Mostrando entradas con la etiqueta Sabinas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sabinas. Mostrar todas las entradas

09 marzo 2026

EL SABINAR DE LAS BLANCAS, BOSQUE DEL AÑO 2026

 

El Sabinar de las Blancas, en la Pobla de San Miguel (Valencia), al lado del Rincón de Ademuz, ha sido elegido como Bosque del Año en España para 2026 tras ser el más votado en la iniciativa de Bosques Sin Fronteras con la colaboración del Ministerio para la Transición Ecológica. Este espacio natural está poblado de sabinas albares (Juniperus thurifera), que se erigen como símbolos de historia y biodiversidad mediterránea, y parte importante del Parque Natural de la Puebla de San Miguel.
     El paraje, a 1450 m.s.n.m., destaca por la presencia de sabinas albares de dimensiones y edades excepcionales (adjuntamos un mapa para el visitante). Hay muchísimas sabinas destacadas siendo Las Blancas un conocido conjunto que a su vez da nombre a una microreserva de flora de 6 hectáreas. Es uno de los espacios vegetales más singulares de la Comunitat Valenciana.
     Los distintos estudios técnicos no se ponen de acuerdo en cuanto a la edad de los ejemplares más sobresalientes pero se estima que algunos pueden superar los 800 años. Los sabinares pueden ser considerados bosques relictos, ya que sus antecesores han sido capaces de vivir desde el terciario (la era de los dinosaurios) hasta nuestros días.
     Este sabinar es uno de los espacios vegetales más valiosos del territorio valenciano, de hecho una imagen de este paraje fue la elegida el calendario de árboles monumentales editado por la Diputación de Valencia en 2001.
     El Sabinar de las Blancas ha obtenido 12.144 votos del público, imponiéndose al Cornetal del Barranco del Perú, en Albanchez de Mágina (Jaén), que alcanzó 10.023 apoyos. La alcaldesa de la Pobla de San Miguel, Eva María Azcutia Marqués, afirma que están "contentísimos y muy satisfechos" y animan a todas las personas a que les visiten y vean en primera persona el bosque. "Es un reconocimiento al buen hacer de la gente, y es un orgullo", ha dicho en declaraciones a la SER.

«El suelo del monte está extremadamente seco, uno se pregunta cómo pueden vivir aquí estos árboles, en medio de semejante aridez; quizá sus raíces hayan encontrado en lo profundo algún lecho de humedad que no percibimos. La copa de estas sabinas suele ser redondeada, las ramas apretadas o abiertas, sus hojitas cortas y escamosas, similares a las del ciprés, su troncho rechoncho y retorcido, plagado de protuberancias y cicatrices. Al final del camino hay una señal bajo tejadillo a la izquierda, señalando sobre un plano la “red de depósitos de agua de la zona” y un gran depósito de obra al fondo, cercado por una verja metálica».
 
Las Blancas de Puebla de San Miguel, Alfredo Sánchez Garzón

El lugar dispone de paneles con texto y dibujos de Tomás Sendra, que ilustran acerca del paraje y sus moradores, las sabinas:

  • Nombre científico: Juniperus thurifera L.
  • Nombre común: Sabina albar.
  • Propiedad: Pública y privada.
  • Coordenadas: X 660549/ Y 4434512/ Z 1432.
Las Viejas Sabinas de Las Blancas
     Hace muchos siglos, antes incluso de que los romanos trazaran calzadas y los reinos de taifa marcaran fronteras, existía en estas tierras un bosque ya viejo, habitado por árboles que parecían más viejos que el propio cielo. Se decía que esos árboles —las sabinas— eran guardianes del silencio de las montañas, centinelas de eras pasadas.
     “El nombre de Las Blancas” proviene de la corteza de estas sabinas albares: su tronco plateado, claro, que al reflejar la luna y al incidir la luz del amanecer, parece blanquearse, resplandecer como si la luz habitara en su propio cuerpo. Los lugareños, al divisarlas de lejos, decían que eran “las que visten de luz”, sabinas blancas entre sombras verdes y grises de roca.
     Los sabinares crecen despacio, casi imperceptiblemente, como lo hacen todos los de su especie, pero con el paso de los siglos el nuestro ha llegado a convertirse en un impresionante bosque adulto con centenares de sabinas albares, alguna casi milenaria. Veinte de estas sabinas aparecen en el catálogo valenciano de árboles monumentales y al menos tres superan los 800 años.
     No estamos ante uno de los típicos bosques de los cuentos, húmedos y frondosos de princesas atrapadas y elfos escurridizos, sino ante un bosque abierto, adehesado y de frescas praderas, más parecido a paisajes quijotescos de gigantes y molinos. Aunque parezca un cuento, y no es fácil de presenciar, los sabinos, llegado el final del mes de febrero, en esos días de calma y sol, cuando el viento sopla dulcemente... se estremecen abriendo sus sacos polínicos soltando nubes de polen para que el azar los lleve a algún estigma de su misma especie. Andoni Jurado nos lo muestra en este vídeo.

     Se ha conservado en buen estado gracias a las prácticas ganaderas que han sido realizadas por los habitantes de La Puebla durante siglos para alimentar al ganado y que han formado y moldeado a estos árboles hasta llegar a alcanzar edades y diámetros impresionantes. Podas que producen forraje en invierno durante las nieves y frescos pastos y sombra en verano.
     Se presentó el Sabinar de las Blancas como candidato a bosque del año por ser uno de los más hermosos legados naturales que aún se conservan en las tierras altas de la Comunidad Valenciana, y que ha contribuido entre otras razones, a la declaración del Parque Natural de la Puebla de San Miguel. Y también por ser ejemplo de relación especial entre el hombre y la naturaleza, entre los vecinos de la Puebla y por ende del Rincón de Ademuz, con su emblemático bosque.
     Zona de encuentro de pastores que guardaban sus rebaños en corrales que aún existen y abrevaban sus ovejas en la Fuente de las Blancas, zona de encuentro de labradores que tras largas jornadas de siega descansaban bajo su sombra.
     Hoy en día sigue siendo uno de los parajes más visitados y queridos del parque, tanto por los vecinos de la Puebla de San Miguel como por los visitantes que se acercan hasta este pequeño pueblo solo para contemplar la belleza de este mágico lugar. En el Rincón de Ademuz destacan los municipios de Puebla de San Miguel y Vallanca, con 233 y 36 ejemplares respectivamente protegidos por ley, siendo la sabina albar la más representada con 231 ejemplares de los 246 catalogados en toda la comunidad, joya del parque natural Puebla de San Miguel, conformando un paisaje único a nivel mundial de esta especie.

