4/22/2022

LEYENDA DEL ÁRBOL DEL AMOR

Leyendas de Zacatecas, México

El Aralia paperifer, de origen europeo, es un frondoso árbol siempre verde. Es un árbol muy especial, perteneciente a una especie rara, tanto que se dice que no hay otro ejemplar en el continente americano, que el que hace referencia esta leyenda.
     En pleno centro de la ciudad de Zacatecas, a espaldas del portal de Rosales y frente al ex-convento San Agustín, se encuentra una plazoleta arbolada que antes fuera un pequeño jardín. Es la actual plazoleta de Miguel Auza. En este apacible lugar se daban cita feligreses, vendedores y aguateros cuya calma provinciana, la prisa no tenía lugar y sí la vida y el calor humano. Ahí, regado con el vital líquido que le sustentaba y con las lágrimas derramadas en silencio por tres seres marcados por un destino común, se encuentra el árbol que fue testigo de sus amores.
     En el pasado, el templo de San Agustín, daba vida espiritual a este bello rincón de ensueño para los enamorados.
     Oralia, la hermosa jovencita que dio origen al nombre con que se conoce al árbol, vivía en una de las señoriales casas que daban al jardín. Con la lozanía de su edad, propicia para el primer amor, su cantarina risa contagiaba la alegría de vivir a todo lo que la rodeaba.
     Era Juan un humilde pero risueño y noble aguatero, que aún despierto soñaba encontrar una veta de plata para ofrecérsela a Oralia, a quien amaba en silencio. Pero sabiéndose pobre la veía como a la más remota de las estrellas.
     Por las tardes, al salir de la mina, Juan se convertía en el alegre aguatero que ensayaba junto a su paciente burro improvisados versos de amor, caminando con la ilusión de contemplar a Oralia, para entregarle el agua, con la que regaba las plantas del jardín y, en especial, el árbol que cuidaba con esmero.
     Oralia sentía nacer un entrañable cariño, más allá de la amistad, por el aguatero que por su parte día a día se ganaba también la estima de las familias. Juan tenía un rival, Pierre, un francés, que tras la etiqueta de la cortesía y modales refinados, cortejaba a Oralia, quien experimentaba sentimientos encontrados ya que la colmaba de atenciones.
     El destino había traído al francés a su casa durante la ocupación en 1864 y, por cortesía, las familias le brindaban un trato deferente al extranjero, discupándolo de los actos de un gobierno al que debía obediencia. El francés, siempre impecable en sus modales y pulcro en el vestir, les visitaba no por devolver la cortesía sino con la secreta esperanza de impresionar a Oralia, de quien se había enamorado.
     Con el permiso de sus padres, solían sentarse bajo la sombra del árbol que Oralia cuidaba; ella escuchaba al francés la descripción que de su patria hacía y dejaba volar su imaginación.
     Juan sufría en silencio al verlos juntos, incapaz de hacer nada para evitarlo. Notaba las barreras sociales que los separaban y más intensos eran sus anhelos de encontrar la veta de plata para realizar sus sueños.
     Trabajaba duro en minas abandonadas; al final de la jornada, el agua de las minas le limpiaban el polvo que cubrían su piel. Con su fiel burrito iban a llenar sus botes de agua de la fuente y la repartía a las familias, cuidando de dejar para el final, la casa de Oralia para disponer de un poco más de tiempo para estar en su compañia.
    Oralia lo esperaba con impaciencia para que la ayudara a regar su árbol. Al hacerlo, su regocijo se manisfestaba en el lenguaje secreto de los enamorados. El árbol lo sabía y el susurro de sus hojas se confundía con el rumor de las risas de los jóvenes, mientra su follaje se inclinaba, en un intento de protegerlos de miradas indiscretas.
     Una tarde Oralia fue al templo. Arrodillada frente al altar lloró en silencio al comparar dos mundos tan opuestos. Su plegaria imploraba ayuda para tomar la decisión acertada en tal cruel dilema.
     Al salir del templo sin haber podido tomar una resolución, se sentó en silencio bajo el árbol y el llanto volvió a brotar. Su angustia provocaba la alteración del ritmo de los latidos de su corazón, cuando en su regazo cayó suavemente un racimo de cristalinas lágrimas que conmovido el árbol le ofrecía como amigo amoroso para su consuelo. Al tacto de sus tiernas manos, las lágrimas del árbol se convirtieron en un tupido racimo de flores rosadas.
     Oralia recuperó la paz junto a su árbol y encontró el valor para decidirse por su aguatero, sin importarle su humilde condición.
     Al otro día, el francés se presentó puntualmente en la casona y con el semblante muy triste comunicó su partida del país. Otros vientos políticos flotaban en la nación y era urgente su traslado a Francia. Se llevaba el corazón destrozado por tener que abandonar a Oralia y la despedida era mas amarga aún por saber que jamás volvería a verla.
     Mientra tanto, en la profundidad de la mina, Juan vislumbra un tenue brillo, tan sutil como la ilusión; una corazonada hizo intuir la veta que buscaba y continuó el brillo de la roca que aún se resistía a entregar al joven su argentífera savia.
     Al día siguiente al llegar con el agua, Oralia lo notó más alegre que de costumbre, no se pudo contener y al verlo tan feliz le dio un gran beso junto al Árbol del Amor que regaban ahora entre risas.
     Juan ni se acordó de su rica veta de plata y más aún olvidó el discurso que toda la noche había ensayado, al ver caer racimos de flores rosadas del árbol, que así compartía la culminación de tan bello idilio en aquel bello jardín, hoy plazoleta de Miguel Auza frente al ex-templo de San Agustín.
     Desde entonces las parejas de enamorados, consideran de buena suerte refugiarse bajo las ramas del Árbol del Amor, para favorecer la pervivencia de su romance.

