10/12/2022

Reportaje de "El País" del 15 jul 1978
Los bosques españoles, sometidos a una repoblación irracional


En 1940, apenas finalizada la guerra civil y bajo la absoluta dictadura fascista, se ponía en marcha en España un Plan Nacional de Repoblación por el que se preveía la forestación de 5.679.000 hectáreas en el plazo de cien años. Desde aquel año, y hasta 1972, el total repoblado ascendió a 2.658.700 hectáreas, lo que supuso alcanzar el 46% aproximadamente de la meta entonces fijada, en el intervalo de los 32 primeros años. La repoblación forestal aparece por tanto, como una de las mayores realizaciones del régimen, que le proporcionó, junto con la política de regadíos y construcción de embalses, los más jugosos dividendos de promoción y propaganda política. Sin embargo, y paradójicamente, la realidad forestal del país fue bien distinta a la que durante lustros se nos hizo creer. Esto se explica debido a que en realidad se manejaron demagógicamente las cifras, pregonándose a los cuatro vientos los logros de la simple repoblación, pero ocultándose también cuidadosamente las superficies de bosques autóctonos que durante los mismos años se talaban a mata rasa. En definitiva, el balance fue ampliamente adverso para las masas forestales contempladas en su totalidad.
     Hoy, en 1978, en la España «democrática», es decir, 38 años después de la puesta en marcha de aquel plan, se pretende relanzar su actividad a través de una nueva ley de Producción Forestal redactada por prácticamente las mismas personas, o al menos por personas de la misma ideología, y aprobada por las ya desaparecidas Cortes franquistas con número 5/77 y publicada en fecha 8-1-77.
     Hasta qué punto los promotores de esta nueva ley conocen lo paradójico, ambiguo e inestable de la situación lo demuestra el hecho de que sin haber sido aún publicado el reglamento se comenzó ya a promocionar su inmediata aplicación, ofreciéndose con urgencia a los propietarios de los terrenos que se acojan a sus beneficios, cantidades a fondo perdido de 8.000 pesetas hectárea para las repoblaciones de pinos y de 10.000 pesetas hectárea para las de eucaliptos. Todo esto, evidentemente, entraña tales riesgos que muy bien pudiera darse el traste con los últimos bosques españoles autóctonos supervivientes de la «eficacia» del antiguo Plan Nacional.

El bosque español disminuyó en cantidad y en calidad

     Durante siglos pasados, y a partir fundamentalmente de la Alta Edad Media, España se vio sometida a procesos crecientes de deforestación, cuyo resultado más evidente se detecta en las áreas desertizadas o semidesertizadas del Centro, Levante y Sur de la Península. El punto culminante de este proceso pudo haberse alcanzado durante el pasado siglo con la desamortización masiva de los bosques en todo el país. Ya en el presente siglo, y durante los últimos cuarenta años, la situación no varió sensiblemente a pesar de la mencionada política de repoblación forestal. Así, mientras que por un lado se replantaban 1.473.575 hectáreas durante el intervalo 1961-1976 la superficie total de los bosques españoles descendió, en el mismo período, en 3.138.000 hectáreas, equivalente al 21 % aproximadamente de la existente en el primer año de la serie. Analizando esta disminución según los grandes grupos de especies, se observa que las coníferas, junto con la mezcla de frondosas y coníferas sólo disminuyeron en 0,8 y 0,37 millones de hectáreas respectivamente, mientras que por el contrario, los bosques de frondosas pasaron de 8,1 a 6,1 millones de hectáreas. La disminución global es por tanto atribuible a este último tipo de bosque.
 

