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20 septiembre 2026

LA RAVENALA 
  


Cómo se obtiene el agua...

Esta es una planta que inmediatamente se identifica con el país, Madagascar, y es la Ravenala madagascariensis, uno de los "infinitos" endemismos que posee la isla. Es la llamada comúnmente palma del viajero (aunque no se considera una verdadera palmera, sino una mezcla de bananera y palmera). Es la única especie del género monotípico Ravenala. Se le llama árbol del viajero porque con sus grandes hojas rápidamente se puede construir un refugio y su tallo contiene agua potable que se puede extraer sin malograr la planta, separando levemente con una punta roma la unión de los peciolos de las hojas. He leído en un artículo que las hojas toman, generalmente, la orientación este-oeste, pero no lo constaté. En gran parte de las casas de campo los tejados están cubiertos por hojas de ravenala entrelazadas. Cuando se cortan las hojas en las aldeas para trabajarlas en su trenzado se les corta la punta extrema, es cuestión de creencias en la mala o buena suerte.
     La ravenala forma parte de la familia Strelitziaceae, está estrechamente emparentado con el ave del paraíso. Los espacios donde habita se les llama renovales (hace referencia a un bosque joven, normalmente de tipo secundario, cuyos árboles dominantes son de edad similar, terreno poblado de renuevos). Es costumbre la quema de amplias laderas para dar paso al pastoreo donde las ravenalas rebrotan con suma facilidad. Esta quema es la causa por la que la isla lleva un mal camino, a punto de perder los bosques y por consiguiente muchos endemismos, 
Semillas
muchos todavía por descubrir.
     Es un árbol perennifolio que puede alcanzar más de 12 m de altura. Sin ramificaciones. Suele desarrollar alrededor de 20 grandes hojas en forma de abanico dispuestas en un solo plano (dístico). Esta curiosidad resulta espectacular en una planta tan alta, por lo que es muy apreciada en jardinería tropical. Los polinizadores no son insectos ni pájaros, sino lémures negros, un primate pequeño. Las láminas de las hojas miden entre 1,5 a 3 m de largo por 0,60 a 1 m de ancho. Están sostenidas por peciolos de más de 3 m que surgen de vainas en el ápice del tronco. Al envejecer, las hojas inferiores amarillean y se rompen hasta caer, formando unos anillos circulares de vainas endurecidas a medida que el tronco va creciendo.
     La inflorescencia está formada por un solo tallo en forma de racimos que surge de entre las vainas foliares. Cada racimo, de más de 60 cm de largo, está compuesto por alrededor de ocho flores largamente pedunculadas dispuestas también en un solo plano (parecidas al ave del paraíso) de color azul y blanco.

     El fruto, de color marrón, es una cápsula cilíndrica (7,5-10 cm) con 3 valvas que contiene varias semillas azuladas de 1 cm.
     La ravenala es el árbol-símbolo de Madagascar, símbolo utilizado por compañías y sociedades económicas, como "Air Madagascar". Su silueta se ha reproducido en sellos de correo, en billetes de banco, compañías malgaches...


Este escudo oficial de Madagascar data de 1993. Es un disco dorado que muestra en su centro el mapa de Madagascar sobre fondo plateado. En su parte superior se representan en forma estilizada árboles Ravenala y sobre los árboles la leyenda “Republikan’i Madagasikara” (República de Madagascar). En la parte inferior hay una cabeza de buey roja sobre campos de arroz. Bajo ellos una espiga de arroz a cada lado del lema en malgache “Tanindrazana, Fahafahana, Fandrosoana” (Patria, Libertad, Progreso).

  
 
Información:
https://es.wikipedia.org/wiki/Ravenala_madagascariensis
-https://es.wikipedia.org/wiki/Sello_de_Madagascar


 
 
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17 septiembre 2026

EL CASTAGNO DELLA NAVE, Italia
Castanea sativa (Fagaceae)

Este enorme castaño crece en un campo cultivado de propiedad privada, en el municipio de Mascali (Catania/Sicilia). El árbol tiene 23 metros de perímetro, tocón elevado que se asemeja al casco de un velero (de ahí su nombre: "Castagno della Nave" - ​​"El castaño del barco") y del que salen tres ramas principales: la más grande tiene una circunferencia de unos 4 metros, mientras que el árbol alcanza una altura de 25 metros. Este hermoso ejemplar que sobrepasa el milenio, es reconocido como el segundo árbol más antiguo y grande de Italia. A este legendario árbol también le llama "Castagno di S. Agata" o "Arrisbigghiasonnu" -"el que te despierta del sueño"- porque sus ramas bajas llamaban la atención de los cansados ​​carreteros que pasaban o por el ininterrumpido canto de los pájaros entre su follaje. 

Cómo llegar: Este árbol se encuentra a unos 600 metros del famoso "Castaño de los Cien Caballos", junto a la carretera provincial n.º 84 que conecta Sant'Alfio con Linguaglossa, en un cruce en el límite con el municipio de Mascali (Catania). 

