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3/10/2025

JACINTO MARTÍNEZ GAL
Árboles introducidos en Sevilla con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929

Comencé a escribir este libro al conocer que la catedrática Amparo Graciani era nombrada Comisaria de la conmemoración del centenario de la Exposición Iberoamericana de 1929.
     En primer lugar, procuré investigar los árboles que existían con anterioridad a este gran evento; para ello me ayudé del Diccionario Madoz, magna obra publicada por Pascual Madoz entre 1845 y 1850, donde encontré las plantaciones de árboles llevadas a cabo por el Asistente Arjona tanto en el Salón de Cristina como en el Paseo de las Delicias. También indagué en las publicaciones y crónicas de principios del siglo XX que hacían referencia al paisajista francés J. C. Nicolas Forestier, así como en las tarjetas postales de las glorietas del Parque de María Luisa y de los Pabellones que participaron en la Exposición.
     Hay que destacar que el señor Forestier tenía buenos contactos con expertos en jardinería de todo el mundo, sobre todo de Australia, de donde vinieron numerosos árboles como la lagunaria, la casuarina, el brachichito populneos, la araucaria australiana, etc. Aunque sus contactos con Aníbal González eran a veces dificultosos, cuando el arquitecto sevillano le solicitaba asesoramiento botánico para resaltar alguna glorieta del parque o algún pabellón de la muestra, las explicaciones de Forestier siempre lo convencían.
     Aunque a menudo hay ediles que practican el arboricidio, hemos descrito 18 ejemplares que han sobrevivido a la motosierra. Además, algunas especies, como la jacaranda lila, la tipuana y el brachichito populneos, han sido plantadas posteriormente con éxito en el viario de nuestra ciudad. Sin embargo, de otras especies como el ébano africano y el sapindo solo queda un ejemplar.
     Aunque son libros que encuaderno artesanalmente, procuraré que lleguen a los aficionados a la botánica y a la historia de nuestra ciudad.

Lo hemos leído aquí

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12/07/2024

L. Reguero
HASIER LARRETXEA (Baztán, 1982)
Entrevista de LUIS REGUERO, febr-2019
"Escuchar a los bosques aclara el pensamiento"
Hasier junto a su padre, Patxi

Para Hasier Larretxea los latidos del bosque suenan a ese silencio que ha desaparecido a través de las dinámicas rutinarias “de cemento y hormigón” de las ciudades, donde la supervivencia “se pone a prueba y en muchas ocasiones nos saca lo peor de nosotros”. Para Larretxea, los bosques suenan a “honestidad, a robustez, a anclaje, a respiración entrecortada”, a recuerdos de caminatas con su padre, a recuerdos de familia por los valles del norte de Navarra que quedan plasmados en su nuevo libro, El lenguaje de los bosques (Espasa), una conversación con esos paisajes de los que nos hemos alejado, atraídos por la marea de la tecnología y el consumo, la automatización de la vida, la producción sin descanso, la vida rápida, excesiva, en permanente sobresalto.

Larretxea piensa que desde lo local se puede tejer toda una red de valores éticos, humanísticos y de justicia social. “Creo en la bondad y en el buen hacer del ser humano”, asegura durante esta entrevista, en la que sus palabras nos traen de inmediato el olor a madera cortada durante las noches anteriores a la Luna creciente, la esencia de esos lugares con alma del mundo rural, de la España cada vez más vacía, donde habita la belleza y la verdadera libertad.

El bosque como lugar de encuentro y reencuentro con uno mismo, como lugar donde hallar cobijo, donde recuperar la calma. El bosque como guía, como brújula, como mapa para volver a las raíces de nuestra naturaleza. El bosque para contar y escuchar historias de una vida bella que está desapareciendo. Hemos olvidado los bosques en esta vida de explotación, autocensura, miedos y ruidos…

Sin duda. Además de olvidar sus elementos simbólicos y naturales, como consecuencia de los ritmos frenéticos de vida que nos exigen con esos horarios férreos y responsabilidades sobre todo laborales estamos sumergidos y absortos en las grandes ciudades en dinámicas de cemento y de hormigón. Por otro lado, está la gravedad de los índices de polución alarmantes. En ese día a día, inevitablemente, se va borrando y desfigurando ese territorio e imaginario de los bosques y de la naturaleza, llegándose a ubicar en ese no-lugar desconocido, en ese espacio intransitado, en los márgenes de lo exótico al estar sumergidos en dinámicas y hábitos alejados de todo lo que supone una convivencia sana y acorde con esos tiempos que marcan los latidos internos del paisaje de las estaciones y una vida en conexión con la tierra.

El bosque es esa sutileza que tanto nos hace falta en la vida cotidiana. Es esa calma y ese eje en el que reencontrarnos con esa voz interior a través de esos paseos y ese contacto con ese universo que crece en equilibrio y del que se desprende ese halo de paz. Al ser un gran conocedor y persona que ha estado desde niño en contacto directo desde diferentes vertientes, a la hora de hilvanar El lenguaje de los bosques (Espasa, 2018) hablaba con mi padre sobre muchos aspectos en relación a la naturaleza. Me llamaba la atención cómo me decía que él cuando se sumerge en esos bosques espesos de los Pirineos se le aclara el pensamiento y se le reordenan las ideas, además de disfrutar con los sonidos que acompasan esa voz interior. “El bosque te aclara el pensamiento”, me decía, cuando nos sumergíamos en caminatas largas a través de pendientes y lugares de difícil paso por los que nos llevaba y se forjó su infancia y su educación infantil.

El bosque para mí es hoja de ruta, álbum familiar, genealogía, idioma, reencuentro, asidero, esa manera de enraizarte en el mundo. La vista atrás, todo ese aprendizaje de valores en el entorno rural y la mirada afilada de mis antepasados para los que los bosques han ejercido de lugar de fuga, de hábitat transfronterizo y de una simbiosis poderosa y casi mística hasta llegar a representarlo a través del deporte rural vasco, donde sobre todo tanto mi padre y mi tío han sido figuras clave en esa transmisión y desempeño que en cierta medida mi hermano y primo le han dado continuidad. En mi caso ha sido desde un diferente dialecto, pero el mismo idioma.

En la actualidad vuelvo desde el prisma de disfrute a esas latitudes naturales. No obstante, para las generaciones anteriores como las de mis padres el bosque ha sido supervivencia, dureza, coraza. Ese paisaje de tránsito, superación y huida en el que llegaban a sortear disparos y persecuciones de la Guardia Civil que acechaban en ese entorno y se mantenían tras esos contrabandistas escurridizos y ese universo del silencio y familiar en los caseríos en los que se protegían mutuamente desde ese espíritu comunitario de apoyo mutuo.

Nos hemos ido alejando de esa vida familiar en torno a la chimenea, en torno al fuego, esa vida de la conversación, de la palabra lenta, que toca profundo como un océano en su cadencia. El fuego ha sido sustituido por la luz artificial de la pantalla de un teléfono. Los ojos hoy no ven, miran hacia el suelo, mientras deambulamos como fantasmas por las calles riendo solos, hablando solos. ¿Cómo fue que dejamos de ver con el corazón?

