sábado, 16 de octubre de 2021

TAKAHASHI HIROSHI (Yamagata, 1960)
El kominekaede del templo de Saizenji (prefectura de Saitama)

El follaje otoñal de los bosques japoneses pasa por ser el más bello del mundo. Esto se debe a la abundancia de especies latifolias de hoja caduca. Entre ellas, las más emblemáticas son las diversas especies de arce japonés, llamadas genéricamente momiji, palabra que se ha pasado a significar, por extensión, este bello fenómeno estacional. Los tonos que adquieren son especialmente atrayentes. No solo colorean montes y valles: armonizan de modo inimitable con santuarios y viejas casas.
     Por lo que se refiere a su tamaño, pocas especies alcanzan grandes dimensiones, siendo las principales el ichō (Ginkgo biloba), el keyaki (Zelkova serrata, especie de olmo) y los cerezos sakura. Los tonos más uniformes y llamativos los alcanza el ichō. Hay otros árboles cuyas hojas adquieren tonos parecidos y el amarillo del katsura (Cercidiphyllum japonicum) es desde luego espectacular, pero esta especie suele crecer en zonas recónditas de montaña y sus galas otoñales se extienden y retiran sin muchos testigos. Por el contrario, el ichō, que suele crecer en áreas habitadas, estamos acostumbrados a verlo en bulevares o como árbol sagrado en santuarios sintoístas. Es, pues, una presencia muy familiar para los japoneses. Las largas hileras de ichō situadas en los jardines de Meijijingū Gaien (Tokio), en el bulevar de Midōsuji (Osaka) y en otros muchos puntos próximos a zonas céntricas y comerciales congregan, ya bien entrado el otoño, a un gran número de visitantes. La forma en que las amarillas hojas van cubriendo los recintos de los santuarios sintoístas, parques y calles está entre los fenómenos que mejor transmiten a los japoneses la sensación de otoño.

Especie: KominekaedeAcer micranthum Sieb. et Zucc., familia Aceraceae, género Acer) ※Algunos lo consideran de la especie irohamomiji (Acer palmatum).
Dirección: Yokoze 598, Yokoze-machi, Chichibu-shi, Saitama-ken 368-0072
Perímetro del tronco: 3,8 m.       Altura: 7,2 m.          Edad: 600 años.
Designado Monumento Natural de la Prefectura de Saitama.
Tamaño ★★★   Vigor ★★★★    Porte ★★★★★      Calidad del ramaje ★★★★★
Majestuosidad ★★★★

        El templo de Saizenji es la octava escala en la ruta de los 34 Santuarios de Kannon de Chichibu y, como tal, recibe un gran número de visitantes. La trinidad budista venerada en el pabellón principal del templo se ha ganado la fe de quienes aspiran a tener una larga vida, siendo conocida desde tiempo inmemorial por el sobrenombre de Bokefūji (“Libradora de la senilidad”).
     La otra celebridad de este famoso templo es su árbol, un kominekaede (Acer micranthum Sieb. et Zucc, especie de arce japonés) cuyo encanto se renueva con cada estación de año, no aburriendo nunca al visitante habitual. Su ramaje tiene una envergadura de 18,9 m Norte-Sur y de 20,6 m Este-Oeste, con un perímetro de copa de 56,3 m, medidas que hacen de este ejemplar uno de los mayores de su especie en el país. En una entrega anterior de esta serie de artículos tratamos ya de este ejemplar (“El kominekaede del templo de Saizenji”), pero entonces lo presentamos en la primavera, cuando su corteza queda cubierta por una aterciopelada capa de musgo. No habrá que decir lo hermoso que es el intenso verde de sus hojas, pero es que el color del árbol se intensifica todavía más cuando la temporada de lluvias que sigue a la primavera lo recubre con un musgo siempre húmedo, lo que le da un aspecto inigualable. Como una verde alfombra, el musgo se extiende también a los pies del árbol, creando una atmósfera de misterio. Pues bien, en el mes de noviembre, ya en pleno otoño, sus hojas van tiñéndose de rojo, un nuevo acto de este drama, igualmente digno de verse. Conforme avanza el proceso, puede disfrutarse un bello degradé, pues con las hojas rojas van mezclándose otras amarillas. Pero el espectáculo continúa en invierno, porque en Chichibu no es raro que este traiga nieve, dándonos oportunidad de contemplar nuestro árbol embozado con su blanco manto. Nunca se cansa uno de mirar este famoso momiji de la región de Kantō. El mejor momento para verlo rojear es entre mediados de noviembre y principios de diciembre. Durante esta temporada el lugar siempre está lleno de visitantes que aspiran a disfrutar de alguna de las fases de su gradual transformación. Y el Saizenji no se acaba en este árbol. A principios del verano alcanzan su máximo esplendor las peonías y al llegar el otoño lo hace el kinmokusei (Osmanthus fragrans, olivo fragante). Estamos en el “Templo de las flores”, tal como se lo conoce, y no falta el mukuge (Hibiscus syriacus, rosa de Siria o altea) ni el sarusuberi (Lagerstroemia indica, árbol de Júpiter o lila de las Indias). No en vano el Saizenji ocupa el primer lugar entre los templos de la prefectura de Saitama incluidos en la lista de los 100 más floridos de la mitad oriental del país. Un templo para disfrutar a lo largo de todo el año.

