19 febrero 2026



LETICIA DORTA LEMUS, en "EL DÍA" dic-2025
Descubren en el Parque Nacional del Teide once ejemplares de cedro canario con más de mil años


El hallazgo de 11 ejemplares de cedro canario con más de mil años en el Parque Nacional del Teide, entre ellos Tara, el árbol vivo más longevo de Europa, supone un importante descubrimiento

Científicos del proyecto de reforestación y conservación de cedro canario descubren en el Parque Nacional del Teide 11 ejemplares con más de 1.000 años, tres de ellos superan los 1.500 y ocho el milenio. Se trata de un gran descubrimiento que ratifica la existencia de un gran bosque de cedros en Las Cañadas. Los trabajos de prospección y datación mediante carbono-14, iniciados en 2019 y ampliados durante 2025, han datado 25 ejemplares. Estos hallazgos, localizados en zonas prácticamente inaccesibles, "suponen una ventana única al pasado ecológico del parque nacional y refuerzan el valor del cedro canario como símbolo de resistencia, biodiversidad y memoria ambiental", explica José Luis Martín Esquivel, uno de los biólogos del proyecto.
     De los tres cedros con más de 1.500 años, la joya es Tara. Da frutos, es fértil y además es el árbol vivo más longevo de Europa. Tiene 1.544 años y supera a Bárbol, el que hasta ahora estaba considerado el más viejo del continente. Aunque hace ya varios años se avanzó información sobre la larga existencia de esta especie en el parque, el 1 de diciembre se hizo oficial el bautizo de este ejemplar.

     "Es en femenino, por eso decidimos llamarla Tara", explicó el escalador Javier Martín Carbajal, uno de los descubridores de este especimen. Junto a otras tres personas se encarga de rastrear las áreas escarpadas del parque nacional en busca de más ejemplares de cedros. Se encuentra en una pared de los Roques de García y está a 150 metros de altura. "No lo van a encontrar", dijo Martín Carbajal entre risas por su inaccesibilidad.

     El conservacionista tinerfeño lleva 40 años escalando por sus recovecos y un día le comentó al biólogo del parque, José Luis Martín Esquivel, que "conocía un cedro que probablemente fuera más viejo que 'El Patriarca", otro ejemplar de cedro datado en 1.118 años. Al ver a Tara, Martín Esquivel se limitó a expresar: "Es como un libro abierto esperando a ser leído", recordó Martín Carbajal.
     Tara fue encontrada hace unos años y su análisis forma parte del proyecto de reforestación y conservación del Cabildo de Tenerife y las fundaciones de Endesa y de la Universidad de Valladolid. El escalador garantizó que "en todos los escarpes de Las Cañadas hay cedros. Allí sobreviven. Es increíble como en algunos sitios a los que llegamos están talados y cómo con sogas la gente podía llegar a esos cedros". Martín Carbajal anunció que todavía quedan ejemplares por analizar en el Parque Nacional del Teide, por lo que no descarta que Tara pierda su reinado como el cedro más longevo.

     La presentación de los resultados de estos proyectos se celebró en el centro de visitantes del Teide El Portillo, con la presencia de la consejera de Medio Natural, Sostenibilidad, Seguridad y Emergencias del Cabildo de Tenerife, Blanca Pérez; el director Insular de Medio Natural del Cabildo de Tenerife, Pedro Millán del Rosario; el director de Relaciones Institucionales de Endesa Canarias, José Manuel Valle, y el responsable del área de Biodiversidad de Fundación Endesa, Juan Ignacio Ferrer, así como el profesor de la Universidad de Valladolid, José Miguel Olano, y José Luis Martín, biólogo del Parque. En el mismo se dio a conocer que con esta inciativa se plantaron 17.000 cedros.
     “En la Fundación Endesa trabajamos para conservar el patrimonio natural mediante proyectos de biodiversidad junto a los parques nacionales”, señaló Juan Ignacio Ferrer, responsable del área de Biodiversidad de la Fundación Endesa. Por eso, la restauración de los cedrales en el Parque Nacional del Teide "es una oportunidad única para devolver a la naturaleza su equilibrio y recuperar un paisaje tan valioso como el del Teide”.
     Por su parte, José Miguel Olano, profesor de la Universidad de Valladolid, ha señalado que “este hallazgo demuestra cómo la ciencia aplicada y la cooperación público-privada pueden ofrecer resultados tangibles en la protección del patrimonio natural. La biodiversidad canaria es un tesoro que debemos proteger con determinación”.

