09 marzo 2026

EL SABINAR DE LAS BLANCAS, BOSQUE DEL AÑO 2026

 

El Sabinar de las Blancas, en la Pobla de San Miguel (Valencia), al lado del Rincón de Ademuz, ha sido elegido como Bosque del Año en España para 2026 tras ser el más votado en la iniciativa de Bosques Sin Fronteras con la colaboración del Ministerio para la Transición Ecológica. Este espacio natural está poblado de sabinas albares (Juniperus thurifera), que se erigen como símbolos de historia y biodiversidad mediterránea, y parte importante del Parque Natural de la Puebla de San Miguel.
     El paraje, a 1450 m.s.n.m., destaca por la presencia de sabinas albares de dimensiones y edades excepcionales (adjuntamos un mapa para el visitante). Hay muchísimas sabinas destacadas siendo Las Blancas un conocido conjunto que a su vez da nombre a una microreserva de flora de 6 hectáreas. Es uno de los espacios vegetales más singulares de la Comunitat Valenciana.
     Los distintos estudios técnicos no se ponen de acuerdo en cuanto a la edad de los ejemplares más sobresalientes pero se estima que algunos pueden superar los 800 años. Los sabinares pueden ser considerados bosques relictos, ya que sus antecesores han sido capaces de vivir desde el terciario (la era de los dinosaurios) hasta nuestros días.
     Este sabinar es uno de los espacios vegetales más valiosos del territorio valenciano, de hecho una imagen de este paraje fue la elegida el calendario de árboles monumentales editado por la Diputación de Valencia en 2001.
     El Sabinar de las Blancas ha obtenido 12.144 votos del público, imponiéndose al Cornetal del Barranco del Perú, en Albanchez de Mágina (Jaén), que alcanzó 10.023 apoyos. La alcaldesa de la Pobla de San Miguel, Eva María Azcutia Marqués, afirma que están "contentísimos y muy satisfechos" y animan a todas las personas a que les visiten y vean en primera persona el bosque. "Es un reconocimiento al buen hacer de la gente, y es un orgullo", ha dicho en declaraciones a la SER.

«El suelo del monte está extremadamente seco, uno se pregunta cómo pueden vivir aquí estos árboles, en medio de semejante aridez; quizá sus raíces hayan encontrado en lo profundo algún lecho de humedad que no percibimos. La copa de estas sabinas suele ser redondeada, las ramas apretadas o abiertas, sus hojitas cortas y escamosas, similares a las del ciprés, su troncho rechoncho y retorcido, plagado de protuberancias y cicatrices. Al final del camino hay una señal bajo tejadillo a la izquierda, señalando sobre un plano la “red de depósitos de agua de la zona” y un gran depósito de obra al fondo, cercado por una verja metálica».
 
Las Blancas de Puebla de San Miguel, Alfredo Sánchez Garzón

El lugar dispone de paneles con texto y dibujos de Tomás Sendra, que ilustran acerca del paraje y sus moradores, las sabinas:

  • Nombre científico: Juniperus thurifera L.
  • Nombre común: Sabina albar.
  • Propiedad: Pública y privada.
  • Coordenadas: X 660549/ Y 4434512/ Z 1432.
Las Viejas Sabinas de Las Blancas
     Hace muchos siglos, antes incluso de que los romanos trazaran calzadas y los reinos de taifa marcaran fronteras, existía en estas tierras un bosque ya viejo, habitado por árboles que parecían más viejos que el propio cielo. Se decía que esos árboles —las sabinas— eran guardianes del silencio de las montañas, centinelas de eras pasadas.
     “El nombre de Las Blancas” proviene de la corteza de estas sabinas albares: su tronco plateado, claro, que al reflejar la luna y al incidir la luz del amanecer, parece blanquearse, resplandecer como si la luz habitara en su propio cuerpo. Los lugareños, al divisarlas de lejos, decían que eran “las que visten de luz”, sabinas blancas entre sombras verdes y grises de roca.
     Los sabinares crecen despacio, casi imperceptiblemente, como lo hacen todos los de su especie, pero con el paso de los siglos el nuestro ha llegado a convertirse en un impresionante bosque adulto con centenares de sabinas albares, alguna casi milenaria. Veinte de estas sabinas aparecen en el catálogo valenciano de árboles monumentales y al menos tres superan los 800 años.
     No estamos ante uno de los típicos bosques de los cuentos, húmedos y frondosos de princesas atrapadas y elfos escurridizos, sino ante un bosque abierto, adehesado y de frescas praderas, más parecido a paisajes quijotescos de gigantes y molinos. Aunque parezca un cuento, y no es fácil de presenciar, los sabinos, llegado el final del mes de febrero, en esos días de calma y sol, cuando el viento sopla dulcemente... se estremecen abriendo sus sacos polínicos soltando nubes de polen para que el azar los lleve a algún estigma de su misma especie. Andoni Jurado nos lo muestra en este vídeo.

