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12/25/2024

En Te Araroa, el pohutukawa más grande, New Zeland

EL POHUKUTAWA “TE WAHA”

Estructura tipica del Pohutukawa, Emily Place, Aukland

     El ábol Pohutukawa (Metrosideros excelsa) más grande y viejo del mundo se dice que es el llamado Te Waha o Rerekohu, Te Araroa 4087, 20 Moana Parade, New Zeland, North Island. Este monumental árbol, como todos los de su especie, tiene una base compuesta por numerosos troncos (casi nunca rectos), cuya base tiene 18 m de circunferencia, alcanza los 20.3m de altura y un diámetro de copa de 40.3m.
      Esta especie suele crecer hasta los 20 m de altura, con una copa extensa en forma de domo. Su habitat natural son las regiones costeras de la Isla del Norte de Nueva Zelanda, al norte de una línea que se extiende desde New Plymouth (39° S) a Gisborne (39° S).
     
Para los maoríes es un árbol sagrado, ya que crece en los acantilados de «Te Rerenga Wairua o Te Reinga», que significa «lugar de despegue de los espíritus» o donde los espíritus de los muertos abandonan esta tierra. La leyenda nos cuenta que el rojo de las flores proviene de la sangre del héroe mítico Tawhaki, que cayó del cielo para vengar la muerte de su padre y murió. En este cabo se dice que existe un árbol de 800 años de edad que se aferra a los acantilados y que protege la entrada a una cueva sagrada a través de la cual los espíritus pasan en su camino hacia el otro mundo. A partir de este punto los espíritus saltan y bajan por las raíces del árbol, descendiendo a los infiernos en su viaje de regreso.
      Los maoríes hacían algún uso de la madera de pohutukawa, principalmente para pequeños implementos, remos y mazos, ya que el desarrollo del árbol no permite grandes secciones rectilíneas. El pohutukawa florece de noviembre a enero con un pico en el medio del final de diciembre (el verano del hemisferio sur), con brillantes flores carmesí cubriendo el árbol, por lo que tiene el sobrenombre de árbol de Navidad de Nueva Zelanda.

Foto de 1965, Te Waha o Rerekohu, en Te Araroa

     Cuando los europeos llegaron por primera vez a Nueva Zelanda, encontraron que el pohutukawa se extendía desde el cabo Reinga hacia el sur hasta Poverty Bay y Urenui y en las orillas de los lagos de Rotorua. Actualmente se ha plantado en la mayor parte de Nueva Zelanda, principalmente en zonas cercanas al mar.
     Los primeros europeos utilizaron ampliamente el
pohutukawa para los segmentos curvos de las estructuras de los barcos, que hizo que se talaran las áreas adyacentes a los astilleros. La madera es difícil de trabajar en seco, por lo que se trabajaba en verde, lo que generaba problemas cuando se secaba (Clifton). Cuando se pudieron obtener longitudes rectas, se utilizó para pilotes, largueros, tablones de puentes, muelles y vigas de minería.
     Hoy en día es en la tradición y la nostalgia donde el pohutukawa desempeña el papel más importante en las vidas de los neozelandeses, ya que las imágenes del árbol aparecen en en fotografías, pinturas y tarjetas navideñas, obras de teatro, poemas e, incluso, en los títulos de las novelas de Mills & Boon (Project Crimson).  

