04 noviembre 2026

EL SICOMORO 
Cuento judío

Pinchow era una pequeña ciudad polaca de casas oscuras y callejuelas estrechas, la mayoría de las cuales daban a la plaza de la ciudad. La gente se reunía en la plaza al acabar el trabajo, para contarse historias de su vida y murmurar de los vecinos. Los habitantes de Pinchow eran pobres y por mucho que se esforzaran en trabajar amasando pan, reparando el calzado, cosiendo ropa y cortando la carne, nunca tenían suficiente comida en la mesa cuando se sentaban a cenar.

En la ciudad vivía un zapartero llamado Hershel, un maestro en su oficio. Si hubiera podido se habría pasado el día haciendo zapatos nuevos. Pero en un lugar donde la gente estaba preocupada por tener pan sufiente para la celebración del sábado siguiente, seguro que no podían permitirse unos zapatos nuevos. Por eso Hershel se había resignado a arreglar zapatos y basta. De la mañana a la noche remendaba suelas con trozos de piel que pegaba a los agujeros que la pobreza había abierto.

Hershel y su mujer, Mirka, tenían un hijo que se llamba Mendel. Era joven y apuesto, aunque no era muy inteligente. Tampoco es que fuera rematadamente tonto, aunque a Hershel de vez en cuando le venían ganas de llamárselo. Hershel sabía que Mendel ni conquistaría país alguno ni se casaría con ninguna princesa, pero como era su padre le preocupaba el futuro del muchacho. Quería que aprendiera un oficio y que encontrara a una buena chica que lo cuidara. Un día, Hershel no soportó más al ver a su hijo perdiendo el tiempo y le llamó. “Hijo mío, no te puedes pasar la vida sin hacer nada. Ha llegado el momento de que salgas al mundo y te busques la vida”.

Entonces Hershel hizo sentar a su hijo, le midió los pies y se puso a hacerle las sandalias más resistentes que jamás había confeccionado. Cuando las tuvo listas Hershel preparó un hato con los zapatos, un par de mudas y con poco de comida para el viaje de Mendel. “Regresa cuando hayas hecho alguna cosa en tu vida”, dijo Hershel, y le dio a su hijo unos cuantos zlotis de sus ahorros.

Mendel no sabía qué tenía que buscar, pero emprendió el viaje. Pasó por pequeñas ciudades, que se parecían en muchas cosas a Pinchow. A veces tenía suerte y alguna familia judía le invitaba para la celebración del sábado (shaabeat - שַׁבָּת ). Otras veces pasaba la noche en un pequeño hostal o bien en una sinagoga. Pasaron muchas semanas y pronto las caminatas del muchacho le llevaron a tierras muy diferentes a la suya. Allí los árboles verdes y frondosos cubrían la tierra y el suelo calentaba más. Como las botas y el abrigo le daban mucho calor, guardó la ropa en el hato y decidió probarse las nuevas sandalias que le había hecho su padre. ¡Eran bonitas! Mendel anduvo y anduvo hasta que se sintió tan cansado que decidió dormir un poco. Se detuvo cerca de un árbol, se puso el hato bajo la cabeza y se durmió.

Mientras dormía Mendel tuvo un extraño sueño, en el que vio a una chica llorando en una habitación oscura acostada en una cama llena de frutos y hojas. Cuando se despertó notó que el recuerdo de su sueño era muy vivo. Le pareció raro porque la mayoría de los días ni siquiera recordaba lo que había comido para cenar, y lo de recordar un sueño era bastante extraordinario. Se levantó y examinó de cerca al árbol. Era un árbol grande, cuyas ramas crecían separadas abriéndose ampliamente, y estaba cargado de frutos parecidos a higos que se agrupaban en racimos. ¡Era un sicomoro! Las hojas y los frutos eran exactamente como los que había visto en su sueño. Pensando que no podía tratarse de una coincidencia, Mendel cogió algunos frutos y algunas hojas de las ramas del árbol. También arrancó un poco de corteza y resbalaron unas lágrimas de leche espesa que se le secaron en la mano en forma de granos. Guardó las hojas, los frutos, la corteza y la savia seca dentro del hato y echó a andar.


