"Quién hubiera dicho que estos poemas de otros iban a ser míos, después de todo hay hombres que no fui y sin embargo quise ser, si no por una vida al menos por un rato..." Mario Benedetti.
A los amantes de los árboles,... localización, poesía, cuentos/leyendas, etc.
LOS ROBLES PARA EL VINO Barricas, toneles o cubas y fudres
Se pierde en la memoria el uso de la madera para el transporte del vino. Seguramente el vaciado de un tronco para confeccionar canoas o para bebederos de animales dio la idea a los antiguos la idea para reemplazar el uso del ánfora por la barrica/tonel.
Parece que el origen del tonel de madera se atribuye a los
celtas
(aprox. siglo I a.C. o anterior), quienes desarrollaron la técnica de
curvar tablas de madera (duelas) con calor para transportar productos,
técnica que luego fue adoptada y popularizada por los romanos para el
transporte de vino y cerveza debido a su resistencia y facilidad de
manejo. Además vieron que oxigenaba el vino lentamente, le aportaba textura y aroma y suavizaba su sabor. El transporte terrestre y marítimo se hizo más adecuado. Después la Revolución Industrial introdujo las botellas de vidrio y el corcho, revolucionando la conservación y distribución global. Hoy existen muchos materiales que pueden utilizarse para contener los vinos pero las barricas de roble influyen tan decisivamente en la evolución organoléptica del vino que se hacen imprescindibles para obtener vinos con determinadas características. Para la fabricación de barricas (220-500 litros) o de fudres (miles de litros) se emplea fundamentalmente el roble americano (Quercus alba) o el roble europeo, llamado también francés, (Quercus robur y Q. petraea). Cada especie interacciona de forma diferente con el vino, modulando su oxigenación, la cesión de taninos y la liberación de compuestos aromáticos, como vainillas y lactonas. Las barricas más pequeñas intensifican la influencia de la madera, mientras que las barricas más grandes permiten un envejecimiento más sutil y menos amaderado. La elección entre barricas de roble francés o americano no es casual, sino una decisión técnica y deliberada que los enólogos toman en función del estilo de vino que buscan crear.
El roble francés/europeo tiene un grano fino y denso, lo que implica una disposición más compacta de las fibras de la madera. Esta estructura más cerrada permite una transferencia controlada y gradual de oxígeno al vino, lo que favorece un envejecimiento lento y equilibrado, suaviza los taninos y aporta mayor complejidad. En segundo lugar, las barricas de roble francés destacan por su baja concentración de lactonas, compuestos responsables de los aromas de coco y vainilla, mas acentuadas en el roble americano. Dependiendo del grado de tostado[*] de la barrica (hay tres grados), el roble francés puede
aportar una amplia gama de aromas y sabores que van desde notas sutiles
de mantequilla y caramelo hasta complejas capas de especias dulces y
maderas finas. Además hay que tener en cuenta la región de la que procede el árbol, lo que nos da a entender la complejidad de este negocio. Este tipo de barrica es más caro que el americano por la forma de obtener las duelas, los listones de madera que forman el cuerpo de una barrica y por la disponibilidad de robles.
El roble americano tiene un grano más grueso, lo que permite una cesión más rápida de compuestos aromáticos y tánicos al vino. Esta estructura anatómica menos densa favorece una transferencia más acelerada de oxígeno y componentes volátiles, lo que impacta en el perfil sensorial del vino de manera más inmediata. Permite que se obtengan resultados en menos tiempo beneficia a los vinos que requieren crianzas más cortas o para estilos más expresivos y accesibles en términos de sabor. Esta madera es más rica en compuestos aromáticos como las lactonas, las responsables de los aromas intensos a coco, vainilla y dulzor, propiedades que se incrementan en el tostado de la maderaal tener mayor contenido de hemicelulosa. Esto lo convierte en una excelente opción para estilos de vino que quieren resaltar una mayor presencia de la madera, como algunos tintos potentes, los vinos de Rioja.
Usos y vida útil por etapa: Primera vida (Barrica
nueva): Aporta el mayor impacto de sabor, taninos y microoxigenación.
Ideal para vinos que buscan una fuerte influencia de la madera. Segunda y tercera vida:
El impacto de la madera disminuye, pero aún ofrecen microoxigenación y
matices más suaves. Perfectas para vinos menos demandantes o jóvenes que
necesitan sutileza. Usos posteriores (4+): La madera ya no
aporta mucho sabor, pero las barricas pueden ser reacondicionadas
(lijado y tostado de nuevo) para un uso continuado o destinadas a la
crianza de destilados (whisky, ron, tequila) donde los sabores
residuales son valiosos.