     Burstall y Sale (1984) contienen registros de los pohutukawa mas grandes. Algunos de ellos se enumeran a continuación: (Diámetro del tronco - Altura - Diámetro de la copa)
  • Mangonui 3.24 - 18 - 36.5
  • Tiritiri Matangi 3.20 - 25 - 52
  • Isla Mayor 3,22 - 17,4 - 36,5
  • Te Araroa 6.46 - 20.3 - 40.3
  • Lower Hutt 2,40 - 14,6 - 15 [plantado ca. 1860]
  • New Plymouth 2,27 - 20,2 - 19,1 [plantado en 1874]
     La madera es de un intenso color marrón rojizo, pesada, compacta y de gran resistencia. Tiene fama de ser duradera y resistente al gusano marino teredo. Como ya se indicó es más fácil trabajar cuando está verde, aunque a menudo se encoge más tarde. (Clifton)
     El principal problema de la madera es que el hábito de crecimiento del árbol hace casi imposible obtener piezas largas y rectas. Si bien no parece haber datos publicados sobre las propiedades madereras de pohutukawa, sí existen detalles sobre "el rata del norte
" (Metrosideros robusta), que serían similares al pohutukawa.
 foto cenital de Te Waha
  • Densidad: 880 kg/m³ (500 kg/m³)
  • Contenido de humedad: 70% (130%)
  • Contracción tangencial de verde a 12% mc 6,9% (4,7%)
  • Contracción radial 3,8% (2,2%)
  • Módulo de ruptura 114 MPa (90Mpa))
  • Módulo de elasticidad 21,2 GPa (9 Gpa)
     Debido a sus propiedades de resistencia, densidad y supuesta durabilidad, existen buenas razones para considerar el cultivo del pohutukawa como árbol maderable. El inconveniente, por supuesto, es su aparente incapacidad para crecer como un árbol recto de un solo tronco. La evidencia anecdótica sugiere que existen pohutukawa rectos y de tallo único, aunque pueden ser híbridos con rata del norte (Metrosideros robusta). Hay indicios de que puede ser posible seleccionar árboles padre con las características requeridas de rectitud y crecimiento erguido y cultivar plántulas a partir de ellos, espaciados lo suficientemente cercanos como para estimular el crecimiento erguido.
Te Waha
Referencias:
Burstal SW y Sale EV 1984. Grandes árboles de Nueva Zelanda
Clifton NC 1990. Maderas de Nueva Zelanda
Pardy GF, Bergin DO y Kimberley MO 1992. Estudio de plantaciones de árboles nativos. VIE Boletín 175
Proyecto Crimson 1999 La biblioteca viviente. http://www.projectcrimson.org.nz/living_library.html
https://luzbel524.wordpress.com/2019/12/26/pohutukawa-el-arbol-sagrado-de-nueva-zelanda/
https://www.tanestrees.org.nz/site/assets/files/1067/newsletter_37.pdf
https://www.youtube.com/watch?v=IB4NVZaBRpI
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7/06/2023

Mary Sutherland, del narrador de historias

TOMÁS CASAL PITA
La secuoya en memoria de “Mary Sutherland”

