27 mayo 2018

PLANTAS PARA PROTEJER A LAS ABEJAS
De Ecoportal.net

abejas

     Por desgracia, las abejas se encuentran se encuentran en grave peligro de extinción. Mientras cumplen con el plan otorgado por la naturaleza, la maravillosa polinización, estas polinizadoras se exponen a agroquímicos que conducen al  Síndrome de Colapso de Colmenas (CCD), una de tantas consecuencias achacadas a Monsanto y el cultivo de transgénicos.
     Científicos de la Universidad de Sussex en Reino Unido utilizaron un jardín experimental para evaluar las plantas polinizadoras y contar el número de insectos que las visitan. Y dicen que los resultados demostraron que las plantas favoritas de los polinizadores son tan bonitas, baratas y fáciles de cultivar que aquellas que le gustan menos a los insectos.

¿Cómo podemos colaborar nosotros?

     Afortunadamente, estamos a tiempo de apoyar a las abejas para que continúen con su trabajo, produciendo miel y esparciendo el polen; son alas de vida que nutren, reproducen y embellecen la naturaleza misma. Para alejarlas de los químicos, los pesticidas y los azúcares de baja calidad — léase dulces, refrescos y demás alimentos procesados—, podemos ofrecerles más flores para trabajar y nutrirse. ¡A sembrar en el jardín!

  • Flores nativas. Acude a un invernadero cercano, o pregúntale a tu jardinero, para comprar alguna flor de la región. Como es una planta endémica, realmente será de bajo mantenimiento.
  • Plantas tradicionales. Elige flores como petunias, amapolas, margaritas, claveles, rosas, caléndula, girasoles.
  • Hierbas. ¡Las abejas aman las hierbas! Elige menta, lavanda, romero, albahaca, tomillo, claro, también las puedes utilizar.
  • Vegetales. Si tienes un espacio más grande, no dudes en cultivar pepino, cebolla, cebollín, calabazas, brócoli y coliflor.
  • Frutas. Ahora, si piensas en árboles frutales, puede ser un manzano o un cerezo; un arbusto de moras es excelente opción.
     Consejos para cultivar un jardín acogedor para insectos pueden ser encontrados en una variedad de fuentes, pero los investigadores aseguran que estos se basan “en general, en la opinión y la experiencia”.
     Si no tienes espacio en tu casa o vives en un apartamento muy pequeño, puedes buscar algún espacio comunitario —a lo mejor a tu casero no le desagrada la idea—; en un estudio de Yoga o en alguna escuela, en el trabajo. Ofrezcamos más plantas florales a las abejas.

Para los polinizadores

     En los estudios realizados, se encontraron con que la borraja, la lavanda, la mejorana y las variedades abiertas de dalias eran muy buenas para los insectos. Los coloridos alhelíes perennes también resultaron muy atractivos para los polinizadores. Sin embargo, el popular geranio no es del gusto de los estos insectos.
  • Las mejoranas fueron las más “todo terreno”, según los investigadores, las que atrajeron abejas, abejorros, sírfidos y mariposas.
  • Mientras las borrajas fueron las mejores para las abejas, las dalias abiertas y lavandas fueron las más atractivas para los abejorros.
  • El equipo puso una serie de variedades de lavanda para la prueba y se encontró que los híbridos altamente mejorados, incluyendo algunos con nuevos colores como el blanco o el rosado resultaron incluso más atractivos para los insectos.
     Nigel Raine, de la Universidad Royal
Holloway de Londres, comentó que con la disminución de las poblaciones de abejas en todo el mundo “todos podemos darle una mano a las abejas plantando las flores correctas y así darles el néctar y el polen que necesitan. Los jardineros y urbanistas deben pensar cuidadosamente la mezcla de flores que plantan, para asegurar que abejas y otros insectos polinizadores importantes cuentan con una amplia gama de alimento disponible. También es importante para satisfacer las necesidades de las especies más raras y proporcionar alimentos en los momentos en que podría haber un menor número de botones de flores silvestres”.