La erosión, consecuencia de la tala abusiva de árboles

Los grandes beneficios que se derivan de la existencia de masas arbóreas en un país, y particularmente en un País árido como es el nuestro, pueden establecerse tanto en evitar el empobrecimiento de los suelos, moderando la erosión como en reducir los riesgos de las inundaciones y corrimientos de tierras, regulando el régimen hídrico. Además, el bosque preserva la flora y fauna salvajes, desempeñando una función social de importancia cada día más creciente. Las provincias que sufren un mayor grado de destrucción del suelo en la actualidad son: Almería y Granada, con más del 50% de su superficie total afectada por un proceso grave de erosión; con un 30-50% de la superficie provincial en el mismo estado, se encuentran: Jaén, Málaga, Córdoba, Huelva Las Palmas, Murcia, Alicante, Toledo, Madrid, Guadalajara, Cuenca, Albacete, Zaragoza y Teruel.
      Parece, pues, evidente, que el objetivo primordial de cualquier tipo de política forestal que se plantee en nuestro país, debe ser el del mantenimiento del suelo, pasando otros -caso por ejemplo, de la producción maderera para el abastecimiento de la industria- a un segundo plano, dentro de una escala de prioridades.
     Solamente en las veinticuatro provincias españolas más afectadas por los procesos de erosión se perdieron durante la última década 2.171.201 hectáreas de superficie arbolada. Impresiona la deforestación llevada a cabo en Andalucía, con un descenso absoluto de 560.641 hectáreas, así como en Murcia, Alicante y Valencia, con 323.650 hectáreas. Canarias perdió igualmente casi la mitad de sus bosques (47,2%) en el mismo período.
     Otra de las conclusiones que se extraen del análisis de la evolución forestal de España, es que los cambios cuantitativos y cualitativos experimentados en los últimos tiempos se deben fundamentalmente a la influencia ejercida por la repoblación forestal. De las 2.658.700 hectáreas repobladas, como ya comentamos, hasta 1972, 2.078.968, es decir, el 90,1 % del total se replantaron de pinos; 202.539 hectáreas, el 8,7 %, con eucaliptos, y solamente 24.710 hectáreas, es decir, un simbólico 1 % del total fueron replantadas con especies frondosas autóctonas. Por el contrario, estas últimas masas retrocedieron en toda la Península e islas de una forma más o menos generalizada. Este fue el caso del encinar, bosque representativo por su amplía distribución en toda la España mediterránea, que decreció como mínimo en unas nuevas 20.000 hectáreas durante el período
     1961-1976, los robles y hayas, propios de las zonas húmedas del Oeste y Norte, descendieron en 335.891 y 74.869 hectáreas, respectivamente; las mezclas de estas frondosas, en 1.480.761, y las mezclas de coníferas y frondosas, en 919.973 hectáreas.
     Los bosques propios de los ecosistemas canarios fueron igualmente diezmados, pasando, por ejemplo, el pino canario, de una superficie de 115.000 hectáreas, en 1956, a sólo 63.721 hectáreas en 1976. Igual proceso experimentó la laurisilva, formación arbórea peculiar de estas islas, que juega un papel importante en su estructura ecológica, y que en la actualidad se encuentra reducida en fracciones muy importantes.
     Pero si el Plan Nacional de Repoblaciones de 1940, así como los organismos del Estado que lo desarrollaron y pusieron en práctica -Patrimonio Forestal y Distritos Forestales primero, y actualmente el Icona- no lograron conservar la superficie de nuestros bosques, mantener su estructura ni defender nuestro suelo de la erosión, ¿cuáles fueron realmente los objetivos e intereses que lo promovieron? Parece evidente que la casi exclusiva preferencia en la repoblación por las especies de crecimiento rápido -pinos y eucaliptos- que proporcionan en poco tiempo la materia prima necesaria para las industrias de la madera, y particularmente para la de la fabricación de pasta de papel, fueron los objetivos prioritarios y exclusivos.
     De forma parecida a lo sucedido en el pasado inmediato, la política forestal que se pretende seguir en el futuro, a través de la ley de Producción Forestal, dirige todos sus medios y esfuerzos a la producción a corto plazo de madera, marginando claramente otros objetivos de orden social que deberían ser prioritarios, tales como los ya expuestos de lucha contra la erosión y conservación de los valores naturales y ecológicos, patrimonio de todos los españoles.
     En este orden de cosas, nada más oportuno que recordar ahora las evidentes conexiones que la gran industria nacional y multinacional del papel mantiene con las instituciones del Estado en el sector. Personajes como por ejemplo Gregorio López Bravo, ex ministro con Franco de Industria y Asuntos Exteriores y actualmente senador por Alianza Popular y presidente del consejo de administración del grupo SNIACE, son los que realmente siguen dictando hasta los más elementales detalles de la política forestal de España.