Nº 012-053 -----

martes, 12 de octubre de 2021

Los almácigos de Tafira, GC

JUAN GUZMÁN OJEDA
Los almácigos de Tafira que los piratas juraron quemar

El entendimiento humano, en general, considera que un árbol grande junto a una casa debió de haber sido plantado por su propietario. Y, seguramente, cuanto más antigua y señorial sea la casa, tanto más vetusto y enorme es el árbol. Y es que el entendimiento suele hacer caso a la costumbre y raro es el caso, al menos en las islas Canarias, que cuando se ocupa un territorio el arbolado natural acabe integrado en sus jardines. Dicen que las primeras casas que comenzaron a construirse alrededor del bosque del Monte Lentiscal, en la zona de Tafira, eran sólo para el disfrute estival de nobles con residencia en el Real de Las Palmas, agraciados, cómo no, por datas terrenales tras la conquista de la isla.
      En islas producto de una fuerte deforestación histórica, como Gran Canaria o Fuerteventura, solemos observar y estudiar muchos de sus árboles en condiciones relícticas, normalmente con escaso desarrollo al ocupar suelos poco profundos, en pendientes más bien elevadas. Guardando esta proporcionalidad, podemos imaginar que los árboles con mayores alturas y diámetros debieron ser aquellos que ocupaban las mejores tierras, localizándose en zonas aplaceradas y abiertas. Los almácigos de Tafira, protagonistas de
este artículo, vienen a corroborar rotundamente esta teoría.
      Junto a la GC-110, en el carril de bajada, a la altura del Campus Universitario, se encuentran dos sobrevivientes vegetales de la especie Pistacia atlantica. Se trata de dos individuos de gran porte, si bien el de sexo femenino –al que la carretera se encuentra inusualmente cercana, y no al contrario–, posee un tamaño muy superior al masculino que se encuentra justamente detrás.
     Sobre la posición 28º 04´ 11´´ Norte y 15º 27´ 12″ Oeste, con sus doce metros de altura y sus más de tres metros de diámetro, se levanta este imponente almácigo, con toda probabilidad el mayor de su especie en el archipiélago. Aproximarnos a la edad de este árbol resulta muy complicado, al tratarse de una frondosa en la que no existen anillos que marquen su actividad fisiológica anual. Además, es un árbol de notable resistencia; en Gran Canaria, sólo el incendio ha logrado acabar con la vida de algunos ejemplares.
      De cualquier modo, a juzgar por sus dimensiones, no sería muy desventurado pensar que debió de ser uno de tantos que conformaba aquella foresta tan impenetrable que, por temor a las emboscadas, frenó la incursión de Van der Does sobre el ocaso del siglo XVI. Uno de tantos que el pirata juró quemar si los canarios que se escondían en el bosque no se entregaban.
      Ambos ejemplares fueron el epicentro vegetal de la zona que se conoció durante muchos años como el Jardín de La Rocha. Hace unos 150 años la finca cambió a la propiedad de la familia Van Isschot, cuyo patriarca eligió la sombra de estos árboles para la construcción de la residencia. Corría el año 1970 cuando la sombra de la expropiación pasa de planear a aterrizar directamente en la finca de la casa roja, afectando también a la zona contigua conocida como Plan de Loreto donde ya se ubicaba el Vivero Forestal de Tafira. El desdoblamiento de la carretera de Tafira no estuvo exento de polémica, la firme oposición de la propiedad, apoyada por el ilustre biólogo y escritor Carlos Bosch Millares, no sólo retrasaron las obras durante varios años, sino que también consiguieron salvar de la tala ambos ejemplares. La Palmera de Tafira, la tercera en altura en la isla, también logró exceptuarse de la corta, pasando de ocupar un lugar respetable junto a la entrada del Vivero Forestal a convertirse en una palmera medianera y aislada por el asfalto.
     La familia que todavía conserva un mal recuerdo de aquella convulsa época de máquinas y talas (121 árboles y 20 palmeras según informe de la Jefatura Provincial de Carreteras. El Eco de Canarias. 10/04/1976), al menos pudo consolarse con la conservación de estos ejemplares, así como con una entrañable carta de condolencias escrita por uno de los grandes: Günther Kunkel.
      Actualmente son muchos los usuarios de la GC-110. Yo mismo paso a diario por la sombra del gran almácigo. Saber de su existencia, conectar con estos embajadores del tiempo, me invita a relajarme y, de paso –por qué no decirlo–, a evitarme más de una sanción de tráfico. Creo que no estaría mal un cartel o una alusión que los significara: “Pasa usted por una sombra de interés botánico e histórico. ¡Buen Viaje!”.

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viernes, 8 de octubre de 2021

El viejo árbol

JOSÉ MANUEL GLEZ. CANO
El viejo árbol, cobijo de fauna 

Veterano pino royo en el cerro de Rosa María (Gúdar)

A lo largo de la vida de un árbol vamos viendo cómo su fisonomía va cambiando. Llega un momento en el que las ramas superiores alcanzan un tope, la guía principal deja de crecer y la copa se ensancha adquiriendo una forma aparasolada. Las raíces del árbol han tocado fondo en el terreno, la raíz principal ya no puede profundizar más y las laterales no pueden ganar más territorio, pues la roca o las raíces de los árboles más próximos constituyen una barrera insuperable. En este momento comienza la senectud del ejemplar, antes o después, en una circunstancia adversa secará parte de las ramas y el tronco empezará a secarse. A partir de este momento comienza el declinar, poco a poco irá perdiendo porción verde y los distintos adversarios le irán atacando.

Pico carpintero (Dendrocopos major). Foto: Rodrigo Pérez
Pensando en aprovechar la madera antes de que se deteriore, los forestales recomendamos cortar, pues no se debe dejar que los árboles lleguen a la vejez, pero para la vida del bosque el árbol viejo es el hogar de la fauna más activa de la foresta; allí, los aficionados a la naturaleza encontramos un mundillo animal de mucha mayor riqueza que en los árboles en pleno vigor.

Es casi seguro que el pico carpintero habrá excavado una oquedad donde alojar su nido aprovechando que la madera en descomposición se trabaja con mayor facilidad que la verde. Pero lo que atrae más a los picos es toda la gama de insectos perforadores que están taladrando la madera. Así pues, el árbol seco, sustenta y cobija a los destructores de madera y sus predadores, con lo que entre ambas poblaciones se produce un equilibrio, ya que el ave desaparecería al escasear el sustento, y el insecto proliferaría sin trabas tras la desaparición del pájaro.

Larva de Saperda carcharias

En un monte, los insectos perforadores siempre encuentren suficientes recursos con los que alimentarse y criar a sus pollos. Por este motivo, eliminar todos los árboles viejos del bosque supone que desaparecen los picos carpinteros, pero no las plagas de perforadores, con lo que en caso de debilidad de la masa boscosa, se puede dar una explosión demográfica de los insectos perforadores que alcance proporciones de daños mucho más elevados que si se respetan unos cuantos árboles decrépitos y secos.

Los orificios abiertos por los picos carpinteros son posteriormente utilizados por gran diversidad de pájaros insectívoros, con lo que un árbol viejo puede ser el inmueble donde se alojan otros muchos desinsectadores del bosque.

En los bosques jóvenes carentes de oquedades, las cajas nido pueden albergar a estas aves, pero siempre da más alcurnia al bosque una vieja mansión que un chalet prefabricado.

