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14 diciembre 2023

La almáciga (y 3), un relato de National Geographic, 2018

LA ALMÁCIGA, EL TESORO DE QUÍOS
Valiosas tradiciones en esta isla griega

María y su nieta del mismo nombre están sentadas en una mesa baja en los escalones de la iglesia de Pyrgi. Delante de ellas hay un montoncito de hojas que van separando y de las que sacan pequeños pedazos de color amarillo pálido: almáciga. Al sol caliente de la isla griega de Quíos, estos pedacitos de resina extraída de una variedad de lentisco son bastante pegajosos.
     Desde su infancia, María pasa el otoño, el invierno y a veces también la primavera, según el volumen de la cosecha, trabajando con la almáciga. "En el pasado, las niñas no iban a la escuela en invierno porque tenían que ocuparse de la almáciga", dice Katharina, quien también se dedica al negocio de esta resina, también conocida como mástique.
     Desde hace mucho tiempo, las ancianas ordenan la cosecha que se recoge con la escoba bajo los arbustos, sacan las bolitas de resina y las trabajan con un cuchillo y con las uñas, asegurando así un ingreso para sus familias.
     Y es que la almáciga es un producto caro. "Esta variedad de resina solo crece en Quíos", dice Ilias Smyrnioudis, director de investigación de la cooperativa de cultivadores de la almáciga en esta isla del mar Egeo oriental. Para ser más exacto: los arbustos, que muchas veces alcanzan la altura de árboles, solo segregan en el sur de la isla su resina, que con el calor se va solidificando para formar trozos blancuzcos.
     La almáciga ya se conoce desde hace decenas de miles de años: en el antiguo Egipto se usaba en el proceso de momificación de los muertos y en muchos lugares también se aprovechaban sus propiedades medicinales para curar el dolor de tripas. "Tiene efectos antibacterianos, antivirales y elimina varios hongos", explica Smyrnioudis, quien tiene un

doctorado en virología.
     Sin embargo, la resina tiene que andar un largo camino antes de que pueda ser vendida por la cooperativa. Los arbustos tienen que tener al menos cinco años para que los campesinos puedan recolectar la resina por primera vez, explica Vasilis Ballas. Este diseñador gráfico abandonó su carrera profesional en Atenas para convertirse en la isla de sus abuelos en recolector de almáciga.
     La cosecha tiene tres momentos: julio, agosto y septiembre. "En julio sacamos el arbusto del sueño profundo", dice Vasilis. Para preparar este proceso hay que esparcir una gran cantidad de creta* alrededor del tronco. "Después, hay que hacer las primeras incisiones en la corteza con un aparato especial". El árbol cura sus heridas segregando la resina, que baja por el tronco hasta que llega al polvo blanco de la creta en el suelo.
     Cuando muchas gotas caen unas junto a otras, se forman trocitos que son más fáciles de recoger y que solo hay que limpiar. Con una escoba, las gotitas se recogen junto con las hojas. "En una gran criba se filtra la mayor parte de la suciedad para que solo queden en ella la almáciga y las pequeñas hojas".
     En la destilería Stoupakis, en la población de Dafnonas, se hace un licor condimentado con almáciga llamado mastika y también al ouzou se agregan extractos de esta resina. "Esta es nuestra receta muy propia, que desde hace más de 100 años es un secreto familiar", dice Manolis Haviaras.
     En la ciudad de Quíos, Nikos Konstandoulakis experimenta una y otra vez con polvo y aceite de almáciga. Este cocinero gestiona una pequeña fábrica donde elabora, entre otras cosas, pasta con almáciga y cítricos, que tienen una larga tradición sobre todo en la pequeña localidad de Kampos. "Los plátanos, los higos y las peras son muy adecuados para ser aromatizados con almáciga", asegura el chef.

*La creta o caliza de Creta es una roca sedimentaria de origen orgánico, blanca, porosa y blanda, una forma de caliza que se usa para la tiza. Su formación es debida a la acumulación de ingentes cantidades de restos de cocolitofóridos, algas microscópicas cubiertas por minúsculas placas de calcita (cocolitos).

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11 diciembre 2023

ALMÁCIGA (2 de 3)

MARGARITA GOKUN, en National Geographic
Quíos, la isla griega célebre por esta resina medicinal

Desde la antigüedad, Quíos ha atraído a los visitantes por la preciada resina de lentisco aromática, que solo crece en esta isla.

