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4/07/2024

El roble Stelmužė-Lituania, del narrador de historias

TOMÁS CASAL PITA
El roble venerado

El roble Stelmužė (que en lituano se escribe Stelmužės ąžuolas) es un roble común (Quercus robur) que crece en el antiguo parque Stelmužė Manor, junto al pueblo de Stelmužė, en el distrito de Zarasai, Utena, en Lituania. Esto, que parece una broma o un trabalenguas, lo he dejado así con toda la intención porque, aunque mi teclado de ordenador seguramente podría hacerlo, yo no sé escribir Stelmužė, simplemente lo copio y pego.
     No es fácil situar esta aldea sobre el mapa (20 habitantes, algunos más en verano), que queda en la frontera con Estonia y su historia ha sido complicada. Lo más antiguo que conserva son las ruinas de una torre de piedra del siglo XVII, de la que se dice que pudo haber sido cárcel o frigorífico, o ambas cosas quizá. También hubo un castillo que fue destruido por los suecos. Entre los siglos XVII y XIX fue propiedad de una familia de origen alemán y luego allí se asentó una familia rusa, uno de cuyos miembros fue ministro de interior con el zar Alejandro II. La zona era parte de Letonia, pero en el otoño de 1920, un árbitro inglés varió la frontera para que pasase a Lituania y allí sigue, en otras zonas fue al revés.
     Cerca del roble hay una iglesia de madera construida por los maestros letones
sin clavo alguno, clasificada entre los edificios de madera más antiguos del país. Fue construida antes de 1650 y reconstruida por los alemanes en 1713. El interior de la iglesia tiene el estatus de “monumento de bellas artes de importancia nacional” por sus tallas barrocas. Normalmente no se usa como iglesia y los turistas visitan el templo como museo de arte sacro de interés.
       Hablando del árbol: tiene una altura de 23 metros y un perímetro es de 9,58 metros, con el interior del tronco hueco, quedándole pocas ramas vivas. Esta falta de soporte amenazaba con derribar el árbol, así que se limpió a fondo de polvo y restos (dicen que fueron necesarios varios viajes de camión), luego fue desinfectado y se tapiaron todos los agujeros con láminas de cobre, apuntalándose las ramas que más lo necesitaban. Si bien los locales le califican de milenario -entre los 1500 y 2000 años- y citarlo como de los más antiguos -sino el que más- de Europa, estos números resultan difíciles de creer y sería preciso conocer los crecimientos de otros árboles en la zona para tener una idea más aproximada. Pese a todo, en 2017 fue candidato a “Árbol Europeo del Año”, citándolo como milenario, hecho que sucede con frecuencia, el impulsor de la iniciativa pone lo que desea y la organización sólo lo transmite.

       En 1960 fue declarado “Monumento Natural Protegido” de Lituania, usándose sus bellotas para propagar muchos robles por el país. En el año 2013 se grabó su silueta en las monedas de 2 litai (2,19 euros).
       No resulta extraño que un árbol así tenga algunas leyendas asociadas: a través del hueco del árbol y conociendo la palabra adecuada, puedes bajar al inframundo. También se dice que bajo sus poderosas raíces hay un tesoro. En el pasado, bajo este árbol, los paganos lituanos y letones, adoraban a Perkünas, el dios del trueno, la lluvia, las montañas, los robles y el cielo. Tal vez este dios haya protegido al roble de Stelmužė hasta la actualidad.

