12 mayo 2009

MARIÀ VILLANGÓMEZ - Pi verd

MARIÀ VILLANGÓMEZ (Ibiza, 1913-2002)
Pi verd


Solitari i reial, tota una plaça
cal per al seu repòs solemnial,
per al brancatge estès més àmbit cal,
més ombra a dins per als ocells que abraça.

Amb deu o dotze de la seva raça,
quan més, s’ajunta. Aixequen llur front alt
i rodó, cadascú individual;
veïns, però sense acostar-se massa.

Devora hi ha conreus, boscos, camins.
El pi verd es destaca, noble, i fins
apar que sols per a la roja escorça

i l’ampla copa enviï llum el Sol,
que del cel s’hi recalqui l’ultim vol,
i tot amb un posat auster de força.

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11 mayo 2009

MI CLAUSTRO
Fr. Justo Pérez de Urbel



Se ha vuelto coquetón el claustro viejo…
en el estanque nuevo que el sol dora,
lo mismo que un galán en el espejo,
contémplase orgulloso hora tras hora.

Al lado, grave, adusto,
el ciprés hace un gesto de disgusto:
Mas su placer delata
el agua verde en que la imagen flota,
y tiembla y ríe y juega y se alborota,
y salta en chorros de luciente plata,
y siete flautas en gracioso coro
cantan del viejo claustro el ritmo de oro.


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06 mayo 2009

LUIS CERNUDA - El brezal

LUIS CERNUDA (Sevilla, 1902-1963)
El brezal

Mira, éste es el brezal. Allá en la niñez lo prefirió tu imaginación, no dudando, ¿cómo dudaría de su imaginación el niño?, que el brezal fuese sino como tú lo creaste, con aquella mirada interior que puebla a la soledad, visto así definitivamente. En las páginas de un libro te sorprendió la palabra, y de ella te enamoraste, asociándola con las ráfagas del viento y de la lluvia por un cielo nórdico desconocido. La visión era real, cierto, toda campo denso, profuso, misterioso; pero en ella, como en un sueño, no había color alguno.
    El color había de añadirlo el tiempo, cuando bajo cielos ajenos, cansado y aburrido, viste un día aquella paramera cubierta de matas de un hosco verdor, que el verano florecía de glóbulos morados (no había allí brezo blanco), para que el otoño luego los tornase rosáceos, hasta que ajados poco a poco, mezclaran al verdor básico un pardo monótono y tristón. Entonces comprendiste cómo es vívida la realidad creada por la imaginación, y cuánto puede añadir ésta a lo leído, por tenue que sea la trama sobre la cual ella se aplica y opera.
    El tiempo, aunque pusiese color, quitaba encanto, y mucho tiempo había pasado ya, al confrontar la realidad íntima tuya con la otra. Tantas cosas como el brezal pudo decirte antes, y ahora que lo tenías allí estaba inexpresivo y mudo, ¿o eras tú quien los estaba?, porque el brezo es planta de parajes desolados y solitarios. Entonces, tras de una ojeada al campo y al cielo, acordes en su arisca apariencia, con una complacencia vaga, más que por el problemático encanto del brezal, por la constatación de que al fin la contemplabas, pasaste desilusionado por sus flores fronterizas entre el verano y el otoño.
    Y te decías que cuando la realidad vivible parece más bella que la imaginada es porque la miran ojos de enamorados, y los tuyos no lo eran ya, o al menos en aquel momento. La creación imaginaria vencía a la real, aunque ella nada significara respecto a la hermosura del brezal mismo, sino sólo que en la visión infantil hubo más amor que en la contemplación razonable del hombre, y el goce de aquélla, por entero y bello, había agotado las posibilidades futuras de ésta, por muy reales que fuesen o pareciesen.

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05 mayo 2009

EDNA ST. VINCENT MILLAY - The leaf and the tree

EDNA ST.  VINCENT MILLAY (EE.UU. 1892-1950) 
The leaf and the tree


When will you learn, myself, to be
a dying leaf on a living tree?
Budding, swelling, growing strong,
Wearing green, but not for long,
Drawing sustenance from air,
That other leaves, and you not there,
May bud, and at the autumn's call
Wearing russet, ready to fall?
Has not this trunk a deed to do
Unguessed by small and tremulous you?
Shall not these branches in the end
To wisdom and the truth ascend?
And the great lightning plunging by
Look sidewise with a golden eye
To glimpse a tree so tall and proud
It sheds its leaves upon a cloud?

Here, I think, is the heart's grief:
The tree, no mightier than the leaf,
Makes firm its root and spreads it crown
And stands; but in the end comes down.
That airy top no boy could climb

Is trodden in a little time
By cattle on their way to drink.
The fluttering thoughts a leaf can think,
That hears the wind and waits its turn,
Have taught it all a tree can learn.
Time can make soft that iron wood.
The tallest trunk that ever stood,
In time, without a dream to keep,
Crawls in beside the root to sleep.

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