viernes, 26 de diciembre de 2008

EL ESPÍRITU DEL ÁRBOL
Cuento africano

     Había una vez una muchacha cuya madre había muerto y tenía una madrastra que era muy cruel con ella. Un día en que la muchacha estaba llorando junto a la tumba de su madre, vio que de la tumba salía un tallo. Éste creció hasta hacerse un arbolillo y pronto un gran árbol. El viento, que movía sus hojas, le susurró a la muchacha que su madre estaba muy cerca y que debía comer las frutas del árbol. La muchacha así lo hizo y comprobó que las frutas eran muy sabrosas y que le hacían sentirse mucho mejor. A partir de entonces, todos los días iba a la tumba de su madre y comía de los frutos del árbol que allí había crecido.
     Pero un día, su madrastra, le vio y pidió a su marido que talara el árbol. El marido lo taló y la muchacha lloró durante mucho tiempo junto al árbol talado, hasta que un día, entre las hojas muertas, vio que algo crecía. Creció y creció hasta convertirse en una hermosa calabaza. Había un agujero en ella del que manaban gotas de jugo. La muchacha probó las gotas y las encontró muy sabrosas. Pero de nuevo su madrastra se enteró y una noche oscura, cortó la calabaza y la arrojó lejos. Al día siguiente, la muchacha vio que la calabaza no estaba, y lloró y lloró hasta que de pronto, oyó el rumor de un riachuelo que le decía "Bébeme, bébeme". Ella bebió y comprobó que era muy refrescante. Pero un día, la madrastra lo vio y pidió al marido que cubriera el arroyo con tierra. Cuando la muchacha regresó a la tumba, vio que ya no estaba el el riachuelo y ella lloró y lloró.
     Llevaba mucho tiempo llorando, cuando un joven cazador salió del bosque, vio a la hermosa muchacha sentada en el árbol muerto y pensó que era justo lo que él necesitaba, una mujer y un árbol para fabricarse un nuevo arco y flechas. Habló con la muchacha quien le dijo que el árbol había crecido en la tumba de su madre. La pareja se gustó mucho y, después de charlar, el cazador fue a hablar con su padre para pedirle permiso para casarse con ella.
     El padre consintió a condición de que el cazador matara una docena de búfalos para la fiesta de la boda. El cazador nunca había matado más de un búfalo de una sola vez. Pero esta vez, tomando su nuevo arco y flechas, se dirigió al bosque. Pronto vio una manada de búfalos que descansan a la sombra. Cogiendo una de sus nuevas flechas disparó y un búfalo cayó muerto. Luego cayó un segundo búfalo, un tercero, y así hasta doce. El cazador regresó a decirle al padre que mandara hombres para llevar la carne para la fiesta de la aldea.
     La aldea nunca había conocido una fiesta tan grande. La muchacha adivinó que todo lo había preparado su madre.

---Fin---

No hay comentarios: