domingo, 10 de junio de 2012

GEORGE SAND (Francia 1804-1876) 
Un invierno en Mallorca 
Tercera parte – cap. V 
Traducción de Enrique Azcoaga 

(…) No se pueden dar dos pasos en esta isla encantada sin tener que detenerse en cada ángulo del camino ante una cisterna árabe sombreada por palmeras, ante una cruz de piedra, delicada obra del siglo XV, o al borde de un bosque de olivos. Nada iguala el aspecto y lo sorprendente de las formas de estos antiguos bienhechores de Mallorca. Los mallorquines hacen remontar la plantación más reciente al tiempo en que la isla fue ocupada por los romanos. (…) Al ver el aspecto impresionante, la espesura desmesurada y las actitudes furibundas de estos árboles misteriosos, mi imaginación los aceptó gustosa como contemporáneos de Aníbal. Cuando uno se pasea, por la tarde, a su sombra es necesario darse cuenta que son árboles, pues si da crédito a los ojos y a la imaginación queda aterrado en medio de estos monstruos fantásticos; unos, encorvándose hacia vosotros como dragones enormes, con la boca abierta y las alas desplegadas; otros, enrollándose sobre sí mismos como boas adormecidas; otros, abrazándose con furor como luchadores fenomenales. Una veces nos encontramos con un centauro a galope, llevando sobre su grupa no sé qué horrible mono; otras, un reptil desconocido que devora a una cierva jadeante; un poco más lejos, un sátiro que baila con un macho cabrío menos feo que él, y a menudo un árbol solitario, resquebrajado, nudoso, torcido, giboso, equivalente a un grupo de diez árboles distintos, que representa todos estos diversos monstruos para reunirse en una sola cabeza, horrible como la de los fetiches indostánicos y coronada con una sola rama verde como una cimera(...)

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