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12/13/2024

RAFA RUIZ, Nov-2020
Viaje a un bosque con corazón
Los colores del otoño en Devesa da Rogueira, en los montes do Courel, en Lugo. Foto: FSC-España
 En ‘Bosques para Siempre’ viajamos este otoño a Lugo, a la Serra do Courel, a Devesa da Rogueira, uno de los bosques-tesoro de la Galicia Profunda, profunda porque nos toca lo más hondo, porque es un bosque con corazón (os vamos a explicar por qué). Para empezar, este es el bosque al que FSC ha concedido el primer sello de “Certificación de Servicios de los Ecosistemas en España”. Palabras mayores (ahora os explicamos en qué consiste). Acompañadnos al corazón del bosque con corazón.

Esta es la nota que lo avala: “El pasado marzo 2020 Enxeñería Forestal Asefor y la Comunidad de Montes Vecinales en Mano Común (CMVMC) de Rogueira e Cabana, integrada por 32 propietarios, vecinos de la localidad de Folgoso de Courel http://folgosodocourel.com/ , obtuvieron la Certificación FSC de Servicios del Ecosistema del Monte Vecinal en Mano Común de Rogueira y Cabana, de más de 600 hectáreas de masa forestal, que permite la declaración y demostración de los impactos positivos de sus prácticas de gestión forestal para la conservación y preservación de su biodiversidad”.

Así que en El Asombrario fuimos a conocer ese monte y en qué consiste ese certificado. Los datos aportados por FSC: “La Devesa da Rogueira es el mayor entorno forestal de la Serra do Courel, está integrada en la Red Natura 2000 y ha sido declarada por la Xunta de Galicia Zona de Especial Protección de los Valores Naturales. Tiene más de 440 hectáreas y está poblada por especies arbóreas de frondosas autóctonas con una finalidad estrictamente protectora y de conservación de la biodiversidad. Atesora 21 tipos diferentes de bosque, 900 especies de plantas, 25 especies de orquídeas, más de 400 especies de hongos y 200 especies de vertebrados, entre corzos, martas, comadrejas, turones, garduñas, gatos monteses, lobos, zorros y osos pardos. Devesa da Rogueira es considerada un enclave natural único en Galicia con una densidad arbórea y botánica inusual de gran valor patrimonial, cultural y ecosistémico”.

Pero más allá de estas cifras, ¿dónde está el verdadero corazón de este bosque? No está en su riqueza de orquídeas, no; ni en sus centenarios y sagrados tejos, ni en sus abundantes regatos y pequeñas cascadas, ni en esos enormes robles/carballos y hayas con líquenes barbas de viejo que les prestan un aspecto de sabios o magos, ni en las Fontes da Rogueria (ya sabéis, aquí también esa agua suertuda que te concede deseos). No. Sino que lo encontramos en la pequeña aldea de Moreda, donde habita ahora una treintena escasa de personas, que son los comuneros, los propietarios en régimen comunal del monte, y que hace ya décadas decidieron, en un alarde de adelantarse a los tiempos, en un triple salto de glocalidad (lo global visto desde lo local) que el principal valor del bosque no era ya su aprovechamiento maderero, sino su conservación para disfrute de todos y todas, del pueblo y del mundo, para poner su granito de hojas a la buena salud del planeta.

Senderismo por Devesa da Rogueira

Nos lo cuenta Lola Castro, alcaldesa del Concello de Folgoso do Courel, 45 núcleos de población, poco más de 1.000 habitantes (cuando a mediados del siglo pasado eran 10.000), solo 30 niños en el cole (cuando hace 40 años, cuando Lola era una rapaza, eran 250 y en dos escuelas); nos lo cuenta: “Desde pequeños nos inculcaron el amor al monte, estamos muy orgullosos de él. Creemos que los proyectos, poco a poco y desde abajo, es como llegan a ser grandes proyectos”. Pocas palabras y profundas. Con todo el sentido del mundo y de su tierra. Y por ese amor a su tierra y por sentirla de cerca, hace menos de dos años regresó a Moreda su hermano, José Antonio Castro; dejó la ciudad grande y su trabajo de soldador para dedicarse a la ganadería en extensivo, 44 vacas de monte que pastan por los alrededores de Moreda.

Ese es el auténtico corazón del bosque, más allá de las retamas de arándanos, de los resbaladizos caminos de pizarra, de los bellísimos blancos troncos de abedul vestidos de verde-musgo, de la levedad flotante de las hojas amarillentas de las hayas, de los recovecos de helechos, acebos y avellanos, de los frutos rojos del serval de cazadores, de las comunidades bien avenidas de rebollos y brezos, de las escaramuzas de martas, zorros y armiños, de la presencia atávica de lobos y el paso mitológico del oso por estos territorios. El corazón está en esa gente que sí cree en que hay otra forma de habitar el planeta.

Pero, claro, llega el momento de preguntarse: ¿y qué rendimiento le sacan al monte que es suyo, si apenas lo explotan? Se lo preguntamos los periodistas que fuimos en este viaje otoñal organizado por FSC España y Asefor (Ingeniería Forestal). ¿Cómo hacer rentable esto? ¿Cómo hacer SOStenible la SOStenibilidad del bosque? Y algo de SOS hubo en sus respuestas. Necesitan darlo a conocer. Y necesitan que la sociedad entienda que el bosque requiere cuidados. Ahí es donde entra en acción, y por eso le damos tanta importancia, la etiqueta FSC por los servicios ecosistémicos que presta este bosque. Ya, el nombre no ayuda. Tan poco romántico resulta; incluso suena a esotérico. Pero hay que atenderlo y entenderlo: Porque hasta hace bien poco la etiqueta FSC –esa que nos encontramos en cajas y envases de cartón, y en las páginas de los libros, y en algunos muebles…– se centraba en reconocer la gestión, el aprovechamiento sostenible, maderero y de celulosa, de los bosques; pero hace bien poco llegaron a un punto en que reconocieron que eso no era del todo justo –ni del gusto de los tiempos que corren, de encrucijada y reto–, y que había que dar un paso más y valorar lo que aportan los bosques al planeta, a los ecosistemas, a nosotros, desde la retención de carbono –tan clave en la lucha frente a la crisis climática–, a la generación de agua, de paisaje, de biodiversidad, de ocio, de cultura, de símbolo, de memoria… Palabras mayores. Etiqueta que lleva ahora con orgullo la Devesa da Rogueira y que piensan que ha de servirles para llegar a acuerdos con esa otra parte de la sociedad que son las empresas, para que apuesten por invertir en ese bosque con corazón, o en ese corazón con bosque al que solo le faltan gnomos para ser mágico. O quizá ya los hay, aunque en este viaje, que duró poco, no tuvimos oportunidad de verlos. O meigas, que más que en aquelarre están de servicio de protección de la naturaleza. O la Santa Compaña, preservando las almas del monte. Inversiones en iniciativas imaginativas y pioneras que vayan más allá del turismo rural y de naturaleza, ¿por qué no atender, por ejemplo, al bosque como un laboratorio de investigación de aromas, sabores y fármacos?