Ficha botánica: El castaño común está ampliamente extendido por el sur de Europa, ampliamente cultivado desde la antigüedad por sus nutritivos frutos. Al moler los frutos, se obtiene una harina muy apreciada que antiguamente era un componente esencial en la alimentación, gracias a su alto contenido calórico. Aunque se cultiva principalmente por sus frutos, el tanino de su corteza se utiliza en la fabricación de cueros, para transformar la piel cruda en cuero duradero, dándole firmeza, cuerpo y un envejecimiento característico, aunque es un proceso más lento y artesanal que el curtido al cromo. El extracto de castaño es adecuado para el curtido de pieles pesadas y en especial del cuero para suelas, puesto que permiten obtener un alto rendimiento en peso, un cuero firme, compacto pero flexible, elástico, de buen color, resistente a la luz y con buena impermeabilidad al agua. Los castaños también son apreciados como excelente leña. Su madera es más resistente que la de otros árboles, por lo que es ideal para utilizarla en exteriores. 

La Castanea sativa Mill. es un árbol grande, caducifolio y muy longevo, que puede vivir más de 500 años. Pertenece a la familia Fagaceas, originaria del sureste de Europa. Esta especie es moderadamente heliófila y tolera bien las heladas tardías. Crece bien en climas suboceánicos, mientras que tiende a evitar los ambientes continentales. Prefiere suelos sueltos y frescos, ricos en nutrientes como potasio y fósforo, con una reacción ácida o subácida. El castaño crece entre 200 y 830 metros sobre el nivel del mar en los Alpes, mientras que tiende a alcanzar altitudes mayores, de 100 a 1300 metros, en el sur de los Apeninos.

Los castaños son plantas altamente melíferas, ideales para colmenas trashumantes. La miel de castaño es particularmente rica en fructosa, tiene un color oscuro, un regusto amargo y puede evitar la cristalización durante mucho tiempo. 

 

Lo hemos leído aquí 
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21 agosto 2026

A.L.M. CANTERA, en "El País"
Por cada niña, un bosque, Piplantri, India

El pueblo de Piplantri, en el estado indio de Rajastán, celebra el nacimiento de cada mujer con la plantación de 111 árboles para asegurar su futuro y concienciar contra los feticidios

Pura y su marido Shubhum Singh plantan un árbol en honor al nacimiento de su hija Disha, en Piplantri (India), en junio de 2013. Prahlad Paliwal

