jueves, 31 de mayo de 2018

AGUSTÍN Y LEÓN ÁVILA ROMERO
La poliferación de la palma africana destruye el ambiente y la diversidad cultural

en "CONSUMIDORES ORGÁNICOS"
 
     En América Latina, cultivos como la soya, el eucalipto, la caña de azúcar, la palma africana y el hule, entre otros, y la ganaderización capitalista, se desarrollan partir de la devastación de grandes ecosistemas naturales como el Cerrado brasileño, la Amazonia entera y el Gran Chaco en Argentina, Paraguay y Bolivia. En México y Guatemala la pérdida de la Selva Lacandona y del Petén es alarmante.
     Ello se debe al impulso de grandes empresas agroalimentarias donde participa una clase capitalista transnacional, la gran beneficiaria del boom de los mercados de futuros agrícolas y del apoyo gubernamental para desplegar sus estrategias de alianzas y fusiones. Dentro de esta estrategia de dominio territorial que acapara tierras, apoyos fiscales y créditos, que subordina mercados y aumenta la rentabilidad de las empresas transnacionales, se inscribe el impulso a las plantaciones de palma africana.
     El cultivo de palma africana se extiende del sur de Veracruz en México hasta la zona ecuatorial de Colombia, Ecuador y Brasil, generando un entramado de espacios ocupados por esta oleaginosa.
     La expansión del cultivo de palma se debe fundamentalmente a una política de desarrollo rural que ha castigado, vía precios, la producción de cultivos básicos favoreciendo la producción agroindustrial. A ello se suma la dinámica de control territorial de recursos estratégicos que impulsa el paramilitarismo y la violencia para el despojar comunidades en países como Colombia, Guatemala y Honduras.
     Según datos de 2016 del Movimiento Mundial de los Bosques Tropicales (WRM por sus siglas en inglés), en México había entonces 60 mil hectáreas con cultivos de palma, en Guatemala 130 mil, en Honduras 165 mil, en Nicaragua 27 mil 700, en Costa Rica 66 mil 419, en Panamá 8 mil, en Colombia 500 mil y en Ecuador 280 mil hectáreas.
     En México, la producción de palma africana ocurre mediante un proceso de “asociación-cooptación” de la estructura corporativa campesina regional, lo que ha permitido un desarrollo ”consensado” con los campesinos locales, como en el Soconusco, Palenque y Marqués de Comillas en Chiapas.
     Para el caso de las nuevas plantaciones en Campeche, aparecen nuevos actores con mayor capital y con grandes extensiones de tierras que rompen la práctica del “desarrollo consensado” y que se acercan a experiencias cercanas al acaparamiento de tierras practicado sobre todo en África, Sudamérica y Asia.
     La palma africana en México se ha convertido en uno de los impulsos centrales de la deforestación de la Selva Lacandona y de las zonas tropicales del sureste mexicano, y es una actividad promotora del cambio climático. Ello porque el modelo de negocios que promueve, basado en una agricultura de contrato, impulsa a los campesinos a desmontar la floresta para sembrar palma, lo que mercantiliza la economía campesina y deteriora las prácticas culturales propias de los grupos campesinos e indígenas con la llegada de agentes externos.
     Es parte también del proceso de mundialización que ha generado la incorporación de grandes actores económicos a la producción agrícola; las empresas trasnacionales han visto el cultivo de la palma africana como un nicho de oportunidad para abastecer en primer término la industria alimentaria y de cosméticos, y en un segundo término convertir a biodiesel de la pasta obtenida.
