24 agosto 2026

ÁLVARO LÓPEZ, en
Los árboles que mejor combaten el calor revelan cómo deberían diseñarse las ciudades del futuro

Un estudio de la Universidad de Granada sitúa al olivo, el fresno, el plátano de sombra, el níspero y el naranjo amargo entre las especies que más enfrían el entorno urbano, pero su principal conclusión está en conectar las zonas verdes para proteger a los barrios más expuestos a las olas de calor.

Hay una pregunta que cada verano cobra más importancia en ciudades como Granada: ¿cómo bajar la temperatura de unas calles que superan con facilidad los 40 grados? La respuesta pasa, en parte, por los árboles. Pero no por cualquiera ni de cualquier manera. Un equipo de investigación de la Universidad de Granada ha comprobado, tras dos años de mediciones en el parque Federico García Lorca, que cinco especies destacan por su capacidad para refrescar el entorno urbano. Se trata del olivo, el fresno, el plátano de sombra, el níspero y el naranjo amargo, capaces de reducir la temperatura bajo sus copas una media de dos grados y alcanzar descensos puntuales de hasta 3,5 grados respecto a zonas sin vegetación.
     Sin embargo, el hallazgo más relevante del proyecto BioCiTrees no es ese ranking de especies. La investigación apunta a que la forma en que las ciudades distribuyen sus zonas verdes puede resultar incluso más determinante que la cantidad de árboles que albergan. “No basta con plantar más árboles, sino que hay que conectar las áreas verdes de la ciudad para que estén lo más unidas posible”, explica la investigadora del Departamento de Ecología de la Universidad de Granada Nuria Pistón, una de las responsables del estudio.
 
Del mapa del calor al mapa de la desigualdad
     La investigación comenzó mucho antes de instalar sensores en los árboles. El equipo científico quería averiguar dónde coincidían las temperaturas más elevadas con la población que más dificultades tendría para soportar las olas de calor. Para ello cruzaron información climática con indicadores socioeconómicos como la renta, el envejecimiento de la población o la capacidad de adaptación frente a episodios de calor extremo. El resultado permitió localizar las zonas donde el riesgo climático y la vulnerabilidad social se superponen.
     Fue entonces cuando surgió una segunda pregunta: una vez identificados esos barrios, ¿qué tipo de vegetación resulta más eficaz para reducir la temperatura? Entre el verano de 2024 y comienzos de 2026, los investigadores instalaron sensores bajo la copa de 19 especies distintas presentes en el parque Federico García Lorca y los compararon con otros colocados en espacios abiertos sin vegetación.
     “Sabemos que los árboles enfrían, eso ya lo conocíamos. Lo que queríamos era cuantificar qué especies lo hacen mejor y cuántos grados son capaces de reducir”, argumenta Pistón. Los resultados preliminares sitúan al olivo, el fresno, el plátano de sombra, el níspero y el naranjo amargo como las especies que generan un microclima más fresco. Todas las especies estudiadas reducen la temperatura, gracias a la sombra y a la evapotranspiración, aunque estas cinco destacan sobre el resto.
     La investigadora, no obstante, lanza una advertencia para evitar interpretaciones simplistas. “No quiere decir que ahora llenemos la ciudad de olivos”, señala. La elección del arbolado debe incorporar otros criterios como las alergias, el comportamiento de las raíces, el mantenimiento o la adaptación al entorno urbano.
     La principal conclusión del proyecto tiene más que ver con el urbanismo que con la botánica. Según los investigadores, una ciudad obtiene mejores resultados frente al calor cuando sus parques y espacios verdes están conectados mediante calles arboladas o corredores vegetales que cuando concentra toda la vegetación en grandes parques aislados. “La planificación urbana tendría que ir por ahí”, sostiene Pistón.
 
Los barrios de siempre
     Ese planteamiento cobra especial importancia en ciudades mediterráneas como Granada, donde el efecto de isla de calor hace que barrios muy urbanizados acumulen temperaturas significativamente superiores a las de su entorno. Para la investigadora, el objetivo no debería limitarse a crear grandes zonas verdes en la periferia, sino conseguir que el verde penetre hasta el interior de la ciudad mediante una red continua de vegetación. “El cinturón verde es una iniciativa muy interesante, pero tendría que conectarse hacia dentro de la ciudad para que todo el mundo tenga la posibilidad de disfrutar de calles más frescas”, afirma.
      Una de las cuestiones que también plantea el estudio es cómo actuar en barrios consolidados, donde apenas existe espacio para plantar grandes árboles. Pistón cree que incluso esos entornos pueden mejorar su confort térmico mediante soluciones adaptadas al espacio disponible. “Donde no se puedan poner árboles grandes habrá que utilizar otras estrategias, como paredes verdes u otro tipo de vegetación que necesite menos espacio”, explica.
      Aunque reconoce que todavía queda mucho por investigar -los resultados corresponden a un parque y el siguiente paso será medir qué ocurre en calles asfaltadas o en otras ciudades-, la investigadora insiste en que existe una evidencia difícil de discutir. “Sabemos que al final lo que más refresca es la vegetación”. La conclusión llega en un momento en el que las ciudades buscan fórmulas para adaptarse a un escenario de temperaturas cada vez más extremas. Y el estudio de la Universidad de Granada apunta a que combatir el calor no depende únicamente de plantar más árboles, sino de decidir dónde y cómo hacerlo para que la sombra llegue también a quienes más la necesitan.