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10/11/2023

El roble de Liernu - Bélgica, del narrador de historias

TOMÁS CASAL PITA 
El Gros-Chêne de Liernu


Este es el Gros-Chêne de Liernu (provincia de Namur, en Bélgica). Se trata de un roble común (Quercus robur) superviviente de los grandes bosques que en otro tiempo cubrían parte de Bélgica. Siendo el árbol más famoso del país, se dice que puede ser también el más grande, aunque no es el más alto, y como tal, la historia y las leyendas se le acumulan. No hay referencia cierta de su edad, lo que inmediatamente le coloca como milenario, lo sea o no. Parte de la rumorología popular le coloca como nacido en tiempos de Carlomagno (muerto en 814), leyenda que nos lleva a que fue el mismísimo emperador quien lo plantó. 
     Sus medidas actuales son: 14 metros de circunferencia a nivel del suelo (esta medida nunca se tiene en consideración), a un metro de altura 10,82 m (la referencia suele tomarse a 1,30 metros) y una altura de 18 metros. Todavía produce bellotas en abundancia y resiste el peso de sus ramas y la fuerza de los temporales gracias a tres columnas metálicas que le ayudan, puesto que el tronco está hueco, lo que permite el acceso a su interior. No se sabe cuándo un rayo rompió parte de la copa, provocando una gran grieta dejando paso a su interior. Esta cavidad servía de refugio a los peregrinos que iban a Santiago de Compostela, ya que Liernu está en el paso de la cuenca de Rin a la del Sena (una calzada romana pasaba cerca, por las mismas razones). Esa misma oquedad acogió a lo largo de los siglos a algunos forajidos y a un hojalatero que se instalaba allí cuando iba a trabajar al pueblo. El roble acogió también bajo sus ramas a la administración de justicia por el señor local y se sabe que sirvió de horca (tal vez de alguno que durmió en el interior del tronco). 
     En 1836, el pueblo quiso talar el roble, a lo que se opuso el sacerdote local, que incluso cuando el árbol fue incendiado, dirigió la restauración y raspado de la oquedad para recubrirla con arcilla. En 1838 se instaló en el hueco una imagen de San Antonio Ermitaño -padre de la vida monástica- para atraer la protección divina, al tiempo que se colocó una placa de madera que dice lo siguiente. 

"Tú que eres invocado en este viejo roble,
poderoso protector de este lugar,
consuélanos en nuestro dolor,
San Antonio, amigo del Buen Dios"
 
     Desde 1898 una valla, renovada en el 2000, rodea el roble para protegerlo. En julio de 1924, pasó a ser árbol notable de Bélgica y monumento catalogado en de abril de 1939. Pese a la protección divina, la imagen de San Antonio desapareció en el verano de 1970. Desde 1978 una cofradía, que exclusivamente custodia y pone el valor este viejo roble, le colocó las muletas metálicas y cambiaron las rejas. En 1981 y en 1991, se hizo un “hermanamiento” con otros robles históricos y en 1992 fue declarado patrimonio inmobiliario excepcional de la Región Valona, designándosele en 2015 como “Árbol Belga del Año”.
 
Las fotos modernas son de Jean-Pol GRANDMONT para Wikipedia, bajo licencia “Creative Commons Attriution-Share Alike 3.0 Unported”.
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9/02/2022

Creta mitológica, del narrador de historias

TOMÁS CASAL PITA
Y la mitología

(...) Creta, la isla más grande del mar Egeo es, según la mitología griega, el lugar donde nació y creció Zeus y desde dónde lanzó su ataque contra los titanes, que le convirtió en Padre de todos los Dioses. A Creta, transformado en un toro blanco, trajo secuestrada a la princesa fenicia Europa y en la zona de Litheos, cerca de Gortyna, consumaron su relación a la sombra de un plátano (que desde entonces es de hoja perenne). Tuvieron tres hijos: Minos, Radamante y Sarpedonte. Cuando Zeus dejó la tierra para irse al Olimpo, Europa se casó con el primer rey de Creta que adoptó a sus tres hijos y se inició así la cultura minoica. Este mito, del que existen representaciones desde al menos el siglo IV a C., ilustra ahora las monedas griegas de dos euros. 
      Desde la Grecia clásica, hasta la actualidad la leyenda de Europa se ha mantenido en la literatura. Estos son sólo dos ejemplos:

      "En Creta, según se dice en Gortyna, hay un plátano junto a una fuente, que no pierde las hojas (cuenta la leyenda que bajo este árbol, Zeus se unió a Europa), cuando todas las demás las pierden". (Teofrasto, “Historia de las plantas”)
 
Júpiter y Europa

"Siguió luego a su esposa hasta Gortyna
ciudad sobre las márgenes del Litheos
que construyó el hijo de Rhadamante
No lejos, si es verdad lo que refieren
del plátano frondoso que abrigara
de Júpiter y Europa los deleites.

