14 junio 2018

MARIE-LOUISE TAOS AMROUCHE (Túnez, 1913-1976)
El roble del ogro,
de "El grano mágico"

     Se cuenta que en la antigüedad había un pobre anciano que pervivía solo en su choza esperando la muerte. Vivía a las afueras del pueblo. No entraba ni salía porque estaba paralítico. Su cama había sido puesta cerca de la puerta, que se cerraba con un cerrojo del que pendía una cuerda.
     Aicha, una niña pequeña y sus padres vivían al otro lado de la aldea. Éstos enviaban cada día a la niña con el almuerzo y la cena del anciano.
     Ese día la niña llevaba un pastel y un plato de cuscús y tarareó tan pronto como llegó: Abre la puerta, oh, papá Inoubba, ¡oh, mi papá Inoubba!
     Y el abuelo respondió: Haz sonar tus pequeños brazaletes, ¡oh, Aicha, hija mía!
     La chica estaba golpeando sus pulseras una contra otra y él ya estaba tirando del cerrojo. Aicha entró, barrió la casucha y estiró la colcha de la cama. Al abuelo le encantaba verla llegar. Luego sirvió la comida al anciano y le dio de beber.
     Después de acompañarlo un largo rato, dejándolo tranquilo y a punto de quedarse dormido, regresó a su casa. Todos los días la niña les contaba a sus padres cómo había cuidado al anciano, al que le decían "su abuelo", y lo que le había dicho para que se distrajera. 
     Pero un día el Ogro vio a la niña. La siguió escondido hasta el cobertizo y la escuchó tararear:
Ábreme la puerta, papá Inoubba, mi papá Inoubba! Después escuchó decir al anciano: "¡Haz sonar tus brazaletes, oh Aicha, hija mía!
     El Ogro se dijo a sí mismo; "Ya he entendido. ¡Mañana volveré, repetiré las palabras de la niña, me abrirá y me lo comeré!
     Al día siguiente, poco antes de que llegara la niña, el Ogro apareció frente al cobertizo y dijo con su gran voz: Abre la puerta, oh, papá Inoubba, ¡oh, mi papá Inoubba! 
     Márchate maldito! respondió el viejo. ¿Crees que no te reconozco?
     El Ogro regresó varias veces, pero el viejo siempre sabía quién era. El Ogro finalmente fue a buscar al hechicero.  

     -Hay un viejo solitario que vive a las fueras del pueblo. Él no quiere abrirme la puerta porque mi gran voz me traiciona. Dime la forma de tener una voz tan fina, tan clara como la de su pequeña niña.
     El hechicero respondió: Vale, llénate la garganta de miel, acuéstate en el suelo con la boca abierta. Las hormigas entrarán y picarán tu garganta. Pero tu voz no se afinará en un solo día.
     El Ogro hizo lo que el hechicero le dijo; compró la miel con la que llenó su garganta, y fue a tumbarse al sol, con la boca abierta. Un ejército de hormigas entró en su garganta.
     Después de dos días, el Ogro fue al cobertizo y cantó: Abre la puerta, oh papá Inoubba, ¡oh, mi papá Inoubba!
     Pero el viejo lo reconoció: Mantente alejado, maldito! le gritó. Sé quién eres! -lo reconoció de nuevo-.
     El Ogro regresó a su casa. Comió miel una y otra vez. Estuvo largas horas bajo el sol. Permitió que legiones de hormigas entraran en su garganta. Al cuarto día su voz era tan delgada, tan clara como la de la niña. El Ogro volvió a la casa del anciano y cantó frente a su choza: Abre la puerta, oh, papá Inoubba, ¡oh, mi papá Inoubba!
     El abuelo respondió: Toca tus brazaletes, ¡oh, Aicha, hija mía!
     El Ogro tenía una cadena; él la hizo chocar. La puerta se abrió. El Ogro entró y devoró al pobre anciano. Y luego se vistió como el abuelo, tomó su lugar y esperó a que la niña llegara para devorarla.
     Tan pronto como la  niña llegó frente al cobertizo se dio cuenta de que la sangre fluía por debajo de la puerta. Ella se preguntó: "¿Qué le pasó a mi abuelo?" aseguró la puerta desde afuera y cantó: Abre la puerta, oh papá Inoubba, ¡oh, mi papá Inoubba! 
     El Ogro respondió con su voz fina y clara: Toca tus brazaletes, ¡oh, Aicha, hija mía! 
     La niña, que no reconoció la voz de su abuelo, dejó el pastel y el plato de cuscús en el camino y corrió a la aldea para alertar a sus padres. 

