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25 junio 2026


XAVIER ALDEKOA, MARIO CHAPARRO y PABLO GONZÁLEZ
El último árbol en pie

La tala ilegal de empresas extranjeras, especialmente chinas, y el uso masivo de madera por parte de una población local empobrecida amenazan la supervivencia de las selvas de Congo, el país donde más árboles se cortan del mundo después de Brasil.

Mbandaka 

La destrucción de los bosques primarios tropicales, vergeles apenas tocados por el hombre, es un problema ecológico mundial

Los troncos parecían cadáveres de gigantes. Había cientos de ellos. Colocados unos sobre los otros, los árboles, desnudos de ramas y marcados con letras blancas en un extremo, configuraban un ejército caído junto a una selva que observaba en silencio el desastre. Era un destrozo estridente: un arrastrador rugía mientras atrapaba con unas garras metálicas los troncos y los colocaba sobre unos camiones aparcados en el barro. Al final de una cuesta, otro gruñido anunciaba que la escabechina no había terminado. Bobenza Rigober, congolés de 48 años y veinte hijos de tres mujeres distintas, rajaba con una motosierra un árbol cruzado en el camino. Las astillas volaban en el aire y el polvo de madera teñía de ocre sus enormes bíceps negros. Tosha Didabi, leñador artesanal, corta un árbol de más de 30 metros en la selva en la provincia de Ecuador, en la República Democrática de Congo.
     Aunque llevaba veintidós años en el negocio, Bobenza juraba que aún le afectaba acabar con esos portentos de la naturaleza.
     — Cuando corto árboles grandes me duele en el corazón porque contribuyo a destruir mi país. Pero estoy obligado a hacerlo. ¿Qué otra cosa puedo hacer?, debo alimentar a mis hijos.
     Bobenza, trabajaba para Cokibafod, una empresa china de explotación de madera en la provincia de Ecuador, en el corazón de Congo. Por jornadas maratonianas a pleno sol, comiendo apenas unas galletas y durmiendo en mitad de la selva, cobraba 192.000 francos congoleses al mes, unos 100 euros al cambio. 
Tosha Didabi lleva décadas en el oficio de cortar árboles. Para él, la llegada de madereras chinas sin control, es una amenaza para la supervivencia de las selva
     Bobenza era un eslabón necesario para una de las mayores agresiones verdes del planeta: el año pasado, Congo fue, después de Brasil, el país donde más árboles se cortaron del mundo. En veinte años, ha desaparecido casi un 9% de los bosques primarios en el país, que acoge la mayor parte de la Cuenca del río Congo, un paraíso natural que se expande en otras ocho naciones —República Centroafricana, República de Congo, Angola, Zambia, Camerún, Tanzania, Ruanda y Burundi— y alberga siete de cada diez árboles del continente.
     Pese a su importancia vital como segundo pulmón del planeta después del Amazonas, la cuenca del Congo mengua cada año a un ritmo insostenible y pronto de forma irreversible: un estudio de la Universidad estadounidense de Maryland advierte de que, a este ritmo de deforestación, los bosques primarios de Congo habrán desaparecido en el año 2100.
     En realidad, el problema no es solo Congo; es global. El portal Global Forest Watch denunció que en 2021, se talaron bosques en el mundo equivalentes a la superficie de Catalunya y Baleares juntas.
     Aunque en otros puntos del globo las agresiones riman con las de Congo, en el país africano se suman otros factores que favorecen la devastación. A la tala ilegal, de empresas chinas pero también libanesas y europeas, se suma la tala a causa de la minería y de una pobreza generalizada que también mata árboles: como la población se ha duplicado en 20 años, se ha disparado la producción de carbón artesanal y la agricultura de quema, en la que los campesinos talan y prenden zonas para cultivarlas y las abandonan en cuanto pierden fertilidad.
Compañías chinas, europeas y libanesas explotan el negocio de la madera en el Congo. Algunas de ellas, esquivan la legalidad y ponen en peligro el frágil ecosistema de la cuenca del Congo
La cuenca del Congo alberga siete de cada diez árboles de África
     La codicia hace el resto. La corrupción sistémica de Congo y la dificultad de controlar las irregularidades en una selva sin infraestructuras y de difícil acceso, pero que a su vez tiene en el río Congo un método de transporte de los troncos barato y eficaz, ha provocado la irrupción de empresas ávidas de beneficiarse de un negocio con un mercado amplio. Según Forest Trends, un grupo de conservación estadounidense, los principales mercados de productos de madera congoleses son Vietnam, la Unión Europea y China.
     Para Ettiene Kasereka, las imágenes de cientos de árboles cortados y transportados en barcazas río abajo se había convertido en algo personal. Tras trabajar en aduanas del río, Kasereka vio la podredumbre del negocio maderero desde dentro y decidió combatirlo. Le costó amenazas y un despido, pero no se rindió: se convirtió en activista y miembro de la organización local GASHE (Grupo de Acción para salvar al hombre y al medio ambiente, en sus siglas en francés). “La situación de la explotación de madera en Congo es catastrófica. No se respeta la reglamentación, ni hay ningún control. Multinacionales chinas y autoridades congolesas corruptas se benefician de la destrucción de nuestra selva”.
Todos los árboles deben ser marcados para controlar su origen, fecha de tala y si la madera tiene los permisos en regla. Pese a ello, algunas empresas falsifican documentos para explotar extensiones más grandes o especies de árboles protegidos.
Varios árboles esperan para ser transportados río abajo hasta la capital, Kinshasa
     Kasereka conocía de sobras las trampas de las empresas extranjeras, que vestían de legalidad su depredación del ecosistema. “Cortan en una concesión que debe talarse en 25 años y arrasan con ella en tres o cuatro años, sin preocuparse de si hay árboles protegidos, de replantar o si matan a árboles más pequeños. No respetan las moratorias y cortan con documentos fraudulentos. Actúan con total impunidad porque saben que si sobornan a la persona adecuada podrán seguir actuando”.
     Aquellas agresiones al bosque no solo eran un crimen ecológico, también condenaban a la pobreza a los pueblos locales. Y para los pigmeos, un pueblo nómada, cazador y recolector, cuya supervivencia dependía de la naturaleza, aquella devastación era una condena a muerte.
     A la aldea de Ikenge se llegaba por una cicatriz de barro. El centro del poblado estaba atravesado por una carretera enfangada por la que circulaban excavadoras, bulldozers y camiones cargados de árboles gigantescos de la empresa china Maniema Union. El pasado de la empresa era turbio: la oenegé Global Witness había destapado que la compañía asiática había obtenido su licencia de tala en Congo de manera ilegal gracias a un general congoleño sancionado por violaciones de derechos humanos tanto por la Unión Europea como por Estados Unidos.
Los pueblos pigmeos de la región, que dependen de la caza y de la recolección de frutos del bosque, son los más afectados por los estragos de la tala masiva e ilegal
Lundi Bokoko, cazador pigmeo de la aldea de Ikenge, denuncia que, a causa del ruido de la tala, los animales han huido y la desnutrición de su comunidad se ha disparado

