"Quién hubiera dicho que estos poemas de otros iban a ser míos, después de todo hay hombres que no fui y sin embargo quise ser, si no por una vida al menos por un rato..." Mario Benedetti.
A los amantes de los árboles,... localización, poesía, cuentos/leyendas, etc.
26 mayo 2026
LA OLIVERA DE SUAVO, Calaceite, Teruel Mejor Olivo Monumental de España 2026
La Asociación Española de Municipios del Olivo ha seleccionado al ejemplar centenario de la variedad Empeltre y que vegeta en el paraje Barranquet dada su «extraordinaria monumentalidad y armonía estructural». El jurado ha querido destacar igualmente el "enorme valor paisajístico y cultural" que representa esta olivera monumental dentro del territorio del Matarraña, uno de los paisajes olivareros históricos más singulares del nordeste peninsular, así como su gran potencial oleoturístico debido a su proximidad al municipio y a la facilidad de acceso. El alcalde de Calaceite, Juan Miguel Monclús, cuenta que se presentaron al concurso para darle difusión a este emblemático ejemplar. Otro objetivo, además, es que a través del galardón se pueda fomentar todavía más el turismo ligado al sector oleícola en el municipio. «Es un reconocimiento a la labor de todos los agricultores que han querido apostar por este producto. Todavía tenemos ejemplares longevos a los que tenemos que poner en valor», afirma. Actualmente, este olivo ya está incluido en un plan turístico planteado desde Comarca para que quien quiera pueda ir a visitarlo. Algún vecino incluso hace visitas guiadas para conocer a fondo el ejemplar, cuya edad podría superar los 800 años. «Ahora podremos dar un paso más. Que sea mejor olivo monumental es una forma de ponernos en el mapa a nivel nacional», añade Monclús.
11 metros de perímetro La Olivera del Suavo presenta unas dimensiones excepcionales, destacando especialmente su imponente perímetro basal de 11,53 metros y una amplia copa perfectamente equilibrada que supera los 84 m² de superficie. Sobresale particularmente la poderosa arquitectura natural de su tronco, que se bifurca en tres grandes y sanas ramas recias, altas y vigorosas, conformando una silueta escultórica de enorme belleza y personalidad, explican desde AEMO. A pesar de la gran oquedad existente en parte de su tronco, el árbol mantiene un excelente estado sanitario, una copa densa y perfectamente poblada de hoja, productiva, y que transmite una extraordinaria sensación de fuerza, equilibrio y permanencia histórica. Con este reconocimiento, AEMO desea seguir poniendo en valor estos árboles milenarios que representan auténticos monumentos vivos de la civilización mediterránea, guardianes silenciosos de la memoria rural, del paisaje y de la cultura del olivo transmitida durante generaciones. El jurado ha estado formado por Angjelina Belaj, del IFAPA Alameda del Obispo de Córdoba; Raul de la Rosa, del Instituto de Agricultura Sostenible (CSIC); Lucia Corral Caro, de la ETSIAM de la Universidad de Córdoba, y por parte de AEMO, José Mª Penco, que actuó como secretario.
Un impulso para el turismo sostenible en el Matarraña Este reconocimiento supone un magnífico escaparate para Calaceite, reforzando su atractivo turístico más allá de su imponente patrimonio arquitectónico de piedra y sus calles porticadas. La Olivera del Suavo se consolida desde hoy como una parada obligatoria para los amantes de la naturaleza, el senderismo y la fotografía, invitando a pasear con calma entre los campos de secano que caracterizan a esta "Toscana aragonesa". El galardón coincide en el tiempo con el dinamismo que vive el sector oleícola en la provincia, donde iniciativas como el proyecto de Oliete ("Apadrina un olivo") continúan generando empleo y fijando población, demostrando que el olivar centenario es un motor vivo de futuro para el medio rural turolense.
GUILLERMO CARVAJAL Investigadores descubren cómo los robles engañan a sus depredadores retrasando su ciclo de primavera
Un bosque de antiguos robles en la Baja Franconia, Baviera, Alemania. Crédito: Drow69 / Wikimedia Commons
Un estudio internacional publicado en Nature Ecology &
Evolution, demuestra que los robles afectados por orugas del año
anterior modifican su calendario de floración para evitar a sus
depredadores.
