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1/11/2025

Bomberos impensables

BEN GOLDDFARB, en National Geographic, sept 2020
Cómo el castor se convirtió en el mejor bombero de Norteamérica

Un castor nadando en Schwabacher Landing en el Parque Nacional Grand Teton. Fotografía de Charlie Hamilton James, Colección de imágenes de Nat Geo Por Ben Goldfarb

El oeste americano ardió con incendios alimentados por el cambio climático y un siglo de extinción de incendios equivocada. En California, los incendios forestales ennegrecieron más de tres millones de acres. En Oregón, una crisis única en una generación obligó a medio millón de personas a huir de sus hogares. Mientras tanto, se ha pasado por alto a uno de nuestros aliados más valiosos en la extinción de incendios: el castor.
     Un nuevo estudio concluye que, al construir represas, formar estanques y cavar canales, los castores irrigan vastos corredores de arroyos y crean refugios a prueba de incendios en los que las plantas y los animales pueden refugiarse. En algunos casos, la ingeniería de los roedores puede incluso detener el fuego en seco.
     "No importa si hay un incendio forestal justo al lado", dice la líder del estudio Emily Fairfax, ecohidróloga de la Universidad Estatal de California Channel Islands. “Las áreas represadas por castores son verdes, alegres y saludables”
     Durante décadas, los científicos han reconocido que el castor norteamericano, Castor canadensis, brinda una letanía de beneficios ecológicos en toda su área de distribución, desde el norte de México hasta Alaska. Se ha demostrado que los estanques de castores y los humedales filtran la contaminación del agua, sustentan el salmón, secuestran carbono y atenúan las inundaciones. Los investigadores han sospechado durante mucho tiempo que estos arquitectos de cola de paleta ofrecen otro servicio crucial: frenar la propagación de incendios forestales.
Este humedal represado por castores en Baugh Creek, Idaho, es el llamado "refugio esmeralda" que puede servir como cortafuegos y refugio para otras especies durante los incendios forestales. Fotografía de Joe Wheaton, Departamento de Ciencias de Cuencas Hidrográficas de la Universidad Estatal de Utah
     “Realmente no es complicado: el agua no se quema”, dice Joe Wheaton, geomorfólogo de la Universidad Estatal de Utah. Después de que el incendio Sharps carbonizara 65.000 acres en Idaho en 2018, por ejemplo, Wheaton se topó con una exuberante bolsa de verde brillante dentro de la zona quemada: un humedal de castores que había resistido las llamas. Sin embargo, ningún científico había estudiado rigurosamente el fenómeno.  
     “El estudio de Emily no podría ser más oportuno”, dice Wheaton, quien no participó en la investigación. “Esto apunta hacia la importancia de las soluciones basadas en la naturaleza y la infraestructura natural, y nos brinda la ciencia para respaldarlo”.
 
Refugio contra los incendios
     Inspirados en parte por las observaciones de Wheaton, Fairfax y su colega Andrew Whittle eligieron grandes incendios forestales que habían ocurrido desde el año 2000 en cinco estados de EE. UU. (California, Colorado, Idaho, Oregón y Wyoming) y examinaron imágenes de satélite en busca de presas y estanques de castores cercanos. (La infraestructura de Castor es tan impresionante que es visible desde el espacio). 
     Luego, utilizando una medida estadística de la salud de las plantas, calcularon la exuberancia de la vegetación circundante antes, durante y después de los incendios. Como era de esperar, las plantas prósperas y bien regadas tendían a aparecer de color verde vivo en las fotos de satélite, mientras que las plantas secas se veían comparativamente marrones. 
 
Los estudios de presas de castores revelan las ubicaciones de los refugios verdes seguros  
     Utilizando imágenes satelitales, los científicos inspeccionaron de forma remota presas de castores en diferentes áreas que se han quemado en incendios forestales, como el incendio de Sharps en Idaho.
 Distancia:     0km                              2 km                             4 km                               6 km
     La planta verde e hidratada, por supuesto, también es menos inflamable que una desecada y crujiente. Y eso es lo que hace que los ecosistemas de castores sean tan incombustibles. Fairfax y Whittle encontraron que en secciones de arroyos represadas por castores, la vegetación se mantuvo más de tres veces más exuberante mientras el fuego incontrolado corría sobre el arroyo. Los castores habían saturado tan completamente sus valles que las plantas simplemente no se encendían. 
     Estos botes salvavidas no solo protegen a los castores: una amplia colección de animales, que incluye anfibios, reptiles, aves y pequeños mamíferos, probablemente se refugian en estos "refugios" de fuego construidos por castores, dice Fairfax. Aunque los incendios forestales son una fuerza vital que rejuvenece el hábitat de algunas criaturas, como los pájaros carpinteros de lomo negro, pueden devastar otras poblaciones de animales. 
     El hábitat del castor también protege el ganado doméstico y las tierras agrícolas, agrega Fairfax, cuyo estudio se publicó este mes en Ecological Applications. “Si tiene un humedal de castores, sus vacas pueden aprovechar ese refugio y les va mejor durante los incendios forestales que si tuviera que empacarlas en remolques”.
 
Apoyando a los castores 
     Además, los castores pueden ayudar a un ecosistema a recuperarse de un incendio forestal. En el norte del estado de Washington, Alexa Whipple, directora del Proyecto Methow Beaver, descubrió que los castores promovieron la recuperación de especies nativas, como el sauce y el álamo temblón.
     Los arroyos sin castores, por el contrario, tenían más probabilidades de ser colonizados con plantas invasoras después de una quema. Whipple también descubrió que los estanques de castores mejoraban la calidad del agua al capturar el sedimento cargado de fósforo que se escurre de las laderas incendiadas. 
     “Si tenemos un paisaje más húmedo, resistiremos el fuego y nos recuperaremos mejor”, dice Whipple, cuyos resultados aún no se han publicado en una revista revisada por pares. “Mi esperanza es que los incendios forestales puedan ser la puerta de entrada para que las personas entiendan todo el conjunto de beneficios que ofrecen los castores”
     A pesar de todo el bien que hacen los castores, miles mueren cada año por inundar caminos, talar árboles y causar otros daños a la propiedad humana. Emplear políticas más inteligentes y humanas (utilizar dispositivos de prevención de inundaciones no letales como "Beaver Deceivers", por ejemplo, y reubicar a los castores que causan problemas en lugar de matarlos) podría mejorar nuestras relaciones con los castores y los incendios forestales por igual, dice Fairfax.
     “Apoyar estratégicamente a los castores en las cuencas hidrográficas locales podría brindar la seguridad de que tiene suelos húmedos y plantas húmedas alrededor de su ciudad”, dice Fairfax. De hecho, como sugiere el título de su artículo, el Servicio Forestal de EE. UU. podría considerar el crear una nueva mascota animal: Smokey the Beaver.

