martes, 14 de septiembre de 2021

Los Dragos Gemelos

JUAN GUZMÁN OJEDA (Ing. téc. forestal)
Los legendarios Dragos Gemelos, dos troncos pero una misma copa 

Dentro del catálogo de los árboles más notables y conocidos del archipiélago no abundan, precisamente, aquellos que cuentan con leyenda popular propia. Entre éstos cabe nombrar al mítico Garoé (El Hierro), al Pino de Casandra (Gran Canaria), al Aderno de los Chorros de Epina (La Gomera) y, cómo no, a los célebres Dragos Gemelos (La Palma).

Escudo de Breña Alta

     Deducir cómo nacen estas fábulas mezcla siempre importantes dosis de fantasía con el saber popular, de anónimas historias orales que se transmiten, deforman y, a su vez, enriquecen. Reservando un pequeño hueco para realidades nunca confirmadas, siempre he pensado que estas historias surgen como respuestas por parte de padres y abuelos, cuando son preguntados por hijos y nietos, respecto a la grandeza de aquellos árboles que atrapan su atención. Esta inquietud infantil, envuelta en historias para conciliar el sueño, al final no sólo se refleja en la cultura, también ha venido a reforzar el valor de la propia flora insular.
     En el caso de los Dragos Gemelos estas respuestas fueron ricas e imaginativas, modelando una historia trágica pero también bella, un mito a la altura de la grandeza de estos individuos. La notoriedad de este conjunto vegetal, así como el arraigo en la cultura insular, llevaron al Ayuntamiento de Breña Alta a incluir este símbolo en la heráldica municipal desde 1990. También durante los primeros años de la democracia, siendo alcalde Gabriel Hernández, se instó al Cabildo Insular para que adquiriera y dignificara el entorno de este “drago de dos patas”.

La bella Urbina
      La leyenda de los Dragos Gemelos se remonta justo a la época previa a la conquista y en la misma participan dos hermanos gemelos, Urunte y Timizara, y una bonita doncella benahorita de nombre Urbina. Ambos hermanos pretendían a la misma mujer, hasta el punto de que los celos les llevaron a disputar su amor en una contienda. La fatalidad se encargó de que no sobreviviera ninguno en el combate y en el mismo lugar donde derramaron su sangre, Urbina, en su inmensa tristeza, plantó dos esquejes de drago para recordarlos eternamente.
     La tradición popular, como recoge César Javier Palacios, también cuenta que estos dragos fueron plantados por una joven enamorada de dos hermanos gemelos, aconsejada por los curanderos locales, con el fin de atraer su atención.

Dos columnas en un minijardín
      Estos ejemplares de Dracaena draco se localizan sobre la coordenada 28º 38` 53 «N y 17º 47´15″W, a 380 metros de altitud, a escasos metros de la carretera LP-301 que parte desde la zona de El Llanito hacia San Isidro, ambos barrios del municipio palmero de Breña Alta. Allí, entre casas de vivos colores, existe un minijardín que parte en forma de pasillo desde la carretera hasta la placita en la que se ubican los dragos. Rodeados por un vallado y un seto de aguacateros e higueras, se erigen estas dos columnas, separadas apenas metro y medio, para fundirse luego en una gigantesca copa.
    Para la gran mayoría de los palmeros estos dragos, al igual que para los tinerfeños el de Icod de los Vinos, tienen una edad milenaria. La Palma es un isla en la que Dracaena draco no se encuentra citada como elemento espontáneo; por otro lado, siguiendo la regla periodo floral-fructificación se le debe atribuir una edad de entre 200 y 250 años. Estos ejemplares fueron plantados tan juntos (quizás por falta de espacio) en la antigua finca Las Gallanías, propiedad de Servando Pérez, que se aprovechaban como forraje animal en sus primeras edades.
     Teniendo en cuenta que la primera ramificación de ambos dragos coincide en altura, parece lógico pensar que resulten coetáneos, siendo incluso posible que provengan de un mismo progenitor. Aun así, a simple vista observamos que el drago situado más al norte presenta un diámetro mayor (próximo a los 4 metros), si bien la altura de la semiesfera de copa, cifrada en 15 metros, es común para ambos. El ensamblaje entre ambas copas es perfectamente simétrico, ocupando con habilidad todos los huecos. El cruzamiento entre ramas se pierde en la infinidad de las mismas, pudiéndose observar también varias ramas rotas, además de innumerables tejidos plisados y soldados entre ambos ejemplares.
     Llama la atención la posición de las últimas ramas, cuya disposición es prácticamente perpendicular al suelo. La corteza presenta un aspecto grueso, parecido a la piel de elefante, si bien el ejemplar situado más al sur tiene una gran parte sin corteza en la cara anterior. No se aprecian huecos internos y las raíces aéreas abundan por doquier.
     El aspecto general de este único elemento vegetal responde a las características de los viejos dragos, con floraciones parciales y anuales que buscan compensar los pesos y que muchas veces no se traducen en división, sino tan sólo en un quiebro de dirección en la rama. Otra característica de los viejos dragos es la superposición y renovación de capas externas, desde arriba hacia abajo.