Mientras caminaba Mendel se dio cuenta de que ahora percibía el mundo que le rodeaba de un modo diferente. Descubrió, por primera vez, que tenía verdaderos pensamientos dentro de la cabeza y, de repente, se sintió inteligente. Debían de ser las sandalias, no cesaba de repetirse. Lo que no sabía era que una hoja con forma de corazón del sicomoro mágico se había quedado pegada a la suela de la sandalia y era la responsable de la creciente sabiduría.

La siguiente ciudad adonde Mendel fue a parar era mucho más grande, la verdad es que nunca había visto ninguna igual ya que era la capital del país. La plaza era enorme y había muchas tiendas en ella. Vio que en cada escaparate había un cartel que decía:


¡SE BUSCA UN REMEDIO PARA LA CEGUERA!

Como el mensaje había despertado su curiosidad, Mendel entró en una panadería y preguntó por qué había tantos carteles colgados por todas partes. Le dijeron que la hija del rey se había quedado ciega a causa de una misteriosa fiebre. Los mejores médicos del país habían acudido a la ciudad pero ninguno había sido capaz de curarla.

-Llévadme ante vuestro rey -dijo Mendel con apremio.

Le acompañaron al palacio, donde todo el que prometía una curación era bienvenido. Le condujeron hasta una habitación en la que la hermana de la princesa estaba sentada llorando en una gran cama. Mendel sabía exactamente lo que tenía que hacer. Preguntó si podía utilizar la cocina real, y preparó allí una poción con los granos de savia, las hojas y la corteza del sicomoro. Mientras vertía el líquido sobre los ojos de la princesa, Mendel dio instrucciones precisas de que la joven debía estar dos días completamente a oscuras. No sólo rezó el rey, sino también todo el reino. Al tercer día la princesa abrió los ojos y dijo entre lágrimas: “¡Veo, padre!” Eran las palabras más dulces que el rey escuchaba desde hacía mucho tiempo. Se sentía tan feliz que hizo llamar al tesorero real para que recompensara a Mendel con cinco bolsas de oro. Pero gracias a la hoja de sicomoro que todavía llevaba pegada a la sandalia, Mendel fue lo bastante listo como para rechazar el obsequio.

-Alteza -dijo-, quizá para vos la curación tiene un precio, pero para mi no tiene ninguno.

Estas profundas palabras satisficieron tanto al rey que decidió nombrarle ministro.

Mendel sirvió al rey como ministro bastantes meses, y continuó sorprendiéndolo con sus ideas, su inteligente manera de resolver los problemas y sus perspicaces observaciones.

-¿Cuál es el secreto de vuestra sabiduría? -no pudo resistirse a preguntar el rey.

-El secreto son mis sandalias -confesó Mendel señalando sus pies polvorientos.

Las sandalias estaban bastante sucias porque Mendel no las limpiaba nunca por temor a que desapareciera la magia.

-¿Qué queréis decir? -dijo el rey, casi ofendido por la respuesta.

-Es cierto -respondió Mendel y siguió contando el sueño que había tenido justo después de ponérselas, el sueño gracias al cual había podido curar a la princesa.

-Así, ¿puedo ponerme vuestras sandalias? -preguntó el rey.

Gracias a la hoja pegada a la suela, Mendel supo que debía negarse. El rey llegó a ofrecerle hasta diez bolsas de oro, pero Mendel hizo un gesto de negación con la cabeza.

El monarca estaba desesperado. Finalmente declaró:

-Os ofrezco a mi hija en matrimonio.

Para Mendel era un ofrecimiento tentador, claro está.

-Me sentiría muy honrado de casarme con vuestra hermosa hija -le dijo-, pero sentiría mucho no poder darle los lujos a los que está acostumbrada.

-Pues también os daré la mitad de mi reino -anunció el rey.

¿La mitad del reino? Mendel se rascó la cabeza. La verdad es que no actuaría muy inteligentemente si rechazara un ofrecimiento tan generoso como aquel.

