"Quién hubiera dicho que estos poemas de otros iban a ser míos, después de todo hay hombres que no fui y sin embargo quise ser, si no por una vida al menos por un rato..." Mario Benedetti.
A los amantes de los árboles,... localización, poesía, cuentos/leyendas, etc.
01 junio 2026
MIRTA AGUIRRE CARRERAS (La Habana, 1912 - 1980) Sin fin
De la semilla el naranjo del naranjo el azahar, del azahar la naranja.
Y otra vez a comenzar.
En semilla está el naranjo en naranjo está azahar, en azahar la naranja y en naranja —¡maravilla!— la semilla de sembrar.
¿Quieres que vuelva a empezar?
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29 mayo 2026
ALICIA ORTEGA y Mª SOLEDAD RUIZ El árbol de los deseos MIRADOR CHIPEQUE TENERIFE: Un cuento infantil inspirado en el gran incendio forestal de Tenerife rinde homenaje a Chipeque
Sinopsis
Tras una excursión escolar, Sara descubre un árbol mágico: El árbol de
los deseos. Dedicará toda su vida a su cuidado y protección, observando
cómo el bosque se enfrenta a adversidades como el cambio climático, la
acción humana e incluso un devastador incendio que amenazará con
destruir todo a su paso. ¿Qué ocurrirá con el árbol de los deseos? ¿Se
logrará salvar la magia que hay en el bosque y asegurar así su legado
para las futuras generaciones? El mundo es un lugar lleno de naturaleza
sorprendente. Hagamos lo posible para que todos podamos disfrutarlo.
Valores implícitos
Un cuento que nos hará reflexionar sobre la importancia de cuidar
nuestro entorno y el impacto del cambio climático. También destaca el
valor de la perseverancia, la responsabilidad y el respeto por la
naturaleza. Además, enseña que creer en nuestros propios deseos y
trabajar por ellos es fundamental para hacer realidad nuestros sueños y
proteger lo que amamos.
Colección: El planeta imaginario Idioma: Castellano ISBN: 979-13-87663-40-7 Páginas: 40 Fecha publicación: 03-03-2025
Este cuento infantil inspirado en el gran incendio forestal de Tenerife que rinde homenaje a Chipeque, se adentra en los Colegios y es noticia de "El Día" de Tenerife
Este es un cuento infantil inspirado en el gran incendio forestal de 2023 acaecido en Tenerife que rinde homenaje a Chipeque. Es un relato que no solo pretende concienciar a los más pequeños de la importancia de cuidar su entorno, sino que además busca animarlos a luchar por sus sueños. Tenerife sufrió en agosto de 2023 el peor incendio de sus últimas cuatro décadas. Las primeras llamas, originadas en Arafo, se extendieron con rapidez por otros once municipios y terminaron arrasando con un 7,25% del total de la superficie insular. Casi dos años después, en la memoria de los canarios aún permanecen grabadas las imágenes de la tragedia, entre las más impactantes, la del emblemático mirador de Chipeque, en Santa Úrsula, destruido por el fuego. Como homenaje a este enclave y con la intención de que la historia no se vuelva a repetir, la joven escritora Alicia Ortega ha creado un cuento infantil en el que su protagonista, Sara, encuentra en Chipeque un árbol de los deseos que tendrá que proteger si quiere que la magia del bosque se mantenga intacta para las próximas generaciones. El cuento El árbol de los deseos recorrerá varios colegios de las Islas para concienciar a los más pequeños de la importancia de cuidar su entorno, del impacto del cambio climático y de la necesidad de respetar la naturaleza. Más allá de los valores medioambientales que pretende inculcar el relato, según su autora, también esconde otra enseñanza: «creer en nuestros propios deseos y trabajar por ellos para proteger lo que amamos y para que nuestros sueños se hagan realidad». El cuento llega al primer cole El CEIP- Los Verodes, en Santa Cruz de Tenerife, fue el primero en enterarse de la existencia de este árbol mágico y su alumnado aprovechó la oportunidad para pedir sus deseos. Conocer a Cristiano Ronaldo, viajar a Japón, ser youtuber o karateka, tener una familia y un perro, trabajar mucho, tener más dinero para comprar comida, revivir a su abuelo o curarse de un cáncer han sido algunas de las peticiones que varios estudiantes han querido compartir con el resto de compañeros. Según la profe Sara, solo quedaban tres árboles de los deseos en todo el mundo y casualmente uno de ellos estaba en Chipeque, rodeado por un inmenso mar de nubes. Ahora, además de estos tres ejemplares mencionados en la ficción, cada estudiante de Los Verodes contará con su propio árbol mágico. Así podrán compartir el aprendizaje de esta lectura con sus padres.
