05 mayo 2026

Lanzarote (1 de 4)

MICHAEL VALDIVIA
Desde el drago de La Florida hasta la higuera de Tremesana: las historias tras los árboles de Lanzarote
 

En un inventario llevado a cabo por la Reserva de la Biosfera se recogen diferentes ejemplares con siglos de vida que reflejan la historia y el patrimonio a través de relatos y memorias de las familias lanzaroteñas

Drago de La Florida. Foto: Cedida

Se sabe de sobra que Lanzarote no es una isla que cuente con bosques, aunque sí con una gran biodiversidad. Sin embargo, en cada municipio hay unos determinados árboles singulares que fueron plantados por los lanzaroteños hace siglos y que suponen un legado histórico, patrimonial y natural incalculable. Por ello, la Reserva de la Biosfera ha llevado a cabo un estudio preliminar sobre los ejemplares más significativos con el objetivo de crear un inventario en el que se refleja su estado, localización y observaciones.

Este inventario también sirve como una forma de rescatar relatos y memorias que los vinculan con la pertenencia a una isla en tiempos distintos, ya que muchos de estos ejemplares tienen más de un siglo de vida o características especiales, como el drago de La Florida o la higuera de Tremesana, en Timanfaya.

Según cuenta Rafael Paredes, biólogo del Gabinete de Estudios Ambientales (GEA) encargado de llevar acabo este inventario, el fin era "localizar árboles en el entorno que tiene un valor que trasciende y nos afecta a todos, que forman parte de nuestra identidad y patrimonio", todo ello a pesar de que estos ejemplares estuvieran o no en propiedades privadas.

Elaboración del inventario

El primer paso de este proyecto ha sido analizar información documental como archivos en los que aparecen árboles ya registrados como la higuera de Tremesana, "uno de los cien árboles importantes a nivel macaronésico". 

"Lo que hicimos es valorar qué información documental hay, como por ejemplo en el Parque Nacional de Timanfaya, donde se ha hecho un análisis de los frutales que hay en el parque y originalmente se cree que llegó a haber alrededor de 5.000, pero de esos quedan aproximadamente unos 1.700, la mayoría centenarios que se plantaron después de las erupciones por diferentes familias y que tienen nombres y apellidos", explica Paredes.

Por otro lado, el proceso de elaboración se centró también en el análisis territorial, es decir, en observar los diferentes ejemplares que hay a lo largo y ancho de la isla. Por último, otro de los puntos fue la prospección social. "Nos dimos cuenta de que la mayoría de los ejemplares eran silvestres, como higueras o almácigos... de esta especie última hay uno en Tías que tiene una copa de más de 40 metros", afirma.

Sin embargo, el biólogo cuenta que estos árboles no germinaron solos, sino que alguien los plantó. "La mayoría son frutales como higueras, almendreros, olivos o moreras, y la mayoría guarda relación con la gente", apunta. Fue aquí cuando Rafael Paredes propuso a sus colaboradoras, la geógrafa Famara Guadalupe, y la oceanógrafa Gara Goñi, orientar el trabajo en buscar a personas y averiguar qué contaban sobre estos árboles. "Reconocimos que la importancia estaba en la vinculación con la gente", continúa.

Algunos de estos árboles singulares son "institucionales", o lo que es lo mismo, que no fueron plantados por particulares, sino por las administraciones. Algunos ejemplos son el ombú (Phytolacca dioica) que está frente a la ermita de Yaiza, el drago (Dracaena draco) de La Florida o los ficus de la plaza de Haría.

Uno de los árboles que debería haber aparecido en este inventario por su singularidad fue la palmera inclinada de Masdache, la cual fue talada por unos vándalos en octubre de 2022. Este árbol se hizo muy popular en redes sociales, algo que provocó una gran fama y su trágico final.

