sábado, 8 de diciembre de 2018

JUAN GUZMÁN OJEDA, Ing. Técn. Forestal
El Drago de Icod, la bestia forestal más famosa y visitada
 En PELLAGOFIO nº 38 

Postal coloreada de principios del siglo XX con el Drago de Icod de los Vinos y la iglesia de San Marcos
      Resulta cuanto menos sugerente el nombre que Domenico Vandelli estableció en 1767, cuando bautizó al género botánico Dracaena. La inspiración de este naturalista italiano para relacionar a esta planta con el mundo sobrenatural se basa en la particular forma estructural del drago, asimilando dicha arquitectura a los monstruos de varias cabezas. Vandelli no hizo sino beber de la tradición romana del Jardín de las Hespérides, pero también logró transmitir el aura mitológica y primitiva de los dragones a este tipo de vida vegetal. Dracaena draco acrecienta, si cabe, este aura, al reseñar a tan fabulosa criatura tanto en el género como en la especie.
     En una colección técnica como es “Arboles de Canarias” no podía faltar el más clásico entre los clásicos. Nos ocupamos aquí del ejemplar más reputado de nuestra sorprendente flora. No obstante, la celebridad del Drago de Icod de los Vinos (28º 21´ 59″ N y 16º 43´ 20 “W), en Tenerife, viene directamente a contrastar con el verdadero estado de conservación de la especie. Pese a su facilidad reproductiva, lo cierto es que Dracaena draco es cada vez menos frecuente en estado salvaje. De hecho, es más abundante en el vecino Marruecos –aunque se haya clasificado como una subespecie–. La biología particular de los dragos en la que floración- fructificación-ramificación no se produce todos los años, es una característica que no colabora especialmente a perpetuar la especie.

Nacido en la naturaleza
      Es un hecho más que probable que los máximos gigantes de Dracaena draco conocidos, nos referimos al de Icod y al del Jardín de Franchy, nacieran en plena naturaleza y luego fueran poco a poco absorbidos por la civilización. Se dice, aunque tampoco existe constancia irrefutable, que el del Jardín de Franchy en La Orotava –ubicado muy cerca del actual Centro de Interpretación del Parque Nacional del Teide– era más ancho y algo más alto. Actualmente no es posible establecer estas comparaciones ya que el de La Orotava terminó por caer en 1867; del mismo aún se conserva un trozo de corteza en las vitrinas del Jardín Botánico de Kew (Londres). Ambos árboles presentaban portes diferentes, el de Icod es de figura simétrica y armoniosa, mientras que el del Jardín de Franchy ofrecía finalmente una copa escalonada, posiblemente a consecuencia de las batallas libradas contra el viento.
      El Drago de Icod nació al borde del barranco conocido como El Río y en la actualidad se encuentra arropado del viento por las casas de la propia “Ciudad del Drago”. Según nos cuenta Juan Manuel Luis, técnico municipal que lo cuida, sería la iglesia de San Marcos la que llega a protegerlo de los vientos más indeseados.


El peso de la floración, con más de 1.500 ramas florales (aproximadamente unas 450.000 semillas) se ha llegado a estimar en tres toneladas y media. Foto de los años veinte del siglo XX
     El Drago de Icod de los Vinos es el mayor “Dragón de Canarias”. Esta mole vegetal (se le calculan 80 Tm) presenta una copa que quita el hipo, toda vez que desafía descaradamente la fuerza de la gravedad. Su base, con un perímetro de 20,25 metros, ejerce la necesaria función de contrapeso. Luego se estrecha en un solo tronco y a los ocho metros comienza a dividirse, primero en ocho y luego exponencialmente y con la aleatoriedad de la naturaleza, hasta que con sus 25 floraciones-ramificaciones principales alcanza los 21 metros de altura total.
 