El árbol de los deseos diseñado por el alumnado de Los Verodes / María Pisaca
Durante la actividad, Sara también preguntó a los niños qué solución se les ocurría para evitar que un lugar que conocen se queme y se pierda para siempre. Aunque al principio ni siquiera recordaban lo que pasó en Tenerife en agosto de 2023 –creían que la autora hablaba de la erupción del volcán en La Palma–, los más dicharacheros se atrevieron a responder: «Podría ir, sacar una foto y así lo tendría para siempre en mi móvil», respondió un alumno de segundo curso. Lo cierto es que esta última solución parece más propia de la ficción que de la vida real, un hecho que quizás guarde relación con el amor que estos estudiantes sienten por la lectura. «A mí me encanta, leer es muy importante para descubrir cosas nuevas y también es bueno para el cerebro», apuntó uno de los de los chicos en primera fila. La otra parte del público se decantaba más por otros pasatiempos como la pintura. En este caso, también pudieron conocer cómo María Soledad Ruiz había creado las ilustraciones del libro, es decir, esas imágenes que plasmaban en el papel las ideas de la autora.
Adentrarse en la historia La autora de El árbol de los deseos acudió al colegio el pasado 23 de abril, Día del Libro, para presentar el relato a los más peques. Esta primera actividad inaugura un proyecto que culminará en mayo con una excursión al monte con la que se adentrarán en el mundo de Sara, la protagonista. La directora del centro, Carmen Trujillo, explicó que tienen previsto hacer una salida con las familias al área recreativa Lomo la Jara. «Haremos realidad esta historia de ficción», resaltó. La similitud es tal que incluso contarán con un cuaderno de campo idéntico al que utiliza la protagonista en el relato. Con esta herramienta, los alumnos podrán buscar en el medio natural ejemplos reales de la teoría que han aprendido estas semanas en las aulas. «No puede ser que no conozcamos nuestros montes», defendió. El colegio trabaja aprendizajes basados en cuentos, una técnica con la que han logrado un sello de excelencia en innovación educativa. Durante las próximas tres semanas, el profesorado adaptará el contenido de El árbol de los deseos a cada una de las clases de primaria y, mientras, en infantil trabajarán los fondos marinos. Cuando concluya este trabajo en las aulas será el momento de desplazarse hasta la localización real del libro.
El ejemplo de su autora Para Carmen Trujillo contar con la presencia de la propia autora en el colegio es un «verdadero privilegio» para el alumnado. «Alicia es una joven que, a través de su propia historia, puede enseñar a los chicos que no es tan difícil conseguir una meta; que si lo pueden soñar, también lo pueden conseguir. La publicación de este cuento simboliza su deseo hecho realidad», destacó.
«Quiero que los niños aprendan a valorar su entorno» Como escribiría Cervantes, Alicia Ortega nació en un lugar de la Mancha. La joven autora del cuento El árbol de los deseos llegó a Tenerife justo cuando se produjo el incendio y, como enamorada de la naturaleza, sintió que debía hacer algo para que los más pequeños se acercaran a su entorno y aprendieran a valorarlo como un tesoro preciado. «Yo llegaba al colegio donde trabajo contándole a los niños que sitios había visitado y me daba cuenta de que ellos no los conocían», explica. En su tierra no hay apenas verde, por eso cree que lo valora tanto. «Donde nací dábamos las gracias por tener un parque al que ir, pero lo que hay aquí son auténticas maravillas y deberían protegerse como tal». Por este motivo, ha querido rendir homenaje en su libro a sitios tan representativos como Chipeque, «para que si el día de mañana desaparecen por culpa de cualquier catástrofe puedan ser recordados por siempre». Además de la naturaleza, su otra pasión es la enseñanza. Esta joven de 25 años asegura que es maestra de vocación. «Los niños deben salir a conocer su entorno, no hay mejor manera de que aprendan». Sin embargo, sostiene que muchos ya no salen de excursión con su familia y que, cuando van con los colegios, la mayor parte de las veces no se hace de forma consciente. «Viajando descubrí que necesito la naturaleza en mi vida, me encanta perderme por los colores y olores que esconde el monte y quiero transmitir este sentimiento a los más pequeños», argumenta.
