a las puertas de su
 muerte.
     El Gobierno regional, a través de la Fundación Séneca, acaba de reeditar su libro 'Doce árboles', cuya primera edición fue en 1914 y es una recopilación de doce historias sobre árboles que Codorníu dedicó a sus nietos, según la personalidad de cada uno.

Centro de Visitantes de Sierra Espuña

     Ricardo Codorníu le da nombre al Centro de Visitantes de Sierra Espuña, que recibe una media de 16.000 visitantes al año, cuenta Cristina López, su coordinadora. “Codorníu es la figura central en la que se basa nuestro trabajo; tenemos una sala de interpretación y otra de proyecciones, y parte de las grabaciones abordan las características del Parque y sus valores naturales y culturales, que parten del legado de Codorníu, sin el que no tendríamos toda esta riqueza”.
     Cristina destaca todo lo referente a las infraestructuras, “porque teníamos los pozos de nieve que datan de la Edad Media pero en la época de Codorníu se construyeron senderos históricos y las casas forestales o los viveros; hay uno, el Vivero Huerta Espuña que todavía sigue funcionando con algunas especies de encinas, fresnos, mirtos o arces”.
     En el centro “acogemos visitas de colegios, programas de empleo y otros grupos de martes a viernes, con actividades programadas y también tenemos otras abiertas a todos los públicos los fines de semana”.
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Los doce cuentos de Codorníu los puedes encontrar en este blog en "301 Cuentos de Europa"

10/27/2023

Cien años de la muerte de Ricardo Codoníu y Stárico (1ª parte)

ELISA RECHE / ERENA CALVO, "elDiario.es", oct.23
Reforestaciones pioneras y parques urbanos: Ricardo Codorníu se adelantó un siglo a la lucha contra el cambio climático

El 'apóstol del árbol', tal y como era conocido el ingeniero forestal Ricardo Codorníu, murió hace 100 años
. Fue responsable de la primera gran reforestación de España en Sierra Espuña, mientras que su apuesta por las soluciones basadas en la naturaleza y la divulgación ambiental le hacen plenamente actual.

Ricardo Codorníu, el llamado 'apóstol del árbol', vestido de uniforme profesional en el homenaje con la medalla del Mérito Agrícola en 1914 | Revista Ibérica, colección particular
(Cartagena, 1846-Murcia, 1923)

