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25 junio 2026


XAVIER ALDEKOA, MARIO CHAPARRO y PABLO GONZÁLEZ
El último árbol en pie

La tala ilegal de empresas extranjeras, especialmente chinas, y el uso masivo de madera por parte de una población local empobrecida amenazan la supervivencia de las selvas de Congo, el país donde más árboles se cortan del mundo después de Brasil.

Mbandaka 

La destrucción de los bosques primarios tropicales, vergeles apenas tocados por el hombre, es un problema ecológico mundial

Los troncos parecían cadáveres de gigantes. Había cientos de ellos. Colocados unos sobre los otros, los árboles, desnudos de ramas y marcados con letras blancas en un extremo, configuraban un ejército caído junto a una selva que observaba en silencio el desastre. Era un destrozo estridente: un arrastrador rugía mientras atrapaba con unas garras metálicas los troncos y los colocaba sobre unos camiones aparcados en el barro. Al final de una cuesta, otro gruñido anunciaba que la escabechina no había terminado. Bobenza Rigober, congolés de 48 años y veinte hijos de tres mujeres distintas, rajaba con una motosierra un árbol cruzado en el camino. Las astillas volaban en el aire y el polvo de madera teñía de ocre sus enormes bíceps negros. Tosha Didabi, leñador artesanal, corta un árbol de más de 30 metros en la selva en la provincia de Ecuador, en la República Democrática de Congo.
     Aunque llevaba veintidós años en el negocio, Bobenza juraba que aún le afectaba acabar con esos portentos de la naturaleza.
     — Cuando corto árboles grandes me duele en el corazón porque contribuyo a destruir mi país. Pero estoy obligado a hacerlo. ¿Qué otra cosa puedo hacer?, debo alimentar a mis hijos.
     Bobenza, trabajaba para Cokibafod, una empresa china de explotación de madera en la provincia de Ecuador, en el corazón de Congo. Por jornadas maratonianas a pleno sol, comiendo apenas unas galletas y durmiendo en mitad de la selva, cobraba 192.000 francos congoleses al mes, unos 100 euros al cambio. 
Tosha Didabi lleva décadas en el oficio de cortar árboles. Para él, la llegada de madereras chinas sin control, es una amenaza para la supervivencia de las selva
     Bobenza era un eslabón necesario para una de las mayores agresiones verdes del planeta: el año pasado, Congo fue, después de Brasil, el país donde más árboles se cortaron del mundo. En veinte años, ha desaparecido casi un 9% de los bosques primarios en el país, que acoge la mayor parte de la Cuenca del río Congo, un paraíso natural que se expande en otras ocho naciones —República Centroafricana, República de Congo, Angola, Zambia, Camerún, Tanzania, Ruanda y Burundi— y alberga siete de cada diez árboles del continente.
     Pese a su importancia vital como segundo pulmón del planeta después del Amazonas, la cuenca del Congo mengua cada año a un ritmo insostenible y pronto de forma irreversible: un estudio de la Universidad estadounidense de Maryland advierte de que, a este ritmo de deforestación, los bosques primarios de Congo habrán desaparecido en el año 2100.
     En realidad, el problema no es solo Congo; es global. El portal Global Forest Watch denunció que en 2021, se talaron bosques en el mundo equivalentes a la superficie de Catalunya y Baleares juntas.
     Aunque en otros puntos del globo las agresiones riman con las de Congo, en el país africano se suman otros factores que favorecen la devastación. A la tala ilegal, de empresas chinas pero también libanesas y europeas, se suma la tala a causa de la minería y de una pobreza generalizada que también mata árboles: como la población se ha duplicado en 20 años, se ha disparado la producción de carbón artesanal y la agricultura de quema, en la que los campesinos talan y prenden zonas para cultivarlas y las abandonan en cuanto pierden fertilidad.
Compañías chinas, europeas y libanesas explotan el negocio de la madera en el Congo. Algunas de ellas, esquivan la legalidad y ponen en peligro el frágil ecosistema de la cuenca del Congo
La cuenca del Congo alberga siete de cada diez árboles de África
     La codicia hace el resto. La corrupción sistémica de Congo y la dificultad de controlar las irregularidades en una selva sin infraestructuras y de difícil acceso, pero que a su vez tiene en el río Congo un método de transporte de los troncos barato y eficaz, ha provocado la irrupción de empresas ávidas de beneficiarse de un negocio con un mercado amplio. Según Forest Trends, un grupo de conservación estadounidense, los principales mercados de productos de madera congoleses son Vietnam, la Unión Europea y China.
     Para Ettiene Kasereka, las imágenes de cientos de árboles cortados y transportados en barcazas río abajo se había convertido en algo personal. Tras trabajar en aduanas del río, Kasereka vio la podredumbre del negocio maderero desde dentro y decidió combatirlo. Le costó amenazas y un despido, pero no se rindió: se convirtió en activista y miembro de la organización local GASHE (Grupo de Acción para salvar al hombre y al medio ambiente, en sus siglas en francés). “La situación de la explotación de madera en Congo es catastrófica. No se respeta la reglamentación, ni hay ningún control. Multinacionales chinas y autoridades congolesas corruptas se benefician de la destrucción de nuestra selva”.
Todos los árboles deben ser marcados para controlar su origen, fecha de tala y si la madera tiene los permisos en regla. Pese a ello, algunas empresas falsifican documentos para explotar extensiones más grandes o especies de árboles protegidos.
Varios árboles esperan para ser transportados río abajo hasta la capital, Kinshasa
     Kasereka conocía de sobras las trampas de las empresas extranjeras, que vestían de legalidad su depredación del ecosistema. “Cortan en una concesión que debe talarse en 25 años y arrasan con ella en tres o cuatro años, sin preocuparse de si hay árboles protegidos, de replantar o si matan a árboles más pequeños. No respetan las moratorias y cortan con documentos fraudulentos. Actúan con total impunidad porque saben que si sobornan a la persona adecuada podrán seguir actuando”.
     Aquellas agresiones al bosque no solo eran un crimen ecológico, también condenaban a la pobreza a los pueblos locales. Y para los pigmeos, un pueblo nómada, cazador y recolector, cuya supervivencia dependía de la naturaleza, aquella devastación era una condena a muerte.
     A la aldea de Ikenge se llegaba por una cicatriz de barro. El centro del poblado estaba atravesado por una carretera enfangada por la que circulaban excavadoras, bulldozers y camiones cargados de árboles gigantescos de la empresa china Maniema Union. El pasado de la empresa era turbio: la oenegé Global Witness había destapado que la compañía asiática había obtenido su licencia de tala en Congo de manera ilegal gracias a un general congoleño sancionado por violaciones de derechos humanos tanto por la Unión Europea como por Estados Unidos.
Los pueblos pigmeos de la región, que dependen de la caza y de la recolección de frutos del bosque, son los más afectados por los estragos de la tala masiva e ilegal
Lundi Bokoko, cazador pigmeo de la aldea de Ikenge, denuncia que, a causa del ruido de la tala, los animales han huido y la desnutrición de su comunidad se ha disparado

