29 diciembre 2025

JOSÉ M. SÁNCHEZ DE LORENZO, Cáceres
Una de cortezas de árboles


Debido a la época en que estamos, empiezan ya a escasear las plantas con flores que pueden proporcionar bellas fotografías, y por eso, en mi recorrido del sábado por el Real Jardín Botánico de Madrid, me dediqué a fotografiar cortezas de árboles, tema este que me gusta mucho y del que tengo pendiente realizar una publicación hablando de ellas, pues su variedad es enorme, ya que pueden ser lisas, escamosas, fracturadas, papiráceas, rugosas, fibrosas, etc., etc. Pongo aquí una selección de 18 de las más de 50 que fotografié.

    Ácer griego       Ácer blanco      Castaño de Indias     Castaño del Himalaya   Castaño de flor roja    Castaño japonés

 Castaño de Indias rojo       Abedul          Carpe blanco        Carpe negro         Manzano silvestre japonés    Tupelo

Almez del Caúcaso    Catalpa de bola    Espino negro    Diospyros japonica    Fresno de China  Cafetero de Kentucki

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26 diciembre 2025

PALOMA AGRAMUNT y VICENTE SERENA
Chiva vuelve a ser reconocida por atesorar el mejor algarrobo de España
(abril-25)


Desde la Plataforma para el Estudio y Conservación de la Sierra de Chiva, nos complace anunciar que con permiso de sus propietarios/as hemos presentado nuevamente una garrofera del catálogo que realizamos y, hemos repetido el éxito de años anteriores. En 2022, obtuvimos un accésit, en 2023 logramos el primer y tercer premio, y aunque decidimos no participar en 2024 para no ser abusones, este año hemos vuelto a alcanzar el máximo galardón de:

MEJOR ALGARROBO DE ALGARROBO DE ESPAÑA 2025
     Es importante resaltar que no consideramos este reconocimiento como un concurso, ya que cada árbol es único y posee su propia singularidad. Sin embargo, estas iniciativas son esenciales para valorar el arbolado antiguo, especialmente los algarrobos centenarios, que lamentablemente siguen desapareciendo, llevándose consigo una parte de nuestra esencia cultural y del paisaje. La acumulación de premios en tan poco tiempo refuerza el lema de nuestro proyecto desde el 2010: "Chiva, el País de las Garroferas Centenarias". Como hemos mencionado en numerosas ocasiones, nuestro territorio alberga una de las mayores concentraciones de algarrobos centenarios en el mundo. Sin embargo, es preocupante la falta de atención por parte de las administraciones hacia este patrimonio único, que podría aportar innumerables beneficios a nuestro municipio.
     Además de este reconocimiento tan especial, el propietario del algarrobo recibirá un galardón, un diploma y una importante cantidad económica, en agradecimiento a su dedicación y en cierta forma como homenaje a las mujeres y hombres que contribuyeron a preservar estos exclusivos monumentos vivos.

Características:
Edad aprox.: +500 años
Variedad: ‘MATALAFERA’ (sexo femenino)
Perímetro tronco a 1,30 m del suelo: 7,16 m.
Altura: 6,50 m.
Perímetro de la base: 7,55 m.
Diámetro de la copa: 12,60 m.

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23 diciembre 2025

CLEMENTE ÁRVAREZ, en "El País", julio-2025
La muerte sin llamas de los árboles: investigadores advierten de la degradación de los bosques por el clima

Aunque se presta más atención a los incendios, en zonas como Cataluña la sequía ha impactado desde 2012 en tantas hectáreas como las que han ardido en 40 años.

Árboles muertos por la sequía en las montañas de Prades en Tarragona (Cataluña), en una imagen cedida por CREAF

En un árbol, el primer síntoma de que algo va mal por la sequía o las altas temperaturas es el cambio de color, ocurre porque cierra sus estomas (los poros de las hojas) para evitar perder agua y esto reduce la fotosíntesis. Luego llega la pérdida de hojas, la defoliación, y si se agrava la situación, puede producirse la muerte. Este es un fenómeno difícil de medir en las masas forestales del país, pues algunas veces, con la llegada de las lluvias los ejemplares se recuperan, y otras quedan moribundos, sentenciados, pero tardan años en sucumbir. Aun así, los episodios recientes de muerte masiva de ejemplares en Cataluña, Comunidad Valenciana o Murcia han mostrado la magnitud de un proceso que se espera vaya amplificándose con la crisis climática y que tiene importantes implicaciones tanto para el paisaje como, en los casos más extremos, para el futuro de los bosques y los numerosos servicios ambientales que proporcionan (en forma de biodiversidad, madera, alimentos, absorción de CO₂, regulación de cursos del agua, protección del suelo...).

Josep Maria Espelta, científico del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), asegura que en cerca de una década, de 2012 a 2023, la sequía en Cataluña afectó de forma significativa a un 10% de su superficie forestal, uno de cada diez árboles. Esto no incluye solo árboles muertos, por la complejidad para confirmar su fin, sino también ejemplares con afecciones de decoloración o defoliación que se cree están relacionadas con el clima extremo. Según recalca, esto supone unas 120.000 hectáreas, una cifra similar a la superficie quemada en 40 años en esta comunidad.

     “Hoy en día somos muy conscientes del problema de los incendios, pero no lo tenemos tan integrado con la sequía”, incide el biólogo. “Obviamente, la perturbación no es de la misma magnitud, pues el fuego suele destruir toda la cubierta vegetal, pero la afección por las sequías es muy preocupante, no estábamos acostumbrados a ver masas tan grandes de árboles muertos o moribundos”.

