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3/16/2025

Su sombra... mi descanso

JULIO ALFREDO EGEA (Chirivel, 1924-2018)
V I E J A E S T A M P A


Pieter Bruegel the Elder, La cosecha
Sesteando bajo el árbol, en duermevela placentero se reproducen en mi memoria, y casi ven mis ojos cerrados, en retrospectiva visión por galerías del subconsciente, viejos grabados sobre pergamino de agostos lejanos, cuando palpitaba la vida por estos contornos, cuando el campesino que a lo largo del año había faenado la tierra en abrazo de barbecheras y siembras, se apresuraba en la recolección ante temores de la nube, recurriendo a gentes del Levante jornalero.

Condecoraban el alto valle los oros gloriosos del cereal: trigos recios de robusta espiga, con el negro mostacho de las raspas inclinado hacia la tierra por el peso de la simiente; la humilde cebada, esbeltos centenos, gloriosa plenitud del candeal, la avena reidora al mecerla el viento... Concierto de dorados en las parcelas de la cosecha, a lo largo de la estrecha faja en sembradura. En las riberas de aquel lago de oro había matas intrusas, resistiendo soles, con flores amarillas y moradas, en ofrenda a la fecundidad.

A lo largo del tajo de hombres inclinados en fatigas de siega, escondido el rostro bajo amplios sombreros de paja, zahones de áspero lienzo defendiendo las piernas, dediles de fuertes cueros almenando la mano que abrazaba la mies, previniendo el cardo traidor y el mordisco de las hoces que brillaban alzadas como interrogaciones de acero. Quizá acudió la mercenaria cuadrilla de segadores desde lejanos territorios del hambre, llamada por el cortijero para abreviar la recogida de una cosecha no siempre lograda.

De sol a sol duraba la faena bajo la iniciativa del manigero, sin pausa alguna; sólo un respiro para comer las migas que hacía la cortijera a la sombra del árbol. Rodeaba la cuadrilla la gran sartén colmada de migas de trigo con algún adorno de tajadas de cerdo. Pasaban de mano en mano las tazas del gazpacho hecho con la finísima agua serrana; el tomate, el pepino, la cebolla, eran verdaderos lujos redimiendo de la sed. Después la breve pausa del cigarro, el tabaco repartido por el cortijero con su gran petaca de cuero repujado, cultivado en los huertecillos de Molina o el Mojonar.

Bajo la plenitud de un sol terrible vuelta al tajo, formación de la gran hilera de hombres inclinados sobre la tierra, avanzando ordenados en la batalla del cereal, formando haces uniformes, atados con las matas más altas de la mies cortada o con guitas de esparto cuando la cosecha no había conseguido suficiente altura.

Transpuesto el sol, ya invisible por derrumbes lejanos, cuando su último rayo dejaba de iluminar la cumbre de la Burrica, finalizaba la tarea y empezaba la recogida de haces, amontonándolos ordenadamente en cargas para facilitar la saca, para una vez concluida la siega, acarrearlos sierra abajo con las bestias, hasta formar hacinas al borde del redondel de las eras, junto al cortijo, para después la familia campesina acabar la faena recolectora con trillas y aventados.

Con los últimos claros llegaba la cuadrilla al pie de la sabina, en donde la mujer encargada de la comida ya tenía la olla abocada en un gran lebrillo: el guiso caldoso con patatas, legumbres y tocino, y un inmenso pan moreno que se repartía en grandes rebanadas. Corría de mano en mano el porrón de cristal y un hilo de vino áspero iba pasando de boca en boca.

Quedaban los sombreros repartidos sobre la tierra, como formando un seto de grandes margaritas, y la cara quemada del segador brillaba feliz en la creciente oscuridad. A veces alguien rasgueaba una guitarra y una voz cansada iniciaba un canto alegre con dejos melancólicos, como una despedida a la dura tarea o un prólogo al descanso. Pronto el silencio, el sueño profundo sobre las mantas extendidas bajo el árbol, la total oscuridad o el tímido nacimiento de la luna, la pausa en el trabajo hasta el primer parpadeo del nuevo día. Sólo las bestias atadas con largas cuerdas en el rastrojo se mantenían despiertas en su pacer y cruzaban relinchos y rebuznos amordazando al canto del mochuelo.

En el suceder de las jornadas algo iba cambiando, en reunión de pastores se hablaba de la llegada del tractor, se oía el ruido de máquinas en las largas besanas de los llanos bajos; fue rompiéndose la vieja amistad en el trabajo de hombres y bestias, las reatas de mulas de las ferias pueblerinas fueron sustituyéndose por exposición de maquinaria agrícola, propagándose modernas eficacias. Se precipitaban aconteceres. Disueltas las cuadrillas de segadores, los hombres dispersos fueron tomando trenes de emigración hacia los Nortes ricos, hacia fatigas de nueva vida trabajadora para conseguir el pan, en alternancia de redenciones y dolorosas renuncias.

Desaparecieron las grandes bandadas de buitres leonados que volaban en círculo hasta descubrir la bestia muerta. Un día dejó de subir, barranco arriba, el cortijero con sus caballerías y las tierras altas, humildes y generosas, quedaron sumidas en el desprecio. Nunca más orló a la sabina la gloria del cereal, y la tierra se vistió de cardos, sublevada en su hurañez.

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2/26/2025

MOISÉS ÁVILA, en Newsweek, junio/2023
Este ‘escuadrón de cabras’ facilita el crecimiento de los árboles

Después de pasar un entrenamiento de varios meses desde su nacimiento, las cabras saben qué deben comer para eliminar la excesiva hierba en Estados Unidos.

 Al llamado de su comandante, el escuadrón deja el descanso y se introduce en el parque. No llevan motosierras ni usan herbicidas. Son cabras, listas para devorarse la excesiva hierba que dificulta el crecimiento de los árboles en Estados Unidos.
     “Goaty, goaty, goaty” (cabrita), las invoca su amo, Kyle Carr, cuya voz identifican. Mocha, Wynonna, Nelson y Beckham responden con balidos y se aproximan a él. Integran un equipo de 150 cabras que “podan” la maleza en un área de 6.5 acres (2.6 hectáreas) en el Brackenridge Park Conservancy de San Antonio, un centenario parque municipal de más de 138 hectáreas en Texas, sur de los Estados Unidos. Les tomará unas dos semanas.
     “Las plantas de las que queremos deshacernos son aquellas como el ligustrum, arbustivo, que necesita mucha agua. Y esa agua se la lleva este árbol invasivo en lugar de ir destinada a los robles más viejos, que es realmente lo que el parque protege y tiene en el área”, dice Kyle, de 36 años, y copropietario con su esposa Carolyn de Rent a Ruminant, Texas. Es una parte de una franquicia que opera en varios estados del país.
      Después de pasar un entrenamiento de varios meses desde su nacimiento, las cabras saben qué deben comer. Están acostumbradas al alimento natural y no al forraje o alfalfa. Aprenden a mantenerse con el grupo y respetar la cerca de protección —con una leve carga eléctrica— colocada alrededor del área donde trabajan, para evitar depredadores. Su eficiencia está incluso hasta en la forma en que eliminan lo que comen.
     “Las cabras tienen un tracto digestivo muy eficiente. Cada vez que ingieren semillas (mientras van comiendo hojas), la mayoría de ellas son esterilizadas a través del proceso natural de comer material vegetal. Cada vez que defecan, ese estiércol es bastante estéril” y no resiembran las semillas de la planta que están eliminando, detalla Kyle.  