-Como deseéis alteza -proclamó Mendel cerrando el trato.

El satisfecho rey indicó a sus criados que descalzaran a Mendel, pero éste les detuvo.

-¡No tan deprisa! -dijo-. Esperad aún algunas semanas.

Y decidieron que el rey no recibiría los zapatos hasta que Mendel se hubiera casado con su prometida.

Se iniciaron los preparativos de la gran boda. Mientras el palacio bullía de actividad, uno de los ministros del rey empezó a sentir una gran envidia. ¿Cómo podía ser que un extranjero se quedara con la mitad del reino mientras él, que se había dejado la piel sirviendo al rey, no obtenía nada?, se preguntó. Decidió que intentaría poner al rey en contra de Mendel diciéndole “¿Cómo os podéis creer que la sabiduría le viene de las sandalias? Es absurdo”. El rey lo meditó y concluyó que sí, que costaba mucho creerlo, y le hizo la misma pregunta a Mendel.

-Bien, pues podéis poner a prueba las sandalias -replicó Mendel con gran seguridad en sí mismo-. Hacedme una pregunta que ningún ser humano en el mundo sea capaz de contestar, y os demostraré respondiéndoos correctamente que mis sandalias son las responsables de mi sabiduría.

El envidioso ministro consultó con muchos sabios del reino, y todos juntos le plantearon la pregunta que habían acordado que era imposible contestar.

Aquella tarde todos se reunieron y el rey le hizo a Mendel la pregunta escogida:

-¿Cuántas estrellas hay en el firmamento?

Mendel salió de palacio, miró al cielo, hizo algunos cálculos en silencio y regresó con la respuesta.

-Ocho mil novecientas setenta y siete -les informó.

-¿Cómo podéis ser tan preciso? -preguntó el ministro envidioso.

-Podéis contarlas vos mismo -dijo Mendel encogiéndose de hombros.

El ministro se sintió avergonzado porque no se veía capaz de enfrentarse a una tarea tan colosal, aunque fuera para demostrar que Mendel no tenía razón. Pero el rey quedó muy satisfecho con la respuesta y le concedió la mitad del reino a Mendel, quien envió a buscar a sus pobres padres para que asistieran a sus esponsales.

Hershel y Mirka se sentían muy contentos de encontrarse de nuevo con su hijo y no salían de su asombro ante tan increíble fortuna. Cuando hubo terminado la ceremonia de la boda, Mendel por fin le dio las sandalias al rey. El monarca las miró y dio instrucciones a los criado para que las limpiaran de arriba abajo. ¡Claro que los criados las limpiaron tan a conciencia que también tiraron la hoja!

Además de haber perdido las sandalias, Mendel volvió a ser tonto, pero tuvo la suerte de que la inteligente princesa se encargara de los asuntos del reino. Cuando el rey se puso las sandalias no se sintió más inteligente que antes, pero como habría quedado en ridículo si lo hubiera reconocido, se calló. Y como nadie más habló de ello, nunca se descubrió el secreto de la hoja mágica del sicomoro.

---Fin---

01 noviembre 2026

 MARY OLIVER (EE.UU. 1935-2019)
¿Hablan los árboles?

¿Le responden los árboles al viento
cuando el viento les hace alguna invitación?
Como alguno de nosotros, ¿hablan también con el sol?
Pienso que sí, y si tal creencia requiere de una prueba, 
           déjame añadir que a veces
           se quejan mucho.

Pero hay más.

Si puedes escuchar a los árboles en sus horas tranquilas, 
seguro que también podrás hacerlo después, 
            gritando en el aserradero. 

Mary Oliver. FELICITY, página 31. Traducción de Nieves García Prados. Valparaíso Ediciones, Granada, 2016.

Do the Trees Speak

Do the trees speak back to the wind
when the wind offers some invitational comment?
As some of us do, do they also talk to the sun?
I believe so, and if such belief need rest on
     evidence, let me just say, sometimes it's
     an earful.

But there's more.

If you ean hear the trees in their easy hours
of course you can also hear them, later,
     crying out at the sawmill.