“Lo que nos enseña Ricardo Codorníu es cómo intervenir en la naturaleza para conservar y recuperar el paisaje y el árbol, con todo lo que este trae. Las palabras más tensas que hemos podido leer de él son las acusaciones contra quienes cortan árboles”, explica Pedro Jesús Fernández, comisario de la muestra 'El hombre que soñó el futuro' sobre el llamado 'apóstol del árbol' en el Museo de la Ciencia y el Agua de Murcia, una de las pocas conmemoraciones realizadas en la Región a raíz del centenario de la muerte el pasado 26 de septiembre del ingeniero forestal cartagenero, pionero en la reforestación a gran escala en España y un adelantado en la lucha contra el cambio climático.
     Codorníu y Stárico, imbuido de la filosofía regeneracionista del siglo XIX “muy por la labor de avanzar y progresar en el conjunto de la sociedad”, se dio cuenta, entre otros aspectos, de la importancia de cuidar el suelo fértil, uno de los recursos no renovables más escasos en el mundo desarrollado.
     Tanto sus ideas como sus acciones siguen siendo de actualidad ante los problemas a los que se enfrenta Europa y, especialmente la propia Región de Murcia: la desertificación, la lucha por la conservación del suelo, los montes y el suelo forestal, los límites del paisaje marítimo, las inundaciones, la gestión hidrográfica y los parques urbanos. “Su obra en Sierra Espuña va mucho más allá de plantar pinos”, advierte el comisario de la exposición del Ayuntamiento de Murcia.
     Codorníu nace en una familia de Cartagena de orígenes italianos y catalanes que se había enriquecido con el comercio y con la desamortización. Estudia Ingeniería de Montes en Madrid y empieza a trabajar como ingeniero de montes, pero fue ascendiendo hasta obtener cargos en la Inspección Nacional, el Jardín Botánico de Madrid, la Escuela de Montes y el Ministerio de Fomento.
     Con la riada de Santa Teresa en Murcia en 1879 en la que murieron más de mil personas, el llamado 'apóstol del árbol' se da cuenta de que con los bosques deforestados se va perdiendo el suelo y queda la piedra viva. El control hidráulico permite la conservación del suelo, se van acumulando los sedimentos y entonces la tierra no se va arrastrando. A través de sus contactos y de una enorme insistencia emprende la reforestación de Sierra Espuña, hoy un parque regional ubicado a unos 40 km de Murcia.
Vista del Morrón de Espuña y del Barranco de En medio | Archivo General de la Región de Murcia
“Codorníu fue un hombre polifacético, y muy adelantado a su tiempo”, coincide el profesor de Ecología de la Universidad de Murcia (UMU), José Francisco Calvo. En aquella época, finales del siglo XIX, los montes de Sierra Espuña estaban totalmente esquilmados por el consumo de madera de los habitantes de la zona -que se acentuaría con el más industrial de las navieras que hacen barcos para el Ejército-, y el pastoreo, entre otros factores. “Aquella deforestación estaba en el origen de las enormes riadas que se estaban produciendo, y Codorníu lo supo ver”, explica. “Estamos en un momento de efervescencia internacional de corrientes que apostaban por la protección de los espacios naturales y sus especies o de la promoción de los parques”. El cartagenero se subió a esa ola.
     Sierra Espuña se presentó como “una oportunidad” -relata José Francisco Calvo- para llevar a cabo un “gran experimento” de reforestación. Y la obra que acometió fue “pionera” porque previamente “hizo un estudio pormenorizado que le llevó cerca de dos años, de todas las características del entorno para repoblar cada especie en el lugar indicado; en este sentido, fue un ejemplo modélico y con un valor ecológico muy importante”.
     En palabras del profesor de Ecología de la UMU, “este modo de operar fue un avance en la época, era la primera vez que se seguían unos criterios tan rigurosos en una obra de tanta extensión”, 17.804 hectáreas y con su punto más alto en el Morrón de Espuña (1.583 metros de altitud). El Parque de Sierra Espuña es el principal referente geográfico y se sitúa en el centro del territorio que engloba los municipios de Aledo, Alhama de Murcia, Librilla, Pliego, Totana y Mula.
     La repoblación se hizo con pino carrasco principalmente, además de pino rodeno a partir de los 700 metros de altitud, o pino laricio, además de otras especies como álamos, cipreses, madroños, chopos en las inmediaciones de las ramblas, y plantas arbustivas como zarzaparrillas, rosales o madreselvas. 
Ricardo Codorníu inspeccionando el paisaje repoblado con pino carrasco en el paraje de La Tenganera, Sierra Espuña | Archivo General de la Región de Murcia
     “Fue una obra enorme, y para acometerla contó con un equipo de ingenieros que se encargaron de las infraestructuras: los diques y puentes para contener el agua, la red de caminos o las casas forestales”, continúa José Francisco Calvo, quien añade que con el paso de los años “se ha podido comprobar el éxito de aquella repoblación; no solo en el campo de los árboles, porque Codorníu se dio cuenta de que tenía que reproducir todo el sotobosque, y crear los espacios adecuados para la pervivencia de las especies animales”. Su visión, y ahí radica también parte de su innovación, fue “multidisciplinar” en un momento en el que todavía no se hablaba del concepto de biodiversidad. “Pero el cartagenero sí que lo hizo así, de una manera integral y con una interpretación ecológica de la naturaleza, porque si vas a Sierra Espuña ahora parece que sea totalmente natural y no una reforestación”.
     También Codorníu se enfrentó a bulos y tuvo que ir desmintiendo pueblo por pueblo de la zona para explicarles que aquella obra se hacía en pro del conjunto de ciudadanos, explica el comisario de la exposición en la capital murciana.
     Otra de las grandes intervenciones del 'Viejo Forestal' fue la repoblación de las dunas de Guardamar. Las dunas se estaban comiendo el pueblo y promovió una obra de de ingeniería con tablestacas de madera que iban haciendo de bloque, permitían afianzar las dunas y plantar luego árboles que ya no se podía llevar el viento.
     El ingeniero forestal también reclamó el derecho al árbol en la ciudad al plantear el Parque Ruíz Hidalgo en la capital murciana que existió entre 1908 y 1955. Se creó en el lado norte del río Segura y fue lo que hoy se llamaría un parque inundable con una zona de uso social, pero también de arbolado. En ese momento se superaron los estándares de porcentaje de zona verde en zona urbana, “cosa que no hemos vuelto a recuperar”, explica el comisario de la exposición. El parque también era un arboreto, donde se iba probando cómo se adaptaban nuevas especies al clima mediterráneo.
     El 'apóstol del árbol' fundó diversas publicaciones ambientales, promocionó una escuela gratuita para niños sin recursos y montó la primera caja rural Murcia para luchar contra la usura a los huertanos y quienes cultivaban el campo. Era profundamente religioso, terciario franciscano, que “son los franciscanos seglares”, explica Fernández.
      Antitaurino, antibelicista y promotor en España del Esperanto, “su figura no habría desentonado para nada en la actualidad”. Otra de sus facetas más relevantes fue la de divulgador, “en una época en la que era revolucionario porque no había tantos medios, pero él puso muchísimo empeño en dar a conocer sus investigaciones”. También impulsó la Fiesta del Árbol, como actualmente se hace en los colegios, apunta el comisario de la exposición Pedro Jesús Fernández. “Se congregaba a la familia y a los niños y se hacían plantaciones comunitarias para extender ese amor que tenía por el árbol”.
Grupo de niños plantando pinos durante la celebración de la Fiesta del Árbol en Guardamar del Segura | Archivo General de la Región de Murcia
     A Jorge Sánchez, técnico de la Asociación de Naturalistas del Sureste (ANSE), lo que más le impresiona de la figura del 'Viejo Forestal', como también era conocido Codorníu, es “su visión holística”. El 'apóstol del árbol' contaba con conocimientos de flora muy elevados para la época, así como de diversidad faunística, mientras que también conocía los temas relacionados con suelo y el clima. Eso, sumado a su perfil humanístico nos llevan a la figura de “un sabio del siglo XIX”.
     El ingeniero forestal “planteó la renaturalización de ciudad y la necesidad de establecer arbolado en los núcleos urbanos y fue un pionero de la educación ambiental. Codorníu ya hablaba hace más de 100 años de las cosas que hoy en día consideramos modernas”, explica el biólogo. “Creo que su visión tan adelantada también viene de que él era un personaje muy internacional. Fue un un promotor del esperanto y eso le tuvo que dar una una visión global; veía una necesidad de confluir entre distintas culturas”, considera Sánchez.
     Codorníu formaba parte de la Academia de Ciencias de Barcelona y una rama de su familia eran comerciantes de Génova que, ya desde la Edad Media, tenían mucho contacto con Murcia.
     Otro de los aspectos más llamativos de Codorníu para el biólogo de ANSE fue la introducción de la Sabina Mora en Sierra Espuña. “Esa planta solo tiene una población en la sierra de Cartagena, pero lo curioso es que cuando él la introdujo en Sierra Espuña no se conocían esas poblaciones. Es decir, las trajo por paralelismo con el norte de África, advirtiendo que el sur de Europa se iba a parecer cada vez más a esta zona”.
     Sánchez cree que el espíritu de Codorníu se refleja hoy en el manejo de agricultura en aquellas zonas en las que se están ejecutando plantaciones con setos. “Él hubiera puesto sobre la mesa la utilización de vegetación natural como herramienta para frenar la erosión y la escorrentía de los terrenos de cultivo”, apunta. (...)