Vassilis Ballas y su mujer, Roula Boura, extraen resina de un lentisco en Quíos. Este proceso anual de cultivo de lentisco apenas ha cambiado desde la antigüedad. Fotografía de Eirini Vourloumis, T​he New York Times, Redux
Si caminas por las estrechas calles medievales de Pyrgi, verás que los edificios, los arcos e incluso la parte inferior de los balcones grabados con patrones geométricos intrincados. Ristras de tomates cherri y pimientos secos cuelgan sobre mujeres que repasan unas ramas frondosas tan concentradas como si buscaran diamantes. Buscan gotas de una sustancia viscosa blanca y endurecida: almáciga, una resina natural preciada desde la antigüedad por sus propiedades aromáticas y medicinales.
      
Las mujeres seleccionan gotas de almáciga frente a sus casas de Pyrgi. Los edificios están decorados con xysta, unos patrones geométricos blancos y negros tradicionales que se remontan a hace siglos. Fotografía de Georgios Makkas

     Pyrgi es una de las 24 mastichochoria (aldeas que producen almáciga) de la isla griega de Quíos. Aunque el lentisco (Pistacia lentiscus) crece por todo el Mediterráneo, la variedad que genera esta resina solo crece en el sur de Quíos, un capricho de la naturaleza que ha dado pie a la rica y tortuosa historia de la isla.
 
Monopolios de resina 
     Durante milenios, la mastiha (almáciga) ha sido la fama, el motor económico y la fuente de la identidad de Quíos y sus habitantes. Heródoto lo mencionó en el siglo V a.C., los romanos la masticaban para limpiarse los dientes y refrescarse el aliento y los otomanos la ensalzaban como especia.
     Su cultivo comenzó de veras con la llegada de los genoveses en el siglo XIV, quienes monopolizaron el comercio de lentisco y construyeron las mastichochoria con casas fortificadas pared con pared, un laberinto de calles para engañar a los saqueadores y una torre de vigilancia central para avisar de los ataques. Para prevenir el comercio ilegal, establecieron toques de queda nocturnos para los aldeanos y varios castigos por robar almáciga.
     
En Grecia, la almáciga se conoce como las «lágrimas de Quíos» por las cuentas transparentes de resina que se endurecen y se oscurecen con el paso del tiempo. Aunque al principio es amarga, adopta un sabor a pino y hierbas cuanto más se mastica. Fotografía de AGE Fotostock
     Cuando los otomanos se hicieron cargo en el siglo XVI, mantuvieron el monopolio. En 1840, por fin se permitió a los productores de almáciga comerciar de forma independiente lo que cultivaban y menos de un siglo después unieron fuerzas para crear la Asociación de Productores de Lentisco de Quíos, una cooperativa que sigue activa hoy en día.
     A pesar de los cambios de régimen, el cultivo y la producción de almáciga apenas han cambiado durante siglos. Se trata de una empresa anual centrada en torno a los 24 pueblos que comienza cuidando del suelo, prosigue haciendo cortes poco profundos en la corteza del lentisco para que rezume y culmina con la cosecha y la limpieza. La mayor parte del proceso se hace a mano. Al igual que otras generaciones antes que ellos, los productores actuales suelen contar con la ayuda de familias y vecinos. (...)

Lo hemos leído aquí
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08 diciembre 2023

Almáciga (1 de 3)

LA ALMÁCIGA, MASTIHA O MASTICHA


La masiha o almáciga es la resina del lentisco (Pistacia lentiscus), un arbusto que crece en todo el Mediterráneo pero que en la isla de Quíos (Grecia, en griego: Χίος, Chíos) se consiguió una variedad especial por su producción, calidad y propiedades. En esta isla griega se ha recolectado desde la antigüedad por su distintivo aroma y sus características curativas y son apenas 24 aldeas del sur de la isla de donde procede.
      Desde 1997 es un producto con denominación de origen protegida y el 27 de noviembre de 2014 el cultivo de la almáciga de Quíos fue distinguida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.
      La almáciga se obtiene haciendo incisiones superficiales en el tronco y las ramas del lentisco. La savia emana con el fin de taponar la herida formando unas lágrimas que caen al suelo. En unas dos semanas cristaliza y está lista para ser recogida. Para que no tenga demasiadas impurezas que mermen la calidad de la resina la base del árbol se rocía con carbonato cálcico a modo de alfombra. Un árbol produce alrededor de 150 a 200 gramos al año.