     A la recuperación del cedro canario, se le unen el cardo de plata (Rhaponticum canariense) y la violeta del Teide (Viola cheiranthifolia), a través del segundo de los proyectos impulsados junto a Fundación Endesa y la empresa Agroforestal, que culminó con la reintroducción de 65 violetas del Teide y 50 cardos de plata en dos nuevas localizaciones del parque nacional.
     Martín Esquivel explicó en la presentación de resultados que las especies más amenazadas tienen en la actualidad varios miles de ejemplares. "No obstante, siguen en riesgo, aunque no en extinción", puntualizó.
     La violeta del Teide, ubicada principalmente en Guajara, estuvo muy cerca de "ser arrasada por aquellos incendios que asolaron el sur de la Isla hace unos años (2023) y eso nos llevó a la ansiedad de buscar una segunda localidad, para evitar que un evento fortuito pudiera acabar con ella. Ya tenemos una segunda población en el Sombrerito de Chasna", describió el biólogo.
     En cuanto al cardo de plata, que es una especie que hace "pocas décadas era de las más amenazadas del mundo, con menos de 200 ejemplares conocidos, ahora tenemos varios miles", dijo para introducir otra problemática: "En las cotas más altas, la especie empieza a sufrir por el cambio climático. Entonces, se subió a más altura, en una nueva localización en las faldas del Teide, a unos 2.800 metros, que garantiza su supervivencia", añadió.
     Martín Esquivel se mostró encantado en cuanto a la faceta de conservación que se está llevando a cabo en el Parque Nacional del Teide. Mostró las fases del proyecto hasta llegar al vivero, pasando por el semillero donde se hace prácticamente magia. Allí explicó que la búsqueda y separación de semillas es una tarea ardua y sujeta al tiempo. "Cada una tiene su proceso", señaló el coordinador de estas primeras fases, Ángel Mallorquín. "No hay una fórmula para todas, sino que cada una tiene su particularidad, por lo que el proceso varía en función de la semilla", concluyó.
     Una manera de ganarle tiempo al proceso es conseguir las semillas en los excrementos de las aves que comen sus frutos: "Así, en el caso del cedro, tenemos al mirlo capiblanco, que procede del norte de Europa. Se come su fruto y reparte el grano. De esta manera, adelantamos seis meses el proceso", estimó Martín Esquivel.
     Tras el banco de semillas, se pasa al vivero. "Es la guardería de las semillas", definieron. Más tarde, cuando son plantas juveniles, el proceso requiere una fase de aclimatación donde se las expone a las difíciles condiciones de vida del parque y, finalmente, se devuelven a sus sectores originales envueltas en vallas, para evitar que los herbívoros se las coman.

Reportaje fotofráfico    ------    Lo hemos leído aquí

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16 febrero 2026

YUNG CHANG - BUSCADORES DE FRUTA
Fruit Hunters (The Nature of Things) Part 1/2

Idioma: Inglés
Esta es una miniserie de dos partes de la CBC sobre buscadores y aficionados a la fruta, un excelente complemento a la película oficial del director Yung Chang. ¿Quien no ha entrado en un mercado y no sentido curiosidad ante las frutas que no son originales del lugar?. "Los cazadores de frutas" es un delicioso viaje a través de selvas, mercados callejeros y huertos en busca de las frutas más exóticas del mundo. Basada en parte en el libro del mismo nombre "Los cazadores de frutas" de Adam Leith Gollner.
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14 febrero 2026

