VENERABLES ÁRBOLES
"Quién hubiera dicho que estos poemas de otros iban a ser míos, después de todo hay hombres que no fui y sin embargo quise ser, si no por una vida al menos por un rato..." Mario Benedetti. A los amantes de los árboles,... localización, poesía, cuentos/leyendas, etc.
01 enero 2026
29 diciembre 2025
Una de cortezas de árboles
Debido a la época en que estamos, empiezan ya a escasear las plantas con flores que pueden proporcionar bellas fotografías, y por eso, en mi recorrido del sábado por el Real Jardín Botánico de Madrid, me dediqué a fotografiar cortezas de árboles, tema este que me gusta mucho y del que tengo pendiente realizar una publicación hablando de ellas, pues su variedad es enorme, ya que pueden ser lisas, escamosas, fracturadas, papiráceas, rugosas, fibrosas, etc., etc. Pongo aquí una selección de 18 de las más de 50 que fotografié.
Ácer griego Ácer blanco Castaño de Indias Castaño del Himalaya Castaño de flor roja Castaño japonés
Castaño de Indias rojo Abedul Carpe blanco Carpe negro Manzano silvestre japonés Tupelo
Almez del Caúcaso Catalpa de bola Espino negro Diospyros japonica Fresno de China Cafetero de Kentucki
26 diciembre 2025
Chiva vuelve a ser reconocida por atesorar el mejor algarrobo de España (abril-25)
Desde la Plataforma para el Estudio y Conservación de la Sierra de Chiva, nos complace anunciar que con permiso de sus propietarios/as hemos presentado nuevamente una garrofera del catálogo que realizamos y, hemos repetido el éxito de años anteriores. En 2022, obtuvimos un accésit, en 2023 logramos el primer y tercer premio, y aunque decidimos no participar en 2024 para no ser abusones, este año hemos vuelto a alcanzar el máximo galardón de:
MEJOR ALGARROBO DE ALGARROBO DE ESPAÑA 2025
Es importante resaltar que no consideramos este reconocimiento como un concurso, ya que cada árbol es único y posee su propia singularidad. Sin embargo, estas iniciativas son esenciales para valorar el arbolado antiguo, especialmente los algarrobos centenarios, que lamentablemente siguen desapareciendo, llevándose consigo una parte de nuestra esencia cultural y del paisaje. La acumulación de premios en tan poco tiempo refuerza el lema de nuestro proyecto desde el 2010: "Chiva, el País de las Garroferas Centenarias". Como hemos mencionado en numerosas ocasiones, nuestro territorio alberga una de las mayores concentraciones de algarrobos centenarios en el mundo. Sin embargo, es preocupante la falta de atención por parte de las administraciones hacia este patrimonio único, que podría aportar innumerables beneficios a nuestro municipio.
Además de este reconocimiento tan especial, el propietario del algarrobo recibirá un galardón, un diploma y una importante cantidad económica, en agradecimiento a su dedicación y en cierta forma como homenaje a las mujeres y hombres que contribuyeron a preservar estos exclusivos monumentos vivos.
Características:
Edad aprox.: +500 años
Variedad: ‘MATALAFERA’ (sexo femenino)
Perímetro tronco a 1,30 m del suelo: 7,16 m.
Altura: 6,50 m.
Perímetro de la base: 7,55 m.
Diámetro de la copa: 12,60 m.
Lo hemos leído aquí
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23 diciembre 2025
La muerte sin llamas de los árboles: investigadores advierten de la degradación de los bosques por el clima
Aunque se presta más atención a los incendios, en zonas como Cataluña la sequía ha impactado desde 2012 en tantas hectáreas como las que han ardido en 40 años.
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| Árboles muertos por la sequía en las montañas de Prades en Tarragona (Cataluña), en una imagen cedida por CREAF |
En un árbol, el primer síntoma de que algo va mal por la sequía o las altas temperaturas es el cambio de color, ocurre porque cierra sus estomas (los poros de las hojas) para evitar perder agua y esto reduce la fotosíntesis. Luego llega la pérdida de hojas, la defoliación, y si se agrava la situación, puede producirse la muerte. Este es un fenómeno difícil de medir en las masas forestales del país, pues algunas veces, con la llegada de las lluvias los ejemplares se recuperan, y otras quedan moribundos, sentenciados, pero tardan años en sucumbir. Aun así, los episodios recientes de muerte masiva de ejemplares en Cataluña, Comunidad Valenciana o Murcia han mostrado la magnitud de un proceso que se espera vaya amplificándose con la crisis climática y que tiene importantes implicaciones tanto para el paisaje como, en los casos más extremos, para el futuro de los bosques y los numerosos servicios ambientales que proporcionan (en forma de biodiversidad, madera, alimentos, absorción de CO₂, regulación de cursos del agua, protección del suelo...).
Josep Maria Espelta, científico del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF),
asegura que en cerca de una década, de 2012 a 2023, la sequía en
Cataluña afectó de forma significativa a un 10% de su superficie
forestal, uno de cada diez árboles. Esto no incluye solo árboles
muertos, por la complejidad para confirmar su fin, sino también
ejemplares con afecciones de decoloración o defoliación que se cree
están relacionadas con el clima extremo. Según recalca, esto supone unas
120.000 hectáreas, una cifra similar a la superficie quemada en 40 años
en esta comunidad.
“Hoy en día somos muy conscientes del problema de los incendios, pero no lo tenemos tan integrado con la sequía”, incide el biólogo. “Obviamente, la perturbación no es de la misma magnitud, pues el fuego suele destruir toda la cubierta vegetal, pero la afección por las sequías es muy preocupante, no estábamos acostumbrados a ver masas tan grandes de árboles muertos o moribundos”.