Lo hemos leído aquí
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7/27/2024

LAURE CAILLOCE
La llamada del bosque
Bosque de tipo mediterráneo dominado por encinas.Juan Carlos Muñoz / naturepl.fr / EB Photo
Los bosques del mundo cubren un tercio de la tierra. Aunque nos prestan servicios valiosos, nunca han estado bajo tanta presión. Hasta el punto de lidiar a veces con nuestras contradicciones, entre los bosques santuarios y los bosques gestionados, como descubrirán en esta primera parte de nuestra serie dedicada a los bosques.

     ¿Podrían desaparecer nuestros bosques? Por su violencia, pero también de su precocidad, los mega-incendios del año 2023 arrojan una cruda luz sobre la fragilidad de las regiones boscosas de nuestro planeta. En Canadá, la provincia occidental de Alberta ha estado ardiendo a principios de la primavera. 3.500 kilómetros cuadrados (km2) se transformaron en humo en menos de una semana y 30.000 personas tuvieron que ser evacuadas. Lo mismo ocurre en Rusia, donde en mayo se consumieron 6.000 km2 de bosques boreales en los Urales y Siberia... Toda el área mediterránea se vio afectada, España, Grecia... Y los incendios azotaron el departamento francés de los Pirineos Orientales ya en abril, un récord.
     "Tenemos que tener mucho cuidado con los incendios, dice Laurent Simon, profesor emérito de Geografía de la Universidad de Panteón-Sorbona y miembro del Laboratorio Social Dinámico y Recomposición de Espacios. A nivel mundial, los incendios forestales no han aumentado significativamente su superficie en los últimos 30 años, con 3 a 4 millones de kilómetros cuadrados quemados cada año según datos satelitales del programa Copernicus. Por otro lado, la naturaleza de los fuegos ha cambiado completamente. Antes había un montón de pequeños incendios. Ahora nos enfrentamos a incendios muy grandes y extremadamente devastadores."
Mega-incendio en la Columbia Británica (Canadá).
     En el origen de estos mega-incendios, que aparecieron hace unos 15 años, están: el calentamiento global y las sequías que azotan a los bosques. Pero ese no es el único factor en juego. En California, por ejemplo, o en Australia, estos incendios a menudo nacen en la interfaz entre áreas urbanas y bosques. Porque cuanto más acercamos las viviendas a los bosques, aumentan los riesgos. En Rusia, a la sequía de 2023, se suma el hecho de que la mitad de los guarda forestales han sido despedidos... Los incendios tienen mucho tiempo para propagarse antes de ser detectados, recuerda Laurent Simon.

¿Qué es un bosque?

     Estos incendios nos enseñan una cosa: los bosques son objetos complejos, que no toleran simplificaciones. El simple hecho de definirlos también es un reto. ¿Qué es un bosque? ¿Podemos llamar bosque a una sabana con una cubierta boscosa muy discontinua? ¿Es realmente un bosque el autoproclamado "micro-bosque urbano" plantado al final de mi calle? “Hoy en día, es la definición de la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, la que prevalece a nivel internacional”, indica Laurent Simon. "Según esta definición, un bosque supone que la cubierta arbórea representa al menos el 10% del suelo, sobre una superficie mínima de media hectárea, y que los árboles tienen al menos 5 metros de altura cuando son adultos."
     Una definición bastante amplia, fruto de un compromiso internacional, que se utilizó especialmente en los debates sobre los créditos de carbono y la contribución de cada país en la lucha contra los gases de efecto invernadero (el bosque es un sumidero de carbono natural muy eficaz). Pero eso no satisface a todos los científicos, empezando por los ecólogos, que argumentan que un bosque no se define sólo por su cubierta arbórea, sino también por su complejo ecosistema. "Un bosque de media hectárea tiene mucha menos biodiversidad que un gran bosque y no constituye un ecosistema plenamente funcional", subraya Philippe Grandcolas, director científico adjunto de ecología y medio ambiente del CNRS.
      Más allá de las objeciones, los bosques, tal como los define la FAO, cubren hoy el 30% de la superficie terrestre, o 44 millones de kilómetros cuadrados. Destacan cuatro grandes grupos. En el extremo norte, los bosques boreales, vastas extensiones de coníferas que se encuentran desde Rusia hasta Canadá y Escandinavia, forman un poco más de un tercio de la superficie forestal del mundo. Los bosques tropicales y sus cientos de especies caducifolias y perennes, situados a ambos lados del ecuador, representan algo menos de un tercio de la superficie pero son, con diferencia, la mayor biomasa forestal y la más compleja desde el punto de vista ecológico. Luego vienen los bosques templados de Europa y Estados Unidos principalmente, mezclas de árboles caducifolios y coníferas. Y, por último, los bosques de tipo mediterráneo y su vegetación llamada “esclerófila” (de hojas duras) que encontramos en todo el Mediterráneo, pero también en el sur de California, en Sudáfrica en la región del Cabo o incluso en Chile en los alrededores de Valparaíso.
Los 4 tipos principales de bosque. Los bosques boreales de Rusia y Canadá, y las selvas tropicales de la Amazonía, la Cuenca del Congo e Indonesia, son las áreas boscosas más grandes del planeta.
     Estos cuatro tipos de bosques no se distinguen sólo por su apariencia general. Sus modos de funcionamiento también difieren completamente. “Los bosques boreales, al igual que los bosques templados, están controlados por el frío: durante el período invernal (¡mucho más largo para los primeros!), los árboles descansan y detienen la fotosíntesis. En los bosques mediterráneos ocurre lo contrario, controlados por el calor y, sobre todo, por el estrés hídrico: en plena sequía estival, los árboles dejan de respirar para no perder agua y reducen muy significativamente su actividad vegetal», explica Laurent Simon. La selva tropical funciona todo el año, sin un ritmo estacional marcado, y siempre está verde.