     Resaltamos el crecimiento espectacular que está teniendo el cultivo de la palma africana en México, pasando de 49 mil hectáreas sembradas en 2010 a más de 90 mil actualmente, ampliándose la frontera agrícola a través de la destrucción de la cubierta forestal tropical y el despojo a campesinos e indígenas.
     Es un negocio creciente donde a la deforestación que se produce se le suma la alta utilización de agentes químicos y tóxicos y la superexplotación del trabajo a la que son sometidos los trabajadores en la cosecha del producto, utilizando en las regiones de frontera con Guatemala mano de obra sometida a condiciones de trabajo de peonaje en pleno siglo XXI.
     En torno al sitio geográfico que abarcará la Zona Económica Especial de Puerto Chiapas y la Zona Económica Especial de Coatzacoalcos se impulsan los cultivos de este producto agrícola y con ello la construcción de plantas agroindustriales para su posterior transformación. En Puerto Chiapas se tiene la base para construir una planta de producción de biodiesel con base en palma africana con asesoría y tecnología colombiana enmarcado en el Plan Mesoamérica.
      Las empresas transnacionales son los principales responsables de los problemas que causan las plantaciones de palma africana: el acaparamiento de los territorios y de los bienes comunes; la destrucción de áreas biodiversas y formas de vida asociadas; la contaminación por pesticidas de los ríos, arroyos y pozos; el agotamiento y la erosión del suelo; condiciones de trabajo degradantes; y un creciente proceso de financiarización de la naturaleza sobre las tierras y la producción. Hemos señalado tres grandes impactos que genera dicha actividad forestal: concentración del ingreso en pocas empresas y transferencias de subsidios gubernamentales a grandes agentes privados; gran utilización de fertilizantes y agroquímicos que contribuyen enormemente al cambio climático y eliminan de manera extraordinaria la biodiversidad que caracteriza, por ejemplo, al estado de Chiapas; el elemento de imposición colonial-cultural a la vida campesina e indígena, pues los productores son subordinados, simples trabajadores de la agroindustria capitalista.
     Al aceptar el cultivo, por ejemplo, el campesino dueño de las tierras asume una total dependencia con la agroindustria que en su actual fase de expansión del cultivo sólo cubre 50 % de la capacidad de sus fábricas, lo que la obliga a dotar de un precio “atractivo” para los productores. Cuando la actividad se consolide, el precio de compra disminuirá. Debido a los impactos ambientales (erosión, contaminación, costos del desraizamiento), y al control económico por parte de la agroindustria (vía deudas, tienda de raya, insumos y abarrotes), el campesino no podrá hacerse cargo del terreno, y se verá obligado a transferir el terreno a manos privadas, lo que consumará el despojo de miles de hectáreas con amplia disponibilidad de agua.
     Con este cultivo lo que se vive no es una oportunidad para que los campesinos e indígenas se vuelvan empresarios exitosos, sino un terrible proyecto del capital transnacional que valoriza los espacios agrarios, promueve los monocultivos y su paquete agrotóxico y en el futuro el despojo de tierras de campesinos e indígenas a través de la mercantilización de la economía campesina y el deterioro cultural.