     Al oír el nombre de la empresa, el jefe pigmeo Biondo Ikemwa no podía contener la ira. La llegada de los asiáticos, decía, había significado la destrucción de miles de árboles y había vaciado sus selvas y sus tripas: el ruido de las máquinas había ahuyentado a los animales salvajes y había acabado con una fuente de proteínas básica para los pigmeos. La malnutrición se había disparado.
     — Si destruyen el bosque, nos destruyen a todos, decía. 
     Además de las condiciones de trabajo infrahumanas, con salarios indecentes, sin comida ni lugar para pernoctar, los pocos pigmeos que trabajaban para la empresa china denunciaban una total ausencia de medidas de seguridad y una desidia absoluta en caso de accidente.
     Mboyo Mali, de 45 años y madre de siete hijos, solo tres de ellos vivos, lloraba porque no sabía cómo maldecir su mala suerte. Sí sabía cuándo había empezado: cuando la maderera china Maniema contrató como talador a su marido. “Estábamos felices porque ganaba un poco de dinero, llevaba casi tres años trabajando para ellos, pero un día un tronco le cayó en la espalda y le dejó paralítico. Su jefe chino dijo que mi marido no tenía contrato, la empresa había cambiado de nombre y no podía hacer nada por él. No nos dieron ni un céntimo, nada”. Para pagar los médicos, Mboyo limpió la pocilga de un bantú que le pagaba 25.000 francos al mes (12 euros). “Solo comíamos mandioca, todos los días. Mi marido se deprimió y empezó a beber. Decía que el accidente le había convertido en inservible. Con la llegada de los chinos, mi vida cambió y se llenó de sufrimiento. Rezo a Dios para que se vayan de nuestros bosques para siempre”.

La caza es clave para la alimentación del pueblo pigmeo. A la huida de los animales por la pérdida de su hábitat, se une la tala de los árboles habitados por el gusano "pose", otra de las fuentes de proteínas indispensables para la comunidad de Ikenge

Una mujer pigmea recoge mandioca fermentada en unos pozos artesanales a las afueras de la aldea de Ikenge

      A la salida del poblado, había que subir por un camino de tierra y barro que se ensartaba en la selva para llegar a la cantera de Banjo, donde la empresa china había instalado una docena de contenedores metálicos en una explanada yerma. Era el centro de operaciones de la empresa en esa zona selvática, donde vivían 10 empleados asiáticos que coordinaban a los 140 empleados locales. La decena de asiáticos vivían dentro de los contenedores, acondicionados con un wifi precario, ventiladores y cocina. Los congoleses vivían en chozas de barro y paja a unos cien metros de allí. Aunque la mayoría de los empleados chinos declinó hablar con este periodista, finalmente Ashil Zheng Zhou aceptó dar su opinión. Zheng llevaba cuatro meses en la selva congolesa por dinero: tenía un hijo y por trabajar en Congo su empresa le pagaba un 50% más que en China. Le quedaban 18 meses antes de regresar a casa.
     — Para el medio ambiente lo que hacemos es malo. Aquí cortamos árboles, eso no es bueno para la naturaleza. Pero el gobierno nos da permiso, tenemos todo en regla.
El río Congo y sus afluentes son vías de transporte básicas para la explotación maderera del interior del país
Grandes barcazas cargadas con cientos de troncos de varias toneladas descienden cada día por el río Congo hasta la capital

      Ante la insistencia de irregularidades de su empresa, lanzaba balones fuera.
     — Sí que existe la corrupción. Otros actúan así. Pagan sobornos para poder hacer lo que quieren y ganar mucho dinero. Mucho dinero. Pero nosotros actuamos bien, el 99% bien.
     Al pedirle la documentación de la explotación, dio por terminada la entrevista.
     En realidad, aquel punto en mitad de la selva solo era el inicio de un negocio que llevaba toda esa madera lejos de allí. Tras cortarlos, decenas de camiones trasladaban los cadáveres de madera hacia el Congo o uno de sus afluentes para iniciar su lento descenso hacia el mar y de allí al mercado internacional.
     Antes, todos esos árboles cortados debían pasar por un punto clave cientos de kilómetros río abajo: Kinkole. El principal puerto maderero de las afueras de la capital congolesa, Kinshasa, recibía cada día barcazas que cargaban troncos gigantescos del interior del país.

Las barcazas son además pequeñas ciudades flotantes y decenas o cientos de habitantes se distribuyen entre los troncos para decender la corriente
Las almadías, balsas de troncos atados unos a otros que sus ocupantes van a vender a la capital, son la forma más artesanal y precaria del transporte de madera en el Congo. Las embarcaciones, inestables y lentas, tardan meses en llegar a su destino.
     Era también un supuesto lugar de control, aunque el caos no invitaba al optimismo. En el lugar todo era madera: las botas se hundían en una alfombra de arena, barro, serrín, astillas y cortezas. Si en el agua los barcos hacían fila para descargar su mercancía, en tierra firme la vertiente artesanal e industrial del negocio se fundían en un mismo espacio.
     En la orilla, varias docenas de hombres con machetes cortaban sus árboles en trozos mientras un poco más atrás, las excavadoras, dragalinas o grúas cargaban pesados troncos en los camiones que los iban a trasladar hasta el océano: a partir de Kinshasa el río Congo se retuerce en varias cascadas que impiden su navegación hasta Matadi.
     Para Richard Mondjali, que se presentaba como el presidente de los explotadores forestales artesanales del “punto clave de la explotación y comercialización de madera de Congo”, si alguien quería hacer trampas, no esperaba hasta llegar a Kinkole. “En la selva es más fácil engañar, poner que unos árboles vienen de un lugar y no de otro, o que las autoridades no controlen bien la tala, pero en este puerto hay muchos ojos ya observando”.
Kinkole, a las afueras de la capital congolesa, es el principal puerto maderero del país. Desde allí, los troncos son transportados por carretera hasta Matadi, a 150 kilómetros del mar, donde el río Congo vuelve a ser navegable. 
A la tala industrial, se suma la práctica artesanal y otra amenaza para los bosques: la agricultura de quema, en la que los campesinos prenden fuego a zonas boscosas para cultivarlas y abandonarlas cuando dejan de ser fértiles. 
     Mondjali criticaba el descontrol y la corrupción en el sector, pero se ofendía ante las críticas extranjeras de tala masiva en Congo.
     “¿Qué quieren esos ecologistas? ¡Los árboles son nuestra riqueza! Si los extranjeros no quieren que cortemos nuestros bosques es porque en Europa, China o América ya los han cortado todos. Desde sus casas bonitas y confortables nos dicen que cuidemos nuestros árboles. ¿De qué vamos a vivir? Estos árboles nos permiten alimentar a nuestras familias”.
     Mientras Mondjali hablaba, una enorme máquina movió un árbol a sus espaldas, tan pesado que, al dejarlo caer sobre un camión, el suelo retumbó y los hierros del vehículo protestaron con un quejido metálico. Casi un chillido animal.