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4/22/2023

EDUARDO BARBA, en El País"
Entrevista a Stefano Mancuso, profesor y neurobiólogo: “Las plantas son más sensibles que nosotros a todo lo que las rodea”


La supuesta supremacía del ser humano como especie es un viejo cuento que debería resultar tan obsoleto como tantas otras historias rancias que se han desechado. Pero no. Se piensa que la humanidad es el culmen de la creación, como si se quisieran negar las evidencias de un mundo mucho más complejo y rico.
     Stefano Mancuso, profesor en la Universidad de Florencia y apasionado director del Laboratorio Internacional de Neurobiología Vegetal, además de escritor de varios libros de éxito sobre esta temática, aboga por repensar ese viejo axioma para que las plantas se ganen nuestro respeto y admiración de una vez por todas. Porque sin ellas no existiría nada.

PREGUNTA. Para usted, ¿qué es una planta?

RESPUESTA. No es fácil definirlo. Normalmente, cuando preguntas a un científico cuál es la principal característica de una planta, la define como algo sin movimiento, un organismo vivo capaz de realizar fotosíntesis. Y esto es verdad, pero prefiero definirlas en oposición a los animales. Miramos al mundo con nuestros ojos, con nuestra mirada de animales, y nos cuesta comprender a seres vivos tan distintos a nosotros como las plantas. Ellas son lentas, nosotros rápidos. Las plantas son depredadas, nosotros somos los depredadores. Pero la diferencia más importante para mí es que los animales son seres que tienen una organización en la que han concentrado funciones vitales en unos pocos órganos, y las plantas tienen una organización descentralizada, donde apreciamos una estructura modular y ninguna parte es del todo indispensable. Así, en pocas palabras, podríamos decir que somos como un yin-yang de la vida, pero con una diferencia: que todos los animales juntos representan el 0,3% de la biomasa, una irrelevante parte de la realidad. Por el contrario, el 87% de la biomasa está constituida por las plantas. Así que, si me preguntan por una definición en una sola frase, diría que son la vida de nuestro planeta.

