1/13/2021

Takahashi en Toyama, el cromnista de Japón (021)

TAKAHASHI HIROSHI (Yamagata, 19060)
El Gran Inugusu de Nagasaka (prefectura de Toyama)

Especie: Tabunoki (Machilus thunbergii, familia de las Lauráceas, género Machilus)
Dirección:Aza Maeda 598, Nagasaka, Himi-shi, Toyama-ken 935-0417
Perímetro del tronco: 7,02 m.   Altura: 12 m.   Edad: 500 años
Declarado monumento natural de la prefectura de Toyama.
Tamaño: ★★★     Vigor: ★★★★   Porte: ★★★★   Calidad del ramaje: ★★★★   Majestuosidad: ★★★

      Partiendo de la pequeña ciudad pesquera de Himi (prefectura de Toyama) en dirección Norte, hacia la península de Noto, nos internamos en un paisaje de suaves colinas con arrozales en terrazas ocupando sus laderas. A unos 10 kilómetros, a un lado de la carretera, hallamos un solitario árbol de soberbio porte. Es un tabunoki (Machilus thunbergii) conocido por el nombre de Gran Inugusu de Nagasaka.
La fractura de su tronco principal, ocurrida hace ya mucho tiempo, le ha privado de alcanzar una gran altura, pero a cambio su compleja horqueta, a dos metros de altura, lo ha dotado de un ancho y denso ramaje que nos hace pensar en un bonsái gigante de bellísima estampa.
      El tabunoki es un árbol de hoja perenne de la familia de las lauráceas que, como su pariente el alcanforero (kusunoki) crece bien en regiones cálidas, alcanzando grandes proporciones especialmente en zonas próximas a la costa.
      Sus buenas relaciones con el mar se patentizan también en las áreas afectadas por el Gran Terremoto del Este de Japón de marzo de 2011, pues estos árboles no se han dado por vencidos y siguen creciendo sanos y fuertes incluso en terrenos que sufrieron una alta salinización al quedar anegados por el mar. Hasta ese punto están en buenos términos mar y tabunoki.
      Pese al gran hueco que se ha formado en su tronco principal conserva un gran vigor. Un buen indicativo de su salud es el hecho de que parte de su ramaje haya ido extendiéndose hacia abajo, hasta niveles incluso inferiores a su propio pie. Si nos internamos en su copa, veremos que impide la penetración de los rayos del sol, creando un espacio oscuro incluso en pleno día, con una temperatura fresca muy agradable.
El núcleo de población de Nagasaka, donde se alza este tabunoki, se encuentra en una suave pendiente. Alrededor del árbol se extienden arrozales que forman magníficas terrazas. Es un paraje que ha atraído un gran interés y ha sido elegido entre los 100 arrozales en terraza más destacados del país.


Número 021 del mapa
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1/10/2021

Antonio Vicente - Plantador de Bosques

ANTONIO VICENTE
Plantador de bosques

Vicente, 84 años
Antonio Vicente era el hombre al que tildaban de loco pero que plantó su propia selva. Sus vecinos lo tildaban de loco. ¿A quién si no se le ocurriría comprar un trozo de tierra despejada a unos 200 km de Sao Paulo, Brasil, y empezar a plantar árboles?
     "Cuando empecé a plantar, la gente me decía: "No vas a poder comer las semillas, porque la planta tarda 20 años en dar frutos", le cuenta Antonio Vicente a Gibby Zobel, reportero de la BBC. Yo les decía: "Voy a plantar estas semillas, porque alguien plantó las que estoy comiendo ahora. Así que las plantaré para que otros las coman'".
      Vicente, a punto de cumplir 84 años, compró su terreno en 1973, una época en la que el gobierno militar ofrecía facilidades de crédito para invertir en tecnología agrícola, con la intención impulsar la agricultura. Pero su idea, era exactamente la opuesta.
      Criado en una familia numerosa de campesinos, Vicente veía con preocupación cómo la expansión de los campos destruía los bosques, la flora y fauna local, y cómo la falta de árboles afectaba los recursos hídricos. "Cuando yo era niño, los campesinos cortaban los árboles para crear pastizales y por el carbón. El agua se secó y ya no regresó", le dice Vicente al reportero de BBC. "Yo pensé: el agua es valiosa, nadie fabrica agua y la población no deja de crecer. ¿Qué va a pasar? Nos quedaremos sin agua'". Los bosques son fundamentales para la conservación del agua porque absorben y retienen agua en sus raíces. Además, evitan que se erosionen los suelos.

Aunque no alcanzó los niveles de 2004, la deforestación está creciendo nuevamente en Brasil.

