"Quién hubiera dicho que estos poemas de otros iban a ser míos, después de todo hay hombres que no fui y sin embargo quise ser, si no por una vida al menos por un rato..." Mario Benedetti.
A los amantes de los árboles,... localización, poesía, cuentos/leyendas, etc.
10 abril 2026
RICHARD FEYMAN y ROGER PENROSE ¿De dónde vienen los árboles?
Desde dos vías diferentes, al conocer mi afición por los árboles, me han enviado casi el mismo contenido. En el primer momento lo visioné y no le concedí importancia porque me parecía obvio el contenido, casi simple. Al recibir el segundo envío empecé a cuestionarme si lo que yo percibía como simple a ojos de los demás no lo era tanto. Así que he decidido ponerlo en el blog porque no todo el conocimiento es tan simple para todos. Yo que soy lego en el conocimiento de todo o casi todo... quiero recordar el pasaje de la serie Cosmos de Carl Sagan, que
nos decía que nuestra materia, la que constituye nuestro cuerpo, está compuesta de polvo de estrellas.
Buscando en la red la complementariedad del conocimiento se ve que están hechas con IA y la idea parece que es de R. Feyman. Desconozco la verosimilitud de estas exposiciones pues dicen prácticamente los mismo lo que nos dice que no pueden ser de dos autores diferentes. He encontrado tres fuentes, las dos similares que pongo a continuación y una tercera más filosófica. He creído conveniente poner las trasncripciones por si a alguien le sirve.
RICHARD FEYMAN (EE.UU., 1918-1988)
(Es una conferencia ficticia inspirada en el estilo de enseñanza y las ideas públicas de Richard Feynman. No es una grabación auténtica, ni representa el respaldo o las declaraciones de Richard Feynman ni de su patrimonio. Está creado únicamente con fines educativos.)
Transcripción:
Yo me hice esta pregunta una tarde mirando un árbol enorme en el jardín de un amigo en Pasadena, un árbol viejo, grueso, imponente, y de repente me pregunté algo que parece ridículo de tan simple. ¿De dónde vino todo eso?
No me refiero al nombre, no me refiero a crece de una semilla en la tierra, eso lo sé, todo el mundo lo sabe. Me refiero a algo más específico, más honesto. Si ese árbol pesa 2 toneladas, ¿dónde estaban esas 2 toneladas antes de que existiera el árbol? El suelo donde creció sigue ahí, no desapareció. Entonces, ¿de dónde salió toda esa masa?
Esa es exactamente el tipo de pregunta que no puedo dejar ir. Una vez que me la hago, tengo que encontrar la respuesta. Y lo que descubrí me cambió la manera de ver cada árbol que he visto desde entonces. Lo primero que hago cuando tengo una pregunta así es buscar quién ya intentó responderla antes que yo. Y encontré a Van Helmond, un científico del siglo XVII que me cae muy bien porque hizo lo correcto. En lugar de suponer midió, eso es lo fundamental. No asumas. Mide. Van Helmont tomó tierra seca, la pesó con cuidado, 90 kg exactos. Plantó un sauce pequeño de 2 kg en esa tierra. Durante 5 años lo regó sólo con agua de lluvia, nada más, sin cambiar la tierra, sin añadir nada. Cinco años después desenterró el árbol y lo pesó: casi 77 kg. Había ganado más de 74 kg. Luego pesó la tierra 90 kg, prácticamente igual. Había perdido apenas 57 g. Yo leo ese resultado y me emociono porque eso es un misterio hermoso.
El árbol ganó 74 kg. La tierra no los perdió. Eso no puede ser coincidencia. Eso es una pista.
Van Helmont pensó que era el agua. Se equivocó en la conclusión, pero
hizo algo valioso. Eliminó la tierra como respuesta principal.
En
ciencia, saber qué no es la respuesta también es un avance. Yo también consideré el suelo y el agua. Es lo primero que cualquiera pensaría y está bien pensar así siempre que luego hagas los números. El suelo da minerales reales, nitrógeno, fósforo, potasio. Sin ellos la planta se enferma. Eso es verdad. Pero cuando sumas toda la masa de minerales que un árbol absorbe durante su vida, obtienes una fracción mínima de su peso total. Los minerales son necesarios, pero no explican la masa.
Y el agua igual. Un árbol mueve cantidades enormes de agua desde las raíces hasta las hojas. impresionante. Pero la mayor parte de esa agua se evapora por las hojas, no se queda como masa sólida. Yo lo puse así de simple en mi cabeza. Si el árbol estuviera hecho de agua, se evaporaría bajo el sol. Pero la madera es dura, densa, sólida. Algo más está construyendo esa estructura. El suelo no es suficiente, agua
no es suficiente. Hay que buscar en otro lugar.
Aquí es donde yo me puse a
pensar en serio, porque la química te da la pista definitiva. El agua
es H2O, hidrógeno y oxígeno. El hidrógeno es el elemento más ligero del universo. No construyes estructuras densas con hidrógeno. No es el material de la solidez. Entonces me pregunté, ¿de qué está hecha realmente la madera? Si la analizas, si la descompones en sus elementos, encuentras que aproximadamente el 50% de su peso seco es carbono, carbono puro. El carbono es completamente diferente al hidrógeno. El diamante es carbono, el grafito también. Es el elemento sobre el que está construida toda la vida orgánica. Es denso, es pesado, es estructuralmente extraordinario. Y yo me hice la pregunta obvia, ¿de dónde saca el árbol todo ese carbono?
No del suelo, eso ya lo había descartado, no del agua que prácticamente no tiene carbono. Entonces empecé a eliminar opciones. Tierra, no, agua, no. ¿Qué queda? Cuando llegué a esta respuesta me detuve un momento, porque es de esas respuestas que parecen imposibles hasta que las entiendes y luego parecen inevitables. La masa del árbol viene del aire, del dióxido de carbono, del CO2 que yo exhalo ahora mismo, del CO2 que está flotando invisible a tu alrededor en este momento en una concentración de apenas el 0.04% de la atmósfera.
Ese gas invisible, sin color, sin olor, ese gas que parece no ser nada, es literalmente el material del que están hechos los árboles. Yo encuentro eso absolutamente fascinante. Las hojas tienen poros microscópicos llamados estomas. Por esos poros entra continuamente CO2del aire. Adentro el árbol hace algo que me parece casi increíble. Rompe la molécula, separa el carbono del oxígeno, el oxígeno lo suelta de vuelta al aire y el carbono lo retiene. Ese carbono que estaba flotando en la atmósfera se convierte en la madera del árbol. Yo lo pienso así. El árbol agarra algo invisible y lo convierte
en algo que puedes golpear con un hacha. Convierte gas en madera
sólida, convierte aire en materia.