      El uso de la almáciga es común para aportar un aroma sutil en la cocina de Grecia, Oriente Próximo y Turquía, pero es poco demandada fuera de los países mediterráneos orientales. El sabor es ligeramente amargo, pero rápidamente adquiere un exótico sabor único, almizclado y leñoso que recuerda sutilmente a pino e incienso.
      En la zona del Mar de Egeo y el norte de Grecia, se utiliza para sazonar los rellenos de queso dulce o para hornear ciertos panes festivos, bollos de leche, galletas, postres, pasteles, budines y dulces pascua. También se le da uso para algunos cafés, tés y vinos. En la parte norte del país, se emplea en la elaboración del helado llamado “Kaimaki”, que adquiere una deliciosa textura gracias a esta especia. Aporta su característico aroma resinoso al licor “Chios Mastiha” y al “Mastiha Ouzo”, y estas se pueden usar de la misma forma en que se usan otras bebidas alcohólicas para cocinar. La nueva cocina griega ha innovando y ha introducido la almáciga en pescado, pollo, cordero, cerdo, mermeladas y salsas de tomate. Para usar correctamente la mastiha se necesita un mortero y moler los cristales con un poco de sal para una receta salada, o con un poco de azúcar para un plato dulce. Media cucharadita recién molida, suele ser suficiente para sazonar los platos. En exceso puede dejar un regusto amargo. Por sus propiedades adherentes y gomosas, nunca se debe moler en un molinillo de pimienta o de café. Existe un queso con sabor a almáciga en Líbano y Siria. En Iraq a veces se emplea en una bebida anisada llamada “Arak”. En Grecia hay una bebida que le llaman "el submarino" que consiste en tomar una cucharadita de un preparado de almáciga en agua caliente e ir saboreandolo mientras toma un aspecto de caramelo maleable.
     La almáciga combina bien con limón, postres y en salsas dulces y saladas, desde el griego “Avgolemono” hasta salsas tipo bechamel, o en postres cremosos hechos con yogur, crema batida o mousses. Se usa junto con chocolate negro en salsas o en frutas cubiertas de chocolate. Armoniza con chocolate con leche, salsas de postre, helados de vainilla o chocolate negro, galletas dulces y para aromatizar aceite de oliva. Además de su amplio uso en la cocina también se empleaba como chicle, quizás el más antiguo junto con la sabia del gomero de la selva amazónica.

    Tiene también aplicaciones en medicina, cosmética, bebidas, etc. En sus principios activos hay una parte resinosa compuesta por triterpenos del ácido isomástico, mástico, oleanólico y tirucallol; otra de aceite esencial, constituida por sesquiterpenoles (cadinol), sesquiterpenos (cadineno y muuroleno) y terpenos (careno, mirceno, pineno y sabineno). También se encuentran taninos y materias astringentes, aunque estas últimas en pequeñas cantidades.
     Es saludable para las dolencias estomacales, desórdenes del sistema péptico, incluidas úlceras. Masticada es buena para la higiene bucal en encías y dientes, eliminando la formación de placas microbianas. Es un suplemento dietético muy importante. Su acción antimicrobiana y antiinflamatoria es significativa, así como el hecho de que constituye un agente antioxidante natural. Además de esto contribuye a la cura de heridas y a la regeneración de la piel.

Información:
https://sallypepperspices.com/2019/10/02/mastiha-o-almaciga-de-chios/
https://ecocosas.com/plantas-medicinales/lentisco/

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08 agosto 2023

La resina, la memoria del bosque

EUGENIO MONESMA (Huesca, 1952)
La resina. Extracción tradicional de la corteza del tronco del pino

Las verticales paredes calizas del Cañón del Río Lobos, modeladas por los fenómenos erosivos, con cerca de 200 metros de altura, han sido testigo mudo de una intensa actividad forestal que hoy ha pasado al recuerdo: la resinación. En el año 2002, antes de iniciar las tareas de resinación Simón, David y Ángel construyeron un chozo tradicional de los que usaban los resineros para guarecerse durante la campaña de trabajo. Y después nos mostraron todo el proceso de la resinación. 
 