     Se ha conservado en buen estado gracias a las prácticas ganaderas que han sido realizadas por los habitantes de La Puebla durante siglos para alimentar al ganado y que han formado y moldeado a estos árboles hasta llegar a alcanzar edades y diámetros impresionantes. Podas que producen forraje en invierno durante las nieves y frescos pastos y sombra en verano.
     Se presentó el Sabinar de las Blancas como candidato a bosque del año por ser uno de los más hermosos legados naturales que aún se conservan en las tierras altas de la Comunidad Valenciana, y que ha contribuido entre otras razones, a la declaración del Parque Natural de la Puebla de San Miguel. Y también por ser ejemplo de relación especial entre el hombre y la naturaleza, entre los vecinos de la Puebla y por ende del Rincón de Ademuz, con su emblemático bosque.
     Zona de encuentro de pastores que guardaban sus rebaños en corrales que aún existen y abrevaban sus ovejas en la Fuente de las Blancas, zona de encuentro de labradores que tras largas jornadas de siega descansaban bajo su sombra.
     Hoy en día sigue siendo uno de los parajes más visitados y queridos del parque, tanto por los vecinos de la Puebla de San Miguel como por los visitantes que se acercan hasta este pequeño pueblo solo para contemplar la belleza de este mágico lugar. En el Rincón de Ademuz destacan los municipios de Puebla de San Miguel y Vallanca, con 233 y 36 ejemplares respectivamente protegidos por ley, siendo la sabina albar la más representada con 231 ejemplares de los 246 catalogados en toda la comunidad, joya del parque natural Puebla de San Miguel, conformando un paisaje único a nivel mundial de esta especie.

 

   
Mas información:
https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/el-sabinar-de-las-blancas-325126
https://es.wikipedia.org/wiki/Sabinar_de_las_Blancas
https://www.arbolybosquedelaño.es/sabinar-de-las-blancas-puebla-de-san-miguel/
https://okdiario.com/naturaleza/bosque-del-ano-2026-espana-esta-valencia-sabinar-arboles-hasta-800-anos-edad-16289605?
https://rincondeademuz.es/patrimonio-arboreo-monumental-del-rincon-de-ademuz/

 
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06 marzo 2026

MANCOMUNIDAD DE MUNICIPIOS RINCÓN DE ADEMUZ
Patrimonio arbóreo monumental del Rincón de Ademuz


El Rincón de Ademuz por sus características ambientales e históricas, posibilita la existencia de una gran diversidad de especies vegetales leñosas, algunas de las cuales adquieren medidas espectaculares y una gran longevidad, representando una parte singular del patrimonio, y es, por tanto, de evidente interés público su protección y conservación, como patrimonio natural vivo, reservorio ambiental, cultural y monumental.
     La palabra monumental, del latín “monumentum”, se aplicaba a las estatuas, inscripciones o sepulcros erigidos en memoria de un personaje, o de un acontecimiento conmemorativo. Su uso se extendió a cualquier construcción que poseyera un valor histórico, artístico o arqueológico, cumpliendo la función de hito o símbolo por su visibilidad. Se consideran árboles monumentales aquellos que destacan entre los demás por su gran tamaño, porte o longevidad, que han alcanzado dimensiones poco habituales para su especie, o contienen un valor contemplativo, relacionados con la historia o las tradiciones, o con especial valor para la ciencia y el medio ambiente.
Imelsa 2014. Roble fotografiado por Janini, año 1914, Vallanca