No es tarea fácil y es cierto que hay cierta lógica en esas acciones y decisiones cada vez más férreas a la hora de dejar atrás toda esa maraña que nos absorbe, nos hace perder el tiempo y que construye otro yo que realmente no llegamos a ser al mostrar toda esa cara A nuestra. No sé si somos capaces de establecer nuestras prioridades al respecto o de facto nos vemos sumergidos por un entramado que en cierta medida nos aporta beneficios pero que nos tiene atados y en muchos casos nos cuesta definir las prioridades y sortear la basura y lo perjudicial y dañino.

Los 13 años de vida en Madrid me han aportado, entre otras cosas, esa conexión con el lugar de origen y esa manera de apreciar lo que anteriormente ese entorno representaba era un simple decorado. Y creo que mi vida y obra serpentea e intenta realizar ese equilibrismo entre los significados y toda esa riqueza simbólica a través de la perspectiva que te dota la distancia física y emocional cuando llegas a poder construir el yo que tú mismo decides y no el que está impuesto por nacer en un lugar y en una familia en concreto.

¿A qué suenan los latidos del bosque?

A ese silencio que no nos permitimos. Al euskera de mi familia. Porque para mí el idioma materno se acompasa a esos recorridos a través de los bosques y la naturaleza. Suenan a honestidad, a robustez, a anclaje, a la respiración entrecortada. Al sonido de la naturaleza que se queda como eco en el pensamiento. A Baztan. A permanencia y regeneración. A vida y esencia. A reencuentro. A remanso. A paz. A estación. Al sosiego que recompone.

Estamos saturados por la irracionalidad de un sistema capitalista que ha enterrado cualquier atisbo de belleza, cualquier posibilidad de libertad. “El mundo siempre se engaña con el ornamento”, escribió Shakespeare. Se palpa más que nunca la necesidad de reflexionar en torno a la vida de hoy, a la vida automatizada y comprimida de hoy, la vida desnarrativizada, donde hemos perdido nuestro espacio en el mundo y, alienados, somos simples sujetos de rendimientos sin rumbo…

El pulso de la productividad, de la inmediatez y del capitalismo han ido transformando esas capas de las personas y de la vida en sí. Ahí estaría, como comentaba, la dicotomía, ese puente, ese tránsito entre la vida rural y la vida en la ciudad. De cómo idear ese equilibrio a la accesibilidad a la tecnología sin convertirnos en ese brazo de la máquina o la máquina misma sin obviar los avances que nos benefician.

No sé si es porque he crecido en un entorno rural rodeado por bosques y esa tranquilidad que le caracteriza, pero es cierto que llevo tiempo reflexionando sobre cuánto nos afecta la contaminación acústica y en general, esa espiral en la que estamos sumergidos y donde realmente no llegamos a desconectar de esas dinámicas que empequeñecen la visión que tenemos sobre la vida o que nos consumen hasta tal punto de transformar y mutilar esos tiempos interiores de cada uno y hasta el carácter. La ciudad es la verdadera jungla donde la supervivencia se pone a prueba y en muchas ocasiones nos hace sacar lo peor de nosotros.

La contemplación de la vida y de la cuestión más intranscendental se realiza desde una calidez y una calma en ese entorno rural que propicia esa conexión con uno mismo y con el cambio de las estaciones.

En la sobreabundancia de lo idéntico, de lo que se repite sin descanso, en la sociedad estandarizada, violenta, sin alma, el otro es el enemigo a batir, nuestra competencia. Tenemos una necesidad imperante de demostrar, una necesidad imperiosa de exhibir lo que tenemos por encima del otro. El tener apaga el ser. ¿Hacia dónde vamos?

Hacia esa proyección de las carencias y taras de uno en el otro. No creo que sea algo nuevo en el ser humano ni en cuanto al momento histórico. Vamos hacia esa fragmentación e individualización generalizada de la sociedad donde los extremos son los que en gran parte dotan de identidad a esa masa de personas necesitadas de nuevos gurús y profetas. Tengo miedo a que la hiper-tecnologización nos vaya a traicionar y nos convertimos en protagonistas de cualquier capítulo de Black Mirror, atrapados tras esa pantalla de cristal y siendo protagonistas de nuestra propia farsa. No pierdo la fe en que desde lo local se puede tejer toda esa red de lo global desde redes con valores éticos, humanísticos y de justicia social. Creo en la bondad y en el buen hacer del ser humano, y que para ello hay que propiciar escenarios y situaciones. No creo que por ahora, vayamos encaminados hacia ese escenario.

En las performance familiares que realizan, Hasier termina partiendo el tronco que ha cortado su padre mientras él lee textos y poemas.

En tu nuevo libro señalas que la distancia es una manera de volver. Te fuiste hace más de 12 años a la ciudad, dejando atrás la vida rural del pueblo de Arraioz, en el valle de Baztan, para vivir en Madrid. “Porque para volver a un lugar y estar presente y apreciar los valores que ofrece, primero hay que marcharse y mantener una distancia”. Para alguien que ha nacido y crecido en conexión permanente con la naturaleza, llegar a la ciudad supondría una metamorfosis interior, un choque de mundos…

Sin duda. La verdad es que no sé cómo pude. Todo se me hizo cuesta arriba. Fue un reto tremendo. Un cambio radical. En un principio no me hacía con la ciudad, con sus ritmos, con su dinámica, impersonalidad y con esa transformación tan a lo bestia del horizonte. Con el tiempo, he llegado a la conclusión que es de las mejores cosas que he hecho en mi vida, porque ese cambio de vida me dio oportunidad de fortalecer aspectos personales y poder forjar mi identidad equilibrando toda esa energía concéntrica que desprendía mi padre y su sueño de que continuara con la tradición del deporte rural y mis intereses relacionados con la lectura, el cine, la música o el arte, que en un principio él no entendía. No había mucho lugar para la ficción en mi infancia. Para mí la literatura y la escritura supusieron un ejercicio de resistencia, todo un fuerte, una cabaña donde me resguardaba y me sentía a salvo de esa dureza y de lo que se esperaba de mí. En ese espacio de mi habitación me sentía seguro y salvo.

