viernes, 27 de noviembre de 2015

El tejo de Fortingall, un cambio de sexo
Tejo de Fortingall, Escocia
En invierno es más fácil distinguir a los machos y a las hembras por la presencia de frutos rojos. Podríamos pensar que después de 5.000 años de existencia, ya es un poco tarde para hacer grandes cambios. Sin embargo, la longevidad no parece haber sido un impedimento para el Tejo de Fortingall –uno de los árboles más antiguos de Europa, que crece en un rincón de Escocia–, que hace pocos días sorprendió al público cambiando de sexo.
     "En los registros históricos, este árbol ha sido descrito como macho", le dice a BBC Mundo Max Coleman, del Jardín Botánico Real de Edimburgo, quien notó por primera vez el cambio.
     "Y es evidente que es macho porque por donde lo mires, verás que tiene partes reproductivas de macho, excepto en una pequeña zona en la corona en la que encontramos frutos", explicó el botánico.
Estructuras esféricas masculinas
     Muchas especies de árboles están compuestas por partes femeninas y masculinas. Pero los tejos son o machos o hembras.
     Los machos, como el de Fortingall, producen estructuras esféricas de un color verde amarillento que liberan polen, mientras que las hembras producen frutos rojos, como los que se observaron recientemente en este espécimen.
     Aunque el fenómeno se ha registrado en el pasado, Coleman explica que sigue siendo una ocurrencia muy rara. Por otra parte, los cambios suelen darse en una parte más amplia del árbol mientras que en el ejemplar escocés sólo se manifestó en una rama.

¿Estrés?

La transformación de macho a hembra se debe un cambio en el balance hormonal de la planta, que controla la producción de los órganos reproductivos.
¿Pero qué pudo haber impulsado este extraño comportamiento?  Coleman señala que es importante continuar observando al árbol."Esa es la gran pregunta que no aún no hemos podido responder", dice Coleman. Una posibilidad, sugiere el científico, es que el disparador haya sido el estrés ambiental, "como en el caso de que haya vivido una sequía o soportado temperaturas extremas”.
"Pero aquí no tenemos conocimiento de ninguna situación de estrés obvia", señala el botánico.

Descendientes milenarios

Otra hipótesis propone el cambio como un mecanismo de supervivencia.
     "Si el árbol estuviese aislado, sin otros tejos para reproducirse, la única manera de hacerlo sería produciendo de tanto en tanto partes del otro sexo para autopolinizarse y dar lugar a una nueva generación". Sin embargo, aclara el científico, este no ocurre con el Tejo de Fortingal, que está acompañado de otros tejos, uno de ellos hembra.
     No se sabe si el ejemplar volverá a su sexo original en el futuro ni tampoco es posible asegurar a ciencia cierta si no experimentó esta misma transformación en el pasado.
     "Pudo haber ocurrido, pero si se dio de una manera sutil como ahora, es muy posible que este detalle se haya pasado por alto. Habrá que seguir observándolo. Pero más allá de las razones del cambio y la sorpresa inicial que produjo, lo más importante es que gracias a esta transformación se pudieron obtener, por primera vez semillas de este árbol único y longevo. Estamos plantando las semillas ahora", asegura Coleman.
      Si germinan, el Tejo de Fortingall producirá sus primeros hijos identificables en miles de años. Las semillas también pasarán a formar parte de un ambicioso proyecto que busca conservar la diversidad genética de los tejos en el mundo.

Arilos, los frutos del tejo
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