Buen augurio
      Reuniendo leyenda y ciencia, resultaría harto interesante estudiar la consanguinidad entre ambos ejemplares, realizando para ello una comparativa de ADN. Con ello también se podría estimar el grado de injerto y fusión vegetal.
      Cierto es que los viejos ejemplares de drago sufren mucho la acción de los vientos, siendo normalmente la causa de su destrucción. En este caso, no sólo el cobijo de las casas cercanas sino también el hecho de contar con un apoyo doble, auguran mucha vida y salud para los Dragos Gemelos, al menos tanta como deseara, entre lágrimas y sangre, la bella Urbina.

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viernes, 10 de septiembre de 2021

El gran sugi de Kōchi

TAKAHASHI HIROSHI
El Gran Sugi de la prefectura de Kōchi-Japón

Especie: Sugi (Cryptomeria japonica, familia de las cuprasáceas, subfamilia Taxodiaceae, género Cryptomeria)
Dirección: Santuario sintoísta de Yasaka Jinja, Sugi, Ōtoyo-chō, Nagaoka-gun, Kōchi-ken 789-0311
Perímetro del tronco: 15, 6 m.     Altura: 57 m.      Edad: 3.000 años
Declarado Monumento Natural Nacional Especial
Tamaño ★★★★★        Vigor ★★★         Porte ★★★★        Calidad del ramaje ★★         Majestuosidad ★★★★★

Al hablar del sugi japonés (mal llamado cedro) más grande del país, el ejemplar que más rápidamente acude a la mente  de muchos es, probablemente, el Jōmon Sugi de Yakushima. Lo que no está tan claro es qué árbol ocupaba ese puesto antes del descubrimiento de aquel, en 1966. Si consultamos los viejos documentos, encontraremos el Gran Cedro de Sugi. Al verlo, es fácil entender por qué antiguamente se le consideró el mayor sugi del país. Como árbol exento, es uno de los dos sugis que han obtenido la calificación de Monumento Natural Nacional Especial y no cabe duda que ha disfrutado de una gran fama desde tiempos muy antiguos.
     El lugar donde se alza el Gran Sugi fue en otros tiempos una aldea llamada, precisamente, Ōsugi (en japonés, Gran Sugi). En 1955, debido a una fusión de municipios, Ōsugi pasó a llamarse Ōtoyo, pero el topónimo Ōsugi no desapareció del todo, pues sigue existiendo como nombre de una de las estaciones de la línea de ferrocarril Dosan, que recorre la comarca. La subsistencia del topónimo es buena prueba de que este árbol gigante ha sido algo muy especial y un orgullo para los lugareños. El árbol consta de dos cepas, una al Norte y otra al Sur, de las cuales esta última ha alcanzado un mayor tamaño. Este Gran Sugi del Sur presenta tres grandes raíces tabulares (en forma de tabla) y parece haber engullido en su crecimiento a otro cedro que se alzaba a su lado. El dato más destacable de este árbol es su altura, pues en los registros de la era Shōwa (1926-1989) de la gubernamental Agencia de Cultura se fija en 68 metros. Al parecer, se lo venía considerando el árbol de cualquier especie más alto de Japón.
     Una vez conocida la altura registrada, es difícil resistirse a hacer una medición in situ. En 2001, utilizando un hipsómetro Weise, obtuve 57 metros. Posteriormente, en 2016, utilizando un medidor de distancias de láser, el resultado fue 52 metros. Desgraciadamente, ninguna de estas mediciones se acercan a la 68 metros, pero lo más probable es que el árbol haya perdido parte de su altura debido a los sucesivos tifones que lo han afectado, lo cual puede deducirse del aspecto blanco y muerto que presenta la parte superior de su copa. En cualquier caso, uno se emociona pensando cómo se las ha arreglado este ejemplar para acercarse tanto a los 70 metros, que se consideran el límite de altura para su especie, precisamente en Kōchi, que se considera en Japón un portal de entrada para los tifones.