 https://www.veoverde.com/
 http://www.bbc.com/

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25 mayo 2018

DIEGO WEISSEL, en Aire Libre
La serie de Fibonacci oculta en las ramas del árbol

     Son muchos los encantos y misterios de la naturaleza. Hoy vamos a hablar de una secuencia matemática infinita que aparece en el trazado de muchos árboles, plantas y seres vivos. ¿Has notado el equilibrio geométrico en la organización de los pétalos de la flor, en las piñas de pino, en escamas de las piña, en los girasoles, las margaritas, en el arreglo de las hojas del repollo, la cebolla, en las suculentas, en las ramas de las coníferas?
     Esta proporción matemática, además de agradable a la vista, maximiza el espacio para el crecimiento de muchas especies y, en el caso de las plantas, aumenta la cantidad de luz que cae sobre cada hoja. Esta secuencia fue descubierta por el italiano Leonardo Fibonacci en el siglo 12.
     ¿Cómo calculamos la sucesión de Fibonacci?
     Iniciamos con 0 y 1 y siempre sumamos los dos números anteriores: 0 e 1, (0+1)=1, (1+1)=2, (1+2)=3, (2+3)=5, (3+5)=8, (5+8)=13, (8+13)=21, (13+21)=34, y así sucesivamente.
     Cuando representamos estos números en forma geométrica, tenemos como resultado un espiral que aparece en varias formas naturales vivas.

Referencia: “El secreto de la secuencia de Fibonacci en los árboles” artículo del sitio web del Museo de Historia Natural de los Estados Unidos
Fuente: Árvore, ser tecnológico: https://goo.gl/wSxQmZ

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23 mayo 2018

EL LENGUAJE DE LOS CIPRESES
de trocha.org.es
 

Cipreses guían el camino hacia un núcleo rural habitado
Estos esbeltos árboles, popularizados en nuestro país por encontrarse comúnmente en los cementerios o camposantos, también se pueden ver al borde de antiguos caminos que, en su tiempo, fueron rutas de cierta importancia e, incluso, abundan en muchos parques y jardines, tanto públicos como particulares.
     Lógicamente, al buen observador no se le escapa la pregunta de rigor: ¿por qué están ahí los cipreses? Para entender mejor el papel de este árbol tendremos que empezar por obtener un cierto conocimiento del mismo.
     Desde la perspectiva científica, el Gran Diccionario Enciclopédico Ilustrado dice: la palabra ciprés  (del provenzal cyprés) m. Bot. (gén. Cupresus) fam.: cupresáceas, clase: coníferas; árbol siempre verde, con copa de forma cónica, y madera rojiza, olorosa, que pasa por incorruptible; tiene flores amarillentas, hojas pequeñas, en filas imbricadas, y fruto de glábula de unos 3 cm. de diámetro. Hay varias especies.
     Según el Diccionario de los Símbolos, de Jean Chevalier Alain Gheerbrant(1), el ciprés fue un árbol sagrado entre numerosos pueblos; gracias a su longevidad y a su verdor persistentes, se llama el árbol de la vida (ciprés tuya). En Europa es un símbolo de duelo. Quizás se trata de todos modos de una mala interpretación, aunque sea de origen muy antiguo, del simbolismo universal y primitivo de las coníferas que, por su resina incorruptible y su follaje persistente, evocan la inmortalidad y la resurrección.
     El teólogo Orígenes ve en el ciprés un símbolo de las virtudes espirituales, pues el ciprés desprende muy buen olor, el de la santidad.
     En el Diccionario de los Símbolos y Mitos de J.A. Pérez-Rioja (2), se dice de él: En su calidad de árbol perenne, siempre verde, perfumado, de madera incorruptible como la del cedro, ha tomado una significación funeraria. Ya desde los tiempos paganos, se asocia con la idea de la muerte. Por ello se encuentra generalmente en los cementerios. En heráldica, simboliza elevados y nobles sentimientos, como la idea de la incorruptibilidad.