 

Mas información:
https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/el-sabinar-de-las-blancas-325126
https://es.wikipedia.org/wiki/Sabinar_de_las_Blancas
https://www.arbolybosquedelaño.es/sabinar-de-las-blancas-puebla-de-san-miguel/
https://okdiario.com/naturaleza/bosque-del-ano-2026-espana-esta-valencia-sabinar-arboles-hasta-800-anos-edad-16289605?
https://rincondeademuz.es/patrimonio-arboreo-monumental-del-rincon-de-ademuz/
 
-----

06 marzo 2026

MANCOMUNIDAD DE MUNICIPIOS RINCÓN DE ADEMUZ
Patrimonio arbóreo monumental del Rincón de Ademuz


El Rincón de Ademuz por sus características ambientales e históricas, posibilita la existencia de una gran diversidad de especies vegetales leñosas, algunas de las cuales adquieren medidas espectaculares y una gran longevidad, representando una parte singular del patrimonio, y es, por tanto, de evidente interés público su protección y conservación, como patrimonio natural vivo, reservorio ambiental, cultural y monumental.
     La palabra monumental, del latín “monumentum”, se aplicaba a las estatuas, inscripciones o sepulcros erigidos en memoria de un personaje, o de un acontecimiento conmemorativo. Su uso se extendió a cualquier construcción que poseyera un valor histórico, artístico o arqueológico, cumpliendo la función de hito o símbolo por su visibilidad. Se consideran árboles monumentales aquellos que destacan entre los demás por su gran tamaño, porte o longevidad, que han alcanzado dimensiones poco habituales para su especie, o contienen un valor contemplativo, relacionados con la historia o las tradiciones, o con especial valor para la ciencia y el medio ambiente.
Imelsa 2014. Roble fotografiado por Janini, año 1914, Vallanca

      Desde que se creó la Ley 4/2006, de 19 de mayo, de Patrimonio Arbóreo Monumental de la Comunitat Valenciana, la Conselleria de Transición Ecológica ha presentado la quinta actualización del Catálogo de Árboles Monumentales y Singulares, incorporando 271 ejemplares nuevos, un 12% más respecto a la última actualización de 2020, convirtiendo así a la Comunidad Valenciana en la autonomía de todo el estado español con más árboles protegidos, con un total de 2.439, siendo Valencia la provincia con mayor número de ejemplares. Dicho catálogo se revisa y amplía de forma periódica, siendo su última actualización en fecha 23 de Marzo de 2023. El árbol más representado en el catálogo es el olivo (Olea europaea) con 660 ejemplares, seguido de la palmera datilera (Phoenix dactylifera) con 254, la sabina albar (Juniperus thurifera) con 246, al igual que el algarrobo (Ceratonia siliqua), y la palmera de abanico mexicana (Whashingtonia robusta) con 122 ejemplares.
     En el Rincón de Ademuz destacan los municipios de Puebla de San Miguel y Vallanca, con 233 y 36 ejemplares respectivamente, siendo la sabina albar (Juniperus thurifera) la más representada con 231 ejemplares de los 246 catalogados en toda la comunidad, joyas del parque natural Puebla de San Miguel, conformando un paisaje único a nivel mundial de esta especie. Abundan también los pinos laricios (Pinus nigra) con 10 ejemplares, alzados majestuosamente entre praderas de montaña, salviares y tomillares aprovechados por la abundante cabaña ganadera que ha poblado históricamente, hasta antes de ayer, estas tierras. El resto de especies destacables son el álamo negro o chopo (Populus nigra) con 6, el nogal (Juglans regia) con 5, y el álamo blanco (Populus alba) también con 5 ejemplares, creciendo al amparo de las numerosas fuentes y cursos de agua que surcan el territorio, patrimonio hidráulico del Ricón de Ademuz. La lista queda completada con las quercineas o robles, carrasca (Quercus ilex) con 8 ejemplares, quejigo (Quercus faginea) con 5, y coscoja (Quercus coccifera) con 1, que pese a su origen común, la bellota, ocupan una amplia diversidad de condiciones climáticas, orográficas y edafológicas, muestra de la gran variabilidad de ecosistemas que jalonan nuestra comarca.

Paraje de Las Blancas. Parque Natural Puebla de San Miguel.
     Mención especial merece el pino albar (Pinus sylvestris), aunque solo catalogado el Pino del Remolque de Leña que alcanza los 350 años de edad, tenemos que destacar al Pino Vicente, o Pino de las Tres Garras, que el guarda forestal Vicente Tortajada, en los años 60 del siglo pasado, dijo que no se debía cortar. Está asentado en el "Vago de la Culebra" gozando de unas condiciones óptimas de sombra y humedad, alcanzando los 5 metros de perímetro normal y los 14 metros de altura, es un icono del parque natural. Otro icono del parque es el Paraje de Las Blancas, con sabinas que alcanzan una longevidad cercana a los mil años de edad, con 8 metros de perímetro en su base y 12 metros de altura. Ambos parajes forman parte de las 13 microrreservas de flora del Rincón de Ademuz.
Pino Vicente o Pino de las Tres Garras. Parque Natural Puebla de San Miguel
     Para contemplar la majestuosidad de estos árboles podemos disfrutar del sendero circular del Paraje Natural Municipal de la Umbría de la Huerta en el municipio de Vallanca, que recorre la vega del río Bohigues y el monte de El Plano, donde en tan solo 4 kilómetros encontraremos 10 árboles catalogados, recorrido interpretativo que en breve será declarado Paraje Natural Municipal. Hay instalados atriles interpretativos en los que se describen las principales características y se dan a conocer sus singularidades.
     Tomando el sendero 131.8, Alto de las Barracas, podemos conocer algunos de los 233 árboles catalogados en el municipio de Puebla de San Miguel y disponemos de 9 recorridos mas de la red de senderos que atraviesa el Rincón de Ademuz. Pese a que la distancia total de la ruta completa es muy elevada, podemos realizar el tramo circular de 20 kilómetros, que comenzando y finalizando en el casco urbano, nos descubrirá las microrreservas de Las Blancas y el Pino Vicente, subiendo al Alto de Las Barracas, que con sus 1.836 metros de altitud ostenta el techo de la Comunidad Valenciana.
Sendero Umbria de La Huerta. Vega del Vohigues. Vallanca.