‘El lenguaje de los bosques’ es sobre todo el retrato de una vida familiar en proceso de demolición, en fase de extinción, un estilo de vivir en convivencia con un entorno natural donde la esencia de uno mismo no se trastoca, no se desvirtúa, no pierde su pureza, su misticismo. Es una vida de amor al árbol, a la tierra, a lo sencillo, ajena a las tecnologías, una vida de contacto con la madera, de trabajos en el bosque durante semanas, de deporte rural. ‘El lenguaje de los bosques’ es un canto a la naturaleza y a tu familia, es un canto a la figura del padre, “heredero del espíritu de la vida tranquila y sin muchos sobresaltos del caserío”…

Diría que es mi libro más luminoso y quizá más tierno. Como comentas, es todo un homenaje a mi familia, a todo ese entramado de vida de los valles del norte de Navarra; de los antepasados y todas esas personas que trabajan en relación a la madera y a los bosques. Es un canto a ese paisaje que también ha forjado mi identidad. He intentado recoger la sabiduría de todas esas personas que están relacionadas de alguna manera con ese universo. He querido también no ceñirme solamente a una narrativa, a esa narrativa de la tradición y que proviene de todas las personas que he entrevistado. Me ha interesado plasmar mi mirada y mis inquietudes en relación a ese ámbito desde diferentes perspectivas donde también tienen su lugar la música, el cine, la fotografía, lo socio-político, las historias de contrabandistas, y sobre todo esa narrativa familiar que parte de lo autobiográfico y es la celebración de ese reencuentro entre un padre y un hijo que con los años se dan cuenta que tienen más aspectos en común que diferencias que los mantenían un poco alejados o sumergidos cada uno en su ámbito.

De hecho, las performances que realizamos juntos y con mi madre y en los que también ha participado mi hermano suponen esa representación familiar de esa convivencia y de esa pluralidad, de ese respeto y cariño y de esa lección de tolerancia que nos da en este caso mi padre. El 17 de marzo lo haremos en el auditorio del Guggenheim de Bilbao dentro del Festival de cultura vasca Loraldia. Mi marido, Zuri Negrín, también estará presente con su propuesta sonora experimental y ambiental, por lo que se fusionarán de esa manera los dos mundos, la tradición y la vanguardia, lo clásico y lo experimental.

En nuestra huida hacia la urbe, hemos dejado una España hermosa y vacía…

Y abandonada. Comenta mi padre y muchas personas cómo ha cambiado el cuidado hacia los espacios comunes como caminos y que la despoblación de las zonas rurales tiene relación directa con el cuidado de ese entorno natural y de los bosques. Por eso la importancia de iniciativas comunitarias en las que los vecinos se reagrupan y realizan tareas de limpieza y de adecuación del entorno. El paisaje también va cambiando con el transcurso del tiempo. Caminos por los que transitábamos antes están cerrados. Es lógica esa correlación entre la despoblación y la falta de cuidados hacia ese entorno. Al preguntarle a mi padre por ese paisaje y si contemplaría hipotéticamente la posibilidad de una vida sin bosques, no entraba en su cabeza esa posibilidad. Sí que relata el abandono generalizado y de las administraciones hacia el sector de la madera en comparación con décadas anteriores. Parece que a sus pulmones les falta oxígeno cuando se aleja de ese epicentro que marcan los Pirineos.

Biografía
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5/19/2024

Los espíritus del bosque

TORIYAMA SEKIEN (1712-1788)
Los Kodama, los espíritus del árbol
Kodama pintado por Toriyama Sekien, del volumen Gazu Hyakki Yagyö, llamado Yin, aquí aparece como un hombre mayor

Un kodama (木霊 o 木魂) es un espíritu del folclore y la mitología del Japón que vive en un árbol (similar a las dríades de la mitología griega). También se conoce como kodama al propio árbol donde habita uno de estos espíritus. Por otro lado, el fenómeno del eco, dentro del folclore japonés, también es conocido por este nombre.
      Los kodamas también habitan en los bosques espesos. Por lo general tienen apariencia humana y cada individuo es único en su aspecto y personalidad. Se dice que pueden presentarse en formas no humanas, y pueden parecer tan hermosos o terribles como deseen. La mayoría de ellos se muestra con una apariencia adorable. Sus cuerpos, de baja estatura, son semitransparentes, verde pálido o blancuzco.
      En la mitología nipona se les conoce como los espíritus de los árboles en general. No necesariamente representan un árbol en particular, aunque algunos de ellos están asociados directamente a una especie de árbol. Se cree que estos espíritus pueden trasladarse de un árbol a otro, o nacer a través de su semilla.
     La mayoría de estos espíritus se disgustan ante aquellos que no tienen respeto por el medio ambiente. Si un árbol es cortado de forma irresponsable, uno o más kodamas pueden buscar venganza. La mayoría de estos espíritus es de carácter pacífico y tranquilo; les gusta compartir conocimientos y sabiduría con aquellos que saben cómo comunicarse con ellos. Los kodamas son sorprendentemente fuertes y poderosos, dada su larga vida. Su comunicación con el mude misterio.

Resumen

      Terroríficos espectros y sorprendentes criaturas, kappa y otros animales sobrenaturales, yokai, demonios de lluvia y de niebla… Editorial Quaterni publica por primera vez en una lengua occidental la más famosa y reconocida recopilación de monstruos y fantasmas de la historia de Japón, obra cumbre de la mitología japonesa. Sekien Toriyama fue el primer artista en dibujar una antología o guía ilustrada de los mitos populares de la tradición nipona. Sus demonios y espíritus, originales de 1776, han perdurado hasta nuestros días pues suponen la única representación visual que existe de ellos. Por este motivo, son el origen de muchos de los personajes fantásticos que aparecen en los manga y anime de los siglos XX y XXI. Una obra de referencia tanto para los interesados en Japón como para los amantes de la novela gótica y de misterio.

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5/13/2024

JONATHAN RUBINES y MARTA VILLOTA
Rutas para decubrir... árboles de Euskal Herria

      Un libro lanzado en marzo 2018, pero acabo de verlo en la Feria de Aia... y me ha dado buensas sensaciones. 

  • ISBN:9788482166872
  • Editorial: Sua Edizioak
  • Fecha de la edición:

     Este libro nos presenta una cuidada selección de árboles singulares, añosos, monumentales o gigantes que constituyen una parte relevante de un patrimonio común que podemos ayudar a conservar.
      A partir de 35 itinerarios este libro convierte al viajero en un nómada ávido de sensaciones al descubrir a los seres vivos más longevos de nuestro territorio.

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3/11/2024

Árboles singulares de Sevilla

ÁRBOLES SINGULARES DE LA CIUDAD DE SEVILLA

El día 26 de febrero, el Alcalde de Sevilla presentó en la Glorieta de Bécquer el libro Árboles singulares de Sevilla. Se trata de una nueva versión, más reducida y a modo de guía de campo, del catálogo que se publicó en 2022 sobre los ejemplares más sobresalientes del rico patrimonio arbóreo de nuestra ciudad. Nosotros colaboramos activamente en esta relación de árboles singulares a través de nuestro blog y de un dosier sobre la ubicación y características de estos árboles que fue entregado a los funcionarios de Parques y Jardines. (...)