Árbol nº 042 -----

lunes, 6 de septiembre de 2021

Cuento pampeño

Marta Ballesteros
Leyenda del ombú

En la pampa fértil sembrar maíz es una fiesta. Sobre todo al comienzo de la siembra. Toda la tribu está pendiente de los sembrados. Siempre hay alguien controlando el estado de la tierra y observando cómo depuntan la hojitas de las nuevas plantas. La vida de los habitantes de la aldea gira en torno al plantío. Es en lo primero en lo que piensan cada amanecer y de lo último de lo que hablan cada anochecer.
     Sólo la guerra, que ya era inminente, podría acaparar por completo esa atención que los hombres destinaban al plantío. Sólo la guerra les robará la atención a las plantas. La guerra siempre les robará. Les robará hombres y les robará vidas. Se los llevará a todos. En la toldería* solo quedarán las mujeres y los niños.
     El jefe, antes de irse, le dijo a Ombí, su mujer: Cuida las plantas de maíz. Te dejo a cargo de ellas. Ombí asintió con la cabeza. No abrió la boca porque no era mujer de muchas palabras. Ese gesto, en ella, valía como un juramento. Ombí era hosca hasta con su familia. Le habría gustado poder demostrarles cuánto los quería, ser cariñosa, pero no sabía cómo hacerlo.
     Tampoco sabía que su familia se daba cuenta de sus sentimientos, porque sin hablar, con gestos, se las había arreglado para cobijar a todos bajo su amor. Y de amor se trataba el encargo que le dejó su esposo. De amor a su tribu, para que no sufrieran de hambre nunca jamás. Por eso Ombí se ocuparía del maíz día y noche para que las plantas crecieran sanas.
     Pero una gran sequía les dejó sin agua y sin sombra. Casi todo el maizal se quemó bajo los rayos implacables del sol. Un pequeño rodal sobrevió milagrosamente y Ombí lo cuidaba con su vida. Por más que le decían que se protejiera del sol, Ombí permaneció construyendo pequeñas sombras que protjieran las plantas. La refrescaba hasta con su aliento, las regaba con su propia ración de agua. Incluso les hablaba. Les contaba a las plantas lo que nunca le ha dicho a nadie... de sus sentimientos, sus sueños, de la necesidad que tenía la tribu de alimento, de la desesperación por no tener noticias de su marido. Su alma maternal se ensanchaba, para cubrirlas más y más.
     Un fuerte viento comenzó a soplar y se llevó por delante los sombrajos. La plantitas se doblaban hasta tocar el suelo. Ombí se agarró a la tierra para no apartarse de las plantas permaneciendo así durante días. Y así la encontraron los indios, transformada en una hierba gigante que protegía las plantas y que se confundía con un árbol. El cabello enmarañado se había transformado en una gran copa protectora, silenciosa, pero diciéndolo todo con su gesto de amparo.
     Cuando el jefe regresó, el maíz ya estaba crecido, pero a él no le importó. Fue a llorar a la sombra de su amada. Fue a decirle lo que él tampoco nunca le dijo. Y comprendió que no hacía falta decir nada más.

  *Toldería:
Conjunto de toldos o viviendas rústicas que levantaban los grupos indígenas.

                                                                                     ---Fin---
Versión de Teresa Villafañe Casal

Umbí, la esposa del jefe de una tribu, ha conseguido que los indios cultiven la tierra. El verdor auspicioso de las plantas de maíz anunciaba la cosecha. Pero el deseo de lucha privó en los hombres, y un día dejaron sus campos y se fueron a pelear.
     Umbí quedó encargada del campo cultivado. Ella debía cuidarlo para que las mujeres y los niños no padecieran hambre.
     La luna llena anuncia con síntomas infalibles una terrible sequía. Umbí comprende lo difícil que será cumplir su misión.
     Día a día las plantas de maíz van perdiendo su lozanía. Una a una caen vencidas. Pero Umbí está dispuesta a no cejar. Con la energía y la resistencia de que sólo las madres son capaces, decide salvar los granos necesarios para volver a sembrar.
     De pie frente a las plantas que quedan vivas, trata de darles sombra con su cuerpo y las humedece con sus lágrimas. Desafía a Gúneche, dios que le manda, que le mande la sequía. Resiste desesperadamente la heroica mujer, pero su agotamiento es visible. – El Gúneche, al fin, ante el sacrificio sublie de la leal esposa, de la madre que lucha por sus hijos, por su tribu resuelve ayudarla en su obra. Pero no envía la lluvia que tanto ansía, sino que transforma a Umbí en un árbol, en una hierba gigante, que con su sombra consigue salvar una planta de maíz que dará los granos para la próxima cosecha.
     Cuando regresaron los indios, el jefe vislumbró, a través del tronco retorcido y rugoso, la lucha que tuvo que sostener su leal Umbí.
     Desesperado, se abrazó al árbol, y la sombra de éste lo cobijó, como en un último esfuerzo de la noble india para ser útil a su esposo, a sus hijos, a su tribu.