Higuera de Tremesana. Foto: Rafael Paredes

La higuera de Tremesana la contaremos en una entrada posterior

Las moreras

Otra de las historias que nacen de árboles tan populares como lo son las moreras (o morales) y que reflejan la importancia de estos es la que Agustín Jordán Romero, carpintero de ribera. En un texto titulado El moral y yo, detalla el significado que tuvo en su vida este árbol desde niño. "Cuando lo descubrí de chinijo se convirtió en mi árbol preferido de mi infancia y con los años se convertiría en el árbol de la felicidad", comienza.

"En verano, en cuanto llegaba el tiempo de la mora, allá íbamos. Mis abuelos vivían en el pueblo de Haría. Cerca de su casa había dos morales, uno en una finca como a unos cien metros de casa de mi abuela y otro, nuestro preferido, estaba justo enfrente de casa de mi abuela. Estaba en una finca vallada, el moral era de un señor llamado Benito  y nosotros éramos amigos del menor de sus hijos, Juan Salvador", prosigue.

"Cuando salía de casa para ir al moral el corazón no me cabía en el pecho, era todo emoción. Allá íbamos mis hermanos Isidro, Alicia y yo. Recuerdo a mi hermano colgado en una rama, mi hermana en otra y yo dando vueltas en círculos de las ramas bajas, con la cara, manos y todo lo que se pudiera manchar de color morado casi rojo. Íbamos con un cacharro para llevar moras para casa, a la tardecita y cogíamos hasta que oscurecía... volvíamos felices a casa", recuerda.

"Si le tuviera que cambiar el nombre al moral le pondría el árbol de la felicidad", afirma. "El tiempo pasó, crecí y por casualidades de la vida me volví a topar con el moral. Me hice carpintero de ribera y la madera de moral es muy buena para hacer cuadernas, rodas y demás piezas de los barcos. La madera restante se usa para las partes curvas y gruesas en carpintería y las partes rectas para hacer instrumentos como chácaras o timples", cuenta.

"El moral no solo es el árbol de la felicidad, sino también el de la generosidad. Hace unos años planté un moral en mi huerto, ya tiene tres años y ha crecido mucho en este tiempo. Este verano dio su primera cosecha y cada vez que lo miro vuelvo a mi infancia", finaliza.

Una conservación y difusión que pasa por los colegios

En palabras de Paredes, este listado provisional debería pasar a ser uno definitivo y su difusión debería pasar por los centros educativos de todos los municipios. "Deberíamos ir a cada municipio a hablar con los mayores y a los colegios para que los niños hablen con sus padres o abuelos e intentar recuperar esa identidad que se establece entre el árbol y la gente e, incluso, reconstruir esas identidades que se han perdido", argumenta. 

"Los árboles singulares de Lanzarote en esta isla tienen la enorme facultad de estar muy vinculados con la gente. A medida en que se han ido abandonando muchos de ellos, mueren porque cumplen su ciclo biológico... los frutales pueden ser eternos si les das el tratamiento adecuado, pero si no es así, desaparecen. Con la nueva sociedad, a través de colegios o asociaciones, se puede recuperar la Lanzarote que soñó César Manrique", concluye. 

  

 Lo hemos leído aquí

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02 mayo 2026

El Pino Macareno en el recuerdo

PACO SANZ VALENTÍN 
Al pino Macareno

de "Monumental Trees"

Peñafiel tiene tres cosas
que no hay en el mundo entero.
Una es la plaza del Coso,
otra, el castillo-museo,
y la tercera, señores,
es el Pino Macareno

Esta copla que regía
desde el año mil seiscientos
van a tener que cambiarla
en la revisión de enero.
Y es que el pino, el pobre pino,
ayer mismo se fue al cielo
tras una vejez plagada
de maltratos y desprecios.

Creció en terreno propicio,
sobrado de agua y de suelo,
bebiendo del Duratón,
y llegó a ser tal portento,
que tres hombres de buen brazo
no lo abarcaban completo.
Con treinta metros de altura,
durante siglos enteros
fue lo más alto que había
en todo el valle del Duero.