Se destacan las talas masivas
 
Nuestros bosques, naturalmente complejos, están sujetos a una simplificación extrema y a menudo se reducen a “campos de árboles”: alineamientos de individuos de la misma especie y de la misma edad. En cuestión, determinadas prácticas silvícolas que favorecen la simplicidad de la explotación con maderas blandas de rápido crecimiento (que se queman más fácilmente) y todos los árboles plantados (y por lo tanto todos cosechados) al mismo tiempo, durante la "tala rasa" (tala de superficies muy extensas de todos los árboles en una explotación forestal) que deja el suelo completamente desnudo.
     Problema: “En un momento de calentamiento global, estos bosques estandarizados forman ecosistemas pobres y, por lo tanto, poco resilientes, indica Guillaume Decocq, botánico del laboratorio de Ecología y dinámica de los sistemas antropizados (Edysan). Son poco resistentes a sequías, tormentas o incendios. Debilitados, son víctimas de ataques de patógenos y parásitos". Simplificada al extremo, fragmentada por la deforestación y las numerosas infraestructuras allí desplegadas –carreteras, autovías, ferrocarriles, etc–, víctimas de mega-incendios y repetidas tormentas, nuestros bosques están sufriendo. Sin embargo, son esenciales para nosotros debido a los múltiples servicios que nos brindan.
Manifestación en noviembre de 2023 contra la limpieza de 17 hectáreas de bosque en la montaña de Lure (Alpes de Haute-Provence), donde una central de energía fotovoltaica debe surgir del suelo.
     Los bosques, segundo sumidero natural de carbono después del océano, contribuyen al equilibrio climático del planeta y albergan el 80% de la biodiversidad terrestre. Proporcionan material de madera para la construcción y energía de la madera para calentar y cocinar a millones de seres humanos y pronto podrían utilizarse para producir biocombustibles para los aviones del futuro. Se han convertido en espacios de ocio muy populares mientras que la mitad de la humanidad vive ahora en ciudades...

Expectativas contradictorias 

"Tenemos expectativas sobre las superficies forestales que se han vuelto considerables y a menudo parecen contradictorias", subraya Laurent Simon. Queremos que sean áreas naturales protegidas donde florezca una rica biodiversidad y, al mismo tiempo, queremos utilizar cada vez más materiales de origen biológico en la transición energética. Queremos poder practicar ciclismo de montaña, senderismo…” No es de extrañar que allí aumenten los conflictos de uso. "En Francia, donde dos tercios de los bosques son de propiedad privada, vemos cada vez más conflictos entre los propietarios de los bosques, los operadores y el público en general, en particular en torno a la tala rasa, que este último tolera cada vez menos", afirma Guillaume. Decocq.

¿Quién es realmente el dueño del bosque?
 
 
Una verdadera pregunta, según el botánico que analiza la última evolución de la legislación francesa en la materia. “A partir de ahora, cualquiera que entre en un bosque privado, incluso si no está vallado, se expone a una multa. A principios de 2024, en los Vosgos, el nuevo propietario de un bosque atravesado por varias rutas de senderismo hizo saber que prohibía todo acceso a su bosque..."
Práctica de la BTT en el parque natural regional de los Vosges du Nord
¿Constituyen nuestros preciosos bosques un bien común para la humanidad y, más allá de eso, para todos los seres vivos? ¿Cómo podemos conciliar todas nuestras necesidades? “Están empezando a desarrollarse nuevas prácticas silvícolas, más respetuosas con el ecosistema forestal”, indica Laurent Simon, que sigue convencido: el bosque puede existir con el hombre. “El bosque está antropizado desde hace miles de años”, argumenta el geógrafo. El bosque europeo de la Edad Media era todo menos un espacio salvaje. Incluso la selva amazónica actual, que erróneamente pensamos que es salvaje y virgen, es el resultado de la acción humana durante milenios. »

Historia del bosque, bosque y clima, biodiversidad, prácticas silvícolas... son algunos de los temas de nuestra serie de verano dedicada al bosque, que se puede encontrar todos los lunes en lejournal.cnrs.fr.

(Este artículo está tomado de la carpeta "El bosque", un tesoro a preservar, originalmente publicado en el No. 16 de la revista Carnets de science, disponible en librerías y relevo.)
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8/16/2022

¿Y después del fuego?

JAVIER RICO
Cómo recuperar el bosque tras un incendio


Incendio forestal en Puente Sampayo, Pontevedra. Autor: Contando Estrelas.

Desde ‘Bosques para Siempre’ nos planteamos cómo recuperar un monte arrasado por un incendio. Lo primero: recuperar el ánimo –a veces vinculado a enormes pérdidas económicas– de las personas que han sufrido directamente la violencia de las llamas, como en el reciente caso de la Sierra de la Culebra. A partir de aquí, los expertos recomiendan no precipitarse. Hay que valorar qué se ha quemado, dónde y cómo. A partir de ahí, empezar a recuperar principalmente la base de todo: el suelo; evitar que la erosión se convierta en un “segundo incendio”. ¿Reforestar, plantar árboles? También, pero no de forma inmediata. Hay que esperar a ver cómo evoluciona por sí misma la vegetación quemada y dejar pasar uno o dos años para comenzar a plantar. Viajamos, de la mano de los expertos, la sensatez y la esperanza, a la Sierra de la Culebra (Zamora), Sierra Bermeja (Málaga) y Sierra de la Paramera (Ávila), tres zonas dramáticamente afectadas el verano pasado y este.
      «Calculamos unas pérdidas micológicas en la zona de 200 toneladas de boletus al año durante dos decenios al menos, lo que corresponde a unos tres millones de euros al año». Estas declaraciones a la agencia EFE de Juan Andrés Oria de Rueda, ingeniero de Montes, son de las primeras que ponen cifras a una parte de las consecuencias económicas –la derivada de la actividad de la recolección de setas– provocadas por el macro-incendio (30.800 hectáreas) de la sierra de la Culebra. Oria de Rueda sabe de lo que habla porque dirige la Cátedra de Micología de la Universidad de Valladolid, y junto a su equipo llevan más de 30 años realizando estudios ecológicos, forestales y micológicos en la zona.
      ¿Y cómo se recupera esta pérdida micológica? Cuando se piensa en la restauración de un área arrasada por un incendio forestal, se tiende a pensar en los árboles o en los arbustos, pero las personas que llevan años investigando sobre esta cuestión enseguida remiten al suelo. “El suelo pierde el componente biológico necesario para la formación de humus, mueren los organismos que airean el suelo, micorrizan vegetales y retienen humedad; se mineraliza el suelo y queda desnudo, pudiendo perderse fácilmente por lluvias, lavarse y quedar sin nutrientes”, explican desde la Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono (ARBA) .
     Una de las últimas iniciativas que ha abordado esta cuestión es el proyecto europeo EPyRIS, acrónimo de Estrategia conjunta para la protección y restauración de los ecosistemas afectados por incendios forestales (Gestión integrada en zonas naturales de alto riesgo). Entre los socios de España, Francia y Portugal que han participado en EPyRIS está el Centro de Investigación Forestal (CIF) Lourizán de la Xunta de Galicia, que ha desarrollado un modelo para el noroeste de España y ambientes similares y que aborda las pérdidas por erosión durante el primer año después de un incendio en función de la severidad del fuego en el suelo, la precipitación anual y el uso de ese suelo.
      

