TOMÁS CASAL PITA
De árboles y perlas
En el suroeste de la actual Macedonia del Norte, que antes perteneció a la desaparecida Yugoeslavia, hay una vieja ciudad llamada Ohrid (en español y otros idiomas es conocida como Ocrida u Ojrida) que está en la orilla de un lago del mismo nombre que hace frontera con Albania. Ohrid, fue llamada la “Jerusalén de los Balcanes”, porque se dice que llegó a tener 365 iglesias, una para cada día. Es patrimonio de la humanidad declarado por la Unesco, única representación en ese país. Combina restos arqueológicos y culturales de las épocas griega, romana, otomana, etc. siendo toda la ciudad un auténtico museo (y sospecho que también un gran cementerio, pues desde el siglo III A.C., ha habido continuos “cambios de propietario”, a base de liquidar al anterior).
En el centro de la ciudad, en la Plaza de la República, existe desde hace siglos un plátano oriental que los locales dicen que fue plantado en el año 868 por San Clemente de Ohrid (primer arzobispo de Bulgaria e inventor del alfabeto cirílico), hace pues algo más de 1150 años. La “Fundación de Árboles Gigantes” por su parte, le otorga al menos unos 800, pero también advierte de que carece de cualquier medio para aseverarlo. Sea como sea, el tronco del árbol tiene una forma casi cónica, hueco en su interior y reforzado últimamente con diversos medios. Tiene un perímetro de 18,81 metros a 1,3m de altura. Una medida del año 1967 era tan sólo un centímetro menor, lo que sugiere que en los últimos 50 años prácticamente no ha crecido nada. La foto en blanco y negro de 1900, muestra que aunque haya cambiado el entorno, el árbol no lo ha hecho. Curiosamente, frente a otros árboles de estas características, no hay una relación conocida de posibles usos de su interior, ni leyendas asociadas, así que les contaré una realidad de la ciudad.
Desde hace unos 85 años, pese a que está en un lago de agua dulce, la ciudad es conocida por sus perlas. Importa productos nacarados de escaso valor de diversos lugares del mundo que son cubiertos, cada 45 minutos, por varias capas de una emulsión obtenida con las escamas de un pez que vive exclusivamente en el lago (lo llaman “Platica”-la que tiene miedo- y es de la familia de los Ciprínidos, igual que las carpas) de entre 5 y 15 cm y un intenso color plata. Una vez aplicada la emulsión (cuya fórmula es secreta) se almacenan en condiciones especiales (también secretas) durante seis semanas. Las perlas son baratas frente a las auténticas (de 5 a 35 euros unidad) se venden bien y son apreciadas. Incluso hay una lista de celebridades que las poseen, encabezadas por la mismísima Reina de Inglaterra. El origen de tal formula procede de la zona del lago Baikal, en Rusia, y fue traída por un antiguo soldado. Según alguna versión cedió su fórmula por amistad, según otras, la familia propietaria de la misma pagó todo su dinero, 25 monedas de oro, por ella. Sea como fuere, le han sacado rendimiento
"Quién hubiera dicho que estos poemas de otros iban a ser míos, después de todo hay hombres que no fui y sin embargo quise ser, si no por una vida al menos por un rato..." Mario Benedetti. A los amantes de los árboles,... localización, poesía, cuentos/leyendas, etc.
04 mayo 2023
En Macedonia, del narrador de historias
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01 mayo 2023
28 abril 2023
YAN WANG PRESTON, fotógrafo de "Forest"
LAURA CONNELLY, texto
Bosque: fotografías de Yan Wang Preston de árboles trasplantados en una China que cambia rápidamente. Rodeado de rascacielos de la ciudad y calles pavimentadas de cemento, un grupo de árboles jóvenes brotan directamente hacia el cielo. En otro lugar, un gigantesco árbol de trescientos años se yergue con ramas apoyadas frente al esqueleto de un complejo hotelero en construcción. El tronco del árbol está envuelto en plástico, que se envuelve alrededor de la madera como un vendaje que protege una parte del cuerpo lesionada.