Existen diferentes iniciativas que monitorean la situación de las masas forestales del país. Las más amplias son las redes de seguimiento que lleva el Ministerio para la Transición Ecológica, dentro del programa ICP-Forest, un proyecto europeo puesto en marcha en 1985 como consecuencia de la gran alarma provocada en aquellos años por el deterioro de los bosques del norte del continente a causa de la lluvia ácida (problema en este caso originado por la contaminación atmosférica). El informe de 2024 de la denominada red de nivel I, señala que la mayoría de las especies arbóreas presentan defoliaciones medias “ligeras”, pero considera notable el número de variedades con una pérdida de hojas superior al 25% en su copa (en comparación con un ejemplar con un follaje ideal), entre ellas, las especies de carácter más mediterráneo como el alcornoque, la encina, el quejigo, el acebuche, el pino carrasco y la sabina albar. Este trabajo concluye también que la principal causa de este decaimiento es la sequía, seguido de los insectos. Y, a partir de estos mismos registros de la red de nivel I, el último dossier del ICP-Forest muestra unos gráficos de evolución desde 1990 que, en el caso de España, reflejan un cada vez mayor deterioro de los bosques por este proceso de defoliación.
El seguimiento de las redes del ICP-Forest destaca por su amplitud en el territorio y continuidad en el tiempo, pero acerca solo una parte de la realidad, pues no monitorea el conjunto de los bosques sino una selección. En concreto, en España, 620 parcelas repartidas por todo el territorio que comprenden unos 14.880 árboles, una cantidad pequeña en comparación con los 7.000 millones de ejemplares estimados para todo el país hace unos años. Sobre todo, para rastrear los muertos.
“Los
incendios forestales tienen una alta repercusión social, el decaimiento
de los bosques no tiene el mismo impacto, es mucho más silencioso, pero
está ahí, es algo que está debilitando los bosques y que puede provocar
cambios en el paisaje, como la transición de especies, por ejemplo”,
comenta Mireia Banqué, también investigadora del CREAF y coordinadora de
Deboscat,
una red de seguimiento de los bosques en Cataluña. Aunque todavía no
han hecho públicos sus datos de 2024, esta ambientóloga incide en la
mejoría del estado de las masas forestales en esta comunidad desde las
lluvias otoñales del año pasado. Muchos ejemplares de especies de
frondosas o planifolias (con hojas planas, como las encinas) que
parecían moribundos, y que habían teñido de marrón laderas enteras, han
vuelto a brotar. Sin embargo, no ha ocurrido lo mismo con las coníferas
(con hojas en forma de aguja, como los pinos). “Cuando las coníferas
sufren este proceso de decoloración y defoliación, no pueden sacar
nuevos brotes. Si un pino tiene la copa marrón, está sentenciado”,
detalla.
Acaben muriendo o no los árboles que han perdido su color verde, para Banqué lo significativo es el decaimiento general. A una escala más pequeña, la red Deboscat sí monitorea todos los bosques de Cataluña. No obstante, con apenas 13 años de existencia, no cubre un periodo de tiempo suficientemente grande para detectar tendencias. Aun así, la investigadora tiene claro que algo está cambiando. “Sin tener datos empíricos, la gente que vive en el territorio sí percibe que los pinos tienen copas menos frondosas”, destaca. “Si te fijas un poco o si vives cerca del entorno más rural, es fácil darse cuenta que hay muchos más árboles muertos que hace 10 años”.
Paloma Ruiz es profesora del departamento de Ciencias de la Vida en la Universidad de Alcalá y una de las coordinadoras de la Red Española de Seguimiento del Decaimiento Forestal. Esta iniciativa, creada hace solo un año, a través de la Asociación Española de Ecología Terrestre, no toma mediciones sino que busca poner en común el trabajo de los especialistas que trabajan en este campo. Esta ambientóloga incide también en la dificultad para evaluar la degradación de los bosques y relacionarlo con factores climáticos como la sequía o las altas temperaturas. Sin embargo, ella misma ha publicado junto a otros investigadores distintos trabajos que apuntan en este sentido. A partir del Inventario Forestal Nacional, que da una detallada radiografía de los bosques cada 10 años, han mostrado cómo están cambiando los patrones de mortalidad y daños en las florestas mediterráneas y cómo en esto está resultando determinante la cada vez mayor intensidad de las sequías. En un último trabajo publicado de forma reciente también ponen de manifiesto una marcada disminución de la productividad forestal debido al cambio climático y cómo los eventos extremos climáticos inciden de forma diferente entre regiones, afectando a múltiples funciones ecosistémicas. “Es muy importante que haya redes de investigación en aquellos sitios en los que se están produciendo eventos de decaimiento, en los que un alto porcentaje de árboles muere o decae, para entender qué está pasando”, subraya Ruiz.
Si bien la muerte de una porción de los árboles forma parte del proceso de reajuste natural de los bosques al calentamiento del planeta, para el biólogo Josep Maria Espelta “lo ideal sería poder acompañar a las masas forestales en esta adaptación, para que sea lo menos traumática posible tanto para el monte como para nosotros”. Una forma de hacerlo es aumentando la gestión forestal en algunas zonas, para disminuir la densidad de árboles (reduciendo la competencia entre ellos) y dotar a los bosques de una mejor estructura. No obstante, para este investigador, esto no basta y resulta también necesario sustituir árboles: “En la península Ibérica tenemos muchas especies que se encuentran en el límite sudoccidental de su área de distribución, como el haya, el pino albar, el pino silvestre, el abeto. Con el cambio climático, hay muchas poblaciones de árboles que probablemente ya están fuera de lo que serían sus condiciones climáticas adecuadas”.
Lo hemos leído aquí
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