( Chateaubriand, “Los Mártires”, 1804)
 

     Gortyna es en la actualidad un importante lugar arqueológico, conocido especialmente porque se conservan unas placas con la inscripción de unas leyes, escritas en dialecto dórico, conocidas como leyes de Gortina y que tiene un árbol (no demasiada cosa) del que se dice que es descendiente del plátano original bajo el que se ayuntaron Zeus y Europa. Puede ser que, como sucede con el árbol de Gernika, a la muerte de uno se reponga con un hijo, porque el actual no deja de ser un jovenzuelo. También se aprecia que el Padre de los Dioses, no viene a castigar a los que maltratan a su árbol clavándole carteles...

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5/07/2022

Una picea de Sitka en la playa, del narrador de historias

TOMÁS CASAL PITA
En la playa de Kalaloch, estado de Washington, EE.UU.
      Las fotos de este árbol son de las que circulan por Internet, usadas como salvapantallas, y en listas de arboles milagrosos y cosas así; en ocasiones mezcladas con dibujos y fantasías varias y casi siempre tratadas con poco rigor. Casi todos la hemos visto en alguna ocasión, pero pocos sabrán algo de ella. 
     La imagen es real, se trata de un árbol que crece a la orilla del mar, en un pequeño acantilado de terreno blando, sobre una playa. A la poca consistencia del terreno, hay que unirle que nació sobre un pequeño afloramiento de agua que ayudó a ir lavándole el terreno bajo los pies y haciendo hueco para la entrada del agua del mar con ocasión de los grandes temporales que periódicamente afectan la zona. 
     La playa se llama Kalaloch (abajo en el mapa) y está dentro del denominado Parque Nacional Olímpico, en la costa del Pacífico en el estado de Washington en EEUU, y muy próxima a la frontera con Canadá. Durante años fue una zona muy remota, a la que era muy difícil llegar, pero en la actualidad tiene muy próximos una serie de hoteles, a los que se llega por la antigua Autopista Olympic Loop (hoy Autopista 101) y un acceso a la playa muy cerca del árbol para favorecer el turismo. El árbol, pese a que se suelen referir a él como abeto, en realidad es una pícea de Sitka (Picea sitchensis), una conífera que suele andar entre 50-70 m de altura. Es originaria de la costa oeste de América, desde el norte de California hasta Alaska, pero sólo en los 80 Km de la franja costera.
     La posición inestable del árbol, sujeto sólo por las raíces laterales, que deben sufrir una tensión enorme, ha supuesto una fuente de ingresos para la zona. No tiene un nombre oficial y se le denomina “el árbol de Kalaloch”, aunque también han dado en llamarle “el árbol de la vida”, supuestamente porque sólo por la magia se explicaría su supervivencia. Dejemos a los americanos con su turismo y que cada cual crea lo que quiera.
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11/28/2021

PABLO DE LLANO, en "El País"
La carrasca de Lecina: vida e historia del Árbol Europeo del Año

¿Cuál es el valor de un árbol singular? ¿Puede unir voluntades, despertar orgullo, dar esperanza a una tierra despoblada? Así fue la humilde gesta de una encina vetusta preservada por una familia durante siglos. Doce horas de la vida de la encina en un plano fijo.