Es una secuoya roja (Secuoya sempervirens) dedicada a la memoria de Mary Sutherland, que crece en el bosque de Whakarewarewa, en Rotorua (Nueva Zelanda). Según medidas de 2013, el árbol mide 6, 45 metros de circunferencia a 1, 40 del suelo, con una altura de 68,7 metros. Fue plantada en 1901 y tiene ahora 120 años. Pero ¿quién fue esta mujer que da nombre al árbol? 
     Mary Sutherland nació en Londres en 1893, donde su padre era fabricante de vino medicinal, y allí estudio hasta que marchó a la universidad de Bangor en el País de Gales, donde se licenció en ciencias forestales en 1916, con 23 años, siendo la primera mujer de todo el Imperio Británico en hacerlo. Durante la 1ª Guerra Mundial sirvió en el ejército británico y acabada la guerra, fue capataz forestal y también trabajó para la Comisión Forestal Británica, pero los recortes la dejaron en la calle en 1922. En 1923 viajó a Nueva Zelanda donde se había creado el Servicio Forestal Estatal en 1921. Los comienzos fueron duros y en curso de adaptación para guardabosques a ella la enviaban a un hotel, mientras los hombres acampaban en el bosque. Pero eso no la echó hacia atrás, desde el principio, se concentró, entre otras áreas, en plantaciones de viveros, salud y protección de los bosques. Fotografías frecuentes de colecciones personales e históricas dan ejemplos de los terrenos en los que la gente estaba experimentando, así como de la propia Sutherland. Según comentó un guardabosques: "La llegada de una mujer guardabosques causó un gran revuelo en los campamentos". En esa época en Nueva Zelanda, había un uso casi irreflexivo de la madera nativa, especialmente la explotación de bosques de kauri, en rápida disminución. Sutherland jugó un papel decisivo en la búsqueda de soluciones, la sostenibilidad y una creciente "conciencia forestal". Promovió la educación forestal en las escuelas y alentó a los jóvenes a investigar y cuidar su entorno natural, con vacaciones en campamentos y guarderías escolares. Tenía visión de futuro y se dio cuenta de que los problemas relacionados con la sostenibilidad serían cada vez más relevantes para las próximas generaciones. Los enfoques posteriores de Sutherland incluyeron la botánica, el trabajo comunitario y la defensa de las mujeres en la educación terciaria. Con una gran cantidad de experiencias y pura determinación, Sutherland siguió siendo un modelo a seguir para que las mujeres se acercaran a una industria dominada por los hombres, aprendieran junto a ellos, se ganaran respeto y lideraran. Su contribución también vive en su sello de ramitas rimu diseñado en 1930, que sigue siendo la base del emblema de NZIF (Instituto Forestal de Nueva Zelanda) en la actualidad. 
     En 1933, otro recorte presupuestario la deja fuera del servicio, pero logra trabajo en un museo de la capital de Nueva Zelanda como secretaria y luego gana allí la plaza de botánica. En 1937 regresa al Servicio forestal. Aunque ya había hecho publicaciones anteriores, entre 1947 y 1949, hace una serie completa de publicaciones sobre la ventaja de plantar árboles en las granjas. A finales de 1954 enferma en un campo de trabajo y fallece pocos meses después. 
     La contribución de Sutherland a la silvicultura se conmemora cada año con la presentación del Premio Mary Sutherland otorgado a un estudiante miembro del Instituto de Silvicultores de Nueva Zelanda y también por un premio a la "Mejor graduada forestal de último año" de la Universidad de Bangor, donde ella estudió. 
     En 2020, Vivien Edwards publicó su biografía, libro titulado: “A path through the trees” (Un camino entre los árboles), que recoge la historia vital de esta luchadora. 
NOTA.- La placa colocada al pie de la secuoya tiene el siguiente texto: ”La secuoya conmemorativa de Mary Sutherland. Mary Sutherland se graduó de la Universidad de Bangor, Gales en 1916 con una licenciatura en silvicultura. Fue la primera mujer licenciada en silvicultura del mundo. También fue la primera mujer nombrada para el Servicio Forestal de Nueva Zelanda como silvicultor, donde trabajó desde 1923 hasta 1933, primero en Golden Downs, Nelson y luego en Whakarewarewa Forest, Rotorua. 1893-1955
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12/08/2020

Metrosideros en Galicia, del narrador de historias

TOMÁS CASAL PITA
Dos ilustres neozelandeses en A Coruña
      (...) Este árbol es un Metrosideros excelsa, Pohutukawa, como se le llama a este árbol nativo de Nueva Zelanda, de la familia de las mirtáceas, cuyo nombre significa "madera de hierro". En su zona de origen es un hábil colonizador de los campos de lava. En Galicia ha demostrado su resistencia al viento y a la salinidad marina. Su floración es espectacular, debido a sus largos estambres rojos, que recuerdan a los de los Callistemon. Cuando es joven, también es fácil confundirle con la Feijoa, debido al parecido de sus hojas. Sin embargo, de adulto, su porte y sus singulares raíces aéreas (que le han otorgado en Galicia el sobrenombre de "árbol de las brujas") le hacen inconfundible. A diferencia de los ficus, estas raíces no tienden a formar columnas de apoyo. En ocasiones crece como epífito (apoyándose en otro árbol). 
     En Galicia hay dos de ellos catalogados, uno en A Coruña (que hizo del árbol el emblema de la ciudad) con más de 20 metros de altura y cuatro troncos, todos ellos con perímetros entre 3 y 4 metros y unos 150 años de edad. En la palmera próxima, se ha desarrollado un brote epífito. El otro está en Pontedeume (A Coruña), al pie del torreón de Andrade (Casa de Alba). Veinticinco metros de altura y algo más de 5 metros de perímetro, hacen de él también un ejemplar notable, pese a tener sólo cien años. Piensen en ello quienes, tan a menudo, ven un árbol gordo y le convierten automáticamente en milenario.

A Coruña Pontedeume -----

3/31/2019

nzherald.co.nz
     Encuentran otro kauri de las marismas, los árboles sepultados hace 50.000 años, Isla del Norte, Nueva Zelanda
Escaleras talladas en el interior de un tronco de kauri antiguo (Ancient Kauri Kingdom, Awanui, Northland, Nueva Zelanda
 
     Un kauri de las marismas es un tronco de kauri, nombre maorí de la especie Agathis australis, una conífera que sólo crece en la Isla Norte de Nueva Zelanda por encima de los 38º de latitud sur, pero que fue sepultado por un cataclismo natural hace miles de años.
    Los kauris son árboles de tronco grueso, llegando a alcanzar en diámetro a las secuoyas norteamericanas, y pueden crecer hasta los 50 metros de altura. Se cree que la especie apareció durante el jurásico, hace 135–190 millones de años, y los bosques que forma se encuentran entre los más antiguos del mundo.
     Algunos de los que existen actualmente tienen más de 1.000 años, pero los científicos no han encontrado evidencias que prueben que puedan vivir más de 2.000 años.
     Debido al tamaño y resistencia de la madera de kauri pronto se la empezó a aprovechar para la construcción, tanto de casas como de barcos. Su belleza la hizo también ideal para la fabricación de muebles de alta gama, lo que dio lugar a una explotación intensiva, iniciada a mediados del siglo XIX, que redujo su superficie forestal de 12.000 kilómetros cuadrados antes de 1840 a tan sólo 1.400 en la década de 1950. Se calcula que hoy queda un 4 por ciento de bosque de kauri.
Los kauris de las marismas quedaron enterrados en marismas saladas a causa de erupciones volcánicas, cambios en el nivel del mar o inundaciones. Un número considerable han sido encontrados y desenterrados, el último hace apenas unos días cerca de la localidad de Ngāwhā Springs en las excavaciones de construcción de una planta eléctrica.
     Las pruebas de radiocarbono indican que este tronco de kauri tiene unos 40.500 años, algo menos que otros hallados anteriormente, que sobrepasan los 50.000. Tiene 16 metros de largo y 60 toneladas de peso.
El tocón de 28 toneladas se levanta de su lugar de descanso en el sitio de construcción de la central eléctrica de Ngawha,  cargado en un remolque. Foto / Debbie Beadle
     Sorprendentemente la mayoría de kauris de las marismas desenterrados están en tan buen estado que su madera todavía es aprovechable. Es de un color más claro que la de los kauris actuales, pero todavía se puede emplear para la fabricación de muebles, aunque no en la construcción.
     Este nuevo kauri de las marismas descubierto es especialmente interesante para los científicos que estudian el Evento de Laschamp, la inversión de los polos magnéticos de la Tierra sucedida hace unos 41.400 años, precisamente porque data de esa época. El análisis de los anillos del kauri puede ayudar a determinar con mayor precisión cuándo sucedió la inversión y cuánto tiempo duró.
  
Los miembros e invitados de Ngāwhā Marae hacen fila para tomarse una foto con el árbol de 40 000 años. Foto / Debbie Beadle
     El Evento de Laschamp se descubrió por primera vez en flujos de lava de la localidad del mismo nombre, en el distrito francés de Clermont-Ferrand en la década de 1960. Desùés fue confirmado en archivos geológicos en otras partes del mundo. Se cree que la inversión duró unos 440 años y que la intensidad del campo magnético terrestre cayó al 75 por ciento del actual, lo que provocó una mayor incidencia de rayos cósmicos en la Tierra aumentando la cantidad de isótopos de berilio 10 y carbono 14. Según Alan Hogg, director del laboratorio de radiocarbono de la Universidad Waikato, cuando murió este kauri debía tener entre 1.500 y 2.000 años.
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3/06/2014