Disha parecía loca de gusto. Su madre masajeaba su cuerpecito con un ungüento de aloe vera. Hábiles y atentos, sus dedos subían y bajaban, animados por una danza tan sinuosa como tenaz. Desde el vientre hasta los talones y la planta de los pies, y desde las nalgas hasta las aletas de la nariz. Pura celebraba con ese baño y la consiguiente puja –rito espiritual hindú– el año y poco de vida de su hija. El baile de caricias hacía brotar carcajadas de felicidad en el bebé, como crecen más de un centenar de árboles en su nombre en Piplantri.
     La árida localidad del estado indio de Rajastán no sólo honra la llegada al mundo de los varones con danzas, cantos y proclamas a las deidades hindúes. Sino que también las niñas son bienvenidas con un ritual más terrenal y menos efímero; la plantación de 111 árboles en su honor. “Cuidamos de los árboles como parte de nuestra familia. Porque son el fruto de la tierra y porque también nos darán el fruto para mantener a nuestras hijas", explica Pura, una de las mujeres de la aldea de 8.500 habitantes que se benefician del proyecto.
     Desde hace seis años, las madres de Piplantri pueden formar parte de la iniciativa Kiran Hadhi Yogana, de forma voluntaria. Al entrar en el proyecto, las familias se responsabilizan de la plantación y cuidado de 111 árboles por cada niña que nazca en su hogar. También de forma voluntaria, los padres se comprometen a aportar un depósito fijo de 21.000 rupias (271,5 euros) para el futuro de sus hijas. “El resto del pueblo contribuye con 10.000 rupias más para hacer un total de 31.000 (400 euros) para cada niña. Si las familias no pueden aportar la cantidad más alta, ésta correría a cargo de la comunidad”, explica el sarpancha –alcalde– de la localidad y creador del proyecto. Shyam Sundal Paliwal concibió la idea cuando asumió el cargo del departamento de saneamiento y medio ambiente de Piplantri, pero fue la muerte por deshidratación de su hija Kiran en 2007 lo que puso la simiente final. “Kiran Hadhi Yogana beneficia a todos. Más de 60 familias se han sumado al programa y hemos plantado 285.000 árboles en un espacio de 2.000 hectáreas”, apunta Shyam, quien asegura que ahora las familias están más predispuestas a aceptar el nacimiento de niñas por la ayuda económica que ello conlleva.
     La concepción de una niña en India supone un contratiempo debido a las imposiciones de una sociedad patriarcal y patrilineal. Los varones son el sustento de la economía doméstica mientras que las hijas son casadas previa dote, lo que implica un gasto añadido para su familia. Pese a que la ley india prohíbe esta costumbre desde 1961, el pago de sumas de dinero por parte de los padres de la novia a la familia del esposo, quien se hace cargo de la mujer, sigue siendo habitual en todos los estados indios. La permanencia de este atavismo conduce, indirectamente, a prácticas que son ya un silencio a gritos en el país asiático, los feticidios femeninos.
     No existen datos certeros acerca de este drama clandestino. Pero las cifras referentes a la proporción de hombres y mujeres en India, reflejados en el último censo de 2011, son reveladoras: 940 mujeres por cada 1.000 hombres. En el estado de Rajastán el fenómeno deja un ratio aun menor, 928 por cada 1.000. Mientras que en el caso de menores de 6 años, los números son contundentes: sólo hay 888 niñas por cada 1.000 niños –una relación muy baja si se compara con la proporción natural de sexos entre recién nacidos, establecida en valores de 103 a 107 varones por cada 100 hembras–. El Gobierno indio ha intentado poner freno al aborto selectivo de niñas mediante la actualización en 2003 de la Ley sobre las Técnicas de Diagnóstico Prenatal (1994), prohibiendo las sonografías y otros métodos de predicción del sexo del feto. Aunque lleva una década en vigor, sólo un pueblo de Rajastán ha interpuesto una denuncia por feticidio en base a la ley. Y únicamente en 13 de los 35 estados de India se han recogido casos judiciales por incumplimiento de la misma.
     El proyecto en Piplantri está dando sus frutos. Según el propio Shyam, la proporción de niñas y niños se ha invertido en los últimos seis años hasta llegar a los 48 niños y 52 niñas; con una natalidad anual de 50 a 62 niñas. Además de mejorar el entorno natural, la plantación de 111 árboles por cada niña nacida en Piplantri también previene los matrimonios infantiles, otra de las lacras sociales de India. “Mis padres me casaron cuando tenía 14 años. Pero mi hija tiene la oportunidad de esperar hasta que sea mayor de edad”, cuenta Lalitha, mientras acuna a Puja en sus brazos. Para formar parte del proyecto, Lalitha y su marido Gehari Lal Bhalai tuvieron que firmar una declaración jurada ante el panchayat –ayuntamiento– en la que se comprometían a cuidar de los árboles plantados así como a mantener el depósito concedido hasta que su hija cumpla 18 años, cuando lo podrán usar para su educación o para la dote matrimonial.
     El matrimonio infantil es un fenómeno global, por el que cada tres segundos una niña es obligada a casarse. Pero según el último informe de UNICEF sobre matrimonio infantil, de junio de 2014, India es el sexto país del mundo con mayor incidencia de matrimonios prematuros. El mismo informe confirma que el 58% de las mujeres indias de entre 20 y 49 se casaron antes de cumplir 18 años, y más de un cuarto de la población femenina contrajo matrimonio siendo menores de 15 años.
     El depósito de las familias sirve para diseñar un futuro mejor para las niñas. El valor natural de los árboles también augura más prosperidad para el pueblo de Piplantri. Según cálculos del propio Shyam, después de 18 años de vida –cuando las niñas alcanzan la mayoría de edad– cada árbol llega a valer 50.000 rupias, lo que supone un total de más de 5 millones de rupias (71.000 euros). “El proyecto también hace que el 80% de las mujeres sean el motor del desarrollo del campo, mientras sus maridos trabajan en las minas de mármol”, señala Jeetender Updhayay, responsable del distrito al que pertenece Piplantri. La explotación de las canteras de mármol es la principal fuente de ingresos de las familias de la zona, pero también la razón última de la deforestación de su entorno natural. En una región desértica como la de Rajastán, los desechos generados por la minería no hacen más que degradar un suelo ya yermo. Durante las lluvias del monzón, el agua no se filtraba a las capas freáticas sino que arrastraba la poca vegetación de la superficie. “Con la repoblación del entorno, hemos conseguido mantener el agua y las sales minerales necesarias en el suelo. Hace cinco años, teníamos que cavar 200 metros para encontrar agua, mientras que hoy se puede encontrar a 3,5 metros de profundidad”, concluye Jeetender.
     El Gobierno indio ha premiado la iniciativa por su conjugación de un entorno limpio junto al desarrollo de los derechos de las niñas, y expertos como el reconocido ambientalista de Rajastán, Harsh Vardhan, han descrito este movimiento en términos de eco-feminismo. Pero el proyecto no se ha quedado ahí, sino que ha evolucionado hasta el punto de servir de sustento para algunas mujeres de Piplantri organizadas en cooperativas de producción y venta de productos de aloe vera. Se empezó a sembrar aloe vera junto a los árboles plantados para evitar que las termitas acabasen con los árboles, y los más de 270.000 arbustos de aloe vera que florecen en la actualidad sirven para proteger el entorno y para generar beneficios económicos. “Esta idea ha revolucionado la forma de vida en el pueblo. Las familias no tienen problemas en tener hijas y el proyecto de aloe vera da trabajo a diez mujeres por 200 rupias diarias además de los dividendos de lo vendido mensualmente”, explica Kala Devi, encargada desde hace tres años de la cooperativa de las cremas, zumos y gel de baño creadas con aloe vera. El éxito de los productos con aloe vera ha hecho que la cooperativa piense ya en los posibles usos de la madera y el bambú para la fabricación artesanal de mobiliario casero, y así dar trabajo y generar ingresos para otras mujeres del pueblo.
     La revolución natural de Piplantri está relacionada con el ciclo vital, ya que también se plantan 11 árboles cada vez que alguien muere, para honrar la memoria del difunto. Y como se celebran los nacimientos y las defunciones, también las relaciones entre mortales se glorifican en conexión con la naturaleza. Muchos de los árboles del pueblo están adornados con diminutos cordeles de colores. En una alegoría a la fiesta hindú del Raksha Bandhan –en la que las chicas atan un hilo en la muñeca de los chicos como símbolo de hermandad–, las niñas de Piplantri también enhebran cuerdas en los troncos de los árboles como señal de respeto y protección. “Ahora las familias son conscientes de que los árboles y la naturaleza son una parte importante de la familia”, cuenta Shyam, orgulloso de estar repoblando su tierra con lo vital para asegurar el fruto del mañana. Junto con árboles para el medio ambiente.