Impresionante el bosque diverso y multicolor de la Devesa da Rogueira desde dentro. Foto: FSC-España

Si comenzamos con las cifras, terminamos ahora con las declaraciones: “La Certificación FSC de Servicios del Ecosistema, que en nuestro caso ha verificado la conservación de la biodiversidad, supone un orgullo para los comuneros y una forma de demostrar que nuestra actividad es necesaria para mantener, cuidar y preservar nuestros bosques”, nos contó Lola Castro, la alcaldesa y comunera y biznieta de comuneros. “El desarrollo rural, la fijación de población y la actividad económica local representan una necesidad básica sin la cual la conservación no sería posible. Por ello, nuestras poblaciones necesitan apoyo económico para impulsar nuestra economía local, puesto que nuestro objetivo es conservar estos bosques, compartirlos con la sociedad española y para generaciones futuras, tal y como hicieron nuestros antepasados. La Devesa da Rogueira es un legado y patrimonio natural y consideramos que la responsabilidad de conservarlo debería ser compartida”.

“La inversión en servicios del ecosistema es una excelente oportunidad para proteger el patrimonio natural de nuestro entorno dando, además, relevancia a la labor de los comuneros, que han sabido gestionar estos maravillosos montes durante toda su vida sin provocar alteraciones en el ecosistema”, añadió Severiano Ónega, CEO de la compañía lucense dedicada a la valorización de residuos biodegradables Agroamb, primera empresa que ha decidido patrocinar Servicios del Ecosistema en Devesa da Rogueira. “Además, es una enorme satisfacción apoyar proyectos que ayudan a fijar población en zonas como O Courel y con ello apoyar el desarrollo rural gallego. Esta iniciativa refuerza nuestro compromiso con el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible”.

“La gestión forestal responsable tiene un gran impacto positivo en la conservación y protección de servicios de los ecosistemas”, concluyó Gonzalo Anguita, director ejecutivo de FSC España. “La demostración rigurosa y real de estos impactos mediante el Proceso FSC proporciona a las empresas comprometidas la posibilidad de invertir en la conservación y mejora de los servicios de los ecosistemas. En ese sentido muestra misión es la de conectar propietarios forestales con empresas, organizaciones y administraciones posibilitando la creación de alianzas estratégicas de alto valor en la sociedad”.

Se va levantando la niebla que quedó pegada al fondo de los valles, huele a frío y humedad, salimos de la pequeña aldea de Paderne, de una casita rural de piedra, pizarra y nutritivo desayuno con ese pan gallego que no conoce competencia. En las afueras del pueblo apiñado, los tendales, para que a la ropa le dé el sol en estos días tan cortos y llegue a secarse; y los castaños, que tanto acompañan a las casas en Galicia; y las huertas de grelos y de calabazas, que abultan, enormes, en la tierra.

Es hora de marcharse y dejar el corazón en manos de gente como la familia Castro que entienden, desde Folgoso de Courel y sin haber ido a ninguna Cumbre del Clima, lo que hay que hacer para que el puzle del planeta no pierda piezas y los baños de bosque que busca la gente de la gran ciudad sigan siendo así. Así de maravillosos y apaciguadores, que dejan esa íntima y profunda sensación de que el mundo nos lo dejaron bien hecho.

