09 agosto 2026

EL ÁRBOL DE LAS BOTELLAS AZULES

 

El "árbol de las botellas azules" tiene diversas interpretaciones, siendo la más común una tradición folclórica del sur de Estados Unidos donde se cuelgan botellas de vidrio azul para atrapar espíritus. También se asocia con la práctica espiritual de solarizar agua (botellas de vidrio azul al sol) o con instalaciones artísticas y sostenibles. Esta práctica tiene sus raíces en tradiciones espirituales del África occidental, especialmente entre pueblos como los bakongo, aunque parece ser una tradición que se remonta aún más atrás, al antiguo Egipto, según el experto en jardinería sureña Felder Rushing. Con el tiempo esta costumbre viajó a América en la mente de los esclavos africanos y se integró en el folclore del sur de Estados Unidos, especialmente en estados de Carolina del Sur y Georgia. 
     En el sistema espiritual afroamericano conocido como Hoodoo —una práctica de magia popular con raíces en África occidental— los árboles de botellas se colocan tradicionalmente en el exterior de la casa, en jardines y cerca de la entrada. Hoodoo no es una religión organizada con templos o dogmas formales. Más bien es un sistema de prácticas espirituales y mágicas centradas en la protección, la sanación, la justicia y la influencia espiritual en la vida cotidiana. Según la tradición Hoodoo, este mundo está lleno de espíritus merodeadores malignos, generalmente nocturnos. 
Se creía que estos espíritus malignos vagaban por el campo durante la oscuridad de la noche. Por la noche, si no tienes cuidado, pueden entrar en tu casa causando estragos en tu familia. Sin embargo, estos espíritus malignos están muy interesados en botellas de vidrio brillantes. Si las cuelgas en árboles de tu casa, los espíritus entrarán en las botellas para examinarlas, quedarán atrapados dentro y, por la mañana, cuando salga el sol, serán destruidos en la botella por la luz solar. Si no estás seguro de que la luz del día haya hecho realmente su trabajo, puedes taponar la botella, llevarla al río y tirarla al agua. Un mal espíritu no tiene ninguna posibilidad contra el río porque, según Hoodoo, odian absolutamente el agua.

 

     Y ¿por qué de color azul? Porque el azul -llamado haint blue-  se asocia con el agua y el mundo espiritual en varias tradiciones africanas. Se considera un color protector que confunde o repele a los espíritus. Haint blue es un tono de azul claro (entre azul cielo y azul verdoso) que se usa tradicionalmente en el sur de Estados Unidos como color protector espiritual. El término “haint” viene del inglés dialectal del sur y significa “espíritu” o “fantasma”. El color "haint blue" también se utilizaba en los techos de los porches, en los marcos y ventanas y contraventanas. 

     La mayoría de las personas que tienen "árboles botella" hoy en día están más interesadas en el arte de jardín único que en matar espíritus malignos. De igual forma se utiliza el color azul para decorar los porches, aunque se haya perdido el sentido espiritual de antaño.

Fotos de Pam Penick
https://www.penick.net/digging/?p=36760
https://es.wikipedia.org/wiki/Hoodoo

 ---Fin---

06 agosto 2026

RICHARD ALLEN y KIMBAL BAKER
Australia's remarcable trees

Al leer «Los árboles extraordinarios de Australia», uno experimenta un gran asombro. El hecho de que estas antiguas reliquias, a veces de formas singulares, sean únicas en el paisaje y la historia de Australia genera una sensación de grandeza ante volúmenes tan extraordinarios, la certeza de que es un país con un conjunto de vestigios orgánicos incomparables. 
     Kimbal Baker recorrió más de sesenta mil kilómetros para capturar las impresionantes imágenes. Entre ellos se encuentra el pino Wollemi,  un linaje de 120 millones de años, cuyo descubrimiento en 1994 se describió como el equivalente a encontrar un pequeño dinosaurio vivo en la Tierra. Otro ejemplo es el baobab, un árbol de tronco abultado en la región de Kimberley, en Australia Occidental, que los lugareños utilizan para almacenar agua.
     Cabe destacar que estos árboles también constituyen un vínculo importante con la historia de la humanidad. Como nos informa el autor Richard Allen, el árbol de coolibah en Cooper Creek, Queensland, fue el lugar donde se enterraron las provisiones de los exploradores Burke y Wills. Si bien este libro puede generar sentimientos de satisfacción botánica, también es, sin duda, una celebración de los magníficos árboles y sus historias. Casi es una guía, aunque no de bolsillo, repleta de datos e historias fascinantes, una guía que destaca estos árboles extraordinarios como tesoros nacionales y deben ser tratados como tales.