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29 octubre 2026

REDACCIÓN DE LA VANGUARDIA
Árboles viejos: unos buenos aliados contra el cambio climático
 

"Pueden llegar a capturar en un sólo año la misma cantidad de carbono que fija un árbol mediano en toda su vida", dicen los investigadores

 Lo hemos leído aquí

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26 octubre 2026

El árbol de los zapatos

MICHAEL BRANCH
Quejas desde la colina: La cosecha del árbol de los zapatos del desierto

En la ladera oeste de la montaña donde vivo, cuya cresta rocosa delimita la línea invisible que separa los estados de Plata y Oro, hay una curiosidad que me ha intrigado y fascinado durante mucho tiempo. A lo largo de un solitario tramo de carretera de dos carriles, no lejos de Hallelujah Junction —llamado así porque es el único lugar en este largo valle donde nosotros, los vagabundos del desierto, podemos abastecernos de gasolina, agua y whisky— se alza un enebro de Utah sorprendentemente alto y elegante. Este singular árbol se eleva con un gesto grandioso y angular desde una isla arenosa de artemisa y arbustos de conejo, sin ningún otro árbol a la vista. Su altura, su estructura abierta y su musculatura retorcida lo distinguen de los enebros bajos y tupidos que crecen a lo largo del valle, convirtiéndolo en una especie de monumento natural. Cualquier viajero que se dirija hacia el sur desde las tierras de lava de Lassen puede tantear en la oscuridad dónde se encuentra este árbol: más allá del cañón de Red Rock, más allá de los túneles de migración del venado bura, no lejos del punto de reabastecimiento de Hallelujah. Pero lo que hace que este árbol sea tan especial es algo bastante más extraño: está adornado con cientos de pares de zapatos.
Las niñas señalando el árbol

Durante mucho tiempo me he preguntado por qué el árbol de los zapatos del desierto tiene un atractivo tan especial. ¿Cómo se convirtió este árbol en un punto de referencia tan célebre, uno en el que siempre nos detenemos aunque no sepamos por qué? ¿Por qué mis hijas pequeñas consideran tan especial visitar el árbol? ¿Por qué no lo vemos como una abominación, un basurero en el mejor de los casos, y una profanación en el peor? Una posibilidad es que, exceptuando la propia carretera, el árbol de los zapatos del desierto sea el único vestigio de cultura humana a lo largo de este remoto tramo de la autopista Fremont. Quizás la soledad que sentimos en la carretera desierta se ve atenuada por este extraño recordatorio de que no estamos tan solos como nos hace creer el aislamiento de este valle. O tal vez sea la pura novedad lo que nos atrae. Si todos los árboles del valle estuvieran llenos de zapatos, ¿nos detendríamos en lugar de eso para fotografiar el único que carece de ellos? A veces me parece que el árbol representa una especie de libertad, un desahogo que se produce cuando no solo tiramos algo, sino que lo tiramos con todas nuestras fuerzas, arrojando para siempre algún fragmento desechado de nuestras vidas. ¿O nos atrae la pura belleza estética de la forma: una estructura gigante, elegante y orgánica, recortada contra el cielo del desierto, con cientos de flores multicolores que cuelgan y giran al compás del viento Washoe Zephyr? ¿O simplemente anhelamos la emoción de hacer algo tan lúdico, tan libre? ¿No sería más responsable conservar esos zapatos un poco más o dárselos a alguien menos afortunado? Por supuesto. Y por eso nos esforzamos tanto intentando lanzarlos a las ramas más altas y extendidas.

