4/22/2023

EDUARDO BARBA, en El País"
Entrevista a Stefano Mancuso, profesor y neurobiólogo: “Las plantas son más sensibles que nosotros a todo lo que las rodea”


La supuesta supremacía del ser humano como especie es un viejo cuento que debería resultar tan obsoleto como tantas otras historias rancias que se han desechado. Pero no. Se piensa que la humanidad es el culmen de la creación, como si se quisieran negar las evidencias de un mundo mucho más complejo y rico.
     Stefano Mancuso, profesor en la Universidad de Florencia y apasionado director del Laboratorio Internacional de Neurobiología Vegetal, además de escritor de varios libros de éxito sobre esta temática, aboga por repensar ese viejo axioma para que las plantas se ganen nuestro respeto y admiración de una vez por todas. Porque sin ellas no existiría nada.

PREGUNTA. Para usted, ¿qué es una planta?

RESPUESTA. No es fácil definirlo. Normalmente, cuando preguntas a un científico cuál es la principal característica de una planta, la define como algo sin movimiento, un organismo vivo capaz de realizar fotosíntesis. Y esto es verdad, pero prefiero definirlas en oposición a los animales. Miramos al mundo con nuestros ojos, con nuestra mirada de animales, y nos cuesta comprender a seres vivos tan distintos a nosotros como las plantas. Ellas son lentas, nosotros rápidos. Las plantas son depredadas, nosotros somos los depredadores. Pero la diferencia más importante para mí es que los animales son seres que tienen una organización en la que han concentrado funciones vitales en unos pocos órganos, y las plantas tienen una organización descentralizada, donde apreciamos una estructura modular y ninguna parte es del todo indispensable. Así, en pocas palabras, podríamos decir que somos como un yin-yang de la vida, pero con una diferencia: que todos los animales juntos representan el 0,3% de la biomasa, una irrelevante parte de la realidad. Por el contrario, el 87% de la biomasa está constituida por las plantas. Así que, si me preguntan por una definición en una sola frase, diría que son la vida de nuestro planeta.

P. ¿Hay un lugar para la humanidad sin ellas?

R. Es imposible imaginar la vida en nuestro planeta sin las plantas. Todos los animales son dependientes de las plantas y ellas no dependen de los animales. Si pudiéramos mirar a las plantas y a los animales con objetividad, no habría duda de que ellas son las auténticas reinas de nuestro planeta. Si desaparecieran mañana, todo el mundo sabe que habría un problema con la comida. En unos pocos meses no habría más alimento en el planeta. Pero una característica principal de las plantas, y una de las menos comprendidas, es que son capaces de fijar el dióxido de carbono. Así que, si las plantas murieran mañana y liberaran todo el CO₂ a la atmósfera, el calentamiento global subiría a niveles que, según modelos, sería incompatible con el estado líquido del agua. Esta comenzaría a hervir y el planeta quedaría esterilizado por completo, como Marte o Venus. De nuevo, vemos que son el motor de la vida en nuestro planeta.

P. Un motor inteligente, por lo que nos enseñan con su comportamiento.

R. Normalmente pensamos que somos los únicos seres inteligentes en el planeta, o quizás no solo nosotros, pero solo unos pocos animales muy cercanos a nosotros y nada más. Creo que esto es una manera muy ridícula de mirar el mundo. Absurda y también presuntuosa. Si pudiéramos decir que la inteligencia está ligada a poseer un cerebro, entonces solo un 0,3% de las formas vivas tienen cerebro. Así que, si la inteligencia depende de la posesión de un cerebro, decimos que el 99,7% de la vida es estúpida, una especie de máquina mecánica. Para mí, como biólogo e investigador, esto es algo imposible de imaginar. Cada organismo viviente necesita resolver problemas. La inteligencia es la capacidad para resolver problemas. Incluso una bacteria o un virus necesitan resolver problemas, es imposible que no lo hagan, o se habrían extinguido inmediatamente.