Vista del amanecer a través de las ramas de la Carrasca de Lecina, Huesca. FOTOS: JUAN MILLÁS

El 17 de marzo de 2021, la carrasca milenaria de Lecina (Huesca) ganó el concurso de Árbol Europeo del Año con la mayor cifra de votos en sus 11 ediciones: 104.264. Segundo quedó el magnífico plátano de Curinga (Italia), con 78.210 votos, y tercero el sicomoro de la república rusa de Daguestán, cuyos notables méritos naturales quedaron ensombrecidos porque la organización del certamen, la Environmental Partnership Association, descubrió que su candidatura estaba siendo respaldada por un ejército de bots; finalmente, se acreditó que había recibido 66.026 votos legales y más de 30.000 fraudulentos. El día del triunfo de la antiquísima carrasca (así la llaman en Aragón a las encinas), el puñado de vecinos que viven en Lecina, la mayoría entrados en años, lo celebraron en la plaza ante una pantalla gigante descorchando botellas de vino achampanado del Somontano y saboreando buñuelos, rosquillas y crespillos.

     Unas horas después de conocerse la victoria, la Casa Real felicitó por Twitter a los de Lecina.

     Esta es la historia de un logro colectivo en el que participaron dueños, vecinos, administraciones y amigos de la causa, y es la historia de un empeño individual. Entre la algarabía de la plaza del pueblo faltaba quien más hizo por cuidar la carrasca en las últimas décadas de su matusalénica existencia. Nicolás Arasanz, nacido en Lecina en la casa Carruesco (nombre de familia) y fallecido en 2015 a los 96 años. Las herederas del árbol son sus hijas, María Jesús, Felisa y Silvia. De niñas tenían prohibido subirse a él, pese a que ellas eran unas plumas y la carrasca un desmesurado Quercus ilex de 16 metros de altura y 28 metros de diámetro de copa. No era cosa de cuánto pesaban ellas y cuánto podía soportar la carrasca. Era cosa, dice María Jesús Arasanz, de que para su padre el árbol era un patrimonio “sagrado”. 


     La carrasca fue registrada como árbol singular por el Gobierno de Aragón en 1995. Su propiedad siguió siendo de la familia Arasanz, pero la responsabilidad de su conservación pasó a la Administración. Esto puso a Nicolás en una situación de cierto desasosiego. Ya no podía, por ejemplo, podar las ramas del árbol, y le angustiaba que cada vez llegasen más turistas a mirarlo. En 1997, el periodista César Palacios lo visitó para incluir su carrasca en una serie de El País Semanal titulada ‘Árboles con historia’. Palacios se encontró a un hombre de “fino sentido del humor” y harto de que la gente se encaramase al árbol para hacerse fotos porque le iban arrancando corteza. Protestó al reportero: “Unté todo el tronco de manteca de cerdo pensando que así no treparían, pero aunque se manchen suben igual”. Todavía se aprecia con claridad en la portentosa base troncal de la carrasca un ancho surco de superficie pelada, pese a que ya nadie hace eso, entre otras cosas porque al día siguiente de que se publicase el artículo de Palacios las autoridades enviaron operarios a cercarla con una valla de madera, que sigue ahí. En tiempos de aquel reportaje, ya se hablaba de esta encina como de la gran superviviente del proceso de explotación de los encinares de la zona. “Es un milagro que se conserve. Había otras igual de grandes pero desaparecieron”, concuerdan en un corrillo de vecinos cuando visitamos el pueblo a inicios de octubre. En la posguerra muchos tuvieron que vender sus carrascas más nobles a los negociantes que querían aquella leña de combustión lenta y alto poder calorífico. Más tarde, Nicolás Arasanz también recibiría una oferta, según relató Palacios: “Un carbonero fanfarrón le aseguró que si mientras él la cortaba se ponía debajo a comerse un pollo, antes de terminarlo tendría que salir corriendo para que no le cayera la encina encima. ‘¿Un pollo?’, se pregunta el propietario. ‘Mecagüen la leche, me daba tiempo para el pollo, la siesta, hacer noche y volver al día siguiente’. Pero por si acaso, no quiso hacer la prueba y se negó a venderla”. Para cumplir con su baladronada, el carbonero hubiera tenido que seccionar en minutos un tronco de unos siete metros de perímetro.
     La edad de la llamada carrasca milenaria es incierta. De hecho, si bien las encinas pueden superar los 1.000 años, es muy probable que se quede por debajo. Un técnico del Gobierno de Aragón explica que, según las consultas que han hecho con científicos, podría tener entre cuatro y siete siglos. Para precisar habría que recurrir a una técnica de perforación del tronco. No se lo plantean. Consideran que sería peligroso para el árbol.