 Lo hemos leído aquí

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13 junio 2026

El árbol devorador de hombres (1 de 2)


Crinoida dajeeana

La "Crinoida dajeeana" es el nombre dado al mitológico (bulo literario -"hoax-"(1)) árbol devorador de hombres de Madagascar", un relato del siglo XIX que resultó ser un completo éxito de publicación. El "árbol devorador de hombres" se convirtió en una de las leyendas urbanas más famosas de la criptobotánica.(2)
     La leyenda nació de una carta de Edmund Spencer publicada en el diario New York World en 1874, escrita, supuestamente, por el explorador alemán llamado Carl Liche (o Leche). Este periódico contribuyó en la formación de lo que después se denominó prensa amarilla, al presentar noticias con titulares llamativos, escandalosos, exagerados, sin evidencias, sin investigación y sensacionalista, con el fin de aumentar las ventas.
     Liche describía un árbol con forma de piña gigante de unos 2.5 metros de altura, con zarcillos peludos y hojas como "garras" que se cerraban sobre sus víctimas. Según su relato, la tribu de los "Mkodo" obligó a una mujer a coger y beber el fluido dulce del árbol, momento en el que los tentáculos del mismo la atraparon y la aplastaron hasta devorarla.
     Investigaciones posteriores revelaron que Carl Liche nunca existió, al igual que la tribu de los Mkodo o el propio árbol. Fue una invención periodística para atraer lectores en una época de gran fascinación por los territorios inexplorados. Catorce años después, el propio New York World confirmó que toda la historia era una invención literaria de Edmund Spencer. No hay árboles devoradores de personas pero Madagascar es muy importante por su biodiversidad, entre los que destacan los baobabs, conocidos como "árboles al revés", gigantes sagrados que pueden vivir cientos de años y almacenar agua en sus troncos. En la gran isla crecen siete de las ocho especies de baobabs, seis de ellos endémicos de la isla.
 
La imaginación de los escritores ha recorrido otros continentes inventando plantas insaciables:
     El Yateveo, una planta carnívora que se decía crecía en varios lugares de América Central y del Sur, con parientes en África y en las costas del Océano Índico.
     El árbol serpiente, invento de Andrew Wilson cuando en 1892 publicó un informe en el periódico Illustrated London News según el cual un botánico conocido como Mr. Dunstan había encontrado una nueva especie en los pantanos en torno al lago Nicaragua.
     Duñak, un árbol carnívoro descrito en las historias tribales de Filipinas y otros lugares del Sudeste de Asia. Algunos criptofitólogos creen que el Duñak es realmente una especie gigante de Drosera o de la Nepenthes rajah, que se alimenta de ranas y pequeños mamíferos. Otros creen que la historia describe los hábitos de caza de una de las especies de serpiente pitón de la zona.

1.- Hoax: bulo, engaño, farsa o noticia falsa difundida deliberadamente para hacer creer algo falso como verdadero
2.- Criptobotánica o criptofitología pretende demostrar la existencia de plantas míticas, específicamente los árboles carnívoros que supuestamente capturan y matan animales grandes o incluso personas, 
bulos anteriores al siglo XX para una sociedad que no podía contrastar el conocimiento
.
 

Drosera madagascariensis

Nepenthes madagascariensis

        La isla sí tiene dos famosas especies vegetales carnívoras: Nepenthes madagascariensis y Drosera madagascariensis. La primera es la más emblemática y se distingue por sus hojas en forma de jarras que, además de su llamativa apariencia, cumplen una función letal para los insectos que se acercan demasiado. Estas jarras están llenas de un líquido digestivo que, combinado con néctar y un atractivo color rojizo y amarillo, atrae a sus presas. Una vez que un insecto, como una hormiga o una mosca, se acerca para alimentarse del dulce néctar, se encuentra con una superficie resbaladiza que lo conduce inevitablemente al interior de la jarra, donde el líquido digestivo lo descompone para que la planta pueda absorber los nutrientes. Son especies que han evolucionado para sobrevivir en suelos pobres en nutrientes.
     Últimamente se ha descubierto que algunas plantas carnívoras han evolucionado y habrían cambiado su dieta de insectos a excrementos de algunos animales. Esto se debe a la escasez de alimento para la planta, lo que la llevó a encontrar una nueva fuente de nutrientes en los excrementos de animales mas grandes como musarañas, por ejemplo. Este cambio en la dieta es muy notable. 
 
La "gigante"
Nepenthes rajah
     Esta planta carnívora es endémica de los bosques de Borneo en Malasia, crecen en grandes alturas, desde los 1500 msnm hasta los 2600 msnm, sin embargo esto no significa que sea una planta de montaña ya que necesita de un clima cálido para sobrevivir. Está en peligro debido a su exigua distribución. Sus trampas de 35 cm son mortales para pequeños mamíferos o reptiles que caen en ellas. Lamentablemente, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), se encuentra en peligro de extinción, debido a lo limitada del área en la que se encuentra y a su comercialización.

Sofía Rhei escribió una divertida e inteligente novela...

Londres es una ciudad llena de maravillas y de misterios, especialmente para quien no deja de buscarse problemas allá donde va. Y eso que parecía que iban a ser unas vacaciones tranquilas... Sin embargo, nada más llegar, el pequeño James Moriarty y su irritante hermana Arabella se enfrentan a una peculiar competición para conseguir un jugoso pellizco de la herencia de su tía Charity. Después hay un pequeño “accidente” en el Museo Británico, un niño que toca el violín sospechosamente bien, una araña gigante, un importante pintor que se convierte en cómplice, un edificio con un siniestro pasado, un inventor de incógnito, la planta carnívora más grande del mundo, un joven irlandés obsesionado con los colmillos, y una selva tropical en pleno Londres en la que nadie está a salvo. El bueno de John Watson no gana para sustos. Solo hay una manera de saber quién ganará la apuesta, qué pasará con el diario secreto del tío Theodosius, qué hace en Londres un francés llamado Jules Verne, o de quién es el fantasma que dicen que hay en la casa de la tía Charity: leyendo la segunda parte de las aventuras del pequeño James Moriarty.

