viernes, 26 de febrero de 2021

He heredado un nogal...

BASILIO SÁNCHEZ (Cáceres, 1958)
Del libro: "He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes"
(premio Loewe 2018)


 
HAY un olor de agua y de resinas,
un aroma incesante
subiendo por las médulas
hasta las nervaduras de las hojas,
un espacio oloroso,
una fragancia
de sombras perfumadas, de espesuras azules,
de musgos transparentes.

Vengo de la sustancia de la tierra,
de su barro balsámico.

Sobre la intimidad de lo que existe,
sobre el mundo
que ahora empiezo de pronto a percibir,
va pasando en silencio,
iluminando el sueño en penumbra de las cosas,
el pensamiento de la luz. 
 
 
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martes, 23 de febrero de 2021

Animación: Avenida de los gigantes

ALOIS DI LEO
Avenida de los gigantes


Corto de animación realizado en 2016.
En un bosque de árboles gigantes, Oquirá, una niña indígena de seis años desafiará a su destino y empezará a comprender el ciclo de la vida.

Animation : Tiago Rovida & Henrique Lobato
Original Music by Tito La Rosa
Editing : Helena Maura & Alois Di Leo
Sound Design and Mix : Daniel Turini & Fernando Henna
Additional Music : Gustavo Monteiro  

Ver el original: Aquí, tomado vía Krapo arboricole

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sábado, 20 de febrero de 2021

Una protesta en toda regla

JUAN GUZMÁN OJEDA, Ing. téc. forestal
El último paloblanco majorero no fructifica

Si en sentido figurado fuéramos a representar la foresta canaria, trazaríamos un brochazo verde desde La Palma hacia Lanzarote, aunque la pintura casi se nos habría gastado en Gran Canaria. Pero esto no fue siempre así. En la Historia, las denominadas Purparias (Lanzarote y Fuerteventura) llegaron a ser fértiles, no en vano durante más de cinco millones de años se cree que formaron una sola isla, la única que por aquel entonces constituía la todavía sin bautizar Canarias.
      Resulta cuanto menos contradictorio que en este archipiélago nos atrevamos a hablar de sostenibilidad, o presumir de nuestra biodiversidad, cuando todavía hoy asistimos a la degradación y alteración de hábitats. Fuerteventura, pese a la sensación de paz y sosiego que transmite, oculta una violenta historia de deforestación, incluyendo la extinción de especies. Desde su conquista en el siglo XV hasta hoy, viene soportando una enorme presión, sobre todo herbívora, y no solo de cabras, durante años también fueron burros y camellos los que pastaban libremente en el medio natural. Siempre quedará en el aire la pregunta de cómo sería actualmente esta isla si no hubiera sufrido el maltrato que todavía sufre.
      Junto al Pico de la Zarza, en Jandía, máxima altitud de la isla con 810 metros, se concentra el máximo de biodiversidad insular: de doce especies exclusivas de la isla, ocho se encuentran en este enclave.
      El Pico de la Zarza se asemeja a esos dibujos infantiles en los que las montañas aparecen siempre rodeadas de nubes, en este caso las del alisio. De todos es sabido la habilidad de la cabra como artista de la verticalidad. Es por ello que, pese a lo abrupto del terreno, desde el año 2000 se instaló un vallado de protección para la flora en este lugar. Después, en 2006, se llevó a cabo una importante restauración con planta del lugar, si bien alguna que otra cabra ha logrado colarse ramoneando o pisoteando sobre el matorral de jorgao (Astericus sericeus), que hoy sustituye al que seguramente fuera el primer bosque de laurisilva de estas islas. Según un estudio reciente, los musgos que alberga la zona son los mismos que hoy habitan en el Parque Nacional de Garajonay.