[*] El tostado de la barrica es un proceso clave en la elaboración del vino que consiste en calentar el interior de la barrica de roble con fuego, caramelizando los azúcares de la madera y liberando compuestos aromáticos -vainilla, especias, café, chocolate- que se infusionarán en el vino, añadiendo complejidad y modificando su sabor y estructura según la intensidad del tostado -ligero, medio, fuerte- y el tipo de vino a elaborar. Tostado ligero: Mantiene una cesión mínima de compuestos fenólicos y realza la fruta del vino, con una aportación leve de notas especiadas y ahumadas. Tostado medio: Aumenta la liberación de vainillina y compuestos especiados, añadiendo complejidad sin ser dominante. Tostado fuerte: Aporta notas más pronunciadas de café, cacao y ahumados, siendo adecuado para vinos que requieren un carácter más robusto.
ERNEST MACIÀ (Manresa, 1980) Jo soc pau i victòria
"Jo soc pau i victòria" es un libro de poesía que tiene el olivo como único sujeto poético y esto le convierte en un libro único en el panorama poético catalán. En él encontramos poemas dedicados a todas las clases de olivos que existen en los Països Catalans y también de algunos que tienen su origen en otros lugares. El libro un homenaje y celebración poética de este árbol tan familiar, necesario, sagrado y simbólico para nuestra cultura mediterránea. Por la calidad lírica, la variedad métrica y formal de los poemas y por la originalidad del tema elegido, Jo soc pau i victòria fue galardonado por unanimidad con el II Premi de poesia Villa de Vacarisses.
Año: 2025 Idioma: Catalán Nº páginas: 55 ISBN: 978-84-129043-8-3
Dicen... El manresano Ernest Macià se estrena en la literatura con un poemario en los olivos | Artículo en Nación Manresa
Ernest Macià Ballús (Manresa, 1980) es periodista y voz del baloncesto en Catalunya Ràdio desde hace dos décadas, también es colaborador habitual de los espacios deportivos de la BBC y la CNN. En 2024, Macià dio el salto a la literatura con este poemario monovarietal, que gira íntegramente en torno al olivo y explora las raíces más profundas de nuestra cultura.
Dendrocronología: Es la ciencia que estudia los anillos de crecimiento de los árboles para datar
eventos pasados y analizar variaciones climáticas o ambientales con
precisión anual. El nombre proviene del griego δένδρον, dendron, árbol, χρόνος, crónos, tiempo, y λόγος, logos, estudio)
Teofrasto (322 a. C.), en su libro De historia plantarum(Historia de las plantas),
fue el primero que conocemos en mencionar la existencia de los anillos de árboles y
el hecho de que se formen anualmente. Tuvieron que pasar muchos siglos para que la idea de Teofrasto tomase cuerpo de ciencia porque esta relación no fue aceptada por los botánicos hasta principios del siglo XIX.
En el siglo XV Leonardo Da Vinci anota en sus observaciones la relación entre los anillos y la edad del árbol, así como la relación del grosor de los anillos con la orientación y la climatología:
"La
parte de las plantas que mira al sur revela mayor vigor y juventud que
la que mira al norte. Los círculos que dejan las ramas de los árboles
talados nos muestran el número de sus años, y sabemos cuáles fueron más
húmedos y cuáles más secos en función de su mayor o menor grosor.
Revelan también hacia dónde estaban encarados, y como son más gruesos
por el lado norte que por el lado sur, el centro del árbol está también
más cerca de la corteza que mira al sur que de la que mira al norte."
Que los anillos de crecimiento a menudo sean más anchos en la cara norte parece deberse a que ese lado mantiene mejor la
humedad.La médula o centro del árbol queda desplazada, situándose más cerca de la corteza del lado sur que de la del lado norte.
Stefano Mancuso nos dice que la llamada "exentricidad" del tronco fue atribuida a las
observaciones que hizo Malpighi (1628-1694), más de ciento cincuenta años más tarde de que Leonardo Da Vinci lo hubiera precisado, (medulla non exacte centrum occupat, sed ut plunmum [...] proximior est
cortici, versus meridiem, minuitur adaucta sensim) .
En 1737, los investigadores franceses Henri-Louis Duhamel du Monceau y
Georges-Louis Leclerc de Buffon examinaron el efecto de las condiciones
de crecimiento en la forma de los anillos, utilizando un invierno severo
como punto de referencia.