09 agosto 2026

EL ÁRBOL DE LAS BOTELLAS AZULES

 

El "árbol de las botellas azules" tiene diversas interpretaciones, siendo la más común una tradición folclórica del sur de Estados Unidos donde se cuelgan botellas de vidrio azul para atrapar espíritus. También se asocia con la práctica espiritual de solarizar agua (botellas de vidrio azul al sol) o con instalaciones artísticas y sostenibles. Esta práctica tiene sus raíces en tradiciones espirituales del África occidental, especialmente entre pueblos como los bakongo, aunque parece ser una tradición que se remonta aún más atrás, al antiguo Egipto, según el experto en jardinería sureña Felder Rushing. Con el tiempo esta costumbre viajó a América en la mente de los esclavos africanos y se integró en el folclore del sur de Estados Unidos, especialmente en estados de Carolina del Sur y Georgia. 
     En el sistema espiritual afroamericano conocido como Hoodoo —una práctica de magia popular con raíces en África occidental— los árboles de botellas se colocan tradicionalmente en el exterior de la casa, en jardines y cerca de la entrada. Hoodoo no es una religión organizada con templos o dogmas formales. Más bien es un sistema de prácticas espirituales y mágicas centradas en la protección, la sanación, la justicia y la influencia espiritual en la vida cotidiana. Según la tradición Hoodoo, este mundo está lleno de espíritus merodeadores malignos, generalmente nocturnos. 
Se creía que estos espíritus malignos vagaban por el campo durante la oscuridad de la noche. Por la noche, si no tienes cuidado, pueden entrar en tu casa causando estragos en tu familia. Sin embargo, estos espíritus malignos están muy interesados en botellas de vidrio brillantes. Si las cuelgas en árboles de tu casa, los espíritus entrarán en las botellas para examinarlas, quedarán atrapados dentro y, por la mañana, cuando salga el sol, serán destruidos en la botella por la luz solar. Si no estás seguro de que la luz del día haya hecho realmente su trabajo, puedes taponar la botella, llevarla al río y tirarla al agua. Un mal espíritu no tiene ninguna posibilidad contra el río porque, según Hoodoo, odian absolutamente el agua.

 

     Y ¿por qué de color azul? Porque el azul -llamado haint blue-  se asocia con el agua y el mundo espiritual en varias tradiciones africanas. Se considera un color protector que confunde o repele a los espíritus. Haint blue es un tono de azul claro (entre azul cielo y azul verdoso) que se usa tradicionalmente en el sur de Estados Unidos como color protector espiritual. El término “haint” viene del inglés dialectal del sur y significa “espíritu” o “fantasma”. El color "haint blue" también se utilizaba en los techos de los porches, en los marcos y ventanas y contraventanas. 

     La mayoría de las personas que tienen "árboles botella" hoy en día están más interesadas en el arte de jardín único que en matar espíritus malignos. De igual forma se utiliza el color azul para decorar los porches, aunque se haya perdido el sentido espiritual de antaño.

Fotos de Pam Penick
https://www.penick.net/digging/?p=36760
https://es.wikipedia.org/wiki/Hoodoo

 ---Fin---

06 agosto 2026

RICHARD ALLEN y KIMBAL BAKER
Australia's remarcable trees

Al leer «Los árboles extraordinarios de Australia», uno experimenta un gran asombro. El hecho de que estas antiguas reliquias, a veces de formas singulares, sean únicas en el paisaje y la historia de Australia genera una sensación de grandeza ante volúmenes tan extraordinarios, la certeza de que es un país con un conjunto de vestigios orgánicos incomparables. 
     Kimbal Baker recorrió más de sesenta mil kilómetros para capturar las impresionantes imágenes. Entre ellos se encuentra el pino Wollemi,  un linaje de 120 millones de años, cuyo descubrimiento en 1994 se describió como el equivalente a encontrar un pequeño dinosaurio vivo en la Tierra. Otro ejemplo es el baobab, un árbol de tronco abultado en la región de Kimberley, en Australia Occidental, que los lugareños utilizan para almacenar agua.
     Cabe destacar que estos árboles también constituyen un vínculo importante con la historia de la humanidad. Como nos informa el autor Richard Allen, el árbol de coolibah en Cooper Creek, Queensland, fue el lugar donde se enterraron las provisiones de los exploradores Burke y Wills. Si bien este libro puede generar sentimientos de satisfacción botánica, también es, sin duda, una celebración de los magníficos árboles y sus historias. Casi es una guía, aunque no de bolsillo, repleta de datos e historias fascinantes, una guía que destaca estos árboles extraordinarios como tesoros nacionales y deben ser tratados como tales.

Idioma: Inglés / Published 01-05-2015 (nueva edición) / ISB   9780522866599 / 272 pag. 