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martes, 29 de mayo de 2018

JUAN GUZMÁN OJEDA, Ing. Técn. Forestal
El Pino de Candelaria, en  PELLAGOFIO nº 14


     Los estudiosos de los bosques no nos cansamos de repetir las virtudes y las capacidades de resistencia, e incluso de sufrimiento, innatas al árbol más abundante del archipiélago: el pino canario. En el pinar de Candelaria, sobre la fachada sureste de la Corona Forestal de Tenerife, habita un simpar ejemplar de esta mágica especie. En concreto, nuestro protagonista se localiza en las coordenadas 28º 23´13.5´´ de latitud norte y 16º 25´ 46´´ de longitud oeste. Se trata de un pino más de los miles que conforman el monte público de Fayal, Valle y Chafa, pero, a su vez, este pino ha sido objeto de estudio por su peculiaridad.
     A primera vista nos asalta una pregunta: ¿pero qué le ha pasado a este árbol? Fue el guarda forestal de la zona, José Pérez Castro, quien advirtió a José Climent (gran especialista en la materia) sobre la presencia de este espécimen de sorprendente aspecto, y no fue hasta 1993 cuando Climent, junto al profesor Luis Gil, realizaron el estudio dendrométrico para intentar responder a la pregunta.
     Todo comenzó en el invierno de 1874. Nuestro árbol emergió en el monte y creció con normalidad hasta la edad de 65 años. Fue en 1939, coincidiendo con el final de la Guerra Civil Española, cuando un “arboricida necesitado” se aproximó hasta su base y comenzó a talarlo. Por la incisión ancha de los cortes se intuye el uso de un machete para realizar la tarea. El árbol presentaba entonces un diámetro de 56 cm. Y aunque el leñador se esmeró en su trabajo, llegando a sesgar anularmente todo el árbol, por alguna desconocida razón cejó en su empeño y no terminó de apearlo, quedando éste con una gran herida abierta, abandonado a su suerte.
     Con los años este formidable ejemplar siguió creciendo, pero esta vez a “dos velocidades”. De la herida hacia abajo el árbol presenta a fecha actual, prácticamente la misma dimensión que en 1939, pero de la herida hacia arriba ha aumentado su diámetro hasta casi los 80 cm. Fisiológicamente el anillado es un trauma muy severo, que causa la muerte, aunque algunas especies son capaces de sobreponerse utilizando sustancias de reserva hasta reconectar los tejidos.
     En nuestro ejemplar no se aprecia ninguna reconexión externa de tejidos, hecho ante el que surge la duda: ¿cómo se abastecen de savia elaborada para que las raíces sigan dándole vida al árbol?
     Para explicarlo existen dos hipótesis. Por un lado, las raíces y la parte baja del árbol se aprovisionarían mínimamente a través de una pequeña porción de madera viva que queda bajo la herida, hoy ennegrecida por los incendios y en continua destilación resinífera. Por otro lado, este fenómeno podría explicarse por “anastomosis”, es decir, que el pie sobrevive gracias a la existencia de injertos subterráneos con las raíces de los pinos más próximos.
     En cualquier caso el estado actual de nuestro protagonista tampoco parece pronosticarle un futuro muy prometedor. La guía principal ya se ha secado y muchas ramas se encuentran rotas y puntisecas. Por ventura, el hecho de encontrarse cerca del barranco, azocado de los vientos, ha favorecido su desafiante crecimiento. Como quiera que fuere, yo particularmente me inclino –quizás más con el corazón–, por la hipótesis de la anastomosis apoyada en el hecho de que es la solidaridad de sus hermanos cercanos la que no ha impedido caer a tan admirable gladiador.
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NOTA: Este árbol no tiene, hasta la fecha, un nombre propio. En referencias anteriores se le ha mencionado como el Pino de Candelaria.
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domingo, 27 de mayo de 2018


PLANTAS PARA PROTEJER A LAS ABEJAS
De Ecoportal.net

abejas

     Por desgracia, las abejas se encuentran se encuentran en grave peligro de extinción. Mientras cumplen con el plan otorgado por la naturaleza, la maravillosa polinización, estas polinizadoras se exponen a agroquímicos que conducen al  Síndrome de Colapso de Colmenas (CCD), una de tantas consecuencias achacadas a Monsanto y el cultivo de transgénicos.
     Científicos de la Universidad de Sussex en Reino Unido utilizaron un jardín experimental para evaluar las plantas polinizadoras y contar el número de insectos que las visitan. Y dicen que los resultados demostraron que las plantas favoritas de los polinizadores son tan bonitas, baratas y fáciles de cultivar que aquellas que le gustan menos a los insectos.

¿Cómo podemos colaborar nosotros?

     Afortunadamente, estamos a tiempo de apoyar a las abejas para que continúen con su trabajo, produciendo miel y esparciendo el polen; son alas de vida que nutren, reproducen y embellecen la naturaleza misma. Para alejarlas de los químicos, los pesticidas y los azúcares de baja calidad — léase dulces, refrescos y demás alimentos procesados—, podemos ofrecerles más flores para trabajar y nutrirse. ¡A sembrar en el jardín!

  • Flores nativas. Acude a un invernadero cercano, o pregúntale a tu jardinero, para comprar alguna flor de la región. Como es una planta endémica, realmente será de bajo mantenimiento.
  • Plantas tradicionales. Elige flores como petunias, amapolas, margaritas, claveles, rosas, caléndula, girasoles.
  • Hierbas. ¡Las abejas aman las hierbas! Elige menta, lavanda, romero, albahaca, tomillo, claro, también las puedes utilizar.
  • Vegetales. Si tienes un espacio más grande, no dudes en cultivar pepino, cebolla, cebollín, calabazas, brócoli y coliflor.
  • Frutas. Ahora, si piensas en árboles frutales, puede ser un manzano o un cerezo; un arbusto de moras es excelente opción.
     Consejos para cultivar un jardín acogedor para insectos pueden ser encontrados en una variedad de fuentes, pero los investigadores aseguran que estos se basan “en general, en la opinión y la experiencia”.
     Si no tienes espacio en tu casa o vives en un apartamento muy pequeño, puedes buscar algún espacio comunitario —a lo mejor a tu casero no le desagrada la idea—; en un estudio de Yoga o en alguna escuela, en el trabajo. Ofrezcamos más plantas florales a las abejas.

