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10 enero 2026

La Región, enero 2026, VALOR HISTÓRICO
Ourense suma ya 30 árboles senlleiros con el registro del carballo de Padroso


Este roble en Xunqueira de Ambía es conocido popularmente como “carballo dos abrazos” y es el segundo de su comarca
Ourense suma ya 30 árboles senlleiros | La Región

La provincia de Ourense cuenta con 30 de los más de 200 árboles o formaciones que recoge el Catálogo Galego de Árbores Senlleiras. Este registro público, creado en 2007, recopila árboles y formaciones con especial valor histórico, relevancia cultural o interés científico, además de contar con una rareza, edad o tamaño singulares. A esta selecta lista se sumó el pasado 10 de noviembre el carballo de Padroso, en el Concello de Xunqueira de Ambía, también conocido como “o carballo dos abrazos”, un ejemplar de roble (Quercus robur L.). Este centenario árbol situado en el Camino de Santiago es el segundo de la comarca de Allariz-Maceda en formar parte del catálogo.

Los ahora 24 árboles senlleiros se suman a las seis formaciones de Ourense: el souto de Rozavales, Manzaneda; el teixedal de Casaio; la carballeda de Valdeorras; bidueiral de Xares, A Veiga; los castiñeiros dos Blancos, Os Blancos; los carballos da praza do Campo de Bande y las tileiras prateadas de la iglesia de San Domingos, Ribadavia. Así, Ourense se sitúa a la cola en número de registros dentro del catálogo, encabezado por Pontevedra con 55 árboles y 21 formaciones, seguido por A Coruña con 43 árboles y 14 formaciones y Lugo, con 36 árboles y 7 formaciones “senlleiras”.

En Allariz-Maceda

O Carballo de Padroso, conocido como el “carballo dos abrazos”, se suma a esta lista por encontrarse en las franjas de protección de la Vía da Prata del Camino de Santiago y el especial significado cultural que ha cobrado en los últimos años, entre los que se incluye una fiesta que se celebra a su sombra y la reciente publicación de varios libros dedicados a este roble. El perímetro del tronco del ejemplar hace que se requieran varias personas abrazándolo al unísono para completarlo. No es raro ver a peregrinos acercarse a él para estrechar su conexión con el entorno de la peregrinación.

La comarca de Allariz-Maceda suma así su segundo ejemplar en este registro público, en el que ya estaba catalogado el Castiñeiro de Santa Eufemia (Castanea sativa Mill.), situado en la localidad homónima en el Concello de Baños de Molgas y al lado de la iglesia de Santa Eufemia de Ambía. Este árbol tiene una morfología característica, formada por un amplio número de nudosidades que ensanchan su perímetro hasta cerca de los once metros y complementada por la escasez de ramas. Así, sus dimensiones, características e historia los cualifican para formar parte de las árboles senlleiras.

Baixa Limia
Entrimo presume en pleno Xurés del imponente cerquiño de Queguas 

La provincia posee los dos ejemplares de Quercus Pyrenaica Willd. del catálogo.: el rebolo do Pazo da Pena (Manzaneda) y el cerquiño de Queguas, junto a la ermita de Nuestra Señora de la Ascensión, en las Cortes da Carballeira (Entrimo), un conjunto de pallozas que cobijaban las cabañas ganaderas de vacuno. El único árbol senlleiro de la comarca, en pleno Parque Natural de Baixa-Limia-Serra do Xurés, es un tipo de roble de más de 200 años que se eleva 17,70 metros y presume de un diámetro de 4,63 metros, en pleno. La abundancia de musgo y líquenes que presenta su corteza informan de que la calidad del aire de la zona es muy buena.

 

Monterrei
El castiñeiro de Cerdedelo, en Laza, es uno de los más grandes de Galicia 

En el souto de Cerdedelo, en la parroquia homónima del concello de Laza, se encuentra el conocido como castiñeiro de Cerdedelo. Los fustes de este impresionante ejemplar de Castanea sativa Mill. de tronco hueco superan los 30 metros de altura. Asimismo, su copa alcanza un ancho de unos 24 metros y posee 11,40 de contorno, unas dimensiones que lo convierten en uno de los castaños de mayor tamaño de Galicia. Al único representante de la comarca en el catálogo, con una edad estimada de entre 300 y 600 años, se lo conoce como el “castiñeiro dos dez fillos” debido a que del tronco central surgen diez ramificaciones que compiten por la luz.

Una joya arbórea de 12 metros en el corazón de las Tierras del Bibei

Conso-Frieiras

En la aldea vianesa de Edroso se alza el “castiñeiro de Oreal”, un ejemplar de gran valor natural y patrimonial, como los otros cinco que se extienden por la comarca - cuatro en A Mezquita y uno en Vilariño de Conso-. Con sus 12,5 metros de altura y un perímetro de 14 metros, este castaño centenario destaca por su imponente presencia.

Su tronco, completamente hueco, muestra llamativas protuberancias y deformaciones que revelan el paso del tiempo. Testigo del porvenir de los miembros de esta aldea, de él brotan únicamente las cuatro ramas que no fueron cortadas, responsables de conferirle su singular y peculiar silueta y el carácter propio de los árboles históricos que han sido objeto de cuidados especiales durante décadas.

El perímetro del castaño “senlleiro” de Surribas fascina a los senderistas

O carballiño

En el ayuntamiento de O Irixo se mantiene majestuoso y productivo el “Castiñeiro de Surribas”, situado en el pueblo del mismo nombre, en la parroquia de Froufe. De la especie castanea sativa este gran ejemplar, de unos 15 metros de altura y un perímetro de 4,9 metros, tiene entre 200 y 250 años de edad.

A pesar de su longevidad sigue agradeciendo con sus castañas que un rayo le hubiese desfigurado su tronco dejándole lleno de huecos interiores. De ese modo, quedó inservible para su aprovechamiento maderero al no servir para hacer tablones. Con el paso del tiempo los vecinos de la zona fueron llenando sus huecos interiores con piedras y tierra para darle robustez y así evitar que el viento lo dañara.

La aciñeira de Covas guarda un tesoro de los “mouros” en Enciña da Lastra

Valdeorras | J. C.

La Aciñeira de Covas (Rubiá) es una de las encinas Quercus ilex más grandes de Galicia. Es un árbol con las características propias de los bosques mediterráneos y crece en el parque natural Serra da Enciña da Lastra.