El análisis, realizado mediante satélites radar Sentinel-1 sobre 2.400 kilómetros cuadrados de bosque en Baja Franconia (Alemania), revela que esta estrategia pasajera y reversible es más eficaz que la producción de taninos amargos. La primavera en los ecosistemas forestales sigue un guion milenario: los insectos, especialmente las orugas de diversas especies de lepidópteros, eclosionan sincronizados con la aparición de las primeras hojas de los árboles, que en sus estados juveniles son tiernas y ricas en nutrientes. Este fenómeno asegura a los fitófagos una fuente inmediata de alimento y permite que las colonias inicien su desarrollo sin carencias iniciales. Sin embargo, un equipo internacional de investigadores acaba de documentar una respuesta adaptativa en los robles que altera por completo esta ventana ecológica: si un árbol sufre un ataque intenso de orugas durante un año, retrasa su brotación unos tres días en la primavera siguiente. Esta demora fenológica, que podría parecer irrelevante a simple vista, tiene consecuencias devastadoras para los insectos defoliadores. Cuando las orugas emergen de sus puestas, confiando en encontrar las yemas ya abiertas, se topan literalmente con un plato vacío: las hojas permanecen aún plegadas y firmes dentro de los botones florales, inaccesibles para la alimentación inicial.
El efecto de la herbivoría foliar de los insectos sobre la brotación de los árboles y la herbivoría foliar posterior. Crédito: S. Mallick et al. 2026
El equipo de investigación, liderado por el Dr. Soumen Mallick, investigador postdoctoral en el Centro de Biociencias de la Universidad de Würzburg y primer autor del trabajo, cuantificó el efecto de esta estrategia. La demora de tres días basta para reducir masivamente la tasa de supervivencia de las orugas, y el daño por herbivoría en el roble disminuye en un 55%, una cifra que los autores califican de impresionante. El trabajo publica sus conclusiones en la revista Nature Ecology & Evolution y supone un cambio de paradigma en la comprensión del inicio de la primavera en los bosques templados. Hasta ahora, los modelos ecológicos asumían que el despertar de los árboles tras el invierno dependía casi exclusivamente de factores abióticos, principalmente la temperatura ambiente y el fotoperiodo. Los robles, sin embargo, demuestran con esta respuesta que son capaces de integrar información biológica, específicamente el nivel de infestación sufrido en el ciclo anterior, y modular su fenología en consecuencia. Esta estrategia de retraso es para el roble más efectiva que una defensa química, como la producción de taninos amargos en las hojas, explica el Dr. Mallick, ya que sintetizar estos compuestos requiere un gasto energético considerable para el árbol, mientras que la modificación temporal del ritmo de brotación tiene un coste metabólico inferior. Para llegar a estas conclusiones, los investigadores abandonaron los métodos tradicionales de observación terrestre, que exigían el seguimiento manual y paciente de árboles individuales. En su lugar, recurrieron a la teledetección de alta precisión mediante la constelación de satélites Sentinel-1, operada por la Agencia Espacial Europea.
El plato todavía está vacío: una oruga está esperando el brote. Crédito: Sven Finnberg
La ventaja técnica de estos satélites radica en que emplean radar de apertura sintética, lo que les permite obtener datos fiables del estado de las copas de los árboles incluso bajo densas capas de nubes, algo esencial en el clima centroeuropeo. El área de estudio abarcó 2.400 kilómetros cuadrados de la región de Baja Franconia, en el norte de Baviera, y el período analizado comprendió cinco años consecutivos, de 2017 a 2021. Los investigadores procesaron un total de 137.500 observaciones individuales extraídas de las imágenes satelitales. La resolución espacial de los datos fue de 10 por 10 metros por píxel, una escala que corresponde aproximadamente al tamaño de la copa de un roble adulto. De esta forma, el equipo pudo monitorizar de manera independiente la respuesta de 27.500 píxeles distribuidos en 60 zonas boscosas diferentes. El año 2019 resultó especialmente revelador para el estudio, dado que en esa anualidad se produjo en la región un brote masivo del denominado gusano esponjoso (Lymantria dispar), una especie de oruga conocida por su capacidad para defoliar extensiones enteras de robledales. Los sensores radar captaron con precisión qué árboles fueron completamente deshojados y cómo respondieron esos mismos individuos al año siguiente, detalla el profesor Jörg Müller, director de la cátedra de Biología de la Conservación y Ecología Forestal de la Universidad de Würzburg, quien actuó como co-supervisor del estudio. La investigación proporciona así una explicación convincente a un fenómeno que los ecólogos y gestores forestales llevaban años observando sin poder justificar: por qué algunos bosques, en determinadas primaveras, no se vuelven verdes con la rapidez que predicen las temperaturas. Hasta ahora, los modelos computacionales que simulan el estado de la vegetación solían adolecer de imprecisiones porque incorporaban únicamente factores inertes, como las series térmicas, omitiendo las interacciones biológicas dinámicas entre plantas y fitófagos. Esta omisión ha llevado a predicciones erróneas sobre la productividad primaria y la salud del arbolado. Los robles, en definitiva, se encuentran inmersos en un tira y afloja evolutivo de consecuencias cada vez más complejas bajo el escenario del cambio climático. Por un lado, el aumento de las temperaturas invernales y primaverales ejerce una presión selectiva para que los árboles adelanten su brotación, aprovechando una estación de crecimiento más larga.
