16 febrero 2026

YUNG CHANG - BUSCADORES DE FRUTA
Fruit Hunters (The Nature of Things) Part 1/2

Idioma: Inglés
Esta es una miniserie de dos partes de la CBC sobre buscadores y aficionados a la fruta, un excelente complemento a la película oficial del director Yung Chang. ¿Quien no ha entrado en un mercado y no sentido curiosidad ante las frutas que no son originales del lugar?. "Los cazadores de frutas" es un delicioso viaje a través de selvas, mercados callejeros y huertos en busca de las frutas más exóticas del mundo. Basada en parte en el libro del mismo nombre "Los cazadores de frutas" de Adam Leith Gollner.
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14 febrero 2026

ADAM LEITH GOLLNER
The Fruit Hunters: A Story of Nature, Adventure, Commerce, and Obsession 

Deliciosas, letales, alucinógenas y medicinales, las frutas han llevado a naciones a la guerra, alimentado dictaduras y atraído a personas a nuevos mundos. Una expedición por el fascinante mundo de la fruta, Los Cazadores de Frutas es la cautivadora historia de algunos de los alimentos más deseados de la Tierra.
     Con una prosa brillante, Adam Leith Gollner transporta a los lectores a un mundo al estilo de Willy Wonka, con mangos que saben a piña colada, moras árticas anaranjadas, frutas con sabor a mantequilla de cacahuete y la fruta milagrosa que transforma todo lo ácido en dulce, haciendo que los limones sepan a limonada. Poblado por un elenco de personajes tan variados y extravagantes como la propia fruta —contrabandistas, inventores, exploradores y sibaritas—, este extraordinario libro desvela el misterioso universo de la fruta, desde las selvas de Borneo hasta los preciados huertos de los cazadores de fruta de Florida y los supermercados estadounidenses.
     Gollner examina las frutas que comemos y explica por qué las comemos (las razones científicas, económicas y estéticas). Este libro recorre el ciclo de vida de las frutas producidas en masa (cómo se crean, cultivan y comercializan) y explora el submundo de las frutas inaccesibles, ignoradas e incluso prohibidas en Occidente. Adam Leith Gollner, periodista intrépido y agudo observador de la naturaleza —tanto humana como botánica—, ha escrito un relato apasionante sobre la obsesión por la horticultura.

Idioma: Inglés-2008

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11 febrero 2026

JENARO IRITIA, en "eldiariorural"
Los chozones sabineros, una joya a conservar
 
Los chozones sabineros eran utilizados por los pastores para guardar el ganado. Asistimos a la renovación de la techumbre de uno de ellos en el Alto Tajo.

Los estudiosos no se ponen de acuerdo desde cuándo los pastores de cabras y ovejas comenzaron a construir estos apriscos tan naturales para su ganado. Lo cierto es que todavía son bastantes los que se encuentran en zonas casi inaccesibles del Parque Natural del Alto Tajo en Guadalajara. Se sabe que también eran típicos en la provincia de Soria.
     Mimetizados con el medio ambiente, los chozones están construidos con árboles tan robustos como la sabina y paredes de piedra seca. En la mayoría de los casos se escogía una sabina de buen porte y amplio diámetro, que servía como eje de sustento para la estructura del tejado, al igual que la pared de piedra caliza que siempre solía ser como de un metro y medio de alta y casi un metro de ancha. Su forma original era redonda, aunque más tarde se fueron ampliando a otras formas cuadradas y rectangulares, dejando así el recinto sin estorbos para el ganado. Incluso existían y todavía perduran algunos chozones que disponían de corral.
     Una vez formada la pared circunvalando la sabina, esta se podaba y con fuertes ramas y las de otras se iban colocando sobre las podadas del árbol principal, intentando coger la mayor inclinación posible para que cuando lloviese resbalara el agua y no entrara ni una gota en el interior. Colocados los ramones o cabrios que iban a servir para construir la cubierta, la siguiente tarea consistía en ir tapando todos los huecos comenzando desde abajo con ramas más pequeñas de sabina, conocidas como “bardas”, hasta crear una techumbre hermética que lo mismo servía para evitar el frío que el calor.
     Lo curioso es que no se utilizaban clavos ni cuerdas para sujetar los palos. Todos se engarzaban de la mejor manera posible para aguantar año tras año. La barda se renovaba cada dos o tres años, pues las pequeñas ramas se resecaban y perdían efectividad.