---Fin---

viernes, 3 de septiembre de 2021

La magnolia de la Casa Rivero - Magnolias acodadas (y II), del narrador de historias

TOMÁS CASAL PITA
Magnolias acodadas (y II)
 
En algún momento del siglo XIX que no he podido precisar, de la Magnolia grandiflora de Xubia se hizo un acodo, para llevarlo a otra casa de sus propietarios. Como curiosidad puedo decir que el sobrino de la entonces propietaria (y posteriormente su heredero) se casó con la hija de los inquilinos que habitaban en la casa donde estaba la magnolia, así que no sería extraño que ellos mismos, después de mocear bajo el árbol, decidiesen llevarlo a la otra casa a donde fueron a vivir en la década de 1870 y donde nacieron tres de sus cuatro hijos. 
     Una vez arraigado el nuevo árbol, de sus ramas basales se hicieron seis acodos y con ellos una especie de glorieta que funcionaba como merendero-cenador, destinado a celebraciones familiares. La situación del merenero en la parte trasera y elevado sobre la casa (aunque en la foto se ve sólo como una mancha oscura) permitía la contemplación, sin ser vistos, de lo que sucedía en la carretera. Por las numerosas visitas que se recibían en la fábrica (ahora textil, antes de cobre, de armas y de moneda) el lugar debió ser un sitio muy demandado por quienes no acudiesen a los actos, como la visita real de 1900. En la década de 1960, cuando ya los autores habían desaparecido y la casa estaba habitada por nietos y bisnietos, un trabajador, cortó los lazos de unión de cinco de los árboles (...) Uno de los bisnietos, ya fallecido, me contó personalmente el hecho, citando que el mirador-cenador tenía incluso puerta de entrada y salida. 
     El tronco principal medía, la última vez que fue medido, 2,75 m de perímetro, los árboles separados crecieron a su aire, desarrollándose notablemente, no así el adherido a la planta madre, que se quedó menor. 
     Un inédito “Inventario de Árboles Sobresalientes de Galicia (XUNTA DE GALICIA, 1985)”, lo cita así: “Ejemplar interesante por su porte, belleza y edad. Sus propietarios orientaron seis de sus ramas de forma que se constituyeran en acodos, con el objeto de formar una estructura de arcos múltiples. Sin embargo, un error del jardinero hizo que se cortaran las uniones del pie central con los acodos, rompiendo la estructura, que se adivina perfectamente y que habría constituido un conjunto realmente excepcional”. 
     Hoy, tanto la casa como el mirador, llevan años deshabitados y deteriorándose.
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domingo, 29 de agosto de 2021

FERNÁN SILVA VALDÉS (Uruguay, 1887-1975)
Leyenda de la flor de ceibo

Me lo dijo un indio viejo y medio brujo,
que se santiguaba y adoraba al sol:
los ceibos del tiempo en que yo era niño
no lucían flores rojas, como hoy.

Pero una mañana sucedió el milagro
-es algo tan bello que cuesta creer -
con la aurora vimos al ceibal de grana,
cual si por dos lados fuera a amanecer; 

y era que la moza más linda del pago,
esperando al novio, toda la velada,
por entretenerse se había pasado
la hoja de un ceibo por entre los labios.

Entonces los ceibas, como por encanto,
se fueron tiñendo de rojo color ...