Existen diferentes iniciativas que monitorean la situación de las masas forestales del país. Las más amplias son las redes de seguimiento que lleva el Ministerio para la Transición Ecológica, dentro del programa ICP-Forest, un proyecto europeo puesto en marcha en 1985 como consecuencia de la gran alarma provocada en aquellos años por el deterioro de los bosques del norte del continente a causa de la lluvia ácida (problema en este caso originado por la contaminación atmosférica). El informe de 2024 de la denominada red de nivel I, señala que la mayoría de las especies arbóreas presentan defoliaciones medias “ligeras”, pero considera notable el número de variedades con una pérdida de hojas superior al 25% en su copa (en comparación con un ejemplar con un follaje ideal), entre ellas, las especies de carácter más mediterráneo como el alcornoque, la encina, el quejigo, el acebuche, el pino carrasco y la sabina albar. Este trabajo concluye también que la principal causa de este decaimiento es la sequía, seguido de los insectos. Y, a partir de estos mismos registros de la red de nivel I, el último dossier del ICP-Forest muestra unos gráficos de evolución desde 1990 que, en el caso de España, reflejan un cada vez mayor deterioro de los bosques por este proceso de defoliación.

El seguimiento de las redes del ICP-Forest destaca por su amplitud en el territorio y continuidad en el tiempo, pero acerca solo una parte de la realidad, pues no monitorea el conjunto de los bosques sino una selección. En concreto, en España, 620 parcelas repartidas por todo el territorio que comprenden unos 14.880 árboles, una cantidad pequeña en comparación con los 7.000 millones de ejemplares estimados para todo el país hace unos años. Sobre todo, para rastrear los muertos.

Los incendios forestales tienen una alta repercusión social, el decaimiento de los bosques no tiene el mismo impacto, es mucho más silencioso, pero está ahí, es algo que está debilitando los bosques y que puede provocar cambios en el paisaje, como la transición de especies, por ejemplo”, comenta Mireia Banqué, también investigadora del CREAF y coordinadora de Deboscat, una red de seguimiento de los bosques en Cataluña. Aunque todavía no han hecho públicos sus datos de 2024, esta ambientóloga incide en la mejoría del estado de las masas forestales en esta comunidad desde las lluvias otoñales del año pasado. Muchos ejemplares de especies de frondosas o planifolias (con hojas planas, como las encinas) que parecían moribundos, y que habían teñido de marrón laderas enteras, han vuelto a brotar. Sin embargo, no ha ocurrido lo mismo con las coníferas (con hojas en forma de aguja, como los pinos). “Cuando las coníferas sufren este proceso de decoloración y defoliación, no pueden sacar nuevos brotes. Si un pino tiene la copa marrón, está sentenciado”, detalla.

Acaben muriendo o no los árboles que han perdido su color verde, para Banqué lo significativo es el decaimiento general. A una escala más pequeña, la red Deboscat sí monitorea todos los bosques de Cataluña. No obstante, con apenas 13 años de existencia, no cubre un periodo de tiempo suficientemente grande para detectar tendencias. Aun así, la investigadora tiene claro que algo está cambiando. “Sin tener datos empíricos, la gente que vive en el territorio sí percibe que los pinos tienen copas menos frondosas”, destaca. “Si te fijas un poco o si vives cerca del entorno más rural, es fácil darse cuenta que hay muchos más árboles muertos que hace 10 años”.

Paloma Ruiz es profesora del departamento de Ciencias de la Vida en la Universidad de Alcalá y una de las coordinadoras de la Red Española de Seguimiento del Decaimiento Forestal. Esta iniciativa, creada hace solo un año, a través de la Asociación Española de Ecología Terrestre, no toma mediciones sino que busca poner en común el trabajo de los especialistas que trabajan en este campo. Esta ambientóloga incide también en la dificultad para evaluar la degradación de los bosques y relacionarlo con factores climáticos como la sequía o las altas temperaturas. Sin embargo, ella misma ha publicado junto a otros investigadores distintos trabajos que apuntan en este sentido. A partir del Inventario Forestal Nacional, que da una detallada radiografía de los bosques cada 10 años, han mostrado cómo están cambiando los patrones de mortalidad y daños en las florestas mediterráneas y cómo en esto está resultando determinante la cada vez mayor intensidad de las sequías. En un último trabajo publicado de forma reciente también ponen de manifiesto una marcada disminución de la productividad forestal debido al cambio climático y cómo los eventos extremos climáticos inciden de forma diferente entre regiones, afectando a múltiples funciones ecosistémicas. “Es muy importante que haya redes de investigación en aquellos sitios en los que se están produciendo eventos de decaimiento, en los que un alto porcentaje de árboles muere o decae, para entender qué está pasando”, subraya Ruiz.

Si bien la muerte de una porción de los árboles forma parte del proceso de reajuste natural de los bosques al calentamiento del planeta, para el biólogo Josep Maria Espelta “lo ideal sería poder acompañar a las masas forestales en esta adaptación, para que sea lo menos traumática posible tanto para el monte como para nosotros”. Una forma de hacerlo es aumentando la gestión forestal en algunas zonas, para disminuir la densidad de árboles (reduciendo la competencia entre ellos) y dotar a los bosques de una mejor estructura. No obstante, para este investigador, esto no basta y resulta también necesario sustituir árboles: “En la península Ibérica tenemos muchas especies que se encuentran en el límite sudoccidental de su área de distribución, como el haya, el pino albar, el pino silvestre, el abeto. Con el cambio climático, hay muchas poblaciones de árboles que probablemente ya están fuera de lo que serían sus condiciones climáticas adecuadas”.

