- SELLOS DE CORREO DE ÁRBOLES CANARIOS DE 1973
Descripción: Apollonias canariensis - Barbusano
Temas: Flores | Plantas (Flora)
Fecha emisión: 1973-03-21- Tamaño: 41 x 29 milímetros
- Colores: Multicolor
- Formato: Sello
- Emision: Conmemorativo
- Perforación: peine 13
- Impresión: Fotograbado
- Valor facial: 1 Pta - Peseta Española
- Tiraje: 7.000.000
- Don José Viera y Clavijo en su libro "Historia natural de las Islas Canarias" nos dice de este árbol, el barbusano: “La madera del barbusano es oscuro muy estimado sumamente sólida, sin nudos, pesada, incorruptible, capaz del más terso pulimento, y de adquirir con el tiempo un color oscuro muy estimado; así se ven en nuestras Canarias muchas mesas, algunas de dos varas de ancho, hechas de solo un tablón, que teniendo ya siglos, prometen tener algunos más, pues ni aún el fuego levanta llama en esta madera”. Pertenece a la familia lauraceae, y es un árbol poco exigente en humedad, localizándose en las cotas más bajas de la laurisilva, sobre todo en La Palma, Tenerife, La Gomera, El Hierro y Gran Canaria. Debido al excesivo uso en trabajos de ebanistería y en otras labores artísticas, como la escultura, es hoy una madera bastante escasa.
Descripción: Myrica faya - Faya
Temas:Árboles | Flores | Plantas (Flora)- Fecha emisión:1973-03-21
- Tamaño:29 x 41 milímetros
- Colores:Multicolor
- Formato:Sello
- Emision: Conmemorativo
- Perforación: peine 13
- Impresión: Fotograbado
- Valor facial: 2 Pta - Peseta Española
- Tiraje: 7.000.000
- Se trata de uno de los árboles del monteverde canario que muestra una mayor valencia ecológica
pudiendo encontrarla en las formaciones más secas y en las más
expuestas al viento. Es una especie que protege el suelo durante su
recuperación hasta que reaparecen especies de mayor porte.
Wikipedia
- Descripción: Phoenix canariensis - Palmera
canaria
Temas: Árboles | Plantas (Flora)
Fecha emisión: 1973-03-21- Tamaño: 29 x 41 milímetros
- Colores: Multicolor
- Formato: Sello
- Emision: Conmemorativo
- Perforación: peine 13
- Impresión: Fotograbado
- Valor facial: 4 Pta - Peseta Española
- Tiraje: 7.000.000
- “... Las utilidades que sacamos de las palmas son muchas. Las primeras casas de la ciudad de Las Palmas fueron techadas con sus incorruptibles troncos. Sus hojas suministran a la industria el material de las escobas, esteras, espuertas, serones, y de aquellas delicadas obras de palma, en que con tanta celebridad se han distinguido las monjas de San Bernardo de Canaria... ni el adorno y amenidad que dan los palmitos a nuestros festejos públicos y funciones de iglesia”
- Don José Viera y Clavijo
Descripción: Ilex canariensis Holly - Acebiño
Temas: Árboles | Plantas (Flora)- Fecha emisión: 1973-03-21
- Tamaño: 29 x 41 milímetros
- Colores: Multicolor
- Formato: Sello
- Emision: Conmemorativo
- Perforación: peine 13
- Impresión: Fotograbado
- Valor facial: 5 Pta - Peseta Española
- Tiraje: 7.000.000
- Acebiño: “Su madera es blanca, sólida y pesada, la mejor para tomar la tintura negra y recibir el más perfecto pulimento, la estiman mucho los carpinteros y ebanistas” Historia Natural de Canarias
Descripción: Dracaena drago - Drago
Temas: Árboles | Plantas (Flora) - Fecha emisión: 1973-03-21
Tamaño: 29 x 41 milímetros- Colores: Multicolor
- Formato:SelloEmis Conmemorativo
- Perforación: peine 13
- Impresión: Fotograbado
- Valor facial: 15 Pta - Peseta Española
- Tiraje: 7.000.000
- "Drago milenario: es el símbolo vegetal de la isla de Tenerife. Cuenta la leyenda, que tomó su nombre del latín que significa “dragón” porque estos animales alados se convirtieron en este árbol cuando desaparecieron. Tiene una particularidad muy especial: su savia es de color rojo y no blanco o transparente como ocurre en la mayoría de las especies vegetales."