Ambas observaciones se pueden encontrar en las fotografías del artista Yan Wang Preston, quien ha pasado varios años documentando cómo se están replantando árboles individuales en las regiones rurales de China para dar paso a desarrollos urbanos. Descubrió un floreciente oficio en el trasplante de naturaleza y se enfrentó a la pregunta de hasta qué punto el desarraigo y la replantación de árboles reflejan una imagen general de la sociedad.
“El árbol puede verse como una metáfora de la migración”, dice la curadora Zelda Cheatle en el prólogo del libro. "Chongqing, donde Preston ha fotografiado durante muchos años, tiene una población de casi 30 millones y continúa creciendo exponencialmente. Esta metrópolis en expansión se hace eco de la tendencia de la migración global, donde millones de trabajadores rurales se mudan a las ciudades.
“Se estima que la mitad de las nuevas ciudades del mundo en 2030 aún no se han construido. En este proceso migratorio, los árboles y las personas experimentan el mismo trauma de dejar una tierra familiar y una vida familiar más en sintonía con la naturaleza”.
Yan Wang Preston, quien tiene un doctorado en fotografía de la Universidad de Plymouth, ha pasado muchos años capturando la transformación del medio ambiente y la naturaleza en su China natal con gran sensibilidad. Parte de su serie ya está disponible para disfrutar en un nuevo libro, Forest, publicado por Hatje Cantz y con un precio de 50 €.
LAURA CONNELLY, texto
Bosque: fotografías de Yan Wang Preston de árboles trasplantados en una China que cambia rápidamente. Rodeado de rascacielos de la ciudad y calles pavimentadas de cemento, un grupo de árboles jóvenes brotan directamente hacia el cielo. En otro lugar, un gigantesco árbol de trescientos años se yergue con ramas apoyadas frente al esqueleto de un complejo hotelero en construcción. El tronco del árbol está envuelto en plástico, que se envuelve alrededor de la madera como un vendaje que protege una parte del cuerpo lesionada.
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| Yangtze Riverside Road, Chongqing, 2011 © Yan Wang Preston |
“El árbol puede verse como una metáfora de la migración”, dice la curadora Zelda Cheatle en el prólogo del libro. "Chongqing, donde Preston ha fotografiado durante muchos años, tiene una población de casi 30 millones y continúa creciendo exponencialmente. Esta metrópolis en expansión se hace eco de la tendencia de la migración global, donde millones de trabajadores rurales se mudan a las ciudades.
“Se estima que la mitad de las nuevas ciudades del mundo en 2030 aún no se han construido. En este proceso migratorio, los árboles y las personas experimentan el mismo trauma de dejar una tierra familiar y una vida familiar más en sintonía con la naturaleza”.
Yan Wang Preston, quien tiene un doctorado en fotografía de la Universidad de Plymouth, ha pasado muchos años capturando la transformación del medio ambiente y la naturaleza en su China natal con gran sensibilidad. Parte de su serie ya está disponible para disfrutar en un nuevo libro, Forest, publicado por Hatje Cantz y con un precio de 50 €.
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| Guanyinqiao Shopping District, 2017 © Yan Wang Preston |
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| Frank (June 2013) © Yan Wang Preston |
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| Egongyan Park, Chongqing, 2017 Egongyan Park, Chongqing, 2017 © Yan Wang Preston |
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| Courtyard of an apartment complex near Caiyuanba Bridge, Chongqing, 2017 © Yan Wang Preston |
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| Central Park, University City, Chongqing, 2011 Central Park, University City, Chongqing, 2011 © Yan Wang Preston |
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| Puhejing Quarry Ecology Recovery Project, Dali,2017 © Yan Wang Preston |
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25 abril 2023
Tomás Casal Pita nos ha regalado muchas historias, ahora nos las ha recopilado en este libro
TOMÁS CASAL PITA
101 Árboles con Historia
101 Árboles con Historia
22 abril 2023
EDUARDO BARBA, en El País"
Entrevista a Stefano Mancuso, profesor y neurobiólogo: “Las plantas son más sensibles que nosotros a todo lo que las rodea”