Con una edad estimada entre los 250 y los 500 años, está asentada sobre una base muy ancha, debido en buena medida a que el árbol está engullendo una piedra calcárea de grandes dimensiones, bajo la que se esconde un tesoro de los “mouros”, según la tradición oral. A poco más de un metro de altura, el tronco se divide en tres grandes ramas, que alcanzan 2,30, 3,60 y 2,90 metros de diámetro. Con una altura de aproximadamente 19 metros, la circunferencia de la base es de 6,40 metros. Entró en el Catálogo de Árbores Senlleiros en 2007.

Los primeros castiñeiros domésticos del sur de Europa están en la comarca

A limia

La Carballa da Rocha de Rairiz de Veiga es la más conocida entre los ejemplares de la comarca. Reconocido como monumento natural de Galicia, este roble centenario abarca más de media hectárea y es uno de los robles más altos de España, superando los 30 metros de altura.

Aunque menos conocido por el público, el centenario Castiñeiro de Pexeirós, en Os Blancos, guarda especial importancia histórica, ya que en él se encontraron las primeras evidencias en el sur de Europa de injertos en esta especie. Así, el Carballo Grande de Reboreda en el Concello de Porqueira, es un ejemplar de roble con más de 150 años, que supera los 25 metros de altura. La comarca del río Limia también hospeda a los Castiñeiros de Peninvello, en Xinzo de Limia.

 

Pumbariños, en Manzaneda, el coloso gallego con un inmenso tronco

Terra de Trives

El Castaño de Pumbariños, situado en el corazón del Souto de Rozavales, en Manzaneda, es uno de los gigantes vivos más impresionantes de Galicia y un auténtico símbolo del Macizo Central.

Con 13,85 metros de circunferencia -el mayor perímetro registrado en un castaño gallego- y una edad que supera el milenio, este árbol monumental ha sobrevivido a siglos de historia, clima y generaciones. Su tronco descomunal, de más de 12 metros de perímetro, y una copa que ronda los 20 metros, le han valido la inclusión en el Catálogo de Árbores Senlleiras de Galicia. Rodeado de otros castiñeiros centenarios en el Souto de Rozavales, declarado Monumento Natural en el 2000, Pumbariños fue considerado durante años un “árbol sin tierra”.

Entrambosríos, el castaño que guarda 700 años de historia en Ribeira Sacra

Terra de caldelas

En pleno corazón de la Ribeira Sacra, el Castaño Milenario de Entrambosríos se alza como uno de los árboles más imponentes y antiguos del país.

Con casi 16 metros de altura, más de 9 metros de perímetro y una edad estimada de 700 años, forma parte del Catálogo de Árboles Singulares de Galicia y reina en un soto de cuento. Rodeado de castaños centenarios, antiguos molinos y los restos de tradicionales sequeiros, el árbol sobrevivió al paso de generaciones y fue, durante siglos, un productor excepcional de castaña, pieza clave en la economía tradicional de la zona. Su presencia es la memoria viva de un paisaje modelado por el aprovechamiento del castaño, símbolo de naturaleza y cultura en la Ribeira Sacra.


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12 agosto 2025

JAVIER MORALES, Marzo-2020
El ejemplo de un ‘bosque animado’ gallego

Un bosque singular de Lugo, la Devesa da Rogueira, ha recibido el reconocimiento del sello certificador FSC por todo lo que la conservación de su biodiversidad aporta a la sociedad, aparte de lo ejemplar de su gestión sostenible. Se trata de un bosque mancomunado, como muchos en Galicia, propiedad de los 32 vecinos de Folgoso do Courel. Es la primera vez que un bosque recibe este reconocimiento en España, la segunda vez en Europa y el tercero del mundo. Y ojalá haya muchos más próximamente porque cuidar los bosques es cuidarnos a nosotros mismos.

Han pasado algunos meses desde que la vi, pero a mi retina regresan de vez en cuando algunas de las impresionantes imágenes de O que arde, una de las películas más bellas que he visto en los últimos tiempos. Dirigida por Oliver Laxe, creo que la película es un poema narrativo que, entre otras cosas, nos habla de la belleza y de la fragilidad de la naturaleza, de cómo nos acogen los bosques en general, gallegos en particular. Es también un canto hacia esa España vaciada de la que tanto hablamos y que seguimos mirando muy de reojo desde nuestras ciudades, ahora sitiadas por el coronavirus. ¿Qué haríamos sin sus alimentos?

Me he acordado de nuevo de O que arde después de enterarme de que un bosque singular de Lugo, la Devesa da Rogueira, ha recibido el reconocimiento del sello certificador FSC por los servicios que su conservación presta a la sociedad. Este bosque mancomunado es propiedad de los 32 vecinos de Folgoso do Courel. Es la primera vez que un bosque recibe este reconocimiento en España, la segunda vez en Europa y el tercero del mundo.

La reacción de los vecinos de este concello cuando se enteraron de la noticia fue entusiasta, me comenta por teléfono Lola Castro, la alcaldesa, y también propietaria, como el resto de mancomunados de vecinos del bosque La Devesa de Rogueira. No es la primera vez que este bosque, que cuidan entre todos gracias a la ayudas puntuales que reciben de la Xunta, les aporta beneficios; me lo explica. “En el siglo pasado, gracias a su madera pudimos construir la planta de luz y la escuela del pueblo”, dice Castro, que estos días anda sobrepasada por la crisis del coronavirus¿Y qué beneficios económicos puede aportar ahora este reconocimiento de FSC?, le pregunto a la alcaldesa. “Esperamos que grandes cadenas puedan apadrinar el bosque, que pongan el sello en sus productos y que una parte de ese dinero vaya a su protección”, contesta. Además, añade, “hay que contemplar también los beneficios indirectos, como el turismo rural, que pueden contribuir a que se fije población”.

Un sello especial de FSC

El beneficio que aporta esa biodiversidad para todos nosotros ha sido el motivo por el que el bosque la Devesa da Rogueira ha recibido el reconocimiento de FSC , me explica, también por teléfono, su presidenta Genoveva Ganals. A pesar de la importancia que los bosques tienen para nuestra vida, su valor no ha sido del todo reconocido por nuestra sociedad. De ahí que el sello FSC pusiera en marcha en 2019 un sello especial para promover los pagos por servicios del ecosistema. El objetivo es demostrar algo obvio, pero que no lo es tanto: que en el bosque se preservan otros beneficios naturales más allá de la extracción de madera, resina, setas o corcho. Basta pensar en el almacenamiento de carbono, la producción de agua potable, el mantenimiento de los suelos fértiles, la conservación de la biodiversidad o la promoción de servicios recreativos. La idea, insiste Canals, “es reconocer el valor no cuantificable de estos espacios naturales para la sociedad, lo que se denominan servicios ecosistémicos, por ejemplo el aire que respiramos, la belleza de un paisaje o la salud”.