     Al oír el nombre de la empresa, el jefe pigmeo Biondo Ikemwa no podía contener la ira. La llegada de los asiáticos, decía, había significado la destrucción de miles de árboles y había vaciado sus selvas y sus tripas: el ruido de las máquinas había ahuyentado a los animales salvajes y había acabado con una fuente de proteínas básica para los pigmeos. La malnutrición se había disparado.
     — Si destruyen el bosque, nos destruyen a todos, decía. 
     Además de las condiciones de trabajo infrahumanas, con salarios indecentes, sin comida ni lugar para pernoctar, los pocos pigmeos que trabajaban para la empresa china denunciaban una total ausencia de medidas de seguridad y una desidia absoluta en caso de accidente.
     Mboyo Mali, de 45 años y madre de siete hijos, solo tres de ellos vivos, lloraba porque no sabía cómo maldecir su mala suerte. Sí sabía cuándo había empezado: cuando la maderera china Maniema contrató como talador a su marido. “Estábamos felices porque ganaba un poco de dinero, llevaba casi tres años trabajando para ellos, pero un día un tronco le cayó en la espalda y le dejó paralítico. Su jefe chino dijo que mi marido no tenía contrato, la empresa había cambiado de nombre y no podía hacer nada por él. No nos dieron ni un céntimo, nada”. Para pagar los médicos, Mboyo limpió la pocilga de un bantú que le pagaba 25.000 francos al mes (12 euros). “Solo comíamos mandioca, todos los días. Mi marido se deprimió y empezó a beber. Decía que el accidente le había convertido en inservible. Con la llegada de los chinos, mi vida cambió y se llenó de sufrimiento. Rezo a Dios para que se vayan de nuestros bosques para siempre”.

La caza es clave para la alimentación del pueblo pigmeo. A la huida de los animales por la pérdida de su hábitat, se une la tala de los árboles habitados por el gusano "pose", otra de las fuentes de proteínas indispensables para la comunidad de Ikenge

Una mujer pigmea recoge mandioca fermentada en unos pozos artesanales a las afueras de la aldea de Ikenge

      A la salida del poblado, había que subir por un camino de tierra y barro que se ensartaba en la selva para llegar a la cantera de Banjo, donde la empresa china había instalado una docena de contenedores metálicos en una explanada yerma. Era el centro de operaciones de la empresa en esa zona selvática, donde vivían 10 empleados asiáticos que coordinaban a los 140 empleados locales. La decena de asiáticos vivían dentro de los contenedores, acondicionados con un wifi precario, ventiladores y cocina. Los congoleses vivían en chozas de barro y paja a unos cien metros de allí. Aunque la mayoría de los empleados chinos declinó hablar con este periodista, finalmente Ashil Zheng Zhou aceptó dar su opinión. Zheng llevaba cuatro meses en la selva congolesa por dinero: tenía un hijo y por trabajar en Congo su empresa le pagaba un 50% más que en China. Le quedaban 18 meses antes de regresar a casa.
     — Para el medio ambiente lo que hacemos es malo. Aquí cortamos árboles, eso no es bueno para la naturaleza. Pero el gobierno nos da permiso, tenemos todo en regla.
El río Congo y sus afluentes son vías de transporte básicas para la explotación maderera del interior del país
Grandes barcazas cargadas con cientos de troncos de varias toneladas descienden cada día por el río Congo hasta la capital

      Ante la insistencia de irregularidades de su empresa, lanzaba balones fuera.
     — Sí que existe la corrupción. Otros actúan así. Pagan sobornos para poder hacer lo que quieren y ganar mucho dinero. Mucho dinero. Pero nosotros actuamos bien, el 99% bien.
     Al pedirle la documentación de la explotación, dio por terminada la entrevista.
     En realidad, aquel punto en mitad de la selva solo era el inicio de un negocio que llevaba toda esa madera lejos de allí. Tras cortarlos, decenas de camiones trasladaban los cadáveres de madera hacia el Congo o uno de sus afluentes para iniciar su lento descenso hacia el mar y de allí al mercado internacional.
     Antes, todos esos árboles cortados debían pasar por un punto clave cientos de kilómetros río abajo: Kinkole. El principal puerto maderero de las afueras de la capital congolesa, Kinshasa, recibía cada día barcazas que cargaban troncos gigantescos del interior del país.

