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3/19/2024

La vuelta del pistacho a la península

JAVIER JIMÉNEZ,  en Xataka, oct23
El cultivo del pistacho

Durante más de mil años España fue una potencia mundial en la producción de pistacho. Luego desapareció completamente.
Castilla-La Mancha y otras comunidades están volviendo a cultivar pistachos
Lejos de un exotismo, el árbol cuenta con una larga tradición olvidada en la península


En 1986, José Francisco Couceiro llegó al Centro de Investigación Agroambiental "El Chaparrillo" con un encargo sui géneris: buscar alternativas a los cultivos tradicionales de Castilla-La Mancha. En un año, se convenció de que la clave era el pistacho; en diez, consiguió dominar su cultivo; en 35, es una leyenda. Hoy, el pistacho de Couceiro ha conquistado España: "Las hectáreas se han multiplicado casi por 16 en la última década" y ahora "uno de cada 700 kilómetros cuadrados ya está cubierto por pistacheros".
      Pero lo que mucha gente no sabe es que no es la primera vez que el pistacho conquista el país. Indagar por qué desapareció completamente de los suelos peninsulares puede ser clave para el futuro de uno de los cultivos más prometedores del momento.
     Según cuenta la tradición (y las crónicas más antiguas), el pistacho fue incorporado a la gastronomía del Imperio Romanoe en época de Tiberio, cuando Lucio Vitelio (padre del futuro emperador Aulo Vitelio) empezó a extenderlo desde Siria. Poco después, el cultivo del pistachero se introdujo en Italia; especialmente en Sicilia y algunas partes del sur, donde, con el tiempo, se han desarrollado sus propias variedades: napolitana, bronte o trabunella.
      En aquella época imperial, los árboles del pistacho se empezaron a plantar también en España. Y el cultivo prosperó, podemos leer sobre ello en los textos de San Isidoro de Sevilla. En ellos, sin ir más, se puede encontrar una discusión sobre una falsa etimología del término latino "pistacium", relacionada con el olor de su corteza. Algo que invita a pensar que tenía a mano esas cortezas. Sin embargo, no parece ser hasta el 711 cuando la industria española del pistacho se convirtió realmente en algo importante.
     Esa importancia es la que explica, por ejemplo, que las lenguas peninsulares tengan palabras propias para hablar de los pistachos. Tanto el "festuc" catalán como el término "alfóncigo" que se usaba en castellano antiguo (y que aún persiste en el diccionario) provienen de la palabra árabe para denominar a los pistachos. No es de extrañar, por eso mismo, que los últimos reductos pistacheros de los que tenemos consciencia fueran los recetarios nazaríes y las huertas del Generalife, en las lomas de la Sabika, el cerro donde se alza la Alhambra.


Auge y ocaso del pistacho

     Luego, sencillamente, desapareció. Desapareció literalmente. A lo largo de la edad moderna y contemporánea, los restos que pudieran quedar del pistacho español fueron triturados y desechados sin más. Lo que ha tenido intrigados a los especialistas durante décadas es el porqué. ¿Cómo pasamos de ser una potencia mundial del pistacho a considerarlo una especie exótica, ajena y desconocida?
     Lo cierto es que hay muchas teorías. Desde una supuesta prohibición de la Iglesia Católica (que los habría rechazado por su parecido con el sexo femenino) hasta su pérdida de importancia paulatina frente a otros cultivos de secano con un rendimiento mayor (como los olivos o almendros). Lo primero es difícil de aceptar: no solo no hay ninguna prohibición escrita, sino que en otras partes del mundo católico, como Italia, el pistacho siguió siendo cultivado sin problema.
     La segunda, en cambio, sí podría ser más razonable. Sin embargo, si examinamos los cultivos que han llegado a las postrimerías del siglo XX, parece raro esta súbita desaparición de un cultivo tan favorable. La opción más razonable, parece otra.
     Como explicaba hace unos años María Isabel Morales Cebrían, responsable técnica de las huertas del Generalife, lo más probable es que, tras la reconquista y la expulsión de los moriscos (con la debacle demográfica, industrial y agraria que supuso), los cristianos del norte que repoblaron los terrenos de secano del sur "no tuvieran en cuenta que al ser dioica [el árbol del pistacho] necesita una planta hembra, la que da los frutos, y otra macho para reproducirse".
      Es decir, no se dieron cuenta de que "no podían eliminar las plantas que no daban frutos" y "al hacerlo dejaron a las hembras sin posibilidad de reproducirse provocando que la especie desapareciera por completo". No es una explicación que me convenza del todo, he de decirlo: al fin y al cabo, tanto las moreras como las palmeras datileras son dioicas y su cultivo superó (con muchas dificultades, pero superó) la expulsión de los moriscos.
      Probablemente, la causa real fuera una mezcla de todo esto: la falta de conocimiento de los repobladores, los prejuicios religiosos hacia un producto que consumían preferentemente los moriscos, la mejora de la productividad de otros tipos de cultivo... Sea como sea, la vuelta de los pistacheros al campo español demuestra que, a menudo, hay que salir fuera para encontrar cosas que, durante más de mil años, formaron parte del ADN de esta Tierra.