El proceso se llama fotosíntesis. Y
yo lo considero uno de los procesos más elegantes de la naturaleza y
uso la palabra elegante como la usan los físicos. Simple en principio, devastadoramente poderoso en consecuencias. Las hojas son verdes por la clorofila. Yo siempre me maravillé de eso. La clorofila absorbe fotones de luz solar y captura su energía. Es como una batería que se carga con luz. Esa energía impulsa reacciones dentro de los cloroplastos, estructuras pequeñas dentro de las células de la hoja. Ahí el árbol combina el CO2 del aire con el agua de las raíces y usando la energía solar produce glucosa, un azúcar.
Energía química almacenada en forma molecular.
La ecuación me gusta porque es limpia... 6CO2 + 6H2O + luz solar: Producen una molécula de glucosa y seis moléculas de oxígeno. El oxígeno sale al aire. Ese es el oxígeno que yo respiro, que tú respiras. El árbol nos lo regala como subproducto de construir su propio cuerpo. La glucosa luego se convierte en celulosa y lignina. La celulosa son cadenas largas de glucosa unidas. La lignina es más rígida y compleja. Juntas forman la madera y ambas están hechas del carbono que llegó como gas invisible desde el aire.
Cada anillo de crecimiento que ves cuando cortas un tronco es una temporada de captura de carbono atmosférico. Año tras año, molécula a molécula, el árbol fue construyendo su cuerpo con aire. Ahora viene la parte que yo encuentro más perturbadora en el mejor sentido posible. Nosotros también estamos hechos de carbono. Mis músculos, mis huesos, mi cerebro, el ADN en cada célula de mi cuerpo, todo construido sobre carbono. Y ese carbono tuvo que venir de algún lugar. Yo lo obtuve comiendo, como plantas o animales que comieron plantas.
En algún punto de la cadena siempre hay una planta que capturó carbono del aire. Ese carbono viajó por la cadena alimenticia y llegó a ser parte de mí. El carbono en mis músculos ahora mismo estuvo en la atmósfera en algún momento. Antes
formó parte de otra planta, de otro animal, quizás de una persona que
vivió hace siglos. Yo y el árbol compartimos el mismo origen
fundamental. Ambos somos carbono atmosférico reorganizado.
La diferencia es que el árbol lo captura directamente del aire y yo lo hago a través de la comida, pero el punto de partida
es el mismo. Eso me hace pensar en algo que me resulta profundo. No
somos observadores separados del mundo natural. Somos parte del mismo
ciclo. Somos el universo mirándose a sí mismo, hecho del mismo material que los árboles, las plantas, los océanos. Y el ciclo del carbono es real, no una metáfora.
Un bosque antiguo tiene almacenadas en su madera cantidades enormes de carbono que capturó del aire durante siglos. Cuando ese bosque se destruye y la madera se quema, ese carbono regresa a la atmósfera de golpe. Es química directa, es causa y efecto real. Yo siempre digo que entender la ciencia no hace el mundo menos bello, lo hace más bello. Ver un bosque sabiendo lo que realmente es: un almacén gigante de carbono atmosférico solidificado durante generaciones, eso es más impresionante que cualquier explicación mágica.
Entonces regreso a ese árbol en el jardín de Pasadena. Ahora yo sé lo que estoy mirando. Sé que ese tronco enorme, esas ramas, esa corteza gruesa están hechos de gas invisible que flotó en la atmósfera, entró poros microscópicos en las hojas, fue descompuesto por la energía del sol y quedó atrapado como carbono sólido, anillo por anillo, durante décadas. Ese árbol es aire solidificado literalmente. Y yo encuentro eso extraordinario, no porque sea complicado, sino porque es simple y real, y está frente a ti todo el tiempo.
Y la mayoría de la gente pasa la vida entera sin verlo. Eso es lo que me enseñó la física, ¿no? A memorizar fórmulas, a hacer las preguntas correctas y no conformarme con respuestas vagas. La próxima vez que veas un árbol, espero que veas lo que realmente es. No solo un árbol, un proceso, una máquina de capturar aire y convertirlo en materia. Décadas de trabajo invisible, molécula a molécula, construyendo algo que puedes tocar con las manos.
Eso es lo que es un árbol. Y hay mas preguntas como esta esperando que alguien
se las haga sobre todo lo que ves, todo lo que tocas, todo lo que das
por sentado. Nunca paro de preguntarme y espero que tú tampoco.
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ROGER PENROSE (Reino Unido, 1931)
Transcripción:
¿Crees que sabes de dónde vienen los árboles? Claro que sí. Has visto la historia mil veces. Una semilla, un poco de
tierra, agua del cielo y eventualmente algo verde rompe la superficie
de la tierra y comienza su lento y silencioso ascenso hacia el sol.
Es
una historia tan familiar que parece simple, parece resuelta. Un árbol
viene de la tierra. Esa ni siquiera es una pregunta que valga la pena
hacer, excepto que sí lo es, porque escondido dentro de esa simple historia, hay un fantasma que debería perseguir tu comprensión de la realidad. Se considera un roble maduro, se eleva quizás 25 m.
Su
copa tiene una geometría caótica de ramas. su tronco, un pilar de
madera densa y fibrosa. Ponlo en una báscula y ese árbol pesaría
alrededor de 4,500 kg. 4,500 kg de materia física y sólida que no existía en esa forma hace un siglo. Era
una bellota de 5 g y ahora es una montaña de material organizado. Así
que aquí está la pregunta que lo desenreda todo. ¿De dónde vinieron
esos 4,500 kg?
No poéticamente, no vagamente, físicamente, átomo por átomo, ¿de dónde apareció la materia?. La respuesta obvia es el suelo. Podemos ver las raíces hundiéndose profundo, anclándose en la tierra oscura, bebiendo de ella. Se siente correcto, se siente como la única respuesta posible. Así que pongámoslo a prueba.
En el siglo XVII, un médico flamenco llamado Jean Baptista Van Helmont realizó un acto de profunda curiosidad. Tomó un esqueje de sauce que pesaba 2 kg y lo plantó en 90 kg de tierra seca. Lo selló en un recipiente de barro, dejando solo el aire y su cuidadoso riego para tocarlo. Durante 5 años lo observó crecer. Al final sacó el árbol de la maceta. Ahora pesaba 76 kg.
Había ganado 74 kg de nueva masa, una pequeña montaña de madera y corteza que no existía antes. Luego secó cuidadosamente la tierra y la pesó de nuevo. La tierra había perdido menos de 60 g. 74 kg aparecieron. La tierra no perdió prácticamente nada. Las matemáticas son una contradicción absoluta de tu intuición. ¿De dónde vinieron los otros 73 k,g 940 g? No del suelo. Esa cómoda respuesta, con las manos sucias de tierra está muerta, asesinada por un científico del siglo XVII con una maceta y una balanza.