Información:
https://laslecturasdeguillermo.wordpress.com/2015/07/12/el-joven-moriarty-y-la-planta-carnivora-de-sofia-rhei-seudonimo-ilustraciones-de-alfonso-rodriguez-barrera/
https://www.carniplant.es/xipblog/post/23_existen-las-plantas-carnivoras-gigantes.html?page_type=post
https://es.wikipedia.org/wiki/Drosera_madagascariensis
https://www.rarepalmseeds.com/es/nepenthes-madagascariensis-es
https://es.wikipedia.org/wiki/Nepenthes_rajah
https://es.wikipedia.org/wiki/Criptobot%C3%A1nica
https://creando-mitos.fandom.com/es/wiki/%C3%81rbol_Carn%C3%ADvoro
https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%81rbol_carn%C3%ADvoro
https://historol.blogspot.com/2025/10/arbol-carnivoro-de-madagascar.html
https://archive.org/details/underpunkah00robiiala/page/2/mode/2up
https://www.reddit.com/r/Cryptozoology/comments/1ljbdkm/are_there_lost_photos_of_the_madagascar_maneating/?tl=es-419

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10 abril 2026

RICHARD FEYMAN y ROGER PENROSE
¿De dónde vienen los árboles?
 

Desde dos vías diferentes, al conocer mi afición por los árboles, me han enviado casi el mismo contenido. En el primer momento lo visioné y no le concedí importancia porque me parecía obvio el contenido, casi simple. Al recibir el segundo envío empecé a cuestionarme si lo que yo percibía como simple a ojos de los demás no lo era tanto. Así que he decidido ponerlo en el blog porque no todo el conocimiento es tan simple para todos.

Yo que soy lego en el conocimiento de todo o casi todo... quiero recordar el pasaje de la serie Cosmos de Carl Sagan, que nos decía que nuestra materia, la que constituye nuestro cuerpo, está compuesta de polvo de estrellas.

Buscando en la red la complementariedad del conocimiento se ve que están hechas con IA y la idea parece que es de R. Feyman. Desconozco la verosimilitud de estas exposiciones pues dicen prácticamente los mismo lo que nos dice que no pueden ser de dos autores diferentes. He encontrado tres fuentes, las dos similares que pongo a continuación y una tercera más filosófica.

He creído conveniente poner la transcripción por si a alguien le sirve

 Transcripción:

Yo me hice esta pregunta una tarde mirando un árbol enorme en el jardín de un amigo en Pasadena, un árbol viejo, grueso, imponente, y de repente me pregunté algo que parece ridículo de tan simple. ¿De dónde vino todo eso?.
     No me refiero al nombre, no me refiero a crece de una semilla en la tierra, eso lo sé, todo el mundo lo sabe. Me refiero a algo más específico, más honesto. Si ese árbol pesa 2 toneladas, ¿dónde estaban esas 2 toneladas antes de que existiera el árbol? El suelo donde creció sigue ahí, no desapareció. Entonces, ¿de dónde salió toda esa masa?
     Esa es exactamente el tipo de pregunta que no puedo dejar pasar. Una vez que me la hago, tengo que encontrar la respuesta. Y lo que descubrí me cambió la manera de ver cada árbol que he visto desde entonces. Lo primero que hago cuando tengo una pregunta así es buscar quién ya intentó responderla antes que yo. Y encontré a Van Helmond, un científico del siglo XVII que me cae muy bien porque hizo lo correcto. En lugar de suponer... midió, eso es lo fundamental. No asumas, mide.
     Van Helmont tomó tierra seca, la pesó con cuidado, 90 kg exactos. Plantó un sauce pequeño de 2 kg en esa tierra. Durante 5 años lo regó sólo con agua de lluvia, nada más, sin cambiar la tierra, sin añadir nada. Cinco años después desenterró el árbol y lo pesó: casi 77 kg. Había ganado más de 74 kg. Luego pesó la tierra 90 kg, prácticamente igual. Había perdido apenas 57 g. Yo leo ese resultado y me emociono porque eso es un misterio hermoso. El árbol ganó 74 kg. La tierra no los perdió. Eso no puede ser coincidencia.
Eso es una pista.
     Van Helmont pensó que era el agua. Se equivocó en la conclusión, pero hizo algo valioso. Eliminó la tierra como respuesta principal. En ciencia, saber qué no es la respuesta también es un avance. Yo también consideré el suelo y el agua. Es lo primero que cualquiera pensaría y está bien pensar así siempre que luego hagas los números. El suelo da minerales reales, nitrógeno, fósforo, potasio. Sin ellos la planta se enferma. Eso es verdad. Pero cuando sumas toda la masa de minerales que un árbol absorbe durante su vida, obtienes una fracción mínima de su peso total. Los minerales son necesarios, pero no explican la masa.
     Y el agua igual. Un árbol mueve cantidades enormes de agua desde las raíces hasta las hojas,  mpresionante. Pero la mayor parte de ese agua se evapora por las hojas, no se queda como masa sólida. Yo lo puse así de simple en mi cabeza. Si el árbol estuviera hecho de agua, se evaporaría bajo el sol. Pero la madera es dura, densa, sólida. Algo más está construyendo esa estructura. El suelo no es suficiente, agua no es suficiente. Hay que buscar en otro lugar. Aquí es donde yo me puse a pensar en serio, porque la química te da la pista definitiva.
     El agua es H2O, hidrógeno y oxígeno. El hidrógeno es el elemento más ligero del universo. No construyes estructuras densas con hidrógeno. No es el material de la solidez. Entonces me pregunté, ¿de qué está hecha realmente la madera? Si la analizas, si la descompones en sus elementos, encuentras que aproximadamente el 50% de su peso seco es carbono, carbono puro. El carbono es completamente diferente al hidrógeno. El diamante es carbono, el grafito también. Es el elemento sobre el que está construida toda la vida orgánica. Es denso, es pesado, es estructuralmente extraordinario.
     Y yo me hice la pregunta obvia, ¿de dónde saca el árbol todo ese carbono? No del suelo, eso ya lo había descartado, no del agua que prácticamente no tiene carbono. Entonces empecé a eliminar opciones. Tierra, no, agua, no. ¿Qué queda? Cuando llegué a esta respuesta me detuve un momento, porque es de  sas respuestas que parecen imposibles hasta que las entiendes y luego parecen inevitables. La masa del árbol viene del aire, del dióxido de carbono, del CO2 que yo exhalo ahora mismo, del COque está flotando invisible a tu alrededor en este momento en una concentración de apenas el 0.04% de la atmósfera.
     Ese gas invisible, sin color, sin olor, ese gas que parece no ser nada, es literalmente el material del que están hechos los árboles. Yo encuentro eso absolutamente fascinante. Las hojas tienen poros microscópicos llamados estomas. Por esos poros entra continuamente CO2 del aire. Dentro el árbol hace algo que me parece casi increíble. Rompe la molécula, separa el carbono del oxígeno, el oxígeno lo suelta de vuelta al aire y el carbono lo retiene. Ese carbono que estaba flotando en la atmósfera se convierte en la madera del árbol. Yo lo pienso así. El árbol agarra algo invisible y lo convierte en algo que puedes golpear con un hacha. Convierte gas en madera sólida, convierte aire en materia.
     El proceso se llama fotosíntesis. Y yo lo considero uno de los procesos más elegantes de la naturaleza y uso la palabra elegante como la usan los físicos. Simple en principio, devastadoramente poderoso en consecuencias. Las hojas son verdes por la clorofila. Yo siempre me maravillé de eso. La clorofila absorbe fotones de luz solar y captura su energía. Es como una batería que se carga con luz. Esa energía impulsa reacciones dentro de los cloroplastos, estructuras pequeñas dentro de las células de la hoja. Ahí el árbol combina el CO2 del aire con el agua de las raíces y usando la energía solar produce glucosa, un azúcar. Energía química almacenada en forma molecular. La ecuación me gusta porque es limpia... 