En esta wed puedes visualizar algunas páginas

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25 junio 2026


XAVIER ALDEKOA, MARIO CHAPARRO y PABLO GONZÁLEZ
El último árbol en pie

La tala ilegal de empresas extranjeras, especialmente chinas, y el uso masivo de madera por parte de una población local empobrecida amenazan la supervivencia de las selvas de Congo, el país donde más árboles se cortan del mundo después de Brasil.

Mbandaka 

La destrucción de los bosques primarios tropicales, vergeles apenas tocados por el hombre, es un problema ecológico mundial

Los troncos parecían cadáveres de gigantes. Había cientos de ellos. Colocados unos sobre los otros, los árboles, desnudos de ramas y marcados con letras blancas en un extremo, configuraban un ejército caído junto a una selva que observaba en silencio el desastre. Era un destrozo estridente: un arrastrador rugía mientras atrapaba con unas garras metálicas los troncos y los colocaba sobre unos camiones aparcados en el barro. Al final de una cuesta, otro gruñido anunciaba que la escabechina no había terminado. Bobenza Rigober, congolés de 48 años y veinte hijos de tres mujeres distintas, rajaba con una motosierra un árbol cruzado en el camino. Las astillas volaban en el aire y el polvo de madera teñía de ocre sus enormes bíceps negros. Tosha Didabi, leñador artesanal, corta un árbol de más de 30 metros en la selva en la provincia de Ecuador, en la República Democrática de Congo.
     Aunque llevaba veintidós años en el negocio, Bobenza juraba que aún le afectaba acabar con esos portentos de la naturaleza.
     — Cuando corto árboles grandes me duele en el corazón porque contribuyo a destruir mi país. Pero estoy obligado a hacerlo. ¿Qué otra cosa puedo hacer?, debo alimentar a mis hijos.
     Bobenza, trabajaba para Cokibafod, una empresa china de explotación de madera en la provincia de Ecuador, en el corazón de Congo. Por jornadas maratonianas a pleno sol, comiendo apenas unas galletas y durmiendo en mitad de la selva, cobraba 192.000 francos congoleses al mes, unos 100 euros al cambio. 
Tosha Didabi lleva décadas en el oficio de cortar árboles. Para él, la llegada de madereras chinas sin control, es una amenaza para la supervivencia de las selva
     Bobenza era un eslabón necesario para una de las mayores agresiones verdes del planeta: el año pasado, Congo fue, después de Brasil, el país donde más árboles se cortaron del mundo. En veinte años, ha desaparecido casi un 9% de los bosques primarios en el país, que acoge la mayor parte de la Cuenca del río Congo, un paraíso natural que se expande en otras ocho naciones —República Centroafricana, República de Congo, Angola, Zambia, Camerún, Tanzania, Ruanda y Burundi— y alberga siete de cada diez árboles del continente.
     Pese a su importancia vital como segundo pulmón del planeta después del Amazonas, la cuenca del Congo mengua cada año a un ritmo insostenible y pronto de forma irreversible: un estudio de la Universidad estadounidense de Maryland advierte de que, a este ritmo de deforestación, los bosques primarios de Congo habrán desaparecido en el año 2100.
     En realidad, el problema no es solo Congo; es global. El portal Global Forest Watch denunció que en 2021, se talaron bosques en el mundo equivalentes a la superficie de Catalunya y Baleares juntas.
     Aunque en otros puntos del globo las agresiones riman con las de Congo, en el país africano se suman otros factores que favorecen la devastación. A la tala ilegal, de empresas chinas pero también libanesas y europeas, se suma la tala a causa de la minería y de una pobreza generalizada que también mata árboles: como la población se ha duplicado en 20 años, se ha disparado la producción de carbón artesanal y la agricultura de quema, en la que los campesinos talan y prenden zonas para cultivarlas y las abandonan en cuanto pierden fertilidad.
Compañías chinas, europeas y libanesas explotan el negocio de la madera en el Congo. Algunas de ellas, esquivan la legalidad y ponen en peligro el frágil ecosistema de la cuenca del Congo
La cuenca del Congo alberga siete de cada diez árboles de África
     La codicia hace el resto. La corrupción sistémica de Congo y la dificultad de controlar las irregularidades en una selva sin infraestructuras y de difícil acceso, pero que a su vez tiene en el río Congo un método de transporte de los troncos barato y eficaz, ha provocado la irrupción de empresas ávidas de beneficiarse de un negocio con un mercado amplio. Según Forest Trends, un grupo de conservación estadounidense, los principales mercados de productos de madera congoleses son Vietnam, la Unión Europea y China.
     Para Ettiene Kasereka, las imágenes de cientos de árboles cortados y transportados en barcazas río abajo se había convertido en algo personal. Tras trabajar en aduanas del río, Kasereka vio la podredumbre del negocio maderero desde dentro y decidió combatirlo. Le costó amenazas y un despido, pero no se rindió: se convirtió en activista y miembro de la organización local GASHE (Grupo de Acción para salvar al hombre y al medio ambiente, en sus siglas en francés). “La situación de la explotación de madera en Congo es catastrófica. No se respeta la reglamentación, ni hay ningún control. Multinacionales chinas y autoridades congolesas corruptas se benefician de la destrucción de nuestra selva”.
Todos los árboles deben ser marcados para controlar su origen, fecha de tala y si la madera tiene los permisos en regla. Pese a ello, algunas empresas falsifican documentos para explotar extensiones más grandes o especies de árboles protegidos.
Varios árboles esperan para ser transportados río abajo hasta la capital, Kinshasa
     Kasereka conocía de sobras las trampas de las empresas extranjeras, que vestían de legalidad su depredación del ecosistema. “Cortan en una concesión que debe talarse en 25 años y arrasan con ella en tres o cuatro años, sin preocuparse de si hay árboles protegidos, de replantar o si matan a árboles más pequeños. No respetan las moratorias y cortan con documentos fraudulentos. Actúan con total impunidad porque saben que si sobornan a la persona adecuada podrán seguir actuando”.
     Aquellas agresiones al bosque no solo eran un crimen ecológico, también condenaban a la pobreza a los pueblos locales. Y para los pigmeos, un pueblo nómada, cazador y recolector, cuya supervivencia dependía de la naturaleza, aquella devastación era una condena a muerte.
     A la aldea de Ikenge se llegaba por una cicatriz de barro. El centro del poblado estaba atravesado por una carretera enfangada por la que circulaban excavadoras, bulldozers y camiones cargados de árboles gigantescos de la empresa china Maniema Union. El pasado de la empresa era turbio: la oenegé Global Witness había destapado que la compañía asiática había obtenido su licencia de tala en Congo de manera ilegal gracias a un general congoleño sancionado por violaciones de derechos humanos tanto por la Unión Europea como por Estados Unidos.
Los pueblos pigmeos de la región, que dependen de la caza y de la recolección de frutos del bosque, son los más afectados por los estragos de la tala masiva e ilegal
Lundi Bokoko, cazador pigmeo de la aldea de Ikenge, denuncia que, a causa del ruido de la tala, los animales han huido y la desnutrición de su comunidad se ha disparado