Este es el momento en que la mayoría de la gente se encoge de hombros y sigue adelante. Asumen que hay una explicación técnica, algo sobre nutrientes y química, y lo archivan en el armario polvoriento de los datos olvidados. Pero detente, no sigas adelante, porque lo que acaba de suceder en tu mente es la colisión entre tu modelo de la realidad y la realidad misma. Acabas de ser testigo de cómo 74 kg de materia sólida aparecieron de la nada esencialmente y no tienes idea de cómo.
Eso no es una pequeña brecha en tu conocimiento, es un abismo en tu comprensión de cómo opera el mundo físico. Y la respuesta, cuando finalmente la veas, no solo te informará, te reconectará fundamentalmente la forma en que ves el mundo. Entonces, si no es la tierra, debe ser el agua. Esa es la siguiente fortaleza lógica. Un roble grande puede extraer 400 L de agua del suelo en un día caluroso. En un siglo eso es un océano. La masa debe venir del agua.
Puedes imaginarlo. Las raíces beben, el agua sube, el árbol crece. Limpio, simple, lógico, pero los números se niegan a cooperar de nuevo. El agua es H2O, dos de los átomos más ligeros del universo. El hidrógeno, están enganchados a un oxígeno. Un árbol usa esta agua, la descompone usando el hidrógeno para su estructura y liberando el oxígeno de vuelta al aire, que es de hecho de donde proviene casi todo el oxígeno que estás respirando ahora mismo.
Pero el hidrógeno es una brizna. Necesitarías un volumen imposible para justificar miles de kilos de masa. Y la madera no está hecha de hidrógeno. La madera está hecha de carbono. El carbono es la columna vertebral de cada molécula orgánica, el elemento pesado y denso que forma el entramado de cada pared celular. El carbono constituye casi el 50% del peso seco de cualquier árbol. Al suelo le falta carbono, al agua le falta carbono, las raíces absorben minerales, nitrógeno, fósforo, potasio, pero todo eso combinado representa apenas el 1 o 2% de la masa del árbol. ¿1 o 2%?
Las matemáticas no son solo difíciles, son un rotundo fracaso. Te quedas mirando fijamente un objeto de 4,500 kg. sabes que vino de una semilla de 5 onzas y no puedes explicar la abrumadora mayoría de su sustancia, ni de la tierra, ni del agua, ni de nada que puedas ver entrar en la tierra. La respuesta está en otro lugar completamente. En algún lugar donde la mayoría de la gente nunca piensa en mirar, está flotando en el espacio a tu alrededor ahora mismo, invisible, silencioso y totalmente indiferente a tu confusión. La masa viene del aire, eso es todo. Esa es la respuesta. No del suelo, no del agua. El tronco, la corteza, las raíces, las ramas, el corazón denso y combustible de la madera misma. Todo ello es atmósfera solidificada. Dióxido de carbono, CO2, el gas traza que exhalas con cada respiración, lo que constituye solo el 0.04% del
aire que llena esta habitación. De eso están hechos los árboles. Un
roble de 4,500 kg es, en el sentido más literal y físico, aire
cristalizado.
Cuando Van Helmont buscó la masa perdida, la respuesta estaba fluyendo sobre sus hombros, pasando por su cara arremolinándose alrededor de las hojas de su sauce durante 5 años. Simplemente no podía verla porque era invisible.
Esto
es lo que realmente está sucediendo. Es un proceso tan elegante y
poderoso que debería ser mencionado con la misma admiración que una
supernova. El
árbol alcanza el cielo con poros microscópicos en sus hojas, estomas, y
atrapa dióxido de carbono. Dentro de la hoja ejecuta una línea de
desensamblaje. Arranca
los átomos de carbono de la molécula desechando el oxígeno de vuelta al
viento. Y entonces usando esos átomos de carbono desnudos como materia
prima, los
encadena átomo por átomo, enlace por enlace. Construye glucosa, luego
celulosa, luego lignina. Construye las fibras rígidas de la madera
misma. Materia
física, sólida y densa que puedes tocar, talar y quemar. Comenzó como un
gas invisible.
¿Y el motor que impulsa esta creación?, la luz solar. A 150 millones de kilómetros de distancia, una estrella está fusionando furiosamente hidrógeno en helio, desatando un torrente de energía que grita a través del vacío del espacio. Esa energía llega aquí como radiación electromagnética, como campos oscilantes de fuerza que viajan a la velocidad de la luz.
Cuando esas ondas golpean una hoja, no solo la calientan, son capturadas. Un fotón choca contra una molécula de clorofila y expulsa un electrón a un estado superior del ser. Ese electrón energizado es entonces pasado a lo largo de una cadena de moléculas, su energía robada utilizada para forjar los enlaces químicos que bloquean los átomos de carbono juntos. La radiación electromagnética, la fuerza pura de una estrella lejana, se está solidificando en la células de un árbol.
Un árbol es una máquina que alcanza el aire, saca fantasmas y los hace reales usando la luz de las estrellas como fragua.
Cada tabla de madera en cada casa en la que has entrado fue una vez un
gas flotando en el viento. Cada barco de madera, cada página de cada
libro, cada bosque en la tierra es un museo de atmósfera solidificada. Van Helmont tenía razón al estar desconcertado. Simplemente no pensó empezar el cielo.
Ahora deja que eso se asiente y luego síguelo un paso más allá. Porque esta historia no termina con los árboles. Cada caloría que has consumido proviene de una planta o de un animal que comió una planta. El carbono en tus músculos, el carbono en las neuronas disparándose dentro de tu cráneo ahora mismo para procesar estas palabras.
Ese carbono era CO2 atmosférico no hace mucho. No estás hecho de tierra, ni siquiera estás hecho de agua, estás hecho de aire reordenado. Eres un remolino temporal y autoconsciente en una corriente vasta y antigua de átomos. Cada átomo de carbono en tu cuerpo ha sido parte de innumerables otras cosas. Un dinosaurio, una bacteria, una hoja, una estrella... fue exhalado del suelo, extraído del cielo y cosido en el patrón temporal, que eres tú, por la misma fuerza que construye el roble. Tú y el árbol no sois cosas separadas mirándose la una a la otra. Sois dos expresiones del mismo proceso fundamental. Ambos sois remolinos locales de orden, revirtiendo temporalmente
la gran marea de la entropía, usando energía de una estrella para
forjar estructuras efímeras a partir del potencial bruto del universo.