6CO2 + 6H2O+ luz solar → C6H12O6 + 6O2

     Producen una molécula de glucosa y seis moléculas de oxígeno. El oxígeno sale al aire. Ese es el  oxígeno que yo respiro, que tú respiras. El árbol nos lo regala como subproducto de construir su propio cuerpo. La glucosa luego se convierte en celulosa y lignina. La celulosa son cadenas largas de glucosa unidas. La lignina es más rígida y compleja. Juntas forman la madera y ambas están hechas del carbono que llegó como las invisible desde el aire.
     Cada anillo de crecimiento que ves cuando cortas un tronco es una temporada de captura de carbono atmosférico. Año tras año, molécula a molécula, el árbol fue construyendo su cuerpo con aire. Ahora viene la parte que yo encuentro más perturbadora en el mejor sentido posible.
     Nosotros también estamos hechos de carbono. Mis músculos, mis huesos, mi cerebro, el ADN en cada célula de mi cuerpo, todo construido sobre carbono. Y ese carbono tuvo que venir de algún lugar. Yo lo obtuve comiendo, como plantas o animales que comieron plantas.
     En algún punto de la cadena siempre hay una planta que capturó carbono del aire. Ese carbono viajó por la cadena alimenticia y llegó a ser parte de mí. El carbono en mis músculos ahora mismo estuvo en la atmósfera en algún momento. Antes formó parte de otra planta, de otro animal, quizás de una persona que vivió hace siglos. Yo y el árbol compartimos el mismo origen fundamental. Ambos somos carbono atmosférico reorganizado.
     La diferencia es que el árbol lo captura directamente del aire y yo lo hago a través de la comida, pero el punto de partida es el mismo. Eso me hace pensar en algo que me resulta profundo. No somos observadores separados del mundo natural. Somos parte del mismo ciclo. Somos el universo mirándose a sí mismo, hecho del mismo material que los árboles, las plantas, los océanos. Y el ciclo del carbono es real, no una metáfora.
     Un bosque antiguo tiene almacenadas en su madera cantidades enormes de carbono que capturó del aire durante siglos. Cuando ese bosque se destruye y la madera se quema, ese carbono regresa a la tmósfera de golpe. Es química directa, es causa y efecto real. Yo siempre digo que entender la ciencia no hace el mundo menos bello, lo hace más bello. Ver un bosque sabiendo lo que realmente es: un almacén gigante de carbono atmosférico solidificado durante generaciones, eso es más impresionante que cualquier explicación mágica.
     Entonces regreso a ese árbol en el jardín de Pasadena. Ahora yo sé lo que estoy mirando. Sé que ese tronco enorme, esas ramas, esa corteza gruesa están hechos de gas invisible que flotó en la atmósfera, entró por los poros microscópicos en las hojas, fue descompuesto por la energía del sol y quedó atrapado como carbono sólido, anillo por anillo, durante décadas. Ese árbol es aire solidificado literalmente. Y yo encuentro eso extraordinario, no porque sea complicado, sino porque es simple y real, y está frente a ti todo el tiempo. Y la mayoría de la gente pasa la vida entera sin verlo. Eso es lo que me enseñó la física ¿no? A memorizar fórmulas, a hacer las preguntas correctas y no conformarme con respuestas vagas. La próxima vez que veas un árbol, espero que veas lo que realmente es. No solo un árbol, un proceso, una máquina de capturar aire y convertirlo en materia. Décadas de trabajo invisible, molécula a molécula, construyendo algo que puedes tocar con las manos.
     Eso es lo que es un árbol. Y hay mas preguntas como esta esperando que alguien se las haga sobre todo lo que ves, todo lo que tocas, todo lo que das por sentado. Nunca paro de preguntarme y espero que tú tampoco.

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 Jean Baptista van Helmont (Bruselas, 1580-1644)

 Agarré una maceta, puse en su interior 200 libras (90 kg) de tierra que había secado en un horno, la empapé en agua y planté en ella un vástago de sauce que pesaba 5 libras (2,28 kg) Pero la maceta únicamente fue regada con agua de lluvia o (cuando fue necesario) con agua destilada; y era grande (en tamaño) y estaba hundido en la tierra; y para evitar que el polvo del aire de su alrededor se mezclara con la tierra, el borde de la maceta se resguardó, cubriéndose con una lámina de hierro recubierta de estaño y horadada por muchos agujeros. No calculé el peso de las hojas que cayeron en los cuatro otoños. Por último, sequé de nuevo la tierra de la maceta y se encontraron las mismas 200 libras (90 kg) menos unas 2 onzas (56 gramos); por lo tanto, 187 libras (85 kg) de madera, corteza y raíz habían crecido solo del agua.

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18 marzo 2026

Cuando un vecino ilustre muere...