El regreso de los animales y el agua

   Cuando tenía 14 años se mudó a la ciudad, donde trabajó como herrero. Con el capital que hizo vendiendo su negocio pudo comprar unas 30 hectáreas en una región de montañas bajas, cerca de San Francisco Xavier, una localidad de unos 5.000 habitantes.
     La vida en la ciudad no fue fácil, recuerda. En un momento "terminé viviendo bajo un árbol porque no podía pagar la renta. Me bañaba en el río y vivía bajo el árbol rodeado de zorros y ratas. Juntando muchas hojas me hice un cama y dormía allí", le cuenta Vicente a Zobel. "Pero nunca tuve hambre. Comía sándwiches de banana de desayuno, almuerzo y cena".

A contracorriente

Vicente y su primer árbol, un castaño
     Tras regresar, empezó a plantar, uno por uno, cada uno de los árboles que hoy forman este bosque lluvioso tropical de cerca de 50.000 árboles. La labor de Vicente iba en contra de lo que ocurría a su alrededor: durante los últimos 30 años en que reforestó su terreno, cerca de 183.00 hectáreas de bosque atlántico en el estado Sao Paulo fueron deforestadas para dar lugar a la agricultura.
      Según según la Fundación Bosque Atlántico SOS y el Instituto Nacional de Brasil para la Investigación Espacial (INPE), el bosque Atlántico cubría originalmente el 69% del estado de Sao Paulo. Hoy día, sólo queda el 14%.
      El problema es más amplio: si bien los niveles de deforestación no son lo que fueron cuando alcanzaron su máximo en 2004, cuando se destruyeron 27.000 hectáreas de árboles, estos niveles están comenzando nuevamente a incrementarse en Brasil. Entre agosto de 2015 y julio de 2016, por ejemplo, se destruyeron 8.000 hectáreas de selva. Esto representa un 29% más que el año anterior y el nivel más elevado desde 2008, según el INPE.

La Amazonía cumple un rol vital en regular el clima del planeta.

El regreso de los animales y el agua

      Una pintura colgada en la pared de la casa de Vicente sirve de recordatorio de los cambios que ha conseguido con su trabajo a pulmón. "En 1973 no había nada, como puedes ver. Era todo un pastizal. Mi casa es más hermosa que lo que ves aquí, pero hoy no podrías tomar una fotos desde ese ángulo porque la tapan los árboles, que son tan grandes", dice.
      Y a esa selva han regresado muchos animales. "Hay tucanes, todo tipo de aves, un gran roedor llamado apaca, ardillas, lagartijas, zarigüeyas, e incluso están regresando los jabalíes".
"Tenemos un pequeño jaguar y un ocelote, ¡que se come todas las gallinas!", dice riendo.
Pero, y más importante aún, han regresado los cursos de agua. Cuando compró el terreno había sólo una fuente, hoy hay cerca de 20.

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1/07/2021

¿Qué son los Daisugi?, del narrador de historias

TOMÁS CASAL PITA
Daisugi

A primera vista estas fotos de árboles nos resultan llamativas y extrañas, pero no lo son tanto si pensamos en nuestros árboles trasmochos y sus usos a lo largo de los siglos. En este caso es “daisugi”, una técnica forestal japonesa donde unos árboles especialmente plantados se podan fuertemente para producir "brotes" que se convierten en perfectamente uniformes, rectos y completamente libres de nudos. Estos brotes son cuidadosa y suavemente podados a mano cada dos años dejando solo las ramas superiores, que hacen de tirasavias obligándoles a crecer rectos.
      Un tipo de arquitectura japonesa denominada sukiya-zukuri, que se caracteriza por unas líneas muy rectas y estilizadas, se puso de moda en el siglo XVI en el período Momoyama (la segunda unificación de Japón bajo un mismo poder). En ese momento, conforme a la moda, cada noble o samurái quería construir una vivienda de ese tipo, pero no había suficiente materia prima para construirlas. De ahí esta inteligente solución de usar técnicas de bonsai en los árboles.
     Cada 20 años se recoge la “cosecha”, que en árboles viejos puede llagar a ser de hasta cien de estos brotes. El daisugi es una técnica muy peculiar y llamativa, por lo que incluso cuando la demanda de madera cayó en el siglo XVIII, la demanda de ellos en jardines ornamentales mantuvo ocupados a los jardineros. Naturalmente no todos los árboles valen. Se emplea sólo la Cryptomeria japonica, árbol que fue conocido en occidente como “cedro japonés”, aunque cada vez con más frecuencia se le denomina “sugi”, su nombre original, puesto que nada tiene que ver con los cedros y se parece más a la sequoias gigantes (Sequoiadendron giganteum), como se ve en la foto 3, con los que comparte familia. La elección no es al azar, se trata de un árbol forestal, de crecimiento muy recto (última foto) y cuya madera es resistente, aromática, de un color rojo rosado, liviana pero fuerte, y resistente al agua.


Un pergamino que representa a un daisugi de Housen Higashihara
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1/04/2021

Jardines silvestres en las ciudades


CHRIS BAINES por Mª JOSÉ ESTESO POVES
Chris Baines
Entrevista al naturalista y escritor, precursor de los jardines silvestres en las ciudades.