A pesar de su tamaño,
era un pino bien discreto,
tan elegante y hermoso
si lo veías de lejos,
que hasta que no te acercabas
no apreciabas sus talentos.
No creo que haya en España
otro pino piñonero
con esa combinación
de tamaño y porte regio.

Pino fiel, con quien no hubo
cortesía y miramientos.
En vez de darle la holgura
a que tenía derecho,
un espacio amplio y acorde
donde disfrutar del tiempo,
le dio Peñafiel la espalda
como un hijo sin afecto.
Lo encerraron entre casas,
entre cemento, entre hierros.
No mereció tal desdén
el pobre de Macareno,
ni es extraño que muriera
al ver tanto menosprecio.

Pero tranquilos, amigos,
que puede tener arreglo.
Hay que sembrar un piñón
y dejar que corra el tiempo.
Tendremos un pino igual
en el dos mil cuatrocientos. 

Foto: PACO SANZ VALENTÍN 

de "wordpress.com"
2013, foto aquí

Se localizaba en Peñafiel, en la C/ del Pino Macareno. Por su altura era visible desde el cruce con la N-122. Tenía un tronco cilíndrico y recto, de 4,7m de circunferencia era muy esbelto. Su copa que alcanzaba los 29 m. había sido reducida cuando cayó una de sus ramas principales a consecuencia de un ataque de terminas. Tenía unos 220 años y había sido catalogado como singular. El viento derribó su copa el día 21 de diciembre de 2019. Hoy sólo queda una parte del tronco que, imagino, lo habrán anclado al suelo.

"Macareno": Coloquialmente se usa para describir a alguien apuesto, majo, valiente o, a veces, fanfarrón (baladrón). También puede referirse a una tonalidad de marrón claro. Es un término que define principalmente al vecino o perteneciente al barrio de la Macarena en Sevilla. 

Adecuación del espacio como parque, Foto aquí
Información: 
https://www.elnortedecastilla.es/valladolid/201406/01/penafiel-dara-relieve-pino-20140601175406.html#:~:text=Pe%C3%B1afiel%20dar%C3%A1%20m%C3%A1s%20relieve%20al%
20Pino%20Macareno,Pino%20Macareno%2C%20con%20las%20obras%20reci%C3%A9n%20empezadas.
https://valladolidenbici.wordpress.com/author/piscatorem/
https://www.monumentaltrees.com/es/esp/castillayleon/penafiel/30527_pinomacareno/
https://valladolidenbici.wordpress.com/2020/04/21/pino-macareno/
https://www.elnortedecastilla.es/valladolid/provincia/fuerte-viento-derriba-20191221172839-nt.html 
https://www.sdlmedioambiente.com/Edadarbol/valladolid.html

21 de diciembre 2019, "El Norte de Castilla"
21 de diciembre 2019, "El Norte de Castilla"
de "VENERABLES ÁRBOLES", febrero 2026
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29 abril 2026

CÉSAR-JAVIER PALACIOS, en Crónica Verde
Así es el árbol más viejo y desconocido de Francia


En lo alto de un sendero tranquilo de la Costa Azul francesa, asomado a un paisaje que directamente se hunde en la inmensidad del Mediterráneo, vive en silencio uno de los grandes tesoros naturales de Europa, un olivo de más de 2000 años que pasa desapercibido para muchos turistas en una de las zonas más turísticas del mundo. Se encuentra en Roquebrune-Cap-Martin, un pequeño pueblo medieval colgado sobre el mar entre Mónaco y Menton, en un antiguo camino romano que aún guarda muchos secretos. Este árbol no es solo viejo. Es inmenso, monumental. Un testigo milenario del paso del tiempo.