P. ¿Hay un lugar para la humanidad sin ellas?

R. Es imposible imaginar la vida en nuestro planeta sin las plantas. Todos los animales son dependientes de las plantas y ellas no dependen de los animales. Si pudiéramos mirar a las plantas y a los animales con objetividad, no habría duda de que ellas son las auténticas reinas de nuestro planeta. Si desaparecieran mañana, todo el mundo sabe que habría un problema con la comida. En unos pocos meses no habría más alimento en el planeta. Pero una característica principal de las plantas, y una de las menos comprendidas, es que son capaces de fijar el dióxido de carbono. Así que, si las plantas murieran mañana y liberaran todo el CO₂ a la atmósfera, el calentamiento global subiría a niveles que, según modelos, sería incompatible con el estado líquido del agua. Esta comenzaría a hervir y el planeta quedaría esterilizado por completo, como Marte o Venus. De nuevo, vemos que son el motor de la vida en nuestro planeta.

P. Un motor inteligente, por lo que nos enseñan con su comportamiento.

R. Normalmente pensamos que somos los únicos seres inteligentes en el planeta, o quizás no solo nosotros, pero solo unos pocos animales muy cercanos a nosotros y nada más. Creo que esto es una manera muy ridícula de mirar el mundo. Absurda y también presuntuosa. Si pudiéramos decir que la inteligencia está ligada a poseer un cerebro, entonces solo un 0,3% de las formas vivas tienen cerebro. Así que, si la inteligencia depende de la posesión de un cerebro, decimos que el 99,7% de la vida es estúpida, una especie de máquina mecánica. Para mí, como biólogo e investigador, esto es algo imposible de imaginar. Cada organismo viviente necesita resolver problemas. La inteligencia es la capacidad para resolver problemas. Incluso una bacteria o un virus necesitan resolver problemas, es imposible que no lo hagan, o se habrían extinguido inmediatamente.

P. ¿Y cómo es esa inteligencia vegetal?

R. Las plantas son tan increíblemente distintas a nosotros… Se mueven y actúan en una escala temporal muy diferente a la nuestra… Pero no hay duda de que son inteligentes. De hecho, muchas veces digo que son más inteligentes que los humanos. Con ello no quiero provocar a nadie, es una verdad desde un punto de vista biológico. Nosotros los animales utilizamos el movimiento como nuestra principal respuesta al entorno. Para nosotros, el movimiento lo es todo. Para un animal es imposible imaginar encontrar comida sin ese movimiento o escapar de un depredador. Pero los animales no resuelven los problemas, más bien los evitan. En el caso de las plantas, esto no es posible, necesita resolver el problema.

P. ¿Las plantas tienen consciencia de sí mismas?

R. No sabemos qué es la consciencia exactamente, incluso para los humanos. Es muy difícil. Lo único que podemos decir es si se es consciente de uno mismo, pero ya no se puede saber de la consciencia de la otra persona que tenemos enfrente. Para mí, es la habilidad para vivir. Podemos imaginarla como la habilidad para detectarte a ti mismo en relación con el medio en el que vivimos. Así, las plantas son extremadamente sensibles al medio en el que viven, porque son más sensibles que nosotros a todo lo que las rodea. Ese es el problema que tenemos a la hora de juzgar a las plantas: son muy diferentes a nosotros. Pero por supuesto que son conscientes de sí mismas.

P. ¿Qué son capaces de analizar las plantas de su entorno?

R. Esto habla sobre sensibilidad y los sentidos de las plantas. Como no pueden huir, necesitan sentir cada pequeño cambio para adaptar su fisiología a lo que va a ocurrir, por eso son increíblemente sensibles a cosas para las que nosotros somos completamente ciegos, como los gradientes químicos o los campos electromagnéticos. También son capaces de detectar sonidos, como una determinada frecuencia de unos 200 hercios, que es muy importante para las plantas. Cuando producimos esa frecuencia con un altavoz, todas las raíces crecen hacia el origen de ese sonido: es el mismo sonido del fluir del agua. Es por eso por lo que las plantas se sienten atraídas por las tuberías subterráneas, porque sienten el sonido del agua corriendo.