Lo hemos leído aquí

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10/03/2022

La magnolia de Xubia, del narrrador de historias

TOMÁS CASAL PITA
La Magnolia de Xubia - Narón - A Coruña
Esta es la bicentenaria Magnolia grandiflora de Xubia (Ayuntamiento de Narón, en A Coruña) la más antigua de Galicia y posiblemente de España. Su tronco tiene más de 6,5 metros de perímetro. Tiene una altura aproximada de 14 metros, con un tronco de 2 metros de largo, que pronto se ramifica y soporta una copa de 23 m x 22 m. 
     Las magnolias están entre los árboles más antiguos, sólo superadas por las coníferas. Las de esta especie (grandiflora) son originarias del sureste de Estados Unidos y la primera que llegó a Europa fue traída en 1737. Si bien no es frecuente un tronco de este diámetro, si lo es que lleguen a ser más altas, hasta 25 metros. Son de hoja perenne y grandes flores blancas, de hasta 25 cm de diámetro, que llegan a durar cuatro días antes de caerse. Las flores fecundadas dan lugar a un fruto en forma de piña que guarda las semillas, de color rojo, que cuando maduran cuelgan por fuera de la piña como de un hilo. En su zona de origen, donde hay bosques enteros de este árbol, se aprovecha su resina para hacer un tipo de incienso, su corteza, por sus propiedades medicinales, y su madera, pese a que es poco resistente. 
     Precisamente en Xubia, en ramas secas, puede verse madera apolillada y cortes grandes con muy mala cicatrización, recuerdo de épocas pasadas, cuando aún no era “Árbore Senlleira” de Galicia, (categoría otorgada en el año 2007, siendo el Nº 58 A de este catálogo). Aunque hay otras antiguas en el país, ninguna lo es tanto. 
     ¿Qué tiene este árbol que le haga especial? Básicamente, su edad y tamaño. Según los datos que se conservan, fue plantado en la década de 1790 por un matrimonio de origen francés, Mathias Dufoire y Josefa Bucau, que poseían por aquel entonces una casa con huerta de unos 1200 m2 en la desembocadura del río Jubia y a donde llega el agua salada. Desde siempre es conocido en la zona que la magnolia vino en maceta de un país extranjero, traída por un embajador, siendo la primera de esta especie en llegar a Galicia.      
     ¿Quién la trajo? Probablemente Eugenio Izquierdo y Lazaún, un personaje ilustrado, casi de leyenda. Navarro de naturaleza, estudió y viajó por toda Europa, fue profesor y jefe de estudios en el Real Colegio de Francia, (donde conoció a Lavoisier y al sucesor de Tournefort al frente del jardín del Rey), y creó una fundición de cobre en Francia con otros socios. Fue el segundo director del Real Gabinete de Ciencias Naturales (actual Museo de lo mismo) y en 1790 llega a Xubia, donde compra casa y se establece, para crear una fábrica de cobre y donde oficialmente permanece hasta 1803. Sólo oficialmente, puesto que debía estar más tiempo viajando que parado: en 1798 es detenido por espionaje en Francia (era amigo personal de Godoy) y debe intervenir el mismo rey Carlos IV para lograr su liberación; en 1800 nombra heredera a una hija natural que tiene en Madrid. La fábrica de cobre por él fundada, pasará a ser durante la guerra de la independencia, fábrica de armas y luego de moneda hasta la época de Isabel II. Vendida por el estado durante el sexenio revolucionario, pasó a ser fábrica textil y así continúa a día de hoy.
     Volviendo al fundador, Izquierdo, en 1804 es miembro honorario del Consejo Supremo de Guerra. En 1805 se instala de nuevo en París y se le nombra “embajador plenipotenciario” y trata directamente con Napoleón. Interviene en asuntos de deuda nacional y se le nombra Consejero de Estado para firmar la paz con Inglaterra, luego de la batalla de Trafalgar, cosa que finalmente no se hizo. En 1807 firma con Napoleón la entrada de las tropas francesas “camino de Portugal”, que daría origen a la Guerra de la Independencia. Cuando se produce el motín de Aranjuez y Carlos IV es obligado a abdicar, Napoleón llama a Izquierdo y durante cinco horas están reunidos. No se sabe lo que allí se habló, pero desde ese día Izquierdo profesa un odio mortal a Napoleón, tan patente a todo el mundo, que la policía imperial lo pone bajo vigilancia. Carlos IV le nombra Secretario de Estado del gobierno en el exilio e Izquierdo, mientras vivió no sólo acompañó a los reyes durante su permanencia en territorio francés, también procuró defender los bienes del monarca e incluso le ayudó con dinero de su propio bolsillo. En 1813 fallece y deja como heredera a su hija, que nunca recibió nada. Entre sus cosas, un par de miles de libros (muchos de botánica) y dos herbarios. 
     Volviendo ahora al árbol, este fue plantado en la huerta de aquella casa de franceses, a medio camino entre la fábrica de cobre y la propia casa de Izquierdo. Seguramente les uniría la amistad y el recuerdo de Francia, por lo que Izquierdo debió de hacer del recuerdo traído, un obsequio. En 1795, muere Mathías Dufoire y la casa pasa 25 años deshabitada (y la magnolia, posiblemente creciendo a su aire). Luego la casa es vendida a la familia que aún hoy es propietaria, que la alquila durante más de un siglo a diversos inquilinos. Posiblemente el aprecio original que tuvieron los compradores y la obligación de los inquilinos a respetarla, garantizaron su supervivencia, junto a las labores y abonos del campo. 
     A mediados del siglo XIX, ya con siglo y medio encima debía ser un árbol notable, del que se dice que fue admirado por la reina Isabel II. En realidad quién allí estuvo fue su hermana Luisa Fernanda y su marido Antonio de Orleans (Duques de Montpensier). Cuando un árbol como este llega a esa edad, los hechos y las circunstancias se desdibujan y dan lugar a nuevas historias. Que a cien metros del árbol pasase sus últimos años el cartógrafo que levantó el primer mapa de la Islas Filipinas, da lugar a que se atribuya también el origen de la magnolia a una llegada desde Filipinas… A principios del siglo XX, también recibió las miradas de la reina María Cristina de Habsburgo y su hijo Alfonso XIII, que junto a ministros, obispos y militares de alto rango se veían en la obligación de pasar a su lado de camino a los astilleros y la base naval de Ferrol. 
      Durante la Segunda Guerra Mundial, debido a su proximidad de dicha base, sucedió una circunstancia poco clara y la magnolia sirvió de improvisado refugio antiaéreo, o más bien de ocultación que de refugio. A finales del siglo XX las casas adyacentes fueron derruidas para mejorar el entorno de la carretera y, aunque sigue siendo de propiedad privada, la parcela de la magnolia está anexa al paseo marítimo municipal.