      Desde que se creó la Ley 4/2006, de 19 de mayo, de Patrimonio Arbóreo Monumental de la Comunitat Valenciana, la Conselleria de Transición Ecológica ha presentado la quinta actualización del Catálogo de Árboles Monumentales y Singulares, incorporando 271 ejemplares nuevos, un 12% más respecto a la última actualización de 2020, convirtiendo así a la Comunidad Valenciana en la autonomía de todo el estado español con más árboles protegidos, con un total de 2.439, siendo Valencia la provincia con mayor número de ejemplares. Dicho catálogo se revisa y amplía de forma periódica, siendo su última actualización en fecha 23 de Marzo de 2023. El árbol más representado en el catálogo es el olivo (Olea europaea) con 660 ejemplares, seguido de la palmera datilera (Phoenix dactylifera) con 254, la sabina albar (Juniperus thurifera) con 246, al igual que el algarrobo (Ceratonia siliqua), y la palmera de abanico mexicana (Whashingtonia robusta) con 122 ejemplares.
     En el Rincón de Ademuz destacan los municipios de Puebla de San Miguel y Vallanca, con 233 y 36 ejemplares respectivamente, siendo la sabina albar (Juniperus thurifera) la más representada con 231 ejemplares de los 246 catalogados en toda la comunidad, joyas del parque natural Puebla de San Miguel, conformando un paisaje único a nivel mundial de esta especie. Abundan también los pinos laricios (Pinus nigra) con 10 ejemplares, alzados majestuosamente entre praderas de montaña, salviares y tomillares aprovechados por la abundante cabaña ganadera que ha poblado históricamente, hasta antes de ayer, estas tierras. El resto de especies destacables son el álamo negro o chopo (Populus nigra) con 6, el nogal (Juglans regia) con 5, y el álamo blanco (Populus alba) también con 5 ejemplares, creciendo al amparo de las numerosas fuentes y cursos de agua que surcan el territorio, patrimonio hidráulico del Ricón de Ademuz. La lista queda completada con las quercineas o robles, carrasca (Quercus ilex) con 8 ejemplares, quejigo (Quercus faginea) con 5, y coscoja (Quercus coccifera) con 1, que pese a su origen común, la bellota, ocupan una amplia diversidad de condiciones climáticas, orográficas y edafológicas, muestra de la gran variabilidad de ecosistemas que jalonan nuestra comarca.

Paraje de Las Blancas. Parque Natural Puebla de San Miguel.
     Mención especial merece el pino albar (Pinus sylvestris), aunque solo catalogado el Pino del Remolque de Leña que alcanza los 350 años de edad, tenemos que destacar al Pino Vicente, o Pino de las Tres Garras, que el guarda forestal Vicente Tortajada, en los años 60 del siglo pasado, dijo que no se debía cortar. Está asentado en el "Vago de la Culebra" gozando de unas condiciones óptimas de sombra y humedad, alcanzando los 5 metros de perímetro normal y los 14 metros de altura, es un icono del parque natural. Otro icono del parque es el Paraje de Las Blancas, con sabinas que alcanzan una longevidad cercana a los mil años de edad, con 8 metros de perímetro en su base y 12 metros de altura. Ambos parajes forman parte de las 13 microrreservas de flora del Rincón de Ademuz.
Pino Vicente o Pino de las Tres Garras. Parque Natural Puebla de San Miguel
     Para contemplar la majestuosidad de estos árboles podemos disfrutar del sendero circular del Paraje Natural Municipal de la Umbría de la Huerta en el municipio de Vallanca, que recorre la vega del río Bohigues y el monte de El Plano, donde en tan solo 4 kilómetros encontraremos 10 árboles catalogados, recorrido interpretativo que en breve será declarado Paraje Natural Municipal. Hay instalados atriles interpretativos en los que se describen las principales características y se dan a conocer sus singularidades.
     Tomando el sendero 131.8, Alto de las Barracas, podemos conocer algunos de los 233 árboles catalogados en el municipio de Puebla de San Miguel y disponemos de 9 recorridos mas de la red de senderos que atraviesa el Rincón de Ademuz. Pese a que la distancia total de la ruta completa es muy elevada, podemos realizar el tramo circular de 20 kilómetros, que comenzando y finalizando en el casco urbano, nos descubrirá las microrreservas de Las Blancas y el Pino Vicente, subiendo al Alto de Las Barracas, que con sus 1.836 metros de altitud ostenta el techo de la Comunidad Valenciana.
Sendero Umbria de La Huerta. Vega del Vohigues. Vallanca.