Las barcazas son además pequeñas ciudades flotantes y decenas o cientos de habitantes se distribuyen entre los troncos para decender la corriente
Las almadías, balsas de troncos atados unos a otros que sus ocupantes van a vender a la capital, son la forma más artesanal y precaria del transporte de madera en el Congo. Las embarcaciones, inestables y lentas, tardan meses en llegar a su destino.
     Era también un supuesto lugar de control, aunque el caos no invitaba al optimismo. En el lugar todo era madera: las botas se hundían en una alfombra de arena, barro, serrín, astillas y cortezas. Si en el agua los barcos hacían fila para descargar su mercancía, en tierra firme la vertiente artesanal e industrial del negocio se fundían en un mismo espacio.
     En la orilla, varias docenas de hombres con machetes cortaban sus árboles en trozos mientras un poco más atrás, las excavadoras, dragalinas o grúas cargaban pesados troncos en los camiones que los iban a trasladar hasta el océano: a partir de Kinshasa el río Congo se retuerce en varias cascadas que impiden su navegación hasta Matadi.
     Para Richard Mondjali, que se presentaba como el presidente de los explotadores forestales artesanales del “punto clave de la explotación y comercialización de madera de Congo”, si alguien quería hacer trampas, no esperaba hasta llegar a Kinkole. “En la selva es más fácil engañar, poner que unos árboles vienen de un lugar y no de otro, o que las autoridades no controlen bien la tala, pero en este puerto hay muchos ojos ya observando”.
Kinkole, a las afueras de la capital congolesa, es el principal puerto maderero del país. Desde allí, los troncos son transportados por carretera hasta Matadi, a 150 kilómetros del mar, donde el río Congo vuelve a ser navegable. 
A la tala industrial, se suma la práctica artesanal y otra amenaza para los bosques: la agricultura de quema, en la que los campesinos prenden fuego a zonas boscosas para cultivarlas y abandonarlas cuando dejan de ser fértiles. 
     Mondjali criticaba el descontrol y la corrupción en el sector, pero se ofendía ante las críticas extranjeras de tala masiva en Congo.
     “¿Qué quieren esos ecologistas? ¡Los árboles son nuestra riqueza! Si los extranjeros no quieren que cortemos nuestros bosques es porque en Europa, China o América ya los han cortado todos. Desde sus casas bonitas y confortables nos dicen que cuidemos nuestros árboles. ¿De qué vamos a vivir? Estos árboles nos permiten alimentar a nuestras familias”.
     Mientras Mondjali hablaba, una enorme máquina movió un árbol a sus espaldas, tan pesado que, al dejarlo caer sobre un camión, el suelo retumbó y los hierros del vehículo protestaron con un quejido metálico. Casi un chillido animal.

 Lo hemos leído aquí

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31 enero 2026

ROSA M. TRISTÁN, en la Vanguardia oct-2024
Casi el 40% de las especies de árboles del planeta están amenazadas de extinción 

Un informe señala como motivos la deforestación, las especies invasoras, la expansión de la agricultura y la ganadería, las plagas o enfermedades y las sequías y tormentas más intensas producto del cambio climático

La mayor proporción de especies de árboles amenazadas están en islas,

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Un 38% de las especies de árboles de todo el planeta están en riesgo de extinción. Así lo revela la primera evaluación global sobre esta parte de la vida terrestre realizada por la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN). En total, según UICN, al menos 16.425 de las 47.282 especies que han evaluado están amenazadas de desaparición, siendo ya más del 25% de toda la Lista Roja de especies amenazadas conocidas. Es más, los árboles el peligro duplican en número al de todas las aves, mamíferos, reptiles y anfibios que figuran en la lista y es una situación que se extiende por 192 de los 195 países reconocidos en el mundo.
     Grethel Aguilar, directora general de la UICN, señala en un comunicado que esta Lista Roja de los árboles, en la que han participado más de mil especialistas, quiere ser “una herramienta única que guíe la acción para revertir el deterioro de la naturaleza”. También servirá identificar donde se requiere intervenir con más urgencia, como añade la experta botánica Malin Rivers, cuya organización Botanic Gardens Conservation International participa en la realización del listado, que evalúa 163.060 especies de seres vivos. De ese total, según esta actualización, 46.337 están amenazas.