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20 diciembre 2025

UNIVERSIDAD DE CÓRDOBA, Escrito por UCC+i
La migración de las aves puede dispersar semillas a más de 500 kilómetros

La Universidad de Córdoba participa en un estudio que demuestra el papel de especies frugívoras, como el zorzal, en la distribución de plantas y la supervivencia de poblaciones vegetales
     Las aves migratorias frugívoras tienen una enorme capacidad para dispersar semillas a largas distancias: al consumir frutos carnosos para alimentarse de su pulpa, defecan o regurgitan sus semillas, proporcionando a las plantas servicios de dispersión a cambio del alimento recibido en una relación mutualista. Especies como el zorzal común (Turdus philomelos) son capaces de transportar semillas a más de 500 kilómetros durante su migración, un proceso ecológico que puede ser crucial para explicar la distribución de las plantas, la colonización de islas oceánicas, la supervivencia de poblaciones vegetales en paisajes fragmentados por la actividad humana o la respuesta de las plantas al cambio climático. 
     Así lo pone de manifiesto un trabajo publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B por personal investigador de la Universidad de Cádiz (UCA), la Universidad de Córdoba (UCO), la Universidad de Glasgow de Reino Unido, la Universidad de Marburg en Alemania y la Fundación Migres, que ha empleado datos de los vuelos migratorios, tiempos de consumo de frutos y de retención de semillas en el tracto digestivo de las aves para desarrollar modelos matemáticos que permiten simular su dispersión. Los resultados muestran que la dispersión de semillas facilitada por la migración de especies como el zorzal puede alcanzar distancias extraordinarias, promoviendo cientos de miles de eventos de dispersión de semillas a más de 100 kilómetros cada año. 
     Para dar seguimiento a los vuelos migratorios de las aves, los científicos equiparon con dispositivos GPS satelitales a zorzales en diferentes puntos de Europa. En concreto, llevaron a cabo campañas de marcaje en la campiña de Cádiz, para el seguimiento de la migración primaveral hacia al norte; y en la isla de Heligoland (Alemania), la península de Falsterbo (Suecia) y el cabo Ventės (Lituania), para seguir la migración otoñal hacia el sur. Hay que tener en cuenta que los zorzales migran de noche, iniciando la mayor parte de los vuelos migratorios pocos minutos después de la puesta de sol. En paralelo, experimentos realizados en el Zoobotánico de Jerez (Cádiz) permitieron obtener información sobre los tiempos de retención de semillas en el tracto digestivo de las aves.
     "La dispersión de semillas por aves en migración contrasta con las distancias mucho más cortas que alcanzan las semillas cuando son dispersadas por movimientos no migratorios de estas mismas aves, es decir, durante su estancia en las zonas de invernada, de cría, o en las pausas que realizan durante la ruta migratoria", comenta Claudio A. Bracho-Estévanez, investigador que lideró este trabajo como parte de su tesis doctoral, realizada en la Universidad de Cádiz, y actualmente contratado por la Universidad de Córdoba. En dichos casos, "las semillas rara vez son dispersadas a más de un kilómetro de distancia de la planta dónde las aves consumieron los frutos".
     Otros animales como los zorros, las garduñas o los primates no humanos también contribuyen a la dispersión de semillas, pero a distancias máximas mucho menores, generalmente por debajo de los 10 kilómetros. Solo algunas aves acuáticas migratorias, como las anátidas (patos y gansos), pueden facilitar distancias de dispersión de semillas comparables a las de aves como los zorzales durante su migración. "Este trabajo pone de manifiesto hasta qué punto la migración de las aves es un poderosísimo motor para la dispersión de las plantas a grandes distancias, conectando ecosistemas separados por centenares de kilómetros" indica Pablo González Moreno, coautor del estudio e investigador Ramón y Cajal de la UCO y el IISTA. 

No todas las plantas llegan igual de lejos
     
Este hallazgo adquiere una importancia especial en el contexto actual de cambio climático, ya que el servicio de dispersión de semillas que brindan aves como los zorzales durante su migración puede ser clave para preservar plantas en regiones fuertemente transformadas por la acción humana. A medida que las temperaturas aumentan, muchas especies vegetales dependen de las aves migratorias para dispersar sus semillas hacia regiones más frías. Sin embargo, no todas tienen las mismas oportunidades en esta carrera por redistribuirse: el estudio también revela que no todas las especies de plantas se benefician por igual de este fenómeno. Las especies con semillas más pequeñas, al permanecer más tiempo en el tracto digestivo de las aves, tienen mayor probabilidad de ser transportadas una vez comienzan los vuelos migratorios y a mayores distancias. En plantas como el tejo, solo el 0,1% de las semillas serían dispersadas a más de 50 kilómetros por zorzales en migración. Sin embargo, en plantas como el madroño, con semillas más pequeñas, la misma fracción alcanzaría distancias superiores a 138 kilómetros. 
   