     Podemos localizar cada uno de estos árboles singulares en el visor cartográfico de la Generalitat Valenciana pinchando en este enlace y obtener tanto la ubicación de todos ellos, como las características de los mismos. Pese a que el resto de municipios no presenten árboles catalogados, exceptuando Ademuz con 4, se localizan árboles majestuosos por todo el territorio, que simplemente no se han catalogado.
     Para que un árbol sea considerado monumental, merecedor de PROTECCIÓN GENÉRICA sin necesidad de una resolución singularizada, se valoran las siguientes características: 

+ de 350 años de edad.
+ de 30 m de altura.
+ de 3,5 m de perímetro a 1,30 m.
+ de 25 m de diámetro mayor de copa.

     La dendrocronología estudia los anillos de crecimiento de los árboles para determinar su edad en zonas de clima estacional, donde se forman anillos de madera por debajo de la corteza, siendo el más antiguo el que se ubica en el centro del tronco. Los árboles caducifolios tienen un único periodo de crecimiento al año, cuando llega el invierno pierden sus hojas y este crecimiento se detiene, por lo cual solo poseen un anillo por año. Los árboles perennifolios tienen un ciclo de crecimiento constante, estos poseen dos anillos por año, uno que indica el periodo estacional más favorable (un anillo de color claro) y otro que señala el periodo en que creció menos (un anillo más oscuro). En algunas zonas tropicales también podemos encontrar anillos (bosques tropicales secos o inundados estacionalmente), ya que en las estaciones secas los vasos se hacen más pequeños y oscuros, sus paredes se engrosan para proteger el agua, y en las estaciones húmedas se producen anillos anchos y claros. El estudio de los anillos aparte de darnos a conocer su edad, nos permite reconstruir los eventos que han afectado al árbol durante su crecimiento: el clima, incendios, avalanchas, plagas, talas, etc. Para acceder a esta información se utiliza la barrena de pressler. El árbol vivo más viejo del mundo se llama Matusalen (Pinus longaeva), que alcanza los 4.850 años de edad, situado en el Bosque Nacional de Inyo, Sierra Nevada, al este de California (Estados Unidos).

Sección de carrasca. 131 años. 1’23 m de perímetro. Agres, Alicante

     El perímetro del tronco es el contorno de la sección del tronco perpendicular a su eje longitudinal, situado a una altura de 1,30 m sobre el nivel del terreno, expresado en centímetros, teniendo en cuenta las salvedades por deformidades del tronco especificadas en el Anexo I del Decreto 154/2018, de 21 de septiembre, de patrimonio arbóreo monumental de la Comunidad Valenciana. El árbol con mayor grosor de tronco es el Ciprés de Montezuma (Toaxodium mucronatum), que crece en Santa María de Tule, Oaxaca (México), cuyo perímetro alcanza los 46 metros. Según la leyenda local fue plantado por un dios azteca de la tormenta.
     La altura se mide como la distancia intersectada entre los planos horizontales formados por la base del tronco y el punto más alto del ejemplar, expresado en decímetros. Cuando el ejemplar está inclinado se toma como altura la distancia del eje longitudinal entre la base y el ápice. El árbol más alto del mundo se llama Hyperion (Sequoia sempervirens), localizado en el Parque Nacional Redwood, al norte de California (Estados Unidos), y mide 115 metros de altura.
     El diámetro mayor de copa es la longitud de la recta más larga, que pasando por la base del ejemplar, une dos puntos de la proyección del contorno de la copa sobre un plano horizontal, expresado en decímetros. El árbol con mayor copa del mundo es conocido como Thimmamma Marrimanu (Ficus benghalensis), situado en la Reserva Forestal de Kadiri, en la región del estado indio de Andhra Pradesh, se trata de un bosque muy singular que cubre más de 19.000 metros cuadrados, compuesto por un solo árbol. Bajo sus ramas se ubica un templo dedicado a Thimmamma, que cuenta la leyenda se habría inmolado en ese lugar al morir su esposo en 1434. 

Álamo blanco de la Fuente del Chopo. Negrón. Vallanca.