     -El Ogro se comió al abuelo, -les dijo, llorando-. Cerré la puerta. Y ahora, ¿qué vamos a hacer?  
     El padre gritó la noticia en la plaza pública. Los hombres corrieron desde todos lados para llevar leña al cobertizo y prenderle fuego. El ogro, en vano, intentó huir. Empujó con todas sus fuerzas pero la puerta resistió.  
     Así es como se quemó. Al año siguiente, en el mismo lugar donde se quemó el Ogro, nació un hermoso roble que fue llamado el "Roble del Ogro". Desde entonces, se muestra a todos los viajeros.

---Fin---

12 junio 2018

LOS PINSAPOS DE LA SIERRA DE LAS NIEVES, Málaga
Información: Diario Sur,  extracto del escrito de PILAR R. QUIRÓS

La compra del pinsapar por el Patrimonio forestal para protegerlo a mediados del siglo XX, la regeneración ejecutada por los ingenieros forestales y la dotación de un número adecuado de guardas han sido claves para supervivencia del pinsapo en esta sierra


Pinsapar Cueva del Agua (Yunquera) en 2004.
    Cuando se habla de pinsapos en la provincia de Málaga, en las sierras que desembocan en la Costa del Sol, hay que decir que es una especie relíctica que se quedó acantonada en estos bosques de cuento, que parecen impropios de estas latitudes. El pinsapo es una reliquia de los bosques de coníferas del Terciario. Es un endemismo estricto de la Serranía de Ronda, estando emparentado con especies norteafricanas. Se encuentra únicamente en la Sierra de las Nieves (Ronda, Tolox y Yunquera), Sierra del Pinar (Parque Natural de la Sierra de Grazalema) y Sierra Bermeja (Estepona).
     José Quintanilla, jefe del Departamento de Actuaciones en el Medio Natural de la Consejería de Medio Ambiente en Málaga, en su discurso de entrada a la Academia Malagueña de Ciencias, que conoce la Sierra de las Nieves como la palma de su mano, mencionaba al botánico valenciano Simón de Rojas Clemente -principios del siglo XIX- en la primera descripción somera del pinsapo, diciendo que es el árbol más común de en Grazalema y Ronda, pero que, continúa diciendo, sólo sirve para tablas, vigas de casa y para leña, al tiempo que explica que el guarda sólo custodia el quejigo, el alcornoque y la encima. Con este texto deja claro que en 1809 no se protegían porque no se sabía de su importancia botánica.
     El ‘Abies pinsapo’ fue dado a conocer a la ciencia internacional por el suizo Boissier, que en 1838, fue guiado por los botánicos, el malagueño Prolongo y alemán Haenseler, por estas sierras.
Visita de Edmond Bossier a los pinsapares de Estepona (arriba). Abajo, a la izquierda Pinsapar Cueva del Agua en el año 1936 y a la detalle detalle de la misma zona en 2004. / Fotos: SUR

     Con Boissier empiezan los estudios del abeto español, que se recogen en su libro Voyage botanique dans le Midi de l´Espagne (Viaje botánico por el sur de España), 1838. Es a partir de sea fecha cuando empiezan a aparecer escritos que denuncian el deficiente estado de conservación de la sierra de las Nieves.
     En 1858 el ingeniero de Montes Laynez habla de la gravedad en que se encuentra la especie, con árboles reviejos y en decadencia, sin regeneración. Allí menciona una cifra: quedaban 26.000 pinsapos en la sierra de las Nieves, todos ellos de las últimas edades, cuenta Quintanilla.
    La situación sigue deteriorándose y en 1874 el primer presidente de la Sociedad Malagueña de Ciencias, Domingo de Orueta y Aguirre, declara la situación tan penosa del árbol, llamando la atención a las autoridades del Gobierno, donde ya había leyes para preservarlos que no se cumplían.
     En 1928 el ingeniero de Montes Luis Ceballos hace alusión a la publicación en el Diario El Sol de la compra del pinsapar por el Estado a causa del deterioro manifiesto, la alta mortandad de árboles viejos y la falta de regeneración para que lo sustituyese, y así mismo con la intención de declararlo parque nacional. Luis Ceballos ponía de ejemplo las montañas de Sicilia donde el ‘Abies nebrodensis’ estaba desapareciendo y decía que en Málaga acabaría pasando lo mismo si no se ponía remedio.
     El ingeniero forestal Máximo Laguna en 1958 hacía hincapié en que su destrucción, en breve plazo, era inevitable. Y explicaba que, aunque tiene poca importancia por su capital y renta (piensen que en aquella época sólo se pensaba en montes que fuesen productivos, no en parques naturales, como ahora), su importancia botánica y paisajística es importantísima. En esa época se llevaban semillas del abeto a los principales parques y jardines de otros países europeos, que eran “el orgullo y el primer adorno”.