Sarga trasmocha en el Regajo de Jorcas.
Original
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martes, 5 de octubre de 2021

Historias con árboles, del narrador de historias

TOMÁS CASAL PITA
Historias con árboles

      Este es el tejo de Ankerwycke, en la orilla izquierda del Támesis y no lejos del aeropuerto de Heathrow, próximo a Londres. Según se cree, tiene al menos 1.400 años, aunque podría tener hasta 2.500, pero como casi siempre, suele citársele por la mayor. Se trata de un tejo macho de unos 8 metros de circunferencia, medidos tan sólo a unos 30 cm del suelo. Si importante es su edad y tamaño, no lo son menos las circunstancias que lo rodean, que se adentran en el terreno de la leyenda. 
     Cerca del tejo se encuentran las ruinas del Priorato de Santa María. Sus muros derruidos fueron un convento de monjas construido durante el reinado de Enrique II, alrededor del 1.160, y dedicado a Santa María Magdalena. Nunca fue gran cosa, no llegó a albergar a más de 10 monjas. Después de la disolución de los monasterios, el priorato pasó a manos privadas y fue reparado muchas veces a lo largo de los años. Durante los siglos XIX y XX, el edificio cayó en el abandono y hoy solo quedan de él unas pocas paredes cubiertas de maleza. 
     En el siglo XIII, esta área pantanosa formaba parte de la llanura de inundación del Támesis. El tejo de Ankerwycke está en un zona de tierra ligeramente elevada, por lo tanto seca, de la que se dice que podría haber sido un 'axis mundi', el centro sagrado de un territorio tribal y por la proximidad del Priorato quizás se otorgue cierta credibilidad a lo que allí se dice que ocurrió y que puede ser o no leyenda. 
     Se dice que el 15 de junio de 1215 se firmó bajo este árbol la Carta Magna entre Juan I y un grupo de barones sublevados. Aún sin ser una constitución tal y como hoy en día se conoce, su importancia legal fue poca, pero tuvo tal importancia simbólica que marcó desde entonces la historia de Inglaterra e incluso impregnó, entre otras, la constitución de EEUU. 
     Hoy existen cuatro copias auténticas de la carta de 1215: dos en la Biblioteca Británica, una en la Catedral de Lincoln y otra en la Catedral de Salisbury. El 3 de febrero de 2015, en conmemoración del 800º aniversario, se exhibieron en la Biblioteca Británica las cuatro cartas originales de 1215.
     Según la creencia popular también fue bajo este árbol que Enrique VIII cortejó a Ana Bolena y donde le propuso matrimonio. Nadie dice si fue aquí también donde pensó en decapitarla, pero… podría ser. En la actualidad el terreno está administrado por el National Trust, un grupo privado especializado en la conservación de los bosques ingleses.
(Las fotos proceden de Internet).

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viernes, 1 de octubre de 2021

GIOCONDA BELLI (Nicaragua, 1948)
Sin palabras

Yo inventé un árbol grande,
más grande que un hombre,
más grande que una casa
más grande que una última esperanza.
Me quedé con él años y años
bajo su sombra
esperando que me hablara.
Le cantaba canciones,
lo abrazaba,
le rascaba su rugosa corteza
entretejida de helechos,
mi risa reventaba flores en sus ramas,
y a cada gesto mío le crecían hojas,
le brotaban frutas...
Era mío como nunca nada ha sido mío,
pero no me hablaba.
Yo vivía pendiente de sus ruidos,
oyendo su suave aleteo de mariposa,
su crujido de animal de la selva
y soñaba su voz como un hermoso canto,
pero no me hablaba.
Noches enteras lloré a sus pies,
apretujada entre sus raíces,
sintiendo sus brazos sobre mí,
viéndolo erguido sobre mí,
sabiendo que me estaba pensando,
pero no me hablaba...
Aprendí a cantar como pájaro,
a encenderme como luciérnaga,
a relinchar como caballo.
A veces me enfurecía y hacía que se le cayeran
todas las hojas,
lo dejaba desnudo y avergonzado
ante los guanacastes,
esperando que tal vez entendería por mal,
como algunos hombres,
pero nada.
Aprendí tantas cosas para poder hablarle,
me desnudé de tantas otras necesidades
que olvidé hasta cómo me llamaba,
olvidé de dónde venía,
olvidé a qué especie de animal pertenecía
y quedé muda y siempreverde
-esperanzada-
entre sus ramas...
 
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martes, 28 de septiembre de 2021

El roble de Kvilleken, Suecia

El árbol de Kvilleken
De "Monumental Trees"

Un roble común cuyo nombre es "Kvilleken" crece en Norra Kvill, Kalmar, Suecia. El Kvilleken (roble de Kvill) o Rumskullaeken, llamado así por la cercana aldea de Norra Kvill, es el roble más grueso de Europa. Como todos los robles viejos, el árbol tiene un tronco hueco, por lo que es imposible determinar su edad simplemente contando los anillos de los árboles.
     Una parte del tronco debe haber muerto hace mucho tiempo y actualmente está unida al resto del tronco mediante cables, por lo que el árbol no puede abrirse.
     De muchos árboles se afirma que tienen más de mil años, una edad mágica que es probable en este árbol. El volumen total de este árbol se calculó en 60 metros cúbicos, el tercero en volumen más grande de todos los árboles de Suecia.
     La descripción más antigua es de 1774, cuando Gabriel Graelius midió su circunferencia, 13,06 metros, pero que desconocemos a qué altura se midió. Ya estaba hueco en ese momento y se usaba como cobertizo de herramientas.
     Waldermar Bülow lo describió en 1917 y midió su circunferencia en 12,75 m, sin especificar también a qué altura  .
     En 1939 Bertil Lindquist, profesor de botánica, estimó su edad entre 750 y 950 años mediante dendrocronología cerca del centro, y comparando la tasa de crecimiento con árboles más jóvenes en el área con troncos intactos. En 1997 midió 14,11 m a la altura del pecho.
     En agosto de 2019, el árbol ya estaba en malas condiciones. 

