08 febrero 2026

REDACCIÓN ALTO JALÓN, enero-26
El chozón de Mochales, un tesoro de piedra y sabina que lucha contra el olvido
Hay construcciones que no fueron pensadas para durar siglos y, sin embargo, siguen en pie, resistiendo al viento, al hielo y al abandono. Son los chozones, refugios humildes levantados con piedra y ramas de sabina, testigos silenciosos de una forma de vida que hoy casi ha desaparecido.
     Uno de ellos se alza en Mochales, integrado de manera única en torno a una gran sabina viva que forma parte de su propia estructura. Allí ha puesto el foco recientemente la Asociación Micorriza, que ha realizado una valoración técnica de su estado para estudiar una posible restauración.
     Rafael Marco, miembro de la asociación, explica que este chozón es singular precisamente por esa sabina monumental que lo envuelve. “Es un ejemplar único, espectacular. Hay muy pocos chozones que integren un árbol vivo dentro de su estructura. No está al lado, forma parte de él”, señala. Esa copa vegetal actúa como una segunda cubierta protectora, junto a la barda tradicional hecha con ramas.
     Durante la entrevista en Alto Jalón Radio, Marco ha aclarado también la confusión terminológica que existe en la zona. Chozón, paridera, paidera, corral de bardas o incluso covacha son nombres distintos para construcciones con un mismo fin: refugiar al ganado en una economía de subsistencia. “El chozón sería la forma más antigua, con cubierta vegetal. La paridera es posterior, ya con tejado de teja”, explica.
     En territorios como la Sierra del Solorio, uno de los sabinares más importantes de Europa, estas edificaciones son especialmente abundantes. Allí, los antiguos ganaderos practicaban una gestión totalmente sostenible del entorno, mucho antes de que el término se popularizara. “Sabían cuánto podían podar, cuánto podían cortar. Todo se aprovechaba: para construir, para rebardar, para protegerse del clima”, apunta Marco.
     El problema llega con el abandono. La mayoría de estos chozones llevan décadas sin uso ni mantenimiento. “Desde los años 70 u 80, como mucho, dejaron de utilizarse. Antes, si había una gotera se arreglaba, si se movía un cabrio se consolidaba. Ahora nadie los cuida”, lamenta. El resultado es un deterioro progresivo: piedras que se caen, pilares que ceden, huecos por donde entran animales salvajes.
     A pesar de ello, el chozón de Mochales todavía podría salvarse. “Mantiene su estructura principal. Con financiación se podría consolidar y recuperar”, asegura. El principal obstáculo es económico. Restaurar uno solo puede costar decenas de miles de euros. Y en la comarca hay cientos. “Estamos hablando de un territorio que no entiende de límites provinciales. El sabinar es el mismo en Guadalajara, Soria o Zaragoza”, recuerda.
     Desde Micorriza defienden el valor histórico, emocional y territorial de estas construcciones. “Lo que se cae en los pueblos no es solo patrimonio, es autoestima y memoria”, afirma Marco. Denuncia además el expolio sufrido durante años: piedras reutilizadas para chalets, troncos de sabina extraídos ilegalmente para construcciones de lujo o incluso para leña.
     Más allá del romanticismo, la asociación plantea nuevos usos que podrían dinamizar el medio rural. Rutas turísticas de chozones, senderismo, cicloturismo o incluso refugios para la observación de estrellas son algunas de las ideas sobre la mesa. “No se pueden restaurar todos, pero sí tener una representación por comarca. Sería un atractivo turístico”, señala.
     El reto ahora es conseguir financiación y respaldo institucional. Mientras tanto, Micorriza sigue trabajando con voluntariado, técnica y compromiso. “Cuando arreglamos un chozón no solo salvamos piedras. Salvamos la historia de quienes vivieron aquí”, concluye Rafael Marco.
De "Caminos de Guadalajara"

 Lo hemos leído aquí 

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05 febrero 2026

No los tratamos como seres vivos, sólo son mobiliario

 NADIA BADÍA, ene-26
“No cayó por viejo: la voz de una arborista ante la caída de un gran árbol en Zaragoza”