Tal lo que me dijo aquel indio viejo
que se santiguaba y adoraba al sol

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miércoles, 25 de agosto de 2021

El pino canario

FENIX GRAN CANARIA
El pino canario


El pino canario es único en su género por contar con estrategias de supervivencia ante perturbaciones extremas, como:

  •  Su capacidad de rebrote y cicatrización tras ser pasto del fuego
  •  Su resistencia y capacidad de colonización
  •  Su adaptación morfológica a condiciones ambientales extremas
     Es el resultado evolutivo de otra especie que se extendía por Eurasia durante el Mioceno (23 - 5,5 millones de años). Durante la glaciación del Pleistoceno encontró refugio en las islas, mientras que en el continente terminaría extinguiéndose.
     Tras su llegada a las islas la colonización fue muy rápida, facilitada principalmente por su capacidad para dispersar las semillas. Los fósiles más antiguos, encontrados en la isla de Gran Canaria, datan de hace 13,5 millones de años, poco tiempo después del surgimiento de la isla.
     El vulcanismo del archipiélago ha tenido un fuerte impacto en su proceso evolutivo, incluso entre diferentes islas. Recientes análisis moleculares han identificado mayor diversidad genética en poblaciones de islas con sustratos provenientes de erupciones volcánicas más recientes.
Este fenómeno podría explicarse por el hecho de que tras cada erupción se extinguía la mayor parte de las poblaciones y la recolonización se producía a partir de aquellos ejemplares más adaptados a estas condiciones extremas.
     Una corteza más gruesa le sirve como aislante ignífugo y la capacidad de emitir nuevos brotes de cepa y epicórmicos (aquellos que crecen de yemas durmientes en la base del tronco o de las ramas) son adaptaciones críticas para la supervivencia.
     La probabilidad de que un territorio pueda ser recolonizado será mayor en la medida que los ejemplares supervivientes tengan una mayor distribución de semillas. Para ello, el pino canario cuenta con semillas con ala que les permiten "volar" a grandes distancias empujadas por el viento.
     La supervivencia de un vegetal en condiciones de sequía extrema estará condicionada por su capacidad para retener agua y continuar fotosintetizando. El pino canario tiene la capacidad de modificar la morfología de su copa, raíces o tejidos para adaptarse a cambios en el entorno.
    Ciertas poblaciones de pino canario sujetas a un ambiente extremo e inestable son únicas. La conservación de estas poblaciones y el conocimiento que rige estas adaptaciones es fundamental para el futuro de nuestro archipiélago.
 
 
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sábado, 21 de agosto de 2021

La araucaria y la cachaña

AGENCIA CyTA-INSTITUTO LELOIR
Una cotorra patagónica es vital para la supervivencia de la araucaria

Una cotorra patagónica es vital para la supervivencia de la araucaria

En lo que podría ser un buen argumento para una fábula, una modesta cotorra patagónica podría estar contribuyendo a la preservación de la majestuosa araucaria, un árbol emblemático de la región que figura como “amenazado” en el catálogo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
     Así lo sugieren científicos de Bariloche, quienes comprobaron que la cachaña o cotorra austral (Enicognathus ferrugineus) estaría “protegiendo” de manera indirecta a los piñones o semillas de la conífera del exceso de recolección humana, sin afectar a su capacidad de germinación.  
     En un estudio que publicaron en la revista “Royal Society Open Science”, los doctores Karina Speziale y Sergio Lambertucci, del Grupo de Investigaciones en Biología de la Conservación, y Marcelo Aizen y Gabriela Gleiser, del Grupo de Polinización del Instituto de Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA), que depende del CONICET y de la Universidad Nacional del Comahue, y colegas de España, observaron que las cotorras consumen los piñones de forma parcial, por lo cual aquellos pierden atractivo para los pobladores de la zona que salen a recogerlos con el propósito de comerlos o alimentar al ganado. “Muchas personas prefieren las semillas intactas y desechan las dañadas”, dijo a la Agencia CyTA-Leloir la primera autora del trabajo, la doctora Speziale.
     Ese deterioro parcial, que aleja a los recolectores, sería providencial. Speziale y sus colegas ya habían mostrado en estudios recientes que la cachaña podía favorecer la dispersión de las semillas y que también podría ayudar a la polinización. Ahora, comprobaron mediante experimentos que los piñones dañados siguen siendo capaces de germinar.

     El hallazgo indica que, gracias a la cotorra, “el bosque de Araucaria tiene mayor chance de mantenerse, generar árboles jóvenes y a mayor distancia del “árbol madre” gracias a la cachaña a pesar de la gran cantidad de semillas que se pierden”, aseguró Speziale, quien agregó que mucha gente recolecta sin permiso en zonas vedadas o lo hace en cantidades mayores a las autorizadas.
     De todos modos, además de la recolección humana, la investigadora puntualizó que existen otras causas que ponen en jaque al árbol: el fuego, la tala, el sobrepastoreo y también es muy importante el consumo de piñones por parte de especies exóticas introducidas en la Patagonia, como el ciervo colorado, el conejo, la liebre y el jabalí.
     Los resultados de los estudios recientes llevados adelante por este grupo resaltan la importancia de la interacción entre un árbol milenario como la araucaria y las cachañas. Del estudio también participaron los doctores Fernando Hiraldo y José Tella, del Departamento de Biología de la Conservación de la Estación Biológica Doñana y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España.