     Al oír el nombre de la empresa, el jefe pigmeo Biondo Ikemwa no podía contener la ira. La llegada de los asiáticos, decía, había significado la destrucción de miles de árboles y había vaciado sus selvas y sus tripas: el ruido de las máquinas había ahuyentado a los animales salvajes y había acabado con una fuente de proteínas básica para los pigmeos. La malnutrición se había disparado.
     — Si destruyen el bosque, nos destruyen a todos, decía. 
     Además de las condiciones de trabajo infrahumanas, con salarios indecentes, sin comida ni lugar para pernoctar, los pocos pigmeos que trabajaban para la empresa china denunciaban una total ausencia de medidas de seguridad y una desidia absoluta en caso de accidente.
     Mboyo Mali, de 45 años y madre de siete hijos, solo tres de ellos vivos, lloraba porque no sabía cómo maldecir su mala suerte. Sí sabía cuándo había empezado: cuando la maderera china Maniema contrató como talador a su marido. “Estábamos felices porque ganaba un poco de dinero, llevaba casi tres años trabajando para ellos, pero un día un tronco le cayó en la espalda y le dejó paralítico. Su jefe chino dijo que mi marido no tenía contrato, la empresa había cambiado de nombre y no podía hacer nada por él. No nos dieron ni un céntimo, nada”. Para pagar los médicos, Mboyo limpió la pocilga de un bantú que le pagaba 25.000 francos al mes (12 euros). “Solo comíamos mandioca, todos los días. Mi marido se deprimió y empezó a beber. Decía que el accidente le había convertido en inservible. Con la llegada de los chinos, mi vida cambió y se llenó de sufrimiento. Rezo a Dios para que se vayan de nuestros bosques para siempre”.

La caza es clave para la alimentación del pueblo pigmeo. A la huida de los animales por la pérdida de su hábitat, se une la tala de los árboles habitados por el gusano "pose", otra de las fuentes de proteínas indispensables para la comunidad de Ikenge

Una mujer pigmea recoge mandioca fermentada en unos pozos artesanales a las afueras de la aldea de Ikenge

      A la salida del poblado, había que subir por un camino de tierra y barro que se ensartaba en la selva para llegar a la cantera de Banjo, donde la empresa china había instalado una docena de contenedores metálicos en una explanada yerma. Era el centro de operaciones de la empresa en esa zona selvática, donde vivían 10 empleados asiáticos que coordinaban a los 140 empleados locales. La decena de asiáticos vivían dentro de los contenedores, acondicionados con un wifi precario, ventiladores y cocina. Los congoleses vivían en chozas de barro y paja a unos cien metros de allí. Aunque la mayoría de los empleados chinos declinó hablar con este periodista, finalmente Ashil Zheng Zhou aceptó dar su opinión. Zheng llevaba cuatro meses en la selva congolesa por dinero: tenía un hijo y por trabajar en Congo su empresa le pagaba un 50% más que en China. Le quedaban 18 meses antes de regresar a casa.
     — Para el medio ambiente lo que hacemos es malo. Aquí cortamos árboles, eso no es bueno para la naturaleza. Pero el gobierno nos da permiso, tenemos todo en regla.
El río Congo y sus afluentes son vías de transporte básicas para la explotación maderera del interior del país
Grandes barcazas cargadas con cientos de troncos de varias toneladas descienden cada día por el río Congo hasta la capital

      Ante la insistencia de irregularidades de su empresa, lanzaba balones fuera.
     — Sí que existe la corrupción. Otros actúan así. Pagan sobornos para poder hacer lo que quieren y ganar mucho dinero. Mucho dinero. Pero nosotros actuamos bien, el 99% bien.
     Al pedirle la documentación de la explotación, dio por terminada la entrevista.
     En realidad, aquel punto en mitad de la selva solo era el inicio de un negocio que llevaba toda esa madera lejos de allí. Tras cortarlos, decenas de camiones trasladaban los cadáveres de madera hacia el Congo o uno de sus afluentes para iniciar su lento descenso hacia el mar y de allí al mercado internacional.
     Antes, todos esos árboles cortados debían pasar por un punto clave cientos de kilómetros río abajo: Kinkole. El principal puerto maderero de las afueras de la capital congolesa, Kinshasa, recibía cada día barcazas que cargaban troncos gigantescos del interior del país.