     (...) Baines mantiene que la solución pasa por los árboles. Por ello, explica que las ciudades españolas necesitan plantar centenares de árboles para mitigar el cambio climático, porque "las hojas de los árboles son 'nuestros aires acondicionados' y filtran la contaminación". Las hojas de los árboles son un filtro natural de la contaminación en las ciudades      Afirma que, si conseguimos más arbolado y más parques interconectados, "estos pueden ayudar a ralentizar los efectos del calor extremo e incluso las inundaciones que se van a producir debido a las lluvias torrenciales características del cambio climático" (...)
    
Ciudades más amables 
     Frente a esto, es necesario que los ayuntamientos creen grandes "anillos verdes, espacios abiertos y tranquilos para poder respirar". Asegura que existen estudios científicos sobre cómo las personas mejoran si están en un entorno natural. "Está comprobado que si una persona con estrés se puede tumbar, caminar o sentarse en un jardín tranquilo, en sólo cuatro minutos, mejora y se relaja. Los espacios verdes son beneficiosos para la salud".
     Mientras aquí hablamos de despoblación y recuperación de los pueblos, en Reino Unido el discurso se centra en las ciudades. Es obvio, admite Baines: "El 90% de la población en mi país [más de 65 millones de personas] vive en grandes aglomeraciones, y en los últimos años estas se han vuelto espacios hostiles. Por eso es necesario hacerlas más amables".
     Baines fue cofundador del colectivo de defensores de la vida natural urbana Urban Wildlife Group, ha participado en un gran número de asociaciones en defensa de la jardinería silvestre, la gestión del agua y la conservación de la naturaleza. Además ha escrito varios libros, algunos de ellos para niños.
     Jardines silvestres explica con naturalidad qué es y cómo se diseña un jardín silvestre, privado o público: "No es una reserva de la naturaleza. Está concebido como un espacio agradable, con muchas flores silvestres para atraer a los insectos y aves, un pequeño lago con anfibios, una protección natural alrededor y claros para que entre el sol". Y aclara que "por supuesto no se emplea ni química ni pesticidas". Pero también es un lugar donde relajarse: "Un jardín tiene que tener bancos, sillas y una mesa ...".
     Su libro Wildlife Gardening (Vida Silvestre, 1985) es un clásico en el que da consejos prácticos para elegir las plantas que van a atraer a aves e insectos a través de la jardinería. En Reino Unido se usa también el glifosato en los jardines públicos, como en el Estado español. Es "un problema universal," asiente.
     La alternativa en las ciudades, si no hay mucho espacio, es hacer jardines urbanos en las fachadas, "como, por ejemplo, hacen los pub de Londres, donde existe una especie de corredores de madera en las fachadas con plantas colgantes y flores, a donde llegan abejas y pájaros", relata el ambientalista. Y así transformar la ciudad, como "en Nueva York, donde están triunfando los jardines y huertos en las azoteas de los edificios", cita Baines. También sostiene que es "una buena iniciativa la renaturalización de los ríos de las ciudades", tal y como se ha hecho con el Manzanares, en Madrid.
     A la pregunta de cuáles de sus luchas como activista le han marcado más, responde sin vacilar: "La de convencer a políticos e ingenieros para que no corten los árboles de las aceras". Relata que, al enterrar los cables de la luz en las ciudades inglesas, se talan todos los árboles, pero no es imposible hacerlo de otra manera. "Las raíces crecen de forma horizontal y es cuestión de convencer a los ingenieros de que se cave más abajo y se respeten los árboles". Y sentencia: "La mayor amenaza para los árboles no son los ingenieros, sino las políticas de los ayuntamientos para prevenir riesgos para la ciudadanía".

Central Park,  NYC
Talas de árboles y podas
     Pero nuestros árboles tienen más amenazas: "Se podan cada vez más para hacerlos más seguros y eso es malo; al final el árbol se pierde porque todo el beneficio está en la copa, las hojas nos ayudan contra la subida de las temperaturas por el cambio climático".
     Otra tendencia ha sido la corta de árboles en las carreteras. Asegura que en su ciudad, Sheffield, en South Yorkshire, sur de Inglaterra (534.500 habitantes), se ha conseguido un acuerdo con el Ayuntamiento contra la tala de árboles en las carreteras. Hasta ahora se habían cortado hasta un 25% de los situados en las vías de acceso a la ciudad "porque dicen que son un riesgo para los coches y que esa es la única manera de evitar los accidentes". Esta medida ha provocado una gran oposición por parte de la ciudadanía. "Muchas mujeres se han encadenado a los de las carreteras y han conseguido parar las talas".
     Baines explica que su trabajo ahora es el de 'mediador' entre ayuntamientos, empresarios y ecologistas. "Son necesarias las luchas de los ecologistas para contrarrestar las ideas moderadas de los políticos y conseguir acuerdos. Los ecologistas son más pragmáticos y pueden demostrar que conservar los árboles tiene beneficios", concluye.
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