Aspecto arcaico y primitivo
      Sus primeras ramas son de grueso calibre y en la base de las mismas destacan múltiples raíces aéreas que cuelgan, o bien se funden sobre el tronco principal. Éstas dotan al ejemplar de una notoria vistosidad, imprimiéndole un aspecto ciertamente arcaico y primitivo.
     Volviendo sobre su floración-ramificación hemos de decir que son varios los años en que florece parcialmente, por ejemplo en 2015 ha florecido en el sector sur, mientras que la última floración denominada como completa fue en 2012. El drago ha llegado a presentar floraciones completas en ciclos relativamente cortos, por debajo incluso de los cinco años. El peso de la floración, con más de 1.500 ramas florales –aproximadamente unas 450.000 semillas– se ha llegado a estimar en tres toneladas y media.
     Sobre los años 30 del pasado siglo XX –siendo ya de propiedad municipal– y ante la pérdida de varias raíces basales y de heridas u oquedades cubiertas con piedras, se realizó una reconstrucción con cemento, operación dirigida por un botánico vasco. En 1985, de la mano del arboricultor K. Allen y por iniciativa municipal, se acometieron acciones muy importantes: se rompieron las paredes de cemento y se quitaron piedras para acceder al hueco interior con la intención de sanearlo –e impedir la proliferación de más plagas y enfermedades–, así como para la extracción de múltiples basuras, ¡hasta unos zapatos parece que se encontraron!
     En este espacio interior, en el que caben hasta cinco personas de pie y mide más de cuatro metros de alto, se instalaron sensores y reguladores de humedad y temperatura. Algunas oquedades se han cubierto con mallazo, para dirigir las raíces y reconstruir el tronco exterior. La entrada al hueco central se encuentra abierta pero, al situarse en la cara norte del árbol, coincide con la parte que queda más oculta al visitante.
     Hace poco más de un año el prestigioso canal de televisión Discovery Max anunció que el drago se encontraba agonizando debido a la existencia del hueco interno. Pudiera pensarse que la existencia de esta cavidad responda a causas más bien artificiales, al menos en parte, no en vano llegó a servir de corral de cabras. Se sabe que el del Jardín de Franchy también estaba hueco, así como el de Siete Fuentes (Los Realejos, Tenerife), ejemplar contemporáneo también sobresaliente.

Tejido fibroso y esponjoso
      En el mundo vegetal muchas frondosas, cuando entran en edad avanzada, ahuecan su tronco principal –su parte más antigua–, no así las coníferas que lo convierten en madera impregnada de resina, impidiendo la putrefacción y ganando estabilidad. El caso del drago es algo más particular, pues aunque se trate de una frondosa no produce madera propiamente dicha, sino un tejido fibroso y esponjoso, con mayor o menor grado de dureza según su disposición fisiológica. Además, el drago lo que hace es cubrirse de nuevas capas o cortezas, desde arriba hacia abajo, en un proceso de metamorfosis y rejuvenecimiento tan lento que resulta inapreciable para nuestro ojo.
     Los estudios de estabilidad practicados en 1995 (Universidad de Stuttgart) y un estudio dieléctrico –una especie de electro para corroborar partes vivas y muertas– realizado en 2011 (Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC) auguran todavía mucha estabilidad y salud.
     El entorno de esta maravilla vegetal ha sufrido muchas transformaciones: deforestado su entorno termófilo pasó a ser un habitante más de la tierra de cultivo y, quizás, pasto, y más tarde formó parte de una finca dedicada a las plataneras. Su primera protección fue un murete de piedras; luego, un vallado bajo, coincidiendo con la carretera que, hasta 1993, pasó demasiado cerca de su base. Las raíces se vieron seriamente perjudicadas por la carretera y el drago resultaba demasiado accesible, llegando a ser en ocasiones víctima de actos vandálicos –fueron los peores años para nuestro amigo–.
      El proyecto del Parque del Drago comenzó a mentarse en los años 40, pero no fraguó hasta finales de los 90. La Casa Museo del Drago lleva varios años en construcción y su aspiración es convertirse en el centro de visitantes de este y otros dragos del mundo.
     El Drago de Icod de los Vinos cuenta, desde 1993, con un comité de expertos asesores donde se encuentran representadas las más prestigiosas de nuestras instituciones. El técnico que tiene el honor diario de velar por la salud de este espécimen, Juan Manuel Luis, nos cuenta que la intención es ir poco a poco retirando las piezas de cemento que todavía le quedan, pero que no se puede hacer de manera drástica, pues puede resultar traumático para este anciano vegetal. También nos cuenta que el mayor problema de gestión es que no hay otras experiencias o referencias para comparar. Opina que sería muy útil poder contar con una réplica digital lo más fiel y realista posible, sobre todo para poder ensayar pruebas de estática.

Controversia por su edad
     
Respecto a su edad, es cierto que existe cierta controversia. El nivel de desacuerdo es tal, que la comunidad científica se encuentra dividida. Mientras un grupo de expertos –quizás más numeroso– le atribuyen una edad aproximada de 650 años, basados en la teoría de los periodos florales, en el otro extremo están los que lo sitúan próximo a los 2.000 años, apoyados en la teoría de la medición-evolución de las raíces troncales.
     La verdad es que cuesta creer que esta presencia, de obnubilante estampa, no encierre por lo menos mil años. Como señala el columnista Álvaro Fajardo, enfrentando sentimiento y ciencia, “resulta desconcertante que sean los propios científicos canarios los que rebajen la edad del árbol”. En cualquier caso, y mientras la ciencia no esclarezca este asunto, el Drago de Icod de los Vinos seguirá siendo Milenario, apelativo más que ganado por su apariencia y quién sabe si también por su edad. Lo que sí podemos afirmar es que este ser mitológico, el más voluminoso de su especie, seguirá siendo y con razón, la “bestia forestal” más famosa, visitada y admirada por propios y extraños en este y otros confines del mundo.