P. ¿Deberíamos cambiar nuestra ética a la hora de tratar a las plantas?

R. Sí, tenemos que cambiar nuestra posición a la hora de comparar a todos los organismos vivos. Pensamos que nosotros, los humanos, somos los más bellos, que no hay nada como nosotros porque tenemos un gran cerebro que nos permite hacer cosas que los demás seres vivos no pueden. Si preguntamos a un millón de personas no encontrarás a nadie que diga que no somos mejores que una vaca o un manzano. Sentimos que somos mejores, profundamente convencidos de que somos mejores. Y eso es un error increíble. Porque, primero, ¿qué significa ser mejor? Eso es una idea humana. Se mesura todo: si corres esa distancia más rápido, eres mejor. Pero, en la vida, ¿qué significa ser mejor? El objetivo real de la vida, de cualquier organismo, es sobrevivir. Y las plantas llevan viviendo muchos más años que nosotros sobre la faz de la Tierra, así que tenemos mucho que aprender, no que enseñar. Deberíamos tener una actitud más respetuosa y humilde con los otros seres vivos.

P. ¿Y qué se le podría enseñar a un niño para que se quedara fascinado el resto de su vida por las plantas y las respetara?

R. Lo primero, cada niño está más interesado en las plantas de lo que pensamos habitualmente. Si les contamos lo que ocurre en un jardín, cualquier niño se quedará muy interesado por la vida asombrosa de ese jardín. Debemos ser capaces de transmitir que las plantas son seres vivos, y, desde ese punto de vista, cuidar de ellas. Siempre recomiendo hacer un experimento muy sencillo: coger dos macetas idénticas y sembrar una judía en cada una, proporcionándoles la misma cantidad de agua, de luz… manteniendo una maceta al lado de la otra. Una vez que germinen, y durante solo 30 segundos cada día, tocamos muy delicadamente a una de las plantas, pero no a la otra, y observamos lo que ocurre. Después de dos semanas, veremos que la planta que está siendo tocada es más pequeña que la otra, porque no les gusta ser tocadas (ríe), sienten ese tacto como una especie de agresión de un predador. Otro experimento, menos científico, es coger a una de ellas y decirle cosas bonitas y adorables durante un minuto, y a la otra solo cosas feas. Lo hicimos en el laboratorio, y cada una cambió su forma de crecer. No es por algo fantástico o esotérico. Es solo porque son muy sensibles, y sienten si somos un animal bueno o malo para ellas. Así de sencillo.


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1/21/2022

Agradecimiento y adiós a un gran hombre, de Liverpool a Gran Canaria


DAVID BRAMWELL, el gran sabio de la flora canaria
Deja como legado en las Islas el mayor jardín botánico de España

El naturalista británico David Bramwell, considerado como una de las autorides mundiales sobre la flora de Canarias y el resto de la Macaronesia, ha fallecido a los 79 años, según ha informado el Cabildo de Gran Canaria.
      En 1973, a la muerte de Eric Sventenius fue nombrado director del Jardín Botánico "Viera y Clavijo" de
Gran Canaria, conocido también como El Jardín Canario. Es entonces, con Bramwell, cuando el Jardín Botánico se consolida como un centro de conservación, investigación y educación ambiental. En esta época yo conozco el Jardín, leo los libros de Bramwell y lo visito con frecuencia. Allí conozco a uno de los colaboradores del Jardín, Don Jaime O'Shanahan, que me anima a que los visite con escolares, al principio de su mano. 
     Poco a poco veo cómo se construyen nuevos laboratorios, un herbario y una biblioteca y, un poco mas tarde, se construye un vivero donde mantener las colecciones de plantas vivas.     
     No se puede hacer más que manifestar nuestro agradecimiento a don David por su legado científico, por difundir internacionalmente las peculiaridades de las plantas que solo pueden encontrarse en los archipiélagos de Canarias, Azores, Madeira, Salvajes y Cabo Verde. Galardonado en numerosas ocasiones y con una amplia bibliografía nos deja un gran conocimiento, investigación, conservación y divulgación. Gracias.
Don Eric Sventenius en el Jardín
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1/04/2021

Jardines silvestres en las ciudades


CHRIS BAINES por Mª JOSÉ ESTESO POVES
Chris Baines
Entrevista al naturalista y escritor, precursor de los jardines silvestres en las ciudades.

     (...) Baines mantiene que la solución pasa por los árboles. Por ello, explica que las ciudades españolas necesitan plantar centenares de árboles para mitigar el cambio climático, porque "las hojas de los árboles son 'nuestros aires acondicionados' y filtran la contaminación". Las hojas de los árboles son un filtro natural de la contaminación en las ciudades      Afirma que, si conseguimos más arbolado y más parques interconectados, "estos pueden ayudar a ralentizar los efectos del calor extremo e incluso las inundaciones que se van a producir debido a las lluvias torrenciales características del cambio climático" (...)
    