Las plantaciones de árboles no nativos arden con facilidad. Marc Brugat / EP

     La UICN destaca que la mayor proporción de especies de árboles amenazadas están en islas, donde se entrecruzan impactos como la deforestación por el desarrollo urbanístico con la agricultura, las especies invasoras o plagas y enfermedades. Pero, si esto preocupa, no lo hace menos el impacto del cambio climático en los bosques tropicales debido a sequías y tormentas más intensas, sumado a la acción humana. De hecho, en Sudamérica, la región con más biodiversidad de árboles de la Tierra, de los 13.668 evaluados, al menos 3.356 son de especies amenazadas (un 25%), en este caso debido a la expansión de la agricultura y la ganadería. Al menos, señalan, porque muchas especies amazónicas aún no se conocen. “Esperamos que esta aterradora estadística incentive acciones”, reclama Eimear Nic Lughadha, del Real Jardín Botánico de Kew, en Gran Bretaña.
     Esta crisis arbórea, además, genera impactos en cadena: “Más de dos tercios de las especies de aves amenazadas dependen de los bosques, así como millones personas de comunidades indígenas y campesinas”, como recuerda Cleo Cunningham, de Birdlife International. Su pérdida afecta a miles de especies de plantas y hongos, perjudica los ciclos de carbono y agua, deteriora los suelos y hasta deteriora la vida humana: más de 2.000 especies de árboles de la Lista Roja se utilizan para medicinas, alimentos o combustibles.
     A Fernando Valladares, científico del Museo Nacional de Ciencias Naturales que ha investigado sobre bosques, biodiversidad y cambio global, no le ha sorprendido el volumen de especies en riesgo. “En Europa o Norteamérica tenemos la imagen engañosa de que los bosques aumentan, pero en realidad no son bosques auténticos, son plantaciones de árboles no nativos que son interesantes para la industria del papel o la madera, pero que luego arden con facilidad. Los bosques auténticos hoy siguen desapareciendo para plantar palma africana o soja y con ellos se pierde una valiosa biodiversidad esencial para que puedan adaptarse al cambio climático”, señala.
     Entre las soluciones, los investigadores implicados en la Lista Roja de la UICN apuntan a la importancia de proteger y restaurar hábitats que aún están en buen estado o ahora deteriorados, asunto que es uno de los ejes de la cumbre de la biodiversidad, la COP16, que se celebró en Cali (Colombia). También apuestan por conservar ejemplares en bancos de semillas o programas botánicos y promover acciones en las comunidades, destacando los resultados en islas como Cuba, Madagascar o Fiji.
     Para Valladares es importante de distinguir entre la recuperación de un bosque con especies distintas de las plantaciones comerciales o reforestaciones masivas, en las que, comenta, sobreviven pocos ejemplares a largo plazo. “Como solución, la ciencia considera mucho más útil restaurar un pequeño pedazo de bosque degradado que plantar muchos kilómetros de una especie, aunque luzca menos en una foto”, reconoce.
     Cabe recordar que en la Cumbre del Clima de 2021 más de cien países se comprometieron a poner fin a la deforestación en 2030 y que la UE se ha propuesto plantar 3.000 millones de árboles para esa fecha, si bien recientemente aplazó el reglamento que ponía límites a la deforestación importada, incluso de países con especies en esta Lista Roja. De hecho, el proyecto SPOTT de la ONG conservacionista británica ZSL ha revelado que la mayoría de las 100 empresas madereras y de celulosa más importantes del mundo siguen sin cumplir sus compromisos a la hora de informar sobre el origen de la materia prima que utilizan.
Cambio climático. Las aves migratorias, también amenazadas
     En otro capítulo, entre las aves más amenazadas el nuevo informe de UICN destaca cómo ha empeorado la situación de las aves migratorias que viven en las orillas, las limícolas costeras y de humedales: 16 especies han sido reclasificadas con la amenaza más alta, lo que para Martin Harper, director general de BirdLife International, es “un poderoso símbolo de cómo estamos fracasando en la actualidad”.
     Mientras estos datos se hacen públicos, en COP16 se sigue negociando cómo cumplir las 23 metas para preservar la naturaleza aprobadas hace dos años, con qué recursos se va a contar o qué criterios sirven para medir la situación. “Tenemos que aterrizar las metas a las realidades locales y consensuar objetivos de monitoreo para ver si avanzamos. Son muchos temas y de momento se avanza en la parte técnica”, explica desde Cali Alicia Pérez Porro, portavoz en la cumbre de CREAF.
     Coincidiendo con la COP16, se han presentado dos informes que reflejan un escenario complicado. El del Museo de Historia Natural de Londres es contundente: en el 22% de zonas terrestres que hoy tienen protección, la biodiversidad está disminuyendo más rápido que en las no la tienen y en las áreas que son más importantes por sus servicios a los ecosistemas, la bajada es más rápida. Los científicos británicos concluyen que, proteger un 30% de tierra y otro tanto de océano de aquí a cinco años es un gran objetivo, no basta con esa declaración si no hay luego una gestión global efectiva de esos espacios. La investigación de la organización norteamericana Earth Insight se centra en una zona concreta, el tesoro que es el Triángulo del Coral del Pacífico: su informe denuncia cómo está amenazado por proyectos de explotación de yacimientos de gas y petróleo ‘offshore’, que van en aumento, muchos planificados encima de 80 áreas marinas protegidas.

Lo hemos leído aquí

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23 diciembre 2025

CLEMENTE ÁRVAREZ, en "El País", julio-2025
La muerte sin llamas de los árboles: investigadores advierten de la degradación de los bosques por el clima

Aunque se presta más atención a los incendios, en zonas como Cataluña la sequía ha impactado desde 2012 en tantas hectáreas como las que han ardido en 40 años.

Árboles muertos por la sequía en las montañas de Prades en Tarragona (Cataluña), en una imagen cedida por CREAF

En un árbol, el primer síntoma de que algo va mal por la sequía o las altas temperaturas es el cambio de color, ocurre porque cierra sus estomas (los poros de las hojas) para evitar perder agua y esto reduce la fotosíntesis. Luego llega la pérdida de hojas, la defoliación, y si se agrava la situación, puede producirse la muerte. Este es un fenómeno difícil de medir en las masas forestales del país, pues algunas veces, con la llegada de las lluvias los ejemplares se recuperan, y otras quedan moribundos, sentenciados, pero tardan años en sucumbir. Aun así, los episodios recientes de muerte masiva de ejemplares en Cataluña, Comunidad Valenciana o Murcia han mostrado la magnitud de un proceso que se espera vaya amplificándose con la crisis climática y que tiene importantes implicaciones tanto para el paisaje como, en los casos más extremos, para el futuro de los bosques y los numerosos servicios ambientales que proporcionan (en forma de biodiversidad, madera, alimentos, absorción de CO₂, regulación de cursos del agua, protección del suelo...).

Josep Maria Espelta, científico del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), asegura que en cerca de una década, de 2012 a 2023, la sequía en Cataluña afectó de forma significativa a un 10% de su superficie forestal, uno de cada diez árboles. Esto no incluye solo árboles muertos, por la complejidad para confirmar su fin, sino también ejemplares con afecciones de decoloración o defoliación que se cree están relacionadas con el clima extremo. Según recalca, esto supone unas 120.000 hectáreas, una cifra similar a la superficie quemada en 40 años en esta comunidad.

     “Hoy en día somos muy conscientes del problema de los incendios, pero no lo tenemos tan integrado con la sequía”, incide el biólogo. “Obviamente, la perturbación no es de la misma magnitud, pues el fuego suele destruir toda la cubierta vegetal, pero la afección por las sequías es muy preocupante, no estábamos acostumbrados a ver masas tan grandes de árboles muertos o moribundos”.