     Serán protegidos expresamente aquellos ejemplares que sean declarados monumentales o singulares por parte de la Generalitat, mediante una resolución de la dirección general con competencia en la gestión del medio natural, según establece la Ley 3/1993, Forestal de la Comunidad Valenciana. Dicha declaración ordenará su inclusión en el Catálogo de Árboles Monumentales y Singulares de la Comunidad Valenciana. El procedimiento para su protección expresa podrá iniciarse de oficio, o a petición de persona o entidad interesada, que en caso de no ser la propietaria deberá aportar acuerdo con el titular, dando audiencia a los propietarios y a los ayuntamientos en todo caso, y presentando un informe técnico sobre los valores a proteger.
     También puede valorarse para una PROTECCIÓN SINGULARIZADA DE INTERÉS LOCAL el factor ambiental, teniendo en cuenta la funcionalidad que tiene para otras especies de seres vivos a los que puede albergar. Algunos árboles viejos pueden llegar a ser un ecosistema en sí mismos, y servir de refugio o de atalaya para especies de fauna consideradas de interés, comportándose como islas de biodiversidad, incluso en espacios de tipo urbano o suburbano. Así mismo, a menudo los ejemplares incluidos en el catálogo están ligados a su simbolismo e interés cultural a nivel local, que encierran un importante significado histórico o simbólico, y aquellos que recogen tradiciones religiosas o sociales, con alto valor etnobotánico.

Nogal de La Balsa. Vega del Turia. Ademuz.
      Los ayuntamientos, mediante acuerdo del pleno de la correspondiente corporación, también pueden declarar árboles monumentales de interés local, aquellos ejemplares que destaquen por sus características de tipo biológico, paisajístico, histórico, cultural o social. Tras comunicar dicha declaración a la conselleria competente en medio ambiente, se procede a su inscripción en la correspondiente sección del catálogo. Cada ayuntamiento está obligado a gestionar su correspondiente catálogo de árboles monumentales de interés local.La Dirección General de Medio Natural y de Evaluación Ambiental, a través del equipo de patrimonio arbóreo del Centro para la Investigación y la Experimentación Forestal (CIEF), además de las labores de catalogación, desarrolla las tareas de seguimiento y conservación de los ejemplares, así como la asistencia técnica a otras administraciones, propietarios, y entidades interesadas, respecto a la catalogación y conservación de los árboles protegidos o en trámite de declaración,con el objetivo de mantener o mejorar su estado. Su catalogación es un instrumento dinámico y la información se revisa y amplía periódicamente. Los árboles catalogados, o bien se localizan en campo y se inventarían por parte del equipo CIEF, o son los agentes medioambientales o técnicos municipales quienes cumplimentan elmodelo de ficha para la toma de datos. Posteriormente se introducen en la base de datos de patrimonio arbóreo para su catalogación, muy útiles en la realización de investigaciones y estudios comparativos. Su descatalogación sólo se produce con la muerte del ejemplar.
     La conservación de los ejemplares catalogados corresponde a: La conselleria, los ayuntamientos y los propietarios. 

     Estos árboles gozan de una protección legal específica, al menos en un radio de 10 metros a partir del límite de la copa, y queda prohibido:
  • Dañar, mutilar, deteriorar, arrancar o dar muerte a los árboles, así como modificar física o químicamente su entorno.
  • Poseer  ejemplares arrancados, trasplantarlos o comerciar con ellos.
  • La recolección masiva de sus ramas, hojas, frutos o semillas, y la instalación de plataformas, objetos o carteles que puedan dañar significativamente su tronco, ramaje o raíces.
  • Instalar cualquier objeto o estructura que obstaculice su visión, sin motivo estrictamente justificado
  • Mover tierras u otras obras en un radio de 10 m desde el límite de la proyección de copa.
  • El árbol continuará protegido aunque se venda el terreno.

Quedan autorizados los siguientes aprovechamientos y actuaciones:

  • Las actuaciones de conservación del árbol y su entorno que lleven a cabo las administraciones competentes.
  • Los trabajos de cultivo.
  • La recolección de frutos y sus producciones por parte de los propietarios, así como los restos podas y la madera proveniente de la muerte del ejemplar, aunque las administraciones competentes podrán adquirir esta madera con fines científicos, culturales o educativos.
  • Las actividades manuales necesarias para la recolección de frutos, como el vareo u otras prácticas tradicionales.
  • Las podas leves y de fructificación, los tratamientos fitosanitarios, el pastoreo moderado, y aquellas otras actividades tradicionalmente acometidas para el mantenimiento de los árboles, siempre que no pongan en peligro su supervivencia.
Sabina albar indeterminada. Sesga. Ademuz.