---Fin---

4/19/2022

YURI MILLARES,
Presentación del libro de ALBERTO LUENGO "Morfología del drago, mítico árbol canario de muchas geometrías"

Un voluminoso libro del arquitecto Alberto Luengo, dedicado al drago, especie emblemática de la flora canaria, nos descubre 18 morfotipos en un exhaustivo estudio que lo describe como un árbol matemático y mítico e incluye el dibujo a escala de 83 grandes especímenes. 

Drago de Icod de los Vinos


Presente en las siete islas mayores del archipiélago canario, en realidad las poblaciones silvestres de Dracaena draco (el drago de la Macaronesia) se concentran en Tenerife (696 ejemplares censados), además de en La Palma, El Hierro y Gran Canaria, esta última con el añadido de la pequeña población de una segunda especie exclusiva de la isla, el Dracaena tamaranae. Su interés ornamental en las Islas, sin embargo, ha ocasionado en las últimas décadas «una plantación masiva de dragos», escribe Alberto Luengo en Morfologya del drago. Morfotypos y geometrya (así, con la i griega), un enorme trabajo de investigación y descripción que ilustra con detalladas láminas de dragos de Canarias y de otros lugares del mundo.
      «Envuelto históricamente en un aura mitológica, en gran parte vinculada no sólo a su magnífica estampa, sino igualmente a las virtudes que se le daban a la “sangre de drago”, considerada como la panacea de todas las enfermedades y producto de alto valor en la farmacopea medieval, su extracción supuso la desaparición de gran cantidad de dragos en las islas Canarias», escribe en el preámbulo. 

El drago de Juagay, ubicado en Benijo, en el macizo de Anaga (Tenerife), drago «de copa» con 14,5 m de altura. | DIBUJO ALBERTO LUENGO

     «Esta obra esclarece –entre otros discernimientos– que los dragos se desarrollan siguiendo una efectiva geometría fractal. Esclarecer significa demostrar que algo no es sólo cierto, sino claro y reluciente», señala en el prólogo el geógrafo y profesor de la ULL Fernando Sabaté Bell. De esa geometría fractal («todas las partes son iguales al todo») parte Luengo en la argumentada y detallada descripción que hace de los dragos en las páginas siguientes. En el caso particular de esta especie, dice, «nos encontramos con un claro ejemplo de Fractal, donde el árbol al ramificarse crea cada vez árboles más pequeños en sus sucesivas multiplicaciones».
     Pero no se detiene sólo en describir y clasificar. El drago da para mucho y él no quiere dejar nada en el tintero.