El monte es más importante que nunca frente a amenazas como las que vivimos estos días. “Quienes habitamos en las ciudades nos beneficiamos de algo que ocurre en el monte, pero eso conlleva una gestión y deberíamos reconocérsela”, añade la presidenta de FSC.

La iniciativa para solicitar el reconocimiento partió de los vecinos del concello de Folgoso do Courel. “Aunque la parte gruesa del proceso la ha llevado una consultora. Un ingeniero de montes ha hecho la planificación mediante drones. Luego intervino una certificadora independiente. Si la certificadora dice que sí, FSC le pone el logo”, explica Canals. FSC es un sello certificador internacional muy exigente pues tiene en cuenta tanto los aspectos ambientales como los socioeconómicos.

Serra do Courel

Corazón verde de la Serra do Courel

Espacio de la Red Natura 2000, las 615 hectáreas del monte vecinal de Rogueira y Cabana, en Folgoso do Courel (Lugo), son el corazón verde de la hermosa y remota Serra do Courel. Este monte tiene un gran valor ecológico y una rica biodiversidad, pues a pesar de su pequeño tamaño atesora 21 tipos diferentes de bosque, 900 especies de plantas (la mitad de todas las orquídeas de Galicia), más de 400 especies de hongos y 200 de vertebrados.

Las devesas son bosques húmedos. En la Serra do Courel, cuentan desde FSC, se ha apreciado una disminución de estas áreas forestales y las que hay están siempre en lugares de difícil acceso y elevada pendiente. La Devesa da Rogueira es el mayor entorno forestal de la Serra do Courel. Además, en los últimos años el territorio forma parte de las nuevas áreas de campeo del oso pardo.

Pasear entre sus sombras es como adentrarse en una novela de Álvaro Cunqueiro o en el bosque animado de Wenceslao Fernández Flórez. Esa magia literaria no es lo único que nos aportan los bosques. Los científicos llevan años advirtiendo de que la biodiversidad nos protege y nos ampara, mejora nuestra salud tanto física como mental. Estar en contacto con la naturaleza estimula nuestras endorfinas y nuestra sensación de bienestar. Proteger los bosques, darles el valor que merecen, pasa por aportar recursos para su gestión. Todos salimos ganando.

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13 diciembre 2024

RAFA RUIZ, Nov-2020
Viaje a un bosque con corazón
Los colores del otoño en Devesa da Rogueira, en los montes do Courel, en Lugo. Foto: FSC-España
 En ‘Bosques para Siempre’ viajamos este otoño a Lugo, a la Serra do Courel, a Devesa da Rogueira, uno de los bosques-tesoro de la Galicia Profunda, profunda porque nos toca lo más hondo, porque es un bosque con corazón (os vamos a explicar por qué). Para empezar, este es el bosque al que FSC ha concedido el primer sello de “Certificación de Servicios de los Ecosistemas en España”. Palabras mayores (ahora os explicamos en qué consiste). Acompañadnos al corazón del bosque con corazón.

Esta es la nota que lo avala: “El pasado marzo 2020 Enxeñería Forestal Asefor y la Comunidad de Montes Vecinales en Mano Común (CMVMC) de Rogueira e Cabana, integrada por 32 propietarios, vecinos de la localidad de Folgoso de Courel http://folgosodocourel.com/ , obtuvieron la Certificación FSC de Servicios del Ecosistema del Monte Vecinal en Mano Común de Rogueira y Cabana, de más de 600 hectáreas de masa forestal, que permite la declaración y demostración de los impactos positivos de sus prácticas de gestión forestal para la conservación y preservación de su biodiversidad”.

Así que en El Asombrario fuimos a conocer ese monte y en qué consiste ese certificado. Los datos aportados por FSC: “La Devesa da Rogueira es el mayor entorno forestal de la Serra do Courel, está integrada en la Red Natura 2000 y ha sido declarada por la Xunta de Galicia Zona de Especial Protección de los Valores Naturales. Tiene más de 440 hectáreas y está poblada por especies arbóreas de frondosas autóctonas con una finalidad estrictamente protectora y de conservación de la biodiversidad. Atesora 21 tipos diferentes de bosque, 900 especies de plantas, 25 especies de orquídeas, más de 400 especies de hongos y 200 especies de vertebrados, entre corzos, martas, comadrejas, turones, garduñas, gatos monteses, lobos, zorros y osos pardos. Devesa da Rogueira es considerada un enclave natural único en Galicia con una densidad arbórea y botánica inusual de gran valor patrimonial, cultural y ecosistémico”.

Pero más allá de estas cifras, ¿dónde está el verdadero corazón de este bosque? No está en su riqueza de orquídeas, no; ni en sus centenarios y sagrados tejos, ni en sus abundantes regatos y pequeñas cascadas, ni en esos enormes robles/carballos y hayas con líquenes barbas de viejo que les prestan un aspecto de sabios o magos, ni en las Fontes da Rogueria (ya sabéis, aquí también esa agua suertuda que te concede deseos). No. Sino que lo encontramos en la pequeña aldea de Moreda, donde habita ahora una treintena escasa de personas, que son los comuneros, los propietarios en régimen comunal del monte, y que hace ya décadas decidieron, en un alarde de adelantarse a los tiempos, en un triple salto de glocalidad (lo global visto desde lo local) que el principal valor del bosque no era ya su aprovechamiento maderero, sino su conservación para disfrute de todos y todas, del pueblo y del mundo, para poner su granito de hojas a la buena salud del planeta.

Senderismo por Devesa da Rogueira

Nos lo cuenta Lola Castro, alcaldesa del Concello de Folgoso do Courel, 45 núcleos de población, poco más de 1.000 habitantes (cuando a mediados del siglo pasado eran 10.000), solo 30 niños en el cole (cuando hace 40 años, cuando Lola era una rapaza, eran 250 y en dos escuelas); nos lo cuenta: “Desde pequeños nos inculcaron el amor al monte, estamos muy orgullosos de él. Creemos que los proyectos, poco a poco y desde abajo, es como llegan a ser grandes proyectos”. Pocas palabras y profundas. Con todo el sentido del mundo y de su tierra. Y por ese amor a su tierra y por sentirla de cerca, hace menos de dos años regresó a Moreda su hermano, José Antonio Castro; dejó la ciudad grande y su trabajo de soldador para dedicarse a la ganadería en extensivo, 44 vacas de monte que pastan por los alrededores de Moreda.