     Dos semanas antes del anuncio del Árbol Europeo del Año, falleció a los 95 años Isabel Peñart, esposa de Nicolás. Ella también fue una defensora de la carrasca. En sus últimos años de vida, sus hijas la llevaban a verla a su sitio, pegada a una era a la entrada del pueblo, y ella, nonagenaria y achacosa, la miraba y decía: “La castañera está muerta”. “No, mamá, no está muerta”. Ella la miraba y repetía: “La castañera está muerta”.
     En la familia y en el pueblo no la llaman la carrasca sino la castañera —la castañera de Carruesco— porque daba unas bellotas grandes y dulces que parecían castañas. Con ellas se alimentaba al ganado. A veces la gente las comía asadas, sobre todo los críos. María Jesús y Felisa Arasanz aseguran que sus bellotas han empequeñecido. En general, dicen que la carrasca ya no es lo que era. “Antes te ponías debajo y de tanta hoja que tenía mirabas para arriba y no podías ver el cielo”, recuerda Felisa. Las hermanas la ven más seca, menos frondosa, con el verde apagado. Les preocupa que el turismo le esté afectando y reclaman de las autoridades un control de visitas organizado, además de un cuidado de su entorno sostenido, no puntual.
     Uno de los riesgos a los que se enfrenta es la compactación del suelo por acumulación de pisadas. Después de ganar el premio, la carrasca estuvo recibiendo en primavera y verano una media de 150 visitas diarias, según Carmen Lalueza, alcaldesa de Bárcabo, el municipio donde está Lecina. Unas semanas antes de ser elegida Árbol Europeo se tomó la precaución de demarcarla con un segundo perímetro, con una cuerda sostenida por postes, para ampliar el espacio de protección de su órbita radicular. La alcaldesa y las propietarias dicen que los visitantes suelen ser respetuosos, aunque de vez en cuando siguen apareciendo papeles o incluso colillas. Da que pensar. Una persona que se acerca a un fabuloso árbol milenario, lo observa mientras fuma y al terminar de fumar tira el pitillo al suelo y, si acaso, pisa la colilla.
     Eso es: tirar al suelo un pitillo y, si acaso, pisar la colilla ante un ser vivo —callado, pero vivo— que quizá esté ahí desde el medievo, que quizá estuvo en su juventud durante la peste negra de 1348, que quizá siendo un árbol ya sólido estuvo cuando Fernando II de Aragón fraguó con Isabel I de Castilla su poderosa corona, que sin duda estaba durante la guerra de la Independencia mientras tenían lugar las correrías antifrancesas de El Cantarero, El Pesoduro o El Malcarau, guerrilleros populares por entonces en el Alto Aragón, la región donde se encuentra la carrasca; que estaba aquí cuando llegó el ferrocarril Barcelona-Zaragoza y cuando la Guerra Civil y cuando en 1995 Nayim marcó in extremis desde 40 metros el gol que le dio al Zaragoza la Recopa contra el Arsenal, Aragón entero retumbando de alegría, y ahí, segundo a segundo, minuto a minuto, hora tras hora, año tras año, década tras década, nieve tras nieve, siglo tras siglo, estuvo la carrasca sin inmutarse, haciendo algo tan simple y tan ontológicamente perfecto como permanecer. Eso es: entonces llegas tú y arrojas una colilla a sus pies.