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Culto al ábol, al único representante de su especie

10/09/2022

JUAN ENRIQUE GÓMEZ
Cipreses para la enamorada

23 grandes cipreses bordean el camino entre Ambroz y Belicena, y bajo ellos el recuerdo de un gran amor

Es territorio de antiguas almunias árabes, donde aún es posible encontrar cortijos en los que sobreviven viejos aljibes nazaríes, depósitos que recogieron aguas para saciar la sed de los que allí vivieron a lo largo de más de cinco siglos. Es la hacienda del camino de San Antón, el tradicional sendero que transita entre Ambroz y Belicena, en pleno corazón de la Vega de Granada. Es el centro de un paisaje fértil, donde se recorta la imagen de una verde muralla formada por grandes árboles. Son 23 cipreses de más de una decena de metros de altura, que con sus densas ramas parecen custodiar una pequeña lápida en honor de una mujer, Blanca Jara Seijas. Un humilde bloque de piedra ante el que los caminantes se detienen para guardar un instante de recogimiento y contar su historia a quienes por primera vez recorren las entrañas de las tierras que fueron de la Orden de Santiago, los Franciscanos y de Manuel Seijas, que fuese titular de cuatro ministerios y redactor del Código Penal que desde el XIX marcó la justicia española hasta 1973.
     Los árboles del camino de San Antón son los cipreses de la enamorada. Blanca, bisnieta de Manuel Seijas, era tan querida por su marido, Rafael Dolz, que en 1941, cuando ella cumplía 23 años, recibió un sorprendente regalo: en el camino de acceso a su hacienda, Rafael, había plantado tantos cipreses como años cumplía su esposa. La historia la recoge Agustín Gil García en su libro 'Senderos e historias por la Vega de Granada', a quien se la contó el hijo de Blanca, Ricardo Dolz de Castellar Jara, conocido como propietario del mesón J.R.
     Son los mayores cipreses del valle de Granada. Blanca vio crecer la arboleda y paseo bajo ella durante seis décadas, y a su muerte, en abril de 2009, su nombre en la placa de piedra situada bajo el octavo ciprés, indica que el amor aún camina entre los árboles.

 


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10/06/2022

De Fénix Canarias
El pino canario

Una de las características de los territorios insulares son las fuertes pendientes como las del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, en La Palma.
     Hoy te mostramos un caso curioso sobre geodinámica y su afección a una de las defensas del pino canario ante el fuego.
     En Canarias son habituales los desprendimientos de piedras que se deslizan ladera abajo, ya sea por tras fuertes lluvias, vibraciones, tormentas eléctricas o incluso el viento. La acción constante de estos eventos ha dado forma al paisaje que contemplamos hoy en día.
     En los bordes de caminos que transcurren por zonas con altas pendientes y que hayan ardido en las   últimas décadas puede verse pinos con un hueco en el lado de la pendiente de color negro en su base.
Estos huecos comienzan tras la pérdida de corteza por impacto de rocas. Aprovechamos para mencionar    la función protectora del pinar reduciendo la energía y el efecto erosivo de las rocas, aportando seguridad y protegiendo las infraestructuras.
     La corteza del pino canario tiene un espesor de entre 3 y 5 cm (hasta 18 cm en ejemplares monumentales), siendo de las más gruesas del género. Está formada por varias capas prensadas sin espacio para el oxígeno que favorecería la combustión, creando una pared aislante.
A la madera expuesta se le suma la pinocha. El fuego aprovecha esta debilidad para introducirse y formar los huecos. Cuando el fuego llega hasta el duramen (tea), que es mucho más combustible, puede intensificarse.
     La resistencia dependerá también del tamaño del árbol. A veces dejan grandes huecos donde puede caber una persona, pero siguen en pie mientras su estructura aguante. Si empiezan a retorcerse y a sonar frente a vientos moderados es una clara señal de que pronto caerán.
     Como ya hemos comentado en múltiples ocasiones, el pino canario no sólo se sobrepone a un incendio o un volcán por su capacidad de rebrotar. Pasado un tiempo sin incendios, y si la herida no es muy grande, puede cerrarse con nueva corteza.
     Hay casos curiosos, como la de los pinos que logran parar las rocas y siguen creciendo y adaptándose a su nuevo entorno.
     Aunque menos habitual, se han encontrado este tipo de heridas pero con una forma mucho más alargada y estrecha. En este caso provocado por rayos. Aunque el caso de tormentas eléctricas e incendios por causas naturales bien merece otro post
Orografía de la Caldera de Taburiente, La Palma
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10/03/2022

