ANDRY PETIGNAT y LOUISE JASPER Baobabs of the world
Una buena obra fotográfica, un merecido tributo al baobab, un árbol extraordinario y majestuoso que se encuentra principalmente en Madagascar y, en la periferia, en África y Australia.
"Quién hubiera dicho que estos poemas de otros iban a ser míos, después de todo hay hombres que no fui y sin embargo quise ser, si no por una vida al menos por un rato..." Mario Benedetti. A los amantes de los árboles,... localización, poesía, cuentos/leyendas, etc.
ANDRY PETIGNAT y LOUISE JASPER MIKE REYFMAN
"Cuando el lugar correcto, la buena luz y el ojo agudo se encuentran, nace la foto"



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Los trabajadores del café llevan frutos de café recién cosechadas a un vagón en Aquires, Costa Rica.
Fotografía de Edwin Remsberg, VW PICS, UIG, Getty Images |
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| Una capa de pulpa de café recién agregada se asienta en un terreno donde las hierbas invasoras se habían apoderado. |
AGENCIA CyTA-INSTITUTO LELOIR, Mar-2018
Una cotorra patagónica es vital para la supervivencia de la araucaria
En lo que podría ser un buen argumento para una fábula, una modesta cotorra patagónica podría estar contribuyendo a la preservación de la majestuosa araucaria,
un árbol emblemático de la región que figura como “amenazado” en el
catálogo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza
(UICN).
Así lo sugieren científicos de Bariloche, quienes comprobaron que la cachaña o cotorra austral (Enicognathus ferrugineus)
estaría “protegiendo” de manera indirecta a los piñones o semillas de
la conífera del exceso de recolección humana, sin afectar a su capacidad
de germinación.
En un estudio que publicaron en la
revista “Royal Society Open Science”, los doctores Karina Speziale y
Sergio Lambertucci, del Grupo de Investigaciones en Biología de la
Conservación, y Marcelo Aizen y Gabriela Gleiser, del Grupo de
Polinización del Instituto de Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA),
que depende del CONICET y de la Universidad Nacional del Comahue, y
colegas de España, observaron que las cotorras consumen los piñones de
forma parcial, por lo cual aquellos pierden atractivo para los
pobladores de la zona que salen a recogerlos con el propósito de
comerlos o alimentar al ganado. “Muchas personas prefieren las semillas
intactas y desechan las dañadas”, dijo a la Agencia CyTA-Leloir la
primera autora del trabajo, la doctora Speziale.
Ese deterioro parcial, que aleja a los
recolectores, sería providencial. Speziale y sus colegas ya habían
mostrado en estudios recientes que la cachaña podía favorecer la
dispersión de las semillas y que también podría ayudar a la
polinización. Ahora, comprobaron mediante experimentos que los piñones
dañados siguen siendo capaces de germinar.
ÁLVARO BAYÓN, en "Muy Interesante" Nov-2022
¿Cómo llegó el olivo a España?
Uno de los árboles más emblemáticos de España, es, probablemente, el olivo (Olea europaea). En el territorio peninsular hay ejemplares de siglos e incluso alguno supera los mil años de edad. El más antiguo del que se tiene constancia se encuentra en Ulldecona, Tarragona, con una edad estimada de más de 1700 años.
Del olivo se obtienen las aceitunas u olivas, aunque tal vez el producto más popular sea el aceite de dicha fruta, el ‘oro líquido’, ingrediente clave en la dieta mediterránea. España, con una producción anual superior a mil millones de toneladas, produce más de un tercio de todo el aceite de oliva elaborado en el mundo.
Sin duda, el olivo y sus productos son un icono para España, y el aceite de oliva es prácticamente un meme, en el sentido más sociocultural de la palabra. Sin embargo, y contra toda expectativa, se da la curiosidad de que, probablemente, el olivo no es un árbol nativo de la península ibérica.
La historia del olivo
Se cree que el olivo fue introducido en la península ibérica por los fenicios. Por la edad de algunos árboles, es más que evidente que la presencia del olivo en la península ibérica se remonta, como mínimo, a hace 17 siglos. No obstante, cuando se analizan restos arqueológicos, se puede rastrear su presencia anterior, bien en restos de madera de construcciones, carbón de su leña, registros de granos de polen, huesos de aceitunas o restos de aceite en ánforas antiguas.
Los primeros registros de la presencia del olivo en la península proceden del neolítico, hace entre 12 000 y 5000 años y se encuentran en la costa andaluza; concretamente, en los yacimientos de Palmones, la Cueva de Nerja y la Cueva de los Murciélagos de Albuñol.
Se han hallado restos arqueológicos que muestran presencia de olivo, de la Edad del Cobre y del Bronce, entre los años 3000 y 1400 a.e.c., especialmente en la costa oriental de Almería. Pero no se localiza presencia en el interior de la Península hasta la Edad del Hierro, entre el 1400 y el 400 a.e.c. Los yacimientos fenicios de Morro de la Mezquitilla, Cerro del Villar y Castillo de Doña Blanca son los más representativos. Pero su presencia sigue siendo puntual.
Solo a partir de la época romana, desde el siglo I e.c., el olivo está presente en zonas de interior en mayor cantidad, lo que sugiere un cultivo a gran escala. La mayor parte de los restos prerromanos se corresponden con huesos de aceituna, lo que indica que, probablemente, para los pueblos del sur de la península, las olivas fuesen un producto habitual de comercio. Sin embargo, es evidente que no fueron los romanos quienes lo introdujeron por primera vez.
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