Ha vuelto a ocurrir , ha caído otro gran árbol en la ciudad de Zaragoza, concretamente en la Plaza de los Sitios, un lugar muy transitado a diario y en el que en este caso los técnicos del ayuntamiento estaban realizando una inspección, pues el día de Nochebuena cayó uno para sorpresa de todos y afortunadamente no hubo ningún herido.    
     Nos alarmamos cuando vemos un árbol caer en nuestras ciudades  y no es para menos, la caída de un árbol y más de estas características es algo muy preocupante y peligroso; afortunadamente no ha habido daños humanos, en principio han sido materiales, aunque en realidad son varios los daños que nos afectan indirectamente cuando ocurre un hecho como este. 
     Árboles de estas características, de un gran porte y una edad avanzada (en esta plaza tenemos ejemplares que rondan los cien años), nos brindan elevados servicios ecosistémicos, por ejemplo tienen una alta capacidad de absorber el dióxido de carbono muy abundante en esta zona  y nos proporcionan altos niveles de oxígeno. A su vez afectan a nuestras aves, que se quedan sin hogar; son decenas las que habitan en ellos utilizando sus ramas como soporte para instalar sus nidos.
      Lamentablemente un gran porcentaje de la población solo se acuerda de nuestros árboles cuando ocurre un hecho como este, sin tenerlos en cuenta a diario, cuando están sanos y fuertes y luchando por sobrevivir en las ciudades, en las que a menudo sufren maltratos por parte de la población.
     A diario tienen que absorber los pipís de los perros que hacen sus necesidades sobre ellos, algo que no los beneficia en absoluto, y también tienen que soportar que sus alcorques sean utilizados de cenicero. Pocos son, entre los miles de árboles que hay, los que se libran de ello; cambiando estos dos hábitos ya les ayudaríamos muchísimo.
     He leído en diversas comunicaciones que este árbol ya era viejo y por eso ha podido caerse, nada más lejos de la realidad. Este árbol estaba sano y el único gran problema que ha tenido es la falta de espacio para desarrollar sus raíces. Un terreno asfaltado y adoquinado, y con el añadido de que en los últimos años ha tenido que soportar diversas obras con sus consecuentes daños a las raíces y a su estructura.
     Un árbol no se cae por viejo, no olvidemos que tenemos ejemplares de hasta 300 años no muy lejos de nuestra capital. «Este árbol se ha caído porque ya no podía sostenerse».   
     
Con este artículo no quiero dar más que mi opinión como arborista y conseguir que los que todavía no lo hagáis comencéis a mirar a los árboles de otra manera, mirarlos como lo que son: seres vivos que habitan entre nosotros y gracias a los que podemos tener una mejor calidad de vida en nuestras ciudades.

“Ojalá que entre todos seamos capaces de mirarlos con más respeto, cuidarlos con más conciencia y brindarles, por fin, el lugar y la dignidad que merecen.

Naroa Badía: Arborista por vocación.
Defensora del arbolado por necesidad.

Fotografías realizadas (la primera por el Heraldo de Aragón, la segunda por una servidora)

Lo hemos leído aquí

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03 febrero 2026

MIRTA AGUIRRE (Cuba, 1912-1980)
Sin fin


De la semilla el naranjo

del naranjo el azahar,
del azahar la naranja.

Y otra vez a comenzar.

En semilla está el naranjo
en naranjo está azahar,
en azahar la naranja
y en naranja —¡maravilla!—
la semilla
de sembrar.

¿Quieres que vuelva a empezar?
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31 enero 2026

ROSA M. TRISTÁN, en la Vanguardia oct-2024
Casi el 40% de las especies de árboles del planeta están amenazadas de extinción 

Un informe señala como motivos la deforestación, las especies invasoras, la expansión de la agricultura y la ganadería, las plagas o enfermedades y las sequías y tormentas más intensas producto del cambio climático

La mayor proporción de especies de árboles amenazadas están en islas,

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Un 38% de las especies de árboles de todo el planeta están en riesgo de extinción. Así lo revela la primera evaluación global sobre esta parte de la vida terrestre realizada por la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN). En total, según UICN, al menos 16.425 de las 47.282 especies que han evaluado están amenazadas de desaparición, siendo ya más del 25% de toda la Lista Roja de especies amenazadas conocidas. Es más, los árboles el peligro duplican en número al de todas las aves, mamíferos, reptiles y anfibios que figuran en la lista y es una situación que se extiende por 192 de los 195 países reconocidos en el mundo.
     Grethel Aguilar, directora general de la UICN, señala en un comunicado que esta Lista Roja de los árboles, en la que han participado más de mil especialistas, quiere ser “una herramienta única que guíe la acción para revertir el deterioro de la naturaleza”. También servirá identificar donde se requiere intervenir con más urgencia, como añade la experta botánica Malin Rivers, cuya organización Botanic Gardens Conservation International participa en la realización del listado, que evalúa 163.060 especies de seres vivos. De ese total, según esta actualización, 46.337 están amenazas.

