05 febrero 2026

No los tratamos como seres vivos, sólo son mobiliario

 NADIA BADÍA, ene-26
“No cayó por viejo: la voz de una arborista ante la caída de un gran árbol en Zaragoza”

Ha vuelto a ocurrir , ha caído otro gran árbol en la ciudad de Zaragoza, concretamente en la Plaza de los Sitios, un lugar muy transitado a diario y en el que en este caso los técnicos del ayuntamiento estaban realizando una inspección, pues el día de Nochebuena cayó uno para sorpresa de todos y afortunadamente no hubo ningún herido.    
     Nos alarmamos cuando vemos un árbol caer en nuestras ciudades  y no es para menos, la caída de un árbol y más de estas características es algo muy preocupante y peligroso; afortunadamente no ha habido daños humanos, en principio han sido materiales, aunque en realidad son varios los daños que nos afectan indirectamente cuando ocurre un hecho como este. 
     Árboles de estas características, de un gran porte y una edad avanzada (en esta plaza tenemos ejemplares que rondan los cien años), nos brindan elevados servicios ecosistémicos, por ejemplo tienen una alta capacidad de absorber el dióxido de carbono muy abundante en esta zona  y nos proporcionan altos niveles de oxígeno. A su vez afectan a nuestras aves, que se quedan sin hogar; son decenas las que habitan en ellos utilizando sus ramas como soporte para instalar sus nidos.
      Lamentablemente un gran porcentaje de la población solo se acuerda de nuestros árboles cuando ocurre un hecho como este, sin tenerlos en cuenta a diario, cuando están sanos y fuertes y luchando por sobrevivir en las ciudades, en las que a menudo sufren maltratos por parte de la población.
     A diario tienen que absorber los pipís de los perros que hacen sus necesidades sobre ellos, algo que no los beneficia en absoluto, y también tienen que soportar que sus alcorques sean utilizados de cenicero. Pocos son, entre los miles de árboles que hay, los que se libran de ello; cambiando estos dos hábitos ya les ayudaríamos muchísimo.
     He leído en diversas comunicaciones que este árbol ya era viejo y por eso ha podido caerse, nada más lejos de la realidad. Este árbol estaba sano y el único gran problema que ha tenido es la falta de espacio para desarrollar sus raíces. Un terreno asfaltado y adoquinado, y con el añadido de que en los últimos años ha tenido que soportar diversas obras con sus consecuentes daños a las raíces y a su estructura.
     Un árbol no se cae por viejo, no olvidemos que tenemos ejemplares de hasta 300 años no muy lejos de nuestra capital. «Este árbol se ha caído porque ya no podía sostenerse».   
     
Con este artículo no quiero dar más que mi opinión como arborista y conseguir que los que todavía no lo hagáis comencéis a mirar a los árboles de otra manera, mirarlos como lo que son: seres vivos que habitan entre nosotros y gracias a los que podemos tener una mejor calidad de vida en nuestras ciudades.

“Ojalá que entre todos seamos capaces de mirarlos con más respeto, cuidarlos con más conciencia y brindarles, por fin, el lugar y la dignidad que merecen.

Naroa Badía: Arborista por vocación.
Defensora del arbolado por necesidad.

Fotografías realizadas (la primera por el Heraldo de Aragón, la segunda por una servidora)

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03 febrero 2026

MIRTA AGUIRRE (Cuba, 1912-1980)
Sin fin


De la semilla el naranjo

del naranjo el azahar,
del azahar la naranja.

Y otra vez a comenzar.

En semilla está el naranjo
en naranjo está azahar,
en azahar la naranja
y en naranja —¡maravilla!—
la semilla
de sembrar.

¿Quieres que vuelva a empezar?
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31 enero 2026

ROSA M. TRISTÁN, en la Vanguardia oct-2024
Casi el 40% de las especies de árboles del planeta están amenazadas de extinción 

Un informe señala como motivos la deforestación, las especies invasoras, la expansión de la agricultura y la ganadería, las plagas o enfermedades y las sequías y tormentas más intensas producto del cambio climático

La mayor proporción de especies de árboles amenazadas están en islas,

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Un 38% de las especies de árboles de todo el planeta están en riesgo de extinción. Así lo revela la primera evaluación global sobre esta parte de la vida terrestre realizada por la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN). En total, según UICN, al menos 16.425 de las 47.282 especies que han evaluado están amenazadas de desaparición, siendo ya más del 25% de toda la Lista Roja de especies amenazadas conocidas. Es más, los árboles el peligro duplican en número al de todas las aves, mamíferos, reptiles y anfibios que figuran en la lista y es una situación que se extiende por 192 de los 195 países reconocidos en el mundo.
     Grethel Aguilar, directora general de la UICN, señala en un comunicado que esta Lista Roja de los árboles, en la que han participado más de mil especialistas, quiere ser “una herramienta única que guíe la acción para revertir el deterioro de la naturaleza”. También servirá identificar donde se requiere intervenir con más urgencia, como añade la experta botánica Malin Rivers, cuya organización Botanic Gardens Conservation International participa en la realización del listado, que evalúa 163.060 especies de seres vivos. De ese total, según esta actualización, 46.337 están amenazas.

