25 abril 2026

ROSA M. BOSCH, en La Vanguardia
Bosques y caminos con multitud de árboles caídos por los vendavales
 

Urge acabar de limpiar todas las vías antes de la campaña contra incendios del verano

Dos operarios enfrascados en trabajos forestales en Llanars, en el Ripollès, enclave muy afectado por los últimos episodios de viento huracanado 

De las Terres de l’Ebre y el Baix Camp hasta los Pirineos, los feroces vendavales de los últimos meses han arrancado de cuajo multitud de árboles, muchos de los cuales no se retirarán de los bosques catalanes. Tal como explican los investigadores del Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals (CREAF), dejar una parte de la madera puede favorecer la biodiversidad, pero también alertan de que una acumulación masiva es terreno propicio para plagas. Lo más urgente ahora es detectar los caminos y pistas bloqueados por pinos y otras especies y sacarlos antes de que empiece la campaña contra incendios del verano. Marc Castellnou, inspector jefe de los GRAF (Grup d’Actuacions Forestals) de los Bombers de la Generalitat, remarca que todas las vías deben quedar despejadas para permitir la circulación rápida si se produce un fuego.

Multitud de árboles derribados entre Vilallonga de Ter, en el Ripollès Pere Duran / Nord Media

     “Es importante que las infraestructuras de acceso al medio natural estén bien, cada ADF (Agrupació de Defensa Forestal) debe responsabilizarse de ello, hemos de tener el territorio preparado”, subraya Castellnou. Los datos que maneja indican que “el 92% de los caminos primarios, en los que pueden cruzarse dos camiones de bomberos, y secundarios (pueden pasar dos camiones en determinados puntos) ya están limpios, pero falta revisar el 60% de los terciarios (aptos para un único camión)”.
     El personal de diferentes parques naturales está inmerso en estas tareas; el del Montseny ha quitado 140 árboles de su red básica que impedían el paso y ahora están actuando en los bosques, indica Joana Barber, responsable del Servicio de Gestión de Parques Naturales de la Diputación de Barcelona. “Hemos revisado todas las pistas principales y los senderos señalizados, hemos troceado y apartado los troncos y pedimos que en las propiedades privadas sean sus titulares quienes los retiren. La operación más importante que hemos realizado ha tenido lugar en una finca propia, en Sant Pere de Vilamajor, donde hemos extraído siete toneladas de pinos”, detalla Barber.
Trabajos en un sendero del parque natural del Alt Piririneu Cedida PN Alt Pirineu

El parque del Alt Pirineu sigue inmerso en arreglar las vías de comunicación dañadas por el viento y la nieve

     A pesar del cierre de Collserola por la presencia de jabalíes con peste porcina africana (PPA), el personal del parque ha podido limpiar los 250 km de la red viaria que forma parte del dispositivo de prevención de incendios. Falta revisar un centenar de kilómetros de caminos más estrechos, confirman fuentes del parque natural. A causa del vendaval de mediados de febrero se produjeron 141 incidentes, la mayoría por caídas de árboles. Si bien destacan que “el bosque está mucho mejor que dos años atrás, está frondoso, ahora la situación es positiva, falta ver si llueve en mayo y junio y se mantiene la humedad”, añaden.
     Además del viento huracanado, las persistentes nevadas han derribado árboles en los Pirineos y en el Prepirineo. Un centenar de kilómetros de pistas y unos 150 de caminos señalizados se han visto afectados en el parque natural del Alt Pirineu, apunta su director, Marc Garriga. “La nieve tan copiosa en cotas bajas ha causado muchos destrozos en vías de comunicación”, añade. En el parque de Les Capçaleres del Ter se está actuando en alrededor de 100 km. Este ha sido un año más virulento en el Ripollès pues si los vendavales se producen allí cada ocho años, en el 2026 se han registrado tres en solo dos meses", indican desde la dirección general de Polítiques Ambientals i Medi Natural de la Generalitat. Son las propias brigadas de los parques las que siguen enfrascadas en estos trabajos forestales. Pero la responsabilidad y los recursos para actuar no son los mismos en todos los enclaves y aún se pueden ver no pocos árboles que dificultan el paso en caminos de Catalunya.
Árbol caído en un camino de la zona de Riudecols LV
      A priori, la campaña contra incendios del 2026 se presenta como la del 2025. Las lluvias del invierno han neutralizado la sequía, pero la situación puede variar en función de la evolución de la meteorología. Castellnou recuerda que los episodios prolongados de calor extremo provocan sequía térmica y resecan la vegetación. “Pero todo puede cambiar si llueve en mayo”, apunta.
     “Las zonas que más me preocupan son el Pirineo Oriental y el Prepirineo, porque son los ámbitos más extensos y despoblados; el prelitoral sur, desde El Montmell hasta el Priorat, y la Terres de l’Ebre. Tenemos bosques muy cargados de vegetación, con mucho combustible, que si no se gestionan su renovación se produce de manera natural por los incendios”, explica Castellnou.
El rastro del viento en Vilallonga de TerPere Duran / Nord Media
     “Estas ventadas han sido muy llamativas, pero no es el primer caso, recordemos el Gloria, la cuestión es que cada vez se repiten con más frecuencia. Los últimos vendavales han afectado zonas muy espesas, cerradas y ­ homogéneas, con árboles excesivamente esbeltos y que compiten entre ellos por los recursos. Cuando cae uno caen todos por efecto dominó en lugares donde desde hace décadas no ha habido gestión forestal y no se ha reducido la densidad. Son bosques más vulnerables al viento y al fuego”, señala Francesc Cano, asesor de gestión forestal e innovación del Centre de Ciència i Tecnologia Forestal de Catalunya. La parte positiva es que se crean espacios abiertos o claros que ayudan a romper con la continuidad de la masa forestal, lo que ayuda a frenar la propagación del fuego.
     A la pregunta de qué hacer con los árboles caídos no hay una única respuesta, caben muchos matices. Una opción es no intervenir, dejar que la madera muerta se descomponga y aporte nutrientes, pero el peligro es que aliente plagas, además de que supone un incremento de combustible en el bosque, explica Mireia Banqué Casanovas, investigadora del CREAF. Pero retirarla comporta costes que muchos propietarios no pueden asumir.
Trabajos en el Alt Pirineu Cedida PN Alt Pirineu
       “El problema de fondo es el abandono del territorio, lo que, sumado al cambio climático, nos aboca a un futuro complicado, los bosques sufrirán más. El riesgo de incendio siempre es elevadísimo, los árboles caídos ahora son anecdóticos si tenemos en cuenta la cantidad de biomasa que ya hay acumulada”, comenta Cano, quien es partidario de retirar los árboles muertos para evitar la propagación de enfermedades que ataquen a los vivos.
     Alrededor del 75% de los bosques catalanes son privados, solo se practica la silvicultura en una tercera parte del total y en 25 años prácticamente se ha duplicado la biomasa. Las medidas para incentivar la agricultura y la ganadería llegan tarde, lo que ha favorecido la expansión de la foresta. Cano indica que una oportunidad y un paso importante sería “apostar por nuestros propios recursos, que los productos agrícolas no vengan de fuera ni tampoco la madera, así ayudamos al sistema a adaptarse al cambio climático”.
     Ahora, a mediados de abril, lo que todo el mundo ansía son las lluvias primaverales, necesarias para que “el combustible más fino esté húmedo” de cara al verano.
 
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