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11 octubre 2023

El roble de Liernu - Bélgica, del narrador de historias

TOMÁS CASAL PITA 
El Gros-Chêne de Liernu


Este es el Gros-Chêne de Liernu (provincia de Namur, en Bélgica). Se trata de un roble común (Quercus robur) superviviente de los grandes bosques que en otro tiempo cubrían parte de Bélgica. Siendo el árbol más famoso del país, se dice que puede ser también el más grande, aunque no es el más alto, y como tal, la historia y las leyendas se le acumulan. No hay referencia cierta de su edad, lo que inmediatamente le coloca como milenario, lo sea o no. Parte de la rumorología popular le coloca como nacido en tiempos de Carlomagno (muerto en 814), leyenda que nos lleva a que fue el mismísimo emperador quien lo plantó. 
     Sus medidas actuales son: 14 metros de circunferencia a nivel del suelo (esta medida nunca se tiene en consideración), a un metro de altura 10,82 m (la referencia suele tomarse a 1,30 metros) y una altura de 18 metros. Todavía produce bellotas en abundancia y resiste el peso de sus ramas y la fuerza de los temporales gracias a tres columnas metálicas que le ayudan, puesto que el tronco está hueco, lo que permite el acceso a su interior. No se sabe cuándo un rayo rompió parte de la copa, provocando una gran grieta dejando paso a su interior. Esta cavidad servía de refugio a los peregrinos que iban a Santiago de Compostela, ya que Liernu está en el paso de la cuenca de Rin a la del Sena (una calzada romana pasaba cerca, por las mismas razones). Esa misma oquedad acogió a lo largo de los siglos a algunos forajidos y a un hojalatero que se instalaba allí cuando iba a trabajar al pueblo. El roble acogió también bajo sus ramas a la administración de justicia por el señor local y se sabe que sirvió de horca (tal vez de alguno que durmió en el interior del tronco). 
     En 1836, el pueblo quiso talar el roble, a lo que se opuso el sacerdote local, que incluso cuando el árbol fue incendiado, dirigió la restauración y raspado de la oquedad para recubrirla con arcilla. En 1838 se instaló en el hueco una imagen de San Antonio Ermitaño -padre de la vida monástica- para atraer la protección divina, al tiempo que se colocó una placa de madera que dice lo siguiente. 

"Tú que eres invocado en este viejo roble,
poderoso protector de este lugar,
consuélanos en nuestro dolor,
San Antonio, amigo del Buen Dios"
 
     Desde 1898 una valla, renovada en el 2000, rodea el roble para protegerlo. En julio de 1924, pasó a ser árbol notable de Bélgica y monumento catalogado en de abril de 1939. Pese a la protección divina, la imagen de San Antonio desapareció en el verano de 1970. Desde 1978 una cofradía, que exclusivamente custodia y pone el valor este viejo roble, le colocó las muletas metálicas y cambiaron las rejas. En 1981 y en 1991, se hizo un “hermanamiento” con otros robles históricos y en 1992 fue declarado patrimonio inmobiliario excepcional de la Región Valona, designándosele en 2015 como “Árbol Belga del Año”.
 
Las fotos modernas son de Jean-Pol GRANDMONT para Wikipedia, bajo licencia “Creative Commons Attriution-Share Alike 3.0 Unported”.
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28 mayo 2012

ÉMILE VERHAEREN (Bélgica 1855-1916)
L'arbre

Tout seul,
Que le berce l'été, que l'agite l'hiver,
Que son tronc soit givré ou son branchage vert,
Toujours, au long des jours de tendresse ou de haine,
Il impose sa vie énorme et souveraine
Aux plaines.

Il voit les mêmes champs depuis cent et cent ans
Et les mêmes labours et les mêmes semailles;
Les yeux aujourd'hui morts, les yeux
Des aïeules et des aïeux
Ont regardé, maille après maille,
Se nouer son écorce et ses rudes rameaux.
Il présidait tranquille et fort à leurs travaux;
Son pied velu leur ménageait un lit de mousse;
Il abritait leur sieste à l'heure de midi
Et son ombre fut douce
A ceux de leurs enfants qui s'aimèrent jadis.

Dès le matin, dans les villages,
D'après qu'il chante ou pleure, on augure du temps;
Il est dans le secret des violents nuages
Et du soleil qui boude aux horizons latents;
Il est tout le passé debout sur les champs tristes,
Mais quels que soient les souvenirs
Qui, dans son bois, persistent,
Dès que janvier vient de finir
Et que la sève, en son vieux tronc, s'épanche,
Avec tous ses bourgeons, avec toutes ses branches,
-Lèvres folles et bras tordus
Il jette un cri immensément tendu
Vers l'avenir.

Alors, avec des rais de pluie et de lumière,
Il frôle les bourgeons de ses feuilles premières,
Il contracte ses noeuds, il lisse ses rameaux ;
Il assaille le ciel, d'un front toujours plus haut;
Il projette si loin ses poreuses racines
Qu'il épuise la mare et les terres voisines
Et que parfois il s'arrête, comme étonné
De son travail muet, profond et acharné.