LOS ANIMALES ALCANZAN LUGARES DONDE LOS HUMANOS O MÁQUINAS NO PUEDEN ACCEDER

     “Es mucho más eco-amigable tener cabras aquí que grandes máquinas o herbicidas. Estamos cerca a un río (San Antonio), y sería muy inseguro usar veneno (herbicida), porque podría deslizarse hacia el río”, explica Charlotte Mitchell, integrante del directorio del parque. Además, es mucho más divertido de ver y mucha gente, que no hubiera venido normalmente, viene para ver cómo las cabras trabajan, agrega. Vienen a ver y a mostrarle a sus hijos cómo los animales y el ecosistema van juntos, y ver cómo se puede manejar la tierra de una forma más segura.
     “Corro todos los días por aquí y traigo a pasear a mi perro. Hay mucha maleza y sería bueno ver el área un poco despejada. Me alegra ver que estos muchachos (las cabras) están haciendo el trabajo”, comenta Aaron Rodríguez, de 47 años, vecino de San Antonio.
     Kyle explica que las cabras pueden llegar a lugares en donde los humanos o maquinarias a veces no acceden con facilidad, como pendientes o zanjas de drenaje. “Son una excelente alternativa para algunas áreas problemáticas, es un problema de seguridad para empleados o maquinaria pesada, especialmente en pendientes pronunciadas (…) Las cabras están diseñadas para poder subir y bajar en esos tipos de situaciones”, detalla.
     Incluso, en la eliminación de maleza, se devoran la hiedra venenosa, librando así de incomodidades a los humanos que luego retiran los troncos o ramas que quedan en el área de trabajo.
     “Como método tiene más sentido, es armonioso y más eficiente, supongo”, dice Natasha Shirley, de 24 años, quien visita el parque para ver a las cabras facilitando el crecimiento de los árboles.
     Como todo trabajador, las cabras tienen momentos de descanso, en donde rumian la comida y beben agua. Si se enferman, son sustituidos por uno de los 600 miembros del equipo y, al llegar a los 11 años de edad (pueden vivir hasta 15 años), pasan a un plan de retiro.
      La empresa de Kyle, con 7 años en el mercado, no las mata ni las usa de almuerzo. “Trabajamos con ellos todo el tiempo y tenemos una especie de programa de jubilación para ellos. Cuando llegan a cierta edad y no pueden viajar, porque el estrés del viaje los desgasta, los llevaremos a un rancho donde tienen pasto y ayudan a criar a la próxima generación de cabras”.
                                                      -----

1/30/2025

PABLO NERUDA (Chile, 1904-1973)
Sólo el hombre


Yo atravesé las hostiles
cordilleras,
entre los árboles pasé a caballo.
El humus ha dejado
en el suelo
su alfombra de mil años.

Los árboles se tocan en la altura,
en la unidad temblorosa.
Abajo, oscura es la selva.
Un vuelo corto, un grito
la atraviesan,
los pájaros del frío,
los zorros de eléctrica cola,
una gran hoja que cae,
y mi caballo pisa el blando
lecho del árbol dormido,
pero bajo la tierra
los árboles de nuevo
se entienden y sé tocan.
La selva es una sola,
un solo gran puñado de perfume,
una sola raíz bajo la tierra.

Las púas me mordían,
las duras piedras herían mi caballo,
el hielo iba buscando bajo mi ropa rota
mi corazón para cantarle y dormirlo.
Los ríos que nacían
ante mi vista bajaban veloces
y querían matarme.
De pronto un árbol ocupaba el camino
como si hubiera
echado a andar y entonces
lo hubiera derribado
la selva, y allí estaba
grande como mil hombres,
lleno de cabelleras,
pululado de insectos,
podrido por la lluvia,
pero desde la muerte
quería detenerme.
Yo salté el árbol,
lo rompí con el hacha,
acaricié sus hojas hermosas como manos,
toqué las poderosas
raíces que mucho más que yo
conocían la tierra.
Yo pasé sobre el árbol,
crucé todos los ríos,
la espuma me llevaba,
las piedras me mentían,
el aire verde que creaba
alhajas a cada minuto
atacaba mi frente,
quemaba mis pestañas.
Yo atravesé las altas cordilleras
porque conmigo un hombre,

otro hombre, un hombre
iba conmigo.
No venían los árboles,
no iba conmigo el agua
vertiginosa que quiso matarme,
ni la tierra espinosa.
Sólo el hombre,
sólo el hombre estaba conmigo.
No las manos del árbol,
hermosas como rostros, ni las graves
raíces que conocen la tierra
me ayudaron.
Sólo el hombre.
No sé cómo se llama.
Era tan pobre como yo, tenía
ojos como los míos, y con ellos
descubría el camino
para que otro hombre pasara.
Y aquí estoy.
Por eso existo.

Creo
que no nos juntaremos en la altura.
Creo
que bajo la tierra nada nos espera,
pero sobre la tierra
vamos juntos.
Nuestra unidad está sobre la tierra.

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1/15/2025

Hyperion, el árbol más alto del mundo

ERIKA MONTEJO, en National Geographic, agosto2022
La historia de Hyperion, el árbol más alto del mundo corre peligro por el turismo irresponsable


El árbol más grande del mundo está prohibido para los visitantes. Los daños que han causado en el Parque Nacional Redwood pone en peligro su supervivencia.
     Con 600 años sobre su copa, Hyperion (
Sequoia sempervirens) se levanta a 115.824 metros del suelo en el Parque Nacional Redwood, en Estados Unidos. Sin una placa que lo distinga y sin mayores distinciones, esta secuoya se gana centímetro a centímetro, el título del árbol más grande que habita la tierra.
     Su ubicación pasó de ser un misterio, a uno de los tesoros más buscados por los amantes de los bosques, visitantes y senderistas, que atraídos por la información difundida en blogs, sitios de viaje o influencers, han puesto en riesgo la estabilidad del imponente árbol y otras reliquias de la naturaleza con cientos de años.
     Hyperion recibió su nombre inspirado en uno de los 12 titanes de la mitología griega, y su significado es "el que mira hacia arriba". Todo esto en alusión a sus ramas que crecen y lo hicieron obtener el título del árbol más alto.

Buscar a Hyperion puede llevarte a la cárcel

     Los turistas ansiosos que han llegado al Parque Nacional Redwood atraídos por el titán, han empezado a causar daños en el lugar, razón por la que buscar el árbol e irrumpir en la zona cerrada en la que se encuentra, podría ser motivo de una multa de 5,000 dólares o hasta seis meses de cárcel.
      El Servicio de Parques Nacionales (NPS, por sus siglas en inglés) advirtió a los turistas acerca de las posibles sanciones y, de forma incisiva, sobre el riesgo que representa la actividad humana para la secuoya.
     “Como visitante, debe decidir si será parte de la preservación de este paisaje único o será parte de su destrucción”, menciona el comunicado.
     Llegar hasta Hyperion requiere de un gran esfuerzo y podría resultar en una labor complicada, dado que se encuentra fuera del sendero en medio de una densa vegetación. Muchos visitantes emprenden la búsqueda, pese a que el resultado puede ser decepcionante.
     El árbol podría ser poco impresionante cuando se ve desde abajo, adelanta el NPS, pues su tallo es pequeño en comparación con otras secuoyas antiguas y desde el tallo hay otros árboles que pueden resultar más imponentes. 