La dendrocronología, como ciencia, fue desarrollada y consolidada a inicios del siglo XX por el astrónomo estadounidense Andrew
Ellicott Douglass (1867-1962), quien creó el Laboratorio de Investigación de los Anillos
de los Árboles en la Universidad de Arizona, desarrolló las técnicas de
fechados dendrocronológicos y estableció sus principios.
Especies de árboles más aptas para el estudio dendrocronológico:
Existe un número limitado de especies arbóreas más indicadas para el estudio de la dendrocronología. La especie europea que más destaca para el estudio de la dendrocronología, especialmente en contextos arqueológicos, históricos y para la construcción de cronologías largas, es el roble (Quercus spp.), principalmente el roble albar (Quercus petraea) y el roble pedunculado (Quercus robur). En Norteamérica —afirma Stahle— la especie más destacada sería el abeto de Douglas (Pseudotsuga menziesii), especialmente el que crece en zonas áridas del interior del continente. Entre sus favoritas también se encuentran el pino ponderosa (Pinus ponderosa), el ciprés calvo (Taxodium distichum) del sur en Estados Unidos y el ciprés calvo de Montezuma (Taxodium mucronatum) en México. La especie sudamericana que más destaca para el estudio de la dendrocronología es el Alerce o Lahuán (Fitzroya cupressoides). En Asia las especies que destacan en dendrocronología son el enebro de Qilian (Juniperus przewalskii) y la teca (Tectona grandis) para estudios climáticos a largo plazo y tropicales, respectivamente. En África para precisión climática en zonas de altitud se estudia el Juniperus procera y para las sabanas el Pterocarpus angolensis.
Disciplinas derivadas de la dendrocronología:
La dendrocronología resulta compuesta por numerosas sub-disciplinas, según la información que se quiere obtener de las series dendrocronológicas: Dendroarqueología, Dendroecología, Dendrohidrología, Dendrogeomorfología, Dendroclimatología y Dendropirocronología.
Como bien dijera Darwin... "en ciencia, el mérito corresponde a quien convence al mundo, no al primero que tuvo la idea", así los méritos se encuentran mal repartidos.
RICHARD FEYMAN y ROGER PENROSE ¿De dónde vienen los árboles?
Desde dos vías diferentes, al conocer mi afición por los árboles, me han enviado casi el mismo contenido. En el primer momento lo visioné y no le concedí importancia porque me parecía obvio el contenido, casi simple. Al recibir el segundo envío empecé a cuestionarme si lo que yo percibía como simple a ojos de los demás no lo era tanto. Así que he decidido ponerlo en el blog porque no todo el conocimiento es tan simple para todos.
Yo que soy lego en el conocimiento de todo o casi todo... quiero recordar el pasaje de la serie Cosmos de Carl Sagan, que nos decía que nuestra materia, la que constituye nuestro cuerpo, está compuesta de polvo de estrellas.
Buscando en la red la complementariedad del conocimiento se ve que están hechas con IA y la idea parece que es de R. Feyman. Desconozco la verosimilitud de estas exposiciones pues dicen prácticamente los mismo lo que nos dice que no pueden ser de dos autores diferentes. He encontrado tres fuentes, las dos similares que pongo a continuación y una tercera más filosófica.
