"Quién hubiera dicho que estos poemas de otros iban a ser míos, después de todo hay hombres que no fui y sin embargo quise ser, si no por una vida al menos por un rato..." Mario Benedetti.
A los amantes de los árboles,... localización, poesía, cuentos/leyendas, etc.
JUAN GUZMÁN OJEDA, Ing. Téc. Forestal Mil y un nombres de los pinos canarios (y3)
Los ‘Pinus
canariensis’ con nombre propio por causa y efecto de diversos hechos o casualidades históricas integran la tercera parte de este artículo que, en anteriores entregas, abordó los nombres que reciben por razones religiosos o por su forma. Es el caso del Pino del Negro que hay en el valle de la Orotava, aquí fotografiado por Vicente F. Rodríguez García.
Tras presentar a
nuestra conífera aciculada por su conexión con el culto religioso, así
como con su arquitectura forestal y el extenso grupo de los
“pino-topónimos” locales de las dos entregas anteriores, nos queda un
pequeño pero interesante grupo que responde, en esencia, a hechos o
sucesos acaecidos al pie de estos árboles singulares. Aunque podamos explicar o recuperar algunos nombres por su causa y
efecto, lo cierto es que, dada la cuasi extinción de nuestro patrimonio
oral-forestal, algunos resultan de difícil asociación mientras que otros
ya se han perdido en la noche de los tiempos. No obstante determinados
calificativos invitan a imaginar algunas teorías, surgiendo la duda
sobre todo cuando la certeza juega con distintas posibilidades. Antes era costumbre que los grandes especímenes de Pinus canariensis
que se ubicaban sobre puntos de mayor cota, constituyeran puntos de
referencia ya fuera para el descanso, el encuentro o incluso la pernocta
obligada. No en vano buena parte de estas rutas sirvieron para el
intercambio de productos locales, especialmente cuando escaseaban o
abundaban en uno u otro extremo. Por ejemplo, el Pino de la Mesa, hito
entre los municipios de La Orotava y Arafo (Tenerife), que sirvió de
punto de encuentro para el trueque de varas y horquetas para la viña,
por garrafas de vino blanco madurado al sur insular. Se dice que junto
al mismo se construía una mesa para realizar el intercambio de viandas o
útiles. También el Pino Piletas fue otro gran ejemplar bajo cuya sombra
garafianos y sauceros (La Palma) compartieron gratos momentos, mientras
permutaban ñames para el potaje por sacos de nutritivas y dulces
almendras. En el pinar de Vacíaborracha No hace mucho existió en La Palma un ejemplar conocido como Pino de la
Bota, uno de los máximos exponentes del denominado pinar de
Vacíaborracha, allá por el camino que baja de cumbres hacia Garafía.
Ambos topónimos guardan una estrecha correlación: al parecer en el Pino
de la Bota los pastores y transeúntes del pinar colgaban las “pellejas
de cabra” tratadas para guardar el vino; debía ser un lugar bien
orientado, fresco y visible. La vacía también fue un sinónimo para señalar las pellejas o botas para conservar el vino.
Por
su parte, tanto en Gran Canaria como en Tenerife encontramos dos pinos
de etimología muy cercana, en la primera el Pino del Mulato (Tejeda) y
en la segunda el Pino del Negro (La Orotava). Ambos epítetos responden a
la presencia de alguien de color en la zona, circunstancia que debió de
llamar mucho la atención de los lugareños de la época. Del primero
podemos decir que se trató del ejemplar más alto conocido de Gran
Canaria, medía 46 metros y su fallo mortal, debido a la gran herida
causada en su base, se produjo en junio del pasado año 2012. De su
historia poco conocemos salvo que creció cerca de un antiguo manantial
concediéndole un soberbio crecimiento. Del segundo se dice que el
terrateniente Arroyo, en uno de sus viajes a África, trajo consigo un
nativo que puso a vigilar sus fincas de la entrada de ganado. Según la
tradición oral, este fiel servidor, que vivía en el monte, solía
cobrarse en reses ajenas su manutención hasta que los enojados pastores,
muy cerca del Pino del Negro, decidieron tomarse la justicia por su
mano. Pero también los pinos han servido para marcar tiempos y distancias,
así, el Pino de la Hora, que vivió cerca del antiguo secadero de piñas
de Ñameritas (Gran Canaria) marcaba la hora de camino que hay entre las
casas forestales de Inagua y de Pajonales. Sobre el Pino de la Medida
(Tenerife), no hemos logrado descubrir su nombre tan extraño como
directo. Más bien sacado del cancionero popular encontramos al Pino del Lugar
donde el Buey Habló (Garachico). Este chocante nombre se asocia a la
fábula en la que un buey cayó agotado mientras trabajaba, siendo azotado
por el dueño, entonces el buey que le acompañaba, cual personaje de
Walt Disney y para sorpresa del arriero, exclamó: “Aguante compañero,
que si no nuestro dueño se verá perjudicado”. Malsonante Aunque resulte algo malsonante, no queremos olvidar al Pino de la Mierda
(Vilaflor). Este individuo de escatológico nombre recibió tal
denominación porque durante la segunda mitad del pasado siglo, cuando
las cuadrillas de las repoblaciones forestales se dirigían a diario a
las cumbres, si alguien se veía en la necesidad solía desviarse hasta él
para realizar tan placentero acto. También como parte del anecdotario forestal, en El Hierro aparece el
conocido Pino Piloto. Este nombre viene a referirse al apellido de un
intrépido de La Restinga que, movido por el hambre, escaló al árbol para
capturar cuervines, pero acabó siendo víctima de una severa caída.