 
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04 mayo 2022

Un producto del árbol, el ámbar

EL ÁMBAR

El ámbar, succino o succinita (del latín succinum) -sólido amorfo-, es resina fosilizada de origen vegetal, proveniente principalmente de restos de coníferas y algunas angiospermas. Etimológicamente su nombre proviene del árabe عنبر, ámbar 'lo que flota en el mar', aunque originalmente se refería al ámbar gris, secreción biliar de los intestinos del cachalote. Presenta color naranja amarronado, aunque existen variedades amarillas, tono miel y verdosas. Puede ser transparente o translúcido. Está considerada como piedra semipreciosa, muy apreciada por su color y belleza natural desde el Neolítico. El ámbar es utilizado en joyería y como agente curativo en la medicina popular.
     Existen cinco clases de ámbar, definidas en base a sus componentes químicos. Su composición varía dependiendo del árbol del que proviene, aunque todos tienen terpenos, compuestos que son comunes en las resinas endurecidas.
    
En origen fue la resina de los árboles, fluido suave y pegajoso que fluye de los árboles, a veces envolviendo al caer, animales, plantas y demás desechos orgánicos o minerales. Los árboles producen la resina como una protección contra enfermedades e infestaciones de agentes externos (insectos, bacterias u hongos). Se endurece en zonas deltaicas de ríos, por polimerización en el interior de rocas arcillosas o arenosas y algunas veces calizas, asociadas, generalmente, a mucha materia orgánica, conservándose en su interior durante millones de años.
     En Europa el ámbar se formó a partir de la resina del Pinus succinifera y en América proviene de la leguminosa Hymenaea courbaril, conocida en Chiapas (México) como guapinol, y en Nicaragua, Cuba y República Dominicana como algarrobo, perteneciente al período geológico terciario.
     El primer lugar que se tiene registrado como fuente original del ámbar es la región del mar Báltico. La pieza de ámbar más antigua trabajada por el hombre data de hace 30.000 años y se encontró en Hannover, Alemania. En España está presente desde el Solutrense, Cueva de Altamira. En Europa se encuentra ámbar en España, Francia, Lituania, Polonia, Alemania, Letonia y Rusia, y en América Latina se encuentra en México, República Dominicana, Nicaragua y Colombia.

     En la Antigüedad se pensaba que el ámbar poseía propiedades místicas o mágicas, siendo utilizado por muchas culturas como un talismán o remedio medicinal. En Chiapas el ámbar aún se usa para proteger a los niños contra el «mal de ojo». Los griegos se percataron de sus propiedades eléctricas producidas al frotar el ámbar con paños, de ahí la etimología de la palabra electricidad que viene del griego ἤλεκτρον (élektron) que quiere decir ámbar.
     Hace 3000 a. C. el ámbar del Báltico ya era cambiado por las mercancías de la Europa meridional dando lugar a rutas de comercio que cruzaban Europa y terminaban en el lejano Oriente. Alrededor de 58 d. C., el emperador romano Nerón envió a un emisario romano en busca de este "oro del norte", regresando a Roma con cientos de libras.
     Aunque el ámbar se halla por todo el planeta, sólo existen veinte regiones susceptibles de explotación minera rentable. En la actualidad la mayor parte se extrae de la región báltica de Europa Oriental, la República Dominicana y en algunos estados de México.

Composición y formación
     El ámbar es heterogéneo en su composición, pero consta de varios cuerpos resinosos más o menos solubles en alcohol, éter y cloroformo, asociados a una sustancia bituminosa insoluble. El ámbar es una macromolécula por polimerización por radicales libres de varios precursores de la familia labdano. Estos labdanos son diterpenos (C20H32) y trienos, que equipan al esqueleto orgánico con tres grupos alqueno para la polimerización. A medida que el ámbar madura a lo largo de los años, se produce una mayor polimerización, así como reacciones de isomerización, reticulación y ciclación.
     Calentado a más de 200 °C (392 °F), el ámbar se descompone, produciendo un aceite de ámbar, y dejando un residuo negro que se conoce como «colofonia ámbar» o «tono ámbar»; cuando se disuelve en aceite de trementina o en aceite de linaza, este forma el «barniz de ámbar» o «laca de ámbar». 

     La polimerización molecular, que resulta de las altas presiones y temperaturas producidas por el sedimento suprayacente, transforma la resina primero en copal, etapa intermedia entre la resina y el ámbar. El calor y la presión sostenidos eliminan los terpenos y producen la formación de ámbar.
     Para que esto suceda, la resina debe ser resistente a la descomposición. Muchos árboles producen resina, pero en la mayoría de los casos este depósito se descompone por procesos físicos y biológicos. La exposición a la luz solar, la lluvia, los microorganismos (como las bacterias y los hongos) y las temperaturas extremas tienden a desintegrar la resina. Para que la resina sobreviva lo suficiente como para volverse ámbar, debe ser resistente a tales fuerzas o producirse en condicones que las excluyan.