Ese es el auténtico corazón del bosque, más allá de las retamas de arándanos, de los resbaladizos caminos de pizarra, de los bellísimos blancos troncos de abedul vestidos de verde-musgo, de la levedad flotante de las hojas amarillentas de las hayas, de los recovecos de helechos, acebos y avellanos, de los frutos rojos del serval de cazadores, de las comunidades bien avenidas de rebollos y brezos, de las escaramuzas de martas, zorros y armiños, de la presencia atávica de lobos y el paso mitológico del oso por estos territorios. El corazón está en esa gente que sí cree en que hay otra forma de habitar el planeta.

Pero, claro, llega el momento de preguntarse: ¿y qué rendimiento le sacan al monte que es suyo, si apenas lo explotan? Se lo preguntamos los periodistas que fuimos en este viaje otoñal organizado por FSC España y Asefor (Ingeniería Forestal). ¿Cómo hacer rentable esto? ¿Cómo hacer SOStenible la SOStenibilidad del bosque? Y algo de SOS hubo en sus respuestas. Necesitan darlo a conocer. Y necesitan que la sociedad entienda que el bosque requiere cuidados. Ahí es donde entra en acción, y por eso le damos tanta importancia, la etiqueta FSC por los servicios ecosistémicos que presta este bosque. Ya, el nombre no ayuda. Tan poco romántico resulta; incluso suena a esotérico. Pero hay que atenderlo y entenderlo: Porque hasta hace bien poco la etiqueta FSC –esa que nos encontramos en cajas y envases de cartón, y en las páginas de los libros, y en algunos muebles…– se centraba en reconocer la gestión, el aprovechamiento sostenible, maderero y de celulosa, de los bosques; pero hace bien poco llegaron a un punto en que reconocieron que eso no era del todo justo –ni del gusto de los tiempos que corren, de encrucijada y reto–, y que había que dar un paso más y valorar lo que aportan los bosques al planeta, a los ecosistemas, a nosotros, desde la retención de carbono –tan clave en la lucha frente a la crisis climática–, a la generación de agua, de paisaje, de biodiversidad, de ocio, de cultura, de símbolo, de memoria… Palabras mayores. Etiqueta que lleva ahora con orgullo la Devesa da Rogueira y que piensan que ha de servirles para llegar a acuerdos con esa otra parte de la sociedad que son las empresas, para que apuesten por invertir en ese bosque con corazón, o en ese corazón con bosque al que solo le faltan gnomos para ser mágico. O quizá ya los hay, aunque en este viaje, que duró poco, no tuvimos oportunidad de verlos. O meigas, que más que en aquelarre están de servicio de protección de la naturaleza. O la Santa Compaña, preservando las almas del monte. Inversiones en iniciativas imaginativas y pioneras que vayan más allá del turismo rural y de naturaleza, ¿por qué no atender, por ejemplo, al bosque como un laboratorio de investigación de aromas, sabores y fármacos?

Impresionante el bosque diverso y multicolor de la Devesa da Rogueira desde dentro. Foto: FSC-España

Si comenzamos con las cifras, terminamos ahora con las declaraciones: “La Certificación FSC de Servicios del Ecosistema, que en nuestro caso ha verificado la conservación de la biodiversidad, supone un orgullo para los comuneros y una forma de demostrar que nuestra actividad es necesaria para mantener, cuidar y preservar nuestros bosques”, nos contó Lola Castro, la alcaldesa y comunera y biznieta de comuneros. “El desarrollo rural, la fijación de población y la actividad económica local representan una necesidad básica sin la cual la conservación no sería posible. Por ello, nuestras poblaciones necesitan apoyo económico para impulsar nuestra economía local, puesto que nuestro objetivo es conservar estos bosques, compartirlos con la sociedad española y para generaciones futuras, tal y como hicieron nuestros antepasados. La Devesa da Rogueira es un legado y patrimonio natural y consideramos que la responsabilidad de conservarlo debería ser compartida”.

“La inversión en servicios del ecosistema es una excelente oportunidad para proteger el patrimonio natural de nuestro entorno dando, además, relevancia a la labor de los comuneros, que han sabido gestionar estos maravillosos montes durante toda su vida sin provocar alteraciones en el ecosistema”, añadió Severiano Ónega, CEO de la compañía lucense dedicada a la valorización de residuos biodegradables Agroamb, primera empresa que ha decidido patrocinar Servicios del Ecosistema en Devesa da Rogueira. “Además, es una enorme satisfacción apoyar proyectos que ayudan a fijar población en zonas como O Courel y con ello apoyar el desarrollo rural gallego. Esta iniciativa refuerza nuestro compromiso con el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible”.

“La gestión forestal responsable tiene un gran impacto positivo en la conservación y protección de servicios de los ecosistemas”, concluyó Gonzalo Anguita, director ejecutivo de FSC España. “La demostración rigurosa y real de estos impactos mediante el Proceso FSC proporciona a las empresas comprometidas la posibilidad de invertir en la conservación y mejora de los servicios de los ecosistemas. En ese sentido muestra misión es la de conectar propietarios forestales con empresas, organizaciones y administraciones posibilitando la creación de alianzas estratégicas de alto valor en la sociedad”.

Se va levantando la niebla que quedó pegada al fondo de los valles, huele a frío y humedad, salimos de la pequeña aldea de Paderne, de una casita rural de piedra, pizarra y nutritivo desayuno con ese pan gallego que no conoce competencia. En las afueras del pueblo apiñado, los tendales, para que a la ropa le dé el sol en estos días tan cortos y llegue a secarse; y los castaños, que tanto acompañan a las casas en Galicia; y las huertas de grelos y de calabazas, que abultan, enormes, en la tierra.

Es hora de marcharse y dejar el corazón en manos de gente como la familia Castro que entienden, desde Folgoso de Courel y sin haber ido a ninguna Cumbre del Clima, lo que hay que hacer para que el puzle del planeta no pierda piezas y los baños de bosque que busca la gente de la gran ciudad sigan siendo así. Así de maravillosos y apaciguadores, que dejan esa íntima y profunda sensación de que el mundo nos lo dejaron bien hecho.