P. ¿Y cómo es esa inteligencia vegetal?

R. Las plantas son tan increíblemente distintas a nosotros… Se mueven y actúan en una escala temporal muy diferente a la nuestra… Pero no hay duda de que son inteligentes. De hecho, muchas veces digo que son más inteligentes que los humanos. Con ello no quiero provocar a nadie, es una verdad desde un punto de vista biológico. Nosotros los animales utilizamos el movimiento como nuestra principal respuesta al entorno. Para nosotros, el movimiento lo es todo. Para un animal es imposible imaginar encontrar comida sin ese movimiento o escapar de un depredador. Pero los animales no resuelven los problemas, más bien los evitan. En el caso de las plantas, esto no es posible, necesita resolver el problema.

P. ¿Las plantas tienen consciencia de sí mismas?

R. No sabemos qué es la consciencia exactamente, incluso para los humanos. Es muy difícil. Lo único que podemos decir es si se es consciente de uno mismo, pero ya no se puede saber de la consciencia de la otra persona que tenemos enfrente. Para mí, es la habilidad para vivir. Podemos imaginarla como la habilidad para detectarte a ti mismo en relación con el medio en el que vivimos. Así, las plantas son extremadamente sensibles al medio en el que viven, porque son más sensibles que nosotros a todo lo que las rodea. Ese es el problema que tenemos a la hora de juzgar a las plantas: son muy diferentes a nosotros. Pero por supuesto que son conscientes de sí mismas.

P. ¿Qué son capaces de analizar las plantas de su entorno?

R. Esto habla sobre sensibilidad y los sentidos de las plantas. Como no pueden huir, necesitan sentir cada pequeño cambio para adaptar su fisiología a lo que va a ocurrir, por eso son increíblemente sensibles a cosas para las que nosotros somos completamente ciegos, como los gradientes químicos o los campos electromagnéticos. También son capaces de detectar sonidos, como una determinada frecuencia de unos 200 hercios, que es muy importante para las plantas. Cuando producimos esa frecuencia con un altavoz, todas las raíces crecen hacia el origen de ese sonido: es el mismo sonido del fluir del agua. Es por eso por lo que las plantas se sienten atraídas por las tuberías subterráneas, porque sienten el sonido del agua corriendo.

P. ¿Deberíamos cambiar nuestra ética a la hora de tratar a las plantas?

R. Sí, tenemos que cambiar nuestra posición a la hora de comparar a todos los organismos vivos. Pensamos que nosotros, los humanos, somos los más bellos, que no hay nada como nosotros porque tenemos un gran cerebro que nos permite hacer cosas que los demás seres vivos no pueden. Si preguntamos a un millón de personas no encontrarás a nadie que diga que no somos mejores que una vaca o un manzano. Sentimos que somos mejores, profundamente convencidos de que somos mejores. Y eso es un error increíble. Porque, primero, ¿qué significa ser mejor? Eso es una idea humana. Se mesura todo: si corres esa distancia más rápido, eres mejor. Pero, en la vida, ¿qué significa ser mejor? El objetivo real de la vida, de cualquier organismo, es sobrevivir. Y las plantas llevan viviendo muchos más años que nosotros sobre la faz de la Tierra, así que tenemos mucho que aprender, no que enseñar. Deberíamos tener una actitud más respetuosa y humilde con los otros seres vivos.

P. ¿Y qué se le podría enseñar a un niño para que se quedara fascinado el resto de su vida por las plantas y las respetara?

R. Lo primero, cada niño está más interesado en las plantas de lo que pensamos habitualmente. Si les contamos lo que ocurre en un jardín, cualquier niño se quedará muy interesado por la vida asombrosa de ese jardín. Debemos ser capaces de transmitir que las plantas son seres vivos, y, desde ese punto de vista, cuidar de ellas. Siempre recomiendo hacer un experimento muy sencillo: coger dos macetas idénticas y sembrar una judía en cada una, proporcionándoles la misma cantidad de agua, de luz… manteniendo una maceta al lado de la otra. Una vez que germinen, y durante solo 30 segundos cada día, tocamos muy delicadamente a una de las plantas, pero no a la otra, y observamos lo que ocurre. Después de dos semanas, veremos que la planta que está siendo tocada es más pequeña que la otra, porque no les gusta ser tocadas (ríe), sienten ese tacto como una especie de agresión de un predador. Otro experimento, menos científico, es coger a una de ellas y decirle cosas bonitas y adorables durante un minuto, y a la otra solo cosas feas. Lo hicimos en el laboratorio, y cada una cambió su forma de crecer. No es por algo fantástico o esotérico. Es solo porque son muy sensibles, y sienten si somos un animal bueno o malo para ellas. Así de sencillo.