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martes, 4 de diciembre de 2018

JOAQUÍN ARAUJO, Madrid (1947)
“Thoreau emboscado” (Segunda parte)
Publicado en el Blog Tierra de Joaquín Araújo en El Mundo

     Emboscarse propicia también un deleite. Se puede degustar la Belleza fundacional. La apreciación de Francisco Giner de los Ríos de que: "a la contemplación de un árbol podría dedicarse la vida entera" brota de lo que tus ojos están comprobando cada vez que se asoman al bosque. La arboleda ha creado la mayor la complejidad del presente, es decir la multiplicidad de la vida. No menos las tramas esenciales de las que mana la madera que hizo casi todas las casas y publicó todos los libros. Que nos dio, es más, los mangos de las hachas, como Tagore recordó en un imprescindible aforismo. Sin olvidar la sombra reparadora que cada día necesitamos más.
      Los bosques además no mienten, de hecho están ahí para que "todo sea verdad bajo los árboles" comprendió Antonio Gamoneda.
      Nada usa mejor el tiempo el espacio que el árbol. Nadie marca mejor el paso de las estaciones. Nada acompaña tanto a tus paseos.
      Por si todo eso fuera poco, los bosques son maestros, como reconoció Ortega y Gasset. Incluso puede afirmarse que no existe mejor doctor en economía porque, al ser un consumidor que en parte se consume a sí mismo, sabe no agotarse. Lección que insistimos en no aprender aunque ya es vital imitar a las selvas que nos quedan.
      "Poeta es el hombre devorado por los espacios del bosque" suma María Zambrano. Pero la relación del árbol con el arte - de todos los tiempos y culturas - desemboca en la mejor y más corta definición de poeta. La escribió Federico García Lorca:"Poeta es árbol".
     Cura, serena, produce, resulta solidario, merece nuestra admiración y compasión, es arte...
Por eso algunos nos emboscamos.
     Lo hacemos queriendo seguir la formidable vivencia escrita por H.D. Thoreau, del que hoy se celebra el 200 aniversario de su nacimiento.


     Él escribió: "Voy y vengo por esos bosques acompañado por una extraña libertad que mana de ellos mismos." 

     También esto: "¿Qué hay en el paisaje que no sea una cierta fertilidad en mí". 

     Libre y fecundo, pues.
     No consigo dar con nada que más dé.
GRACIAS Y QUE THOREAU Y LOS BOSQUES OS ATALANTEN COMO A TANTOS OTROS DESDE HACE DOS SIGLOS.

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viernes, 30 de noviembre de 2018

JOAQUÍN ARAUJO, Madrid (1947)
Thoreau emboscado (Primera parte)
Publicado en el Blog Tierra de Joaquín Araújo en El Mundo

     Esta civilización se ha arrancado a sí misma de casi todo lo que la hace posible. El paraíso es desmantelado a diario como demuestran los casi 20 millones de árboles que cada día son abatidos o quemados en este planeta. "¿Quién robó a los bosques, a los confiados bosques?" Se pregunta dolorida Emily Dickinson, sin duda lectora de Thoreau. Por eso algunos nos hemos emboscado: para tenderle trampas a esta miseria programada. Queremos ser la parte del bosque que defiende al bosque. No solo vivimos en las arboledas, intentamos menguar la señalada mengua plantando, no solo árboles sino, ante todo, las emociones que nos guiaron hacia la Natura y que nos han permitido comprender algo.
     Por suerte tenemos maestros antecesores como el que aquí celebramos.
     La emboscadura aporta serenidad. La primera cosecha de la arboleda es la calma. Fruto en estrecha relación con la capacidad dadora de las selvas. Porque "los bosques son muestras y especies que no son solo para si mismas, sino para su ambiente" afirma Walt Withman, seguramente leído por Henry David. Acaso también el primero leyó al segundo. En cualquier caso ambos, gigantes de la literatura americana, supieron admirar profundamente a las selvas que comenzaban, hace doscientos años, a perder todas las batallas.
     El bosque es la seguridad social de la biosfera, la farmacia para los lisiados aires del presente, la transparencia que se suma a las aguas y a la atmósfera en cuanto dejamos respirar y beber a los árboles.
     Se nos quiere olvidar que a nuestros pulmones llega el alma verde de las hojas.
     Los emboscados comprendemos con Ernst Jünger que "la curación está en lo numinoso."