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2/06/2022

AMELIA DE QUEROL OROZCO, en 2017
A magnolia de Santa Rita

En un "recunchiño" de nuestra querida ferrolterra hay un testigo mudo del pasar del tiempo y de sus avatares por esta tierra nuestra. Un testigo por cuyas venas no corre sangre, sino savia, y que regala su testimonio entre los susurros al viento y a las mareas de su capa montonera y toda una geografía de cicatrices en su porte retorcido: la magnolia de Santa Rita.
     En el rincón más amable en la historia del pasar del río Xubía, donde la propia corriente llora el final de sus penas sobre el cieno fructífero de la ría, se alza, imponente, la magnolia centenaria. Halla en el beso de las aguas su reflejo, y en su reflejo, el de toda la comarca. Un reflejo del quehacer de hombres aguerridos y luchadores, plagado de venturas entre atarazanas y toneleras, molinos, fábricas de armamento, talleres textiles y el perfil de uniformes militares. Un "recunchiño" apenas, una esquinita pequeña, humilde, pero bella y emblemática que nos trae, en la brisa norteña, el vestigio de lo que fue una historia preñada de historias y de vida.
     Ayer, acompañados del Presidente de la Diputación de la Coruña y del Alcalde de Narón, los autores del libro "A magnolia de Santa Rita e a cultura verde de Narón", Carlos Rodriguez Dacal y Tomás Casal Pita, en el Pazo da Cultura de Narón, presentaron su libro en un acto al que asistí con gran interés. Lógico mi interés pues, de alguna manera, también soy parte de sus páginas.
     Hace tiempo, Tomás, nos pidió, a Maricarmen Sendón López y a mí, colaboración para ofrecer algún aspecto artístico que pudiera enriquecer el ya rico trabajo que estaban realizando en la confección del libro mencionado. Enseguida nos entusiasmó la idea y, con la colaboración de varios socios de MESTURAS, nos prestamos, sin lugar a dudas, para aportar nuestro granito de arena. Organizamos varios encuentros de pintura al natural ante la Magnolia de Xubia, yo escribí algún que otro poema... organizamos una charla-coloquio sobre la magnolia, su entorno y circunstancias, así como un par de exposiciones con las obras que se habían ido trabajando... La magnolia se convirtió en referente de nuestra labor artística durante bastante tiempo y en una amiga especial que nos llegó al corazón. Forma ya parte de nuestra propia historia. Y eso, además, ha quedado reflejado en la deliciosa -y esperada- obra que ayer presentaron Tomás y Carlos, en Narón. Aprovecho para darles a ambos las gracias por contar conmigo y con mis amigos de MESTURAS y para aplaudir, tanto a ellos, como a los propios socios de MESTURAS, el buen trabajo llevado a cabo.

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A Magnolia de Santa Rita, candidato a Árbol Europeo 2021
Especie: Magnolia grandiflora
Altura: 14 metros
Perímetro del tronco: 6,65 metros
Edad: 225años. La más antigua magnolia de España y, sin duda, la de mayor perímetro, que no la más alta, posiblemente por las características del suelo y la proximidad del mar.

     Fue traída de Francia en el siglo XVIII en una maceta, por el embajador plenipotenciario ante Napoleón, D. Eugenio Izquierdo de Rivera y Lazaún y regalada a un matrimonio de franceses. Su presencia está ligada al desarrollo industrial de la zona (Real Fábrica de Harinas, Real Fábrica de Cobrería, Real Fábrica de Moneda, etc..). En 1900 fue visitada y admirada por la Reina Regente María Cristina de Habsburgo y en los últimos 200 años ha pertenecido a la misma familia. Situada al pie de la desembocadura del río Xuvia, antes de modificarse la ribera con la construcción de un muelle, estaba a cinco metros de la línea de marea alta.

 Datos: Voz de GaliciaÁrbol Europeo del Año Tomás Casal Pita

 

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6/27/2021

Metrosidero de A Coruña (y 3)

XOSÉ ALFEIRÁN
El metrosidero de A Coruña

El historiador Xosé Alfeirán analizó en una charla en Tribuna Pública, en A Palloza, la historia del árbol metrosidero de Orillamar, las hipótesis que existen sobre cómo llegó a la ciudad y el misterio que le rodea.

¿Cuál es ese misterio?

Que los botánicos no tienen capacidad para determinar la edad de este metrosidero. Se supone que tiene entre 200 y 300 años. Pero la llegada a Nueva Zelanda del explorador James Cook ocurrió en 1769 y eso fue hace 250 años, de ahí la intriga de los botánicos e historiadores. Nos preguntamos qué hace un metrosidero en A Coruña que es casi anterior a la presencia de los ingleses en este país.

¿Qué datos analiza para determinar su origen?

Hay que estudiar los viajes que se hicieron a Nueva Zelanda, cuándo se extendió por Europa el gusto por los parques y jardines y a quién pertenecía esa parcela. Hoy es de la Policía Local, fue hospitalillo de enfermedades contagiosas y antes, hasta 1818, fue una fábrica de jabón propiedad de Camilo de Gamboa.

De los viajes a Nueva Zelanda, ¿cuál le parece que está más relacionado con este árbol?

En el siglo XVI partieron desde A Coruña exploraciones hacia el Pacífico, pero no hay constancia de un viaje concreto a Nueva Zelanda. Ahí pudo haber algún explorador desconocido pero sería muy raro. Más importantes son las exploraciones del siglo XVIII, realizadas por ingleses e italianos, como Malaspina, que además estuvo preso en el castillo de San Antón, y la finalidad era botánica. Me quedo con esta hipótesis. Es la más probable. Pudo comprarlo Gamboa a un mercader, por ejemplo. Además, el metrosidero tiene un hijo en Pontedeume y ahí fue diputado Gamboa. Quizá regaló una semilla. Aun así, el misterio sigue porque no hay certeza.

¿Le gusta que se mantenga esa intriga?

Por supuesto. Es espectacular para los coruñeses y también para los neozelandeses porque es una cuestión sentimental. Es curioso que el árbol más antiguo de la ciudad sea de Nueva Zelanda y eso que hay árboles por todas partes en A Coruña. Este metrosidero es un extranjero que ha sobrevivido a todo. Además, se ve que se encuentra muy a gusto. Cumple el lema de que nadie es forastero.

¿Pasa desapercibido por la ubicación en la que está?

La verdad que sí. Es un gigante enclaustrado. Es una pena que la gente no pueda disfrutarlo. Esa gran copa que tiene, los filamentos que caen de las ramas... De todos modos, tuvo suerte de estar protegido por un cuartel y un hospital. Además, desde el punto de vista sanitario, se consideraba que su olor contribuía a la salud de la gente, así que estoy seguro de que los médicos de hace dos siglos estaban encantados de que estuviera el metrosidero en el patio. Sería interesante difundirlo aunque lo cierto es que fue un botánico neozelandés el que lo descubrió en 2001. 

