24 febrero 2009

LUCIEN BECKER - Présence du soleil

LUCIEN BECKER (Francia, 1911-1984)
Présence du soleil 

...Avant d'entrer dans les bois,
La pluie frappe aux feuilles
Qui sont pour elle le seuil
D'une solitude sans poids.
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Elle a parcouru tout l'espace
Pour venir sans hâte couler
Dans d'obscurs sentiers
Où rien ne doit marquer son passage.
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Il suffit pourtant d'un rayon de soleil
Pour qu'éclate sa présence,
Pour qu'un instant la forêt pense
Aux vitres dont elle l'émerveille.
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Un couchant doit surgir
De cet incendie d'eau
Où la terre s'éclaire de ce qu'elle a de plus beau
Parce qu'elle aime les forêts à en mourir.
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20 febrero 2009

RUBÉN DARÍO - Los olivos

RUBÉN DARÍO (Nicaragua, 1867-1916)
Los olivos

A Juan Sureda

Los olivos que tu Pilar pintó, son ciertos.
Son paganos, cristalinos y modernos olivos,
que guardan los secretos deseos de los muertos
con gestos, voluntades y ademanes de vivos.

Se han juntado a la tierra, porque es carne de tierra
su carne; y tienen brazos y tienen vientre y boca
que lucha por decir el enigma que encierra
su ademán vegetal o su querer de roca.

En los Getsemaníes que en la Isla de Oro
fingen, en torturada pasividad eterna,
se ve una muchedumbre que haya escuchado un coro
o que acaba de hallar l’agua de una cisterna.

Ni Gustavo Doré miró estas maravillas;
ni se puede pintar como Aurora Dupín
con comodidad, con prosa y con rencillas,
lo que bien comprendía el divino Chopin…

Los olivos que están aquí, son los olivos
que desde las pristinas estaciones están
y que vieron danzar los Faunos y los chivos
que seguían el movimiento que dio Pan.

Los olivos están aquí, los ejercicios
vieron de los que daban la muerte con las piedras,
y miraron pasar los cortejos fenicios
como nupcias romanas coronadas de hiedras.

Mas sobre toda aquesta usual arqueología,
vosotros, cuyo tronco y cuyas ramas son
hechos de la sonora y divina armonía
que puso en vuestro torno Publio Ovidio Nasón.

No hay religión o las hay todas por vosotros.
Las Américas rojas y las Asias distantes
llevan sus dioses en los tropeles de potros
o las rituales caminatas de elefantes.

Que buscando lo angosto de la eterna Esperanza,
nos ofrece el naciente de una inmediata aurora,
con lo que todo quiere y lo que nada alcanza,
que es la fe y la esperanza y lo que nada implora.

(Valldemosa, Mallorca, octubre 1913)
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19 febrero 2009

DIONISIO RIDRUEJO - A un pino

DIONISIO RIDRUEJO (Soria, 1912-1975)
A un pino

Pino esbelto y tranquilo,
soledad de la tarde,
tan concreto en la libre
desolación del aire,
tan alto cuando todo
se confunde y abate
y huye el sol a tu copa
tibio y agonizante.
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Cómo me fortalece
la paz de tu combate,
ascensión sin fatiga,
raíz honda y constante.
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Tu majestad envuelve
el cielo sin celaje
y en tu recio sosiego
la tierra se complace.
.
Mis ojos educados
en tu sediento mástil
ascienden y divisan
la soledad más ágil,
mientras sueña el silencio
sin astros y sin aves
como el solo decoro
de tu verde ramaje.
.
Pino esbelto y tranquilo,
tu soledad te guarde,
y consagre la mía
desunida y errante,
segada de su tierra,
extraña de su aire,
cuando aún es oro virgen
la cumbre de la tarde
y tú clamas e invocas
el tiempo de mi carne
y otro vuelo sin tiempo
que se sueña y se hace.
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18 febrero 2009

Mª PILAR LÓPEZ - Requien...

Mª PILAR LÓPEZ (Murcia)
Requien por un pino que tenía apellido


¿Cuántos años tenías?
¿O contabas por siglos tu singladura al cielo?
¿A qué altura pensabas dirigirte?
¡Qué risa te daríamos al vernos tan chiquitos,
tan a ras de la tierra!
¡Cuánto te habrás reído
de nuestras pretensiones de gigante!
Podías observarnos cuando apenas salíamos
de nuestros cuchitriles
y nos verías dar vueltas y más vueltas.
No podrías distinguirnos en aquel hormiguero.
¿Verdad que era distinto en tus años primeros?
Nada te costaría aprender de memoria
los nombres importantes.

Dirías: "¡Cómo mueren esos seres!"
Apenas tienen tiempo de respirar;
al contrario de mí, que soy eterno
y desconozco la muerte.
Ya ves, Pino Gómez, hasta tú, tan seguro,
tan arraigado, fuiste segado por la muerte.
Rugiste de dolor al partirse tu tronco.
No querías morir.
Y nosotros no pudimos evitar tu caída.
¡Teníamos los brazos tan pequeños!
Te habríamos librado de la furia del hacha,
pero no de ese golpe.
Te estaba destinada una tormenta
para que no te avergonzaras de tu muerte.
Tal vez el mismo rayo
cumpliría con pena su misión.
Fuiste siempre tan firme,
bonito y arrogante, Pino Gómez...


(Mil gracias a mis amigos de Cieza, Juanjo y Fina)

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