La versión degital de la guía de campo "Árboles singulares de Sevilla" se puede consultar aquí
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11/23/2023

Patric Barkham, artículo en OurDailyRead oct2022

GUY SHRUBSOLE
El hombre que defiende los bosques de Gran Bretaña


Hay un bosque escondido cerca de la casa de Guy Shrubsole que brilla con una luminosidad verde durante todo el año. Sus árboles son robles familiares, pero los vendavales del Atlántico y los suelos de las tierras altas los han vuelto atrofiados y extraños. En sus extremidades retorcidas se aferran líquenes, musgos, hepáticas y helechos: cientos de especies multicolores que se asemejan a los arrecifes de coral, con nombres fascinantes que van desde tiras de salchichas hasta bigotes de bruja. 

El descubrimiento de Shrubsole de un fragmento superviviente de selva británica cerca de su nuevo hogar en Devon lo inspiró para escribir un libro, The Lost Rainforests of Britain. "Hay algo muy atractivo en este ecosistema extraño, retorcido, goteante y cubierto de musgo", dice. “El hecho de que suene exótico pero se desarrolle específicamente en el clima británico es realmente mágico. Quería volver a encantar a más personas con la magia de la selva lluviosa que nos queda en este país”. 

Además de fomentar el redescubrimiento popular de esta selva lluviosa templada, biodiversa y poco común en el mundo, Shrubsole, un activista ambiental cada vez más influyente, está pidiendo una estrategia nacional sobre selvas con el objetivo de duplicar el 1% de la superficie terrestre donde perviven los fragmentos de bosque en el oeste de Gran Bretaña. 

Cuando Shrubsole creó un blog en el que pedía a la gente que le ayudara a registrar fragmentos de selva que se le habían pasado por alto (a menudo sólo existían como “bosques de sombra” sin árboles, según la frase del ecologista Ian Rotherham), quedó sorprendido por la respuesta. Una historia de The Guardian sobre su fascinación por la selva recibió más de 200.000 visitas y aún más información del público, y así nació su libro.

La respuesta positiva “tiene que ver en parte con el despertar del interés de la gente por la naturaleza que hemos visto en los últimos años, desde caminatas cerradas hasta botánicos rebeldes que escriben con tiza los nombres científicos de las malas hierbas en las aceras”, dice Shrubsole, “pero también habla a ese ambientalismo profundamente arraigado que existe en Gran Bretaña: una sensación de que hemos perdido algo de nuestra tierra verde y agradable. Acecha en nuestra imaginación: la idea de que un gran bosque se extendió por Gran Bretaña. Podemos debatir cuán extenso era, si eran pastos o un bosque lluvioso de dosel cerrado, pero no hay duda de que teníamos muchos más árboles de los que tenemos ahora”. 

La selva lluviosa “perdida” es una idea romántica, pero la selva tropical templada del Atlántico de Gran Bretaña es un hábitat formal y científicamente reconocido, y globalmente más escaso que la selva lluviosa. Según los ecologistas, la “selva lluviosa” es tierra que recibe más de 1.400 mm de lluvia cada año, repartidas tanto durante el verano como durante el invierno. La selva lluviosa templada es fresca pero no fría, con temperaturas en julio que promedian 16 ° C o menos. "Es realmente la definición de unas vacaciones de verano británicas", dice irónicamente Shrubsole. 

No fue hasta 2016 que un ecologista, el Dr. Chris Ellis, calculó que el 20% de Gran Bretaña se encontraba dentro de la zona de selva lluviosa templada, que poseía “condiciones bioclimáticas” ideales. Y, sin embargo, como ha calculado Shrubsole, nuestra selva nativa ha sido destruida y borrada de la memoria: hoy solo quedan 18.870 hectáreas (46.629 acres) en Inglaterra.

De la fragmentaria selva lluviosa de Gran Bretaña, sorprendentemente Shrubsole revela que sólo el 27% está designado como sitio especial de interés científico, lo que significa que la gran mayoría está desprotegida. Incluso los sitios protegidos están dañados: según Natural England, Johnny Wood, que Shrubsole visitó en el Distrito de los Lagos, se encuentra en condiciones “desfavorables, en deterioro” debido a “evidencias generalizadas de pastoreo de ciervos y la continua invasión de ovejas” que impiden la regeneración del bosque. 

El libro de Shrubsole podría ser un lamento, pero en cambio está impregnado de la positividad incontenible y el entusiasmo alegre de un activista nato. Shrubsole ha sido ambientalista desde la infancia y recuerda que su madre organizó una fiesta para “salvar las selvas tropicales” en su jardín trasero en 1990, cuando él tenía cinco años, para recaudar fondos para la campaña de Amigos de la Tierra en la Amazonia. 

De adulto, trabajó como activista para Amigos de la Tierra y Rewilding Britain, pero fue cuando se mudó a Gales para trabajar para una pequeña organización benéfica, el Centro de Investigación de Interés Público, con sede en Machynlleth, que descubrió las selvas tropicales perdidas. En Machynlleth se hizo amigo de George Monbiot, que entonces vivía en la ciudad y escribía Feral en ese momento. Llegando a darme cuenta de que treele

"Guantes" en Bodmin, Cornwall. Foto: Guy Shrubsole
En Machynlleth se hizo amigo de George Monbiot, que entonces vivía en la ciudad y escribía Feral en ese momento. Darme cuenta de que las colinas galesas sin árboles estaban “destrozadas por las ovejas” “sin duda arruinó algunos buenos paseos para nosotros”, dice Shrubsole. Fue Monbiot quien introdujo por primera vez a Shrubsole la asombrosa idea de que Gran Bretaña alguna vez tuvo selva tropical, pero la había destruido y luego olvidado.

El libro de Shrubsole puede ser un nuevo encantamiento, pero como activista tiene objetivos claros: quiere que el gobierno británico elabore una estrategia para la selva tropical. En lugar de limitarse a proteger los fragmentos finales, busca la restauración y cree que un objetivo realista es duplicar el 1% de la superficie terrestre en el plazo de una generación. Esto podría lograrse, según ha demostrado su mapeo, simplemente permitiendo que los fragmentos que quedan se regeneren naturalmente en sus márgenes.  
 
Extraordinariamente, la selva tropical británica no fue mencionada en el parlamento hasta 2021, cuando –a instancias de Shrubsole– su parlamentario conservador local planteó una pregunta sobre su preservación en la Cámara de los Comunes.  
 
"Hasta ahora ha habido algunas palabras cálidas de los ministros, pero últimamente se ha vuelto mucho más difícil", dice. “Si volvemos a un gobierno un poco más sensato, realmente se necesita una estrategia para la selva tropical, que ayudaría con los esfuerzos de restauración de la selva tropical en todas partes. No se trata sólo de proteger estos sitios, sino de decir que estamos haciendo nuestra parte en la misión global de restaurar las selvas tropicales”. 
 