     Los árboles viejos, robustos, pasajeros del tiempo, aquellos que han servido de sombra durante siglos en las siegas, en las fuentes, a los pastores en el camino, aquellos que han servido incansablemente al forraje del ganado, a ofrecernos sus frutos, su madera para elaborar aperos, o sostener tejados, producir brea para los barcos y los cueros, o simplemente aquellos que por su singular belleza merecen ser preservados, pervivirán, cuando nosotros no estemos aquí, ellos estarán, y nuestros hijos lo agradecerán.

Lo hemos leído aquí 

   

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03 marzo 2026

JOAQUÍN GRAU TASA (Bilbao, 1956)
Soy un árbol

Soy un árbol con raíces aéreas
Soy un cedro del Líbano
Que vive feliz entre estudiantes
Con un nido de cigüeñas como sombrero
Soy un olivo centenario
Guardián del castillo y de sus libros
Mis manos son sarmientos retorcidos.
Soy un álamo de corteza de plata
En mi cabeza vive una flor de magnolia
Un pájaro carpintero picotea en mi frente.
Soy una palmera presumida
Soy una pobre acacia emigrante
Soy un chopo rebordenco bien nacido
Soy un árbol especial, color azul zafiro
En un mar de troncos verde pistacho
Soy un abedul blanco como la luna
En mi piel escribían los enamorados
Letras y corazones que ya son puro olvido
Soy un árbol caído que la tierra abraza
Mi sombra es un anhelo, mi derribo un crimen.


 Sangüesa-Navarra, 1 de julio del 2019

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28 febrero 2026

Bosques de alimento en el mar, las algas con Vincent Doumeizel

FABRICE ROBINET, Jun-2025
Bosque de oro verde bajo las olas: Cómo las algas podrían salvar el mundo

(...) Mucho antes de que los árboles dieran sombra a Pangea y los dinosaurios surcaran sus tierras, las algas ya se mecían en los bajos fondos de los antiguos océanos, artífices silenciosos de la transformación de la Tierra. Nacidas hace más de mil millones de años, las algas marinas fueron uno de los primeros organismos complejos en aprovechar la luz solar mediante la fotosíntesis, oxigenando la atmósfera y creando las condiciones para la vida multicelular.
     Pero Doumeizel no es biólogo marino ni agrónomo. Su formación es en política alimentaria. “Conocí el hambre en el mundo durante un despliegue temprano en África”, dijo a Noticias ONU. “Me dejó una fuerte huella”. Las algas despertaron por primera vez el interés de Doumeizel en un viaje posterior a la isla japonesa de Okinawa, cuyos habitantes tienen una esperanza de vida excepcionalmente larga. Se dio cuenta de que la gente comía muchas algas. “Era delicioso”, recuerda. “Y visiblemente saludable”.
     Desde los “espaguetis de mar” del Atlántico nororiental (Himanthalia elongata) hasta el “caviar verde” del Indopacífico (Caulerpa lentillifera), pasando por la omnipresente “lechuga de mar” (Ulva lactuca), las algas son ricas en vitaminas, ácidos grasos omega-3, fibras e incluso proteínas.
     Humildes, y a menudo ignoradas, estas verduras marinas pueden ser una de nuestras fuentes de nutrición menos apreciadas. A pesar de cubrir más del 70% del planeta, el océano sólo aporta una pequeña parte del suministro mundial de alimentos en términos de calorías, una brecha que las algas marinas podrían ayudar a cerrar. Mientras que la agricultura contribuye aproximadamente a una cuarta parte de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, en parte debido a la deforestación para pastos y cultivos, el cultivo de algas no requiere tierra, fertilizantes ni agua dulce.
     Investigaciones recientes sugieren incluso que alimentar a las vacas con algas rojas podría reducir sus emisiones de metano hasta en un 90%, lo que podría cambiar las reglas del juego en la lucha contra el cambio climático.
     Las implicaciones van mucho más allá del corral. El océano ha generado más de la mitad del oxígeno que respiramos y absorbe alrededor de un tercio de todas las emisiones de origen humano. Las algas participan en este proceso, ya que capturan más carbono por acre que la vegetación terrestre. Algunas especies, como el “kelp gigante” (Macrocystis pyrifera), pueden crecer a la asombrosa velocidad de 60 centímetros al día, lo que las convierte en potentes sumideros de carbono.
     Las algas también pueden extraerse y transformarse en bioplásticos, biocombustibles, textiles e incluso productos farmacéuticos. “Podemos cambiar el paradigma fomentando el cultivo de algas”, afirma Doumeizel.