Turismo sostenible En este sentido, quiere destacar una frase que ha convertido en su filosofía: «Mira la vida con ojos de turista para ver belleza donde todos ven rutina». Con esta mentalidad por bandera y sin residencia fija, Ortega viaja con la intención de encontrar su lugar en el mundo. Aunque es consciente de que la idea de turismo en Canarias está muy ligada a la masificación y a un modelo de sol y playa, lo que ella quiere defender es un turismo responsable. «También hago alusión a ese concepto en el cuento e intento trasladarlo a los colegios a través del blog porque sé que la situación actual de las Islas se aleja bastante de esta idea», subraya. El árbol de los deseos no es su única obra, pues tiene más libros infantiles y ensayos. Lo cierto es que la escritora ha estado vinculada a literatura desde sus primeros años de vida. «Siempre he escrito, cuando iba al colegio participaba en concursos de escritura porque me encantaba leer y cambiar las historias para formar las mías propias o para contárselas a otros», recuerda.
LA OLIVERA DE SUAVO, Calaceite, Teruel Mejor Olivo Monumental de España 2026
La Asociación Española de Municipios del Olivo ha seleccionado al ejemplar centenario de la variedad Empeltre y que vegeta en el paraje Barranquet dada su «extraordinaria monumentalidad y armonía estructural». El jurado ha querido destacar igualmente el "enorme valor paisajístico y cultural" que representa esta olivera monumental dentro del territorio del Matarraña, uno de los paisajes olivareros históricos más singulares del nordeste peninsular, así como su gran potencial oleoturístico debido a su proximidad al municipio y a la facilidad de acceso. El alcalde de Calaceite, Juan Miguel Monclús, cuenta que se presentaron al concurso para darle difusión a este emblemático ejemplar. Otro objetivo, además, es que a través del galardón se pueda fomentar todavía más el turismo ligado al sector oleícola en el municipio. «Es un reconocimiento a la labor de todos los agricultores que han querido apostar por este producto. Todavía tenemos ejemplares longevos a los que tenemos que poner en valor», afirma. Actualmente, este olivo ya está incluido en un plan turístico planteado desde Comarca para que quien quiera pueda ir a visitarlo. Algún vecino incluso hace visitas guiadas para conocer a fondo el ejemplar, cuya edad podría superar los 800 años. «Ahora podremos dar un paso más. Que sea mejor olivo monumental es una forma de ponernos en el mapa a nivel nacional», añade Monclús.
11 metros de perímetro La Olivera del Suavo presenta unas dimensiones excepcionales, destacando especialmente su imponente perímetro basal de 11,53 metros y una amplia copa perfectamente equilibrada que supera los 84 m² de superficie. Sobresale particularmente la poderosa arquitectura natural de su tronco, que se bifurca en tres grandes y sanas ramas recias, altas y vigorosas, conformando una silueta escultórica de enorme belleza y personalidad, explican desde AEMO. A pesar de la gran oquedad existente en parte de su tronco, el árbol mantiene un excelente estado sanitario, una copa densa y perfectamente poblada de hoja, productiva, y que transmite una extraordinaria sensación de fuerza, equilibrio y permanencia histórica. Con este reconocimiento, AEMO desea seguir poniendo en valor estos árboles milenarios que representan auténticos monumentos vivos de la civilización mediterránea, guardianes silenciosos de la memoria rural, del paisaje y de la cultura del olivo transmitida durante generaciones. El jurado ha estado formado por Angjelina Belaj, del IFAPA Alameda del Obispo de Córdoba; Raul de la Rosa, del Instituto de Agricultura Sostenible (CSIC); Lucia Corral Caro, de la ETSIAM de la Universidad de Córdoba, y por parte de AEMO, José Mª Penco, que actuó como secretario.