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03 octubre 2022

La magnolia de Xubia, del narrrador de historias

TOMÁS CASAL PITA
La Magnolia de Xubia - Narón - A Coruña
Esta es la bicentenaria Magnolia grandiflora de Xubia (Ayuntamiento de Narón, en A Coruña) la más antigua de Galicia y posiblemente de España. Su tronco tiene más de 6,5 metros de perímetro. Tiene una altura aproximada de 14 metros, con un tronco de 2 metros de largo, que pronto se ramifica y soporta una copa de 23 m x 22 m. 
     Las magnolias están entre los árboles más antiguos, sólo superadas por las coníferas. Las de esta especie (grandiflora) son originarias del sureste de Estados Unidos y la primera que llegó a Europa fue traída en 1737. Si bien no es frecuente un tronco de este diámetro, si lo es que lleguen a ser más altas, hasta 25 metros. Son de hoja perenne y grandes flores blancas, de hasta 25 cm de diámetro, que llegan a durar cuatro días antes de caerse. Las flores fecundadas dan lugar a un fruto en forma de piña que guarda las semillas, de color rojo, que cuando maduran cuelgan por fuera de la piña como de un hilo. En su zona de origen, donde hay bosques enteros de este árbol, se aprovecha su resina para hacer un tipo de incienso, su corteza, por sus propiedades medicinales, y su madera, pese a que es poco resistente. 
     Precisamente en Xubia, en ramas secas, puede verse madera apolillada y cortes grandes con muy mala cicatrización, recuerdo de épocas pasadas, cuando aún no era “Árbore Senlleira” de Galicia, (categoría otorgada en el año 2007, siendo el Nº 58 A de este catálogo). Aunque hay otras antiguas en el país, ninguna lo es tanto. 
     ¿Qué tiene este árbol que le haga especial? Básicamente, su edad y tamaño. Según los datos que se conservan, fue plantado en la década de 1790 por un matrimonio de origen francés, Mathias Dufoire y Josefa Bucau, que poseían por aquel entonces una casa con huerta de unos 1200 m2 en la desembocadura del río Jubia y a donde llega el agua salada. Desde siempre es conocido en la zona que la magnolia vino en maceta de un país extranjero, traída por un embajador, siendo la primera de esta especie en llegar a Galicia.      
     ¿Quién la trajo? Probablemente Eugenio Izquierdo y Lazaún, un personaje ilustrado, casi de leyenda. Navarro de naturaleza, estudió y viajó por toda Europa, fue profesor y jefe de estudios en el Real Colegio de Francia, (donde conoció a Lavoisier y al sucesor de Tournefort al frente del jardín del Rey), y creó una fundición de cobre en Francia con otros socios. Fue el segundo director del Real Gabinete de Ciencias Naturales (actual Museo de lo mismo) y en 1790 llega a Xubia, donde compra casa y se establece, para crear una fábrica de cobre y donde oficialmente permanece hasta 1803. Sólo oficialmente, puesto que debía estar más tiempo viajando que parado: en 1798 es detenido por espionaje en Francia (era amigo personal de Godoy) y debe intervenir el mismo rey Carlos IV para lograr su liberación; en 1800 nombra heredera a una hija natural que tiene en Madrid. La fábrica de cobre por él fundada, pasará a ser durante la guerra de la independencia, fábrica de armas y luego de moneda hasta la época de Isabel II. Vendida por el estado durante el sexenio revolucionario, pasó a ser fábrica textil y así continúa a día de hoy.
     Volviendo al fundador, Izquierdo, en 1804 es miembro honorario del Consejo Supremo de Guerra. En 1805 se instala de nuevo en París y se le nombra “embajador plenipotenciario” y trata directamente con Napoleón. Interviene en asuntos de deuda nacional y se le nombra Consejero de Estado para firmar la paz con Inglaterra, luego de la batalla de Trafalgar, cosa que finalmente no se hizo. En 1807 firma con Napoleón la entrada de las tropas francesas “camino de Portugal”, que daría origen a la Guerra de la Independencia. Cuando se produce el motín de Aranjuez y Carlos IV es obligado a abdicar, Napoleón llama a Izquierdo y durante cinco horas están reunidos. No se sabe lo que allí se habló, pero desde ese día Izquierdo profesa un odio mortal a Napoleón, tan patente a todo el mundo, que la policía imperial lo pone bajo vigilancia. Carlos IV le nombra Secretario de Estado del gobierno en el exilio e Izquierdo, mientras vivió no sólo acompañó a los reyes durante su permanencia en territorio francés, también procuró defender los bienes del monarca e incluso le ayudó con dinero de su propio bolsillo. En 1813 fallece y deja como heredera a su hija, que nunca recibió nada. Entre sus cosas, un par de miles de libros (muchos de botánica) y dos herbarios. 
     Volviendo ahora al árbol, este fue plantado en la huerta de aquella casa de franceses, a medio camino entre la fábrica de cobre y la propia casa de Izquierdo. Seguramente les uniría la amistad y el recuerdo de Francia, por lo que Izquierdo debió de hacer del recuerdo traído, un obsequio. En 1795, muere Mathías Dufoire y la casa pasa 25 años deshabitada (y la magnolia, posiblemente creciendo a su aire). Luego la casa es vendida a la familia que aún hoy es propietaria, que la alquila durante más de un siglo a diversos inquilinos. Posiblemente el aprecio original que tuvieron los compradores y la obligación de los inquilinos a respetarla, garantizaron su supervivencia, junto a las labores y abonos del campo. 
     A mediados del siglo XIX, ya con siglo y medio encima debía ser un árbol notable, del que se dice que fue admirado por la reina Isabel II. En realidad quién allí estuvo fue su hermana Luisa Fernanda y su marido Antonio de Orleans (Duques de Montpensier). Cuando un árbol como este llega a esa edad, los hechos y las circunstancias se desdibujan y dan lugar a nuevas historias. Que a cien metros del árbol pasase sus últimos años el cartógrafo que levantó el primer mapa de la Islas Filipinas, da lugar a que se atribuya también el origen de la magnolia a una llegada desde Filipinas… A principios del siglo XX, también recibió las miradas de la reina María Cristina de Habsburgo y su hijo Alfonso XIII, que junto a ministros, obispos y militares de alto rango se veían en la obligación de pasar a su lado de camino a los astilleros y la base naval de Ferrol. 
      Durante la Segunda Guerra Mundial, debido a su proximidad de dicha base, sucedió una circunstancia poco clara y la magnolia sirvió de improvisado refugio antiaéreo, o más bien de ocultación que de refugio. A finales del siglo XX las casas adyacentes fueron derruidas para mejorar el entorno de la carretera y, aunque sigue siendo de propiedad privada, la parcela de la magnolia está anexa al paseo marítimo municipal.