- Sociedad Filatélica de Madrid
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"Quién hubiera dicho que estos poemas de otros iban a ser míos, después de todo hay hombres que no fui y sin embargo quise ser, si no por una vida al menos por un rato..." Mario Benedetti. A los amantes de los árboles,... localización, poesía, cuentos/leyendas, etc.
11 octubre 2026
Sellos de 1973 - Árboles de las Islas Canarias
18 febrero 2022
Mocán del Lomo del Cargadero, El Hierro, del cronista de Canarias
El Mocán del Lomo del Cargadero
En la isla
benjamina, la de los bimbaches, el tópico “el bosque es vida” fue
siempre una realidad y es que los árboles, literalmente, han ejercido
como destiladeras naturales para la subsistencia del herreño.

Pese a su tamaño, la menor de nuestras islas tiene mucho que aportar a
la biodiversidad forestal, además de sus pinos únicos y de sus
fantásticas sabinas con portes eólicos. El Hierro también alberga las
mejores muestras de formaciones termófilas con participación de mocán (Visnea mocanera).
El hecho de que los frutos de esta especie sean comestibles ha llegado a
que se diferencie, dentro del rico léxico rural herreño, entre la
mocanera con yoyas [voz aborigen en el habla canaria: fruto de
la mocanera] grandes y jugosas y el mocanero de frutos pequeños o
“cumpliditos”, según me informó Marcos Barrera (un sabio de la tierra de
Frontera).
Entre los ejemplares con nombre y leyenda propia destacan los tres
que podemos encontrar junto al sendero de Jinama: el Mocán de La Sombra,
el Mocán de los Cochinos y el Mocán de las Lecheras. Desplazándonos más
hacia el oeste, sobre el semicírculo de El Golfo y junto a una senda
que ya hoy “no lleva a ninguna parte”, a la cota de 767 metros, aún se
erige el asombroso Mocán del Lomo del Cargadero.
Curvas imposibles y ramas zigzagueantes y tortuosas
Una característica común que llama la atención al observar mocanes
añejos es, sobre todo, su extravagante aspecto si lo comparamos con la
mayoría de árboles. El viejo mocán no destaca por alcanzar una gran
altura, pero sí por exhibir un tronco muy grueso con incontables
pliegues, arrugas hinchadas, curvas imposibles y ramas zigzagueantes y
tortuosas. A mi parecer, estos colosos parecen haberse escapado de la
fantasía épica y creativa de JR Tolkien. El Mocán del Lomo del Cargadero
presenta, cómo no, estas características y se localiza en un apacible
paraje (27º 44´28″ N y 18º 02´28´´ W), junto a un claro en el bosque que
ocupa una pequeña pradera, desde donde la vista alcanza a ver el mar
rompiendo en los roques de Salmor.
Aunque su altura rondará los 18 metros, se trata de un ejemplar
difícil de fotografiar ya que es precisamente en su base y bajo dosel
donde podemos apreciar su particular estructura. Por otro lado, la
abundancia de brotes basales (o chupones) oculta la parte baja del
mismo. Sin duda es la estrategia de reproducción vegetativa, por emisión
de brotes de cepa, la que ha permitido prolongar la vida de este
individuo.
Chamizo para el pastor
El diámetro de este árbol es tan enorme que “¡dentro cabe un coche!”,
tal y como me expresó el buen Olegario, quien hiciera las veces de
presentador entre el árbol y yo. Lo cierto es que así puede ser, ya que
su interior se encuentra completamente ahuecado y vacío. La cara sur del
árbol ya no existe y la pared de la cara este presenta un gran hueco
triangular que se encuentra engorado con piedras. Probablemente estas
piedras cumplieran la función de cerrar el recinto para guardar el
rebaño, ya que hacia el suroeste también se observa la construcción
cercana de un pequeño murete.
La forma geométrica de esta construcción parece intuir la instalación
histórica de un chamizo para que el pastor pasara la noche al lado de
su rebaño. Pero además este simpar individuo luce un detalle morfológico
claramente significativo: el espectacular quiebro que realiza una de
sus retorcidas ramas bajas, simulando desafiar la ley de la gravedad a
poca altura del suelo. El engrosamiento en este cambio brusco de ángulo
de crecimiento es tal que llega a crearse un efecto óptico de mágica
columna flotante.
Antaño, tal y como indica la toponimia, visitar esta zona era
sinónimo de aprovechamiento del monte. Hoy en día merecería la pena
recuperar el camino y promover un encuentro parar reforzar el vínculo,
el respeto y la admiración por el arte puro y natural a través de la
contemplación del soberbio Mocán del Lomo del Cargadero.