Pared inaccesible
      La pared que mira al norte del Pico de Jandía resulta en gran parte inaccesible, incluso para las increíbles equilibristas de cuernos, y es precisamente en uno de sus andenes donde, sobre finales de los 80, botánicos del Jardín Canario Viera y Clavijo señalaron la presencia de un ejemplar de paloblanco (Picconia excelsa). El paloblanco es uno de los elementos más sobresalientes de la laurisilva, llegando a alcanzar grandes portes, aunque el protagonista de esta entrega apenas supera los tres metros de altura, apenas son dos pequeñas ramas erguidas sobre el vacío. Dada la pendiente de la zona resulta demasiado aventurado precisar una coordenada; a pie podemos llegar a situarnos unos 200 metros por debajo del mismo.
      El paloblanco es un árbol que produce flores hermafroditas, por lo que este individuo podría regenerar por sí mismo el entorno, especialmente ahora que la presión herbívora es limitada (y también vigilada periódicamente). La observación experta de Stephan Scholz, distinguido botánico del desierto canario, sin embargo, indica que este ejemplar lleva varios años sin fructificar.     
      La historia de este testigo mudo de la destrucción ambiental no es la única, igual suerte espera a los peralillos (Gimnosporia cryptopetala) o adernos (Herberdenia excelsa). La riqueza genética de la flora majorera es probablemente muy diferente a la del resto del archipiélago, tristemente estos parientes directos de los “abuelos de la laurisilva” no dejarán descendencia.
      Poco puede hacer la administración ambiental para contrarrestar la práctica ancestral del ganado guanil, actividad claramente precursora de la erosión acelerada. Pero quizás lo peor pueda ser la falsedad con la que se educa a los niños majoreros y canarios, inculcándoles en los centros educativos el valor de la importancia de la naturaleza canaria, toda vez que pueden ser sus propios familiares los que permiten que sus ganados la sigan deteriorando. Creo que ya está bien de imitar a los aborígenes, que no tenían otra alternativa. Como habitantes de esta tierra única debemos recordar que en materia de ética responsable y ambiental no hay lugar para las contradicciones.

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miércoles, 17 de febrero de 2021

El Tochi de la Cascada de Fudo

TAKAHASHI HIROSHI
El Tochi de la Cascada de Fudō, Saitama, Japón

Especie: Tochinoki (Aesculus turbinata, familia Sapindáceas, género Aesculus).
Dirección: Ōtaki Tochimoto, Chichibu-shi, Saitama-ken 369-1901
Perímetro del tronco: 6,5 m.   Altura: 25 m.   Edad: 500 años.
Tamaño: ★★★    Vigor: ★★★★★   Porte: ★★★★   Calidad del ramaje: ★★★★
Majestuosidad: ★★★★

En el término municipal de la ciudad de Chichibu (prefectura de Saitama) podemos encontrar un gran número de cascadas. La de Fudō es una de las más famosas, pero pocos han reparado en el tochi o tochinoki que se alza a su costado. Es una pena que tampoco el panel que indica el lugar de la antigua carretera nacional 140 de donde parte el camino de ascenso hacia la cascada dé la menor noticia de su existencia.
      Partiendo de la antigua carretera, hay que bajar una empinada cuesta hasta un puente colgante sobre el río Arakawa, situado 50 metros más abajo. Cruzando el puente, hay que salvar ahora una altitud de 100 metros y la ascensión no es nada fácil. Una vez ganado el collado, en unos 20 minutos, las vistas se ensanchan y súbitamente aparece ante nuestros ojos la espléndida cascada de Fudō. Es un momento mágico. En el conjunto de sus tres tramos, la cascada marca una caída de 50 metros. Su gran caudal de agua le da un aspecto magnífico. El llamativo árbol que se eleva ante ella es el Gran Tochi de la Cascada de Fudō. Diríase que su función es la de vigilar y proteger la niebla que rodea la cascada. Una vista que parece extraída de un cuadro.
      Especies como el katsura o el tochinoki gustan del agua y no es raro hallarlos a la orilla de un río, pero encontrar todo un árbol gigante asomándose a una cascada de renombre no es algo que ocurra todos los días. Y encerrar en un mismo marco una cascada tan preciosa como esta y un gran tochinoki recubierto de musgo de vivo color verde es ya una suerte irrepetible.
      El árbol ha arraigado en la misma roca que sirve de lecho a la cascada. Ha envuelto la roca en sus raíces y alza su formidable cuerpo aferrándose a ella con todas sus fuerzas. Uno se maravilla de que el árbol haya sido capaz de desarrollarse hasta este punto sin caer ni sufrir otros percances. Un lugar inmejorable para huir del calor del verano y un paisaje que, de poder permitírselo, uno desearía contemplar a lo largo de todo un día.