Las barcazas son además pequeñas ciudades flotantes y decenas o cientos de habitantes se distribuyen entre los troncos para decender la corriente
Las almadías, balsas de troncos atados unos a otros que sus ocupantes van a vender a la capital, son la forma más artesanal y precaria del transporte de madera en el Congo. Las embarcaciones, inestables y lentas, tardan meses en llegar a su destino.
     Era también un supuesto lugar de control, aunque el caos no invitaba al optimismo. En el lugar todo era madera: las botas se hundían en una alfombra de arena, barro, serrín, astillas y cortezas. Si en el agua los barcos hacían fila para descargar su mercancía, en tierra firme la vertiente artesanal e industrial del negocio se fundían en un mismo espacio.
     En la orilla, varias docenas de hombres con machetes cortaban sus árboles en trozos mientras un poco más atrás, las excavadoras, dragalinas o grúas cargaban pesados troncos en los camiones que los iban a trasladar hasta el océano: a partir de Kinshasa el río Congo se retuerce en varias cascadas que impiden su navegación hasta Matadi.
     Para Richard Mondjali, que se presentaba como el presidente de los explotadores forestales artesanales del “punto clave de la explotación y comercialización de madera de Congo”, si alguien quería hacer trampas, no esperaba hasta llegar a Kinkole. “En la selva es más fácil engañar, poner que unos árboles vienen de un lugar y no de otro, o que las autoridades no controlen bien la tala, pero en este puerto hay muchos ojos ya observando”.
Kinkole, a las afueras de la capital congolesa, es el principal puerto maderero del país. Desde allí, los troncos son transportados por carretera hasta Matadi, a 150 kilómetros del mar, donde el río Congo vuelve a ser navegable. 
A la tala industrial, se suma la práctica artesanal y otra amenaza para los bosques: la agricultura de quema, en la que los campesinos prenden fuego a zonas boscosas para cultivarlas y abandonarlas cuando dejan de ser fértiles. 
     Mondjali criticaba el descontrol y la corrupción en el sector, pero se ofendía ante las críticas extranjeras de tala masiva en Congo.
     “¿Qué quieren esos ecologistas? ¡Los árboles son nuestra riqueza! Si los extranjeros no quieren que cortemos nuestros bosques es porque en Europa, China o América ya los han cortado todos. Desde sus casas bonitas y confortables nos dicen que cuidemos nuestros árboles. ¿De qué vamos a vivir? Estos árboles nos permiten alimentar a nuestras familias”.
     Mientras Mondjali hablaba, una enorme máquina movió un árbol a sus espaldas, tan pesado que, al dejarlo caer sobre un camión, el suelo retumbó y los hierros del vehículo protestaron con un quejido metálico. Casi un chillido animal.

 Lo hemos leído aquí

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13 junio 2026

El árbol devorador de hombres (1 de 2)


Crinoida dajeeana

La "Crinoida dajeeana" es el nombre dado al mitológico (bulo literario -"hoax-"(1)) árbol devorador de hombres de Madagascar", un relato del siglo XIX que resultó ser un completo éxito de publicación. El "árbol devorador de hombres" se convirtió en una de las leyendas urbanas más famosas de la criptobotánica.(2)
     La leyenda nació de una carta de Edmund Spencer publicada en el diario New York World en 1874, escrita, supuestamente, por el explorador alemán llamado Carl Liche (o Leche). Este periódico contribuyó en la formación de lo que después se denominó prensa amarilla, al presentar noticias con titulares llamativos, escandalosos, exagerados, sin evidencias, sin investigación y sensacionalista, con el fin de aumentar las ventas.
     Liche describía un árbol con forma de piña gigante de unos 2.5 metros de altura, con zarcillos peludos y hojas como "garras" que se cerraban sobre sus víctimas. Según su relato, la tribu de los "Mkodo" obligó a una mujer a coger y beber el fluido dulce del árbol, momento en el que los tentáculos del mismo la atraparon y la aplastaron hasta devorarla.
     Investigaciones posteriores revelaron que Carl Liche nunca existió, al igual que la tribu de los Mkodo o el propio árbol. Fue una invención periodística para atraer lectores en una época de gran fascinación por los territorios inexplorados. Catorce años después, el propio New York World confirmó que toda la historia era una invención literaria de Edmund Spencer. No hay árboles devoradores de personas pero Madagascar es muy importante por su biodiversidad, entre los que destacan los baobabs, conocidos como "árboles al revés", gigantes sagrados que pueden vivir cientos de años y almacenar agua en sus troncos. En la gran isla crecen siete de las ocho especies de baobabs, seis de ellos endémicos de la isla.
 