10 enero 2022
El aderno de Los Chorros de Epina, del cronista de Canarias
El legendario aderno de Los Chorros de Epina
Sin hojas en 2014
Y cierto es que junto al sendero hacia Arure (GR-132) se localiza un viejo aderno (28º 09´48´´ N y 17º 17´ 53´´ W), apenas a 200 metros antes de llegar a oír el borboteo de la fuente. Debemos lamentar que tras la visita realizada en fechas recientes [31 enero 2014], el ejemplar en cuestión no exhibía ninguna hoja y esta especie no es precisamente caduca. Este ejemplar singular que, supuestamente, enlazaría con la cultura oral, probablemente pereciera durante el pasado año. A juzgar por su aspecto, durante su etapa juvenil debió ser víctima de un importante movimiento de tierra o bien puede que viviera subyugado a la sombra de otro gran árbol ya que su tronco, de apenas 6 metros de largo, se encuentra prácticamente horizontal al camino, creciendo desde la pendiente hacia el vacío.Ahora, su tortuoso esqueleto vegetal, de más de un metro de diámetro, se encuentra abierto y desgarrado por el paso de los incontables años, sirviendo a modo de gran macetero proporcionando sustrato y soporte a musgos, helechos, líquenes y pequeñas crasas rupícolas.
Desmitificando su soledad
Pese a que algunos textos científicos atribuyen la capacidad de
esta mirsinácea para emitir brotes de raíz (o geneta), como hace su
pariente el marmulán (Sideroxylon canariensis), por nuestra
parte no se ha podido advertir la presencia de los mismos, circunstancia
que frena la regeneración natural de este individuo en particular. No
obstante los guías del Parque Nacional de Garajonay nos confirman la
presencia de otros adernos en la zona, desmitificando la creencia
popular sobre la solitaria existencia de este árbol en toda la isla.
Claro está que la causa de la muerte de este ejemplar no debieron de ser las hojas que, como pruebas de fe, les iba regalando
a las pobres esclavas del agua que además, a buen seguro, arriesgarían
su propia vida para llegar a alcanzarlas. Como recoge José Perera,
alguna había más avispada que venía con la hojita del árbol pero con la
talla vacía, llenándola en el barranco de Macayo, ya cerca de la entrada
a la pedanía urbana de Vallehermoso.
Y no queremos terminar sin añadir que mientras la bruma siga
acariciando y jugando con el monteverde gomero, continuarán manando “las
canales” de la fuente para mantener viva tanto la leyenda del único
aderno como el sabor también único de la fresca e incomparable agua del
monte.
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César-Javier Palacios también nos habla aquí de este aderno
22 noviembre 2021
Garoé, el árbol de la vida, del cronista de Canarias
El sustituto de un tótem-maravilla, llamado Garoé
Cuánta razón tiene
la teoría clásica que defiende que el valor de un bien depende tanto y
más de sus circunstancias, que de su composición. Así es como, en pleno
desierto, el diamante más grande resultará siempre objeto de trueque por
una cantidad de agua proporcional a la sed y resistencia de su
poseedor. El Hierro es la única isla canaria donde no existen
afloramientos naturales de agua, y por ende la única isla en la que la
muerte por deshidratación pudo llegar a ser una triste realidad para los
bimbaches. Para contrarrestar fatales desenlaces, la cubierta arbolada
–secuestrando sutilmente la humedad de las nubes– supo abastecer
perfectamente esta necesidad básica. 
Pero el más conocidos que los guásimos fue el Garoé, leyenda y realidad de un árbol sinónimo de vida y salud para los pobladores prehispánicos. Aunque el verdadero Garoé cayera derribado en 1610, mucho antes de que se estudiara la botánica forestal canaria, lo cierto es que se sabe con certeza que fue un vigoroso ejemplar de til (Ocotea foetens), el árbol de los ambientes más umbríos y frescos de la laurisilva. La razón de este hallazgo se explica gracias a un detallado grabado, realizado por el historiador Leonardo Torriani a finales del siglo XV, así como a la descripción de Abreu y Galindo sobre sus bellotas de sabor amargo. Ciertamente, en la naturaleza canaria sólo los frutos del til resultan comparables a los del género Quercus.