Número 022  

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domingo, 14 de febrero de 2021

Verde posidonia

MAR VERDEJO
Verde posidonia

 
Hay muchos tipos de verde. Está el verde lima, pera, musgo, esmeralda, pino, trébol, albahaca, salvia, helecho, enebro, botella, jade, pistacho, floresta, menta, grama, verde mar, agua marina, manzana, caña, etc. Dice el Romance Sonámbulo de Federico García Lorca: “Verde que te quiero verde. Verde viento, verde ramas”. Incluso el Greenery fue tendencia para el Instituto del color Pantone: un verde que evoca a los primeros días de primavera con un cierto color amarillento. Verde refrescante y revitalizante, que nos acerca a lo sostenible. La Naturaleza, como tendencia, invitándonos a una alimentación saludable y al respeto al medio ambiente. El verde es el color de la esperanza, de las políticas eco y, además, nos da serenidad. De todos ellos: ¿qué verde elegiríamos para la posidonia? Llevo unos días preguntándome cómo sería ese verde posidonia.
      La posidonia, al igual que nosotros, salió del mar para convertirse en planta. Nosotros, los seres humanos, salimos y nos subimos a los árboles. Ella, al igual que las ballenas y los delfines, regresó al mar primigenio para alcanzar la eternidad, aunque sus restos, como un naufragio acaban en la playa, para dar más vida, como en el bosque mediterráneo caducifolio, en diferentes formas: hoja, fruto y rizoma. ¿Sabías que florecen esplendorosamente pero con discreción porque no esperan a ningún animal que las polinice? En cada baño en el mar, están ahí para darnos un cálido abrazo ancestral. Forman parte de nuestra vida y cultura mediterránea, a este lado y al otro lado de la orilla. 
     Las praderas de posidonia son auténticos bosques mediterráneos que nos aguardan en la puerta de casa. En buen estado oxigena y aumenta la transparencia de las aguas, porque sus hojas se dedican a captar las partículas en suspensión. Son auténticas heroínas porque durante milenios retienen el CO2 (conocido también como el carbono azul). Esta planta da cobijo a numerosas especies (más de cuatrocientas especies vegetales y a más de mil animales). Las praderas son un paraíso sumergido para la biodiversidad, protegiendo a las playas y a la línea de costa, amortiguando la fuerza invencible del mar; generando playas de calidad con los restos de conchas de los diversos habitantes que viven en la pradera. Aún así, esta heroína de los mil verdes, está desapareciendo, aunque la Ciencia la empieza a considerar el ser vivo más longevo del Planeta (se han calculado praderas con una edad de dos a cinco mil años). La Posidonia oceánica (este es su nombre científico), es una planta marina endémica, eso quiere decir que es 100% Mediterránea, que desde hace millones de años se ha adaptado, con éxito, a los diferentes devenires del litoral formando parte de nuestra vida y cultura, manteniendo los recursos naturales, nuestras playas y el litoral. Su presencia, o no, nos indica la calidad de sus aguas, y como dicen en el LIFE Posidonia: “como si fuese un bosque caducifolio renueva cada año sus hojas”. 
     Es una especie protegida y vulnerable que se ha usado para la ganadería, agricultura, comercio, construcción, medicina, etc. Sus hojas acintadas, con las que hace el milagro de la vida: la fotosíntesis, van del verde limón al verde floresta y acaban siendo marrones y grises en la orilla (o incluso en los días de Poniente en mi terraza). Crecen muy despacio, porque van muy lejos: tardan un siglo en crecer un metro de altura. Necesitan también cien años para cubrir de uno a seis metros, y milenios para formar una pradera. Mil años que con su carácter propio garantizan la habitabilidad y la biodiversidad en el mar; y fuera de él, bajo sus hojas en la playa, donde forman auténticos colchones o grandes arribazones. Está en auténtico peligro y a diario nos lanzan un S.O.S. urgente. En los últimos 30 años hemos perdido la mitad de las praderas de posidonia del Mediterráneo: las obras en el litoral, los dragados, la pesca de arrastre, la contaminación, el fondeo de embarcaciones, el cambio climático, etc. son sus enemigos, pero también lo es nuestra ignorancia.
      Dicen que: “Almería es desértica”, piensan que está ausente de manto verde clorofílico, sin bosques frondosos y sin biodiversidad. Y esto no es cierto, es una de las provincias más biodiversas de Europa y también es una gran desconocida, incluso para las personas que habitamos en ella. Bajo su manto azul celeste, en el mar nos aguarda uno de los bosques más frondosos del Mediterráneo: bosques sumergidos que contienen todos los matices de verdes inimaginables. Verdes, que son sinónimo de vida milenaria y eterna en el Mediterráneo.
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viernes, 12 de febrero de 2021