Origen botánico
     Las resinas fósiles de Europa se dividen en dos categorías, la famosa ámbar del Báltico y otra que se asemeja al grupo Agathis. Las resinas fósiles de América y África están estrechamente relacionadas con el género moderno Hymenaea, mientras que se cree que el ámbar Báltico son resinas fósiles de plantas de la familia Sciadopityaceae que solían vivir en el norte de Europa. 

Atributos físicos
     La mayoría del ámbar tiene una dureza entre 2.0 y 2.5, un índice de refracción de 1.5-1.6, un punto de fusión de 250-300 °C y una gravedad específica entre 1.06 y 1.10. En el fondo del mar Báltico se encuentran grandes reservas de ámbar. Este mar tiene una salinidad de entre 6 y 18 gramos por litro, muy por debajo de los 35 gr del Atlántico, es pues agua salobre. Después de grandes tormentas, cuando las olas han removido el fondo, se puede encontrar en las playas y en la superficie de aguas poco profundas.

Inclusiones
     Los efluvios de resina en los árboles (succinosis) puede originar la formación de ámbar. Las impurezas están presentes, especialmente cuando la resina cae al suelo, por lo que el material puede ser inútil, excepto para la fabricación de barniz.
     La inclusión de ciertas sustancias puede hacer que el ámbar tenga un color inesperado. Las piritas pueden dar un color azulado. El ámbar huesudo debe su opacidad nublada a numerosas burbujas pequeñas dentro de la resina. Sin embargo, el llamado ámbar negro es en realidad solo un tipo de reacción.

     En muchas ocasiones, la resina, al escurrir sobre la corteza de troncos y ramas, llegó a atrapar burbujas de aire, gotas de agua, partículas de polvo, o pequeños seres vivos como plantas (orquídeas, musgos, líquenes, semillas y un sinfín de flores diminutas), hongos, insectos (hormigas, mosquitos, abejas, termitas, mariposas o libélulas), arañas, escorpiones, gusanos e incluso pequeños vertebrados, como lagartijas o ranas, que quedaron preservados como inclusiones fósiles deshidratadas, pero sin el encogimiento que normalmente causan las deshidrataciones, conservándose de tal forma que parte de su estructura celular y hasta fragmentos de su ADN pueden encontrarse en la actualidad.
      Estas inclusiones agregan no solo belleza a una pieza de ámbar, sino una gran cantidad de información de suma importancia para los científicos, pues de esta manera se tiene conocimiento de la vida de hace millones de años, disponiendo, incluso, de especies ya desaparecidas. Existen muestras de ámbar de gran valor desde el punto de vista paleoambiental, lo que permite que científicos reconstruyan un modelo de un ecosistema de hace milenios. El tamaño, el tipo de espécimen, su visibilidad, la cantidad y hasta la posición son factores importantes que intervienen en la evaluación de una inclusión.

La Cámara de Ámbar en el Palacio de Catalina es un ejemplo de la utilización extrema para decoración. Ver la historia de la Cámara de Ambar.

Fotos e Información de Internet

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31 enero 2022

La resina, la memoria del bosque

SUSANA GIRÓN, en BBC-travel
El 'oro líquido' sin explotar de España
Durante siglos, la gente ha aprovechado los pinos para extraer resina. Pero en una provincia española, los lugareños creen que esta práctica ancestral podría salvar algunos pueblos y al mismo tiempo ayudar al planeta.

Al norte de Madrid, en la región autónoma de Castilla y León, al noroeste de España, hay un mosaico de vastas cadenas montañosas, altas mesetas y ciudades medievales. Si bien la mayoría de los visitantes vienen a maravillarse con los castillos que dan nombre a la región o admirar las encantadoras catedrales de León y Burgos, gran parte del área está cubierta por matorrales y mesetas de gran altitud que se extienden hasta donde alcanza la vista.
    