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06 febrero 2022

AMELIA DE QUEROL OROZCO, en 2017
A magnolia de Santa Rita

En un "recunchiño" de nuestra querida ferrolterra hay un testigo mudo del pasar del tiempo y de sus avatares por esta tierra nuestra. Un testigo por cuyas venas no corre sangre, sino savia, y que regala su testimonio entre los susurros al viento y a las mareas de su capa montonera y toda una geografía de cicatrices en su porte retorcido: la magnolia de Santa Rita.
     En el rincón más amable en la historia del pasar del río Xubía, donde la propia corriente llora el final de sus penas sobre el cieno fructífero de la ría, se alza, imponente, la magnolia centenaria. Halla en el beso de las aguas su reflejo, y en su reflejo, el de toda la comarca. Un reflejo del quehacer de hombres aguerridos y luchadores, plagado de venturas entre atarazanas y toneleras, molinos, fábricas de armamento, talleres textiles y el perfil de uniformes militares. Un "recunchiño" apenas, una esquinita pequeña, humilde, pero bella y emblemática que nos trae, en la brisa norteña, el vestigio de lo que fue una historia preñada de historias y de vida.
     Ayer, acompañados del Presidente de la Diputación de la Coruña y del Alcalde de Narón, los autores del libro "A magnolia de Santa Rita e a cultura verde de Narón", Carlos Rodriguez Dacal y Tomás Casal Pita, en el Pazo da Cultura de Narón, presentaron su libro en un acto al que asistí con gran interés. Lógico mi interés pues, de alguna manera, también soy parte de sus páginas.
     Hace tiempo, Tomás, nos pidió, a Maricarmen Sendón López y a mí, colaboración para ofrecer algún aspecto artístico que pudiera enriquecer el ya rico trabajo que estaban realizando en la confección del libro mencionado. Enseguida nos entusiasmó la idea y, con la colaboración de varios socios de MESTURAS, nos prestamos, sin lugar a dudas, para aportar nuestro granito de arena. Organizamos varios encuentros de pintura al natural ante la Magnolia de Xubia, yo escribí algún que otro poema... organizamos una charla-coloquio sobre la magnolia, su entorno y circunstancias, así como un par de exposiciones con las obras que se habían ido trabajando... La magnolia se convirtió en referente de nuestra labor artística durante bastante tiempo y en una amiga especial que nos llegó al corazón. Forma ya parte de nuestra propia historia. Y eso, además, ha quedado reflejado en la deliciosa -y esperada- obra que ayer presentaron Tomás y Carlos, en Narón. Aprovecho para darles a ambos las gracias por contar conmigo y con mis amigos de MESTURAS y para aplaudir, tanto a ellos, como a los propios socios de MESTURAS, el buen trabajo llevado a cabo.

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A Magnolia de Santa Rita, candidato a Árbol Europeo 2021
Especie: Magnolia grandiflora
Altura: 14 metros
Perímetro del tronco: 6,65 metros
Edad: 225años. La más antigua magnolia de España y, sin duda, la de mayor perímetro, que no la más alta, posiblemente por las características del suelo y la proximidad del mar.

     Fue traída de Francia en el siglo XVIII en una maceta, por el embajador plenipotenciario ante Napoleón, D. Eugenio Izquierdo de Rivera y Lazaún y regalada a un matrimonio de franceses. Su presencia está ligada al desarrollo industrial de la zona (Real Fábrica de Harinas, Real Fábrica de Cobrería, Real Fábrica de Moneda, etc..). En 1900 fue visitada y admirada por la Reina Regente María Cristina de Habsburgo y en los últimos 200 años ha pertenecido a la misma familia. Situada al pie de la desembocadura del río Xuvia, antes de modificarse la ribera con la construcción de un muelle, estaba a cinco metros de la línea de marea alta.

 Datos: Voz de GaliciaÁrbol Europeo del Año Tomás Casal Pita

 

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27 junio 2021

Metrosidero de A Coruña (y 3)

XOSÉ ALFEIRÁN
El metrosidero de A Coruña

El historiador Xosé Alfeirán analizó en una charla en Tribuna Pública, en A Palloza, la historia del árbol metrosidero de Orillamar, las hipótesis que existen sobre cómo llegó a la ciudad y el misterio que le rodea.

¿Cuál es ese misterio?

Que los botánicos no tienen capacidad para determinar la edad de este metrosidero. Se supone que tiene entre 200 y 300 años. Pero la llegada a Nueva Zelanda del explorador James Cook ocurrió en 1769 y eso fue hace 250 años, de ahí la intriga de los botánicos e historiadores. Nos preguntamos qué hace un metrosidero en A Coruña que es casi anterior a la presencia de los ingleses en este país.

¿Qué datos analiza para determinar su origen?

Hay que estudiar los viajes que se hicieron a Nueva Zelanda, cuándo se extendió por Europa el gusto por los parques y jardines y a quién pertenecía esa parcela. Hoy es de la Policía Local, fue hospitalillo de enfermedades contagiosas y antes, hasta 1818, fue una fábrica de jabón propiedad de Camilo de Gamboa.

De los viajes a Nueva Zelanda, ¿cuál le parece que está más relacionado con este árbol?

En el siglo XVI partieron desde A Coruña exploraciones hacia el Pacífico, pero no hay constancia de un viaje concreto a Nueva Zelanda. Ahí pudo haber algún explorador desconocido pero sería muy raro. Más importantes son las exploraciones del siglo XVIII, realizadas por ingleses e italianos, como Malaspina, que además estuvo preso en el castillo de San Antón, y la finalidad era botánica. Me quedo con esta hipótesis. Es la más probable. Pudo comprarlo Gamboa a un mercader, por ejemplo. Además, el metrosidero tiene un hijo en Pontedeume y ahí fue diputado Gamboa. Quizá regaló una semilla. Aun así, el misterio sigue porque no hay certeza.

¿Le gusta que se mantenga esa intriga?

Por supuesto. Es espectacular para los coruñeses y también para los neozelandeses porque es una cuestión sentimental. Es curioso que el árbol más antiguo de la ciudad sea de Nueva Zelanda y eso que hay árboles por todas partes en A Coruña. Este metrosidero es un extranjero que ha sobrevivido a todo. Además, se ve que se encuentra muy a gusto. Cumple el lema de que nadie es forastero.