 "Este trabajo pone de manifiesto la importante función ecológica que las aves frugívoras migratorias desempeñan cada año, contribuyendo a la adaptación y a la resiliencia de los ecosistemas frente a los cada vez más frecuentes cambios ambientales a los que están sometidos. Paradójicamente, las aves frugívoras dispersoras de semillas (zorzales, mirlos, petirrojos, currucas, colirrojos, papamoscas) son grandes desconocidas para la sociedad y ampliamente ignoradas en las políticas medioambientales destinadas a gestionar, restaurar o conservar los ecosistemas", explica Juan P. González-Varo, profesor del Departamento de Biología de la Universidad de Cádiz e investigador principal del proyecto MIGRANTSEEDS.

Referencia: Bracho Estévanez C.A., Morales J. M., González-Moreno P., Onrubia A., Rösner S.,González-Varo J.P. 2025. How far can frugivorous birds disperse seeds during migration? Proc. R.Soc. B 292: 20251545. https://doi.org/10.1098/rspb.2025.1545

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17 diciembre 2025

PAULA MATEU, (en La Vanguardia, jul-2024)
Los árboles captan metano de la atmósfera, al contrario de lo que se creía hasta ahora

Los investigadores continúan su estudio en Catalunya, en zonas del Montseny u otras del Prepirineu. Autor: Galdric Mossoll
El metano es, junto con el dióxido de carbono (CO₂), uno de los gases que más contribuyen al calentamiento global; y hasta ahora, se había considerado al suelo como el único reservorio terrestre capaz de captar este gas. Sin embargo, una nueva investigación liderada por la Universidad de Birmingham, con la participación del Creaf, ha descubierto que los árboles también pueden captar metano gracias a unas bacterias que habitan en su corteza.
     Según apuntan los autores de este estudio, publicado en Nature, su hallazgo podría cambiar el paradigma de los planes de reforestación y conservación que, hasta ahora, únicamente contemplaban la capacidad de los bosques para secuestrar dióxido de carbono.
     La mayoría de estudios suelen medir los flujos de metano en el primer metro del tronco, donde los árboles sí emiten este gas hacia la atmósfera. Pero, en esta investigación, se realizaron mediciones también a mayor altura y se observó que, aproximadamente a partir del metro y medio, las bacterias que viven en la corteza absorben mucho más metano del aire del que que se libera a la atmósfera.
     Josep Barba, investigador del Creaf y coautor del estudio, explica que, para entender el fenómeno, es útil pensar en los árboles como “chimeneas” que canalizan el metano de las capas profundas del suelo a través del tronco y lo liberan por la corteza. "Así, conforme se alcanza mayor altura, queda menos metano en el interior del tronco”, aclara Barba. El investigador defiende que, probablemente, la gran contribución del artículo sea desmentir la creencia anterior de que los árboles podían estar emitiendo metano a la atmósfera, “un gas de efecto invernadero, mucho más potente que el CO₂ (28 veces más potente) y que es responsable de una cuarta parte del calentamiento global”.
     "El primer mensaje, por lo tanto, es que los árboles no emiten metano y que, además de todos los beneficios que ya conocíamos, ahora sabemos también que captan este gas”, declara Barba en una entrevista para La Vanguardia.
     En el caso de las estrategias de reforestación, las conclusiones de este estudio también pueden suponer un cambio de visión, sobre todo en lo que respecta a los 'nuevos bosques'. Compuestos por árboles jóvenes, estos bosques no resultan demasiado eficientes como sumideros de carbono, porque tienen poca biomasa.
     Sin embargo, en el caso del metano, lo importante no es lo maduro que sea un bosque, sino la superficie de la corteza que interacciona con la atmósfera, “así que a pesar de que los árboles sean jóvenes, si hay muchos, hay mucha superficie de tronco expuesta y el potencial para captar metano de la atmósfera es alta”, explica Barba.
     En este sentido, Barba considera que este enfoque puede ser muy interesante si se tiene en cuenta el tiempo de residencia de los distintos gases en la atmósfera; porque mientras que el dióxido de carbono permanece durante varias décadas, el metano tiene un tiempo de residencia mucho más corto, de días o semanas.
     “En consecuencia, las políticas que implementemos para reducir el CO₂ no tendrán efectos visibles en las temperaturas hasta dentro de varias décadas“, presenta Barba, y puntualiza: ”en el caso del metano, sin embargo, veríamos resultados en un plazo de tiempo mucho menor, de ahí que pudiera ser también una opción interesante".
     Por otra parte, Vincent Gauci, investigador de la Universidad de Birmingham y autor principal del estudio, argumenta que, según los resultados, “plantar más árboles y reducir la deforestación” deben ser componentes clave para lograr el objetivo de reducir las emisiones de metano en un 30% para finales de la década, como se estableció en el Compromiso Mundial contra el Metano de 2021.
     Barba, no obstante, deja espacio para una última precaución: si bien es cierto que el artículo demuestra un mismo patrón respecto a la emisión y la captación de metano en árboles de ecosistemas muy importantes, los autores no esperan, todavía, impactar directamente sobre los planes de gestión.
     “Nuestra investigación se ha realizado en ubicaciones concretas y lo que esperamos, es que esto genere más estudios en otros lugares; y si vemos que, efectivamente, el impacto se cumple en todos ellos... Entonces sí, el impacto que podríamos tener sobre las políticas de reforestación y de gestión forestal podría ser muy real”, cierra Barba.
 
