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29 abril 2026

CÉSAR-JAVIER PALACIOS, en Crónica Verde
Así es el árbol más viejo y desconocido de Francia


En lo alto de un sendero tranquilo de la Costa Azul francesa, asomado a un paisaje que directamente se hunde en la inmensidad del Mediterráneo, vive en silencio uno de los grandes tesoros naturales de Europa, un olivo de más de 2000 años que pasa desapercibido para muchos turistas en una de las zonas más turísticas del mundo. Se encuentra en Roquebrune-Cap-Martin, un pequeño pueblo medieval colgado sobre el mar entre Mónaco y Menton, en un antiguo camino romano que aún guarda muchos secretos. Este árbol no es solo viejo. Es inmenso, monumental. Un testigo milenario del paso del tiempo.

Testigo vivo de la historia
     El olivo se encuentra cerca de lo que fue la vía Julia Augusta, la antigua calzada romana que unía la región de Liguria, en Italia, con la Galia, en lo que hoy es el sur de Francia. La leyenda —y probablemente también la lógica agrícola del Imperio Romano— dice que fueron ellos quienes lo plantaron hace unos 2000 años, como parte de su estrategia de expansión del cultivo del olivo en todo el Mediterráneo occidental.
     Desde entonces, este árbol ha visto pasar generaciones, imperios y civilizaciones. Sobrevivió a invasiones, guerras, sequías, construcciones y destrucciones. A principios del siglo XX , el historiador y ministro Gabriel Hanotaux lo salvó comprando el terreno a sus propietarios que querían talarlo y luego donarlo al Ayuntamiento. ¡Menos mal!
     Y ahí sigue, sereno y sólido, con un tronco que parece un muro de piedra consumido por el tiempo y unas ramas que aún dan frutos: pequeñas aceitunas de la variedad local “pichoulina”, casi desaparecida.

El tronco del gran olivo francés tiene más de 23 metros de circunferencia César-Javier Palacios

Una catedral vegetal
     El árbol, de 23,50 metros de circunferencia y 15 metros de altura, es una escultura viviente de tronco retorcido, agrietado, lleno de huecos y cavidades donde se refugian insectos, aves y pequeños reptiles. Algunos visitantes lo describen como “una catedral vegetal”, por su forma imponente y su atmósfera de reverencia.
     Este olivo es de la especie Olea europaea, común en la cuenca mediterránea, pero pocos ejemplares alcanzan esta longevidad. Es, junto con algunos olivos en España, Italia y Grecia, uno de los más antiguos que siguen vivos en el mundo.

Entre la sencillez agrícola y el lujo más inalcanzable
     El entorno en el que se encuentra este olivo resulta también notable. Roquebrune-Cap-Martin fue, durante siglos, un lugar de paso discreto y tranquilo, profundamente agrícola. Pero desde finales del siglo XIX se convirtió en refugio de artistas, intelectuales y personajes célebres que buscaban calma y belleza lejos del bullicio de la Costa Azul más turística.
     A pocos metros del árbol está la villa “La Pausa”, que perteneció a Coco Chanel. Allí recibía a sus amistades en busca de inspiración y descanso. También el arquitecto Le Corbusier diseñó aquí su famoso “Cabanon”, una construcción mínima que es hoy Patrimonio Mundial de la Humanidad. También tuvo su estudio junto a la cercana capilla el escultor Auguste Rodin. Winston Churchill, según se cuenta, disfrutaba especialmente de estos paisajes a los que dedicó muchas pinturas porque —decía— aquí nadie le reconocía.
     Incluso la emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III, eligió este lugar para pasar temporadas de descanso, encandilada por la misma calma que todavía hoy se respira entre sus colinas y olivos.

Vista del pueblo medieval de Roquebrune-Cap-Martin, donde crece el árbol más viejo de Francia. Wikimedia Commons

Un árbol que parece muchos árboles
     Quien se acerca al olivo milenario suele quedarse asombrado y en silencio. Su tronco, dividido en varias secciones por el tiempo, da la impresión de ser tres o cuatro árboles distintos. Pero no: es un solo individuo, una unidad vegetal que ha crecido, se ha regenerado, se ha torcido y adaptado durante siglos. Se ha convertido en un muro, uno de tantos hechos con piedra seca que separan las fincas.
     No te cansas de recorrer sus huecos, explorando sus mil y un recovecos. Porque caminar a su alrededor es como explorar una escultura viva, una arquitectura orgánica que parece diseñada por un artista de otro tiempo.
     Aunque sus aceitunas ya no son las de antes, aún sigue dando frutos. Son pequeñas, negras, y mantienen el nombre de la variedad: pichoulina. Un tipo de aceituna muy local, hoy casi extinta, que aún sobrevive en este rincón, hermoso hasta decir basta.