Para los polinizadores

     En los estudios realizados, se encontraron con que la borraja, la lavanda, la mejorana y las variedades abiertas de dalias eran muy buenas para los insectos. Los coloridos alhelíes perennes también resultaron muy atractivos para los polinizadores. Sin embargo, el popular geranio no es del gusto de los estos insectos.

  • Las mejoranas fueron las más “todo terreno”, según los investigadores, las que atrajeron abejas, abejorros, sírfidos y mariposas.

  • Mientras las borrajas fueron las mejores para las abejas, las dalias abiertas y lavandas fueron las más atractivas para los abejorros.

  • El equipo puso una serie de variedades de lavanda para la prueba y se encontró que los híbridos altamente mejorados, incluyendo algunos con nuevos colores como el blanco o el rosado resultaron incluso más atractivos para los insectos.
     Nigel Raine, de la Universidad Royal
Holloway de Londres, comentó que con la disminución de las poblaciones de abejas en todo el mundo “todos podemos darle una mano a las abejas plantando las flores correctas y así darles el néctar y el polen que necesitan. Los jardineros y urbanistas deben pensar cuidadosamente la mezcla de flores que plantan, para asegurar que abejas y otros insectos polinizadores importantes cuentan con una amplia gama de alimento disponible. También es importante para satisfacer las necesidades de las especies más raras y proporcionar alimentos en los momentos en que podría haber un menor número de botones de flores silvestres”.

 https://www.veoverde.com/
 http://www.bbc.com/

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viernes, 25 de mayo de 2018

DIEGO WEISSEL, en Aire Libre
La serie de Fibonacci oculta en las ramas del árbol

     Son muchos los encantos y misterios de la naturaleza. Hoy vamos a hablar de una secuencia matemática infinita que aparece en el trazado de muchos árboles, plantas y seres vivos. ¿Has notado el equilibrio geométrico en la organización de los pétalos de la flor, en las piñas de pino, en escamas de las piña, en los girasoles, las margaritas, en el arreglo de las hojas del repollo, la cebolla, en las suculentas, en las ramas de las coníferas?

     Esta proporción matemática, además de agradable a la vista, maximiza el espacio para el crecimiento de muchas especies y, en el caso de las plantas, aumenta la cantidad de luz que cae sobre cada hoja. Esta secuencia fue descubierta por el italiano Leonardo Fibonacci en el siglo 12.
     ¿Cómo calculamos la sucesión de Fibonacci?
     Iniciamos con 0 y 1 y siempre sumamos los dos números anteriores: 0 e 1, (0+1)=1, (1+1)=2, (1+2)=3, (2+3)=5, (3+5)=8, (5+8)=13, (8+13)=21, (13+21)=34, y así sucesivamente.
     Cuando representamos estos números en forma geométrica, tenemos como resultado un espiral que aparece en varias formas naturales vivas.

Referencia: “El secreto de la secuencia de Fibonacci en los árboles” artículo del sitio web del Museo de Historia Natural de los Estados Unidos
Fuente: Árvore, ser tecnológico: https://goo.gl/wSxQmZ
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miércoles, 23 de mayo de 2018


