4/22/2024

Un acebuche en la Finca de San José, del cronista de Canarias


JUAN GUZMÁN OJEDA, Ing. téc. forestal
El acebuche de la Hacienda San José, todo un señor árbol, en Tenerife


Se dice que los primeros caminos reales de las islas Canarias se ocultan bajo el asfalto de las carreteras por donde, tal y como su nombre explica, se pasó de caminar a pie a la circulación en carretas para llegar al tráfico de las veloces “carretas de combustión”. Pues bien, a la altura del km 23 de la autopista Norte de Tenerife, mirando en dirección al mar, resulta fácil advertir la presencia de una gran araucauria (Araucaria heterophylla). Y abrazando parte de su copa existe un fornido ejemplar de acebuche canario (Olea cerasiformis).
     A esta altura de la autopista se aprecia cómo la pendiente continua se desliza hasta el azul marino. Nos encontramos en el municipio de El Sauzal, tierra de alta productividad agrícola y también vitícola. Entre las ordenadas terrazas de cultivo y las residencias de privilegiados horizontes aún permanecen algunas de las antiguas fincas señoriales. La figura vegetal de este artículo se asoma a estas panorámicas (28º 27 ´42´´ N y 16º 26´ 42´´W) desde los jardines de la Hacienda de San José, a 385 metros sobre el nivel del mar.
     Normalmente, cuando se habla del estado de conservación de los ecosistemas canarios la mayor parte de la sociedad canaria relaciona laurisilva y deforestación, aunque lo cierto es que el ecosistema más castigado ha sido, con diferencia, el bosque termófilo. Tuvo la mala fortuna de venir a coincidir con las primeras bases de asentamiento humano ya antes de la conquista. Algunos análisis de cenizas procedentes de cuevas aborígenes han demostrado que las primeras leñas locales se agotaron pronto, por lo que hubo que recurrir a los bosques de monteverde.
     El acebuche es uno de los elementos nobles del bosque termófilo, capaz de combinarse con otras especies o bien de agruparse en formaciones más puras. Muy probablemente, el de la Hacienda de San José es testigo excepcional de la deforestación de cientos y quién sabe si miles de individuos de su especie. Las haciendas señoriales constituyeron los principales centros dedicados al sustento: junto a las mismas se concentraba gran parte de la población obrera que dinamizó el progreso de la denominada “sociedad de la madera”.
     La Hacienda de San José data del siglo XVII y era labrada por el pueblo a cambio de una décima parte (diezmo) de la producción a la propiedad. Además, mantuvo siempre viñas y bodega. Los apellidos de los terratenientes tan ilustres y nobles como nuestro acebuche han sido: Ravina, Guimerá y Peraza. Destacamos la figura de don Marcos Guimerá Peraza (1919-2012), distinguido investigador histórico, además de escritor y notario. Si pudiéramos consultar a esta insigne personalidad acerca del acebuche de su jardín, posiblemente nos revelaría varios detalles histórico-morfológicos, pero a buen seguro también nos confesaría el valor sentimental que debió transmitirle este compañero de descanso e inspiración, tras tantas y largas horas de investigación histórica.
     Además de la auracaria y el acebuche, destaca la presencia de un desarrollado ejemplar de madroño canario (Arbutus canariensis). Aprovechando la protección solar proporcionada por el dosel forestal, antaño existió una pérgola que se usaba de punto de encuentro, sobre todo estival, para compartir gratos momentos en familia o en soledad y reflexión con estos magníficos ejemplares.