Las plantaciones de árboles no nativos arden con facilidad. Marc Brugat / EP

     La UICN destaca que la mayor proporción de especies de árboles amenazadas están en islas, donde se entrecruzan impactos como la deforestación por el desarrollo urbanístico con la agricultura, las especies invasoras o plagas y enfermedades. Pero, si esto preocupa, no lo hace menos el impacto del cambio climático en los bosques tropicales debido a sequías y tormentas más intensas, sumado a la acción humana. De hecho, en Sudamérica, la región con más biodiversidad de árboles de la Tierra, de los 13.668 evaluados, al menos 3.356 son de especies amenazadas (un 25%), en este caso debido a la expansión de la agricultura y la ganadería. Al menos, señalan, porque muchas especies amazónicas aún no se conocen. “Esperamos que esta aterradora estadística incentive acciones”, reclama Eimear Nic Lughadha, del Real Jardín Botánico de Kew, en Gran Bretaña.
     Esta crisis arbórea, además, genera impactos en cadena: “Más de dos tercios de las especies de aves amenazadas dependen de los bosques, así como millones personas de comunidades indígenas y campesinas”, como recuerda Cleo Cunningham, de Birdlife International. Su pérdida afecta a miles de especies de plantas y hongos, perjudica los ciclos de carbono y agua, deteriora los suelos y hasta deteriora la vida humana: más de 2.000 especies de árboles de la Lista Roja se utilizan para medicinas, alimentos o combustibles.
     A Fernando Valladares, científico del Museo Nacional de Ciencias Naturales que ha investigado sobre bosques, biodiversidad y cambio global, no le ha sorprendido el volumen de especies en riesgo. “En Europa o Norteamérica tenemos la imagen engañosa de que los bosques aumentan, pero en realidad no son bosques auténticos, son plantaciones de árboles no nativos que son interesantes para la industria del papel o la madera, pero que luego arden con facilidad. Los bosques auténticos hoy siguen desapareciendo para plantar palma africana o soja y con ellos se pierde una valiosa biodiversidad esencial para que puedan adaptarse al cambio climático”, señala.
     Entre las soluciones, los investigadores implicados en la Lista Roja de la UICN apuntan a la importancia de proteger y restaurar hábitats que aún están en buen estado o ahora deteriorados, asunto que es uno de los ejes de la cumbre de la biodiversidad, la COP16, que se celebró en Cali (Colombia). También apuestan por conservar ejemplares en bancos de semillas o programas botánicos y promover acciones en las comunidades, destacando los resultados en islas como Cuba, Madagascar o Fiji.
     Para Valladares es importante de distinguir entre la recuperación de un bosque con especies distintas de las plantaciones comerciales o reforestaciones masivas, en las que, comenta, sobreviven pocos ejemplares a largo plazo. “Como solución, la ciencia considera mucho más útil restaurar un pequeño pedazo de bosque degradado que plantar muchos kilómetros de una especie, aunque luzca menos en una foto”, reconoce.
     Cabe recordar que en la Cumbre del Clima de 2021 más de cien países se comprometieron a poner fin a la deforestación en 2030 y que la UE se ha propuesto plantar 3.000 millones de árboles para esa fecha, si bien recientemente aplazó el reglamento que ponía límites a la deforestación importada, incluso de países con especies en esta Lista Roja. De hecho, el proyecto SPOTT de la ONG conservacionista británica ZSL ha revelado que la mayoría de las 100 empresas madereras y de celulosa más importantes del mundo siguen sin cumplir sus compromisos a la hora de informar sobre el origen de la materia prima que utilizan.
Cambio climático. Las aves migratorias, también amenazadas
     En otro capítulo, entre las aves más amenazadas el nuevo informe de UICN destaca cómo ha empeorado la situación de las aves migratorias que viven en las orillas, las limícolas costeras y de humedales: 16 especies han sido reclasificadas con la amenaza más alta, lo que para Martin Harper, director general de BirdLife International, es “un poderoso símbolo de cómo estamos fracasando en la actualidad”.
     Mientras estos datos se hacen públicos, en COP16 se sigue negociando cómo cumplir las 23 metas para preservar la naturaleza aprobadas hace dos años, con qué recursos se va a contar o qué criterios sirven para medir la situación. “Tenemos que aterrizar las metas a las realidades locales y consensuar objetivos de monitoreo para ver si avanzamos. Son muchos temas y de momento se avanza en la parte técnica”, explica desde Cali Alicia Pérez Porro, portavoz en la cumbre de CREAF.
     Coincidiendo con la COP16, se han presentado dos informes que reflejan un escenario complicado. El del Museo de Historia Natural de Londres es contundente: en el 22% de zonas terrestres que hoy tienen protección, la biodiversidad está disminuyendo más rápido que en las no la tienen y en las áreas que son más importantes por sus servicios a los ecosistemas, la bajada es más rápida. Los científicos británicos concluyen que, proteger un 30% de tierra y otro tanto de océano de aquí a cinco años es un gran objetivo, no basta con esa declaración si no hay luego una gestión global efectiva de esos espacios. La investigación de la organización norteamericana Earth Insight se centra en una zona concreta, el tesoro que es el Triángulo del Coral del Pacífico: su informe denuncia cómo está amenazado por proyectos de explotación de yacimientos de gas y petróleo ‘offshore’, que van en aumento, muchos planificados encima de 80 áreas marinas protegidas.