Lo hemos leído aquí

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1/16/2023

Aprovechando residuos del cultivo del café

SARAH GIBBENS, en Nat. Geographic, Abr-2021
¿Un bosque con cafeína?  
Cómo puede ayudar el café a los bosques para que crezcan más rápido

Los trabajadores del café llevan frutos de café recién cosechadas a un vagón en Aquires, Costa Rica. Fotografía de Edwin Remsberg, VW PICS, UIG, Getty Images
     Al igual que nosotros, los bosques se mueven más rápido con un poco de café en su sistema.
     Un experimento reciente probó que la pulpa de café, un remanente del proceso de cultivo del café, podría ayudar a revivir las selvas tropicales de Costa Rica. Investigadores de la Universidad de Hawai, en Manoa, probaron dos parcelas para ver cómo los desechos de café afectaban la tierra deforestada, cubriendo una parcela de hierba con aproximadamente 40 cm de pulpa y dejando la otra intacta.
     En cada lugar, la tierra había sido explotada durante años, ya sea para cultivar café o criar ganado, y finalmente fue abandonada. Estaban dominadas por pasto invasor, principalmente una especie africana llamada pasto empalizada, utilizada para alimentar al ganado de pastoreo. La hierba puede alcanzar varios metros de altura cuando los animales de pastoreo no la recortan, lo que impide que las selvas tropicales nativas vuelvan a crecer fácilmente.
     Después de dos años, la parcela de tierra que recibió la pulpa del café mostró una mejora espectacular. El 80 % de la parcela estaba cubierta por un dosel de árboles jóvenes, algunos árboles de 3 metros, incluidas especies tropicales que pueden crecer hasta 30 m, en comparación con solo el 20 % en la parcela sin tratar. En la parcela alimentada con café, los árboles también eran cuatro veces más altos en promedio, las muestras de suelo eran más ricas en nutrientes y se habían eliminado los pastos invasivos.
     Los resultados fueron publicados en la revista Ecological Solutions and Evidence.
No solo brinda a los productores de café una forma sostenible de deshacerse de sus desechos, dice, sino que también acelera el tiempo para recuperar los bosques destruidos.
     "Es una situación increíble en la que todos ganan", dice Rebecca Cole, autora del estudio y ecologista de la Universidad de Hawai'i en Manoa. “Los bosques tropicales tardan cientos de años en volver a crecer. Tener árboles tan altos en solo dos años es realmente espectacular”. Se necesita más investigación, reconoce Cole, para comprender los impactos a largo plazo de la pulpa de café y si causa alguna contaminación imprevista. Aún así, dice Cole, “Esto realmente fue como un bosque de cafeína. Creo que es realmente prometedor”.
Una capa de pulpa de café recién agregada se asienta en un terreno donde las hierbas invasoras se habían apoderado.
 Los científicos del estudio establecieron una parcela de control donde podían ver si los bosques se recuperaban naturalmente. Aquí, años después del experimento, los pastos siguen siendo dominantes. Fotografías de Rebecca Cole
Cómo y por qué funciona 
     La idea funciona así: esparce 40 cm de pulpa de café en un área cubierta de pastos y el follaje de debajo se sofocará y se cocinará hasta que se asfixie, muera y se descomponga. “Básicamente, matas todas las raíces y rizomas de las hierbas”, dice Zahawi.  
     Zahawi y Cole descubrieron que a medida que los restos descompuestos de las hierbas se mezclan con la capa rica en nutrientes del café, se crea un suelo fértil. Eso, a su vez, atrae a los insectos, que atraen a los pájaros, que luego arrojan semillas en la parcela, al igual que el viento. Luego viene el renacimiento. “Parece un desastre durante los primeros dos o tres años, y luego está la explosión de nuevas plantas”, dice Zahawi. "Es tan rico en nutrientes que están creciendo con esteroides".
 