EL LENGUAJE DE LOS CIPRESES
de trocha.org.es
 

Cipreses guían el camino hacia un núcleo rural habitado
Estos esbeltos árboles, popularizados en nuestro país por encontrarse comúnmente en los cementerios o camposantos, también se pueden ver al borde de antiguos caminos que, en su tiempo, fueron rutas de cierta importancia e, incluso, abundan en muchos parques y jardines, tanto públicos como particulares.
     Lógicamente, al buen observador no se le escapa la pregunta de rigor: ¿por qué están ahí los cipreses? Para entender mejor el papel de este árbol tendremos que empezar por obtener un cierto conocimiento del mismo.
     Desde la perspectiva científica, el Gran Diccionario Enciclopédico Ilustrado dice: la palabra ciprés  (del provenzal cyprés) m. Bot. (gén. Cupresus) fam.: cupresáceas, clase: coníferas; árbol siempre verde, con copa de forma cónica, y madera rojiza, olorosa, que pasa por incorruptible; tiene flores amarillentas, hojas pequeñas, en filas imbricadas, y fruto de glábula de unos 3 cm. de diámetro. Hay varias especies.
     Según el Diccionario de los Símbolos, de Jean Chevalier Alain Gheerbrant(1), el ciprés fue un árbol sagrado entre numerosos pueblos; gracias a su longevidad y a su verdor persistentes, se llama el árbol de la vida (ciprés tuya). En Europa es un símbolo de duelo. Quizás se trata de todos modos de una mala interpretación, aunque sea de origen muy antiguo, del simbolismo universal y primitivo de las coníferas que, por su resina incorruptible y su follaje persistente, evocan la inmortalidad y la resurrección.
     El teólogo Orígenes ve en el ciprés un símbolo de las virtudes espirituales, pues el ciprés desprende muy buen olor, el de la santidad.
     En el Diccionario de los Símbolos y Mitos de J.A. Pérez-Rioja (2), se dice de él: En su calidad de árbol perenne, siempre verde, perfumado, de madera incorruptible como la del cedro, ha tomado una significación funeraria. Ya desde los tiempos paganos, se asocia con la idea de la muerte. Por ello se encuentra generalmente en los cementerios. En heráldica, simboliza elevados y nobles sentimientos, como la idea de la incorruptibilidad.



     Se presume que estos árboles, originarios de las regiones del Egeo, llegaron a la Península Ibérica en los barcos romanos, (...)

     Los antiguos viajeros –casi siempre caminantes– la vista de estos árboles, junto o próximos a las casas solariegas, obtenían conocimiento sobre las posibilidades de encontrar allí refugio y amparo, (...)
     Si el camino era largo y debía durar varios días, los viajeros no tenían más remedio que alojarse en fondas, hostales, figones y otros establecimientos del mismo ramo. Pero si el viaje se tenía que realizar en todo o en parte por montaña y en ámbitos descampados, el caminante se veía abocado a pedir hospitalidad en alguna casa solariega que pudiera encontrar a lo largo de su ruta. (...)
Hospital de Benasque
Actual hospedería de un antiguo refugio para caminantes
construído hace ocho siglos por los monjes Hospitalarios.

       Para señalar la disposición de alojamiento en esas casas de campo aisladas, se eligió un símbolo inequívoco, visible desde muy lejos para los viajeros: el esbelto ciprés, árbol de hoja perenne.
     Según los estudiosos, parece que los romanos fueron los primeros en utilizar los cipreses como elementos de señalización en su cultura, estableciendo, incluso, una especie de código: en una edificación aislada en la montaña, cerca de caminos, la presencia de un solo ciprés informaba al viajero de la posibilidad de obtener agua en ese punto; dos cipreses significaba que disponía de comida, y tres o más cipreses que era un centro de reunión con dormitorio.
Ciprés ornamental del  monasterio de Silos
     Asimismo, tuvieron otras utilidades nuestros majestuosos cipreses. A las autoridades romanas se las distinguía con hileras paralelas de estos árboles, en la entrada de sus casas, para hacer saber que se trataba de una figura social importante. Todavía hoy pueden verse, por muchos lugares de la geografía española, fincas rústicas y palacetes luciendo esta señorial formación arbórea. También en las avenidas o vías principales de acceso a las ciudades se plantaban cipreses para dar así la bienvenida a las gentes, pero en especial a las tropas y generales victoriosos.
     Esta simbología romana contribuyó a que posteriormente, en la era cristiana que sucedió al imperio romano, se plantaran cipreses en cementerios para darnos la bienvenida a la vida eterna. Así, de esta manera, el paso de los siglos y el desconocimiento popular de la simbología original, han contribuido a que en la actualidad se considere que los cipreses son meros árboles funerarios y, en ocasiones, portadores de mal augurio.
     En consecuencia, si nos atenemos a lo que inicialmente significó el ciprés, tendremos que convenir que su elección como símbolo fue un acierto por sus propiedades: perfil inequívoco, hoja perenne, gran altura (hasta 35 m.), gran resistencia…, que le convierten en el árbol ideal para ser visto a grandes distancias.
     A partir de ahora, cuando salgamos de marcha montañera, ya sabremos qué nos están diciendo estos esbeltos y majestuosos árboles..