Tasmania, la angustia del bosque


STEVE PEARCE, The Tree Projects 
Fotos desde el campo: capturando la grandeza y la angustia de los árboles gigantes de Tasmania
Los bosques nativos de Tasmania albergan algunos de los árboles más altos y hermosos del mundo. Proporcionan un hábitat para muchas especies, desde cacatúas negras y búhos enmascarados hasta el loro vencejo en peligro crítico de extinción.
      Pero estos árboles viejos y gigantes se están talando a un ritmo alarmante, a pesar de su enorme valor ecológico y patrimonial (y su potencial turístico sin explotar). Muchos también fueron destruidos en los incendios de principios de 2019 de Tasmania.
      El exlíder de los Verdes Bob Brown lanzó recientemente un desafío legal a la tala de bosques nativos de Tasmania. Y este año, Forestry Watch, un pequeño grupo de científicos, encontró cinco árboles gigantes que miden más de cinco metros de diámetro dentro de cupés madereros . Los “cupés” son áreas de bosque taladas.
      Estos árboles son demasiado importantes para ser destruidos en nombre de la industria forestal. Es por eso que mi esposo Steve Pearce y yo escalamos, exploramos y fotografiamos estos árboles: para crear conciencia y fomentar el aprecio por los bosques y sus magníficos gigantes.

Trepar árboles no es solo para los jóvenes, sino para los jóvenes de corazón. Kevin tiene 70 años y nos ayuda a medir árboles gigantes.

¿Qué hace que estos árboles sean tan especiales?

      El Eucalyptus regnans, más conocido como Mountain Ash o Swamp Gum, puede crecer hasta 100 metros de altura y vivir más de 500 años. Durante mucho tiempo, esta especie mantuvo el récord como el árbol en flor más alto. Pero el año pasado, una Meranti amarilla (Shorea faguetiana) de 100,8 m de altura en Borneo, reclamó el título, superando a nuestro eucalipto más alto, llamado Centrioun, por apenas 30 centímetros.
      Centrioun todavía tiene el récord como el árbol más alto del hemisferio sur. Pero cinco especies de eucalipto también crecen por encima de los 85 m de altura, y muchas se encuentran entre los árboles más altos del mundo.
      No es solo su altura lo que hace que estos árboles sean especiales, también son los bosques más densos en carbono del mundo, con una sola hectárea que almacena más de 1.867 toneladas de carbono .
      Nuestros árboles gigantes y bosques primarios brindan una gran variedad de servicios ecológicos, como suministro de agua, minimizan el cambio climático y son el hábitat para especies amenazadas. Un estudio de 2017 de los bosques de las tierras altas centrales en Victoria ha demostrado que tienen un valor de 310 millones de dólares australianos para el suministro de agua, 260 millones de dólares australianos para el turismo y 49 millones de dólares australianos para el almacenamiento de carbono. Esto eclipsa significativamente la comparativa con los 12 millones de dólares australianos para la producción de madera de bosques nativos en la región.
Talar viejos árboles no tiene sentido económico
Registro de árboles grandes de Tasmania

      La política de árboles gigantes de la organización maderera Sustainable Timber Tasmania reconoce la importancia nacional e internacional de los árboles gigantes. Para calificar la protección, los árboles deben tener al menos 85 m de altura o un volumen estimado de 280 metros cúbicos en el tallo.
      Si bien es un buen punto para comenzar, esta política no tiene en cuenta la próxima generación de árboles grandes o verdaderamente excepcionales que no alcanzan estas alturas elevadas.
      Es por eso que hemos creado el Big Tree Register de Tasmania, un registro público de código abierto de la ubicación y las medidas de más de 200 árboles para ayudar a los aventureros y admiradores de los árboles a localizar y experimentar estos gigantes por sí mismos. Y esperamos protegerlos.
     Ultimamente se agregaron al registro tres árboles gigantes de más de 5 m de diámetro. Pero estos árboles recién descubiertos están ubicados en el cupé TN034G, que está programado para ser talado este año.
      La tala es un uso económico muy pobre para nuestros bosques. La tala de bosques nativos en Tasmania ha tenido dificultades para obtener ganancias debido a la disminución de la demanda de madera no certificada por el Forest Stewardship Council, que Sustainable Timber Tasmania falló recientemente. De hecho, Sustainable Timber Tasmania sufrió una enorme pérdida de efectivo de 454 millones
A$ durante 20 años, entre 1997 y 2017.
      Las siguientes fotos pueden ayudar a mostrar por qué estos árboles son una de las grandes maravillas del mundo, deben ser adoptados como una parte importante de nuestro patrimonio ambiental y no convertidos en astillas de madera.