Slope Point, los árboles bandera

SLOPE POINT - Nueva Zelanda (Isla Sur)
Árboles bandera

Slope Point es el punto más meridional de la Isla Sur (Nueva Zelanda). Las corrientes de frío aire del océano Antártico recorren 2.000 kilómetros sin encontrar tierra hasta llegar a este lugar.
     La fuerza extrema y constante de estos vientos ha conseguido modelar en mágicas formas a los árboles, en formación "bandera".
     Slope Point es un lugar casi deshabitado (en un radio de 8 kilómetros viven 58 personas). Los pastores, para intentar proteger a sus animales del persistente viento, plantaron árboles. Al crecer las ramas se orientaron al norte por la fuerza de los vientos del Polo Sur. 
En estas fotografías se puede apreciar la singular belleza de este lugar; creado por la Naturaleza y por el hombre.


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4/08/2009

LOS KAURIS DE WAIOPUA FOREST, NZ


CONTEMPLAR LOS GRANDES KAURIS
Waipoua Forest, Isla del Norte, Nueva Zelanda


Estaba alojado en una de las cabañas que el servicio de parques nacionales tiene destinadas a los viajeros. El amanecer ya me encontró levantado y dispuesto a patear las bien trazadas y cuidadas sendas del bosque de Waipoua. Pero la climatología del lugar, pleno otoño, no estaba dispuesta a facilitarme la jornada. Así que bien dispuesto contra los elementos me dirigí a la colina donde el servicio de incendios tiene una torre de observación. Estaba cuidada pero no había nadie. Alrededor se levantaban perezosamente las brumas de la mañana y mirando hacia el norte contemplé la llegada de una oscura masa de nubes.
Estas islas son un farallón, encarado y orgulloso, en mitad de los mares del sur. Aquí golpean pertinazmente los vientos y las mareas del norte, aquí descargan sus iras las tempestades del océano. Más al sur serán ya insuperables.
Dentro del bosque el viento no se sentía. Al suelo sólo llegaban densas gotas de agua que lo empapaban. El viento hacía crujir las copas de los árboles indicándome que no era muy recomendable el seguir caminando. Sin embargo el turista o viajero no entiende de días buenos o malos, sólo que ése es el día, no va a tener más oportunidades. Fuertes ráfagas hacían gemir las copas de los altos kauris. Un gran cimal, en un crujido bestial, anunció su caída arrastrando ramas menores. Después… silencio. Yo sólo pensaba en llegar a contemplar los grandes árboles, seguro de que, si alguna otra rama mas caía, no me encontraría cerca.
Este bosque deja pasar la luz, es claro, a menudo se muestra a gran distancia y los altos árboles parecen columnas hacia el cielo. Las sendas te conducen con facilidad hacia los grandes monstruos, serenos, amables, corpulentos pero sin copa. Los más viejos parecen desproporcionados. Con los años han seguido incrementando sus anillos de crecimiento pero sus copas han sufrido el rigor de las tormentas y han sido desmochados repetida y despiadadamente. Sólo los jóvenes kauris tienen una copa proporcionada. Sucede también en otras especies. El servicio forestal los protege con esmero, incluso al Tane Mahuta -Dios del Bosque- con alambre de espino en la proyección de su copa, para que nadie dañe sus raíces. Las sendas, al llegar a las proximidades de un gran kauri, se elevan con entramados de madera para proteger las raíces del árbol. La contemplación de estos grandes seres te hacen olvidar el presente y te proyectan a un pasado que, deseo, no hayamos perdido.

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“…Hablo de gigantes de épocas olvidadas
aquellos que me alimentaron en tiempos pasados:
Nueve mundos en total, las nueve raíces del árbol,
el maravilloso fresno, se abren paso bajo la tierra…”

La creación del mundo según Völuspá