Mas información

9-1-2011
22-5-2014
22-5-2014  

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sábado, 25 de septiembre de 2021

Un nombre propio

Muere el Pino de los Mil Duros de 300 años, Árbol Singular de Andalucía

Es la triste noticia que recorre diversas redacciones informativas, tanto dentro como fuera de Andalucía. Este maganífico ejemplar de pino piñonero se encuentra en la ruta rociera de Hinojos. A su sombra se paraban las carretas para reponer fuerzas y proseguir la ruta al Rocío. Aunque a 1,3m de altura tenía una circunferencia de 3,3m era un emblema de la comarca, de Huelva y de Andalucía. La Junta lo tenía catalogado como árbol singular y figuraba en el libro que dedicó a los árboles de la provincia de Huelva en 2003.
     El Ayuntamiento de Hinojos no ha decidido todavía el cómo va a preservar la memoria de este árbol que contaba con unos 300 años de edad, algo que el mismo árbol ya se encargó en su momento pues muchos de los pinos de los alrededores son hijos suyos ya que era uno de los ejemplares de los que se sacaba simiente para los viveros.
     En 2008 al detectarse ramas bajeras secas los técnicos de Espacio Natural de Doñana iniciaron su seguimiento. En el año 2013 la Red de Alerta Fitosanitaria Forestal abrió un expediente para analizar los daños. Así pues el Pino de los Mil Duros ha contado con un estudio de evaluación de su estado fitosanitario y se han seguido todas las pautas que se han recomendado. Todo indica que el pino ha cumplido su ciclo vital como cualquier ser vivo.
      En Hinojos es conociada la historia del nombre de este pino. En 1.934 la Hermandad del Rocío de Hinojos expresó su deseo de construir una Casa de Hermandad en la aldea de Almonte para sustituirla por la choza que tenía en la calle Sanlúcar. Durante la peregrinación de ese año, la hermandad hizo una parada en el paraje la Matanza, donde se ubica este pino y bajo su sombra, un invitado de la familia Martín de Oliva, Lorenzo el 'Valenciano', decidió donar las primeras 5.000 pesetas para iniciar la construcción. Desde entonces, cuando se habla del nombre de este pino, se hace referencia a esa primera donación del "Valenciano" y se realiza allí la parada hacia el Rocío que hasta entonces se realizaba en el Charco del Cura. 
     Las coordenadas en google son las siguientes: 37º 11' 10" N  -  6º 25' 59" W,  
     Datos: Altura: 20m  Perímetro a 1,3m: 3,30m   Proyección de la copa: 380 m²    Altitud: 18 m
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miércoles, 22 de septiembre de 2021

Novela de José Luis Sanpedro

 JOSÉ LUIS SANPEDRO (Barcelona, 1917-2013)
"El río que nos lleva"

Abundando en la entrada anterior sobre las gentes que antaño se ganaban -y jugaban- la vida como gancheros o almadieros -en Navarra-, recordé la novela de José Luis Sanpedro, una novela de gran contenido simbólico cuyo tema último es la dignidad humana. (Biografía)

ABC decía:
"De lenguaje áspero pero sensual, el ritmo narrativo de El río que nos lleva parece acompasarse al fluir del propio Tajo, que sirve de fondo para la peripecia de la cuadrilla de gancheros que acompañan aguas abajo los troncos recién cortados. Un canto al oficio de ganchero y a la valentía de estos hombres que se lanzaban a la aventura porque era su único medio posible de vida."

Siguiendo el accidentado cauce del Tajo, El río que nos lleva, tomando un ritmo narrativo que la aventura acerca a algunas obras de Jack London, transporta la "maderada" y a los gancheros que la conducen por los parajes de Alpetea, Huertahernando, Huertapelayo, Valtablado del Río y Ocentejo; en el curso del alto Tajo. Entra luego la novela en paisajes alcarreños dejando en sus orillas pueblos con ecos de la ‘España profunda’ de Cela, como Carrascosa, Trillo, Viana y Zorita de los Canes, o espacios naturales como Entrepeñas y el tajo de Anguix. Novela y río fluyen luego hacia su desenlace final por los sotos de Mazuecos, Fuentidueña y Buenamesón, hasta el Real Sitio de Aranjuez. Entre tanto, por sus páginas se ha ido hilando la trama, entre la "naturaleza solidaria" y la herida incurable de "las dos Españas".
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sábado, 18 de septiembre de 2021

Navateros del Gállego, la memoria del bosque

EUGENIO MONESMA (Huesca, 1952)
Descenso de navatas o almadías por el río Gállego, Navateros

Hace ya un siglo que la imparable corriente de la industrialización pudo más que los peligros del agua, para acabar con un oficio que durante siglos convivía con el caudaloso río Gállego: el descenso de almadías o navatas. 
     En el año 2002 un grupo de vecinos y amigos de Biscarrués decidió crear la Asociación de Nabateros d’A Galliguera, para recuperar el viejo oficio de transportar los troncos de madera por el río en un descenso anual y perpetuar así la memoria de sus antepasados que se enfrentaron a las impetuosas aguas del río Gállego.

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martes, 14 de septiembre de 2021

Los Dragos Gemelos

JUAN GUZMÁN OJEDA (Ing. téc. forestal)
Los legendarios Dragos Gemelos, dos troncos pero una misma copa 

Dentro del catálogo de los árboles más notables y conocidos del archipiélago no abundan, precisamente, aquellos que cuentan con leyenda popular propia. Entre éstos cabe nombrar al mítico Garoé (El Hierro), al Pino de Casandra (Gran Canaria), al Aderno de los Chorros de Epina (La Gomera) y, cómo no, a los célebres Dragos Gemelos (La Palma).

Escudo de Breña Alta

     Deducir cómo nacen estas fábulas mezcla siempre importantes dosis de fantasía con el saber popular, de anónimas historias orales que se transmiten, deforman y, a su vez, enriquecen. Reservando un pequeño hueco para realidades nunca confirmadas, siempre he pensado que estas historias surgen como respuestas por parte de padres y abuelos, cuando son preguntados por hijos y nietos, respecto a la grandeza de aquellos árboles que atrapan su atención. Esta inquietud infantil, envuelta en historias para conciliar el sueño, al final no sólo se refleja en la cultura, también ha venido a reforzar el valor de la propia flora insular.
     En el caso de los Dragos Gemelos estas respuestas fueron ricas e imaginativas, modelando una historia trágica pero también bella, un mito a la altura de la grandeza de estos individuos. La notoriedad de este conjunto vegetal, así como el arraigo en la cultura insular, llevaron al Ayuntamiento de Breña Alta a incluir este símbolo en la heráldica municipal desde 1990. También durante los primeros años de la democracia, siendo alcalde Gabriel Hernández, se instó al Cabildo Insular para que adquiriera y dignificara el entorno de este “drago de dos patas”.