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Tomás Casal Pita habló de este árbol aquí

6/24/2021

El metrosidero de A Coruña (2)

ALFONSO ANDRADE
El pohutukawa de Orillamar

 

Siempre que paso al lado del viejo metrosidero de Orillamar, cautivo en su calabozo arrabalero, me acuerdo de los ents, los gigantescos árboles pastores del bosque de Fangorn en la Tierra Media de Tolkien. Parece que en cualquier momento sacará del suelo sus poderosas raíces, como pies, para ganar su libertad saltando de un brinco la tapia que lo retiene en el patio de la comisaría de policía. Le pregunto qué edad tiene, pero el árbol recata su respuesta como presumido y discreto gentleman de un tiempo lejano mientras se cimbrea mecido con suavidad por el aire de la tarde. Poco queda ya para asistir a la deslumbrante eclosión cromática del neozelandés de Monte Alto. Cuando suelte el cielo su luz estival en el solsticio sanjuanero, el metrosidero sacará del armario su traje escarlata, y entre los delicados estambres de la inflorescencia estampada agitará la brisa su follaje rumoroso con un murmullo que acaricia el alma.
      Así es el pohutukawa, que en maorí significa árbol de fantasías rojas que crece junto al mar. No soy el único que le pregunta por su edad. Sus paisanos de las antípodas vienen de vez en cuando e insisten en descubrirla. Pero el dandi de los pohutukawas coruñeses se empeña en perpetuar el misterio. El asunto tiene su miga. Se supone que el holandés Abel Tasman fue el primer occidental en llegar a Nueva Zelanda, en 1642, pero algunos investigadores creen que ya antes pudo haber allí presencia española. Si nuestro árbol fuese anterior a 1642, habría que replantear la historia de ese país. Para eso debería tener al menos 377 años, pero ¿cómo averiguarlo?
     Cuenta el biólogo Ignacio García, del departamento de Botánica de la Universidade de Santiago, que incluso se han extraído muestras de una rama, para concluir que el árbol «no forma anillos» de crecimiento. La trepanación del tronco, además de peligrosa para el espécimen, sería perfectamente inútil, así que nuestro gentil hidalgo del patio de la policía persiste en su coquetería y sigue sin revelar su edad.
     Nos queda la especulación: un ejemplar de Te Araroa (norte de Nueva Zelanda) considerado el dinosaurio de los metrosideros, con 800 años, se levanta veinte metros del suelo, dos más que su primo de A Coruña. Un clavo al que agarrarse... si obviamos que los primeros árboles neozelandeses llegaron a Europa en 1768, recogidos por el botánico Daniel Salander durante la expedición del Endeavour de James Cook.
      Nada está muy claro… Y hasta es preferible que así sea. Tan distinguido ejemplar merece mejor ocaso que la trepanación del tronco. Quizá al llegar su momento, como los ents andarines de Tolkien, alcance en un par de pasos el San Amaro de los ilustres que contempla cada día desde sus frondosas ramas, para descansar eternamente junto a Pondal y sus rumorosos.

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Tomás Casal Pita ya habló de este pohutukawa aquí...

9/11/2020

Un naranjo sin culpa, del narrador de historias

TOMÁS CASAL PITA
Un naranjo sin culpa
 
(...) Al norte de La Coruña en el Ayuntamiento de Ortigueira está Pazo de Brandaríz. Se trata de una finca cuyo caserón originario del siglo XV, ha pasado a nuestra historia moderna por un árbol. Allí, en el jardín de la Capilla, crece un naranjo que tiene el número 33A en el catálogo de “Árbores Senlleiras de Galicia” con el nombre de “Naranjo Obsceno del Pazo de Brandaríz”. 
     Se trata de un naranjo amargo, aparentemente normal, que produce unos frutos “descarados” que se cubren de protuberancias e imitan órganos sexuales humanos. Las modificaciones afectan también al interior y la distribución de los gajos pierde la orientación radial típica de los cítricos. Si bien la gente es reacia a su consumo, los propietarios hacían confituras con ellos. La presencia de este singular cítrico se remonta al menos al siglo XVIII y entra de numerosas maneras en el imaginario popular. Existe una versión según la cual un obispo de Mondoñedo (Diócesis a la que pertenece) entabló y ganó un pleito con los propietarios hasta conseguir que tan obsceno árbol fuese cortado, porque estando en terreno muy próximo a la capilla, ofendía a Dios. Por algún motivo (semilla, raíz, o lo que fuese) nació otro árbol en un lugar próximo (el actual) con las mismas características que el cortado, ante lo cual el propietario solo manifestó que no era posible cortarlo, puesto que ya había quedado muy claro que su existencia era por la voluntad misma de Dios.
      Ya se sabe que en terreno de leyendas, siempre hay múltiples versiones. Según algún investigador, en el Archivo Diocesano, no se conserva noticia alguna de tal pleito. Según una nota de prensa del siglo XIX, la muerte del naranjo fue debida a un rayo pero, antes de que se notase su ausencia, ya otro ejemplar próximo producía el mismo tipo de frutos. Sea como fuere, todas las versiones apuntan a esa dualidad de árboles. En fenómenos así, incluso han entrado los parapsicólogos (cuestión de gustos y creencias) que dan al fenómeno el nombre de “ideoplastia”, siendo citado también un limonero en Laredo (Cantabria) cuyos frutos tenían forma de pata de perro, presuntamente por haber enterrado un animal de estos bajo el árbol. (... ) Así mismo, les ruego no confundan este fruto con el cidro “mano de Buda” o con los limones atacados y deformados por el “ácaro de las flores”. A nivel más serio, podemos decir que se trata de una variedad de naranjo amargo (Citrus aurantium L. var. corniculata Risso) conocida desde el siglo XVI-XVII como Aurantium hermafhroditum sive corniculatum, que en Bari (Italia) recibe el nombre popular de auraci masci e femminé, y que figura en la colección de cítricos del Jardín Botánico de la Universidad de Nápoles.

Fotos formación de los libros “Árbores e formacións senlleiras de Galicia” (2009) y de “Árboles monumentales en el patrimonio cultural de Galicia” (2003), editados por la Xunta de Galicia.



