lunes, 19 de diciembre de 2011

CARMEN CONDE (Cartagena, 1907-1996)
De Devorante arcilla, 1962


Se dice árbol, y no es.
Se dice árbol despojándose de hojas doradas y bellísimas,
y tampoco es.
Se diría, gritándolo: ¡Es el otoño en los jardines,
en los bosques amarillos y verdes,
en los quietos estanques, en los arroyos, en la cordillera...!
Y no. No. Tampoco es.

¿Cómo se diría, para decirlo, esto que se ve
en mitad del mundo de octubre?

¿Qué suma de palabras únicas, recién nacidas,
haría posible que ese árbol
con su lluvia de oro viejo cabe el tronco, mientras la cima
es verde aún, alegre, bulliciosa,
fuera el árbol único también, el inesperado
árbol recién revelado a las criaturas
que no saben gritar la hermosura sin márgenes?

Árbol, otoño, lluvia de hojas... ¡Oh, no!
No es eso. No es así.
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