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21 agosto 2026

A.L.M. CANTERA, en "El País"
Por cada niña, un bosque, Piplantri, India

El pueblo de Piplantri, en el estado indio de Rajastán, celebra el nacimiento de cada mujer con la plantación de 111 árboles para asegurar su futuro y concienciar contra los feticidios

Pura y su marido Shubhum Singh plantan un árbol en honor al nacimiento de su hija Disha, en Piplantri (India), en junio de 2013. Prahlad Paliwal

Disha parecía loca de gusto. Su madre masajeaba su cuerpecito con un ungüento de aloe vera. Hábiles y atentos, sus dedos subían y bajaban, animados por una danza tan sinuosa como tenaz. Desde el vientre hasta los talones y la planta de los pies, y desde las nalgas hasta las aletas de la nariz. Pura celebraba con ese baño y la consiguiente puja –rito espiritual hindú– el año y poco de vida de su hija. El baile de caricias hacía brotar carcajadas de felicidad en el bebé, como crecen más de un centenar de árboles en su nombre en Piplantri.
     La árida localidad del estado indio de Rajastán no sólo honra la llegada al mundo de los varones con danzas, cantos y proclamas a las deidades hindúes. Sino que también las niñas son bienvenidas con un ritual más terrenal y menos efímero; la plantación de 111 árboles en su honor. “Cuidamos de los árboles como parte de nuestra familia. Porque son el fruto de la tierra y porque también nos darán el fruto para mantener a nuestras hijas", explica Pura, una de las mujeres de la aldea de 8.500 habitantes que se benefician del proyecto.
     Desde hace seis años, las madres de Piplantri pueden formar parte de la iniciativa Kiran Hadhi Yogana, de forma voluntaria. Al entrar en el proyecto, las familias se responsabilizan de la plantación y cuidado de 111 árboles por cada niña que nazca en su hogar. También de forma voluntaria, los padres se comprometen a aportar un depósito fijo de 21.000 rupias (271,5 euros) para el futuro de sus hijas. “El resto del pueblo contribuye con 10.000 rupias más para hacer un total de 31.000 (400 euros) para cada niña. Si las familias no pueden aportar la cantidad más alta, ésta correría a cargo de la comunidad”, explica el sarpancha –alcalde– de la localidad y creador del proyecto. Shyam Sundal Paliwal concibió la idea cuando asumió el cargo del departamento de saneamiento y medio ambiente de Piplantri, pero fue la muerte por deshidratación de su hija Kiran en 2007 lo que puso la simiente final. “Kiran Hadhi Yogana beneficia a todos. Más de 60 familias se han sumado al programa y hemos plantado 285.000 árboles en un espacio de 2.000 hectáreas”, apunta Shyam, quien asegura que ahora las familias están más predispuestas a aceptar el nacimiento de niñas por la ayuda económica que ello conlleva.
     La concepción de una niña en India supone un contratiempo debido a las imposiciones de una sociedad patriarcal y patrilineal. Los varones son el sustento de la economía doméstica mientras que las hijas son casadas previa dote, lo que implica un gasto añadido para su familia. Pese a que la ley india prohíbe esta costumbre desde 1961, el pago de sumas de dinero por parte de los padres de la novia a la familia del esposo, quien se hace cargo de la mujer, sigue siendo habitual en todos los estados indios. La permanencia de este atavismo conduce, indirectamente, a prácticas que son ya un silencio a gritos en el país asiático, los feticidios femeninos.
     No existen datos certeros acerca de este drama clandestino. Pero las cifras referentes a la proporción de hombres y mujeres en India, reflejados en el último censo de 2011, son reveladoras: 940 mujeres por cada 1.000 hombres. En el estado de Rajastán el fenómeno deja un ratio aun menor, 928 por cada 1.000. Mientras que en el caso de menores de 6 años, los números son contundentes: sólo hay 888 niñas por cada 1.000 niños –una relación muy baja si se compara con la proporción natural de sexos entre recién nacidos, establecida en valores de 103 a 107 varones por cada 100 hembras–. El Gobierno indio ha intentado poner freno al aborto selectivo de niñas mediante la actualización en 2003 de la Ley sobre las Técnicas de Diagnóstico Prenatal (1994), prohibiendo las sonografías y otros métodos de predicción del sexo del feto. Aunque lleva una década en vigor, sólo un pueblo de Rajastán ha interpuesto una denuncia por feticidio en base a la ley. Y únicamente en 13 de los 35 estados de India se han recogido casos judiciales por incumplimiento de la misma.
