24 diciembre 2018

JUAN M. LÓPEZ RAMÍREZ y equipo
El drago de Gran Canaria y sus parientes
Exposición de carteles

      En 1998 un grupo de botánicos que dirigía Águedo Marrero descubrió para la ciencia, en la isla de Gran Canaria, una nueva especie de drago, el Dracaena tamaranae -Tamarán, el nombre guanche de dicha isla-.
      En el 2012 el equipo dirigido por Juan M. López realizó esta Exposición de Carteles para realzar y difundir el descubrimeinto de esta nueva especie de drago, una exposicion que nos lleva por el mundo de la botánica del drago y su conocimiento.


Para una mejor lectura... El drago de Gran Canaria, su descubrimiento

Para le lectura







----- 



20 diciembre 2018

SYLVIA ESCRIBANO
Los vecinos más altos y longevos de la ciudad de Alicante

     Los imponentes ficus de Canalejas, de la avenida de Salamanca, Benalúa, Portal de Elche o Gabriel Miró superan el siglo de vida –140 años en el caso del de Benalúa– y conviven con otros árboles centenarios o de gran envergadura como olmos, robles australianos, espigadas palmeras y araucarias que, en el caso de la plaza de Galicia, alcanza los 50 metros de altura. Estos ejemplares, incluidos en el «top ten» del patrimonio arbóreo de la ciudad, se encuentran protegidos o en proceso de catalogación después de haber sorteado enfermedades, como en el caso de los olmos de la plaza de Santa Teresa, y amenazas de tala, como el ficus de Benalúa.
     Una de las zonas con más valor ambiental dentro de la ciudad es Canalejas, donde los sinuosos ficus centenarios lo convierten en uno de los paseos más monumentales, acogedores y sombreados. La dimensión que han alcanzado los ficus desde que se plantaron hace más de un siglo es tal que las ramas de algunos ejemplares han tenido que apuntalarse con muletas, como explican desde el departamento de Parques y Jardines de Atención Urbana. Se encuentran incluidos en el catálogo municipal de especies arbóreas protegidas y están acompañados de un par de robles australianos en sus extremos, que también están catalogados. Estos últimos miden alrededor de 19 metros y también son ejemplares centenarios. Y es que el proyecto de jardinería de este paseo data de 1886 y fue ideado por el arquitecto municipal José González Altez.     Así se recoge en el itinerario promovido por el Ayuntamiento de Alicante para recorrer los árboles singulares de la ciudad y rentabilizar turísticamente este patrimonio municipal. Además de los ficus y robles de Canalejas, en el «top ten» de los árboles singulares se encuentran también el que, probablemente, sea el ejemplar de ficus macrophilla más notable del país por sus imponentes medidas y se ubica en la Plaza de Gabriel Miró, según Atención Urbana. Tiene más de 120 años de historia, como los otros tres ejemplares que lo acompañan y que llegan a alcanzar los 39 metros de diámetro y los 20 metros de altura.
      En la plaza también hay varios ejemplares de olmos centenarios que, al igual que los existentes en la plaza de Santa Teresa –Panteón de Quijano– datan del siglo XIX y son ejemplares típicos de los jardines románticos de la época, como recuerda Rubén Bodewig, de Alicante Vivo. Estos olmos centenarios de gran porte se sometieron hace dos décadas a una cirugía arbórea para sanear sus troncos. Al frente de la operación estuvo el perito agrícola Andrés Medrano, como profesor entonces de la escuela taller de jardinería municipal. Cuenta que fue en 1990 cuando los alumnos procedieron a sanear los ejemplares en ambos lugares. «Tenían el tronco podrido y teníamos que ir con mascarillas», recuerda. Más de veinte años después celebra que los olmos hayan sobrevivido y destaca que «hay pocos de esas características».
     Además de los olmos, en la plaza de Santa Teresa se puede contemplar una araucaria araucana o pino piñonero con una antigüedad de 95 años y de 30 metros de altura, según los datos del catálogo. Una altura superada por la araucaria de la plaza de Galicia, una especie originaria del Pacífico que hace varias décadas plantaron los jardineros municipales y que, según Atención Urbana, alcanza los 50 metros de altura. En esta plaza destacan también los tres olivos centenarios y un árbol candelabro originario de África, de la familia de los cactus, con 45 años de historia.
     Los ficus del entorno de la Estación se encuentran entre los más antiguos, al igual que el de la calle San Agatángelo en Benalúa cuya edad, según Bodewig, ronda los 140 años y podría ser el ejemplar más longevo de la ciudad. Los movimientos vecinales lograron salvarlo de la amenaza de tala por el proyecto para construir un centro de salud con aparcamiento subterráneo.
     Los ficus del Paseíto de Ramiro o los del Portal de Elche también están entre los ejemplares más monumentales. En el caso del Portal de Elche, entre las frondosas copas de los ficus, que fueron trasplantados allí, se abre paso una palmera washingtonia de más de 25 metros de altura que ha logrado desafiar a la sombra y que ha buscado un hueco para buscar la luz del sol.
     A estos árboles hay que sumar las palmerales de la Explanada y de San Gabriel, así como las pinadas que bordean las laderas de los castillos de San Fernando y Santa Bárbara.