El humano contra Hyperion, el árbol más grande de la Tierra 

     Los cientos de visitantes que han ido tras el árbol más grande que existe sobre la Tierra, han pisado su base en tantas ocasiones, que los helechos sobre sus raíces han empezado a escasear.
     Los daños son considerados severos, y han resultado en la degradación de la secuoya y de otras que están a su alrededor. Las nuevas reglas impuestas son un esfuerzo por frenar el turismo destructivo, pues el efecto humano está creando un impacto negativo en el sistema de raíces del árbol.
     “Había basura y la gente estaba creando aún más senderos laterales para usar el baño. Dejan papel higiénico usado y desechos humanos; no es algo bueno, no es una buena escena”, dijo Leonel Argüello, jefe de Recursos Naturales del parque a SFGATE.
     Las secuoyas son árboles que poseen raíces poco profundas con un tamaño promedio de menos de 4 metros. El agua la obtienen del suelo y de restos naturales, como las agujas de pino que atrapan la humedad del bosque.
     Los entusiastas de viajes y blogueros tendrán que mirar hacia los senderos designados para salvar a Hyperion, un titán que puede caer por la mancha humana. 

Lo hemos leído aquí

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1/09/2025

El "gigante" de Biar

EL PLÁTANO DE BIAR, Alicante

 

1926
El plátano de Biar es un gran ejemplar de la especie Platanus orientalis, pues tiene una altura de
26,24 metros, un perímetro de 6 metros y más de 350 años de edad. Todo el entorno sucumbe bajo su hermoso porte, todo te lleva a él, a contemplarlo... Bajo sus ramas se crea esa atmósfera que te hace creer que todo está bien, que nada va a cambiar, aunque sabemos que todo cambia a cada instante.
     El 2 de octubre de 1580, el ayuntamiento acordó construir la "Encadufada" (acequia), para llevar el agua a la villa. Esta obra no llegó a ejecutarse hasta el 8 de julio de 1618, según consta en el libro del ayuntamiento, siendo la primera fuente la del abrevadero de Biar. Según se indica en el catálogo de elementos patrimoniales del Ayuntamiento de Biar, «todos los abrevaderos estaban dotados de árboles, aportando una buena sombra a las caballerías y ganados durante su abastecimiento. Por ello, se deduce que fuese plantado este árbol junto con otros, los cuales no han perdurado en el tiempo». Ahora le acompañan en el Paseo del Plátano otros plataneros mucho más jóvenes. La alcaldesa de Biar, Magdalena Martínez, dijo: “Biar cuenta en su término municipal con ejemplares de gran porte, de avanzada edad y de características singulares, pero ninguno que esté tan unido a población como el plátano. Ha visto jugar y conversar debajo de sus ramas a decenas de generaciones de biarenses, es un emblema para el municipio y un atractivo turístico”.

     La primera documentación que hace referencia al presente árbol, considerándolo como un elemento singular, data de 1824. Tiene un gran valor sentimental para la población de Biar. Hoy en día se encuentra enclavado en medio del casco urbano de la población, concretamente en el paseo del plátano (denominada así en su honor) de camino hacia el Santuario de la Virgen de Gracia. Se encuentra protegido por la ley 4/2006 del Patrimonio Arbóreo Monumental de la Comunidad Valenciana y ubicado dentro de un jardín urbano vallado.
    El año pasado fue presentado al concurso "Mejor árbol del año", quedando en segundo lugar de los nueve presentados. Es el plátano de mayor porte de la Comunitat Valenciana, comparable por su tamaño, diámetro del tronco y antigüedad, con los existentes en Aranjuez. 
 
 
Información:
http://gimenounpasseigpelsmontesdebiar.blogspot.com/2016/04/paseo-hasta-la-tosquera-por-el-camino.html
https://www.todoalicante.es/alicante-provincia/segundo-mejor-arbol-espana-biar-20230828195729-nt.html
https://www.valenciabonita.es/2022/11/10/platano-de-biar/
https://bosquessinfronteras.com/
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1/03/2025

Palo de Brasil, del narrador de historias

TOMÁS CASAL PITA
El árbol que le dio nombre a un país


El Palo de Brasil (Caesalpinia echinata), es un árbol de la familia de las leguminosas que puede llegar hasta de 10 a 15 metros de altura, de crecimiento lento y corteza espinosa, cuya madera no flota en el agua. Este árbol, al que también se llama “Pernambuco” por su zona de origen, fue uno de los principales atractivos para los primeros europeos, que llegaron al territorio desde principios del siglo XVI.
     Entre los siglos XV y XVI, un árbol parecido al Palo de Brasil (pero de origen asiático, muy escaso y difícil de conseguir), proveía a la industria textil europea de un tinte rojo que se usaba para la producción de textiles, en especial de terciopelo, de alto valor y muy demandado durante el Renacimiento. Cuando hacia 1500 los portugueses llegaron a Brasil y descubrieron la enorme abundancia del Pau Brasil a lo largo de sus costas, se interesaron rápidamente en su explotación, más que en formar asentamientos humanos y afincarse en un territorio al que llamaron “costa del pau brasil”, por lo que muchos historiadores afirman que fue éste árbol el que dio origen al nombre del país. 

     La palabra “brasil” se supone derivada de brasa, y se llamaba así al palo por el color rojizo tanto de su madera, como de la resina que de ella se obtiene, la cual contiene una tintura roja llamada brasilina y que oxida a brazileína. Desde que lo localizaron, los portugueses iniciaron una explotación intensiva del pau-brasil, porque el tinte obtenido de la especie americana era de mejor calidad y mayor duración que el que se obtenía de la asiática y a su vez, la madera de especial dureza y resistencia del árbol se empezó a usar para la fabricación de muebles de alto valor e incluso para arcos de violín.

Fruto
     La resina rojiza del árbol se convirtió en el “oro rojo” que dio a las telas europeas un mayor valor, naciendo un comercio muy lucrativo para la corona portuguesa, que llevó a la tala indiscriminada de árboles que enviaban por barco a Portugal en cantidades cada vez mayores. Desde el Tratado de Tordesillas entre España y Portugal, países como Francia y Holanda habían quedado fuera del reparto del Nuevo Mundo, así que llegaron como corsarios, piratas y contrabandistas. Incluso un francés llegó a instalar en Río de Janeiro una colonia, llamada “Francia Antártica”, para buscar la explotación del árbol para su país, lo que hartó a los portugueses, que a partir de entonces decidieron entonces establecerse y reconquistar la población.
     La creciente demanda y la corta masiva en tan sólo un siglo, produjo una enorme deforestación y llevó al palo de Brasil al borde de la extinción y no fue hasta el siglo XIX, bajo el gobierno del Emperador Pedro II (su hija Isabel abolió la esclavitud y convirtió las camelias en las flores de la libertad en Brasil) cuando empezó un largo proceso de recuperación. Poco a poco, los brasileños se concienciaron de lo conveniente de preservar sus especies autóctonas, y en 1978 el palo de Brasil fue designado como el árbol nacional. El 22 de noviembre de 2020, se ha localizado un enorme ejemplar, en el sur del estado de Bahía, cuya localización de momento se mantiene en secreto y al que se le calculan unos 600 años. Una joya brasileña recogida en esta foto.