He creído conveniente poner la transcripción por si a alguien le sirve
Transcripción:
Yo me hice esta pregunta una tarde mirando un árbol enorme en el jardín de un amigo en Pasadena, un árbol viejo, grueso, imponente, y de repente me pregunté algo que parece ridículo de tan simple. ¿De dónde vino todo eso?. No me refiero al nombre, no me refiero a crece de una semilla en la tierra, eso lo sé, todo el mundo lo sabe. Me refiero a algo más específico, más honesto. Si ese árbol pesa 2 toneladas, ¿dónde estaban esas 2 toneladas antes de que existiera el árbol? El suelo donde creció sigue ahí, no desapareció. Entonces, ¿de dónde salió toda esa masa? Esa es exactamente el tipo de pregunta que no puedo dejar pasar. Una vez que me la hago, tengo que encontrar la respuesta. Y lo que descubrí me cambió la manera de ver cada árbol que he visto desde entonces. Lo primero que hago cuando tengo una pregunta así es buscar quién ya intentó responderla antes que yo. Y encontré a Van Helmond, un científico del siglo XVII que me cae muy bien porque hizo lo correcto. En lugar de suponer... midió, eso es lo fundamental. No asumas, mide. Van Helmont tomó tierra seca, la pesó con cuidado, 90 kg exactos. Plantó un sauce pequeño de 2 kg en esa tierra. Durante 5 años lo regó sólo con agua de lluvia, nada más, sin cambiar la tierra, sin añadir nada. Cinco años después desenterró el árbol y lo pesó: casi 77 kg. Había ganado más de 74 kg. Luego pesó la tierra 90 kg, prácticamente igual. Había perdido apenas 57 g. Yo leo ese resultado y me emociono porque eso es un misterio hermoso. El árbol ganó 74 kg. La tierra no los perdió. Eso no puede ser coincidencia. Eso es una pista. Van Helmont pensó que era el agua. Se equivocó en la conclusión, pero hizo algo valioso. Eliminó la tierra como respuesta principal. En ciencia, saber qué no es la respuesta también es un avance. Yo también consideré el suelo y el agua. Es lo primero que cualquiera pensaría y está bien pensar así siempre que luego hagas los números. El suelo da minerales reales, nitrógeno, fósforo, potasio. Sin ellos la planta se enferma. Eso es verdad. Pero cuando sumas toda la masa de minerales que un árbol absorbe durante su vida, obtienes una fracción mínima de su peso total. Los minerales son necesarios, pero no explican la masa. Y el agua igual. Un árbol mueve cantidades enormes de agua desde las raíces hasta las hojas, mpresionante. Pero la mayor parte de ese agua se evapora por las hojas, no se queda como masa sólida. Yo lo puse así de simple en mi cabeza. Si el árbol estuviera hecho de agua, se evaporaría bajo el sol. Pero la madera es dura, densa, sólida. Algo más está construyendo esa estructura. El suelo no es suficiente, agua no es suficiente. Hay que buscar en otro lugar. Aquí es donde yo me puse a pensar en serio, porque la química te da la pista definitiva. El agua es H2O, hidrógeno y oxígeno. El hidrógeno es el elemento más ligero del universo. No construyes estructuras densas con hidrógeno. No es el material de la solidez. Entonces me pregunté, ¿de qué está hecha realmente la madera? Si la analizas, si la descompones en sus elementos, encuentras que aproximadamente el 50% de su peso seco es carbono, carbono puro. El carbono es completamente diferente al hidrógeno. El diamante es carbono, el grafito también. Es el elemento sobre el que está construida toda la vida orgánica. Es denso, es pesado, es estructuralmente extraordinario. Y yo me hice la pregunta obvia, ¿de dónde saca el árbol todo ese carbono? No del suelo, eso ya lo había descartado, no del agua que prácticamente no tiene carbono. Entonces empecé a eliminar opciones. Tierra, no, agua, no. ¿Qué queda? Cuando llegué a esta respuesta me detuve un momento, porque es de sas respuestas que parecen imposibles hasta que las entiendes y luego parecen inevitables. La masa del árbol viene del aire, del dióxido de carbono, del CO2 que yo exhalo ahora mismo, del CO2 que está flotando invisible a tu alrededor en este momento en una concentración de apenas el 0.04% de la atmósfera. Ese gas invisible, sin color, sin olor, ese gas que parece no ser nada, es literalmente el material del que están hechos los árboles. Yo encuentro eso absolutamente fascinante. Las hojas tienen poros microscópicos llamados estomas. Por esos poros entra continuamente CO2 del aire. Dentro el árbol hace algo que me parece casi increíble. Rompe la molécula, separa el carbono del oxígeno, el oxígeno lo suelta de vuelta al aire y el carbono lo retiene. Ese carbono que estaba flotando en la atmósfera se convierte en la madera del árbol. Yo lo pienso así. El árbol agarra algo invisible y lo convierte en algo que puedes golpear con un hacha. Convierte gas en madera sólida, convierte aire en materia. El proceso se llama fotosíntesis. Y yo lo considero uno de los procesos más elegantes de la naturaleza y uso la palabra elegante como la usan los físicos. Simple en principio, devastadoramente poderoso en consecuencias. Las hojas son verdes por la clorofila. Yo siempre me maravillé de eso. La clorofila absorbe fotones de luz solar y captura su energía. Es como una batería que se carga con luz. Esa energía impulsa reacciones dentro de los cloroplastos, estructuras pequeñas dentro de las células de la hoja. Ahí el árbol combina el CO2 del aire con el agua de las raíces y usando la energía solar produce glucosa, un azúcar. Energía química almacenada en forma molecular. La ecuación me gusta porque es limpia...