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lunes, 26 de noviembre de 2018

MÓNICA SÁNCHEZ
Consejos para el cultivo de palmeras


Ejemplares de Roystonea regia
Roystonea regia
     Las palmeras son plantas que tienen un ”algo” muy especial. No importa la especie a la que pertenezcan; siempre van a quedar perfectas en cualquier rincón. Además, aportan una ”tropicalidad” capaz de transformar cualquier jardín en un auténtico paraíso. Sin embargo, es muy importante que tengamos en cuenta que cada una de ellas tiene sus propias necesidades.
      Para que puedas evitar gastar dinero en vano, te vamos a dar una serie de consejos de cultivo de palmeras.

Dypsis decaryi en un jardín
Dypsis decaryi
Escoge especies resistentes a tu clima
     Es lo más importante y, al mismo tiempo, en lo que menos se suele pensar. Las palmeras son tan bonitas, que a más de uno y a más de dos nos gustaría tener un terreno de una hectárea (como mínimo) para poder plantar un montón de especies. Pero tenemos que saber controlarnos y, sobretodo, buscar información sobre cuáles son las especies que mejor se adaptan a nuestro clima. Y cuando digo esto me refiero a que tienen que ser capaces de vivir bien con las condiciones que hay en el jardín.
     Por ejemplo, yo vivo en el sur de Mallorca, con unas temperaturas que van desde los 38ºC en verano hasta los -1ºC o -2ºC en invierno. En principio, puedo cultivar un montón de especies tropicales, como la Dictyosperma album o la Roystonea regia, ya que esas heladas son puntuales y de muy corta duración, pero… la realidad es muy distinta. Para que esas palmeras pudieran sobrevivir, después de la helada la temperatura tendría que subir a los 15-18ºC o más, algo que no ocurre (se queda en los 5-10ºC).
      Por todo ello, cuando busques especies, te recomiendo que escojas aquellas en las que los libros digan que son más resistentes al frío. En mi caso, tengo que decantarme por aquellas que en los libros, enciclopedias, etc. dicen que soportan hasta los -4ºC, porque sé que esos -4ºC que pueden tener en su hábitat natural son los -2ºC que tendrán aquí en Mallorca.

Ejemplar de Chamaedorea tuerckeimii
Chamaedorea tuerckeimii
Ponlas en el lugar adecuado
     Estamos muy acostumbrados a ver palmeras creciendo a pleno sol. Phoenix, Washingtonia, Chamaerops, Butia… Son muchísimas las que tienen que estar expuestas al astro rey. Pero tenemos que saber que hay otras a las que los rayos solares les pueden perjudicar seriamente, como a las Chamaedorea, Ceroxylon, Dypsis, o Arenga, entre otras. Por este motivo, debemos de ponerlas en el lugar más adecuado, donde puedan crecer sin problemas.
     Las raíces no son invasivas, pero será necesario tener muy en cuenta sus dimensiones adultas para plantarlas en un sitio u otro, ya que así podrán tener la posibilidad de crecer y desarrollarse correctamente.

Palmera Butia capitata
Butia capitata
Abónalas con abono orgánico  
      El abonado es fundamental para el buen crecimiento de las palmeras. Éste tiene que aplicarse desde comienzos de primavera hasta finales de otoño. En los viveros encontraremos abonos específicos para estas plantas, pero en casa disponemos también de algunos 😉 : cáscaras de huevo y de plátano, bolsitas de té, verduras pasadas (caducadas o que ya no se pueden comer), compost, pienso de animales caducado,… Eso sí, si se están cultivando en maceta, deberemos usar abonos líquidos, siendo muy recomendable el guano.
Hoja de Phoenix

Pódalas en otoño

      Seguramente habrás visto a varios trabajadores podando las palmeras en verano, pero ese es un error muy grande por dos motivos:

  • En pleno verano las palmeras están creciendo, lo que significa que por sus vasos conductores es transportada una gran cantidad de savia. Al podarlas, es inevitable que las plantas pierdan parte de esa savia, lo cual puede debilitarlas mucho. 
  • Si se vive en una zona donde el picudo rojo o la paysandisia están circulando, se exponen a las palmeras a sus ataques. Hay que pensar que estas dos plagas acaban con la vida de las palmeras en cuestión de días, semanas o meses (dependiendo del clima). Al podar, estos insectos se sienten muy atraídos por el olor de las plantas, así que se dirigen a ellas. 
      Así pues, aconsejamos podar, sólo si es estrictamente necesario, en otoño utilizando herramientas previamente desinfectadas con alcohol de farmacia. Y por lo demás, sólo queda decir una cosa: disfruta de tus palmeras.