Curiosamente el apellido encuentra gran casualidad con el vuelo libre
que protagonizó este pobre desdichado. En la misma isla vivió hasta
finales del pasado siglo el conocido como Pino Guásimo, individuo
vegetal que recibió tal adjetivo por la nada desdeñable utilidad de ser
una mini-alberca natural de agua potable. Sobre otros ejemplares conocidos como el Pino de la Pelota, Pino de
la Quilla, Pino del Consuelo, Pino de las Mujeres, Pino del Mediodía,
Pino del Guirre, Pino del Ahorcado o Pino Marinero no hemos logrado
contrastar sus etiquetas. En cualquier caso, dejamos este espacio
misterioso bien a la fantasía forestal de cada uno o bien al encuentro
casual y propicio con nuestros expertos de monte, esos sabios y
científicos del pinar, gente afable que en vez de bata suelen lucir
cachorra, mostacho y cigarro apagado.
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13 febrero 2019
De "El Diario de Tenerife" El Cabildo cataloga más de 2.900 palmeras naturales en el norte de Tenerife
El Cabildo de Tenerife, a través del Medio Ambiente, ha
catalogado más de 2.900 palmeras naturales en diferentes puntos de la
vertiente norte de la Isla. Estos resultados se extraen del estudio que
viene realizando la Corporación insular desde el último ejercicio para
ayudar a la conservación y gestión de esta especie. El vicepresidente y
consejero de Medio Ambiente, José Antonio Valbuena, señala que sólo un
43 por ciento de estos ejemplares se encuentran dentro de Zonas de
Especial Conservación (ZEC) de la Red Natura 2000. “Por este motivo,
debemos localizar y destinar esfuerzos a proteger y preservar las
especies halladas fuera de estos límites protegidos”, señala Valbuena.
Natura 2000 constituye una red ecológica europea de áreas de
conservación de la biodiversidad y un instrumento vital para garantizar
la supervivencia a largo plazo de especies y hábitats que peligren por
cualquier factor humano o medioambiental. El estudio de palmerales del
Cabildo de Tenerife determinó recientemente que los municipios que
albergan los ejemplares mejor conservados de la isla son Santa Úrsula,
Los Realejos, Buenavista del Norte y el entorno natural de Anaga. Sus
principales amenazas son las plantas exóticas invasoras como la caña, el
rabo de gato o las tuneras.
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10 febrero 2019
JOSÉ M. MARTÍN (Salamanca) La paulownia, un árbol asiático para biomasa
La paulownia es un árbol que puede crecer hasta seis metros al año. Esta especie, procedente del sudeste asiático, está catalogada como de crecimiento rápido, motivo principal por el que su uso en jardinería ha aumentado en toda Europa en los últimos años.
Sin embargo, la paulownia continúa siendo un cultivo muy
desconocido y apenas extendido en nuestro país. Sabedores de sus
propiedades, investigadores extremeños decidieron iniciar un proyecto
para estudiar la posibilidad de introducir este árbol en la región y
valorar su productividad en el sector agrario. «Buscamos el
aprovechamiento de terrenos de cultivo marginales para ofrecer a los
agricultores alternativas con las que obtengan rentabilidad de algunos
de los espacios en los que, por diferentes motivos, no se pueden sembrar
productos tradicionales», explica José Berdón, trabajador de
ICMC-Cicytex -antiguo Iprocor- e investigador principal del proyecto
'Estudio de clones de paulownia para la producción de biomasa y madera'.