6CO2 + 6H2O+ luz solar → C6H12O6 + 6O2
Producen una molécula de glucosa y seis moléculas de oxígeno. El oxígeno sale al aire. Ese es el oxígeno que yo respiro, que tú respiras. El árbol nos lo regala como subproducto de construir su propio cuerpo. La glucosa luego se convierte en celulosa y lignina. La celulosa son cadenas largas de glucosa unidas. La lignina es más rígida y compleja. Juntas forman la madera y ambas están hechas del carbono que llegó como las invisible desde el aire. Cada anillo de crecimiento que ves cuando cortas un tronco es una temporada de captura de carbono atmosférico. Año tras año, molécula a molécula, el árbol fue construyendo su cuerpo con aire. Ahora viene la parte que yo encuentro más perturbadora en el mejor sentido posible. Nosotros también estamos hechos de carbono. Mis músculos, mis huesos, mi cerebro, el ADN en cada célula de mi cuerpo, todo construido sobre carbono. Y ese carbono tuvo que venir de algún lugar. Yo lo obtuve comiendo, como plantas o animales que comieron plantas. En algún punto de la cadena siempre hay una planta que capturó carbono del aire. Ese carbono viajó por la cadena alimenticia y llegó a ser parte de mí. El carbono en mis músculos ahora mismo estuvo en la atmósfera en algún momento. Antes formó parte de otra planta, de otro animal, quizás de una persona que vivió hace siglos. Yo y el árbol compartimos el mismo origen fundamental. Ambos somos carbono atmosférico reorganizado. La diferencia es que el árbol lo captura directamente del aire y yo lo hago a través de la comida, pero el punto de partida es el mismo. Eso me hace pensar en algo que me resulta profundo. No somos observadores separados del mundo natural. Somos parte del mismo ciclo. Somos el universo mirándose a sí mismo, hecho del mismo material que los árboles, las plantas, los océanos. Y el ciclo del carbono es real, no una metáfora. Un bosque antiguo tiene almacenadas en su madera cantidades enormes de carbono que capturó del aire durante siglos. Cuando ese bosque se destruye y la madera se quema, ese carbono regresa a la tmósfera de golpe. Es química directa, es causa y efecto real. Yo siempre digo que entender la ciencia no hace el mundo menos bello, lo hace más bello. Ver un bosque sabiendo lo que realmente es: un almacén gigante de carbono atmosférico solidificado durante generaciones, eso es más impresionante que cualquier explicación mágica. Entonces regreso a ese árbol en el jardín de Pasadena. Ahora yo sé lo que estoy mirando. Sé que ese tronco enorme, esas ramas, esa corteza gruesa están hechos de gas invisible que flotó en la atmósfera, entró por los poros microscópicos en las hojas, fue descompuesto por la energía del sol y quedó atrapado como carbono sólido, anillo por anillo, durante décadas. Ese árbol es aire solidificado literalmente. Y yo encuentro eso extraordinario, no porque sea complicado, sino porque es simple y real, y está frente a ti todo el tiempo. Y la mayoría de la gente pasa la vida entera sin verlo. Eso es lo que me enseñó la física ¿no? A memorizar fórmulas, a hacer las preguntas correctas y no conformarme con respuestas vagas. La próxima vez que veas un árbol, espero que veas lo que realmente es. No solo un árbol, un proceso, una máquina de capturar aire y convertirlo en materia. Décadas de trabajo invisible, molécula a molécula, construyendo algo que puedes tocar con las manos. Eso es lo que es un árbol. Y hay mas preguntas como esta esperando que alguien se las haga sobre todo lo que ves, todo lo que tocas, todo lo que das por sentado. Nunca paro de preguntarme y espero que tú tampoco.
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Jean Baptista van Helmont (Bruselas, 1580-1644)
Agarré una maceta, puse en su interior 200 libras (90 kg) de tierra que había secado en un horno, la empapé en agua y planté en ella un vástago de sauce que pesaba 5 libras (2,28 kg) Pero la maceta únicamente fue regada con agua de lluvia o (cuando fue necesario) con agua destilada; y era grande (en tamaño) y estaba hundido en la tierra; y para evitar que el polvo del aire de su alrededor se mezclara con la tierra, el borde de la maceta se resguardó, cubriéndose con una lámina de hierro recubierta de estaño y horadada por muchos agujeros. No calculé el peso de las hojas que cayeron en los cuatro otoños. Por último, sequé de nuevo la tierra de la maceta y se encontraron las mismas 200 libras (90 kg) menos unas 2 onzas (56 gramos); por lo tanto, 187 libras (85 kg) de madera, corteza y raíz habían crecido solo del agua.