P. ¿Hay un lugar para la humanidad sin ellas?
R. Es imposible imaginar la vida en nuestro planeta sin las plantas. Todos los animales son dependientes de las plantas y ellas no dependen de los animales. Si pudiéramos mirar a las plantas y a los animales con objetividad, no habría duda de que ellas son las auténticas reinas de nuestro planeta. Si desaparecieran mañana, todo el mundo sabe que habría un problema con la comida. En unos pocos meses no habría más alimento en el planeta. Pero una característica principal de las plantas, y una de las menos comprendidas, es que son capaces de fijar el dióxido de carbono. Así que, si las plantas murieran mañana y liberaran todo el CO₂ a la atmósfera, el calentamiento global subiría a niveles que, según modelos, sería incompatible con el estado líquido del agua. Esta comenzaría a hervir y el planeta quedaría esterilizado por completo, como Marte o Venus. De nuevo, vemos que son el motor de la vida en nuestro planeta.
P. Un motor inteligente, por lo que nos enseñan con su comportamiento.
R. Normalmente pensamos que somos los únicos seres inteligentes en el planeta, o quizás no solo nosotros, pero solo unos pocos animales muy cercanos a nosotros y nada más. Creo que esto es una manera muy ridícula de mirar el mundo. Absurda y también presuntuosa. Si pudiéramos decir que la inteligencia está ligada a poseer un cerebro, entonces solo un 0,3% de las formas vivas tienen cerebro. Así que, si la inteligencia depende de la posesión de un cerebro, decimos que el 99,7% de la vida es estúpida, una especie de máquina mecánica. Para mí, como biólogo e investigador, esto es algo imposible de imaginar. Cada organismo viviente necesita resolver problemas. La inteligencia es la capacidad para resolver problemas. Incluso una bacteria o un virus necesitan resolver problemas, es imposible que no lo hagan, o se habrían extinguido inmediatamente.
P. ¿Y cómo es esa inteligencia vegetal?
R. Las plantas son tan increíblemente distintas a nosotros… Se mueven y actúan en una escala temporal muy diferente a la nuestra… Pero no hay duda de que son inteligentes. De hecho, muchas veces digo que son más inteligentes que los humanos. Con ello no quiero provocar a nadie, es una verdad desde un punto de vista biológico. Nosotros los animales utilizamos el movimiento como nuestra principal respuesta al entorno. Para nosotros, el movimiento lo es todo. Para un animal es imposible imaginar encontrar comida sin ese movimiento o escapar de un depredador. Pero los animales no resuelven los problemas, más bien los evitan. En el caso de las plantas, esto no es posible, necesita resolver el problema.
P. ¿Las plantas tienen consciencia de sí mismas?
R. No sabemos qué es la consciencia exactamente, incluso para los humanos. Es muy difícil. Lo único que podemos decir es si se es consciente de uno mismo, pero ya no se puede saber de la consciencia de la otra persona que tenemos enfrente. Para mí, es la habilidad para vivir. Podemos imaginarla como la habilidad para detectarte a ti mismo en relación con el medio en el que vivimos. Así, las plantas son extremadamente sensibles al medio en el que viven, porque son más sensibles que nosotros a todo lo que las rodea. Ese es el problema que tenemos a la hora de juzgar a las plantas: son muy diferentes a nosotros. Pero por supuesto que son conscientes de sí mismas.
P. ¿Qué son capaces de analizar las plantas de su entorno?
R. Esto habla sobre sensibilidad y los sentidos de las plantas. Como no pueden huir, necesitan sentir cada pequeño cambio para adaptar su fisiología a lo que va a ocurrir, por eso son increíblemente sensibles a cosas para las que nosotros somos completamente ciegos, como los gradientes químicos o los campos electromagnéticos. También son capaces de detectar sonidos, como una determinada frecuencia de unos 200 hercios, que es muy importante para las plantas. Cuando producimos esa frecuencia con un altavoz, todas las raíces crecen hacia el origen de ese sonido: es el mismo sonido del fluir del agua. Es por eso por lo que las plantas se sienten atraídas por las tuberías subterráneas, porque sienten el sonido del agua corriendo.