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https://www.creaf.cat/es/articulos/los-arboles-captan-metano-de-la-atmosfera-gracias-los-microorganismos-que-habitan-en-su-corteza
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14 diciembre 2025

ARIADNA MARRERO , en "EL DÍA"-marzo2022
‘Bárbol’, el cedro que ha vivido seis erupciones en el Teide, ha entrado en la historia


Los investigadores del Parque Nacional que hallaron el árbol más viejo de Europa quieren recuperar las poblaciones de esta especie.

José Luis Martín Esquivel, biólogo del Parque Nacional del Teide, recibió en septiembre una llamada de su compañero investigador José Miguel Olano. «Me dijo que me sentara para que no me cayera de la impresión», rememora Esquivel. Aquel cedro remoto y agarrotado que habían encontrado en el hueco de una pared volcánica del Parque Nacional tenía una edad increíble. La investigación determinó que tiene al menos 1.481 años. Es decir, nació en el 541. Faltaban todavía 955 años para que los castellanos conquistaran Tenerife y los guanches ya poblaban la Isla. «Es probable que tenga más años, ya que no es seguro que hayamos llegado al núcleo, dada la geometría del tronco», precisa Esquivel.

     Este ejemplar de Juniperus cedrus, apodado por los investigadores como Bárbol, es el árbol más antiguo de Europa. Se encuentra en la zona sur del Parque Nacional del Teide. El 23 de noviembre de 2021 se publicó en la revista científica Ecology de la Ecological Society of America el estudio que demuestra que Bárbol es el ejemplar más longevo del viejo continente. El análisis fue realizado por un equipo de biólogos del Parque Nacional del Teide, junto con un grupo de investigadores del Instituto Universitario de Gestión Forestal Sostenible de la Universidad de Valladolid y la Universidad Rey Juan Carlos I.
     La investigación, liderada por José Miguel Olano, determinó que Bárbol desbanca al pino popularmente apodado como Adonis de 1.081 años, que se encuentra en Grecia. Los árboles de mayor antigüedad, en su gran mayoría, no son los ejemplares más voluminosos. Por ello, José Luis Esquivel y su equipo comenzaron a investigar la antigüedad de los cedros de dimensiones más pequeñas. El desencadenante de este estudio fue otro cedro del Teide conocido como El Patriarca. A este Juniperus cedrus de más de 1.000 años se le realizó una primera prueba. Se tomó una muestra de 12,5 centímetros y luego otra de la parte central del tronco para datarlo mediante la técnica de Carbono 14. El Patriarca tenía 1.118 años.
     Tras el descubrimiento, Esquivel y el equipo de expertos del Parque pensaron que podía haber más ejemplares de una extraordinaria antigüedad en la cima de Tenerife. Por ello, contactaron con Javier Martín Carvajal, coautor de la investigación y escalador. Le preguntaron si había visto en sus escaladas cedros de las características de El Patriarca. Martín Carvajal apuntó una treintena. Fue en esa búsqueda en la que apareció Bárbol.
     El nombre escogido por el propio Esquivel y el resto del equipo científico procede de un personaje con forma de árbol de El Señor de los Anillos. Esta figura es el guardián de Fangorn, uno de los bosques más antiguos del universo ficticio de la saga. Por esta razón consideraron que era el nombre más adecuado para el ejemplar. Siguieron los mismos pasos que con El Patriarca y descubrieron que era el abuelo de los abuelos de entre estos cedros milenarios. Bárbol, desde su privilegiada atalaya, encaramado a una grieta, ha vivido las últimas seis erupciones volcánicas del Teide: las de los años 1492, 1704, 1706, 1798 y 1909. 

     Es el típico cedro de tronco curvado. Además, tal como afirma José Luis Esquivel, doctor en Biología y funcionario del Gobierno de Canarias con más de 30 años de experiencia, «en algún momento de su larga vida, una piedra cayó sobre él y casi lo parte». De ahí que su estructura esté «más arqueada de lo normal». Su tamaño no pasa de los 7 metros. Es posible que algunas capas internas se hayan descompuesto por el paso de tantos años. Este singular cedro, al igual que El Patriarca, es hembra. Ha vivido en condiciones extremas y encontrarlos es «muy complicado», señala el biólogo del Parque Nacional del Teide, «ya que se encuentran en zonas acantiladas».
     Tras emplear el Carbono 14, los investigadores analizaron el ADN para determinar si en épocas tan remotas había otros cedros como estos. Sí los había en las Cañadas. Con la llegada de los primeros humanos a la Isla -los bereberes comenzaron a llegar a Tenerife en torno al siglo V antes de Cristo-, las poblaciones de estos Juniperus cedrus empezaron a desaparecer. Los guanches utilizaban la madera de los cedros para diferentes usos cotidianos. El peor momento se produjo a partir de la conquista de Tenerife, en 1496. También influyó el pastoreo de las cabras.
     Todos estos datos se empezaron a conocer a partir de la declaración de la cima de la Isla como Parque Nacional en 1954. Ya desde las primeras investigaciones exhaustivas, a los biólogos les llamó la atención la aparición de cedros jóvenes. Tras estudiarlos, determinaron que estos ejemplares, que se encontraban a la mayor altitud, desprendían semillas que se dispersaban por todo el espacio. Estos ejemplares han pasado a estar protegidos y se recuperan lentamente.
     Tras el descubrimiento de la edad de Bárbol, los biólogos del espacio natural han elaborado una estrategia: mediante la migración asistida en la zona de las Cañadas, quieren formar un cinturón de cedros, similar al que había antes de la llegada de los humanos. Tienen previsto comenzar con la repoblación a finales de este año. «Los cedros son termófilos; es decir, pueden soportar un clima con condiciones extremas, con lo que se adaptarían muy bien al entorno», concluye José Luis Esquivel, uno de los pocos privilegiados que ha visto a Bárbol en su recóndita guarida del Teide.