Miguel Álvarez Calvente y José Ángel Carrera Morales
     En 1945 el Estado había comprado el pinsapar de Ronda y se empiezan a controlar los rebaños de cabra, que se comían los brotes tiernos de las nuevas plantas.
     Por fin, la verdadera restauración empieza cuando el Patrimonio Forestal del Estado se hace cargo de las gestión de los montes de El Burgo, Yunquera, Tolox y Parauta, como bien cuenta Quintanilla, y es con la llegada de los ingenieros de Montes José Ángel Carrera Morente y Miguel Álvarez Calvente cuando se empieza a repoblar la sierra de las Nieves. En concreto, a partir de 1958 se realiza una repoblación de más de 74.000 hectáreas de los montes de El Burgo y Tolox y otras muchas sierras de la provincia para mejorar las masas forestales. Ceballos cuenta que en 1959 se realizan reforestaciones en la Sierra de las Nieves con 20.000 pinsapos criados en macetas, y se alegra de que los citados esfuerzos hayan mejorado ostensiblemente este enclave. A este trabajo de repoblación se sumó la dotación de guardas forestales para llevar a cabo los trabajos y para controlar el exceso de ganado en el monte.
     Álvarez Calvente consiguió revertir la situación de retroceso de este árbol rey, que en 1962 contaba tan sólo con 400 hectáreas (de masa dispersa y ejemplares sueltos) a las 1.006 hectáreas actuales de bosque continuo en Yunquera, que es el municipio que ostenta más masa forestal de este árbol.
     La marquesa de Casa Valdés se hace eco de las enseñanzas del botánico Modesto Laza Palacios, y escribe en un artículo en el ABC en 1964 sobre la imperiosa necesidad de que la sierra de las Nieves sea declardo parque nacional.
     Más tarde, ya en 1989, cuando la sierra de las Nieves es declarada parque natural, su primer director conservador Miguel Ángel Catalina, que más tarde sería director del Infoca, se encargó de realizar la defensa forestal contra los incendios, que en este siglo han sido su peor enemigo. Por último, el actual director de la sierra Rafael Haro lleva cerca de siete años trabajando con ahínco para que se declare parque nacional, lo que supondrá un gran espaldarazo para este espacio natural, como hace hincapié Quintanilla, que le ha dedicado a esta sierra más de dos décadas de su vida.
     La protección de estos bosques, su regeneración, la reboblación, la vigilancia a través de la guardería forestal y la lucha contra los incendios forestales han posibilitado que hoy día contemos con estos pinsapares de los que podemos enorgullecernos en el mundo entero por su singularidad y altísimo valor botánico.
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10 junio 2018

LEYENDA DEL CASTAÑO DE LA ARMADA INVENCIBLE
Carncastle, Irlanda del Norte 
Información de: La Armada Invencible 

El Árbol de la Armada Invencible
The “Armada tree”, el castaño en el cementerio de la iglesia de St. Patrick’s

 

     El 28 de octubre de 1588 La Girona, galeaza de la Gran Armada, naufragó en Lacada Point (Irlanda del Norte) provocando la muerte de al menos 1.100 marinos, soldados y nobles.
     Debió de pertenecer a este naufragio el pobre desdichado cuyo cadáver fue a dar a la playa de Ballygaly y que sería enterrado en el cementerio de la pequeña iglesia de St. Patrick’s.
     Las castañas que llevaría en su bolsillo (muy posiblemente como remedio al escorbuto que amenazaba a las tripulaciones marítimas del siglo XVI) hicieron el resto y hoy un precioso castaño crece solitario entre las tumbas del cementerio.
     Este árbol, proclamado como uno de los 6 árboles antiguos más significativos del Norte de Irlanda en 2017 por el North Ireland Woodland Trust, puede ser visitado hoy en día. El lugar donde podéis visitarlo ha sido introducido en nuestro mapa interactivo del legado de la Armada Invencible en Irlanda.
     Los estudios realizados al árbol datan su nacimiento en el siglo XVI lo que refuerza la credibilidad de la tradición local aunque, como todo este tipo de historias, puede no ser más que eso…leyenda.