     No es frecuente ver la totalidad de un árbol en una sola foto. Este árbol de arriba se llama Bastón de Gandalf y es un Eucalyptus regnans, que mide 84 m de altura.
     Mientras que Mountain Ash es la especie más alta, otras en los bosques de Tasmania también son asombrosamente enormes, como la goma azul de Tasmania (Eucalyptus globulus) de 92 m, la goma de maná (Eucalyptus viminalis) de 91 m, la ceniza alpina (Eucalyptus delegatensis) de 88 m y el Messmate Stringybark (Eucalyptus obliqua) de 86 m.
      Este árbol gigante, en la foto de arriba, era un Messmate Stringybark que fue talado, pero se quedó atrás por razones desconocidas. Su diámetro es de 4,4 metros. Otros árboles gigantes como este fueron talados en esta corta, muchos de los cuales proporcionaban un excelente hábitat de anidación para el loro veloz en peligro crítico de extinción.
  El grupo de ciencia ciudadana Forestry Watch ayuda a buscar y medir árboles gigantes en Tasmania
     Los bosques primarios dominados por árboles gigantes son excelentes para almacenar grandes cantidades de carbono. Los árboles grandes continúan creciendo a lo largo de su vida y absorben más carbono que los árboles más jóvenes.

     El árbol de la foto de arriba se llama Obolus, de la mitología griega, con un diámetro de 5,1 m. Los nombres generalmente los da la persona que los registra por primera vez, y generalmente reflejan las características del árbol o se relacionan con ciertos temas.
      Por ejemplo, varios árboles en un valle llevan el nombre de personajes de "El señor de los anillos", como el Bastón de Gandalf (en la foto de arriba), Fangorn y Morannon.

         Los árboles gigantes se asocian típicamente con las secoyas de California o las secuoyas gigantes en los EE.UU., donde el turismo de árboles altos es una gran industria. Los ingresos estimados en 2012 de solo cuatro reservas de Coastal Redwood son 58 millones de dólares A$ por año, proporcionando más de 500 puestos de trabajo a las comunidades locales.
      Pocos australianos conocen nuestros propios árboles impresionantes. Fácilmente podríamos impulsar el turismo de las comunidades regionales de Tasmania si el dinero se invirtiera en infraestructura para conocerlos los grandes árboles.

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martes, 9 de febrero de 2021

Un peral en la historia norteamericana

TOMÁS CASAL PITA
¿Un peral de 390 años?

      El “peral de Endicott” es un peral europeo (Pyrus communis) que está plantado en Danvers, condado de Essex (Massachusetts, en la costa este de EEUU), del que se dice que es el árbol frutal cultivado más antiguo de América del Norte. Los primeros colonos europeos desembarcaron en Plymouth Rock en 1620, entre ellos un puritano inglés llamado John Endicott quien, en 1629, fue el primer colonizador de la bahía de Massachusetts y se propuso hacer allí un lugar agradable para los nuevos colonos. Aproximadamente en 1630, con sus hijos como testigos, Endicott plantó uno de los primeros frutales cultivados en América: Una muestra de peral importada a través del Atlántico. Se dice que declaró en ese momento: “Espero que el árbol ame la tierra del nuevo mundo y que cuando nosotros ya no estemos, él todavía siga vivo” (una frase muy elocuente a día de hoy, que posiblemente ni sea cierta).