A medida que aumenta la conciencia pública sobre la magia de estos fragmentos restantes, que se pueden instalar en Instagram, una amenaza es el aumento del número de visitantes que dañan especies vegetales raras y preciosas. Como reconoce Shrubsole en su libro, su bosque tropical local, Wistman's Wood, está bajo la presión de los visitantes, con problemas que incluyen basura y personas que "tallan" marcas en sus rocas cubiertas de musgo.
Selva tropical en Borrowdale en Lake District. Fotografía: Peter Swan

 
“Definitivamente quiero transmitir la extrema importancia de tener mucho cuidado y tratar estos lugares con el máximo respeto. Pero también tenemos que volver a conectarnos con la naturaleza”, afirma Shrubsole. “Rara vez encuentro basura en Wistman's Wood. Podría ser que los guardias estuvieran haciendo su trabajo o podría ser simplemente que la gente es bastante buena y la mayoría no deja basura ni talla espirales tontas en el musgo de las rocas.
 
“No es una estrategia de restauración viable aislarlos a todos y esperar que nadie los visite nunca. La solución para que los sitios de honeypots se vean abrumados es, en última instancia, crear más de estos increíbles hábitats”. 
 
Esto da paso al otro papel de Shrubsole como cofundador de la campaña Right to Roam con el artista y escritor Nick Hayes. Este año han organizado más de media docena de eventos de intrusión ilegal en su intento de ampliar la Ley de Campo y Derechos de Paso que permite deambular en sólo el 8% de la campiña inglesa y el 3% de sus ríos.  
 
Caroline Lucas está presentando un proyecto de ley privado sobre este tema y Shrubsole espera persuadir a todos los partidos políticos para que se comprometan con él en sus manifiestos. ¿Un futuro gobierno laborista ampliaría el acceso al campo? “Soy cautelosamente optimista en cuanto a que el Partido Laborista considera el acceso a la naturaleza como parte de su legado y su futuro. Los laboristas introdujeron la Ley de Parques Nacionales y el derecho original a deambular en 2000. Varios altos funcionarios laboristas ahora ven eso como una tarea pendiente. Me encantaría que el Partido Laborista dijera mucho más sobre la crisis natural y encontrara su voz al respecto nuevamente porque claramente lo necesita”. 
 
Shrubsole llegó a la campaña Right to Roam a través de su libro anterior, Who Owns England?, una disección de las desigualdades en la propiedad de la tierra. “Cuando estaba escribiendo ¿Quién es el dueño de Inglaterra? Constantemente me sentía enojado, pero con este libro espero que la gente sienta una sensación de entusiasmo y optimismo contagiosos”, dice. “Realmente siento que una parte de mí ha cobrado vida nuevamente al explorar estos lugares. Son simplemente increíbles y nuestro camino hacia cierto grado de redención también”.
 
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11/12/2023

En "El País", por Miguel Ángel Medina

PACO CALVO, entrevista y libro
“Las raíces de las plantas hacen cosas flipantes”

En 1862, Charles Darwin quedó fascinado por la forma en que trepaban las plantas de pepino, sus movimientos y hábitos. “Darwin vio patrones de conducta en las plantas que todavía no vemos con el time-lapse”, señala fascinado Paco Calvo (Barcelona, 52 años), catedrático de Filosofía de la Ciencia, que dirige el Laboratorio de Inteligencia Mínima (Mint Lab). Ahora publica Planta sapiens (Seix Barral), un ensayo que indaga sobre la inteligencia de las plantas y el modo en que se comunican, evalúan riesgos y deciden.

Pregunta. ¿De qué forma son inteligentes las plantas?

Respuesta. Lo son a su forma. Tienen sus problemas y aportan sus soluciones. Si tengo raíces, no me pidas que salga por patas ante un depredador. Pero podemos encontrar una llave maestra: para mí es distinguir entre una conducta meramente adaptativa y el repertorio conductual ante adversidades concretas, que debe ser flexible y anticipatorio.

P. ¿Son pasivas?

R. No son lentas ni rápidas, crecen a la velocidad óptima. Son cualquier cosa menos pasivas, se sacan las castañas del fuego.

P. ¿Pueden aprender?

R. Es una hipótesis empírica, como decir que una abeja o un pulpo aprenden. Hay que testarlo, como hacemos en el Mint Lab. El error sería descartar la posibilidad de que existiese el aprendizaje vegetal por el hecho de que carezcan de neuronas. ¿Pueden aprender las plantas? Obviamente. ¿Hay evidencia de que exista determinada forma de aprendizaje? No, estamos trabajando en ello.

P. ¿Se comunican?

R. Sí, de muchas maneras: por vía aérea, a través de compuestos volátiles orgánicos, algo que usan para comunicarse bien con otras partes de la misma planta o bien con plantas distantes. Son sensibles a gran cantidad de parámetros bióticos y abióticos: monitorizan información del exterior y del interior, y tienen percepción de su propio cuerpo, dónde están con respecto a quién.

P. En el libro usted anestesia a una mimosa. Entonces, ¿tienen conciencia?

R. Esto es muy polémico. La conciencia no se puede observar, sino inferir. Uno de los indicadores que usan los científicos es el rol de la anestesia. ¿Qué es salir de la anestesia? Volver a tener vida interna. La anestesia altera las propiedades de la membrana de las células vegetales, que es lo mismo que pasa con las neuronas. Si el mecanismo es el mismo, ¿por qué no llegamos a la misma conclusión?

P. ¿Qué es lo más sorprendente que ha visto hacer a una planta?

R. Sufrimos ceguera con las plantas: la mitad está en el subsuelo, y en las raíces pasan cosas asombrosas, hacen cosas flipantes. Se pueden comunicar situaciones de estrés futuro: si tienes varias plantas con raíces en dos tiestos distintos, y cuyas raíces se comunican, y a la primera maceta la sometemos a un estrés químico o hídrico, y a las dos siguientes las tenemos en buenas condiciones, la primera les comunica el estrés a las demás y las plantas empiezan a parar máquinas y a reducir metabolismo.

P. ¿Cómo reaccionan los vegetales ante sus depredadores?

R. Uno de los ejemplos más fascinantes es el de las tomateras que convierten en caníbales a las orugas que las atacan: segregan unas sustancias que hacen que la oruga la encuentre poco apetitosa y acabe comiéndose a la oruga que tiene al lado.

P. ¿Las plantas escuchan?

R. Hay buenos indicios de que sí, hay mucho trabajo en fitoacústica, acústica vegetal, y es fascinante, pero muy reciente. La planta es sensible a ondas que impactan sobre su superficie corporal, es una información que procesa.

P. ¿Duermen?

R. Las leguminosas pliegan las hojas de noche y por la mañana las despliegan. Si tú no puedes dormir, compras melatonina; las plantas biosintetizan su propia melatonina y el pico de concentración coincide con esa hora del plegamiento foliar para ‘irse a la cama’, igual que en animales. La molécula es la misma.

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10/23/2023

NAPKO ABE (Japón)
El hombre que salvó los cerezos

La fascinante y desconocida historia del británico que luchó por preservar los cerezos en flor japoneses.