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8/29/2020

El teixo dos Tenreiro

SILVIA R. PONTEVEDRA
Teixo dos Tenreiro (en el año 2013)

No está muerto todavía, pero se debate desde hace años entre este mundo y el otro. Ha pasado ya más de una década desde que su suerte empezó a ser pisoteada, reiteradas veces, por las llamadas exigencias del progreso. Después de siglos de paz, rodeado de huertas, maizales y jardines al borde del río, en poco tiempo acabó cercado por las obras de una autopista, un paseo marítimo de cemento y un suelo de pesadas losas de granito que ahogaron sus raíces.
      El monumento natural de Pontedeume que aparece registrado en el Catálogo de Árbores Senlleiras como Teixo dos Tenreiro semeja ya un espectro de sí mismo, de aquellos años de gloria en que vivía mimado como la mayor joya de la casa, moldeado por podas (no las comparto) al gusto de la alta sociedad de principios del siglo XX. Las ramas, sometidas a serias amputaciones terapéuticas por orden de la Xunta, responsable de todo el tratamiento desde que el mal se hizo patente allá por el año 2003, no sostienen ya aquellas hojas verdes de antaño. Están todas secas en el suelo, dentro de la jaula metálica que se instaló a su alrededor para evitar actos vandálicos, en una actuación pública que costó 36.000 euros. Pero efectivamente, si uno se aproxima, puede comprobar que de la base del tronco asoma un brote nuevo, y que alrededor, de la propia tierra, nacen unos cuantos más.
      El tejo del caserón que mandó construir en torno a 1.870 la familia Tenreiro en una ladera que muere en el estuario del río Coves ya estaba en el lugar cuando se diseñaron los jardines. La mayoría de la gente suele decir que el árbol tiene medio milenio, pero algunos más cautos solo se atreven a echarle 300 años. Su espectacular porte (en los buenos tiempos 15 metros de altura y 20 de diámetro máximo) inspiró a los dueños del terreno un mirador sobre la ría que se hizo famoso entre los botánicos europeos. Instalaron junto al tronco principal una escalera de caracol que llevaba a la copa, donde se colocó una plataforma.

     A la sombra de los cuatro pisos de árbol podados en forma de anillos, de menor diámetro conforme se acercaban al cielo, se llegó a celebrar un consejo de ministros cuando era presidente del Gobierno republicano Santiago Casares Quiroga. Pero, como recuerda la Sociedade Galega de Historia Natural (SGHN), que ha dado la enésima voz de alarma sobre el estado del tejo, aquella copa imponente dio cobijo a numerosas tertulias culturales y políticas en las que participaron “Valle Inclán, Azorín, Emilia Pardo Bazán o Manuel Azaña, que era pariente de los Tenreiro”.
      Con la Guerra Civil, la posición aventajada de los dueños de este árbol magnífico y de varias especies exóticas (como una araucaria que también es senlleira) con las que completaron el jardín se pierde. Un hermano muere en Suiza, adonde había sido destinado como diplomático; otro es represaliado por Franco, que le prohíbe ejercer su profesión de arquitecto. La familia es despojada de parte de sus propiedades y termina marchando del palacete.
     Pero lo malo, para este tejo que aparece en muchos tratados de jardinería y botánica del siglo XX, no fue perder aquellas sesiones de peluquería que le regalaba el jardinero. Lo malo empezó después, según la SGHN desde los años 60, con un relleno para instalaciones deportivas y la “progresiva degradación y desnaturalización del borde de la ría”.
      El grupo ecologista habla siempre de “los hombres que no amaban los árboles”, y de hecho, cada vez parece más evidente que ha sido el urbanismo, o eso que se da en llamar “humanización”, lo que ha puesto al borde de la muerte al Teixo dos Tenreiro. En 1995 comenzó la construcción del paseo marítimo, pavimentado con cemento, que probablemente aplasta buena parte de las raíces del árbol. “Casi en la misma época, en un despacho de Madrid”, rememora la SGHN, “se diseña la autopista A Coruña-Ferrol, ubicando uno de los viaductos sobre un extremo de la finca señorial. En una de las fases de construcción del paseo, la tierra sobre la que crece el tejo pasa a dominio público. El suelo que dista entre el árbol y la senda se cubre de enormes losas, y se refuerza el cierre que cerca el tronco para que las pandillas no suban a la copa, como explica un concejal, “a hacer botellón”.
     De la vieja gloria del tejo, ahora, solo perdura un cartel que advierte al visitante de que ese esqueleto de árbol que ve es una senlleira. Demasiado joven para morir dentro de su especie. Claro que los tejos, pese a longevos, son extremadamente sensibles a los cambios en las condiciones ambientales. Otro mucho más nuevo que también es famoso en Pontedeume, junto a la gasolinera, empezó a morir hace un lustro, cuando se construyó una rotonda, y ahora el Ayuntamiento ha encargado a un técnico que le levante acta de defunción. Las raíces de estos árboles necesitan oxigenarse, recibir a través de la superficie del suelo el agua de la lluvia y los nutrientes, y mantener una temperatura consonante con la copa. (?)

     Según Javier Crespo, concejal de Medio Ambiente, con el Teixo dos Tenreiro aún hay esperanzas de “regeneración”, porque los técnicos de Conservación da Natureza, en colaboración con la Estación Fitopatolóxica do Areeiro, llevaron a cabo “varias podas, la última bastante acentuada, analizaron diversas partes del árbol y vieron que había savia; vida”. Primero se achacó “a un hongo” el deterioro, pero ahora se tiende a pensar que lo peor fueron las losas, así que “hace año y medio se quitaron” y se ha “aireado” la tierra. También “se está estudiando si hay que retirar la escalera de hierro” que lleva a la copa.

La SGHN critica la forma de actuar de la Xunta: “Poda va, poda viene; insecticidas y fungicidas a discreción”. Y ahora el concejal popular lo tiene claro: “Los tejos no quieren grandes aventuras cerca de ellos”.
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Hace tiempo que estaba interesado en este árbol. Tomás Casal Pita me indicó que daba signos de ir recuperándose y me envió estas fotos en septiembre del 2018, gracias inmensas. 
  Mas información: https://venerablesarboles.blogspot.com/search?q=+Tenreiro
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7/04/2019