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12/28/2024

Leyendas irlandesas

IRLANDA Y LOS ÁRBOLES DE LAS HADAS

Cuando viajes por Irlanda, es posible que veas un árbol de hadas. Generalmente un espino blanco o un fresno, es donde las hadas construyen sus hogares. Unos los verás nudosos y desgastados por los fuertes vientos o solitarios en un campo, intactos. Algunos las verás decorados con fichas o cintas como regalo para las hadas.
     Ciertamente es común que los agricultores trabajen alrededor de estos árboles, aunque puedan cultivar donde se encuentra el árbol. A menudo verás un campo perfectamente cultivado y, en el medio, un árbol de hadas intacto. Son pruebas de que un granjero no está dispuesto a arriesgar su suerte. Los enanos tienen muchas entradas al otro mundo como en los túmulos funerarios, bajo el agua y en la base de los árboles de hadas. Como puedes imaginar, estas puertas son extremadamente importantes para el movimiento de los enanos, por lo que están fuertemente protegidas por la magia.
     De hecho, nuestra cantera se encuentra en la ciudad de Lissoughter (del irlandés fuerte superior de las hadas), y tenemos nuestro propio árbol de hadas en la propiedad. Me dicen que a veces los lugareños pueden escuchar su música y su cantar por la noche; y los vecinos creen firmemente que las hadas son las guardianas del más fino mármol verde de Connemara.
     También hay muchas historias en Irlanda sobre obras carreteras que se retrasaron porque había árboles de hadas en el camino y los trabajadores se negaban a tocar el árbol. En la mayoría de las ocasiones, las carreteras han sido desviadas para evitar el árbol. En los tiempos modernos el árbol de la vida o árbol de las hadas ha llegado a representar fuerza, sabiduría y longevidad.
     Siempre han representado el vínculo entre el cielo y la tierra que conecta todas las formas de la creación. Un símbolo de conexión entre sí y el universo. El Árbol de la Vida es también un símbolo de conexión familiar. La familia puede adoptar muchas formas y, a menudo, tenemos conexiones de amistad igualmente fuertes.

Lo hemos leído aquí

Los árboles de hadas están protegidos por la magia fuerte. (Atelier Sommerland )    

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11/25/2024

Un Ginkgo en Korea del Sur

EL GINKGO DE BANGYE-RI, WONJU, KOREA DEL SUR

El Ginkgo biloba es una de las especies arbóreas más antiguas, por lo que se le denomina «fósil viviente». Está ampliamente distribuido en Korea, Japón y China. El árbol se importó por primera vez a Corea cuando el confucianismo y el budismo se introdujeron desde China. En Corea, el Ginkgo biloba se ha utilizado para pabellones o calles arboladas, ya que tiene un hermoso follaje otoñal y es resistente al tizón y a los insectos dañinos, además de proporcionar sombra.

Clasificación: Patrimonio natural/monumento natural/hito cultural e histórico/folclore
Unidad/ extensión : 1 árbol
Fecha de designación/registro: 31 de enero de 1964
Ubicación: 1495-1 beonji, Bangye-ri, Munmak-eup, Wonju-si, Gangwon-do
Propietario (grupo propietario): Ciudad de Wonju y otros
Gerente: Ciudad de Wonju

     Se calcula que el árbol de ginkgo de Bangye-ri tiene entre 800 y 1.000 años. Con sus ramas extendidas en todas direcciones, da una impresión general de majestuosidad, pero algunas ramas están sostenidas por puntales, ya que están debilitadas y pueden romperse fácilmente.
    En este pueblo se cuentan varias leyendas y cuentos sobre este árbol. Según una de ellas, un hombre del clan Lee de Seongju plantó el árbol y lo cuidó antes de abandonar la aldea. En otro relato, un monje paró en este pueblo para beber agua cuando pasó por el pueblo de camino a otra región y dejó su bastón a la salida del pueblo. El bastón creció y se convirtió en el árbol ginkgo. Además, creyendo que el árbol estaba habitado por una serpiente blanca, los aldeanos lo consideraban un árbol sagrado que no se debía tocar, y pensaban que tendrían una buena cosecha si en otoño las hojas del árbol se volvían amarillas todas a la vez.
    El ginkgo de Bangye-ri, como árbol viejo y alto que ha sido cuidado por los lugareños durante siglos y venerado como árbol sagrado en relación con muchas leyendas y cuentos, es un material valioso para comprender la cultura popular de la zona. Por esta razón, ha sido designado y protegido como monumento natural.
Lo hemos leído aquí 
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10/08/2024

Los árboles muertos, nueva vida...

LEAH WORTHINGTON, en National Geographic (mayo 2024)
Árboles muertos

Fotografía de Cody Cobb
No los tales: dejar que los árboles muertos se pudran puede ayudar a crear nueva vida. Desde microbios hasta bichos de cuatro patas, los árboles muertos desempeñan un papel esencial en el ecosistema de un bosque. Los expertos dicen que es raro que sea necesaria la eliminación.  
     A primera vista, un árbol muerto puede parecer poco más que un tronco estéril y desmoronado. Pero mira más de cerca. Debajo de la corteza astillada, la madera rebosa vida. Desde escarabajos excavadores hasta hongos que pudren la madera y murciélagos que se posan, se ha asentado toda una comunidad de bichos, cuya supervivencia a menudo depende de la desaparición del árbol. Los árboles muertos se están convirtiendo en un punto central de la gestión forestal. Las últimas décadas han aportado una mayor comprensión de la función vital que cumplen los árboles muertos para sustentar la biodiversidad y la regeneración de los bosques y, con ello, un creciente movimiento para preservarlos. 
      “Déjenlos ahí”, dice David Lindenmayer, ecólogo forestal y profesor de ecología y biología de la conservación en la Universidad Nacional de Australia. "Los grandes árboles muertos desempeñan un papel muy, muy importante a la hora de almacenar carbono, proporcionar hábitat y reciclar nutrientes".
Pájaro carpintero
     A pesar de sus numerosos beneficios, los árboles muertos pueden suponer un riesgo para la seguridad en algunas circunstancias. Los expertos explican su función ecológica y cómo tomar la decisión de permitir que se descompongan de forma natural.
     