Por supuesto, este árbol no tenía ningún carácter milagroso, siempre que no consideremos mágico el propio funcionamiento del monteverde como ecosistema zonal. Fue siempre la especial ubicación de este árbol, a las faldas del volcán Ventejís, la que sirvió para atrapar el máximo del agua suspendida en forma de nubes alísicas. De esta circunstancia tomaron buena nota los bimbaches y por esa razón labraron huecos y albercas junto a la coordenada 27º 47´45´´N y 17º 56´ 31´´W, donde habitara el mítico árbol que poco a poco fuera pasando de la necesidad a la santidad.
Se dice que el Garoé medía aproximadamente 15 metros y que su diámetro era de 5 metros, probablemente formado por varios chupones engrosados. Con tal diámetro y escasa altura, para ser un til tan desarrollado, su copa debió ser inmensa, ocupando a modo de gran embudo todo el espacio del anfiteatro o frontón que se construyó alrededor de su base.

Las hojas del Garoé besaron el suelo 205 años después de que la isla fuera conquistada. Ya no era necesario recurrir a sus dádivas, sobre todo durante los calurosos veranos. El lugar que con tanto recelo fue ocultado a los conquistadores permaneció en el olvido durante exactamente 338 años, aunque no así en la cultura y en la literatura que mejor ha identificado a la isla herreña.
Se dice que el anterior dueño del terreno, que finalmente fuera adquirido por el Cabildo Insular, llegó a plantar allí un ejemplar de castaño (Castanea sativa), pero que apenas creció, circunstancia seguramente achacable al exceso de humedad. En plena Guerra Civil Española, el ingeniero de Caminos Simón Benítez, de ascendencia herreña, remitió a la isla unos pocos ejemplares de tiles procedentes de Moya (Gran Canaria). La falta de cuidados culturales impidieron la supervivencia de estos individuos. Más tarde, en 1948, coincidiendo ya con la inflexión entre explotación y recuperación del monte canario, un ejemplar de til procedente de Anaga (Tenerife), acabó plantándose en este enclave. En dicha empresa fue de destacar la decidida labor del noble guarda forestal local de nombre Zósimo Hernández.
Y allí ha prosperado este digno sustituto del tótem-maravilla, para rememorar la relación hombre-bosque más estrecha que jamás ha existido en Canarias. Cuando la niebla lo permite, podemos observar cómo tiene una altura que ronda los 11 metros y un perímetro de tronco de un metro. El ejemplar se ramifica sobre los dos metros, presentando una ligera inclinación hacia el viento dominante. Su corteza se encuentra alfombrada con frescos y esponjosos musgos y líquenes, que canalizan las microgotitas hasta el suelo.
Actualmente el entorno cumple una importante función de uso público e histórico, siendo el único árbol canario que cuenta con visita certificada. El abrazo forestal, suave, vaporoso y húmedo, constituye un impulso frecuente entre los visitantes. Quién sabe si alguna vez la propia joven Argafa también se abrazó al Garoé, mezclando sus> lágrimas con las gotitas destiladas, mientras suplicaba perdón por haber desvelado el secreto mejor guardado del pueblo bimbache.
06 agosto 2019
Leyenda del Aderno
Redescubierto en La Gomera el árbol de las brujas de alcurnia (enero 2013)

La isla de La Gomera es un territorio mágico. Con un bosque mágico, la laurisilva, preñado de historias tan viejas como sus árboles únicos.
En un lugar así, imagínense cómo será Vallehermoso, una de sus localidades más increíbles. Adéntrense entonces en su monte nebuloso hasta acercarse a una fuente misteriosa de siete caños tallados en madera, los Chorros de Epina. Y allí, entre el rumor del agua y del viento alisio agitando la bóveda vegetal, recuerden el refrán gomero:
“Si bebes de los siete caños / te casas antes de un año”.Para encontrar el amor deseado, asegura la vieja tradición oral que las mujeres deben beber de los caños pares y los hombres de los caños impares, empezando siempre a contar desde la izquierda. Y sólo si las mujeres quieren convertirse en brujas deben beber de los caños de los hombres.
Brujas, auténticas brujas eran las damas de alta alcurnia de Vallehermoso, caprichosas hasta el límite de exigir a sus sirvientas el esfuerzo de invertir todo un día de dura caminata para traerles la preciada agua de esa fuente supuestamente medicinal. Sabedoras de lo sencillo de la falsificación, exigían a las niñas encargadas del transporte una incontestable prueba. Junto con el cántaro lleno debían mostrar la hoja de un aderno (Heberdenia excelsa), un raro árbol de la laurisilva del que, según se creía, sólo existía un único ejemplar en la isla, precisamente en la inmediaciones del manantial.