     Se conoce como árboles singulares a aquellos que son excepcionales por su edad, tamaño, forma u otras características biológicas o culturales. En España cada comunidad autónoma cataloga los suyos. Actualmente son unos 4.100. Existen normativas que los protegen, de tipo local y autonómico, pero en general la atención que reciben suele ser escasa, según Susana Domínguez Lerena, presidenta de Bosques Sin Fronteras y destacada promotora de una política integral de conservación de estas maravillas biológicas y de aprovechamiento sostenible de su potencial educativo-turístico. “Son monumentos”, afirma, “y deberíamos tratarlos igual que tratamos a una capilla románica”. A su juicio, España padece de cierto “analfabetismo arbóreo” y urge que se empiece a cultivar la sensibilidad al respecto.
     Ya a finales del siglo XIX, el aragonés Joaquín Costa hacía una defensa del valor político de los árboles. En un artículo en Ayer. Revista de Historia Contemporánea, escribe Alberto Sabio, catedrático de la Universidad de Zaragoza, que él propugnaba un “patriotismo arbóreo” en el que “el respeto al árbol sería un condimento más de la regeneración nacional española”. En los mítines de la Cámara Agrícola del Alto Aragón, cuenta el historiador, Costa clamaba: “¡Fueron adineradas las encinas en forma de leña y carbón!”. 

      Hoy los peligros para los árboles singulares son otros. “El cambio climático, porque cuanto mayores son los ejemplares, más les cuesta adaptarse a variaciones fuertes e imprevistas, y la desatención social y administrativa”, analiza Domínguez Lerena.
    
La victoria de la carrasca, primer árbol español que gana el concurso europeo, es una muestra de que es posible que estos árboles atraigan interés e involucren a los ciudadanos y a organismos oficiales. En este caso fue una eurodiputada aragonesa, Isabel García, la que dio la idea de buscar un árbol singular para ir al certamen; luego juntaron fuerzas las comarcas limítrofes de Somontano y Sobrarbe (la de la carrasca) y el Ayuntamiento de Bárcabo; y TuHuesca, una entidad turística pública, financió con 36.000 euros la campaña. Aliados con las hermanas Arasanz, en el meollo estuvieron Enrique Pueyo, alcalde de un pueblo de Sobrarbe, Aínsa, y Clara Bosch, gerente de la Ruta del Vino del Somontano, nativos de la zona. En presencia de la encina, explican que entendieron que encumbrarla serviría para fortalecer un corredor turístico intercomarcal con dos joyas medievales como Aínsa y el pueblo de Alquézar, y una sierra, la de Guara, donde hay entre otras cosas pinturas rupestres y unos cañones óptimos para el barranquismo.
     Bosch y Pueyo recuerdan el entusiasmo que sintieron el día que obtuvieron el premio europeo. También guardan cariño al momento en que ganaron, meses antes, el de Árbol del Año en España, organizado por Bosques Sin Fronteras. Aquel día aún no se había desatado el aragonesismo arbóreo que vino luego, pero ellos ya tramaban su estrategia. Al conocer la noticia, fueron donde el árbol a planificar los pasos siguientes. Contentos y en soledad, se comieron un bocadillo de longaniza bajo la sombra de la carrasca de Nicolás Arasanz.