De una cosa, sin embargo, estoy absolutamente seguro: estos zapatos cuentan historias. Algunos lo hacen literalmente, porque quienes los lanzaron les han grabado una asombrosa variedad de nombres, fechas, mensajes y curiosas perlas de sabiduría. Mis hijas notan que "Jenny" ha explicado en la suela de sus chanclas que regresa a casa, a Portland, después de una semana fantástica en Yosemite. "William" ha dejado caer un par de zapatos caros, con una nota en la suela que nos informa que acaba de casarse con "Maria" en la región de Feather River. La fecha reciente en un zapato de bebé que cuelga celebra el nacimiento de "Cezar", mientras que un par de zapatos náuticos cuya suela de goma lleva la inscripción "Para la bisabuela" podría conmemorar un viaje en la dirección opuesta. Y aquí descubrimos un par de botas colgantes con su historia completamente escrita. Fueron usadas en una zona de guerra lejana por "Ansaldo", quien finalmente ha regresado sano y salvo a la Gran Cuenca occidental y les recuerda a los transeúntes que "La libertad tiene un precio". Bienvenido a casa, Ansaldo, dondequiera que estés y seas quien seas.

Las botas militares de Ansaldo

Los zapatos menos conocidos nos invitan a leer historias aún por contar, pues su tipo, estado y ubicación nos llevan a interpretar su significado. ¿Podrían esos tacos colgantes indicar que algún campeón los lanzó para celebrar, o marcan el desafortunado final de una carrera truncada por una lesión?

El domingo pasado nuestra familia hizo una peregrinación al árbol de zapatos del desierto, por dos razones muy importantes. Nuestra hija de nueve años, Hannah, por fin había dejado de usar sus zapatillas Chuck Taylor brillantes de caña alta, y era hora de que yo cumpliera mi promesa de que podría intentar colgarlas con un lazo de bolo en las ramas del famoso árbol. La segunda razón de nuestra misión era aún más importante, e involucraba a Caroline, de cinco años, que es el tipo de niña para la que uno planea no ahorrar para la universidad, sino dinero para la fianza. A los tres años, Caroline había decidido apoyar a los Dodgers de Los Ángeles, lo que hizo solo para perturbar al resto de la familia, ya que nosotros, como todas las personas sensatas, somos fanáticos devotos de los Gigantes de San Francisco. Aunque encontré este acto de rebeldía sin sentido preocupante, racionalicé que Caroline pronto volvería del lado oscuro, que superaría esta tontería, igual que Hannah había dejado de usar sus zapatillas. Sin embargo, a medida que avanzaba la temporada, vi que la rebeldía de Caroline solo era comparable a su terquedad. Es mitad niña rubia adorable y mitad mula bizca. Primero ahorró su paga, se compró una gorra de los Dodgers y se negó a quitársela, incluso en la cama. Cuando adoptó el azul de los Dodgers como su color favorito y siguió animando a Los Ángeles a viva voz durante la siguiente temporada, le expliqué, con la mayor claridad y paciencia que un padre cariñoso puede tener, lo que significa ser "desheredada". Ella se mantuvo impasible, llevando su mal comportamiento hasta la tercera temporada, momento en el que me sentí obligado a describirle con todo lujo de detalles la terrible "prisión infantil" que la esperaba si no cambiaba su actitud. Ella respondió que probablemente habría televisores en la prisión infantil, lo cual sería conveniente porque podría "relajarse y ver a los Dodgers patearles el trasero a los Giants".

Finalmente cedí, le dije que podía ser fan de los Dodgers siempre y cuando cambiara legalmente su apellido, y anuncié que dejaría de resistirme. Y ese fue el momento mágico en el que Caroline, de cinco años, tras haberme vencido, se convirtió en fan de los Giants. Mi acto de psicología inversa fue tan efectivo como accidental, y de repente se unió a la familia para animar al equipo correcto. "¡Mamá y yo estamos tan aliviados!", exclamé. "¿Qué podemos hacer para celebrar este gran día en nuestra familia?". Caroline ya lo había pensado. "Llévame al árbol zapatero", dijo, "y me subiré y dejaré esta gorra apestosa de los Dodgers allí arriba con esos zapatos apestosos".

Si alguna vez conduces al atardecer por una carretera solitaria en el desierto de la Gran Cuenca Occidental, cerca de la frontera con California, pasando el cañón rojo y antes de Hallelujah, y ves un árbol gigante lleno de sombreros recortado en el cielo, es que a mi hijo se le ocurrió esa idea. Y si aún queda una gorra de los Dodgers, sabrás lo que significa cosechar el fruto azul de su pequeña historia. Significa que quienes se desahogan aquí han encontrado la manera de dejar atrás su pasado.