Considerado cuento de viejas, durante décadas
se pensó que tal árbol era una invención popular. Hasta que junto con mi amigo Jacinto lo redescubrimos hace muy poco tiempo. Viejo, muy viejo, pero vivo.¿Será el mismo de la leyenda? El propio árbol nos lo confirmó, pues tan sólo conserva una de sus cuatro ramas originales, la más inaccesible. Aunque lo siento, no les diré cómo llegar a él, está el pobre como para regalar más hojas.
18 noviembre 2018
El gran madroño de Tenerife, del cronista de Canarias
JUAN GUZMÁN OJEDA, Ing. Técn. Forestal
El centenario y recóndito madroño de la Fajana de Ruiz
La estrella invitada de este artículo supone un recorrido por un paisaje forestal envolvente...
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| Quizás 17 metros no sean mucho para un árbol, pero en el caso del madroño posiblemente sea su máxima altura posible. |
El madroño es el árbol que termina de enganchar a aquellos que comienzan a estudiar y descubrir a los habitantes de los bosques canarios. Este elemento de la laurisilva y del pinar húmedo se deja reconocer por dos caracteres diferenciales: su corteza y sus frutos. Podemos detectarlo mediante suaves caricias, ya que su corteza es sedosa y lisa, desprendiéndose periódicamente a modo de pergaminos. Esta corteza y sus irisados colores verdoso-anaranjados resaltan especialmente cuando los troncos se empapan del rocío horizontal. Mención aparte merecen sus flores acampanadas y de color asalmonado, que más tarde derivan en vistosos frutos comestibles de color mandarina, que cuelgan en cortos racimos.
Los madroños salvajes, casi por casualidad, suelen estar asociados con algunas de las ubicaciones más especiales del verde canario: dígase el Espigón Atravesado en El Canal y Los Tiles (La Palma), el barranco Oscuro que nace en Tamadaba (Gran Canaria), o bosquetes termófilos como el de La Furnia de Icod (Tenerife). Como no podía ser menos, la visita a la estrella invitada de este artículo supone también un recorrido por un paisaje forestal envolvente.
El ilustre Madroño de La Fajana de Ruiz se localiza (28º 22´ 21,45 ¨ N y 16º 37´ 27,76¨ W) en el límite oeste del municipio tinerfeño de Los Realejos, muy cerca del cauce del barranco del mismo nombre. Para poder visitarlo debemos sumergirnos en esta encajonada rambla, junto a la que discurre uno de los senderos más visitados del norte insular. En todo caso, el mayor ejemplar de madroño canario no se encuentra junto a la senda, por lo que la mayor parte de los senderistas suelen pasar muy cerca sin llegar a advertirlo. Y es que este notorio ejemplar forma parte del bosquecillo que ha reconquistado las huertas de cultivo. En su día, hará ya casi un siglo, seguramente era el único árbol divisable entre las terrazas agrícolas del lugar.
Floresta en ebullición
El entorno de la Fajana de Ruiz resulta cautivador. A la floresta en ebullición, hay que sumarle la espectacular geología vertical y el valor etnográfico que nos transmite el antiguo patrimonio rural. Si nos paramos frente a la Casa de La Fajana, poco a poco engullida por la vegetación, un leve esfuerzo imaginativo puede darnos idea de la dureza y autenticidad de la antigua vida agraria, a buen seguro llena de mil historias jamás relatadas.
La biodiversidad de este enclave es tan elevada que le ha merecido su declaración como Sitio de Interés Científico, una tipología de espacio natural que invita al descubrimiento de nuevas especies. En el bosquecillo que oculta a este titán de tersa piel dominan, entre otras, especies de laurisilva como el laurel (Laurus novocanariensis) y el paloblanco (Picconia excelsa) atípicamente muy abundante en esta zona.
Si vamos descendiendo seguro que nos sorprenderá una curva algo diferente (casi sacada de un capítulo de las aventuras Astérix y Obélix), en la que domina un gran castaño con una gran mesa de piedra cerca de su base. Al poco dejaremos la Casa de La Fajana a nuestra derecha y luego el sendero emprende una larga recta en bajada. A unos 100 metros de la casa y más o menos en la posición geográfica 28º 22´ 41,23¨ N y 16º 37´ 28,42¨ W torcemos a la derecha por una estrecha vereda entre bancales, hasta encontrarnos de frente, a unos 50 metros bajo el dosel arbóreo, con nuestro madroño.