La imaginación de los escritores ha recorrido otros continentes inventando plantas insaciables:
     El Yateveo, una planta carnívora que se decía crecía en varios lugares de América Central y del Sur, con parientes en África y en las costas del Océano Índico.
     El árbol serpiente, invento de Andrew Wilson cuando en 1892 publicó un informe en el periódico Illustrated London News según el cual un botánico conocido como Mr. Dunstan había encontrado una nueva especie en los pantanos en torno al lago Nicaragua.
     Duñak, un árbol carnívoro descrito en las historias tribales de Filipinas y otros lugares del Sudeste de Asia. Algunos criptofitólogos creen que el Duñak es realmente una especie gigante de Drosera o de la Nepenthes rajah, que se alimenta de ranas y pequeños mamíferos. Otros creen que la historia describe los hábitos de caza de una de las especies de serpiente pitón de la zona.

1.- Hoax: bulo, engaño, farsa o noticia falsa difundida deliberadamente para hacer creer algo falso como verdadero
2.- Criptobotánica o criptofitología pretende demostrar la existencia de plantas míticas, específicamente los árboles carnívoros que supuestamente capturan y matan animales grandes o incluso personas, 
bulos anteriores al siglo XX para una sociedad que no podía contrastar el conocimiento
.
 

Drosera madagascariensis

Nepenthes madagascariensis

        La isla sí tiene dos famosas especies vegetales carnívoras: Nepenthes madagascariensis y Drosera madagascariensis. La primera es la más emblemática y se distingue por sus hojas en forma de jarras que, además de su llamativa apariencia, cumplen una función letal para los insectos que se acercan demasiado. Estas jarras están llenas de un líquido digestivo que, combinado con néctar y un atractivo color rojizo y amarillo, atrae a sus presas. Una vez que un insecto, como una hormiga o una mosca, se acerca para alimentarse del dulce néctar, se encuentra con una superficie resbaladiza que lo conduce inevitablemente al interior de la jarra, donde el líquido digestivo lo descompone para que la planta pueda absorber los nutrientes. Son especies que han evolucionado para sobrevivir en suelos pobres en nutrientes.
     Últimamente se ha descubierto que algunas plantas carnívoras han evolucionado y habrían cambiado su dieta de insectos a excrementos de algunos animales. Esto se debe a la escasez de alimento para la planta, lo que la llevó a encontrar una nueva fuente de nutrientes en los excrementos de animales mas grandes como musarañas, por ejemplo. Este cambio en la dieta es muy notable. 
 
La "gigante"
Nepenthes rajah
     Esta planta carnívora es endémica de los bosques de Borneo en Malasia, crecen en grandes alturas, desde los 1500 msnm hasta los 2600 msnm, sin embargo esto no significa que sea una planta de montaña ya que necesita de un clima cálido para sobrevivir. Está en peligro debido a su exigua distribución. Sus trampas de 35 cm son mortales para pequeños mamíferos o reptiles que caen en ellas. Lamentablemente, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), se encuentra en peligro de extinción, debido a lo limitada del área en la que se encuentra y a su comercialización.

Sofía Rhei escribió una divertida e inteligente novela...

Londres es una ciudad llena de maravillas y de misterios, especialmente para quien no deja de buscarse problemas allá donde va. Y eso que parecía que iban a ser unas vacaciones tranquilas... Sin embargo, nada más llegar, el pequeño James Moriarty y su irritante hermana Arabella se enfrentan a una peculiar competición para conseguir un jugoso pellizco de la herencia de su tía Charity. Después hay un pequeño “accidente” en el Museo Británico, un niño que toca el violín sospechosamente bien, una araña gigante, un importante pintor que se convierte en cómplice, un edificio con un siniestro pasado, un inventor de incógnito, la planta carnívora más grande del mundo, un joven irlandés obsesionado con los colmillos, y una selva tropical en pleno Londres en la que nadie está a salvo. El bueno de John Watson no gana para sustos. Solo hay una manera de saber quién ganará la apuesta, qué pasará con el diario secreto del tío Theodosius, qué hace en Londres un francés llamado Jules Verne, o de quién es el fantasma que dicen que hay en la casa de la tía Charity: leyendo la segunda parte de las aventuras del pequeño James Moriarty.

Información:
https://laslecturasdeguillermo.wordpress.com/2015/07/12/el-joven-moriarty-y-la-planta-carnivora-de-sofia-rhei-seudonimo-ilustraciones-de-alfonso-rodriguez-barrera/
https://www.carniplant.es/xipblog/post/23_existen-las-plantas-carnivoras-gigantes.html?page_type=post
https://es.wikipedia.org/wiki/Drosera_madagascariensis
https://www.rarepalmseeds.com/es/nepenthes-madagascariensis-es
https://es.wikipedia.org/wiki/Nepenthes_rajah
https://es.wikipedia.org/wiki/Criptobot%C3%A1nica
https://creando-mitos.fandom.com/es/wiki/%C3%81rbol_Carn%C3%ADvoro
https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%81rbol_carn%C3%ADvoro
https://historol.blogspot.com/2025/10/arbol-carnivoro-de-madagascar.html
https://archive.org/details/underpunkah00robiiala/page/2/mode/2up
https://www.reddit.com/r/Cryptozoology/comments/1ljbdkm/are_there_lost_photos_of_the_madagascar_maneating/?tl=es-419

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