Ciudades más amables 
     Frente a esto, es necesario que los ayuntamientos creen grandes "anillos verdes, espacios abiertos y tranquilos para poder respirar". Asegura que existen estudios científicos sobre cómo las personas mejoran si están en un entorno natural. "Está comprobado que si una persona con estrés se puede tumbar, caminar o sentarse en un jardín tranquilo, en sólo cuatro minutos, mejora y se relaja. Los espacios verdes son beneficiosos para la salud".
     Mientras aquí hablamos de despoblación y recuperación de los pueblos, en Reino Unido el discurso se centra en las ciudades. Es obvio, admite Baines: "El 90% de la población en mi país [más de 65 millones de personas] vive en grandes aglomeraciones, y en los últimos años estas se han vuelto espacios hostiles. Por eso es necesario hacerlas más amables".
     Baines fue cofundador del colectivo de defensores de la vida natural urbana Urban Wildlife Group, ha participado en un gran número de asociaciones en defensa de la jardinería silvestre, la gestión del agua y la conservación de la naturaleza. Además ha escrito varios libros, algunos de ellos para niños.
     Jardines silvestres explica con naturalidad qué es y cómo se diseña un jardín silvestre, privado o público: "No es una reserva de la naturaleza. Está concebido como un espacio agradable, con muchas flores silvestres para atraer a los insectos y aves, un pequeño lago con anfibios, una protección natural alrededor y claros para que entre el sol". Y aclara que "por supuesto no se emplea ni química ni pesticidas". Pero también es un lugar donde relajarse: "Un jardín tiene que tener bancos, sillas y una mesa ...".
     Su libro Wildlife Gardening (Vida Silvestre, 1985) es un clásico en el que da consejos prácticos para elegir las plantas que van a atraer a aves e insectos a través de la jardinería. En Reino Unido se usa también el glifosato en los jardines públicos, como en el Estado español. Es "un problema universal," asiente.
     La alternativa en las ciudades, si no hay mucho espacio, es hacer jardines urbanos en las fachadas, "como, por ejemplo, hacen los pub de Londres, donde existe una especie de corredores de madera en las fachadas con plantas colgantes y flores, a donde llegan abejas y pájaros", relata el ambientalista. Y así transformar la ciudad, como "en Nueva York, donde están triunfando los jardines y huertos en las azoteas de los edificios", cita Baines. También sostiene que es "una buena iniciativa la renaturalización de los ríos de las ciudades", tal y como se ha hecho con el Manzanares, en Madrid.
     A la pregunta de cuáles de sus luchas como activista le han marcado más, responde sin vacilar: "La de convencer a políticos e ingenieros para que no corten los árboles de las aceras". Relata que, al enterrar los cables de la luz en las ciudades inglesas, se talan todos los árboles, pero no es imposible hacerlo de otra manera. "Las raíces crecen de forma horizontal y es cuestión de convencer a los ingenieros de que se cave más abajo y se respeten los árboles". Y sentencia: "La mayor amenaza para los árboles no son los ingenieros, sino las políticas de los ayuntamientos para prevenir riesgos para la ciudadanía".

Central Park,  NYC
Talas de árboles y podas
     Pero nuestros árboles tienen más amenazas: "Se podan cada vez más para hacerlos más seguros y eso es malo; al final el árbol se pierde porque todo el beneficio está en la copa, las hojas nos ayudan contra la subida de las temperaturas por el cambio climático".
     Otra tendencia ha sido la corta de árboles en las carreteras. Asegura que en su ciudad, Sheffield, en South Yorkshire, sur de Inglaterra (534.500 habitantes), se ha conseguido un acuerdo con el Ayuntamiento contra la tala de árboles en las carreteras. Hasta ahora se habían cortado hasta un 25% de los situados en las vías de acceso a la ciudad "porque dicen que son un riesgo para los coches y que esa es la única manera de evitar los accidentes". Esta medida ha provocado una gran oposición por parte de la ciudadanía. "Muchas mujeres se han encadenado a los de las carreteras y han conseguido parar las talas".
     Baines explica que su trabajo ahora es el de 'mediador' entre ayuntamientos, empresarios y ecologistas. "Son necesarias las luchas de los ecologistas para contrarrestar las ideas moderadas de los políticos y conseguir acuerdos. Los ecologistas son más pragmáticos y pueden demostrar que conservar los árboles tiene beneficios", concluye.
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7/17/2020