Información

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jueves, 22 de noviembre de 2018

ATAHUALPA YAPANQUI (Argentina, 1908-1992)
El árbol que tu olvidaste



El árbol que tú olvidaste 
siempre se acuerda de ti
y le pregunta a la noche  
si serás o no feliz
El arroyo me ha contado  
que el árbol suele decir 
quien se aleja junta quejas  
en vez de quedarse aquí
Al que se va par el mundo  
suele sucederle así 
que el corazón va con uno  
y uno tiene que sufrir 
y el árbol que tú olvidaste  
siempre se acuerda de ti
Arbolito de mi tierra  
yo te quisiera decir  
que lo que a muchos les pasa  
también me ha pasado a mi
No quiero que me lo digan
pero lo tengo que oír 
quien se aleja junta quejas  
en vez de quedarse aquí
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domingo, 18 de noviembre de 2018

JUAN GUZMÁN OJEDA, Ing. Técn. Forestal
El centenario y recóndito madroño de la Fajana de Ruiz

La estrella invitada de este artículo supone un recorrido por un paisaje forestal envolvente...

Quizás 17 metros no sean mucho para un árbol, pero en el caso del madroño posiblemente sea su máxima altura posible.
     Aunque la mitología clásica concediera a las “manzanas de oro” de nuestro madroño (Arbutus canariensis) propiedades inmortales, lo cierto es que, lejos de estas supuestas virtudes o divinidades, debió haberle otorgado un título nobiliario a su seductora belleza.
     El madroño es el árbol que termina de enganchar a aquellos que comienzan a estudiar y descubrir a los habitantes de los bosques canarios. Este elemento de la laurisilva y del pinar húmedo se deja reconocer por dos caracteres diferenciales: su corteza y sus frutos. Podemos detectarlo mediante suaves caricias, ya que su corteza es sedosa y lisa, desprendiéndose periódicamente a modo de pergaminos. Esta corteza y sus irisados colores verdoso-anaranjados resaltan especialmente cuando los troncos se empapan del rocío horizontal. Mención aparte merecen sus flores acampanadas y de color asalmonado, que más tarde derivan en vistosos frutos comestibles de color mandarina, que cuelgan en cortos racimos.
     Los madroños salvajes, casi por casualidad, suelen estar asociados con algunas de las ubicaciones más especiales del verde canario: dígase el Espigón Atravesado en El Canal y Los Tiles (La Palma), el barranco Oscuro que nace en Tamadaba (Gran Canaria), o bosquetes termófilos como el de La Furnia de Icod (Tenerife). Como no podía ser menos, la visita a la estrella invitada de este artículo supone también un recorrido por un paisaje forestal envolvente.
     El ilustre Madroño de La Fajana de Ruiz se localiza (28º 22´ 21,45 ¨ N y 16º 37´ 27,76¨ W) en el límite oeste del municipio tinerfeño de Los Realejos, muy cerca del cauce del barranco del mismo nombre. Para poder visitarlo debemos sumergirnos en esta encajonada rambla, junto a la que discurre uno de los senderos más visitados del norte insular. En todo caso, el mayor ejemplar de madroño canario no se encuentra junto a la senda, por lo que la mayor parte de los senderistas suelen pasar muy cerca sin llegar a advertirlo. Y es que este notorio ejemplar forma parte del bosquecillo que ha reconquistado las huertas de cultivo. En su día, hará ya casi un siglo, seguramente era el único árbol divisable entre las terrazas agrícolas del lugar.