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11 diciembre 2025

ECOECOBLOG MPC (nov.2020)
Shinrin yoku, la práctica japonesa de darse un baño en el bosque

El shinrin-yoku (baño de bosque en japonés) es una práctica que consiste en pasear por el bosque de una forma meditativa y pausada. El concepto está inspirado en el sintoísmo y en el budismo, que veneran los espíritus de la naturaleza y por lo tanto consideran los bosques como el reino de lo divino. En los tiempos que corren, parece que esa necesidad de conectar con la naturaleza se agudiza.

     El shinrin-yoku, además, desde la década de los 80 forma parte de un programa de salud nacional que consiste en conectar con la naturaleza. Se calcula que al menos dos millones y medio de japoneses participan cada año este programa, en el que los guías o terapeutas forestales. A través de estos guías quien participa aprende a dedicar tiempo a experimentar sensaciones, a respirar profundamente, a percibir aromas, a sentir el contacto del aire, a descubrir texturas…
     El lugar donde más estudios se han realizado para analizar los beneficios de esta práctica en la salud es Japón (Yoshifumi Miyazaki es uno de los investigadores más conocidos). Pero no el único. La Universidad de Michigan ha hecho varios descubrimientos, como la Universidad de Stanford o la de Bristol. Tal y como ya comentábamos en nuestro post “Dese un baño en el bosque”, la bibliografía que existe a nivel internacional es amplia y entre las conclusiones que se extrae de ella destaca que:

  • Frente a paseos que podemos dar en la ciudad, esta clase de paseos forestales permiten que los niveles de la hormona del estrés cortisol bajen en un 12,4%.
  • La presión arterial también puede llegar a bajar un 1,4%.
  • En algunos de los estudios realizados (Salud y Estudios de Campo de Chiba University), la incidencia de infartos se redujo en un 5,8%.
  • El contacto con la naturaleza aumenta la actividad en áreas del cerebro vinculadas con la empatía y las emociones.
  • Los baños forestales aumentan el nivel de las llamadas células NK, sigla de natural killers o asesinas naturales, un tipo de glóbulo blanco que permite combatir enfermedades.
  • Estas caminatas pueden tener un efecto reparador en nuestra habilidad para concentrarnos y recordar cosas.
  • Se reduce la ansiedad y la depresión.
     Pero ¿cómo es esto posible? Según estudios científicos los responsables de gran parte de estos beneficios son los aceites naturales llamados fitoncidas; unos aceites que los árboles utilizan para combatir los hongos, bacterias e insectos. La concentración de esta sustancia aumenta en el aire a medida que suben las temperaturas, y desprende unos compuestos orgánicos aromáticos y volátiles, conocidos como terpenos que el ser humano percibe por el olfato.
     Aunque la mejor forma de experimentar lo descrito es acudir a un espacio forestal natural, no hay que olvidar que el contacto con la naturaleza, y los beneficios que de ello se desprende, también puede darse desde el propio centro urbano.
      Por ejemplo, un estudio del investigador Roger Ulrich concluyó que las vistas a un espacio natural desde una ventana pueden ayudar al paciente a recuperarse más rápidamente.
      Dar paseos cortos por el parque durante la hora de comer puede ayudarnos a desconectar del estrés laboral, mientras nos invita a disfrutar de un momento sin prisa. Visitar un jardín botánico con todos los sentidos abiertos puede ser también una buena opción para sentir el pulso de la naturaleza. Por último, participar en un huerto urbano nos permitirá interactuar con una tierra y con unas plantas que tienen mucho que enseñarnos.
     Y dentro del hogar no hay duda que cuidar plantas o incluso crear un jardín vertical pueden contribuir a que alcancemos ese bienestar que buscamos.