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9/29/2021

El roble de Kvilleken, Suecia

El árbol de Kvilleken
De "Monumental Trees"

Un roble común cuyo nombre es "Kvilleken" crece en Norra Kvill, Kalmar, Suecia. El Kvilleken (roble de Kvill) o Rumskullaeken, llamado así por la cercana aldea de Norra Kvill, es el roble más grueso de Europa. Como todos los robles viejos, el árbol tiene un tronco hueco, por lo que es imposible determinar su edad simplemente contando los anillos de los árboles.
     Una parte del tronco debe haber muerto hace mucho tiempo y actualmente está unida al resto del tronco mediante cables, por lo que el árbol no puede abrirse.
     De muchos árboles se afirma que tienen más de mil años, una edad mágica que es probable en este árbol. El volumen total de este árbol se calculó en 60 metros cúbicos, el tercero en volumen más grande de todos los árboles de Suecia.
     La descripción más antigua es de 1774, cuando Gabriel Graelius midió su circunferencia, 13,06 metros, pero que desconocemos a qué altura se midió. Ya estaba hueco en ese momento y se usaba como cobertizo de herramientas.
     Waldermar Bülow lo describió en 1917 y midió su circunferencia en 12,75 m, sin especificar también a qué altura  .
     En 1939 Bertil Lindquist, profesor de botánica, estimó su edad entre 750 y 950 años mediante dendrocronología cerca del centro, y comparando la tasa de crecimiento con árboles más jóvenes en el área con troncos intactos. En 1997 midió 14,11 m a la altura del pecho.
     En agosto de 2019, el árbol ya estaba en malas condiciones. 

Mas información

9-1-2011
22-5-2014
22-5-2014  

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6/03/2021

Una higuera grandiosa, Na Blanca d'en Mestre

FERNANDO PASTRANO, en ABC
Así es la higuera más grande de Formentera y quizá del mundo (mayo 2021)


En un reducido tamaño (poco más de 83 km²) la isla de Formentera posee un paisaje muy variado. Acantilados, playas, calas, dunas, salinas, lagunas... La vegetación es eminentemente mediterránea, los pinos y sabinas son los árboles más abundantes, pero sobre todos ellos destacan por su originalidad las viejas higueras que se han ido apuntalando y creciendo en horizontal hasta ofrecer el aspecto de una gran carpa verde.

Las estacas soportan el peso de las ramas

     Hay varias y se encuentran sobre todo en la parte central de la isla, en una lengua de tierra que ocupa unos 1.400 metros de ancho. Pero la mayor de todas se ve cuando se va al faro de La Mola, desde Sant Francesc. En el km. 9 de la carretera PM 820, a unos 300 metros a la derecha, aparece un árbol extraño, bajo pero de copa muy extendida. Es una higuera tan singular que tiene nombre y apellido: Na Blanca d'en Mestre.
     Se trata de una Ficus carica (higuera común originaria de Asia) a la que la intervención humana a lo largo de más de cien años le ha cambiado la fisonomía convirtiéndola en un caso único. Es la higuera más grande Formentera, y posiblemente del mundo, catalogada como Árbol Singular en 1993.

     Su altura total es de solo 1,30 metros, pero su achatada copa se extiende a lo largo de 350 m². Una superficie que se sostiene con unos 200 puntales ahorquillados de madera (estalons), que sujetan las ramas. Apoyos que se hacen con varas de pino, de acebuche (ullastre) o de sabina, con el extremo superior en forma de Y, para el apoyo de las perchas (perxes, que se disponen concéntricamente alrededor del tronco, a medida que el árbol crece), y el inferior firmemente enterrado en el suelo.
    
Queda así formada una amplia estructura que protege al árbol de los vientos salados que quemarían hojas y frutos, y tumbarían los troncos, a la vez que sirve de techado a las personas y al ganado frente a las inclemencias atmosféricas.

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7/02/2020

Itinerario de los "matusalenes"

1958, meses antes de morir
EDMUND SCHULMAN (1908-1958), descubridor del “ITINERARIO DE LOS MATUSALENES


"... los pinos más viejos llevan en cierto modo muriéndose dos mil años o incluso más. En la actualidad poseen tan sólo una estrecha porción de la corteza de los tejidos vitales que antaño los recubrieron por completo. En realidad, el proceso de muerte de estos ejemplares se va volviendo cada vez más lento y es probable que algunos de ellos mantengan un buen aspecto durante al menos otros cinco siglos. Pero dudo que puedan vivir mucho más..."