     Normalmente el acebuche, al igual que la sabina (Juniperus turbinata) son árboles termófilos de portes más bien globosos, pero en condiciones de ausencia o reducción de viento, unido a la disponibilidad de agua, pueden desarrollar una forma más alta y espigada. El acebuche y sobre todo los acebuchales son hoy escasos en Tenerife, mientras que la sabina se encuentra algo mejor representada (curiosamente, en Gran Canaria ocurre el caso contrario).
     El acebuche de la Hacienda de San José posee un tronco portentoso con un perímetro normal cercano a los tres metros. Su copa despega 15 metros sobre el suelo y se encuentra ligeramente torcida y sostenida por la gran araucaria vecina. El fuste se divide en varios brazos de distinto diámetro, apreciándose cómo se han producido algunas soldaduras entre ellos. También puede observarse el desgaje de grandes ramas altas como consecuencia de la lucha entre viento, peso y volumen vegetal. La base de este centenario monumental presenta varios contrafuertes pero sobre todo es notoria la abundancia de brotes o chupones, localmente también llamados nietos. Incluso nos cuentan que el espacio creado entre los brotes y la base del árbol, a modo de cueva circular, invitó a jugar a los niños de varias generaciones.
     Resulta muy difícil precisar la edad de este individuo, ni siquiera podemos asegurar si fue plantado o es espontáneo. Teniendo en cuenta sus dimensiones y la altísima longevidad de la especie, no es extraño escuchar frases, con más ímpetu y sorpresa que base científica, como la que nos ha transmitido el gran profesor Wolfredo Wildpret: “¡Este árbol puede ser más viejo que el Drago de Icod! ¡Quien sabe si estuvo en la Batalla de Acentejo o si existió un tagoror guanche junto al mismo!” En cualquier caso, es una pieza muy particular en la joyería del patrimonio natural canario.

Número 60 de Tenerife
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4/19/2024

El cine y el árbol (1)

ELLEN MCHALE, desde los jardines de Kew
Cinco magníficos árboles en el cine

El sauce boxeador (Harry Potter)

Este sauce mágico, que aparece tanto en los libros de Harry Potter de J.K Rowling como en las películas de Harry Potter, crece en los terrenos del colegio Hogwarts de brujería y hechicería. Famoso por sus tendencias violentas, el sauce mueve sus ramas ante todo lo que toca. Sus extremidades se representan como brazos que golpean a las personas que se acercan demasiado.
     El árbol aparece por primera vez en Harry Potter y la Cámara Secreta, donde ataca a Harry y Ron cuando chocan contra el árbol en un coche volador.
     En la vida real los sauces están lejos de ser violentos y, a menudo, simbolizan la tristeza. En poesía, los sauces a menudo se relacionan con el dolor, como en Hamlet de Shakespeare, donde Ofelia se ahoga cerca de un sauce. 


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Treebeard (El Señor de los Anillos)

La obra más famosa de J. R. R Tolkein, El Señor de los Anillos, está ambientada en el mundo ficticio de la Tierra Media, el hogar de todo tipo de criaturas extrañas y maravillosas, incluidos hobbits, elfos, enanos y magos. El personaje de Treebeard es un ent, una antigua criatura parecida a un árbol que protege los bosques de la Tierra Media de las fuerzas del mal.
     Treebeard está representado como una criatura vieja, sabia y conocedora a la que le gusta tomarse su tiempo. Los ents pueden caminar, hablar y mover sus extremidades como si fueran brazos y piernas, y se los describe como muy fuertes. Se cree que Treebeard está inspirado en un roble o un haya, que son árboles muy longevos y resistentes.


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El baobab, el árbol de la vida (El Rey León)

El Rey León, que se hizo famoso gracias a la animación de Disney de 1994, es un cuento infantil clásico muy querido y que cuenta la historia de un joven león llamado Simba. Rafiki, que es un mandril (un babuino grande), es un personaje espiritual y sabio que guía al joven león.
     Vemos proyectada la imagen de Simba en el tronco de su casa en el árbol, que se convierte en un símbolo recurrente en la película. El árbol de Rafiki es un baobab (Adasonia za). Los baobabs son árboles longevos que crecen en el continente africano, incluida Madagascar, y también en Australia.
     Se han adaptado bien a ambientes secos. Se comportan como suculentas gigantes y hasta el 80% de su tronco está formado por agua. Los baobabs tienen una vida muy larga, se estima que hay especímenes que tienen la asombrosa edad de 2.000 años. Cada parte del árbol baobab es útil para los humanos. La corteza del árbol es suave y fibrosa y se utiliza para fabricar cuerdas y telas. La fruta baobab es conocida por sus beneficios para la salud, con altos niveles de calcio y vitamina C. Las hojas se pueden cocinar y comer, y las semillas se utilizan para hacer tinta.
     El tronco del baobab se vuelve hueco a medida que crece y almacena litros de agua, que se utiliza como depósisto de agua para humanos y animales en las estaciones secas. Por eso a los baobabs también se les conoce como el árbol de la vida. Los troncos huecos de baobab se han utilizado como prisiones, graneros y viviendas. En Sudáfrica, un baobab de 47 metros de ancho incluso se transformó en un bar. Este baobab murió en 2017.
     Se puede ver un baobab sin salir de Londres. Este baobab vive en el Invernadero Princesa de Gales y crece con tanta fuerza que es esencial podarlo anualmente para evitar que crezca fuera del techo.