En Japón cada primavera la floración de los cerezos es una fiesta de los sentidos, y todo un símbolo de la cultura del país. Lo que casi nadie sabe es que si hoy sigue vivo ese patrimonio de la humanidad es gracias a un inglés llamado Collingwood Ingram, cuya historia nos descubre este libro.
     Ingram, hijo de una familia rica, se interesó en su adolescencia por la ornitología, y el entusiasmo lo llevó a viajar a Japón para escuchar el canto de los pájaros de aquellos parajes. Con el tiempo fue abandonando la pasión ornitológica y la sustituyó por la horticultura, y en el país asiático quedó fascinado por las múltiples variedades de cerezos, de las que se calcula que había unas doscientas cincuenta. Cuando en 1919 se instaló con su familia en Kent, descubrió alborozado que en el jardín de la casa había dos espléndidos cerezos japoneses, que cultivó con mimo.
     En 1926 emprendió un nuevo viaje a Japón en busca de esos árboles y descubrió alarmado que, debido a la occidentalización y modernización del país y a la decisión de apostar por una única variedad clonada, se estaba perdiendo la riquísima diversidad de cerezos japoneses, incluido el espectacular Taihaku o «gran blanco». Ingram dedicó su vida a salvaguardar esos árboles y a proteger la tradición de la sakura (palabra japonesa para referirse al cerezo en flor) hasta su muerte, ya centenario, en 1981.
     Este es en parte un libro sobre botánica, pero fundamentalmente trata sobre una pasión y una obsesión, sobre la preservación de un patrimonio estético mediante una lucha callada y constante. Trata también sobre la historia de dos países y dos culturas; sobre el final del mundo victoriano, en el que nació Ingram en 1880, y sobre el convulso siglo XX. La fascinante historia de un hombre enigmático y de un árbol cuya floración es de una belleza que admira al mundo entero.

«Una biografía cautivadora sobre el hombre que ayudó a cambiar el rostro de la primavera» (Ian Critchley, The Sunday Times).
«De lectura compulsiva... Escrito con elegancia y erudición» (Tania Compton, Country Life).
«Un retrato de un gran encanto y sofisticación, rico en detalles botánicos e históricos; tras su lectura no volverás a contemplar los cerezos en flor del mismo modo» (Christopher Harding, The Guardian).
«Un libro conmovedor... Bellamente escrito, y todo un logro en cuanto a su investigación» (Claire Kohda Hazelton, The Spectator).

Lo hemos leído aquí

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9/25/2023

Luís Alberto Díaz-Galiano Moya
Alejandro Ruíz Rolle
"Arbolado Urbano"

     Un sencillo libro-manual que pretende siente las bases del planteamiento y de una correcta organización de la evaluación del riesgo aparente en arbolado urbano. 
     La primera parte trata de los orígenes y de la situación actual del riesgo, conceptos importantes y diferentes como el peligro y el riesgo, la importancia de una toma de datos correcta y las consecuencias de las decisiones equivocadas. También desglosa y analiza las diferentes fases que precisa cualquier evaluación de riesgo de una población de árboles con un número elevado de ejemplares y las competencias y atribuciones que debería tener cada profesional según intervenga en una fase u otra.
     Finaliza con una descripción técnica de defectos y sintomatologías básicas que hemos utilizado para diseñar el nuevo método matemático que hemos llamado 2AL (con un glosario de fotografías) y una breve introducción a dicho modelo matemático de evaluación de riesgo en arbolado que está diseñado para usarse en la F1, es decir, en el primer análisis de riesgo que hagamos en nuestra arboleda y que será fundamental para discriminar correctamente que árboles pasan a la F2 y evitar errores de diagnóstico. Dicho modelo estará disponible en breve en una App para Android. Con esta publicación esperamos aclarar un poco cómo acercarnos a esa primera evaluación del riesgo en una media o gran población de árboles. Esperamos que os guste y os ayude.
De: Asociación Española de Arboricultura (AEA)

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8/12/2023

CHARLES FOSTER, en "The Guardian", abril 2023
"El poder de los árboles", de Peter Wohlleben

Un haya en Glenariff Forest Park, Antrim, Irlanda del Norte. Fotografía de Dawid Kalisinski

Elon Musk ha ofrecido un premio de 100 millones de dólares a la mejor propuesta de captura y secuestro de carbono. Puedo ahorrarle mucho tiempo a su comité. El dinero debería ir a Peter Wohlleben, el guardabosques alemán cuyo libro "La vida oculta de los árboles" fue el éxito de taquilla más improbable y alentador de 2015. La idea de Wohlleben es esta: dejar los bosques en paz. Deja de jugar con ellos, pensando que podemos lidiar con el cambio climático mejor que la naturaleza. Si tocamos el violín, nuestras Romas arderán.      
     En "The Hidden Life" argumentó que los árboles son sociales y sensoriales. El poder de los árboles muestra que pueden ser nuestros salvadores. Pero es terriblemente difícil dejarse salvar. Pensamos que podemos ser los autores de nuestra salvación. Somos hacedores por constitución. Por supuesto, hay cosas que podríamos y deberíamos estar haciendo, pero en términos de práctica forestal, a menudo lo que se factura como parte de la solución es parte del problema. 
     Cualquiera que haya plantado un árbol en su jardín sabe que tiene un efecto profundo: hace que su jardín sea más fresco en verano y más cálido en invierno. Los bosques hacen eso a gran escala. Un bosque caducifolio en verano suele ser tan fresco como un lago. Berlín es 15ºC más cálido que los antiguos bosques cercanos. Los monocultivos de coníferas tan queridos por los silvicultores comerciales no son tan buenos refrigeradores: son hasta 8°C más cálidos que sus compañeros de hoja caduca. 
     Los bosques se enfrían al transpirar. Si no hay agua, no hay refrigeración. La sequía puede matar árboles rápidamente, pero los árboles tienen muchas formas sofisticadas de lidiar con ella, y Wohlleben las expone. Como especie, hemos sobrevivido a muchos cambios climáticos cambiando nuestro comportamiento, y así es como sobreviven los árboles también. 
     Fundamentalmente, los árboles aprenden de sus traumas pasados y producen descendencia programada con esas lecciones. Los árboles que han escapado por poco a la sequía son más prudentes en el futuro: retrasan su crecimiento y racionan su bebida. Tienen dos métodos principales para influir en sus hijos: el primero es la buena crianza. Los árboles madre regulan el crecimiento de sus hijos al cambiar la velocidad a la que los alimentan por goteo con una solución de azúcar a través de las redes de raíces, y los niños que crecen bajo la lluvia y la ligera sombra de la madre no beben mucho ni comen en exceso. El segundo es la herencia epigenética, que permite transmitir rápidamente rasgos de comportamiento útiles a las generaciones futuras.
     Los bosques caducifolios, en particular, eliminan los gases de efecto invernadero de manera efectiva y secuestran carbono mientras viven. La tasa de captura de carbono aumenta hasta que tienen alrededor de 450 años. Córtelos, quémelos y liberará dióxido de carbono no solo de la madera, sino también del suelo del bosque, ya que el suelo, que antes se enfriaba a la sombra, se calienta y, por lo tanto, acelera el metabolismo de los
microorganismos, que consumen el humus restante.
     El camino de los bosques no es el camino del mercado, y si vemos los bosques como almacenes estamos condenados. Los silvicultores deben ser más que accionistas, apiladores, expedidores y reponedores. Necesitamos un ethos radicalmente nuevo. Los árboles de hoja caduca no están “listos para la cosecha” a los 200 años, aún son adolescentes. La plantación de árboles no es necesariamente buena: los costes colaterales pueden ser exorbitantes.  
     Debemos cuestionar expresiones reconfortantes como “energía renovable”, y conocer el costo real de nuestro papel higiénico. Si no aprendemos a dejar los árboles en paz, los árboles estarán solos de todos modos, pero sin nosotros. Wohlleben nos muestra de manera brillante y amena cuán urgente y difícil es no hacer nada.