Lo hemos leído aquí
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2/10/2019

JOSÉ M. MARTÍN (Salamanca)
La paulownia, un árbol asiático para biomasa


     La paulownia es un árbol que puede crecer hasta seis metros al año. Esta especie, procedente del sudeste asiático, está catalogada como de crecimiento rápido, motivo principal por el que su uso en jardinería ha aumentado en toda Europa en los últimos años.
     Sin embargo, la paulownia continúa siendo un cultivo muy desconocido y apenas extendido en nuestro país. Sabedores de sus propiedades, investigadores extremeños decidieron iniciar un proyecto para estudiar la posibilidad de introducir este árbol en la región y valorar su productividad en el sector agrario. «Buscamos el aprovechamiento de terrenos de cultivo marginales para ofrecer a los agricultores alternativas con las que obtengan rentabilidad de algunos de los espacios en los que, por diferentes motivos, no se pueden sembrar productos tradicionales», explica José Berdón, trabajador de ICMC-Cicytex -antiguo Iprocor- e investigador principal del proyecto 'Estudio de clones de paulownia para la producción de biomasa y madera'.
      El nombre de la investigación indica los dos aprovechamientos que se plantean para esta especie en Extremadura. Para saber si su siembra puede ser rentable para los agricultores se deben analizar dos variables: la producción de madera por hectárea, para valorar su rentabilidad en los suelos extremeños, y las características de la biomasa que se obtiene de esa materia prima, para conocer propiedades que inciden en su calidad.

      La primera parte del estudio se desarrolla en los campos de ensayo que Cicytex tiene en Iprocor, en Mérida. Allí, se realizaron dos plantaciones de paulownia: una destinada a madera y otra a biomasa. Cada una de ellas tiene diferentes clones -«réplicas de un individuo seleccionado genéticamente», explica Berdón- de paulownia. De esta forma, se pretende conocer cuál de ellos se adapta mejor a las condiciones ecológicas de Extremadura. «Las Vegas del Guadiana son especialmente propicias para el desarrollo de esta especie arbórea, porque tiene suelos con un ph ligeramente ácido», añade el investigador.
     Ambas plantaciones tienen un ritmo de estudio diferente. Los árboles dedicados a la biomasa tienen un ciclo de corte de tres años. Esto quiere decir que pueden realizarse siete talas, ya que las paulownias tienen una vida productiva de 21 años. A partir de esa edad les cuesta más crecer y son menos rentables. En el caso del aprovechamiento para madera, al necesitarse una mayor formación del tronco, se realizan los cortes cada diez años.
     Por el contrario no hay diferencias en cuanto a los tratamientos y cuidados que reciben los árboles de las dos parcelas. Todos ellos son abonados y tienen riego por goteo. «La parcela de biomasa ha necesitado unos 200 litros de abono al año para sus 338 árboles y un máximo de 24 litros de agua diarios para cada ejemplar, lo que son datos muy inferiores a los de una producción de regadío típica», expone Berdón, recordando que son condiciones de ensayo por lo que a la hora de hablar de producción agraria esas cifras se podrían reducir bastante.
 (...)  Los primeros datos de producción en el terreno dedicado a la biomasa apuntan que con cada corte -que se produce cada tres años- se pueden lograr hasta 66 toneladas de madera en verde por hectárea. La materia prima obtenida debe someterse a un proceso de secado antes de destinarse a su uso definitivo, por lo que es muy importante conocer el peso de la madera ya seca y calcular el porcentaje que se pierde con la humedad. En Iprocor se toman muestras de los troncos y se meten en un horno. Con esta prueba se certifica que la materia prima pierde en torno a un 63,5 por ciento de su peso al secarse, con lo que la producción por hectárea sería de unas 24 toneladas.
     Durante los tres años de crecimiento de los árboles, los trabajos del equipo investigador consisten en controlar el aumento de tamaño y realizar las correspondientes mediciones. La paulownia tiene unas hojas muy grandes, sobre todo en sus primeras fases de crecimiento, que son muy apetecibles para el ganado, lo que puede servir para otro aprovechamiento agrario. Sin embargo, en los campos de estudio se han dejado en el suelo como materia orgánica. «El árbol tras la floración produce frutos con semillas aladas, pero éstas no son fértiles. Así no hay problema de que se convierta en una especie invasora», puntualiza el investigador principal.
     Una vez que se realiza la tala de los árboles, sus troncos y ramas se convierten en astillas que se envían al centro que Cicytex tiene en la finca La Orden. Allí, otra parte del equipo investigador analiza las propiedades que tiene la madera de paulownia a la hora de ser utilizada como biomasa.