Aprovechamiento
      Famoso y apreciado desde la Antigüedad por las extraordinarias propiedades medicinales que se atribuían a la sangre de drago, propiedades envueltas en un «halo de misterio», ha tenido otros muchos usos. En Canarias «formaba parte de los ungüentos que utilizaban los guanches en el proceso de momificación», también se empleó «para cicatrizar las heridas, para golpes y contusiones, y también utilizaban el líquido, al hervir un pedazo de corteza para recuperar el bienestar del cuerpo».

Drago «digital de doble copa» de Garachico. | DIBUJO ALBERTO LUENGO

     Igualmente se cita que pudiera ser utilizado por los aborígenes para teñir pieles, colorear escudos o teñir su piel, incluso que «formaba parte de su comercio con los navegantes europeos y que, por su alto valor, llegó a pagar el diezmo de la Iglesia».
     Comercializada bajo las formas de sangre común (extraída mediante incisión) y sangre de lágrima (la que exuda de árbol de forma natural), el proceso de extracción «debió influir en su decadencia, ya que se obtenía realizando profundos cortes en el tronco y las ramas (…), colocando al árbol en una situación comprometida ante la entrada de hongos e insectos». Tal es así, que «su excesiva explotación supuso, para el caso de La Gomera, la práctica desaparición de sus dragos, intensificándose a su vez en Tenerife, Gran Canaria y La Palma, que vieron reducidos sus efectivos, controlándose su extracción por la administración, para decaer finalmente hacia el siglo XVII».
     En cuanto a los aprovechamientos tradicionales, es conocido que se utilizaba el tronco para construir embarcaciones y sus tallos para colmenas, huroneras y tambores para coger morenas. Con la fibra de sus hojas se fabricaban cuerdas que amarraban la viña o servían de forraje a los animales. 

El «ramificado en paracaídas» es específico de la zona de Garafía (La Palma), donde forma bosquetes (dragonales), caso de los dragos de Buracas, cuya forma tiene que ver con el aprovechamiento forrajero que se hizo de ellos). | DIBUJO ALBERTO LUENGO

Edad y longevidad
      Al tratarse de un árbol no leñoso y, por tanto, sin anillas de crecimiento, «mucho se ha teorizado sobre la supuesta longevidad» de este símbolo vegetal del paisaje canario. La «teoría de las ramificaciones» que se suele utilizar, dice, no parece correcta si se aplica, por ejemplo, al famoso drago de Icod de los Vinos. Según esa teoría, los 23 períodos florales que habría tenido lo situarían en una edad de 345 años. «Si nos atenemos a las crónicas de la Conquista de Tenerife, sucedida en 1494 y donde ya han transcurrido unos 526 años, ya era un ejemplar de gran tamaño». 

     Sin dejar de ser las ramificaciones un factor importante de su edad, «no se conoce a ciencia cierta el período de floración de cada ejemplar», señala. El tamaño y la robustez también son elementos a valorar, que tienen que ver con su volumen y peso, y cita el caso de los que denomina dragos digitales con 16 y 18 metros de altura, siendo relativamente jóvenes. «En función de su mayor peso y volumen el drago será más longevo».

Dragos «torcidos» son los que se salen de la norma. Sobre todo, ocurre con los silvestres al estar sometidos a las inclemencias del tiempo. El más conocido es el drago del Mirador del Roque, en Puntagorda (La Palma). | DIBUJO ALBERTO LUENGO

Morfotipos
     Antes de llegar a la descripción de los dragos por su morfología y geometría introduce su referencia a la i griega, que no es sólo grafema que conforma una letra y crea palabras. Es una letra (vocal y consonante) con una estrecha vinculación con las ciencias, con procesos de carácter dinámico «que la dotan de una especial simbología (…) representando a su vez el Fractal en Y, símbolo del Drago».