 

Una industria creciente, pero poco regulada
     Cuando conocimos a Doumeizel en Niza antes de la UNOC3, la abreviatura con la que se conoce a la Tercera Conferencia de la ONU sobre los Océanos, venía del lanzamiento, dos días antes, de su cómic. La revolución de las algas es una inmersión de 128 páginas en la vida de un entusiasta de las algas.
     En la vida real, Doumeizel es tan apasionado y boyante como en sus vídeos de TED Talk o en sus discursos de apertura. “Podría comérmelas”, dice, mostrando unas gafas de sol negras, elegantes y totalmente hechas de plancton. Encaramado en una cornisa soleada sobre el Mediterráneo, Doumeizel se convierte en parte showman, parte profeta, mientras despliega una serie de maravillas nacidas de las algas: una bolsa de basura biodegradable que parece indistinguible del plástico, una suave camiseta verde hilada con fibras de algas y, con una sonrisa, un ejemplar comestible de su propio libro, La revolución de las algas.
     “Todo esto”, dice, señalando el extraño retablo a sus pies, “podría estar hecho de algas”. Aunque las aguas saladas del planeta albergan 12.000 especies distintas de algas, hasta ahora el ser humano sólo ha podido cultivar activamente menos de un par de docenas de ellas, práctica conocida como cultivo de algas. Algolesko, en Bretaña, es una de las mayores granjas de algas de Europa continental. La mañana en que se pudo ver a Doumeizel levantando un alga parda del océano Atlántico, lo hacía desde las 150 hectáreas de cultivo ecológico de la granja.

     Como codirector de la Coalición Mundial de Algas Marinas, que cuenta con unos 2000 miembros y está auspiciada por el Pacto Mundial de las Naciones Unidas, Doumeizel viaja por todo el mundo para dar conferencias, desde la Patagonia a Túnez, Madagascar y Australia. Cada parada es también una oportunidad para explorar la producción local de algas.
     Según un documento conceptual elaborado por la ONU antes de la Conferencia de Niza sobre los Océanos, la industria de las algas está en alza. La producción de algas marinas se ha triplicado con creces desde 2000, hasta alcanzar los 39 millones de toneladas anuales, la inmensa mayoría de las cuales procede de la acuicultura.
     Se ha convertido en un mercado de 17.000 millones de dólares, y las inversiones actuales en bioestimulantes, bioplásticos, alimentos para animales y mascotas, tejidos y aditivos reductores del metano podrían añadir otros 12.000 millones anuales de aquí a 2030.
     Sin embargo, el camino a seguir no es sencillo. “En general, faltan legislación y orientaciones”, señala el documento de la ONU. “Actualmente no hay normas del Codex Alimentarius* que establezcan ningún criterio de seguridad alimentaria para las algas marinas u otras”.
     Doumeizel está de acuerdo. La industria mundial de las algas, afirma, sigue fragmentada y dominada en gran medida por Asia, donde la producción de nori, el tipo de alga que se utiliza en el sushi, ya es un negocio enormemente rentable. Pero podría hacerse mucho más con este recurso.

Reducir la desigualdad de género
     Más allá de su promesa medioambiental y su poder nutritivo, las algas están impulsando silenciosamente una transformación feminista. Según el documento conceptual, alrededor del 40% de las nuevas empresas de algas marinas de todo el mundo están dirigidas por mujeres.
     “En Tanzania, una sociedad mayoritariamente patriarcal, el comercio de algas ha cambiado vidas”, afirma Doumeizel. El auge comenzó con un aumento de la demanda de texturizantes alimentarios a base de algas. Las viudas y las mujeres solteras no tardaron en ponerse manos a la obra. En la isla de Zanzíbar, las algas son ahora el tercer recurso más importante, y las mujeres se quedan con casi el 80% de los beneficios.
     “Construyeron escuelas. Enviaron a sus hijas a esas escuelas. Lucharon por un lugar en los mercados para vender sus cosechas”, dijo Doumeizel. “Incluso compraron motocicletas”. El efecto domino ha llegado a las más altas esferas del poder: la actual presidenta de Tanzania es una mujer de Zanzíbar.
     Pero el cambio climático está empujando a la industria a aguas más profundas, literalmente. Con el aumento de la temperatura del mar, las algas ya no pueden cultivarse cerca de la costa. “Ahora, las mujeres tienen que aventurarse más lejos”, explica Doumeizel. “Pero la mayoría no sabe nadar ni gobernar un barco”.
     Para ayudar a preservar ambos medios de subsistencia, la Coalición Mundial de Algas Marinas financia una nueva iniciativa para enseñar a las mujeres técnicas marítimas: natación, navegación y manejo de embarcaciones. “Tenemos que asegurarnos de que esta revolución no deja a nadie atrás”, afirmó el francés.

