11 febrero 2026

JENARO IRITIA, en "eldiariorural"
Los chozones sabineros, una joya a conservar
 
Los chozones sabineros eran utilizados por los pastores para guardar el ganado. Asistimos a la renovación de la techumbre de uno de ellos en el Alto Tajo.

Los estudiosos no se ponen de acuerdo desde cuándo los pastores de cabras y ovejas comenzaron a construir estos apriscos tan naturales para su ganado. Lo cierto es que todavía son bastantes los que se encuentran en zonas casi inaccesibles del Parque Natural del Alto Tajo en Guadalajara. Se sabe que también eran típicos en la provincia de Soria.
     Mimetizados con el medio ambiente, los chozones están construidos con árboles tan robustos como la sabina y paredes de piedra seca. En la mayoría de los casos se escogía una sabina de buen porte y amplio diámetro, que servía como eje de sustento para la estructura del tejado, al igual que la pared de piedra caliza que siempre solía ser como de un metro y medio de alta y casi un metro de ancha. Su forma original era redonda, aunque más tarde se fueron ampliando a otras formas cuadradas y rectangulares, dejando así el recinto sin estorbos para el ganado. Incluso existían y todavía perduran algunos chozones que disponían de corral.
     Una vez formada la pared circunvalando la sabina, esta se podaba y con fuertes ramas y las de otras se iban colocando sobre las podadas del árbol principal, intentando coger la mayor inclinación posible para que cuando lloviese resbalara el agua y no entrara ni una gota en el interior. Colocados los ramones o cabrios que iban a servir para construir la cubierta, la siguiente tarea consistía en ir tapando todos los huecos comenzando desde abajo con ramas más pequeñas de sabina, conocidas como “bardas”, hasta crear una techumbre hermética que lo mismo servía para evitar el frío que el calor.
     Lo curioso es que no se utilizaban clavos ni cuerdas para sujetar los palos. Todos se engarzaban de la mejor manera posible para aguantar año tras año. La barda se renovaba cada dos o tres años, pues las pequeñas ramas se resecaban y perdían efectividad.

 Lo hemos leído aquí

-----

08 febrero 2026

REDACCIÓN ALTO JALÓN, enero-26
El chozón de Mochales, un tesoro de piedra y sabina que lucha contra el olvido
Hay construcciones que no fueron pensadas para durar siglos y, sin embargo, siguen en pie, resistiendo al viento, al hielo y al abandono. Son los chozones, refugios humildes levantados con piedra y ramas de sabina, testigos silenciosos de una forma de vida que hoy casi ha desaparecido.
     Uno de ellos se alza en Mochales, integrado de manera única en torno a una gran sabina viva que forma parte de su propia estructura. Allí ha puesto el foco recientemente la Asociación Micorriza, que ha realizado una valoración técnica de su estado para estudiar una posible restauración.
     Rafael Marco, miembro de la asociación, explica que este chozón es singular precisamente por esa sabina monumental que lo envuelve. “Es un ejemplar único, espectacular. Hay muy pocos chozones que integren un árbol vivo dentro de su estructura. No está al lado, forma parte de él”, señala. Esa copa vegetal actúa como una segunda cubierta protectora, junto a la barda tradicional hecha con ramas.
     Durante la entrevista en Alto Jalón Radio, Marco ha aclarado también la confusión terminológica que existe en la zona. Chozón, paridera, paidera, corral de bardas o incluso covacha son nombres distintos para construcciones con un mismo fin: refugiar al ganado en una economía de subsistencia. “El chozón sería la forma más antigua, con cubierta vegetal. La paridera es posterior, ya con tejado de teja”, explica.
     En territorios como la Sierra del Solorio, uno de los sabinares más importantes de Europa, estas edificaciones son especialmente abundantes. Allí, los antiguos ganaderos practicaban una gestión totalmente sostenible del entorno, mucho antes de que el término se popularizara. “Sabían cuánto podían podar, cuánto podían cortar. Todo se aprovechaba: para construir, para rebardar, para protegerse del clima”, apunta Marco.
     El problema llega con el abandono. La mayoría de estos chozones llevan décadas sin uso ni mantenimiento. “Desde los años 70 u 80, como mucho, dejaron de utilizarse. Antes, si había una gotera se arreglaba, si se movía un cabrio se consolidaba. Ahora nadie los cuida”, lamenta. El resultado es un deterioro progresivo: piedras que se caen, pilares que ceden, huecos por donde entran animales salvajes.
     A pesar de ello, el chozón de Mochales todavía podría salvarse. “Mantiene su estructura principal. Con financiación se podría consolidar y recuperar”, asegura. El principal obstáculo es económico. Restaurar uno solo puede costar decenas de miles de euros. Y en la comarca hay cientos. “Estamos hablando de un territorio que no entiende de límites provinciales. El sabinar es el mismo en Guadalajara, Soria o Zaragoza”, recuerda.
     Desde Micorriza defienden el valor histórico, emocional y territorial de estas construcciones. “Lo que se cae en los pueblos no es solo patrimonio, es autoestima y memoria”, afirma Marco. Denuncia además el expolio sufrido durante años: piedras reutilizadas para chalets, troncos de sabina extraídos ilegalmente para construcciones de lujo o incluso para leña.
     Más allá del romanticismo, la asociación plantea nuevos usos que podrían dinamizar el medio rural. Rutas turísticas de chozones, senderismo, cicloturismo o incluso refugios para la observación de estrellas son algunas de las ideas sobre la mesa. “No se pueden restaurar todos, pero sí tener una representación por comarca. Sería un atractivo turístico”, señala.
     El reto ahora es conseguir financiación y respaldo institucional. Mientras tanto, Micorriza sigue trabajando con voluntariado, técnica y compromiso. “Cuando arreglamos un chozón no solo salvamos piedras. Salvamos la historia de quienes vivieron aquí”, concluye Rafael Marco.
De "Caminos de Guadalajara"

