JENARO IRITIA, en "eldiariorural"
Los chozones sabineros, una joya a conservar
Los chozones sabineros, una joya a conservar
Los
chozones sabineros eran utilizados por los pastores para guardar el
ganado. Asistimos a la renovación de la techumbre de uno de ellos en el
Alto Tajo.

Los estudiosos no se ponen de acuerdo desde cuándo los pastores de cabras y ovejas comenzaron a construir estos apriscos tan naturales para su ganado. Lo cierto es que todavía son bastantes los que se encuentran en zonas casi inaccesibles del Parque Natural del Alto Tajo en Guadalajara. Se sabe que también eran típicos en la provincia de Soria.
Mimetizados con el medio ambiente, los chozones están construidos con árboles tan robustos como la sabina y paredes de piedra seca. En la mayoría de los casos se escogía una sabina de buen porte y amplio diámetro, que servía como eje de sustento para la estructura del tejado, al igual que la pared de piedra caliza que siempre solía ser como de un metro y medio de alta y casi un metro de ancha. Su forma original era redonda, aunque más tarde se fueron ampliando a otras formas cuadradas y rectangulares, dejando así el recinto sin estorbos para el ganado. Incluso existían y todavía perduran algunos chozones que disponían de corral.
Una vez formada la pared circunvalando la sabina, esta se podaba y con fuertes ramas y las de otras se iban colocando sobre las podadas del árbol principal, intentando coger la mayor inclinación posible para que cuando lloviese resbalara el agua y no entrara ni una gota en el interior. Colocados los ramones o cabrios que iban a servir para construir la cubierta, la siguiente tarea consistía en ir tapando todos los huecos comenzando desde abajo con ramas más pequeñas de sabina, conocidas como “bardas”, hasta crear una techumbre hermética que lo mismo servía para evitar el frío que el calor.
Lo curioso es que no se utilizaban clavos ni cuerdas para sujetar los palos. Todos se engarzaban de la mejor manera posible para aguantar año tras año. La barda se renovaba cada dos o tres años, pues las pequeñas ramas se resecaban y perdían efectividad. Lo hemos leído aquí
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