Testigo vivo de la historia
     El olivo se encuentra cerca de lo que fue la vía Julia Augusta, la antigua calzada romana que unía la región de Liguria, en Italia, con la Galia, en lo que hoy es el sur de Francia. La leyenda —y probablemente también la lógica agrícola del Imperio Romano— dice que fueron ellos quienes lo plantaron hace unos 2000 años, como parte de su estrategia de expansión del cultivo del olivo en todo el Mediterráneo occidental.
     Desde entonces, este árbol ha visto pasar generaciones, imperios y civilizaciones. Sobrevivió a invasiones, guerras, sequías, construcciones y destrucciones. A principios del siglo XX , el historiador y ministro Gabriel Hanotaux lo salvó comprando el terreno a sus propietarios que querían talarlo y luego donarlo al Ayuntamiento. ¡Menos mal!
     Y ahí sigue, sereno y sólido, con un tronco que parece un muro de piedra consumido por el tiempo y unas ramas que aún dan frutos: pequeñas aceitunas de la variedad local “pichoulina”, casi desaparecida.

El tronco del gran olivo francés tiene más de 23 metros de circunferencia César-Javier Palacios

Una catedral vegetal
     El árbol, de 23,50 metros de circunferencia y 15 metros de altura, es una escultura viviente de tronco retorcido, agrietado, lleno de huecos y cavidades donde se refugian insectos, aves y pequeños reptiles. Algunos visitantes lo describen como “una catedral vegetal”, por su forma imponente y su atmósfera de reverencia.
     Este olivo es de la especie Olea europaea, común en la cuenca mediterránea, pero pocos ejemplares alcanzan esta longevidad. Es, junto con algunos olivos en España, Italia y Grecia, uno de los más antiguos que siguen vivos en el mundo.

Entre la sencillez agrícola y el lujo más inalcanzable
     El entorno en el que se encuentra este olivo resulta también notable. Roquebrune-Cap-Martin fue, durante siglos, un lugar de paso discreto y tranquilo, profundamente agrícola. Pero desde finales del siglo XIX se convirtió en refugio de artistas, intelectuales y personajes célebres que buscaban calma y belleza lejos del bullicio de la Costa Azul más turística.
     A pocos metros del árbol está la villa “La Pausa”, que perteneció a Coco Chanel. Allí recibía a sus amistades en busca de inspiración y descanso. También el arquitecto Le Corbusier diseñó aquí su famoso “Cabanon”, una construcción mínima que es hoy Patrimonio Mundial de la Humanidad. También tuvo su estudio junto a la cercana capilla el escultor Auguste Rodin. Winston Churchill, según se cuenta, disfrutaba especialmente de estos paisajes a los que dedicó muchas pinturas porque —decía— aquí nadie le reconocía.
     Incluso la emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III, eligió este lugar para pasar temporadas de descanso, encandilada por la misma calma que todavía hoy se respira entre sus colinas y olivos.

Vista del pueblo medieval de Roquebrune-Cap-Martin, donde crece el árbol más viejo de Francia. Wikimedia Commons

Un árbol que parece muchos árboles
     Quien se acerca al olivo milenario suele quedarse asombrado y en silencio. Su tronco, dividido en varias secciones por el tiempo, da la impresión de ser tres o cuatro árboles distintos. Pero no: es un solo individuo, una unidad vegetal que ha crecido, se ha regenerado, se ha torcido y adaptado durante siglos. Se ha convertido en un muro, uno de tantos hechos con piedra seca que separan las fincas.
     No te cansas de recorrer sus huecos, explorando sus mil y un recovecos. Porque caminar a su alrededor es como explorar una escultura viva, una arquitectura orgánica que parece diseñada por un artista de otro tiempo.
     Aunque sus aceitunas ya no son las de antes, aún sigue dando frutos. Son pequeñas, negras, y mantienen el nombre de la variedad: pichoulina. Un tipo de aceituna muy local, hoy casi extinta, que aún sobrevive en este rincón, hermoso hasta decir basta.