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Buscando y leyendo en internet sobre el tema de los árboles me encuentro con un artículo de

JGX3+35, Park City, UT, EE. UU. /  41763 Lincoln Hwy, Fallon, NV 89406, EE.UU. /  810 E 100 N, Hinckley, UT 84635, EE.UU.  / 33037 CA-36, Bridgeville, CA 95526, Estados Unidos / ...

 

 Lo hemos leído aquí

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23 octubre 2026

VERÓNICA COUTO ANTELO, en CREAF
Catalunya radiografia 300 arbres monumentals per conèixer el seu estat de salut i protegir-los 

(En castellano debajo) 

El Departament de Territori, Habitatge i Transició Ecològica conjuntament amb el CREAF ha analitzat les característiques i l’estat d’una vuitantena d’arbres monumentals d’arreu de Catalunya. El director general de Polítiques Ambientals i Medi Natural, Marc Vilahur, ha explicat que “l’objectiu d’aquest programa és posar en valor aquest patrimoni natural i disposar de dades concretes per monitoritzar el seu estat de salut i la biodiversitat associada”.
     En aquest sentit, Marc Vilahur ha explicat que l’estudi ha de servir de base per “organitzar un sistema d’alerta ràpida davant els problemes de salut dels arbres amb la implicació del personal dels espais naturals protegits i el Cos d’Agents Rurals”. “Moltes vegades pensem en els arbres centenaris com un referent del pas del temps sobre un determinat territori i oblidem que un arbre monumental també funciona com un ecosistema on s’hi allotja fauna i flora”, ha dit el director general. Precisament aquest 2025 s’ha posat en marxa una segona fase del programa de seguiment dels arbres monumentals per garantir una visita anual a cadascun dels arbres monumentals per tal de poder fer una detecció ràpida d’amenaces per la supervivència de l’arbre. Aquesta detecció ràpida, en la que participen el personal dels espais naturals protegits i el Cos d’Agents Rurals, donarà capacitat d’actuar d’una forma més proactiva per tal d’allargar la vida dels arbres quan sigui possible.
     L’anàlisi de l’estat de conservació dels arbres monumentals, liderat per la investigadora del CREAF i professora de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) Sandra Saura Mas, ja porta tres anys en marxa i ha analitzat, pel moment, una vuitantena d’arbres. Per conèixer en quin estat es troba cada exemplar, les investigadores realitzen una recerca ecològica entenent l’arbre com un ecosistema i, entre d’altres, prenen dades d’estructura de l’arbre, de la vegetació associada, la diversitat de líquens, briòfits, invertebrats i vertebrats, característiques de sòls, amenaces, impactes. 

     "La idea és que aquesta proposta de protocol de seguiment i alerta de l’estat dels arbres monumentals, es pugui dur a terme des de l’Administració o els organismes convenients, per poder fer un seguiment més continu i anual, que permeti detectar necessitats de conservació dels arbres amb més antel.lació i temps suficient per actuar en cas que sigui necessari." Sandra Saura Mas

Punts calents de biodiversitat

     Els primers resultats de l’estudi apunten que hi ha una biodiversitat molt elevada en la major part dels arbres, fins a 100 espècies d'éssers vius en algun exemplar, malgrat que molts pateixen malalties i plagues. Això representa que hi ha alguns arbres monumentals que poden funcionar com punts calents de biodiversitat, perquè s’hi han identificat un centenar d’espècies acompanyants diferents. És el cas de l’alzina de Can Ferrerons, al Parc del Montnegre i el Corredor, on hi viuen 65 espècies de flora vascular, 20 espècies d’animals i una espècie de líquen amenaçat i protegit (Waynea stoechadiana).
     Segons indica l’ecòloga Sandra Saura Mas, “renaturalitzar els entorns on viuen els arbres monumentals pot ser una acció adequada per millorar el seu estat ecològic”, també fer servir esmenes per millorar el sòl i prevenir-ne l’erosió, treure deixalles o establir cobertes vegetals”