Lo hemos leído aquí
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5/28/2023

Los árboles de la libertad (2)

STEFANO MANCUSO
Los árboles de la libertad, de "La planta del mundo", pág. 36

En este nuevo libro, La planta del mundo, Stefano Mancuso nos cuenta maravillosas historias con los árboles como protagonistas. La Tierra es un mundo verde, es el planeta de las plantas. Y sus aventuras están inevitablemente ligadas a las nuestras. Y así nació este libro, espigando aquí y allá historias de plantas que, entrelazándose con el devenir humano se unen las unas a las otras para formar el gran relato de la vida en la Tierra: el papel de los árboles en la Revolución francesa o en el estudio del Sol; por qué cooperan los árboles de un bosque en vez de competir; la relación de los árboles con la música; cuál es el árbol de la sabiduría; cómo la madera de los árboles permitió resolver algunos de los crímenes más famosos; las primeras plantas que viajaron al espacio… Las plantas conforman una nervadura, un mapa (una 'planta') sobre el cual se construye el mundo en que vivimos. No ver esta planta -o peor, desdeñarla- por creernos por encima de la naturaleza constituye uno de los principales peligros para la supervivencia de nuestra especie.

(...) En latín, el chopo se llama populus, "pueblo". El autor de este grabado quería recalcar el valor simbólico del árbol. Dicho de otra forma, la planta del mundo es la planta de los pueblos que han abrazado el espíritu de la Rebolución.
     Ese día terminamos de cotejar la lista de los árboles de la libertad y, con la ayuda del mapa, pudimos añadir muchos otros. Según nuestro catálogo, solo en París debieron de plantarse cientos, tal vez miles de árboles de la libertad. Se distribuyeron de tal modo que siempre hubiera alguno cerca. Cada plazuela, glorieta, patio o pasaje lo suficientemente amplio albergaba uno. Incluso los barrios periféricos de París debían de estar trufados de árboles. En 1792, se plantó un número enorme de ellos por toda Francia. Escribe el abate Grégoire: «En todos los pueblos encontramos árboles magníficos que, alzando su cabeza majestuosa, desafían a los tiranos: el número de dichos árboles asciende a más de sesenta mil, pues hasta la villa más humilde tiene uno que la embellezca, y en muchas de las grandes localidades de los departamentos del Mediodía los hay en cada calle y aun delante de la mayoría de las casas».
     De todos los árboles de la fraternidad que durante una época unieron los distintos lugares de la Revolución mediante una red invisible, no han sobrevivido más que unos pocos repartidos por algunas localidades perdidas de Europa. En las grandes urbes como París, por ejemplo, ya no queda ni uno. Al ser un símbolo tan visible, se convirtieron en blanco de represalias: los mutilaron, talaron, laceraron y les grabaron inscripciones monárquicas. El hecho de que la Convención incluso hubiera promulgado leyes sobre ellos los convertía en uno de los emblemas más visibles de un régimen que muchos detestaban. Ya en 1800 (año VIII de la Revolución) quedaban muy pocos. Los pocos que sobrevivieron fueron rebautizados como «árboles de Napoleón» durante el Consulado y el Imperio, y, finalmente, retirados en la Restauración.
      En 1848 y durante la breve experiencia de la Comuna de 1871, volvieron a plantarse algunos árboles de la libertad, pero cada vez que cambiaba el régimen político, los árboles eran los que pagaban el pato: son fáciles de cortar, producen un gran estruendo al caer y no oponen demasiada resistencia. Por eso son tan pocos los que sobreviven de aquella época en que los árboles unían a los pueblos; además, no están censados y suelen encontrarse en aldeas recónditas de Francia e Italia. En Calabria, por ejemplo, encontramos alguno que escapó a la Restauración borbónica e incluso al urbanismo salvaje. En cualquier caso, están desapareciendo y pronto no quedará ninguno. Convendría protegerlos y contar su historia, antes de que el único árbol de la libertad que podamos contemplar sea el que aparece en las monedas francesas de dos euros. (...)

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4/25/2023

Tomás Casal Pita nos ha regalado muchas historias, ahora nos las ha recopilado en este libro

TOMÁS CASAL PITA
101 Árboles con Historia

Tomás, al que yo llamo "el cronista de los árboles", nos ofrece las grandes batallas protagonizadas por los árboles en su convivencia con los humanos.

ISBN: 9788419603449

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4/22/2023

EDUARDO BARBA, en El País"
Entrevista a Stefano Mancuso, profesor y neurobiólogo: “Las plantas son más sensibles que nosotros a todo lo que las rodea”


La supuesta supremacía del ser humano como especie es un viejo cuento que debería resultar tan obsoleto como tantas otras historias rancias que se han desechado. Pero no. Se piensa que la humanidad es el culmen de la creación, como si se quisieran negar las evidencias de un mundo mucho más complejo y rico.
     Stefano Mancuso, profesor en la Universidad de Florencia y apasionado director del Laboratorio Internacional de Neurobiología Vegetal, además de escritor de varios libros de éxito sobre esta temática, aboga por repensar ese viejo axioma para que las plantas se ganen nuestro respeto y admiración de una vez por todas. Porque sin ellas no existiría nada.

PREGUNTA. Para usted, ¿qué es una planta?

RESPUESTA. No es fácil definirlo. Normalmente, cuando preguntas a un científico cuál es la principal característica de una planta, la define como algo sin movimiento, un organismo vivo capaz de realizar fotosíntesis. Y esto es verdad, pero prefiero definirlas en oposición a los animales. Miramos al mundo con nuestros ojos, con nuestra mirada de animales, y nos cuesta comprender a seres vivos tan distintos a nosotros como las plantas. Ellas son lentas, nosotros rápidos. Las plantas son depredadas, nosotros somos los depredadores. Pero la diferencia más importante para mí es que los animales son seres que tienen una organización en la que han concentrado funciones vitales en unos pocos órganos, y las plantas tienen una organización descentralizada, donde apreciamos una estructura modular y ninguna parte es del todo indispensable. Así, en pocas palabras, podríamos decir que somos como un yin-yang de la vida, pero con una diferencia: que todos los animales juntos representan el 0,3% de la biomasa, una irrelevante parte de la realidad. Por el contrario, el 87% de la biomasa está constituida por las plantas. Así que, si me preguntan por una definición en una sola frase, diría que son la vida de nuestro planeta.