     Podemos localizar cada uno de estos árboles singulares en el visor cartográfico de la Generalitat Valenciana pinchando en este enlace y obtener tanto la ubicación de todos ellos, como las características de los mismos. Pese a que el resto de municipios no presenten árboles catalogados, exceptuando Ademuz con 4, se localizan árboles majestuosos por todo el territorio, que simplemente no se han catalogado.
     Para que un árbol sea considerado monumental, merecedor de PROTECCIÓN GENÉRICA sin necesidad de una resolución singularizada, se valoran las siguientes características: 

+ de 350 años de edad.
+ de 30 m de altura.
+ de 3,5 m de perímetro a 1,30 m.
+ de 25 m de diámetro mayor de copa.

     La dendrocronología estudia los anillos de crecimiento de los árboles para determinar su edad en zonas de clima estacional, donde se forman anillos de madera por debajo de la corteza, siendo el más antiguo el que se ubica en el centro del tronco. Los árboles caducifolios tienen un único periodo de crecimiento al año, cuando llega el invierno pierden sus hojas y este crecimiento se detiene, por lo cual solo poseen un anillo por año. Los árboles perennifolios tienen un ciclo de crecimiento constante, estos poseen dos anillos por año, uno que indica el periodo estacional más favorable (un anillo de color claro) y otro que señala el periodo en que creció menos (un anillo más oscuro). En algunas zonas tropicales también podemos encontrar anillos (bosques tropicales secos o inundados estacionalmente), ya que en las estaciones secas los vasos se hacen más pequeños y oscuros, sus paredes se engrosan para proteger el agua, y en las estaciones húmedas se producen anillos anchos y claros. El estudio de los anillos aparte de darnos a conocer su edad, nos permite reconstruir los eventos que han afectado al árbol durante su crecimiento: el clima, incendios, avalanchas, plagas, talas, etc. Para acceder a esta información se utiliza la barrena de pressler. El árbol vivo más viejo del mundo se llama Matusalen (Pinus longaeva), que alcanza los 4.850 años de edad, situado en el Bosque Nacional de Inyo, Sierra Nevada, al este de California (Estados Unidos).

Sección de carrasca. 131 años. 1’23 m de perímetro. Agres, Alicante

     El perímetro del tronco es el contorno de la sección del tronco perpendicular a su eje longitudinal, situado a una altura de 1,30 m sobre el nivel del terreno, expresado en centímetros, teniendo en cuenta las salvedades por deformidades del tronco especificadas en el Anexo I del Decreto 154/2018, de 21 de septiembre, de patrimonio arbóreo monumental de la Comunidad Valenciana. El árbol con mayor grosor de tronco es el Ciprés de Montezuma (Toaxodium mucronatum), que crece en Santa María de Tule, Oaxaca (México), cuyo perímetro alcanza los 46 metros. Según la leyenda local fue plantado por un dios azteca de la tormenta.
     La altura se mide como la distancia intersectada entre los planos horizontales formados por la base del tronco y el punto más alto del ejemplar, expresado en decímetros. Cuando el ejemplar está inclinado se toma como altura la distancia del eje longitudinal entre la base y el ápice. El árbol más alto del mundo se llama Hyperion (Sequoia sempervirens), localizado en el Parque Nacional Redwood, al norte de California (Estados Unidos), y mide 115 metros de altura.
     El diámetro mayor de copa es la longitud de la recta más larga, que pasando por la base del ejemplar, une dos puntos de la proyección del contorno de la copa sobre un plano horizontal, expresado en decímetros. El árbol con mayor copa del mundo es conocido como Thimmamma Marrimanu (Ficus benghalensis), situado en la Reserva Forestal de Kadiri, en la región del estado indio de Andhra Pradesh, se trata de un bosque muy singular que cubre más de 19.000 metros cuadrados, compuesto por un solo árbol. Bajo sus ramas se ubica un templo dedicado a Thimmamma, que cuenta la leyenda se habría inmolado en ese lugar al morir su esposo en 1434. 

Álamo blanco de la Fuente del Chopo. Negrón. Vallanca.

     Serán protegidos expresamente aquellos ejemplares que sean declarados monumentales o singulares por parte de la Generalitat, mediante una resolución de la dirección general con competencia en la gestión del medio natural, según establece la Ley 3/1993, Forestal de la Comunidad Valenciana. Dicha declaración ordenará su inclusión en el Catálogo de Árboles Monumentales y Singulares de la Comunidad Valenciana. El procedimiento para su protección expresa podrá iniciarse de oficio, o a petición de persona o entidad interesada, que en caso de no ser la propietaria deberá aportar acuerdo con el titular, dando audiencia a los propietarios y a los ayuntamientos en todo caso, y presentando un informe técnico sobre los valores a proteger.
     También puede valorarse para una PROTECCIÓN SINGULARIZADA DE INTERÉS LOCAL el factor ambiental, teniendo en cuenta la funcionalidad que tiene para otras especies de seres vivos a los que puede albergar. Algunos árboles viejos pueden llegar a ser un ecosistema en sí mismos, y servir de refugio o de atalaya para especies de fauna consideradas de interés, comportándose como islas de biodiversidad, incluso en espacios de tipo urbano o suburbano. Así mismo, a menudo los ejemplares incluidos en el catálogo están ligados a su simbolismo e interés cultural a nivel local, que encierran un importante significado histórico o simbólico, y aquellos que recogen tradiciones religiosas o sociales, con alto valor etnobotánico.