El encanto de los árboles gigantes

TAKAHASHI HIROSHI (Japón, 1960)
El encanto de los árboles gigantes
      Al oír hablar de árboles gigantes, los japoneses suelen pensar en el famoso cedro Jōmon-sugi, que se yergue en la isla de Yakushima. Pero en Japón hay otros muchos árboles gigantes de gran personalidad. En esta serie presentaremos un breve muestrario con lo más selecto en la materia, atendiendo al tamaño, a la originalidad de la forma y a la calidad del ramaje (...)  
     Muy alargado de Norte a Sur, el archipiélago japonés presenta características medioambientales que favorecen el crecimiento de una gran variedad de árboles gigantes, siendo Japón, en ese aspecto, una rareza entre los países del mundo.
      En Japón, los árboles gigantes comenzaron a interesar al gran público en 1993, a raíz de la inclusión de la zona montañosa de Shirakami-Sanchi (prefecturas de Aomori y Akita) y de la isla de Yakushima (prefectura de Kagoshima) en el patrimonio natural de la Unesco. El protagonista indiscutible de esta etapa fue el Jōmon-sugi, nombre que recibió un milenario ejemplar de "cedro" japonés (Cryptomeria japonica) que todavía se yergue en la citada isla de Yakushima. El Jōmon-sugi se hizo tan famoso que se convirtió en sinónimo de “árbol gigante”. Ciertamente, es un digno representante de la flora arbórea japonesa, pero por el perímetro de su tronco no pasa de ocupar el vigésimo lugar en el ranking nacional. Como especie capaz de alcanzar un gran desarrollo es muy conocido en Japón el alcanforero (Cinnamomum canphora), y es precisamente un alcanforero de la prefectura de Kagoshima, conocido como Kamō-no-kusu, el árbol japonés con un mayor perímetro de tronco: algo más de 24 metros. Si nos situamos junto a su base y contemplamos la gigantesca copa, quedaremos literalmente asombrados. Nadie tendrá que convencernos de que el Kamō-no-kusu es no un poco, sino mucho más grueso que el famosísimo Jōmon-sugi.
      Lo que define el árbol gigante es, normalmente, el grosor de su tronco. Por eso, los expertos coinciden en distinguir entre los kyoboku o grandes árboles, con perímetros de más de tres metros, y los kyoju o árboles gigantes, que superan los cinco metros. Por más que un ejemplar pueda ser milenario y alcanzar gran altura, si su tronco no tiene el suficiente perímetro no entra en esta última categoría. En Japón, además de las dos especies ya citadas (en japonés, sugi y kusunoki), crecen con gran vigor el olmo keyaki (Zelkova serrata) y el ichō (Ginkgo biloba). Pero podrían citarse también el sudajii (Castanopsis sieboldii), el ichiigashi (Quercus gilva), el katsura (Cercidiphyllum japonicum), los subgéneros del Quercus conocidos genéricamente como nara, el pino o matsu, el mukunoki (Aphananthe aspera), o el edohigan, una variedad local del Cerasus spachiana.
      Cerca de la costa Oeste de Estados Unidos las secuoyas (Sequoiadendron giganteum), que están entre los árboles más grandes del mundo, crecen en grandes grupos, pero es muy raro que existan bosques formados exclusivamente por árboles gigantes de las otras especies. En Japón vemos a menudo que los recintos ajardinados de los templos y santuarios tienen una variada representación de árboles gigantes, que pueden ser el sugi, el keyaki y el ichō, por ejemplo. El clima templado y húmedo de Japón sustenta una gama de especies muy amplia.
      Los árboles gigantes son los seres vivos de mayores dimensiones del planeta y también los más longevos. Su existencia se desarrolla a otra escala, muy superior a la de la vida de los seres humanos. Esto es lo que nos hace abrigar un sentimiento de reverente temor. El sino de los árboles es continuar viviendo siempre en un mismo lugar, allí donde un día echaron raíces. Pero un cambio en el ambiente circundante puede acabar en un abrir y cerrar de ojos con esa vida, efímera al fin y al cabo, así se trate de un árbol gigante enraizado en el lugar desde 1.000 años atrás. No hay que olvidar este hecho.

Takahashi Hiroshi
 
      Fotógrafo especializado en árboles gigantes. Nacido en 1960 en la prefectura de Yamagata, creció en Hokkaidō. Dio inicio a sus reportajes en 1988 y hasta la fecha ha fotografiado más de 3.300 ejemplares. Es autor de Kami-sama no ki ni ai ni iku (A la busca de los árboles de los dioses; Tōkyōchizu Shuppan), Nihon no kyoju (Árboles gigantes de Japón; Takarajimasha), Sen-nen no inochi: Kyoju, kyoboku wo meguru (Vidas milenarias: un recorrido por los árboles gigantes y grandes; Shinnihon Shuppansha) y otras obras. Es divulgador en el centro informativo Shinrinkan de Okutama (prefectura de Tokio) y responsable de la base de datos de árboles gigantes del Ministerio de Medio Ambiente, además de presidir la Asociación de Árboles Gigantes de Tokio.
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     Hemos comenzado esta serie con la ayuda de Hiroshi, sin renunciar a nuevas incorporaciones. Japón ha sido mi debilidad emocional por su encanto, su diversidad botánica y su esquizofrenia emocional entre lo tradicional y lo moderno.