https://www.youtube.com/watch?v=c9UprJXSVSg&t=3s
Por otro lado, la presión ejercida por los insectos defoliadores, cuyas poblaciones también se ven alteradas por el clima, fuerza a los robles a retrasar la apertura de las yemas para desincronizarse de sus depredadores. La ventaja crucial de la táctica de demora temporal es su carácter transitorio y reversible: como el árbol solo retrasa la brotación si ha sufrido un ataque real en el año precedente, los insectos no pueden desarrollar una adaptación genética permanente a esta defensa. No existe, por tanto, una carrera armamentística evolutiva estable, sino una respuesta plástica que se activa y desactiva según las condiciones. Este juego dinámico es un ejemplo de la alta resiliencia y capacidad de adaptación del bosque en un mundo cambiante, añade el profesor Andreas Prinzing, de la Universidad de Rennes (Francia), también co-supervisor del estudio. El equipo tiene previsto realizar experimentos futuros para desentrañar con mayor precisión los mecanismos moleculares y hormonales que permiten al roble recordar, a lo largo de todo un invierno, la intensidad del ataque de orugas sufrido meses atrás. De momento, la evidencia satelital publicada en Nature Ecology & Evolution demuestra que las encinas centenarias de los bosques franconios no son meros termómetros biológicos, sino estrategistas activos capaces de leer el historial de su propio follaje y decidir, cada primavera, cuándo es seguro desplegar las nuevas hojas.
Cuando en los ochenta se escuchaba esta palabra tan sonora, contundente, rústica... como algarrobo, podíamos pensar en una serie que era popular en la TVE. Uno de los personajes era así: rústico, brutote, pero muy noble, "El Algarrobo".
Lo mismo pensamos al ver un algarrobo de gran envergadura. Es una especie típicamente mediterránea, -Ceratinia siliqua-, de gran rusticidad y resistencia a la sequía, pero es de un desarrollo lento que solo comienza a fructificar después de unos siete a diez años desde su plantación, obteniendo su plena productividad a los quince o veinte años.
Balanza de precisión
Los griegos se percataron de que las semillas del algarrobo eran de gran dureza, longevas, resistentes y, para ellos lo mas importante, muy uniformes, todas pesaban +/- 0,2 gr. por lo que establecieron esta semilla
como unidad de medida o contrapeso en las balanzas de precisión para sustancias valiosas y ligeras (tipo especias, oro o perlas). Esta uniformidad daba seguridad al comprador ya que no se podía trucar como podría suceder con contrapesos de otros componentes. La vaina del fruto del algarrobo (la algarroba) antaño tuvo un papel
crucial en la alimentación del ganado y del hombre, hoy ha perdido mercado frente a
otras formas de nutrición. Cuando leáis E 410 en la etiqueta de un producto, podéis estar seguros de que hay goma extraída de las semillas de
algarrobo. La industria se encargará de revivir el valor nutricional de la algarroba.