     El proyecto en Piplantri está dando sus frutos. Según el propio Shyam, la proporción de niñas y niños se ha invertido en los últimos seis años hasta llegar a los 48 niños y 52 niñas; con una natalidad anual de 50 a 62 niñas. Además de mejorar el entorno natural, la plantación de 111 árboles por cada niña nacida en Piplantri también previene los matrimonios infantiles, otra de las lacras sociales de India. “Mis padres me casaron cuando tenía 14 años. Pero mi hija tiene la oportunidad de esperar hasta que sea mayor de edad”, cuenta Lalitha, mientras acuna a Puja en sus brazos. Para formar parte del proyecto, Lalitha y su marido Gehari Lal Bhalai tuvieron que firmar una declaración jurada ante el panchayat –ayuntamiento– en la que se comprometían a cuidar de los árboles plantados así como a mantener el depósito concedido hasta que su hija cumpla 18 años, cuando lo podrán usar para su educación o para la dote matrimonial.
     El matrimonio infantil es un fenómeno global, por el que cada tres segundos una niña es obligada a casarse. Pero según el último informe de UNICEF sobre matrimonio infantil, de junio de 2014, India es el sexto país del mundo con mayor incidencia de matrimonios prematuros. El mismo informe confirma que el 58% de las mujeres indias de entre 20 y 49 se casaron antes de cumplir 18 años, y más de un cuarto de la población femenina contrajo matrimonio siendo menores de 15 años.
     El depósito de las familias sirve para diseñar un futuro mejor para las niñas. El valor natural de los árboles también augura más prosperidad para el pueblo de Piplantri. Según cálculos del propio Shyam, después de 18 años de vida –cuando las niñas alcanzan la mayoría de edad– cada árbol llega a valer 50.000 rupias, lo que supone un total de más de 5 millones de rupias (71.000 euros). “El proyecto también hace que el 80% de las mujeres sean el motor del desarrollo del campo, mientras sus maridos trabajan en las minas de mármol”, señala Jeetender Updhayay, responsable del distrito al que pertenece Piplantri. La explotación de las canteras de mármol es la principal fuente de ingresos de las familias de la zona, pero también la razón última de la deforestación de su entorno natural. En una región desértica como la de Rajastán, los desechos generados por la minería no hacen más que degradar un suelo ya yermo. Durante las lluvias del monzón, el agua no se filtraba a las capas freáticas sino que arrastraba la poca vegetación de la superficie. “Con la repoblación del entorno, hemos conseguido mantener el agua y las sales minerales necesarias en el suelo. Hace cinco años, teníamos que cavar 200 metros para encontrar agua, mientras que hoy se puede encontrar a 3,5 metros de profundidad”, concluye Jeetender.
     El Gobierno indio ha premiado la iniciativa por su conjugación de un entorno limpio junto al desarrollo de los derechos de las niñas, y expertos como el reconocido ambientalista de Rajastán, Harsh Vardhan, han descrito este movimiento en términos de eco-feminismo. Pero el proyecto no se ha quedado ahí, sino que ha evolucionado hasta el punto de servir de sustento para algunas mujeres de Piplantri organizadas en cooperativas de producción y venta de productos de aloe vera. Se empezó a sembrar aloe vera junto a los árboles plantados para evitar que las termitas acabasen con los árboles, y los más de 270.000 arbustos de aloe vera que florecen en la actualidad sirven para proteger el entorno y para generar beneficios económicos. “Esta idea ha revolucionado la forma de vida en el pueblo. Las familias no tienen problemas en tener hijas y el proyecto de aloe vera da trabajo a diez mujeres por 200 rupias diarias además de los dividendos de lo vendido mensualmente”, explica Kala Devi, encargada desde hace tres años de la cooperativa de las cremas, zumos y gel de baño creadas con aloe vera. El éxito de los productos con aloe vera ha hecho que la cooperativa piense ya en los posibles usos de la madera y el bambú para la fabricación artesanal de mobiliario casero, y así dar trabajo y generar ingresos para otras mujeres del pueblo.
     La revolución natural de Piplantri está relacionada con el ciclo vital, ya que también se plantan 11 árboles cada vez que alguien muere, para honrar la memoria del difunto. Y como se celebran los nacimientos y las defunciones, también las relaciones entre mortales se glorifican en conexión con la naturaleza. Muchos de los árboles del pueblo están adornados con diminutos cordeles de colores. En una alegoría a la fiesta hindú del Raksha Bandhan –en la que las chicas atan un hilo en la muñeca de los chicos como símbolo de hermandad–, las niñas de Piplantri también enhebran cuerdas en los troncos de los árboles como señal de respeto y protección. “Ahora las familias son conscientes de que los árboles y la naturaleza son una parte importante de la familia”, cuenta Shyam, orgulloso de estar repoblando su tierra con lo vital para asegurar el fruto del mañana. Junto con árboles para el medio ambiente.