La otra vida de un árbol muerto  
     La muerte de un árbol no es el final. En cambio, comienza una rápida transformación que trae nueva vitalidad a las ramas sin vida. Tras su muerte, las tuberías herméticamente selladas del árbol, utilizadas anteriormente para canalizar nutrientes y agua, se vuelven vacías y permeables, según Matteo Garbelotto, profesor de patología forestal en la Universidad de California, Berkeley. Estos esqueletos ahuecados, todavía en pie, también se conocen como troncos o árboles silvestres. Debido a su verticalidad, los troncos pueden albergar una gran diversidad de especies que varía de arriba a abajo. 
Un hongo, iluminado por luz ultravioleta, crece del tronco de un pino muerto en la cordillera Cascade de Washington.
     Los árboles caídos, a menudo llamados troncos, también son hábitats valiosos, aunque para un grupo diferente de especies de menor escala, dice Garbelotto. Ambos son como imanes para todo tipo de vida, empezando por los hongos.
     "Los basidiomicetos que pudren la madera son inusuales porque pueden descomponer un compuesto importante de la madera llamado lignina", dice Gregory Gilbert, profesor de estudios ambientales en la Universidad de California, Santa Cruz. "Una vez que se descompone, la celulosa, más fácil de comer, queda disponible para otros hongos, insectos y bacterias".
     Los hongos hacen gran parte del trabajo duro de acelerar el proceso de descomposición, suavizando el tronco duro hasta convertirlo en algo poroso y penetrable. Esto permite que una gran cantidad de colonizadores busquen refugio y sustento seguros: los escarabajos excavan para poner huevos, los anfibios y roedores anidan bajo la corteza desprendida y las aves insectívoras construyen nidos dentro del propio tronco. El conjunto de vida silvestre cambia a lo largo de la descomposición del árbol, y cada nueva especie contribuye y se beneficia de su desmoronamiento. Los troncos generalmente aumentan las oportunidades para los insectos, anfibios y reptiles y son "complementarios" de los troncos, dice Gilbert. Mientras que algunos organismos como los escarabajos de la corteza y los pájaros carpinteros prefieren fuertemente la madera muerta o podrida para anidar, otros, incluidos los hongos que pudren la madera, solo pueden sobrevivir en la madera muerta.
     En Estados Unidos, más de 1200 especies de vida silvestre dependen de árboles muertos o moribundos para refugiarse y alimentarse. La supervivencia de estos llamados “organismos saproxílicos”, que viven en la madera en descomposición, se ve amenazada por la tala excesiva de troncos y troncos, dice Lindenmayer. "En el hemisferio norte, en lugares como Suecia, Noruega, Finlandia... hay un gran número de especies incluidas en la Lista Roja que están asociadas con la madera muerta", añade. Los escarabajos violetas y el musgo nudoso, por ejemplo, están considerados en peligro de extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
     Y no son sólo los animales los que dependen de los árboles en descomposición. Proporcionan protección natural y sustento para que las plántulas jóvenes broten de forma segura, según Lindenmayer. A medida que los árboles se descomponen, las reservas de carbono y nitrógeno se reabsorben lentamente en el suelo, un paso crítico en el reciclaje de nutrientes, tanto para los árboles jóvenes como para el ecosistema en general. Desde una perspectiva climática, dejar que los árboles se pudran es fundamental, afirma Lindenmayer. Los árboles grandes, en particular, actúan como importantes sumideros de carbono y permitirles que se descompongan de forma natural prolonga el proceso de secuestro de carbono, reduciendo la cantidad de dióxido de carbono (y, por tanto, de calor) en la atmósfera. ¿Qué hacer con los árboles muertos? Siempre que es posible, los expertos forestales prefieren dejar intactos los árboles muertos. “En las zonas boscosas, normalmente recomendaríamos dejar así los árboles en pie”, dice Kevin Rohling, especialista en gestión forestal y ecología de la Universidad de Illinois.
 
Lo hemos leído aquí
https://www.nationalgeographic.es/medio-ambiente/2024/06/arboles-podridos-muertos-incendios-forestales-excelente-fuente-nueva-vida
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10/05/2024

Clavel de aire, del narrador de historias

TOMÁS CASAL PITA
Clavel del aire 

Es una planta de las llamadas epífitas; plantas que se desarrollan sobre un soporte sin que las raíces toquen el suelo y sin parasitar a su huésped. Lo mismo pueden vivir sobre un árbol que sobre un cable, porque lo único que necesitan es un apoyo, no que las alimente otro ser vivo.
     Si la tenemos en una posición más o menos fija, sujeta para que no la mueva el viento, acabará por echar raíces, que sólo sirven como sujeción, sin función alimentaria. Una vez sujeta estas raíces se secan, formando solo el soporte de la planta. Normalmente se conocen como plantas o claveles del aire, su nombre científico es Tillandsia bergeri y procede del centro-este de Argentina, en la provincia de Buenos Aires. De crecimiento muy lento, una planta vieja está formada por cientos de rosetas muy apretadas unas contra otras. Cada una de estas rosetas, vistas de cerca, pueden recordarnos por su estructura una hierba pita en pequeño, pero sin espinas ni dientes o también las de los verdaderos claveles. Si miramos con una lupa las hojas de estas rosetas, vemos que están cubiertas de escamas plateadas (en realidad, son pelos transformados). Estas escamas son capaces de absorber el agua y las sales minerales que escurren por la planta cuando llueve o se moja (riego, heladas, nieblas, etc...) Viendo que come lo que pueden recoger sus hojas es fácil entender que crezcan muy lentamente. En los períodos de sequía estas mismas escamas también tienen una labor de protección contra la desecación, limitando la transpiración y reflejando parte de los rayos del sol.
     Las flores nacen en forma de espiga terminal en las rosetas más viejas y tienen pétalos de color azul o violeta claro. Nunca tienen nada de rojo, lo que la diferencia de un pariente próximo, la Tillandia aeranthos. Se siente bien en zonas húmedas, donde tiene garantizada la humedad ambiental, pero también se da en otras zonas más secas, si están cerca del mar, donde pueden llegar a aguantar sin problemas hasta –10ºC. Si queremos reproducirla, nada mejor y más fácil que tomar unas rosetas de una de las plantas viejas y ponerlas a crecer en una zona alta. ¡Cuidado con ponerlas en tierra!, acaban por pudrirse si las dejamos allí mucho tiempo. A veces podemos querer que crezcan deprisa e intentar fertilizarlas. No es necesario, y menos abono del empleado en huertas y jardines. En todo caso una ligerísima proporción de fertilizante foliar muy diluido. Más bien sería una poca de agua “sucia”. Porque ¿para qué quiere fertilizarse una planta que vive del aire?. Disfrutad de ella.  

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9/23/2024

AMY McDEMONTT, agosto2024
El cambio climático está secando las plantas de dosel, lo que podría significar menos agua para toda la selva tropical

Los ecofisólogos han comenzado a descubrir enorme papel de las epífitas en el movimiento del agua a través de los bosques tropicales, incluso cuando estas orquídeas y helechos se secan.
     Es una mañana de finales de mayo en la brumosa ciudad montañosa de Monteverde, Costa Rica, y la ecofisióloga vegetal Sybil Gotsch está escalando un árbol muy alto. Ataviada con un casco rojo y un arnés, utiliza una llave de cuerda y ascendentes para subir por una línea colgante de unos siete pisos de altura. “Estoy justo debajo del dosel en este momento”, dice por walkie-talkie, antes de pasar la pierna por encima de una rama resistente y desaparecer en la espesura verde de la copa.
Utilizando modelos y experimentos de campo, los investigadores están comenzando a comprender la importancia de las epífitas para el ciclo del agua de la selva tropical y los considerables peligros que enfrentan estas plantas. Crédito de la imagen: Noah Kane (fotógrafo).