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08 diciembre 2025

De la quina al gin-tonic

El MUNDO DE LA QUININA

Segundo escudo del Perú de 1825

Primer escudo peruano de 1821

Cinchona officinalis


La primera versión del escudo nacional del Perú fue diseñada por el general José de San Martín y aprobada mediante decreto en Pisco el 21 de octubre de 1821. Vemos lo importante que fue el mundo de la quina cuando el 25 de febrero de 1825, Simón Bolívar y el Congreso Constituyente promulgaron una ley que definía nuevos símbolos patrios, estableciéndose un nuevo escudo nacional, similar al que se emplea actualmente, donde figura el árbol patrio de la quina (el mundo vegetal), junto a una vicuña (el mundo animal) y una cornucopia que derrama oro (el mundo mineral). 
     La corteza de quina, también llamada corteza jesuita o corteza peruana, es el nombre histórico del remedio específico para evitar todas las formas de la malaria. Se dio este nombre porque se obtuvo de la corteza de varias especies del género Cinchona, de la familia Rubiaceae, originaria de las regiones orientales de los Andes del Perú, descritas e introducidas por primera vez por sacerdotes Jesuitas haciendo trabajo misional en Perú. Otros términos que refieren a la preparación y su fuente son, "árbol Jesuita", "polvo Jesuita" y "Pulvis Patrum". Es patrimonio natural y símbolo patrio del Perú.
     Los incas conocían las propiedades medicinales de las plantas que crecían en los Andes y en la selva amazónica, entre ellas el árbol que producía la amarga corteza que utilizaban como antipirético (reduce la fiebre), analgésico (alivia el dolor), lupus (enfermedad autoinmunitaria), y para tratar trastornos como calambres musculares y artritis reumatoide. La palabra quechua kina significa corteza, pero esta corteza se conocía asimismo con el nombre de kina-kina, "corteza de cortezas", dando así origen al nombre quinina. Cuando los europeos portaron la malaria a América, los pobladores se dieron cuenta de que una de sus medicinas tradicionales, la quina o corteza del quino, ofrecía alivio a los síntomas de esta enfermedad, de ahí que la quinina se utilizara como antipalúdico, para tratar la malaria. Algunos consideran a la corteza de cheta como nombre originario de la quina, “la más importante planta medicinal de ultramar”.
     El nombre chinchona, así como el nombre científico del género Cinchona, procede de la condesa de Chinchón (esposa de un virrey en Perú, Luis Fernández de Cabrera), quien en 1632 se recuperó de una malaria gracias a esta corteza, lo cual, según la tradición, daría a conocer la quinina en Europa. Debemos apuntar que en España se erradicó la malaria tan solo en el año 1964.
     La forma de la quinina más eficaz en el tratamiento de la malaria fue encontrada por Charles Marie de La Condamine en 1737. La quinina se aisló y fue nombrada en 1820 por los investigadores franceses Pierre Joseph Pelletier y Joseph Bienaimé Caventou.
     Antes de 1820, la corteza se secaba primero, se molía en un polvo fino y después se mezclaba en un líquido (comúnmente vino) que era entonces bebido.
     Alrededor de 1870, la empresa de Jacob Schweppe lanzó la primera tónica comercial, agua carbonatada con quinina, consolidando la bebida. En la India colonial británica los soldados mezclaban ginebra, un alcohol relativamente barato, con agua tónica que contenía quinina para hacer el medicamento más apetecible. La adición de limón o lima por sus propiedades antiescorbúticas, añadió un toque cítrico que perdura hasta hoy. La comercialización de agua tónica por parte de empresas como Schweppes, consolidaron la bebida como el popular cóctel que conocemos.
     La tónica, aparte de aportar energía por su contenido en quinina, tiene ciertas propiedades: induce la secreción refleja de las glándulas salivares y gástricas, a la que sigue una vascularización de la mucosa gástrica y cierto grado de actividad de la pared muscular del estómago; de esta forma se refuerza el apetito y la digestión resulta más "rápida y completa", confiriendo a la tónica sus propiedades digestivas.
     El gin tonic se popularizó en la élite británica y se extendió por todo el mundo. Con el tiempo, la cantidad de quinina en la tónica disminuyó, transformando el gin tonic, de una medicina, a un cóctel popular, disfrutado por su sabor refrescante.
     El quino siguió siendo la única fuente útil de quinina hasta la segunda guerra mundial cuando se intensificaron los esfuerzos para lograr su síntesis. Los químicos americanos R.B. Woodward y W.E. Doergin lograron sintetizarla en 1944. Desde entonces, se han conseguido otras síntesis totales más eficaces, pero ninguna de ellas puede competir a nivel económico con las técnicas de aislamiento y purificación del alcaloide a partir de fuentes naturales, lo que ha llevado a la planta a estar en peligro de extinción. Hoy en día, la Cinchona officinalis está amenazada no sólo por la sobreexplotación histórica sino también por los métodos de extracción de corteza que a menudo matan a los árboles.

Información:
https://es.wikipedia.org/wiki/Escudo_del_Per%C3%BA
https://es.wikipedia.org/wiki/Corteza_de_quina
https://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_la_malaria
https://es.wikipedia.org/wiki/T%C3%B3nica_(bebida)
https://es.wikipedia.org/wiki/Quinina#:~:text=La%20quinina%20o%20chinchona%2C%20C,por%20esta%20sustancia%20produce%20cinconismo.&text=(25%20%E2%84%83%20y%201%20atm,la%20adulteraci%C3%B3n%20de%20la%20hero%C3%ADna.