18 agosto 2026

 DANIEL PACIÑA-LÓPEZ, 
Bambú, el acero vegetal para las construcciones del siglo XXI
Es más ligero que el acero, pero cinco veces más fuerte que el hormigón. El bambú podría considerarse un regalo de la naturaleza para la construcción de edificios por su bajo coste, sostenibilidad, abundancia y dureza. Su uso en el sector de la construcción en América Latina y el Caribe (ALC) ha ganado cada vez más adeptos en los últimos años debido a sus numerosas ventajas ambientales, económicas y sociales.
     El bambú, una planta de rápido crecimiento y renovable, ha demostrado ser una alternativa sostenible y viable a otros materiales convencionales en la construcción de edificios. En este artículo, y con motivo de la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente, te invitamos a conocer las razones por las que el bambú está ganando popularidad en ALC y por qué muchos lo consideran el material por excelencia para las construcciones del siglo XXI.

Beneficios del bambú como material de construcción de edificios
     El bambú se encuentra en casi todo el planeta y crece de forma natural en ALC. Ha sido utilizado durante siglos en nuestra región por comunidades indígenas para diversos fines, incluyendo la construcción de viviendas. Sin embargo, su potencial como material de construcción ha sido subestimado hasta hace poco tiempo. A medida que crece la conciencia sobre la importancia de adaptar nuestros edificios para mitigar los efectos causados por el cambio climático, así como reducir el impacto ambiental de la industria de la construcción, el bambú ha emergido como una opción prometedora para el futuro de la región.

1. Rapidez de crecimiento:
    Una de las principales ventajas del bambú es su rápido cultivo y crecimiento. Algunas especies de bambú pueden crecer hasta un metro por día, lo que lo convierte en una de las plantas de crecimiento más rápido en el mundo. Esto significa que el bambú es un recurso renovable y fácilmente disponible, lo que reduce la dependencia de materiales de construcción menos sostenibles y la deforestación de bosques naturales.

2. Resistencia y durabilidad:
     El bambú es también un material muy resistente y duradero. Aunque pueda parecer frágil debido a su apariencia, esta planta tiene una alta resistencia a la tracción, lo que lo hace adecuado para soportar cargas estructurales. En comparación con la madera, el bambú tiene una mayor resistencia a la flexión, por lo que es un material ideal para techos y vigas, especialmente en zonas con altos niveles sísmicos.

3. Bajo costo:
     Otra ventaja del bambú es su bajo costo en comparación con otros materiales de construcción. En muchas áreas rurales de ALC, el bambú crece de forma silvestre y puede ser recolectado de manera sostenible, lo que reduce los costos de adquisición. Además, la mano de obra requerida para trabajar con bambú también es menor en comparación con otros materiales, con el consiguiente ahorro en costos de construcción.

4. Beneficios sociales:
     El uso del bambú en la construcción tiene también beneficios sociales significativos. Muchas comunidades rurales de ALC dependen de la agricultura para su sustento. Al promover el cultivo y la utilización del bambú, se crea una nueva fuente de ingresos para estas comunidades, con lo que mejora su calidad de vida y se generan oportunidades de empleo locales.

¿Existen edificios construidos en este material en América Latina y Caribe (ALC)?
     El uso de bambú como material de construcción está muy extendido, sobre todo en Asia. Sin embargo, aunque su uso no está aún generalizado en ALC encontramos ejemplos de proyectos arquitectónicos innovadores en países como Colombia, Ecuador, Costa Rica y México. Por ejemplo, en Ecuador, este año se construirán 220 viviendas sociales utilizando estructuras de bambú, lo que favorecerá el acceso de las comunidades de bajos recursos a viviendas seguras y sostenibles. En Colombia, tal y como avanzamos en este artículo sobre la ciénaga de Mallorquín, Barranquilla está trabajando, con apoyo del BID, en la construcción de un ecoparque que incluirá pabellones hechos con bambú.