LUCÍA GARCÍA, en "Cadena SER Sociedad"
Un pueblo de Tenerife llora la pérdida de un árbol centenario: "Plantaba otro drago mañana"


El alcalde del municipio de Los Realejos no se opone a replantar otro drago. Los técnicos del Cabildo se han llevado esquejes y ramas para intentar reproducir la especie y crear nuevos ejemplares

Un ruido ensordecedor estremeció las casas de los vecinos del Realejo Bajo durante la tarde de este miércoles. El emblemático drago de San Francisco se había partido y roto en mil pedazos. Todo ocurrió en torno a las ocho y media de la noche cuando se escuchó un gran estruendo, seguido "del sonido cuando se araña la chapa de un coche". Así es como los vecinos describen el ruido, incluso "Como una bomba. Yo pensé que era el Teide", añade una señora que, aún habiendo pasado más de 12 horas, todavía mantenía el susto en el cuerpo.
     "Susto, disgusto y pena", dicen algunos, quienes todavía no se creen haber perdido el símbolo del municipio, en concreto de San Francisco. Un ejemplar de casi 300 años, según los historiadores, que afirman tener registros de esta especie allá por el año 1750.
     El paisaje no es el mismo, sin duda, "falta algo". Gaspar es el vecino que más cerca vive, su casa está más cerca del drago que la propia puerta del cementerio de San Francisco. "Apenas a 10 metros estoy, menos mal que cayó para la carretera y no encima de mi casa", comenta Gaspar. Ha explicado que ya no podrá decir "mi casa es la que está debajo del drago", algo que le apena enormemente, pues en sus 40 años que lleva viviendo ahí, "siempre lo veía desde donde fuera que me asomara".

Desoladora imagen
     Toda la calle está consternada por la pérdida de este ejemplar: "jugábamos ahí de pequeños, yo vendí flores para el cementerio a la sombra del drago, es como si perdiéramos a un familiar"...Son los comentarios que durante la mañana de este jueves se escuchaban entre las decenas de personas que se reunieron para ver aquella imagen desoladora.
     Al menos seis coches resultaron dañados, algunos con afecciones serias: "Me lo darán por siniestro total", decía uno de los vecinos que tenía una furgoneta totalmente sepultada por las ramas. Otros tenían menores daños, como arañazos o golpes en las defensas. Todos fueron fotografiados por los peritos para hacer las pertinentes reclamaciones.
     A lo largo del jueves, aunque es probable que se tarde más de una jornada, se irán retirando los restos del drago, no sin antes que los técnicos del Cabildo hayan rescatado algunos esquejes con la finalidad de replantar. No aseguran que funcione, ya que el ejemplar tiene muchísimos años y la reproducción es compleja, "pero se va a intentar". 

Sacar nuevos ejemplares
     Adolfo González, el alcalde del municipio, ha asegurado que el objetivo de que se recojan esas ramas es replantar para "sacar nuevos ejemplares de esquejes que se están retirando y poder hacer replantes de esta joya botánica que hemos perdido en Canarias, en Los Realejos desde luego, pero es una joya botánica de Canarias".
     En cuanto a las causas de lo ocurrido, han acudido al lugar expertos de Sanidad Vegetal del Gobierno de Canarias, profesionales del Jardín Botánico de Puerto de la Cruz y del Parque del Drago de Icod de Los Vinos. Todos con el objetivo que obtener información para sacar las primeras conclusiones y emitir los informes correspondientes.
     No obstante, tanto los técnicos como el propio alcalde apuntan a la hipótesis que ha tomado más peso: "La lluvia de estos días ha hecho que el agua en exceso en la copa, que era muy amplia, y un tronco que no era excesivamente ancho, el peso del agua produjo que se desplomara el drago que no tenía afecciones en el tronco", explica González.

Se baraja la hipótesis de las abundantes lluvias
     Efectos de la propia naturaleza y del ciclo de la vida. Algo que no termina de convencer a algunos vecinos cercanos: "Faltaba mantenimiento, nadie lo cuidaba y estaba algo torcido, no se le ponía la atención que debería y esto se podía haber evitado".
     No obstante, el alcalde asegura que, "mínimo desde 2021 se le ha estado haciendo un seguimiento a la salud del ejemplar, incluso haciendo frente a una fuerte plaga de cochinilla que le afectó hace tiempo". Insiste en que la causa no fue falta de cuidado.  

¿Y ahora qué?
     Los vecinos se niegan en rotundo en que ahora se use ese espacio para ampliar el cementerio o crear una plaza sin más: "Queremos otro drago que dure otros 300 años más". Y el alcalde no parece ponerle pegas, ya que aseguró que, si fuera por él, "pondría un drago otra vez mañana mismo". En cambio, hay que esperar a los informes y a las tareas de reconstrucción de la zona que ha sido gravemente afectada y se encuentra dentro del Conjunto Histórico del Bien de Interés Cultural del Realejo Bajo.

06 marzo 2026

MANCOMUNIDAD DE MUNICIPIOS RINCÓN DE ADEMUZ
Patrimonio arbóreo monumental del Rincón de Ademuz


El Rincón de Ademuz por sus características ambientales e históricas, posibilita la existencia de una gran diversidad de especies vegetales leñosas, algunas de las cuales adquieren medidas espectaculares y una gran longevidad, representando una parte singular del patrimonio, y es, por tanto, de evidente interés público su protección y conservación, como patrimonio natural vivo, reservorio ambiental, cultural y monumental.
     La palabra monumental, del latín “monumentum”, se aplicaba a las estatuas, inscripciones o sepulcros erigidos en memoria de un personaje, o de un acontecimiento conmemorativo. Su uso se extendió a cualquier construcción que poseyera un valor histórico, artístico o arqueológico, cumpliendo la función de hito o símbolo por su visibilidad. Se consideran árboles monumentales aquellos que destacan entre los demás por su gran tamaño, porte o longevidad, que han alcanzado dimensiones poco habituales para su especie, o contienen un valor contemplativo, relacionados con la historia o las tradiciones, o con especial valor para la ciencia y el medio ambiente.
Imelsa 2014. Roble fotografiado por Janini, año 1914, Vallanca