Los griegos llamaron a esta vaina alargada del algarrobo como keration, ‘cuernecillo’, precedente de la palabra queratina, la proteína de la que se componen los cuernos, pelos, uñas, etc, de los animales. Y también keration llamaron a las semillas del algarrobo, que terminó por indicar una unidad de medida. Aunque los romanos la llamaron siliqua, los árabes retomaron la raíz griega y la transformaron como qīrāt (ﻘﻴراط) y los castellanos la transformaron en quilate.
Ahora bien, todo cambia cuando hablamos del oro en joyería. Este noble metal es conocido por ser el más dúctil y maleable de todos. Tiene una dureza de 2.5 - 3 en la escala de Mohs, (1-talco 2-yeso 3-calcita 4-fluorita 5-apatita 6-feldespato 7-cuarzo 8-topacio 9-corindón 10-diamante). Esta baja dureza hace que el oro puro se malee con facilidad, por lo que no es buena idea usarlo puro en
joyería. Pero ¿por qué lo seguimos usando para nuestras joyas hoy en día?. Se usa por su belleza, durabilidad, maleabilidad y resistencia a la corrosión. Para subsanar la falta de dureza el oro se mezcla con otros metales en una determinada proporción, una aleación, y ésta indica el % de oro de la mezcla, los quilates de una joya de oro. La aleación mezcla oro puro con metales como la plata, cobre, paladio o níquel para aumentar su dureza, durabilidad y para cambiar su color, creando tonalidades como oro amarillo (plata y cobre), oro blanco (paladio/níquel), oro rosa (cobre) y oro verde (plata). Se utiliza el nº 24 por una antigua cuestión matemática ya que permite numerosos divisores en números enteros, el sistema duodecimal, que ya se empleaba en el antiguo reino de Babilonia.
Las joyas llevan un sello o emblema que indica sus quilates, su pureza: 24 Kilates: 100% oro puro. 18K: 75% oro y 25% de otros metales (18 de 24 partes). 14K: 58,3% oro puro (14 de 24 partes). 10K: 41,7% oro puro (10 de 24 partes).
El cálculo es el siguiente: tomar el número en quilates y dividir por 0,24. Eso da el porcentaje de oro en la joya. Por ejemplo 22/0,24 = 91.7 %
quilates pureza % oro emblema o figura
Para los diamantes u otras piedras preciosas, el número de quilates
indican su peso, aunque el valor de las mismas también depende de factores como
el color, el corte y la claridad.Un
quilate, ya lo hemos dicho, es una unidad de peso, 0,2 gramos. Cada quilate se
divide en 100 "puntos", por lo que un diamante de 0,25 quilates se puede
llamar de 255 puntos. (0,2 g = 1 kilate = 100 puntos)
«Solidus aureus» emitido por Constantino I el Grande.
El nombre científico del algarrobo es Ceratonia siliqua. La primera viene del griego keration (cuerno), siliqua viene a decir vaina en latín y moneda de la época del imperio, de donde procede la palabra sueldo.
En diciembre de 2025 se presentó el trabajo de catalogación de los árboles singulares de Lanzarote. En una criba preliminar se documentaron 86 árboles singulares, 78 conjuntos de árboles y dos rodales silvestres. La isla de Lanzarote, a pesar de las dificultades que presenta su clima árido muy escaso de lluvias, presenta, solamente en el Parque Nacional de Timanfaya, un conjunto de 1700 matos*, palabra canaria que se refiere, coloquialmente, a los arbustos leñosos xerófilos, formando matorrales de aulagas y plantas similares en zonas de malpaís o zona volcánica. El biólogo Rafael Paredes nos dice que este patrimonio vegetal está en
constante riesgo debido a la fragilidad del ecosistema local.
En este catálogo habría entrado, sin duda, la Palmera Torcida, (Phoenix canariensis), que se encontraba en la Montaña Negra, en Testeina, (Tías). Esta palmera fue vandalizada el 31 de octubre de 2022. Era uno de los hitos emblemáticos de la isla, sobre todo desde que se dio a conocer en las redes sociales. La policía parece que indagó a fondo pero nunca mas se conoció de los malhechores. Todo el personal oficial y público en general puso en grito en el cielo pero nada mas se supo.
*Matos: En las islas, este término abarca especies arbustivas de tallos ramosos que crecen en saladares (como la aulaga o el incienso), arbustos en general, e incluso se utiliza en Gran Canaria (GC) y Tenerife (Tf) para describir plantas de jardín.
