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4/14/2015

ODYSSÉAS ELYTIS (Grecia, 1911-1996)
El granado enloquecido

En estos patios blanquísimos en que sopla el viento del sur
silbando en arcos abovedados, decidme ¿es el granado enloquecido
que vibra a la luz desparramando su risa frutal
por porfías y silbidos del viento?, decidme, ¿es el granado enloquecido?
que palpita a la alborada con follajes recién brotados
desplegando todos los colores en lo alto con un temblor de triunfo?

Cuando en los campos que despiertan las muchachas desnudas
siegan los tréboles con sus manos rubias
recorriendo los confines de sus sueños, decidme, ¿es el granado enloquecido?
que velando coloca las luces en sus cestos verdes
que hace desbordar sus nombres de trinos, decidme
es el granado enloquecido que combate con las nubes del mundo?

En el día que por envidia se adorna con alas de siete clases
ciñendo el sol eterno con mil prismas
enceguecedores, decidme ¿es el granado enloquecido
que se coge una crinera con cien fustas en plena carrera
nunca entristecido y nunca quejoso, decidme es es granado enloquecido

que grita la nueva esperanza que amanece?

Decidme ¿es el granado enloquecido que saluda a la distancia,
agitando un pañuelo de hojas de fresno fuego
una mar presta a dar a luz con incontables navíos,
con olas que se marchan innumerables veces
a costas inodora, decidme es el granado enloquecido
que hace rechinar los mástiles en la altura del diáfano éter?

Muy alto con el racimo azulado que se enciende y festeja,
arrogante, pleno de peligros, decidme es el granado enloquecido
que hace estallar con luz en medio del mundo las intemperies del demonio
que despliega de extremo a extremo el collar azafranado del día
profusamente recamado de canciones, decidme es el granado enloquecido
que de prisa desabotona los vestidos de seda del día?

En enaguas de primero de abril y en cigarras de mediados de agosto
decidme, éste que juega, que se enfurece, que seduce
 sus malas tinieblas oscuras por la amenaza
vaciando en los senos del sol las aves embriagadoras,
decidme ¿éste que extiende las alas sobre el pecho de las cosas
en el pecho de nuestros profundos ensueños. es el granado enloquecido?

(Orientaciones)

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1/22/2012

JOSÉ EMILIO PACHECO (México, 1939-2014)
La granada
de "Tarde o temprano"

¿En qué sueña la carne
de la granada
allá adentro
de su corteza efímera?
Quién sabe.
Desde aquí sólo puede especularse
que piensa:
“Gozo de mi esplendor.
No durarán
esta apretada simetría,
esta húmeda
perfección que me constituye
y me hace granada.
No una joya ni un árbol
o una brizna de hierba.
Tampoco piedra, plomo o alondra.
Seré putrefacción
o bien, devorada,
me haré sin duda carne de tu carne.
En ambos casos
(¿es necesario repetirlo?)
regresaré a la tierra en forma de polvo
y desde ese polvo
(tú no)
reconstruiré mi perfección de granada.”
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4/24/2010

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ (Moguer, 1881-1958)
Platero y yo - La granada - Cap. 96

       ¡Qué hermosa esta granada, Platero! Me la ha mandado Aguedilla, escogida de lo mejor de su arroyo de las Monjas. Ninguna fruta me hace pensar, como ésta, en la frescura del agua que la nutre. Estalla de salud fresca y fuerte. ¿Vamos a comérnosla?
       ¡Platero, qué grato gusto amargo y seco el de la difícil piel, dura y agarrada como una raíz a la tierra! Ahora, el primer dulzor, aurora hecha breve rubí, de los granos que se vienen pegados a la piel. Ahora, Platero, el núcleo apretado, sano, completo, con sus velos finos, el exquisito tesoro de amatistas comestibles, jugosas y fuertes, como el corazón de no sé qué reina joven. ¡Qué llena está, Platero! Ten, come. ¡Qué rica! ¡Con qué fruición se pierden los dientes en la abundante sazón alegre y roja! Espera, que no puedo hablar. Da al gusto una sensación como la del ojo perdido en el laberinto de colores inquietos de un calidoscopio. ¡Se acabó!
       Ya yo no tengo granados, Platero. Tú no viste los del corralón de la bodega de la calle de las Flores. íbamos por las tardes... Por las tapias caídas se veían los corrales de las casas de la calle del Coral, cada uno con su encanto, y el ampo, y el río. Se oía el toque de las cornetas de los carabineros y la fragua de Sierra... Era el descubrimiento de una parte nueva del pueblo que no era la mía, en su plena poesía diaria. Caía el sol y los granados se incendiaban como ricos tesoros, junto al pozo en sombra que desbarataba la higuera llena de salamanquesas...
       ¡Granada, fruta de Moguer, gala de su escudo! ¡Granadas abiertas al sol grana del ocaso! ¡Granadas del huerto de las Monjas, de la cañada del Peral, de Sabariego, en los reposados valles hondos con arroyos donde se queda el cielo rosa, como en mi pensamiento, hasta bien entrada la noche!

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