Nogal de La Balsa. Vega del Turia. Ademuz.
      Los ayuntamientos, mediante acuerdo del pleno de la correspondiente corporación, también pueden declarar árboles monumentales de interés local, aquellos ejemplares que destaquen por sus características de tipo biológico, paisajístico, histórico, cultural o social. Tras comunicar dicha declaración a la conselleria competente en medio ambiente, se procede a su inscripción en la correspondiente sección del catálogo. Cada ayuntamiento está obligado a gestionar su correspondiente catálogo de árboles monumentales de interés local.La Dirección General de Medio Natural y de Evaluación Ambiental, a través del equipo de patrimonio arbóreo del Centro para la Investigación y la Experimentación Forestal (CIEF), además de las labores de catalogación, desarrolla las tareas de seguimiento y conservación de los ejemplares, así como la asistencia técnica a otras administraciones, propietarios, y entidades interesadas, respecto a la catalogación y conservación de los árboles protegidos o en trámite de declaración,con el objetivo de mantener o mejorar su estado. Su catalogación es un instrumento dinámico y la información se revisa y amplía periódicamente. Los árboles catalogados, o bien se localizan en campo y se inventarían por parte del equipo CIEF, o son los agentes medioambientales o técnicos municipales quienes cumplimentan elmodelo de ficha para la toma de datos. Posteriormente se introducen en la base de datos de patrimonio arbóreo para su catalogación, muy útiles en la realización de investigaciones y estudios comparativos. Su descatalogación sólo se produce con la muerte del ejemplar.
     La conservación de los ejemplares catalogados corresponde a: La conselleria, los ayuntamientos y los propietarios. 

     Estos árboles gozan de una protección legal específica, al menos en un radio de 10 metros a partir del límite de la copa, y queda prohibido:
  • Dañar, mutilar, deteriorar, arrancar o dar muerte a los árboles, así como modificar física o químicamente su entorno.
  • Poseer  ejemplares arrancados, trasplantarlos o comerciar con ellos.
  • La recolección masiva de sus ramas, hojas, frutos o semillas, y la instalación de plataformas, objetos o carteles que puedan dañar significativamente su tronco, ramaje o raíces.
  • Instalar cualquier objeto o estructura que obstaculice su visión, sin motivo estrictamente justificado
  • Mover tierras u otras obras en un radio de 10 m desde el límite de la proyección de copa.
  • El árbol continuará protegido aunque se venda el terreno.

Quedan autorizados los siguientes aprovechamientos y actuaciones:

  • Las actuaciones de conservación del árbol y su entorno que lleven a cabo las administraciones competentes.
  • Los trabajos de cultivo.
  • La recolección de frutos y sus producciones por parte de los propietarios, así como los restos podas y la madera proveniente de la muerte del ejemplar, aunque las administraciones competentes podrán adquirir esta madera con fines científicos, culturales o educativos.
  • Las actividades manuales necesarias para la recolección de frutos, como el vareo u otras prácticas tradicionales.
  • Las podas leves y de fructificación, los tratamientos fitosanitarios, el pastoreo moderado, y aquellas otras actividades tradicionalmente acometidas para el mantenimiento de los árboles, siempre que no pongan en peligro su supervivencia.
Sabina albar indeterminada. Sesga. Ademuz.

     Los árboles viejos, robustos, pasajeros del tiempo, aquellos que han servido de sombra durante siglos en las siegas, en las fuentes, a los pastores en el camino, aquellos que han servido incansablemente al forraje del ganado, a ofrecernos sus frutos, su madera para elaborar aperos, o sostener tejados, producir brea para los barcos y los cueros, o simplemente aquellos que por su singular belleza merecen ser preservados, pervivirán, cuando nosotros no estemos aquí, ellos estarán, y nuestros hijos lo agradecerán.

Lo hemos leído aquí 

   

-----

11 febrero 2026

JENARO IRITIA, en "eldiariorural"
Los chozones sabineros, una joya a conservar
 
Los chozones sabineros eran utilizados por los pastores para guardar el ganado. Asistimos a la renovación de la techumbre de uno de ellos en el Alto Tajo.

Los estudiosos no se ponen de acuerdo desde cuándo los pastores de cabras y ovejas comenzaron a construir estos apriscos tan naturales para su ganado. Lo cierto es que todavía son bastantes los que se encuentran en zonas casi inaccesibles del Parque Natural del Alto Tajo en Guadalajara. Se sabe que también eran típicos en la provincia de Soria.
     Mimetizados con el medio ambiente, los chozones están construidos con árboles tan robustos como la sabina y paredes de piedra seca. En la mayoría de los casos se escogía una sabina de buen porte y amplio diámetro, que servía como eje de sustento para la estructura del tejado, al igual que la pared de piedra caliza que siempre solía ser como de un metro y medio de alta y casi un metro de ancha. Su forma original era redonda, aunque más tarde se fueron ampliando a otras formas cuadradas y rectangulares, dejando así el recinto sin estorbos para el ganado. Incluso existían y todavía perduran algunos chozones que disponían de corral.
     Una vez formada la pared circunvalando la sabina, esta se podaba y con fuertes ramas y las de otras se iban colocando sobre las podadas del árbol principal, intentando coger la mayor inclinación posible para que cuando lloviese resbalara el agua y no entrara ni una gota en el interior. Colocados los ramones o cabrios que iban a servir para construir la cubierta, la siguiente tarea consistía en ir tapando todos los huecos comenzando desde abajo con ramas más pequeñas de sabina, conocidas como “bardas”, hasta crear una techumbre hermética que lo mismo servía para evitar el frío que el calor.
     Lo curioso es que no se utilizaban clavos ni cuerdas para sujetar los palos. Todos se engarzaban de la mejor manera posible para aguantar año tras año. La barda se renovaba cada dos o tres años, pues las pequeñas ramas se resecaban y perdían efectividad.