P. ¿Deberíamos cambiar nuestra ética a la hora de tratar a las plantas?
R. Sí, tenemos que cambiar nuestra posición a la hora de comparar a todos los organismos vivos. Pensamos que nosotros, los humanos, somos los más bellos, que no hay nada como nosotros porque tenemos un gran cerebro que nos permite hacer cosas que los demás seres vivos no pueden. Si preguntamos a un millón de personas no encontrarás a nadie que diga que no somos mejores que una vaca o un manzano. Sentimos que somos mejores, profundamente convencidos de que somos mejores. Y eso es un error increíble. Porque, primero, ¿qué significa ser mejor? Eso es una idea humana. Se mesura todo: si corres esa distancia más rápido, eres mejor. Pero, en la vida, ¿qué significa ser mejor? El objetivo real de la vida, de cualquier organismo, es sobrevivir. Y las plantas llevan viviendo muchos más años que nosotros sobre la faz de la Tierra, así que tenemos mucho que aprender, no que enseñar. Deberíamos tener una actitud más respetuosa y humilde con los otros seres vivos.
P. ¿Y qué se le podría enseñar a un niño para que se quedara fascinado el resto de su vida por las plantas y las respetara?
R. Lo primero, cada niño está más interesado en las plantas de lo que pensamos habitualmente. Si les contamos lo que ocurre en un jardín, cualquier niño se quedará muy interesado por la vida asombrosa de ese jardín. Debemos ser capaces de transmitir que las plantas son seres vivos, y, desde ese punto de vista, cuidar de ellas. Siempre recomiendo hacer un experimento muy sencillo: coger dos macetas idénticas y sembrar una judía en cada una, proporcionándoles la misma cantidad de agua, de luz… manteniendo una maceta al lado de la otra. Una vez que germinen, y durante solo 30 segundos cada día, tocamos muy delicadamente a una de las plantas, pero no a la otra, y observamos lo que ocurre. Después de dos semanas, veremos que la planta que está siendo tocada es más pequeña que la otra, porque no les gusta ser tocadas (ríe), sienten ese tacto como una especie de agresión de un predador. Otro experimento, menos científico, es coger a una de ellas y decirle cosas bonitas y adorables durante un minuto, y a la otra solo cosas feas. Lo hicimos en el laboratorio, y cada una cambió su forma de crecer. No es por algo fantástico o esotérico. Es solo porque son muy sensibles, y sienten si somos un animal bueno o malo para ellas. Así de sencillo.
Lo hemos leído aquí
Entrevista a Stefano Mancuso, profesor y neurobiólogo: “Las plantas son más sensibles que nosotros a todo lo que las rodea”
La supuesta supremacía del ser humano como especie es un viejo cuento que debería resultar tan obsoleto como tantas otras historias rancias que se han desechado. Pero no. Se piensa que la humanidad es el culmen de la creación, como si se quisieran negar las evidencias de un mundo mucho más complejo y rico.
Stefano Mancuso, profesor en la Universidad de Florencia y apasionado director del Laboratorio Internacional de Neurobiología Vegetal, además de escritor de varios libros de éxito sobre esta temática, aboga por repensar ese viejo axioma para que las plantas se ganen nuestro respeto y admiración de una vez por todas. Porque sin ellas no existiría nada.

PREGUNTA. Para usted, ¿qué es una planta?
RESPUESTA. No es fácil definirlo. Normalmente, cuando preguntas a un científico cuál es la principal característica de una planta, la define como algo sin movimiento, un organismo vivo capaz de realizar fotosíntesis. Y esto es verdad, pero prefiero definirlas en oposición a los animales. Miramos al mundo con nuestros ojos, con nuestra mirada de animales, y nos cuesta comprender a seres vivos tan distintos a nosotros como las plantas. Ellas son lentas, nosotros rápidos. Las plantas son depredadas, nosotros somos los depredadores. Pero la diferencia más importante para mí es que los animales son seres que tienen una organización en la que han concentrado funciones vitales en unos pocos órganos, y las plantas tienen una organización descentralizada, donde apreciamos una estructura modular y ninguna parte es del todo indispensable. Así, en pocas palabras, podríamos decir que somos como un yin-yang de la vida, pero con una diferencia: que todos los animales juntos representan el 0,3% de la biomasa, una irrelevante parte de la realidad. Por el contrario, el 87% de la biomasa está constituida por las plantas. Así que, si me preguntan por una definición en una sola frase, diría que son la vida de nuestro planeta.