Francisco C.L.

lunes, 21 de mayo de 2018

ESOPO, Grecia (S. VI? a. C.)
La Diosa y el árbol

Cierto día se les ocurrió a los dioses la idea de escoger cada uno un árbol para protegerlo y custodiarlo. 
Zeus escogió la encina, Afrodita el mirto, Heracles el álamo, y así sucesivamente los demás dioses. Atenea, la diosa de la sabiduría, se reservó el olivo.
-Yo elijo este árbol -dijo- porque produce gran cantidad de frutos útiles. 
-Tienes razón -replicole Zeus-, y veo que eres justamente celebrada por tu sabiduría. En efecto, si en las cosas que hacemos no hallamos algún beneficio, es una tontería hacerlas por vanagloria.

Procuremos que nuestras acciones sean siempre prudentes y útiles.

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sábado, 19 de mayo de 2018

CARTELES Y ÁRBOLES (1)

Esta es una amalgama de carteles que se han ido agrupando a lo largo del tiempo. No va a tener un orden, simplemente irán apareciendo.
Aquí debería decir: AGRADÉSELO A UN ÁRBOL
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jueves, 17 de mayo de 2018

YACIMIENTO DE EL BARRANQUILLO, Castellote, Teruel 
Árboles fósiles

      El yacimiento de El Barranquillo se ubica cerca de la ermita del Llovedor en el término municipal de Castellote. Para visitar la zona es conveniente ir desde Mas de las Matas, la ruta más fácil. Contiene dos árboles fósiles conservados en sílice que formaron parte de un bosque del Cretácico. Se han excavado cuatro troncos fósiles de tres especies diferentes de coníferas, de un total indeterminado que contiene este yacimiento.

      Por su posición y conservación ha sido posible determinar su proceso de fosilización. El bosque al que pertenecieron se formó en torno a un río y tras una crecida fueron arrancados del suelo, embarrancaron y se enterraron rápidamente. A partir de ese momento se produjeron los procesos de carbonificación y silicificación.
      El yacimiento apenas ha sido excavado en su zona más superficial y se supone que en la zona más interna se encuentran muchos más fragmentos e incluso restos de las primeras plantas con flor de la Península Ibérica. Este yacimiento es importante por los pocos datos que todavía tenemos sobre los bosques del Cretácico en la península.
      Se puede llegar en coche pero es una ruta ideal para bici, unos 14 km.







 

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martes, 15 de mayo de 2018

VIETNAM, Lim, un árbol
The millennium-year-old "lim" tree in Bac Giang province.

Provincia de Bac Giang:
     Un árbol "lim" de mil años de antigüedad ha sido reconocido con una ceremonia, como árbol del patrimonio vietnamita por la Asociación de Vietnam para la Conservación de la Naturaleza y el Medio Ambiente (VACNE).
     El árbol de 45m de altura es científicamente conocido como Erythrophleum fordii, pero se llama "Lim" en la comunidad. En 2011, el VACNE lanzó un programa con el objetivo de seleccionar y honrar los árboles patrimonio de Vietnam, en un intento de conservar sus fuentes de genes, al tiempo que aumenta la conciencia pública por la protección del medio ambiente. También contribuye a promover la diversificación y abundancia de la flora de Vietnam, así como a desarrollar la investigación científica en el campo. Para ganar el honor, los árboles deben tener más de 200 años en el caso de árboles silvestres y mas de 100 años para los plantados. Además, los árboles deben conectar con las características históricas y culturales de la comunidad donde crecen. Aquellos que no cumplan los criterios, pero que tengan valores especiales para la ciencia, la historia o la cultura, también ganarán el reconocimiento. 

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domingo, 13 de mayo de 2018

LATONERO-ALMEZ DEL MAS DE RUIZ
Berge, Teruel


    Comenzamos en Berge, en cuyo término municipal se localiza el impresionante Latonero del Mas Ruiz. Esta especie, muy característica en Aragón, cultivada y silvestre, destaca por el empleo de su madera, flexible pero dura, para útiles de labranza como horcas, gayatas o mangos.
 