Gairebé 300 arbres monumentals

A Catalunya hi ha declarats 297 arbres monumentals i 3 arbredes (la Fageda de la Grevolosa, la Roureda del Parc Nou d’Olot i la Pineda de Can Ferrer). Les espècies més freqüents són alzines, roures i pins. Els arbres monumentals són exemplars singulars, ja sigui per la seva dimensió excepcional dins la seva espècie, edat, història o particularitat científica. Des del 1987, a Catalunya estan sotmesos a mesures de protecció especials, que impliquen la prohibició de tallar-los o arrencar-los parcialment o totalment. Alguns exemples són en Pi d’en Xandri, els Roures dels Reis, el Castanyer de les Nou Branques o el Roure de Can Codorniu.
     També trobem arbres qualificats com d’interès comarcal o d’interès local que també compten amb protecció. A Catalunya hi ha més de 1.200 arbres i arbredes declarats d’interès comarcal o local, o emparats per la legislació urbanística o cultural.

Què és un arbre monumental?

     Els arbres, més enllà de tots els serveis que ens ofereixen, són una espècie que crea certa curiositat i misticitat a les persones per la longevitat que poden tenir. Molts arbres viuen centenars d’anys i alguns, fins i tot, milers. Precisament, l’arbre més antic que es coneix precisament rep el nom de Matusalén, viu a Califòrnia (al Bosc Nacional Iryo) i té gairebé 5.000 anys. Es tracta d’un exemplar de pi americà (Pinus longaeva).
     A Catalunya, els arbres no arriben a diversos milers d’anys, però sí que trobem alguns boscos madurs i alguns arbres centenaris que són veritables catedrals de la natura. Els criteris per entrar a la llista poden ser tant de criteri monumental com històric i/o científic. Des del 2020 dins de la categoria d’arbres monumentals trobem un cas especial: les oliveres i oliverars, que tenen una normativa pròpia de protecció i conservació que es gestiona des del Departament d’Agricultura. Precisament aquest any s’han declarat 24 nous arbres monumentals, feia 9 anys que no se’n declaraven de nous. En comú, tenen la part més important: són part del nostre patrimoni. Cuidem-lo. 
L'equip de recerca. D'esquerra a dreta: Sandra Saura, investigadora del CREAF i professora la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB); Mireia Querol, tècnica de recerca del CREAF; Laura Olivé, tècnica de recerca del CREAF i Antonia Caritat, investigadora col·laboradora de la Universitat de Girona i qui també col·labora en el projecte de seguiment d'arbres monumentals
 
   
Lo hemos leído aquí
Arbres de Catalunya 
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VERÓNICA COUTO, en CREAF
Catalunya radiografía 300 árboles monumentales para conocer su estado de salud y protegerlos
 
El Departamento de Territorio, Vivienda y Transición Ecológica conjuntamente con el CREAF ha analizado las características y el estado de unos ochenta árboles monumentales de toda Cataluña. El director general de Políticas Ambientales y Medio Natural, Marc Vilahur, ha explicado que "el objetivo de este programa es poner en valor este patrimonio natural y disponer de datos concretos para monitorizar su estado de salud y la biodiversidad asociada".  
     En este sentido, Marc Vilahur ha explicado que el estudio debe servir de base para "organizar un sistema de alerta rápida ante los problemas de salud de los árboles con la implicación del personal de los espacios naturales protegidos y el Cuerpo de Agentes Rurales. Muchas veces pensamos en los árboles centenarios como un referente del paso del tiempo sobre un determinado territorio y olvidamos que aloja fauna y flora”, ha dicho el director general. Precisamente este 2025 se ha puesto en marcha una segunda fase del programa de seguimiento de los árboles monumentales para garantizar una visita anual a cada uno de los árboles monumentales para poder realizar una detección rápida de amenazas por la supervivencia del árbol. Esta rápida detección, en la que participan el personal de los espacios naturales protegidos y el Cuerpo de Agentes Rurales, dará capacidad de actuar de una forma más proactiva para alargar la vida de los árboles cuando sea posible.  
     El análisis del estado de conservación de los árboles monumentales, liderado por la investigadora del CREAF y profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) Sandra Saura Mas, lleva ya tres años en marcha y ha analizado, por el momento, unos ochenta árboles. Para conocer en qué estado se encuentra cada ejemplar, las investigadoras realizan una investigación ecológica entendiendo el árbol como un ecosistema y, entre otros, toman datos de estructura del árbol, de la vegetación asociada, la diversidad de líquenes, briófitos, invertebrados y vertebrados, características de suelos, amenazas, impactos.
 