     Se presume que estos árboles, originarios de las regiones del Egeo, llegaron a la Península Ibérica en los barcos romanos, (...)
     Los antiguos viajeros –casi siempre caminantes– la vista de estos árboles, junto o próximos a las casas solariegas, obtenían conocimiento sobre las posibilidades de encontrar allí refugio y amparo, (...)
     Si el camino era largo y debía durar varios días, los viajeros no tenían más remedio que alojarse en fondas, hostales, figones y otros establecimientos del mismo ramo. Pero si el viaje se tenía que realizar en todo o en parte por montaña y en ámbitos descampados, el caminante se veía abocado a pedir hospitalidad en alguna casa solariega que pudiera encontrar a lo largo de su ruta. (...)
Hospital de Benasque
Actual hospedería de un antiguo refugio para caminantes
construído hace ocho siglos por los monjes Hospitalarios
.

       Para señalar la disposición de alojamiento en esas casas de campo aisladas, se eligió un símbolo inequívoco, visible desde muy lejos para los viajeros: el esbelto ciprés, árbol de hoja perenne.
     Según los estudiosos, parece que los romanos fueron los primeros en utilizar los cipreses como elementos de señalización en su cultura, estableciendo, incluso, una especie de código: en una edificación aislada en la montaña, cerca de caminos, la presencia de un solo ciprés informaba al viajero de la posibilidad de obtener agua en ese punto; dos cipreses significaba que disponía de comida, y tres o más cipreses que era un centro de reunión con dormitorio.
Ciprés ornamental del monasterio de Silos
     Asimismo, tuvieron otras utilidades nuestros majestuosos cipreses. A las autoridades romanas se las distinguía con hileras paralelas de estos árboles, en la entrada de sus casas, para hacer saber que se trataba de una figura social importante. Todavía hoy pueden verse, por muchos lugares de la geografía española, fincas rústicas y palacetes luciendo esta señorial formación arbórea. También en las avenidas o vías principales de acceso a las ciudades se plantaban cipreses para dar así la bienvenida a las gentes, pero en especial a las tropas y generales victoriosos.
     Esta simbología romana contribuyó a que posteriormente, en la era cristiana que sucedió al imperio romano, se plantaran cipreses en cementerios para darnos la bienvenida a la vida eterna. Así, de esta manera, el paso de los siglos y el desconocimiento popular de la simbología original, han contribuido a que en la actualidad se considere que los cipreses son meros árboles funerarios y, en ocasiones, portadores de mal augurio.
     En consecuencia, si nos atenemos a lo que inicialmente significó el ciprés, tendremos que convenir que su elección como símbolo fue un acierto por sus propiedades: perfil inequívoco, hoja perenne, gran altura (hasta 35 m.), gran resistencia…, que le convierten en el árbol ideal para ser visto a grandes distancias.
     A partir de ahora, cuando salgamos de marcha montañera, ya sabremos qué nos están diciendo estos esbeltos y majestuosos árboles..

Francisco C.L.

21 mayo 2018

ESOPO, Grecia (S. VI? a. C.)
La Diosa y el árbol

Cierto día se les ocurrió a los dioses la idea de escoger cada uno un árbol para protegerlo y custodiarlo. 
Zeus escogió la encina, Afrodita el mirto, Heracles el álamo, y así sucesivamente los demás dioses. Atenea, la diosa de la sabiduría, se reservó el olivo.
-Yo elijo este árbol -dijo- porque produce gran cantidad de frutos útiles. 
-Tienes razón -replicole Zeus-, y veo que eres justamente celebrada por tu sabiduría. En efecto, si en las cosas que hacemos no hallamos algún beneficio, es una tontería hacerlas por vanagloria.

Procuremos que nuestras acciones sean siempre prudentes y útiles.

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