Análisis
     En los laboratorios se recibieron las muestras astilladas la semana pasada, por lo que están en pleno proceso de análisis. Éste terminará con una perfecta caracterización de la biomasa, en base a la normativa Aenor de combustibles sólidos, lo que sirve para conocer su calidad. «Dependiendo de los parámetros que se obtengan ésta puede ser A1, A2, B1 ó B2», señala Luis Royano, investigador en biocombustibles de La Orden.
     Todas las pruebas se realizan en base seca, por lo que lo primero es eliminar la humedad de la materia prima e identificar su procedencia. A continuación se muelen las astillas para dotar a la muestra de una uniformidad total.
     Entre los parámetros que se analizan están la humedad, el contenido de cenizas o el poder calorífico. También se hace un análisis elemental en el que se determina el contenido en carbono, hidrógeno, nitrógeno y azufre. «Cuanto más carbono tenga, tendrá un poder calorífico superior», según Ana Parralejo, investigadora en biocombustibles, y «cuanto menos azufre tenga, será biomasa de mejor calidad», completa Royano. Además se realizan otros análisis, como el porcentaje de cloro, porque puede afectar negativamente a las calderas dado que es corrosivo.
     Las expectativas del equipo investigador son buenas y esperan obtener, mediante plantaciones realizadas en Extremadura, un biocombustible de calidad y que cumpla la normativa vigente. «Lo lógico es que esté entre A1 y A2», considera Royano. Para decirlo se apoya en los estudios que previamente se han realizado en Cicytex sobre paulownia y en la bibliografía existente. «El poder calorífico inferior (PCI) podría estar entre 4.200 y 4.500 kilocalorías por kilogramo (kcal/kg). Esto es comparable a cualquier cultivo leñoso, como el pino o el eucalipto que son los más utilizados en biomasa», remarca Parralejo.
     Por último, entre los aspectos positivos de la paulownia, el equipo investigador destaca que se trata de un cultivo cuyo proceso de transformación en biomasa y la utilización de este biocombustible como fuente de energía es medioambientalmente sostenible. «Se trata de cerrar el círculo del dióxido de carbono. Es decir, el CO2 emitido durante la quema de la biomasa de un ejemplar de paulownia es igual al que éste necesita a lo largo de su vida para crecer», concluye Royano.

Lo hemos leído aquí

PLANTACIÓN INCLUIDA EN LA PAC

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11/26/2018

MÓNICA SÁNCHEZ
Consejos para el cultivo de palmeras


Ejemplares de Roystonea regia
Roystonea regia
     Las palmeras son plantas que tienen un ”algo” muy especial. No importa la especie a la que pertenezcan; siempre van a quedar perfectas en cualquier rincón. Además, aportan una ”tropicalidad” capaz de transformar cualquier jardín en un auténtico paraíso. Sin embargo, es muy importante que tengamos en cuenta que cada una de ellas tiene sus propias necesidades.
      Para que puedas evitar gastar dinero en vano, te vamos a dar una serie de consejos de cultivo de palmeras.