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La Abuela-Sauce (Pocahontas)

      Este conocido musical animado está basado libremente en la vida de una mujer nativa americana, Pocahontas. La abuela es un sauce parlante, la consejera de Pochantas. Representada como vieja sabia que tiene un carácter amable y que orienta a Pocahontas.
     Al crecer junto al agua, las ramas de Grandmother Willow están llenas de revoloteadores pájaros y búhos.
     Los sauces pertenecen al género Salix y hay alrededor de 400 especies. Son los favoritos de la vida silvestre, ya que a los pájaros les gusta anidar en las ramas y los amentos de los sauces son una fuente de néctar para las abejas. El sauce blanco (Salix alba) es uno de los sauces más conocidos, con ramas amplias y hojas delgadas.
     Comúnmente conocidos como "sauces llorones", a menudo se encuentran cerca de ríos y lagos donde sus hojas se sumergen en el agua. 

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Los Manzanos (El Mago de Oz)

     Este querido musical estadounidense es famoso por la extraña y maravillosa Tierra de Oz. El personaje central, Dorothy, es transportada al mundo místico después de quedar inconsciente durante un tornado. Desde enanos hasta espantapájaros que hablan y árboles que se mueven, conoce una gran cantidad de criaturas en su aventura.
     En el paseo de Dorothy por el camino de ladrillos amarillos, se asusta cuando va a recoger manzanas de los árboles. Los árboles se oponen en voz alta a que los recojan y comienzan a arrojarle sus manzanas.
     Las manzanas (Malus x domestica) son una de las frutas favoritas de Gran Bretaña. Se comen como aperitivo, se cocinan en pudines, se usan para hacer sidra y son un ingrediente básico de todos los días.
     A pesar de esta tradición, las manzanas no son originarias de nuestras costas. Los manzanos proceden originalmente de Asia Central. El ancestro silvestre de la manzana domesticada, Malus sieversii, todavía se puede encontrar creciendo allí hoy en día.
     Las manzanas se extendieron por todo el mundo en la época antigua, y los romanos comenzaron a cultivarlas co0nsiguiendo diferentes gustos y tamaños. En el siglo XVII, las manzanas eran extremadamente populares en Gran Bretaña. Los colonos europeos se llevaron manzanas y pepitas cuando navegaron a Canadá, Australia, Estados Unidos, Sudáfrica y Nueva Zelanda.
     Los manzanos son muy importantes para la vida silvestre. A los pájaros, como los mirlos, les gusta hacer sus nidos en ellos y los zorzales comen la fruta cuando cae al suelo. Los manzanos dependen de las abejas y otros insectos para la polinización, y las flores proporcionan un néctar importante.

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4/16/2024

Reconocimiento de JOSÉ TITO ROJO por
Fran Piñeiro, en ABC

El paisajista y teórico recibirá en mayo el galardón, que destaca trayectorias clave en el sector, en su tercera edición.

Andalucía cuenta con una sobresaliente riqueza en el mundo del paisajismo. No sólo por albergar jardines que hunden sus raíces más allá de la memoria, sino también por ser cuna de algunos de los principales teóricos y expertos en la materia. Por ello, cada año la Asociación Multisectorial de la Jardinería Andaluza entrega el Premio Ibn Luyun a la trayectoria de profesionales de la gestión verde. En su III edición, el reconocimiento ha ido a parar al granadino José Tito Rojo, conservador del Jardín Botánico de la UGR hasta su jubilación y miembro de diversos comités científicos versados en la materia.

¿A ‘qué sabe’ este galardón, que recibirá en mayo en el Palacio de Viana?

Me hace muy feliz, sobre todo por quienes lo ha decidido. Lo que agobia un poco es que se premie la trayectoria, porque yo todavía tengo mucho por hacer -bromea-. Creo que la elección se ha basado en la pasión que siento por los jardines y por lo mucho que me he dedicado a ellos -más allá de cualquier cargo se considera jardinero-.