     Hace setenta años quién podía imaginar con que los árboles pudieran vivir durante más de 1000 años y, mucho menos, 4.000, además como seres atormentados y retorcidos en lo alto de las áridas montañas del desierto. Todo eso cambió en 1953, cuando el dendrocronólogo de la UA Edmund Schulman decidió seguir un consejo que había recibido de un ranger del Inyo National Forest, en White Mountains, California. Después de una temporada de campo en Idaho, Schulman fue a explorar algunos árboles en las White Mountains. 
     Había pasado los 20 años anteriores recorriendo las montañas occidentales en busca de árboles antiguos. Continuando el trabajo de A.E. ​​Douglass, quien fundó el Laboratorio de Investigación de Anillos de Árbol de la U. Arizona, Schulman estaba buscando árboles marcadores del clima, estaciones meteorológicas biológicas que habrían estado acumulando datos climáticos en silencio durante siglos. Douglass, que fue el mentor de Schulman, descubrió la dendrocronología (literalmente, "el clima registrado en el árbol") como una forma de descubrir los misterios de los climas antiguos.
El Patriarca, en Inyo Nat. Forest, el ser más grande, no el más viejo
      Entonces, en 1953, Schulman subió a más de 2.500 m en las White Mountains y registró los anillos de crecimiento del pino de bristlecone más grande del mundo: el Árbol del Patriarca. Contó sus anillos y vio que tenía unos 1.500 años. Varios de los vecinos del Patriarca también estaban en este rango. Para deleite adicional, Schulman descubrió que estos supervivientes doblados y maltratados eran mejores para registrar datos climáticos que los flexibles pinos que había estado estudiando en Idaho.
      Al año siguiente cuando la nieve se derritió en las montañas y comenzó la temporada trabajo de campo de 1954 y posterior 1955, Schulman volvió a buscar árboles aún más antiguos. "Para 1956, sabíamos con certeza que teníamos árboles, aunque pareciera increíble, de más de 4.000 años,", escribió Schulman en 1957, un año crucial en su vida.
     En el verano de 1957, Schulman y su asistente, "Spade" Cooley, descubrieron Pine Alpha y otros 16 bristlecones que databan de, al menos, 4.000 años. Nueve de estos crecen en un área que llamaron Paseo de Matusalén, que incluye el árbol vivo más antiguo conocido del mundo de 5,000 años que llamaron Matusalén.
      Schulman tenía planes para un estudio más exhaustivo de los árboles vivos y de la madera de los muertos, aún de mayor tamaño, que esperaba estudiarlos en la temporada de 1958. Pero a principios de 1958, a los 49 años, Schulman murió de un ataque cardíaco. En marzo de 1958, la revista National Geographic publicó el artículo póstumo que había escrito sobre su sorprendente descubrimiento.
      "La historia preservada en los anillos anuales de crecimiento eventualmente debería darnos un registro único de los cambios climáticos pasados", escribió Schulman. Mucho más importante, agregó, es "la capacidad de estos árboles para vivir tanto tiempo, pueden servir como guía... para comprender la longevidad en general". El Servicio Forestal de los Estados Unidos reconoció las contribuciones científicas de Schulman cuando llamó en 1958 el Ancient Bristlecone Pine Forest de 11.000 Ha como "Schulman Memorial Grove".
     En Inyo Nat. Forest hay tres sendas que puedes recorrer, una recorrre la formación boscosa más antigua pero no señalan el árbol más viejo para protejerlo.
     En Great Basin hay cinco agrupaciones boscosas del Pinus longaeva

(Fotos propias, información de la Red e Inyo Nat. Forest)
Conos masculinos
Conos femeninos

¿Alguien podría haber concebido algo tan dramático?


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