El
árbol no está extrayendo de la tierra, está extrayendo del cielo, del
sol, del vacío mismo. Es un monumento a lo invisible y tú, de pie junto a
él, respirando sus exhalaciones, estás hecho de los mismos fantasmas. Cuando mires a un roble ahora, no estarás viendo tierra que se levantó. Estarás viendo luz solar solidificada. Estarás viendo la atmósfera apilada en forma. Estarás mirando
a un primo. Una disposición diferente de la misma luz estelar
capturada. Y en ese momento el límite entre tú y el mundo se disuelve, revelando
la verdad que la física siempre ha susurrado. No somos visitantes aquí.
Somos los lugares locales donde el universo inhala, contiene la respiración por un momento y se vuelve consciente de sí mismo.
ROSA MOLINERO TRIAS, en "El País" Un año bueno, un año malo: la vecería afecta a las cosechas de aguacates, manzanas y olivos
La alternancia está inscrita en la naturaleza productiva de distintos árboles frutales
Olivos de Aceites Alía, proyecto de recuperación de variedades de olivas. Imagen de laempresa
No todos los años son buenos en el campo. Las inclemencias meteorológicas juegan su parte, pero, además, distintos árboles padecen el fenómeno llamado vecería, contrañada o carga bienal, por el que los años más productivos se alternan con otros menos productivos. El olivo, la manzana, los aguacates y la pera son algunos de los árboles frutales que experimentan la vecería de una forma notable. Tal y como explica Francisco Elvira, olivarero y secretario general de la Coordinadora de Organizaciones Agrarias Jaén, “la vecería es una parte fisiológica de los olivos: un año cargan mucha aceituna y al siguiente descansan. Esto se debe, en parte, a que el olivo empieza sus primeros pasos de floración durante el crecimiento del año anterior: si ese año anterior el olivo ha dado mucha fruta, limitará el crecimiento de flores para el año siguiente”. Sucede también con otros frutales. “Casi todos los manzanos y perales pueden caer en este patrón de cultivo”, dicen desde la Royal Horticultural Society. “Suele ocurrir cuando los árboles están desnutridos o sin suficiente hidratación. Esto hace que sean incapaces de llevar adelante una cosecha abundante, lo que a su vez estimula la producción de demasiadas yemas para el año siguiente. La vecería también puede dar comienzo cuando una helada destroza la floración en invierno”, aseguran. Elvira también explica que la vecería se hace más notable en árboles de edad avanzada y que está determinada por una cuestión de dominancia hormonal, es decir, por el número de embriones que anidan dentro de la semilla del hueso de la aceituna. “La giberelina es una fitohormona que produce cierta regulación hormonal y hace que el árbol produzca más o menos frutos en años alternos”, dice el agricultor. Para paliar los efectos de la vecería, las prácticas habituales son la poda de flores y frutos para aclarar el exceso de ambos y así evitar que el árbol agote demasiado de sus recursos. También, hacer uso de abono nitrogenado “que desincentiva el crecimiento en los años de mucha producción”, dice el olivarero, que opina que lo que más afecta a la vecería es algo incontrolable: el clima. “Cuando se junta un año de vecería con una sequía, se da la tormenta perfecta, los llamados dientes de sierra”, que en un gráfico señalan descensos abruptos en la producción. En el pasado 2025, el olivo experimentó un buen año tras dos malas cosechas consecutivas, por lo que el pronóstico de este 2026 es peor: el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación estimó en su aforo olivar de octubre que habrá un descenso del 5% en Andalucía, la comunidad más productora, y un total del 3% en todo el país, pero que pese a eso, los 1,37 millones de toneladas previstas “deben permitir un abastecimiento fluido del mercado nacional y de nuestras exportaciones a terceros países”, según informaba el ministro Luis Planas. Ya avanzados los meses, Elvira pronostica una reducción todavía mayor, “de hasta el 20%, ya que estamos muy retrasados en la recolección por las lluvias”. José Antonio González, agricultor de manzanas de Villaviciosa (Asturias), explica que en esta fruta puede haber años de muy buena cosecha “y otros muy escasos e incluso nulos”, pero que siempre es un proceso normal. En el caso de la manzana, dice el agricultor, “suele ser siempre un cultivo complementario en la mayoría de explotaciones, un suplemento tanto para la agricultura como la ganadería”, por lo que los años de vecería se pueden compensar.
STEFANO MANCUSO (Italia, 1965) Los hombres que amaban las plantas: Historias de científicos del mundo vegetal
Este
ensayo transita a lo largo de cinco siglos de descubrimientos en el
mundo vegetal a través de las extraordinarias vidas de naturalistas,
genetistas y botánicos apasionados por las plantas, los árboles, la
agricultura y la genética. Por ejemplo, Charles Darwin, que identificó
una especie de mariposa que sólo podía polinizar un tipo de orquídea. O
Leonardo da Vinci, que se dedicó a estudiar la filotaxis, la disposición
de las hojas en el tallo de una planta para captar la luz del sol. Y
cómo no mencionar la trágica historia del genetista ruso Nikolái
Ivánovich Vavílov, que aisló en su laboratorio el supergrano de trigo
que alimentaría a millones de campesinos sólo para caer víctima de las
purgas de Stalin y morir en una de sus prisiones. Stefano Mancuso
también relata la increíble vida de George Washington Carver, el primer
estadounidense negro graduado en Agricultura, que inventó un método
revolucionario para cultivar cacahuetes. Se nos presenta también la vida
de Charles Harrison Blackley que, arriesgando su propia existencia,
descubrió los orígenes de la fiebre del heno. Se incluyen muchos otros
científicos que cambiaron nuestras ideas sobre el universo en que
vivimos, que completan un relato de los descubrimientos más asombrosos y
a veces desconocidos del mundo vegetal.
MANUEL FERNÁNDEZ JUNCOS (Puerto Rico, 1846-1928) Una historia
Oculta en el corazón de una pequeña semilla bajo la tierra, una planta en profunda paz dormía.
-¡Despierta!- el calor le dijo. -¡Despierta! la lluvia fría.
La planta, que oyó el llamado, quiso ver lo qué ocurría. Se puso un vestido verde y estiró el cuerpo hacia arriba.