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martes, 17 de agosto de 2021

Federico García Lorca

FEDERICO GARCÍA LORCA (1898-18 de agosto de 1936)
El paisaje es un silencio

El paisaje es un silencio 
Con forma. La tarde muere.
La llanura está amarilla,
Rayada por venas verdes
De los olivares castos
Que en las montañas se pierden.
Manto amarillo reseco
Con los bloques de las mieses.
El cielo piensa amarillo
En un prado pastoril
De tréboles y de hinojos.
Me ayuda a cantar gentil
La ternura verde y seria
De un chopo infantil.

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sábado, 14 de agosto de 2021

El Pino de la Virgen (y2), del narrador de historias

TOMÁS CASAL PITA
El Pino de la Virgen

Estas imágenes son del Pino de la Virgen, localizado en el municipio de El Paso (Ciudad de El Paso, desde el 26/08/1910) en la isla de La Palma, en Canarias.

Foto 1, estado actual. Foto procedente de Monumental Trees

     Está considerado el pino canario (Pinus canariensis) más viejo del mundo y aunque se le estiman unos 800 años, como siempre, hay quien le apunta 1.000. Los primeros datos referentes a él se sitúan en las postrimerías del siglo XV (1492-1493) durante la incorporación de la Isla a la Corona de Castilla. 
     Según las crónicas, uno de los soldados que acompañaban al Adelantado Alonso Fernández de Lugo en la conquista de la isla de La Palma encontró la pequeña imagen de la Virgen entre sus frondosas ramas, de ahí el nombre que se le da a la imagen y al pino. Durante siglos a la sombra de este enorme pino canario (que llegó a tener unos 300 m2 de copa) se ha mantenido la tradición, la devoción, la historia y la cultura de una isla y sus gentes, en torno a un paisaje que ha inspirado a artistas en todas sus facetas, motivando infinidad de relatos y leyendas, y siendo el árbol protagonista de investigaciones y estudios científicos (en sus proximidades también existen otros notables ejemplares de pinos canarios, como los de Fuencaliente, Puntagorda y Garafía). 
     Al pié del árbol fue construida en 1876 una pequeña capilla de mampostería, en el llamado “Paso de la Cumbre”, a iniciativa de la vecina Magdalena Rodríguez Pérez (“Magdalena la del Pino”), convertida desde entonces en ermitaña del lugar. 

Foto 2 de fotosantiguascanarias.org
Foto 3 de fotosantiguascanarias.org

     La construcción de la actual ermita comenzó en 1927 y en agosto de 1930 fue bendecida la imagen de la Virgen que existe en la actualidad, adquirida por cuestación popular. Desde 1955 se celebra con carácter regular la fiesta trienal de la Bajada de la Virgen del Pino, que fue promovida por un grupo de vecinos de la época. Con el paso de los años, la romería ha ganado prestigio y trasciende las fronteras insulares, convirtiéndose en referencia regional y en señal de llamada de paisanos y amigos de La Palma, que acuden durante esos días a El Paso, convertido en referencia de la vocación mariana y la tradición festiva.     

Foto 4 de El Time.es, diciembre de 2014

     El pino fue declarado “Bien de Interés Cultural” en 2014, con categoría de “Sitio Histórico”, pero llevaba años perdiendo vigor y en 2006 ya se le notaba desmejorado. El motivo fue achacado a las obras iniciadas en 2001 en las que se hizo una plaza en la ermita y dejó al árbol semienterrado en un alcorque.
     El Pino de la Virgen tiene actualmente un perímetro de 6,8 metros y una altura aproximada de 32 metros, estando a 910 metros de altura sobre el nivel del mar. En la parte baja del tronco, en el lado opuesto a la ermita, se observa un gran hueco de casi 2 metros de largo por 50 cm de ancho y unos 40 cm de profundidad en el que, probablemente, se guardaba la primera imagen de la Virgen del Pino, y junto al cual se encuentran otros dos huecos más pequeños a modo de hornacinas talladas en la madera.