Un impulso para el turismo sostenible en el Matarraña Este reconocimiento supone un magnífico escaparate para Calaceite, reforzando su atractivo turístico más allá de su imponente patrimonio arquitectónico de piedra y sus calles porticadas. La Olivera del Suavo se consolida desde hoy como una parada obligatoria para los amantes de la naturaleza, el senderismo y la fotografía, invitando a pasear con calma entre los campos de secano que caracterizan a esta "Toscana aragonesa". El galardón coincide en el tiempo con el dinamismo que vive el sector oleícola en la provincia, donde iniciativas como el proyecto de Oliete ("Apadrina un olivo") continúan generando empleo y fijando población, demostrando que el olivar centenario es un motor vivo de futuro para el medio rural turolense.
GUILLERMO CARVAJAL Investigadores descubren cómo los robles engañan a sus depredadores retrasando su ciclo de primavera
Un bosque de antiguos robles en la Baja Franconia, Baviera, Alemania. Crédito: Drow69 / Wikimedia Commons
Un estudio internacional publicado en Nature Ecology &
Evolution, demuestra que los robles afectados por orugas del año
anterior modifican su calendario de floración para evitar a sus
depredadores.
El análisis, realizado mediante satélites radar Sentinel-1 sobre 2.400 kilómetros cuadrados de bosque en Baja Franconia (Alemania), revela que esta estrategia pasajera y reversible es más eficaz que la producción de taninos amargos. La primavera en los ecosistemas forestales sigue un guion milenario: los insectos, especialmente las orugas de diversas especies de lepidópteros, eclosionan sincronizados con la aparición de las primeras hojas de los árboles, que en sus estados juveniles son tiernas y ricas en nutrientes. Este fenómeno asegura a los fitófagos una fuente inmediata de alimento y permite que las colonias inicien su desarrollo sin carencias iniciales. Sin embargo, un equipo internacional de investigadores acaba de documentar una respuesta adaptativa en los robles que altera por completo esta ventana ecológica: si un árbol sufre un ataque intenso de orugas durante un año, retrasa su brotación unos tres días en la primavera siguiente. Esta demora fenológica, que podría parecer irrelevante a simple vista, tiene consecuencias devastadoras para los insectos defoliadores. Cuando las orugas emergen de sus puestas, confiando en encontrar las yemas ya abiertas, se topan literalmente con un plato vacío: las hojas permanecen aún plegadas y firmes dentro de los botones florales, inaccesibles para la alimentación inicial.
El efecto de la herbivoría foliar de los insectos sobre la brotación de los árboles y la herbivoría foliar posterior. Crédito: S. Mallick et al. 2026
El equipo de investigación, liderado por el Dr. Soumen Mallick, investigador postdoctoral en el Centro de Biociencias de la Universidad de Würzburg y primer autor del trabajo, cuantificó el efecto de esta estrategia. La demora de tres días basta para reducir masivamente la tasa de supervivencia de las orugas, y el daño por herbivoría en el roble disminuye en un 55%, una cifra que los autores califican de impresionante. El trabajo publica sus conclusiones en la revista Nature Ecology & Evolution y supone un cambio de paradigma en la comprensión del inicio de la primavera en los bosques templados. Hasta ahora, los modelos ecológicos asumían que el despertar de los árboles tras el invierno dependía casi exclusivamente de factores abióticos, principalmente la temperatura ambiente y el fotoperiodo. Los robles, sin embargo, demuestran con esta respuesta que son capaces de integrar información biológica, específicamente el nivel de infestación sufrido en el ciclo anterior, y modular su fenología en consecuencia. Esta estrategia de retraso es para el roble más efectiva que una defensa química, como la producción de taninos amargos en las hojas, explica el Dr. Mallick, ya que sintetizar estos compuestos requiere un gasto energético considerable para el árbol, mientras que la modificación temporal del ritmo de brotación tiene un coste metabólico inferior. Para llegar a estas conclusiones, los investigadores abandonaron los métodos tradicionales de observación terrestre, que exigían el seguimiento manual y paciente de árboles individuales. En su lugar, recurrieron a la teledetección de alta precisión mediante la constelación de satélites Sentinel-1, operada por la Agencia Espacial Europea.