No en todas las zonas se debe actuar igual

       Cristina Fernández, investigadora del CIF Lourizán, aclara: “El primer paso es evaluar el nivel de daño y zonificar las áreas que han quedado más severamente afectadas, porque no en todas se debe actuar igual”. EPyRIS aplica una escala para definir el riesgo de erosión del suelo y determinar esas áreas severamente afectadas. “En esos momentos procedemos a poner vendas a las heridas provocadas en el suelo para evitar su pérdida y su función, esparciendo desde paja hasta la vegetación que ha quedado tras el incendio”, asegura Fernández. Añade: “Con los restos de leña quemada hay veces que la trituración no es posible hacerla porque tienes que llegar andando hacia laderas con mucha pendiente, además la paja es capaz de cubrir mucha superficie con poca cantidad –hasta cinco o seis veces más– y la puedes esparcir desde el aire”.
      En el decálogo de buenas prácticas tras un incendio que propone ARBA habla de favorecer la recuperación del suelo y la vegetación mediante “siembras con hongos simbióticos a las especies que se están regenerando, a fin de fomentar el micorrizado”. El primer punto de ese decálogo apuesta por no introducir maquinaria pesada tras un incendio, con el fin de no compactar más el suelo, no alterar el régimen hídrico, no dañar los posibles rebrotes de la vegetación ni el banco de semillas autóctono que se encuentre en el medio y merme su viabilidad, así como proteger los pocos espacios de refugio de fauna beneficiosa que se mantengan.
     Tras otro incendio de grandes dimensiones (22.000 hectáreas quemadas), el del pasado año en la sierra de la Paramera (Ávila), las primeras actuaciones, aparte de atender a los sectores económicos más afectados, se centraron en frenar la posible erosión, los arrastres de cenizas y suelo a los cauces –una consecuencia que supera los límites del área quemada– y la posibilidad de plagas forestales mediante la saca de madera quemada, además de la recuperación de las áreas de captación de agua para abastecimiento. ARBA no está muy de acuerdo con la retirada de la madera totalmente quemada, porque “no sufre especialmente el ataque de escolítidos –coleópteros que se alimentan de madera–, siendo los pies afectados parcialmente o con daños mecánicos los más propensos a sufrir este tipo de ataques”. La asociación Reforesta añade: “Algunas investigaciones insisten en que los insectos perforadores se van a dirigir más a los árboles aún vivos que a los muertos”.

Desolador paisaje tras un incendio en Alcalá la Real, Jaén. Autor: Michelangelo-36.

      A finales del pasado año, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miterd) daba a conocer también los trabajos de restauración ambiental tras otro gran incendio (Sierra Bermeja, 10.000 hectáreas): “Creación de albarradas con restos de madera y piedra en la red de drenaje de cabecera de cuenca y fajinas –junto a las albarradas forman muros de contención– con restos de madera en las laderas más expuestas, con el fin de evitar la erosión y permitir la pronta implantación de especies vegetales”. Todas las iniciativas cuentan. A pequeña escala (unas 20 hectáreas), y gracias a un acuerdo entre Carrefour, Mahou-San Miguel y el sello de certificación forestal FSC, se van a restaurar también determinadas áreas asoladas por incendios forestales que ocurrieron en años pasados en Ponte Caldelas (Pontevedra), Mesas de Galaz (Gran Canarias) y Olmedo (Valladolid).

Plantar pensando en el cambio climático

      Una de las explicaciones que se dan a la rápida expansión de las llamas en la sierra de la Culebra, además de la ola de calor y las rachas de viento, es la proliferación de pinares (pino silvestre y resinero), fruto de las repoblaciones forestales que se produjeron a mediados del siglo pasado en detrimento de los robles autóctonos. “Es un error demonizar a los pinos, porque la mayoría de las frondosas no son especies pioneras, es decir, las primeras que crecen y se asientan en un terreno para la posterior recuperación de este”, advierte Cristina Fernández. Por esto mismo, no descarta “tener en cuenta a los pinos en algunos lugares y como etapa anterior a la llegada o plantación de otras especies”. No hay que olvidar que en los grandes incendios, incluido el de la Culebra, arden también muchas hectáreas de matorral.
      En general, la investigadora del CIF Lourizán afirma: “Antes de volvernos locos y cambiar el modelo de bosque de pinar se puede empezar por las franjas en los cursos de agua, e intentar expandirlas, ya que es un nicho de biodiversidad muy grande. También debemos buscar islas donde plantar otras especies en función de los suelos que nos encontremos: pobres, poco profundos, pedregosos…”. Pablo Martín Pinto, catedrático de Lucha y Prevención de Incendios Forestales en la Universidad de Valladolid y subdirector de la Cátedra de Micología, recuerda que en la Culebra, “ardieron en menor medida, álamos temblones, chopos, fresnos, abedules y alisos, y curiosamente han funcionado como pantallas cortafuegos”.
      En un artículo publicado en el portal especializado en incendios forestales Osbo Digital, Luis Martín y Margarita Martínez-Núñez, ambos ingenieros de Montes, explican: “Las actuaciones a realizar estarán encaminadas a aumentar la madurez del bosque, su valor paisajístico y económico, y a reducir el riesgo de incendios mediante el control del combustible acumulado, considerando en todo el proceso las posibles implicaciones de las proyecciones del cambio climático”. Desde la asociación Reforesta coinciden en que “debe aprovecharse el incendio para intentar generar una nueva combinación de especies más resistente al fuego y al cambio climático”.

