6/21/2024

EL ÁRBOL DE LOS MÁRTIRES, Tolpuddle, Dorset, Inglaterra

En 1799 y 1800, las Leyes de Combinación en el Reino de Gran Bretaña prohibían la "combinación" u organización para obtener mejores condiciones laborales, aprobadas por el Parlamento debido al susto político tras la Revolución Francesa. En 1824, las Leyes de Combinación fueron derogadas debido a su impopularidad y reemplazadas por la Ley de Combinaciones de Trabajadores de 1825 , que legalizó las organizaciones sindicales pero restringió severamente su actividad.
     Los árboles se han utilizado durante siglos como lugares de reunión para discutir,
celebrar, punto de encuentro, refugio o punto de referencia; sin embargo, como espacio público, la gente tenía que tener cuidado con lo que hablaba. En 1833, bajo un sicomoro (Acer pseudoplatanus), en el pueblo de Tolpuddle, un grupo de trabajadores agrícolas se reunió para discutir sus condiciones tanto laborales como salariales y las malas condiciones de vida a las que les sometían sus patronos. Los patronos de seis trabajadores deseando sofocar la disensión y apoyados por el gobierno, ordenaron el arresto de los hombres y en 1834 fueron juzgados en la cercana ciudad de Dorchester bajo la Ley de Incitación al Motín de 1797. Los llamados entonces 'Mártires de Tolpuddle', como llegaron a ser conocidos, fueron condenados por prestar un juramento secreto y fueron sentenciados a siete años de trabajos penitenciarios en Australia y transportados a Botany Bay de Sidney. Su difícil situación atrajo la atención pública a través de protestas y peticiones.
     La protesta pública hizo que el gobierno,  avergonzado, anulara la sentencia y, después de tres años de trabajo como criadores de ovejas, los hombres fueron liberados y devueltos a Inglaterra.

     Posteriormente, el sicomoro se convirtió en un símbolo-cuna del movimiento sindical y de
 derechos de los trabajadores, un símbolo de esperanza para aquellos cuyas vidas no son nada fáciles. Una placa conmemorativa se encuentra al lado de este gran árbol.
     En 2005 se determinó que tenía 320 años, por lo que tenía 150 años cuando los Mártires de
Tolpuddle se reunieron bajo su copa. Es el sicomoro más grande de Dorset, con un diámetro de 1,3 metros. El árbol es administrado por el National Trust, que desmocha periódicamente el árbol para reducir el peso de sus ramas y estimular el crecimiento de la copa. Se espera que esto aumente la vida útil del árbol durante dos siglos más.
     Este árbol ha inspirado numerosos proyectos creativos. El refugio y alivio que brindó a los Mártires de Tolpuddle convive con sus otras apariciones simbólicas en la literatura y las artes. El árbol fue seleccionado entre los 50 grandes árboles británicos para conmemorar el Jubileo de Oro de la Reina en 2002. Fue preseleccionado como Árbol del Año de Inglaterra en 2015.

Mas información aquí, fotos e información de la red

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6/18/2024

Premio AEMO 2017, Olivo Caracol de Periana, Málaga

EL OLIVO "CARACOL" de Periana, Málaga, olivo monumental de España en el año 2017

Olivo entre melocotones
Hoy nos encontramos en el municipio de Periana, Málaga, para visitar el olivo que llaman "Caracol", propiedad de Rafael Toledo. Este extraño olivo fue el ganador del Concurso de AEMO en 2019 (Asociación Española de Municipios del Olivo). Es un Verdial de Vélez injertado en acebuche, que se encuentra en un paraje denominado Fuente Piojo, muy cercano a la Villa Turística de la Axarquía, y conviviendo con otros ejemplares, tanto jóvenes como viejos.
      Su singular tronco está acostado sobre una albarrada (pared de piedra seca) y  se retuerce sobre sí mismo configurando una forma muy peculiar. El olivo es un auténtico coloso con un tronco que da fe de su longevidad, pudiendo muy bien alcanzar los 400 o 500 años. La mayoría de los olivos de esta zona son Verdiales de Vélez, variedad ancestral que se injertó en acebuches cuando se domesticaba el cultivo del olivo en la Península Ibérica.
      La zona atesora un rico patrimonio natural de olivos monumentales por lo que no es de extrañar que alguno fuera testigo de las luchas entre las huestes comandadas por Umar Ibn Hafsun y los castellanos cuando éstos tomaron el cercano castillo de Zaila en 1485, previo paso para la conquista de Vélez-Málaga.
     El ayuntamiento de Periana incluyó este olivo en la Primera Ruta de Olivos Singulares, por lo que se ha hecho muy popular.