El nombre de la investigación indica los dos
aprovechamientos que se plantean para esta especie en Extremadura. Para
saber si su siembra puede ser rentable para los agricultores se deben
analizar dos variables: la producción de madera por hectárea, para
valorar su rentabilidad en los suelos extremeños, y las características
de la biomasa que se obtiene de esa materia prima, para conocer
propiedades que inciden en su calidad.
La primera parte del estudio se desarrolla en los campos de
ensayo que Cicytex tiene en Iprocor, en Mérida. Allí, se realizaron dos
plantaciones de paulownia: una destinada a madera y otra a biomasa. Cada
una de ellas tiene diferentes clones -«réplicas de un individuo
seleccionado genéticamente», explica Berdón- de paulownia. De esta
forma, se pretende conocer cuál de ellos se adapta mejor a las
condiciones ecológicas de Extremadura. «Las Vegas del Guadiana son
especialmente propicias para el desarrollo de esta especie arbórea,
porque tiene suelos con un ph ligeramente ácido», añade el investigador.
Ambas plantaciones tienen un ritmo de estudio diferente. Los
árboles dedicados a la biomasa tienen un ciclo de corte de tres años.
Esto quiere decir que pueden realizarse siete talas, ya que las
paulownias tienen una vida productiva de 21 años. A partir de esa edad
les cuesta más crecer y son menos rentables. En el caso del
aprovechamiento para madera, al necesitarse una mayor formación del
tronco, se realizan los cortes cada diez años.
Por el contrario no hay diferencias en cuanto a los
tratamientos y cuidados que reciben los árboles de las dos parcelas.
Todos ellos son abonados y tienen riego por goteo. «La parcela de
biomasa ha necesitado unos 200 litros de abono al año para sus 338
árboles y un máximo de 24 litros de agua diarios para cada ejemplar, lo
que son datos muy inferiores a los de una producción de regadío típica»,
expone Berdón, recordando que son condiciones de ensayo por lo que a la
hora de hablar de producción agraria esas cifras se podrían reducir
bastante.
(...) Los primeros datos de producción en el terreno dedicado a la
biomasa apuntan que con cada corte -que se produce cada tres años- se
pueden lograr hasta 66 toneladas de madera en verde por hectárea. La
materia prima obtenida debe someterse a un proceso de secado antes de
destinarse a su uso definitivo, por lo que es muy importante conocer el
peso de la madera ya seca y calcular el porcentaje que se pierde con
la humedad. En Iprocor se toman muestras de los troncos y se meten en un
horno. Con esta prueba se certifica que la materia prima pierde en
torno a un 63,5 por ciento de su peso al secarse, con lo que la
producción por hectárea sería de unas 24 toneladas.
Durante los tres años de crecimiento de los árboles, los
trabajos del equipo investigador consisten en controlar el aumento de
tamaño y realizar las correspondientes mediciones. La paulownia tiene
unas hojas muy grandes, sobre todo en sus primeras fases de crecimiento,
que son muy apetecibles para el ganado, lo que puede servir para otro
aprovechamiento agrario. Sin embargo, en los campos de estudio se han
dejado en el suelo como materia orgánica. «El árbol tras la floración
produce frutos con semillas aladas, pero éstas no son fértiles. Así no
hay problema de que se convierta en una especie invasora», puntualiza el
investigador principal.
Una vez que se realiza la tala de los árboles, sus troncos y
ramas se convierten en astillas que se envían al centro que Cicytex
tiene en la finca La Orden. Allí, otra parte del equipo investigador
analiza las propiedades que tiene la madera de paulownia a la hora de
ser utilizada como biomasa.
Análisis
En los laboratorios se recibieron las muestras astilladas la
semana pasada, por lo que están en pleno proceso de análisis. Éste
terminará con una perfecta caracterización de la biomasa, en base a la
normativa Aenor de combustibles sólidos, lo que sirve para conocer su
calidad. «Dependiendo de los parámetros que se obtengan ésta puede ser
A1, A2, B1 ó B2», señala Luis Royano, investigador en biocombustibles de
La Orden.
Todas las pruebas se realizan en base seca, por lo que lo
primero es eliminar la humedad de la materia prima e identificar su
procedencia. A continuación se muelen las astillas para dotar a la
muestra de una uniformidad total.
Entre los parámetros que se analizan están la humedad, el
contenido de cenizas o el poder calorífico. También se hace un análisis
elemental en el que se determina el contenido en carbono, hidrógeno,
nitrógeno y azufre. «Cuanto más carbono tenga, tendrá un poder
calorífico superior», según Ana Parralejo, investigadora en
biocombustibles, y «cuanto menos azufre tenga, será biomasa de mejor
calidad», completa Royano. Además se realizan otros análisis, como el porcentaje de
cloro, porque puede afectar negativamente a las calderas dado que es
corrosivo.