Mirando a Mónaco
     Desde su ubicación, en una ladera que se asoma al mar, el olivo “ve” cada día la Roca de Mónaco, donde se alza el famoso palacio de los Grimaldi, mientras juega con los reflejos de las aguas azules que bañan las costas de la Provenza y Liguria.
     Si uno se gira hacia el otro lado, ve las montañas que marcan el final de los Alpes franceses, cuyas cumbres permanecen nevadas durante meses. Es un lugar de contrastes: el mar y la montaña, lo antiguo y lo moderno, el lujo de Mónaco y la humildad silenciosa de este árbol ancestral.
     Imposible imaginar cómo sería este lugar hace 2000 años: sin coches, sin casas lujosas, sin rascacielos. Tan solo colinas cubiertas de vegetación mediterránea, caminos de tierra y, quizás, un viajero romano plantando un olivo para el futuro. Este olivo.

Una joya que muy pocos conocen
     A pesar de su importancia, este árbol no es tan conocido como otros árboles monumentales de Europa. No hay colas para verlo, ni taquillas, ni folletos en todos los idiomas. Solo un pequeño cartel lo señala como “árbol monumental de Francia”. Nada más. Y nada menos.
     Sin duda es parte de su encanto. Un espacio sin selfies, sin ruido. Un sitio donde todavía se puede sentir el paso del tiempo de verdad, sin filtros ni expectativas vacuas.
     Frente a ese olivo, uno siente que todo lo demás —el tráfico, las prisas, los móviles, el estrés— queda suspendido. Solo importa el momento presente. Y la historia que late, silenciosa, en el interior de un tronco milenario.

Cómo visitarlo: Datos prácticos
     Dónde está: Roquebrune-Cap-Martin, Alpes Marítimos, Francia. A unos 30 minutos de Niza, muy cerca de Mónaco.
     Cómo llegar: Desde la estación de tren, sube al casco antiguo por el camino que lleva a la capilla de La Pausa. El olivo está en un sendero señalizado muy cerca del pueblo.
     Mejor época para visitarlo: Primavera y otoño, cuando hay menos turistas y el clima es más suave.
     Acceso: Gratuito y libre durante todo el año.


Lo hemos leído aquí 

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27 abril 2026

Chirimoyas, del narrador de historias

TOMÁS CASAL PITA
Chirimoyas

Las chirimoyas son las frutas del género Annona, originarias de zonas tropicales y de las cuales se cultivan industrialmente siete y un híbrido. Su valor nutritivo se debe al alto contenido de azúcares (hasta el 20 %) y el de proteínas (hasta el 2 %) superior al de muchas otras frutas, además de vitaminas del grupo B y minerales. Pese a su origen tropical, en España (se trajo entre los siglos XVI y XVII) se cultiva en las provincias de Málaga y Granada, donde tiene Denominación de Origen Protegida desde 2002. Incluso aquí, al norte de Galicia, he podido encontrar chirimoyos con fruta, lo cual es señal de su buena adaptación. 

      Pero pasadas estas notas de presentación lo que quiero mostrar es (casi con toda probabilidad) para todos una novedad. Se trata de la chirimoya naranja de Bahía (Annona spinescens) que fue citada por primera vez en 1841, cuando la otra chirimoya llevaba décadas en España. Se trata de un arbusto o pequeño árbol que raramente llega a los 6 metros de altura, de ramas espinosas y hojas elípticas, flores blancas y frutos de color naranja y con semillas negras. Natural de Brasil, Argentina, Brasil y Paraguay, donde está muy diseminada pero tiene escasos ejemplares (su situación está considerada como “vulnerable” en Brasil), con el agravante de que sus áreas naturales son también aquellas más demandadas y utilizadas por los humanos. Sólo en el último decenio ha empezado a cultivarse en jardines botánicos, donde es una recién llegada.
      La chirimoya naranja es fruto de recolección por su llamativo color, como alimento y por su uso en la medicina tradicional de los pueblos americanos. El Centro Nacional de Conservación de la Flora de Brasil informa que ha demostrado actividad contra la leishmaniosis y se utiliza en la medicina popular para tratar las úlceras de estómago. En los últimos tiempos, pese a ser una fruta bastante rara, se está tratando de implantar su cultivo al ser los frutos muy sabrosos y de piel fina, que puede ser ingerida junto con la pulpa. Al parecer se trata de una planta rústica, fácil de cultivar, que fructifica a pleno sol y con moderada humedad, que comienza a producir a los 3 ó 4 años y se reproduce a partir de semillas. Naturalmente, los requisitos citados se cumplen en algunas zonas de su tierra de origen y otra cosa sería su adaptación en Europa. Si alguien se anima a probar, puede encontrar semillas a partir de 5 euros/unidad (aunque no sé de cuanto sería el pedido mínimo). Suerte a quién lo intente.
En las fotos: árboles en su zona de origen, cultivado, flores y frutos.