En este enlace de Wikiloc tenéis la ruta, de la que hemos tomado las fotos.

Información de los Premios AEMO 


 
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6/15/2024

El pino de la Finca, del cronista de Canarias

JUAN GUZMÁN OJEDA, Ing. téc. forestal
Pino de la Finca de La Laja, un árbol que respira café


En el año 2005, mientras se realizaba una excavación para la construcción de la Urbanización de Las Candelarias, en Agaete (Gran Canaria), la maquinaria conectó dos épocas históricas al toparse de repente con restos arqueológicos. Al poco, los expertos pudieron identificar el hallazgo como los restos del que se cree que fuera uno de los primeros ingenios azucareros que se construyeran en Europa. La conquista de Gran Canaria se fecha en 1483, solo tres años después entró en funcionamiento este ingenio. El azúcar que aquí se refinaba no fue un producto cualquiera, la venta de la misma sirvió de motor económico para que el hidalgo andaluz, Alonso Fernández de Lugo, obtuviera la economía necesaria para culminar la Conquista de Canarias, finiquitándola con la ocupación de La Palma (1493) y de Tenerife (1496).
     El ingenio de Agaete supuso uno de los primeros núcleos de deforestación hispánica, alimentándose tanto de las leñas de la mezcla de pinos canarios y bosquetes termófilos del valle de Agaete, como del agua que bajaba desde las cumbres. Sólo en Gran Canaria llegaron a funcionar más de 20 centrales azucareras, siempre necesitadas de biomasa forestal. Se sabe que el de Agaete fue de los pocos que consumían madera del pinar, seguramente por su abundancia y cercanía. Los ingenios azucareros fueron las primeras empresas forestales de las islas Canarias –muy lejanas al concepto de la sostenibilidad–, teniendo en plantilla leñadores e incluso esclavos propios o alquilados, cuadrillas que también se desplazaban entre las islas.
     El punto de mira de este artículo nos sitúa a 5 kilómetros, valle arriba, del antiguo complejo industrial, sobre una ladera alta de la denominada Finca de La Laja. Esta finca ocupa una gran parte de la zona fértil del valle de Agaete, en la parte de San Pedro, justo a la salida del sendero que desciende desde la Finca de Samsó, en Tamadaba. La Finca de La Laja es una de las cuatro particiones principales de predio matriz que acabara al borde del mar. La antigüedad de sus viviendas solariegas es tal que ni siquiera se tiene constancia o datación de las mismas.
     Por otro lado, Agaete es hoy la única zona de un país europeo donde se cultiva café, un hecho considerado como una auténtica rareza y excepcionalidad. La historia nos recuerda que en 1788 fue Carlos III quien dictó un decreto para establecer plantíos en Tenerife, enviando plantas y semillas desde América y Asia. Poco después, desde el Jardín de Aclimatación de La Orotava llegaron las primeras plantas al valle de Agaete. La variedad Arabica typica –originaria de Etiopía– es muy apreciada por su baja productividad en contrapunto a su exquisito sabor.

Difícil de capturar
     Pero en esta tranquila y atractiva finca, además de ser cafetal y bodega, así como contar con otra extensa orla de frutales, también coexisten varias especies arbóreas canarias como son el almácigo (Pistacia atlantica), el acebuche (Olea cerasiformis), la palmera canaria (Phoenix canariensis) y, cómo no, el pino canario (Pinus canariensis). El Pino de la Finca de La Laja es uno de esos portentos vegetales difíciles de capturar o encuadrar con la cámara.
     Detrás de la bodega de La Laja, bajo los impresionantes riscos que salvan hasta 800 metros con las cimas de Tamadaba, encontramos antiguas terrazas y, al pie de éstas, tres pinos alineados. Es justo el que se encuentra más a la izquierda (28º 04 28¨N y 15º 40´ 09¨W) el que ofrece unas enormes proporciones. Curiosamente, la fisionomía de este árbol no es la más típica del Pinus canariensis, de hecho, a cierta distancia parece más bien un gran eucalipto.
     Este árbol arranca como un gran cilindro de más de 4 metros de diámetro y a 4,5 metros se transforma en varias ramas de gran calibre, hasta el punto de que el diámetro principal llega a incrementarse de forma notoria en este engrosamiento. La razón de este aspecto poco común pudiera ser la pérdida de la guía terminal en su época juvenil. La altura del ejemplar no se ha podido calcular técnicamente, pero se estima entre los 30 y los 35 metros. La proyección del diámetro de su copa es muy amplia, abarcando más de 300 metros cuadrados.
     La primera parte del árbol se encuentra sumergida en un invernadero que hoy hace las veces de almacén y trastienda, ya que tal y como nos comenta el propietario “debajo de los pinos no crece bien la huerta”. En la encrucijada donde se dividen las grandes ramas todavía se ubica una pequeña urna –con instalación eléctrica y todo– donde se mantuvo una talla de la Virgen del Pino hasta hace pocos años. Ahora esta imagen se encuentra en la capilla que se construyó junto a la bodega.