Retos y oportunidades
     A pesar de sus indudables ventajas, el uso del bambú en la construcción enfrenta aún algunos desafíos en la región. Uno de los ellos es la falta de estándares de calidad y certificación para el bambú como material estructural. Existen códigos de construcción que regulan el uso de materiales tradicionales, como el acero y el concreto. Por ello, sería importante establecer regulaciones y normas técnicas para garantizar la seguridad y durabilidad de las estructuras construidas con bambú. 
Casa construida con bambú y la Terminal 4 del aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, con la cubierta de bambú
     Además, se requiere una mayor investigación y desarrollo de técnicas de preservación del bambú para aumentar su resistencia al fuego, insectos y hongos. Esto garantizará que las estructuras de bambú sean duraderas y puedan soportar las condiciones ambientales adversas a largo plazo.
     En conclusión, pese a los retos existentes, el bambú se postula a ser uno de los principales materiales neutro en carbono y localmente adaptado más valioso para la construcción de edificios en nuestra región (...)
 
Lo hemos leído aquí
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15 agosto 2026

Autoretrato, 1894

JOSÉ MARIA VALASCO GÓMEZ (MÉXICO, 1840-1912)

 Velasco no es tan conocido en el extranjero como Rivera y Kahlo”, explica el comisario Daniel Sobrino Ralston, quien, junto con el artista y comisario mexicano Dexter Dalwood, organizó la exposición de Londres 2025. Pero en México, su estatus público es análogo al de, por ejemplo, Constable o Turner en el Reino Unido. Y no era solo un pintor. Velasco fue un auténtico erudito que se involucró con el pensamiento contemporáneo en geología, botánica y zoología, y estos intensos estudios científicos de la topografía local también se reflejan en sus pinturas”. La pintura de paisajes era una forma de comprender otras naciones. ¿Cómo era un país? Velasco nació en un mundo febril en el que México había perdido recientemente las vastas tierras que controlaba en lo que hoy es el suroeste de Estados Unidos y se enfrentaba a incursiones del norte. Huérfano de niño, creció en la pobreza en la Ciudad de México, pero finalmente logró ingresar a la primera escuela de arte del país, donde recibió la influencia de un pintor y maestro italiano. «Si bien su obra temprana se inscribe en la tradición romántica europea», explica Ralston, «lo realmente impresionante es cómo esta cambia. Los prerrequisitos convencionales de la pintura de paisajes se abandonan rápidamente para dar paso a obras mucho más austeras y abstractas».

Fuente: https://www.theguardian.com/artanddesign/2025/mar/17/jose-maria-velasco-paintings-view-mexico-national-gallery-london 

Cardón - OaxacaCereus candelabrum, 1887

Valle de México

Estudio de árboles, 1907

Árbol de la Noche Triste, 1910

Árboles del pirú del Tepeyac, 1905

Popocatépetl e Iztaccihuatl

Información:
https://www.youtube.com/watch?v=uopQdvN7Zmw&t=4s
https://www.youtube.com/watch?v=TMS3nO224zc
https://librosoa.unam.mx/bitstream/handle/123456789/2520/f668d6479fd1e7700698a3a16c83f602.pdf?sequence=3&isAllowed=y

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12 agosto 2026

IGNACIO ABELLA MINA (Vitoria, 1960)
OLMOS, La cultura de un árbol venerable

Sinopsis

Desde tiempo inmemorial, en el centro de la plaza principal de cada pueblo o ciudad, habitaba un árbol gigantesco. A su amparo se celebraban fiestas y reuniones vecinales, convirtiéndose en el símbolo identitario de la gente y el territorio. Aunque casi todos han sucumbido a la urbanización salvaje y la grafiosis, variedades resistentes nos permiten restablecer la figura esencial del árbol central para devolverlo al centro de la vida social y cultural. Podemos rescatar para el futuro aquella auténtica ágora viva que representaban aquellas «Olmas» y la plazas «de La Olma»; para disfrutar los múltiples efectos benéficos que producen los viejos árboles sobre su entorno, generando un microclima saludable y propicio para el encuentro, el acuerdo y el bienestar. En Olmos. La cultura de un árbol venerable, el naturalista Ignacio Abella recoge la memoria de cientos de aquellos árboles tutelares por toda la península ibérica, indagando en sus múltiples dimensiones estética y poética, ecológica, paisajística, histórica, pero, sobre todo, identitaria.
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