Cambio climático: 80% de las extensiones de algas han desaparecido
     Si las algas son una solución prometedora al cambio climático, también son una de sus víctimas más silenciosas. A medida que aumenta el dióxido de carbono atmosférico, el océano se calienta y se acidifica, condiciones que ya están erosionando los ecosistemas marinos y provocando la pérdida generalizada de hábitats de algas.
     En lugares como California, Noruega y Tasmania, más del 80% de las extensiones de algas han desaparecido en los últimos años, impulsadas no sólo por el cambio climático, sino también por la contaminación y la sobrepesca.
     En las entrevistas, Doumeizel habla a veces de “bosques marinos” en lugar de “algas marinas”, un juego lingüístico diseñado para contrarrestar el prejuicio occidental que considera las algas marinas como residuos apestosos de la contaminación en lugar de organismos amenazados. “Preservarlas es tan necesario para la vida en la Tierra como salvar los bosques del Amazonas”, escribió en su libro, titulado también La revolución de las algas marinas.
     En la UNOC3, que se inauguró el lunes, Doumeizel presentó una nueva iniciativa: la creación de un Grupo de Trabajo de la ONU sobre Algas Marinas. Diseñado para consolidar los esfuerzos mundiales en torno a la regulación, la investigación y el desarrollo, el grupo de trabajo reúne a seis organismos de las Naciones Unidas.
     Su objetivo es ambicioso: dar a las algas el músculo institucional del que carecen desde hace tiempo. Mediante la centralización de los conocimientos y el establecimiento de normas mundiales, el grupo de trabajo podría ayudar a ampliar la industria de forma responsable y sostenible.
     La propuesta cuenta ya con el respaldo de varios países, entre ellos Madagascar, Indonesia, Corea del Sur y Francia. Juntos, tienen previsto presentar un proyecto de resolución ante la Asamblea General de la ONU este otoño, cuya votación está prevista para 2026.

Cultivar el océano: no para explotarlo, sino para sanarlo
     A veces, la revolución no llega en hileras ordenadas de granjas acuícolas. Llega en manchas de 10.000 kilómetros de ancho.
     En la primavera de 2025, una gran floración de sargazo, un alga parda que flota libremente, conocida por sus extensas alfombras, cubrió el Atlántico, obstruyendo playas desde el Golfo de México hasta las costas de África Occidental. La costa de Florida se inundó de esta planta, cuyo penetrante olor disuadía a los turistas. Las comunidades costeras se apresuraron a gestionar el diluvio.
     Sin embargo, Vincent Doumeizel no sólo vio una crisis, sino una oportunidad. "Estas floraciones masivas están causadas por la contaminación y el cambio climático. Pero si las gestionamos y entendemos adecuadamente, podrían convertirse en un recurso sostenible, convertido en fertilizantes, ladrillos e incluso textiles”.
     La visión es en parte redención, en parte alquimia. Convertir el crecimiento excesivo de los océanos en soluciones puede parecer descabellado. Pero también lo parece la idea de que las algas puedan sustituir a la carne de vacuno, o al plástico.
     Hace unos 12.000 años, en Oriente Próximo, los Homo sapiens dejaron de ser cazadores-recolectores. “Nos convertimos en agricultores que cultivaban plantas para alimentar a nuestros animales y a nuestras familias”, escribió Doumeizel en su libro. “Mientras tanto, en el mar, seguimos siendo cazadores-recolectores de la Edad de Piedra”. Pero ¿y si pudiéramos cultivar el océano, no para explotarlo, sino para sanarlo? No es sólo una pregunta retórica. Es una invitación. Y tal vez, una última advertencia.

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