Mirando a Mónaco
     Desde su ubicación, en una ladera que se asoma al mar, el olivo “ve” cada día la Roca de Mónaco, donde se alza el famoso palacio de los Grimaldi, mientras juega con los reflejos de las aguas azules que bañan las costas de la Provenza y Liguria.
     Si uno se gira hacia el otro lado, ve las montañas que marcan el final de los Alpes franceses, cuyas cumbres permanecen nevadas durante meses. Es un lugar de contrastes: el mar y la montaña, lo antiguo y lo moderno, el lujo de Mónaco y la humildad silenciosa de este árbol ancestral.
     Imposible imaginar cómo sería este lugar hace 2000 años: sin coches, sin casas lujosas, sin rascacielos. Tan solo colinas cubiertas de vegetación mediterránea, caminos de tierra y, quizás, un viajero romano plantando un olivo para el futuro. Este olivo.

Una joya que muy pocos conocen
     A pesar de su importancia, este árbol no es tan conocido como otros árboles monumentales de Europa. No hay colas para verlo, ni taquillas, ni folletos en todos los idiomas. Solo un pequeño cartel lo señala como “árbol monumental de Francia”. Nada más. Y nada menos.
     Sin duda es parte de su encanto. Un espacio sin selfies, sin ruido. Un sitio donde todavía se puede sentir el paso del tiempo de verdad, sin filtros ni expectativas vacuas.
     Frente a ese olivo, uno siente que todo lo demás —el tráfico, las prisas, los móviles, el estrés— queda suspendido. Solo importa el momento presente. Y la historia que late, silenciosa, en el interior de un tronco milenario.

Cómo visitarlo: Datos prácticos
     Dónde está: Roquebrune-Cap-Martin, Alpes Marítimos, Francia. A unos 30 minutos de Niza, muy cerca de Mónaco.
     Cómo llegar: Desde la estación de tren, sube al casco antiguo por el camino que lleva a la capilla de La Pausa. El olivo está en un sendero señalizado muy cerca del pueblo.
     Mejor época para visitarlo: Primavera y otoño, cuando hay menos turistas y el clima es más suave.
     Acceso: Gratuito y libre durante todo el año.


Lo hemos leído aquí 

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24 septiembre 2025

CHRISTOPHE GUINET, (Francia)
Los insólitos y poéticos troncos de árbol del artista Monsieur Plant
     Nacido en París, creció entre la ciudad y el campo y desarrolló una cierta cercanía a la naturaleza. De adolescente, también se interesó por la cultura urbana, incluido el arte callejero, sin olvidar su primera pasión por la flora hasta convertirla en el tema central de su arte.
     En particular, en plena naturaleza y sea cual sea la estación del año, desentierra tocones y troncos de árboles que luego transforma en verdaderas piezas artísticas que buscan desafiar al espectador. A través de sus composiciones artísticas, desea expresar sentimientos fuertes, pero también denunciar los excesos de nuestra sociedad moderna, como la carrera por la innovación o el consumo excesivo.

     Su último proyecto, llamado TWIST, pretende poner en relieve el universo fantástico e inesperado que puede ofrecer la naturaleza. La colección consta de cinco esculturas de gran tamaño, con formas que van desde símbolos identificables como un corazón y un bucle infinito hasta configuraciones comunes, como la bobina de un muelle y el nudo. La obra más grande y compleja, Encaje de madera, presenta una intrincada confluencia de formas arbóreas.
     Con TWIST, Monsieur Plant ha creado una llamativa obra que es a la vez formalmente bella y engendra una sensación de asombro y curiosidad a cualquier que se tope con ellas. Uno sólo puede imaginar la experiencia de encontrarse con una de estas obras en la naturaleza y cuestionarse todo lo que sabe sobre lo que los árboles pueden y no pueden hacer.
     "No tengo una especie favorita. Es durante mis paseos por la naturaleza cuando más a menudo encuentro la inspiración", dice el artista. "Esta es la razón por la que he querido trabajar en la deformación, exagerando las formas para desafiar y cuestionar a la persona que observa mis obras
     Las obras de Guinet se consiguen mediante un meticuloso proceso de esculpido en yeso antes de cubrirlas con corteza de pino para crear la ilusión de un tronco de árbol real. El efecto final es digno de admiración y desafía completamente la lógica, incluso de cerca.
     Los trabajos anteriores del artista incluyen instalaciones en la naturaleza, performances e intervenciones con objetos hechos por el hombre que complican sus orígenes y los confunden con procesos de crecimiento orgánico, como un par de zapatillas de deporte completamente cubiertas de pétalos de flores o corteza.