 Lo hemos leído aquí

-----

08 febrero 2026

REDACCIÓN ALTO JALÓN, enero-26
El chozón de Mochales, un tesoro de piedra y sabina que lucha contra el olvido
Hay construcciones que no fueron pensadas para durar siglos y, sin embargo, siguen en pie, resistiendo al viento, al hielo y al abandono. Son los chozones, refugios humildes levantados con piedra y ramas de sabina, testigos silenciosos de una forma de vida que hoy casi ha desaparecido.
     Uno de ellos se alza en Mochales, integrado de manera única en torno a una gran sabina viva que forma parte de su propia estructura. Allí ha puesto el foco recientemente la Asociación Micorriza, que ha realizado una valoración técnica de su estado para estudiar una posible restauración.
     Rafael Marco, miembro de la asociación, explica que este chozón es singular precisamente por esa sabina monumental que lo envuelve. “Es un ejemplar único, espectacular. Hay muy pocos chozones que integren un árbol vivo dentro de su estructura. No está al lado, forma parte de él”, señala. Esa copa vegetal actúa como una segunda cubierta protectora, junto a la barda tradicional hecha con ramas.
     Durante la entrevista en Alto Jalón Radio, Marco ha aclarado también la confusión terminológica que existe en la zona. Chozón, paridera, paidera, corral de bardas o incluso covacha son nombres distintos para construcciones con un mismo fin: refugiar al ganado en una economía de subsistencia. “El chozón sería la forma más antigua, con cubierta vegetal. La paridera es posterior, ya con tejado de teja”, explica.
     En territorios como la Sierra del Solorio, uno de los sabinares más importantes de Europa, estas edificaciones son especialmente abundantes. Allí, los antiguos ganaderos practicaban una gestión totalmente sostenible del entorno, mucho antes de que el término se popularizara. “Sabían cuánto podían podar, cuánto podían cortar. Todo se aprovechaba: para construir, para rebardar, para protegerse del clima”, apunta Marco.
     El problema llega con el abandono. La mayoría de estos chozones llevan décadas sin uso ni mantenimiento. “Desde los años 70 u 80, como mucho, dejaron de utilizarse. Antes, si había una gotera se arreglaba, si se movía un cabrio se consolidaba. Ahora nadie los cuida”, lamenta. El resultado es un deterioro progresivo: piedras que se caen, pilares que ceden, huecos por donde entran animales salvajes.
     A pesar de ello, el chozón de Mochales todavía podría salvarse. “Mantiene su estructura principal. Con financiación se podría consolidar y recuperar”, asegura. El principal obstáculo es económico. Restaurar uno solo puede costar decenas de miles de euros. Y en la comarca hay cientos. “Estamos hablando de un territorio que no entiende de límites provinciales. El sabinar es el mismo en Guadalajara, Soria o Zaragoza”, recuerda.
     Desde Micorriza defienden el valor histórico, emocional y territorial de estas construcciones. “Lo que se cae en los pueblos no es solo patrimonio, es autoestima y memoria”, afirma Marco. Denuncia además el expolio sufrido durante años: piedras reutilizadas para chalets, troncos de sabina extraídos ilegalmente para construcciones de lujo o incluso para leña.
     Más allá del romanticismo, la asociación plantea nuevos usos que podrían dinamizar el medio rural. Rutas turísticas de chozones, senderismo, cicloturismo o incluso refugios para la observación de estrellas son algunas de las ideas sobre la mesa. “No se pueden restaurar todos, pero sí tener una representación por comarca. Sería un atractivo turístico”, señala.
     El reto ahora es conseguir financiación y respaldo institucional. Mientras tanto, Micorriza sigue trabajando con voluntariado, técnica y compromiso. “Cuando arreglamos un chozón no solo salvamos piedras. Salvamos la historia de quienes vivieron aquí”, concluye Rafael Marco.
De "Caminos de Guadalajara"

 Lo hemos leído aquí 

 ----- 

28 junio 2025

ANTONIO MADRIDEJOS
Las sabinas de los Monegros y la leyenda de la Armada Invencible