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28 enero 2026

JOSÉ DOMINGO MÉNDEZ, en "EL DÍA", mar-2023
Un cedro de 1.400 años en el Teide, el árbol más viejo de Europa


Un estudio identifica el ejemplar y abre la opción de encontrar otros más viejos en la cima de la Isla

El árbol más viejo de Europa se encuentra en Tenerife, en el Teide. Su edad: 1.481 años. Un estudio de un grupo de investigadores del Instituto Universitario de Gestión Forestal Sostenible de la Universidad de Valladolid, la Universidad Rey Juan Carlos y el Parque Nacional del Teide, publicado en la revista científica Ecology de la Ecological Society of America, ha identificado un cedro canario (Juniperus cedrus) de una prodigiosa antigüedad. «A este ejemplar se le ha aplicado la técnica de radiocarbono y de la misma ha resultado que tiene 1.481 años de edad, de modo que es 400 años más viejo que el árbol que hasta ahora se consideraba como el más antiguo, un pino en Grecia apodado popularmente como Adonis», informó el Cabildo de Tenerife.
     «Hace dos años, en 2019, el Parque Nacional del Teide identificó un ejemplar conocido como El Patriarca como el árbol más antiguo del espacio natural protegido; sin embargo, este nuevo estudio corrobora que existen ejemplares aún más viejos», indicó la consejera de Gestión del Medio Natural y Seguridad del Cabildo, Isabel García. «El Parque Nacional es un gran laboratorio científico en constante funcionamiento, y prueba de ello es este importante análisis que ahonda en la presencia de los cedros canarios en las cumbres de la Isla en un tiempo en que la vegetación pudo haber sido muy diferente a la actual», añadió. En concreto, El Patriarca también es un cedro, aunque de 1.118 años, según los datos que se conocieron tras su descubrimiento.
     Desde el Cabildo detallaron que el acceso a estas poblaciones de Juniperus cedrus, especie nativa de Canarias, «es bastante difícil ya que viven encaramados a roquedos de roca volcánica solo accesibles con técnicas avanzadas de escalada». Y añadieron que los científicos superaron ese reto «gracias a la colaboración de escaladores locales, expertos en trabajos de conservación en zonas acantiladas y coautores del trabajo».
     Wolfredo Wilpret, profesor emérito de Botánica de la Universidad de La Laguna y autoridad en este campo, recordó ayer que el cedro estuvo próximo a la extinción. El motivo principal fue una importante explotación debido a que se obtenía de él una madera «muy noble y no putrecible». La situación cambió con la declaración del Parque Nacional del Teide en 1954, dado que ahí «ya se prohibió hacer cualquier actuación extractiva». Wilpret desconocía este jueves los detalles del estudio realizado en torno al ejemplar ahora localizado, pero sí puso de relieve que el cedro es un endemismo canario y que pertenece a la misma familia de las sabinas.
     La institución insular dio a conocer ayer que los investigadores comprobaron que varios de los ejemplares estudiados sobrepasaban los 1.000 años y que, incluso, uno de ellos tenía 1.481 años de edad. «Varios de los árboles que hemos encontrado sobrepasan holgadamente los 1.000 años, y solo hemos mirado una pequeña parte de lo que hay, lo que nos hace pensar que apenas estamos arañando la superficie de lo que podría ser uno de los reductos más importantes de árboles viejos del planeta», apuntó el investigador Gabriel Sangüesa, uno de los autores del trabajo.



El árbol más viejo de Europa se encuentra refugiado en un recodo de una zona de difícil acceso del Teide.

     Estos árboles ancianos han sido capaces de superar cinco erupciones volcánicas en los últimos 500 años, continuas caídas de rocas y desarrollarse en un clima árido y frío, sin apenas suelo. «Los árboles prosperan mucho mejor en el llano, pero para persistir han tenido que refugiarse en los cortados, ya que la acción del hombre ha sido mucho más devastadora que las de los volcanes», afirmó José Miguel Olano, también investigador de la Universidad de Valladolid en Soria y coautor del trabajo.
     «Estos árboles no son solo viejos, sino que, además, junto a las medidas de conservación y protección derivadas de la creación del Parque Nacional, están recolonizando los llanos de los que fueron expulsados. El fruto de los cedros se dispersa por la acción de aves, por lo que los ejemplares que sobrevivieron en las zonas más abruptas están permitiendo recuperar los antiguos bosques de cedros del parque», aseveró José Luis Martín Esquivel, coautor del trabajo y biólogo conservador del Parque Nacional del Teide.

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