 

Información:
https://www.designboom.com/tag/christophe-guinet/
https://culturainquieta.com/arte/escultura/los-insolitos-y-poeticos-troncos-de-arbol-del-artista-monsieur-plant/?_gl=1*18hpys6*_ga*TDVBcjlNemtnTFViLUI5M1dvNDhtMnNFSkFrbk5mSW1tcDZscWYybVFJeHprT1BIdGhwUmZWM0lwTlMyQVlVZQ..*_ga_MC7XEE9W9V*MTc0NjA4Njg4NS4xLjEuMTc0NjA4Njg4NS4wLjAuMA
https://www.designboom.com/art/monsieur-plant-tree-trunk-sculptures-nature-10-03-2022/
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04 diciembre 2024

Los Tejos de La Haye-du-Routot, del narrador de historias

TOMÁS CASAL PITA 
Los tejos de La Haye-du-Routot

Este pueblecito de La Haye-du-Routot, que está en la región de Normandía (Departamento de Eure, Francia), muy próximo a la desembocadura del río Sena, es famoso por los dos tejos de su iglesia. A este respecto hay que decir que, así como Inglaterra tiene un buen número de tejos milenarios, en Francia su número no llega a treinta. 
     Los tejos de La Haye du Routot (escrito con guiones o sin ellos) son anteriores a la existencia del propio pueblo y, como buenos ejemplares de tejo que son, de edad desconocida, aunque hay unanimidad para otorgarles al menos 1.000 años, de ahí en adelante, cada uno con su opinión. Dado que crecen en el centro del pueblo, en el cementerio, entre la iglesia y la calle principal, queda claro que el pueblo se formó alrededor de ellos. Los dos tejos están huecos en su interior (como todo tejo milenario) y para hablar de ellos los nombraremos como tejo de la capilla y tejo del oratorio. 
     Aunque hay diferencias a la hora de otorgarles una medida perimetral, variable en función del punto donde se tome, parece unánime la opinión de que el tejo de la capilla supera los 11 metros y el del oratorio no llega a diez. El tejo de la capilla se llama así por tener en su interior, desde 1866, una pequeña capilla dedicada a Santa Ana. La capilla está abierta todos los domingos por la mañana y el día 16 de julio (en España es el día del Carmen, patrona de los marinos) cuando allí celebran la fiesta de Saint Clair. Este santo, en la actualidad ya no tiene culto en el pueblo, tan sólo un día de celebración y según se dice fue un santo conocido por su piedad, que predicó durante toda su vida, realizando milagros y curaciones, incluyendo dolor de ojos y ceguera. Pero según dice otra versión, Saint Clair fue un monje galés que, después de llegar al pueblo, fue decapitado por sus creencias y, según la leyenda, tomó su cabeza entre sus manos y continuó predicando. En la actualidad tiene estatua en la iglesia del pueblo y en su honor se celebra una antigua ceremonia, de origen desconocido pero que al parecer se remonta al siglo XV y de la que hablaré luego. 
 
     El otro tejo, el del oratorio, también presenta una oquedad interior, que se puso de manifiesto en 1832 cuando una tormenta desgajó una parte del árbol y quedó así expuesta. En 1897 se instaló allí un oratorio dedicado a la Virgen de Lourdes, con un altar completo. Estos árboles fueron en 2015 candidatos a “Árbol del Año”, y aunque no resultaron elegidos, ayudó a darlos a conocer y seguramente, también a su protección. Naturalmente, si la protección a los árboles monumentales siempre es necesaria, más lo es en este caso. En el otoño de 2013 una parte del tejo del oratorio comenzó a morir, lo que se hizo muy evidente por las agujas marrones. El análisis de las mismas mostró un contenido extremadamente alto de glifosato, un herbicida que de otra manera no daña los árboles porque no actúa a través de las raíces, sino solo directamente a través de las partes verdes de la planta. Para causar un daño como este, el veneno tuvo que ser rociado directamente sobre la copa del árbol o inyectado a través de una raíz principal. Si bien se supuso que el autor del atentado fue el dueño de una propiedad cuyo jardín está directamente adyacente a la iglesia, no había pruebas directas y quedó sin castigo. Al menos no siguió haciéndolo, y el árbol está intentando recuperarse. Una consecuencia de esto fue la creación al año siguiente (septiembre de 2014) de la asociación “Los amigos de los tejos”, al estilo de las organizaciones de este tipo existentes en otros países. 
 
     Terminaré hablando ahora de la celebración de Saint-Clair, el 16 de julio de cada año para celebrar el solsticio de verano. La ceremonia comienza con la tala de un álamo el domingo anterior a la fiesta, el jueves siguiente se corta el árbol en troncos. Luego, el día de la fiesta por la mañana, se forma una pira en forma de pirámide de 15 metros de altura que lleva en su centro un árbol recién talado, al que se fija en la parte alta una cruz. La pira permanece vigilada hasta la noche, en la que se celebra la ceremonia religiosa, seguida de una procesión y la bendición de la pira. Luego, con la ayuda de una vela, una personalidad prende fuego a una brazada de paja. Solo el mástil central que lleva la cruz en su parte superior no debe arder, si esto sucede se considera un mal presagio para ese año. Los asistentes tratan de conseguir luego un pedazo de madera carbonizada para llevarse luego a su casa, puesto que se supone que este carbón la protege de los rayos. Por si a alguien le interesa, el año 2019, la cruz ardió. En 2020 no hubo celebración.
 