Lo hemos leído aquí
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4/19/2023

ARMAND PAZ RICO y VERITASIUM, en Facebook
¿Cómo hacen los árboles para elevar el agua hasta la copa? 

Físicamente es imposible aspirar el agua a más de 10 m. Además para impulsarla a decenas de metros haría falta una energía enorme. Cómo lo hacen los árboles???
Suben agua con minerales disueltos hasta 100 m de altura. No es impulsada por las raíces ni aspirada por las hojas; harían falta fuerzas descomunales para hacerlo. 
     Usan tres trucos, de dos físicos hablan todos los libros: capilaridad y evapotranspiración, en un “copia y pega” sin fin. Aunque la fuerte adhesión y cohesión del agua sean importantes hay sin embargo un tercero que no suele citarse pero sin él nada funcionaría: los vasos de trasporte hacia arriba de un árbol SIEMPRE están llenos. Lo hacen desde que la semilla se hincha, se hidrata y germina. Cada capa nueva de células que crece encima se hidrata con la anterior, son las células más activas y van halando por EVAPORACIÓN, pero SÓLO el agua de las células inmediatas de abajo (unas milimicras) y movida por esa evaporación; lo hacen especialmente bien las hojas anchas.
     Esa acción funciona como una bomba aspirante pero de muy BAJA potencia, solo tiene fuerza para mover el agua cercana. Afortunadamente toda la columna de vasos, desde la raíz esta llena. Lo hizo poco a poco desde que germinó la semilla. Esos vasos conductores se hidratan con facilidad por efecto de la CAPILARIDAD, que es un MECANISMO SECUNDARIO, apenas puede subir el agua unos mm…. aunque muchos libros le den toda la importancia. El impulso total llamado POTENCIAL HÍDRICO es resultado del equilibrio entre fuerzas de capilaridad, ósmosis, gravedad y evapotranspiración (influenciados además de temperatura y humedad en el aire y el suelo) desde las hojas hasta las raíces.
     El trasporte de vuelta hacia las raíces, es más fácil, va a favor de la gravedad y del gradiente de concentración de azúcar.
     La integridad de esa columna de agua es vital, si falla los árboles sufren embolias (como los humanos). En este caso, el transporte del agua a través de los vasos de xilema se interrumpe en algún punto. Lo hace por sequía o exceso de temperatura. En ese caso los vasos cavitan (burbujean con aire) y se pueden oír desde el tronco con un estetoscopio (o con un vaso junto a la oreja) Las embolias menores (en días calurosos) se pueden reparar por capilaridad de noche si refresca (aprox. por debajo de 20ºC) Los árboles tropicales están en general más preparados para soportar este problema, especialmente las palmeras que evolucionaron (200 millones de años más tarde) para mejorar con un tronco fibroso, los problemas de hidratación de los troncos leñosos, que solo son funcionales en su periferia.
Esas embolias las llamamos “falta de agua”, se manifiestan de menor a mayor grado así: hojas arrugadas, puntas de las hojas necrosadas, puntas secas de las ramas, ramas secas enteras; finalmente, muerte del árbol.