Prevención, extinción y restauración, de la mano

      Otro aspecto que sale a relucir cuando se habla de restauración es su relación con las otras dos etapas de los incendios: la prevención y la extinción. Lo explican muy bien Martín y Martínez-Núñez: “La restauración de incendios forestales debe ser una continuación de las labores de extinción y, a la vez, debe facilitar las actuaciones de prevención, que tenga como consecuencia una reducción en la frecuencia e intensidad de los incendios”. Añaden: “Una vez declarado un incendio forestal, las labores de extinción podrían orientarse a facilitar y reducir en lo posible las posteriores actuaciones de restauración”.
      Para Cristina Fernández es “muy importante trabajar con una idea clara de cómo ha sido la extinción, porque puede orientar sobre cómo atacar un incendio futuro. Además, puedes hacer una restauración del paisaje teniendo en cuenta las dificultades que has tenido en la extinción. Esto no siempre es posible, pero hasta ayuda a saber dónde vas a tener más dificultades de recuperación”.
      “La restauración da un pelín de esperanza dentro de la tragedia”, acaba diciendo la investigadora del CIF Lourizán. Esperanza sobre todo para el medio rural. Lourdes Hernández, de WWF España, considera que “la única medida eficaz es invertir en desarrollo rural sostenible y en transformar el territorio hacia paisajes más resistentes al fuego”. Rosa María Canals, profesora titular y miembro del grupo de investigación Ecología y Medio Ambiente de la Universidad Pública de Navarra, escribe en The Conversation : “Necesitamos promover y facilitar una vida rural activa y utilizadora de los recursos de su entorno si queremos protegernos y proteger nuestro medio natural de eventos devastadores de gran magnitud”. 

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12/23/2020

Incendios de Australia

RICARDO VÉLEZ, Ingeniero de Montes
Informe de los profesionales forestales australianos al Senado de su país tras los incendios del verano 2019-2020

      Los grandes incendios forestales son endémicos en Australia. El verano austral, de diciembre a febrero, es la época de peligro en ese país. Siendo tan extenso como toda Europa, el peligro se concentra principalmente en el Este (Nueva Gales del Sur) y en el Sudeste (Victoria), aunque también aparece en el resto de las provincias costeras, pero generalmente con menor intensidad.
      Existe una impresionante base de datos sobre grandes incendios, generalmente concentrados en las provincias citadas. Por ejemplo, en 1938-1939 durante la temporada denominada “Black Friday” ardieron 2 millones de hectáreas, murieron 71 personas y el fuego destruyó 650 edificios. En 2008-2009 en el periodo llamado “Black Saturday” hubo 173 muertos y 2.000 edificios destruidos.
       El reciente verano austral 2019-2020, llamado “Black Summer”, dejó también cifras de daños enormes, con 19 millones de hectáreas recorridas por el fuego, 34 muertos y 6.000 edificios quemados. Asimismo, se calculó que las emisiones de CO2 a la atmósfera por los incendios superaron los 300 millones de toneladas.
Estas terribles cifras han hecho que los poderes públicos se preocuparan desde siempre por desarrollar planes preventivos basados en los conocimientos técnicos disponibles en cada tiempo. Por ejemplo, en 1939 se constituyó lo que allí se llama una “Royal Commission” para analizar el problema y hacer propuestas. Lo mismo ha sucedido este año. Concretamente el Senado australiano ha comenzado a recabar informes que ayuden a revisar las políticas actuales para preparar un futuro plan nacional de acción.
     Uno de los informes principales ha sido presentado conjuntamente por “The Institute of Foresters of
Australia” (que reúne a los forestales profesionales) y los “Australian Forest Growers”(asociación de propietarios de montes comerciales), (en adelante IFA+AFG). 
     Los profesionales muestran su desacuerdo con la afirmación que atribuye los grandes incendios al cambio climático y los presenta como inevitables. El fuego ha estado siempre presente en Australia, como muestra el pirofitismo generalizado de las especies nativas. Los agentes naturales, como sequía y rayos, no son ninguna novedad. 
     IFA+AFG señalan como determinante de la actual gravedad e intensidad de los incendios la creciente acumulación de combustibles forestales en los montes, debida a la insuficiencia de inversiones en selvicultura preventiva, tanto en montes públicos como en privados. Las recomendaciones de las Royal Commissions de 1939 y 2009 se han seguido deficientemente. En ellas, se insistía en el uso del fuego prescrito para reducción de combustibles como técnica más adecuada para trabajar en ecosistemas pirofíticos, típicos de Australia, cuya biodiversidad se mantiene con presencia de fuegos de baja intensidad.
     El fuego prescrito se ha ido limitando al mantenimiento de fajas cortafuegos alrededor de zonas de interfaz urbano-forestal (IUF). Esta medida, que es acertada, resulta insuficiente ante la expansión de la IUF alrededor de las grandes ciudades.
      IAF+AFG se muestran preocupados por la tendencia a tratar los incendios forestales simplemente como emergencias, olvidando la prevención, y concentrando las inversiones en la contratación de costosos medios aéreos, de aplicación limitada en los enormes fuegos, en los que la visibilidad es muy reducida por el humo. Señalan que el exceso de confianza en los medios aéreos reduce la aplicación de las técnicas de ataque terrestre directo e indirecto con brigadas apoyadas por maquinaria pesada. Las operaciones nocturnas también se limitan.
      IAF+AFG solicitan apoyo de los servicios meteorológicos oficiales sin coste tanto para la aplicación de fuego prescrito como para las operaciones de extinción. Solicitan también refuerzo de los programas de investigación sobre selvicultura preventiva incluyendo la utilización del fuego prescrito, así como de los programas de formación de personal y actualización de los equipos de los servicios de emergencias.
      Finalmente, señalan la conveniencia de auditar de qué manera se aplicaron las medidas recomendadas por las Royal Commissions de 1939 y 2009 y las consecuencias positivas y negativas de esa aplicación.

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9/09/2020

Tamadaba resucita

MARÍA SANTOS
Tamadaba resucita un año después


Termina una semana de auténtico inferno para las islas afortunadas. El archipiélago canario se ha enfrentado nuevamente a un episodio extremo de altas temperaturas, polvo sahariano en suspensión, apenas humedad y vientos fuertes del este. Ingredientes que encienden todas las alarmas por riesgo extremo para la salud y de incendios.
      Durante el miércoles 26 de agosto se superaron los 40 grados en las medianías, zonas interiores de las islas por encima de los 300 metros de altitud, de Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote, por la noche no se bajó de 30 grados en algunos puntos del archipiélago donde la temperatura mínima fue de 32 grados centígrados.
      La situación geográfica de las islas, su relieve con elevadas montañas y barrancos, que acumulan calor en esas simas y provoca subidas súbitas de temperaturas, ponen al archipiélago ante uno de sus mayores riesgos, agravados por el cambio climático, la sequía, el cambio en el territorio o el abandono del sector primario: el fuego.
      Esta semana se cumplía un año de uno de los peores incendios vividos en las Islas Canarias de los último 30 años, y, sin duda el más grande de los registrados en 2019 con una extensión de 78 kilómetros de perímetro, desde Valleseco al Parque Natural de Tamadaba y 12.000 hectáreas calcinadas.
      Más allá de la superficie quemada el fuego de Gran Canaria es considerado como “el peor incendio forestal de los últimos años en España” porque afectó a un “rico patrimonio natural, numerosas especies endémicas y amenazadas y que es vital para el abastecimiento de agua potable en la isla”.