Existen diferentes iniciativas que monitorean la situación de las masas forestales del país. Las más amplias son las redes de seguimiento que lleva el Ministerio para la Transición Ecológica, dentro del programa ICP-Forest, un proyecto europeo puesto en marcha en 1985 como consecuencia de la gran alarma provocada en aquellos años por el deterioro de los bosques del norte del continente a causa de la lluvia ácida (problema en este caso originado por la contaminación atmosférica). El informe de 2024 de la denominada red de nivel I, señala que la mayoría de las especies arbóreas presentan defoliaciones medias “ligeras”, pero considera notable el número de variedades con una pérdida de hojas superior al 25% en su copa (en comparación con un ejemplar con un follaje ideal), entre ellas, las especies de carácter más mediterráneo como el alcornoque, la encina, el quejigo, el acebuche, el pino carrasco y la sabina albar. Este trabajo concluye también que la principal causa de este decaimiento es la sequía, seguido de los insectos. Y, a partir de estos mismos registros de la red de nivel I, el último dossier del ICP-Forest muestra unos gráficos de evolución desde 1990 que, en el caso de España, reflejan un cada vez mayor deterioro de los bosques por este proceso de defoliación.

El seguimiento de las redes del ICP-Forest destaca por su amplitud en el territorio y continuidad en el tiempo, pero acerca solo una parte de la realidad, pues no monitorea el conjunto de los bosques sino una selección. En concreto, en España, 620 parcelas repartidas por todo el territorio que comprenden unos 14.880 árboles, una cantidad pequeña en comparación con los 7.000 millones de ejemplares estimados para todo el país hace unos años. Sobre todo, para rastrear los muertos.

Los incendios forestales tienen una alta repercusión social, el decaimiento de los bosques no tiene el mismo impacto, es mucho más silencioso, pero está ahí, es algo que está debilitando los bosques y que puede provocar cambios en el paisaje, como la transición de especies, por ejemplo”, comenta Mireia Banqué, también investigadora del CREAF y coordinadora de Deboscat, una red de seguimiento de los bosques en Cataluña. Aunque todavía no han hecho públicos sus datos de 2024, esta ambientóloga incide en la mejoría del estado de las masas forestales en esta comunidad desde las lluvias otoñales del año pasado. Muchos ejemplares de especies de frondosas o planifolias (con hojas planas, como las encinas) que parecían moribundos, y que habían teñido de marrón laderas enteras, han vuelto a brotar. Sin embargo, no ha ocurrido lo mismo con las coníferas (con hojas en forma de aguja, como los pinos). “Cuando las coníferas sufren este proceso de decoloración y defoliación, no pueden sacar nuevos brotes. Si un pino tiene la copa marrón, está sentenciado”, detalla.

Acaben muriendo o no los árboles que han perdido su color verde, para Banqué lo significativo es el decaimiento general. A una escala más pequeña, la red Deboscat sí monitorea todos los bosques de Cataluña. No obstante, con apenas 13 años de existencia, no cubre un periodo de tiempo suficientemente grande para detectar tendencias. Aun así, la investigadora tiene claro que algo está cambiando. “Sin tener datos empíricos, la gente que vive en el territorio sí percibe que los pinos tienen copas menos frondosas”, destaca. “Si te fijas un poco o si vives cerca del entorno más rural, es fácil darse cuenta que hay muchos más árboles muertos que hace 10 años”.

Paloma Ruiz es profesora del departamento de Ciencias de la Vida en la Universidad de Alcalá y una de las coordinadoras de la Red Española de Seguimiento del Decaimiento Forestal. Esta iniciativa, creada hace solo un año, a través de la Asociación Española de Ecología Terrestre, no toma mediciones sino que busca poner en común el trabajo de los especialistas que trabajan en este campo. Esta ambientóloga incide también en la dificultad para evaluar la degradación de los bosques y relacionarlo con factores climáticos como la sequía o las altas temperaturas. Sin embargo, ella misma ha publicado junto a otros investigadores distintos trabajos que apuntan en este sentido. A partir del Inventario Forestal Nacional, que da una detallada radiografía de los bosques cada 10 años, han mostrado cómo están cambiando los patrones de mortalidad y daños en las florestas mediterráneas y cómo en esto está resultando determinante la cada vez mayor intensidad de las sequías. En un último trabajo publicado de forma reciente también ponen de manifiesto una marcada disminución de la productividad forestal debido al cambio climático y cómo los eventos extremos climáticos inciden de forma diferente entre regiones, afectando a múltiples funciones ecosistémicas. “Es muy importante que haya redes de investigación en aquellos sitios en los que se están produciendo eventos de decaimiento, en los que un alto porcentaje de árboles muere o decae, para entender qué está pasando”, subraya Ruiz.

Si bien la muerte de una porción de los árboles forma parte del proceso de reajuste natural de los bosques al calentamiento del planeta, para el biólogo Josep Maria Espelta “lo ideal sería poder acompañar a las masas forestales en esta adaptación, para que sea lo menos traumática posible tanto para el monte como para nosotros”. Una forma de hacerlo es aumentando la gestión forestal en algunas zonas, para disminuir la densidad de árboles (reduciendo la competencia entre ellos) y dotar a los bosques de una mejor estructura. No obstante, para este investigador, esto no basta y resulta también necesario sustituir árboles: “En la península Ibérica tenemos muchas especies que se encuentran en el límite sudoccidental de su área de distribución, como el haya, el pino albar, el pino silvestre, el abeto. Con el cambio climático, hay muchas poblaciones de árboles que probablemente ya están fuera de lo que serían sus condiciones climáticas adecuadas”.

Lo hemos leído aquí 

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11 febrero 2025

 ALFREDO MALUENDA, en "El Heraldo", oct-2019
Desmontando el mito: La Armada Invencible no causó la deforestación de Los Monegros


Ni la composición de la tierra ni las lluvias sostienen la tesis de que la comarca albergara alguna vez una gran arboleda. 