      Según los residentes de la zona, el árbol sigue vivo después de 390 años. La historia está narrada de la siguiente manera: en 1763 los colonos notaron que el árbol, apodado el peral Endicott, ya era “muy viejo” y mostraba señales de decaimiento. Pero aun así persistió y continúo dando frutas. En 1809, el árbol era tan famoso que incluso se dice que el presidente John Adams recibió una entrega especial de sus peras. Después de resistir tres fuertes huracanes que abatieron a la región durante la primera mitad del siglo XIX, el árbol se convirtió en una figura querida, e incluso se colocó una reja para protegerlo. En 1852, ya se proclamaba al peral de Endicott “el frutal de mayor edad en Nueva Inglaterra”. Para celebrar el día del árbol en 1890, la poetisa Lucy Larcom compuso un poema acerca del árbol enraizado hace tanto tiempo en la historia de América. Durante el siglo XX, el peral de Endicott perduró mientras los Estados Unidos – la nación a la que precede por 153 años – continuó creciendo a su alrededor. Mientras resistía fuertes huracanes, e incluso el ataque de un vándalo en la década de 1960, el árbol nunca dejó da dar fruta, calificada como “mediana, sin atractivo y de textura áspera”. Pese a ello, la fama del mismo llevó al Banco Nacional para la Conservación del Germoplasma (Departamento de Agricultura de EEUU) a clonar el peral de Endicott.


     Hasta aquí un resumen de lo que dicen los estadounidenses acerca de su árbol. Sin embargo, como en toda leyenda que se precie, no todos lo tienen asumido. No está claro que este venerado árbol sea el que plantó Endicott, puesto que está alejado de lo que fue su granja original. Desde su supuesta plantación hasta el siglo XX, hay tanto tiempo sin noticias de él, que la propia Wikipedia americana plantea sus dudas. La foto de los injertos tras el ataque del vándalo en los años 60, tampoco ayuda. En resumidas cuentas, cada cual tomará la parte que más le guste o aborrezca en función de su opinión. Yo solo lo he contado.
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viernes, 5 de febrero de 2021

"Reiteración", el árbol colonial

ADRIÁN RODRÍGUEZ
El tronco
 
Contemplando el tronco de un almez esta tarde no me ha quedado más solución que aceptar las cosas asombrosas que algunos botánicos nos cuentan acerca de la estructura de los árboles. El tronco del almez, que tiene inicialmente una sección circular, al cabo de un tiempo se acanala, formándose vistosos contrafuertes en su base. La pregunta, evidente, es cómo se forman esos contrafuertes... La respuesta es difícil de creer pero observad bien los almeces con los que os vais a encontrar en el futuro y veréis que es de una lógica aplastante...
     ¿Qué vemos pues en esta fotografía? Primeramente, una rama que han cortado y, por debajo de ella, una zona engrosada (1) que podemos seguir a lo largo de todo el tronco y que forma un contrafuerte en la base. ¿Porqué ese engrosamiento justo debajo de la rama? Pues porque esa rama, en realidad, no es una rama. Es lo que los investigadores franceses llaman una "reiteración". ¿De qué se trata? Pues ni más ni menos que de un individuo nuevo, un clon que nace a partir de una yema que se despierta en algún momento. Un individuo con su tronco, sus ramas y... ¡sus raices! La zona engrosada por debajo de la rama cortada muestra en realidad por donde discurren las raíces, que van creciendo en el cambio del árbol, del cual consiguen el agua que necesita el nuevo individuo. Ese nuevo individuo, pues, crece sobre el árbol padre con un hemiparásito...
     Si miramos ahora por encima de esa rama cortada, vemos que otra "reiteración" (2) nació y se ve perfectamente como sus raíces no lograron "cubrir" ese relieve y tuvieron que buscar paso a un lado. Finalmente, otra reiteración (3) forma otro engrosamiento que acaba en otro contrafuerte.
     ¿Pero donde está el árbol "padre" me preguntaréis? Pues correspondería al eje central del árbol (y sus ramas). A este tipo de árbol se le llama "árbol colonial", porque en realidad es una especie de colonia formada por una multitud de individuos. También existen árboles que no producen clones (árboles unitarios) pero son una pequeña minoría.
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Más información de Francis Hallé

martes, 2 de febrero de 2021

El drago del "Jardín de las delicias"

PILAR SILVA, Comisaria de "El Bosco, La exposición del V centenario" 2016  
El drago de 'El jardín de las delicias' no estaba originalmente

La comisaria explica a RTVC.es los detalles de cómo se incluyó la imagen del drago en 'El jardín de las delicias'.
'El Bosco. La exposición del V centenario' con motivo del aniversario de la muerte de Jherominus van Aken 'el Bosco' (1450-1516), uno de los artistas más personales de la plástica occidental. Un nombre cuya influencia traspasa los límites del tiempo y cautiva a autores tan significados como Salvador Dalí, en pleno siglo XX.