El plato todavía está vacío: una oruga está esperando el brote. Crédito: Sven Finnberg
La ventaja técnica de estos satélites radica en que emplean radar de apertura sintética, lo que les permite obtener datos fiables del estado de las copas de los árboles incluso bajo densas capas de nubes, algo esencial en el clima centroeuropeo. El área de estudio abarcó 2.400 kilómetros cuadrados de la región de Baja Franconia, en el norte de Baviera, y el período analizado comprendió cinco años consecutivos, de 2017 a 2021. Los investigadores procesaron un total de 137.500 observaciones individuales extraídas de las imágenes satelitales. La resolución espacial de los datos fue de 10 por 10 metros por píxel, una escala que corresponde aproximadamente al tamaño de la copa de un roble adulto. De esta forma, el equipo pudo monitorizar de manera independiente la respuesta de 27.500 píxeles distribuidos en 60 zonas boscosas diferentes. El año 2019 resultó especialmente revelador para el estudio, dado que en esa anualidad se produjo en la región un brote masivo del denominado gusano esponjoso (Lymantria dispar), una especie de oruga conocida por su capacidad para defoliar extensiones enteras de robledales. Los sensores radar captaron con precisión qué árboles fueron completamente deshojados y cómo respondieron esos mismos individuos al año siguiente, detalla el profesor Jörg Müller, director de la cátedra de Biología de la Conservación y Ecología Forestal de la Universidad de Würzburg, quien actuó como co-supervisor del estudio. La investigación proporciona así una explicación convincente a un fenómeno que los ecólogos y gestores forestales llevaban años observando sin poder justificar: por qué algunos bosques, en determinadas primaveras, no se vuelven verdes con la rapidez que predicen las temperaturas. Hasta ahora, los modelos computacionales que simulan el estado de la vegetación solían adolecer de imprecisiones porque incorporaban únicamente factores inertes, como las series térmicas, omitiendo las interacciones biológicas dinámicas entre plantas y fitófagos. Esta omisión ha llevado a predicciones erróneas sobre la productividad primaria y la salud del arbolado. Los robles, en definitiva, se encuentran inmersos en un tira y afloja evolutivo de consecuencias cada vez más complejas bajo el escenario del cambio climático. Por un lado, el aumento de las temperaturas invernales y primaverales ejerce una presión selectiva para que los árboles adelanten su brotación, aprovechando una estación de crecimiento más larga.
https://www.youtube.com/watch?v=c9UprJXSVSg&t=3s
Por otro lado, la presión ejercida por los insectos defoliadores, cuyas poblaciones también se ven alteradas por el clima, fuerza a los robles a retrasar la apertura de las yemas para desincronizarse de sus depredadores. La ventaja crucial de la táctica de demora temporal es su carácter transitorio y reversible: como el árbol solo retrasa la brotación si ha sufrido un ataque real en el año precedente, los insectos no pueden desarrollar una adaptación genética permanente a esta defensa. No existe, por tanto, una carrera armamentística evolutiva estable, sino una respuesta plástica que se activa y desactiva según las condiciones. Este juego dinámico es un ejemplo de la alta resiliencia y capacidad de adaptación del bosque en un mundo cambiante, añade el profesor Andreas Prinzing, de la Universidad de Rennes (Francia), también co-supervisor del estudio. El equipo tiene previsto realizar experimentos futuros para desentrañar con mayor precisión los mecanismos moleculares y hormonales que permiten al roble recordar, a lo largo de todo un invierno, la intensidad del ataque de orugas sufrido meses atrás. De momento, la evidencia satelital publicada en Nature Ecology & Evolution demuestra que las encinas centenarias de los bosques franconios no son meros termómetros biológicos, sino estrategistas activos capaces de leer el historial de su propio follaje y decidir, cada primavera, cuándo es seguro desplegar las nuevas hojas.
Cuando en los ochenta se escuchaba esta palabra tan sonora, contundente, rústica... como algarrobo, podíamos pensar en una serie que era popular en la TVE. Uno de los personajes era así: rústico, brutote, pero muy noble, "El Algarrobo".