La bella Urbina
      La leyenda de los Dragos Gemelos se remonta justo a la época previa a la conquista y en la misma participan dos hermanos gemelos, Urunte y Timizara, y una bonita doncella benahorita de nombre Urbina. Ambos hermanos pretendían a la misma mujer, hasta el punto de que los celos les llevaron a disputar su amor en una contienda. La fatalidad se encargó de que no sobreviviera ninguno en el combate y en el mismo lugar donde derramaron su sangre, Urbina, en su inmensa tristeza, plantó dos esquejes de drago para recordarlos eternamente.
     La tradición popular, como recoge César Javier Palacios, también cuenta que estos dragos fueron plantados por una joven enamorada de dos hermanos gemelos, aconsejada por los curanderos locales, con el fin de atraer su atención.

Dos columnas en un minijardín
      Estos ejemplares de Dracaena draco se localizan sobre la coordenada 28º 38` 53 «N y 17º 47´15″W, a 380 metros de altitud, a escasos metros de la carretera LP-301 que parte desde la zona de El Llanito hacia San Isidro, ambos barrios del municipio palmero de Breña Alta. Allí, entre casas de vivos colores, existe un minijardín que parte en forma de pasillo desde la carretera hasta la placita en la que se ubican los dragos. Rodeados por un vallado y un seto de aguacateros e higueras, se erigen estas dos columnas, separadas apenas metro y medio, para fundirse luego en una gigantesca copa.
    Para la gran mayoría de los palmeros estos dragos, al igual que para los tinerfeños el de Icod de los Vinos, tienen una edad milenaria. La Palma es un isla en la que Dracaena draco no se encuentra citada como elemento espontáneo; por otro lado, siguiendo la regla periodo floral-fructificación se le debe atribuir una edad de entre 200 y 250 años. Estos ejemplares fueron plantados tan juntos (quizás por falta de espacio) en la antigua finca Las Gallanías, propiedad de Servando Pérez, que se aprovechaban como forraje animal en sus primeras edades.
     Teniendo en cuenta que la primera ramificación de ambos dragos coincide en altura, parece lógico pensar que resulten coetáneos, siendo incluso posible que provengan de un mismo progenitor. Aun así, a simple vista observamos que el drago situado más al norte presenta un diámetro mayor (próximo a los 4 metros), si bien la altura de la semiesfera de copa, cifrada en 15 metros, es común para ambos. El ensamblaje entre ambas copas es perfectamente simétrico, ocupando con habilidad todos los huecos. El cruzamiento entre ramas se pierde en la infinidad de las mismas, pudiéndose observar también varias ramas rotas, además de innumerables tejidos plisados y soldados entre ambos ejemplares.
     Llama la atención la posición de las últimas ramas, cuya disposición es prácticamente perpendicular al suelo. La corteza presenta un aspecto grueso, parecido a la piel de elefante, si bien el ejemplar situado más al sur tiene una gran parte sin corteza en la cara anterior. No se aprecian huecos internos y las raíces aéreas abundan por doquier.
     El aspecto general de este único elemento vegetal responde a las características de los viejos dragos, con floraciones parciales y anuales que buscan compensar los pesos y que muchas veces no se traducen en división, sino tan sólo en un quiebro de dirección en la rama. Otra característica de los viejos dragos es la superposición y renovación de capas externas, desde arriba hacia abajo.

Buen augurio
      Reuniendo leyenda y ciencia, resultaría harto interesante estudiar la consanguinidad entre ambos ejemplares, realizando para ello una comparativa de ADN. Con ello también se podría estimar el grado de injerto y fusión vegetal.
      Cierto es que los viejos ejemplares de drago sufren mucho la acción de los vientos, siendo normalmente la causa de su destrucción. En este caso, no sólo el cobijo de las casas cercanas sino también el hecho de contar con un apoyo doble, auguran mucha vida y salud para los Dragos Gemelos, al menos tanta como deseara, entre lágrimas y sangre, la bella Urbina.

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viernes, 10 de septiembre de 2021

El gran sugi de Kōchi

TAKAHASHI HIROSHI (Yamagata, 1960)
El Gran Sugi de la prefectura de Kōchi-Japón

Especie: Sugi (Cryptomeria japonica, familia de las cuprasáceas, subfamilia Taxodiaceae, género Cryptomeria)
Dirección: Santuario sintoísta de Yasaka Jinja, Sugi, Ōtoyo-chō, Nagaoka-gun, Kōchi-ken 789-0311
Perímetro del tronco: 15, 6 m.     Altura: 57 m.      Edad: 3.000 años
Declarado Monumento Natural Nacional Especial
Tamaño ★★★★★        Vigor ★★★         Porte ★★★★        Calidad del ramaje ★★         Majestuosidad ★★★★★

Al hablar del sugi japonés (mal llamado cedro) más grande del país, el ejemplar que más rápidamente acude a la mente  de muchos es, probablemente, el Jōmon Sugi de Yakushima. Lo que no está tan claro es qué árbol ocupaba ese puesto antes del descubrimiento de aquel, en 1966. Si consultamos los viejos documentos, encontraremos el Gran Cedro de Sugi. Al verlo, es fácil entender por qué antiguamente se le consideró el mayor sugi del país. Como árbol exento, es uno de los dos sugis que han obtenido la calificación de Monumento Natural Nacional Especial y no cabe duda que ha disfrutado de una gran fama desde tiempos muy antiguos.
     El lugar donde se alza el Gran Sugi fue en otros tiempos una aldea llamada, precisamente, Ōsugi (en japonés, Gran Sugi). En 1955, debido a una fusión de municipios, Ōsugi pasó a llamarse Ōtoyo, pero el topónimo Ōsugi no desapareció del todo, pues sigue existiendo como nombre de una de las estaciones de la línea de ferrocarril Dosan, que recorre la comarca. La subsistencia del topónimo es buena prueba de que este árbol gigante ha sido algo muy especial y un orgullo para los lugareños. El árbol consta de dos cepas, una al Norte y otra al Sur, de las cuales esta última ha alcanzado un mayor tamaño. Este Gran Sugi del Sur presenta tres grandes raíces tabulares (en forma de tabla) y parece haber engullido en su crecimiento a otro cedro que se alzaba a su lado. El dato más destacable de este árbol es su altura, pues en los registros de la era Shōwa (1926-1989) de la gubernamental Agencia de Cultura se fija en 68 metros. Al parecer, se lo venía considerando el árbol de cualquier especie más alto de Japón.
     Una vez conocida la altura registrada, es difícil resistirse a hacer una medición in situ. En 2001, utilizando un hipsómetro Weise, obtuve 57 metros. Posteriormente, en 2016, utilizando un medidor de distancias de láser, el resultado fue 52 metros. Desgraciadamente, ninguna de estas mediciones se acercan a la 68 metros, pero lo más probable es que el árbol haya perdido parte de su altura debido a los sucesivos tifones que lo han afectado, lo cual puede deducirse del aspecto blanco y muerto que presenta la parte superior de su copa. En cualquier caso, uno se emociona pensando cómo se las ha arreglado este ejemplar para acercarse tanto a los 70 metros, que se consideran el límite de altura para su especie, precisamente en Kōchi, que se considera en Japón un portal de entrada para los tifones.