Pero en las provincias de Segovia, Ávila y Valladolid surge un paisaje drásticamente diferente. Aquí, en medio de las sierras de Tierra de Pinares y Sierra de Gredos, un espeso bosque protegido de 400.000 hectáreas de fragantes pinos resinosos se extiende hacia los pliegues montañosos. Protegida del cálido sol español y bordeado de senderos, esta frontera boscosa es un destino popular para los lugareños y turistas. Y, si lo visita en la época adecuada del año y observa, es posible que vea trabajadores agachados junto a los troncos de los árboles, continuando una tradición centenaria de recolectar el "oro líquido" del pino.
En lo profundo del bosque los resineros sangran los pinos
Un mercado en auge        
     La resina de pino ha sido utilizada por diferentes civilizaciones durante miles de años. En España y en gran parte del Mediterráneo, se utilizó para impermeabilizar barcos, tratar quemaduras y encender antorchas, entre otras cosas. Pero según Alejandro Chozas, catedrático del Departamento de Ingeniería Forestal de la Universidad Politécnica de Madrid, no fue hasta los siglos XIX y XX cuando la extracción de resina de pino se volvió realmente rentable en la región de Castilla y León.
 
     A medida que la tecnología y la industrialización ayudaron a convertir la savia espesa y lechosa en cosas como plásticos, barnices, colas, neumáticos, caucho, trementina e incluso aditivos alimentarios a mediados del siglo XIX, los propietarios de los densos bosques de Pinus pinaster de Castilla-León vieron una oportunidad. Pronto, los trabajadores estaban cortando la corteza de los pinos de resina en toda la región para recolectar la valiosa savia. Y aunque este proceso lento ha cesado en gran parte del mundo, en la última década ha experimentado algo así como un renacimiento en Castilla-León, que alberga a más fabricantes de resinas que en cualquier otro lugar de Europa y uno de los últimos lugares en el continente donde persiste la práctica.  
Muchas familias de la región exhiben con orgullo sus viejas herramientas
 De la "muerte a la vida" 
      Mariano Gómez, nació en la provincia de Ávila y trabajó durante 32 años como resinero. “Mi padre era productor de resinas y yo aprendí de él. Al principio usaba hachas de leñador, pero me dolían mucho las manos. Hoy las herramientas están mejor diseñadas para cada tarea, pero todavía es manual", dijo. Gómez y muchos otros lugareños guardan en sus casas antiguas hachas y herramientas resineras que pertenecieron a sus antepasados.
     A pesar de que el proceso de extracción se mantuvo prácticamente sin cambios desde que comenzó la industria, los fabricantes de resinas actuales han desarrollado herramientas más eficientes y ergonómicas, así como productos químicos que estimulan la secreción de resina. Como resultado, los rendimientos y la productividad han mejorado enormemente. Sin embargo, si bien el enfoque de los trabajadores en el pasado era extraer los árboles "hasta la muerte" con métodos muy agresivos, desde entonces ha habido un cambio a "la vida", que minimiza el número de incisiones en la corteza y reduce el daño al árbol.
La blanca resina que se utiliza para fabricar barnices, plásticos, cosméticos, trementina, etc.
 "Sangrando" los árboles
     En los meses más cálidos de marzo a noviembre, los productores locales extraen cuidadosamente la resina de los pinos quitando primero la capa exterior de la corteza del árbol. Luego, se clava una placa en el árbol y se cuelga una maceta colectora. Luego, los extractores usan sus hachas para hacer incisiones diagonales en la corteza, "sangrando" los árboles y haciendo que su resina se deposite en la maceta. Cuando éstas están llenas, vierten la savia en recipientes de 200 kg.
     Luego los productores envían los contenedores a las fábricas para comenzar el proceso de destilación, que separa la trementina de la resina. Cuando se quita la trementina líquida, resulta una masa viscosa y amarillenta que se solidifica cuando se enfría y se convierte en piedras brillantes de color ámbar.
El aprendizaje y las herramientas se transmitían de generación en generación
 Orgullo local
     Durante el auge de la extracción de resina de pino en España en 1961, cuando se extrajeron 55.267 toneladas de resina, más del 90% procedía de los bosques de Castilla y León. En las décadas posteriores, la falta de demanda y la fuerte caída de los precios llevaron a que la producción descendiera de manera constante. Casi desapareció en la década de 1990, lo que llevó a muchos a preocuparse porque esta tradición española, profundamente arraigada, estuviera llegando a su fin.
      En Castilla y León la resina no solo ha sido un sustento económico para las comunidades rurales, sino un oficio que se ha transmitido de generación en generación. Si hablas con los lugareños pronto te darás cuenta de que casi todas las familias tienen al menos una persona que ha "sangrado" los árboles o ha participado en su destilación. Gran parte de la actividad económica y social en estos pueblos siempre ha estado marcada por la industria de la resina, y las comunidades mantienen este legado como parte importante de su cultura.
Una alternativa la petroleo, según algunos expertos
 ¿Una alternativa ecológica al petróleo?
      Según varios estudios, al ritmo actual de extracción, se espera que las reservas de petróleo en la Tierra se agoten en algún momento después de 2050. Sin embargo, Blanca Rodríguez-Chaves, vicedecana de la facultad de derecho de la Universidad Autónoma de Madrid y experta en políticas ambientales, cree que la resina podría ser una alternativa adecuada. Ella sostiene que la mayoría de los productos hechos con petróleo, como el plástico, por ejemplo, que no es biodegradable, también se pueden fabricar con resina y que se descomponen más fácilmente.
     "La resina es el petróleo del mundo de hoy y del futuro. La intención es que todos los usos del petróleo sean reemplazados por la resina", dijo. “Los plásticos ya se están fabricando a partir de resina. Se utiliza en la industria cosmética y farmacéutica además de todas sus aplicaciones en la construcción o en la fabricación de barnices y colas. El bosque es el gran proveedor de recursos renovables y la energía que nos permite sustituir los productos del petróleo, y aquí la resina juega el papel principal ".
    