La magnolia de Xubia, del narrrador de historias

TOMÁS CASAL PITA
La Magnolia de Xubia - Narón - A Coruña
Esta es la bicentenaria Magnolia grandiflora de Xubia (Ayuntamiento de Narón, en A Coruña) la más antigua de Galicia y posiblemente de España. Su tronco tiene más de 6,5 metros de perímetro. Tiene una altura aproximada de 14 metros, con un tronco de 2 metros de largo, que pronto se ramifica y soporta una copa de 23 m x 22 m. 
     Las magnolias están entre los árboles más antiguos, sólo superadas por las coníferas. Las de esta especie (grandiflora) son originarias del sureste de Estados Unidos y la primera que llegó a Europa fue traída en 1737. Si bien no es frecuente un tronco de este diámetro, si lo es que lleguen a ser más altas, hasta 25 metros. Son de hoja perenne y grandes flores blancas, de hasta 25 cm de diámetro, que llegan a durar cuatro días antes de caerse. Las flores fecundadas dan lugar a un fruto en forma de piña que guarda las semillas, de color rojo, que cuando maduran cuelgan por fuera de la piña como de un hilo. En su zona de origen, donde hay bosques enteros de este árbol, se aprovecha su resina para hacer un tipo de incienso, su corteza, por sus propiedades medicinales, y su madera, pese a que es poco resistente. 
     Precisamente en Xubia, en ramas secas, puede verse madera apolillada y cortes grandes con muy mala cicatrización, recuerdo de épocas pasadas, cuando aún no era “Árbore Senlleira” de Galicia, (categoría otorgada en el año 2007, siendo el Nº 58 A de este catálogo). Aunque hay otras antiguas en el país, ninguna lo es tanto. 
     ¿Qué tiene este árbol que le haga especial? Básicamente, su edad y tamaño. Según los datos que se conservan, fue plantado en la década de 1790 por un matrimonio de origen francés, Mathias Dufoire y Josefa Bucau, que poseían por aquel entonces una casa con huerta de unos 1200 m2 en la desembocadura del río Jubia y a donde llega el agua salada. Desde siempre es conocido en la zona que la magnolia vino en maceta de un país extranjero, traída por un embajador, siendo la primera de esta especie en llegar a Galicia.      
     ¿Quién la trajo? Probablemente Eugenio Izquierdo y Lazaún, un personaje ilustrado, casi de leyenda. Navarro de naturaleza, estudió y viajó por toda Europa, fue profesor y jefe de estudios en el Real Colegio de Francia, (donde conoció a Lavoisier y al sucesor de Tournefort al frente del jardín del Rey), y creó una fundición de cobre en Francia con otros socios. Fue el segundo director del Real Gabinete de Ciencias Naturales (actual Museo de lo mismo) y en 1790 llega a Xubia, donde compra casa y se establece, para crear una fábrica de cobre y donde oficialmente permanece hasta 1803. Sólo oficialmente, puesto que debía estar más tiempo viajando que parado: en 1798 es detenido por espionaje en Francia (era amigo personal de Godoy) y debe intervenir el mismo rey Carlos IV para lograr su liberación; en 1800 nombra heredera a una hija natural que tiene en Madrid. La fábrica de cobre por él fundada, pasará a ser durante la guerra de la independencia, fábrica de armas y luego de moneda hasta la época de Isabel II. Vendida por el estado durante el sexenio revolucionario, pasó a ser fábrica textil y así continúa a día de hoy.
