ION STEGMEIER en "Diario de Navarra", marzo 2025
La artista navarra, MÓNIKA ARANDA, declara la guerra al Plumero de la Pampa, la planta que ha invadido el arco cantábrico
Monika Aranda Castellanos (Pamplona, 1976) está convencida de que el arte puede ser un agente de cambio y, concretamente, cree que puede salvar a Navarra del plumero de la Pampa. Es una cruzada personal en la que lleva embarcada estos últimos años. Aranda se propone que a través del arte la gente conozca e identifique esta planta invasora para evitar que continúe su silenciosa colonización del territorio. Ella la llama “la femme fatale de las plantas”, ya que llega por su belleza, por su clara función decorativa, pero sin embargo “acaba arrasando todo”, recalca. Y el hecho es que cada vez está encontrando más colaboración y apoyo por parte de las instituciones y las distintas asociaciones en su lucha contra ésta y otras plantas invasoras, como el ailanto, protagonista de la exposición que acaba de inaugurar en Sangüesa.
El plumero de la Pampa es, en todo caso, el que más estragos está causando al territorio. Esta especie de origen sudamericano empezó su invasión en Santander. El “paciente cero”, como apunta Aranda, se introdujo allí en el siglo XIX como planta ornamental para los jardines. “Es una planta muy vistosa, imponente, que fue llegando en ejemplares aislados”, señala. Después, en la guerra, llegaron barcos de Argentina que traían grano y ahí también venían mezcladas semillas del plumero. Pronto dio el salto al medio natural y allí ya se empezó a ver su verdadera naturaleza, y su fuerza.El plumero de la Pampa forma unas masas que llegan en un momento dado a imposibilitar que se retiren. “Arrasa con toda la flora, no llega la luz al suelo, lo desnutre, y desplaza al resto de plantas”, menciona Aranda. Los animales que se alimentaban o que se cobijaban en las plantas autóctonas también se tienen que desplazar, y no hay depredadores que la amenacen, porque sus hojas cortan, y los animales no pueden comerla. El ser humano, además, no le ha encontrado un uso más allá de la decoración, por lo que no ha tenido interés en cortarla. Y, por si fuera poco, es una planta que se dispersa con facilidad. Un ejemplar es capaz de producir un millón de semillas cada temporada.
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La artista Monika Aranda rodeada de plumeros de la Pampaiñaki aldatz |
Su dominio se extiende hoy desde Santander a Las Landas y, por el otro lado, ha pasado a Galicia y está bajando hacia Portugal. “Una vez que ha colonizado todo el Arco Cantábrico, lo que está haciendo es meterse hacia el interior”, advierte Aranda. La amenaza llega a Navarra.
Monika Aranda ha viaja varias veces a Cantabria para investigar cómo empezó el problema y evitar que suceda lo mismo en la Comunidad foral. Está en contacto con Jesús Varas, jefe de Fauna y Flora Silvestre del Gobierno de Cantabria. “En lugares como Asturias, Bizkaia y Gipuzkoa el problema se les ha ido de las manos”, advierte la artista. “Todas las comunidades del arco cantábrico no han visto el problema hasta que ha sido demasiado tarde, y ahora gastan millones de euros en contenerlo, ya que no pueden eliminar lo que ya está presente”, expresa.
La zona de Baztán es especialmente sensible por compartir ese clima atlántico, y ya hay plumeros en la zona de Sunbilla, lo que ha generado preocupación, pero Aranda está convencida de que Navarra está a tiempo de salvarse.
Su cruzada se remonta años atrás. La artista pamplonesa quería trabajar con un material que produjera poco residuo. Ya había empleado antes materiales reciclados, pero pensó que quizá podía utilizar directamente lo que le sobrara a la naturaleza, como las plantas invasoras. Con las ayudas a la investigación artística del programa Innova, de la Fundación Caja Navarra y Fundación La Caixa, se puso a investigar sobre plantas invasoras en la Comunidad foral y se encontró con más de 35 especies vegetales catalogadas en Navarra. Ella se centró en las tres que le parecieron más peligrosas: el plumero de la Pampa, el ailanto y el arbusto de las mariposas.
Aquel primer impulso ha desembocado en que hoy se ha convertido, como ella dice, en “la friki de los plumeros”. Se ha especializado en ellas, convencida de que el arte es un buen agente de cambio medioambiental. El primer proyecto en torno a las plantas se tituló 'Exotic', y se presentó en el Museo de Navarra en el contexto del Festival Arbola. Allí plantó una instalación con 800 plumeros de la Pampa. Pero ahora, Aranda, apunta directamente a la acción.
“Estoy agrupando a más agentes y estamos haciendo algo más grande, estoy notando una colaboración y una gran predisposición de todos, desde las administraciones hasta las asociaciones en toda Navarra”, asegura. Su objetivo es la erradicación. “Voy a seguir hasta que lo consiga o por lo menos morir en el intento”, señala. La difusión y el conocimiento a través del arte es esencial porque cree que esta extirpación hay que hacerla entre todos.
Monika Aranda ha viaja varias veces a Cantabria para investigar cómo empezó el problema y evitar que suceda lo mismo en la Comunidad foral. Está en contacto con Jesús Varas, jefe de Fauna y Flora Silvestre del Gobierno de Cantabria. “En lugares como Asturias, Bizkaia y Gipuzkoa el problema se les ha ido de las manos”, advierte la artista. “Todas las comunidades del arco cantábrico no han visto el problema hasta que ha sido demasiado tarde, y ahora gastan millones de euros en contenerlo, ya que no pueden eliminar lo que ya está presente”, expresa.