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08 febrero 2026

REDACCIÓN ALTO JALÓN, enero-26
El chozón de Mochales, un tesoro de piedra y sabina que lucha contra el olvido
Hay construcciones que no fueron pensadas para durar siglos y, sin embargo, siguen en pie, resistiendo al viento, al hielo y al abandono. Son los chozones, refugios humildes levantados con piedra y ramas de sabina, testigos silenciosos de una forma de vida que hoy casi ha desaparecido.
     Uno de ellos se alza en Mochales, integrado de manera única en torno a una gran sabina viva que forma parte de su propia estructura. Allí ha puesto el foco recientemente la Asociación Micorriza, que ha realizado una valoración técnica de su estado para estudiar una posible restauración.
     Rafael Marco, miembro de la asociación, explica que este chozón es singular precisamente por esa sabina monumental que lo envuelve. “Es un ejemplar único, espectacular. Hay muy pocos chozones que integren un árbol vivo dentro de su estructura. No está al lado, forma parte de él”, señala. Esa copa vegetal actúa como una segunda cubierta protectora, junto a la barda tradicional hecha con ramas.
     Durante la entrevista en Alto Jalón Radio, Marco ha aclarado también la confusión terminológica que existe en la zona. Chozón, paridera, paidera, corral de bardas o incluso covacha son nombres distintos para construcciones con un mismo fin: refugiar al ganado en una economía de subsistencia. “El chozón sería la forma más antigua, con cubierta vegetal. La paridera es posterior, ya con tejado de teja”, explica.
     En territorios como la Sierra del Solorio, uno de los sabinares más importantes de Europa, estas edificaciones son especialmente abundantes. Allí, los antiguos ganaderos practicaban una gestión totalmente sostenible del entorno, mucho antes de que el término se popularizara. “Sabían cuánto podían podar, cuánto podían cortar. Todo se aprovechaba: para construir, para rebardar, para protegerse del clima”, apunta Marco.
     El problema llega con el abandono. La mayoría de estos chozones llevan décadas sin uso ni mantenimiento. “Desde los años 70 u 80, como mucho, dejaron de utilizarse. Antes, si había una gotera se arreglaba, si se movía un cabrio se consolidaba. Ahora nadie los cuida”, lamenta. El resultado es un deterioro progresivo: piedras que se caen, pilares que ceden, huecos por donde entran animales salvajes.
     A pesar de ello, el chozón de Mochales todavía podría salvarse. “Mantiene su estructura principal. Con financiación se podría consolidar y recuperar”, asegura. El principal obstáculo es económico. Restaurar uno solo puede costar decenas de miles de euros. Y en la comarca hay cientos. “Estamos hablando de un territorio que no entiende de límites provinciales. El sabinar es el mismo en Guadalajara, Soria o Zaragoza”, recuerda.
     Desde Micorriza defienden el valor histórico, emocional y territorial de estas construcciones. “Lo que se cae en los pueblos no es solo patrimonio, es autoestima y memoria”, afirma Marco. Denuncia además el expolio sufrido durante años: piedras reutilizadas para chalets, troncos de sabina extraídos ilegalmente para construcciones de lujo o incluso para leña.
     Más allá del romanticismo, la asociación plantea nuevos usos que podrían dinamizar el medio rural. Rutas turísticas de chozones, senderismo, cicloturismo o incluso refugios para la observación de estrellas son algunas de las ideas sobre la mesa. “No se pueden restaurar todos, pero sí tener una representación por comarca. Sería un atractivo turístico”, señala.
     El reto ahora es conseguir financiación y respaldo institucional. Mientras tanto, Micorriza sigue trabajando con voluntariado, técnica y compromiso. “Cuando arreglamos un chozón no solo salvamos piedras. Salvamos la historia de quienes vivieron aquí”, concluye Rafael Marco.
De "Caminos de Guadalajara"

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