- ¿Por qué un drago en 'El jardín de las delicias'?
      Con la nueva investigación que hemos realizado puedo decir que la composición del Paraíso, en origen, no era tal y como la conocemos hoy. Había representado en modo tradicional a Adán y Eva y Dios Padre, situados más arriba, donde hoy podemos ver la Fuente de los cuatro ríos. En un primer momento él no había incluido el drago ni la fuente. El drago actual oculta la cabeza de ese primer Adán. Esto quiere decir, que el comitente -Engelbert II de Nassau, conde de Nassau, señor de Breda- incorporó este motivo considerándolo como Árbol de la Vida. El Árbol de la Ciencia se sitúa en el plano derecho.


- ¿Sabemos si el pintor conocía esta especie vegetal o bebió de alguna fuente como dibujos o grabados? ¿Conocemos más casos de este tipo de representaciones en la plástica?
      Probablemente, a través de un dibujo o de un grabado -como el de Martin Schongauer (1448-1491)-, o a través de algún contacto directo con Madeira o Canarias. Este árbol era ya bastante famoso por sus supuestas propiedades medicinales y la 'sangre de drago'. Es probable que conociera ese grabado o algún dibujo de alguien que pudiera haber visto un ejemplar de drago.
      En cierta manera, el drago es un árbol mitológico relacionado con las Islas Canarias, Islas Afortunadas que se asocian desde la antigüedad con el Paraíso. Es un árbol originario del Paraíso, que el pintor o su comitente quiso que se incluyera en el 'Paraíso' de 'El jardín de las delicias'.
      Los grabados no eran difíciles de conseguir. Se manejaban en los monasterios, los impresores... no sería difícil para el Bosco o su comitente, Engelbert II de Nassau, acceder a estas fuentes impresas. Los grabados de Schongauer, por ejemplo, tienen una difusión muy amplia. También llegan a España de la mano de los mercaderes e impresores.
      Sin embargo, la originalidad del Bosco es tan grande que se separa de las fuentes, aunque beba de ellas, no las imita y es difícil reconocerlas. El Bosco tiene una imaginación desbordada.

- Uno de las últimas investigaciones apuntan a que, en un primer momento, el pintor no incluyó el drago en la composición original.
      Lo importante, y que hemos documentado recientemente, es que el pintor no concibió la tabla como hoy la conocemos. La reflectografía infarroja ha permitido conocer la composición primigenia de la tabla. Es algo que se añade por deseo expreso de que el Paraíso tenga ese drago canario. La visión de las Islas Afortunadas como el Paraíso se traslada a la tabla.

- La imprenta fue fundamental en la época. Una auténtica revolución cultural.
      Sin duda. Además, el Bosco no era un iletrado. Era alguien que leía, que escribía, con un determinado nivel cultural por encima de la media entre los artistas de su tiempo. Sin ir más lejos, en su propia ciudad natal se localizaban importantes bibliotecas, como la del convento de los dominicos.


- ¿Cómo llega el tríptico a España?
      Por nuevos datos que nos han llegado sobre la fecha de la realización del tríptico de la 'Adoración de los Magos', que se ha situado hacia 1494, debemos adelantar la producción del artista en esa primera etapa. Por ello situamos 'El jardín de las delicias' en torno a la década de 1490; lo debió de hacer en 1498. Desde esa fecha permanece en el palacio de los Nassau en Bruselas.
      El tríptico permanece en la Casa de Nassau durante cuatro generaciones. Guillermo de Orange, último propietario, debe huir de Bruselas tras el levantamiento, y es el portero, quién se queda a cargo del palacio, el que escondió la tabla. Es una información que hemos podido conocer por la documentación localizada en 2001.
      El duque de Alba -Fernando Álvarez de Toledo-, interesado por la pintura, mandó atormentar al portero, quién finalmente desveló el paradero de la obra. Los bienes de Orange fueron incautados y cedió 'El jardín de las delicias' a su hijo ilegítimo, a la sazón prior de la Orden de San Juan, don Fernando; a la muerte del duque, Felipe II compró la pintura en la almoneda, y pasó definitivamente a El Escorial.
      En 1933 se trasladó al Museo del Prado para su restauración, aunque tras el estallido de la Guerra Civil se decidió que permaneciera en la pinacoteca. (...)


Aquí la entrevista completa

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