PREGUNTA. Para usted, ¿qué es una planta?
RESPUESTA. No es fácil definirlo. Normalmente, cuando preguntas a un científico cuál es la principal característica de una planta, la define como algo sin movimiento, un organismo vivo capaz de realizar fotosíntesis. Y esto es verdad, pero prefiero definirlas en oposición a los animales. Miramos al mundo con nuestros ojos, con nuestra mirada de animales, y nos cuesta comprender a seres vivos tan distintos a nosotros como las plantas. Ellas son lentas, nosotros rápidos. Las plantas son depredadas, nosotros somos los depredadores. Pero la diferencia más importante para mí es que los animales son seres que tienen una organización en la que han concentrado funciones vitales en unos pocos órganos, y las plantas tienen una organización descentralizada, donde apreciamos una estructura modular y ninguna parte es del todo indispensable. Así, en pocas palabras, podríamos decir que somos como un yin-yang de la vida, pero con una diferencia: que todos los animales juntos representan el 0,3% de la biomasa, una irrelevante parte de la realidad. Por el contrario, el 87% de la biomasa está constituida por las plantas. Así que, si me preguntan por una definición en una sola frase, diría que son la vida de nuestro planeta.
P. ¿Hay un lugar para la humanidad sin ellas?
R. Es imposible imaginar la vida en nuestro planeta sin las plantas. Todos los animales son dependientes de las plantas y ellas no dependen de los animales. Si pudiéramos mirar a las plantas y a los animales con objetividad, no habría duda de que ellas son las auténticas reinas de nuestro planeta. Si desaparecieran mañana, todo el mundo sabe que habría un problema con la comida. En unos pocos meses no habría más alimento en el planeta. Pero una característica principal de las plantas, y una de las menos comprendidas, es que son capaces de fijar el dióxido de carbono. Así que, si las plantas murieran mañana y liberaran todo el CO₂ a la atmósfera, el calentamiento global subiría a niveles que, según modelos, sería incompatible con el estado líquido del agua. Esta comenzaría a hervir y el planeta quedaría esterilizado por completo, como Marte o Venus. De nuevo, vemos que son el motor de la vida en nuestro planeta.

P. Un motor inteligente, por lo que nos enseñan con su comportamiento.
R. Normalmente pensamos que somos los únicos seres inteligentes en el planeta, o quizás no solo nosotros, pero solo unos pocos animales muy cercanos a nosotros y nada más. Creo que esto es una manera muy ridícula de mirar el mundo. Absurda y también presuntuosa. Si pudiéramos decir que la inteligencia está ligada a poseer un cerebro, entonces solo un 0,3% de las formas vivas tienen cerebro. Así que, si la inteligencia depende de la posesión de un cerebro, decimos que el 99,7% de la vida es estúpida, una especie de máquina mecánica. Para mí, como biólogo e investigador, esto es algo imposible de imaginar. Cada organismo viviente necesita resolver problemas. La inteligencia es la capacidad para resolver problemas. Incluso una bacteria o un virus necesitan resolver problemas, es imposible que no lo hagan, o se habrían extinguido inmediatamente.
P. ¿Y cómo es esa inteligencia vegetal?
R. Las plantas son tan increíblemente distintas a nosotros… Se mueven y actúan en una escala temporal muy diferente a la nuestra… Pero no hay duda de que son inteligentes. De hecho, muchas veces digo que son más inteligentes que los humanos. Con ello no quiero provocar a nadie, es una verdad desde un punto de vista biológico. Nosotros los animales utilizamos el movimiento como nuestra principal respuesta al entorno. Para nosotros, el movimiento lo es todo. Para un animal es imposible imaginar encontrar comida sin ese movimiento o escapar de un depredador. Pero los animales no resuelven los problemas, más bien los evitan. En el caso de las plantas, esto no es posible, necesita resolver el problema.