La agonía del árbol más hermoso de Galicia
 


     No es el más antiguo, ni el más grande. Pero tal vez sea el más hermoso de todos. El árbol que lo vio todo, el carballo de Santa Margarita, en Pontevedra, luce achacoso y visiblemente enfermo después de cinco siglos de existencia. Quizá no haya un monumento natural más importante, con mayor carga simbólica en la cultura popular. Cada poco tiempo, Xosé Carlos Morgade pasea por su base y lo observa, como quien visita a un ser querido que consume los últimos días de su vida. Es el presidente de los comuneros de Mourente, el colectivo que ha alzado la voz todos estos años para sensibilizar a la sociedad sobre la agonía del árbol de los enamorados, y al que el padre Sarmiento, ya en el siglo XVIII, le dedicó sus versos. “Santa Margarida/De Monteporreiro/ Quen ten o carballo/ maiore do reino”.
     No hay muchos ejemplares en Galicia a los que se le haya dedicado una extensa y completa biografía, como sí hizo Carlos Rodríguez Dacal con este roble. Una investigación que habla de su pasado y de su presente, aunque ahora lo que preocupa es el futuro: una supervivencia que está comprometida por el asfaltado que recubre su base, lo que impide respirar a sus raíces. El tráfico de la zona, el constante flujo de vehículos que circulan por el vial, propiedad de la Diputación de Pontevedra, han mermado la salud de este ejemplar, situado junto a la capilla románica del mismo nombre, como si la respiración del carballo fuese la de un fumador empedernido. Los conductores han llegado a quejarse de la inclinación de la copa hacia la carretera, lo que dificultaba la circulación de los camiones. Hay algo paradójico en la vida de este carballo. A lo largo de la historia, ha sorteado toda clase de infortunios: un temporal en 1884, un huracán en 1886 y varios incendios, tanto en el siglo XIX como en el año sesenta. Y sin embargo, es el asfalto y la plaga del cemento el que lo amenaza de muerte tras una larga existencia. Algunos le atribuyen una antigüedad de mil años, edad que los científicos sitúan en 500.
     Como si fuera una representación del mundo, una metáfora de la desigualdad, el carballo de Santa Margarita tiene dos caras: un lado norte, mejor conservado, en la que luce el verde; y el sur, con madera podrida y seca. Hasta ahora, los trabajos para conservar el ejemplar han consistido en la retirada de ramas afectadas por los insectos xilófagos y en la colocación de sujeciones en las ramas con más carga, para evitar caídas. La Estación Fitopatolóxica do Areeiro, dependiente de la Diputación de Pontevedra, a petición del Concello, ha sido la que ha chequeado la salud del ejemplar. Los comuneros, sin embargo, creen que el problema es más complejo: la normativa de Medio Ambiente sobre árbores senlleiras, es decir, de la Xunta, establece que es el dueño el que debe correr con los gastos de conservación. Y en este caso, la propiedad del roble es de la Archidiócesis de Santiago. Y para incidir en el entorno, en el asfalto que afecta a la estabilidad del carballo, es necesario el concurso de la Diputación. «Nós o que propoñemos é que se cree un padroado, unha mesa que implique a todas as administracións, porque ningunha está asumindo o coidado deste carballo, patrimonio de todos, que está a morrer; ¿De que vale ter unha regulación de árbores singulares?», se pregunta Morgade. Los comuneros de Mourente tienen claro cuál es el tratamiento que precisa el roble: darle por la base el mismo espacio que ocupa por la copa. Esto es, eliminar el asfalto para que respiren sus raíces.
     A la sombra de este carballo se ha ido escribiendo una parte de la historia de Galicia. Fue allí, en 1846, donde se reunieron los líderes progresistas gallegos para urdir el levantamiento del 2 de abril, lo que propició el alzamiento de Pontevedra, que se sumó a la rebelión gallega que acabó con el trágico suceso conocido como los Mártires de Carral. Desde 1902, también es el lugar escogido para las reuniones fraternales de obreros y campesinos en la conmemoración del 1 de mayo, y el sitio que inspiró una viñeta de Castelao sobre los enamorados. Allí también, a los pies del árbol, fueron fusilados quienes se oponían a la ideología de Franco. Las ramas de ejemplar han sido testigo de muchos cosas. Galicia está llena de árboles majestuosos y legendarios, pero tal vez ninguno con tanta historia, con tanto poder simbólico. A Xosé Carlos Morgade siempre le preguntan en Mourente y en Pontevedra sobre la salud del carballo, como si fuera su pariente más cercano, con la misma naturalidad con la que un vecino se interesa por el otro. «¿Cómo va el abuelo?»
Más información
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2/14/2018

ELISA LOIS, en "Diario de España"
El legado oculto de Colón en España 

California reconoció un pueblo gallego como cuna del almirante


      En 1968, John Harmon McElroy, un joven profesor de literatura licenciado en Princeton, llegó a la Universidad de Salamanca con su familia y una beca Fulbright para impartir clases y preparar una nueva edición comentada de A History of the Life and Voyages of Christopher Columbus, de Washington Irving. McElroy visitó entonces Galicia y recaló en Poio (Pontevedra), fascinado por conocer una de las posibles cunas del almirante y dar con el astillero donde se cree que fue construida la carabela Santa María, La Gallega, que participó en la expedición a las Indias en 1492.
     Dando credibilidad a la tesis gallega, el profesor comprobó que el clima de Poio era similar al del Norte de California y comenzó a pergeñar la conmemoración de la gesta de Colón quinientos años antes. A finales de 1990, y ya como profesor titular en la Universidad de Arizona, McElroy participó en los preparativos del V Centenario con una iniciativa insólita: Plantar 500 secuoyas en el sur de Galicia, el lugar que recibió las primeras noticas del descubrimiento y donde varias fuentes que había consultado durante su periplo español situaban el origen del insigne navegante.
      Después de recabar el apoyo del Departamento de Agricultura del Estado de California, constituyó la asociación Columbus Grove Gift Corporation para promover una iniciativa legislativa, introducida por Ed Pastor, representante del uno de los distritos de Arizona, para que EE UU obsequiara al pueblo de España con los ejemplares de Secuoya roja californiana que se plantarían en Poio coincidiendo con el aniversario.
     El profesor logró que su iniciativa se plasmase en la Resolución Conjunta del Senado y la Cámara de Representantes de Estados Unidos 529, del 102º Congreso, aprobada por ambas Cámaras, y ratificada por el presidente George H. W. Bush el 23 de octubre de 1992.
Después de un preámbulo sobre la primera circunnavegación del globo que propició la mayor migración de humanos en la historia del mundo, el punto dos de la resolución acordó que los árboles eran “un regalo a la gente de España hecho en nombre del pueblo de los Estados Unidos”.