Para amarrar bestias
     El hecho de que los tres pinos se encuentren alineados hace pensar que los mismos fueron plantados, si bien el de en medio es de menores dimensiones. A priori parece que los tres tienen diferentes edades, pero solo un estudio dendrocronológico sería capaz de despejar esta incógnita. Otra hipótesis es que el pino de mayores dimensiones pudiera ser de origen espontáneo y que el resto fuera plantado, ya que antiguamente siempre se libraba de la tala algún árbol para “poder amarrar a las bestias y garantizar una buena sombra para el descanso”, tal y como nos cuenta el propietario, Inocencio Lugo.
     En cualquier caso, se trate o no de un pino contemporáneo y superviviente al ingenio de Agaete, es un bello y a la vez extraño ejemplar digno de admiración. Por ello, es recomendable retirar el invernadero y adecuar el entorno para que este ejemplar pueda lucir en toda su magnitud, toda vez que se realicen labores de extracción de “cores” que permitan hacer un conteo de los anillos fisiológicos. Esta práctica, ejecutada profesionalmente, no supone ningún daño para los árboles.
     Esperemos que estas labores puedan llegar a realizarse, así como que nos depare alguna agradable sorpresa. Sería realmente interesante descubrir si el árbol, cuya sombra sigue mezclando aromas del pinar con el tueste del café natural, fue testigo o no del sudor de los esclavos aborígenes que no tuvieron otro remedio que entregar su trabajo al sometimiento de otras islas hermanas.

Número 3 de Gran Canaria
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6/12/2024

El Espino de José

El espino de José de Arimatea, Glastonbury, Reino Unido

El Reino Unido cuenta con una gran cantidad de árboles antiguos, muchos de ellos asociados a diversas leyendas e historias. A menudo es difícil saber dónde acaba la historia y dónde empieza la fantasía.
     Uno de los árboles más célebres del Reino Unido es el llamado espino de Glastonbury. En diciembre de 2010 sufrió la mutilación de todas sus ramas pero lentamente se regeneró.
      Se alza sobre la cima de una colina cerca de la ciudad del mismo nombre en Somerset, al suroeste de Inglaterra. Es uno de los muchos espinos que crecen en la zona pero
misteriosamente florece en pleno invierno además de hacerlo, como todos los demás, también en primavera.
     La leyenda dice que, cuando el cuerpo de Cristo fue bajado de la cruz, fue
depositado en una tumba que petenecía a José de Arimatea, tío de María, madre de Jesús,  y que asustado por la vida que había llevado, José emigró de Palestina llevando consigo el Santo Grial y refugiándose en Britania. Al llegar a la cima de una colina, entonces rodeada de pantanos, cerca de Gltoastonbury, hincó en tierra el bastón de espino que traía, indicando que había llegado al final del viaje. Ese bastón echó raíces y el día de Navidad, en pleno invierno, floreció. El “milagro” se conmemoró construyendo la primera iglesia cristiana en tierra extraña.
     Al lugar llegaron muchos peregrinos y c
on el tiempo se construyó una abadía, hoy derrruída. Los peregrinos cortaban retoños del “árbol sagrado”, práctica que habría continuado a lo largo de los siglos de modo que todos los espinos de la zona podrían ser descendientes directos del de José de Arimatea. Los devotos también dejaban sus anhelos colgados del espino con la esperanza de que se cumplieran.
     Lógicamente el espino que ahora crece en la colina es un descendiente de aquel original que sería originario del Líbano y su nombre en latín es: Crateagus monogyna praecox.
     Todos los años, antes del día de Navidad, se envían a la realeza inglesa ramilletes del espino de Glastonbury y se dice que la Reina Isabel los ponía sobre la mesa y presidían el desayuno del 25 de diciembre.

 
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