Floresta en ebullición
     El entorno de la Fajana de Ruiz resulta cautivador. A la floresta en ebullición, hay que sumarle la espectacular geología vertical y el valor etnográfico que nos transmite el antiguo patrimonio rural. Si nos paramos frente a la Casa de La Fajana, poco a poco engullida por la vegetación, un leve esfuerzo imaginativo puede darnos idea de la dureza y autenticidad de la antigua vida agraria, a buen seguro llena de mil historias jamás relatadas.
     La biodiversidad de este enclave es tan elevada que le ha merecido su declaración como Sitio de Interés Científico, una tipología de espacio natural que invita al descubrimiento de nuevas especies. En el bosquecillo que oculta a este titán de tersa piel dominan, entre otras, especies de laurisilva como el laurel (Laurus novocanariensis) y el paloblanco (Picconia excelsa) atípicamente muy abundante en esta zona.
     Si vamos descendiendo seguro que nos sorprenderá una curva algo diferente (casi sacada de un capítulo de las aventuras Astérix y Obélix), en la que domina un gran castaño con una gran mesa de piedra cerca de su base. Al poco dejaremos la Casa de La Fajana a nuestra derecha y luego el sendero emprende una larga recta en bajada. A unos 100 metros de la casa y más o menos en la posición geográfica 28º 22´ 41,23¨ N y 16º 37´ 28,42¨ W torcemos a la derecha por una estrecha vereda entre bancales, hasta encontrarnos de frente, a unos 50 metros bajo el dosel arbóreo, con nuestro madroño.
     Este es el camino más sencillo, aunque recuerdo que cuando fui a verlo con mi buen amigo Pascual ambos tiramos bosque a través, desde la curva del gran castaño, sorteando la maleza y avanzando como podíamos con una mezcla de nerviosismo y certeza, pues sabíamos que, más tarde o más temprano, nos toparíamos con este soberbio ejemplar. Y así fue como pudimos contemplar esta obra de arte natural, con sus tres gruesos y tersos troncos principales que arrancan de una gran base que abarca los cinco metros de perímetro. Quizás 17 metros de altura no sean mucho para un árbol, pero en el caso del madroño posiblemente sea su máxima altura posible. Al igual que ocurre con otros árboles centenarios, su dimensión y edad hace que no se identifique fielmente con los típicos madroños que estamos más acostumbrados a observar.

¿Qué lo libró del hacha?
     En nuestra vuelta a la civilización nos preguntamos cuál pudo ser la razón que libró a este árbol del hacha, concluyendo que quizás fuera una mezcla del rico sabor de sus frutos, las inestimables propiedades medicinales y, cómo no, el magnífico porte que provocó el respeto por parte de los lugareños. En todo caso Arbutus canariensis es un pariente muy cercano al madroño europeo (Arbutus unedo) y seguramente las primeras poblaciones hispánicas ya se percataron de este parecido, suponiéndole usos similares. Los azúcares del fruto de los madroños al fermentar producen alcoholes naturales. Por eso, su consumo excesivo llega a causar embriaguez, de ahí el apellido científico unedo que apunta el consejo de consumir uno sólo. En Asturias incluso se le conoce con el nombre vulgar de “borrachín”.
     Quizás los frutos de este madroño nos queden demasiado altos para poder disfrutar de sus relajantes que no inmortales propiedades. Lo que sí resulta de claridad meridiana es que todo aquel que lo visite inscribirá un nuevo y agradable recuerdo en su particular admiración y memoria por los seres vegetales más extraordinarios.

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miércoles, 14 de noviembre de 2018

Dr. THEODOR SEUSS GEISEL, USA (1904-1991) 


"Soy el Lorax. Hablo por los árboles. Hablo por los árboles porque ellos no tienen lengua."





       
     El Lorax es un libro infantil escrito por Dr. Seuss, publicado por primera vez en 1971. Es una crónica de la difícil situación del medio ambiente y es el Lorax, quien habla en nombre de los árboles debido a la codiciosa intervención de "El-Una-Vez" (Once-Ler). Al igual que en la mayoría de los trabajos de Dr. Seuss, las criaturas mencionadas son originales del libro.
     El libro es comúnmente reconocido como un fábula debido a que muestra cómo la avaricia corporativa representa un peligro para la naturaleza, utilizando el elemento literario de personificación para dar vida a la industria como el El-Una-Vez (cuyo rostro nunca se muestra en ninguna de las ilustraciones de la historia y en el especial de televisión, pero sí en la película del 2012) y al medio ambiente como El Lorax o "Majo Barrios".