¿Pasa desapercibido por la ubicación en la que está?

La verdad que sí. Es un gigante enclaustrado. Es una pena que la gente no pueda disfrutarlo. Esa gran copa que tiene, los filamentos que caen de las ramas... De todos modos, tuvo suerte de estar protegido por un cuartel y un hospital. Además, desde el punto de vista sanitario, se consideraba que su olor contribuía a la salud de la gente, así que estoy seguro de que los médicos de hace dos siglos estaban encantados de que estuviera el metrosidero en el patio. Sería interesante difundirlo aunque lo cierto es que fue un botánico neozelandés el que lo descubrió en 2001. 

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Tomás Casal Pita habló de este árbol aquí

24 junio 2021

El metrosidero de A Coruña (2)

ALFONSO ANDRADE
El pohutukawa de Orillamar

 

Siempre que paso al lado del viejo metrosidero de Orillamar, cautivo en su calabozo arrabalero, me acuerdo de los ents, los gigantescos árboles pastores del bosque de Fangorn en la Tierra Media de Tolkien. Parece que en cualquier momento sacará del suelo sus poderosas raíces, como pies, para ganar su libertad saltando de un brinco la tapia que lo retiene en el patio de la comisaría de policía. Le pregunto qué edad tiene, pero el árbol recata su respuesta como presumido y discreto gentleman de un tiempo lejano mientras se cimbrea mecido con suavidad por el aire de la tarde. Poco queda ya para asistir a la deslumbrante eclosión cromática del neozelandés de Monte Alto. Cuando suelte el cielo su luz estival en el solsticio sanjuanero, el metrosidero sacará del armario su traje escarlata, y entre los delicados estambres de la inflorescencia estampada agitará la brisa su follaje rumoroso con un murmullo que acaricia el alma.
      Así es el pohutukawa, que en maorí significa árbol de fantasías rojas que crece junto al mar. No soy el único que le pregunta por su edad. Sus paisanos de las antípodas vienen de vez en cuando e insisten en descubrirla. Pero el dandi de los pohutukawas coruñeses se empeña en perpetuar el misterio. El asunto tiene su miga. Se supone que el holandés Abel Tasman fue el primer occidental en llegar a Nueva Zelanda, en 1642, pero algunos investigadores creen que ya antes pudo haber allí presencia española. Si nuestro árbol fuese anterior a 1642, habría que replantear la historia de ese país. Para eso debería tener al menos 377 años, pero ¿cómo averiguarlo?
     Cuenta el biólogo Ignacio García, del departamento de Botánica de la Universidade de Santiago, que incluso se han extraído muestras de una rama, para concluir que el árbol «no forma anillos» de crecimiento. La trepanación del tronco, además de peligrosa para el espécimen, sería perfectamente inútil, así que nuestro gentil hidalgo del patio de la policía persiste en su coquetería y sigue sin revelar su edad.
     Nos queda la especulación: un ejemplar de Te Araroa (norte de Nueva Zelanda) considerado el dinosaurio de los metrosideros, con 800 años, se levanta veinte metros del suelo, dos más que su primo de A Coruña. Un clavo al que agarrarse... si obviamos que los primeros árboles neozelandeses llegaron a Europa en 1768, recogidos por el botánico Daniel Salander durante la expedición del Endeavour de James Cook.
      Nada está muy claro… Y hasta es preferible que así sea. Tan distinguido ejemplar merece mejor ocaso que la trepanación del tronco. Quizá al llegar su momento, como los ents andarines de Tolkien, alcance en un par de pasos el San Amaro de los ilustres que contempla cada día desde sus frondosas ramas, para descansar eternamente junto a Pondal y sus rumorosos.

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Tomás Casal Pita ya habló de este pohutukawa aquí...

11 septiembre 2020

Un naranjo sin culpa, del narrador de historias

TOMÁS CASAL PITA
Un naranjo sin culpa
 
(...) Al norte de La Coruña en el Ayuntamiento de Ortigueira está Pazo de Brandaríz. Se trata de una finca cuyo caserón originario del siglo XV, ha pasado a nuestra historia moderna por un árbol. Allí, en el jardín de la Capilla, crece un naranjo que tiene el número 33A en el catálogo de “Árbores Senlleiras de Galicia” con el nombre de “Naranjo Obsceno del Pazo de Brandaríz”. 
     Se trata de un naranjo amargo, aparentemente normal, que produce unos frutos “descarados” que se cubren de protuberancias e imitan órganos sexuales humanos. Las modificaciones afectan también al interior y la distribución de los gajos pierde la orientación radial típica de los cítricos. Si bien la gente es reacia a su consumo, los propietarios hacían confituras con ellos. La presencia de este singular cítrico se remonta al menos al siglo XVIII y entra de numerosas maneras en el imaginario popular. Existe una versión según la cual un obispo de Mondoñedo (Diócesis a la que pertenece) entabló y ganó un pleito con los propietarios hasta conseguir que tan obsceno árbol fuese cortado, porque estando en terreno muy próximo a la capilla, ofendía a Dios. Por algún motivo (semilla, raíz, o lo que fuese) nació otro árbol en un lugar próximo (el actual) con las mismas características que el cortado, ante lo cual el propietario solo manifestó que no era posible cortarlo, puesto que ya había quedado muy claro que su existencia era por la voluntad misma de Dios.
      Ya se sabe que en terreno de leyendas, siempre hay múltiples versiones. Según algún investigador, en el Archivo Diocesano, no se conserva noticia alguna de tal pleito. Según una nota de prensa del siglo XIX, la muerte del naranjo fue debida a un rayo pero, antes de que se notase su ausencia, ya otro ejemplar próximo producía el mismo tipo de frutos. Sea como fuere, todas las versiones apuntan a esa dualidad de árboles. En fenómenos así, incluso han entrado los parapsicólogos (cuestión de gustos y creencias) que dan al fenómeno el nombre de “ideoplastia”, siendo citado también un limonero en Laredo (Cantabria) cuyos frutos tenían forma de pata de perro, presuntamente por haber enterrado un animal de estos bajo el árbol. (... ) Así mismo, les ruego no confundan este fruto con el cidro “mano de Buda” o con los limones atacados y deformados por el “ácaro de las flores”. A nivel más serio, podemos decir que se trata de una variedad de naranjo amargo (Citrus aurantium L. var. corniculata Risso) conocida desde el siglo XVI-XVII como Aurantium hermafhroditum sive corniculatum, que en Bari (Italia) recibe el nombre popular de auraci masci e femminé, y que figura en la colección de cítricos del Jardín Botánico de la Universidad de Nápoles.