Rodríguez-Chaves también cree que el potencial sin explotar de la resina de pino podría significar grandes cosas para España. "La resina española es la de mayor pureza del mundo y, actualmente, sólo Portugal y España producen resina en Europa".
Se estima que el 80% de los pueblos pueden desaparecer
 Retorno rural
      Además de sus beneficios ambientales, los defensores de la resina de pino también creen que podría ofrecer una solución al éxodo rural de España. Según un informe del Banco de España, el 42% de las localidades del país se ven afectadas por la despoblación, ya que cada vez son más los jóvenes que abandonan el campo para buscar mejores oportunidades laborales en las ciudades. Este fenómeno se agrava en Castilla-León, donde el 80% de los municipios de las 9 provincias se consideran "en peligro de extinción".
     Sin embargo, debido al nuevo interés en la resina de pino, algunos jóvenes han comenzado recientemente a regresar a la región en busca de trabajo. Guillermo Arranz es uno de ellos. Vive y trabaja en Cuéllar (Segovia) y es la cuarta generación de resineros de su familia. “El pinar es mi oficina y me dio la posibilidad de seguir trabajando en el lugar donde nací. Lo que más me gusta de mi trabajo es la libertad de no tener jefe, y por supuesto, el contacto directo con la naturaleza y mi gente".
Hace tres años los hombres pensaban que Isabel sólo aguantaría unas semanas
"Mi reino"
    
Vicente Rodríguez, que trabaja como productor de resina en su ciudad natal de Casavieja y es uno de los aproximadamente 30 productores de resina en la provincia de Ávila, se hace eco de los sentimientos de Arranz. "Somos de los pocos que quedan. La gente todavía se sorprende cuando nos ve resinando los pinos. Creen que somos algo del pasado. Pero no entienden que el futuro de estas áreas está conectado a la resina. Regresé a mis raíces y a la montaña porque esto me gusta".
     
Isabel Jiménez es una de las pocas mujeres resineras de la zona. Dada la dureza del trabajo, tradicionalmente las mujeres se han limitado a tareas de apoyo. "Todavía recuerdo cuando empecé a extraer resina y los hombres hacían bromas y apuestas sobre cuántas semanas iba a durar. Y aquí estoy todavía, más de tres años después. Soy una mujer físicamente fuerte. Y estoy aquí porque, además de ser un estilo de vida para mí y una fuente de ingresos, este es mi reino. Mi pequeño pedazo de tierra en la Tierra".
El 90% de la extracción de resina se realiza en Castill y León
 Autonomía en el trabajo
     
En la actualidad, aproximadamente el 95% de la extracción de resina de pino de España se realiza en Castilla y León, y Arranz y Rodríguez creen que la mejor forma de preservar estos bosques milenarios es dar un mayor control a los propios extractores de pino.
     