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4/16/2023

De Fénix Canarias
Los dragos de La Palma, Canarias

Cuando Diego Rodríguez Talavera llegó a la isla de La Palma en 1494 y desembarcó en el fondeadero al que hoy da nombre, llegó a un paraje con exuberante vegetación en la que destacaba una especie en particular, los dragos.
     Textos de la época describen así el paraje de La Punta de los Dragos, en La Palma:
«…se alineaban como gigantes centinelas a las orillas del mar, alzando sus brazos de titanes sobre los acantilados de la Isla…».
     Una vez la isla había sido conquistada y comenzaron las relaciones comerciales, se intensificó la explotación de sangre de drago con la consecuente afección de patógenos que fueron diezmando las poblaciones.
     Como ocurrió en el resto de las islas, a finales del siglo XVI, la mayoría de los grandes dragos habían sido sangrados hasta la saciedad, salvándose sólo aquellos más pequeños y en zonas muy inaccesibles.
     Hoy en día, en la isla de La Palma, aún se pueden observar algunos vestigios de esta exuberante vegetación en Las Paredes y La Tosca (Barlovento), los Dragos Gemelos de Breña Alta, Las Tricias y Buracas (Garafía) o entre El Roque y el pueblo de Puntagorda.
     Ciertas agrupaciones de dragos como los de Buracas o La Tosca, son auténticos dragonales con formas caprichosas, que confieren al paisaje un atractivo especial.
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4/13/2023

Takahashi en Hyogo, el cronista de Japón (092)

TAKAHASHI HIROSHI (1960, Japón)
El Gran Karsura de Wachi (prefectura de Hyogo)

Especie: Katsura (Cercidiphyllum japonicum), familia Cercidiphyllaceae, género Cercidiphyllum
Dirección: Wachi 709, Muraoka-ku, Kami-chō, Mikata-gun, Hyōgo-ken 667-1347
Perímetro del tronco: 15,35 m.
Altura: 39 m.
Edad: 1.000 años
Designado Monumento Natural Prefectural
Tamañon ★★★★     Vigor ★★★         Porte ★★★★
Calidad del ramaje ★★            Majestuosidad ★★★★

     Se trata de otro ejemplar gigante de katsura, pero esta vez de sexo femenino, que se encuentra en el Jardín Botánico de la Meseta de Tajima, en Kami, un municipio de la zona norte de la prefectura de Hyōgo. El Gran Katsura de Wachi es el símbolo del jardín botánico y se dice que la propia razón de ser del jardín es proteger este ejemplar y las fuentes de agua de la zona. Quien lo vea por primera vez, oculto en el bosque de la parte más profunda del jardín, se sorprenderá del lugar en el que se alza. Algo más arriba se encuentra el nacedero de un arroyo de apenas un metro de anchura, pero con un caudal diario de 5.000 toneladas de agua, que corre a los pies del árbol y sirve de manantial principal al río Takasakagawa. Muchos katsura crecen a orillas de un río, pero este gigantón lo hace literalmente a horcajadas sobre él, algo que es mucho más insólito. Por mucho que uno trate de imaginar qué serie de hechos ha conducido a esto, no halla la respuesta. Es cierto que el katsura es una especie amante de las vías fluviales, pero una comunión tan perfecta como esta no es nada fácil de encontrar, por lo que este ejemplar constituye un caso verdaderamente raro incluso a nivel nacional. Siempre en contacto con el agua, la zona inferior del árbol está cubierta de un aterciopelado manto de musgo de intenso color verde que parece proporcionar confort a este árbol tan aficionado a la humedad.
     El tronco principal original ya no existe y muchos de los secundarios que lo rodeaban también han desaparecido, pese a lo cual el ejemplar ha desarrollado una notable altura y sigue mostrando una gran pujanza. El camino de tablas de madera que conduce hasta el árbol termina en un bebedero donde se puede degustar el “agua milenaria del katsura”, que ha sido incluida en la selección de las cien mejores aguas del país por el Ministerio del Medio Ambiente.
     Visité el lugar comenzado ya el deshielo, justo antes de que el árbol despertase del letargo invernal y abriese sus yemas. El sol brillaba en lo alto y hacía llegar su luz a través del filtro del follaje de los árboles. Al arrullo del manantial, pasé unos momentos de lujo en compañía de este árbol gigante.
     La zona norte de la prefectura de Hyōgo alberga una nutrida colonia de katsura y es una verdadera mina de katsura gigantes. En la estación de los brotes, podemos echar a andar y visitar algunos otros ejemplares de interés. Quedaremos cautivados por la no siempre reconocida belleza de sus flores.


Nº 092

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