      Poco antes del triste aniversario, y en vísperas de ponerse al frente del incendio que estos días ha consumido parte de La Garafía en la isla de La Palma, el jefe de Emergencias, Federico Grillo, detalló que el incendio del año pasado se llevó por delante el 32% del Parque Natural de Tamadaba, pero “se está recuperando sin problema, incluso ya se pueden ver muchísmos rebrotes y pinocha”.
      Ya explicaba a este medio el año pasado la importancia de las especies endémicas del archipiélago, como los madroños, las fayas o el pino canario, un árbol ignífugo con una gran capacidad de recuperación tras el paso de las llamas.
 

Perfil del pino canario
Pinar de Tamadaba, Gran Canaria
Características: El pino canario (Pinus canariensis) es una conífera única en el mundo, que crece solo en Canarias y tiene la capacidad, a diferencia de otros pinos, de ser relativamente tolerante al fuego y ser capaz de reverdecer después de un incendio. De porte piramidal, puede alcanzar los 40 metros aunque lo normal es que se sitúe entre los 15 y 25 metros. En Canarias existen ejemplares monumentales, como los famosos pinos de Villaflor, en Tenerife, que llegan a los 60 metros. Sus hojas son aciculares, finas y aparecen agrupadas de tres en tres.
Hábitat: Es un árbol que se adapta a superficies muy variadas y es capaz de desarrollarse en paredes de roca casi verticales. La especie,se extiende por Gran Canaria, Tenerife, La Gomera, La Palma y El Hierro. También existen plantaciones en el área mediterránea, y en algunos puntos de EEUU como California, todos ellos, lugares de clima templado-cálido.
Distribución: El 60% de toda la superficie forestal de Canarias (unas 120.000 hectáreas) está poblada por esta especie.
Situación: Los pinos canarios pueden formar bosques mixtos, con palmeras y sabinas (zonas cálidas) o con brezos y fayas (zonas húmedas). También puede extenderse en grandes extensiones de bosque como especie predominante.
Usos: Su principal uso es la reforestación aunque también tiene aplicaciones ornamentales. La pinocha se usa como cama de ganado y para abonar huertas.
Amenazas: Le perjudica el cambio climático, los incendios demasiado frecuentes y las plagas.

     Hoy, poco más de 365 días después, gracias a la contribución de 150 ciudadanos anónimos podemos constatar la evolución de las zonas afectadas por los incendios forestales de agosto de 2019 que el proyecto Fénix realiza desde noviembre enviando sus fotografías desde alguno de los 16 puntos de observación (tótems) que ha instalado en las cumbres.

Deetalle del incendio de Gran Canaria y del área del parque natural de Tamadaba uniendo capturas de luz visible e infrarrojos. Foto: Agencia Espacial Europea
      Gestionado por un equipo multidisciplinar, ajeno a la administración pero impulsado por el Cabildo de Gran Canaria, Fénix Gran Canaria estudiará al menos hasta octubre de 2021 las distintas velocidades y condiciones de recuperación de la flora y las ha analizado con motivo del primer aniversario de los tres fuegos que quemaron unas 12.00 hectáreas y obligaron a evacuar a 20.000 vecinos de distintos municipios.

Tamadaba 

En Tamadaba, el pulmón de la isla, allí donde el coordinador de la lucha contra el fuego, Federico Grilllo, llegó a decir que el incendio “era inextinguible y que ningún hombre era capaz de detener esas tormentas de fuego”, el estado de recuperación es bueno tras este incendio de sexta generación.
Bomberos en 2019
Tamadaba
     El suelo está cubierto por especies herbáceas arbustivas como las Jaras, Corazoncillos o Gamonas, características estas por su floración blanquecina tras un incendio. Las huellas en este pinar son variables y menores a medida que se entra en su interior.
      El grado de recuperación del arbolado es alto, dominando de nuevo el verde general pese a las cortezas ennegrecidas.
Sin embargo, afirma el informe de Fenix Gran Canaria, el daño “es apreciable en algunas repoblaciones de enriquecimiento” aunque con muchos nuevos brotes.
      En masas jóvenes o repobladas con especies de sotobosque de monteverde se han producido daños al observarse brotaciones basales. Algunos ejemplares no han sobrevivido, no por el efecto de las llamas sino por una exposición prolongada por un paso lento de las llamas. La recuperación de las masas adultas de pinar es bueno, con abundante rebrote de acículas (hojas).

Artenara

Artenara 2020. Fenix Gran Canaria En Artenara y Tejeda los incendios, junto a la crisis sanitaria de los últimos meses, han supuesto “un duro golpe para la población” y para la apuesta por el turismo de
Artenara 2020
naturaleza, natural y gastronómico del que se sustenta la región, concluye el informe del proyecto Fénix.
      En Artenara, ”la marca sobre el paisaje y sobre todo sobre las conciencias de los vecinos sigue siendo patente”. Allí el incendio despejó bancales abandonados que evidencian su potencial agrícola.
Desde Lugarejos se ve cómo el abandono agrícola y la proliferación del matorral y el cañaveral son mechas para conducir el fuego, usando las pendientes como lanzaderas hacia Tamadaba.
      Albarrada o bancal de piedra para contener la erosión del suelo Desde Las Hoyas o El Sargento, se observa cómo castigó al pinar canario repoblado y que a estas masas les está costando recuperarse y precisen de claras para ganar fuerza.
      Además, «gran parte del suelo permanece desprotegido», por lo que se ha hecho un esfuerzo para construir albarradas (bancales sostenidos por un muro de piedra sin argamasa) para contener la erosión.
      En Tejeda, donde la población tuvo que ser evacuada en dos ocasiones, el paisaje se ve «muy recuperado y sólo se ha echado en falta el esplendoroso florecer de los almendros de comienzos de año». Bajo Riscos de Chapín aún se aprecian las manchas sobre las rocas dejadas por el fuego y también se notan desde el mirador de Los Almendros.