Una especie adaptada a la estepa

     En la carretera que lleva de Castejón a Sariñena, justo antes de llegar al pueblo de Pallaruelo, se puede observar una de las últimas representaciones del sabinar que antiguamente cubría buena parte de los Monegros. No son ejemplares solitarios que han sobrevivido en lindes o terrenos abruptos, como suele ser más común en esta comarca de Aragón, sino que los hay a centenares. Vistos desde lo lejos, los árboles, que crecen marcando la frontera entre pequeñas fincas, se observan como un bosque denso que destaca sobre el suelo claro.
     Mi colega periodista Ernest Alós, buen conocedor de la zona, me comenta que más al sur de Bujaraloz, en la llamada Retuerta, se encuentra otro sabinar de tamaño aún mayor y menos modelado por la mano del hombre. Son de una belleza desconcertante. Una visita ineludible. 
Sabinar cerca de Pallaruelo de Monegros, en el municipio de Sariñena. @arbolesconhistoria.com
       El follaje perenne y oscuro de las sabinas albares dio nombre a la comarca -los Montes Negros-, pero los Monegros nunca fueron el bosque impenetrable que de repente fue esquilmado para la construcción de los navíos de la Armada Invencible (o Gran Armada), como todavía reiteran algunas guías turísticas e incluso sesudos ensayos. «Cada poco tiempo se repite el mismo mito», lamenta Gemma Grau, técnica de la Oficina de Turismo de los Monegros, en Sariñena. La deforestación fue un proceso gradual que se inició en los siglos XIII-XV y cuyos principales motores fueron la transformación del terreno para el pastoreo del ganado, la agricultura y el aprovechamiento de la leña. En definitiva, «un resultado del crecimiento demográfico de la comarca en aquellos siglos», expone Grau.
     «En la actualidad únicamente quedan retazos forestales en lugares con relieve, pues todo aquello, productivo o no, que pueda labrarse ha sido labrado», sintetiza César Pedrocchi, biólogo del CSIC, ya jubilado, en Ecología de Los Monegros. 
La paciencia como estrategia de supervivencia. Los cultivos, tanto de secano como de regadío, constituyen ahora el elemento paisajístico más común de la comarca, muy por delante de las zonas forestales y las estepas.
     Afortunadamente, el proceso se ha revertido en las últimas décadas. «La presión de la ganadería se ha reducido -explica Ramiro Muñoz, biólogo de la reserva de la Laguna de Sariñena-. Al no haber tanto ramoneo, los árboles crecen con más facilidad». Lo que pasa, añade Muñoz, es que «aquí llueve poco y la recuperación va lentamente». 
Sabinar cerca de Monegrillo, con la sierra de Alcubierre al fondo. @arbolesconhistoria.com
      La sabina albar (Juniperus thurifera) es una conífera adaptada a la dureza del clima estepario de los Monegros, caracterizado por unos inviernos muy fríos, unos veranos cálidos, viento y en general unas precipitaciones muy modestas, del orden de 350-400 litros anuales por metro cuadrado [En las zonas más elevadas y sin inversión térmica, como ocurre en la sierra de Alcubierre, aparece el pino carrasco.] Aunque estas condiciones se mantienen relativamente estables desde hace al menos 8.000-10.000 años, tras finalizar la última glaciación, el paisaje ha sufrido una transformación completa debido a la influencia humana. 
Tronco de sabina albar
     Así, por ejemplo, los abundantes bosques abiertos de sabina que sugieren los registros geológicos han quedado esquilmados y ahora en su lugar florecen plantaciones de maíz o alfalfa. Y los ejemplares solitarios que aún pueden observarse se han conservado para marcar límites entre propiedades o como hitos para una buena orientación. En cualquier caso, «el sabinar nunca ha sido un bosque tupido. Ni aquí ni en ningún sitio. La sabina vive en lugares muy duros, con pocos recursos de agua, y para resistir ha desarrollado un gran sistema radicular que dificulta que los árboles crezcan muy juntos», insiste Ramiro Muñoz. Además, según el biólogo, «la salinidad de la comarca difícilmente permitiría el desarrollo de un bosque muy denso».
     Una manera de comprobar cómo fue la desaparición gradual de los sabinares monegrinos es acudir a la geología. En este sentido, el delta del Ebro es un inmejorable «testigo» del proceso, según la definición de César Pedrocchi. La deforestación a partir del siglo XIII debido a la presión ganadera y las necesidades de leña supuso una erosión del terreno que se tradujo en unos grandes aportes de sedimentos en el cauce del río. Como consecuencia, el antiguo estuario del Ebro, situado casi 200 kilómetros aguas abajo, se fue convirtiendo progresivamente en el delta que hoy en día conocemos. La Armada Invencible llegó más tarde. Así que, como dice Pedrocchi, «muy posiblemente lo que se taló en los Monegros [para construir los navíos] serían los restos del gran bosque que sobrevivió al primer milenio». 
Sabina cerca de Castejón de Monegros. @arbolesconhistoria.com
       El relato de la flota naval resulta poco creíble. Se estima que para la construcción de un galeón del siglo XVI se necesitaban 900 robles o pinos, que fueron los árboles más empleados, y un poco menos, unos 200-300, para una galera. La escasez de madera fue efectivamente un grave problema en la industria naval española entre los siglos XVI y XIX, lo que motivó la redacción de varias leyes para fomentar la explotación más sostenible de los bosques, pero difícilmente se echó mano de las sabinas. O, como mínimo, las sabinas de los Monegros nunca fueron la primera opción. 
Sabinar de Pallaruelo. @arbolesconhistoria.com
     Su madera es muy apreciada por su resistencia a la putrefacción por humedad, pero los ejemplares suelen ser de altura moderada -no aptos para mástiles y otras piezas de las largas dimensiones- y en sus troncos abundan los nudos. «Creo que se pudieron talar algunas sabinas de los Monegros, pero serían solo las insignes, las que superaban unas determinadas dimensiones», dice Ramiro Muñoz. En opinión del biólogo de Sariñena, el motivo fundamental de la deforestación de la comarca fueron las quemas que se realizaron para obtener prados para que pastara el ganado.
     «La leyenda de la Armada Invencible se sigue explicando pese a que hay numerosas evidencias en su contra», insiste Gemma Grau. La técnica de la Oficina de Turismo de los Monegros comenta otro motivo de escepticismo: «Trasladar grandes troncos hacia el Cantábrico, desde donde partió la flota, remontando el Ebro a contracorriente y con un cauce cada vez más pequeño sería sumamente difícil». Lo habitual es que la madera de Aragón demandada para la construcción (no solo de barcos) procediera de los Pirineos, avanzara a través del Cinca y luego se trasladara por el Ebro hasta Tortosa. Fueron las actuales comunidades de Asturias y Cantabria las que suministraron la mayoría de los árboles necesarios para la construcción naval. Quizá no todos, pero sí la mayoría.

Lo hemos leído aquí
-----

04 marzo 2025

La sabina de Chirivel, del narrador de historias

TOMÁS CASAL PITA
Una sabina solitaria

Esta es la sabina albar (Juniperus thurifera) que crece en el paraje del Pozo Franco (Ayuntamiento de Chirivel), en el extremo oriental de la Cordillera Bética y dentro ya del Parque Natural Sierra María-Los Vélez, en Almería. 
     Se trata de un ejemplar, declarado Monumento Natural de Andalucía el 1 de octubre de 2003, posiblemente milenario, que crece en un altiplano a más de 1600 msnm, en una región de duro clima continental, con grandes variaciones térmicas y períodos de sequía estivales. Esta especie constituye una reliquia de los bosques esteparios del Terciario. Se caracteriza por su lento crecimiento y sus hojas en forma de escama para evitar la pérdida de agua. Su madera es dura y de buena calidad, rica en resinas y muy apreciada en ebanistería, lo que provocó su tala masiva en el pasado. 
     Su altura total es de ocho metros, con un tronco de dos metros de altura y un perímetro -medido a 1,30 del suelo- de 3 metros. Su fisonomía es consecuencia de las duras condiciones meteorológicas en las que vive, especialmente de la nieve, de forma que para disminuir su exposición presenta un aspecto achaparrado y piramidal. 
     Antiguamente en la zona se cultivó cereal (más de subsistencia que otra cosa) y en la actualidad presenta escasos matorrales y un elevado porcentaje de roca caliza descubierta.