De toda planta que nace esta es la historia sencilla
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29 marzo 2026
ANTONIO CERRILLO, en La Vanguardia
España, última clasificada en el ranking mundial de conexión con la naturaleza
España es el país que tiene menor conexión con la Naturaleza de todo el planeta, según el primer estudio mundial sobre cómo los ciudadanos se relacionan con el mundo natural. España ocupa el último lugar en este ranking en un listado de 61 países realizado con 57.000 participantes. Este informe, aparecido en la revista Ambio, analiza cómo los factores sociales, económicos, geográficos y culturales que influyen en las actitudes hacia la naturaleza. Nepal es el país con mayor conexión con la Naturaleza, seguido de Irán, Sudáfrica, Bangladesh y Nigeria, según el estudio publicado en la revista Ambio. Croacia y Bulgaria son los únicos países europeos entre los diez primeros, seguidos de Francia en el puesto 19. Por debajo de Gran Bretaña se encuentran Holanda, Canadá, Alemania, Israel, Japón y España, que es el país con menor conexión con la Naturaleza de todos los encuestados. La conexión con la Naturaleza es un concepto psicológico que mide la cercanía de la relación de un individuo con otras especies. Diversos estudios han demostrado que las personas con mayor conexión con la Naturaleza disfrutan de un mayor bienestar y son más propensas a actuar de forma respetuosa con el medio ambiente. La escasa conexión con la Naturaleza se ha identificado, en sentido contrario, como una de las tres principales causas subyacentes de la pérdida de biodiversidad, junto con la desigualdad y la priorización de los beneficios materiales individuales. El grado de conexión con la Naturaleza se considera cada vez más como un factor que está en la raíz de las crisis ambientales y a la vez es “una poderosa estrategia para el cambio transformador”, dice este informe. Sin embargo, se sabe poco sobre cómo varía entre países y los factores que influyen en la relación entre el ser humano y la Naturaleza a nivel social. Utilizando un amplio conjunto de datos exactamente 56.968 de 61 países, este estudio exploró cómo se relacionan los indicadores objetivos (contexto socioecológico) y subjetivos (valores sociopolíticos) con la conexión con la Naturaleza. Mediante análisis se observó que varios indicadores (urbanización y entorno empresarial) y subjetivos (valores científicos y religiosos) estaban significativamente asociados a la conexión con la Naturaleza. El estudio utilizó el conjunto de datos recopilados mediante una investigación colectiva con la participación de 253 científicos de 65 países (fueron descartados luego 4), entre noviembre de 2020 y febrero de 2022. La edad de los participantes osciló entre los 18 y los 99 años.
El alto nivel de espiritualidad Investigadores de Gran Bretaña y Austria, liderados por Miles Richardson, profesor de la Universidad de Derby, descubrieron que el indicador más fuerte de una relación estrecha con la Naturaleza era un alto nivel de espiritualidad en la sociedad. Las sociedades más religiosas y las culturas donde se priorizaba la fe sobre la ciencia mostraron altos niveles de conexión con la naturaleza. En contraste, el estudio también halló que la facilidad para hacer negocios —el Banco Mundial que evalúa el entorno favorable a los negocios de un país— se correlacionaba con una menor conexión con la naturaleza.
Factores concretos que influyen Entre los factores más concretos que el estudio vinculó con la falta de conexión con la naturaleza se incluyen los niveles de urbanización, el ingreso promedio y el uso de internet. También se ha evaluado el nivel de afiliación a las organizaciones ambientales del mundo, aunque este indicador no necesariamente comporta una correlación directa con un impacto favorable a la naturaleza. “La conexión con la naturaleza no se limita a lo que hacemos, sino que abarca cómo sentimos, pensamos y valoramos nuestro lugar en el mundo natural”, afirmó Richardson.
Regidos por la racionalidad, la economía... Los expertos destacan que la sociedad es cada vez más racional, regida por criterios económicos y los avances científicos. Esto, sin duda, ha traído consigo beneficios pero ha comportado también algunos desequilibrios. El gran reto es cómo reintegramos el pensamiento natural en nuestro mundo tan tecnológico. “Obviamente, es muy difícil cambiar las culturas, pero se trata de integrar el valor de la naturaleza en la vida cotidiana, de hacerla parte esencial de nuestro bienestar, para que llegue a ser respetada y casi sagrada”, explica Richardson en declaraciones a The Guardian.
Propuestas para superar este déficit: aquí van algunas Según Richardson, algunas maneras de fomentar la conexión con la naturaleza podrían incluir un mejor uso de los entornos naturales en los tratamientos de salud mental y pública, el desarrollo de derechos de la naturaleza en la legislación; y la incorporación de la naturaleza en las decisiones de las juntas directivas y la implicación del mundo empresarial en las regulaciones y la protección de la biodiversidad. La tensión entre las empresas y la protección del medio ambiente es una constante, y todavía la defensa de la naturaleza se ve en ciertos sectores como un valor supeditada a la economía. “Hay otras maneras de replantearse cómo hacemos negocios: incorporando la naturaleza en la toma de decisiones, estando en los consejos de administración y fomentando la biodiversidad. Esto puede empezar a transformar el sistema, de modo que la naturaleza no se considere simplemente un recurso, sino un actor clave”, dice Richardson.
Sociedades urbanizadas Una recomendación habitual es la propuesta de integrar la naturaleza en las zonas urbanas para revitalizar la conexión con ella en las sociedades más urbanizadas “No se trata solo de crear un parque. Porque ¿cómo se crea un espacio sagrado de naturaleza urbana? Es fácil construir un parque, pero se necesita algo más profundo.” La correlación entre la conexión con la naturaleza y la “espiritualidad” en los países se descubrió mediante mediciones de la importancia de la religión, las creencias en un dios y la fe en diferentes países, registradas por la Encuesta Mundial de Valores.
I. CAMARERO JIMÉNEZ, en "Diario de Ávila" Los tilos de El Arenal, 'Árbol del año 2026'
Han logrado sumar a la causa casi 7.000 votos, que son muchos teniendo en cuenta los vecinos de El Arenal, en torno a un millar. Ahora tendrán el honor de representar a España en el concurso europeo.