Foto 5

     En 2008 fue sometido a un tratamiento biológico en la corteza, a un sellado de los huecos del tronco y a un proceso quirúrgico, pero la obra civil, que contempla el levantamiento de parte del pavimento que lo rodea, el agrandamiento del alcorque y la ampliación de la baranda de protección, no se ejecutaron hasta 2018, en el que se despejaron 721 m², de terreno para permitir la filtración del agua de la lluvia (Foto 5). 
     En ese momento se recuperó el suelo de la primitiva capilla (Foto 6). En 2019 fue candidato a “Árbol Europeo del año”. Quizás a
ún sea pronto para saber si la obra llegó a tiempo, pero tengo la esperanza de que así sea.

Foto 6, Ayuntamiento de El Paso

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miércoles, 11 de agosto de 2021

Pino de la Virgen (1), un venerable en La Palma

JUAN GUZMÁN OJEDA (Ing. téc. forestal)
El Pino de la Virgen, un coloso forestal de futuro incierto

La disposición con la que el terreno encara los húmedos vientos alisios influye notablemente sobre la distribución y tipología de las masas boscosas. La orografía de la isla de La Palma, en especial la que forma La Hilera, entre Cumbre Vieja y Cumbre Nueva, oferta un afilado perfil a los alisios. Esta interacción clima-relieve es perfectamente apreciable cuando se viaja a través del sorprendente “túnel del tiempo” que conecta una y otra ladera.
     Al pie del Camino de las Vueltas, el protagonista de este articulo (28º 39´ 47″ N y 17º 50´30″ W) goza de una privilegiada vista del efecto föhen que a menudo sucede sobre la divisoria insular. Resulta casi mágico contemplar cómo las nubes desbordan y se desvanecen a toda velocidad, la cascada brumosa recuerda al humo que desprenden las marmitas de los cuentos de brujas.
    Decidir cuál puede ser el árbol más singular entre aquellos que actualmente entierran sus raíces (y a veces su tronco), en esta tierra canaria no es tarea fácil. De cualquier modo, podemos afirmar que de los clásicos árboles de la Historia de Canarias, dígase el Pino de la Virgen de Teror (Gran Canaria), el Drago del Jardín de Franchy (Tenerife), el til conocido como Garoé (El Hierro) o el propio Pino de la Virgen, sólo este último es hoy contemporáneo.

Envergadura, valor cultural y edad
     Son ya casi 150 años desde que el antropólogo francés René Verneau, gran enamorado de estas islas, describiera al Pino de la Virgen como uno de los ejemplares más hermosos de su especie. Los estudios dendrocronológicos, practicados por especialistas forestales en 1995 y en 2004, arrojan una edad de entre 775 y 825 años. Este ejemplar de Pinus canariensis situado en el municipio palmero de El Paso, destaca, pues, no solo por su envergadura (33 metros de altura y 7 metros de perímetro de tronco) y su valor cultural, sino también por su edad.
     Su leyenda mariana se remonta a la propia conquista de la isla, hace poco más de cinco siglos. Una fácil resta nos indica que durante la conquista de Benahoare rondaba ya los 300 años. Junto a los dos gigantes de Vilaflor (en Tenerife) se trata de seres vivos cuasimilenarios.
     La circunstancia de encontrarse en una tierra fértil, con una elevada capacidad para recibir agua de escorrentía a la vez que de captar agua de bruma, aislado de competencia –como así lo atestigua el desarrollo de grandes ramas bajas– unido a una genética de excelente calidad, ha dado lugar, en casi mil años, a un emblema forestal de gran interés. La importancia de este monumento natural ha sido reconocida recientemente (2014) al ser declarado como Bien de Interés Cultural, siendo el único árbol canario que ostenta tal consideración. El fuerte vínculo religioso lo es a la par forestal: no hay otra virgen en las islas que sujete en sus manos unas acículas de Pinus canariensis, toda vez que el niño porta una piña en su mano derecha.