P. ¿Hay un lugar para la humanidad sin ellas?

R. Es imposible imaginar la vida en nuestro planeta sin las plantas. Todos los animales son dependientes de las plantas y ellas no dependen de los animales. Si pudiéramos mirar a las plantas y a los animales con objetividad, no habría duda de que ellas son las auténticas reinas de nuestro planeta. Si desaparecieran mañana, todo el mundo sabe que habría un problema con la comida. En unos pocos meses no habría más alimento en el planeta. Pero una característica principal de las plantas, y una de las menos comprendidas, es que son capaces de fijar el dióxido de carbono. Así que, si las plantas murieran mañana y liberaran todo el CO₂ a la atmósfera, el calentamiento global subiría a niveles que, según modelos, sería incompatible con el estado líquido del agua. Esta comenzaría a hervir y el planeta quedaría esterilizado por completo, como Marte o Venus. De nuevo, vemos que son el motor de la vida en nuestro planeta.

P. Un motor inteligente, por lo que nos enseñan con su comportamiento.

R. Normalmente pensamos que somos los únicos seres inteligentes en el planeta, o quizás no solo nosotros, pero solo unos pocos animales muy cercanos a nosotros y nada más. Creo que esto es una manera muy ridícula de mirar el mundo. Absurda y también presuntuosa. Si pudiéramos decir que la inteligencia está ligada a poseer un cerebro, entonces solo un 0,3% de las formas vivas tienen cerebro. Así que, si la inteligencia depende de la posesión de un cerebro, decimos que el 99,7% de la vida es estúpida, una especie de máquina mecánica. Para mí, como biólogo e investigador, esto es algo imposible de imaginar. Cada organismo viviente necesita resolver problemas. La inteligencia es la capacidad para resolver problemas. Incluso una bacteria o un virus necesitan resolver problemas, es imposible que no lo hagan, o se habrían extinguido inmediatamente.

P. ¿Y cómo es esa inteligencia vegetal?

R. Las plantas son tan increíblemente distintas a nosotros… Se mueven y actúan en una escala temporal muy diferente a la nuestra… Pero no hay duda de que son inteligentes. De hecho, muchas veces digo que son más inteligentes que los humanos. Con ello no quiero provocar a nadie, es una verdad desde un punto de vista biológico. Nosotros los animales utilizamos el movimiento como nuestra principal respuesta al entorno. Para nosotros, el movimiento lo es todo. Para un animal es imposible imaginar encontrar comida sin ese movimiento o escapar de un depredador. Pero los animales no resuelven los problemas, más bien los evitan. En el caso de las plantas, esto no es posible, necesita resolver el problema.

P. ¿Las plantas tienen consciencia de sí mismas?

R. No sabemos qué es la consciencia exactamente, incluso para los humanos. Es muy difícil. Lo único que podemos decir es si se es consciente de uno mismo, pero ya no se puede saber de la consciencia de la otra persona que tenemos enfrente. Para mí, es la habilidad para vivir. Podemos imaginarla como la habilidad para detectarte a ti mismo en relación con el medio en el que vivimos. Así, las plantas son extremadamente sensibles al medio en el que viven, porque son más sensibles que nosotros a todo lo que las rodea. Ese es el problema que tenemos a la hora de juzgar a las plantas: son muy diferentes a nosotros. Pero por supuesto que son conscientes de sí mismas.

P. ¿Qué son capaces de analizar las plantas de su entorno?

R. Esto habla sobre sensibilidad y los sentidos de las plantas. Como no pueden huir, necesitan sentir cada pequeño cambio para adaptar su fisiología a lo que va a ocurrir, por eso son increíblemente sensibles a cosas para las que nosotros somos completamente ciegos, como los gradientes químicos o los campos electromagnéticos. También son capaces de detectar sonidos, como una determinada frecuencia de unos 200 hercios, que es muy importante para las plantas. Cuando producimos esa frecuencia con un altavoz, todas las raíces crecen hacia el origen de ese sonido: es el mismo sonido del fluir del agua. Es por eso por lo que las plantas se sienten atraídas por las tuberías subterráneas, porque sienten el sonido del agua corriendo.

P. ¿Deberíamos cambiar nuestra ética a la hora de tratar a las plantas?

R. Sí, tenemos que cambiar nuestra posición a la hora de comparar a todos los organismos vivos. Pensamos que nosotros, los humanos, somos los más bellos, que no hay nada como nosotros porque tenemos un gran cerebro que nos permite hacer cosas que los demás seres vivos no pueden. Si preguntamos a un millón de personas no encontrarás a nadie que diga que no somos mejores que una vaca o un manzano. Sentimos que somos mejores, profundamente convencidos de que somos mejores. Y eso es un error increíble. Porque, primero, ¿qué significa ser mejor? Eso es una idea humana. Se mesura todo: si corres esa distancia más rápido, eres mejor. Pero, en la vida, ¿qué significa ser mejor? El objetivo real de la vida, de cualquier organismo, es sobrevivir. Y las plantas llevan viviendo muchos más años que nosotros sobre la faz de la Tierra, así que tenemos mucho que aprender, no que enseñar. Deberíamos tener una actitud más respetuosa y humilde con los otros seres vivos.

P. ¿Y qué se le podría enseñar a un niño para que se quedara fascinado el resto de su vida por las plantas y las respetara?

R. Lo primero, cada niño está más interesado en las plantas de lo que pensamos habitualmente. Si les contamos lo que ocurre en un jardín, cualquier niño se quedará muy interesado por la vida asombrosa de ese jardín. Debemos ser capaces de transmitir que las plantas son seres vivos, y, desde ese punto de vista, cuidar de ellas. Siempre recomiendo hacer un experimento muy sencillo: coger dos macetas idénticas y sembrar una judía en cada una, proporcionándoles la misma cantidad de agua, de luz… manteniendo una maceta al lado de la otra. Una vez que germinen, y durante solo 30 segundos cada día, tocamos muy delicadamente a una de las plantas, pero no a la otra, y observamos lo que ocurre. Después de dos semanas, veremos que la planta que está siendo tocada es más pequeña que la otra, porque no les gusta ser tocadas (ríe), sienten ese tacto como una especie de agresión de un predador. Otro experimento, menos científico, es coger a una de ellas y decirle cosas bonitas y adorables durante un minuto, y a la otra solo cosas feas. Lo hicimos en el laboratorio, y cada una cambió su forma de crecer. No es por algo fantástico o esotérico. Es solo porque son muy sensibles, y sienten si somos un animal bueno o malo para ellas. Así de sencillo.


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