Tienen en El Arenal un magnífico patrimonio natural. Es así en sus montes y también en el propio pueblo, sobre todo poseen impactantes ejemplares de tilos en el mejor sitio en el que podían estar, que no es otro que el colegio, dando sombra y protección a centenares de pequeños a lo largo de décadas. Es así hoy y desde hace un siglo. 100 años contemplan a un tilo y una tila que han visto pasar bajo sus ramas a cuatro generaciones de arenalos, tantos como años lleva en pie el Centro Rural Agrupado 'Camilo José Cela'. Dos exuberantes ejemplares con los que han ganado el concurso nacional Árbol del año 2026 y que hará que defiendan título ahora en Europa. Precisamente se plantaron al acabar las obras del centro educativo, «lo hizo Paulino, también conocido como tío Motola». Desde entonces, desde finales de 1925 llevan echando raíces, procurando sombra y rebajando las calurosas temperaturas de este precioso enclave del Tiétar. Atrayendo a vecinos y a visitantes y al final... Haciendo comunidad y estrechando lazos porque....¿cuántas conversaciones y amistades no nacieron a sus pies? Con todo ese arraigo y precisamente porque el colegio está de aniversario decidieron presentarse al concurso que organiza la ONG Bosques sin Fronteras bajo el título 'Árbol y Bosque del año 2026' y lo han ganado. Así que con ello tendrán el honor de representar a España en el concurso europeo lo que ya de por sí es una alegría. Aitor Cortázar estuvo detrás de esta iniciativa y, con él, Mayte, la directora del centro educativo y también Miguel Salgado, quien es el juez de paz y la persona que ha investigado sobre el origen de tan tremendos ejemplares. A ellos se ha sumado la pareja de Aitor que se ha encargado de mover la candidatura por redes sociales. Con tanto ahínco lo ha hecho que ha propiciado para la causa casi 7.000 votos que permitirán que el tilo y la tila de El Arenal sigan ganándose adeptos. Son majestuosos, longevos, espectaculares y están tremendamente sanos. 25 metros de altura, 100 años de vida, tres metros de perímetro de tronco y ante todo, mucha gente que sabe las joyas que les cobijan cada día del año. Y es que de eso iba este concurso: «Se trata de centrarse en la historia y la conexión emocional de los ejemplares o masas forestales con las personas y el territorio». Al final es cuestión de que en el caso de El Arenal, sus dos árboles, se hayan integrado profundamente en la vida de la comunidad». El Arenal vence y lo hace en un año especial, tanto por el siglo de vida de tilo y tila, como porque en lo medioambiental ha sido duro ya que uno de los más graves incendios ocurridos en Ávila y también en Castilla y León el verano pasado dañó parte de su patrimonio natural. Al menos ahora pueden alardear de tener al árbol del año que encima son dos.
Se impusieron los abulenses al impresionante eucalipto rojo de Paiporta, el cual llegó a estar por delante en las votaciones y también ha superado los 6.000 votos. Más lejos han quedado El almez del Parque Bruil, en Zaragoza, con 1.799 votos o el ficus CEIP Huerta De Santa Marina, que se erige en Sevilla, con 1.486 votos. En definitiva, un gran respaldo para el abulense que ha logrado movilizar muchos más votos que habitantes tiene su localidad y es que al final «arenalos somos muchos por ahí» y todos se sienten orgullosos de sus majestuosos ejemplares que a tantos han cobijado.
YUNG CHANG, buscadores de fruta Fruit Hunters ( The Nature of Things ) Part 2/2Idioma: inglés
Esta es una serie de dos partes de la CBC sobre buscadores y aficionados a la fruta, un excelente complemento a la película oficial del director Yung Chang. Basada en parte en el libro del mismo nombre "Los cazadores de frutas" de Adam Leith Gollner.
BRITTA TECKENTRUP, (Alemania, 1969) El árbol de los recuerdos
Zorro había tenido una vida larga y feliz, pero ahora estaba cansado. Observó su querido bosque una última vez y cerró los ojos para siempre. Un libro para enseñarnos a comprender hechos tan importantes en la vida como la muerte o la ausencia de los seres queridos.
LUCÍA GARCÍA, en "Cadena SER Sociedad" Un pueblo de Tenerife llora la pérdida de un árbol centenario: "Plantaba otro drago mañana"
El alcalde del municipio de Los Realejos no se opone a replantar otro drago. Los técnicos del Cabildo se han llevado esquejes y ramas para intentar reproducir la especie y crear nuevos ejemplares Un ruido ensordecedor estremeció las casas de los vecinos del Realejo Bajo durante la tarde de este miércoles. El emblemático drago de San Francisco se había partido y roto en mil pedazos. Todo ocurrió en torno a las ocho y media de la noche cuando se escuchó un gran estruendo, seguido "del sonido cuando se araña la chapa de un coche". Así es como los vecinos describen el ruido, incluso "Como una bomba. Yo pensé que era el Teide", añade una señora que, aún habiendo pasado más de 12 horas, todavía mantenía el susto en el cuerpo. "Susto, disgusto y pena", dicen algunos, quienes todavía no se creen haber perdido el símbolo del municipio, en concreto de San Francisco. Un ejemplar de casi 300 años, según los historiadores, que afirman tener registros de esta especie allá por el año 1750. El paisaje no es el mismo, sin duda, "falta algo". Gaspar es el vecino que más cerca vive, su casa está más cerca del drago que la propia puerta del cementerio de San Francisco. "Apenas a 10 metros estoy, menos mal que cayó para la carretera y no encima de mi casa", comenta Gaspar. Ha explicado que ya no podrá decir "mi casa es la que está debajo del drago", algo que le apena enormemente, pues en sus 40 años que lleva viviendo ahí, "siempre lo veía desde donde fuera que me asomara". Desoladora imagen Toda la calle está consternada por la pérdida de este ejemplar: "jugábamos ahí de pequeños, yo vendí flores para el cementerio a la sombra del drago, es como si perdiéramos a un familiar"...Son los comentarios que durante la mañana de este jueves se escuchaban entre las decenas de personas que se reunieron para ver aquella imagen desoladora. Al menos seis coches resultaron dañados, algunos con afecciones serias: "Me lo darán por siniestro total", decía uno de los vecinos que tenía una furgoneta totalmente sepultada por las ramas. Otros tenían menores daños, como arañazos o golpes en las defensas. Todos fueron fotografiados por los peritos para hacer las pertinentes reclamaciones. A lo largo del jueves, aunque es probable que se tarde más de una jornada, se irán retirando los restos del drago, no sin antes que los técnicos del Cabildo hayan rescatado algunos esquejes con la finalidad de replantar. No aseguran que funcione, ya que el ejemplar tiene muchísimos años y la reproducción es compleja, "pero se va a intentar".
Sacar nuevos ejemplares Adolfo González, el alcalde del municipio, ha asegurado que el objetivo de que se recojan esas ramas es replantar para "sacar nuevos ejemplares de esquejes que se están retirando y poder hacer replantes de esta joya botánica que hemos perdido en Canarias, en Los Realejos desde luego, pero es una joya botánica de Canarias". En cuanto a las causas de lo ocurrido, han acudido al lugar expertos de Sanidad Vegetal del Gobierno de Canarias, profesionales del Jardín Botánico de Puerto de la Cruz y del Parque del Drago de Icod de Los Vinos. Todos con el objetivo que obtener información para sacar las primeras conclusiones y emitir los informes correspondientes. No obstante, tanto los técnicos como el propio alcalde apuntan a la hipótesis que ha tomado más peso: "La lluvia de estos días ha hecho que el agua en exceso en la copa, que era muy amplia, y un tronco que no era excesivamente ancho, el peso del agua produjo que se desplomara el drago que no tenía afecciones en el tronco", explica González.