"El futuro es permitir que los productores de resina administren su propio territorio. Si el gobierno nos diera ayuda a cambio de limpiar o monitorear las montañas, trabajaríamos todo el año y habría muchos más resineros dispuestos a trabajar en las montañas", dijo Rodríguez. Al atraer a más jóvenes a vivir y trabajar en estos pueblos, Rodríguez cree que la región podría ver un aumento del ecoturismo, con más empresas que ofrecen caminatas guiadas por el bosque y museos locales con talleres de resina.
 
Existen varios museos dedicados a la memoria de la resina, así como rutas guiadas
Turismo de resina
     
Para contribuir a que esto sea una realidad, la zona rica en resina del Valle del Tiétar (Ávila) ha solicitado recientemente convertirse en Reserva de la Biosfera protegida por la Unesco. También hay varios museos en la zona dedicados a la resina, como el Museo Casillas, el Museo Nava de Oro y el Museo Oña, donde los visitantes pueden ver las tradicionales cabañas de brezos donde dormían los primeros resineros, así como herramientas antiguas que utilizaban para extraer la resina.
     
También hay varias empresas que ofrecen recorridos guiados de la "Ruta de la Resina" desde los museos locales al bosque, lo que permite a la gente ver las pegueras (hornos) donde la resina se transformaba en pegamento impermeable y experimentar cómo era la vida de los extractores.  Los fines de semana, estos frondosos bosques pueden llenarse con el sonido de los pasos de los excursionistas que vienen para escapar del bullicio de las ciudades cercanas. Pero si escuchas atentamente, todavía puedes escuchar la gota-gota-gota del oro líquido de España mientras cae en las macetas que cuelgan de los troncos de los árboles.
 
Lo hemos leído aquí

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16 diciembre 2018

AARÓN RODRÍGUEZ, De "Microhistorias de Tenerife" 
La "sangre" de pino tinerfeño que partió en busca del Pacífico

Pinar canario al sudeste de Tenerife
       Últimos días del mes de septiembre de 1519...
      En los altos de antiguo reino de Abona, un particular sonido se ha convertido en habitual: el de las hachas al impactar con los poderosos y corpulentos pinos canarios. Tras un rítmico "tac-tac" se escucha el crujido de los voluminosos troncos al quebrarse, y entonces sucede lo impensable: siglos de crecimiento paciente se desmoronan en unos instantes.

     Un pino de 50 metros de altura y 7 de circunferencia cae derribado y, a continuación, los hombres se precipitan sobre él para dividir el gigantesco tronco en fragmentos más pequeños. Necesitan reducirlo para que pueda entrar en el horno, una especie de boca del infierno que se encuentra a unos metros de donde el gigante ha caído.
     Dentro, y tras pasar el día y la noche abrasándose al calor de las llamas, el corazón de tea es reducido a la resina o alquitrán, casi incandescente, que los pegueros llaman "pez".
     Al enfriarse, la mezclan con aceites y esto da lugar a la brea, una de las fuentes de riqueza más importantes para Canarias. ¿Por qué razón? Porque, en un mundo que se expande gracias al avance de las naves de madera sobre las agua, la brea es la mejor sustancia que existe para impermeabilizarlas, y evitar así, que entre el agua en su interior. 
     La brea de nuestro pino de hoy tiene como destino la flota que se encuentra en la rada de Montaña Roja, en la costa. Deja constancia de ello Antonio Pigafetta, uno de sus tripulantes, quien detalla en su diario cuál es la razón de su escala en las costas de Abona: abastecerse de "poix" (pez), que es "algo necesario para nuestros navíos". No se trata de nada extraordinario: muchos navíos se abastecen de brea en el sur de Tenerife, en su camino hacia el Nuevo Mundo. Sin embargo pocos pueden preesumir, como la que nos ocupa, de haber juagado un papel estelar en la Historia de la Humanidad, porque la expedición que hoy descansa en la bahía partió de Sanlúcar de Barrameda el 20 de septiembre. La componen cinco naves: Trinidad, Victoria, Santiago, Concepción y San Antonio. La ha financiado la Corona Española. Su misión es encontar un paso hacia el Océano Pacífico por el extremo sur de América. Y la dirige un marino portugués llamado Fernando Magallanes.
     Tres años después, el 6 de septiembre de 1522, regresa por fin la Victoria, única nave superviviente. Y con ella, apenas 18 de los 265 hombres que iniciaron el viaje. Los capitanea Juan Sebastián Elcano. Son los héroes que han completado la Primera Vuelta al Mundo.

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