martes, 6 de abril de 2021

El más duro, el Guayacán

TOMÁS CASAL PITA
La madera de Guayacán

Ya hace más de 40 años que, junto al resto de mi promoción, inicié mi período de aprendiz en lo que para nosotros siempre fue “la Empresa”, la misma que a lo largo de los siglos recibió diversos nombres desde su fundación como “Reales Astilleros de Esteiro”,  con más de un cuarto de milenio de historia. Precisamente era un astillero el sitio clave para ver y conocer la madera conocida como “Guayacán”, uno de los lugares en los que se empleó durante siglos, pero en la época de nuestro ingreso ya sólo era como un fantasma, del que todos hablaban, pero pocos habían visto. 
     La albura de esta madera es de color claro y el duramen puede variar desde un verde oliva hasta un marrón verdoso oscuro hasta casi negro, a veces con un tono rojizo. El color tiende a oscurecerse con la edad, especialmente con la exposición a la luz. Durante siglos, e importada de América, esta madera había ocupado su sitio en los barcos, hasta llegar a desaparecer sustituida por nuevos procedimientos (como los rodamientos) y nuevos materiales (como el celotex) ¿Qué la hacía especial? Pues varias cosas: es una madera densa y más pesada que el agua, por lo que no flota (posiblemente de las maderas “comerciales” fuese la más pesada, 1,26 Kg/litro), dura y difícil de trabajar, su grano es muy fino y se consigue un acabado extraordinario. Es poco menos que imputrescible, e inatacable por los insectos, altamente resistente a los elementos y sobre todo al roce, motivo por el que se empleaba en las chumaceras de los barcos y también en la fabricación de los engranajes de relojes para ambientes marinos. Esta madera posee de forma natural su propio aceite lubricante que libera conforme se va calentando y que la hacía ser “la joya de la corona”. 
     Decían los viejos en otra época que, de no haber guayacán, debería emplearse madera de olivo y a falta de ambos, la única opción sería la madera de boj. Pero eso fue en otro tiempo. Yo conocí la madera de guayacán, en recortes, porque en el timón de los petroleros ya sólo el celotex. Además de su uso industrial, dónde tiene aplicaciones más allá de los arsenales, durante siglos ha tenido un uso médico. Conocida también como
“lignum vitae” (árbol o madera de la vida) o “palo santo” produce una goma resinosa (la misma que libera luego en caliente) que durante siglos se empleó en medicina, entre otras cosas para tratar la sífilis y determinar la presencia de sangre en las heces. 
     ¿Y de dónde se saca esta madera? Aunque el nombre se otorga a nivel vulgar a varias plantas, los árboles originales son el Guaiacum officinale y el Guaiacum sanctum, árboles perennes, muy ramificados y de lento crecimiento que a duras penas alcanzan los 15 metros de altura, con la copa redondeada, muy frondosa, nativos de América tropical y con amplia distribución en el Caribe. Tienen hojas opuestas y nervadas, compuestas con tres pares de foliolos y flores solitarias, de color azul claro o violeta (flor nacional de Jamaica).       
     Desafortunadamente, el Lignum vitae ha sido explotado al borde de la extinción y ahora es una especie en peligro de extinción, incluida en el Apéndice II de CITES y en la Lista Roja de la UICN. Nunca fue una madera barata, pero hoy en día debe de ser de las más caras del mundo, si su origen es legal, claro.

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