     Escondida bajo el dosel, Gotsch, que trabaja en la Universidad de Kentucky en Lexington, entra en un mundo diferente. Cada rama está cubierta de orquídeas, helechos, bromelias y otras epífitas. Esta mañana, la mayoría parece saludable. Las epífitas son atrevidas y regordetas, a pesar de una rara semana sin lluvia. Pero uno, a la izquierda, llama la atención de Gotsch. Es una especie arbustiva, estrechamente relacionada con el arándano, con tallos largos y ramitas y hojas pequeñas y delgadas. Hoy, parece enfermizo y desigual. Al arbusto se le han caído aproximadamente la mitad de sus hojas, señala Gotsch, una señal segura de estrés por sequía.
     Los efectos del cambio climático ya se manifiestan en las altas copas de los árboles del bosque lluvioso. Las epífitas delicadas y sencillas son como un "canario en la mina de carbón", dice Gotsch. Con menos agua las epífitas comienzan a morir, lo que desencadena una cascada de cambios en la recolección y distribución del agua en todo el bosque. El trabajo de campo y los experimentos en invernadero sugieren impactos no solo para Costa Rica, sino también para los bosques de todo el mundo. Las pequeñas plantas de las copas de los árboles ofrecen una ventana y una advertencia de lo frágiles que pueden ser algunos ecosistemas y de cómo los sutiles cambios climáticos pueden, con el tiempo, tener grandes impactos no sólo en la flora, sino también en las personas y animales que dependen de ellos.

Jarras hechas de pétalos

     El estilo de vida de las epífitas es lo que las hace tan vulnerables a la desecación. Crecen a partir de esteras de desechos orgánicos que caen sobre las ramas como alfombras peludas. Si las esteras se secan, las epífitas también lo hacen. En circunstancias normales, las plantas de Monteverde no deberían tener que preocuparse por la humedad. Situado en el centro del país, a lo largo de la columna vertebral de la Cordillera de Tilarán, Monteverde es históricamente muy húmedo, con más de 100 pulgadas (250cm) de lluvia por año. El aire es tan frío y húmedo que las nubes bajas se fusionan y se deslizan entre los árboles para crear un ecosistema de bosque nuboso, un tipo de selva tropical de gran altitud.
     Pero desde la década de 1970, Monteverde se ha vuelto cada vez más caluroso y el número de días secos se ha cuadruplicado, de 25 a más de 110 (1) Las nubes se elevan más con las corrientes de aire cálido y se alejan del alcance de las epífitas, debido en parte al clima y en parte al cambio de uso de la tierra. Para colmo de males, las tormentas eléctricas, cuando llegan, son más intensas. Las lluvias repentinas y fuertes llenan rápidamente las epífitas y los suelos hasta su capacidad de almacenamiento. Gran parte de la lluvia no penetra nada, sino que corre por la tierra, provocando inundaciones y erosión.
     El trabajo de campo y los experimentos de los últimos 10 años muestran que las epífitas de las selvas tropicales de todo el mundo serán las primeras plantas en morir en un clima más cálido y menos predecible: las mismas plantas que desempeñan un papel enorme a la hora de mantener húmeda la selva tropical (para ver un cortometraje, consulte Movie S1). En Monteverde, el dosel de las epífitas absorbe la lluvia, la niebla, la neblina y el rocío, y luego lentamente gotea esa agua hasta el suelo del bosque, ayudando al ecosistema a retener una humedad crucial. La pérdida de estas plantas podría significar el principio del fin de los bosques nubosos, desplazando la región a un hábitat más seco.

En este cortometraje, los investigadores explican por qué se están subiendo a los árboles de la selva tropical para simular los efectos del cambio climático en orquídeas, helechos y otras epífitas.

     "Los mismos atributos que han permitido a las epífitas prosperar en las copas de los bosques en lugares como el bosque nuboso de Monteverde ahora las hacen vulnerables", dice Nalini Nadkarni, ecóloga forestal de la Universidad de Utah en Salt Lake City. La capacidad fisiológica de utilizar nutrientes disueltos en la lluvia, la niebla y las nubes permitió a las epífitas prosperar en el dosel. Pero a medida que el cambio climático trae estaciones secas más largas y una menor humedad, esos mismos rasgos hacen que las plantas sean más vulnerables al estrés hídrico y nutricional que las especies con raíces terrestres, dice Nadkarni.
     A partir de una década de trabajo, Gotsch, como investigador principal (lider PI), y un equipo de co-PI, incluido Nadkarni, ahora están trepando a 20 árboles alrededor de Monteverde para aprender cómo las pérdidas de epífitas cambiarán el paisaje, tanto de bosques como de pastos. Los sensores colocados en estos árboles miden cómo varían la humedad, la temperatura, la luz solar y otros factores en las copas de los árboles con y sin comunidades de epífitas sanas. Todo es parte de un objetivo general: predecir impactos futuros incorporando estos jardines altísimos en modelos de ciclo del agua en Monteverde, modelos que potencialmente podrían aplicarse también a otros bosques tropicales.

Para escalar 90 pies (27 m), la ecofisióloga vegetal Sybil Gotsch (centro izquierda) usa una llave de cuerda, un elevador de pie y un elevador de rodilla, lo que le permite esencialmente caminar por una cuerda hacia el dosel.