Mais pour s'épanouir et régner dans sa force,
Ô les luttes qu'il lui fallut subir, l'hiver!
Glaives du vent à travers son écorce.
Cris d'ouragan, rages de l'air,
Givres pareils à quelque âpre limaille,
Toute la haine et toute la bataille,
Et les grêles de l'Est et les neiges du Nord,
Et le gel morne et blanc dont la dent mord,
jusqu'à l'aubier, l'ample écheveau des fibres,
Tout lui fut mal qui tord, douleur qui vibre,
Sans que jamais pourtant
Un seul instant
Se ralentît son énergie
A fermement vouloir que sa vie élargie
Fût plus belle, à chaque printemps.

En octobre, quand l'or triomphe en son feuillage,
Mes pas larges encore, quoique lourds et lassés,
Souvent ont dirigé leur long pèlerinage
Vers cet arbre d'automne et de vent traversé.
Comme un géant brasier de feuilles et de flammes,
Il se dressait, superbement, sous le ciel bleu,
Il semblait habité par un million d'âmes
Qui doucement chantaient en son branchage creux.
J'allais vers lui les yeux emplis par la lumière,
Je le touchais, avec mes doigts, avec mes mains,
Je le sentais bouger jusqu'au fond de la terre
D'après un mouvement énorme et surhumain ;
Et J'appuyais sur lui ma poitrine brutale,
Avec un tel amour, une telle ferveur,
Que son rythme profond et sa force totale
Passaient en moi et pénétraient jusqu'à mon coeur.

Alors, j'étais mêlé à sa belle vie ample ;
Je me sentais puissant comme un de ses rameaux;
Il se plantait, dans la splendeur, comme un exemple;
J'aimais plus ardemment le sol, les bois, les eaux,
La plaine immense et nue où les nuages passent;
J'étais armé de fermeté contre le sort,
Mes bras auraient voulu tenir en eux l'espace;

Mes muscles et mes nerfs rendaient léger mon corps
Et je criais : " La force est sainte.
Il faut que l'homme imprime son empreinte
Tranquillement, sur ses desseins hardis:
Elle est celle qui tient les clefs des paradis
Et dont le large poing en fait tourner les portes".
Et je baisais le tronc noueux, éperdument,
Et quand le soir se détachait du firmament,
je me perdais, dans la campagne morte,
Marchant droit devant moi, vers n'importe où,
Avec des cris jaillis du fond de mon coeur fou.

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EL ÁRBOL

Completamente solo,
que lo agite el invierno o el estío lo meza,
que se escarche su tronco
o con verdes ramajes aparezca,
siempre, tras de los días
del odio o la ternura,
se impone con su vida,
enorme y soberana, a las llanuras.

Desde cientos y cientos de años,
mira los mismos campos,
y las mismas labores y los mismos sembrados;
los ojos hoy muertos, los ojos
de los abuelos más remotos,
pudieron contemplar, punto por punto,
su corteza anudarse
así como sus rudos
ramajes.

Presidía, tranquilo y fuerte sus trabajos;
les ofrecía su pie velludo
lecho de musgo;
resguardaba la siesta en melodías cálidos
y fue dulce su sombra
a sus hijos que unieronse en idílicas horas.

Desde el amanecer, en las aldeas,
según cante o llore, ya se augura el tiempo;
está en el secreto
de las nubes violentas
y del sol disgustado
en horizontes llenos de latencias;
erguido en medio de los campos
es todo lo pasado;
pero sean cuales fueren los recuerdos
que en su bosque se guardan
desde que termina enero
y que la savia se expande dentro de su tronco viejo,
con el haz de los retoños y el manojo de las ramas,
-labios locos y brazos retorcidos-
lanza un grito,
inmensamente, al porvenir tendido.

Entonces, con rayos
de luz y lluvia fija los tejidos
de hojas temblorosas, alisa las ramas,
contrae los nudos, empuja en el cielo vencido
su frente cada vez más alta;
y tan lejos proyecta
las raíces porosas
que el pantano agota
y agota las próximas tierras.
De repente,
con asombro se detiene
por su trabajo,
mudo,
profundo,
encarnecido.

Pero para expandirse y reinar con su fuerza,
¡oh, cuántas luchas tuvo que afrontar en invierno!
Las espadas del viento
al través la corteza,
del huracán los choques, las cóleras del aire,
la escarcha semejante
a limaduras ásperas;
todo el odio y toda la batalla,
los granizos del Este y las nieves del Norte,
la helada blanca y tétrica, con dientes mordedores
del alburno que es amplia madeja de las fibras,
se hace mal que retuerce y es dolor con que vibra,
sin que un sólo instante, en una
ocasión, su energía disminuya
en anhelar firmemente, llegue cada vez más bella
la primavera.