El Bosque de Colón
     Además, la Columbus Grove Gift Corporation, en colaboración con la Organización juvenil 4-H, organizó una expedición de 24 escolares de 6 estados americanos de entre 15 y 18 años que plantarían las sequoias junto a otros tantos jóvenes de Poio designados por el Ayuntamiento y la Comunidad de Montes de San Xoán que cedió las dos hectáreas terrenos que conformarían el Bosque de Colón, una de las mayores reservas de esta especie en Europa.
      La expedición con McElroy al frente vino a España acompañada del jefe del Departamento de Ingeniería Forestal del Estado de California, Jonathan Rea, que había hecho las primeras prospecciones del terreno y entregó los embriones de secuoyas para su conservación al Centro de Investigación Forestal de Lourizán, en Pontevedra, que dirigió la plantación de los árboles.
     iMcElroy y una comitiva de la Xunta de Galicia fue recibid en la Zarzuela por el Rey Juan Carlos. Al siguiente, al llegar a Poio, los estudiantes americanos fueron alojados en casas del vecindario y el 4 de diciembre, a las 12 del mediodía, plantaron los ejemplares con los estudiantes gallegos.

Naufragio del Mar Egeo
     Pero la evocación de la gesta del navegante quedó eclipsada y sin el boato político que estaba previsto. La noche anterior se había producido el naufragio del petrolero griego Mar Egeo frente a la Torre de Hércules, en A Coruña. El desastre medioambiental por el vertido de prácticamente toda su carga obligó a ausentarse al entonces presidente de la Xunta Manuel Fraga y varios altos cargos de la Administración. Además, el fuerte temporal que azotó aquellos días la costa gallega impidió el aterrizaje del vuelo que traía a Galicia a representantes del Gobierno central y al embajador de EE UU.
     Transcurridos 25 años desde aquel evento, el Bosque de Colón es todavía un legado oculto. Hoy ya no son quinientas secuoyas, sino algunas menos y la placa colocada durante la inauguración ha desaparecido, mientras el paraje se salvó de la oleada de incendios en 2006, gracias a la intervención de vecinos y voluntarios de la comunidad de montes.
     El concejal y diputado del PP de Pontevedra, Ángel Moldes, decidió emprender una campaña para recuperar el legado de Colón, coincidiendo con el 25 aniversario de la expedición americana. Como portavoz en el Ayuntamiento de Poio, presentó una moción para organizar un acto conmemorativo y desempolvar la historia del bosque contactando con los supervivientes, si es que había alguno. “Ya es hora de es fomentar su difusión como atractivo turístico, ambiental y cultural para que no se pierda con el paso del tiempo”, explica Moldes.
     En enero pasado, el diputado logró localizar al profesor McElroy y este, con casi noventa años, le confirmó que volverá a Poio para participar en los actos que se están organizando para la próxima primavera. “Vendrá con su familia y algunos de sus colaboradores en el proyecto, anunció Ángel Moldes, además de varios de los escolares, hoy en la cuarentena, que plantaron los árboles, muchos de los cuales siguen manteniendo contacto y se conocen entre ellos como los Columbus Kids”.
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Fotos del bosque de sequoias de "Galicia Mágica"
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4/23/2015

Vedra - Pazo de Santa Cruz, Premio AEMO 2015

Pazo de Santa Cruz - Ortigueira - Galicia
Premio AEMO 2015 al Mejor Olivo Monumental de España de AEMO

Concedido a un ejemplar integrado en este majestuoso conjunto de olivos cuya arboleda dibuja una singular retícula de árboles centenarios que vegetan desde el siglo XVI y han sido reconocidos por la Xunta de Galicia como “formacións senlleiras de Galiza”

Reunido el Jurado, en Córdoba a 18 de febrero de 2015, otorga el PRIMER PREMIO AEMO al Mejor Olivo Monumental de España al:
Olivo integrado en las “Oliveiras del Pazo de Santa Cruz”, conjunto de olivos que vegetan en el paraje de Ortigueira del municipio de Vedra, A Coruña.

Retícula de olivos Santa Cruz de Rivadulla_4
    El jurado destaca la singularidad y belleza del paisaje donde el árbol premiado destaca, un conjunto de olivos centenarios que forman una singular retícula de caminos ortogonales con más de 500 ejemplares de más de cinco siglos de vida.
    También se menciona en el fallo el hecho singular de cómo este olivar se ha hecho majestuoso, por su porte y belleza, en una región como Galicia donde este cultivo se encuentra limitado por las condiciones climáticas propias del Atlántico que, sin embargo, acoge en este rincón al árbol más Mediterráneo.
    Los caminos abrigados por esta arboleda dibujan una estampa única, romántica… donde al pasear bajo los olivos, éstos envuelven al caminante y lo sumergen en el misterio y la magia que sólo es posible respirar en Galicia.
    Este conjunto distribuido en paseos ortogonales se plantó con objeto de dividir los terrenos de cultivo del Lugar de Ortigueira, y las personas que lo diseñaron lo hicieron con escalas distintas según la importancia de los paseos, cosa verdaderamente original en un entorno agrario. Los principales caminos de olivos tienen una anchura de ocho metros y los secundarios unos cinco.
Pero no sólo se plantó este entramado con fines ornamentales y divisorios, sino también para su aprovechamiento puesto que hasta principios del siglo XX sus aceitunas fueron molturadas en un empiedro y prensa de viga existentes, y su aceite dedicado al consumo familiar.
    Valga este premio para reconocer a olivos singulares también en regiones lejanas al epicentro productivo español, lo que demuestra el arraigo geográfico e histórico de éste árbol en toda la Península Ibérica porque estamos hablando, probablemente, del olivar más occidental de la Vieja Europa.
    El jurado ha estado compuesto por los catedráticos Luis Rallo y Diego Barranco, de la Universidad de Córdoba, y por los ingenieros agrónomos Salvador Cubero y José Mª Penco de AEMO.
 
https://www.aemo.es/page/historial-de-premios-olivos
Olivo presentado Santa Cruz de Rivadulla_2
Olivo premiado, integrado en el conjunto
Retícula de olivos Santa Cruz de Rivadulla_3
Vista de uno de los paseos de oliveiras

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