RESERVA DE LA BIOSFERA Inventario preliminar de árboles de Lanzarote
Charla
"Conservar un árbol es mantener viva la memoria del lugar; es proteger las voces, los silencios y las historias que han crecido a su sombra”. Sobre esta convicción se ha elaborado el inventario preliminar de árboles singulares de Lanzarote, un trabajo de investigación sobre los ejemplares más significativos, por sus valores tanto naturales como culturales. Se trata de un primer acercamiento al patrimonio vegetal de la isla gestado durante el 2024, año en el que la fotosíntesis fue brújula del esfuerzo divulgativo de la Reserva de la Biosfera. El proceso de trabajo es una historia de ida y vuelta. Según explica el director del proyecto, el biólogo Rafael Paredes, la habitual recogida de documentación, las salidas de campo y las entrevistas personales se vieron sacudidas por la propuesta alternativa de las colaboradoras, la geógrafa Famara Guadalupe y la oceanógrafa Gara Goñi, de invertir las etapas “para favorecer la conservación desde la identidad y la memoria”. Las conversaciones con hasta 28 personas, como Inés Caraballo Medina —cuya familia es dueña de la higuera de Tremesana, uno de los cien árboles singulares de La Macaronesia, con más de 200 años y localizada en el Parque Nacional de Timanfaya—, vertebran la investigación y refuerzan la presencia transversal de la identidad. El resultado es un trabajo en el que las cuestiones más científicas o técnicas han perdido relevancia frente a aspectos culturales y de arraigo popular, al ser considerados los árboles como patrimonio vegetal comunitario. Una perspectiva que no resta un ápice de rigor al inventario, que contiene información detallada sobre las especies, el porte, el estado de conservación y el entorno de 86 ejemplares singulares, 78 conjuntos y dos rodales silvestres.
En esta página de César-Javier Palacios podéis encontrar unas cuantas fotos de los árboles singulares de Lanzarote
El drago de La Forida. Tiene unos 120 años y más de
seis metros de altura. Se estima que es el drago más viejo de la Isla.
Está rodeado de viñas de malvasía y listán negro. Se ramifica a dos
metros de altura en siete brazos, lo que explica su copa semicircular.
El gomero del Alpende. Tiene más de un siglo de vida y
un ancho de copa de más de treinta metros. Se encuentra en la entrada de
El Islote. Aparece en una película de Werner Herzog. Lo plantaron al
inicio de la primera guerra mundial, como un símbolo de paz y libertad
Higuera de Saramago, foto de CJ Palacios
El árbol de la iglesia de Yaiza. Se trata de un ombú de
seis metros de altura junto a la puerta de la iglesia, con más de 120
años. Es una especie típica de Argentina y parece que fue traído por un
indiano. Muchos vecinos recuerdan al párroco Andrés Hernández
descansando bajo sus ramas.
El drago de La Geria. Tiene algo menos de cien años,
3,7 metros de altura y 5,7 de ancho de copa. No ha crecido demasiado por
la aridez del suelo y porque su tronco ha quedado envuelto en una capa
de rofe. Pertenece a Jacinto López Figueras.
La araucaria del instituto Agustín Espinosa. Tiene unos
70 años y mide 20 metros. Preside el jardín interior casi desde que se
abrió el centro educativo. Es el árbol más alto de Arrecife y puede que
el más antiguo. Lo plantó, junto al resto del jardín, Pedro Medina
Armas, profesor de Ciencias Naturales y farmacéutico.
El tarajal del Faro de Alegranza. Tiene más de setenta
años y tres metros de altura. Dicen de él que es el árbol más solitario,
en medio del Atlántico. No hay otro en todo el islote. Resiste a la
salinidad y a los alisios porque está junto a un aljibe. Fue plantado,
junto a otros que no sobrevivieron, para hacer de pantalla ante el
viento y para aportar sombra.
Higuera de Tremesana. Foto: Rafael Paredes
El listado provisional incluye no solo árboles sino
conjuntos vegetales singulares y rodales silvestres. Se han documentado
166 elementos: 86 singulares, 78 conjuntos de flora cultivada y dos
rodales silvestres en los siete municipios.