     Volviendo al fundador, Izquierdo, en 1804 es miembro honorario del Consejo Supremo de Guerra. En 1805 se instala de nuevo en París y se le nombra “embajador plenipotenciario” y trata directamente con Napoleón. Interviene en asuntos de deuda nacional y se le nombra Consejero de Estado para firmar la paz con Inglaterra, luego de la batalla de Trafalgar, cosa que finalmente no se hizo. En 1807 firma con Napoleón la entrada de las tropas francesas “camino de Portugal”, que daría origen a la Guerra de la Independencia. Cuando se produce el motín de Aranjuez y Carlos IV es obligado a abdicar, Napoleón llama a Izquierdo y durante cinco horas están reunidos. No se sabe lo que allí se habló, pero desde ese día Izquierdo profesa un odio mortal a Napoleón, tan patente a todo el mundo, que la policía imperial lo pone bajo vigilancia. Carlos IV le nombra Secretario de Estado del gobierno en el exilio e Izquierdo, mientras vivió no sólo acompañó a los reyes durante su permanencia en territorio francés, también procuró defender los bienes del monarca e incluso le ayudó con dinero de su propio bolsillo. En 1813 fallece y deja como heredera a su hija, que nunca recibió nada. Entre sus cosas, un par de miles de libros (muchos de botánica) y dos herbarios. 
     Volviendo ahora al árbol, este fue plantado en la huerta de aquella casa de franceses, a medio camino entre la fábrica de cobre y la propia casa de Izquierdo. Seguramente les uniría la amistad y el recuerdo de Francia, por lo que Izquierdo debió de hacer del recuerdo traído, un obsequio. En 1795, muere Mathías Dufoire y la casa pasa 25 años deshabitada (y la magnolia, posiblemente creciendo a su aire). Luego la casa es vendida a la familia que aún hoy es propietaria, que la alquila durante más de un siglo a diversos inquilinos. Posiblemente el aprecio original que tuvieron los compradores y la obligación de los inquilinos a respetarla, garantizaron su supervivencia, junto a las labores y abonos del campo. 
     A mediados del siglo XIX, ya con siglo y medio encima debía ser un árbol notable, del que se dice que fue admirado por la reina Isabel II. En realidad quién allí estuvo fue su hermana Luisa Fernanda y su marido Antonio de Orleans (Duques de Montpensier). Cuando un árbol como este llega a esa edad, los hechos y las circunstancias se desdibujan y dan lugar a nuevas historias. Que a cien metros del árbol pasase sus últimos años el cartógrafo que levantó el primer mapa de la Islas Filipinas, da lugar a que se atribuya también el origen de la magnolia a una llegada desde Filipinas… A principios del siglo XX, también recibió las miradas de la reina María Cristina de Habsburgo y su hijo Alfonso XIII, que junto a ministros, obispos y militares de alto rango se veían en la obligación de pasar a su lado de camino a los astilleros y la base naval de Ferrol. 
      Durante la Segunda Guerra Mundial, debido a su proximidad de dicha base, sucedió una circunstancia poco clara y la magnolia sirvió de improvisado refugio antiaéreo, o más bien de ocultación que de refugio. A finales del siglo XX las casas adyacentes fueron derruidas para mejorar el entorno de la carretera y, aunque sigue siendo de propiedad privada, la parcela de la magnolia está anexa al paseo marítimo municipal.

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