P. ¿Las plantas tienen consciencia de sí mismas?
R. No sabemos qué es la consciencia exactamente, incluso para los humanos. Es muy difícil. Lo único que podemos decir es si se es consciente de uno mismo, pero ya no se puede saber de la consciencia de la otra persona que tenemos enfrente. Para mí, es la habilidad para vivir. Podemos imaginarla como la habilidad para detectarte a ti mismo en relación con el medio en el que vivimos. Así, las plantas son extremadamente sensibles al medio en el que viven, porque son más sensibles que nosotros a todo lo que las rodea. Ese es el problema que tenemos a la hora de juzgar a las plantas: son muy diferentes a nosotros. Pero por supuesto que son conscientes de sí mismas.
P. ¿Qué son capaces de analizar las plantas de su entorno?
R. Esto habla sobre sensibilidad y los sentidos de las plantas. Como no pueden huir, necesitan sentir cada pequeño cambio para adaptar su fisiología a lo que va a ocurrir, por eso son increíblemente sensibles a cosas para las que nosotros somos completamente ciegos, como los gradientes químicos o los campos electromagnéticos. También son capaces de detectar sonidos, como una determinada frecuencia de unos 200 hercios, que es muy importante para las plantas. Cuando producimos esa frecuencia con un altavoz, todas las raíces crecen hacia el origen de ese sonido: es el mismo sonido del fluir del agua. Es por eso por lo que las plantas se sienten atraídas por las tuberías subterráneas, porque sienten el sonido del agua corriendo.
P. ¿Deberíamos cambiar nuestra ética a la hora de tratar a las plantas?
R. Sí, tenemos que cambiar nuestra posición a la hora de comparar a todos los organismos vivos. Pensamos que nosotros, los humanos, somos los más bellos, que no hay nada como nosotros porque tenemos un gran cerebro que nos permite hacer cosas que los demás seres vivos no pueden. Si preguntamos a un millón de personas no encontrarás a nadie que diga que no somos mejores que una vaca o un manzano. Sentimos que somos mejores, profundamente convencidos de que somos mejores. Y eso es un error increíble. Porque, primero, ¿qué significa ser mejor? Eso es una idea humana. Se mesura todo: si corres esa distancia más rápido, eres mejor. Pero, en la vida, ¿qué significa ser mejor? El objetivo real de la vida, de cualquier organismo, es sobrevivir. Y las plantas llevan viviendo muchos más años que nosotros sobre la faz de la Tierra, así que tenemos mucho que aprender, no que enseñar. Deberíamos tener una actitud más respetuosa y humilde con los otros seres vivos.
P. ¿Y qué se le podría enseñar a un niño para que se quedara fascinado el resto de su vida por las plantas y las respetara?
R. Lo primero, cada niño está más interesado en las plantas de lo que pensamos habitualmente. Si les contamos lo que ocurre en un jardín, cualquier niño se quedará muy interesado por la vida asombrosa de ese jardín. Debemos ser capaces de transmitir que las plantas son seres vivos, y, desde ese punto de vista, cuidar de ellas. Siempre recomiendo hacer un experimento muy sencillo: coger dos macetas idénticas y sembrar una judía en cada una, proporcionándoles la misma cantidad de agua, de luz… manteniendo una maceta al lado de la otra. Una vez que germinen, y durante solo 30 segundos cada día, tocamos muy delicadamente a una de las plantas, pero no a la otra, y observamos lo que ocurre. Después de dos semanas, veremos que la planta que está siendo tocada es más pequeña que la otra, porque no les gusta ser tocadas (ríe), sienten ese tacto como una especie de agresión de un predador. Otro experimento, menos científico, es coger a una de ellas y decirle cosas bonitas y adorables durante un minuto, y a la otra solo cosas feas. Lo hicimos en el laboratorio, y cada una cambió su forma de crecer. No es por algo fantástico o esotérico. Es solo porque son muy sensibles, y sienten si somos un animal bueno o malo para ellas. Así de sencillo.
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