Árbol nº 042 -----

lunes, 6 de septiembre de 2021

Cuento pampeño

Marta Ballesteros
Leyenda del ombú

En la pampa fértil sembrar maíz es una fiesta. Sobre todo al comienzo de la siembra. Toda la tribu está pendiente de los sembrados. Siempre hay alguien controlando el estado de la tierra y observando cómo depuntan la hojitas de las nuevas plantas. La vida de los habitantes de la aldea gira en torno al plantío. Es en lo primero en lo que piensan cada amanecer y de lo último de lo que hablan cada anochecer.
     Sólo la guerra, que ya era inminente, podría acaparar por completo esa atención que los hombres destinaban al plantío. Sólo la guerra les robará la atención a las plantas. La guerra siempre les robará. Les robará hombres y les robará vidas. Se los llevará a todos. En la toldería* solo quedarán las mujeres y los niños.
     El jefe, antes de irse, le dijo a Ombí, su mujer: Cuida las plantas de maíz. Te dejo a cargo de ellas. Ombí asintió con la cabeza. No abrió la boca porque no era mujer de muchas palabras. Ese gesto, en ella, valía como un juramento. Ombí era hosca hasta con su familia. Le habría gustado poder demostrarles cuánto los quería, ser cariñosa, pero no sabía cómo hacerlo.
     Tampoco sabía que su familia se daba cuenta de sus sentimientos, porque sin hablar, con gestos, se las había arreglado para cobijar a todos bajo su amor. Y de amor se trataba el encargo que le dejó su esposo. De amor a su tribu, para que no sufrieran de hambre nunca jamás. Por eso Ombí se ocuparía del maíz día y noche para que las plantas crecieran sanas.
     Pero una gran sequía les dejó sin agua y sin sombra. Casi todo el maizal se quemó bajo los rayos implacables del sol. Un pequeño rodal sobrevió milagrosamente y Ombí lo cuidaba con su vida. Por más que le decían que se protejiera del sol, Ombí permaneció construyendo pequeñas sombras que protjieran las plantas. La refrescaba hasta con su aliento, las regaba con su propia ración de agua. Incluso les hablaba. Les contaba a las plantas lo que nunca le ha dicho a nadie... de sus sentimientos, sus sueños, de la necesidad que tenía la tribu de alimento, de la desesperación por no tener noticias de su marido. Su alma maternal se ensanchaba, para cubrirlas más y más.
     Un fuerte viento comenzó a soplar y se llevó por delante los sombrajos. La plantitas se doblaban hasta tocar el suelo. Ombí se agarró a la tierra para no apartarse de las plantas permaneciendo así durante días. Y así la encontraron los indios, transformada en una hierba gigante que protegía las plantas y que se confundía con un árbol. El cabello enmarañado se había transformado en una gran copa protectora, silenciosa, pero diciéndolo todo con su gesto de amparo.
     Cuando el jefe regresó, el maíz ya estaba crecido, pero a él no le importó. Fue a llorar a la sombra de su amada. Fue a decirle lo que él tampoco nunca le dijo. Y comprendió que no hacía falta decir nada más.

  *Toldería:
Conjunto de toldos o viviendas rústicas que levantaban los grupos indígenas.

                                                                                     ---Fin---
Versión de Teresa Villafañe Casal

Umbí, la esposa del jefe de una tribu, ha conseguido que los indios cultiven la tierra. El verdor auspicioso de las plantas de maíz anunciaba la cosecha. Pero el deseo de lucha privó en los hombres, y un día dejaron sus campos y se fueron a pelear.
     Umbí quedó encargada del campo cultivado. Ella debía cuidarlo para que las mujeres y los niños no padecieran hambre.
     La luna llena anuncia con síntomas infalibles una terrible sequía. Umbí comprende lo difícil que será cumplir su misión.
     Día a día las plantas de maíz van perdiendo su lozanía. Una a una caen vencidas. Pero Umbí está dispuesta a no cejar. Con la energía y la resistencia de que sólo las madres son capaces, decide salvar los granos necesarios para volver a sembrar.
     De pie frente a las plantas que quedan vivas, trata de darles sombra con su cuerpo y las humedece con sus lágrimas. Desafía a Gúneche, dios que le manda, que le mande la sequía. Resiste desesperadamente la heroica mujer, pero su agotamiento es visible. – El Gúneche, al fin, ante el sacrificio sublie de la leal esposa, de la madre que lucha por sus hijos, por su tribu resuelve ayudarla en su obra. Pero no envía la lluvia que tanto ansía, sino que transforma a Umbí en un árbol, en una hierba gigante, que con su sombra consigue salvar una planta de maíz que dará los granos para la próxima cosecha.
     Cuando regresaron los indios, el jefe vislumbró, a través del tronco retorcido y rugoso, la lucha que tuvo que sostener su leal Umbí.
     Desesperado, se abrazó al árbol, y la sombra de éste lo cobijó, como en un último esfuerzo de la noble india para ser útil a su esposo, a sus hijos, a su tribu.