      Entre los diferentes morfotipos de las distintas especies de drago, el Dracaena draco tiene la singularidad, destaca Luengo, de que «asume casi todas las formulaciones posibles». Y así, entra en un análisis detallado a partir de 83 láminas de dragos de Canarias, pero también de Madeira, Cádiz, Cabo Verde, Marruecos y la isla de Socotora.
      «Considerando que todo árbol es un fractal y las partes reproducen el todo, (…) el caso de los Morfotipos del Drago resulta singular y paradigmático, por cuanto puede adoptar diferentes formulaciones tipológicas que acentúan su diferente personalidad, que tiene que ver con su carga genética y también con su adaptación a determinados ambientes e, incluso, manipulaciones de aprovechamiento humano», clasifica 18 formas de drago en el archipiélago, que dibuja y acompaña de formas geométricas que lo argumentan.

El drago «de copa» es el más usual. La variación en la copa en ejemplares antiguos adquiere forma elipsoide en el alzado como en el drago de Icod, o de semicírculo, como el drago de Barranco Alonso (Gran Canaria). | DIBUJO ALBERTO LUENGO

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4/16/2022

DINO BUZZATI (Italia, 1906-1972)
El secreto del Bosque Viejo
 
(...) Sólo los niños, aún libres de prejuicios, se daban cuenta de que el bosque estaba poblado por genios y, aunque tuvieran un conocimiento muy vago del asunto, hablaban con frecuencia de ello. Con el paso del tiempo, sin embargo, también ellos cambiaban de opinión, dejando que sus padres les imbuyeran necias patrañas...

… El coronel se sentó en el suelo, a los pies de un abeto. A su alrededor estaba el bosque, el antiquísimo Bosque Viejo, preñado de una misteriosa vida. Poco a poco el silencio se llenó de tenues voces. A las diez de la noche se percibió el sonido del viento.
      -¡Mateo! ¡Mateo!- volvió a gritar Sebastiano Procolo, reanimado por la esperanza. Pero aquel viento no era Mateo y continuó deslizándose indiferente sobre las copas de los árboles. Diez, doce ecos respondieron esta vez a la llamada, cada vez más débiles y lejanos, hasta que el aire sólo quedó una tenue resonancia.
     Sebastiano Procolo se resignó cansado. El venerable bosque comenzaba a vivir una noche nueva y se despertaba del sopor diurno. Tal vez en la oscuridad los genios salieran de los troncos y vagaran realizando quehaceres desconocidos, pensó Procolo. O tal vez estuvieran reunidos en multitud justo alrededor de él, invisibles en la noche cerrada. Tal vez hubiera salido la luna detrás de la capa de nubes. Tal vez las tinieblas no se acabarían nunca. Tal vez el sol nunca saldría. Tal vez la oscuridad permanecería para siempre. (...)

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Resumen y sinópsis

El secreto del Bosque Viejo (1935), la segunda obra de Dino Buzzati, es un relato fantástico, de una sencillez esencial, que puede leerse como fábula para adultos o como relato para niños. Buzzati simboliza la riqueza del mundo en el pequeño universo de un bosque milenario y mágico. El secreto del Bosque Viejo es un canto a la infancia y a la imaginación, y también a la naturaleza, como territorios a los que todos pertenecemos originalmente y donde reside lo mejor de nosotros. Robert Baudry afirmó: "¿Cómo no reconocer en El secreto del Bosque Viejo una obra rica, poética, llena de ecos…? ¿El secreto del Bosque Viejo? Sin duda, la obra maestra, maravillosa, de Buzzati"
Se puede leer en la red.
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4/14/2022

Los pezqueros, la memoria del bosque

EUGENIO MONESMA MOLINER (Huesca, 1952)
Los pezgueros. Obtención tradicional de la pez o brea de los pinos


La pez o brea se obtenía de las teas de las toconas de los pinos que habían sido cortados varios años antes. Tras un duro trabajo de control del fuego en el horno, se conseguía obtener ese producto tan importante para el calafateado de los barcos. Algunos veteranos pezgueros de Quintanar de la Sierra (Burgos), guiados por un afán de recordar este viejo oficio, en el año 1999 decidieron recuperar este proceso en uno de los casi cuarenta hornos de pez de esa localidad.

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