Lo mismo pensamos al ver un algarrobo de gran envergadura. Es una especie típicamente mediterránea, -Ceratinia siliqua-, de gran rusticidad y resistencia a la sequía, pero es de un desarrollo lento que solo comienza a fructificar después de unos siete a diez años desde su plantación, obteniendo su plena productividad a los quince o veinte años.
Balanza de precisión
Los griegos se percataron de que las semillas del algarrobo eran de gran dureza, longevas, resistentes y, para ellos lo mas importante, muy uniformes, todas pesaban +/- 0,2 gr. por lo que establecieron esta semilla
como unidad de medida o contrapeso en las balanzas de precisión para sustancias valiosas y ligeras (tipo especias, oro o perlas). Esta uniformidad daba seguridad al comprador ya que no se podía trucar como podría suceder con contrapesos de otros componentes. La vaina del fruto del algarrobo (la algarroba) antaño tuvo un papel
crucial en la alimentación del ganado y del hombre, hoy ha perdido mercado frente a
otras formas de nutrición. Cuando leáis E 410 en la etiqueta de un producto, podéis estar seguros de que hay goma extraída de las semillas de
algarrobo. La industria se encargará de revivir el valor nutricional de la algarroba.
Los griegos llamaron a esta vaina alargada del algarrobo como keration, ‘cuernecillo’, precedente de la palabra queratina, la proteína de la que se componen los cuernos, pelos, uñas, etc, de los animales. Y también keration llamaron a las semillas del algarrobo, que terminó por indicar una unidad de medida. Aunque los romanos la llamaron siliqua, los árabes retomaron la raíz griega y la transformaron como qīrāt (ﻘﻴراط) y los castellanos la transformaron en quilate.
Ahora bien, todo cambia cuando hablamos del oro en joyería. Este noble metal es conocido por ser el más dúctil y maleable de todos. Tiene una dureza de 2.5 - 3 en la escala de Mohs, (1-talco 2-yeso 3-calcita 4-fluorita 5-apatita 6-feldespato 7-cuarzo 8-topacio 9-corindón 10-diamante). Esta baja dureza hace que el oro puro se malee con facilidad, por lo que no es buena idea usarlo puro en
joyería. Pero ¿por qué lo seguimos usando para nuestras joyas hoy en día?. Se usa por su belleza, durabilidad, maleabilidad y resistencia a la corrosión. Para subsanar la falta de dureza el oro se mezcla con otros metales en una determinada proporción, una aleación, y ésta indica el % de oro de la mezcla, los quilates de una joya de oro. La aleación mezcla oro puro con metales como la plata, cobre, paladio o níquel para aumentar su dureza, durabilidad y para cambiar su color, creando tonalidades como oro amarillo (plata y cobre), oro blanco (paladio/níquel), oro rosa (cobre) y oro verde (plata). Se utiliza el nº 24 por una antigua cuestión matemática ya que permite numerosos divisores en números enteros, el sistema duodecimal, que ya se empleaba en el antiguo reino de Babilonia.
Las joyas llevan un sello o emblema que indica sus quilates, su pureza: 24 Kilates: 100% oro puro. 18K: 75% oro y 25% de otros metales (18 de 24 partes). 14K: 58,3% oro puro (14 de 24 partes). 10K: 41,7% oro puro (10 de 24 partes).
El cálculo es el siguiente: tomar el número en quilates y dividir por 0,24. Eso da el porcentaje de oro en la joya. Por ejemplo 22/0,24 = 91.7 %
quilates pureza % oro emblema o figura
Para los diamantes u otras piedras preciosas, el número de quilates
indican su peso, aunque el valor de las mismas también depende de factores como
el color, el corte y la claridad.Un
quilate, ya lo hemos dicho, es una unidad de peso, 0,2 gramos. Cada quilate se
divide en 100 "puntos", por lo que un diamante de 0,25 quilates se puede
llamar de 255 puntos. (0,2 g = 1 kilate = 100 puntos)
«Solidus aureus» emitido por Constantino I el Grande.
El nombre científico del algarrobo es Ceratonia siliqua. La primera viene del griego keration (cuerno), siliqua viene a decir vaina en latín y moneda de la época del imperio, de donde procede la palabra sueldo.