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25 abril 2026

ROSA M. BOSCH, en La Vanguardia
Bosques y caminos con multitud de árboles caídos por los vendavales
 

Urge acabar de limpiar todas las vías antes de la campaña contra incendios del verano

Dos operarios enfrascados en trabajos forestales en Llanars, en el Ripollès, enclave muy afectado por los últimos episodios de viento huracanado 

De las Terres de l’Ebre y el Baix Camp hasta los Pirineos, los feroces vendavales de los últimos meses han arrancado de cuajo multitud de árboles, muchos de los cuales no se retirarán de los bosques catalanes. Tal como explican los investigadores del Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals (CREAF), dejar una parte de la madera puede favorecer la biodiversidad, pero también alertan de que una acumulación masiva es terreno propicio para plagas. Lo más urgente ahora es detectar los caminos y pistas bloqueados por pinos y otras especies y sacarlos antes de que empiece la campaña contra incendios del verano. Marc Castellnou, inspector jefe de los GRAF (Grup d’Actuacions Forestals) de los Bombers de la Generalitat, remarca que todas las vías deben quedar despejadas para permitir la circulación rápida si se produce un fuego.

Multitud de árboles derribados entre Vilallonga de Ter, en el Ripollès Pere Duran / Nord Media

     “Es importante que las infraestructuras de acceso al medio natural estén bien, cada ADF (Agrupació de Defensa Forestal) debe responsabilizarse de ello, hemos de tener el territorio preparado”, subraya Castellnou. Los datos que maneja indican que “el 92% de los caminos primarios, en los que pueden cruzarse dos camiones de bomberos, y secundarios (pueden pasar dos camiones en determinados puntos) ya están limpios, pero falta revisar el 60% de los terciarios (aptos para un único camión)”.
     El personal de diferentes parques naturales está inmerso en estas tareas; el del Montseny ha quitado 140 árboles de su red básica que impedían el paso y ahora están actuando en los bosques, indica Joana Barber, responsable del Servicio de Gestión de Parques Naturales de la Diputación de Barcelona. “Hemos revisado todas las pistas principales y los senderos señalizados, hemos troceado y apartado los troncos y pedimos que en las propiedades privadas sean sus titulares quienes los retiren. La operación más importante que hemos realizado ha tenido lugar en una finca propia, en Sant Pere de Vilamajor, donde hemos extraído siete toneladas de pinos”, detalla Barber.
Trabajos en un sendero del parque natural del Alt Piririneu Cedida PN Alt Pirineu

El parque del Alt Pirineu sigue inmerso en arreglar las vías de comunicación dañadas por el viento y la nieve