Se baraja la hipótesis de las abundantes lluvias Efectos de la propia naturaleza y del ciclo de la vida. Algo que no termina de convencer a algunos vecinos cercanos: "Faltaba mantenimiento, nadie lo cuidaba y estaba algo torcido, no se le ponía la atención que debería y esto se podía haber evitado". No obstante, el alcalde asegura que, "mínimo desde 2021 se le ha estado haciendo un seguimiento a la salud del ejemplar, incluso haciendo frente a una fuerte plaga de cochinilla que le afectó hace tiempo". Insiste en que la causa no fue falta de cuidado.
¿Y ahora qué? Los vecinos se niegan en rotundo en que ahora se use ese espacio para ampliar el cementerio o crear una plaza sin más: "Queremos otro drago que dure otros 300 años más". Y el alcalde no parece ponerle pegas, ya que aseguró que, si fuera por él, "pondría un drago otra vez mañana mismo". En cambio, hay que esperar a los informes y a las tareas de reconstrucción de la zona que ha sido gravemente afectada y se encuentra dentro del Conjunto Histórico del Bien de Interés Cultural del Realejo Bajo.
16 marzo 2026
PATRICIA GINOVÉS, en "LA PROVINCIA" Wolfredo Wildpret (Tenerife, 1933-2026)
Wolfredo Wildpret no podía ocultar su vocación docente ni por teléfono. Cada llamada con él era una lección sobre Botánica y sobre la vida. Conocí al profesor, al investigador y al entrañable amigo cuando yo no llevaba en esto del periodismo ni dos años pero, desde el principio, él me trató como una profesional más y me supo inculcar la importancia de un área de estudio que era mucho más que su trabajo, era su vida. La labor docente de Wildpret traspasó aulas y con nosotros colaboró de manera mensual con El árbol del mes, una sección publicada en La Opinión de Tenerife durante varios años y que surgió de una conversación trivial a la sombra de un tamarindo en Valleseco. Allí me invitó a probar por primera vez ese fruto mientras terminaba de hacerle una entrevista y allí quedó sellada una relación que permitió que su inmenso conocimiento llegara cada mes a los lectores del periódico. Sus explicaciones eran dignas de una enciclopedia. No en vano, la leíamos juntos cada vez que preparábamos un nuevo reportaje y con esos encuentros no solo mejoré en el periodismo, sino que aprendí de flores y plantas de la mano del mejor y del que más lo disfrutaba. En más de una ocasión dijo que sería una buena idea publicar todos aquellos reportajes en un libro. Quizás le tome la palabra, Wolfredo. Nos veremos a la sombra del tamarindo.
De: "Los Vigilantes de los Árboles. Gran Canaria." (Facebook)
NEREA ZAPATA La famosa buganvilla de la Rambla Catalunya se salva y continuará tiñendo la calle de lila La planta que cubre la floristería de Maria Ponsà seguirá en su sitio tras un acuerdo con el Ayuntamiento para reforzarla y garantizar la seguridad
La buganvilla gigante frente a la floristería María Ponsa, en Barcelona / FERRAN NADEU
Una buena noticia para los amantes de los rincones bonitos de Barcelona: la buganvilla que cubre la fachada de Maria Ponsà Flors, en la esquina de la Rambla de Catalunya con Còrsega, finalmente no será cortada. Después de un año de incertidumbre y movilización vecinal, la planta continuará formando parte del paisaje del barrio. Todo empezó tras un episodio de viento fuerte en diciembre de 2024. Ante el posible riesgo para los peatones, el Instituto Municipal de Parques y Jardines de Barcelona propuso podarla o retirarla. Pero la buganvilla ya era parte del paisaje del barrio, y tenía un peso sentimental para los vecinos y comerciantes, que impulsaron una campaña para salvarla.
Foto: Maria Ponsà Flors
Finalmente, se ha llegado a un acuerdo. Según explica Betevé, se instalará una estructura metálica que servirá de soporte para que la buganvilla quede más estable y no se vuelva a desplazar con el viento. El Ayuntamiento asumirá el transporte y la instalación de esta estructura, mientras que la propietaria de la floristería continuará encargándose del mantenimiento y un vecino volcado con la causa pagará la estructura. Además, la planta se incorporará al Catálogo de pequeños paisajes urbanos de Barcelona, una iniciativa que protege elementos singulares que forman parte de la identidad de la ciudad, tal como recoge también Betevé. El convenio tiene una duración de cuatro años, prorrogables. Por lo tanto, este pequeño símbolo del barrio seguirá dando sombra, color y fotos bonitas durante mucho tiempo.
Os invitamos a experimentar un viaje iniciático, comprometido, ilustrado y
aventurero a través de las "Hojas del bosque", con su autora, Lucía
Triviño, para explorar tu apasionada relación con las arboledas y
desentrañar el complejo nudo de ficciones y realidades que lo
caracteriza. Desde las historias medievalistas más inesperadas a los
Ents de Tolkien, pasando por toda referencia atractiva que tenga que ver
con nuestros mundos emboscados. Como dice la
botánica Ana Erice en el prólogo a “Las hojas del bosque”, el libro que
tanto estábamos esperando de Lucía Triviño. Y es que
debemos aprender a amar a los bosques con mayor conocimiento de causa.
Cultivar un afecto consciente, que se reconozca un poco ciego y
enamorado de una entidad que es y será siempre, al menos en parte,
ficticia. Con Triviño no desnudaremos a la espesura de sus ricas
vestimentas imaginarias, porque conoce bien el valor del mito, de la
literatura y de los modelos científicos y lograremos que esa imagen
ideal de las forestas en nuestra mente y en nuestro corazón sea también
buena para el bosque.
Durante
las últimas décadas, las humanidades se han aproximado de forma más
determinante al mundo vegetal y se han nutrido de las ciencias naturales
para ahondar en el conocimiento de las plantas. Aventurarse en los
bosques y las selvas supone indagar en la interrelación entre el ser
humano y el ecosistema. En esta obra, concebida como un viaje
a través de la espesura, Lucía Triviño escrudiña cada rincón de los
múltiples bosques para poner de manifiesto de qué manera el entorno
natural ha impactado en el desarrollo humano y viceversa, al tiempo que
revindica el papel de la historia ambiental dentro de los estudios
humanísticos.