Eslabones de una gran cadena  

     Durante la mayor parte del siglo pasado, los ecologistas no creían que las epífitas fueran muy importantes. Las orquídeas tropicales, los helechos y los musgos no son dañinos para los árboles huéspedes ni tienen beneficios obvios. Para muchos, la sabiduría convencional sostenía que estas plantas proporcionaban hábitats para una variedad de aves, insectos y anfibios, pero no eran particularmente importantes más allá del dosel. Esas ideas "simplemente nunca tuvieron sentido para mí", dice Gotsch. Mientras habla, examina las hojas de una epífita Clusia, una planta grande con follaje en forma de paleta que parece un cruce entre una higuera y un cactus. Es una de los cientos de epífitas que crecen en largas planchas de madera en una ladera de Monteverde en una casa con sombra, similar a un invernadero, pero con un techo y paredes hechas de redes.
     Desde 2012, Gotsch ha dirigido un equipo de Estados Unidos y Costa Rica para aprender sobre la biología básica de las epífitas de Monteverde, especialmente cuán vulnerables son a la sequía. Su trabajo incluye más de una docena de estudios. Por ejemplo, el equipo expuso la casa de sombra a una sequía severa que duró un mes y descubrió que las epífitas arbustivas pierden sus hojas, mientras que las suculentas como Clusia drenan sus reservas de agua (2). También han descubierto, de forma tranquilizadora, que la mayoría de las epífitas se recuperan de sequías breves a las pocas semanas de volver a regarlas.
      En la naturaleza, sin embargo, no existe tal retorno a la normalidad. Las condiciones más cálidas y secas tienen consecuencias en cadena, incluida una menor cantidad de nubes bajas en los bosques desde México hasta Argentina (3,4). Las epífitas pueden absorber la niebla a través de sus hojas incluso cuando sus esteras de musgo se secan, por lo que perder lluvia y nubes es un doble golpe. De hecho, en un estudio publicado en 2022, el equipo secó epífitas en dos casas de sombra en Monteverde, una inmersa en las nubes y otra a menor altura (5). A las plantas sumergidas en las nubes “les fue mucho mejor”, dice la autora principal Briana Ferguson, asistente de investigación universitaria en el laboratorio de Gotsch en ese momento. Las epífitas en la casa de sombra inferior cierran sus estomas (poros de las hojas que controlan el intercambio de gases) para conservar agua. Al final del experimento de 10 semanas, la mayoría estaba muriendo: "tócalos y se desmoronaron", dice Ferguson. Por el contrario, las epífitas en la casa de sombra nublada mantuvieron sus estomas abiertos y continuaron absorbiendo agua, permaneciendo regordetas e hidratadas. Los hallazgos sugieren que, si bien la pérdida de lluvia es mala, la pérdida de niebla podría ser peor.
     La combinación de sequía y especialmente la pérdida de nubes podría explicar por qué las epífitas ya están dejando caer hojas en el dosel local. Los hallazgos han sido tan aprensivos que los ecologistas comenzaron a preguntarse qué significaría la pérdida de epífitas para el resto del bosque, particularmente para el flujo de agua a través del sistema. Las epífitas pueden hincharse hasta un 3000% de su peso seco cuando están mojadas, por lo que potencialmente retienen mucha humedad (6).

Vertiendo el cielo al suelo 

     Para los hidrólogos, el ciclo del agua es similar a una serie de jarras que se inclinan, cada una de las cuales se llena y se vacía a medida que se vierte en la siguiente: desde las nubes hasta las hojas de los árboles, la corteza y el suelo. Hace apenas unos años, la suposición generalizada, basada en unos pocos estudios, era que las epífitas silvestres siempre estaban empapadas. Si esto fuera cierto, entonces los nuevos aportes de lluvia, niebla, rocío y neblina básicamente fluirían sobre ellos, hasta el suelo. Los hidrólogos no necesitan incluir a las epífitas como un grupo importante.
     Gotsch y el ecohidrólogo John Van Stan, de la Universidad Estatal de Cleveland (Ohio), no se lo creyeron. Los tapetes de epífitas secas eran lo suficientemente comunes como para que Gotsch trepara con gafas para evitar que la pelusa suelta le picara los ojos. En un artículo de 2019, ella, Van Stan y sus coautores publicaron datos de sensores de humedad instalados en las copas de los árboles de Monteverde, que demostraban que las epífitas se secaban con frecuencia pocos días después de una lluvia o una niebla intensa (7).
     El estudio incluía un modelo dinámico de vegetación llamado LiBry. Calcula la biomasa de epífitas en un lugar determinado a partir de datos climáticos, frecuencia de catástrofes naturales y datos sobre el hábitat, como la superficie arbolada y la superficie foliar. A continuación, introduciendo la capacidad estimada de almacenamiento de agua de las epífitas, su peso y los índices de evaporación conocidos para la región, el modelo simula con qué frecuencia deben empaparse las plantas y con qué frecuencia deben estar secas (6). "Cada hora, obtenemos una estimación de lo lleno que está el cubo de epífitas", dice Van Stan. En consonancia con los datos de campo de Monteverde de Gotsch, LiBry sugirió que la mayoría de las comunidades de epífitas en zonas húmedas pasan alrededor del 15% de su tiempo cerca de la saturación y alrededor de un tercio seco. El agua llena las esteras y se derrama de ellas, "lo que significa que está alimentando otras partes del bosque", dice Van Stan.


Sembrar las semillas del cambio

       Si las epífitas son "el conector entre el cielo y la tierra", como dice Gotsch, entonces el ciclo del agua está destinado a cambiar a medida que estas plantas desaparezcan. En 2021, Gotsch y tres colegas recibieron una subvención de cuatro años de la NSF para averiguar cómo.
     Pero, ¿cómo estudiar la desaparición de un ecosistema de dosel? Una estrategia: deshacer intencionadamente un poco de él y luego registrar las consecuencias, explica el co-investigador Todd Dawson, fisiólogo de árboles de la Universidad de California en Berkeley, mientras se encuentra entre dos higueras en un pastizal de Monteverde. Una de ellas está cubierta de epífitas. La otra ha sido totalmente despojada de ellas. Ambos árboles están atados con cables e instrumentados con detectores de humedad, anemómetros y otros sensores. Cada 15 minutos, estos diversos instrumentos registran la temperatura, la humedad, la velocidad del viento, la penetración de la luz solar (radiación solar) y la humedad de las hojas del árbol. Captan las condiciones hiperlocales de la copa de ese árbol.
     El verano pasado, un equipo de arbolistas e investigadores trepó a este par de árboles y a otros nueve pares alrededor de Monteverde, como parte del mayor experimento de eliminación de epífitas jamás realizado. Un árbol de cada par fue despojado por completo de epífitas, y su corteza fue fregada con un cepillo para botas. El otro árbol se dejó intacto como control. Cada dos semanas, un equipo de técnicos de campo regresaba a cada árbol para tomar los datos de una caja de registro montada en el tronco. Los equipos continuarán monitoreando hasta septiembre antes de pasar al análisis de datos a tiempo completo para comparar las condiciones en las copas de los árboles con y sin epífitas.
     Aunque el proyecto aún no ha publicado los resultados, ya se aprecian algunas diferencias en los datos. La velocidad del viento a través de los árboles, la humedad de sus hojas y la penetración de la luz solar en el dosel difieren significativamente entre los árboles experimentales y los de control, dice Gotsch. De pie en el suelo, mirando hacia arriba a las dos higueras, se puede ver. El árbol
de control, cubierto de epífitas, es denso, imponente y húmedo. Apenas se cuela la luz del sol. Al otro lado, el árbol despojado parece pertenecer a un parque de la ciudad, con su corteza desnuda y visible.
    
Las ramas de un árbol de control (derecha) están cubiertas de esteras florales absorbentes. Pero los árboles despojados experimentales (izquierda) no tienen epiphytes, y sus dosel parecen secarse mucho más rápido. Crédito de la imagen: Chris Pyle (fotógrafo).