ADAM LEITH GOLLNER
The Fruit Hunters: A Story of Nature, Adventure, Commerce, and Obsession 

Deliciosas, letales, alucinógenas y medicinales, las frutas han llevado a naciones a la guerra, alimentado dictaduras y atraído a personas a nuevos mundos. Una expedición por el fascinante mundo de la fruta, Los Cazadores de Frutas es la cautivadora historia de algunos de los alimentos más deseados de la Tierra.
     Con una prosa brillante, Adam Leith Gollner transporta a los lectores a un mundo al estilo de Willy Wonka, con mangos que saben a piña colada, moras árticas anaranjadas, frutas con sabor a mantequilla de cacahuete y la fruta milagrosa que transforma todo lo ácido en dulce, haciendo que los limones sepan a limonada. Poblado por un elenco de personajes tan variados y extravagantes como la propia fruta —contrabandistas, inventores, exploradores y sibaritas—, este extraordinario libro desvela el misterioso universo de la fruta, desde las selvas de Borneo hasta los preciados huertos de los cazadores de fruta de Florida y los supermercados estadounidenses.
     Gollner examina las frutas que comemos y explica por qué las comemos (las razones científicas, económicas y estéticas). Este libro recorre el ciclo de vida de las frutas producidas en masa (cómo se crean, cultivan y comercializan) y explora el submundo de las frutas inaccesibles, ignoradas e incluso prohibidas en Occidente. Adam Leith Gollner, periodista intrépido y agudo observador de la naturaleza —tanto humana como botánica—, ha escrito un relato apasionante sobre la obsesión por la horticultura.

Idioma: Inglés-2008

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11 febrero 2026

JENARO IRITIA, en "eldiariorural"
Los chozones sabineros, una joya a conservar
 
Los chozones sabineros eran utilizados por los pastores para guardar el ganado. Asistimos a la renovación de la techumbre de uno de ellos en el Alto Tajo.

Los estudiosos no se ponen de acuerdo desde cuándo los pastores de cabras y ovejas comenzaron a construir estos apriscos tan naturales para su ganado. Lo cierto es que todavía son bastantes los que se encuentran en zonas casi inaccesibles del Parque Natural del Alto Tajo en Guadalajara. Se sabe que también eran típicos en la provincia de Soria.
     Mimetizados con el medio ambiente, los chozones están construidos con árboles tan robustos como la sabina y paredes de piedra seca. En la mayoría de los casos se escogía una sabina de buen porte y amplio diámetro, que servía como eje de sustento para la estructura del tejado, al igual que la pared de piedra caliza que siempre solía ser como de un metro y medio de alta y casi un metro de ancha. Su forma original era redonda, aunque más tarde se fueron ampliando a otras formas cuadradas y rectangulares, dejando así el recinto sin estorbos para el ganado. Incluso existían y todavía perduran algunos chozones que disponían de corral.
     Una vez formada la pared circunvalando la sabina, esta se podaba y con fuertes ramas y las de otras se iban colocando sobre las podadas del árbol principal, intentando coger la mayor inclinación posible para que cuando lloviese resbalara el agua y no entrara ni una gota en el interior. Colocados los ramones o cabrios que iban a servir para construir la cubierta, la siguiente tarea consistía en ir tapando todos los huecos comenzando desde abajo con ramas más pequeñas de sabina, conocidas como “bardas”, hasta crear una techumbre hermética que lo mismo servía para evitar el frío que el calor.
     Lo curioso es que no se utilizaban clavos ni cuerdas para sujetar los palos. Todos se engarzaban de la mejor manera posible para aguantar año tras año. La barda se renovaba cada dos o tres años, pues las pequeñas ramas se resecaban y perdían efectividad.

 Lo hemos leído aquí

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