Evolución de la vegetación en la zona 0 de Tamadaba | Foto: fenixgrancanaria
Valleseco: zona cero del incendio
      En la zona cero la intensidad del fuego fue elevada por la presencia de barrancos con mucha pendiente que provocan mayor longitud de llama, mayor velocidad de propagación y un efecto chimenea.     Desde Cueva Corcho la vista sugiere un alto grado de recuperación, «pero se trata de vegetación herbácea anual y helechal que rebrota por las buenas condiciones del fondo de barranco».
      En las laderas observables desde Galaz o Montaña Pajaritos los efectos «son notables» porque afectó a pino radiata que no rebrota como el autóctono. De hecho, en algunas zonas ya empezó su tala para ser repobladas en invierno con especies canarias.
     También se ven madroños, fayas o pinos canarios repoblados hace 10 años logrando rebrotar, «lo cual es un ejemplo claro de la resistencia y adaptación de la flora canaria».



       En la dorsal de la cumbre que va desde cerca de los pinos de Gáldar hasta la dorsal que separa las vertientes Norte y Sur, desde Doña Paca, en la trasera del Monte de Pavón, se nota un gran rebrote del helecho en una ladera repoblada hace 12 años con monteverde desarrollado que aún no ha rebrotado y debe despuntar en unos meses sobre el helechal.
      Desde Fuente Fría, pese al rebrote de especies herbáceas tapizantes, todavía se ven marcas del incendio: olmos con una profusa brotación de raíz y pinos radiata calcinados que aprovechan los pájaros carpintero.

Evolución de la vegetación en la zona 0 de Tamadaba | Foto: fenixgrancanaria
Evolución del Pinar de Tamadaba
      Vista desde Cueva Caballero la recuperación «está siendo algo más lenta, con un tímido rebrote del pinar más afectado y ejemplares dispersos de alelíes y salvias». En este pinar de repoblación las quemas prescritas lograron que, pese a la intensidad del fuego, «algunas copas siempre permanecieron verdes».
      El incombustible corazón de Gran Canaria Tras un recorrido por los últimos 20 años de historia de incendios en Gran Canaria, solo tres han generado la mayor superficie quemada: el de 2007 (18.000 hectáreas), el de 2017 (2.000 hectáreas) y los de 2019 (9.800 sumando el de Artenara y Cazadores).

      Pero si echamos la vista atrás, la joya forestal de Gran Canaria que llevaba treinta años sin vivir un incendio hasta 2019 sufrió una docena de quemas en 160 años.
      1860 es el primer año que queda registrado en un documento oficial un incendio de Tamadaba. Pero realmente el primer gran fuego recogido por la prensa local data de julio de 1861. Lo anecdótico del mismo es que la población de la Isla se enteró días después de que comenzase gracias a que las llamas fueron atisbadas por la tripulación y pasajeros de la goleta ‘Tinerfe’ cuando se dirigía hacia el Puerto de Las Nieves. Ese fuego acabó con todo el monte de Tamadaba desde Artenara.
      La Reserva de la Biosfera de Tamadaba llegó a sufrir seis incendios en siete años, desde 1919 hasta 1936. Algunos de ellos llegaron a quemar el pinar al completo. Pero éste renacía una y otra vez y de su extinción siempre se encargaban los vecinos de Agaete y Artenara, quizá los réditos obtenidos por ganaderos y agricultores favorecieran estos “fuegos regeneradores”.
      El 28 de julio de 1959, las llamas aparecieron en el llamado Lomo de la Diferencia cuyo sendero dirige hacia las Presas de Lugarejos y Los Pérez. En ese fuego, los jóvenes que se encontraban en el Campamento del Frente de Juventudes se convirtieron en los héroes del momento, ya que fueron los primeros en atacar a las llamas hasta que llegaron los refuerzos, de nuevo, desde Agaete y Artenara.
      El siguiente de importancia ocurrió el domingo 7 de agosto de 1988 obligó a evacuar a 200 personas y quemó 4 kilómetros de terreno y 200 hectáreas de pinar.


       Aunque parezca que la resistencia del pino canario no tenga fin y la capacidad regeneradora de las tierras volcánicas de estas Islas Afortunadas sea infinita no hay que bajar la guardia.
     En esta ocasión el pino isleño responde nuevamente y la fortuna vuelve a sonreir a Tamadaba con unas temperaturas suavizadas por el paso de los alisios que recorren la isla de Gran Canaria, que otra vez verá reverdecer, como ave Fenix de las cenizas, su pulmón verde y su fuente de agua.

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2/27/2020

Wellemi pine, ¡salvados!