Otra entrada para esta sabina
-----

11 noviembre 2022

Sabinas con porte, del cronista de Canarias

JUAN GUZMÁN OJEDA, Ing. técn forestal
Una de las sabinas de más porte y antigüedad de Canarias

foto del blog "El coleccionista de instantes"
(...)La sabina (Juniperus turbinata subsp. canariensis) fue un árbol muy común en Gran Canaria y Tenerife, congregándose en formaciones boscosas como las que todavía abundan en El Hierro y, sobre todo, en La Gomera. Nombres como La Chapa de Sabina, El Sabinal o El Paso de La Sabina redundan en las distintas toponimias insulares.
      En el caso de Gran Canaria, los sabinares que lucieron las medianías bajas fueron progresivamente consumidos por un pueblo que valoraba tanto el alto poder calorífico, como la intensidad aromática de su madera. La fragancia de la sabina, que se quemaba haciendo sahumerios, sirvió para ambientar y fumigar muchas casas ligadas al duro trabajo de campo. La resistencia de su madera es tal que, incluso en fecha actual, podemos toparnos con huecos que alojan raíces patentes, o también casas prehispánicas cuyas vigas de sabina todavía sujetan estructuras.


Vivienda aborigen
      Al pie de la montaña de Tirma hallamos una de estas viviendas, según el Dr. Grau Bassas la vivienda aborigen mejor conservada –pese a que durante un largo tiempo fuera utilizada como gallinero–, y no muy lejos de ella nos alegra contemplar cómo ha logrado llegar hasta nuestros días la testimonial sabina que protagoniza este artículo. La Sabina de Tirma se eleva sobre la cota 472 metros y ocupa la coordenada 28º 01´60″ Norte y 15º 43´36″ 0este, localizándose junto a un grupito de almácigos (Pistacia atlantica) y palmeras (Phoenix canariensis) en el cauce de un barranquillo conocido como Los Piloncillos.
      Se trata de un ejemplar vetusto, con ramas que presentan engrosados ganchos de inserción. Su diámetro se aproxima a los dos metros y su perímetro casi viene a duplicar esta medida. Su aspecto general revela una edad muy avanzada, parámetro que, al tratarse de una conífera y, en consecuencia, marcar anillos de crecimiento, podría calcularse en vida. Muy cerca de la base aparece una gran rama semidesgajada que aploma sobre un murete de piedra que el propietario actual de la finca, el Cabildo de Gran Canaria, mandara construir en el año 1995.
      Pese a la amplitud del medio agreste y natural circundante, no advertimos la presencia de más sabinas: a buen seguro la cuasi-extinción del cuervo en la isla ha reducido sus posibilidades de regeneración. Por otra parte, el carácter paradójico que atribuimos a este ejemplar radica en que, con casi 10 metros de altura, posiblemente se trate de la sabina con mayor porte de todo el archipiélago, toda vez que se ubica en una isla que, hace mucho tiempo, no puede presumir precisamente de sabinares.
 

La cercanía del agua la salvó
     
A menor escala, el bosquete termófilo que incluye la sabina se ubica dentro de un antiguo entorno de huertas agrícolas, como prueba sirva el cuarto de aperos que se encuentra a escasos metros. Según nos cuenta José Martín, auténtico patrimonio oral de esta zona, el agua nacía sobre un estanque cueva cercano y aunque lo normal es que se repartiera por las tajeas de riego, muchas veces se producía el reboso y libre discurrir hacia los umbríos precipicios cercanos.
      La robustez y extraordinario crecimiento de este individuo responden probablemente a la disponibilidad del recurso natural, circunstancia que debió permitirle crecer también durante los veranos. A fecha actual, el preciado líquido ya no fluye por los alrededores, según José Martín desde que se plantaron los pinos en la zona, es decir, hace cerca de 40 años. Sea o no casualidad, lo cierto es que nuestra sabina continua perdurando, ganándose a pulso su propia impronta monumental.
 

La espada de Doramas
      
La razón por la que esta sabina logró evitar el hacha también podría explicarse por la cualidad hídrica. Ya en este sentido se expresaban muchas ordenanzas que antaño señalaban los puntos de agua como lugares de salvaguarda forestal. Y aunque no existan pruebas fehacientes, la tradición histórica señala que el guerrero Doramas eligió esta especie para confeccionar su gran espada. Quizás el propio caudillo aborigen, de haber visitado este remanso de paz, también habría indultado a este ejemplar en detrimento de muchas otras opciones para poder fabricar un arma tan afilada y letal como perfumada.
-----

24 octubre 2022

Senda por Los Monegros, Pino Otal y Sabina de Castejón de Monegros

EL PINO DE OTAL Y LA SABINA DE CASTEJÓN, LOS MONEGROS - ARAGÓN

"Los Monegros son un ecosistema singular, maduro, único en Europa, cuya riqueza biológica ha demostrado ser excepcionalmente importante en términos cuantitativos y cualitativos. La biocenosis documentada de los Monegros sobrepasa las 5.400 especies biológicas, cifra superior a la conocida de cualquier otro hábitat nacional o europeo, presentando el mayor índice de novedades taxonómicas (nuevas especies para la ciencia) de toda Europa en lo que va de siglo, con un alto grado de endemismos y citas únicas para el continente y con numerosos ejemplos de distribuciones biogeográficas y adaptaciones ecológicas novedosas de enorme interés científico. No existe, con datos objetivos y contrastados, ninguna otra zona o espacio físico en nuestro territorio nacional, y tal vez en toda Europa, que pueda siquiera compararse a las singularidades, novedades, rareza y riqueza biológicas que hoy están documentadas científicamente de los Monegros".
Manifiesto científico por los Monegros


