jueves, 23 de febrero de 2017

 Premio Goldman Medioambiental en 2005
ISIDRO BALDENEGRO 
La muerte del Nobel Verde
(México, 1966-15 de enero de 2017)

     Isidro Baldenegro ya sabía que lo iban a matar. “Andamos mal, ya me quieren chingar”, decía. Con ese pensamiento que le quitó el sueño las últimas noches de su vida, llegó el pasado jueves 12 de enero a la comunidad de Coloradas de la Virgen, en el municipio de Guadalupe y Calvo en la sierra de Chihuahua. Visitó a su madre y a su tío y atendió algunos negocios: vender y comprar chivas y ofrecer en 250 pesos los machetes que hacía a mano. Tres días después, tres de las seis balas que salieron de un arma 38 súper impactaron el pecho, abdomen y pierna derecha de quien defendió el bosque hasta con su vida.
     Isidro fue el quinto defensor ambiental asesinado en el último año en ese municipio que hace frontera con los estados de Sinaloa y Durango, en pleno “Triángulo Dorado”. Esta parte de la Sierra Tarahumara forma parte de la zona llamada así por estar bajo control del narcotráfico para la siembra de mariguana y amapola.
El sexto asesinado fue Juan Ontiveros, dos semanas después de que mataran a Isidro, se convirtiéndose en el segundo activista rarámuri ejecutado en 2017. A día de hoy, ninguno de los homicidas ha sido procesado ni sentenciado. No hay culpables.
     “Es preocupante que en los casos de los últimos meses no hay detenidos, no hay procesados. La impunidad es un problema en toda la República Mexicana pero en estos casos de ataques a los defensores es uno de los ejes de las preocupaciones principales”, enfatiza Jan Jarab, Representante del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en México.
     El problema se remonta a muchos años atrás. La misma tierra vio a morir a dos generaciones. En 1986, Julio Baldenegro Prieto (padre de Isidro) fue asesinado por defender el bosque y hacer reuniones con los indígenas de la zona para defenderse de “un rico que quería hacerlas suyas” y Julio no se dejaba, explica Francisco Baldenegro, hermano mayor de Isidro.
     “Hijo, me están tirando”, fue lo último que le dijo a Isidro quien moriría de la misma forma 30 años después.
     Estaban en el monte platicando cuando se escucharon las detonaciones. Corrieron a buscar refugio, pero sólo Isidro llegó a la casa, Julio Baldenegro Prieto quedó tendido y él tuvo que vestirse de mujer para poder volver a salir sin ser reconocido por los tiradores.
    Ver morir a su padre, dice su hermano Trinidad, fue el hecho que motivó a Isidro para continuar de algún modo con el legado de su padre: la defensa pacífica del bosque.
    Isidro tiene dos hermanos, el mayor, Francisco (52 años) y el menor Trinidad (46). Al primero le tocó ir a recoger el cuerpo de su padre y fue el único que, por motivos de seguridad, asistió a su funeral.
Información: El Universal
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