Cuando triunfa, en octubre, el oro en su follaje,
mis pasos, todavía extensos, más pesados,
frecuentemente hicieron largo peregrinaje
a ese árbol que el Otoño y el viento atravesaron.
Cual brasero gigante de hojas y de llamas,
bajo el azul del cielo, tranquilo se elevaba,
pareciendo habitado por un millón de almas
que en su ramaje hueco dulcemente cantaban.

Iba hacia él, los ojos llenos de luz. Mis dedos,
mis manos lo tocaban. Sentía el movimiento
sobrehumano, enorme, que agitaba su cuerpo
y mi pecho bestial sobre él se apoyaba
con tal amor, con tal fervor,
que su ritmo profundo y su fuerza apretada
me penetraban hasta dentro del corazón.
Estaba mezclado entonces a su vida bella y amplia;
con él me encontraba unido como una de sus ramas;
entre esplendor, él se erguía como magnífico ejemplo;
y yo amaba más ardientemente las agua, el cielo,
los bosques, el llano inmenso, por donde las nubes pasan.

De firmeza estaba armado
contra el destino. Mis brazos
deseaban sostener todo el espacio.
Mis músculos y mis nervios
me aligeraban el cuerpo.
Y yo gritaba:
“La fuerza es santa”

Es necesario que el hombre imprima violentamente
las huellas en sus propósitos audaces.Ella posee
las llaves de paraísos. Su puño abre las puertas.
Frenéticamente, yo besaba el tronco con nudos
y, cuando del firmamento se desprendía la tarde
me perdía en la campaña muerta.
Hacia cualquier punto encaminaba los pasos, siempre adelante
Y lo hondo de mi corazón lanzaba gritos, mi corazón loco.


Versión castellana: Julio Raúl Mendilabarsu (Revista Pegaso, mayo 1920)
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14 mayo 2010

JOSEPH LENOIR (Bélgica, 1822-1861)
Le génie des forêts

Il est dit qu'une fois, sur les arides plaines
Qui s'étendent là-bas dans les vieilles forêts,
L'esprit des noirs brouillards qui couvrent ces domaines
Dormit à l'ombre d'un cyprès.

Mais il n'était pas seul : l'air pensif, en cadence,
Pressés autour de lui, des hommes s'agitaient ;
Un chant rompit bientôt leur lugubre silence:
Voici quel chant ils écoutaient:

Foule de guerriers sans courage,
Je le sais et tu t'en souviens,
Parce que tu n'aimais qu'un indigne carnage,
Mes pères ont maudit les tiens.

Parce que tu mangeais des entrailles de femme,
Tu t'engraissais des chairs de tes amis,
Et que jamais, chez toi, n'étincelle la flamme,
Qu'autour de tremblants ennemis.

Va voir, si tu peux, au seuil de nos cabanes,
Les pâles et rouges débris
Des chevelures et des crânes
Qu'en ton sein autrefois ma hache avait surpris.

Foule de guerriers sans courage,
Je le sais et tu t'en souviens,
Parce que tu n'aimais qu'un indigne carnage,
Mes pères ont maudit les tiens.

Viens donc ! apporte la chaudière,
Tu boiras le jus de mes os!
Viens donc !l assouvis ta colère,
Tu ne m'entendras pas pousser de vains sanglots!

Ils frappent : les haches brisées
A leurs pieds tombent en éclats;
Ils frappent : leurs mains épuisées
Restent sans vigueur à leurs bras.

Lui, cependant, avec un rire horrible,
Le cou tendu, les yeux sans mouvement,
Sur le roc qui voyait cette lutte terrible,
Il s'asseyait en murmurant:

Viens donc! apporte la chaudière,
Tu boiras le jus de mes os!
Viens donc! assouvis ta colère,
Tu n'entendras pas pousser de vains sanglots!

A la fin, bondissant de douleur et de rage,
L'esprit de la noire forêt
Jette dans l'air un cri rauque et sauvage,
Ecume, grince et disparaît.

Depuis, nul n'a foulé le morne solitaire,
Alors que les vents de la nuit
Aux horreurs qui couvrent la terre
Ont mêlé leur funèbre bruit.

Car une forme surhumaine,
Hâve, dégoûtante de sang,
Accourt du milieu de la plaine,
Y dresser son front menaçant.
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30 junio 2009

PIERRE LOUŸS (1870-1925)
Les arbres de forêt...

Les arbres des forêts sont des femmes très belles
Dont l'invisible corps sous l'écorce est vivant.
La plus pure eau du ciel les abreuve, et le vent
En séchant leurs cheveux les couronne d'ombrelles.

Leur front n'est pas chargé de la tour des Cybèles:
L'ombre seule des fleurs sur leur regard mouvant
Retombe, et, le long de leurs bras se poursuivant,
Tournent les lierres verts qu'empourprent les rubelles.

Les arbres des forêts sont des femmes debout
Qui le jour portent l'aigle et la nuit le hibou,
Puis les regardent fuir sur la terre inconnue.

La rapide espérance et le rêve incertain
S'envolent tour à tour de leur épaule nue
Et la captive en pleurs s'enracine au destin.

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