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Árbol caído:  fotografía de Mal McCann, en The Irish News, el 9/9/2020
---Fin---

08 junio 2018

¿CÓMO FUNCIONAN LOS CHOPOS CABECEROS? 
de http://altoalfambra.blogspot.com

     En la vida de un árbol se produce un proceso de ocupación del espacio aéreo para conseguir la iluminación necesaria para la fotosíntesis que consta de tres fases.
     La fase de juventud comienza con un crecimiento de fuerte predominio apical que se atenúa para comenzar el desarrollo de las primeras ramas laterales. La relación entre la masa de las hojas y la de las estructuras vivas de soporte (albura) es alta por lo que los anillos de crecimiento anuales son anchos.
     En la fase de madurez termina el crecimiento de la yema apical, se produce el desarrollo de las guías laterales hasta alcanzar su máxima expresión y concluye con la pérdida de dominancia de las ramas laterales. En este momento la copa tiene su máxima proyección. Es una etapa prolongada en la que la estructura se mantiene estable. La producción neta, que se mantiene en equilibrio, va disminuyendo debido a que la masa de materia de soporte viva se incrementa mucho más deprisa (el volumen crece según un exponente cúbico) que la masa foliar (la superficie crece según un exponente cuadrado). Para compensar se produce la transformación de la albura en duramen (madera no funcional), el cual inicia su descomposición a cargo de los hongos y otros organismos saproxílicos pudiendo formarse un hueco en el tronco.
     En la fase de senescencia o vejez: se inicia el atrincheramiento que es un proceso en el que el árbol reorganiza la disposición de su follaje llevándolo hacia posiciones más bajas y abandonando las zonas terminales de las ramas y de las raíces al ser ya incapaz de mantenerlas. Se produce una pérdida de estructuras que se inicia con la pérdida de las ramas apicales, continúa con el descenso de la copa a la parte intermedia del ramaje y concluye con la presencia de las últimas partes verdes en la zona del tronco próxima al suelo. En paralelo, progresa extensamente la podredumbre del duramen (madera muerta y más oscura de la parte interna del tronco) y las dimensiones del hueco por la actividad de los organismos descomponedores.
Etapas de la vida de un árbol (según Helen Read,). Las etapas A-B-C corresponden a la formación, las C-D a la completa y tardía madurez y las D-E-F-G a la vejez. El término senescencia se reserva para las fases F-G.
     
     Los árboles trasmochos, como los chopos cabeceros, siguen un ciclo definido por la retirada periódica de la totalidad de sus ramas mediante el desmochado o escamonda y por el mantenimiento de esta práctica en el tiempo.
     Un árbol trasmocho, al formarse, pierde la yema apical en sus primeros años produciéndose un conjunto de brotes nuevos a partir de yemas que originan un conjunto de ramillas dotadas de una elevada capacidad para colonizar el espacio.
     Entre estas ramillas no existe ninguna relación de dominancia funcionando cada una de ellas, a los efectos, como un joven árbol. La copa de un trasmocho es, realmente, un bosque de árboles. Entre las ramas se establece una competencia intensa por la luz y por los recursos que se absorben desde el suelo.
 

















      La proximidad de las ramas impide la suficiente insolación de las hojas situadas en la parte inferior del árbol lo que reduce los ingresos energéticos. Conforme las ramas alcanzan su longitud máxima se incrementa la desproporción entre la masa fotosintetizadora y la masa de materia viva  no productiva.
     Tras la fase juvenil no comienza una fase de madurez sino que directamente cada gran rama entra en la fase de senescencia ya que la mayor parte de las ramillas laterales no dispone de espacio para su crecimiento. En paralelo, los recursos energéticos que llegan a las raíces se aminoran produciéndose tanto una reducción en la capacidad de crecer y de ocupar nuevos espacios bajo tierra como una pérdida de las estructuras vivas existentes, especialmente de raíces exploradoras y absorbentes.
      Este es el momento en el que tradicionalmente se realizaba el siguiente desmoche que reiniciara el ciclo. Si esto llega a ocurrir se crea un nuevo espacio susceptible de ser ocupado, lo que devuelve al árbol a su fase juvenil y a una situación con producciones netas elevadas. 

     Además, el desmochado periódico permite al árbol compartimentar mejor las heridas, reducir la pérdida de albura y minimizar la afección radicular.
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