 Lo hemos leído aquí 

 ----- 

05 febrero 2026

No los tratamos como seres vivos, sólo son mobiliario

 NADIA BADÍA, ene-26
“No cayó por viejo: la voz de una arborista ante la caída de un gran árbol en Zaragoza”

Ha vuelto a ocurrir , ha caído otro gran árbol en la ciudad de Zaragoza, concretamente en la Plaza de los Sitios, un lugar muy transitado a diario y en el que en este caso los técnicos del ayuntamiento estaban realizando una inspección, pues el día de Nochebuena cayó uno para sorpresa de todos y afortunadamente no hubo ningún herido.    
     Nos alarmamos cuando vemos un árbol caer en nuestras ciudades  y no es para menos, la caída de un árbol y más de estas características es algo muy preocupante y peligroso; afortunadamente no ha habido daños humanos, en principio han sido materiales, aunque en realidad son varios los daños que nos afectan indirectamente cuando ocurre un hecho como este. 
     Árboles de estas características, de un gran porte y una edad avanzada (en esta plaza tenemos ejemplares que rondan los cien años), nos brindan elevados servicios ecosistémicos, por ejemplo tienen una alta capacidad de absorber el dióxido de carbono muy abundante en esta zona  y nos proporcionan altos niveles de oxígeno. A su vez afectan a nuestras aves, que se quedan sin hogar; son decenas las que habitan en ellos utilizando sus ramas como soporte para instalar sus nidos.
      Lamentablemente un gran porcentaje de la población solo se acuerda de nuestros árboles cuando ocurre un hecho como este, sin tenerlos en cuenta a diario, cuando están sanos y fuertes y luchando por sobrevivir en las ciudades, en las que a menudo sufren maltratos por parte de la población.
     A diario tienen que absorber los pipís de los perros que hacen sus necesidades sobre ellos, algo que no los beneficia en absoluto, y también tienen que soportar que sus alcorques sean utilizados de cenicero. Pocos son, entre los miles de árboles que hay, los que se libran de ello; cambiando estos dos hábitos ya les ayudaríamos muchísimo.
     He leído en diversas comunicaciones que este árbol ya era viejo y por eso ha podido caerse, nada más lejos de la realidad. Este árbol estaba sano y el único gran problema que ha tenido es la falta de espacio para desarrollar sus raíces. Un terreno asfaltado y adoquinado, y con el añadido de que en los últimos años ha tenido que soportar diversas obras con sus consecuentes daños a las raíces y a su estructura.
     Un árbol no se cae por viejo, no olvidemos que tenemos ejemplares de hasta 300 años no muy lejos de nuestra capital. «Este árbol se ha caído porque ya no podía sostenerse».   
     
Con este artículo no quiero dar más que mi opinión como arborista y conseguir que los que todavía no lo hagáis comencéis a mirar a los árboles de otra manera, mirarlos como lo que son: seres vivos que habitan entre nosotros y gracias a los que podemos tener una mejor calidad de vida en nuestras ciudades.

“Ojalá que entre todos seamos capaces de mirarlos con más respeto, cuidarlos con más conciencia y brindarles, por fin, el lugar y la dignidad que merecen.

Naroa Badía: Arborista por vocación.
Defensora del arbolado por necesidad.

Fotografías realizadas (la primera por el Heraldo de Aragón, la segunda por una servidora)

Lo hemos leído aquí

----- 

03 febrero 2026

MIRTA AGUIRRE (Cuba, 1912-1980)
Sin fin


De la semilla el naranjo

del naranjo el azahar,
del azahar la naranja.

Y otra vez a comenzar.

En semilla está el naranjo
en naranjo está azahar,
en azahar la naranja
y en naranja —¡maravilla!—
la semilla
de sembrar.

¿Quieres que vuelva a empezar?
-----