Temáticas: Ciencia / Divulgación Publicación: 13 septiembre 2023 Colección y Editorial: Ariel Presentación: Tapa dura con sobrecubierta Formato 14.5 x 23 cm ISBN: 978-84-344-3671-8 Código: 0010328785
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09 marzo 2026
EL SABINAR DE LAS BLANCAS, BOSQUE DEL AÑO 2026
El Sabinar de las Blancas, en la Pobla de San Miguel (Valencia), al lado del Rincón de Ademuz, ha sido elegido como Bosque del Año en España para 2026 tras ser el más votado en la iniciativa de Bosques Sin Fronteras con la colaboración del Ministerio para la Transición Ecológica. Este espacio natural está poblado de sabinas albares (Juniperus thurifera), que se erigen como símbolos de historia y biodiversidad mediterránea, y parte importante del Parque Natural de la Puebla de San Miguel. El paraje, a 1450 m.s.n.m., destaca por la presencia de sabinas albares de dimensiones y edades excepcionales (adjuntamos un mapa para el visitante). Hay muchísimas sabinas destacadas siendo Las Blancas un conocido conjunto que a su vez da nombre a una microreserva de flora de 6 hectáreas. Es uno de los espacios vegetales más singulares de la Comunitat Valenciana.
Los distintos estudios técnicos no se ponen de acuerdo en cuanto a la edad de los ejemplares más sobresalientes pero se estima que algunos pueden superar los 800 años. Los sabinares pueden ser considerados bosques relictos, ya que sus antecesores han sido capaces de vivir desde el terciario (la era de los dinosaurios) hasta nuestros días. Este sabinar es uno de los espacios vegetales más valiosos del territorio valenciano, de hecho una imagen de este paraje fue la elegida el calendario de árboles monumentales editado por la Diputación de Valencia en 2001. El Sabinar de las Blancas ha obtenido 12.144 votos del público, imponiéndose al Cornetal del Barranco del Perú, en Albanchez de Mágina (Jaén), que alcanzó 10.023 apoyos. La alcaldesa de la Pobla de San Miguel, Eva María Azcutia Marqués, afirma que están "contentísimos y muy satisfechos" y animan a todas las personas a que les visiten y vean en primera persona el bosque. "Es un reconocimiento al buen hacer de la gente, y es un orgullo", ha dicho en declaraciones a la SER.
«El suelo del monte está extremadamente seco,
uno se pregunta cómo pueden vivir aquí estos árboles, en medio de
semejante aridez; quizá sus raíces hayan encontrado en lo profundo algún
lecho de humedad que no percibimos. La copa de estas sabinas suele ser
redondeada, las ramas apretadas o abiertas, sus hojitas cortas y
escamosas, similares a las del ciprés, su troncho rechoncho y retorcido,
plagado de protuberancias y cicatrices. Al final del camino hay una
señal bajo tejadillo a la izquierda, señalando sobre un plano la “red de
depósitos de agua de la zona” y un gran depósito de obra al fondo,
cercado por una verja metálica».
Las Blancas de Puebla de San Miguel, Alfredo Sánchez Garzón
El lugar dispone de paneles con texto y dibujos de Tomás Sendra, que ilustran acerca del paraje y sus moradores, las sabinas:
Las Viejas Sabinas de Las Blancas Hace muchos siglos, antes incluso de que los romanos trazaran calzadas y los reinos de taifa marcaran fronteras, existía en estas tierras un bosque ya viejo, habitado por árboles que parecían más viejos que el propio cielo. Se decía que esos árboles —las sabinas— eran guardianes del silencio de las montañas, centinelas de eras pasadas. “El nombre de Las Blancas” proviene de la corteza de estas sabinas albares: su tronco plateado, claro, que al reflejar la luna y al incidir la luz del amanecer, parece blanquearse, resplandecer como si la luz habitara en su propio cuerpo. Los lugareños, al divisarlas de lejos, decían que eran “las que visten de luz”, sabinas blancas entre sombras verdes y grises de roca. Los sabinares crecen despacio, casi imperceptiblemente, como lo hacen todos los de su especie, pero con el paso de los siglos el nuestro ha llegado a convertirse en un impresionante bosque adulto con centenares de sabinas albares, alguna casi milenaria. Veinte de estas sabinas aparecen en el catálogo valenciano de árboles monumentales y al menos tres superan los 800 años. No estamos ante uno de los típicos bosques de los cuentos, húmedos y frondosos de princesas atrapadas y elfos escurridizos, sino ante un bosque abierto, adehesado y de frescas praderas, más parecido a paisajes quijotescos de gigantes y molinos. Aunque parezca un cuento, y no es fácil de presenciar, los sabinos, llegado el final del mes de febrero, en esos días de calma y sol, cuando el viento sopla dulcemente... se estremecen abriendo sus sacos polínicos soltando nubes de polen para que el azar los lleve a algún estigma de su misma especie. Andoni Jurado nos lo muestra en este vídeo. Se ha conservado en buen estado gracias a las prácticas ganaderas que han sido realizadas por los habitantes de La Puebla durante siglos para alimentar al ganado y que han formado y moldeado a estos árboles hasta llegar a alcanzar edades y diámetros impresionantes. Podas que producen forraje en invierno durante las nieves y frescos pastos y sombra en verano. Se presentó el Sabinar de las Blancas como candidato a bosque del año por ser uno de los más hermosos legados naturales que aún se conservan en las tierras altas de la Comunidad Valenciana, y que ha contribuido entre otras razones, a la declaración del Parque Natural de la Puebla de San Miguel. Y también por ser ejemplo de relación especial entre el hombre y la naturaleza, entre los vecinos de la Puebla y por ende del Rincón de Ademuz, con su emblemático bosque. Zona de encuentro de pastores que guardaban sus rebaños en corrales que aún existen y abrevaban sus ovejas en la Fuente de las Blancas, zona de encuentro de labradores que tras largas jornadas de siega descansaban bajo su sombra. Hoy en día sigue siendo uno de los parajes más visitados y queridos del parque, tanto por los vecinos de la Puebla de San Miguel como por los visitantes que se acercan hasta este pequeño pueblo solo para contemplar la belleza de este mágico lugar. En el Rincón de Ademuz destacan los municipios de Puebla de San Miguel y
Vallanca, con 233 y 36 ejemplares respectivamente protegidos por ley, siendo la sabina albar la más representada con 231 ejemplares de los 246 catalogados en toda la comunidad, joya del parque natural Puebla de San Miguel, conformando un paisaje único a nivel mundial de esta especie.
Mas información: https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/el-sabinar-de-las-blancas-325126 https://es.wikipedia.org/wiki/Sabinar_de_las_Blancas https://www.arbolybosquedelaño.es/sabinar-de-las-blancas-puebla-de-san-miguel/ https://okdiario.com/naturaleza/bosque-del-ano-2026-espana-esta-valencia-sabinar-arboles-hasta-800-anos-edad-16289605? https://rincondeademuz.es/patrimonio-arboreo-monumental-del-rincon-de-ademuz/