      Desde que se creó la Ley 4/2006, de 19 de mayo, de Patrimonio Arbóreo Monumental de la Comunitat Valenciana, la Conselleria de Transición Ecológica ha presentado la quinta actualización del Catálogo de Árboles Monumentales y Singulares, incorporando 271 ejemplares nuevos, un 12% más respecto a la última actualización de 2020, convirtiendo así a la Comunidad Valenciana en la autonomía de todo el estado español con más árboles protegidos, con un total de 2.439, siendo Valencia la provincia con mayor número de ejemplares. Dicho catálogo se revisa y amplía de forma periódica, siendo su última actualización en fecha 23 de Marzo de 2023. El árbol más representado en el catálogo es el olivo (Olea europaea) con 660 ejemplares, seguido de la palmera datilera (Phoenix dactylifera) con 254, la sabina albar (Juniperus thurifera) con 246, al igual que el algarrobo (Ceratonia siliqua), y la palmera de abanico mexicana (Whashingtonia robusta) con 122 ejemplares.
     En el Rincón de Ademuz destacan los municipios de Puebla de San Miguel y Vallanca, con 233 y 36 ejemplares respectivamente, siendo la sabina albar (Juniperus thurifera) la más representada con 231 ejemplares de los 246 catalogados en toda la comunidad, joyas del parque natural Puebla de San Miguel, conformando un paisaje único a nivel mundial de esta especie. Abundan también los pinos laricios (Pinus nigra) con 10 ejemplares, alzados majestuosamente entre praderas de montaña, salviares y tomillares aprovechados por la abundante cabaña ganadera que ha poblado históricamente, hasta antes de ayer, estas tierras. El resto de especies destacables son el álamo negro o chopo (Populus nigra) con 6, el nogal (Juglans regia) con 5, y el álamo blanco (Populus alba) también con 5 ejemplares, creciendo al amparo de las numerosas fuentes y cursos de agua que surcan el territorio, patrimonio hidráulico del Ricón de Ademuz. La lista queda completada con las quercineas o robles, carrasca (Quercus ilex) con 8 ejemplares, quejigo (Quercus faginea) con 5, y coscoja (Quercus coccifera) con 1, que pese a su origen común, la bellota, ocupan una amplia diversidad de condiciones climáticas, orográficas y edafológicas, muestra de la gran variabilidad de ecosistemas que jalonan nuestra comarca.

Paraje de Las Blancas. Parque Natural Puebla de San Miguel.
     Mención especial merece el pino albar (Pinus sylvestris), aunque solo catalogado el Pino del Remolque de Leña que alcanza los 350 años de edad, tenemos que destacar al Pino Vicente, o Pino de las Tres Garras, que el guarda forestal Vicente Tortajada, en los años 60 del siglo pasado, dijo que no se debía cortar. Está asentado en el "Vago de la Culebra" gozando de unas condiciones óptimas de sombra y humedad, alcanzando los 5 metros de perímetro normal y los 14 metros de altura, es un icono del parque natural. Otro icono del parque es el Paraje de Las Blancas, con sabinas que alcanzan una longevidad cercana a los mil años de edad, con 8 metros de perímetro en su base y 12 metros de altura. Ambos parajes forman parte de las 13 microrreservas de flora del Rincón de Ademuz.
Pino Vicente o Pino de las Tres Garras. Parque Natural Puebla de San Miguel
     Para contemplar la majestuosidad de estos árboles podemos disfrutar del sendero circular del Paraje Natural Municipal de la Umbría de la Huerta en el municipio de Vallanca, que recorre la vega del río Bohigues y el monte de El Plano, donde en tan solo 4 kilómetros encontraremos 10 árboles catalogados, recorrido interpretativo que en breve será declarado Paraje Natural Municipal. Hay instalados atriles interpretativos en los que se describen las principales características y se dan a conocer sus singularidades.
     Tomando el sendero 131.8, Alto de las Barracas, podemos conocer algunos de los 233 árboles catalogados en el municipio de Puebla de San Miguel y disponemos de 9 recorridos mas de la red de senderos que atraviesa el Rincón de Ademuz. Pese a que la distancia total de la ruta completa es muy elevada, podemos realizar el tramo circular de 20 kilómetros, que comenzando y finalizando en el casco urbano, nos descubrirá las microrreservas de Las Blancas y el Pino Vicente, subiendo al Alto de Las Barracas, que con sus 1.836 metros de altitud ostenta el techo de la Comunidad Valenciana.
Sendero Umbria de La Huerta. Vega del Vohigues. Vallanca.

     Podemos localizar cada uno de estos árboles singulares en el visor cartográfico de la Generalitat Valenciana pinchando en este enlace y obtener tanto la ubicación de todos ellos, como las características de los mismos. Pese a que el resto de municipios no presenten árboles catalogados, exceptuando Ademuz con 4, se localizan árboles majestuosos por todo el territorio, que simplemente no se han catalogado.
     Para que un árbol sea considerado monumental, merecedor de PROTECCIÓN GENÉRICA sin necesidad de una resolución singularizada, se valoran las siguientes características: 

+ de 350 años de edad.
+ de 30 m de altura.
+ de 3,5 m de perímetro a 1,30 m.
+ de 25 m de diámetro mayor de copa.

     La dendrocronología estudia los anillos de crecimiento de los árboles para determinar su edad en zonas de clima estacional, donde se forman anillos de madera por debajo de la corteza, siendo el más antiguo el que se ubica en el centro del tronco. Los árboles caducifolios tienen un único periodo de crecimiento al año, cuando llega el invierno pierden sus hojas y este crecimiento se detiene, por lo cual solo poseen un anillo por año. Los árboles perennifolios tienen un ciclo de crecimiento constante, estos poseen dos anillos por año, uno que indica el periodo estacional más favorable (un anillo de color claro) y otro que señala el periodo en que creció menos (un anillo más oscuro). En algunas zonas tropicales también podemos encontrar anillos (bosques tropicales secos o inundados estacionalmente), ya que en las estaciones secas los vasos se hacen más pequeños y oscuros, sus paredes se engrosan para proteger el agua, y en las estaciones húmedas se producen anillos anchos y claros. El estudio de los anillos aparte de darnos a conocer su edad, nos permite reconstruir los eventos que han afectado al árbol durante su crecimiento: el clima, incendios, avalanchas, plagas, talas, etc. Para acceder a esta información se utiliza la barrena de pressler. El árbol vivo más viejo del mundo se llama Matusalen (Pinus longaeva), que alcanza los 4.850 años de edad, situado en el Bosque Nacional de Inyo, Sierra Nevada, al este de California (Estados Unidos).