Este es el camino más sencillo, aunque recuerdo que cuando fui a verlo con mi buen amigo Pascual ambos tiramos bosque a través, desde la curva del gran castaño, sorteando la maleza y avanzando como podíamos con una mezcla de nerviosismo y certeza, pues sabíamos que, más tarde o más temprano, nos toparíamos con este soberbio ejemplar. Y así fue como pudimos contemplar esta obra de arte natural, con sus tres gruesos y tersos troncos principales que arrancan de una gran base que abarca los cinco metros de perímetro. Quizás 17 metros de altura no sean mucho para un árbol, pero en el caso del madroño posiblemente sea su máxima altura posible. Al igual que ocurre con otros árboles centenarios, su dimensión y edad hace que no se identifique fielmente con los típicos madroños que estamos más acostumbrados a observar.
¿Qué lo libró del hacha?
En nuestra vuelta a la civilización nos preguntamos cuál pudo ser la razón que libró a este árbol del hacha, concluyendo que quizás fuera una mezcla del rico sabor de sus frutos, las inestimables propiedades medicinales y, cómo no, el magnífico porte que provocó el respeto por parte de los lugareños. En todo caso Arbutus canariensis es un pariente muy cercano al madroño europeo (Arbutus unedo) y seguramente las primeras poblaciones hispánicas ya se percataron de este parecido, suponiéndole usos similares. Los azúcares del fruto de los madroños al fermentar producen alcoholes naturales. Por eso, su consumo excesivo llega a causar embriaguez, de ahí el apellido científico unedo que apunta el consejo de consumir uno sólo. En Asturias incluso se le conoce con el nombre vulgar de “borrachín”.
Quizás los frutos de este madroño nos queden demasiado altos para poder disfrutar de sus relajantes que no inmortales propiedades. Lo que sí resulta de claridad meridiana es que todo aquel que lo visite inscribirá un nuevo y agradable recuerdo en su particular admiración y memoria por los seres vegetales más extraordinarios.
28 septiembre 2018
Demostración científica de cómo el arbolado precipita el agua de las neblinas en sitios adecuados
Año XV, nº66, mayo de 1930, en Rincones del Atlántico
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Jardín Botánico de Kirstenbosch, Ciudad del Cabo |
Hace pocos años se le ocurrió al Dr. Marloth hacer experimentos tan sencillos como luminosos, que consistieron en colocar dos pluviómetros en los parajes donde se produce la neblina antes mencionada; el uno de forma usual y el otro conteniendo unas veinte varillas o cañitas, de unos treinta centímetros de altura, reunidas hacia ambos extremos por medio de una tela metálica. Resultó que en el pluviómetro ordinario no se recogió agua alguna desde el 21 de Diciembre de 1902 hasta el primero de Enero de 1903; mas en el que estaban las varillas se precipitaron unos 375 milímetros de agua; el total de la recogida hasta el 15 de Febrero en el primer aparato fue solamente de 125 milímetros, mientras que la medida en el segundo ascendió a la increíble de unos dos metros.
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| Ciudad del Cabo |
Extracto del Tercer inventario Forestal Nacional 1997-2007...
"Este tipo de precipitación “silenciosa”, y difícil de calcular, se produce como consecuencia del contacto del manto de estratocúmulos con la vegetación que ocasiona la condensación y lenta precipitación de la humedad acumulada en el manto de estratocúmulos. El choque continuo de la capa de estratocúmulos en las fachadas norte y nordeste de las islas de mayor relieve es, junto a la presencia de plantas de hojas anchas y escoriáceas características de la laurisilva, lo que explica la condensación de gotas de agua en las hojas de los árboles y, en general, en cualquier obstáculo que acabará completamente mojado y goteando agua. El efecto de dicho mecanismo de precipitación es considerable y supone un notable incremento del aporte de agua. Mediciones efectuadas en el interior de zonas boscosas hacen aumentar los registros realizados con pluviómetros al aire libre de 865 milímetros a 2.724 milímetros. Pero por sí sola, la precipitación horizontal produce captaciones de 62,5 l / m2 en un día y, al mes, de 998,2 l/m2 (Marzo, 2005). La importancia de esta condensación es mayor conforme el movimiento de aire es más fuerte, especialmente en los pinares que poseen una estructura abierta. En un ejemplo extremo se registraron 5.090 milímetros de precipitación en un pinar de Tenerife, por apenas 650 milímetros en un claro cercano (Ceballos y Ortuño, 1951)."