     A pesar del cierre de Collserola por la presencia de jabalíes con peste porcina africana (PPA), el personal del parque ha podido limpiar los 250 km de la red viaria que forma parte del dispositivo de prevención de incendios. Falta revisar un centenar de kilómetros de caminos más estrechos, confirman fuentes del parque natural. A causa del vendaval de mediados de febrero se produjeron 141 incidentes, la mayoría por caídas de árboles. Si bien destacan que “el bosque está mucho mejor que dos años atrás, está frondoso, ahora la situación es positiva, falta ver si llueve en mayo y junio y se mantiene la humedad”, añaden.
     Además del viento huracanado, las persistentes nevadas han derribado árboles en los Pirineos y en el Prepirineo. Un centenar de kilómetros de pistas y unos 150 de caminos señalizados se han visto afectados en el parque natural del Alt Pirineu, apunta su director, Marc Garriga. “La nieve tan copiosa en cotas bajas ha causado muchos destrozos en vías de comunicación”, añade. "En el parque de Les Capçaleres del Ter se está actuando en alrededor de 100 km. Este ha sido un año más virulento en el Ripollès pues si los vendavales se producen allí cada ocho años, en el 2026 se han registrado tres en solo dos meses", indican desde la dirección general de Polítiques Ambientals i Medi Natural de la Generalitat. Son las propias brigadas de los parques las que siguen enfrascadas en estos trabajos forestales. Pero la responsabilidad y los recursos para actuar no son los mismos en todos los enclaves y aún se pueden ver no pocos árboles que dificultan el paso en caminos de Catalunya.
Árbol caído en un camino de la zona de Riudecols LV
      A priori, la campaña contra incendios del 2026 se presenta como la del 2025. Las lluvias del invierno han neutralizado la sequía, pero la situación puede variar en función de la evolución de la meteorología. Castellnou recuerda que los episodios prolongados de calor extremo provocan sequía térmica y resecan la vegetación. “Pero todo puede cambiar si llueve en mayo”, apunta.
     “Las zonas que más me preocupan son el Pirineo Oriental y el Prepirineo, porque son los ámbitos más extensos y despoblados; el prelitoral sur, desde El Montmell hasta el Priorat, y la Terres de l’Ebre. Tenemos bosques muy cargados de vegetación, con mucho combustible, que si no se gestionan su renovación se produce de manera natural por los incendios”, explica Castellnou.
El rastro del viento en Vilallonga de TerPere Duran / Nord Media
     “Estas ventadas han sido muy llamativas, pero no es el primer caso, recordemos el Gloria, la cuestión es que cada vez se repiten con más frecuencia. Los últimos vendavales han afectado zonas muy espesas, cerradas y ­ homogéneas, con árboles excesivamente esbeltos y que compiten entre ellos por los recursos. Cuando cae uno caen todos por efecto dominó en lugares donde desde hace décadas no ha habido gestión forestal y no se ha reducido la densidad. Son bosques más vulnerables al viento y al fuego”, señala Francesc Cano, asesor de gestión forestal e innovación del Centre de Ciència i Tecnologia Forestal de Catalunya. La parte positiva es que se crean espacios abiertos o claros que ayudan a romper con la continuidad de la masa forestal, lo que ayuda a frenar la propagación del fuego.
     A la pregunta de qué hacer con los árboles caídos no hay una única respuesta, caben muchos matices. Una opción es no intervenir, dejar que la madera muerta se descomponga y aporte nutrientes, pero el peligro es que aliente plagas, además de que supone un incremento de combustible en el bosque, explica Mireia Banqué Casanovas, investigadora del CREAF. Pero retirarla comporta costes que muchos propietarios no pueden asumir.
Trabajos en el Alt Pirineu Cedida PN Alt Pirineu
       “El problema de fondo es el abandono del territorio, lo que, sumado al cambio climático, nos aboca a un futuro complicado, los bosques sufrirán más. El riesgo de incendio siempre es elevadísimo, los árboles caídos ahora son anecdóticos si tenemos en cuenta la cantidad de biomasa que ya hay acumulada”, comenta Cano, quien es partidario de retirar los árboles muertos para evitar la propagación de enfermedades que ataquen a los vivos.
     Alrededor del 75% de los bosques catalanes son privados, solo se practica la silvicultura en una tercera parte del total y en 25 años prácticamente se ha duplicado la biomasa. Las medidas para incentivar la agricultura y la ganadería llegan tarde, lo que ha favorecido la expansión de la foresta. Cano indica que una oportunidad y un paso importante sería “apostar por nuestros propios recursos, que los productos agrícolas no vengan de fuera ni tampoco la madera, así ayudamos al sistema a adaptarse al cambio climático”.
     Ahora, a mediados de abril, lo que todo el mundo ansía son las lluvias primaverales, necesarias para que “el combustible más fino esté húmedo” de cara al verano.
 
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