Panorámica de la Sierra de Alcubierre, en el corazón de Los Monegros.Heraldo

     Veinte galeones, 44 navíos mercantes armados, cuatro galeazas y otras tantas galeras, 23 urcas, 22 carabelas, quince pinazas y 22 pataches. Mucha madera para un solo bosque… especialmente para uno que jamás existió. Los Monegros aguanta estoico el "sambenito" de una leyenda que no es más que eso, un mito: el de que un día dio cobijo a una frondosa e inabarcable masa arbórea, desvestida con el único propósito de dar forma a la malograda Armada Invencible. El mito pasa de generación en generación y en el área de Turismo de la comarca no se cansan de salir al quite. “Se trata de un hecho histórico mitificado, legendario y falso y que se achaca a un castigo de Felipe II tras el suceso con el Justicia de Aragón”, razona Gemma Grau, técnico del organismo comarcal. Lo primero sería acotar qué se entiende por bosque en Los Monegros: un paisaje salpicado por pino negro y sabina conocido desde la antigüedad, que ya en época árabe era denominado ‘monte negro’, no por la frondosidad, sino por el tono oscuro de sus copas. El segundo punto más alto de la sierra de Alcubierre se llama, precisamente, Monte Oscuro. Su bosque siempre ha sido de tipo mediterráneo, cuyo mejor exponente son las carrascas en el norte y las sabinas en el sur, un paisaje al que se sumó la tradición agrícola romana: cereal, vid y olivo. De hecho, la geología nos cuenta que Los Monegros habría tenido un paisaje similar desde la última glaciación, acusando la escasa pluviosidad”.
     Un punto en el que hace especial hincapié Ramiro Muñoz, biólogo en la Laguna de Sariñena: “Para hablar de un bosque en esos términos la lluvia tendría que promediar, como poco, los 600 litros por metro cuadrado, y apenas se alcanzan los 400. Sólo hay que ver cómo a partir del municipio de Huerto, donde las precipitaciones son mayores, arranca una línea de contraste y por encima la vegetación cambia de forma notable”. A ello se añade la composición del suelo: "la salinidad de determinadas zonas impediría un bosque de las características de las que se suele hablar".
     Muñoz indica que la flota naval que partió hacia la costa inglesa sí contó con la aportación de “algunas sabinas de gran porte, del estilo de la insigne sabina carrascosa que luce en Monegrillo, pero la madera de los barcos se extrajo de distintos puntos del país y no de uno solo”. En cualquier caso, en la pérdida de los mejores ejemplares “jugaron un papel más determinante las quemas que se realizaron de cara a favorecer la ganadería que cualquier otro factor”.
     La técnico comarcal Gemma Grau suma otro elemento a la ecuación: “Lo que en realidad deforestó este territorio fue el aumento demográfico del siglo XVI, que obligó a roturar nuevas tierras y obtener mayor cantidad de leña, añadido a incendios y guerras posteriores, como las carlistas. Y esto, por cierto, tuvo una consecuencia inesperada, la reciente formación del Delta del Ebro”.
     Otro detalle capital y por el que se suele pasar de puntillas es la distancia entre el enclave aragonés y el punto de partida de la flota. Grau recuerda que los barcos zarparon desde el Cantábrico, cuando Castilla tenía mar: “Es evidente la dificultad de remontar los troncos desde Aragón río Ebro arriba y a contracorriente, con un cauce menguante cuanto más próximo al origen. Los árboles talados en Aragón descendían desde el Pirineo por el Cinca y, desde ahí, por el Ebro hasta Tortosa”.

La leyenda y sus versiones
     Una curiosidad del mito del gran bosque y de la deforestación a manos de Felipe II es que, a diferencia de muchos otras leyendas regionales, ésta se repite en otros puntos del país, siempre adaptado a las panorámicas locales. Se emplea para justificar paisajes desarbolados en provincias tan dispares como Jaén, Cuenca, Soria o Cantabria.

Lo hemos leído aquí: https://www.heraldo.es/noticias/aragon/2019/10/25/desmontando-mito-los-monegros-no-tuvo-frondoso-bosque-ni-deforesto-para-construir-armada-invencible-1340349.html

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14 septiembre 2024

Deforestación de la Amazonia

De "REPORTERRE", septiembre-2022
Deforestación: el Amazonas ha llegado a su punto de inflexión

Los científicos estaban preocupados por un inminente “punto sin retorno” en el Amazonas, momento en el cual el bosque se secaría y se convertiría en una sabana. Según un informe, ya se ha alcanzado. La Amazonia: 390 mil millones de árboles, varios millones de especies de insectos, un número incalculable de aves, mamíferos y reptiles, algunos aún desconocidos para el hombre.
     Un tesoro de biodiversidad que, lamentablemente, se está derrumbando. Según un informe publicado el 6 de septiembre por un grupo de organizaciones ambientalistas amazónicas (RAISG) y la Coordinación de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (Coica), la selva tropical ha llegado a su “punto de inflexión”. Algunas zonas ya están empezando a transformarse en sabana.
      La cuestión del “punto de inflexión” de la Amazonía ha preocupado a los especialistas de la región durante muchos años. Con este término, los científicos designan el momento en que el bosque, bajo los golpes del cambio climático y la deforestación, ya no sería capaz de mantener sus propias lluvias, como ocurre hoy. Luego evolucionaría hacia otro ecosistema más seco, comparable al de una sabana. Los árboles serían más bajos, los animales serían menos numerosos y la capacidad de absorción de carbono del bosque se reduciría considerablemente.
     Las advertencias sobre la inminencia de este fenómeno se han multiplicado en los últimos años: en abril de 2021, un artículo publicado en la revista Nature reveló que el “pulmón verde” del planeta comenzaba a emitir CO2 a la atmósfera. Un año después, un equipo de científicos demostró que el 76,2% de la selva amazónica había perdido resiliencia desde principios de la década de2000, lo que sugiere, dijeron, que se había acercado peligrosamente a su punto de inflexión.

 26% de la Amazonia altamente degradada 

     Según el informe de la RAISG y la Coica, finalmente se ha llegado a este punto de no retorno. Para llegar a esta conclusión, sus autores analizaron un conjunto de datos relacionados con el estado de la cubierta forestal, recopilados entre 1985 y 2020. Su análisis muestra que el 26% de la Amazonía se encuentra en estado de deforestación o degradación avanzada. Sin embargo, en una publicación de 2018, dos de los mejores especialistas de la Amazonia, Thomas Lovejoy y Carlos Nobre, estimaron que el bosque se caería cuando se destruyera entre un 20 y un 25% de su superficie. Esta gama fue diseñada por Lovejoy y Nobre para el caso específico de la Amazonia oriental, sur y central. Los datos analizados por RAISG y Coica cubren un área más amplia del bosque.
     Sin embargo, los autores del informe creen que el punto de inflexión de la Amazonía “ya no es un escenario futuro”. El 24% de la selva tropical de Bolivia ya está transformada o muy degradada, explican; en Brasil, este porcentaje se eleva al 34%. En estos dos países, la “sabanización” de los bosques ya es “una realidad”. En las columnas de New Scientist, Carlos Nobre juzgó los resultados de este estudio “muy, muy, muy preocupantes”
Regiones amazónicas degradadas: áreas intactas (verde oscuro), áreas ligeramente degradadas (verde claro), áreas muy degradadas (rosa), áreas transformadas (rojo). © RAISG
     Actualmente es difícil predecir en qué medida el resto de la Amazonía podría verse afectadopor la transformación de estas áreas. ¿Se podría producir un efecto dominó? “Es posible”, afirma Valéry Gond, investigador del Centro de Cooperación Internacional en Investigación Agrícola para el Desarrollo (CIRAD). Es probable que se produzcan efectos retroactivos en toda la cuenca del Amazonas, con caídas en las precipitaciones y una mortalidad significativa. » Los islotes más resistentes, como la meseta de Guayana o el Amazonas occidental, podrían “resistir más tiempo”. “Pero el bosque corre el riesgo de fragmentarse”, afirma el especialista en bosques tropicales.

Las buenas intenciones “barridas por las decisiones políticas” 
 
A pesar de todo, ¿podemos esperar que este frondoso bosque, sus monos aulladores y sus coloridas ranas sobrevivan a los seres humanos? Según este informe, el 80% de la Amazonía debería preservarse de aquí a 2025 para evitar que se seque. Un desafío importante: el 74% del bosque está hoy clasificado como “intacto” o “ligeramente degradado”. Lograr este objetivo implicaría restaurar el 6% del bosque, o 54 millones de hectáreas de tierra, en sólo tres años. También requeriría aumentar muy rápidamente la superficie de áreas y territorios protegidos gestionados por comunidades indígenas. La mayoría (52%) de la Amazonia actualmente no se beneficia de ninguna protección. Sólo dos de los nueve países sobre los que se extiende la Amazonia, Surinam y la Guayana Francesa, han podido mantener intactos más de la mitad de sus bosques. También deberían cesar gran parte de las actividades responsables del deterioro del ecosistema.
      En primer lugar: la agricultura, responsable del 84% de la deforestación en la Amazonía. Las industrias minera y petrolera, que afectan al 17 y al 9,4% del territorio respectivamente, también impiden la recuperación del bosque. También están previstas la construcción de 483 centrales hidroeléctricas y 11 carreteras: todas ellas amenazas "graves" para la integridad del ecosistema, según los autores del informe. Frenar la expansión de estas actividades podría ser políticamente "muy difícil", advierte Valéry Gond. Los estados amazónicos se encuentran entre los más endeudados del mundo. Estas actividades lucrativas a menudo se consideran una forma de pagar deudas.

     Por el momento, no parece haber indicios de que vayan a retroceder. Entre 2001 y 2018, la influencia de la agricultura aumentó un 220% dentro de las áreas protegidas y un 160% dentro de los territorios indígenas. En Brasil, la deforestación ha aumentado desde la elección del exsoldado de extrema derecha Jair Bolsonaro en 2019. “Es realmente triste”, concluye Valéry Gond. Todas las buenas intenciones son arrasadas por las decisiones políticas. » El único rayo de esperanza son las elecciones presidenciales en Brasil, los días 2 y 30 de octubre: el actual presidente, Jair Bolsonaro, podría ser derrotado por Lula, más proclive a defender la selva tropical.

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25 febrero 2019

STEPHEN LEAHY, en National Geographic
El suelo de su piso puede estar hecho de madera tropical ilegal

      La nación de Papúa Nueva Guinea, isla del Pacífico, es el hogar de la tercera selva tropical más grande del mundo, pero un nuevo informe sugiere que su gobierno permite la explotación ilegal de ese recurso.
      Los consumidores estadounidenses pueden, sin darse cuenta, alimentar la tala ilegal en los bosques tropicales de Papua Nueva Guinea simplemente comprando en tiendas de muebles y minoristas de mejoras para el hogar como The Home Depot. Una investigación de dos años llevada a cabo por Global Witness , una organización internacional sin fines de lucro exponiendo la injusticia y la destrucción del medio ambiente, ha rastreado el viaje de 9.000 millas de madera de la nación del Pacífico Sur, donde la tala ilegal es desenfrenada. El informe dice que las empresas no están haciendo lo suficiente para garantizar que la madera que están vendiendo es legal.
     Mientras que los EE.UU. prohibe la importación de madera ilegal, China no. Y China vende 15.000 millones de dólares en productos de madera a Estados Unidos cada año. (El año pasado, los gigantes de madera de Estados Unidos, Lumber Liquidators, acordaron pagar $ 13 millones en multas por importar productos fabricados en China vinculados a la tala ilegal en Rusia, una violación de la ley Lacey , que prohíbe el comercio ilegal de fauna y plantas ilegales. 

     El hogar de la tercera selva tropical más grande del mundo, con terreno montañoso y cientos de islas, Papua Nueva Guinea es considerado uno de los lugares más biodiversos de la Tierra. El informe de Global Witness , "Stained Trade", documenta cómo el 12 por ciento de su territorio, más de ocho millones de acres, ha sido cedido a intereses extranjeros en un régimen de arrendamiento de tierras sin arriendo por hasta 99 años, con el gobierno la recaudación de regalías en los registros de exportación.
     Al menos 846 lenguas indígenas se hablan entre los siete millones de habitantes de Papua Nueva Guinea, y bajo la constitución del país, las comunidades indígenas son propietarias de las tierras que tradicionalmente han vivido y utilizado, y los bosques que crecen allí.
     A pesar de esto, y una investigación del gobierno de 2013 revelando que la mayoría de los arrendamientos en áreas indígenas violan la ley, el gobierno no ha actuado para detener la tala ilegal, según Lela Stanley, coautora del informe Global Witness. "Recientemente reelegido primer ministro Peter O'Neill ha estado prometiendo durante años para cancelar los arrendamientos ilegales, pero nada ha cambiado", dijo Stanley a National Geographic.