---Fin---

viernes, 3 de septiembre de 2021

La magnolia de la Casa Rivero - Magnolias acodadas (y II), del narrador de historias

TOMÁS CASAL PITA
Magnolias acodadas (y II)
 
En algún momento del siglo XIX que no he podido precisar, de la Magnolia grandiflora de Xubia se hizo un acodo, para llevarlo a otra casa de sus propietarios. Como curiosidad puedo decir que el sobrino de la entonces propietaria (y posteriormente su heredero) se casó con la hija de los inquilinos que habitaban en la casa donde estaba la magnolia, así que no sería extraño que ellos mismos, después de mocear bajo el árbol, decidiesen llevarlo a la otra casa a donde fueron a vivir en la década de 1870 y donde nacieron tres de sus cuatro hijos. 
     Una vez arraigado el nuevo árbol, de sus ramas basales se hicieron seis acodos y con ellos una especie de glorieta que funcionaba como merendero-cenador, destinado a celebraciones familiares. La situación del merenero en la parte trasera y elevado sobre la casa (aunque en la foto se ve sólo como una mancha oscura) permitía la contemplación, sin ser vistos, de lo que sucedía en la carretera. Por las numerosas visitas que se recibían en la fábrica (ahora textil, antes de cobre, de armas y de moneda) el lugar debió ser un sitio muy demandado por quienes no acudiesen a los actos, como la visita real de 1900. En la década de 1960, cuando ya los autores habían desaparecido y la casa estaba habitada por nietos y bisnietos, un trabajador, cortó los lazos de unión de cinco de los árboles (...) Uno de los bisnietos, ya fallecido, me contó personalmente el hecho, citando que el mirador-cenador tenía incluso puerta de entrada y salida. 
     El tronco principal medía, la última vez que fue medido, 2,75 m de perímetro, los árboles separados crecieron a su aire, desarrollándose notablemente, no así el adherido a la planta madre, que se quedó menor. 
     Un inédito “Inventario de Árboles Sobresalientes de Galicia (XUNTA DE GALICIA, 1985)”, lo cita así: “Ejemplar interesante por su porte, belleza y edad. Sus propietarios orientaron seis de sus ramas de forma que se constituyeran en acodos, con el objeto de formar una estructura de arcos múltiples. Sin embargo, un error del jardinero hizo que se cortaran las uniones del pie central con los acodos, rompiendo la estructura, que se adivina perfectamente y que habría constituido un conjunto realmente excepcional”. 
     Hoy, tanto la casa como el mirador, llevan años deshabitados y deteriorándose.
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domingo, 29 de agosto de 2021

FERNÁN SILVA VALDÉS (Uruguay, 1887-1975)
Leyenda de la flor de ceibo

Me lo dijo un indio viejo y medio brujo,
que se santiguaba y adoraba al sol:
los ceibos del tiempo en que yo era niño
no lucían flores rojas, como hoy.

Pero una mañana sucedió el milagro
-es algo tan bello que cuesta creer -
con la aurora vimos al ceibal de grana,
cual si por dos lados fuera a amanecer; 

y era que la moza más linda del pago,
esperando al novio, toda la velada,
por entretenerse se había pasado
la hoja de un ceibo por entre los labios.

Entonces los ceibas, como por encanto,
se fueron tiñendo de rojo color ...

Tal lo que me dijo aquel indio viejo
que se santiguaba y adoraba al sol

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miércoles, 25 de agosto de 2021

El pino canario

FENIX GRAN CANARIA
El pino canario


El pino canario es único en su género por contar con estrategias de supervivencia ante perturbaciones extremas, como:

  •  Su capacidad de rebrote y cicatrización tras ser pasto del fuego
  •  Su resistencia y capacidad de colonización
  •  Su adaptación morfológica a condiciones ambientales extremas
     Es el resultado evolutivo de otra especie que se extendía por Eurasia durante el Mioceno (23 - 5,5 millones de años). Durante la glaciación del Pleistoceno encontró refugio en las islas, mientras que en el continente terminaría extinguiéndose.
     Tras su llegada a las islas la colonización fue muy rápida, facilitada principalmente por su capacidad para dispersar las semillas. Los fósiles más antiguos, encontrados en la isla de Gran Canaria, datan de hace 13,5 millones de años, poco tiempo después del surgimiento de la isla.
     El vulcanismo del archipiélago ha tenido un fuerte impacto en su proceso evolutivo, incluso entre diferentes islas. Recientes análisis moleculares han identificado mayor diversidad genética en poblaciones de islas con sustratos provenientes de erupciones volcánicas más recientes.
Este fenómeno podría explicarse por el hecho de que tras cada erupción se extinguía la mayor parte de las poblaciones y la recolonización se producía a partir de aquellos ejemplares más adaptados a estas condiciones extremas.
     Una corteza más gruesa le sirve como aislante ignífugo y la capacidad de emitir nuevos brotes de cepa y epicórmicos (aquellos que crecen de yemas durmientes en la base del tronco o de las ramas) son adaptaciones críticas para la supervivencia.
     La probabilidad de que un territorio pueda ser recolonizado será mayor en la medida que los ejemplares supervivientes tengan una mayor distribución de semillas. Para ello, el pino canario cuenta con semillas con ala que les permiten "volar" a grandes distancias empujadas por el viento.
     La supervivencia de un vegetal en condiciones de sequía extrema estará condicionada por su capacidad para retener agua y continuar fotosintetizando. El pino canario tiene la capacidad de modificar la morfología de su copa, raíces o tejidos para adaptarse a cambios en el entorno.
    Ciertas poblaciones de pino canario sujetas a un ambiente extremo e inestable son únicas. La conservación de estas poblaciones y el conocimiento que rige estas adaptaciones es fundamental para el futuro de nuestro archipiélago.
 
 
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sábado, 21 de agosto de 2021

La araucaria y la cachaña

AGENCIA CyTA-INSTITUTO LELOIR
Una cotorra patagónica es vital para la supervivencia de la araucaria

Una cotorra patagónica es vital para la supervivencia de la araucaria

En lo que podría ser un buen argumento para una fábula, una modesta cotorra patagónica podría estar contribuyendo a la preservación de la majestuosa araucaria, un árbol emblemático de la región que figura como “amenazado” en el catálogo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
     Así lo sugieren científicos de Bariloche, quienes comprobaron que la cachaña o cotorra austral (Enicognathus ferrugineus) estaría “protegiendo” de manera indirecta a los piñones o semillas de la conífera del exceso de recolección humana, sin afectar a su capacidad de germinación.  
     En un estudio que publicaron en la revista “Royal Society Open Science”, los doctores Karina Speziale y Sergio Lambertucci, del Grupo de Investigaciones en Biología de la Conservación, y Marcelo Aizen y Gabriela Gleiser, del Grupo de Polinización del Instituto de Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA), que depende del CONICET y de la Universidad Nacional del Comahue, y colegas de España, observaron que las cotorras consumen los piñones de forma parcial, por lo cual aquellos pierden atractivo para los pobladores de la zona que salen a recogerlos con el propósito de comerlos o alimentar al ganado. “Muchas personas prefieren las semillas intactas y desechan las dañadas”, dijo a la Agencia CyTA-Leloir la primera autora del trabajo, la doctora Speziale.
     Ese deterioro parcial, que aleja a los recolectores, sería providencial. Speziale y sus colegas ya habían mostrado en estudios recientes que la cachaña podía favorecer la dispersión de las semillas y que también podría ayudar a la polinización. Ahora, comprobaron mediante experimentos que los piñones dañados siguen siendo capaces de germinar.