Las plantaciones de árboles no nativos arden con facilidad. Marc Brugat / EP

     La UICN destaca que la mayor proporción de especies de árboles amenazadas están en islas, donde se entrecruzan impactos como la deforestación por el desarrollo urbanístico con la agricultura, las especies invasoras o plagas y enfermedades. Pero, si esto preocupa, no lo hace menos el impacto del cambio climático en los bosques tropicales debido a sequías y tormentas más intensas, sumado a la acción humana. De hecho, en Sudamérica, la región con más biodiversidad de árboles de la Tierra, de los 13.668 evaluados, al menos 3.356 son de especies amenazadas (un 25%), en este caso debido a la expansión de la agricultura y la ganadería. Al menos, señalan, porque muchas especies amazónicas aún no se conocen. “Esperamos que esta aterradora estadística incentive acciones”, reclama Eimear Nic Lughadha, del Real Jardín Botánico de Kew, en Gran Bretaña.
     Esta crisis arbórea, además, genera impactos en cadena: “Más de dos tercios de las especies de aves amenazadas dependen de los bosques, así como millones personas de comunidades indígenas y campesinas”, como recuerda Cleo Cunningham, de Birdlife International. Su pérdida afecta a miles de especies de plantas y hongos, perjudica los ciclos de carbono y agua, deteriora los suelos y hasta deteriora la vida humana: más de 2.000 especies de árboles de la Lista Roja se utilizan para medicinas, alimentos o combustibles.
     A Fernando Valladares, científico del Museo Nacional de Ciencias Naturales que ha investigado sobre bosques, biodiversidad y cambio global, no le ha sorprendido el volumen de especies en riesgo. “En Europa o Norteamérica tenemos la imagen engañosa de que los bosques aumentan, pero en realidad no son bosques auténticos, son plantaciones de árboles no nativos que son interesantes para la industria del papel o la madera, pero que luego arden con facilidad. Los bosques auténticos hoy siguen desapareciendo para plantar palma africana o soja y con ellos se pierde una valiosa biodiversidad esencial para que puedan adaptarse al cambio climático”, señala.
     Entre las soluciones, los investigadores implicados en la Lista Roja de la UICN apuntan a la importancia de proteger y restaurar hábitats que aún están en buen estado o ahora deteriorados, asunto que es uno de los ejes de la cumbre de la biodiversidad, la COP16, que se celebró en Cali (Colombia). También apuestan por conservar ejemplares en bancos de semillas o programas botánicos y promover acciones en las comunidades, destacando los resultados en islas como Cuba, Madagascar o Fiji.
     Para Valladares es importante de distinguir entre la recuperación de un bosque con especies distintas de las plantaciones comerciales o reforestaciones masivas, en las que, comenta, sobreviven pocos ejemplares a largo plazo. “Como solución, la ciencia considera mucho más útil restaurar un pequeño pedazo de bosque degradado que plantar muchos kilómetros de una especie, aunque luzca menos en una foto”, reconoce.
     Cabe recordar que en la Cumbre del Clima de 2021 más de cien países se comprometieron a poner fin a la deforestación en 2030 y que la UE se ha propuesto plantar 3.000 millones de árboles para esa fecha, si bien recientemente aplazó el reglamento que ponía límites a la deforestación importada, incluso de países con especies en esta Lista Roja. De hecho, el proyecto SPOTT de la ONG conservacionista británica ZSL ha revelado que la mayoría de las 100 empresas madereras y de celulosa más importantes del mundo siguen sin cumplir sus compromisos a la hora de informar sobre el origen de la materia prima que utilizan.
Cambio climático. Las aves migratorias, también amenazadas
     En otro capítulo, entre las aves más amenazadas el nuevo informe de UICN destaca cómo ha empeorado la situación de las aves migratorias que viven en las orillas, las limícolas costeras y de humedales: 16 especies han sido reclasificadas con la amenaza más alta, lo que para Martin Harper, director general de BirdLife International, es “un poderoso símbolo de cómo estamos fracasando en la actualidad”.
     Mientras estos datos se hacen públicos, en COP16 se sigue negociando cómo cumplir las 23 metas para preservar la naturaleza aprobadas hace dos años, con qué recursos se va a contar o qué criterios sirven para medir la situación. “Tenemos que aterrizar las metas a las realidades locales y consensuar objetivos de monitoreo para ver si avanzamos. Son muchos temas y de momento se avanza en la parte técnica”, explica desde Cali Alicia Pérez Porro, portavoz en la cumbre de CREAF.
     Coincidiendo con la COP16, se han presentado dos informes que reflejan un escenario complicado. El del Museo de Historia Natural de Londres es contundente: en el 22% de zonas terrestres que hoy tienen protección, la biodiversidad está disminuyendo más rápido que en las no la tienen y en las áreas que son más importantes por sus servicios a los ecosistemas, la bajada es más rápida. Los científicos británicos concluyen que, proteger un 30% de tierra y otro tanto de océano de aquí a cinco años es un gran objetivo, no basta con esa declaración si no hay luego una gestión global efectiva de esos espacios. La investigación de la organización norteamericana Earth Insight se centra en una zona concreta, el tesoro que es el Triángulo del Coral del Pacífico: su informe denuncia cómo está amenazado por proyectos de explotación de yacimientos de gas y petróleo ‘offshore’, que van en aumento, muchos planificados encima de 80 áreas marinas protegidas.

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