     Esta comarca, en sus partes más elevadas, es un gran sabinar. Se ha escrito y se comenta que el declive de este entorno se inicia con la "Aramda Invencible". Este artículo lo desmiente: "La deforestación de esta comarca fue un proceso gradual cuyos principales motores fueron la transformación del terreno para cultivo de cereal, el pastoreo y el aprovechamiento de la leña". El sabinar ha conocido tiempos mejores pero según algunos datos está recuperándose.
     No es fácil la orientación por estos terrenos para un foráneo, pero, con las indicaciones de las gentes de Castejón de Monegros, me voy a contemplar dos árboles únicos. Como es pleno verano y son las cuatro de la tarde, el riesgo de perderse es alto y opto por llevar el coche. El trak que se ha subido a wikiloc así lo indica. Es una comarca a la que volveré porque merece la pena la contemplación del paisaje desde, por ejemplo, el Plano de la Cruz bajo el cual paso. Las indicaciones me sirvieron para hallar los dos árboles pero tuve mucha suerte.
     El pino de Otal es un expléndido carrasco que lleva el apellido de su ex-dueño que murió durante la pandemia. También se le conoce como "Del Ordinario", apodo del anterior dueño que en 1900 tenía un servicio de diligencias hasta Zaragoza a la que llamó La Ordinaria. Datos: Perímetro 3,40m Altura: 13m.
     La sabina también es magnífica. Está situada a 200 m del pino hacia el este, en un ribazo entre bancales, en un plano inferior. Se le conoce como sabina del Romeiral o de Castejón. No tiene ninguna señal de fuego. Sus cuatro cimales la hacen única. Datos: Perímetro 3,90m Altura: 19m
     Y como la suerte de haber encontrado a estos dos expléndidos árboles no puede ser completa, se me "pierden" un montón de fotos y vídeos, un motivo más para volver.
     La ruta que planteo en Wikiloc tiene 25 km, muy recomendada para bicis. Es una ruta circular donde la primera parte es de subida con 200 m de desnivel.


-----

23 noviembre 2020

La sabina de la Hoya de la Cruz, del cronista de Canarias

JUAN GUZMÁN OJEDA Ing. Téc. Forestal
Viento y lava contra la tenaz Sabina de la Hoya de la Cruz

«Antaño la sabina fue muy apreciada como leña. Desconocemos, y a la vez agradecemos, que esta pieza viva del museo libre de la biodiversidad canaria haya subsistido hasta nuestros días», escribe Juan Guzmán en esta entrega, la número 32 de la serie “Árboles de Canarias”.

Entre los múltiples paisajes de la que fuera la isla-cuna de los benahoritas, La Palma, llaman especialmente la atención aquellos que mezclan el verde forestal con las tonalidades oscuras de la actividad volcánica reciente. La isla ofrece espectaculares panorámicas en las que el poderoso pino canario (Pinus canariensis) profundiza poco a poco entre la corteza lávica. Resulta curioso observar cómo cambian de coloración los pinos: amarillentos en edades juveniles para luego, una vez alcanzan los nutrientes del antiguo suelo, adquirir su color verde habitual.
     Pero el pino canario, maravillosamente representado en la isla de La Palma, no es el único árbol canario con capacidad de adaptación a las condiciones de los malpaíses. Entre las antiguas coladas de los volcanes del Parque Natural de Cumbre Vieja, la sabina canaria (Juniperus turbinata) también logró encontrar un hábitat ecológico extremo pero, al fin y al cabo, favorable. 

 

A 4 km del volcán Teneguía
      Nos trasladamos al sur de La Palma, en concreto al municipio de Fuencaliente. Apenas a cuatro kilómetros de donde se produjo la actividad volcánica terrestre más reciente del archipiélago (Teneguía, en octubre-noviembre de 1971), se encuentra la zona de Las Caletas, un área salpicada por viviendas, pinos y contados ejemplares de viejas sabinas canarias. Desgraciadamente, el incendio forestal de 2009 acabó con varias de ellas, sobre todo las que habitaban junto a la pista forestal de Lomo Alto. 
      En esta ocasión el lugar de culto y admiración forestal se localiza sobre la coordenada 28º 30´ 9.30″ N y 17º 49´ 37.10″ W. Allí, a 590 metros sobre el nivel de un cercano mar –apenas un kilómetro y medio en proyección horizontal– se encuentra postrada la Sabina de la Hoya de la Cruz. Junto a ella se hallan los restos derruidos de una casa que en su día se construyera con materiales volcánicos.      Las limitaciones estacionales creadas por los vientos costeros han modelado un árbol de poca talla, pero no así en anchura. Este atractivo ejemplar consta de dos troncos principales, uno hacia arriba con escasa altura y otro que se extiende ampliamente en paralelo con el inclinado terreno.

Formas caprichosas

      Las características que más resaltan de esta singular sabina son, sin duda, las formas caprichosas que trazan sus troncos y ramas, sus partes planas, quiebros, entrelazadas y hasta bucles parecen el perfecto dibujo resultante de la fusión del viento y la lava. Las ondulaciones del suelo volcánico se confunden con los engrosamientos de la retorcida madera. Algunas partes recuerdan a las grandes cornamentas de los alces.
     Junto a su base, una maraña de gruesas y retorcidas raíces se disponen de manera aérea, dejando entrever las finas fibras rojizas de la corteza. Entre los huecos apreciamos numerosas semillas de tamaño casi diminuto, lo que nos concede una idea tanto de la alta longevidad como de la dureza estacional.

      Su posición solitaria la habrá librado muchas veces de los voraces incendios que suelen azotar los sures palmeros. En la actualidad, especies invasoras como el circundante rabo de gato (Pennisetum setaceum) suponen una grave amenaza en caso de que el fuego se aproximara.
     
Antaño la sabina fue muy apreciada por su poder calorífico como leña. Desconocemos, y a la vez agradecemos, que esta pieza viva del museo libre de la biodiversidad canaria haya subsistido hasta nuestros días. Pueden ser muchas las razones que evitaran su corta, quien sabe, quizás fuera para ocultar del sol de la mañana a la vivienda o, por qué no, por el antagonismo surgido entre el hacha y el respeto a su delicada  beleza.

------