Dypsis decaryi en un jardín
Dypsis decaryi
Escoge especies resistentes a tu clima
     Es lo más importante y, al mismo tiempo, en lo que menos se suele pensar. Las palmeras son tan bonitas, que a más de uno y a más de dos nos gustaría tener un terreno de una hectárea (como mínimo) para poder plantar un montón de especies. Pero tenemos que saber controlarnos y, sobretodo, buscar información sobre cuáles son las especies que mejor se adaptan a nuestro clima. Y cuando digo esto me refiero a que tienen que ser capaces de vivir bien con las condiciones que hay en el jardín.
     Por ejemplo, yo vivo en el sur de Mallorca, con unas temperaturas que van desde los 38ºC en verano hasta los -1ºC o -2ºC en invierno. En principio, puedo cultivar un montón de especies tropicales, como la Dictyosperma album o la Roystonea regia, ya que esas heladas son puntuales y de muy corta duración, pero… la realidad es muy distinta. Para que esas palmeras pudieran sobrevivir, después de la helada la temperatura tendría que subir a los 15-18ºC o más, algo que no ocurre (se queda en los 5-10ºC).
      Por todo ello, cuando busques especies, te recomiendo que escojas aquellas en las que los libros digan que son más resistentes al frío. En mi caso, tengo que decantarme por aquellas que en los libros, enciclopedias, etc. dicen que soportan hasta los -4ºC, porque sé que esos -4ºC que pueden tener en su hábitat natural son los -2ºC que tendrán aquí en Mallorca.


Ejemplar de Chamaedorea tuerckeimii
Chamaedorea tuerckeimii
Ponlas en el lugar adecuado
     Estamos muy acostumbrados a ver palmeras creciendo a pleno sol. Phoenix, Washingtonia, Chamaerops, Butia… Son muchísimas las que tienen que estar expuestas al astro rey. Pero tenemos que saber que hay otras a las que los rayos solares les pueden perjudicar seriamente, como a las Chamaedorea, Ceroxylon, Dypsis, o Arenga, entre otras. Por este motivo, debemos de ponerlas en el lugar más adecuado, donde puedan crecer sin problemas.
     Las raíces no son invasivas, pero será necesario tener muy en cuenta sus dimensiones adultas para plantarlas en un sitio u otro, ya que así podrán tener la posibilidad de crecer y desarrollarse correctamente.


Palmera Butia capitata
Butia capitata
Abónalas con abono orgánico  
     
El abonado es fundamental para el buen crecimiento de las palmeras. Éste tiene que aplicarse desde comienzos de primavera hasta finales de otoño. En los viveros encontraremos abonos específicos para estas plantas, pero en casa disponemos también de algunos 😉 : cáscaras de huevo y de plátano, bolsitas de té, verduras pasadas (caducadas o que ya no se pueden comer), compost, pienso de animales caducado,… Eso sí, si se están cultivando en maceta, deberemos usar abonos líquidos, siendo muy recomendable el guano.
Hoja de Phoenix

Pódalas en otoño

      Seguramente habrás visto a varios trabajadores podando las palmeras en verano, pero ese es un error muy grande por dos motivos:
  • En pleno verano las palmeras están creciendo, lo que significa que por sus vasos conductores es transportada una gran cantidad de savia. Al podarlas, es inevitable que las plantas pierdan parte de esa savia, lo cual puede debilitarlas mucho. 
  • Si se vive en una zona donde el picudo rojo o la paysandisia están circulando, se exponen a las palmeras a sus ataques. Hay que pensar que estas dos plagas acaban con la vida de las palmeras en cuestión de días, semanas o meses (dependiendo del clima). Al podar, estos insectos se sienten muy atraídos por el olor de las plantas, así que se dirigen a ellas. 
      Así pues, aconsejamos podar, sólo si es estrictamente necesario, en otoño utilizando herramientas previamente desinfectadas con alcohol de farmacia. Y por lo demás, sólo queda decir una cosa: disfruta de tus palmeras.

Información

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