Fotos formación de los libros “Árbores e formacións senlleiras de Galicia” (2009) y de “Árboles monumentales en el patrimonio cultural de Galicia” (2003), editados por la Xunta de Galicia.



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29 agosto 2020

El teixo dos Tenreiro

SILVIA R. PONTEVEDRA
Teixo dos Tenreiro (en el año 2013)

No está muerto todavía, pero se debate desde hace años entre este mundo y el otro. Ha pasado ya más de una década desde que su suerte empezó a ser pisoteada, reiteradas veces, por las llamadas exigencias del progreso. Después de siglos de paz, rodeado de huertas, maizales y jardines al borde del río, en poco tiempo acabó cercado por las obras de una autopista, un paseo marítimo de cemento y un suelo de pesadas losas de granito que ahogaron sus raíces.
      El monumento natural de Pontedeume que aparece registrado en el Catálogo de Árbores Senlleiras como Teixo dos Tenreiro semeja ya un espectro de sí mismo, de aquellos años de gloria en que vivía mimado como la mayor joya de la casa, moldeado por podas (no las comparto) al gusto de la alta sociedad de principios del siglo XX. Las ramas, sometidas a serias amputaciones terapéuticas por orden de la Xunta, responsable de todo el tratamiento desde que el mal se hizo patente allá por el año 2003, no sostienen ya aquellas hojas verdes de antaño. Están todas secas en el suelo, dentro de la jaula metálica que se instaló a su alrededor para evitar actos vandálicos, en una actuación pública que costó 36.000 euros. Pero efectivamente, si uno se aproxima, puede comprobar que de la base del tronco asoma un brote nuevo, y que alrededor, de la propia tierra, nacen unos cuantos más.
      El tejo del caserón que mandó construir en torno a 1.870 la familia Tenreiro en una ladera que muere en el estuario del río Coves ya estaba en el lugar cuando se diseñaron los jardines. La mayoría de la gente suele decir que el árbol tiene medio milenio, pero algunos más cautos solo se atreven a echarle 300 años. Su espectacular porte (en los buenos tiempos 15 metros de altura y 20 de diámetro máximo) inspiró a los dueños del terreno un mirador sobre la ría que se hizo famoso entre los botánicos europeos. Instalaron junto al tronco principal una escalera de caracol que llevaba a la copa, donde se colocó una plataforma.

     A la sombra de los cuatro pisos de árbol podados en forma de anillos, de menor diámetro conforme se acercaban al cielo, se llegó a celebrar un consejo de ministros cuando era presidente del Gobierno republicano Santiago Casares Quiroga. Pero, como recuerda la Sociedade Galega de Historia Natural (SGHN), que ha dado la enésima voz de alarma sobre el estado del tejo, aquella copa imponente dio cobijo a numerosas tertulias culturales y políticas en las que participaron “Valle Inclán, Azorín, Emilia Pardo Bazán o Manuel Azaña, que era pariente de los Tenreiro”.
      Con la Guerra Civil, la posición aventajada de los dueños de este árbol magnífico y de varias especies exóticas (como una araucaria que también es senlleira) con las que completaron el jardín se pierde. Un hermano muere en Suiza, adonde había sido destinado como diplomático; otro es represaliado por Franco, que le prohíbe ejercer su profesión de arquitecto. La familia es despojada de parte de sus propiedades y termina marchando del palacete.
     Pero lo malo, para este tejo que aparece en muchos tratados de jardinería y botánica del siglo XX, no fue perder aquellas sesiones de peluquería que le regalaba el jardinero. Lo malo empezó después, según la SGHN desde los años 60, con un relleno para instalaciones deportivas y la “progresiva degradación y desnaturalización del borde de la ría”.
      El grupo ecologista habla siempre de “los hombres que no amaban los árboles”, y de hecho, cada vez parece más evidente que ha sido el urbanismo, o eso que se da en llamar “humanización”, lo que ha puesto al borde de la muerte al Teixo dos Tenreiro. En 1995 comenzó la construcción del paseo marítimo, pavimentado con cemento, que probablemente aplasta buena parte de las raíces del árbol. “Casi en la misma época, en un despacho de Madrid”, rememora la SGHN, “se diseña la autopista A Coruña-Ferrol, ubicando uno de los viaductos sobre un extremo de la finca señorial. En una de las fases de construcción del paseo, la tierra sobre la que crece el tejo pasa a dominio público. El suelo que dista entre el árbol y la senda se cubre de enormes losas, y se refuerza el cierre que cerca el tronco para que las pandillas no suban a la copa, como explica un concejal, “a hacer botellón”.
     De la vieja gloria del tejo, ahora, solo perdura un cartel que advierte al visitante de que ese esqueleto de árbol que ve es una senlleira. Demasiado joven para morir dentro de su especie. Claro que los tejos, pese a longevos, son extremadamente sensibles a los cambios en las condiciones ambientales. Otro mucho más nuevo que también es famoso en Pontedeume, junto a la gasolinera, empezó a morir hace un lustro, cuando se construyó una rotonda, y ahora el Ayuntamiento ha encargado a un técnico que le levante acta de defunción. Las raíces de estos árboles necesitan oxigenarse, recibir a través de la superficie del suelo el agua de la lluvia y los nutrientes, y mantener una temperatura consonante con la copa. (?)

     Según Javier Crespo, concejal de Medio Ambiente, con el Teixo dos Tenreiro aún hay esperanzas de “regeneración”, porque los técnicos de Conservación da Natureza, en colaboración con la Estación Fitopatolóxica do Areeiro, llevaron a cabo “varias podas, la última bastante acentuada, analizaron diversas partes del árbol y vieron que había savia; vida”. Primero se achacó “a un hongo” el deterioro, pero ahora se tiende a pensar que lo peor fueron las losas, así que “hace año y medio se quitaron” y se ha “aireado” la tierra. También “se está estudiando si hay que retirar la escalera de hierro” que lleva a la copa.

La SGHN critica la forma de actuar de la Xunta: “Poda va, poda viene; insecticidas y fungicidas a discreción”. Y ahora el concejal popular lo tiene claro: “Los tejos no quieren grandes aventuras cerca de ellos”.
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Hace tiempo que estaba interesado en este árbol. Tomás Casal Pita me indicó que daba signos de ir recuperándose y me envió estas fotos en septiembre del 2018, gracias inmensas. 
 
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