Sección de carrasca. 131 años. 1’23 m de perímetro. Agres, Alicante

     El perímetro del tronco es el contorno de la sección del tronco perpendicular a su eje longitudinal, situado a una altura de 1,30 m sobre el nivel del terreno, expresado en centímetros, teniendo en cuenta las salvedades por deformidades del tronco especificadas en el Anexo I del Decreto 154/2018, de 21 de septiembre, de patrimonio arbóreo monumental de la Comunidad Valenciana. El árbol con mayor grosor de tronco es el Ciprés de Montezuma (Toaxodium mucronatum), que crece en Santa María de Tule, Oaxaca (México), cuyo perímetro alcanza los 46 metros. Según la leyenda local fue plantado por un dios azteca de la tormenta.
     La altura se mide como la distancia intersectada entre los planos horizontales formados por la base del tronco y el punto más alto del ejemplar, expresado en decímetros. Cuando el ejemplar está inclinado se toma como altura la distancia del eje longitudinal entre la base y el ápice. El árbol más alto del mundo se llama Hyperion (Sequoia sempervirens), localizado en el Parque Nacional Redwood, al norte de California (Estados Unidos), y mide 115 metros de altura.
     El diámetro mayor de copa es la longitud de la recta más larga, que pasando por la base del ejemplar, une dos puntos de la proyección del contorno de la copa sobre un plano horizontal, expresado en decímetros. El árbol con mayor copa del mundo es conocido como Thimmamma Marrimanu (Ficus benghalensis), situado en la Reserva Forestal de Kadiri, en la región del estado indio de Andhra Pradesh, se trata de un bosque muy singular que cubre más de 19.000 metros cuadrados, compuesto por un solo árbol. Bajo sus ramas se ubica un templo dedicado a Thimmamma, que cuenta la leyenda se habría inmolado en ese lugar al morir su esposo en 1434. 

Álamo blanco de la Fuente del Chopo. Negrón. Vallanca.

     Serán protegidos expresamente aquellos ejemplares que sean declarados monumentales o singulares por parte de la Generalitat, mediante una resolución de la dirección general con competencia en la gestión del medio natural, según establece la Ley 3/1993, Forestal de la Comunidad Valenciana. Dicha declaración ordenará su inclusión en el Catálogo de Árboles Monumentales y Singulares de la Comunidad Valenciana. El procedimiento para su protección expresa podrá iniciarse de oficio, o a petición de persona o entidad interesada, que en caso de no ser la propietaria deberá aportar acuerdo con el titular, dando audiencia a los propietarios y a los ayuntamientos en todo caso, y presentando un informe técnico sobre los valores a proteger.
     También puede valorarse para una PROTECCIÓN SINGULARIZADA DE INTERÉS LOCAL el factor ambiental, teniendo en cuenta la funcionalidad que tiene para otras especies de seres vivos a los que puede albergar. Algunos árboles viejos pueden llegar a ser un ecosistema en sí mismos, y servir de refugio o de atalaya para especies de fauna consideradas de interés, comportándose como islas de biodiversidad, incluso en espacios de tipo urbano o suburbano. Así mismo, a menudo los ejemplares incluidos en el catálogo están ligados a su simbolismo e interés cultural a nivel local, que encierran un importante significado histórico o simbólico, y aquellos que recogen tradiciones religiosas o sociales, con alto valor etnobotánico.

Nogal de La Balsa. Vega del Turia. Ademuz.
      Los ayuntamientos, mediante acuerdo del pleno de la correspondiente corporación, también pueden declarar árboles monumentales de interés local, aquellos ejemplares que destaquen por sus características de tipo biológico, paisajístico, histórico, cultural o social. Tras comunicar dicha declaración a la conselleria competente en medio ambiente, se procede a su inscripción en la correspondiente sección del catálogo. Cada ayuntamiento está obligado a gestionar su correspondiente catálogo de árboles monumentales de interés local.La Dirección General de Medio Natural y de Evaluación Ambiental, a través del equipo de patrimonio arbóreo del Centro para la Investigación y la Experimentación Forestal (CIEF), además de las labores de catalogación, desarrolla las tareas de seguimiento y conservación de los ejemplares, así como la asistencia técnica a otras administraciones, propietarios, y entidades interesadas, respecto a la catalogación y conservación de los árboles protegidos o en trámite de declaración,con el objetivo de mantener o mejorar su estado. Su catalogación es un instrumento dinámico y la información se revisa y amplía periódicamente. Los árboles catalogados, o bien se localizan en campo y se inventarían por parte del equipo CIEF, o son los agentes medioambientales o técnicos municipales quienes cumplimentan elmodelo de ficha para la toma de datos. Posteriormente se introducen en la base de datos de patrimonio arbóreo para su catalogación, muy útiles en la realización de investigaciones y estudios comparativos. Su descatalogación sólo se produce con la muerte del ejemplar.
     La conservación de los ejemplares catalogados corresponde a: La conselleria, los ayuntamientos y los propietarios. 

     Estos árboles gozan de una protección legal específica, al menos en un radio de 10 metros a partir del límite de la copa, y queda prohibido:
  • Dañar, mutilar, deteriorar, arrancar o dar muerte a los árboles, así como modificar física o químicamente su entorno.
  • Poseer  ejemplares arrancados, trasplantarlos o comerciar con ellos.
  • La recolección masiva de sus ramas, hojas, frutos o semillas, y la instalación de plataformas, objetos o carteles que puedan dañar significativamente su tronco, ramaje o raíces.
  • Instalar cualquier objeto o estructura que obstaculice su visión, sin motivo estrictamente justificado
  • Mover tierras u otras obras en un radio de 10 m desde el límite de la proyección de copa.
  • El árbol continuará protegido aunque se venda el terreno.

Quedan autorizados los siguientes aprovechamientos y actuaciones:

  • Las actuaciones de conservación del árbol y su entorno que lleven a cabo las administraciones competentes.
  • Los trabajos de cultivo.
  • La recolección de frutos y sus producciones por parte de los propietarios, así como los restos podas y la madera proveniente de la muerte del ejemplar, aunque las administraciones competentes podrán adquirir esta madera con fines científicos, culturales o educativos.
  • Las actividades manuales necesarias para la recolección de frutos, como el vareo u otras prácticas tradicionales.
  • Las podas leves y de fructificación, los tratamientos fitosanitarios, el pastoreo moderado, y aquellas otras actividades tradicionalmente acometidas para el mantenimiento de los árboles, siempre que no pongan en peligro su supervivencia.
Sabina albar indeterminada. Sesga. Ademuz.

     Los árboles viejos, robustos, pasajeros del tiempo, aquellos que han servido de sombra durante siglos en las siegas, en las fuentes, a los pastores en el camino, aquellos que han servido incansablemente al forraje del ganado, a ofrecernos sus frutos, su madera para elaborar aperos, o sostener tejados, producir brea para los barcos y los cueros, o simplemente aquellos que por su singular belleza merecen ser preservados, pervivirán, cuando nosotros no estemos aquí, ellos estarán, y nuestros hijos lo agradecerán.

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