Ha estudiado especialmente el paisajismo en la época de Al-Ándalus y los orígenes del jardín moderno. ¿Cuáles han sido sus últimas aportaciones?

Descubrir es fácil, porque hay mucho por hacer. Somos muy pocos, y estamos muy lejos del nivel de interés y de estudiosos que hay en países cercanos como Portugal, Italia, Francia, Inglaterra… En España tenemos maestros en la materia, eso es verdad, y también que en los últimos 20 años se ha incorporado mucha gente desde disciplinas diferentes como la arquitectura, la agronomía, los estudios literarios. Se han acercado al jardín y han descubierto muchas cosas. Pero la realidad es que queda muchísimo por investigar porque carecemos de una masa crítica importante.

¿Lo valora la sociedad de a pie?

Va todo unido. Es cierto que con la emergencia climática muchas personas se han interesado por ‘lo verde’ y lo ven más necesario. A mí, que he trabajado tanto a nivel teórico como práctico, creando jardines y restaurando otros históricos, me reconforta ver cómo la gente empieza a entender que el jardín no es un adorno, sino algo fundamental para vivir bien.

¿Cree que en las actuales reurbanizaciones prima lo verde?

Cuando yo empecé a estudiar los jardines, lo que se hacía en las ciudades era monstruoso. Se incorporaban prácticas muy poco recomendables de poda, de mantenimiento, de selección de especies… Luego vivimos la moda de la ‘plaza dura’. Pero creo que estamos en el punto de inflexión. Veo por ejemplo como los Ayuntamientos de Granada (pero también de Francia o Italia), se dan cuenta de la necesidad de incorporar el verde. Porque además la gente lo pide. Y eso es clave, porque lo que no se pide, el político no lo hace. El nivel de la gente responsable de los jardines también ha mejorado muchísimo. En su formación, en su conocimiento y en su sensibilidad. Y lo digo con conocimiento de causa, pues tengo muy buenas relaciones con los jardineros de la Alhambra, del Ayuntamiento granadino, con jardineros de particulares… y el compromiso con su trabajo no tiene color.

¿Apostar por los jardines podría revertir la tendencia hacia un clima andaluz cada vez más seco y cálido?

Sí, pero sólo a nivel de micropaisaje. Es decir, en el ámbito más cercano de la gente, en hacer más amable y tolerable la vida en las ciudades. El problema climático no lo solucionan los jardines, seamos modestos, sino las políticas, y sobre todo las grandes políticas de Territorio.

Sufrimos un largo período de sequía con restricciones aparejadas o potenciales. ¿Cómo se pueden potenciar los jardines cuando el agua escasea?

Con buenas prácticas. El jardín necesita agua, pero no nos engañemos, no es el problema. La causa está más en la gestión del suelo y en la sensibilización de la opinión pública. Además, cada vez se opta más por jardines que necesitan menos apoyo hídrico.

De todas formas los veranos siempre han sido ‘complicados’ aquí en el Sur.

Se puede decir que vivimos en un particular ‘cambio climático’ desde hace 5000 años, porque en el Mediterráneo no llueve en verano. Eso es terrible para las plantas porque es la época en la que más crecen y más agua precisan. Pero también tenemos una tradición de gestión del agua que debemos poner en valor, porque no sólo se trata de incorporar nuevas medidas sino también de recuperar antiguos aciertos.

Usted integra un comité científico en Icomos (Unesco). ¿Hay que mirarnos en Europa respecto al paisajismo?

Evidentemente hay que aprender de donde se hacen mejor las cosas, y hay experiencias en Europa que son fabulosas. Por ejemplo en Berlín, con un sistema de parques donde se dejan esas plantas que llegan sin que tú las pongas, a las que hemos denominado ‘malas hierbas’ o ‘invasoras’ y hemos quitado por sistema. Allí se han dado cuenta de que la solución pasa por aprovechar todo lo que llega, y tienen casos fertilísimos. En París también, con los jardines libres y en movimiento, que tienen detrás a paisajistas de primera línea aportando teoría y práctica.

La Alhambra ha vuelto a ser el monumento más visitado de Andalucía. ¿Influye en el reclamo sus jardines?