La zona de Baztán es especialmente sensible por compartir ese clima atlántico, y ya hay plumeros en la zona de Sunbilla, lo que ha generado preocupación, pero Aranda está convencida de que Navarra está a tiempo de salvarse.
Su cruzada se remonta años atrás. La artista pamplonesa quería trabajar con un material que produjera poco residuo. Ya había empleado antes materiales reciclados, pero pensó que quizá podía utilizar directamente lo que le sobrara a la naturaleza, como las plantas invasoras. Con las ayudas a la investigación artística del programa Innova, de la Fundación Caja Navarra y Fundación La Caixa, se puso a investigar sobre plantas invasoras en la Comunidad foral y se encontró con más de 35 especies vegetales catalogadas en Navarra. Ella se centró en las tres que le parecieron más peligrosas: el plumero de la Pampa, el ailanto y el arbusto de las mariposas.
Aquel primer impulso ha desembocado en que hoy se ha convertido, como ella dice, en “la friki de los plumeros”. Se ha especializado en ellas, convencida de que el arte es un buen agente de cambio medioambiental. El primer proyecto en torno a las plantas se tituló 'Exotic', y se presentó en el Museo de Navarra en el contexto del Festival Arbola. Allí plantó una instalación con 800 plumeros de la Pampa. Pero ahora, Aranda, apunta directamente a la acción.
“Estoy agrupando a más agentes y estamos haciendo algo más grande, estoy notando una colaboración y una gran predisposición de todos, desde las administraciones hasta las asociaciones en toda Navarra”, asegura. Su objetivo es la erradicación. “Voy a seguir hasta que lo consiga o por lo menos morir en el intento”, señala. La difusión y el conocimiento a través del arte es esencial porque cree que esta extirpación hay que hacerla entre todos.

Aranda planea hacer una exposición en Bertiz a la vuelta del verano sobre este tema y realizar acciones directas para eliminar la planta en los alrededores. Está recibiendo el apoyo de todas las puertas a las que llama, de Medio Ambiente del Gobierno de Navarra, del Valle de Baztán o de la alcaldesa de Sunbilla. Todos quieren ayudar para que el plumero no cambie el paisaje.
Ha empezado por el plumero porque es fácil de identificar y cree que la ciudadanía puede participar fácilmente. “Parece imposible poner barreras a una planta, pero si la población está consciente podrán reconocerlas y quitarlas cuando sean pequeñas”, confía. Es una cuestión de mantenimiento, compara, como quien tiene un jardín o una huerta y quita las llamadas malas hierbas. Su propósito es hacer eso, pero a nivel de comunidad. “Navarra podría ser la única comunidad autónoma libre de plumero, lo cual es nuestro objetivo”, ambiciona.
El ailanto, por su parte, es un caso más complejo porque es un árbol que se puede confundir con otros. “En Estados Unidos, tienen un gran problema y están investigando cómo eliminarlo, incluso inoculándole un hongo que han descubierto en Pensilvania”, expone. Se trata de un árbol de origen chino que llegó a Europa también como árbol ornamental y para sujetar taludes. Y también emprendió una invasión silenciosa. Se le llama “el árbol del cielo”, porque crece más de un metro al año y puede llegar a casi 30. Y sus hojas y raíces tienen toxinas que impiden que crezca nada más junto a él. “En Navarra, especialmente en Sangüesa, hay un problema grande”, apunta.
La tercera especie que tiene entre ojo y ojo es el arbusto de las mariposas, que está generando problemas en la cuenca del Arga. “Las plantas invasoras a las orillas de los ríos son peligrosas porque los ríos, como las carreteras y los trenes, son vías de dispersión”, señala Aranda. En Pamplona y en el Arga ya se están dando pasos por parte del Ayuntamiento para erradicarlo.
Ha empezado por el plumero porque es fácil de identificar y cree que la ciudadanía puede participar fácilmente. “Parece imposible poner barreras a una planta, pero si la población está consciente podrán reconocerlas y quitarlas cuando sean pequeñas”, confía. Es una cuestión de mantenimiento, compara, como quien tiene un jardín o una huerta y quita las llamadas malas hierbas. Su propósito es hacer eso, pero a nivel de comunidad. “Navarra podría ser la única comunidad autónoma libre de plumero, lo cual es nuestro objetivo”, ambiciona.
El ailanto, por su parte, es un caso más complejo porque es un árbol que se puede confundir con otros. “En Estados Unidos, tienen un gran problema y están investigando cómo eliminarlo, incluso inoculándole un hongo que han descubierto en Pensilvania”, expone. Se trata de un árbol de origen chino que llegó a Europa también como árbol ornamental y para sujetar taludes. Y también emprendió una invasión silenciosa. Se le llama “el árbol del cielo”, porque crece más de un metro al año y puede llegar a casi 30. Y sus hojas y raíces tienen toxinas que impiden que crezca nada más junto a él. “En Navarra, especialmente en Sangüesa, hay un problema grande”, apunta.
La tercera especie que tiene entre ojo y ojo es el arbusto de las mariposas, que está generando problemas en la cuenca del Arga. “Las plantas invasoras a las orillas de los ríos son peligrosas porque los ríos, como las carreteras y los trenes, son vías de dispersión”, señala Aranda. En Pamplona y en el Arga ya se están dando pasos por parte del Ayuntamiento para erradicarlo.
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