     El hallazgo indica que, gracias a la cotorra, “el bosque de Araucaria tiene mayor chance de mantenerse, generar árboles jóvenes y a mayor distancia del “árbol madre” gracias a la cachaña a pesar de la gran cantidad de semillas que se pierden”, aseguró Speziale, quien agregó que mucha gente recolecta sin permiso en zonas vedadas o lo hace en cantidades mayores a las autorizadas.
     De todos modos, además de la recolección humana, la investigadora puntualizó que existen otras causas que ponen en jaque al árbol: el fuego, la tala, el sobrepastoreo y también es muy importante el consumo de piñones por parte de especies exóticas introducidas en la Patagonia, como el ciervo colorado, el conejo, la liebre y el jabalí.
     Los resultados de los estudios recientes llevados adelante por este grupo resaltan la importancia de la interacción entre un árbol milenario como la araucaria y las cachañas. Del estudio también participaron los doctores Fernando Hiraldo y José Tella, del Departamento de Biología de la Conservación de la Estación Biológica Doñana y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España.

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martes, 17 de agosto de 2021

Federico García Lorca

FEDERICO GARCÍA LORCA (1898-18 de agosto de 1936)
El paisaje es un silencio

El paisaje es un silencio 
Con forma. La tarde muere.
La llanura está amarilla,
Rayada por venas verdes
De los olivares castos
Que en las montañas se pierden.
Manto amarillo reseco
Con los bloques de las mieses.
El cielo piensa amarillo
En un prado pastoril
De tréboles y de hinojos.
Me ayuda a cantar gentil
La ternura verde y seria
De un chopo infantil.

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sábado, 14 de agosto de 2021

El Pino de la Virgen (y2), del narrador de historias

TOMÁS CASAL PITA
El Pino de la Virgen

Estas imágenes son del Pino de la Virgen, localizado en el municipio de El Paso (Ciudad de El Paso, desde el 26/08/1910) en la isla de La Palma, en Canarias.

Foto 1, estado actual. Foto procedente de Monumental Trees

     Está considerado el pino canario (Pinus canariensis) más viejo del mundo y aunque se le estiman unos 800 años, como siempre, hay quien le apunta 1.000. Los primeros datos referentes a él se sitúan en las postrimerías del siglo XV (1492-1493) durante la incorporación de la Isla a la Corona de Castilla. 
     Según las crónicas, uno de los soldados que acompañaban al Adelantado Alonso Fernández de Lugo en la conquista de la isla de La Palma encontró la pequeña imagen de la Virgen entre sus frondosas ramas, de ahí el nombre que se le da a la imagen y al pino. Durante siglos a la sombra de este enorme pino canario (que llegó a tener unos 300 m2 de copa) se ha mantenido la tradición, la devoción, la historia y la cultura de una isla y sus gentes, en torno a un paisaje que ha inspirado a artistas en todas sus facetas, motivando infinidad de relatos y leyendas, y siendo el árbol protagonista de investigaciones y estudios científicos (en sus proximidades también existen otros notables ejemplares de pinos canarios, como los de Fuencaliente, Puntagorda y Garafía). 
     Al pié del árbol fue construida en 1876 una pequeña capilla de mampostería, en el llamado “Paso de la Cumbre”, a iniciativa de la vecina Magdalena Rodríguez Pérez (“Magdalena la del Pino”), convertida desde entonces en ermitaña del lugar. 

Foto 2 de fotosantiguascanarias.org
Foto 3 de fotosantiguascanarias.org

     La construcción de la actual ermita comenzó en 1927 y en agosto de 1930 fue bendecida la imagen de la Virgen que existe en la actualidad, adquirida por cuestación popular. Desde 1955 se celebra con carácter regular la fiesta trienal de la Bajada de la Virgen del Pino, que fue promovida por un grupo de vecinos de la época. Con el paso de los años, la romería ha ganado prestigio y trasciende las fronteras insulares, convirtiéndose en referencia regional y en señal de llamada de paisanos y amigos de La Palma, que acuden durante esos días a El Paso, convertido en referencia de la vocación mariana y la tradición festiva.     

Foto 4 de El Time.es, diciembre de 2014

     El pino fue declarado “Bien de Interés Cultural” en 2014, con categoría de “Sitio Histórico”, pero llevaba años perdiendo vigor y en 2006 ya se le notaba desmejorado. El motivo fue achacado a las obras iniciadas en 2001 en las que se hizo una plaza en la ermita y dejó al árbol semienterrado en un alcorque.
     El Pino de la Virgen tiene actualmente un perímetro de 6,8 metros y una altura aproximada de 32 metros, estando a 910 metros de altura sobre el nivel del mar. En la parte baja del tronco, en el lado opuesto a la ermita, se observa un gran hueco de casi 2 metros de largo por 50 cm de ancho y unos 40 cm de profundidad en el que, probablemente, se guardaba la primera imagen de la Virgen del Pino, y junto al cual se encuentran otros dos huecos más pequeños a modo de hornacinas talladas en la madera.

Foto 5

     En 2008 fue sometido a un tratamiento biológico en la corteza, a un sellado de los huecos del tronco y a un proceso quirúrgico, pero la obra civil, que contempla el levantamiento de parte del pavimento que lo rodea, el agrandamiento del alcorque y la ampliación de la baranda de protección, no se ejecutaron hasta 2018, en el que se despejaron 721 m², de terreno para permitir la filtración del agua de la lluvia (Foto 5). 
     En ese momento se recuperó el suelo de la primitiva capilla (Foto 6). En 2019 fue candidato a “Árbol Europeo del año”. Quizás a
ún sea pronto para saber si la obra llegó a tiempo, pero tengo la esperanza de que así sea.

Foto 6, Ayuntamiento de El Paso

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