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05 diciembre 2025

Los Royal Oaks, del narrador de historias

TOMÁS CASAL PITA
The Royal Oak
 
El Royal Oak era el roble inglés en el que se escondió el futuro rey Carlos II de Inglaterra para escapar de los soldados de Oliver Cromwell tras la batalla de Worcester, en 1651, durante la guerra civil inglesa. En esta huída tubo de esconderse de sus perseguidores en el roble. Carlos II hizo un viaje a pie de algo más de 1.000 km hasta conseguir escapar del país (a donde regresaría ya como rey en 1660), y fue ayudado por los hermanos Penderels (estos recibieron una asignación anual, que aún se paga en la actualidad) y el coronel Careless. A ambos se les concedió un escudo de armas, representado por un roble y tres coronas reales, diferenciadas sólo por el color.
    Carlos le dijo a Samuel Pepys en 1680 que mientras estaba escondido en el árbol, un soldado parlamentario pasó directamente debajo de él. (Samuel Pepys fue secretario del Almirantazgo inglés y su diario es una combinación de revelación personal y relatos de testigos presenciales de los grandes eventos de su época). 
     La historia se hizo popular después de la restauración monárquica y se recuerda cada año en las tradiciones inglesas del Royal Oak Day el 29 de mayo, día que, durante muchos años, fue festivo nacional. Actualmente sigue siendo festivo en varias localidades.
     El Royal Oak original ya no existe, era un árbol trasmocho de edad desconocida, que crecía en el bosque próximo a la casa Boscobel. Al parecer fue destruido durante los siglos XVII y XVIII por turistas que cortaron ramas y trozos como recuerdo. En la actualidad otro árbol recibe ese nombre, del que se cree que es un descendiente del original de doscientos o trescientos años.
     Se le conoce como 'Hijo de Royal Oak'. En 2000, este hijo del Royal Oak resultó gravemente herido durante una violenta tormenta y perdió muchas ramas. En septiembre de 2010, se descubrió que tenía grandes y peligrosas grietas. Desde 2011 está rodeado por una valla perimetral exterior para garantizar la seguridad de los visitantes. El campo en el que se encuentra el árbol es propiedad privada, pero se permite el acceso del público a lo largo de un camino desde el jardín de la casa. Tres descendientes de tercera generación del Royal Oak se han plantado ceremonialmente cerca: uno en 1897, para celebrar el aniversario de la Reina Victoria, otro en 1951, para celebrar el tricentenario de la fuga de Carlos II y un tercero en 2001 por el príncipe Carlos de Inglaterra. Además de estos, cada año se venden numerosos plantones en la tienda de la casa Boscobel, todos ellos con certificado de ser nacidos de bellotas del “hijo del Roble Real”. 
    Este árbol tiene tal importancia en la historia británica que multitud de lugares y cosas (escuelas, estaciones, empresas, relojes, etc.) han recibido el nombre de “Royal Oak”. Por ejemplo, The Royal Oak es el tercer nombre más común entre los pubs de Gran Bretaña y han existido hasta ocho buques de guerra de la Marina Real llamados ”Royal Oak”.
 
 
 
         Pero también existe otro roble llamado “Royal Oak” o roble de Meavy, situado en el pueblo de ese nombre en el condado de Devon, del que se conoce su existencia documentada al menos desde el reinado del rey Juan (1166-1216). También la leyenda supone que en él se escondió el rey Carlos, aunque no está cerca del teatro de los sucesos de 1651 (con las leyendas uno nunca sabe cuánto hay de cierto). Se sabe que su tronco hueco sirvió como tienda de turba. El anticuario, sacerdote y folclorista Sabine Baring-Gould (1834-1924) dejó anotado que el árbol era antiguamente un árbol sagrado y que la cruz del pueblo fue colocada a su sombra para consagrarlo y poner fin a los ritos supersticiosos. Este árbol es la pieza central de la Feria anual del Roble de Meavy, que se celebra el tercer sábado de junio. Una revisión del mismo en 2019 reveló que el árbol se encuentra en una "etapa muy avanzada de declive", con el tronco decaído luchando por soportar el peso de las ramas. Parece, pues, que el roble está en sus años de crepúsculo.
(Mi agradecimiento a Chris Burridge-Barney, por sus fotos y notas del roble de Meavy)

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02 diciembre 2025

LUIGI MARÁEZ (Sevilla)
Álamo viejo

¡Oh! Álamo viejo
último vestigio de mi infancia,
solo a ti te encontrara, sólo,
solo contigo me encontrara. 
 
¡Dónde tus otros compañeros!
donde sus añejas ramas,
sus troncos centenarios
sus raíces ancladas,
donde la infancia guarda
la secreta memoria
de los pájaros sin jaula… 
 
Cual un reverdecido centinela
sobre tu grueso tronco se alza
la memoria centenaria de los años
rodeada tu sombra de edificios
mientras mustio y triste te desangras. 
 
Herido de muerte sombra blanca
te asemejas a un fantasma
que ya se desvanece
para no dejar ni mancha
sobre el suelo gris donde se pierde,
la débil silueta de éste que te habla. 
 
Aquella boca túnel del camino
aquella frescura de la bóveda sagrada
donde los niños fuéramos siempre,
felices feligreses sin campanas. 
 
¡Dónde ahora está tu templo!
el de la vieja carretera abandonada,
¡Qué hicieron con tu sombra amiga
los actos de la torpeza humana ¡
 
Nadie ha de comprender
el drama de tu sombra triste,
cuando un día el amor fuera refugio
de los besos soñadores…
Solo los amantes y los niños
fueran dignos de habitarte
¡0h! muerta carretera solitaria.
 
¡Álamo viejo! Carcomido…
Ya no crece a tus pies la hierba,
ni el viento mece la alta rama.
Cercenados tus brazos para siempre.
aún bendices sin embargo
la esperanza donde aún te reverdeces. 
 
Como el último estertor de una belleza
te prodigas regalándonos tu muerte,
en este dolor de abrazarte cual si fueras
un crucificado que en madero muere. 
 
He venido a buscarte ¡oh! amigo,
sin saber tu solitaria suerte,
morir aquí sin más memoria
que en la que en ti guardas silente
acaso perdurando más de lo debido
en un mundo que ya no te merece. 
 
Más allá del polvo y las edades
tus compañeros duermen,
se fueron con el vuelo de los pájaros
se fueron con lo que ya no vuelve.
 
También yo como tú, un día,
sin raíz me secaré deshojado.
Inútil esqueleto sin memoria
deshabitado de pájaros.
Tronco arriba tronco abajo
las hormigas te recorren en tu agreste
arrugada corteza de anciano.
 
Ten seguro amigo mío
que en los años que me resten
de seguir viviendo en lo amado
yo nunca habré de olvidarte,
pues en tu hueco sagrado
dejé mi infancia por siempre.
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