Ver la película on line AQUÍ
     Sinopsis: Un muchacho, que vive en una ciudad contaminada, visita a un extraño hombre solitario llamado El-Una-Vez. El muchacho le paga a El-Una-Vez quince centavos, un clavo y una concha de mar que pertenecía a su tatarabuelo para que le explique por qué el área está en un estado ruinoso. El-Una-Vez le explica al niño (mediante el uso de un Flashback) que tiempo atrás llegó a un valle hermoso, que contenía animales felices y juguetones que pasaban el día entre los árboles de Truffula. El-Una-Vez comenzó a cortar los árboles de Truffula para recoger la materia prima para tejer Thneeds, una invención cómica y versátil "que todo el mundo necesita"; se puede utilizar como una camisa, un calcetín, un guante, un sombrero, una alfombra, una almohada, una hoja, o una cortina. Sin embargo, al cortar el primer árbol, invocó al Lorax titular, que era "bajito, algo viejo y de color anaranjado... con una voz fuerte y mandona", que aparece en el tronco cortado del árbol de Truffula. Él "habla en nombre de los árboles, los árboles no tienen lengua" y advirtió a El-Una-Vez de las consecuencias de la tala de los árboles de Truffula, pero El-Una-Vez no le hizo caso y llamó a sus familiares para que fuesen a trabajar en su fábrica.
     Pronto el área que había sido una vez hermosa se convirtió en un lugar contaminado. El Lorax envió lejos a la fauna para que pudiesen encontrar hábitats más hospitalarios. Frente a el Lorax, El-Una-Vez declaró su intención de continuar ampliando sus operaciones, pero en ese mismo momento "oyeron la caída de un árbol -el último árbol de Truffula-". Sin materia prima, la fábrica cerró y sin la fábrica, los familiares de El-Una-Vez se fueron. A continuación, el Lorax, en silencio, con una "muy triste, triste mirada hacia atrás", se fue volando entre las nubes. El-Una-Vez persistió en su residencia en ruinas, viviendo en soledad y remordimiento, mientras meditaba sobre el mensaje que el Lorax había dejado atrás: una piedra, una laja, grabada con la palabra "A menos" (Unless). En la actualidad, El-Una-Vez dice que ahora se da cuenta de que el Lorax quiso decir que, "a menos" que alguien se preocupara, la situación no iba a mejorar. El-Una-Vez le da al niño última semilla de Truffula y le dice que la plante, diciendo que "Los árboles de Truffula son lo que todo el mundo necesita", y esperando que, si el niño logra hacer un bosque de árboles de Truffula, "el Lorax y todos sus amigos puedan regresar."

Fuente: Wikipedia


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sábado, 10 de noviembre de 2018


LEONCIO RODRÍGUEZ, Tenerife (1881-1955)
Los árboles históricos y tradicionales de Canarias
Del Tercer Inventario Forestal Nacional (1997-2007), pág. 71

      El autor describe la importancia que tuvo el pinar en un momento en que el bosque ya ha sufrido una importante regresión:

     ¡Pinos canarios!... Árbol isleño por excelencia, único de su especie en el mundo; el más útil, el más sobrio y resistente de nuestra flor. Árbol de los mitos indígenas, de las tradiciones religiosas, de las ofrendas votivas. Árbol con justos títulos llamado «canariensis», de nombre tan socorrido entre las mujeres isleñas, tan bello y sonoro: ¡Pino!... Su historia está llena de vicisitudes y heroísmos. Por que ninguno de nuestros árboles fue tan codiciado y perseguido, ni supieron resistir como ellos, tan obstinadamente, la saña enemiga.
     Todavía en los albores de la Conquista, apenas profanada la virginidad de nuestras selvas, ya comenzaban su acoso y su exterminio. Una guerra implacable, sin tregua ni cuartel, que les obligó a buscar cobijo en las quebradas y las cimas de las montañas, en las márgenes de los barrancos, o entre las escorias volcánicas, procurándose un asidero y un refugio contra la cruzada tenaz de sus insaciables enemigos.
     De poco sirvieron aquellas enérgicas medidas y prevenciones del primer Cabildo de la Isla, convertidas en ley y mandato para todos los pueblos. Que en las licencias que se dieren para cortar pinos se exprese siempre que sea obligado el que lleve la tal licencia, a mondar diez pinos pequeños por cada un pino. Que no se corten de menos frente de grueso de dos palmos, so la pena en que caen los que corten madera de pino sin tener licencia para ello. Y que ninguna persona sea osada de cortar pinos para hacer pez, pena de mil maravedís por cada un pino, y de perdimiento de la pez»
     Las dilatadas áreas que abarcaban los pinares de la Isla, y que en algunas zonas extendíanse hasta las costas, quedaran bien pronto reducidas a núcleos aislados en los filos y vertientes de las cordilleras centrales. Y aun en ellas sufrieron el asedio de los que se disputaban el botín ubérrimo de sus resinas y maderas. Maderas veneradas, «del árbol inmortal» para a los indígenas, «que no se pudrían jamás ni encima ni de bajo de la tierra ni dentro del agua». Maderas sagradas, que sirvieron de sarcófagos para sus reyes y de escudos y lanzas para sus guerreros. Maderas que fueron después techo, lumbre y ornato de los hogares canarios; balcón, postigo y celosía de nuestras mujeres; vigas para nuestros lagares y molinos; aperos para nuestra labranza; canalones para nuestras albercas y antorchas para nuestros pescadores... ¡Maderas privilegiadas, de acres aromas, nudosas y fuertes, resistentes y duras como las rocas isleñas.