7/02/2020

Itinerario de los "matusalenes"

1958, meses antes de morir
EDMUND SCHULMAN (1908-1958), descubridor del “ITINERARIO DE LOS MATUSALENES


"... los pinos más viejos llevan en cierto modo muriéndose dos mil años o incluso más. En la actualidad poseen tan sólo una estrecha porción de la corteza de los tejidos vitales que antaño los recubrieron por completo. En realidad, el proceso de muerte de estos ejemplares se va volviendo cada vez más lento y es probable que algunos de ellos mantengan un buen aspecto durante al menos otros cinco siglos. Pero dudo que puedan vivir mucho más..."

     Hace setenta años quién podía imaginar con que los árboles pudieran vivir durante más de 1000 años y, mucho menos, 4.000, además como seres atormentados y retorcidos en lo alto de las áridas montañas del desierto. Todo eso cambió en 1953, cuando el dendrocronólogo de la UA Edmund Schulman decidió seguir un consejo que había recibido de un ranger del Inyo National Forest, en White Mountains, California. Después de una temporada de campo en Idaho, Schulman fue a explorar algunos árboles en las White Mountains. 
     Había pasado los 20 años anteriores recorriendo las montañas occidentales en busca de árboles antiguos. Continuando el trabajo de A.E. ​​Douglass, quien fundó el Laboratorio de Investigación de Anillos de Árbol de la U. Arizona, Schulman estaba buscando árboles marcadores del clima, estaciones meteorológicas biológicas que habrían estado acumulando datos climáticos en silencio durante siglos. Douglass, que fue el mentor de Schulman, descubrió la dendrocronología (literalmente, "el clima registrado en el árbol") como una forma de descubrir los misterios de los climas antiguos.
El Patriarca, en Inyo Nat. Forest, el ser más grande, no el más viejo
      Entonces, en 1953, Schulman subió a más de 2.500 m en las White Mountains y registró los anillos de crecimiento del pino de bristlecone más grande del mundo: el Árbol del Patriarca. Contó sus anillos y vio que tenía unos 1.500 años. Varios de los vecinos del Patriarca también estaban en este rango. Para deleite adicional, Schulman descubrió que estos supervivientes doblados y maltratados eran mejores para registrar datos climáticos que los flexibles pinos que había estado estudiando en Idaho.
      Al año siguiente cuando la nieve se derritió en las montañas y comenzó la temporada trabajo de campo de 1954 y posterior 1955, Schulman volvió a buscar árboles aún más antiguos. "Para 1956, sabíamos con certeza que teníamos árboles, aunque pareciera increíble, de más de 4.000 años,", escribió Schulman en 1957, un año crucial en su vida.
     En el verano de 1957, Schulman y su asistente, "Spade" Cooley, descubrieron Pine Alpha y otros 16 bristlecones que databan de, al menos, 4.000 años. Nueve de estos crecen en un área que llamaron Paseo de Matusalén, que incluye el árbol vivo más antiguo conocido del mundo de 5,000 años que llamaron Matusalén.
      Schulman tenía planes para un estudio más exhaustivo de los árboles vivos y de la madera de los muertos, aún de mayor tamaño, que esperaba estudiarlos en la temporada de 1958. Pero a principios de 1958, a los 49 años, Schulman murió de un ataque cardíaco. En marzo de 1958, la revista National Geographic publicó el artículo póstumo que había escrito sobre su sorprendente descubrimiento.
      "La historia preservada en los anillos anuales de crecimiento eventualmente debería darnos un registro único de los cambios climáticos pasados", escribió Schulman. Mucho más importante, agregó, es "la capacidad de estos árboles para vivir tanto tiempo, pueden servir como guía... para comprender la longevidad en general". El Servicio Forestal de los Estados Unidos reconoció las contribuciones científicas de Schulman cuando llamó en 1958 el Ancient Bristlecone Pine Forest de 11.000 Ha como "Schulman Memorial Grove".
     En Inyo Nat. Forest hay tres sendas que puedes recorrer, una recorrre la formación boscosa más antigua pero no señalan el árbol más viejo para protejerlo.
     En Great Basin hay cinco agrupaciones boscosas del Pinus longaeva

(Fotos propias, información de la Red e Inyo Nat. Forest)
Conos masculinos
Conos femeninos

¿Alguien podría haber concebido algo tan dramático?


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