SANDRA SAURA MAS:  La idea es que esta propuesta de protocolo de seguimiento y alerta del estado de los árboles monumentales, se pueda llevar a cabo desde la Administración o los organismos convenientes, para poder realizar un seguimiento más continuo y anual, que permita detectar necesidades de conservación de los árboles con más antelación y tiempo suficiente para actuar en caso necesario. 
 
Puntos calientes de biodiversidad  
 
     Los primeros resultados del estudio apuntan a que existe una biodiversidad muy elevada en la mayor parte de los árboles, hasta 100 especies de seres vivos en algún ejemplar, a pesar de que muchos sufren enfermedades y plagas. Esto representa que existen algunos árboles monumentales que pueden funcionar como puntos calientes de biodiversidad, porque se han identificado un centenar de especies acompañantes diferentes. Es el caso de la encina de Can Ferrerons, en el Parque del Montnegre y el Corredor, donde viven 65 especies de flora vascular, 20 especies de animales y una especie de líquen amenazado y protegido (Waynea stoechadiana). 
     Según indica la ecóloga Sandra Saura Mas, “renaturalizar los entornos donde viven los árboles monumentales puede ser una acción adecuada para mejorar su estado ecológico, también utilizar enmiendas para mejorar el suelo y prevenir su erosión, quitar desperdicios o establecer cubiertas vegetales”. 
 
Casi 300 árboles monumentales  
 
     En Cataluña hay declarados 297 arbres monumentals i 3 arbredes (el Hayedo de la Grevolosa, el Robledal del Parque Nuevo de Olot y el Pineda de Can Ferrer). Las especies más frecuentes son encinas, robles y pinos. Los árboles monumentales son singulares ejemplares, ya sea por su dimensión excepcional dentro de su especie, edad, historia o particularidad científica. Desde 1987, en Cataluña están sometidos a medidas de protección especiales, que implican la prohibición de cortarlos o arrancarlos parcial o totalmente. Algunos ejemplos son Pi de Xandri, los Robles de los Reyes, el Castaño de las Nou Branques o el Roure de Can Codorniu. 
     También encontramos árboles calificados como de interés comarcal o de interés local que también cuentan con protección. En Cataluña existen más de 1.200 árboles y arboledas declarados de interés comarcal o local, o amparados por la legislación urbanística o cultural. 
 
¿Qué es un árbol monumental? 
 
     Los árboles, más allá de todos los servicios que nos ofrecen, son una especie que crea cierta curiosidad y misticidad a las personas por su longevidad. Muchos árboles viven cientos de años y algunos incluso miles. Precisamente, el árbol más antiguo que se conoce precisamente recibe el nombre de Matusalén, vive en California (en el Bosque Nacional Iryo) y tiene casi 5.000 años. Se trata de un ejemplar de pino americano (Pinus longaeva). 
     En Cataluña, los árboles no llegan a varios miles de años, pero sí encontramos algunos bosques maduros y algunos árboles centenarios que son verdaderas catedrales de la naturaleza. Los criterios para entrar en la lista pueden ser tanto de criterio monumental como histórico y científico. Desde 2020 dentro de la categoría de árboles monumentales encontramos un caso especial: los olivos y olivares, que tienen una normativa propia de protección y conservación que se gestiona desde el Departamento de Agricultura. Precisamente este año se han declarado 24 nuevos árboles monumentales, hacía 9 años que no se declaraban nuevos. En común, tienen la mayor parte: son parte de nuestro patrimonio. Cuidémoslos.
 
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