Sin duda. No se puede entender sin ellos. En Andalucía (Sevilla, Córdoba, Granada…) tenemos algunos de los jardines con más historia del mundo. El del Patio de los Naranjos de la Mezquita es el más antiguo que conocemos sin que haya desaparecido nunca. Ni en Inglaterra ni en Japón existe algo igual. Pasa lo mismo con el del Patio de la Acequia del Generalife, que es el más antiguo de tipo ornamental. Por eso hay que ponerlo en valor, estar a la altura de esa increíble herencia que tenemos.

Sin embargo no parece que se promocionen así de cara al visitante, como sí ocurre con los siglos que tiene una catedral o las raíces de una escultura.

Venimos de una cultura en la que el jardín siempre se ha considerado como un adorno de la arquitectura, no como un valor en sí mismo. Hay que conseguir que el visitante sea consciente de que está ante algo absolutamente extraordinario.

Publicado en: Noticias
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4/13/2024

Takahashi en Aomori, el cronista de Japón (082)

TAKAHASHI HIROSHI (1960, Japón)
El ginkgo Koyasu de Ichōnoki (prefectura de Aomori)


Especie: Ichō (Ginkgo biloba, familia Ginkgoaceae, género Ginkgo)
Dirección: Ichōnoki 19, Shichinohe-machi, Kamikita-gun, Aomori-ken 039-2561
Perímetro del tronco: 12,1 m.      Altura: 25 m.        Edad: 700 años
Designado Monumento Natural Prefectural.
Tamaño ★★★★       Vigor ★★★★★       Porte ★★★★★
Calidad del ramaje ★★★★    Majestuosidad ★★★★


En las avenidas arboladas de Japón descubrimos las más variadas especies, desde los olmos keyaki o los alcanforeros, hasta los cerezos sakura. Pero la especie más abundante es el gingko o ichō. Resistente tanto a los gases de escape como a las podas, su condición de árbol caducifolio le permite extraer, además, todos los matices del ciclo estacional. Y no habrá que decir que es el magnífico amarillo que alcanza en la estación otoñal lo que en mayor medida le ha valido el favor de la gente.
     El ginkgo Koyasu se alza en la parte central del término municipal de Shichinohe-machi, en la prefectura de Aomori. El nombre del lugar es, precisamente, Ichōnoki (Árbol de Ginkgo o Ichō) y no parece equivocado pensar que haya sido este ejemplar, que destaca entre sus congéneres por su espectacular tamaño, el que ha dado origen al topónimo.
     El árbol perdió hace ya mucho tiempo y probablemente debido a un rayo la parte superior de su tronco principal, pero de la parte quebrada se desarrollaron varias grandes ramas en sentido horizontal, de modo que su crecimiento no se ha interrumpido. Al contacto con la tierra, algunas de las ramas se han separado e independizado totalmente del árbol principal, que hace gala de una capacidad de crecimiento impresionante. Tampoco desmerecen las raíces aéreas que descienden del tronco y que llegan a superar, en algunos casos, el metro de longitud. Es posible observar el proceso por el cual una parte de estas raíces aéreas se va clavando en la tierra y produciendo nuevos troncos que acaban siendo absorbidos por el tronco principal. No puede uno dejar de sentir la portentosa vitalidad de esta especie arbórea.
     Los alrededores forman un vasto parque rural del que este ginkgo es protagonista indiscutible. Sin ningún estorbo visual, su silueta puede ser contemplada a placer desde cualquier ángulo. Hacia mediados de noviembre es el momento en que el árbol adquiere su característico manto amarillo que va extendiéndose por su inmensa copa. Poco después las hojas van cayendo y formando una tupida alfombra amarilla igualmente digna de verse.
     Llegado el invierno y perdidas ya por completo sus hojas, el árbol muestra una cara enteramente nueva. Es entonces cuando la forma del árbol, que durante el verano y el otoño ha permanecido oculta bajo el espeso follaje y era perceptible apenas como un vago semicírculo, se muestra tal como es. El ginkgo Koyasu destaca por su forma especialmente bella, realzada por lo arrugado de su corteza, que no se ve afectada por la pérdida de las hojas. Un insigne ejemplar que sigue atrayendo visitantes de las regiones más distantes.

Nº 082

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