LAUREL WAMSLEY
Los bomberos australianos salvan las únicas arboledas de los
prehistóricos pinos Wollemi
El fuego arrasó el Parque Nacional Wollemi de Australia, pero los bomberos pudieron salvar las raras arboledas de pinos Wollemi prehistóricos. Servicio de Parques Nacionales y Vida Silvestre de Nueva Gales del Sur. Reuters
     Fue una misión salvadora tan dramática como cualquiera en la batalla que duró de meses contra los incendios forestales que arrasaron el bosque australiano. Pero en lugar de una carrera para salvar humanos o animales, un equipo especializado de bomberos australianos se empeñó en salvar las valiosas plantas: las arboledas ocultas del pino Wollemi, una especie de árbol prehistórico que sobrevivió a los dinosaurios. La especie Wollemia nobilis alcanzó su máxima extensión entre los 34 y 65 millones de años, antes de su progresiva disminución. Hoy en día, solo existen 200 árboles en su entorno natural, todos dentro de los cañones del Parque Nacional Wollemi, a sólo 160 kilómetros al oeste de Sydney. Los árboles son tan raros que se creían extintos hasta 1994. Ese es el año en que David Noble, un oficial del Servicio de Parques Nacionales y Vida Silvestre de Nueva Gales del Sur, hizo rappel en un cañón estrecho y se encontró con un bosque de grandes árboles que no reconoció. Noble se llevó algunas ramitas y se las mostró a biólogos y botánicos que se quedaron igualmente perplejos.
Wollemia nobilis está cubierta de nódulos esponjosos de color marrón oscuro. Solo 200 de los árboles crecen en su hábitat natural. Gobierno de Nueva Gales del Sur
     Un mes después, Noble regresó al bosque con científicos. Fue entonces cuando se dieron cuenta de lo que habían encontrado: "un árbol fuera de cualquier género existente, de la antigua familia de coníferas Araucarias", explica un científico estadounidense.
      Los árboles son altos y pueden alcanzar en la naturaleza 45m de altura. Tienen una corteza delgada y frágil, cubierta de nódulos de color marrón oscuro que les dan una especie de apariencia "burbujeante". Tienen conos que aparecen al final de sus ramas, y los árboles son monoicos, lo que significa que cada planta tiene conos masculinos y femeninos. Entonces, cuando los incendios forestales de Australia comenzaron a ir hacia el Parque Nacional Wollemi en las últimas semanas, los bomberos del servicio de parques y vida silvestre y el Servicio de Bomberos Rurales de Nueva Gales del Sur pusieron en marcha una operación cuidadosamente planificada. "Este es un activo clave, no solo para los parques nacionales, sino para todo nuestro país", dijo Matt Kean, ministro de medio ambiente de Nueva Gales del Sur, en una entrevista con la Australian Broadcasting Corporation. Grandes camiones cisterna echaron retardantes de fuego alrededor de los pinos. Los bomberos establecieron un sistema de riego alrededor de los árboles para mantenerlos húmedos. Los equipos especializados rapelaron desde los helicópteros hasta el suelo del bosque para asegurarse de que permaneciera mojado. "Si el fuego llegaba, queríamos que fuera una quemadura fría en lugar de una quemadura caliente para darles la mejor oportunidad de supervivencia", dijo Kean.
Los bomberos se abrieron paso desde los helicópteros hasta el suelo del bosque. La ubicación exacta de los bosques es un secreto cuidadosamente guardado. Gobierno de Nueva Gales del Sur
      El fuego arrasó los cañones y los bosques donde estos árboles han sobrevivido de alguna manera durante millones de años. Durante unos días, el humo era tan espeso que no estaba claro si el plan había funcionado. "Todos esperamos con la respiración contenida", dijo Kean. Por fin el humo disminuyó. Algunas llamas habían carbonizado algunos árboles, y dos murieron. Pero los esfuerzos habían valido la pena. "Finalmente", dijo Kean, "pudimos entrar allí y ver que, gracias a Dios, los árboles se salvaron". Dice que sabían que tenían que hacer todo lo posible para salvar los bosques de Wollemi. "Estos son los únicos pinos Wollemi vivos que se encuentran en cualquier parte del planeta en su entorno natural. Estos pinos cubrieron toda Australia. Ahora solo se encuentran en un lugar muy pequeño y secreto en Nueva Gales del Sur". Así es: la ubicación exacta de los árboles es un secreto. El gobierno dice que la supervivencia a largo plazo de los árboles depende de mantener su ubicación confidencial y de la cooperación del público para no intentar visitarlos. Los visitantes pueden introducir enfermedades y pisotear las plantas en regeneración.
El humo espeso tardó días en desaparecer y revelarnos si los árboles se habían salvado. Gobierno de Nueva Gales del Sur
     Kean agradeció a los bomberos por sus esfuerzos y reconoció que si bien la temporada de incendios no es nueva, está empeorando. "Siempre tendremos incendios forestales en este país. No hay duda de eso. Pero no hay duda también de que la gravedad de los incendios forestales de este año nunca lo habíamos visto. Y eso se debe al cambio climático", dijo Kean. "Hay una gran oportunidad para que nosotros lideremos el camino en términos de abordar el cambio climático y ayudar al resto del mundo a descarbonizarse. No hay un país mejor en el planeta y mejor ubicado para hacerlo que Australia". Las autoridades estudiarán la respuesta a los incendios para dar forma a la estratégica respuesta en el futuro, un futuro en el que el fuego continuará amenazando los ecosistemas frágiles.
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2/07/2019

En ABC.es, hemeroteca
El rayo dormido

(Yo no creo ciertas noticias pero no dejo de pensar en lo cierto que algunas pudieran tener. Os presento el mismo hecho en dos periódicos distintos, ABC y El País, aún sabiendo que quien escribe no siempre da datos fidedignos, juzgad vosotros.)

    Hay rayos que se quedan a dormir dentro de los árboles y que no se despiertan hasta que pasa la noche, sale el sol y el aire se seca y, entonces, inician el incendio. Algunos duermen dos días seguidos. Según Óscar Catalán, bombero, el árbol que tiene un rayo dormido suele presentar una cicatriz en forma de espiral sobre la corteza como si el rayo no quisiera tomar tierra en línea recta sino que va dando vueltas alrededor del tronco, enroscándose como un bailarín de la copa a las raíces, de donde a veces sale para seguir su camino bajo tierra y entrar a dormir en el árbol de al lado. En el valle de Ayora, en Valencia, el 99,9 por ciento de los incendios forestales se inician por rayo, según los estudios efectuados por la asociación de lucha contra incendios de Ayora y la Valle; de ahí la importancia de localizar los rayos que caen sobre las carrascas durante las tormentas de verano, como la que tuvo lugar en este valle el pasado viernes. Si se encuentran, se evita el incendio, y hasta sobrevive el árbol que tiene dentro, dormido, un rayo.
     En Galicia vive una secuoya gigante a la que le han caído dos rayos en lo que va de año, y ahí sigue, quemada hasta la médula, protegiendo la casa y dando, nadie sabe cómo, todavía rumor de pájaros y de ramas.
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JOVI ESTEVE, en el El País
¿Qué es un rayo latente?

Incendio en el municipio de Baltar, Ourense. 2011,
     Sabemos que una de las causas que puede originar un incendio forestal es la caída de un rayo en plena tormenta, pero no siempre el impacto del mismo sobre un árbol conlleva un fuego inminente. Hay ocasiones en que, hasta pasadas bastantes horas o días, el árbol no empieza a quemarse apareciendo lo que se llama el rayo latente. Cuando hay tormentas con aparato eléctrico sobre una masa forestal, puede ocurrir que la descarga de un rayo sobre un árbol no produzca llama en el mismo momento, puesto que hay lluvia y mucha humedad. Ahora bien, otra cosa es lo que en ocasiones puede ocurrir dentro del árbol. La elevadísima temperatura del rayo (puede ser de hasta 30.000 grados centígrados, seis veces la temperatura del Sol), y la falta de oxígeno en el interior del tronco, generan un proceso de lenta pero progresiva combustión.
      Estos rayos latentes, dormidos o silenciosos, pueden tardar hasta cuatro días en manifestarse. Lo harán cuando las condiciones atmosféricas hayan cambiado y el ambiente sea más seco y caluroso. Cualquier ranura podrá provocar que el oxígeno exterior empiece a alimentar las brasas internas y desencadene una combustión espontánea y violenta. Si encima hay viento, tenemos los ingredientes perfectos para la catástrofe. (...) Por último, estos rayos dormidos son difíciles de detectar, ya que si observamos un árbol afectado no da muestras del proceso de combustión interna que está generando.


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