Cubiertas de las primeras ediciones de "Los árboles históricos y tradicionales de Canarias", en la colección Biblioteca Canaria.
A la Izquierda, la primera parte publicada hacia 1940.
A la derecha, la segunda parte publicada en 1946.

Información sobre Leoncio Rodríguez
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martes, 6 de noviembre de 2018

FRANCIS HALLÉ,  Francia, 1938
"De la buena gestion de los árboles"

     Entre las numerosas obras del gran botánico francés Francis Hallé, se encuentra “De la buena gestión de los árboles”, un librito, traducido por Ignacio Abella, especialmente dirigido a los “elegidos”, los políticos y administradores, que tienen la responsabilidad de cuidar el patrimonio de árboles, sobre todo, en el medio urbano.
     Francis Hallé dice así:

     "Yo os ruego, señoras y señores electos, que no toméis a vuestros electores por idiotas o ignorantes. Individualmente, saben muy bien cómo se debe administrar su entorno cotidiano.
     Y, colectivamente, están muy al corriente de las cuestiones de ecología, incluso las más arduas. Vuestros electores están masivamente a favor de los árboles, sobre todo, de los grandes y bellos árboles, ni podados ni peligrosos…
     Y lo están por razones ligadas al ejercicio de sus derechos como seres humanos: derecho a la diversidad natural, a la estética, a la reflexión espiritual, filosófica, poética, y puede ser también, simplemente… derecho al sonido del viento en las ramas, al canto de las palomas al amanecer, a la sombra del mediodía y al ruiseñor de la tarde.
     Si la duración de un mandato electoral, es demasiado breve para permitir a los electos ocuparse de los árboles con la exquisita paciencia que hace falta, ¿sería necesario crear una estructura competente y estable, consagrada a los árboles en la ciudad?"
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sábado, 3 de noviembre de 2018

JOSÉ DE VIERA Y CLAVIJO, Tenerife (1731-1813)
"Todo nos lo franquean y facilitan los pinos..."

Viera y Clavijo (1772-1778) describió los diversos usos de los bosques en la sociedad canaria del siglo XVIII, cuando decía que...

"El pinar aporta todo el maderaje de nuestros edificios,
de la construcción de nuestros barcos;
las diformes vigas de los lagares,
los chaplones de muchos albercones,
los pimpollos altísimos para andamios;
canales para conducción de aguas,
hachos para alumbrarse los paisanos,
pescadores y mariscadores de noche;
el carbón, la brea, y la resina.
 

[...] Su corteza rugosa, hendida, rojiza, de consistencia ligera, es lo que llamamos corcha, y sirve para hacer boyantes las redes de la pesca, y para otros usos”.

De la laurisilva se extraían...
las maderas para la fabrica de casas, Molinos, todos los instrumentos de la Agricultura, e industrias de artesanos, Leña, tan necesaria para el consumo [...] en cosinas, hornos de pan, cal, y texa; para destila de aguardientes, [...]: la fábrica de barcos para la pesca; Ygualmente no la de menos consequencia en los efectos que se experimentan con la atracción de nubes, que influyen humedades a los terrenos, parte muy esencial para la producción de frutos.

Respecto a la pez cuenta que...
"Se extrae de los pinos, quemados en hogueras sobre hoyos dispuestos a propósito. Este ramo de industria, todavía mal perfeccionado, es común en Canaria, Tenerife, Palma y Hierro, donde la que no se consume en la carena de los barcos de la pesca y el tráfico, se exporta en considerables partidas para España y otros países, como las Indias y Costa de Guinea (Arco etal., 1992) aunque no se saca de dicha resina todo el partido que se pudiera, a imitación de otros países en donde hay pinares; pues no los sangran en el pie durante el verano para extraerla y después cocerla, contentándose solamente con quemar la tea, sin método ni economías. La destrucción causada por la producción de pez mediante este procedimiento debió ser enorme, pues existe constancia de que para obtener entre 200 y 240 kilos de pez se quemaban unos 1.600 kilos de madera de pino (Arco etal.,1992).

Información: Tercer Inventario Forestal Nacional 1 9 9 7 - 2 0 0 7
LA TRANSFORMACIÓN HISTÓRICA DEL PAISAJE FORESTAL EN CANARIAS
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