Las expectativas del equipo investigador son buenas y
esperan obtener, mediante plantaciones realizadas en Extremadura, un
biocombustible de calidad y que cumpla la normativa vigente. «Lo lógico
es que esté entre A1 y A2», considera Royano. Para decirlo se apoya en
los estudios que previamente se han realizado en Cicytex sobre paulownia
y en la bibliografía existente. «El poder calorífico inferior (PCI)
podría estar entre 4.200 y 4.500 kilocalorías por kilogramo (kcal/kg).
Esto es comparable a cualquier cultivo leñoso, como el pino o el
eucalipto que son los más utilizados en biomasa», remarca Parralejo.
Por último, entre los aspectos positivos de la paulownia, el
equipo investigador destaca que se trata de un cultivo cuyo proceso de
transformación en biomasa y la utilización de este biocombustible como
fuente de energía es medioambientalmente sostenible. «Se trata de cerrar
el círculo del dióxido de carbono. Es decir, el CO2 emitido durante la
quema de la biomasa de un ejemplar de paulownia es igual al que éste
necesita a lo largo de su vida para crecer», concluye Royano.
(Yo no creo ciertas noticias pero no dejo de pensar en lo cierto que algunas pudieran tener. Os presento el mismo hecho en dos periódicos distintos, ABC y El País, aún sabiendo que quien escribe no siempre da datos fidedignos, juzgad vosotros.)
Hay rayos que se quedan a dormir dentro de los
árboles y que no se despiertan hasta que pasa la noche, sale el sol y
el aire se seca y, entonces, inician el incendio. Algunos duermen
dos días seguidos. Según Óscar Catalán, bombero, el árbol que tiene un
rayo dormido suele presentar una cicatriz en forma de espiral sobre la
corteza como si el rayo no quisiera tomar tierra en línea recta sino
que va dando vueltas alrededor del tronco, enroscándose como un bailarín de la
copa a las raíces, de donde a veces sale para seguir su camino bajo
tierra y entrar a dormir en el árbol de al lado. En el valle de Ayora,
en Valencia, el 99,9 por ciento de los incendios forestales se inician
por rayo, según los estudios efectuados por la asociación de lucha
contra incendios de Ayora y la Valle; de ahí la importancia de localizar
los rayos que caen sobre las carrascas durante las tormentas de verano,
como la que tuvo lugar en este valle el pasado viernes. Si se
encuentran, se evita el incendio, y hasta sobrevive el árbol que tiene
dentro, dormido, un rayo.
En Galicia vive una secuoya gigante a la que le han caído dos rayos en
lo que va de año, y ahí sigue, quemada hasta la médula, protegiendo la
casa y dando, nadie sabe cómo, todavía rumor de pájaros y de ramas.
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JOVI ESTEVE, en el El País ¿Qué es un rayo latente?
Sabemos que una de las causas que puede originar un incendio forestal
es la caída de un rayo en plena tormenta, pero no siempre el impacto
del mismo sobre un árbol conlleva un fuego inminente. Hay ocasiones en
que, hasta pasadas bastantes horas o días, el árbol no empieza a
quemarse apareciendo lo que se llama el rayo latente. Cuando hay
tormentas con aparato eléctrico sobre una masa forestal, puede ocurrir
que la descarga de un rayo sobre un árbol no produzca llama en el mismo
momento, puesto que hay lluvia y mucha humedad. Ahora bien, otra cosa es
lo que en ocasiones puede ocurrir dentro del árbol. La elevadísima
temperatura del rayo (puede ser de hasta 30.000 grados centígrados, seis
veces la temperatura del Sol), y la falta de oxígeno en el interior del
tronco, generan un proceso de lenta pero progresiva combustión.
Estos
rayos latentes, dormidos o silenciosos, pueden tardar hasta cuatro días
en manifestarse. Lo harán cuando las condiciones atmosféricas hayan
cambiado y el ambiente sea más seco y caluroso. Cualquier ranura podrá
provocar que el oxígeno exterior empiece a alimentar las brasas internas
y desencadene una combustión espontánea y violenta. Si encima hay
viento, tenemos los ingredientes perfectos para la catástrofe. (...) Por último, estos rayos dormidos son difíciles de detectar, ya
que si observamos un árbol afectado no da muestras del proceso de
combustión interna que está generando.