Colectivos ciudadanos exigen que se amplíe el catálogo
     Colectivos ciudadanos, como Alicante Vivo, reclaman que el catálogo municipal de árboles monumentales de interés local se amplíe con la inclusión de otros ejemplares como, por ejemplo, algunos existentes en el entorno de la plaza de España y en Campoamor, así como en las partidas rurales. Además, reclaman la máxima protección del patrimonio arbóreo para evitar que sufran agresiones o puedan acabar desapareciendo como, por ejemplo, el conjunto de cipreses de la Ereta que, tal y como recuerda Rubén Bodewig, se taló en lugar de integrarse en el parque de la zona.
     Por su parte, desde el área de Parques y Jardines inciden en que están realizando una revisión del catálogo para actualizarlo con la inclusión de nuevos ejemplares. Entre ellos, algunos árboles ubicados en propiedades privadas, como es el caso de un ficus que se encuentra dentro de una urbanización de la Playa de San Juan. Se incluirá también la palmera de 25 metros del Portal de Elche y otra de Gabriel Miró, así como otras palmeras monumentales del parque de Cocheras del Tranvía y del Paseíto de Ramiro.

Ficus de Benalúa. Un superviviente de un siglo y medio. El movimiento vecinal, agrupado en una plataforma, logró salvar de la tala el que, según Alicante Vivo, es el ficus más antiguo de la ciudad –alrededor de 140 años–. El proyecto para construir en la parcela un centro comunitario y de salud con un aparcamiento subterráneo amenazaba a este árbol centenario que ha podido sortear la amenaza. El ejemplar fue plantado inicialmente en una parcela de Investigación Agraria del Jardín Botánico de Benalúa y posteriormente fue trasplantado al lugar actual.

Olmos centenarios de los jardines románticos del XIX. Los olmos de las plazas de Gabriel Miró y Santa Teresa tienen más de un siglo de vida y son ejemplares típicos de los jardines románticos de la época. Hace un par de décadas, en los años noventa, fueron sometidos a un proceso para sanear sus troncos por la podredumbre que presentaban en su interior. Más de veinte años después, los árboles centenarios de un porte mayor al habitual, han logrado sobrevivir y siguen formando parte de la arboleda de estos espacios emblemáticos de la ciudad.

Una araucaria de 50 metros de altura en la plaza de Galicia. Los jardineros municipales del Ayuntamiento de Alicante plantaron este pino originario del Pacífico hace 40 años, según fuentes del departamento de Atención Urbana, que indican que el ejemplar se adaptó fácilmente al terreno y ha ido creciendo año tras año hasta alcanzar los 50 metros de altura. Se trata, por tanto, del ejemplar de mayor altura incluido en la ruta de árboles singulares diseñada por el Ayuntamiento de Alicante y se ubica en la plaza de Galicia.

-----

16 diciembre 2018

AARÓN RODRÍGUEZ, Tenerife
La "sangre" de pino tinerfeño que partió en busca del Pacífico
De "Microhistorias de Tenerife"
Pinar canario al sudeste de Tenerife
       Últimos días del mes de septiembre de 1519...
      En los altos de antiguo reino de Abona, un particular sonido se ha convertido en habitual: el de las hachas al impactar con los poderosos y corpulentos pinos canarios. Tras un rítmico "tac-tac" se escucha el crujido de los voluminosos troncos al quebrarse, y entonces sucede lo impensable: siglos de crecimiento paciente se desmoronan en unos instantes.