     A menudo, la primera vez que una comunidad remota aprende de un arriendo es cuando una barcaza cargada con excavadoras y equipo de registro aparece en el río, dijo. Los hombres empiezan a recortar el viejo bosque que ha sostenido familias durante muchas generaciones. La policía armada en las barcazas amenaza a cualquier persona que obstruya la tala con arresto o palizas y destrucción de sus hogares. "Ha cambiado su estilo de vida", dijo Stanley.
     Casi todos los millones de acres boscosos han sido arrendados a compañías madereras de Malasia, que han trasladado las operaciones de sus propios bosques empobrecidos a Papua Nueva Guinea y las cercanas Islas Salomón.
     Las protestas y los llamamientos al gobierno no han funcionado. La acción legal es difícil y costosa para los grupos indígenas, y los casos judiciales tardan años en adjudicarse.
     Mientras tanto, el corte continúa, destruyendo las fuentes tradicionales de alimento (animales del bosque), agua limpia (por el suelo de enlace, los árboles previenen la erosión y la sedimentación de arroyos y ríos), medicinas tradicionales y materiales de construcción. Entre 2009 y el final de 2016 se habían tomado unos 8,2 millones de yardas cúbicas de madera. Colocados de extremo a extremo, los troncos se extendería desde Nueva York a Los Ángeles y de nuevo.
     "La mayoría de la gente no tenía ni idea de lo que estaba sucediendo hasta que llegaron las empresas madereras", dijo Eddie Tanago, de Act Now! , una organización de defensa de la comunidad en Port Moresby, capital de Papua Nueva Guinea. "Los arrendamientos convierten a la población local en extranjera en su propia tierra", dijo Tanago, quien agregó que "el gobierno es corrupto y la policía está acostumbrada a reprimir cualquier protesta".
     Un ex-comandante de la policía que trabajaba en campos de tala como parte del equipo de seguridad dijo a Global Witness que la policía estaba bien pagada "para proteger el interés de la compañía".
     "La policía llegó a nuestra comunidad por la noche. La gente temía que pudieran incendiar nuestras casas", dijo Paul Pavol, un terrateniente local convertido en activista. Pavol, que ganó un premio internacional por su lucha por proteger los bosques, está desafiando uno de los contratos de arrendamiento en los tribunales alegando que se trata de fraude y falsificación.
     "Estas personas dicen que ahora poseen la tierra, y hacen lo que quieran. Algo tiene que hacerse para salvar nuestro bosque", dijo Pavol.

MUEBLES Y PISOS BEHEMOTH 

      China es el principal fabricante mundial de muebles y suelos, adquiriendo más madera que cualquier otro país. En los últimos años, uno de cada 10 troncos importados por China proviene de los arriendos de Papua Nueva Guinea. Global Witness encontró suelos de madera tropical hechos de taun (a veces llamado caoba del Pacífico) a la venta por pequeños importadores de suelos de Estados Unidos, así como minoristas gigantes, incluyendo The Home Depot y Nature Flooring Industries, Inc., subsidiaria estadounidense de China, Home. Casi todos los troncos de taun provienen de Papua Nueva Guinea o de las Islas Salomón, donde la tala ilegal es común, según el informe de Global Witness.
      National Geographic Explorador emergente Topher White está equipando árboles con teléfonos viejos que pueden captar sonidos de la actividad ilegal de registro y enviar alertas en tiempo real a los guardabosques.
     En abril, Global Witness informó a 10 compañías estadounidenses sobre sus hallazgos. Home Depot ya había decidido dejar de vender la madera en 2016 debido a las malas ventas, según el portavoz Stephen Holmes. Home Legend, el proveedor del minorista, junto con Nature Home, están revisando sus cadenas de suministro y procedimientos de abastecimiento, dice el informe. Otras empresas estadounidenses que figuran en el informe no respondieron a las peticiones de comentarios de Global Witness.
     "Es imposible verificar la legalidad de los productos de madera tropical procedentes de China", dijo David Gehl, coordinador de programas de Eurasia con la Agencia de Investigación Ambiental, una organización internacional sin fines de lucro conocida por sus operaciones encubiertas. "He visto la misma documentación usada para diferentes cargas de madera", dijo Gehl, quien no estuvo involucrado en la investigación de Global Witness.
     Según Gehl, la enorme industria manufacturera de madera de China es extremadamente compleja, con muchos miles de empresas, desde aserraderos de mamá-y-pop hasta importadores de troncos multimillonarios e incluso fabricantes más grandes de productos de madera. "La trazabilidad es básicamente imposible".

     Los funcionarios gubernamentales en China son muy conscientes de que su industria de la madera es el mayor importador de troncos ilegales, dijo, pero todo lo que han hecho para solucionar ese problema se establece directrices voluntarias. "Hasta ahora no ha habido ningún impacto".
     Lo que China también ha hecho es prohibir la tala en la mayoría de sus propios bosques naturales. En el reciente Foro Económico Mundial de Davos, los líderes de China promocionaron esta prohibición como parte de sus esfuerzos para combatir el cambio climático. Mientras tanto, dijo Gehl, el país es, con mucho, el mayor importador mundial de troncos procedentes de países como Rusia, Mozambique y Zambia, así como Papua Nueva Guinea y las Islas Salomón.
     "Si China quiere mostrar un verdadero liderazgo global, debe prohibir las importaciones de troncos ilegales", dijo, y añadió que las empresas en Estados Unidos y en otros países no deben comprar productos elaborados en China a partir de maderas tropicales a menos que haya una prueba real de que la madera es legal.

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