El grabado de Sabino Berthelot
      De este pino –también conocido localmente como el Pino Santo– hay dibujos y fotografías antiguas. El grabado más conocido es el que realizó el gran naturalista y explorador Sabino Berthelot en el año 1839: en el mismo aparece un inmenso pino con una pequeña cueva labrada en la madera, junto a un candil sostenido en el propio tronco. Al tratarse de un grabado, su aspecto parece recordarnos al árbol actual, pero no resultan fáciles las comparaciones. Las fotografías realizadas cincuenta años después (1890 y 1900) revelan un saludable aspecto conservando todas sus ramas bajas. En estas fotos aparece un pequeño santuario –construido en 1876– muy próximo a la cara oeste del árbol.
     Entre 1927 y 1930 se puede decir que el entorno cambia drásticamente. Durante estos años se desmonta el pequeño oratorio y, a unos 15 metros del pino, se construye la ermita que pasará a cobijar a la virgen. La transformación del lugar ocurre sobre todo porque se procede a nivelar el terreno para crear una plaza, obra que, lamentablemente, obligó a sumergir la base del Pino de la Virgen. La profundidad del enterramiento, mayor por la cara Este, se estima que pudo alcanzar los 2,5 metros. Durante más de 60 años el firme de la plaza fue la propia tierra explanada. Hasta cierto punto, el daño causado al árbol no se puede considerar muy elevado, incluso sería equiparable a una perturbación natural.

Longevidad en peligro
      Es en el año 1994 cuando el entorno vuelve a cambiar: se cubre la plaza con una losa de hormigón (dejando un estrecho alcorque para el árbol), se asfalta la carretera circundante y se construyen baños con fosas sépticas muy cerca de la rizosfera del árbol. Junto a las obras arquitectónicas que rodearon al pino ya enterrado, se sumaron los grandes huecos dejados por la pérdida de las ramas bajas, según se cree, como consecuencia de desgajes y podas mal ejecutadas. Estos huecos han constituido puntos vulnerables para la proliferación de hongos y para la acumulación de agua, tierra e incluso basuras.
      Se cree que la cuevacha (palabra palmera) original que se talló en la madera, situada en la cara Oeste –actualmente a la altura del suelo– quedó completamente cicatrizada, posiblemente engullendo la lámina de latón que la forraba. La rama más baja del árbol, situada también en la cara Oeste, pudo cortarse para la construcción de la primera capilla. La cara Sur del árbol es la que presenta las heridas más largas y profundas, desde el nivel del suelo hasta los huecos de inserción de cuatro grandes ramas. Junto a estas largas fendas, aparecen dos pequeñas cuevachas talladas (quizás para depositar ofrendas o velas). La cara Este, la más enterrada, presenta un amplio espacio con la madera desnuda a nivel del suelo, dato que vendría a confirmar la desaparición de la corteza enterrada y la más que posible infección fúngica.
     La cadena del ciclo del nitrógeno, tan necesaria para el desarrollo radicular, se vio directamente interrumpida por la losa de hormigón. A esta falta de respiración del suelo hay que sumar el peso del enlosado y los lixiviados procedentes del alquitrán del asfaltado, además de las posibles influencias negativas si existiera conexión –más que probable– entre las raíces del pino y las fosas sépticas de los baños. Por su parte, la capacidad para acopiar precipitación vertical también se ha visto mermada.
     El debilitamiento de este ejemplar en los últimos años parece, pues, responder a la acumulación de varias causas, entre las que no hay que desdeñar su propia senilidad. El potencial de recuperación en árboles tan longevos (aunque por su tamaño parezca transmitir gran vigor) resulta en realidad muy reducido, son especímenes vulnerables que cada vez crecen menos.
     Además de los análisis dendrocronológicos, desde el Ayuntamiento del Paso se han impulsado diferentes informes técnicos sobre el estado sanitario del árbol, estudiándose distintas soluciones y medidas de conservación. Gracias al tesón de uno de los mejores amigos que este ser vivo posee, nos referimos a Andrés Carmona (concejal de Cultura), en el año 2009 se inician importantes labores de cirugía arbórea que consistieron, básicamente, en raspar las pudriciones y sellar los huecos.

Devolverle su manto de pinillo
      Creemos que las obras más importantes para seguir favoreciendo la longevidad de este célebre icono deberían dirigirse a la restitución natural de un suelo forestal bajo toda la proyección horizontal, es decir, devolverle su manto de pinillo original. Pensar en desenterrar la parte sumergida del árbol pudiera aparejar daños biomecánicos, por eso lo más aconsejable sería erradicar el hormigón, el asfaltado y eliminar las fosas sépticas. En caso de llevar a cabo estas actuaciones, es difícil aventurar cuantos años más pudiera resistir este vetusto y venerable ejemplar, pero al menos la conciencia colectiva quedaría algo más tranquila, en especial para intentar regresar a este coloso forestal a la salvaje naturaleza de la isla palmera.

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En 2018 se efectuó una regeneración del espacio del pino. Ahora cuenta con un alcorque de 700 , gran acción en espera de la respuesta del árbol.
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