Idioma: Inglés / Published 01-05-2015 (nueva edición) / ISB   9780522866599 / 272 pag. 

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03 agosto 2026

PABLO NERUDA (Chile, 1904-1973)
Oda al aceite

Cerca del rumoroso
cereal, de las olas
del viento en las avenas,

el olivo

de volumen plateado,
severo en su linaje,
en su torcido
corazón terrestre;
las gráciles
olivas
pulidas
por los dedos
que hicieron
la paloma
y el caracol
marino:
verdes,
innumerables,
purísimos
pezones
de la naturaleza,
y allí
en
los secos
olivares
donde
tan sólo
cielo azul con cigarras,
y tierra dura
existen,
allí
el prodigio,
la cápsula
perfecta
de la oliva
llenando
con sus constelaciones el follaje:
más tarde
las vasijas,
el milagro,
el aceite.

Yo amo
las patrias del aceite,
los olivares
de Chacabuco, en Chile,
en las mañanas
las plumas de platino
forestales
contra las arrugadas
cordilleras
en Anacapri, arriba,
sobre la luz tirrena,
la desesperación de los olivos,
en el mapa de Europa,
España,
cesta negra de aceitunas
espolvoreada por los azahares
como una ráfaga marina.

Aceite,
recóndita y suprema
condición de la olla,
pedestal de perdices,
llave celeste de la mayonesa,
suave y sabroso
sobre las lechugas
y sobrenatural en el infierno
de los arzobispales pejerreyes.
Aceite, en nuestra voz, en
nuestro coro,
con
íntima
suavidad poderosa
cantas;
eres idioma castellano:
hay sílabas de aceite,
hay palabras
útiles y olorosas
como tu fragante materia.
No sólo canta el vino,
también canta el aceite,
vive en nosotros con su luz madura
y entre los bienes de la tierra
aparto,
aceite,
tu inagotable paz, tu esencia verde,
tu colmado tesoro
que desciende
desde los manantiales del olivo.

De: Nuevas odas elementales, 1956

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31 julio 2026

OLIVO DE LA ERA DE LA ZARZA, en Castillo de Locubín, Jaén

Fotos: Antonio García Prats

El Olivo de la Era de la Zarza destaca por su forma y por su edad. Es un ejemplar monumental y emblemático de la Sierra Sur jiennense, de interés cultural, una verdadera joya de la naturaleza y la historia. Se encuentra ubicado en la tranquila localidad de Castillo de Locubín, en la provincia de Jaén, España, junto a la carretera que enlaza Castillo de Locubín con la N-432, en cuyos márgenes crecen juncos (Juncus sp.), tarajes (Tamarix sp.) y chopos (Populus nigra). Se cree que tiene más de 1500 años de antigüedad y ha sido declarado como Árbol Monumental y figura en el inventario de árboles y arboledas singulares de Andalucía, y en el libro correspondiente editado por la Consejería de Medio Ambiente por la Junta de Andalucía.
     Es un portentoso ejemplar con una base de 6 m. que parece proceder de tres pies fusionados que se separan a 40 cm del suelo en diferentes direcciones, con perímetros que alcanzan los 2 m. Las tres potentes ramas crecen: una al norte, otra al sur y la tercera casi vertical. Su copa es amplia e irregular, también muy densa que produce gran cantidad de fruto, siendo un icono del paisaje olivarero de la zona. Se diría que en determinado momento de la historia del árbol, al igual que el olivo de Fuentebuena, el hombre les dejó libertad de crecimiento aumentando considerablemente su tamaño.
     Es uno de esos árboles vive en el paraje de La Meloja, al que los vecinos lo conocen como “el olivo milenario”. No hay placa oficial ni centro de interpretación. Solo un árbol enorme, una finca de labor y la carretera comarcal que pasa a su lado. El resto de la vegetación que se observa en el entorno está constituida únicamente por olivos, de tamaño y edad considerablemente menores a la del descrito.