Sobrevolando las copas de los árboles 

     Lo ideal sería que los investigadores recolectaran datos de muchos más de 10 pares de árboles, pero los experimentos de desbroce requieren mucho tiempo y son destructivos. Por eso, Dawson utiliza un dron para calcular la distancia que separa grandes franjas de árboles del bosque. Equipado con un sensor térmico y varias cámaras, el dron captura la temperatura, así como el espectro de luz visible y cinco bandas de radiación reflejada que rebota en los árboles. Al pasar en zigzag sobre varios cientos de árboles en tres sitios de investigación, el dron captura la reflectancia espectral del dosel y mide todas las longitudes de onda de la luz que el dosel no absorbe.
      En su computadora portátil, en una soleada cabaña en Monteverde, Dawson analiza los datos para calcular, por ejemplo, el contenido de agua en la copa del árbol. La clave: cuantificar la cantidad de luz del espectro del borde rojo, alrededor de 780 nanómetros, que es absorbida o reflejada por la copa de cada árbol. El agua absorbe la radiación del borde rojo con especial fuerza, por lo que Dawson puede extrapolar el contenido de agua de la copa. Es solo una métrica para evaluar cómo está todo el dosel. Combinado con los datos de los 20 árboles desnudos de epititas y los experimentales, el dron puede mostrar un panorama más amplio de cómo pueden comportarse los bosques ante el cambio climático. Todos estos datos se utilizan para construir un modelo hidrológico que simule el flujo de agua desde el cielo, a través del bosque y hasta el suelo. “Estamos muy interesados ​​en el papel que desempeñan las plantas a la hora de alterar la cantidad de agua que llega al suelo y la cantidad que se libera a la atmósfera”, afirma la investigadora principal adjunta Lauren Lowman, ecohidróloga de la Universidad Wake Forest en Winston-Salem, Carolina del Norte.
     Las epífitas no habían estado representadas hasta ahora en los modelos hidrológicos. El objetivo es representar la comunidad de epífitas como un balde en el bosque que almacena y vierte agua. Un conjunto de entradas llena el balde y otro conjunto de salidas lo vacía. El agua puede entrar en las epífitas a través de la lluvia, la niebla y el rocío, señala Lowman. El agua sale por evaporación, transpiración o absorción por el árbol huésped. El primer objetivo es representar el proceso de llenado y vaciado de la estera de epífitas, dice Lowman. A continuación, probablemente a partir de este otoño, modelarán la interacción del árbol con la estera de epífitas. Y luego, finalmente, utilizando los datos de los drones en 2025, ella y sus colaboradores esperan modelar muchos árboles interactuando con muchas esteras, para crear modelos hidrológicos a escala regional. Con el tiempo, Lowman y su equipo esperan modelar todo el ciclo del agua de los bosques nubosos de Monteverde y, en última instancia, de cualquier ecosistema donde crezcan epífitas. Describir el cubo de epífitas es solo el primer paso, dice Lowman.

Ríos en el cielo 

     Si bien el trabajo en Costa Rica es el más extenso de su tipo, una variedad de estudios más pequeños de todo el mundo, incluido el noroeste del Pacífico y Taiwán, también sugieren que las epífitas tienen un papel importante en el almacenamiento de agua en ambientes húmedos (8, 9). A lo largo de las costas chilenas y peruanas, donde el desierto se encuentra con el mar, las tormentas de lluvia son un evento que ocurre una vez cada década. Los cactus, arbustos y árboles sobreviven con la niebla marina y están cubiertos de líquenes y plantas aéreas, epífitas no vasculares. En 2010, el ecólogo de ecosistemas Daniel Stanton extrajo epífitas de un puñado de plantas en varios sitios, dejando cactus y árboles intactos como controles (10). Stanton, que tiene su base en la Universidad de Minnesota en Saint Paul, luego midió la humedad y la temperatura en la superficie de las plantas hospedantes, así como la humedad del suelo en la semana posterior a una rara tormenta de lluvia. Las plantas despojadas estaban más secas, más calientes y más sedientas en la semana posterior a la lluvia. Absorbieron la humedad del suelo a un ritmo cercano al doble de la pérdida de agua registrada por los grupos de control.
     Hace tres años, Stanton publicó un trabajo en el que se estimaba la biomasa de musgos y líquenes en campos de Minnesota. Luego convirtió esa biomasa en una estimación del almacenamiento de agua entre las epífitas no vasculares. Encontró que podrían almacenar entre el 5 y el 10% de un evento típico de lluvia (11). “Está al borde de lo suficiente como para que probablemente tenga importancia hidrológica”, dice Stanton. Si las epífitas disminuyeran en Minnesota, por ejemplo, en respuesta al cambio climático, probablemente haría que los bosques fueran “más llamativos”, agrega, lo que significa que el agua se precipitaría directamente al suelo y abandonaría el sistema rápidamente, tal como está sucediendo en Monteverde. Todo esto quiere decir que las selvas tropicales no son los únicos lugares que probablemente cambiarán si las epífitas desaparecen.
     Llama la atención porque bosques más secos tienen serias consecuencias para las personas que viven cerca. Las tormentas eléctricas más intensas causan inundaciones. Menos agua se filtra lentamente en el nivel freático y los acuíferos. Las comunidades circundantes sienten la presión sobre su suministro de agua.
     ¿Qué se puede hacer? La respuesta sencilla: más árboles nativos. Sus raíces estabilizan el suelo, lo que frena la erosión, y sus hojas ayudan a retener algo de humedad en el bosque. La Fundación Costarricense para la Conservación, una organización sin fines de lucro, ya dona árboles nativos a los agricultores sin costo alguno. "Nuestra principal misión es reemplazar los bosques lo más cerca posible de su estado natural", dice la bióloga conservacionista Debra Hamilton, cofundadora de la organización. En los últimos 26 años, ha regalado 300.000 árboles, a lo largo de toda la vertiente del Pacífico de Costa Rica. Los técnicos forestales, todos locales y autodidactas, recogen las semillas nativas y cuidan los árboles jóvenes, incluidos algunos de especies en peligro de extinción, en viveros. Luego, los propietarios de las granjas vienen a recogerlos, a menudo para cortavientos en granjas de ganado o para reforestar pastizales abandonados.
     Aunque reemplazar el hábitat es el objetivo principal, plantar árboles también puede ayudar a hacer frente a la pérdida de epífitas. Las nuevas raíces de los árboles ayudan a estabilizar las laderas y a frenar el chorro de agua que se escurre de las montañas. “Necesitamos que estos árboles altos que están surgiendo capten toda la humedad que puedan del aire que pasa”, dice Hamilton.
     Estudiar un sistema que ya está afectado por el clima “realmente me obliga a pensar en formas en las que podemos contribuir a las soluciones”, dice Gotsch. Espera que documentar las pérdidas de epífitas sea un primer paso para lidiar con los efectos perniciosos del cambio climático. Si su investigación ayuda a la comunidad de Monteverde a anticipar, digamos, una pérdida del 10% del almacenamiento de agua en la región, eso da al menos una base para los esfuerzos de mitigación, dice. Esta última subvención se extenderá hasta 2025.
     Es la tarde después de su escalada/trabajo de mayo, y Gotsch está de pie en la entrada de su casa de Monteverde. Por fin, comienza a llover. Las gotas caen sobre los aleros y la grava y, a lo lejos, las nubes brumosas se aglutinan entre los picos de las montañas. Aquí el agua está presente en todas partes. Las preguntas sobre qué será de ella son especialmente obvias, dice Gotsch, “en los bosques nubosos tropicales montañosos hiperverdes, hipermusgosos e hiperhúmedos”. Pero esas mismas preguntas se aplican en todo el mundo. “Los problemas”, dice, “son los mismos en todas partes, creo”.

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