 
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30 noviembre 2024

THE SHYNESS OF TREES
Animation Short Film 2024 - GOBELINS
LA TIMIDEZ DE LOS ÁRBOLES - Cortometraje de Animación 2024 - GOBELINS
Tomado de https://krapooarboricole.wordpress.com/

Hélène, de 40 años, va a visitar a su anciana madre a la campiña francesa. Pero cuando llama a la puerta, no hay respuesta. Hélène entra en casa, preocupada. No hay rastro de su madre. Por dentro, la casa es un desastre. ¡Hay plantas en cada estante, en cada armario, en cada mesa e incluso en el fregadero! Hélène finalmente encuentra a su madre al fondo del jardín. La anciana se encuentra en un estado de trance que parece un sueño. Está de pie bajo un viejo roble, con los brazos levantados por encima de la cabeza, balanceándose suavemente con la brisa, como si imitara al árbol mismo. Hélène ahora está segura de que algo anormal está sucediendo en este lugar. Un vínculo indescriptible parece unir a su madre con el viejo roble al fondo del jardín...

Directors: Sofia CHUIKOVSKA, Loïck DU PLESSIS D’ARGENTRÉ, Lina HAN, Simin HE, Jiaxin HUANG, Maud LE BRAS, Bingqing SHU . 
Music: Jérémy BEN AMMAR . 
Sound editor: Jérémy BEN AMMAR 
Mix: Jérémy BEN AMMAR . 
Production: GOBELINS Paris 
Distribution: Miyu Distribution - Luce GROSJEAN : festival@miyu.fr
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09 mayo 2018

LOS PLATANEROS DEL CANAL DU MIDI, Francia, información de Abel García

      El Canal Du Midi es una obra excepcional de la ingeniería (1666-1681), inscrito desde 1996 en el Patrimonio Mundial de la UNESCO. Cada año son más de 50.000 personas las que visitan este lugar para pasear sobre los caminos de sirga, navegar sobre sus aguas mansas o disfrutar de la sombra de los árboles centenarios. Uniendo el Mediterráneo y el Océano Atlántico, el Canal du Midi tiene 240 km, desde Toulouse hasta Béziers, decorado de plátanos, álamos, cedros y otras especies.
     Los 42.000 plátanos que dan sombra al Canal du Midi están en peligro. En 2006 se detectó la presencia de un hongo en sus raíces que los está matando, rápida e inexorablemente. Una buena parte de los árboles plantados en las riberas del canal ya están infectados, y para salvar los que se pueda se ha optado por una “solución” drástica: una tala masiva.
     El hongo Ceratocystis platani es un parásito muy agresivo y contagioso que se expande a través de las raíces de los árboles en un radio de hasta 50 metros. Por ese motivo, no sólo los plátanos infectados deberán ser talados, sino también todos aquellos que se encuentren en este rango de influencia, como medida preventiva para intentar acabar con el hongo invasor. Los árboles talados serán sustituidos por otra especie de plátano procedente de los Estados Unidos, de donde procede el hongo, y que son inmunes a él.
    
Una tragedia en todos los términos: ecológico, por la desaparición de un paisaje catalogado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad; social, por el apego y orgullo que despierta esta obra en los ciudadanos franceses y económica, por el coste de todo el proceso (previsto en 200 millones de euros) y las desastrosas implicaciones para el turismo.

      Desde su finalización en 1681, y especialmente desde que los plátanos fueran plantados a finales del siglo XIX, el Canal du Midi es uno de los más famosos símbolos de la campiña del sur de Francia. Ahora, el objetivo es salvar lo que se pueda y recuperar lo que se pierda. Pero la sombra de los árboles del canal ya no volverá a ser igual.



Canal du Midi 460x345 Los árboles del Canal du Midi se mueren
Fotos de la red 
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04 febrero 2011

ALFRED DE MUSSET (France, 1810-1857)
Lucía
(fragmento, dos versiones)

Queridos amigos,
Cuando muera,
Plantad un sauce,
En el cementerio,
Me gusta su follaje,
Su palidez me es
Dulce y cara,
Y su sombra
Le será leve
A la tierra donde
Dormiré.
(...)
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I
Mis queridos amigos, cuando muera,
plantad junto a mi tumba un noble sauce.
amo de su follaje el desconsuelo;
amo su palidez dulce y querida,
y sé que cubrirá su sombra leve
la generosa tierra donde duermo.

(...)