     Un pino de 50 metros de altura y 7 de circunferencia cae derribado y, a continuación, los hombres se precipitan sobre él para dividir el gigantesco tronco en fragmentos más pequeños. Necesitan reducirlo para que pueda entrar en el horno, una especie de boca del infierno que se encuentra a unos metros de donde el gigante ha caído.
     Dentro, y tras pasar el día y la noche abrasándose al calor de las llamas, el corazón de tea es reducido a la resina o alquitrán, casi incandescente, que los pegueros llaman "pez".
     Al enfriarse, la mezclan con aceites y esto da lugar a la brea, una de las fuentes de riqueza más importantes para Canarias. ¿Por qué razón? Porque, en un mundo que se expande gracias al avance de las naves de madera sobre las agua, la brea es la mejor sustancia que existe para impermeabilizarlas, y evitar así, que entre el agua en su interior. 
     La brea de nuestro pino de hoy tiene como destino la flota que se encuentra en la rada de Montaña Roja, en la costa. Deja constancia de ello Antonio Pigafetta, uno de sus tripulantes, quien detalla en su diario cuál es la razón de su escala en las costas de Abona: abastecerse de "poix" (pez), que es "algo necesario para nuestros navíos". No se trata de nada extraordinario: muchos navíos se abastecen de brea en el sur de Tenerife, en su camino hacia el Nuevo Mundo. Sin embargo pocos pueden preesumir, como la que nos ocupa, de haber juagado un papel estelar en la Historia de la Humanidad, porque la expedición que hoy descansa en la bahía partió de Sanlúcar de Barrameda el 20 de septiembre. La componen cinco naves: Trinidad, Victoria, Santiago, Concepción y San Antonio. La ha financiado la Corona Española. Su misión es encontar un paso hacia el Océano Pacífico por el extremo sur de América. Y la dirige un marino portugués llamado Fernando Magallanes.
     Tres años después, el 6 de septiembre de 1522, regresa por fin la Victoria, única nave superviviente. Y con ella, apenas 18 de los 265 hombres que iniciaron el viaje. Los capitanea Juan Sebastián Elcano. Son los héroes que han completado la Primera Vuelta al Mundo.

-----

12 diciembre 2018

PRUDENCIO FDEZ. GLEZ.
En "ABC Sociedad"
     El tejo es un referente de la inteligencia de la naturaleza, que con sus siglos de existencia se adapta a los cambios climáticos y cambia de sexo cuando las condiciones de la tierra o de la atmósfera hacen que peligre la supervivencia de sus poblaciones.
     El biólogo Prudencio Fernández González, que vive desde hace cuatro años en Selaya, aunque lleva muchos años estudiando al tejo y sus comportamientos con respecto a los cambios climáticos y su propia idiosincrasia, se ha hecho amante y profundo conocedor de estos árboles, y además es miembro de la Asociación «Amigos del tejo y las tejedas».
     Fernández ha explicado que «el tejo es un árbol que tiene una gran personalidad por su longevidad, ya que puede llegar a vivir miles de años, además de por su adaptación a los cambios climáticos mediante la transformación de su sexo», aunque subraya que estas conclusiones, hoy por hoy son hipótesis, de las que se comienzan a tener certezas recoge Efe.
     «Aquí en España se encuentra principalmente por las zonas montañosas del Sistema Central, la cordillera cantábrica y algunas zonas del Sistema Ibérico y Pirineos», indica el biólogo.

De antes de la Era Terciaria

     El origen del tejo procede de antes de la Era Terciaria. «Al ser árboles tan longevos, las condiciones ambientales en las que viven a lo largo de su existencia han ido cambiando en los últimos siglos, algunas veces, el clima ha sido más caliente, otras más frío, y hay árboles que han sobrevivido a todos esos siglos y cambios», señala Fernández.
     Los árboles masculinos son capaces de vivir en condiciones climáticas más duras, con más frío y menos agua y, sin embargo, las hembras necesitan un clima más templado y suelos más ricos.
     Estas condiciones se están dando en la actualidad porque la cubierta arbolada en general está aumentando, debido a que la madera ha dejado de ser el combustible principal.
     Al recuperar la cubierta forestal, las condiciones locales varían porque aumenta la sombra, aumenta la humedad con el aporte de la hojarasca de todo el arbolado y el suelo mejora de calidad en cuanto a materia orgánica.

Transformaciones en función del clima

     Tejos que han estado aislados en sitios muy aptos durante muchos años y que eran machos, al cambiar las condiciones del clima, que con los años se han hecho mucho más suaves y propicios, pueden transformarse en hembras y reproducirse, dar semillas y aumentar las poblaciones del tejo.
     También podría pasar que, con el cambio climático y la previsión del aumento de las temperaturas y la disminución de las precipitaciones, que es uno de los escenarios que se dibujan para todo el mundo, los tejos cambien de nuevo de sexo.
     «Concretamente para la península ibérica se calcula que para el ultimo cuarto de siglo, las precipitaciones se hayan reducido prácticamente en un 30 por ciento, las temperaturas hayan aumentado 2 o 3 grados y veremos que las condiciones van a ser mucho más duras para la teja hembra, que antes que morir va a reducir de alguna manera sus requerimientos de nutrientes».
     Entonces dejará de producir semillas o producirá muchas menos y «puede acabar transformándose en tejo macho para aguantar estoicamente esas malas condiciones esperando que mejore el clima y poder volver a ser una hembra».
     «Estás teorías acerca del cambio del sexo, en el caso de ser ciertas, podrían servirnos en la investigación y control sobre los efectos del cambio climático», concluye el biólogo.

-----