  • Junto a la carretera del Polígono Industrial, pasado éste, en la Era de la Zarza.
  • Es Árbol Singular por la Junta de Andalucía.
  • Se le ha llegado a coger más de 700 kilos de aceituna.
  • Es de la especie Olea europaea var. europaea.
  • Se desarrolla sobre una peana de 6 metros de contorno, que a 30 centímetros del suelo se divide en tres potentes ramas, de perímetros que rondan los 2 metros y que crecen en diferentes direcciones: una al norte, otra al sur y la tercera es casi vertical..

 ARACTERÍSTICAS MORFOLÓGICAS:
- Altura total: 10,00 m
- Altura del fuste: 0,30 m
- Perímetro (a 0,25 m): 6,00 m
- Perímetro en la base: 9,30 m
- Diámetro de copa: dirección N-S: 15,50 m. Dirección E-W: 13,80 m
- Proyección de la copa: 168,00 m2

COORDENADAS GEOGRÁFICAS:
Latitud 37°31\'36.30"N. Longitud 3°57\'34.57"O

 
Información:
https://www.variedadesdeolivo.com/vivero_planta_de_olivo/433/zarza/
https://www.olearum.es/det_olivos_monumentales.php?id=22&primero=35
http://paisajesdeandaluciaoriental.blogspot.com/2019/12/castillo-de-locubin-y-sus-olivos.html
https://gavin.es/olivo-milenario-de-la-era-de-la-zarza/  
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28 julio 2026

MIGUEL PAZ CABANAS, en "Diario de León" 
El país de los tejos

Tres años después de que los médicos me dijeran que nunca podría volver a subir un monte, decidí probar suerte: acabé derrengado, pero llegué al sitio. Supongo que mereció la pena.

A la salida de Rioscuro, camino de Los Bayos, hay un desvío que te permite internarte en un bosque que, como dictan los cánones, se va haciendo impenetrable. Tiene un prestigio razonable, porque en él se hallan varios de los tejos más antiguos de Europa Occidental. Llegar allí, sin embargo, no es sencillo, pues las indicaciones desaparecen a mitad de trayecto. A partir de ahí puedes extraviarte fácilmente, convertido en un druida loco o en un dominguero enajenado y quejumbroso. Salvo que, como a nosotros, se te aparezca la Virgen.
     La Virgen, en realidad, tenía el aspecto de un minero retirado que lleva por nombre Luis Martínez. Es propietario de un refugio donde ofrece pan, vino y aliento. Es también aficionado al tiro con arco y ha escrito un maravilloso libro de botánica. Si, como era mi caso, detecta que nunca llegarás por tus propios medios, es posible que te acompañe personalmente: creo que hay cientos de personas que han conseguido ver esos árboles milenarios solo gracias a él.
     Es difícil describir ese bosque sin emocionarte profundamente. Es un espacio lento y fabuloso, como aquellos que nombraran en sus sueños los hermanos Grimm: a primera hora de la mañana, hay una luz transparente hecha de pequeños cristales helados; más tarde, esa misma luz hace pensar en muchachas brillando débilmente en medio de la oscuridad. Las cuestas son exigentes y los árboles amenazadores; el corazón se te sale de la boca. Así era para mí, aunque a mi alrededor los demás, bastón en mano, ascendían con soltura. La temperatura bajaba y el terreno se volvía resbaladizo. Súbitamente, sin aviso previo, aparecen los tejos.
     No son muchos, pero su aspecto, tortuoso y formidable, te deja sin palabras. Llevan allí mil años, piensas, y aunque los Rolling Stones no les andan a la zaga, su presencia tiene algo de leyenda murmurada: hombres que combatieron a sus pies, criaturas trasfiguradas, hogueras de llamas pavorosas. Uno de ellos, el más grande, está totalmente hueco y su tamaño te deja meterte en su interior. Cuando alzas los ojos hacia arriba observas un destello que, seguramente, se parece a esa luz que, en el último suspiro, deben ver los moribundos.
     En el corral de mi casa hay plantado un tejo, obsequio de unos amigos por no bañarme antes de tiempo en las aguas del río Leteo. Eso fue hace tiempo. A veces me veo en esa montaña con los pulmones a punto de estallar, las piernas temblando como las de un niño y pienso que mi tumba debería estar al lado de ese tejo que me mira muchas tardes con ironía.

Lo hemos leído aquí 

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