Dimensiones
Perímetro a 1,30 de altura : 4,30 m.
Altura total : 17 m.
Mayor diámetro de copa : 23 m.
 

      Este expléndido ejemplar, cercano al cercano Mas de Ruiz, se encuentra anclado en un ladera, presentando un aspecto aspecto robusto y vigoroso. Junto a él se encuentra otro gran latonero, también formidable, que tiene 2,90 metros de perímetro. Ambos entremezclan sus copas, formando un amplio conjunto.
Torre Piquer, Foto de "Historias del Bajo Aragón", Foto: José Antonio Benavente
      En "Historias del Bajo Aragón" nos encontramos la descripción de esta singular torre.


 
 
 
 
La ruta desde Berge -16 km ida y vuelta- está trazada en coche pero es ideal para realizarla en bici.

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viernes, 11 de mayo de 2018

TATSUGORO MATSUMOTO
Las Jacarandas de CDMX (Ciudad de México)

El origen de este artículo es la pequeña noticia del florecimiento de las jacarandas en CDMX, México Capital. 

Tatsugoro Matsumoto y su esposa
     Cuando florecen las jacarandas que innundan Ciudad de México y cubren el pavimento de color lila  quiere decir que ha llegado la primavera a esta inmensa urbe, la estación lluviosa que todos los ciudadanos esperan.
     La jacaranda no es un árbol endémico de México y los antecedentes históricos de su plantación en Ciudad de México no están muy claros y ciertos relatos rayan en la leyenda. El origen de este árbol hay que buscarlo muy al sur, en la América intertropical y subtropical. Es un género de unas 50 especies aceptadas, de la familia de las bignoniáceas. Se conoce vulgarmente como jacarandá, jacaranda, gualanday o tarco


La historia de TATSUGORO MATSUMOTO
     Una de las historias cuenta que Oscar Heeren, acaudalado comerciante alemán establecido en la ciudad portuaria de Yokohama, cerca de Yedo (hoy Tokio), residía en Tsukiji, una zona para extranjeros en la que antiguamente se levantaban los palacios de los señores feudales del interior del país, que por obligación debían de vivir medio año en la capital del imperio. Su residencia era una de los más grandes y poseía un jardín de estilo japonés con un gran lago artificial.
     Heeren fue nombrado en 1872 primer Cónsul General Honorario del Perú en el Japón. Su conocimiento de la sociedad japonesa fue una importante contribución al establecimiento de las relaciones diplomáticas entre el Perú y Japón, que se concretaron el 21 de agosto de 1873, con la firma de Tratado de Paz, Amistad, Comercio y Navegación.
     Cuando se trasladó a Lima, construyó su famosa "Quinta El Carmen" de estilo austro-húngro,  denominación que algunos dicen se debió a que su esposa se llamaba Carmen Ignacia; otros, encuentran la razón en la cercanía que Heeren tenía con la iglesia y monasterio de El Carmen.
     Como recuerdo de su anterior residencia, encargó un jardín japonés -el primero en Perú- a una de las más prestigiosas casas de jardinería de Tokio. En 1892 el jardinero imperial Tatsugoro Matsumoto fue enviado a Lima. Matsumoto era paisajista y floricultor, experto en el arte de la jardinería japonesa, reconocida desde la era Muromachi (1336-1573), y destacada por el gusto por los jardines, los arreglos florales y la ceremonia del té.
     Antes de llegar a Lima nuestro personaje recaló en Ciudad de México llamándole la atención el aprecio especial por las flores y las plantas que había en ese país.

     En Perú trabajó unos años y allí conoció al mexicano José Landero y Cos, un rico hacendado negociante de la minería, quién le invitó que creara un jardín japonés que incluyera un lago en su hacienda de San Juan Hueyapan, cerca de la ciudad de Pachuca (Hidalgo-México). Matsumoto decidió trasladarse a México pero antes viajó a Japón para visitar a su familia, prometiendoles que volvería con fortuna. En el regreso realizó una corta estancia en Estados Unidos donde trabajó en el mantenimiento del gran jardín japonés que se construyó como parte de una exposición internacional que tuvo lugar en el año de 1894 en la ciudad de San Francisco, en el Golden Gate Park.

     Al término de su trabajo en Pachuca se trasladó a la Ciudad de México, donde la Colonia Roma se encontraba en su apogeo siendo el barrio más elegante y el preferido de los nuevos ricos. La mayoría de las casas eran muy grandes con un extenso terreno. Matsumoto, sin duda, era el indicado para diseñar y cuidar los jardines de las residencias elegantes de todo el barrio. La fama de su trabajo hizo que fuera contratado por el presidente Porfirio Díaz (1880-1910), en el final de su presidencia, para que se hiciera cargo tanto de los arreglos florales de la residencia presidencial  como del mismo bosque que rodeaba el enorme castillo de Chapultepec, Ciudad de México.

     En 1910, en el primer centenario de la independencia, el presidente Porfirio invitó a delegaciones de todo el mundo, entre ellas la de Japón. Esta delegación patrocinó una importante exposición de productos japoneses en el “Palacio de Cristal” que hoy se conoce como el Museo del Chopo. Al lado  del palacio, Matsumoto construyó un jardín con un pequeño lago artificial que inauguraron el propio presidente Díaz y la delegación diplomática japonesa.

     Ese mismo año llegó el hijo de Matsumoto a México, Sanchiro Matsumoto, quien le ayudó a administrar su negocio al que su padre no le ponía cuidado. Juntos comenzaron a crear un gran emporio, a pesar del periodo convulso que vivió México en los años sucesivos.

     Al estabilizarse la situación política, después del enfrentamiento armado, los Matsumoto recomendaron al presidente Álvaro Obregón (1920-1924) plantar en las principales avenidas de la ciudad de México árboles de jacaranda que Tatsugoro había introducido desde Brasil y había reproducido con éxito en sus viveros. Las condiciones climáticas eran las adecuadas para que en el inicio de la primavera el árbol floreciera, y consideró que la flor duraría más tiempo que en su lugar natal ante la ausencia de lluvia en la Ciudad de México durante esa temporada.

     La visión de Matsumoto fue certera, el árbol de jacaranda se reprodujo ampliamente en la Ciudad de México, y hasta algunos la consideraron flor nativa. Desde entonces podemos disfrutar de la magia de las Jacaranda en los meses de marzo y abril.
     En los años siguientes, los Matsumoto comprarían una casa en la Colonia Roma donde además instalaron uno de sus viveros para reproducir las plantas y árboles que cultivaban con gran esmero. En el año de 1922, la joven Maso Matsui llegó a México para casarse con Sanshiro; ella y su suegra abrirían una floristería en la parte frontal de su casa.
     La segunda guerra mundial hizo que la comunidad japonesa se viera desamparada ante la represión ejercida desde EE.UU. Los Matsumoto fueron de gran ayuda, llegaron a tener en su finca y bajo su protección a más de 900 inmigrantes japoneses, gracias a los contactos que guardaban con la clase dirigente.

     Tatsugoro Matsumoto murió en Ciudad de México en 1955, a los 94 años de edad.


Fuente:
Noticieros.televisa.com 
Sergio Hernández Galindo de "Los que vinieron de Nagano"
https://es.wikipedia.org/wiki/Inmigraci%C3%B3n_japonesa_en_M%C3%A9xico
http://www.perushimpo.com/noticias.php?idp=7637
https://es.wikipedia.org/wiki/Porfirio_D%C3%ADaz
http://sitquije.com/mundo/clima-no-palabra-honor
https://es.wikipedia.org/wiki/Jacaranda
hhttp://www.perushimpo.com/noticias.php?idp=7637ttp://vita.org.mx/la-historia-de-la-llegada-de-las-jacarandas-a-mexico/
https://rotativo.com.mx/turismo/581716-tatsugoro-matsumoto-la-magia-las-jacarandas-mexico/
Alberto Díaz Cayeros ha creado un mapa donde se sitúan las 400 y pico jacarandás del centro de la Ciudad de México

http://www.milenio.com/df/mapa-jacarandas-ciudad-mexico-google-earth-arboles-alberto-diaz-cayeros_0_1150085235.html
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